. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Vestida está mi margen de espadaña,Y de viciosos apios y mastranto,El agua, clara como el ámbar, bañaTroncos de mirtos y de lauro santo:No hay en mi margen silbadora caña,5Ni adelfa; mas violetas y amaranto,De donde llevan flores en las faldasPara hacer las Hénides guirnaldas.Hay blancos lirios, verdes mirabeles,Y azules guarnecidos alelíes,10Y allí las clavellinas y clavelesParecen sementera de rubíes;Hay ricas alcatifas y alquicelesRojos, blancos, gualdados y turquíes,Y derraman las auras con su aliento15Ámbares y azahares por el viento.Yo cuando salgo de mis grutas hondasEstoy de frescos palios cobijado,Y entre nácares crespos de redondasPerlas, mi margen veo estar honrado;20El sol no entibia mis cerúleas ondas,Ni las enturbia el balador ganado;Ni á las napeas que en mi orilla cantanLos pintados lagartos las espantan.156SONETOEstas purpúreas rosas que á la AuroraSe le cayeron hoy del blanco seno,Y un vaso de pintadas flores lleno,¡Oh dulces auras! os ofrezco agora,Si defendéis de mi divina Flora5Con vuestras alas el color moreno,Del sol, que ardiente y de piedad ajenoSu rostro ofende por que el campo dora.¡Oh hijas de la tierra peregrinas!Mirad si tiene Mayo en su guirnalda10Más frescas rosas, más bizarras flores.Llorando les dió el alba perlas finas,El sol colores, mi afición la faldaDe mi hermosa Flora y ella olores.Rodrigo Caro(1573–1647)ODA: Á LAS RUINAS DE ITÁLICAEstos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora15Campos de soledad, mustio collado,Fueron un tiempo Itálica famosa.Aquí de Cipión la vencedoraColonia fué; por tierra derribadoYace el temido honor de la espantosa20Muralla, y lastimosaReliquia es solamenteDe su invencible gente.Solo quedan memorias funeralesDonde erraron ya sombras de alto ejemplo;25Este llano fué plaza, allí fué templo;De todo apenas quedan las señales.157Del gimnasio y las termas regaladasLeves vuelan cenizas desdichadas;Las torres que desprecio al aire fueronA su gran pesadumbre se rindieron.Este despedazado anfiteatro,5Impío honor de los dioses, cuya afrentaPublica el amarillo jaramago,Ya reducido á trágico teatro,¡Oh fábula del tiempo! representaCuánta fué su grandeza y es su estrago.10¿Cómo en el cerco vagoDe su desierta arenaEl gran pueblo no suena?¿Dónde, pues, fieras, ¡ay! está el desnudoLuchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?15Todo desapareció, cambió la suerteVoces alegres en silencio mudo;Mas aun el tiempo da en estos despojosEspectáculos fieros á los ojos,Y miran tan confusos lo presente,20Que voces de dolor el alma siente.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Juan de Jáuregui(1570?-1650)SILVA: ACAECIMIENTO AMOROSOEn la espesura de un alegre soto,Que el Betis baña, y de su fértil cursoCobran verdor los sauces acopados,Donde el ocioso juvenil concurso,25158La soledad siguiendo y lo remoto,Logra de amor los hurtos recatados;Aquí prestar alivio á mis cuidadosPensé yo triste un día,Porque la ninfa mía5Ví que, emboscada y de recelo ajena,Ya el cinto desceñido,Sus miembros despojaba del vestido.Dejóle al fin compuesto en el arena,Manifestando al cielo10De su desnuda forma la belleza.Luego á las puras ondas con prestezaLa ví correr, do el cuerpo delicadoSintió del agua de repente el hielo,Y suspendió su brío,15Viéndose en la carrera salteadoCon líquidos aljófares del río;Mas reclinóse al fin sabrosamente,Cubriendo de los húmedos cristalesToda su forma de la planta al cuello;20Tal vez la hermosa frenteSola mostraba de su rostro bello;Tal con ligeros saltos paseabaLa orilla, y en sus frescos arenalesSus tiernos miembros liberal mostraba.25Yo, en tan alegre vista embebecido,Y en los tejidos ramos escondido,Al cielo con el alma agradecíaMi desigual ventura,Y el recatado labio no movía.30¡Ay, si mis ojos con igual corduraCelar pudieran sus ocultas llamas!Y no que, ansiosos de mirar cercanoAquel hermoso bulto soberano,159Se divirtieron á mover las ramas;Y apenas el ruidoHirió á la bella ninfa el pronto oído,Cuando su vista y rostro honestoLe descubrió mi hurto manifiesto.5Y como la corcilla descuidadaMientra las hojas tiernas y menudasDespunta de la yerba rociada,Que al más leve rumor el cuello enhiesta,Y vuelve las agudas10Orejas y la frente pavorosaA la vecina selva ó la floresta,Do con alada planta voladoraSe embosca, y deja al cazador burlado;Tal su ligero curso amedrentado15Siguió mi amada ninfa al mismo instanteQue me miró delante.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Francisco Gómez de Quevedo y Villegas(1580–1645)LETRILLAPoderoso caballeroEs don Dinero.Madre, yo al oro me humillo,20Él es mi amante y mi amado,Pues de puro enamoradoDe continuo anda amarillo;Que pues doblón ó sencillo,Hace todo cuanto quiero,25Poderoso caballeroEs don Dinero.160Nace en las Indias honrado,Donde el mundo le acompaña;Viene á morir en España,Y es en Génova enterrado:Y pues quien le trae al lado5Es hermoso, aunque sea fiero,Poderoso caballeroEs don Dinero.Es galán y es como un oro,Tiene quebrado el color,10Persona de gran valor,Tan Cristiano como Moro;Pues que da y quita el decoro,Y quebranta cualquier fuero,Poderoso caballero15Es don Dinero.Son sus padres principales,Y es de nobles descendiente,Porque en las venas de OrienteTodas las sangres son reales:20Y pues es quien hace igualesAl duque y al ganadero,Poderoso caballeroEs don Dinero.¿Mas á quien no maravilla,25Ver en su gloria sin tasaQue es lo menos de su casaDoña Blanca de Castilla?Pero pues da al bajo sillaY al cobarde hace guerrero,30Poderoso caballeroEs don Dinero.Sus escudos de armas noblesSon siempre tan principales,161Que sin sus escudos reales,No hay escudos de armas dobles;Y pues á los mismos roblesDa codicia su minero,Poderoso caballero5Es don Dinero.Por importar en los tratos,Y dar tan buenos consejos,En las casas de los viejosHatos le guardan de gatos:10Y pues él rompe recatos,Y ablanda el juez más severo,Poderoso caballeroEs don Dinero.Y es tanta su majestad15(Aunque son sus duelos hartos)Que con haberle hecho cuartos,No pierde su autoridad;Pero pues da calidadAl noble y al pordiosero,20Poderoso caballeroEs don Dinero.Nunca ví damas ingratasA su gusto y afición,Que á las caras de un doblón25Hacen sus caras baratas:Y pues las hace bravatasDesde una bolsa de cuero,Poderoso caballeroEs don Dinero.30Más valen en cualquier tierra,(Mirad si es harto sagaz)Sus escudos en la pazQue rodelas en la guerra;162Y pues al pobre le entierra,Y hace propio al forastero,Poderoso caballeroEs don Dinero.SONETOÉrase un hombre á una nariz pegado,5Érase una nariz superlativa,Érase una nariz sayón y escriba,Érase un peje espada muy barbado.Era un reloj de sol mal encarado,Érase una alquitara pensativa,10Érase un elefante boca arriba,Era Ovidio Nasón más narizado.Érase un espolón de una galera,Érase una pirámide de Egito,Las doce tribus de narices era.15Érase un naricismo infinito,Muchísima nariz, nariz tan fieraQue en la cara de Anás fuera delito.CANCIÓNVí con pródiga venaDe parlero cristal un arroyuelo20Jugando con la arenaY enamorando de su risa el cielo.A la margen amenaUna vez murmurando, otra corriendoEstaba entreteniendo25Espejo guarnecido de esmeralda;Me pareció al miralleDel prado la guirnalda.Mas abrióse en el valle163Una envidiosa cueva de repente:Enmudeció el arroyoCreció la oscuridad del negro hoyoY sepultó recién nacida fuenteCuya corriente breve restauraron5Ojos que de piadosos la lloraron.EPÍSTOLA SATÍRICA AL CONDE DE OLIVARESNo he de callar por más que con el dedo,Ya tocando la boca, ó ya la frente,Silencio avises, ó amenaces miedo.¿No ha de haber un espíritu valiente?10¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?¿Nunca se ha de decir lo que se siente?Hoy, sin miedo que libre escandalice,Puede hablar el ingenio, aseguradoDe que mayor poder le atemorice.15En otros siglos pudo ser pecadoSevero estudio, y la verdad desnuda,Y romper el silencio el bien hablado.Pues sepa, quien lo niega, y quien lo duda,Que es lengua la verdad de Dios severo,20Y la lengua de Dios nunca fué muda.Son la verdad y Dios Dios verdadero:Ni eternidad divina los separa,Ni de los dos alguno fué primero.. . . . . . . . . .La justicia de Dios es verdadera25Y la misericordia, y todo cuantoEs Dios, todo ha de ser verdad entera.Señor excelentísimo, mi llantoYa no consiente márgenes ni orillas,Inundación será la de mi canto.30164Ya sumergirse miro mis mejillas,La vista por dos urnas derramadaSobre las aras de las dos Castillas.Yace aquella virtud desaliñada,Que fué, si rica menos, más temida,5En vanidad y en sueño sepultada.Y aquella libertad esclarecida,Que en donde supo hallar honrada muerte,Nunca quiso tener más larga vida.Y pródiga del alma, nación fuerte,10Contaba por afrenta de los añosEnvejecer en brazos de la suerte.Del tiempo el ocio torpe, y los engañosDel paso de las horas y del día,Reputaban los nuestros por estraños.15Nadie contaba cuanta edad vivía,Sino de que manera, ni aun un horaLograba sin afán y valentía.La robusta virtud era señora,Y sola dominaba al pueblo rudo;20¡Edad, si mal hablada, vencedora!. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .SONETO(Advertencia á España, de que ansí como se ha hecho señora de muchos, ansí será de tantos enemigos invidiada y perseguida, y necesita de continua prevención por esa causa.)Un Godo, que una cueva en la montañaGuardó, pudo cobrar las dos Castillas:Del Betis y Genil las dos orillas,Los heredores de tan gran hazaña.25165A Navarra te dió justicia y maña,Y un casamiento, en Aragón, las sillas,Con que á Sicilia y Nápoles humillas,A quien Milán espléndida acompaña.Muerte infeliz en Portugal arbola5Tus castillos. Colón pasó los GodosAl ignorado cerco de esta bola.Y es más fácil ¡oh España! en muchos modosQue lo que á todos les quitaste sola,Te puedan á ti sola quitar todos.10El Bachiller de la Torre(Date?)CANCIÓN: LA TÓRTOLATórtola solitaria que llorandoTu bien pasado y tu dolor presente,Ensordeces la selva con gemidos:Cuyo ánimo dolienteSe mitiga penando15Bienes asegurados y perdidos:Si inclinas los oídosA las piadosas y dolientes quejasDe un espíritu amargo,(Breve consuelo de un dolor tan largo20Con quien, amarga soledad, me aquejas)Yo con tu compañíaY acaso á ti te aliviará la mía.La rigurosa mano que me apartaComo á ti de tu bien, á mí del mío,25Cargada va de triunfos y victorias:Sábelo el monte y río,Que está cansada y hartaDe marchitar en flor mis dulces glorias:166Y si eran transitorias,Acabáralas golpe de fortuna:No viera yo cubiertoDe turbias nubes cielo que ví abiertoEn la fuerza mayor de mi fortuna:5Que acabado con ellasAcabaran mis llantos y querellas.Parece que me escuchas, y pareceQue te cuento tu mal, que roncamenteLloras tu compañía desdichada:10El ánimo dolienteQue el dolor apetecePor un alivio de su suerte airada,La más apasionadaMás agradable le parece, en tanto15Que el alma dolorosa,Llorando tu desdicha rigurosa,Baña los ojos con eterno llanto;Cuya pasión aflojaLa vida al cuerpo, al alma la congoja.20¿No regalaste con tus quejas tiernas,Por solitarios y desiertos prados,Hombres y fieras, cielos y elementos?¿Lloraste tus cuidadosCon lágrimas eternas25Duras y encomendadas á los vientos?¿No son tus sentimientosDe tanta compasión y tan dolientes,Que enternecen los pechosA rigurosas sinrazones hechos,30Que los haces crueles de clementes?¿En qué ofendiste tanto,Cuitada, que te sigue miedo y llanto?Quien te ve por los montes solitarios167Mustia y enmudecida y elevadaDe los casados árboles huyendo,Sola y desamparadaA los fieros contrarios,Que le tienen en vida padeciendo,5Señal de agüero horrendoMostrarían tus ojos añubladosCon las cerradas nieblasQue levantó la muerte, y las tinieblasDe tus bienes supremos y pasados:10¡Llora, cuitada, lloraAl venir de la noche y de la aurora!. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Francisco de Borja, Principe de Esquilache(1581–1658)CANCIÓNFuentecillas que reis,Y con la arena jugáis,¿Dónde vais?15Pues de las flores huisY los peñascos buscáis,Si reposáisDonde con calma dormís,¿Por qué corréis y os cansáis?20CANCIÓNPajarillo que cantasCuando con tristes quejasAl dispertar el día te levantas,Y enternecida dejas168La umbrosa selva que escuchó tu llanto,Calla, no llores tanto:Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.Canta la noche fría5En las dormidas ramas,De tu dolor funesta compañía;Descansa, cuando llamasAl sol hermoso que los campos viste,Logra su ausencia triste;10Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.En este verde sotoEscucharán tus malesDel más vecino al sauce más remoto,15Y el agua en sus umbralesDe verde yerba, de doradas flores,Prenderán tus amores;Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.20No quieras más alientoQue en tus tristes congojasLa piadosa atención del manso viento,Y que duerman las hojasAl dulce son de tus querellas graves,25Envidia de otras aves;Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.CANCIÓNSi alegres y risueñasCorren las claras fuentes30Entre perlas lucientes,169A reir las enseñas;Y si corren aprisa,Imitan más la gracia de tu risa.No ríe la mañana,Que soñolienta y fría5Sale á hospedar el día,Vestida de oro y grana,Si primera no ríes,Y dejas qué copiar en tus rubíes.También quiere imitarle,10Cuando el sol reverbera,La dulce primavera;Y cuando Abril se parte,Hace el primer ensayoAl paso de tu risa el suave Mayo.15Pensaban, engañados,Que las selvas reíanLos mismos que creíanLa risa de los prados.Todos, Silvia, mintieron;20Que sin verte reir, jamás rieron.Los más fieros tiranos,Que menos se recatan,No ríen cuando matan;Y aunque muere á sus manos25Con piedad el aurora,La dulce muerte de la noche llora.Tu risa son enojos,Porque matas riendo,Y lloran (desmintiendo30A tu boca) mis ojos;Y es lo que precian tanto,Risa en tus labios, y en mis ojos llanto.170Francisco de Rioja(† 1658?)SILVA: Á LA ROSAPura, encendida rosa,Émula de la llamaQue sale con el día,¿Cómo naces tan llena de alegría,Si sabes que la edad que te da el cielo5Es apenas un breve y veloz vuelo?Y no valdrán las puntas de tu ramaNi tu púrpura hermosaA detener un puntoLa ejecución del hado presurosa.10El mismo cerco alado,Que estoy viendo riente,Ya temo amortiguado,Presto despojo de la llama ardiente.Para las hojas de tu crespo seno15Te dió Amor de sus alas blandas plumas,Y oro de su cabello dió á tu frente.¡Oh fiel imagen suya peregrina!Bañóte en su color sangre divinaDe la deidad que dieron las espumas;20Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudoHacer menos violento el rayo agudo?Róbate en una hora,Róbate licencioso su ardimientoEl color y el aliento;25Tiendes aun no las alas abrasadas,Y ya vuelan al suelo desmayadas,Tan cerca, tan unida171Está al morir tu vida,Que dudo si en sus lágrimas la auroraMustia tu nacimiento ó muerte llora.Á LA POBREZADesde el infausto díaQue visité con lágrimas primeras5Me tienes ¡oh pobreza! compañía;Aunque tan buena como dicen fueras,Por ser tanto de mí comunicada,Me vinieras á ser menos preciada.Diré tus males, sin que mucho ahonde10En ellos; que es muy raroLo que por glorias tuyas contar puedes.Tal vez el que en su casa un monte ascondeDe Numidia y de ParoEn aras y paredes,15Cuando entre el blando lino se rodea,Puesto de los cuidados en el fuego,Sin conocerte alaba tu sosiego,Y nunca, aunque lo alaba, lo desea.Llegas á ser de alguno al fin loada;20Mas de ninguno apenas deseada.Si eres tú de los malesEl que nos trata con mayor crueza,¿Cómo podrá ninguno codiciarte?Después que nació el oro,25Y con él la grandeza,Murió tu ser, murío tu igual decoro,En otra edad divino;Sí, por eso, pobreza, en toda parteCon enfermo color andas contino.30Con preciosos metales172Siempre veo levantadoLo que tienes tú sola derribado.¿Qué ciudad populosaSe sabe que por ti se haya fundado?¿Qué fuerza inexpugnable y espantosa5Por ti se ha fabricado?El suave color, la hermosura,Sólo en tu ausencia con su lustre dura.Píntame la bellezaMayor que imaginares,10Compuesta de jazmines y de grana,Si con vestido tuyo la adornares,Su lustre pierde y gracia soberana,Pues cuando el agro invierno,Hijo tuyo sin duda,15Que como tú también, siempre desnudo,Roba al bosque el verdor, y lo despoja,Pobre por ti su frente,Ni su sombra codicia ya la genteNi sus ramas las aves20Y si yo vanamente no discierno,¿Cuándo armarse pudieron vastas navesDonde se vió tu sombra?¿Cuando ejércitos gruesos?El número infinito de sucesos25Que por ti han avenido ¿á quién no asombra?Hablen los nunca sepultados huesosQue en las playas blanquean,De tantos que por falta de sustentoAl mar rindieron el vital aliento.30¿Cuántos has escondidoEn los anchos desiertosPara que al mal seguro caminanteAsalten encubiertos173Ó ¿en cuántas partes se verá teñidoEl campo con la sangre de los muertos?No hay voz, aunque de hierro, que bastanteSea á decir los males que acarreanDuras necesidades.5Los que pobres habitan las ciudades,¿Qué afrenta no padecen?Los que por sus ingenios merecieron,¡Oh pobreza! por ti lo desmerecen.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .¿Qué vale ¡oh pobres! levantaros tanto?10Mirad que es necio error, necia costumbreSoltar á la soberbia así la rienda;Que yo apenas, humilde y sin contienda,Puedo contar en paz algunas horasDe las que paso en el silencio obscuro,15Olvidado en pobreza y no seguro.Á LA RIQUEZA¡Oh mal seguro bien, oh cuidadosaRiqueza, y cómo á sombra de alegríaY de sosiego engañas!El que vela en tu alcance y se desvía20Del pobre estado y la quietud dichosa,Ocio y seguridad pretende en vano,Pues tras el luengo errar de agua y montañas,Cuando el metal precioso coja á mano,No ha de ver sin cuidado abrir el día.25No sin causa los dioses te escondieronEn las entrañas de la tierra dura;Mas ¿qué halló difícil y encubiertoLa sedienta codicia?174Turbó la paz seguraCon que en la antigua selva florecieronEl abeto y el pino,Y trájolos al puerto,Y por campos de mar les dió camino.5Abrióse el mar y abrióseAltamente la tierra,Y saliste del centro al aire claro,Hija de la avaricia,A hacer á los hombres cruda guerra.10Saliste tú, y perdióseLa piedad, que no habita en pecho avaro.Tantos daños, riqueza,Han venido contigo á los mortales,Que aun cuando nos pagamos á la muerte,15No cesan nuestros males,Pues el cadáver que acompaña el oroÓ el costoso vestido,Sólo por opulento es perseguido;Y el último descanso y el reposo20Que tuviera en pobreza le es negado,Siendo de su sepulcro conmovido.¡A cuántos armó el oro de crueza,Y á cuántos ha dejadoEn el último trance ó dura suerte!25. . . . . . . . . .Al menos animoso,Para que te posea,Das, riqueza, ardimiento licencioso.Ninguno hay que se veaPor ti tan abastado y poderoso,30Que carezca de miedo.¿Qué cosa habrá de males tan cercada,Pues ora pretendida, ora alcanzada,175Y aun estando en deseos,Pena ocultan tus ciegos desvaneos?Pero cánsome en vano, decir puedo;Que si sombras de bien en ti se vieran,Los inmortales dioses te tuvieran.5Pedro Soto de Rojas(† 1660?)CANCIÓN Á UN JILGUERO¡Oh cuanto es á la tuya parecidaEsta mi triste vida!Tú preso estás, yo preso;Tú cantas, y yo canto,Tú simple, yo sin seso,10Yo en eterna inquietud y tú travieso.Música das á quien tu vuelo enfrena;Música doy, aunque á compás de llanto,A quien me tiene en áspera cadena.En lo que es diferente15Nuestro estado presenteEs en que tú, jilguero,Vives cantando y yo cantando muero.Esteban Manuel de Villegas(1596–1669)CANTILENA: DE UN PAJARILLOYo ví sobre un tomilloQuejarse un pajarillo,20Viendo su nido amado,De quien era caudillo,176De un labrador robado.Víle tan congojadoPor tal atrevimientoDar mil quejas al viento,Para que al cielo santo5Lleve su tierno llanto,Lleve su triste acento.Ya con triste armonía,Esforzando el intento,Mil quejas repetía;10Ya cansado callaba,Y al nuevo sentimientoYa sonoro volvía.Ya circular volaba,Ya rastrero corría,15Ya pues de rama en ramaAl rústico seguía;Y saltando en la grama,Parece que decía:«Dame, rústico fiero,20Mi dulce compañía;»Y que le respondíaEl rústico: «No quiero.»CANTILENA: DEL AMOR Y LA ABEJAAquellos dos verdugosDe las flores y pechos,25El amor y la abeja,A un rosal concurrieron.Lleva armado el muchachoDe saetas el cuello,Y la bestia su pico30De aguijones de hierro.177Ella va susurrando,Caracoles haciendo,Y él criando mil risasY cantando mil versos;Pero dieron venganza5Luego á flores y pechos,Ella muerta quedandoY él herido volviendo.ODA: AL CÉFIRODulce vecino de la verde selva,Huésped eterno del Abril florido,10Vital aliento de la madre Venus,Céfiro blando,Si de mis ansias el amor supiste,Tú, que las quejas de mi voz llevaste,Oye, no temas, y á mi ninfa dile,15Dile que muero.Filis un tiempo mi dolor sabía,Filis un tiempo mi dolor lloraba;Quísome un tiempo, mas agora temo,Temo sus iras.20Así los dioses, con amor paterno,Así los cielos, con amor benigno,Niegan al tiempo que feliz volaresNieve á la tierra.Jamás el peso de la nube parda,25Cuando amenace la elevada cumbre,Toque tus hombros, ni su mal granizoHiera tus alas.178Salvador Jacinto Polo de Medina(† 1670?)FÁBULA BURLESCA DE APOLO Y DAFNECantar de Apolo y Dafne los amores,Sin más ni más, me vino al pensamiento.Con licencio de ustedes, va de cuento.¡Vaya de historia pues, y hablemos culto!Pero ¡cómo los versos dificulto!5¡Cómo la vena mía se resiste!¡Qué linda bobería!Pues á fe que si invoco mi Talía,Que no le dé ventaja al mas pintado.Ya con ella encontré, mi Dios loado.10Señora doña Musa, mi señora,Sópleme usted muy bien ahora;Que su favor invocoPara hacer esta copla;Y mire vuesarced cómo me sopla.15Érase una muchacha con mil sales,Con una cara de á cien mil reales,Como así me la quiero,Más peinada y pulida que un barbero;En esto que llamamos garabato20La gente de buen tratoTenía la mozuela gran donaire;Pudiera ser poeta por el aire.Aquí es obligación, señora Musa,Si ya lo que se usa no se excusa,25El pintar de la ninfa las facciones,Y pienso comenzar por los talones,Aunque parezca mal al que leyere;Que yo puedo empezar por do quisiere.179Y aunque diga el lector de mi pinturaQue del tronco se sube hasta la altura;Que á nadie dé congojasQue yo empiece la ninfa por las hojas,Supuesto que son míos5Estos calientes versos ó estos fríos;Que el poeta mas payoDe sus versos bien puede hacer un sayo.Era el pie (yo le ví) de tal manera...¡Vive Chipre, que miento; que no era!10Porque por lo sutil y recogido,Nunca ha sido este pie visto ni oído.Era, en efecto, blanco y era breve...¡Oh, qué linda ocasión de decirnieve,Si yo fuera poeta principiante!15Llevando nuestros cuentos adelante,Y haciendo del villano,Me pretendo pasar del pie á la mano,Cuyos hermosos dedos(Esta vez los jazmines se estén quedos,20Y pongámosles fines,Enmendémonos todos de jazmines,Y el que así no lo hiciere,Y ser poeta del Abril quisiere,Probará de las gentes los rigores;25A fé que allá se lo dirán de flores);Era, en fin, de cristal belleza tanta.... . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Mas, al contrario, su boquilla es poca...(Vamos con tiento en esto de la boca;Que hay notables peligros carmesíes,30Y podré tropezar en los rubíes,Epítetos crueles);¡Qué cosquillas me hacen los claveles!180Porque á pedir de boca le venían;Mas claveles no son los que solían,Y en los labios de antañoNo hay claveles ogaño;Pero, para deciros su alabanza,5Conceptillo mejor mi ingenio alcanza,Y tanto, que con otro no se mide:Es tan linda su boca, que no pide.. . . . . . . . . .Pedro Calderón de la Barca(1600–1681)CANTARCILLORuiseñor que volando vas,Cantando finezas, cantando favores,10¡Oh cuánta pena y envidia me das!Pero no; que si hoy cantas amores,Tú tendrás celos y tú llorarás.¡Qué alegre y desvanecidoCantas, dulce ruiseñor,15Las venturas de tu amor,Olvidado de tu olvido!En ti, de ti entretenidoAl ver cuán ufano estás,¡Oh cuanta pena me das20Publicando tus favores!Pero no, que si hoy cantas amores,Tú tendrás celos y tú llorarás.181DÉCIMA: Á LOPE DE VEGA CARPIOAunque la persecuciónDe la envidia tema el sabio,No reciba della agravio;Que es de serlo aprobación.Los que más presumen, son,5Lope, á los que envidia das,Y en su presunción verásLo que tus glorias merecen;Pues los que más te engrandecen,Son los que te envidian más.10EL MÁGICO PRODIGIOSO(Una voz)¿Cuál es la gloria mayorDesta vida?(Coro)Desta vida?Amor, amor.(Una voz)No hay sujeto en que no imprimaEl fuego de amor su llama,Pues vive más donde ama15El hombre, que donde anima.Amor solamente estimaCuanto tener vida sabe,El tronco, la flor y el ave:Luego es la gloria mayor20De esta vida...(Coro)De esta vida...Amor, amor.(Justina)Pesada imaginación,Al parecer lisonjera,182¿Cuándo te ha dado ocasiónPara que desta maneraAflijas mi corazón?¿Cuál es la causa, en rigor,Deste fuego, deste ardor,5Que en mí por instantes crece?¿Qué dolor el que padeceMi sentido?(Coro)Mi sentido?Amor, amor.(Justina)Aquel ruiseñor amanteEs quien respuesta me da,10Enamorando constanteA su consorte, que estáUn ramo más adelante.Calla, ruiseñor; no aquíImaginar me hagas ya,15Por las quejas que te oí,Cómo un hombre sentirá,Si siente un pájaro así.Mas no: una vid fué lasciva,Que buscando fugitiva20Va el tronco donde se enlace,Siendo el verdor con que abraceEl peso con que derriba.No así con verdes abrazosMe hagas pensar en quien amas,25Vid; que dudaré en tus lazos,Si así abrazan unas ramas,Cómo enraman unos brazos.Y si no es la vid, seráAquel girasol, que está30Viendo cara á cara al sol,183Tras cuyo hermoso arrebolSiempre moviéndose va.No sigas, no, tus enojos,Flor, con marchitos despojos,Que pensarán mis congojas,5Si así lloran unas hojas,Cómo lloran unos ojos.Cesa, amante ruiseñor,Desúnete, vid frondosa,Párate, inconstante flor,10Ó decid, ¿qué venenosaFuerza usáis?(Coro)Fuerza usáis?Amor, amor.EL ALCALDE DE ZALAMEA (CONSEJO DE CRESPO Á SU HIJO)Por la gracia de Dios, Juan,Eres de linaje limpioMás que el sol, pero villano:15Lo uno y lo otro te digo,Aquello, porque no humillesTanto tu orgullo y tu brío,Que dejes, desconfiado,De aspirar con cuerdo arbitrio20A ser más; lo otro, porquéNo vengas, desvanecido,A ser menos: igualmenteUsa de entrambos designiosCon humildad; porque siendo25Humilde, con recto juicioAcordarás lo mejor;Y como tal, en olvido184Pondrás cosas que sucedenAl revés en los altivos.¡Cuántos, teniendo en el mundoAlgún defecto consigo,Le han borrado por humildes!5Y ¡á cuántos, que no han tenidoDefecto, se le han hallado,Por estar ellos mal vistos!Sé cortés sobremanera,Sé liberal y esparcido;10Que el sombrero y el dineroSon los que hacen los amigos;Y no vale tanto el oroQue el sol engendra en el indioSuelo y que conduce el mar,15Como ser uno bienquisto.No hables mal de las mujeres:La más humilde, te digoQue es digna de estimación,Porque, al fin, dellas nacimos.20. . . . . . . . . .LÁGRIMAS
. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Vestida está mi margen de espadaña,Y de viciosos apios y mastranto,El agua, clara como el ámbar, bañaTroncos de mirtos y de lauro santo:No hay en mi margen silbadora caña,5Ni adelfa; mas violetas y amaranto,De donde llevan flores en las faldasPara hacer las Hénides guirnaldas.Hay blancos lirios, verdes mirabeles,Y azules guarnecidos alelíes,10Y allí las clavellinas y clavelesParecen sementera de rubíes;Hay ricas alcatifas y alquicelesRojos, blancos, gualdados y turquíes,Y derraman las auras con su aliento15Ámbares y azahares por el viento.Yo cuando salgo de mis grutas hondasEstoy de frescos palios cobijado,Y entre nácares crespos de redondasPerlas, mi margen veo estar honrado;20El sol no entibia mis cerúleas ondas,Ni las enturbia el balador ganado;Ni á las napeas que en mi orilla cantanLos pintados lagartos las espantan.
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Vestida está mi margen de espadaña,
Y de viciosos apios y mastranto,
El agua, clara como el ámbar, baña
Troncos de mirtos y de lauro santo:
No hay en mi margen silbadora caña,5
Ni adelfa; mas violetas y amaranto,
De donde llevan flores en las faldas
Para hacer las Hénides guirnaldas.
Hay blancos lirios, verdes mirabeles,
Y azules guarnecidos alelíes,10
Y allí las clavellinas y claveles
Parecen sementera de rubíes;
Hay ricas alcatifas y alquiceles
Rojos, blancos, gualdados y turquíes,
Y derraman las auras con su aliento15
Ámbares y azahares por el viento.
Yo cuando salgo de mis grutas hondas
Estoy de frescos palios cobijado,
Y entre nácares crespos de redondas
Perlas, mi margen veo estar honrado;20
El sol no entibia mis cerúleas ondas,
Ni las enturbia el balador ganado;
Ni á las napeas que en mi orilla cantan
Los pintados lagartos las espantan.
Estas purpúreas rosas que á la AuroraSe le cayeron hoy del blanco seno,Y un vaso de pintadas flores lleno,¡Oh dulces auras! os ofrezco agora,Si defendéis de mi divina Flora5Con vuestras alas el color moreno,Del sol, que ardiente y de piedad ajenoSu rostro ofende por que el campo dora.¡Oh hijas de la tierra peregrinas!Mirad si tiene Mayo en su guirnalda10Más frescas rosas, más bizarras flores.Llorando les dió el alba perlas finas,El sol colores, mi afición la faldaDe mi hermosa Flora y ella olores.
Estas purpúreas rosas que á la Aurora
Se le cayeron hoy del blanco seno,
Y un vaso de pintadas flores lleno,
¡Oh dulces auras! os ofrezco agora,
Si defendéis de mi divina Flora5
Con vuestras alas el color moreno,
Del sol, que ardiente y de piedad ajeno
Su rostro ofende por que el campo dora.
¡Oh hijas de la tierra peregrinas!
Mirad si tiene Mayo en su guirnalda10
Más frescas rosas, más bizarras flores.
Llorando les dió el alba perlas finas,
El sol colores, mi afición la falda
De mi hermosa Flora y ella olores.
(1573–1647)
Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora15Campos de soledad, mustio collado,Fueron un tiempo Itálica famosa.Aquí de Cipión la vencedoraColonia fué; por tierra derribadoYace el temido honor de la espantosa20Muralla, y lastimosaReliquia es solamenteDe su invencible gente.Solo quedan memorias funeralesDonde erraron ya sombras de alto ejemplo;25Este llano fué plaza, allí fué templo;De todo apenas quedan las señales.157Del gimnasio y las termas regaladasLeves vuelan cenizas desdichadas;Las torres que desprecio al aire fueronA su gran pesadumbre se rindieron.Este despedazado anfiteatro,5Impío honor de los dioses, cuya afrentaPublica el amarillo jaramago,Ya reducido á trágico teatro,¡Oh fábula del tiempo! representaCuánta fué su grandeza y es su estrago.10¿Cómo en el cerco vagoDe su desierta arenaEl gran pueblo no suena?¿Dónde, pues, fieras, ¡ay! está el desnudoLuchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?15Todo desapareció, cambió la suerteVoces alegres en silencio mudo;Mas aun el tiempo da en estos despojosEspectáculos fieros á los ojos,Y miran tan confusos lo presente,20Que voces de dolor el alma siente.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .
Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora15
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
Colonia fué; por tierra derribado
Yace el temido honor de la espantosa20
Muralla, y lastimosa
Reliquia es solamente
De su invencible gente.
Solo quedan memorias funerales
Donde erraron ya sombras de alto ejemplo;25
Este llano fué plaza, allí fué templo;
De todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
Leves vuelan cenizas desdichadas;
Las torres que desprecio al aire fueron
A su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,5
Impío honor de los dioses, cuya afrenta
Publica el amarillo jaramago,
Ya reducido á trágico teatro,
¡Oh fábula del tiempo! representa
Cuánta fué su grandeza y es su estrago.10
¿Cómo en el cerco vago
De su desierta arena
El gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues, fieras, ¡ay! está el desnudo
Luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?15
Todo desapareció, cambió la suerte
Voces alegres en silencio mudo;
Mas aun el tiempo da en estos despojos
Espectáculos fieros á los ojos,
Y miran tan confusos lo presente,20
Que voces de dolor el alma siente.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
(1570?-1650)
En la espesura de un alegre soto,Que el Betis baña, y de su fértil cursoCobran verdor los sauces acopados,Donde el ocioso juvenil concurso,25158La soledad siguiendo y lo remoto,Logra de amor los hurtos recatados;Aquí prestar alivio á mis cuidadosPensé yo triste un día,Porque la ninfa mía5Ví que, emboscada y de recelo ajena,Ya el cinto desceñido,Sus miembros despojaba del vestido.Dejóle al fin compuesto en el arena,Manifestando al cielo10De su desnuda forma la belleza.Luego á las puras ondas con prestezaLa ví correr, do el cuerpo delicadoSintió del agua de repente el hielo,Y suspendió su brío,15Viéndose en la carrera salteadoCon líquidos aljófares del río;Mas reclinóse al fin sabrosamente,Cubriendo de los húmedos cristalesToda su forma de la planta al cuello;20Tal vez la hermosa frenteSola mostraba de su rostro bello;Tal con ligeros saltos paseabaLa orilla, y en sus frescos arenalesSus tiernos miembros liberal mostraba.25Yo, en tan alegre vista embebecido,Y en los tejidos ramos escondido,Al cielo con el alma agradecíaMi desigual ventura,Y el recatado labio no movía.30¡Ay, si mis ojos con igual corduraCelar pudieran sus ocultas llamas!Y no que, ansiosos de mirar cercanoAquel hermoso bulto soberano,159Se divirtieron á mover las ramas;Y apenas el ruidoHirió á la bella ninfa el pronto oído,Cuando su vista y rostro honestoLe descubrió mi hurto manifiesto.5Y como la corcilla descuidadaMientra las hojas tiernas y menudasDespunta de la yerba rociada,Que al más leve rumor el cuello enhiesta,Y vuelve las agudas10Orejas y la frente pavorosaA la vecina selva ó la floresta,Do con alada planta voladoraSe embosca, y deja al cazador burlado;Tal su ligero curso amedrentado15Siguió mi amada ninfa al mismo instanteQue me miró delante.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .
En la espesura de un alegre soto,
Que el Betis baña, y de su fértil curso
Cobran verdor los sauces acopados,
Donde el ocioso juvenil concurso,25
La soledad siguiendo y lo remoto,
Logra de amor los hurtos recatados;
Aquí prestar alivio á mis cuidados
Pensé yo triste un día,
Porque la ninfa mía5
Ví que, emboscada y de recelo ajena,
Ya el cinto desceñido,
Sus miembros despojaba del vestido.
Dejóle al fin compuesto en el arena,
Manifestando al cielo10
De su desnuda forma la belleza.
Luego á las puras ondas con presteza
La ví correr, do el cuerpo delicado
Sintió del agua de repente el hielo,
Y suspendió su brío,15
Viéndose en la carrera salteado
Con líquidos aljófares del río;
Mas reclinóse al fin sabrosamente,
Cubriendo de los húmedos cristales
Toda su forma de la planta al cuello;20
Tal vez la hermosa frente
Sola mostraba de su rostro bello;
Tal con ligeros saltos paseaba
La orilla, y en sus frescos arenales
Sus tiernos miembros liberal mostraba.25
Yo, en tan alegre vista embebecido,
Y en los tejidos ramos escondido,
Al cielo con el alma agradecía
Mi desigual ventura,
Y el recatado labio no movía.30
¡Ay, si mis ojos con igual cordura
Celar pudieran sus ocultas llamas!
Y no que, ansiosos de mirar cercano
Aquel hermoso bulto soberano,
Se divirtieron á mover las ramas;
Y apenas el ruido
Hirió á la bella ninfa el pronto oído,
Cuando su vista y rostro honesto
Le descubrió mi hurto manifiesto.5
Y como la corcilla descuidada
Mientra las hojas tiernas y menudas
Despunta de la yerba rociada,
Que al más leve rumor el cuello enhiesta,
Y vuelve las agudas10
Orejas y la frente pavorosa
A la vecina selva ó la floresta,
Do con alada planta voladora
Se embosca, y deja al cazador burlado;
Tal su ligero curso amedrentado15
Siguió mi amada ninfa al mismo instante
Que me miró delante.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
(1580–1645)
Poderoso caballeroEs don Dinero.Madre, yo al oro me humillo,20Él es mi amante y mi amado,Pues de puro enamoradoDe continuo anda amarillo;Que pues doblón ó sencillo,Hace todo cuanto quiero,25Poderoso caballeroEs don Dinero.160Nace en las Indias honrado,Donde el mundo le acompaña;Viene á morir en España,Y es en Génova enterrado:Y pues quien le trae al lado5Es hermoso, aunque sea fiero,Poderoso caballeroEs don Dinero.Es galán y es como un oro,Tiene quebrado el color,10Persona de gran valor,Tan Cristiano como Moro;Pues que da y quita el decoro,Y quebranta cualquier fuero,Poderoso caballero15Es don Dinero.Son sus padres principales,Y es de nobles descendiente,Porque en las venas de OrienteTodas las sangres son reales:20Y pues es quien hace igualesAl duque y al ganadero,Poderoso caballeroEs don Dinero.¿Mas á quien no maravilla,25Ver en su gloria sin tasaQue es lo menos de su casaDoña Blanca de Castilla?Pero pues da al bajo sillaY al cobarde hace guerrero,30Poderoso caballeroEs don Dinero.Sus escudos de armas noblesSon siempre tan principales,161Que sin sus escudos reales,No hay escudos de armas dobles;Y pues á los mismos roblesDa codicia su minero,Poderoso caballero5Es don Dinero.Por importar en los tratos,Y dar tan buenos consejos,En las casas de los viejosHatos le guardan de gatos:10Y pues él rompe recatos,Y ablanda el juez más severo,Poderoso caballeroEs don Dinero.Y es tanta su majestad15(Aunque son sus duelos hartos)Que con haberle hecho cuartos,No pierde su autoridad;Pero pues da calidadAl noble y al pordiosero,20Poderoso caballeroEs don Dinero.Nunca ví damas ingratasA su gusto y afición,Que á las caras de un doblón25Hacen sus caras baratas:Y pues las hace bravatasDesde una bolsa de cuero,Poderoso caballeroEs don Dinero.30Más valen en cualquier tierra,(Mirad si es harto sagaz)Sus escudos en la pazQue rodelas en la guerra;162Y pues al pobre le entierra,Y hace propio al forastero,Poderoso caballeroEs don Dinero.
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Madre, yo al oro me humillo,20
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
De continuo anda amarillo;
Que pues doblón ó sencillo,
Hace todo cuanto quiero,25
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene á morir en España,
Y es en Génova enterrado:
Y pues quien le trae al lado5
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Es galán y es como un oro,
Tiene quebrado el color,10
Persona de gran valor,
Tan Cristiano como Moro;
Pues que da y quita el decoro,
Y quebranta cualquier fuero,
Poderoso caballero15
Es don Dinero.
Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son reales:20
Y pues es quien hace iguales
Al duque y al ganadero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
¿Mas á quien no maravilla,25
Ver en su gloria sin tasa
Que es lo menos de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Pero pues da al bajo silla
Y al cobarde hace guerrero,30
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Sus escudos de armas nobles
Son siempre tan principales,
Que sin sus escudos reales,
No hay escudos de armas dobles;
Y pues á los mismos robles
Da codicia su minero,
Poderoso caballero5
Es don Dinero.
Por importar en los tratos,
Y dar tan buenos consejos,
En las casas de los viejos
Hatos le guardan de gatos:10
Y pues él rompe recatos,
Y ablanda el juez más severo,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Y es tanta su majestad15
(Aunque son sus duelos hartos)
Que con haberle hecho cuartos,
No pierde su autoridad;
Pero pues da calidad
Al noble y al pordiosero,20
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Nunca ví damas ingratas
A su gusto y afición,
Que á las caras de un doblón25
Hacen sus caras baratas:
Y pues las hace bravatas
Desde una bolsa de cuero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.30
Más valen en cualquier tierra,
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra;
Y pues al pobre le entierra,
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
Érase un hombre á una nariz pegado,5Érase una nariz superlativa,Érase una nariz sayón y escriba,Érase un peje espada muy barbado.Era un reloj de sol mal encarado,Érase una alquitara pensativa,10Érase un elefante boca arriba,Era Ovidio Nasón más narizado.Érase un espolón de una galera,Érase una pirámide de Egito,Las doce tribus de narices era.15Érase un naricismo infinito,Muchísima nariz, nariz tan fieraQue en la cara de Anás fuera delito.
Érase un hombre á una nariz pegado,5
Érase una nariz superlativa,
Érase una nariz sayón y escriba,
Érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
Érase una alquitara pensativa,10
Érase un elefante boca arriba,
Era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egito,
Las doce tribus de narices era.15
Érase un naricismo infinito,
Muchísima nariz, nariz tan fiera
Que en la cara de Anás fuera delito.
Ví con pródiga venaDe parlero cristal un arroyuelo20Jugando con la arenaY enamorando de su risa el cielo.A la margen amenaUna vez murmurando, otra corriendoEstaba entreteniendo25Espejo guarnecido de esmeralda;Me pareció al miralleDel prado la guirnalda.Mas abrióse en el valle163Una envidiosa cueva de repente:Enmudeció el arroyoCreció la oscuridad del negro hoyoY sepultó recién nacida fuenteCuya corriente breve restauraron5Ojos que de piadosos la lloraron.
Ví con pródiga vena
De parlero cristal un arroyuelo20
Jugando con la arena
Y enamorando de su risa el cielo.
A la margen amena
Una vez murmurando, otra corriendo
Estaba entreteniendo25
Espejo guarnecido de esmeralda;
Me pareció al miralle
Del prado la guirnalda.
Mas abrióse en el valle
Una envidiosa cueva de repente:
Enmudeció el arroyo
Creció la oscuridad del negro hoyo
Y sepultó recién nacida fuente
Cuya corriente breve restauraron5
Ojos que de piadosos la lloraron.
No he de callar por más que con el dedo,Ya tocando la boca, ó ya la frente,Silencio avises, ó amenaces miedo.¿No ha de haber un espíritu valiente?10¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?¿Nunca se ha de decir lo que se siente?Hoy, sin miedo que libre escandalice,Puede hablar el ingenio, aseguradoDe que mayor poder le atemorice.15En otros siglos pudo ser pecadoSevero estudio, y la verdad desnuda,Y romper el silencio el bien hablado.Pues sepa, quien lo niega, y quien lo duda,Que es lengua la verdad de Dios severo,20Y la lengua de Dios nunca fué muda.Son la verdad y Dios Dios verdadero:Ni eternidad divina los separa,Ni de los dos alguno fué primero.. . . . . . . . . .La justicia de Dios es verdadera25Y la misericordia, y todo cuantoEs Dios, todo ha de ser verdad entera.Señor excelentísimo, mi llantoYa no consiente márgenes ni orillas,Inundación será la de mi canto.30164Ya sumergirse miro mis mejillas,La vista por dos urnas derramadaSobre las aras de las dos Castillas.Yace aquella virtud desaliñada,Que fué, si rica menos, más temida,5En vanidad y en sueño sepultada.Y aquella libertad esclarecida,Que en donde supo hallar honrada muerte,Nunca quiso tener más larga vida.Y pródiga del alma, nación fuerte,10Contaba por afrenta de los añosEnvejecer en brazos de la suerte.Del tiempo el ocio torpe, y los engañosDel paso de las horas y del día,Reputaban los nuestros por estraños.15Nadie contaba cuanta edad vivía,Sino de que manera, ni aun un horaLograba sin afán y valentía.La robusta virtud era señora,Y sola dominaba al pueblo rudo;20¡Edad, si mal hablada, vencedora!. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .
No he de callar por más que con el dedo,
Ya tocando la boca, ó ya la frente,
Silencio avises, ó amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?10
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que libre escandalice,
Puede hablar el ingenio, asegurado
De que mayor poder le atemorice.15
En otros siglos pudo ser pecado
Severo estudio, y la verdad desnuda,
Y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa, quien lo niega, y quien lo duda,
Que es lengua la verdad de Dios severo,20
Y la lengua de Dios nunca fué muda.
Son la verdad y Dios Dios verdadero:
Ni eternidad divina los separa,
Ni de los dos alguno fué primero.
. . . . . . . . . .
La justicia de Dios es verdadera25
Y la misericordia, y todo cuanto
Es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor excelentísimo, mi llanto
Ya no consiente márgenes ni orillas,
Inundación será la de mi canto.30
Ya sumergirse miro mis mejillas,
La vista por dos urnas derramada
Sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
Que fué, si rica menos, más temida,5
En vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida,
Que en donde supo hallar honrada muerte,
Nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga del alma, nación fuerte,10
Contaba por afrenta de los años
Envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
Del paso de las horas y del día,
Reputaban los nuestros por estraños.15
Nadie contaba cuanta edad vivía,
Sino de que manera, ni aun un hora
Lograba sin afán y valentía.
La robusta virtud era señora,
Y sola dominaba al pueblo rudo;20
¡Edad, si mal hablada, vencedora!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
(Advertencia á España, de que ansí como se ha hecho señora de muchos, ansí será de tantos enemigos invidiada y perseguida, y necesita de continua prevención por esa causa.)
Un Godo, que una cueva en la montañaGuardó, pudo cobrar las dos Castillas:Del Betis y Genil las dos orillas,Los heredores de tan gran hazaña.25165A Navarra te dió justicia y maña,Y un casamiento, en Aragón, las sillas,Con que á Sicilia y Nápoles humillas,A quien Milán espléndida acompaña.Muerte infeliz en Portugal arbola5Tus castillos. Colón pasó los GodosAl ignorado cerco de esta bola.Y es más fácil ¡oh España! en muchos modosQue lo que á todos les quitaste sola,Te puedan á ti sola quitar todos.10
Un Godo, que una cueva en la montaña
Guardó, pudo cobrar las dos Castillas:
Del Betis y Genil las dos orillas,
Los heredores de tan gran hazaña.25
A Navarra te dió justicia y maña,
Y un casamiento, en Aragón, las sillas,
Con que á Sicilia y Nápoles humillas,
A quien Milán espléndida acompaña.
Muerte infeliz en Portugal arbola5
Tus castillos. Colón pasó los Godos
Al ignorado cerco de esta bola.
Y es más fácil ¡oh España! en muchos modos
Que lo que á todos les quitaste sola,
Te puedan á ti sola quitar todos.10
(Date?)
Tórtola solitaria que llorandoTu bien pasado y tu dolor presente,Ensordeces la selva con gemidos:Cuyo ánimo dolienteSe mitiga penando15Bienes asegurados y perdidos:Si inclinas los oídosA las piadosas y dolientes quejasDe un espíritu amargo,(Breve consuelo de un dolor tan largo20Con quien, amarga soledad, me aquejas)Yo con tu compañíaY acaso á ti te aliviará la mía.La rigurosa mano que me apartaComo á ti de tu bien, á mí del mío,25Cargada va de triunfos y victorias:Sábelo el monte y río,Que está cansada y hartaDe marchitar en flor mis dulces glorias:166Y si eran transitorias,Acabáralas golpe de fortuna:No viera yo cubiertoDe turbias nubes cielo que ví abiertoEn la fuerza mayor de mi fortuna:5Que acabado con ellasAcabaran mis llantos y querellas.Parece que me escuchas, y pareceQue te cuento tu mal, que roncamenteLloras tu compañía desdichada:10El ánimo dolienteQue el dolor apetecePor un alivio de su suerte airada,La más apasionadaMás agradable le parece, en tanto15Que el alma dolorosa,Llorando tu desdicha rigurosa,Baña los ojos con eterno llanto;Cuya pasión aflojaLa vida al cuerpo, al alma la congoja.20¿No regalaste con tus quejas tiernas,Por solitarios y desiertos prados,Hombres y fieras, cielos y elementos?¿Lloraste tus cuidadosCon lágrimas eternas25Duras y encomendadas á los vientos?¿No son tus sentimientosDe tanta compasión y tan dolientes,Que enternecen los pechosA rigurosas sinrazones hechos,30Que los haces crueles de clementes?¿En qué ofendiste tanto,Cuitada, que te sigue miedo y llanto?Quien te ve por los montes solitarios167Mustia y enmudecida y elevadaDe los casados árboles huyendo,Sola y desamparadaA los fieros contrarios,Que le tienen en vida padeciendo,5Señal de agüero horrendoMostrarían tus ojos añubladosCon las cerradas nieblasQue levantó la muerte, y las tinieblasDe tus bienes supremos y pasados:10¡Llora, cuitada, lloraAl venir de la noche y de la aurora!. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .
Tórtola solitaria que llorando
Tu bien pasado y tu dolor presente,
Ensordeces la selva con gemidos:
Cuyo ánimo doliente
Se mitiga penando15
Bienes asegurados y perdidos:
Si inclinas los oídos
A las piadosas y dolientes quejas
De un espíritu amargo,
(Breve consuelo de un dolor tan largo20
Con quien, amarga soledad, me aquejas)
Yo con tu compañía
Y acaso á ti te aliviará la mía.
La rigurosa mano que me aparta
Como á ti de tu bien, á mí del mío,25
Cargada va de triunfos y victorias:
Sábelo el monte y río,
Que está cansada y harta
De marchitar en flor mis dulces glorias:
Y si eran transitorias,
Acabáralas golpe de fortuna:
No viera yo cubierto
De turbias nubes cielo que ví abierto
En la fuerza mayor de mi fortuna:5
Que acabado con ellas
Acabaran mis llantos y querellas.
Parece que me escuchas, y parece
Que te cuento tu mal, que roncamente
Lloras tu compañía desdichada:10
El ánimo doliente
Que el dolor apetece
Por un alivio de su suerte airada,
La más apasionada
Más agradable le parece, en tanto15
Que el alma dolorosa,
Llorando tu desdicha rigurosa,
Baña los ojos con eterno llanto;
Cuya pasión afloja
La vida al cuerpo, al alma la congoja.20
¿No regalaste con tus quejas tiernas,
Por solitarios y desiertos prados,
Hombres y fieras, cielos y elementos?
¿Lloraste tus cuidados
Con lágrimas eternas25
Duras y encomendadas á los vientos?
¿No son tus sentimientos
De tanta compasión y tan dolientes,
Que enternecen los pechos
A rigurosas sinrazones hechos,30
Que los haces crueles de clementes?
¿En qué ofendiste tanto,
Cuitada, que te sigue miedo y llanto?
Quien te ve por los montes solitarios
Mustia y enmudecida y elevada
De los casados árboles huyendo,
Sola y desamparada
A los fieros contrarios,
Que le tienen en vida padeciendo,5
Señal de agüero horrendo
Mostrarían tus ojos añublados
Con las cerradas nieblas
Que levantó la muerte, y las tinieblas
De tus bienes supremos y pasados:10
¡Llora, cuitada, llora
Al venir de la noche y de la aurora!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
(1581–1658)
Fuentecillas que reis,Y con la arena jugáis,¿Dónde vais?15Pues de las flores huisY los peñascos buscáis,Si reposáisDonde con calma dormís,¿Por qué corréis y os cansáis?20
Fuentecillas que reis,
Y con la arena jugáis,
¿Dónde vais?15
Pues de las flores huis
Y los peñascos buscáis,
Si reposáis
Donde con calma dormís,
¿Por qué corréis y os cansáis?20
Pajarillo que cantasCuando con tristes quejasAl dispertar el día te levantas,Y enternecida dejas168La umbrosa selva que escuchó tu llanto,Calla, no llores tanto:Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.Canta la noche fría5En las dormidas ramas,De tu dolor funesta compañía;Descansa, cuando llamasAl sol hermoso que los campos viste,Logra su ausencia triste;10Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.En este verde sotoEscucharán tus malesDel más vecino al sauce más remoto,15Y el agua en sus umbralesDe verde yerba, de doradas flores,Prenderán tus amores;Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.20No quieras más alientoQue en tus tristes congojasLa piadosa atención del manso viento,Y que duerman las hojasAl dulce son de tus querellas graves,25Envidia de otras aves;Que es agravio y desdicha del que lloraSentir sus quejas y reir la aurora.
Pajarillo que cantas
Cuando con tristes quejas
Al dispertar el día te levantas,
Y enternecida dejas
La umbrosa selva que escuchó tu llanto,
Calla, no llores tanto:
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
Canta la noche fría5
En las dormidas ramas,
De tu dolor funesta compañía;
Descansa, cuando llamas
Al sol hermoso que los campos viste,
Logra su ausencia triste;10
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
En este verde soto
Escucharán tus males
Del más vecino al sauce más remoto,15
Y el agua en sus umbrales
De verde yerba, de doradas flores,
Prenderán tus amores;
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.20
No quieras más aliento
Que en tus tristes congojas
La piadosa atención del manso viento,
Y que duerman las hojas
Al dulce son de tus querellas graves,25
Envidia de otras aves;
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
Si alegres y risueñasCorren las claras fuentes30Entre perlas lucientes,169A reir las enseñas;Y si corren aprisa,Imitan más la gracia de tu risa.No ríe la mañana,Que soñolienta y fría5Sale á hospedar el día,Vestida de oro y grana,Si primera no ríes,Y dejas qué copiar en tus rubíes.También quiere imitarle,10Cuando el sol reverbera,La dulce primavera;Y cuando Abril se parte,Hace el primer ensayoAl paso de tu risa el suave Mayo.15Pensaban, engañados,Que las selvas reíanLos mismos que creíanLa risa de los prados.Todos, Silvia, mintieron;20Que sin verte reir, jamás rieron.Los más fieros tiranos,Que menos se recatan,No ríen cuando matan;Y aunque muere á sus manos25Con piedad el aurora,La dulce muerte de la noche llora.Tu risa son enojos,Porque matas riendo,Y lloran (desmintiendo30A tu boca) mis ojos;Y es lo que precian tanto,Risa en tus labios, y en mis ojos llanto.
Si alegres y risueñas
Corren las claras fuentes30
Entre perlas lucientes,
A reir las enseñas;
Y si corren aprisa,
Imitan más la gracia de tu risa.
No ríe la mañana,
Que soñolienta y fría5
Sale á hospedar el día,
Vestida de oro y grana,
Si primera no ríes,
Y dejas qué copiar en tus rubíes.
También quiere imitarle,10
Cuando el sol reverbera,
La dulce primavera;
Y cuando Abril se parte,
Hace el primer ensayo
Al paso de tu risa el suave Mayo.15
Pensaban, engañados,
Que las selvas reían
Los mismos que creían
La risa de los prados.
Todos, Silvia, mintieron;20
Que sin verte reir, jamás rieron.
Los más fieros tiranos,
Que menos se recatan,
No ríen cuando matan;
Y aunque muere á sus manos25
Con piedad el aurora,
La dulce muerte de la noche llora.
Tu risa son enojos,
Porque matas riendo,
Y lloran (desmintiendo30
A tu boca) mis ojos;
Y es lo que precian tanto,
Risa en tus labios, y en mis ojos llanto.
(† 1658?)
Pura, encendida rosa,Émula de la llamaQue sale con el día,¿Cómo naces tan llena de alegría,Si sabes que la edad que te da el cielo5Es apenas un breve y veloz vuelo?Y no valdrán las puntas de tu ramaNi tu púrpura hermosaA detener un puntoLa ejecución del hado presurosa.10El mismo cerco alado,Que estoy viendo riente,Ya temo amortiguado,Presto despojo de la llama ardiente.Para las hojas de tu crespo seno15Te dió Amor de sus alas blandas plumas,Y oro de su cabello dió á tu frente.¡Oh fiel imagen suya peregrina!Bañóte en su color sangre divinaDe la deidad que dieron las espumas;20Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudoHacer menos violento el rayo agudo?Róbate en una hora,Róbate licencioso su ardimientoEl color y el aliento;25Tiendes aun no las alas abrasadas,Y ya vuelan al suelo desmayadas,Tan cerca, tan unida171Está al morir tu vida,Que dudo si en sus lágrimas la auroraMustia tu nacimiento ó muerte llora.
Pura, encendida rosa,
Émula de la llama
Que sale con el día,
¿Cómo naces tan llena de alegría,
Si sabes que la edad que te da el cielo5
Es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama
Ni tu púrpura hermosa
A detener un punto
La ejecución del hado presurosa.10
El mismo cerco alado,
Que estoy viendo riente,
Ya temo amortiguado,
Presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno15
Te dió Amor de sus alas blandas plumas,
Y oro de su cabello dió á tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
De la deidad que dieron las espumas;20
Y esto, purpúrea flor, y esto ¿no pudo
Hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
Róbate licencioso su ardimiento
El color y el aliento;25
Tiendes aun no las alas abrasadas,
Y ya vuelan al suelo desmayadas,
Tan cerca, tan unida
Está al morir tu vida,
Que dudo si en sus lágrimas la aurora
Mustia tu nacimiento ó muerte llora.
Desde el infausto díaQue visité con lágrimas primeras5Me tienes ¡oh pobreza! compañía;Aunque tan buena como dicen fueras,Por ser tanto de mí comunicada,Me vinieras á ser menos preciada.Diré tus males, sin que mucho ahonde10En ellos; que es muy raroLo que por glorias tuyas contar puedes.Tal vez el que en su casa un monte ascondeDe Numidia y de ParoEn aras y paredes,15Cuando entre el blando lino se rodea,Puesto de los cuidados en el fuego,Sin conocerte alaba tu sosiego,Y nunca, aunque lo alaba, lo desea.Llegas á ser de alguno al fin loada;20Mas de ninguno apenas deseada.Si eres tú de los malesEl que nos trata con mayor crueza,¿Cómo podrá ninguno codiciarte?Después que nació el oro,25Y con él la grandeza,Murió tu ser, murío tu igual decoro,En otra edad divino;Sí, por eso, pobreza, en toda parteCon enfermo color andas contino.30Con preciosos metales172Siempre veo levantadoLo que tienes tú sola derribado.¿Qué ciudad populosaSe sabe que por ti se haya fundado?¿Qué fuerza inexpugnable y espantosa5Por ti se ha fabricado?El suave color, la hermosura,Sólo en tu ausencia con su lustre dura.Píntame la bellezaMayor que imaginares,10Compuesta de jazmines y de grana,Si con vestido tuyo la adornares,Su lustre pierde y gracia soberana,Pues cuando el agro invierno,Hijo tuyo sin duda,15Que como tú también, siempre desnudo,Roba al bosque el verdor, y lo despoja,Pobre por ti su frente,Ni su sombra codicia ya la genteNi sus ramas las aves20Y si yo vanamente no discierno,¿Cuándo armarse pudieron vastas navesDonde se vió tu sombra?¿Cuando ejércitos gruesos?El número infinito de sucesos25Que por ti han avenido ¿á quién no asombra?Hablen los nunca sepultados huesosQue en las playas blanquean,De tantos que por falta de sustentoAl mar rindieron el vital aliento.30¿Cuántos has escondidoEn los anchos desiertosPara que al mal seguro caminanteAsalten encubiertos173Ó ¿en cuántas partes se verá teñidoEl campo con la sangre de los muertos?No hay voz, aunque de hierro, que bastanteSea á decir los males que acarreanDuras necesidades.5Los que pobres habitan las ciudades,¿Qué afrenta no padecen?Los que por sus ingenios merecieron,¡Oh pobreza! por ti lo desmerecen.. . . . . . . . . .. . . . . . . . . .¿Qué vale ¡oh pobres! levantaros tanto?10Mirad que es necio error, necia costumbreSoltar á la soberbia así la rienda;Que yo apenas, humilde y sin contienda,Puedo contar en paz algunas horasDe las que paso en el silencio obscuro,15Olvidado en pobreza y no seguro.
Desde el infausto día
Que visité con lágrimas primeras5
Me tienes ¡oh pobreza! compañía;
Aunque tan buena como dicen fueras,
Por ser tanto de mí comunicada,
Me vinieras á ser menos preciada.
Diré tus males, sin que mucho ahonde10
En ellos; que es muy raro
Lo que por glorias tuyas contar puedes.
Tal vez el que en su casa un monte asconde
De Numidia y de Paro
En aras y paredes,15
Cuando entre el blando lino se rodea,
Puesto de los cuidados en el fuego,
Sin conocerte alaba tu sosiego,
Y nunca, aunque lo alaba, lo desea.
Llegas á ser de alguno al fin loada;20
Mas de ninguno apenas deseada.
Si eres tú de los males
El que nos trata con mayor crueza,
¿Cómo podrá ninguno codiciarte?
Después que nació el oro,25
Y con él la grandeza,
Murió tu ser, murío tu igual decoro,
En otra edad divino;
Sí, por eso, pobreza, en toda parte
Con enfermo color andas contino.30
Con preciosos metales
Siempre veo levantado
Lo que tienes tú sola derribado.
¿Qué ciudad populosa
Se sabe que por ti se haya fundado?
¿Qué fuerza inexpugnable y espantosa5
Por ti se ha fabricado?
El suave color, la hermosura,
Sólo en tu ausencia con su lustre dura.
Píntame la belleza
Mayor que imaginares,10
Compuesta de jazmines y de grana,
Si con vestido tuyo la adornares,
Su lustre pierde y gracia soberana,
Pues cuando el agro invierno,
Hijo tuyo sin duda,15
Que como tú también, siempre desnudo,
Roba al bosque el verdor, y lo despoja,
Pobre por ti su frente,
Ni su sombra codicia ya la gente
Ni sus ramas las aves20
Y si yo vanamente no discierno,
¿Cuándo armarse pudieron vastas naves
Donde se vió tu sombra?
¿Cuando ejércitos gruesos?
El número infinito de sucesos25
Que por ti han avenido ¿á quién no asombra?
Hablen los nunca sepultados huesos
Que en las playas blanquean,
De tantos que por falta de sustento
Al mar rindieron el vital aliento.30
¿Cuántos has escondido
En los anchos desiertos
Para que al mal seguro caminante
Asalten encubiertos
Ó ¿en cuántas partes se verá teñido
El campo con la sangre de los muertos?
No hay voz, aunque de hierro, que bastante
Sea á decir los males que acarrean
Duras necesidades.5
Los que pobres habitan las ciudades,
¿Qué afrenta no padecen?
Los que por sus ingenios merecieron,
¡Oh pobreza! por ti lo desmerecen.
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
¿Qué vale ¡oh pobres! levantaros tanto?10
Mirad que es necio error, necia costumbre
Soltar á la soberbia así la rienda;
Que yo apenas, humilde y sin contienda,
Puedo contar en paz algunas horas
De las que paso en el silencio obscuro,15
Olvidado en pobreza y no seguro.
¡Oh mal seguro bien, oh cuidadosaRiqueza, y cómo á sombra de alegríaY de sosiego engañas!El que vela en tu alcance y se desvía20Del pobre estado y la quietud dichosa,Ocio y seguridad pretende en vano,Pues tras el luengo errar de agua y montañas,Cuando el metal precioso coja á mano,No ha de ver sin cuidado abrir el día.25No sin causa los dioses te escondieronEn las entrañas de la tierra dura;Mas ¿qué halló difícil y encubiertoLa sedienta codicia?174Turbó la paz seguraCon que en la antigua selva florecieronEl abeto y el pino,Y trájolos al puerto,Y por campos de mar les dió camino.5Abrióse el mar y abrióseAltamente la tierra,Y saliste del centro al aire claro,Hija de la avaricia,A hacer á los hombres cruda guerra.10Saliste tú, y perdióseLa piedad, que no habita en pecho avaro.Tantos daños, riqueza,Han venido contigo á los mortales,Que aun cuando nos pagamos á la muerte,15No cesan nuestros males,Pues el cadáver que acompaña el oroÓ el costoso vestido,Sólo por opulento es perseguido;Y el último descanso y el reposo20Que tuviera en pobreza le es negado,Siendo de su sepulcro conmovido.¡A cuántos armó el oro de crueza,Y á cuántos ha dejadoEn el último trance ó dura suerte!25. . . . . . . . . .Al menos animoso,Para que te posea,Das, riqueza, ardimiento licencioso.Ninguno hay que se veaPor ti tan abastado y poderoso,30Que carezca de miedo.¿Qué cosa habrá de males tan cercada,Pues ora pretendida, ora alcanzada,175Y aun estando en deseos,Pena ocultan tus ciegos desvaneos?Pero cánsome en vano, decir puedo;Que si sombras de bien en ti se vieran,Los inmortales dioses te tuvieran.5
¡Oh mal seguro bien, oh cuidadosa
Riqueza, y cómo á sombra de alegría
Y de sosiego engañas!
El que vela en tu alcance y se desvía20
Del pobre estado y la quietud dichosa,
Ocio y seguridad pretende en vano,
Pues tras el luengo errar de agua y montañas,
Cuando el metal precioso coja á mano,
No ha de ver sin cuidado abrir el día.25
No sin causa los dioses te escondieron
En las entrañas de la tierra dura;
Mas ¿qué halló difícil y encubierto
La sedienta codicia?
Turbó la paz segura
Con que en la antigua selva florecieron
El abeto y el pino,
Y trájolos al puerto,
Y por campos de mar les dió camino.5
Abrióse el mar y abrióse
Altamente la tierra,
Y saliste del centro al aire claro,
Hija de la avaricia,
A hacer á los hombres cruda guerra.10
Saliste tú, y perdióse
La piedad, que no habita en pecho avaro.
Tantos daños, riqueza,
Han venido contigo á los mortales,
Que aun cuando nos pagamos á la muerte,15
No cesan nuestros males,
Pues el cadáver que acompaña el oro
Ó el costoso vestido,
Sólo por opulento es perseguido;
Y el último descanso y el reposo20
Que tuviera en pobreza le es negado,
Siendo de su sepulcro conmovido.
¡A cuántos armó el oro de crueza,
Y á cuántos ha dejado
En el último trance ó dura suerte!25
. . . . . . . . . .
Al menos animoso,
Para que te posea,
Das, riqueza, ardimiento licencioso.
Ninguno hay que se vea
Por ti tan abastado y poderoso,30
Que carezca de miedo.
¿Qué cosa habrá de males tan cercada,
Pues ora pretendida, ora alcanzada,
Y aun estando en deseos,
Pena ocultan tus ciegos desvaneos?
Pero cánsome en vano, decir puedo;
Que si sombras de bien en ti se vieran,
Los inmortales dioses te tuvieran.5
(† 1660?)
¡Oh cuanto es á la tuya parecidaEsta mi triste vida!Tú preso estás, yo preso;Tú cantas, y yo canto,Tú simple, yo sin seso,10Yo en eterna inquietud y tú travieso.Música das á quien tu vuelo enfrena;Música doy, aunque á compás de llanto,A quien me tiene en áspera cadena.En lo que es diferente15Nuestro estado presenteEs en que tú, jilguero,Vives cantando y yo cantando muero.
¡Oh cuanto es á la tuya parecida
Esta mi triste vida!
Tú preso estás, yo preso;
Tú cantas, y yo canto,
Tú simple, yo sin seso,10
Yo en eterna inquietud y tú travieso.
Música das á quien tu vuelo enfrena;
Música doy, aunque á compás de llanto,
A quien me tiene en áspera cadena.
En lo que es diferente15
Nuestro estado presente
Es en que tú, jilguero,
Vives cantando y yo cantando muero.
(1596–1669)
Yo ví sobre un tomilloQuejarse un pajarillo,20Viendo su nido amado,De quien era caudillo,176De un labrador robado.Víle tan congojadoPor tal atrevimientoDar mil quejas al viento,Para que al cielo santo5Lleve su tierno llanto,Lleve su triste acento.Ya con triste armonía,Esforzando el intento,Mil quejas repetía;10Ya cansado callaba,Y al nuevo sentimientoYa sonoro volvía.Ya circular volaba,Ya rastrero corría,15Ya pues de rama en ramaAl rústico seguía;Y saltando en la grama,Parece que decía:«Dame, rústico fiero,20Mi dulce compañía;»Y que le respondíaEl rústico: «No quiero.»
Yo ví sobre un tomillo
Quejarse un pajarillo,20
Viendo su nido amado,
De quien era caudillo,
De un labrador robado.
Víle tan congojado
Por tal atrevimiento
Dar mil quejas al viento,
Para que al cielo santo5
Lleve su tierno llanto,
Lleve su triste acento.
Ya con triste armonía,
Esforzando el intento,
Mil quejas repetía;10
Ya cansado callaba,
Y al nuevo sentimiento
Ya sonoro volvía.
Ya circular volaba,
Ya rastrero corría,15
Ya pues de rama en rama
Al rústico seguía;
Y saltando en la grama,
Parece que decía:
«Dame, rústico fiero,20
Mi dulce compañía;»
Y que le respondía
El rústico: «No quiero.»
Aquellos dos verdugosDe las flores y pechos,25El amor y la abeja,A un rosal concurrieron.Lleva armado el muchachoDe saetas el cuello,Y la bestia su pico30De aguijones de hierro.177Ella va susurrando,Caracoles haciendo,Y él criando mil risasY cantando mil versos;Pero dieron venganza5Luego á flores y pechos,Ella muerta quedandoY él herido volviendo.
Aquellos dos verdugos
De las flores y pechos,25
El amor y la abeja,
A un rosal concurrieron.
Lleva armado el muchacho
De saetas el cuello,
Y la bestia su pico30
De aguijones de hierro.
Ella va susurrando,
Caracoles haciendo,
Y él criando mil risas
Y cantando mil versos;
Pero dieron venganza5
Luego á flores y pechos,
Ella muerta quedando
Y él herido volviendo.
Dulce vecino de la verde selva,Huésped eterno del Abril florido,10Vital aliento de la madre Venus,Céfiro blando,Si de mis ansias el amor supiste,Tú, que las quejas de mi voz llevaste,Oye, no temas, y á mi ninfa dile,15Dile que muero.Filis un tiempo mi dolor sabía,Filis un tiempo mi dolor lloraba;Quísome un tiempo, mas agora temo,Temo sus iras.20Así los dioses, con amor paterno,Así los cielos, con amor benigno,Niegan al tiempo que feliz volaresNieve á la tierra.Jamás el peso de la nube parda,25Cuando amenace la elevada cumbre,Toque tus hombros, ni su mal granizoHiera tus alas.
Dulce vecino de la verde selva,
Huésped eterno del Abril florido,10
Vital aliento de la madre Venus,
Céfiro blando,
Si de mis ansias el amor supiste,
Tú, que las quejas de mi voz llevaste,
Oye, no temas, y á mi ninfa dile,15
Dile que muero.
Filis un tiempo mi dolor sabía,
Filis un tiempo mi dolor lloraba;
Quísome un tiempo, mas agora temo,
Temo sus iras.20
Así los dioses, con amor paterno,
Así los cielos, con amor benigno,
Niegan al tiempo que feliz volares
Nieve á la tierra.
Jamás el peso de la nube parda,25
Cuando amenace la elevada cumbre,
Toque tus hombros, ni su mal granizo
Hiera tus alas.
(† 1670?)
Cantar de Apolo y Dafne los amores,Sin más ni más, me vino al pensamiento.Con licencio de ustedes, va de cuento.¡Vaya de historia pues, y hablemos culto!Pero ¡cómo los versos dificulto!5¡Cómo la vena mía se resiste!¡Qué linda bobería!Pues á fe que si invoco mi Talía,Que no le dé ventaja al mas pintado.Ya con ella encontré, mi Dios loado.10Señora doña Musa, mi señora,Sópleme usted muy bien ahora;Que su favor invocoPara hacer esta copla;Y mire vuesarced cómo me sopla.15Érase una muchacha con mil sales,Con una cara de á cien mil reales,Como así me la quiero,Más peinada y pulida que un barbero;En esto que llamamos garabato20La gente de buen tratoTenía la mozuela gran donaire;Pudiera ser poeta por el aire.Aquí es obligación, señora Musa,Si ya lo que se usa no se excusa,25El pintar de la ninfa las facciones,Y pienso comenzar por los talones,Aunque parezca mal al que leyere;Que yo puedo empezar por do quisiere.179Y aunque diga el lector de mi pinturaQue del tronco se sube hasta la altura;Que á nadie dé congojasQue yo empiece la ninfa por las hojas,Supuesto que son míos5Estos calientes versos ó estos fríos;Que el poeta mas payoDe sus versos bien puede hacer un sayo.Era el pie (yo le ví) de tal manera...¡Vive Chipre, que miento; que no era!10Porque por lo sutil y recogido,Nunca ha sido este pie visto ni oído.Era, en efecto, blanco y era breve...¡Oh, qué linda ocasión de decirnieve,Si yo fuera poeta principiante!15Llevando nuestros cuentos adelante,Y haciendo del villano,Me pretendo pasar del pie á la mano,Cuyos hermosos dedos(Esta vez los jazmines se estén quedos,20Y pongámosles fines,Enmendémonos todos de jazmines,Y el que así no lo hiciere,Y ser poeta del Abril quisiere,Probará de las gentes los rigores;25A fé que allá se lo dirán de flores);Era, en fin, de cristal belleza tanta.... . . . . . . . . .. . . . . . . . . .Mas, al contrario, su boquilla es poca...(Vamos con tiento en esto de la boca;Que hay notables peligros carmesíes,30Y podré tropezar en los rubíes,Epítetos crueles);¡Qué cosquillas me hacen los claveles!180Porque á pedir de boca le venían;Mas claveles no son los que solían,Y en los labios de antañoNo hay claveles ogaño;Pero, para deciros su alabanza,5Conceptillo mejor mi ingenio alcanza,Y tanto, que con otro no se mide:Es tan linda su boca, que no pide.. . . . . . . . . .
Cantar de Apolo y Dafne los amores,
Sin más ni más, me vino al pensamiento.
Con licencio de ustedes, va de cuento.
¡Vaya de historia pues, y hablemos culto!
Pero ¡cómo los versos dificulto!5
¡Cómo la vena mía se resiste!
¡Qué linda bobería!
Pues á fe que si invoco mi Talía,
Que no le dé ventaja al mas pintado.
Ya con ella encontré, mi Dios loado.10
Señora doña Musa, mi señora,
Sópleme usted muy bien ahora;
Que su favor invoco
Para hacer esta copla;
Y mire vuesarced cómo me sopla.15
Érase una muchacha con mil sales,
Con una cara de á cien mil reales,
Como así me la quiero,
Más peinada y pulida que un barbero;
En esto que llamamos garabato20
La gente de buen trato
Tenía la mozuela gran donaire;
Pudiera ser poeta por el aire.
Aquí es obligación, señora Musa,
Si ya lo que se usa no se excusa,25
El pintar de la ninfa las facciones,
Y pienso comenzar por los talones,
Aunque parezca mal al que leyere;
Que yo puedo empezar por do quisiere.
Y aunque diga el lector de mi pintura
Que del tronco se sube hasta la altura;
Que á nadie dé congojas
Que yo empiece la ninfa por las hojas,
Supuesto que son míos5
Estos calientes versos ó estos fríos;
Que el poeta mas payo
De sus versos bien puede hacer un sayo.
Era el pie (yo le ví) de tal manera...
¡Vive Chipre, que miento; que no era!10
Porque por lo sutil y recogido,
Nunca ha sido este pie visto ni oído.
Era, en efecto, blanco y era breve...
¡Oh, qué linda ocasión de decirnieve,
Si yo fuera poeta principiante!15
Llevando nuestros cuentos adelante,
Y haciendo del villano,
Me pretendo pasar del pie á la mano,
Cuyos hermosos dedos
(Esta vez los jazmines se estén quedos,20
Y pongámosles fines,
Enmendémonos todos de jazmines,
Y el que así no lo hiciere,
Y ser poeta del Abril quisiere,
Probará de las gentes los rigores;25
A fé que allá se lo dirán de flores);
Era, en fin, de cristal belleza tanta...
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Mas, al contrario, su boquilla es poca...
(Vamos con tiento en esto de la boca;
Que hay notables peligros carmesíes,30
Y podré tropezar en los rubíes,
Epítetos crueles);
¡Qué cosquillas me hacen los claveles!
Porque á pedir de boca le venían;
Mas claveles no son los que solían,
Y en los labios de antaño
No hay claveles ogaño;
Pero, para deciros su alabanza,5
Conceptillo mejor mi ingenio alcanza,
Y tanto, que con otro no se mide:
Es tan linda su boca, que no pide.
. . . . . . . . . .
(1600–1681)
Ruiseñor que volando vas,Cantando finezas, cantando favores,10¡Oh cuánta pena y envidia me das!Pero no; que si hoy cantas amores,Tú tendrás celos y tú llorarás.¡Qué alegre y desvanecidoCantas, dulce ruiseñor,15Las venturas de tu amor,Olvidado de tu olvido!En ti, de ti entretenidoAl ver cuán ufano estás,¡Oh cuanta pena me das20Publicando tus favores!Pero no, que si hoy cantas amores,Tú tendrás celos y tú llorarás.
Ruiseñor que volando vas,
Cantando finezas, cantando favores,10
¡Oh cuánta pena y envidia me das!
Pero no; que si hoy cantas amores,
Tú tendrás celos y tú llorarás.
¡Qué alegre y desvanecido
Cantas, dulce ruiseñor,15
Las venturas de tu amor,
Olvidado de tu olvido!
En ti, de ti entretenido
Al ver cuán ufano estás,
¡Oh cuanta pena me das20
Publicando tus favores!
Pero no, que si hoy cantas amores,
Tú tendrás celos y tú llorarás.
Aunque la persecuciónDe la envidia tema el sabio,No reciba della agravio;Que es de serlo aprobación.Los que más presumen, son,5Lope, á los que envidia das,Y en su presunción verásLo que tus glorias merecen;Pues los que más te engrandecen,Son los que te envidian más.10
Aunque la persecución
De la envidia tema el sabio,
No reciba della agravio;
Que es de serlo aprobación.
Los que más presumen, son,5
Lope, á los que envidia das,
Y en su presunción verás
Lo que tus glorias merecen;
Pues los que más te engrandecen,
Son los que te envidian más.10
(Una voz)¿Cuál es la gloria mayorDesta vida?(Coro)Desta vida?Amor, amor.(Una voz)No hay sujeto en que no imprimaEl fuego de amor su llama,Pues vive más donde ama15El hombre, que donde anima.Amor solamente estimaCuanto tener vida sabe,El tronco, la flor y el ave:Luego es la gloria mayor20De esta vida...(Coro)De esta vida...Amor, amor.(Justina)Pesada imaginación,Al parecer lisonjera,182¿Cuándo te ha dado ocasiónPara que desta maneraAflijas mi corazón?¿Cuál es la causa, en rigor,Deste fuego, deste ardor,5Que en mí por instantes crece?¿Qué dolor el que padeceMi sentido?(Coro)Mi sentido?Amor, amor.(Justina)Aquel ruiseñor amanteEs quien respuesta me da,10Enamorando constanteA su consorte, que estáUn ramo más adelante.Calla, ruiseñor; no aquíImaginar me hagas ya,15Por las quejas que te oí,Cómo un hombre sentirá,Si siente un pájaro así.Mas no: una vid fué lasciva,Que buscando fugitiva20Va el tronco donde se enlace,Siendo el verdor con que abraceEl peso con que derriba.No así con verdes abrazosMe hagas pensar en quien amas,25Vid; que dudaré en tus lazos,Si así abrazan unas ramas,Cómo enraman unos brazos.Y si no es la vid, seráAquel girasol, que está30Viendo cara á cara al sol,183Tras cuyo hermoso arrebolSiempre moviéndose va.No sigas, no, tus enojos,Flor, con marchitos despojos,Que pensarán mis congojas,5Si así lloran unas hojas,Cómo lloran unos ojos.Cesa, amante ruiseñor,Desúnete, vid frondosa,Párate, inconstante flor,10Ó decid, ¿qué venenosaFuerza usáis?(Coro)Fuerza usáis?Amor, amor.
(Una voz)
¿Cuál es la gloria mayor
Desta vida?
(Coro)
Desta vida?Amor, amor.
(Una voz)
No hay sujeto en que no imprima
El fuego de amor su llama,
Pues vive más donde ama15
El hombre, que donde anima.
Amor solamente estima
Cuanto tener vida sabe,
El tronco, la flor y el ave:
Luego es la gloria mayor20
De esta vida...
(Coro)
De esta vida...Amor, amor.
(Justina)
Pesada imaginación,
Al parecer lisonjera,
¿Cuándo te ha dado ocasión
Para que desta manera
Aflijas mi corazón?
¿Cuál es la causa, en rigor,
Deste fuego, deste ardor,5
Que en mí por instantes crece?
¿Qué dolor el que padece
Mi sentido?
(Coro)
Mi sentido?Amor, amor.
(Justina)
Aquel ruiseñor amante
Es quien respuesta me da,10
Enamorando constante
A su consorte, que está
Un ramo más adelante.
Calla, ruiseñor; no aquí
Imaginar me hagas ya,15
Por las quejas que te oí,
Cómo un hombre sentirá,
Si siente un pájaro así.
Mas no: una vid fué lasciva,
Que buscando fugitiva20
Va el tronco donde se enlace,
Siendo el verdor con que abrace
El peso con que derriba.
No así con verdes abrazos
Me hagas pensar en quien amas,25
Vid; que dudaré en tus lazos,
Si así abrazan unas ramas,
Cómo enraman unos brazos.
Y si no es la vid, será
Aquel girasol, que está30
Viendo cara á cara al sol,
Tras cuyo hermoso arrebol
Siempre moviéndose va.
No sigas, no, tus enojos,
Flor, con marchitos despojos,
Que pensarán mis congojas,5
Si así lloran unas hojas,
Cómo lloran unos ojos.
Cesa, amante ruiseñor,
Desúnete, vid frondosa,
Párate, inconstante flor,10
Ó decid, ¿qué venenosa
Fuerza usáis?
(Coro)
Fuerza usáis?Amor, amor.
Por la gracia de Dios, Juan,Eres de linaje limpioMás que el sol, pero villano:15Lo uno y lo otro te digo,Aquello, porque no humillesTanto tu orgullo y tu brío,Que dejes, desconfiado,De aspirar con cuerdo arbitrio20A ser más; lo otro, porquéNo vengas, desvanecido,A ser menos: igualmenteUsa de entrambos designiosCon humildad; porque siendo25Humilde, con recto juicioAcordarás lo mejor;Y como tal, en olvido184Pondrás cosas que sucedenAl revés en los altivos.¡Cuántos, teniendo en el mundoAlgún defecto consigo,Le han borrado por humildes!5Y ¡á cuántos, que no han tenidoDefecto, se le han hallado,Por estar ellos mal vistos!Sé cortés sobremanera,Sé liberal y esparcido;10Que el sombrero y el dineroSon los que hacen los amigos;Y no vale tanto el oroQue el sol engendra en el indioSuelo y que conduce el mar,15Como ser uno bienquisto.No hables mal de las mujeres:La más humilde, te digoQue es digna de estimación,Porque, al fin, dellas nacimos.20. . . . . . . . . .
Por la gracia de Dios, Juan,
Eres de linaje limpio
Más que el sol, pero villano:15
Lo uno y lo otro te digo,
Aquello, porque no humilles
Tanto tu orgullo y tu brío,
Que dejes, desconfiado,
De aspirar con cuerdo arbitrio20
A ser más; lo otro, porqué
No vengas, desvanecido,
A ser menos: igualmente
Usa de entrambos designios
Con humildad; porque siendo25
Humilde, con recto juicio
Acordarás lo mejor;
Y como tal, en olvido
Pondrás cosas que suceden
Al revés en los altivos.
¡Cuántos, teniendo en el mundo
Algún defecto consigo,
Le han borrado por humildes!5
Y ¡á cuántos, que no han tenido
Defecto, se le han hallado,
Por estar ellos mal vistos!
Sé cortés sobremanera,
Sé liberal y esparcido;10
Que el sombrero y el dinero
Son los que hacen los amigos;
Y no vale tanto el oro
Que el sol engendra en el indio
Suelo y que conduce el mar,15
Como ser uno bienquisto.
No hables mal de las mujeres:
La más humilde, te digo
Que es digna de estimación,
Porque, al fin, dellas nacimos.20
. . . . . . . . . .