(1527–1591)LA VIDA DEL CAMPO¡Qué descansada vidaLa del que huye el mundanal ruido,Y sigue la escondidaSenda por donde han idoLos pocos sabios que en el mundo han sido!5Que no le enturbia el pechoDe los soberbios grandes el estado,Ni del dorado techoSe admira, fabricadoDel sabio moro, en jaspes sustentado.10No cura si la famaCanta con voz su nombre pregonera,Ni cura si encaramaLa lengua lisonjeraLo que condena la verdad sincera.15¿Qué presta á mí contento,Si soy del vano dedo señalado,Si en busca de este vientoAndo desalentadoCon ansias vivas, con mortal cuidado?20¡Oh monte, oh fuente, oh río,Oh secreto seguro, deleitoso!Roto casi el navío,A vuestro almo reposoHuyo de aqueste mar tempestuoso.25Un no rompido sueño,Un día puro, alegre, libre quiero;No quiero ver el ceño96Vanamente severoDe á quien la sangre ensalza ó el dinero.Despiértenme las avesCon su cantar sabroso no aprendido,No los cuidados graves5De que es siempre seguidoEl que al ajeno arbitrio está atenido.Vivir quiero conmigo,Gozar quiero del bien que debo al cielo,A solos, sin testigo,10Libre de amor, de celo,De odio, de esperanzas, de recelo.Del monte en la laderaPor mi mano plantado tengo un huerto,Que con la primavera,15De bella flor cubierto,Ya muestra en esperanza el fruto cierto.Y como codiciosa,Por ver y acrecentar su hermosura,Desde la cumbre airosa20Una fontana puraHasta llegar corriendo se apresura;Y luégo, sosegada,El paso entre los árboles torciendo,El suelo de pasada25De verdura vistiendo,Y con diversas flores va esparciendo.El aire el huerto orea,Y ofrece mil olores al sentido,Los árboles menea30Con un manso ruido,Que del oro y del cetro pone olvido.Ténganse su tesoroLos que de un falso leño se confían;97No es mío ver el lloroDe los que desconfíanCuando el cierzo y el ábrego porfían.La combatida antenaCruje, y en ciega noche el claro día5Se torna, al cielo suenaConfusa vocería,Y la mar enriquecen á porfía.A mí una pobrecillaMesa, de amable paz bien abastada10Me basta; y la vajillaDe fino oro labradaSea de quien la mar no teme airada.Y mientras miserable-Mente se están los otros abrasando15Con sed insaciableDel peligroso mando,Tendido yo á la sombra esté cantando;A la sombra tendidoDe hiedra y lauro eterno coronado,20Puesto el atento oídoAl son dulce, acordado,Del plectro sabiamente meneado.LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR¿Y dejas, Pastor Santo,Tu grey en este valle hondo, oscuro,25Con soledad y llanto,Y tú, rompiendo el puroAire, te vas al inmortal seguro?Los antes bienhadados,Y los agora tristes y afligidos,30A tus pechos criados,98De ti desposeídos,¿A dó convertirán ya sus sentidos?¿Qué mirarán los ojosQue vieron de tu rostro la hermosura,Que no les sea enojoso?5Quien oyó tu dulzura,¿Qué no tendrá por sordo y desventura?A aqueste mar turbado,¿Quién le pondrá ya freno? ¿quién conciertoAl viento fiero, airado,10Estando tú cubierto?¿Qué norte guiará la nave al puerto?¡Ay! nube envidiosaAun deste breve gozo, ¿qué te quejas?¿Dó vuelas presurosa?15¡Cuán rica tú te alejas!¡Cuán pobres y cuan ciegos ¡ay! nos dejas!A FELIPE RUIZ¿Cuándo será que pueda,Libre de esta prisión, volar al cielo,Felipe, y en la rueda20Que huye más del sueloContemplar la verdad pura, sin duelo?Allí, á mi vida junto,En luz resplandeciente convertido,Veré distinto y junto25Lo que es y lo que ha sido,Y su principio propio y escondido.Entonces veré cómoLa soberana mano echó el cimientoTan á nivel y á plomo3099Do estable y firme asientoPosee el pesadísimo elemento.Veré las inmortalesColunas do la tierra está fundada,Las lindes y señales5Con que á la mar hinchadaLa Providencia tiene aprisionada;Por qué tiembla la tierra,Por qué las hondas mares se embravecen;Dó sale á mover guerra10El cierzo, y por qué crecenLas aguas del Océano y descrecen;De dó manan las fuentes,Quién ceba y quién bastece de los ríosLas perpetuas corrientes;15De los helados fríosVeré las causas y de los estíos;Las soberanas aguasDel aire en la región quién las sostiene;De los rayos las fraguas;20Dó los tesoros tieneDe nieve Dios, y el trueno dónde viene.¿No ves cuando aconteceTurbarse el aire todo en el verano?El día se ennegrece,25Sopla el Gallego insano,Y sube hasta el cielo el polvo vano.Y entre las nubes mueveSu carro Dios, ligero y reluciente;Horrible son conmueve,30Relumbra fuego ardiente,Treme la tierra, humíllase la gente.La lluvia baña el techo,Envían largos ríos los collados;100Su trabajo deshecho,Los campos anegadosMiran los labradores espantados.Y de allí levantado,Veré los movimientos celestiales,5Ansí el arrebatado,Como los naturales,Las causas de los hados, las señales.Quién rige las estrellasVeré, y quién las enciende con hermosas10Y eficaces centellas;Por qué están las dos osasDe bañarse en el mar siempre medrosas.Veré este fuego eterno,Fuente de vida y luz, dó se mantiene,15Y por qué en el inviernoTan presuroso viene;Quién en las noches largas le detiene.Veré sin movimientoEn la más alta esfera las moradas20Del gozo y del contento,De oro y de luz labradas,De espíritus dichosos habitadas.PROFECÍA DEL TAJOFolgaba el rey RodrigoCon la hermosa Cava en la ribera25Del Tajo, sin testigo;El río sacó fueraEl pecho, y le habló desta manera:«En mal punto te goces,Injusto forzador; que ya el sonido30101Oye ya, y las voces,Las armas y el bramidoDe Marte, y de furor y ardor ceñido.«¡Ay! Esa tu alegríaQué llantos acarrea! y esa hermosa5(Que vió el sol en mal día),A España ¡ay! cuán llorosaY al cetro de los Godos cuán costosa!«Llamas, dolores, guerras,Muertes, asolamiento, fieros males10Entre tus brazos cierras,Trabajos inmortales,A ti y á tus vasallos naturales,«A los que en ConstantinaRompen el fértil suelo, á los que baña15El Ebro, á la vecinaSansueña, á Lusitaña,A toda la espaciosa y triste España.«Y dende Cádiz llamaEl injuriado Conde, á la venganza20Atento y no á la fama,La bárbara pujanza,En quien para tu daño no hay tardanza.«Oye que al cielo tocaCon temeroso son la trompa fiera;25Que en África convocaEl Moro á la bandera,Que al aire desplegada va ligera.«La lanza ya blandeaEl Árabe cruel, y hiere el viento30Llamando á la pelea;Innumerable cuentoDe escuadras juntas veo en un momento.«Cubre la gente el suelo,102Debajo de las velas despareceLa mar, la voz al cielo.Confusa y varia crece,El polvo roba el día y le escurece.«¡Ay, que ya presurosos5Suben las largas naves! ¡Ay, que tiendenLos brazos vigorososA los remos, y enciendenLas mares espumosas por do hienden!«El Eolo derecho10Hinche la vela en popa, y larga entradaPor el hercúleo estrechoCon la punta aceradaEl gran padre Neptuno da á la armada.«¡Ay triste! ¿Y aun te tiene15El mal dulce regazo, ni llamado,Al mal que sobrevieneNo acorres? ¿OcupadoNo ves ya el puerto á Hercules sagrado?«Acude, corre, vuela,20Traspasa el alta sierra, ocupa el llano,No perdones la espuela,No des paz á la mano,Menea fulminante el hierro insano.«¡Ay, cuánto te fatiga!25¡Ay, cuánto de sudor está presenteAl que viste loriga,Al infante valiente,A hombres y á caballos juntamente.«Y tú, Betis divino,30De sangre ajena y tuya amancillado,¡Darás al mar vecinoCuánto yelmo quebrado,Cuánto cuerpo de nobles destrozado!103«El furibundo MarteCinco luces las haces desordena,Igual á cada parte;La sexta ¡ay! te condena,Oh cara patria, á bárbara cadena.»5NOCHE SERENACuando contemplo el cieloDe innumerables luces adornado,Y miro hacia el sueloDe noche rodeado,En sueño y en olvido sepultado:10El amor y la penaDespiertan en mi pecho un ansia ardiente,Despiden larga venaLos ojos hechos fuente,La lengua dice al fin con voz doliente:15Morada de grandeza,Templo de claridad y hermosura,El alma que á tu altezaNació, ¿qué desventuraLa tiene en esta cárcel baja, oscura?20¿Qué mortal desatinoDe la verdad aleja así el sentido,Que de tu bien divinoOlvidado, perdidoSigue la vana sombra, el bien fingido?25El hombre está entregadoAl sueño, de su suerte no cuidando,Y con paso calladoEl cielo vueltas dando,Las horas del vivir le va hurtando.30¡Oh! ¡despertad mortales!104Mirad con atención en vuestro daño.Las almas inmortales,Hechas á bien tamaño,¿Podrán vivir de sombras y de engaño?¡Ay! levantad los ojos5A aquesta celestial eterna esfera!Burlaréis los antojosDe aquesa lisonjeraVida, con cuanto teme y cuanto espera.¿Es más que un breve punto10El bajo y torpe suelo comparadoCon ese gran trasunto,Do vive mejoradoLo que es, lo que será, lo que ha pasado?¿Quién mira el gran concierto15De aquestos resplandores eternales,Su movimiento cierto,Sus pasos desiguales,Y en proporción concorde tan iguales,La luna cómo mueve20La plateada rueda, y va en pos dellaLa luz do el saber llueve,Y la graciosa estrellaDe amor la sigue reluciente y bella;Y cómo otro camino25Prosigue el sanguinoso Marte airado,Y el Júpiter benignoDe bienes mil cercadoSerena el cielo con su rayo amado;Rodéase en la cumbre30Saturno padre de los siglos de oro,Tras él la muchedumbreDel reluciente coroSu luz va repartiendo y su tesoro;105¿Quién es el que esto mira,Y precia la bajeza de la tierra,Y no gime y suspira,Y rompe lo que encierraEl alma, y destos bienes la destierra?5Aquí vive el contentoAquí reina la paz, aquí asentadoEn rico y alto asientoEstá el amor sagrado,De glorias y deleites rodeado.10Inmensa hermosuraAquí se muestra toda, y resplandeceClarísima luz pura,Que jamás anochece,Eterna primavera aquí florece.15¡O campos verdaderos!¡O prados con verdad frescos y amenos!¡Riquísimos mineros!¡O deleitosos senos,Repuestos valles de mil bienes llenos!20San Juan de la Cruz(1542–1591)CANCIÓN: NOCHE OSCURA DEL ALMAEn una noche oscura,Con ansias en amores inflamada,¡Oh dichosa ventura!Salí sin ser notada,Estando ya mi casa sosegada:25A oscuras y segura,Por la secreta escala, disfrazada,¡Oh dichosa ventura!106A oscuras, encelada,Estando ya mi casa sosegada:En la noche dichosa,En secreto, que nadie me veía,Ni yo miraba cosa,5Sin otra luz ni guía,Sino la que en el corazón ardía.Aquésta me guiabaMás cierto que la luz de mediodía,Adonde me esperaba10Quien yo bien me sabía,En parte donde nadie parecía.¡Oh noche, que guiaste,Oh noche amable más que el alborada!¡Oh noche, que juntaste15Amado con amada,Amada en el amado trasformada!En mi pecho florido,Que entero para él solo se guardaba,Allí quedó dormido:20Y yo le regalaba,Y el ventalle de cedros aire daba.El aire del almena,Cuando ya sus cabellos esparcía,Con su mano serena25En mi cuello hería,Y todos mis sentidos suspendía.Quedéme y olvidéme,El rostro recliné sobre el Amado,Cesó todo, y déjeme,30Dejando mi cuidadoEntre las azucenas olvidado.107Malón de Chaide(† 1590)IMITACIÓN DEL CANTAR DE LOS CANTARESÓyeme, dulce Esposo,Vida del alma que en la tuya vive,Y alienta el congojosoPecho, do se recibeLa pena que el amor en l’alma escribe.5Perdíte yo, ¡ay perdida!Perdí mi corazón junto contigo;Pues di, bien de mi vida,No estando acá conmigo,¿Cómo podré vivir si no te sigo?10Vuélveme, dulce Amado,El alma, que me llevas con la tuya,Ó lleva el cuerpo heladoCon ella, pues es tuya,Ó haz que tu presencia no me huya.15¿Por qué, mi bien, te escondes?Vuelve á mí que te llamo y te deseo;Mas ¡ay! que no respondes,Y como no te veo,El día me es escuro y el sol feo.20¡Oh luz serena y pura!¡Oh sol de resplandor que alegra el cielo!¡Oh fuente de hermosura!Si pisas nuestro suelo,Véate, y de mis ojos quita el velo.25Pero si las estrellasCon inmortales pies mides agora,Atiende á mis querellas;108Y al alma que te adora,La lleva para ti, pues en ti mora.Y á mi cuerpo cansadoCerca de tu sepulcro da reposo,Pues si no está á tu lado,5El cielo más hermosoLe será escuro, triste y congojoso.Juan Timoneda(† 1597?)CANZONETAAquel si viene ó no viene,Aquel si sale ó no sale,En los amores no tiene10Contento que se le iguale.Aquel pensar que es amadoEl amante y venturosoY tenerse por dudosoDe verse bien empleado:15Y si con esto se mantieneY que el seso no resbale,En los amores no tieneContento que se le iguale.Aquel mirarse de día,20Ella á él y él á ella,Y esperar la noche vellaY hablarle como solía:Aquel cuando se detieneAguardando quien le vale,25En los amores no tieneContento que se le iguale.109Aquel pensar si me ha oído,Si me ha visto por ventura,Si llegó la hora y posturaQue se había constituido:Si en esperanza se aviene5Y el amor con esto sale,Todito el mundo no tieneContento que se le igualeAquellas señas que espereQue le señala la dama,10Aquel ce con que le llama,Aquel decir que le quiere,Aquel sí cuando convieneEn cosa que poco vale,En los amores no tiene15Contento que se le iguale.Francisco de Figueroa(† 1620)EGLOGA: TIRSIFiero dolor, que del profundo pechoDe este tu propio antiguo usado nidoSacas tan abundante y larga vena,Afloja un poco ¡oh dolor fiero! afloja20Fiero dolor un poco, y de las lágrimasQue en mis ojos cuajados hacen turbiaMi débil vista, alguna parte enjuga,Porque con este hierro que algún díaHa de dar fin á mi cansada vida,25En ese tronco escriba mi querella;Do por ventura la engañosa Dafne,Tornando de la caza calurosa110Y sedienta, á buscar ó sombra ó agua,Vuelva acaso los ojos y los lea;Ó si esto no, será piadoso ejemploA amorosos pastores... Dafne ingrata,Que mientras vas con el sol nuevo y alegre5Del espacioso mar las bravas ondas,Que crecen con mis lágrimas, mirando,Ó en jardín deleitoso, al manso viento,De cuidados de amor libre paseas;Tu Tirsi ¡ay Dios! tu Tirsi, un tiempo yace10Solo con su dolor en esta selva:Que ya ni el verde prado ó fresca sombra,Ni olor suave de diversas flores,Ni dulce murmurar de clara fuenteLe es dulce ó caro sino el llanto mío.15. . . . . . . . . .Luis Barahona de Soto(Fl. 1586)OCTAVAS¿Son estos lazos de oro los cabellosQue, ya en madeja, ya volando al viento,Ya en red cogidos, fueron cárcel ellosGloriosa, do el amor vivió contento?Son estos soles los divinos, bellos20Y alegres ojos, do mi pensamientoMil veces se abrasó? Y ¿es esta nieveY grana el rostro que mis glorias llueve?Y ¿son estos rubíes y estos granosDe blancas perlas, labios, dientes, boca25Do los venenos dulces soberanosGusté, por quien mi pena ha sido poca?111Así glorificado en gozos vanosEstaba, cuando el sol mis ojos tocaY hiere. Deslizóse el sueño, y luegoAl vivo de mi vista quedé ciego.AnónimoSONETO: Á CRISTO CRUCIFICADONo me mueve, mi Dios, para quererte5El cielo que me tienes prometido,Ni me mueve el infierno tan temidoPara dejar por eso de ofenderte.Tú me mueves, mi Dios; muéveme el verteClavado en esa cruz y escarnecido;10Muéveme ver tu cuerpo tan herido;Muévenme las angustias de tu muerte;Muéveme, en fin, tu amor de tal maneraQue, aunque no hubiera cielo, yo te amara,Y aunque no hubiera infierno, te temiera.15No me tienes que dar por qué te quiera;Porque, si cuanto espero no esperara,Lo mismo que te quiero te quisiera.Benito Arias Montano(1527–1598)SONETOQuien las graves congojas huir desea,De que está nuestra vida siempre llena,20Ame la soledad quieta y amena,Donde las ocasiones nunca vea.112En ella de paciencia se proveaContra los pensamientos que dan pena,Y de memoria del morir, que es buenaPara defensa de cualquier pelea.Mas el que está de amor apasionado,5No piense estando solo remediarse,Ni con paciencia ni acordar de muerte;Porque la causa trae de su cuidadoDentro en sí, y mientras más quiere alejarse,La fuerza de amor siente más fuerte.10Anónimo: Romance HistóricoROMANCE DEL REY DON RODRIGO, CÓMO PERDIÓ Á ESPAÑALas huestes de don RodrigoDesmayaban y huían,Cuando en la octava batallaSus enemigos vencían.Rodrigo deja sus tiendas15Y del real se salía:Solo va el desventuradoQue no lleva compañía.El caballo de cansadoYa mudar no se podía:20Camina por donde quiere,Que no le estorba la vía.El rey va tan desmayadoQue sentido no tenía:Muerto va de sed y hambre25Que de velle era mancilla;Iba tan tinto de sangre,Que una brasa parecía.113Las armas lleva abolladas,Que eran de gran pedrería;La espada lleva hecha sierraDe los golpes que tenía;El almete abollado5En la cabeza se le hundía;La cara lleva hinchadaDel trabajo que sufría.Subióse encima de un cerroEl más alto que veía:10Dende allí mira su genteCómo iba de vencida.De allí mira sus banderas,Y estandartes que tenía,Cómo están todos pisados15Que la tierra los cubría.Mira por los capitanesQue ninguno parescía;Mira el campo tinto en sangre,La cual arroyos corría.20El triste de ver aquestoGran mancilla en sí tenía:Llorando de los sus ojosDe esta manera decía:—«Ayer era rey de España,25Hoy no lo soy de una villa;Ayer villas y castillos,Hoy ninguno poseía;Ayer tenía criados,Hoy ninguno me servía,30Hoy no tengo una almenaQue pueda decir que es mía.¡Desdichada fué la hora,Desdichado fué aquel día114En que nací y heredéLa tan grande señoría,Pues lo había de perderTodo junto y en un día!¡Oh muerte! ¿por qué no vienes5Y llevas esta alma míaDe aqueste cuerpo mezquino,Pues te se agradecería?»Anónimo: Romance HistóricoBERNARDO LLORA Á SU PADRE Y CELEBRA SUS OBSEQUIASAl pie de un túmulo negroEstá Bernardo del Carpio,10Hincadas ambas rodillas,En medio de un templo santo.Acompáñanle parientes,Caballeros é hijosdalgo;Por amistad ó por deudo15Todos están enlutados.Vienen á hacer las obsequiasDel muerto conde Don Sancho,Vertiendo lágrimas tiernasDel fuerte pecho acerado.20Cubierto de triste luto,Y el corazón enlutado;Pero tan fuerte y robustoComo cuando sale armado.Un rato entre dientes habla,25Y otro rato habla claro,Formando quejas al cieloDel rey don Alfonso el Casto,115Que muerte le dió á su padre,Y vivo se le ha mandado.—«Si el rey falta á su palabra,»Dice, «¿qué hará un villano?Con tal sinrazón, Alfonso,5¡Buen nombre á tu hermana has dado!¡Buen título á tu sobrino!¡Y buen pago á tu criado!Pero no pende mi honraDe ti, ni de aqueste agravio,10Que este brazo y esta espadaMe harán temido y honrado.»—Y volviendo al padre muertoEl valeroso Bernardo,Con varoniles suspiros,15Colérico y demudado,Abriendo el negro capuzHasta la punta de abajo,Sin advertir que le escuchan,Ni que está en lugar sagrado,20Con una mano en la barbaY en la espada la otra mano,Dice furioso, impaciente,Con su rey y padre hablando:—«Seguro puedes ir de la venganza,25Amado padre, al espacioso cielo,Que el acerado hierro de mi lanza,Que de sangre francesa tiñó el suelo,Y levantó de Alfonso la esperanzaHasta el celeste y estrellado velo,30Ha de mostrar que no hay seguro estado,Siendo Bernardo vivo y tú agraviado.Uno soy solo, Alfonso, y castellano,Uno soy solo, y el que puede tanto,116Que deshizo el poder de Carlo-Magno,Dejando á toda Francia en luto y llanto.Esta es la misma vencedora manoQue á ti te dió victoria, al mundo espanto;Y esta misma te hará, padre, vengado,5Que Bernardo está vivo y tú agraviado.»Anónimo: Romance HistóricoROMANCE DE DON RODRIGO DE LARAA cazar va don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara:Con la gran siesta que haceArrimádose ha á una haya,10Maldiciendo á Mudarrillo,Hijo de la renegada,Que si á las manos le hubiese,Que le sacaría el alma.El señor estando en esto,15Mudarrillo que asomaba:—«Dios te salve, caballero,Debajo la verde haya.»——«Así haga á ti, escudero,Buena sea tu llegada.»20—«Dígasme tú, el caballero,¿Cómo era la tu gracia?»—«A mí dicen don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara,Cuñado de Gonzalo Gustos,25Hermano de doña Sancha;Por sobrinos me los hubeLos siete infantes de Salas;Espero aquí á Mudarrillo,117Hijo de la renegada;Si delante lo tuviese,Yo le sacaría el alma.»—«Si á ti dicen don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara,5A mí Mudarra Gonzales,Hijo de la renegada,De Gonzalo Gustos hijo,Y alnado de doña Sancha;Por hermanos me los hube10Los siete infantes de Salas:Tú los vendiste, traidor,En el val de Arabiana;Mas si Dios á mí me ayudaAquí dejarás el alma.»15—«Espéresme, don Gonzalo,Iré á tomar las mis armas.»—«El espera que tú disteA los infantes de Lara:‘Aquí morirás, traidor,20Enemigo de doña Sancha.’»—Anónimo: Romance HistóricoCASAMIENTO DEL CID CON JIMENAA su palacio de Burgos,Como buen padrino honrado,Llevaba el Rey á yantarA sus nobles afijados.25Salen juntos de la iglesiaEl Cid, el Obispo y Laín Calvo,Con el gentío del puebloQue les iba acompañando.118Por la calle adonde vanA costa del Rey gastaronEn un arco muy polidoMás de treinta y cuatro cuartos.En las ventanas alfombras,5En el suelo juncia y ramos,Y de trecho á trecho habíaMil trovas al desposado.Salió Pelayo hecho toroCon un paño colorado,10Y otros que le van siguiendo,Y una danza de lacayos.También Antolín salióA la gineta en un asno,Y Pelaez con vejigas15Fuyendo de los mochachos.Diez y seis maravedisMandó el Rey dar á un lacayoPorque espantaba á las fembrasCon un vestido de diablo.20Más atrás viene JimenaTrabándole el Rey la mano,Con la Reina su madrina,Y con la gente de manto.Por las rejas y ventanas25Arrojaban trigo tanto,Que el Rey llevaba en la gorra,Como era ancha, un gran puñado,Y á la homildosa JimenaSe le metían mil granos,30Por la marquesota, al cuello,Y el Rey se los va sacando.Envidioso dijo Suero,Que lo oyera el Rey, en alto:119—«Aunque es de estimar ser rey,Estimara más ser mano.»—Mandóle por el requiebroEl Rey un rico penacho,Y á Jimena le rogó5Que en casa le dé un abrazo.Fablándole iba el Rey,Mas siempre le fabla en vano,Que non dirá discreciónComo la que faz callando.10Llegó á la puerta el gentíoY partiéndose á dos lados,Quedóse el Rey á comerY los que eran convidados.Anónimo: Romance HistóricoEL CID VA EN ROMERÍA Á SANTIAGO.—MILAGRO DEL GAFOCelebradas ya las bodas,15A do la corte yacía,De Rodrigo con Jimena,A quien tanto el Rey quería,El Cid pide al Rey licenciaPara ir en romería20Al apóstol Santiago,Porque así lo prometía.El Rey túvolo por bien,Muchos dones le daría;Rogóle volviese presto25Que es cosa que le cumplía.Despidióse de Jimena,A su madre la daría,120Diciendo que la regale,Que en ello merced le haría.Llevaba veinte fidalgos,Que van en su compañía:Dando va muchas limosnas,5Por Dios y Santa María,Y allá en medio del camino,Un gafo le aparecía,Metido en un tremedal,Que salir dél no podía.10Grandes voces está dando;Por amor de Dios pedíaQue le sacasen de allí,Pues d’ello se serviría.Cuando lo oyera Rodrigo15Del caballo descendía;Ayudólo á levantarY consigo lo subía.Lleváralo á su posada,Consigo cenado había;20Ficiérales una cama,En la cual ambos dormían.Hacia allá á la media noche,Ya que Rodrigo dormía,Un soplo por las espaldas25El gafo dado le había,Tan recio, que por los pechosA don Rodrigo salía.Despertó muy espantado,Al gafo buscado había;30No le hallaba en la cama.A voces lumbre pedía:Traídole habían lumbre,Y el gafo no parecía.121Tornádose había á la cama;Gran cuidado en sí teníaDe lo que le aconteciera,Mas un hombre á él veníaVestido de blancos paños,5Desta manera decía.—«¿Duermes, ó velas, Rodrigo?»—«No duermo, le respondía;Pero, dime tú ¿quién eres,Que tanto resplandecías?»10—«San Lázaro soy, Rodrigo,Que yo á fablarte venía.Yo soy el gafo á que túPor Dios tanto bien hacías.Rodrigo, Dios bien te quiere,15Y otorgado te tenía,Que lo que tú comenzaresEn lides ó en otra vía,Lo cumplirás á tu honraY crecerás cada día:20De todos serás temido,De Cristianos y Morisma,Y que los tus enemigosEmpecer no te podrían.Morirás tú muerte honrada,25Tu persona no vencida:Tú serás el vencedor,Dios su bendición te envía.»—En diciendo estas palabras,Luego desaparecía.30Levantóse don Rodrigo,Y de hinojos se ponía:Dió gracias á Dios del cielo,También á Santa María,122Y ansí estuvo en oraciónHasta que fuera de día.Partióse para Santiago,Su romería cumplía;De allí se fué á Calahorra,5A donde el buen Rey yacía.Recibiéralo muy bien,Holgóse de su venida;Lidió con Martin González,En el campo le vencía.10Anónimo: Romance HistóricoDE LA MUERTE DE LA REINA BLANCA—«Doña María de Padilla,No os me mostréis triste vos,Que si me casé dos vecesHícelo por vuestra pro,Y por hacer menosprecio15A doña Blanca de Borbón:A Medina-Sidonia envíoA que me labre un pendón:Será el color de su sangre,De lágrimas la labor,20Tal pendón, doña María,Le haré hacer por vos.»—y llamara á Íñigo Ortiz,Un excelente varon:Díjole fuese á Medina25A dar fin á tal labor.Respondiera Íñigo Ortiz:—«Aqueso no faré yo,Que quien mata á su señora123Hace aleve á su señor.»—El rey de aquesto enojadoA su cámara se entró,Y á un ballestero de mazaEl rey entregar mandó.5Aqueste vino á la reinaY hallóla en oración.Cuando vido al ballesteroLa su triste muerte vió.Aquél le dijo:—«Señora,10El rey acá me envióA que ordenéis vuestra almaCon aquel que la crío,Que vuestra hora es llegada,No puedo alargalla yo.»15—«Amigo,» dijo la reina,«Mi muerte os perdono yo:Si el rey mi señor lo manda,Hágaselo que ordenó.Confesión no se me niegue,20Sino pido á Dios perdón.»—Sus lágrimas y gemidos,Al macero enterneció,Con la voz flaca, temblando,Esto á decir comenzó:25—«¡Oh Francia, mi noble tierra!¡Oh mi sangre de Borbón!Hoy cumplo decisiete años,En los deciocho voy:El rey no me ha conocido,30Con las vírgenes me voy.Castilla, di ¿qué te hice?No te hice traición.Las coronas que me diste124De sangre y sospiros son;Mas otra terné en el cieloQue será de más valor.»—Y dichas estas palabrasEl macero la hirió:5Los sesos de su cabezaPor la sala les sembró.Anónimo: Romance MoriscoLA CONQUISTA DE ALHAMAPaseábase el rey moroPor la ciudad de GranadaDesde la puerta de Elvira10Hasta la de Vivarambla.«¡Ay de mi Alhama!»Cartas le fueron venidasQue Alhama era ganada:Las cartas echó en el fuego,15Y al mensajero matara.«¡Ay de mi Alhama!»Descabalga de una mula,Y en un caballo cabalga;Por el Zacatín arriba20Subido se había al Alhambra.«¡Ay de mi Alhama!»Como en el Alhambra estuvo,Al mismo punto mandabaQue se toquen sus trompetas,25Sus añafiles de plata.«¡Ay de mi Alhama!»Y que las cajas de guerraApriesa toquen al arma,125Porque lo oigan sus moriscosLos de la Vega y Granada.«¡Ay de mi Alhama!»Los Moros que el son oyeronQue al sangriento Marte llama,5Uno á uno y dos á dosJuntado se ha gran batalla.«¡Ay de mi Alhama!»Allí habló un Moro viejo,De esta manera hablara:10—¿Para qué nos llamas, Rey,Para qué es esta llamada?—«¡Ay de mi Alhama!»—Habéis de saber, amigos,Una nueva desdichada:15Que Cristianos de bravezaYa nos han ganado Alhama.—«¡Ay de mi Alhama!»Allí habló un AlfaquíDe barba cruda y cana:20—¡Bien se te emplea, buen Rey,Buen Rey, bien se te empleara!«¡Ay de mi Alhama!»Mataste los Abencerrajes,Que eran la flor de Granada;25Cogiste los tornadizos.De Córdoba la nombrada.«¡Ay de mi Alhama!»Por eso mereces, Rey,Una pena muy doblada;30Que te pierdas tú y el reino,Y aquí se pierda Granada.—«¡Ay de mi Alhama!»126Anónimo: Romance CaballerescoDOÑA ALDA LLORA LA MUERTE DE ROLDÁN
(1527–1591)
¡Qué descansada vidaLa del que huye el mundanal ruido,Y sigue la escondidaSenda por donde han idoLos pocos sabios que en el mundo han sido!5Que no le enturbia el pechoDe los soberbios grandes el estado,Ni del dorado techoSe admira, fabricadoDel sabio moro, en jaspes sustentado.10No cura si la famaCanta con voz su nombre pregonera,Ni cura si encaramaLa lengua lisonjeraLo que condena la verdad sincera.15¿Qué presta á mí contento,Si soy del vano dedo señalado,Si en busca de este vientoAndo desalentadoCon ansias vivas, con mortal cuidado?20¡Oh monte, oh fuente, oh río,Oh secreto seguro, deleitoso!Roto casi el navío,A vuestro almo reposoHuyo de aqueste mar tempestuoso.25Un no rompido sueño,Un día puro, alegre, libre quiero;No quiero ver el ceño96Vanamente severoDe á quien la sangre ensalza ó el dinero.Despiértenme las avesCon su cantar sabroso no aprendido,No los cuidados graves5De que es siempre seguidoEl que al ajeno arbitrio está atenido.Vivir quiero conmigo,Gozar quiero del bien que debo al cielo,A solos, sin testigo,10Libre de amor, de celo,De odio, de esperanzas, de recelo.Del monte en la laderaPor mi mano plantado tengo un huerto,Que con la primavera,15De bella flor cubierto,Ya muestra en esperanza el fruto cierto.Y como codiciosa,Por ver y acrecentar su hermosura,Desde la cumbre airosa20Una fontana puraHasta llegar corriendo se apresura;Y luégo, sosegada,El paso entre los árboles torciendo,El suelo de pasada25De verdura vistiendo,Y con diversas flores va esparciendo.El aire el huerto orea,Y ofrece mil olores al sentido,Los árboles menea30Con un manso ruido,Que del oro y del cetro pone olvido.Ténganse su tesoroLos que de un falso leño se confían;97No es mío ver el lloroDe los que desconfíanCuando el cierzo y el ábrego porfían.La combatida antenaCruje, y en ciega noche el claro día5Se torna, al cielo suenaConfusa vocería,Y la mar enriquecen á porfía.A mí una pobrecillaMesa, de amable paz bien abastada10Me basta; y la vajillaDe fino oro labradaSea de quien la mar no teme airada.Y mientras miserable-Mente se están los otros abrasando15Con sed insaciableDel peligroso mando,Tendido yo á la sombra esté cantando;A la sombra tendidoDe hiedra y lauro eterno coronado,20Puesto el atento oídoAl son dulce, acordado,Del plectro sabiamente meneado.
¡Qué descansada vida
La del que huye el mundanal ruido,
Y sigue la escondida
Senda por donde han ido
Los pocos sabios que en el mundo han sido!5
Que no le enturbia el pecho
De los soberbios grandes el estado,
Ni del dorado techo
Se admira, fabricado
Del sabio moro, en jaspes sustentado.10
No cura si la fama
Canta con voz su nombre pregonera,
Ni cura si encarama
La lengua lisonjera
Lo que condena la verdad sincera.15
¿Qué presta á mí contento,
Si soy del vano dedo señalado,
Si en busca de este viento
Ando desalentado
Con ansias vivas, con mortal cuidado?20
¡Oh monte, oh fuente, oh río,
Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
A vuestro almo reposo
Huyo de aqueste mar tempestuoso.25
Un no rompido sueño,
Un día puro, alegre, libre quiero;
No quiero ver el ceño
Vanamente severo
De á quien la sangre ensalza ó el dinero.
Despiértenme las aves
Con su cantar sabroso no aprendido,
No los cuidados graves5
De que es siempre seguido
El que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
Gozar quiero del bien que debo al cielo,
A solos, sin testigo,10
Libre de amor, de celo,
De odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
Por mi mano plantado tengo un huerto,
Que con la primavera,15
De bella flor cubierto,
Ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa,
Por ver y acrecentar su hermosura,
Desde la cumbre airosa20
Una fontana pura
Hasta llegar corriendo se apresura;
Y luégo, sosegada,
El paso entre los árboles torciendo,
El suelo de pasada25
De verdura vistiendo,
Y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
Y ofrece mil olores al sentido,
Los árboles menea30
Con un manso ruido,
Que del oro y del cetro pone olvido.
Ténganse su tesoro
Los que de un falso leño se confían;
No es mío ver el lloro
De los que desconfían
Cuando el cierzo y el ábrego porfían.
La combatida antena
Cruje, y en ciega noche el claro día5
Se torna, al cielo suena
Confusa vocería,
Y la mar enriquecen á porfía.
A mí una pobrecilla
Mesa, de amable paz bien abastada10
Me basta; y la vajilla
De fino oro labrada
Sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
Mente se están los otros abrasando15
Con sed insaciable
Del peligroso mando,
Tendido yo á la sombra esté cantando;
A la sombra tendido
De hiedra y lauro eterno coronado,20
Puesto el atento oído
Al son dulce, acordado,
Del plectro sabiamente meneado.
¿Y dejas, Pastor Santo,Tu grey en este valle hondo, oscuro,25Con soledad y llanto,Y tú, rompiendo el puroAire, te vas al inmortal seguro?Los antes bienhadados,Y los agora tristes y afligidos,30A tus pechos criados,98De ti desposeídos,¿A dó convertirán ya sus sentidos?¿Qué mirarán los ojosQue vieron de tu rostro la hermosura,Que no les sea enojoso?5Quien oyó tu dulzura,¿Qué no tendrá por sordo y desventura?A aqueste mar turbado,¿Quién le pondrá ya freno? ¿quién conciertoAl viento fiero, airado,10Estando tú cubierto?¿Qué norte guiará la nave al puerto?¡Ay! nube envidiosaAun deste breve gozo, ¿qué te quejas?¿Dó vuelas presurosa?15¡Cuán rica tú te alejas!¡Cuán pobres y cuan ciegos ¡ay! nos dejas!
¿Y dejas, Pastor Santo,
Tu grey en este valle hondo, oscuro,25
Con soledad y llanto,
Y tú, rompiendo el puro
Aire, te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
Y los agora tristes y afligidos,30
A tus pechos criados,
De ti desposeídos,
¿A dó convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
Que vieron de tu rostro la hermosura,
Que no les sea enojoso?5
Quien oyó tu dulzura,
¿Qué no tendrá por sordo y desventura?
A aqueste mar turbado,
¿Quién le pondrá ya freno? ¿quién concierto
Al viento fiero, airado,10
Estando tú cubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay! nube envidiosa
Aun deste breve gozo, ¿qué te quejas?
¿Dó vuelas presurosa?15
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuan ciegos ¡ay! nos dejas!
¿Cuándo será que pueda,Libre de esta prisión, volar al cielo,Felipe, y en la rueda20Que huye más del sueloContemplar la verdad pura, sin duelo?Allí, á mi vida junto,En luz resplandeciente convertido,Veré distinto y junto25Lo que es y lo que ha sido,Y su principio propio y escondido.Entonces veré cómoLa soberana mano echó el cimientoTan á nivel y á plomo3099Do estable y firme asientoPosee el pesadísimo elemento.Veré las inmortalesColunas do la tierra está fundada,Las lindes y señales5Con que á la mar hinchadaLa Providencia tiene aprisionada;Por qué tiembla la tierra,Por qué las hondas mares se embravecen;Dó sale á mover guerra10El cierzo, y por qué crecenLas aguas del Océano y descrecen;De dó manan las fuentes,Quién ceba y quién bastece de los ríosLas perpetuas corrientes;15De los helados fríosVeré las causas y de los estíos;Las soberanas aguasDel aire en la región quién las sostiene;De los rayos las fraguas;20Dó los tesoros tieneDe nieve Dios, y el trueno dónde viene.¿No ves cuando aconteceTurbarse el aire todo en el verano?El día se ennegrece,25Sopla el Gallego insano,Y sube hasta el cielo el polvo vano.Y entre las nubes mueveSu carro Dios, ligero y reluciente;Horrible son conmueve,30Relumbra fuego ardiente,Treme la tierra, humíllase la gente.La lluvia baña el techo,Envían largos ríos los collados;100Su trabajo deshecho,Los campos anegadosMiran los labradores espantados.Y de allí levantado,Veré los movimientos celestiales,5Ansí el arrebatado,Como los naturales,Las causas de los hados, las señales.Quién rige las estrellasVeré, y quién las enciende con hermosas10Y eficaces centellas;Por qué están las dos osasDe bañarse en el mar siempre medrosas.Veré este fuego eterno,Fuente de vida y luz, dó se mantiene,15Y por qué en el inviernoTan presuroso viene;Quién en las noches largas le detiene.Veré sin movimientoEn la más alta esfera las moradas20Del gozo y del contento,De oro y de luz labradas,De espíritus dichosos habitadas.
¿Cuándo ser
á que pueda,
Libre de esta prisión, volar al cielo,
Felipe, y en la rueda20
Que huye más del suelo
Contemplar la verdad pura, sin duelo?
Allí, á mi vida junto,
En luz resplandeciente convertido,
Veré distinto y junto25
Lo que es y lo que ha sido,
Y su principio propio y escondido.
Entonces veré cómo
La soberana mano echó el cimiento
Tan á nivel y á plomo30
Do estable y firme asiento
Posee el pesadísimo elemento.
Veré las inmortales
Colunas do la tierra está fundada,
Las lindes y señales5
Con que á la mar hinchada
La Providencia tiene aprisionada;
Por qué tiembla la tierra,
Por qué las hondas mares se embravecen;
Dó sale á mover guerra10
El cierzo, y por qué crecen
Las aguas del Océano y descrecen;
De dó manan las fuentes,
Quién ceba y quién bastece de los ríos
Las perpetuas corrientes;15
De los helados fríos
Veré las causas y de los estíos;
Las soberanas aguas
Del aire en la región quién las sostiene;
De los rayos las fraguas;20
Dó los tesoros tiene
De nieve Dios, y el trueno dónde viene.
¿No ves cuando acontece
Turbarse el aire todo en el verano?
El día se ennegrece,25
Sopla el Gallego insano,
Y sube hasta el cielo el polvo vano.
Y entre las nubes mueve
Su carro Dios, ligero y reluciente;
Horrible son conmueve,30
Relumbra fuego ardiente,
Treme la tierra, humíllase la gente.
La lluvia baña el techo,
Envían largos ríos los collados;
Su trabajo deshecho,
Los campos anegados
Miran los labradores espantados.
Y de allí levantado,
Veré los movimientos celestiales,5
Ansí el arrebatado,
Como los naturales,
Las causas de los hados, las señales.
Quién rige las estrellas
Veré, y quién las enciende con hermosas10
Y eficaces centellas;
Por qué están las dos osas
De bañarse en el mar siempre medrosas.
Veré este fuego eterno,
Fuente de vida y luz, dó se mantiene,15
Y por qué en el invierno
Tan presuroso viene;
Quién en las noches largas le detiene.
Veré sin movimiento
En la más alta esfera las moradas20
Del gozo y del contento,
De oro y de luz labradas,
De espíritus dichosos habitadas.
Folgaba el rey RodrigoCon la hermosa Cava en la ribera25Del Tajo, sin testigo;El río sacó fueraEl pecho, y le habló desta manera:«En mal punto te goces,Injusto forzador; que ya el sonido30101Oye ya, y las voces,Las armas y el bramidoDe Marte, y de furor y ardor ceñido.«¡Ay! Esa tu alegríaQué llantos acarrea! y esa hermosa5(Que vió el sol en mal día),A España ¡ay! cuán llorosaY al cetro de los Godos cuán costosa!«Llamas, dolores, guerras,Muertes, asolamiento, fieros males10Entre tus brazos cierras,Trabajos inmortales,A ti y á tus vasallos naturales,«A los que en ConstantinaRompen el fértil suelo, á los que baña15El Ebro, á la vecinaSansueña, á Lusitaña,A toda la espaciosa y triste España.«Y dende Cádiz llamaEl injuriado Conde, á la venganza20Atento y no á la fama,La bárbara pujanza,En quien para tu daño no hay tardanza.«Oye que al cielo tocaCon temeroso son la trompa fiera;25Que en África convocaEl Moro á la bandera,Que al aire desplegada va ligera.«La lanza ya blandeaEl Árabe cruel, y hiere el viento30Llamando á la pelea;Innumerable cuentoDe escuadras juntas veo en un momento.«Cubre la gente el suelo,102Debajo de las velas despareceLa mar, la voz al cielo.Confusa y varia crece,El polvo roba el día y le escurece.«¡Ay, que ya presurosos5Suben las largas naves! ¡Ay, que tiendenLos brazos vigorososA los remos, y enciendenLas mares espumosas por do hienden!«El Eolo derecho10Hinche la vela en popa, y larga entradaPor el hercúleo estrechoCon la punta aceradaEl gran padre Neptuno da á la armada.«¡Ay triste! ¿Y aun te tiene15El mal dulce regazo, ni llamado,Al mal que sobrevieneNo acorres? ¿OcupadoNo ves ya el puerto á Hercules sagrado?«Acude, corre, vuela,20Traspasa el alta sierra, ocupa el llano,No perdones la espuela,No des paz á la mano,Menea fulminante el hierro insano.«¡Ay, cuánto te fatiga!25¡Ay, cuánto de sudor está presenteAl que viste loriga,Al infante valiente,A hombres y á caballos juntamente.«Y tú, Betis divino,30De sangre ajena y tuya amancillado,¡Darás al mar vecinoCuánto yelmo quebrado,Cuánto cuerpo de nobles destrozado!103«El furibundo MarteCinco luces las haces desordena,Igual á cada parte;La sexta ¡ay! te condena,Oh cara patria, á bárbara cadena.»5
Folgaba el rey Rodrigo
Con la hermosa Cava en la ribera25
Del Tajo, sin testigo;
El río sacó fuera
El pecho, y le habló desta manera:
«En mal punto te goces,
Injusto forzador; que ya el sonido30
Oye ya, y las voces,
Las armas y el bramido
De Marte, y de furor y ardor ceñido.
«¡Ay! Esa tu alegría
Qué llantos acarrea! y esa hermosa5
(Que vió el sol en mal día),
A España ¡ay! cuán llorosa
Y al cetro de los Godos cuán costosa!
«Llamas, dolores, guerras,
Muertes, asolamiento, fieros males10
Entre tus brazos cierras,
Trabajos inmortales,
A ti y á tus vasallos naturales,
«A los que en Constantina
Rompen el fértil suelo, á los que baña15
El Ebro, á la vecina
Sansueña, á Lusitaña,
A toda la espaciosa y triste España.
«Y dende Cádiz llama
El injuriado Conde, á la venganza20
Atento y no á la fama,
La bárbara pujanza,
En quien para tu daño no hay tardanza.
«Oye que al cielo toca
Con temeroso son la trompa fiera;25
Que en África convoca
El Moro á la bandera,
Que al aire desplegada va ligera.
«La lanza ya blandea
El Árabe cruel, y hiere el viento30
Llamando á la pelea;
Innumerable cuento
De escuadras juntas veo en un momento.
«Cubre la gente el suelo,
Debajo de las velas desparece
La mar, la voz al cielo.
Confusa y varia crece,
El polvo roba el día y le escurece.
«¡Ay, que ya presurosos5
Suben las largas naves! ¡Ay, que tienden
Los brazos vigorosos
A los remos, y encienden
Las mares espumosas por do hienden!
«El Eolo derecho10
Hinche la vela en popa, y larga entrada
Por el hercúleo estrecho
Con la punta acerada
El gran padre Neptuno da á la armada.
«¡Ay triste! ¿Y aun te tiene15
El mal dulce regazo, ni llamado,
Al mal que sobreviene
No acorres? ¿Ocupado
No ves ya el puerto á Hercules sagrado?
«Acude, corre, vuela,20
Traspasa el alta sierra, ocupa el llano,
No perdones la espuela,
No des paz á la mano,
Menea fulminante el hierro insano.
«¡Ay, cuánto te fatiga!25
¡Ay, cuánto de sudor está presente
Al que viste loriga,
Al infante valiente,
A hombres y á caballos juntamente.
«Y tú, Betis divino,30
De sangre ajena y tuya amancillado,
¡Darás al mar vecino
Cuánto yelmo quebrado,
Cuánto cuerpo de nobles destrozado!
«El furibundo Marte
Cinco luces las haces desordena,
Igual á cada parte;
La sexta ¡ay! te condena,
Oh cara patria, á bárbara cadena.»5
Cuando contemplo el cieloDe innumerables luces adornado,Y miro hacia el sueloDe noche rodeado,En sueño y en olvido sepultado:10El amor y la penaDespiertan en mi pecho un ansia ardiente,Despiden larga venaLos ojos hechos fuente,La lengua dice al fin con voz doliente:15Morada de grandeza,Templo de claridad y hermosura,El alma que á tu altezaNació, ¿qué desventuraLa tiene en esta cárcel baja, oscura?20¿Qué mortal desatinoDe la verdad aleja así el sentido,Que de tu bien divinoOlvidado, perdidoSigue la vana sombra, el bien fingido?25El hombre está entregadoAl sueño, de su suerte no cuidando,Y con paso calladoEl cielo vueltas dando,Las horas del vivir le va hurtando.30¡Oh! ¡despertad mortales!104Mirad con atención en vuestro daño.Las almas inmortales,Hechas á bien tamaño,¿Podrán vivir de sombras y de engaño?¡Ay! levantad los ojos5A aquesta celestial eterna esfera!Burlaréis los antojosDe aquesa lisonjeraVida, con cuanto teme y cuanto espera.¿Es más que un breve punto10El bajo y torpe suelo comparadoCon ese gran trasunto,Do vive mejoradoLo que es, lo que será, lo que ha pasado?¿Quién mira el gran concierto15De aquestos resplandores eternales,Su movimiento cierto,Sus pasos desiguales,Y en proporción concorde tan iguales,La luna cómo mueve20La plateada rueda, y va en pos dellaLa luz do el saber llueve,Y la graciosa estrellaDe amor la sigue reluciente y bella;Y cómo otro camino25Prosigue el sanguinoso Marte airado,Y el Júpiter benignoDe bienes mil cercadoSerena el cielo con su rayo amado;Rodéase en la cumbre30Saturno padre de los siglos de oro,Tras él la muchedumbreDel reluciente coroSu luz va repartiendo y su tesoro;105¿Quién es el que esto mira,Y precia la bajeza de la tierra,Y no gime y suspira,Y rompe lo que encierraEl alma, y destos bienes la destierra?5Aquí vive el contentoAquí reina la paz, aquí asentadoEn rico y alto asientoEstá el amor sagrado,De glorias y deleites rodeado.10Inmensa hermosuraAquí se muestra toda, y resplandeceClarísima luz pura,Que jamás anochece,Eterna primavera aquí florece.15¡O campos verdaderos!¡O prados con verdad frescos y amenos!¡Riquísimos mineros!¡O deleitosos senos,Repuestos valles de mil bienes llenos!20
Cuando contemplo el cielo
De innumerables luces adornado,
Y miro hacia el suelo
De noche rodeado,
En sueño y en olvido sepultado:10
El amor y la pena
Despiertan en mi pecho un ansia ardiente,
Despiden larga vena
Los ojos hechos fuente,
La lengua dice al fin con voz doliente:15
Morada de grandeza,
Templo de claridad y hermosura,
El alma que á tu alteza
Nació, ¿qué desventura
La tiene en esta cárcel baja, oscura?20
¿Qué mortal desatino
De la verdad aleja así el sentido,
Que de tu bien divino
Olvidado, perdido
Sigue la vana sombra, el bien fingido?25
El hombre está entregado
Al sueño, de su suerte no cuidando,
Y con paso callado
El cielo vueltas dando,
Las horas del vivir le va hurtando.30
¡Oh! ¡despertad mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
Hechas á bien tamaño,
¿Podrán vivir de sombras y de engaño?
¡Ay! levantad los ojos5
A aquesta celestial eterna esfera!
Burlaréis los antojos
De aquesa lisonjera
Vida, con cuanto teme y cuanto espera.
¿Es más que un breve punto10
El bajo y torpe suelo comparado
Con ese gran trasunto,
Do vive mejorado
Lo que es, lo que será, lo que ha pasado?
¿Quién mira el gran concierto15
De aquestos resplandores eternales,
Su movimiento cierto,
Sus pasos desiguales,
Y en proporción concorde tan iguales,
La luna cómo mueve20
La plateada rueda, y va en pos della
La luz do el saber llueve,
Y la graciosa estrella
De amor la sigue reluciente y bella;
Y cómo otro camino25
Prosigue el sanguinoso Marte airado,
Y el Júpiter benigno
De bienes mil cercado
Serena el cielo con su rayo amado;
Rodéase en la cumbre30
Saturno padre de los siglos de oro,
Tras él la muchedumbre
Del reluciente coro
Su luz va repartiendo y su tesoro;
¿Quién es el que esto mira,
Y precia la bajeza de la tierra,
Y no gime y suspira,
Y rompe lo que encierra
El alma, y destos bienes la destierra?5
Aquí vive el contento
Aquí reina la paz, aquí asentado
En rico y alto asiento
Está el amor sagrado,
De glorias y deleites rodeado.10
Inmensa hermosura
Aquí se muestra toda, y resplandece
Clarísima luz pura,
Que jamás anochece,
Eterna primavera aquí florece.15
¡O campos verdaderos!
¡O prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!
¡O deleitosos senos,
Repuestos valles de mil bienes llenos!20
(1542–1591)
En una noche oscura,Con ansias en amores inflamada,¡Oh dichosa ventura!Salí sin ser notada,Estando ya mi casa sosegada:25A oscuras y segura,Por la secreta escala, disfrazada,¡Oh dichosa ventura!106A oscuras, encelada,Estando ya mi casa sosegada:En la noche dichosa,En secreto, que nadie me veía,Ni yo miraba cosa,5Sin otra luz ni guía,Sino la que en el corazón ardía.Aquésta me guiabaMás cierto que la luz de mediodía,Adonde me esperaba10Quien yo bien me sabía,En parte donde nadie parecía.¡Oh noche, que guiaste,Oh noche amable más que el alborada!¡Oh noche, que juntaste15Amado con amada,Amada en el amado trasformada!En mi pecho florido,Que entero para él solo se guardaba,Allí quedó dormido:20Y yo le regalaba,Y el ventalle de cedros aire daba.El aire del almena,Cuando ya sus cabellos esparcía,Con su mano serena25En mi cuello hería,Y todos mis sentidos suspendía.Quedéme y olvidéme,El rostro recliné sobre el Amado,Cesó todo, y déjeme,30Dejando mi cuidadoEntre las azucenas olvidado.
En una noche oscura,
Con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada:25
A oscuras y segura,
Por la secreta escala, disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
A oscuras, encelada,
Estando ya mi casa sosegada:
En la noche dichosa,
En secreto, que nadie me veía,
Ni yo miraba cosa,5
Sin otra luz ni guía,
Sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guiaba
Más cierto que la luz de mediodía,
Adonde me esperaba10
Quien yo bien me sabía,
En parte donde nadie parecía.
¡Oh noche, que guiaste,
Oh noche amable más que el alborada!
¡Oh noche, que juntaste15
Amado con amada,
Amada en el amado trasformada!
En mi pecho florido,
Que entero para él solo se guardaba,
Allí quedó dormido:20
Y yo le regalaba,
Y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
Cuando ya sus cabellos esparcía,
Con su mano serena25
En mi cuello hería,
Y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
El rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y déjeme,30
Dejando mi cuidado
Entre las azucenas olvidado.
(† 1590)
Óyeme, dulce Esposo,Vida del alma que en la tuya vive,Y alienta el congojosoPecho, do se recibeLa pena que el amor en l’alma escribe.5Perdíte yo, ¡ay perdida!Perdí mi corazón junto contigo;Pues di, bien de mi vida,No estando acá conmigo,¿Cómo podré vivir si no te sigo?10Vuélveme, dulce Amado,El alma, que me llevas con la tuya,Ó lleva el cuerpo heladoCon ella, pues es tuya,Ó haz que tu presencia no me huya.15¿Por qué, mi bien, te escondes?Vuelve á mí que te llamo y te deseo;Mas ¡ay! que no respondes,Y como no te veo,El día me es escuro y el sol feo.20¡Oh luz serena y pura!¡Oh sol de resplandor que alegra el cielo!¡Oh fuente de hermosura!Si pisas nuestro suelo,Véate, y de mis ojos quita el velo.25Pero si las estrellasCon inmortales pies mides agora,Atiende á mis querellas;108Y al alma que te adora,La lleva para ti, pues en ti mora.Y á mi cuerpo cansadoCerca de tu sepulcro da reposo,Pues si no está á tu lado,5El cielo más hermosoLe será escuro, triste y congojoso.
Óyeme, dulce Esposo,
Vida del alma que en la tuya vive,
Y alienta el congojoso
Pecho, do se recibe
La pena que el amor en l’alma escribe.5
Perdíte yo, ¡ay perdida!
Perdí mi corazón junto contigo;
Pues di, bien de mi vida,
No estando acá conmigo,
¿Cómo podré vivir si no te sigo?10
Vuélveme, dulce Amado,
El alma, que me llevas con la tuya,
Ó lleva el cuerpo helado
Con ella, pues es tuya,
Ó haz que tu presencia no me huya.15
¿Por qué, mi bien, te escondes?
Vuelve á mí que te llamo y te deseo;
Mas ¡ay! que no respondes,
Y como no te veo,
El día me es escuro y el sol feo.20
¡Oh luz serena y pura!
¡Oh sol de resplandor que alegra el cielo!
¡Oh fuente de hermosura!
Si pisas nuestro suelo,
Véate, y de mis ojos quita el velo.25
Pero si las estrellas
Con inmortales pies mides agora,
Atiende á mis querellas;
Y al alma que te adora,
La lleva para ti, pues en ti mora.
Y á mi cuerpo cansado
Cerca de tu sepulcro da reposo,
Pues si no está á tu lado,5
El cielo más hermoso
Le será escuro, triste y congojoso.
(† 1597?)
Aquel si viene ó no viene,Aquel si sale ó no sale,En los amores no tiene10Contento que se le iguale.Aquel pensar que es amadoEl amante y venturosoY tenerse por dudosoDe verse bien empleado:15Y si con esto se mantieneY que el seso no resbale,En los amores no tieneContento que se le iguale.Aquel mirarse de día,20Ella á él y él á ella,Y esperar la noche vellaY hablarle como solía:Aquel cuando se detieneAguardando quien le vale,25En los amores no tieneContento que se le iguale.109Aquel pensar si me ha oído,Si me ha visto por ventura,Si llegó la hora y posturaQue se había constituido:Si en esperanza se aviene5Y el amor con esto sale,Todito el mundo no tieneContento que se le igualeAquellas señas que espereQue le señala la dama,10Aquel ce con que le llama,Aquel decir que le quiere,Aquel sí cuando convieneEn cosa que poco vale,En los amores no tiene15Contento que se le iguale.
Aquel si viene ó no viene,
Aquel si sale ó no sale,
En los amores no tiene10
Contento que se le iguale.
Aquel pensar que es amado
El amante y venturoso
Y tenerse por dudoso
De verse bien empleado:15
Y si con esto se mantiene
Y que el seso no resbale,
En los amores no tiene
Contento que se le iguale.
Aquel mirarse de día,20
Ella á él y él á ella,
Y esperar la noche vella
Y hablarle como solía:
Aquel cuando se detiene
Aguardando quien le vale,25
En los amores no tiene
Contento que se le iguale.
Aquel pensar si me ha oído,
Si me ha visto por ventura,
Si llegó la hora y postura
Que se había constituido:
Si en esperanza se aviene5
Y el amor con esto sale,
Todito el mundo no tiene
Contento que se le iguale
Aquellas señas que espere
Que le señala la dama,10
Aquel ce con que le llama,
Aquel decir que le quiere,
Aquel sí cuando conviene
En cosa que poco vale,
En los amores no tiene15
Contento que se le iguale.
(† 1620)
Fiero dolor, que del profundo pechoDe este tu propio antiguo usado nidoSacas tan abundante y larga vena,Afloja un poco ¡oh dolor fiero! afloja20Fiero dolor un poco, y de las lágrimasQue en mis ojos cuajados hacen turbiaMi débil vista, alguna parte enjuga,Porque con este hierro que algún díaHa de dar fin á mi cansada vida,25En ese tronco escriba mi querella;Do por ventura la engañosa Dafne,Tornando de la caza calurosa110Y sedienta, á buscar ó sombra ó agua,Vuelva acaso los ojos y los lea;Ó si esto no, será piadoso ejemploA amorosos pastores... Dafne ingrata,Que mientras vas con el sol nuevo y alegre5Del espacioso mar las bravas ondas,Que crecen con mis lágrimas, mirando,Ó en jardín deleitoso, al manso viento,De cuidados de amor libre paseas;Tu Tirsi ¡ay Dios! tu Tirsi, un tiempo yace10Solo con su dolor en esta selva:Que ya ni el verde prado ó fresca sombra,Ni olor suave de diversas flores,Ni dulce murmurar de clara fuenteLe es dulce ó caro sino el llanto mío.15. . . . . . . . . .
Fiero dolor, que del profundo pecho
De este tu propio antiguo usado nido
Sacas tan abundante y larga vena,
Afloja un poco ¡oh dolor fiero! afloja20
Fiero dolor un poco, y de las lágrimas
Que en mis ojos cuajados hacen turbia
Mi débil vista, alguna parte enjuga,
Porque con este hierro que algún día
Ha de dar fin á mi cansada vida,25
En ese tronco escriba mi querella;
Do por ventura la engañosa Dafne,
Tornando de la caza calurosa
Y sedienta, á buscar ó sombra ó agua,
Vuelva acaso los ojos y los lea;
Ó si esto no, será piadoso ejemplo
A amorosos pastores... Dafne ingrata,
Que mientras vas con el sol nuevo y alegre5
Del espacioso mar las bravas ondas,
Que crecen con mis lágrimas, mirando,
Ó en jardín deleitoso, al manso viento,
De cuidados de amor libre paseas;
Tu Tirsi ¡ay Dios! tu Tirsi, un tiempo yace10
Solo con su dolor en esta selva:
Que ya ni el verde prado ó fresca sombra,
Ni olor suave de diversas flores,
Ni dulce murmurar de clara fuente
Le es dulce ó caro sino el llanto mío.15
. . . . . . . . . .
(Fl. 1586)
¿Son estos lazos de oro los cabellosQue, ya en madeja, ya volando al viento,Ya en red cogidos, fueron cárcel ellosGloriosa, do el amor vivió contento?Son estos soles los divinos, bellos20Y alegres ojos, do mi pensamientoMil veces se abrasó? Y ¿es esta nieveY grana el rostro que mis glorias llueve?Y ¿son estos rubíes y estos granosDe blancas perlas, labios, dientes, boca25Do los venenos dulces soberanosGusté, por quien mi pena ha sido poca?111Así glorificado en gozos vanosEstaba, cuando el sol mis ojos tocaY hiere. Deslizóse el sueño, y luegoAl vivo de mi vista quedé ciego.
¿Son estos lazos de oro los cabellos
Que, ya en madeja, ya volando al viento,
Ya en red cogidos, fueron cárcel ellos
Gloriosa, do el amor vivió contento?
Son estos soles los divinos, bellos20
Y alegres ojos, do mi pensamiento
Mil veces se abrasó? Y ¿es esta nieve
Y grana el rostro que mis glorias llueve?
Y ¿son estos rubíes y estos granos
De blancas perlas, labios, dientes, boca25
Do los venenos dulces soberanos
Gusté, por quien mi pena ha sido poca?
Así glorificado en gozos vanos
Estaba, cuando el sol mis ojos toca
Y hiere. Deslizóse el sueño, y luego
Al vivo de mi vista quedé ciego.
No me mueve, mi Dios, para quererte5El cielo que me tienes prometido,Ni me mueve el infierno tan temidoPara dejar por eso de ofenderte.Tú me mueves, mi Dios; muéveme el verteClavado en esa cruz y escarnecido;10Muéveme ver tu cuerpo tan herido;Muévenme las angustias de tu muerte;Muéveme, en fin, tu amor de tal maneraQue, aunque no hubiera cielo, yo te amara,Y aunque no hubiera infierno, te temiera.15No me tienes que dar por qué te quiera;Porque, si cuanto espero no esperara,Lo mismo que te quiero te quisiera.
No me mueve, mi Dios, para quererte5
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, mi Dios; muéveme el verte
Clavado en esa cruz y escarnecido;10
Muéveme ver tu cuerpo tan herido;
Muévenme las angustias de tu muerte;
Muéveme, en fin, tu amor de tal manera
Que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
Y aunque no hubiera infierno, te temiera.15
No me tienes que dar por qué te quiera;
Porque, si cuanto espero no esperara,
Lo mismo que te quiero te quisiera.
(1527–1598)
Quien las graves congojas huir desea,De que está nuestra vida siempre llena,20Ame la soledad quieta y amena,Donde las ocasiones nunca vea.112En ella de paciencia se proveaContra los pensamientos que dan pena,Y de memoria del morir, que es buenaPara defensa de cualquier pelea.Mas el que está de amor apasionado,5No piense estando solo remediarse,Ni con paciencia ni acordar de muerte;Porque la causa trae de su cuidadoDentro en sí, y mientras más quiere alejarse,La fuerza de amor siente más fuerte.10
Quien las graves congojas huir desea,
De que está nuestra vida siempre llena,20
Ame la soledad quieta y amena,
Donde las ocasiones nunca vea.
En ella de paciencia se provea
Contra los pensamientos que dan pena,
Y de memoria del morir, que es buena
Para defensa de cualquier pelea.
Mas el que está de amor apasionado,5
No piense estando solo remediarse,
Ni con paciencia ni acordar de muerte;
Porque la causa trae de su cuidado
Dentro en sí, y mientras más quiere alejarse,
La fuerza de amor siente más fuerte.10
Las huestes de don RodrigoDesmayaban y huían,Cuando en la octava batallaSus enemigos vencían.Rodrigo deja sus tiendas15Y del real se salía:Solo va el desventuradoQue no lleva compañía.El caballo de cansadoYa mudar no se podía:20Camina por donde quiere,Que no le estorba la vía.El rey va tan desmayadoQue sentido no tenía:Muerto va de sed y hambre25Que de velle era mancilla;Iba tan tinto de sangre,Que una brasa parecía.113Las armas lleva abolladas,Que eran de gran pedrería;La espada lleva hecha sierraDe los golpes que tenía;El almete abollado5En la cabeza se le hundía;La cara lleva hinchadaDel trabajo que sufría.Subióse encima de un cerroEl más alto que veía:10Dende allí mira su genteCómo iba de vencida.De allí mira sus banderas,Y estandartes que tenía,Cómo están todos pisados15Que la tierra los cubría.Mira por los capitanesQue ninguno parescía;Mira el campo tinto en sangre,La cual arroyos corría.20El triste de ver aquestoGran mancilla en sí tenía:Llorando de los sus ojosDe esta manera decía:—«Ayer era rey de España,25Hoy no lo soy de una villa;Ayer villas y castillos,Hoy ninguno poseía;Ayer tenía criados,Hoy ninguno me servía,30Hoy no tengo una almenaQue pueda decir que es mía.¡Desdichada fué la hora,Desdichado fué aquel día114En que nací y heredéLa tan grande señoría,Pues lo había de perderTodo junto y en un día!¡Oh muerte! ¿por qué no vienes5Y llevas esta alma míaDe aqueste cuerpo mezquino,Pues te se agradecería?»
Las huestes de don Rodrigo
Desmayaban y huían,
Cuando en la octava batalla
Sus enemigos vencían.
Rodrigo deja sus tiendas15
Y del real se salía:
Solo va el desventurado
Que no lleva compañía.
El caballo de cansado
Ya mudar no se podía:20
Camina por donde quiere,
Que no le estorba la vía.
El rey va tan desmayado
Que sentido no tenía:
Muerto va de sed y hambre25
Que de velle era mancilla;
Iba tan tinto de sangre,
Que una brasa parecía.
Las armas lleva abolladas,
Que eran de gran pedrería;
La espada lleva hecha sierra
De los golpes que tenía;
El almete abollado5
En la cabeza se le hundía;
La cara lleva hinchada
Del trabajo que sufría.
Subióse encima de un cerro
El más alto que veía:10
Dende allí mira su gente
Cómo iba de vencida.
De allí mira sus banderas,
Y estandartes que tenía,
Cómo están todos pisados15
Que la tierra los cubría.
Mira por los capitanes
Que ninguno parescía;
Mira el campo tinto en sangre,
La cual arroyos corría.20
El triste de ver aquesto
Gran mancilla en sí tenía:
Llorando de los sus ojos
De esta manera decía:
—«Ayer era rey de España,25
Hoy no lo soy de una villa;
Ayer villas y castillos,
Hoy ninguno poseía;
Ayer tenía criados,
Hoy ninguno me servía,30
Hoy no tengo una almena
Que pueda decir que es mía.
¡Desdichada fué la hora,
Desdichado fué aquel día
En que nací y heredé
La tan grande señoría,
Pues lo había de perder
Todo junto y en un día!
¡Oh muerte! ¿por qué no vienes5
Y llevas esta alma mía
De aqueste cuerpo mezquino,
Pues te se agradecería?»
Al pie de un túmulo negroEstá Bernardo del Carpio,10Hincadas ambas rodillas,En medio de un templo santo.Acompáñanle parientes,Caballeros é hijosdalgo;Por amistad ó por deudo15Todos están enlutados.Vienen á hacer las obsequiasDel muerto conde Don Sancho,Vertiendo lágrimas tiernasDel fuerte pecho acerado.20Cubierto de triste luto,Y el corazón enlutado;Pero tan fuerte y robustoComo cuando sale armado.Un rato entre dientes habla,25Y otro rato habla claro,Formando quejas al cieloDel rey don Alfonso el Casto,115Que muerte le dió á su padre,Y vivo se le ha mandado.—«Si el rey falta á su palabra,»Dice, «¿qué hará un villano?Con tal sinrazón, Alfonso,5¡Buen nombre á tu hermana has dado!¡Buen título á tu sobrino!¡Y buen pago á tu criado!Pero no pende mi honraDe ti, ni de aqueste agravio,10Que este brazo y esta espadaMe harán temido y honrado.»—Y volviendo al padre muertoEl valeroso Bernardo,Con varoniles suspiros,15Colérico y demudado,Abriendo el negro capuzHasta la punta de abajo,Sin advertir que le escuchan,Ni que está en lugar sagrado,20Con una mano en la barbaY en la espada la otra mano,Dice furioso, impaciente,Con su rey y padre hablando:—«Seguro puedes ir de la venganza,25Amado padre, al espacioso cielo,Que el acerado hierro de mi lanza,Que de sangre francesa tiñó el suelo,Y levantó de Alfonso la esperanzaHasta el celeste y estrellado velo,30Ha de mostrar que no hay seguro estado,Siendo Bernardo vivo y tú agraviado.Uno soy solo, Alfonso, y castellano,Uno soy solo, y el que puede tanto,116Que deshizo el poder de Carlo-Magno,Dejando á toda Francia en luto y llanto.Esta es la misma vencedora manoQue á ti te dió victoria, al mundo espanto;Y esta misma te hará, padre, vengado,5Que Bernardo está vivo y tú agraviado.»
Al pie de un túmulo negro
Está Bernardo del Carpio,10
Hincadas ambas rodillas,
En medio de un templo santo.
Acompáñanle parientes,
Caballeros é hijosdalgo;
Por amistad ó por deudo15
Todos están enlutados.
Vienen á hacer las obsequias
Del muerto conde Don Sancho,
Vertiendo lágrimas tiernas
Del fuerte pecho acerado.20
Cubierto de triste luto,
Y el corazón enlutado;
Pero tan fuerte y robusto
Como cuando sale armado.
Un rato entre dientes habla,25
Y otro rato habla claro,
Formando quejas al cielo
Del rey don Alfonso el Casto,
Que muerte le dió á su padre,
Y vivo se le ha mandado.
—«Si el rey falta á su palabra,»
Dice, «¿qué hará un villano?
Con tal sinrazón, Alfonso,5
¡Buen nombre á tu hermana has dado!
¡Buen título á tu sobrino!
¡Y buen pago á tu criado!
Pero no pende mi honra
De ti, ni de aqueste agravio,10
Que este brazo y esta espada
Me harán temido y honrado.»—
Y volviendo al padre muerto
El valeroso Bernardo,
Con varoniles suspiros,15
Colérico y demudado,
Abriendo el negro capuz
Hasta la punta de abajo,
Sin advertir que le escuchan,
Ni que está en lugar sagrado,20
Con una mano en la barba
Y en la espada la otra mano,
Dice furioso, impaciente,
Con su rey y padre hablando:
—«Seguro puedes ir de la venganza,25
Amado padre, al espacioso cielo,
Que el acerado hierro de mi lanza,
Que de sangre francesa tiñó el suelo,
Y levantó de Alfonso la esperanza
Hasta el celeste y estrellado velo,30
Ha de mostrar que no hay seguro estado,
Siendo Bernardo vivo y tú agraviado.
Uno soy solo, Alfonso, y castellano,
Uno soy solo, y el que puede tanto,
Que deshizo el poder de Carlo-Magno,
Dejando á toda Francia en luto y llanto.
Esta es la misma vencedora mano
Que á ti te dió victoria, al mundo espanto;
Y esta misma te hará, padre, vengado,5
Que Bernardo está vivo y tú agraviado.»
A cazar va don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara:Con la gran siesta que haceArrimádose ha á una haya,10Maldiciendo á Mudarrillo,Hijo de la renegada,Que si á las manos le hubiese,Que le sacaría el alma.El señor estando en esto,15Mudarrillo que asomaba:—«Dios te salve, caballero,Debajo la verde haya.»——«Así haga á ti, escudero,Buena sea tu llegada.»20—«Dígasme tú, el caballero,¿Cómo era la tu gracia?»—«A mí dicen don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara,Cuñado de Gonzalo Gustos,25Hermano de doña Sancha;Por sobrinos me los hubeLos siete infantes de Salas;Espero aquí á Mudarrillo,117Hijo de la renegada;Si delante lo tuviese,Yo le sacaría el alma.»—«Si á ti dicen don Rodrigo,Y aun don Rodrigo de Lara,5A mí Mudarra Gonzales,Hijo de la renegada,De Gonzalo Gustos hijo,Y alnado de doña Sancha;Por hermanos me los hube10Los siete infantes de Salas:Tú los vendiste, traidor,En el val de Arabiana;Mas si Dios á mí me ayudaAquí dejarás el alma.»15—«Espéresme, don Gonzalo,Iré á tomar las mis armas.»—«El espera que tú disteA los infantes de Lara:‘Aquí morirás, traidor,20Enemigo de doña Sancha.’»—
A cazar va don Rodrigo,
Y aun don Rodrigo de Lara:
Con la gran siesta que hace
Arrimádose ha á una haya,10
Maldiciendo á Mudarrillo,
Hijo de la renegada,
Que si á las manos le hubiese,
Que le sacaría el alma.
El señor estando en esto,15
Mudarrillo que asomaba:
—«Dios te salve, caballero,
Debajo la verde haya.»—
—«Así haga á ti, escudero,
Buena sea tu llegada.»20
—«Dígasme tú, el caballero,
¿Cómo era la tu gracia?»
—«A mí dicen don Rodrigo,
Y aun don Rodrigo de Lara,
Cuñado de Gonzalo Gustos,25
Hermano de doña Sancha;
Por sobrinos me los hube
Los siete infantes de Salas;
Espero aquí á Mudarrillo,
Hijo de la renegada;
Si delante lo tuviese,
Yo le sacaría el alma.»
—«Si á ti dicen don Rodrigo,
Y aun don Rodrigo de Lara,5
A mí Mudarra Gonzales,
Hijo de la renegada,
De Gonzalo Gustos hijo,
Y alnado de doña Sancha;
Por hermanos me los hube10
Los siete infantes de Salas:
Tú los vendiste, traidor,
En el val de Arabiana;
Mas si Dios á mí me ayuda
Aquí dejarás el alma.»15
—«Espéresme, don Gonzalo,
Iré á tomar las mis armas.»
—«El espera que tú diste
A los infantes de Lara:
‘Aquí morirás, traidor,20
Enemigo de doña Sancha.’»—
A su palacio de Burgos,Como buen padrino honrado,Llevaba el Rey á yantarA sus nobles afijados.25Salen juntos de la iglesiaEl Cid, el Obispo y Laín Calvo,Con el gentío del puebloQue les iba acompañando.118Por la calle adonde vanA costa del Rey gastaronEn un arco muy polidoMás de treinta y cuatro cuartos.En las ventanas alfombras,5En el suelo juncia y ramos,Y de trecho á trecho habíaMil trovas al desposado.Salió Pelayo hecho toroCon un paño colorado,10Y otros que le van siguiendo,Y una danza de lacayos.También Antolín salióA la gineta en un asno,Y Pelaez con vejigas15Fuyendo de los mochachos.Diez y seis maravedisMandó el Rey dar á un lacayoPorque espantaba á las fembrasCon un vestido de diablo.20Más atrás viene JimenaTrabándole el Rey la mano,Con la Reina su madrina,Y con la gente de manto.Por las rejas y ventanas25Arrojaban trigo tanto,Que el Rey llevaba en la gorra,Como era ancha, un gran puñado,Y á la homildosa JimenaSe le metían mil granos,30Por la marquesota, al cuello,Y el Rey se los va sacando.Envidioso dijo Suero,Que lo oyera el Rey, en alto:119—«Aunque es de estimar ser rey,Estimara más ser mano.»—Mandóle por el requiebroEl Rey un rico penacho,Y á Jimena le rogó5Que en casa le dé un abrazo.Fablándole iba el Rey,Mas siempre le fabla en vano,Que non dirá discreciónComo la que faz callando.10Llegó á la puerta el gentíoY partiéndose á dos lados,Quedóse el Rey á comerY los que eran convidados.
A su palacio de Burgos,
Como buen padrino honrado,
Llevaba el Rey á yantar
A sus nobles afijados.25
Salen juntos de la iglesia
El Cid, el Obispo y Laín Calvo,
Con el gentío del pueblo
Que les iba acompañando.
Por la calle adonde van
A costa del Rey gastaron
En un arco muy polido
Más de treinta y cuatro cuartos.
En las ventanas alfombras,5
En el suelo juncia y ramos,
Y de trecho á trecho había
Mil trovas al desposado.
Salió Pelayo hecho toro
Con un paño colorado,10
Y otros que le van siguiendo,
Y una danza de lacayos.
También Antolín salió
A la gineta en un asno,
Y Pelaez con vejigas15
Fuyendo de los mochachos.
Diez y seis maravedis
Mandó el Rey dar á un lacayo
Porque espantaba á las fembras
Con un vestido de diablo.20
Más atrás viene Jimena
Trabándole el Rey la mano,
Con la Reina su madrina,
Y con la gente de manto.
Por las rejas y ventanas25
Arrojaban trigo tanto,
Que el Rey llevaba en la gorra,
Como era ancha, un gran puñado,
Y á la homildosa Jimena
Se le metían mil granos,30
Por la marquesota, al cuello,
Y el Rey se los va sacando.
Envidioso dijo Suero,
Que lo oyera el Rey, en alto:
—«Aunque es de estimar ser rey,
Estimara más ser mano.»—
Mandóle por el requiebro
El Rey un rico penacho,
Y á Jimena le rogó5
Que en casa le dé un abrazo.
Fablándole iba el Rey,
Mas siempre le fabla en vano,
Que non dirá discreción
Como la que faz callando.10
Llegó á la puerta el gentío
Y partiéndose á dos lados,
Quedóse el Rey á comer
Y los que eran convidados.
Celebradas ya las bodas,15A do la corte yacía,De Rodrigo con Jimena,A quien tanto el Rey quería,El Cid pide al Rey licenciaPara ir en romería20Al apóstol Santiago,Porque así lo prometía.El Rey túvolo por bien,Muchos dones le daría;Rogóle volviese presto25Que es cosa que le cumplía.Despidióse de Jimena,A su madre la daría,120Diciendo que la regale,Que en ello merced le haría.Llevaba veinte fidalgos,Que van en su compañía:Dando va muchas limosnas,5Por Dios y Santa María,Y allá en medio del camino,Un gafo le aparecía,Metido en un tremedal,Que salir dél no podía.10Grandes voces está dando;Por amor de Dios pedíaQue le sacasen de allí,Pues d’ello se serviría.Cuando lo oyera Rodrigo15Del caballo descendía;Ayudólo á levantarY consigo lo subía.Lleváralo á su posada,Consigo cenado había;20Ficiérales una cama,En la cual ambos dormían.Hacia allá á la media noche,Ya que Rodrigo dormía,Un soplo por las espaldas25El gafo dado le había,Tan recio, que por los pechosA don Rodrigo salía.Despertó muy espantado,Al gafo buscado había;30No le hallaba en la cama.A voces lumbre pedía:Traídole habían lumbre,Y el gafo no parecía.121Tornádose había á la cama;Gran cuidado en sí teníaDe lo que le aconteciera,Mas un hombre á él veníaVestido de blancos paños,5Desta manera decía.—«¿Duermes, ó velas, Rodrigo?»—«No duermo, le respondía;Pero, dime tú ¿quién eres,Que tanto resplandecías?»10—«San Lázaro soy, Rodrigo,Que yo á fablarte venía.Yo soy el gafo á que túPor Dios tanto bien hacías.Rodrigo, Dios bien te quiere,15Y otorgado te tenía,Que lo que tú comenzaresEn lides ó en otra vía,Lo cumplirás á tu honraY crecerás cada día:20De todos serás temido,De Cristianos y Morisma,Y que los tus enemigosEmpecer no te podrían.Morirás tú muerte honrada,25Tu persona no vencida:Tú serás el vencedor,Dios su bendición te envía.»—En diciendo estas palabras,Luego desaparecía.30Levantóse don Rodrigo,Y de hinojos se ponía:Dió gracias á Dios del cielo,También á Santa María,122Y ansí estuvo en oraciónHasta que fuera de día.Partióse para Santiago,Su romería cumplía;De allí se fué á Calahorra,5A donde el buen Rey yacía.Recibiéralo muy bien,Holgóse de su venida;Lidió con Martin González,En el campo le vencía.10
Celebradas ya las bodas,15
A do la corte yacía,
De Rodrigo con Jimena,
A quien tanto el Rey quería,
El Cid pide al Rey licencia
Para ir en romería20
Al apóstol Santiago,
Porque así lo prometía.
El Rey túvolo por bien,
Muchos dones le daría;
Rogóle volviese presto25
Que es cosa que le cumplía.
Despidióse de Jimena,
A su madre la daría,
Diciendo que la regale,
Que en ello merced le haría.
Llevaba veinte fidalgos,
Que van en su compañía:
Dando va muchas limosnas,5
Por Dios y Santa María,
Y allá en medio del camino,
Un gafo le aparecía,
Metido en un tremedal,
Que salir dél no podía.10
Grandes voces está dando;
Por amor de Dios pedía
Que le sacasen de allí,
Pues d’ello se serviría.
Cuando lo oyera Rodrigo15
Del caballo descendía;
Ayudólo á levantar
Y consigo lo subía.
Lleváralo á su posada,
Consigo cenado había;20
Ficiérales una cama,
En la cual ambos dormían.
Hacia allá á la media noche,
Ya que Rodrigo dormía,
Un soplo por las espaldas25
El gafo dado le había,
Tan recio, que por los pechos
A don Rodrigo salía.
Despertó muy espantado,
Al gafo buscado había;30
No le hallaba en la cama.
A voces lumbre pedía:
Traídole habían lumbre,
Y el gafo no parecía.
Tornádose había á la cama;
Gran cuidado en sí tenía
De lo que le aconteciera,
Mas un hombre á él venía
Vestido de blancos paños,5
Desta manera decía.
—«¿Duermes, ó velas, Rodrigo?»
—«No duermo, le respondía;
Pero, dime tú ¿quién eres,
Que tanto resplandecías?»10
—«San Lázaro soy, Rodrigo,
Que yo á fablarte venía.
Yo soy el gafo á que tú
Por Dios tanto bien hacías.
Rodrigo, Dios bien te quiere,15
Y otorgado te tenía,
Que lo que tú comenzares
En lides ó en otra vía,
Lo cumplirás á tu honra
Y crecerás cada día:20
De todos serás temido,
De Cristianos y Morisma,
Y que los tus enemigos
Empecer no te podrían.
Morirás tú muerte honrada,25
Tu persona no vencida:
Tú serás el vencedor,
Dios su bendición te envía.»—
En diciendo estas palabras,
Luego desaparecía.30
Levantóse don Rodrigo,
Y de hinojos se ponía:
Dió gracias á Dios del cielo,
También á Santa María,
Y ansí estuvo en oración
Hasta que fuera de día.
Partióse para Santiago,
Su romería cumplía;
De allí se fué á Calahorra,5
A donde el buen Rey yacía.
Recibiéralo muy bien,
Holgóse de su venida;
Lidió con Martin González,
En el campo le vencía.10
—«Doña María de Padilla,No os me mostréis triste vos,Que si me casé dos vecesHícelo por vuestra pro,Y por hacer menosprecio15A doña Blanca de Borbón:A Medina-Sidonia envíoA que me labre un pendón:Será el color de su sangre,De lágrimas la labor,20Tal pendón, doña María,Le haré hacer por vos.»—y llamara á Íñigo Ortiz,Un excelente varon:Díjole fuese á Medina25A dar fin á tal labor.Respondiera Íñigo Ortiz:—«Aqueso no faré yo,Que quien mata á su señora123Hace aleve á su señor.»—El rey de aquesto enojadoA su cámara se entró,Y á un ballestero de mazaEl rey entregar mandó.5Aqueste vino á la reinaY hallóla en oración.Cuando vido al ballesteroLa su triste muerte vió.Aquél le dijo:—«Señora,10El rey acá me envióA que ordenéis vuestra almaCon aquel que la crío,Que vuestra hora es llegada,No puedo alargalla yo.»15—«Amigo,» dijo la reina,«Mi muerte os perdono yo:Si el rey mi señor lo manda,Hágaselo que ordenó.Confesión no se me niegue,20Sino pido á Dios perdón.»—Sus lágrimas y gemidos,Al macero enterneció,Con la voz flaca, temblando,Esto á decir comenzó:25—«¡Oh Francia, mi noble tierra!¡Oh mi sangre de Borbón!Hoy cumplo decisiete años,En los deciocho voy:El rey no me ha conocido,30Con las vírgenes me voy.Castilla, di ¿qué te hice?No te hice traición.Las coronas que me diste124De sangre y sospiros son;Mas otra terné en el cieloQue será de más valor.»—Y dichas estas palabrasEl macero la hirió:5Los sesos de su cabezaPor la sala les sembró.
—«Doña María de Padilla,
No os me mostréis triste vos,
Que si me casé dos veces
Hícelo por vuestra pro,
Y por hacer menosprecio15
A doña Blanca de Borbón:
A Medina-Sidonia envío
A que me labre un pendón:
Será el color de su sangre,
De lágrimas la labor,20
Tal pendón, doña María,
Le haré hacer por vos.»—
y llamara á Íñigo Ortiz,
Un excelente varon:
Díjole fuese á Medina25
A dar fin á tal labor.
Respondiera Íñigo Ortiz:
—«Aqueso no faré yo,
Que quien mata á su señora
Hace aleve á su señor.»—
El rey de aquesto enojado
A su cámara se entró,
Y á un ballestero de maza
El rey entregar mandó.5
Aqueste vino á la reina
Y hallóla en oración.
Cuando vido al ballestero
La su triste muerte vió.
Aquél le dijo:—«Señora,10
El rey acá me envió
A que ordenéis vuestra alma
Con aquel que la crío,
Que vuestra hora es llegada,
No puedo alargalla yo.»15
—«Amigo,» dijo la reina,
«Mi muerte os perdono yo:
Si el rey mi señor lo manda,
Hágaselo que ordenó.
Confesión no se me niegue,20
Sino pido á Dios perdón.»—
Sus lágrimas y gemidos,
Al macero enterneció,
Con la voz flaca, temblando,
Esto á decir comenzó:25
—«¡Oh Francia, mi noble tierra!
¡Oh mi sangre de Borbón!
Hoy cumplo decisiete años,
En los deciocho voy:
El rey no me ha conocido,30
Con las vírgenes me voy.
Castilla, di ¿qué te hice?
No te hice traición.
Las coronas que me diste
De sangre y sospiros son;
Mas otra terné en el cielo
Que será de más valor.»—
Y dichas estas palabras
El macero la hirió:5
Los sesos de su cabeza
Por la sala les sembró.
Paseábase el rey moroPor la ciudad de GranadaDesde la puerta de Elvira10Hasta la de Vivarambla.«¡Ay de mi Alhama!»Cartas le fueron venidasQue Alhama era ganada:Las cartas echó en el fuego,15Y al mensajero matara.«¡Ay de mi Alhama!»Descabalga de una mula,Y en un caballo cabalga;Por el Zacatín arriba20Subido se había al Alhambra.«¡Ay de mi Alhama!»Como en el Alhambra estuvo,Al mismo punto mandabaQue se toquen sus trompetas,25Sus añafiles de plata.«¡Ay de mi Alhama!»Y que las cajas de guerraApriesa toquen al arma,125Porque lo oigan sus moriscosLos de la Vega y Granada.«¡Ay de mi Alhama!»Los Moros que el son oyeronQue al sangriento Marte llama,5Uno á uno y dos á dosJuntado se ha gran batalla.«¡Ay de mi Alhama!»Allí habló un Moro viejo,De esta manera hablara:10—¿Para qué nos llamas, Rey,Para qué es esta llamada?—«¡Ay de mi Alhama!»—Habéis de saber, amigos,Una nueva desdichada:15Que Cristianos de bravezaYa nos han ganado Alhama.—«¡Ay de mi Alhama!»Allí habló un AlfaquíDe barba cruda y cana:20—¡Bien se te emplea, buen Rey,Buen Rey, bien se te empleara!«¡Ay de mi Alhama!»Mataste los Abencerrajes,Que eran la flor de Granada;25Cogiste los tornadizos.De Córdoba la nombrada.«¡Ay de mi Alhama!»Por eso mereces, Rey,Una pena muy doblada;30Que te pierdas tú y el reino,Y aquí se pierda Granada.—«¡Ay de mi Alhama!»
Paseábase el rey moro
Por la ciudad de Granada
Desde la puerta de Elvira10
Hasta la de Vivarambla.
«¡Ay de mi Alhama!»
Cartas le fueron venidas
Que Alhama era ganada:
Las cartas echó en el fuego,15
Y al mensajero matara.
«¡Ay de mi Alhama!»
Descabalga de una mula,
Y en un caballo cabalga;
Por el Zacatín arriba20
Subido se había al Alhambra.
«¡Ay de mi Alhama!»
Como en el Alhambra estuvo,
Al mismo punto mandaba
Que se toquen sus trompetas,25
Sus añafiles de plata.
«¡Ay de mi Alhama!»
Y que las cajas de guerra
Apriesa toquen al arma,
Porque lo oigan sus moriscos
Los de la Vega y Granada.
«¡Ay de mi Alhama!»
Los Moros que el son oyeron
Que al sangriento Marte llama,5
Uno á uno y dos á dos
Juntado se ha gran batalla.
«¡Ay de mi Alhama!»
Allí habló un Moro viejo,
De esta manera hablara:10
—¿Para qué nos llamas, Rey,
Para qué es esta llamada?—
«¡Ay de mi Alhama!»
—Habéis de saber, amigos,
Una nueva desdichada:15
Que Cristianos de braveza
Ya nos han ganado Alhama.—
«¡Ay de mi Alhama!»
Allí habló un Alfaquí
De barba cruda y cana:20
—¡Bien se te emplea, buen Rey,
Buen Rey, bien se te empleara!
«¡Ay de mi Alhama!»
Mataste los Abencerrajes,
Que eran la flor de Granada;25
Cogiste los tornadizos.
De Córdoba la nombrada.
«¡Ay de mi Alhama!»
Por eso mereces, Rey,
Una pena muy doblada;30
Que te pierdas tú y el reino,
Y aquí se pierda Granada.—
«¡Ay de mi Alhama!»