Ventura de la Vega

(1821–1889)AL ANOCHECERLa luna se levantaTras las lejanas cúspides,30Y cual conciencia santaSerena está la atmósfera,Sereno el mar indómito,Sereno el cielo azul...¡Señor! cuando en la calma35Solemne del crepúsculoTe busca ansiosa el almaDe los mortales míseros,¡Qué desdichados fuéramosSi no existieras tú!40308CANTOS DE PÁJAROTengo yo un pajarilloQue el día pasaCantando entre las floresDe mi ventana;Y un canto alegre5A todo pasajeroDedica siempre.Tiene mi pajarilloSiempre armoníasPara alegrar el alma10Del que camina...¡Oh cielo santo,Por qué no harán los hombresLo que los pájaros!Cuando mi pajarillo15Cantos entona,Pasajeros ingratosCantos le arrojan:Mas no por esoNiega sus armonías20Al pasajero.Tiende las leves alas,Cruza las nubesY canta junto al cieloCon voz más dulce:25«Paz á los hombresY gloria al que en la alturaRige los orbes!»Y yo sigo el ejemploDel ave mansa30Que canta entre las flores309De mi ventana,Porque es sabidoQue poetas y pájarosSomos lo mismo.CANTABRIAArboledas seculares,5Mansos ríos, claras fuentes,Auras puras, montes altos,Vallecitos siempre verdes,Casas blancas, torres negras,Mares agitados siempre,10Paz y alegría en las almas,Santo sudor en las frentes...Esto inspira mis cantaresY esto mi Cantabria tiene.Si me pierdo, que me busquen15Desde Higuer á Finisterre.Ventura de la Vega(1807–1865)IMITACIÓN DE LOS SALMOS¡Ay, no vuelvas, Señor, tu rostro airadoA un pecador contrito!Ya abandoné, de lágrimas bañado,La senda del delito.20Y en ti, humilde, oh mi Dios, la vista clavoY me aterra tu ceño,Como fija sus ojos el esclavoEn la diestra del dueño.Que en dudas engolfado, hasta tu esfera25310Se alzó mi orgullo ciego,Y cayó aniquilado cual la ceraJunto al ardiente fuego.Si en profano laúd lanzó mi bocaTorpes himnos al viento,5Yo estrellaré, Señor, contra una rocaEl impuro instrumento.¡Levántate del polvo, arpa sagrada,Henchida de armonía!Y tú, por el perdón purificada,10Levántate, alma mía!Y yo también al despuntar la aurora,Y por el ancho mundo,Cantaré de la diestra vengadoraEl poder sin segundo.15.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Andrés Bello(1781–1865)LA ORACIÓN POR TODOS(Imitación de Victor Hugo)Va á rezar, hija mía. Ya es la horaDe la conciencia y del pensar profundo.Cesó el trabajo afanador, y al mundoLa sombra va á colgar su pabellón.Sacude el polvo el árbol del camino20Al soplo de la noche, y en el sueltoManto de la sutil neblina envueltoSe ve temblar el viejo torreón.¡Mira! Su ruedo de cambiante nácarEl Occidente más y más angosta;25311Y enciende sobre el cerro de la costaEl astro de la tarde su fanal.Para la pobre cena aderezadoBrilla el albergue rústico, y la tardaVuelta del labrador la esposa aguarda5Con su tierna familia en el umbral.Brota del seno de la azul esferaUno tras otro fúlgido diamante;Y ya apenas de un carro vacilanteSe oye á distancia el desigual rumor.10Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle,Y la iglesia, y la choza, y la alquería;Y á los destellos últimos del díaSe orienta en el desierto el viajador.Naturaleza toda gime; el viento15En la arboleda, el pájaro en el nido,Y la oveja en su trémulo balido,Y el arroyuelo en su correr fugaz.El día es para el mal y los afanes:¡Hé aquí la noche plácida y serena!20El hombre tras la cuita y la faenaQuiere descanso y oración y paz.Sonó en la torre la señal: los niñosConversan con espíritus alados;Y los ojos al cielo levantados25Invocan de rodillas al Señor.Las manos juntas y los pies desnudos,Fe en el pecho, alegría en el semblante,Con una misma voz, á un mismo instante,Al Padre Universal piden amor.30Y luego dormirán; y en leda tropaSobre la cuna volarán ensueños,Ensueños de oro, diáfanos, risueños.Visiones que imitar no osó el pincel,312Y ya sobre la tersa frente posan,Ya beben el aliento á las bermejasRosas, como lo chupan las abejasA la fresca azucena y al clavel.Como para dormirse, bajo el ala5Esconde su cabeza la avecilla,Tal la niñez en su oración sencillaAdormece su mente virginal.¡Oh dulce devoción, que reza y ríe!¡De natural piedad primer aviso!10¡Fragancia de la flor del paraíso!¡Preludio del concierto celestial!.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Ramón de Campoamor y Campoosorio(1817–1901)LOS SOLLOZOSSi á mis sollozos les pregunto adóndeLa dura causa está de su aflicción,De un ¡ay! que ya pasó, la voz responde:15«De mi antiguo dolorrecuerdosson.»Y alguna vez, cual otras infelice,Que sollozo postrado en la inacción!De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice:«De mi dolorpresentimientosson.»20¡Ruda inquietud de la existencia impía!¿Dónde calma ha de hallar el corazón,Si hasta sollozos que lainerciacría,Presentimientos ó memoriasson?313EL MAYOR CASTIGOCuando de Virgilio en posFué el Dante al infierno á dar,Su conciencia, hija de Dios,Dejó á la puerta al entrar.Después que á salir volvió,5Su conciencia el Dante hallando,Con ella otra vez cargó,Mas dijo así suspirando:Del infierno en lo profundo,No ví tan atroz sentencia10Como es la de ir por el mundoCargado con la conciencia.¡QUIÉN SUPIERA ESCRIBIR!I—Escribidme una carta, señor cura.—Ya sé para quién es.—¿Sabéis quién es, porque una noche obscura15Nos visteis juntos?—Pues.—Perdonad, mas...—No extraño ese tropiezo.La noche... la ocasión...Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:Mi querido Ramón:20—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...—Si no queréis...—¡Sí, sí!—¡Qué triste estoy!¿No es eso?—Por supuesto.—Qué triste estoy sin ti!314Una congoja, al empezar, me viene...—¿Cómo sabéis mi mal?...—Para un viejo, una niña siempre tieneEl pecho de cristal.¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.5¿Y contigo? Un edén.—Haced la letra clara, señor cura,Que lo entienda eso bien.—El beso aquel que de marchar á puntoTe dí...—¿Cómo sabéis?...10—Cuando se va y se viene y se está junto,Siempre... no os afrentéis.Y si volver tu afecto no procuraTanto me harás sufrir...—¿Sufrir y nada más? No, señor cura,15¡Que me voy á morir!—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...—Pues, sí, señor; ¡morir!—Yo no pongomorir.—¡Qué hombre de hielo!¡Quién supiera escribir!20II¡Señor Rector, señor Rector! En vanoMe queréis complacer,Si no encarnan los signos de la manoTodo el sér de mi sér.Escribidle, por Dios, que el alma mía25Ya en mí no quiere estar;Que la pena no me ahoga cada día...Porque puedo llorar.315Que mis labios, las rosas de su aliento,No se saben abrir;Que olvidan de la risa el movimientoA fuerza de sentir.Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,5Cargados con mi afán,Como no tienen quien se mire en ellos,Cerrados siempre están.Que es, de cuantos tormentos he sufrido,La ausencia el más atroz;10Que es un perpetuo sueño de mi oídoEl eco de su voz.Que siendo por su causa, ¡el alma míaGoza tanto en sufrir!...Dios mío, ¡cuantas cosas le diría15Si supiera escribir!...IIIEpílogo—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:A don Ramón... En fin,Que es inútil saber para esto arguyoNi el griego ni el latín.—20EL DESCREIMIENTO(A S.M. la Reina Doña Isabel II)Más que la luz de la razón humana,Amo la oscuridad de mi deseo,Y más que la verdad de cuanto veo,Quiero el error de mi esperanza vana.316Tenéis razón, hermosa Soberana,Que no sé cuando dudo y cuando creo;Si hoy, comparado á mí, todo es ateo,Tal vez de todo dudaré mañana.Entre creer y dudar, mi alma indecisa,5Mientras pasa esta vida de quebranto,Que es eterna en dar fin, yendo de prisa,El dudar y creer confunde tanto,Que unas veces mi llanto acaba en risa,Y otras veces mi risa acaba en llanto.10EL CIELO DE LEOPARDI¡Genio infeliz! en su primer momentoA su amiga la muerte le decía:—«Dame la nada, esa región vacíaEn que no hay ni placer ni sufrimiento.Donde se halla la vida está el tormento.15Dame paz en la nada—repetía,—Y mata con el cuerpo el alma mía,Esta amarga raíz del pensamiento.»Al oirle implorar de esta maneraConsolando al filósofo afligido,20La muerte le responde:—«Espera, espera;Que en paga de lo bien que me has querido,Mañana te daré la muerte enteraY volverás al sér del que no ha sido.»LAS DOS GRANDEZASUno altivo, otro sin ley,25Así dos hablando están:—Yo soy Alejandro el rey.—Y yo Diógenes el can.317—Vengo á hacerte más honradaTu vida de caracol.¿Qué quieres de mí?—Yo, nada;Que no me quites el sol.—Mi poder...—Es asombroso,5Pero á mí nada me asombra.—Yo puedo hacerte dichoso.—Lo sé, no haciéndome sombra.—Tendrás riquezas sin tasa,Un palacio y un dosel.10—¿Y para qué quiero casaMás grande que este tonel?—Mantos reales gastarásDe oro y seda.—¡Nada, nada!¿No ves que me abriga más15Esta capa remendada?—Ricos manjares devoro.—Yo con pan duro me allano.—Bebo el Chipre en copas de oro.—Yo bebo el agua en la mano.20—Mandaré cuanto tú mandes.—¡Vanidad de cosas vanas!¿Y á unas miserias tan grandesLas llamáis dichas humanas?—Mi poder á cuantos gimen,25Va con gloria á socorrer.—¡La gloria, capa del crimen;Crimen sin capa ¡el poder!318—Toda la tierra iracundoTengo postrada ante mí.—¿Y eres el dueño del mundo,No siendo dueño de ti?—Yo sé que, del orbe dueño,5Seré del mundo el dichoso.—Yo sé que tu último sueñoSerá tu primer reposo.—Yo impongo á mi arbitrio leyes.—¿Tanto de injusto blasonas?10—Llevo vencidos cien reyes.—¡Buen bandido de coronas!—Vivir podré aborrecido,Mas no moriré olvidado.—Viviré desconocido,15Mas nunca moriré odiado.—¡Adiós! pues romper no puedoDe tu cinismo el crisol.—¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,Pues no me quitas el sol!—20Y al partir con mutuo agravio,Uno altivo, otro implacable,—¡Miserable! dice el sabio;Y el Rey dice:—¡Miserable!LAS DOS TUMBAS«¡Cuán honda, oh cielos, será!,»25Dije, mi tumba mirando,Que va tragando, tragando,Cuanto nació y nacerá.319Y huyendo del vil rincónDonde al fin seré arrojado,Los ojos metí espantadoDentro de mi corazón.Mas cuando dentro miré,5Mis ojos en él no hallaronNi un sér de los que me amaron,Ni un sér de los que yo amé.Si no hallo aquí una ilusión,Y allí sólo hallo el vacío,10¿Cuál es más hondo, Dios mío,Mi tumba, ó mi corazón?...Juan Valera y Alcalá Galiano(B. 1827)NOCHE DE ABRILEs ya tarde: bate el sueñoSobre la ciudad sus alas,En el silencio sus galas15Muestra la noche gentil;Abren su seno las floresAl rocío transparente,Y se respira el ambientePerfumado del abril.20En Nápoles, en las nochesDe primaveras serenas,Vierte por todas sus venasNaturaleza su amor;Y es el silencio armonía,25Bálsamo el aire, las floresNinfas, las sombras colores,Y los claros resplandor.320Y todo vago, indeciso,Dulcemente se confunde,Y melancolía infundeTan süave al corazón,Que en la atmósfera mecido5De sus sueños se recrea,Gira y corre distraídoDe ilusión en ilusión.No va el silfo más ligeroEn un rayo de la luna;10Ya acaricia lisonjeroCon sus besos una flor;Ya en la límpida lagunaForma un rïel de topacio,Ya perdido en el espacio15Se disipa cual vapor.EL FUEGO DIVINODe la inclinada fuenteEn copioso raudal brotaste pura,Alma luz refulgente;Entonces con ternura20Latió fecundo el seno de natura..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Tú eres la luz, la vida,La inteligencia, el fuego, el movimiento;Tú la llama escondidaQue da al sol alimento,25Y armonioso vigor al firmamento..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Con vivífico alientoVirtud prestaste á la materia inerte,321La fuerza y movimiento,Que en sus átomos vierteAl sacarlos del seno de la muerte.Y la forma elevadaMisteriosa del hombre creaste luego;5A su mente sagradaDiste noble sosiego,A sus ojos el brillo de tu fuego.Levantaste su frente,Hermoso asiento de tu lumbre viva,10Hacia el cielo eminente,Do á su mirada altivaNi de tu sér la oscuridad se esquiva.Cuanto existe en la tierra,De oro y fango, de bálsamo y veneno,15Cuanta virtud encierraEn su fecundo senoEl éter infinito, de astros lleno,Diste con armonía,Breve mundo, del hombre á la existencia;20Como en oriente el díaBrotó la inteligencia,De su completo ser oculta esencia.La pompa de los mundos,Todo sér, toda vida en ella vive;25Los ámbitos profundosDel cielo en sí recibe,Y de su inmensidad los circunscribe.322Su perfume derramaLa flor, el ave canta, el mar resuena;Cuanto aborrece y ama,Todo deleite y penaEstá en el alma, y los espacios llena.5Su luz el astro envía,Y tarda siglos en cumplir su anhelo;No acaba su porfía,No hiere el mortal velo,Mas en el alma está como en el cielo.10¿Qué habrá que satisfagaAl sér amante en la creación entera?¿De qué beldad se pagaSi por alta maneraTodo en el alma está como en su esfera?15¿A qué este amor intenso?¿Qué ignoto sér la voluntad adora?¿Dónde el objeto inmenso,La fuerza vencedoraQue domina al amor que le devora?20.   .   .   .   .   .   .   .   .   .El alma es consonanciaDe todo lo creado, y sus amoresSon la luz, la fraganciaDe estrellas y de flores,¿Quién detiene perfumes y fulgores?25.   .   .   .   .   .   .   .   .   .La bien templada liraDe cada cuerda exhala melodiosa323Distinto son, y admiraDe la máquina hermosaDando el conjunto música armoniosa.Enemigas y fierasPotencias une al mismo fin el hado;5Así de las esferasEl giro arrebatadoDa un concierto sublime y alternado..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Gaspar Núñez de Arce(B. 1834)¡EXCELSIOR!¿Por qué los corazones miserables,Por qué las almas viles,10En los fieros combates de la vidaNi luchan ni resisten?El espíritu humano es más constanteCuanto más se levanta:Diós puso el fango en la llanura, y puso15La roca en la montaña.La blanca nieve que en los hondos vallesDerrítese ligera,En las altivas cumbres permaneceInmutable y eterna.20324Á ESPAÑARoto el respeto, la obediencia rota,De Dios y de la ley perdido el freno,Vas marchando entre lágrimas y cieno,Y aire de tempestad tu rostro azota.Ni causa oculta, ni razón ignota5Busques al mal que te devora el seno;Tu iniquidad, como sutil veneno,Las fuerzas de tus músculos agota.No esperes en revuelta sacudidaAlcanzar el remedio por tu mano10¡Oh sociedad rebelde y corrompida!Perseguirás la libertad en vano,Que cuando un pueblo la virtud olvida,Lleva en sus propios vicios su tirano.MISEREREEs de noche: el monasterio15Que alzó Felipe SegundoPara admiración del mundoY ostentación de su imperio,Yace envuelto en el misterioY en las tinieblas sumido.20De nuestro poder, ya hundido,Último resto glorioso,Parece que está el colosoAl pie del monte, rendido.El viento del Guadarrama25Deja sus antros obscuros,Y estrellándose en los murosDel templo, se agita y brama.Fugaz y rojiza llamaSurca el ancho firmamento,30325Y á veces, como un lamento,Resuena el lúgubre sonCon que llama á la oraciónLa campana del convento.La iglesia, triste y sombría,5En honda calma reposa,Tan helada y silenciosaComo una tumba vacía.Colgada lámpara envíaSu incierta luz á lo lejos,10Y á sus trémulos reflejosLlegan, huyen, se levantanEsas mil sombras que espantanA los niños y á los viejos.De pronto, claro y distinto,15La regia cripta conmueveRuido extraño, que aunque leve,Llena el mortuorio recinto.Es que el César Carlos Quinto,Con mano firme y segura20Entreabre su sepultura,Y haciendo una horrible mueca,Su faz carcomida y secaAsoma por la hendidura.Golpea su descarnada25Frente con tenaz empeño,Como quien sale de un sueñoSin acordarse de nada.Recorre con su miradaAquel lugar solitario,30Alza el mármol funerario,Y arrebatado y resueltoSalta del sepulcro, envueltoEn su andrajoso sudario.326«¡Hola!» grita en son de guerraCon aquella voz concisa,Que oyó en el siglo, sumisaY amedrentada la tierra.«¡Volcad la losa que os cierra!5Vástagos de imperial rama,Varones que honráis la fama,Antiguas y excelsas glorias,De vuestras urnas mortuoriasSalid, que el César os llama.»10Contestando á estos conjuros,Un clamor confuso y hondoParece brotar del fondo,De aquellos mármoles duros.Surgen vapores impuros15De los sepulcros ya abiertos:La serie de reyes muertosDespués á salir empieza,Y es de notar la tristeza,El gesto despavorido20De los que han envilecidoLa corona en su cabeza.Grave, solemne, pausado,Se alza Felipe Segundo,En su lucha con el mundo25Vencido, mas no domado.Su hijo se despierta al lado,Y destrás del rey devoto,Aquel que humillado y rotoVió desmoronarse á España,30Cual granítica montañaA impulsos del terremoto.Luego el monarca enfermizo,De infausta y negra memoria,327En cuya Edad nuestra gloria,Como nieve se dishizo.Bajo el poder de su hechizoSe estremece todavía.¡Ay, qué terrible armonía,5Qué obscuro enlace se notaEntre aquel mísero idiotaY su exhausta monarquía!Con terrífica sorpresaY en silencioso concierto,10Todos los reyes que han muertoVan saliendo de su huesa.La ya apagada pavesaCobra los vitales bríos,Y se aglomeran sombríos15Aquellos yertos despojos,Aquellas cuencas sin ojos,Aquellos cráneos vacíos.De los monarcas en pos,Respondiendo al llamamiento,20Cual si llegara el momentoDel santo juicio de Dios,Acuden de dos en dosPor claustros y corredores,Príncipes, grandes señores,25Prelados, frailes, guerreros,Favoritos, consejeros,Teólogos é inquisidores..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Por mandato soberanoDe Carlos, que el cetro ostenta,30Llega al órgano y se sientaUn viejo esqueleto humano.328La seca y huesosa manoEn el gran teclado imprime,Y la música sublime,Que á inmensos raudales brota,Parece que en cada nota5Reza y llora, canta y gime.Uniendo al acorde santoSu voz, los muertos despojosCaen ante el ara de hinojosY á Dios elevan su canto.10Honda expresión del quebranto,Aquel eco de la tumbaCrece, se dilata, zumba,Y al paso que va creciendo,Resuena con el estruendo15De un mundo que se derrumba:«Fuimos las ondas de un ríoCaudaloso y desbordado.Hoy la fuente se ha secado,Hoy el cauce está vacío.20Ya ¡oh Dios! nuestro poderíoSe extingue, se apaga y muere.¡Miserere!«¡Maldito, maldito seaAquel portentoso invento25Que dió vida al pensamientoY alas de luz á la idea!El verbo animado ondeaY como el rayo nos hiere.¡Miserere!30«¡Maldito el hilo fecundoQue á los pueblos eslabona,Y busca, y cuenta, y pregonaLas pulsaciones del mundo!329Ya en el silencio profundoNinguna injusticia muere.¡Miserere!«Ya no vive cada razaEn solitario destierro,5Ya con vínculo de hierroLa humana especie se enlaza.Ya el aislamiento rechaza:Ya la libertad prefiere.¡Miserere!10«Rígido y brutal azoteCon desacordado empujeSobre las espaldas crujeDel rey y del sacerdote.Ya nada existe que embote15El golpe ¡oh Dios! que nos hiere.¡Miserere!«Mas ¡ay! que en su audacia loca,También el orgullo humanoPone en los cielos su mano20Y á ti, Señor, te provoca.Mientras blasfeme su bocaNi paz ni ventura espere.¡Miserere!«No en la tormenta enemiga:25No en el insondable abismo:El mundo lleva en sí mismoEl rayo que le castiga.Sin compasión ni fatigaHoy nos mata; pero muere.30¡Miserere!«Grande y caudaloso río,Que corres precipitado,Ve que el nuestro se ha secado330Y tiene el cauce vacío.¡No prevalezca el impío,Ni la iniquidad prospere!¡Miserere!»Súbito, con sordo ruido5Cruje el Órgano y estalla,La luz se amortigua y callaEl concurso dolorido.Al disiparse el sonidoDel grave y solemne canto10Llega á su colmo el espantoDe las mudas calaveras,Y de sus órbitas huerasDesciende abundoso llanto.A medida que decrece15La luz misteriosa y vaga,Todo murmullo se apagaY el cuadro se desvanece.Con el alba que apareceLa procesión se evapora,20Y mientras la blanca auroraEsparce su lumbre escasa,A lo lejos silba y pasaLa rauda locomotora.Marcelino Menéndez y Pelayo(B. 1856)EN ROMA¡Y nada respetó la edad avara...25Ni regio pueblo, ni sagradas leyes!...En paz yacieron extranjeras greyesDo la voz del tribuno resonara.331No ya del triunfador por gloria raraSiguen el carro domeñados reyes,Ni de Clitumno los hermosos bueyesEn la pompa triunfal marchan al ara.Como nubes, cual sombras, como naves,5Pasaron ley, ejércitos, grandeza...Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina.Dime tú, ¡oh cruz! que sus destinos sabes:¿Será de Roma la futura altezaHumana gloria ó majestad divina?10ELEGÍA EN LA MUERTE DE UN AMIGO¿Por qué dicen, señora,Que es el dolor la tierra conquistadaPor el moderno reflexivo numen?¿No hay lágrimas de ardiente poësíaHasta en el polvo más menudo y leve15De los sagrados mármoles de Atenas?Hoy mismo, ¿quién podríaLlenar las soledades de tu alma,Con voz más empapada de consuelos,Que la solemne voz medio cristiana,20Présaga del dolor de otras edades,Con que Menandro repitió en la escena:«Joven sucumbe el que los dioses aman»?Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino,Nunca cual hoy profundo y lastimero!25No sé qué vaga nube,De futura tormenta anunciadora,Cubrió mi frente, al encontrar perdida,De un escoliasta en las insulsas hojas,Esa eterna razón de lo que muere30Antes de tiempo y sin razón cortado.332¿Te acuerdas? Otro díaLa vimos centellar con luz siniestraEn el campo purísimo y sombríoDel amador toscano de la nada,Que en versos no entendidos5Del vulgo vil, y á espíritus gentiles,Como el tuyo, señora, reservados,La secreta hermandad te descubríaDelamory lamuerte..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Y quizá soñarías10Aplausos, y victorias, y loores,Y el tronco de su estirpe,Por él con nuevas y pujantes ramasDe perenne verdor engalanado...¡Alégrate, señora,15Que aun fué mejor su venturosa suerte!Intacto lleva á Dios su pensamiento;No deja tras de sí recuerdo impuro,Y ni la envidia mismaPuede clavar en él la torpe lengua.20Blanco de ciega sañaNunca se vió, ni de traición aleve,Ni, rota el ara del amor primero,Halló trivial lo que juzgó divino...Acá le llorarán; allá en el cielo25Árbol será firmísimo y lozanoLo que era germen en la ingrata tierra.Yo le envidio más bien. ¡Qué hermosa muerte!¡Qué serena agonía,Cual sintiendo posarse30Los labios del arcángel en sus labios!333¡Morir, no en celda estrecha aprisionado,Sino á la luz del sol del Mediodía,Y sobre el mar, que ronco festejabaEl vuelo triunfador del alma regiaSubiendo libre al inmortal seguro!5¡Morir entre los besos de su madre,En paz con Dios y en paz con los humanos,Mientras tronaba desde rota nubeLa bendición de Dios sobre los mares!337GLOSARIOabedes, habéis.abino, aconteció, sucedió.absentes, ausentes.abtores, autores.actores, autores.adormir, adormecer.adverguada, albergada.afíncase, desea con ahínco.aflicion, aflicción.agora, ahora.ahao, ¡aho!al, otro, otra cosa.alaguëro, halagüeño.alfajas, alhajas.algunt, algún.algurismo, argumentación, raciocinio.alí, allí.alumbrada, crepúsculo (?).amargurados, amargados.amidos, de mala gana, por fuerza.andades, andáis.aniello, anillo.anparar, amparar.antoxa, antoja.ardid, osado, valeroso.asmar, pensar, juzgar.aspetto, aspecto.assechan, acechan.atal, tal.atan, tan.atanto, tanto.athesorastes, atesorasteis.avéys, habéis.aví’, había.avía, había, tenía.aviendo, habiendo.avissatnos, avisadnos.avrá, habrá, tendrá.ay, hay.baraja, pelea, contienda, confusión.(baratado), ir mal baratado, hacer mal negocio.barva punniente, barbiponiente.baxillas, vajillas.baxo, bajo.bayaes, vayáis.bedes, veis.bela, bella.berná, vendrá.bevir, vivir.blao, azul.blasmo, bálsamo.bolliçio, bullicio.brial, vestido de seda.c’, que.ca, que, porque.cabdal, caudal.cabelos, cabellos.cabo, fin, término.calabrina, hedor.338calentura, calor.callando, callado, callandico.camiaré, cambiaré.capiello, sombrero.captivo, cautivo.carbonco, carbunco, carbunclo.(caro), hacer caro, encarecer.cativo, cautivo, mísero.cavalero, caballero.cavalgante, caballero.çentura, cintura.çerca, cerca de.çertenidad, certeza.cevil, civil, bajo, humilde.cobrí, cubrí.comedio, medio, remedio.complido, cumplido, entero.complisyon, complexión.connoçer, conocer.conorta, consuela.conparado, comparado.conplimiento, cumplimiento, perfección.conplir, cumplir.contrallo, contrario.coral, corales.(costunbrado), bien c., bien criado, de buenos modales.c’ otro, que otro.criamiento, crianza.crueza, crudeza, crueldad.cualquer, cualquier.curedes, curéis, os inquietéis.curar de, interesarse en.cuytedes, acuitéis.charambela, instrumento músico.d’, de.dal, dale.dapnaçion, damnación, condenación.deal, divino.deçiplo, discípulo.dellas, de ellas.demandades, demandáis, buscáis.dende, de allí.denegrido, ennegrecido.dereyta, derecha.descanto, disonancia.desconortado, desconhortado, desconsolado.desora, deshora.después, después de.desque, desde que.deste, de este.desto, de esto.detardar, retardar.detardedes, detardéis.devría, debería.dexá, dexad.dexar, dejar.dezit, decid.dier, diere.dix, dije.dixe, dije.dixle, díjele.dixo, dijo.diz, dice.dizem, díceme.do, donde.do, doy.dobrado, doblado.donas, dones, regalos.doncela, doncella.donneo, donaire.e, y, é.egual, igual, par, perfilado.eguala, iguala, compara.egualdat, igualdad.ela, ella.elam, ella me.ell, el.339elle, él.ello, él.em, en.embiados, enviados.ementando, recordando.encomiença, comienza.ende, de allí;por ende, por eso.enojedes, enojéis.entros, entróse.enxiemplo, ejemplo.ermoso, hermoso.es, ese, este.es, está.escondedijo, escondidijo, escondrijo.escuchedes, escuchéis.escureça, obscuridad.escuro, oscuro.esfryado, resfriado, refrescado.esparta, disperse, esparza.estremuloso, trémulo.et, y.exebçion, excepción.exir, salir.eya, ea.fablar, hablar.fabrido, fabricado, labrado.fadar, decir los hados, destinar, indicar.fallaredes, hallaréis.fallençia, falencia.fallesçer, fallecer, faltar.fallimiento, falta.faz, hace.fazientes, hacientes.fediente, hediondo.fée, fe.fegura, figura.festino, presto, pronto.feyta, hecha.feziste, hiciste.ffallar, hallar.Fhilipo, Felipe.fiedes, fiéis.fijo, hijo.fin, fino.fiyestas, fiestas.fiz, hice.fizies, hiciese.flama, llama.foidor, huidor, el que huye.folgura, holgura, comodidad.foxa, hoja.foyría, huiría.frayre, fraile.frecha, flecha.fructas, frutas.fryda, fría.frydor, frío, frialdad.fuent, fuente.furtar, hurtar.gela, se la.gergenza, una piedra preciosa.gostará, gustará.grant, grande.habredes, habréis.hacerio, azar, desgracia.hé, fe.hé, tengo.hezistes, hicisteis.homne, hombre.hordenar, ordenar.i, allí.ielas, se las.imenso, inmenso.imperante, emperador.impunable, inexpugnable.inforismo, aforismo, sentencia.io, yo.340Johan, Juan.junniemos, juntámonos.labro, labio.laçerio, trabajo, desgracia.ladronçiellos, ladroncillos.laude, alabanza, elogio.lazrados, lacerados, míseros.leno, lleno.levar, llevar.levém, levantéme.lexos, lejos.leyer, leer.leystes, leisteis.libelo, escrito forense.lumbroso, luminoso, resplandeciente.luvas, guantes.lyso, lis.ll’, la.llotrarse, vestirse (?), alegrarse (?).m’, me.magnifestava, manifestaba.magnifiesto, manifiesto.maguer, aunque.malgranar, huerto de granados.man á mano, en seguida.manyera, manera.manzilla, piedad, compasión.Matheo, Mateo.meaja, meaja, miaja, migaja.mesaiero, mensajero.mescladizos, mezclados.mesmos, mismos.mesura, medida, manera.mesurado, medido.meto, temo.meu, mío, mi.Micer, mi señor, título antiguo aragonés.muito, mucho.nado, nacido.nin, ni.ningund, ningún, ninguno.ningunt, ningún.non, no.nonbre, nombre.nunqua, nunca.odí, oí.odrá, oirá.olíen, olían.ome, hombre.omne, hombre.onde, donde.oram, hora me.orior, oriol.ovi, hube, tuve.ovier, hubiera.oviera, hubiera.ovieron, hubieron.oviesse, hubiese, tuviese.ovo, hubo, tuvo.oy, hoy; a oy, hoy, ahora.oy, oye.oyredes, oiréis.(par) em par, uno con otro.paredes, paréis.paresçer, parecer.partí, quité.pedricado, predicado.pedricador, predicador.pedricando, predicando.Peidro, Pedro.perderedes, perderéis.perenal, perenne.periglo, peligro.perlado, prelado.341pestiellos, pestillos.peyor, peór.(plan), a plan, llanamente, seguramente.plática, práctica.plegadizos, allegadizos, arrimadizos.plegué, llegué.pleno, lleno.podades, podáis.podedes, podéis.poetría, poesía.polido, pulido.porende, por eso.prazer, placer.prelasía, prelacía.prender, tomar.priado, pronto.pris, tomé, cogí.privado, presto.probeça, pobreza.probedat, pobreza.proveza, pobreza.prys, tomé, cogí.pues, después que, desde que.punad, pugnad, procurad.(punniente), barva punniente, barbiponiente.pus, puse.q’, que.qu’, que.qual, cual.quán, cuán.quan, cuando.quant, cuando, pues.quánto, cuánto;quanto que, mientras que.quel, que el.quella, que ella.queque, desde que, así que.quere, quiere.queredes, queréis.queres, quieres.querrýes, querrías.ques, que (qué) es.qui, quien.quis, quise.quisieram, quisiera me.quisquiere, quienquiera, todo el mundo.raçion, limosna.recabdo, recaudo, recato.recurssa, recurre.repienden, arrepienten.repiso, arrepentido.replicaçion, réplica.reqüesta, ruego, demanda, petición.resçibe, recibe.rioaduchos, advenedizos, allegadizos.robí, rubí.rressuçetarýa, resucitaría.rreta, recta.rridientes, rientes.rrizio, recio.rroyente, roedor.s’, si.sabedes, sabéis.sabet, sabed.sabiençia, sapiencia.salgades, salgáis.seder, ser.seer, ser.segund, según.segunt, según.sempre, siempre;sempre que, siempre que.sen, sentido, seso.senyor, señor.342señor, señor, señora.serena, sirena.sey, sé.seyas, seas.seyt, sed.so, debajo, debajo de.so (só), soy.sobrel, sobre el.soes, sois.sofysmo, infiero, concluyo.sojudgar, sojuzgar.sol, sólo, aun.sopiera, supiera.sospirando, suspirando.sospiro, suspiro.sotar, saltar, bailar.sotil, sutil.spada, espada.sseyendo, siendo.sso, soy.ssotyl, sutil.’sta, esta.supiestes, supisteis.synple, simple.syntrýades, sentiríais.tall, tal.tenedes, tenéis.tenie, tenía.terné, tendré.tien, tiene.tiesta, cabeza.tocas’, tocasse,i.e., tocase.toliós, quitóse.toller, quitar.Tomaseio, Tomás.toste, pronto.traspasar, pasarse.traxeron, trajeron.tray, traía.traye, trae.trayo, traigo.tredentudo, tridente, de tres dientes.trevejo, burla, chanza, juego.trihunfo, triunfo.troco, trueco.troco(n.), trueque.truxeron, trajeron.truxo, trajo.turbança, turbación, molestia.tynazas, tenazas.uerto, huerto.ultra, más allá de, fuera de.uvo, hubo.veer, ver.vegada, vez.vengades, vengáis.verdat, verdad.veredes, veréis.vernás, vendrás.vertiós, vertióse.vestro, vuestro.veyer, ver.vide, ví.vidía, veía.vido, vió.vies, viese.viestes, visteis.vilano, villano.vos, os.xamet, jamete, tela de seda.xara, jara.xerga, jerga.yamás, jamás.yente, gente.ynplision, infección.yol, yo le.yt, id.yxia, salía.343

(1821–1889)

La luna se levantaTras las lejanas cúspides,30Y cual conciencia santaSerena está la atmósfera,Sereno el mar indómito,Sereno el cielo azul...¡Señor! cuando en la calma35Solemne del crepúsculoTe busca ansiosa el almaDe los mortales míseros,¡Qué desdichados fuéramosSi no existieras tú!40

La luna se levanta

Tras las lejanas cúspides,30

Y cual conciencia santa

Serena está la atmósfera,

Sereno el mar indómito,

Sereno el cielo azul...

¡Señor! cuando en la calma35

Solemne del crepúsculo

Te busca ansiosa el alma

De los mortales míseros,

¡Qué desdichados fuéramos

Si no existieras tú!40

Tengo yo un pajarilloQue el día pasaCantando entre las floresDe mi ventana;Y un canto alegre5A todo pasajeroDedica siempre.Tiene mi pajarilloSiempre armoníasPara alegrar el alma10Del que camina...¡Oh cielo santo,Por qué no harán los hombresLo que los pájaros!Cuando mi pajarillo15Cantos entona,Pasajeros ingratosCantos le arrojan:Mas no por esoNiega sus armonías20Al pasajero.Tiende las leves alas,Cruza las nubesY canta junto al cieloCon voz más dulce:25«Paz á los hombresY gloria al que en la alturaRige los orbes!»Y yo sigo el ejemploDel ave mansa30Que canta entre las flores309De mi ventana,Porque es sabidoQue poetas y pájarosSomos lo mismo.

Tengo yo un pajarillo

Que el día pasa

Cantando entre las flores

De mi ventana;

Y un canto alegre5

A todo pasajero

Dedica siempre.

Tiene mi pajarillo

Siempre armonías

Para alegrar el alma10

Del que camina...

¡Oh cielo santo,

Por qué no harán los hombres

Lo que los pájaros!

Cuando mi pajarillo15

Cantos entona,

Pasajeros ingratos

Cantos le arrojan:

Mas no por eso

Niega sus armonías20

Al pasajero.

Tiende las leves alas,

Cruza las nubes

Y canta junto al cielo

Con voz más dulce:25

«Paz á los hombres

Y gloria al que en la altura

Rige los orbes!»

Y yo sigo el ejemplo

Del ave mansa30

Que canta entre las flores

De mi ventana,

Porque es sabido

Que poetas y pájaros

Somos lo mismo.

Arboledas seculares,5Mansos ríos, claras fuentes,Auras puras, montes altos,Vallecitos siempre verdes,Casas blancas, torres negras,Mares agitados siempre,10Paz y alegría en las almas,Santo sudor en las frentes...Esto inspira mis cantaresY esto mi Cantabria tiene.Si me pierdo, que me busquen15Desde Higuer á Finisterre.

Arboledas seculares,5

Mansos ríos, claras fuentes,

Auras puras, montes altos,

Vallecitos siempre verdes,

Casas blancas, torres negras,

Mares agitados siempre,10

Paz y alegría en las almas,

Santo sudor en las frentes...

Esto inspira mis cantares

Y esto mi Cantabria tiene.

Si me pierdo, que me busquen15

Desde Higuer á Finisterre.

(1807–1865)

¡Ay, no vuelvas, Señor, tu rostro airadoA un pecador contrito!Ya abandoné, de lágrimas bañado,La senda del delito.20Y en ti, humilde, oh mi Dios, la vista clavoY me aterra tu ceño,Como fija sus ojos el esclavoEn la diestra del dueño.Que en dudas engolfado, hasta tu esfera25310Se alzó mi orgullo ciego,Y cayó aniquilado cual la ceraJunto al ardiente fuego.Si en profano laúd lanzó mi bocaTorpes himnos al viento,5Yo estrellaré, Señor, contra una rocaEl impuro instrumento.¡Levántate del polvo, arpa sagrada,Henchida de armonía!Y tú, por el perdón purificada,10Levántate, alma mía!Y yo también al despuntar la aurora,Y por el ancho mundo,Cantaré de la diestra vengadoraEl poder sin segundo.15.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

¡Ay, no vuelvas, Señor, tu rostro airado

A un pecador contrito!

Ya abandoné, de lágrimas bañado,

La senda del delito.20

Y en ti, humilde, oh mi Dios, la vista clavo

Y me aterra tu ceño,

Como fija sus ojos el esclavo

En la diestra del dueño.

Que en dudas engolfado, hasta tu esfera25

Se alzó mi orgullo ciego,

Y cayó aniquilado cual la cera

Junto al ardiente fuego.

Si en profano laúd lanzó mi boca

Torpes himnos al viento,5

Yo estrellaré, Señor, contra una roca

El impuro instrumento.

¡Levántate del polvo, arpa sagrada,

Henchida de armonía!

Y tú, por el perdón purificada,10

Levántate, alma mía!

Y yo también al despuntar la aurora,

Y por el ancho mundo,

Cantaré de la diestra vengadora

El poder sin segundo.15

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

(1781–1865)

(Imitación de Victor Hugo)

Va á rezar, hija mía. Ya es la horaDe la conciencia y del pensar profundo.Cesó el trabajo afanador, y al mundoLa sombra va á colgar su pabellón.Sacude el polvo el árbol del camino20Al soplo de la noche, y en el sueltoManto de la sutil neblina envueltoSe ve temblar el viejo torreón.¡Mira! Su ruedo de cambiante nácarEl Occidente más y más angosta;25311Y enciende sobre el cerro de la costaEl astro de la tarde su fanal.Para la pobre cena aderezadoBrilla el albergue rústico, y la tardaVuelta del labrador la esposa aguarda5Con su tierna familia en el umbral.Brota del seno de la azul esferaUno tras otro fúlgido diamante;Y ya apenas de un carro vacilanteSe oye á distancia el desigual rumor.10Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle,Y la iglesia, y la choza, y la alquería;Y á los destellos últimos del díaSe orienta en el desierto el viajador.Naturaleza toda gime; el viento15En la arboleda, el pájaro en el nido,Y la oveja en su trémulo balido,Y el arroyuelo en su correr fugaz.El día es para el mal y los afanes:¡Hé aquí la noche plácida y serena!20El hombre tras la cuita y la faenaQuiere descanso y oración y paz.Sonó en la torre la señal: los niñosConversan con espíritus alados;Y los ojos al cielo levantados25Invocan de rodillas al Señor.Las manos juntas y los pies desnudos,Fe en el pecho, alegría en el semblante,Con una misma voz, á un mismo instante,Al Padre Universal piden amor.30Y luego dormirán; y en leda tropaSobre la cuna volarán ensueños,Ensueños de oro, diáfanos, risueños.Visiones que imitar no osó el pincel,312Y ya sobre la tersa frente posan,Ya beben el aliento á las bermejasRosas, como lo chupan las abejasA la fresca azucena y al clavel.Como para dormirse, bajo el ala5Esconde su cabeza la avecilla,Tal la niñez en su oración sencillaAdormece su mente virginal.¡Oh dulce devoción, que reza y ríe!¡De natural piedad primer aviso!10¡Fragancia de la flor del paraíso!¡Preludio del concierto celestial!.   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Va á rezar, hija mía. Ya es la hora

De la conciencia y del pensar profundo.

Cesó el trabajo afanador, y al mundo

La sombra va á colgar su pabellón.

Sacude el polvo el árbol del camino20

Al soplo de la noche, y en el suelto

Manto de la sutil neblina envuelto

Se ve temblar el viejo torreón.

¡Mira! Su ruedo de cambiante nácar

El Occidente más y más angosta;25

Y enciende sobre el cerro de la costa

El astro de la tarde su fanal.

Para la pobre cena aderezado

Brilla el albergue rústico, y la tarda

Vuelta del labrador la esposa aguarda5

Con su tierna familia en el umbral.

Brota del seno de la azul esfera

Uno tras otro fúlgido diamante;

Y ya apenas de un carro vacilante

Se oye á distancia el desigual rumor.10

Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle,

Y la iglesia, y la choza, y la alquería;

Y á los destellos últimos del día

Se orienta en el desierto el viajador.

Naturaleza toda gime; el viento15

En la arboleda, el pájaro en el nido,

Y la oveja en su trémulo balido,

Y el arroyuelo en su correr fugaz.

El día es para el mal y los afanes:

¡Hé aquí la noche plácida y serena!20

El hombre tras la cuita y la faena

Quiere descanso y oración y paz.

Sonó en la torre la señal: los niños

Conversan con espíritus alados;

Y los ojos al cielo levantados25

Invocan de rodillas al Señor.

Las manos juntas y los pies desnudos,

Fe en el pecho, alegría en el semblante,

Con una misma voz, á un mismo instante,

Al Padre Universal piden amor.30

Y luego dormirán; y en leda tropa

Sobre la cuna volarán ensueños,

Ensueños de oro, diáfanos, risueños.

Visiones que imitar no osó el pincel,

Y ya sobre la tersa frente posan,

Ya beben el aliento á las bermejas

Rosas, como lo chupan las abejas

A la fresca azucena y al clavel.

Como para dormirse, bajo el ala5

Esconde su cabeza la avecilla,

Tal la niñez en su oración sencilla

Adormece su mente virginal.

¡Oh dulce devoción, que reza y ríe!

¡De natural piedad primer aviso!10

¡Fragancia de la flor del paraíso!

¡Preludio del concierto celestial!

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

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(1817–1901)

Si á mis sollozos les pregunto adóndeLa dura causa está de su aflicción,De un ¡ay! que ya pasó, la voz responde:15«De mi antiguo dolorrecuerdosson.»Y alguna vez, cual otras infelice,Que sollozo postrado en la inacción!De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice:«De mi dolorpresentimientosson.»20¡Ruda inquietud de la existencia impía!¿Dónde calma ha de hallar el corazón,Si hasta sollozos que lainerciacría,Presentimientos ó memoriasson?

Si á mis sollozos les pregunto adónde

La dura causa está de su aflicción,

De un ¡ay! que ya pasó, la voz responde:15

«De mi antiguo dolorrecuerdosson.»

Y alguna vez, cual otras infelice,

Que sollozo postrado en la inacción!

De otro ¡ay! que aun no llegó, la voz me dice:

«De mi dolorpresentimientosson.»20

¡Ruda inquietud de la existencia impía!

¿Dónde calma ha de hallar el corazón,

Si hasta sollozos que lainerciacría,

Presentimientos ó memoriasson?

Cuando de Virgilio en posFué el Dante al infierno á dar,Su conciencia, hija de Dios,Dejó á la puerta al entrar.Después que á salir volvió,5Su conciencia el Dante hallando,Con ella otra vez cargó,Mas dijo así suspirando:Del infierno en lo profundo,No ví tan atroz sentencia10Como es la de ir por el mundoCargado con la conciencia.

Cuando de Virgilio en pos

Fué el Dante al infierno á dar,

Su conciencia, hija de Dios,

Dejó á la puerta al entrar.

Después que á salir volvió,5

Su conciencia el Dante hallando,

Con ella otra vez cargó,

Mas dijo así suspirando:

Del infierno en lo profundo,

No ví tan atroz sentencia10

Como es la de ir por el mundo

Cargado con la conciencia.

I—Escribidme una carta, señor cura.—Ya sé para quién es.—¿Sabéis quién es, porque una noche obscura15Nos visteis juntos?—Pues.—Perdonad, mas...—No extraño ese tropiezo.La noche... la ocasión...Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:Mi querido Ramón:20—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...—Si no queréis...—¡Sí, sí!—¡Qué triste estoy!¿No es eso?—Por supuesto.—Qué triste estoy sin ti!314Una congoja, al empezar, me viene...—¿Cómo sabéis mi mal?...—Para un viejo, una niña siempre tieneEl pecho de cristal.¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.5¿Y contigo? Un edén.—Haced la letra clara, señor cura,Que lo entienda eso bien.—El beso aquel que de marchar á puntoTe dí...—¿Cómo sabéis?...10—Cuando se va y se viene y se está junto,Siempre... no os afrentéis.Y si volver tu afecto no procuraTanto me harás sufrir...—¿Sufrir y nada más? No, señor cura,15¡Que me voy á morir!—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...—Pues, sí, señor; ¡morir!—Yo no pongomorir.—¡Qué hombre de hielo!¡Quién supiera escribir!20II¡Señor Rector, señor Rector! En vanoMe queréis complacer,Si no encarnan los signos de la manoTodo el sér de mi sér.Escribidle, por Dios, que el alma mía25Ya en mí no quiere estar;Que la pena no me ahoga cada día...Porque puedo llorar.315Que mis labios, las rosas de su aliento,No se saben abrir;Que olvidan de la risa el movimientoA fuerza de sentir.Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,5Cargados con mi afán,Como no tienen quien se mire en ellos,Cerrados siempre están.Que es, de cuantos tormentos he sufrido,La ausencia el más atroz;10Que es un perpetuo sueño de mi oídoEl eco de su voz.Que siendo por su causa, ¡el alma míaGoza tanto en sufrir!...Dios mío, ¡cuantas cosas le diría15Si supiera escribir!...IIIEpílogo—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:A don Ramón... En fin,Que es inútil saber para esto arguyoNi el griego ni el latín.—20

I

—Escribidme una carta, señor cura.

—Ya sé para quién es.

—¿Sabéis quién es, porque una noche obscura15

Nos visteis juntos?—Pues.

—Perdonad, mas...—No extraño ese tropiezo.

La noche... la ocasión...

Dadme pluma y papel. Gracias. Empiezo:

Mi querido Ramón:20

—¿Querido?... Pero, en fin, ya lo habéis puesto...

—Si no queréis...—¡Sí, sí!

—¡Qué triste estoy!¿No es eso?—Por supuesto.

—Qué triste estoy sin ti!

Una congoja, al empezar, me viene...

—¿Cómo sabéis mi mal?...

—Para un viejo, una niña siempre tiene

El pecho de cristal.

¿Qué es sin ti el mundo? Un valle de amargura.5

¿Y contigo? Un edén.

—Haced la letra clara, señor cura,

Que lo entienda eso bien.

—El beso aquel que de marchar á punto

Te dí...—¿Cómo sabéis?...10

—Cuando se va y se viene y se está junto,

Siempre... no os afrentéis.

Y si volver tu afecto no procura

Tanto me harás sufrir...

—¿Sufrir y nada más? No, señor cura,15

¡Que me voy á morir!

—¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?...

—Pues, sí, señor; ¡morir!

—Yo no pongomorir.—¡Qué hombre de hielo!

¡Quién supiera escribir!20

II

¡Señor Rector, señor Rector! En vano

Me queréis complacer,

Si no encarnan los signos de la mano

Todo el sér de mi sér.

Escribidle, por Dios, que el alma mía25

Ya en mí no quiere estar;

Que la pena no me ahoga cada día...

Porque puedo llorar.

Que mis labios, las rosas de su aliento,

No se saben abrir;

Que olvidan de la risa el movimiento

A fuerza de sentir.

Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,5

Cargados con mi afán,

Como no tienen quien se mire en ellos,

Cerrados siempre están.

Que es, de cuantos tormentos he sufrido,

La ausencia el más atroz;10

Que es un perpetuo sueño de mi oído

El eco de su voz.

Que siendo por su causa, ¡el alma mía

Goza tanto en sufrir!...

Dios mío, ¡cuantas cosas le diría15

Si supiera escribir!...

III

Epílogo

—Pues señor, ¡bravo amor! Copio y concluyo:

A don Ramón... En fin,

Que es inútil saber para esto arguyo

Ni el griego ni el latín.—20

(A S.M. la Reina Doña Isabel II)

Más que la luz de la razón humana,Amo la oscuridad de mi deseo,Y más que la verdad de cuanto veo,Quiero el error de mi esperanza vana.316Tenéis razón, hermosa Soberana,Que no sé cuando dudo y cuando creo;Si hoy, comparado á mí, todo es ateo,Tal vez de todo dudaré mañana.Entre creer y dudar, mi alma indecisa,5Mientras pasa esta vida de quebranto,Que es eterna en dar fin, yendo de prisa,El dudar y creer confunde tanto,Que unas veces mi llanto acaba en risa,Y otras veces mi risa acaba en llanto.10

Más que la luz de la razón humana,

Amo la oscuridad de mi deseo,

Y más que la verdad de cuanto veo,

Quiero el error de mi esperanza vana.

Tenéis razón, hermosa Soberana,

Que no sé cuando dudo y cuando creo;

Si hoy, comparado á mí, todo es ateo,

Tal vez de todo dudaré mañana.

Entre creer y dudar, mi alma indecisa,5

Mientras pasa esta vida de quebranto,

Que es eterna en dar fin, yendo de prisa,

El dudar y creer confunde tanto,

Que unas veces mi llanto acaba en risa,

Y otras veces mi risa acaba en llanto.10

¡Genio infeliz! en su primer momentoA su amiga la muerte le decía:—«Dame la nada, esa región vacíaEn que no hay ni placer ni sufrimiento.Donde se halla la vida está el tormento.15Dame paz en la nada—repetía,—Y mata con el cuerpo el alma mía,Esta amarga raíz del pensamiento.»Al oirle implorar de esta maneraConsolando al filósofo afligido,20La muerte le responde:—«Espera, espera;Que en paga de lo bien que me has querido,Mañana te daré la muerte enteraY volverás al sér del que no ha sido.»

¡Genio infeliz! en su primer momento

A su amiga la muerte le decía:

—«Dame la nada, esa región vacía

En que no hay ni placer ni sufrimiento.

Donde se halla la vida está el tormento.15

Dame paz en la nada—repetía,—

Y mata con el cuerpo el alma mía,

Esta amarga raíz del pensamiento.»

Al oirle implorar de esta manera

Consolando al filósofo afligido,20

La muerte le responde:—«Espera, espera;

Que en paga de lo bien que me has querido,

Mañana te daré la muerte entera

Y volverás al sér del que no ha sido.»

Uno altivo, otro sin ley,25Así dos hablando están:—Yo soy Alejandro el rey.—Y yo Diógenes el can.317—Vengo á hacerte más honradaTu vida de caracol.¿Qué quieres de mí?—Yo, nada;Que no me quites el sol.—Mi poder...—Es asombroso,5Pero á mí nada me asombra.—Yo puedo hacerte dichoso.—Lo sé, no haciéndome sombra.—Tendrás riquezas sin tasa,Un palacio y un dosel.10—¿Y para qué quiero casaMás grande que este tonel?—Mantos reales gastarásDe oro y seda.—¡Nada, nada!¿No ves que me abriga más15Esta capa remendada?—Ricos manjares devoro.—Yo con pan duro me allano.—Bebo el Chipre en copas de oro.—Yo bebo el agua en la mano.20—Mandaré cuanto tú mandes.—¡Vanidad de cosas vanas!¿Y á unas miserias tan grandesLas llamáis dichas humanas?—Mi poder á cuantos gimen,25Va con gloria á socorrer.—¡La gloria, capa del crimen;Crimen sin capa ¡el poder!318—Toda la tierra iracundoTengo postrada ante mí.—¿Y eres el dueño del mundo,No siendo dueño de ti?—Yo sé que, del orbe dueño,5Seré del mundo el dichoso.—Yo sé que tu último sueñoSerá tu primer reposo.—Yo impongo á mi arbitrio leyes.—¿Tanto de injusto blasonas?10—Llevo vencidos cien reyes.—¡Buen bandido de coronas!—Vivir podré aborrecido,Mas no moriré olvidado.—Viviré desconocido,15Mas nunca moriré odiado.—¡Adiós! pues romper no puedoDe tu cinismo el crisol.—¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,Pues no me quitas el sol!—20Y al partir con mutuo agravio,Uno altivo, otro implacable,—¡Miserable! dice el sabio;Y el Rey dice:—¡Miserable!

Uno altivo, otro sin ley,25

Así dos hablando están:

—Yo soy Alejandro el rey.

—Y yo Diógenes el can.

—Vengo á hacerte más honrada

Tu vida de caracol.

¿Qué quieres de mí?—Yo, nada;

Que no me quites el sol.

—Mi poder...—Es asombroso,5

Pero á mí nada me asombra.

—Yo puedo hacerte dichoso.

—Lo sé, no haciéndome sombra.

—Tendrás riquezas sin tasa,

Un palacio y un dosel.10

—¿Y para qué quiero casa

Más grande que este tonel?

—Mantos reales gastarás

De oro y seda.—¡Nada, nada!

¿No ves que me abriga más15

Esta capa remendada?

—Ricos manjares devoro.

—Yo con pan duro me allano.

—Bebo el Chipre en copas de oro.

—Yo bebo el agua en la mano.20

—Mandaré cuanto tú mandes.

—¡Vanidad de cosas vanas!

¿Y á unas miserias tan grandes

Las llamáis dichas humanas?

—Mi poder á cuantos gimen,25

Va con gloria á socorrer.

—¡La gloria, capa del crimen;

Crimen sin capa ¡el poder!

—Toda la tierra iracundo

Tengo postrada ante mí.

—¿Y eres el dueño del mundo,

No siendo dueño de ti?

—Yo sé que, del orbe dueño,5

Seré del mundo el dichoso.

—Yo sé que tu último sueño

Será tu primer reposo.

—Yo impongo á mi arbitrio leyes.

—¿Tanto de injusto blasonas?10

—Llevo vencidos cien reyes.

—¡Buen bandido de coronas!

—Vivir podré aborrecido,

Mas no moriré olvidado.

—Viviré desconocido,15

Mas nunca moriré odiado.

—¡Adiós! pues romper no puedo

De tu cinismo el crisol.

—¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,

Pues no me quitas el sol!—20

Y al partir con mutuo agravio,

Uno altivo, otro implacable,

—¡Miserable! dice el sabio;

Y el Rey dice:—¡Miserable!

«¡Cuán honda, oh cielos, será!,»25Dije, mi tumba mirando,Que va tragando, tragando,Cuanto nació y nacerá.319Y huyendo del vil rincónDonde al fin seré arrojado,Los ojos metí espantadoDentro de mi corazón.Mas cuando dentro miré,5Mis ojos en él no hallaronNi un sér de los que me amaron,Ni un sér de los que yo amé.Si no hallo aquí una ilusión,Y allí sólo hallo el vacío,10¿Cuál es más hondo, Dios mío,Mi tumba, ó mi corazón?...

«¡Cuán honda, oh cielos, será!,»25

Dije, mi tumba mirando,

Que va tragando, tragando,

Cuanto nació y nacerá.

Y huyendo del vil rincón

Donde al fin seré arrojado,

Los ojos metí espantado

Dentro de mi corazón.

Mas cuando dentro miré,5

Mis ojos en él no hallaron

Ni un sér de los que me amaron,

Ni un sér de los que yo amé.

Si no hallo aquí una ilusión,

Y allí sólo hallo el vacío,10

¿Cuál es más hondo, Dios mío,

Mi tumba, ó mi corazón?...

(B. 1827)

Es ya tarde: bate el sueñoSobre la ciudad sus alas,En el silencio sus galas15Muestra la noche gentil;Abren su seno las floresAl rocío transparente,Y se respira el ambientePerfumado del abril.20En Nápoles, en las nochesDe primaveras serenas,Vierte por todas sus venasNaturaleza su amor;Y es el silencio armonía,25Bálsamo el aire, las floresNinfas, las sombras colores,Y los claros resplandor.320Y todo vago, indeciso,Dulcemente se confunde,Y melancolía infundeTan süave al corazón,Que en la atmósfera mecido5De sus sueños se recrea,Gira y corre distraídoDe ilusión en ilusión.No va el silfo más ligeroEn un rayo de la luna;10Ya acaricia lisonjeroCon sus besos una flor;Ya en la límpida lagunaForma un rïel de topacio,Ya perdido en el espacio15Se disipa cual vapor.

Es ya tarde: bate el sueño

Sobre la ciudad sus alas,

En el silencio sus galas15

Muestra la noche gentil;

Abren su seno las flores

Al rocío transparente,

Y se respira el ambiente

Perfumado del abril.20

En Nápoles, en las noches

De primaveras serenas,

Vierte por todas sus venas

Naturaleza su amor;

Y es el silencio armonía,25

Bálsamo el aire, las flores

Ninfas, las sombras colores,

Y los claros resplandor.

Y todo vago, indeciso,

Dulcemente se confunde,

Y melancolía infunde

Tan süave al corazón,

Que en la atmósfera mecido5

De sus sueños se recrea,

Gira y corre distraído

De ilusión en ilusión.

No va el silfo más ligero

En un rayo de la luna;10

Ya acaricia lisonjero

Con sus besos una flor;

Ya en la límpida laguna

Forma un rïel de topacio,

Ya perdido en el espacio15

Se disipa cual vapor.

De la inclinada fuenteEn copioso raudal brotaste pura,Alma luz refulgente;Entonces con ternura20Latió fecundo el seno de natura..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Tú eres la luz, la vida,La inteligencia, el fuego, el movimiento;Tú la llama escondidaQue da al sol alimento,25Y armonioso vigor al firmamento..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Con vivífico alientoVirtud prestaste á la materia inerte,321La fuerza y movimiento,Que en sus átomos vierteAl sacarlos del seno de la muerte.Y la forma elevadaMisteriosa del hombre creaste luego;5A su mente sagradaDiste noble sosiego,A sus ojos el brillo de tu fuego.Levantaste su frente,Hermoso asiento de tu lumbre viva,10Hacia el cielo eminente,Do á su mirada altivaNi de tu sér la oscuridad se esquiva.Cuanto existe en la tierra,De oro y fango, de bálsamo y veneno,15Cuanta virtud encierraEn su fecundo senoEl éter infinito, de astros lleno,Diste con armonía,Breve mundo, del hombre á la existencia;20Como en oriente el díaBrotó la inteligencia,De su completo ser oculta esencia.La pompa de los mundos,Todo sér, toda vida en ella vive;25Los ámbitos profundosDel cielo en sí recibe,Y de su inmensidad los circunscribe.322Su perfume derramaLa flor, el ave canta, el mar resuena;Cuanto aborrece y ama,Todo deleite y penaEstá en el alma, y los espacios llena.5Su luz el astro envía,Y tarda siglos en cumplir su anhelo;No acaba su porfía,No hiere el mortal velo,Mas en el alma está como en el cielo.10¿Qué habrá que satisfagaAl sér amante en la creación entera?¿De qué beldad se pagaSi por alta maneraTodo en el alma está como en su esfera?15¿A qué este amor intenso?¿Qué ignoto sér la voluntad adora?¿Dónde el objeto inmenso,La fuerza vencedoraQue domina al amor que le devora?20.   .   .   .   .   .   .   .   .   .El alma es consonanciaDe todo lo creado, y sus amoresSon la luz, la fraganciaDe estrellas y de flores,¿Quién detiene perfumes y fulgores?25.   .   .   .   .   .   .   .   .   .La bien templada liraDe cada cuerda exhala melodiosa323Distinto son, y admiraDe la máquina hermosaDando el conjunto música armoniosa.Enemigas y fierasPotencias une al mismo fin el hado;5Así de las esferasEl giro arrebatadoDa un concierto sublime y alternado..   .   .   .   .   .   .   .   .   .

De la inclinada fuente

En copioso raudal brotaste pura,

Alma luz refulgente;

Entonces con ternura20

Latió fecundo el seno de natura.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Tú eres la luz, la vida,

La inteligencia, el fuego, el movimiento;

Tú la llama escondida

Que da al sol alimento,25

Y armonioso vigor al firmamento.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Con vivífico aliento

Virtud prestaste á la materia inerte,

La fuerza y movimiento,

Que en sus átomos vierte

Al sacarlos del seno de la muerte.

Y la forma elevada

Misteriosa del hombre creaste luego;5

A su mente sagrada

Diste noble sosiego,

A sus ojos el brillo de tu fuego.

Levantaste su frente,

Hermoso asiento de tu lumbre viva,10

Hacia el cielo eminente,

Do á su mirada altiva

Ni de tu sér la oscuridad se esquiva.

Cuanto existe en la tierra,

De oro y fango, de bálsamo y veneno,15

Cuanta virtud encierra

En su fecundo seno

El éter infinito, de astros lleno,

Diste con armonía,

Breve mundo, del hombre á la existencia;20

Como en oriente el día

Brotó la inteligencia,

De su completo ser oculta esencia.

La pompa de los mundos,

Todo sér, toda vida en ella vive;25

Los ámbitos profundos

Del cielo en sí recibe,

Y de su inmensidad los circunscribe.

Su perfume derrama

La flor, el ave canta, el mar resuena;

Cuanto aborrece y ama,

Todo deleite y pena

Está en el alma, y los espacios llena.5

Su luz el astro envía,

Y tarda siglos en cumplir su anhelo;

No acaba su porfía,

No hiere el mortal velo,

Mas en el alma está como en el cielo.10

¿Qué habrá que satisfaga

Al sér amante en la creación entera?

¿De qué beldad se paga

Si por alta manera

Todo en el alma está como en su esfera?15

¿A qué este amor intenso?

¿Qué ignoto sér la voluntad adora?

¿Dónde el objeto inmenso,

La fuerza vencedora

Que domina al amor que le devora?20

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

El alma es consonancia

De todo lo creado, y sus amores

Son la luz, la fragancia

De estrellas y de flores,

¿Quién detiene perfumes y fulgores?25

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

La bien templada lira

De cada cuerda exhala melodiosa

Distinto son, y admira

De la máquina hermosa

Dando el conjunto música armoniosa.

Enemigas y fieras

Potencias une al mismo fin el hado;5

Así de las esferas

El giro arrebatado

Da un concierto sublime y alternado.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

(B. 1834)

¿Por qué los corazones miserables,Por qué las almas viles,10En los fieros combates de la vidaNi luchan ni resisten?El espíritu humano es más constanteCuanto más se levanta:Diós puso el fango en la llanura, y puso15La roca en la montaña.La blanca nieve que en los hondos vallesDerrítese ligera,En las altivas cumbres permaneceInmutable y eterna.20

¿Por qué los corazones miserables,

Por qué las almas viles,10

En los fieros combates de la vida

Ni luchan ni resisten?

El espíritu humano es más constante

Cuanto más se levanta:

Diós puso el fango en la llanura, y puso15

La roca en la montaña.

La blanca nieve que en los hondos valles

Derrítese ligera,

En las altivas cumbres permanece

Inmutable y eterna.20

Roto el respeto, la obediencia rota,De Dios y de la ley perdido el freno,Vas marchando entre lágrimas y cieno,Y aire de tempestad tu rostro azota.Ni causa oculta, ni razón ignota5Busques al mal que te devora el seno;Tu iniquidad, como sutil veneno,Las fuerzas de tus músculos agota.No esperes en revuelta sacudidaAlcanzar el remedio por tu mano10¡Oh sociedad rebelde y corrompida!Perseguirás la libertad en vano,Que cuando un pueblo la virtud olvida,Lleva en sus propios vicios su tirano.

Roto el respeto, la obediencia rota,

De Dios y de la ley perdido el freno,

Vas marchando entre lágrimas y cieno,

Y aire de tempestad tu rostro azota.

Ni causa oculta, ni razón ignota5

Busques al mal que te devora el seno;

Tu iniquidad, como sutil veneno,

Las fuerzas de tus músculos agota.

No esperes en revuelta sacudida

Alcanzar el remedio por tu mano10

¡Oh sociedad rebelde y corrompida!

Perseguirás la libertad en vano,

Que cuando un pueblo la virtud olvida,

Lleva en sus propios vicios su tirano.

Es de noche: el monasterio15Que alzó Felipe SegundoPara admiración del mundoY ostentación de su imperio,Yace envuelto en el misterioY en las tinieblas sumido.20De nuestro poder, ya hundido,Último resto glorioso,Parece que está el colosoAl pie del monte, rendido.El viento del Guadarrama25Deja sus antros obscuros,Y estrellándose en los murosDel templo, se agita y brama.Fugaz y rojiza llamaSurca el ancho firmamento,30325Y á veces, como un lamento,Resuena el lúgubre sonCon que llama á la oraciónLa campana del convento.La iglesia, triste y sombría,5En honda calma reposa,Tan helada y silenciosaComo una tumba vacía.Colgada lámpara envíaSu incierta luz á lo lejos,10Y á sus trémulos reflejosLlegan, huyen, se levantanEsas mil sombras que espantanA los niños y á los viejos.De pronto, claro y distinto,15La regia cripta conmueveRuido extraño, que aunque leve,Llena el mortuorio recinto.Es que el César Carlos Quinto,Con mano firme y segura20Entreabre su sepultura,Y haciendo una horrible mueca,Su faz carcomida y secaAsoma por la hendidura.Golpea su descarnada25Frente con tenaz empeño,Como quien sale de un sueñoSin acordarse de nada.Recorre con su miradaAquel lugar solitario,30Alza el mármol funerario,Y arrebatado y resueltoSalta del sepulcro, envueltoEn su andrajoso sudario.326«¡Hola!» grita en son de guerraCon aquella voz concisa,Que oyó en el siglo, sumisaY amedrentada la tierra.«¡Volcad la losa que os cierra!5Vástagos de imperial rama,Varones que honráis la fama,Antiguas y excelsas glorias,De vuestras urnas mortuoriasSalid, que el César os llama.»10Contestando á estos conjuros,Un clamor confuso y hondoParece brotar del fondo,De aquellos mármoles duros.Surgen vapores impuros15De los sepulcros ya abiertos:La serie de reyes muertosDespués á salir empieza,Y es de notar la tristeza,El gesto despavorido20De los que han envilecidoLa corona en su cabeza.Grave, solemne, pausado,Se alza Felipe Segundo,En su lucha con el mundo25Vencido, mas no domado.Su hijo se despierta al lado,Y destrás del rey devoto,Aquel que humillado y rotoVió desmoronarse á España,30Cual granítica montañaA impulsos del terremoto.Luego el monarca enfermizo,De infausta y negra memoria,327En cuya Edad nuestra gloria,Como nieve se dishizo.Bajo el poder de su hechizoSe estremece todavía.¡Ay, qué terrible armonía,5Qué obscuro enlace se notaEntre aquel mísero idiotaY su exhausta monarquía!Con terrífica sorpresaY en silencioso concierto,10Todos los reyes que han muertoVan saliendo de su huesa.La ya apagada pavesaCobra los vitales bríos,Y se aglomeran sombríos15Aquellos yertos despojos,Aquellas cuencas sin ojos,Aquellos cráneos vacíos.De los monarcas en pos,Respondiendo al llamamiento,20Cual si llegara el momentoDel santo juicio de Dios,Acuden de dos en dosPor claustros y corredores,Príncipes, grandes señores,25Prelados, frailes, guerreros,Favoritos, consejeros,Teólogos é inquisidores..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Por mandato soberanoDe Carlos, que el cetro ostenta,30Llega al órgano y se sientaUn viejo esqueleto humano.328La seca y huesosa manoEn el gran teclado imprime,Y la música sublime,Que á inmensos raudales brota,Parece que en cada nota5Reza y llora, canta y gime.Uniendo al acorde santoSu voz, los muertos despojosCaen ante el ara de hinojosY á Dios elevan su canto.10Honda expresión del quebranto,Aquel eco de la tumbaCrece, se dilata, zumba,Y al paso que va creciendo,Resuena con el estruendo15De un mundo que se derrumba:«Fuimos las ondas de un ríoCaudaloso y desbordado.Hoy la fuente se ha secado,Hoy el cauce está vacío.20Ya ¡oh Dios! nuestro poderíoSe extingue, se apaga y muere.¡Miserere!«¡Maldito, maldito seaAquel portentoso invento25Que dió vida al pensamientoY alas de luz á la idea!El verbo animado ondeaY como el rayo nos hiere.¡Miserere!30«¡Maldito el hilo fecundoQue á los pueblos eslabona,Y busca, y cuenta, y pregonaLas pulsaciones del mundo!329Ya en el silencio profundoNinguna injusticia muere.¡Miserere!«Ya no vive cada razaEn solitario destierro,5Ya con vínculo de hierroLa humana especie se enlaza.Ya el aislamiento rechaza:Ya la libertad prefiere.¡Miserere!10«Rígido y brutal azoteCon desacordado empujeSobre las espaldas crujeDel rey y del sacerdote.Ya nada existe que embote15El golpe ¡oh Dios! que nos hiere.¡Miserere!«Mas ¡ay! que en su audacia loca,También el orgullo humanoPone en los cielos su mano20Y á ti, Señor, te provoca.Mientras blasfeme su bocaNi paz ni ventura espere.¡Miserere!«No en la tormenta enemiga:25No en el insondable abismo:El mundo lleva en sí mismoEl rayo que le castiga.Sin compasión ni fatigaHoy nos mata; pero muere.30¡Miserere!«Grande y caudaloso río,Que corres precipitado,Ve que el nuestro se ha secado330Y tiene el cauce vacío.¡No prevalezca el impío,Ni la iniquidad prospere!¡Miserere!»Súbito, con sordo ruido5Cruje el Órgano y estalla,La luz se amortigua y callaEl concurso dolorido.Al disiparse el sonidoDel grave y solemne canto10Llega á su colmo el espantoDe las mudas calaveras,Y de sus órbitas huerasDesciende abundoso llanto.A medida que decrece15La luz misteriosa y vaga,Todo murmullo se apagaY el cuadro se desvanece.Con el alba que apareceLa procesión se evapora,20Y mientras la blanca auroraEsparce su lumbre escasa,A lo lejos silba y pasaLa rauda locomotora.

Es de noche: el monasterio15

Que alzó Felipe Segundo

Para admiración del mundo

Y ostentación de su imperio,

Yace envuelto en el misterio

Y en las tinieblas sumido.20

De nuestro poder, ya hundido,

Último resto glorioso,

Parece que está el coloso

Al pie del monte, rendido.

El viento del Guadarrama25

Deja sus antros obscuros,

Y estrellándose en los muros

Del templo, se agita y brama.

Fugaz y rojiza llama

Surca el ancho firmamento,30

Y á veces, como un lamento,

Resuena el lúgubre son

Con que llama á la oración

La campana del convento.

La iglesia, triste y sombría,5

En honda calma reposa,

Tan helada y silenciosa

Como una tumba vacía.

Colgada lámpara envía

Su incierta luz á lo lejos,10

Y á sus trémulos reflejos

Llegan, huyen, se levantan

Esas mil sombras que espantan

A los niños y á los viejos.

De pronto, claro y distinto,15

La regia cripta conmueve

Ruido extraño, que aunque leve,

Llena el mortuorio recinto.

Es que el César Carlos Quinto,

Con mano firme y segura20

Entreabre su sepultura,

Y haciendo una horrible mueca,

Su faz carcomida y seca

Asoma por la hendidura.

Golpea su descarnada25

Frente con tenaz empeño,

Como quien sale de un sueño

Sin acordarse de nada.

Recorre con su mirada

Aquel lugar solitario,30

Alza el mármol funerario,

Y arrebatado y resuelto

Salta del sepulcro, envuelto

En su andrajoso sudario.

«¡Hola!» grita en son de guerra

Con aquella voz concisa,

Que oyó en el siglo, sumisa

Y amedrentada la tierra.

«¡Volcad la losa que os cierra!5

Vástagos de imperial rama,

Varones que honráis la fama,

Antiguas y excelsas glorias,

De vuestras urnas mortuorias

Salid, que el César os llama.»10

Contestando á estos conjuros,

Un clamor confuso y hondo

Parece brotar del fondo,

De aquellos mármoles duros.

Surgen vapores impuros15

De los sepulcros ya abiertos:

La serie de reyes muertos

Después á salir empieza,

Y es de notar la tristeza,

El gesto despavorido20

De los que han envilecido

La corona en su cabeza.

Grave, solemne, pausado,

Se alza Felipe Segundo,

En su lucha con el mundo25

Vencido, mas no domado.

Su hijo se despierta al lado,

Y destrás del rey devoto,

Aquel que humillado y roto

Vió desmoronarse á España,30

Cual granítica montaña

A impulsos del terremoto.

Luego el monarca enfermizo,

De infausta y negra memoria,

En cuya Edad nuestra gloria,

Como nieve se dishizo.

Bajo el poder de su hechizo

Se estremece todavía.

¡Ay, qué terrible armonía,5

Qué obscuro enlace se nota

Entre aquel mísero idiota

Y su exhausta monarquía!

Con terrífica sorpresa

Y en silencioso concierto,10

Todos los reyes que han muerto

Van saliendo de su huesa.

La ya apagada pavesa

Cobra los vitales bríos,

Y se aglomeran sombríos15

Aquellos yertos despojos,

Aquellas cuencas sin ojos,

Aquellos cráneos vacíos.

De los monarcas en pos,

Respondiendo al llamamiento,20

Cual si llegara el momento

Del santo juicio de Dios,

Acuden de dos en dos

Por claustros y corredores,

Príncipes, grandes señores,25

Prelados, frailes, guerreros,

Favoritos, consejeros,

Teólogos é inquisidores.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Por mandato soberano

De Carlos, que el cetro ostenta,30

Llega al órgano y se sienta

Un viejo esqueleto humano.

La seca y huesosa mano

En el gran teclado imprime,

Y la música sublime,

Que á inmensos raudales brota,

Parece que en cada nota5

Reza y llora, canta y gime.

Uniendo al acorde santo

Su voz, los muertos despojos

Caen ante el ara de hinojos

Y á Dios elevan su canto.10

Honda expresión del quebranto,

Aquel eco de la tumba

Crece, se dilata, zumba,

Y al paso que va creciendo,

Resuena con el estruendo15

De un mundo que se derrumba:

«Fuimos las ondas de un río

Caudaloso y desbordado.

Hoy la fuente se ha secado,

Hoy el cauce está vacío.20

Ya ¡oh Dios! nuestro poderío

Se extingue, se apaga y muere.

¡Miserere!

«¡Maldito, maldito sea

Aquel portentoso invento25

Que dió vida al pensamiento

Y alas de luz á la idea!

El verbo animado ondea

Y como el rayo nos hiere.

¡Miserere!30

«¡Maldito el hilo fecundo

Que á los pueblos eslabona,

Y busca, y cuenta, y pregona

Las pulsaciones del mundo!

Ya en el silencio profundo

Ninguna injusticia muere.

¡Miserere!

«Ya no vive cada raza

En solitario destierro,5

Ya con vínculo de hierro

La humana especie se enlaza.

Ya el aislamiento rechaza:

Ya la libertad prefiere.

¡Miserere!10

«Rígido y brutal azote

Con desacordado empuje

Sobre las espaldas cruje

Del rey y del sacerdote.

Ya nada existe que embote15

El golpe ¡oh Dios! que nos hiere.

¡Miserere!

«Mas ¡ay! que en su audacia loca,

También el orgullo humano

Pone en los cielos su mano20

Y á ti, Señor, te provoca.

Mientras blasfeme su boca

Ni paz ni ventura espere.

¡Miserere!

«No en la tormenta enemiga:25

No en el insondable abismo:

El mundo lleva en sí mismo

El rayo que le castiga.

Sin compasión ni fatiga

Hoy nos mata; pero muere.30

¡Miserere!

«Grande y caudaloso río,

Que corres precipitado,

Ve que el nuestro se ha secado

Y tiene el cauce vacío.

¡No prevalezca el impío,

Ni la iniquidad prospere!

¡Miserere!»

Súbito, con sordo ruido5

Cruje el Órgano y estalla,

La luz se amortigua y calla

El concurso dolorido.

Al disiparse el sonido

Del grave y solemne canto10

Llega á su colmo el espanto

De las mudas calaveras,

Y de sus órbitas hueras

Desciende abundoso llanto.

A medida que decrece15

La luz misteriosa y vaga,

Todo murmullo se apaga

Y el cuadro se desvanece.

Con el alba que aparece

La procesión se evapora,20

Y mientras la blanca aurora

Esparce su lumbre escasa,

A lo lejos silba y pasa

La rauda locomotora.

(B. 1856)

¡Y nada respetó la edad avara...25Ni regio pueblo, ni sagradas leyes!...En paz yacieron extranjeras greyesDo la voz del tribuno resonara.331No ya del triunfador por gloria raraSiguen el carro domeñados reyes,Ni de Clitumno los hermosos bueyesEn la pompa triunfal marchan al ara.Como nubes, cual sombras, como naves,5Pasaron ley, ejércitos, grandeza...Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina.Dime tú, ¡oh cruz! que sus destinos sabes:¿Será de Roma la futura altezaHumana gloria ó majestad divina?10

¡Y nada respetó la edad avara...25

Ni regio pueblo, ni sagradas leyes!...

En paz yacieron extranjeras greyes

Do la voz del tribuno resonara.

No ya del triunfador por gloria rara

Siguen el carro domeñados reyes,

Ni de Clitumno los hermosos bueyes

En la pompa triunfal marchan al ara.

Como nubes, cual sombras, como naves,5

Pasaron ley, ejércitos, grandeza...

Sólo una cruz se alzó sobre tal ruina.

Dime tú, ¡oh cruz! que sus destinos sabes:

¿Será de Roma la futura alteza

Humana gloria ó majestad divina?10

¿Por qué dicen, señora,Que es el dolor la tierra conquistadaPor el moderno reflexivo numen?¿No hay lágrimas de ardiente poësíaHasta en el polvo más menudo y leve15De los sagrados mármoles de Atenas?Hoy mismo, ¿quién podríaLlenar las soledades de tu alma,Con voz más empapada de consuelos,Que la solemne voz medio cristiana,20Présaga del dolor de otras edades,Con que Menandro repitió en la escena:«Joven sucumbe el que los dioses aman»?Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino,Nunca cual hoy profundo y lastimero!25No sé qué vaga nube,De futura tormenta anunciadora,Cubrió mi frente, al encontrar perdida,De un escoliasta en las insulsas hojas,Esa eterna razón de lo que muere30Antes de tiempo y sin razón cortado.332¿Te acuerdas? Otro díaLa vimos centellar con luz siniestraEn el campo purísimo y sombríoDel amador toscano de la nada,Que en versos no entendidos5Del vulgo vil, y á espíritus gentiles,Como el tuyo, señora, reservados,La secreta hermandad te descubríaDelamory lamuerte..   .   .   .   .   .   .   .   .   ..   .   .   .   .   .   .   .   .   .Y quizá soñarías10Aplausos, y victorias, y loores,Y el tronco de su estirpe,Por él con nuevas y pujantes ramasDe perenne verdor engalanado...¡Alégrate, señora,15Que aun fué mejor su venturosa suerte!Intacto lleva á Dios su pensamiento;No deja tras de sí recuerdo impuro,Y ni la envidia mismaPuede clavar en él la torpe lengua.20Blanco de ciega sañaNunca se vió, ni de traición aleve,Ni, rota el ara del amor primero,Halló trivial lo que juzgó divino...Acá le llorarán; allá en el cielo25Árbol será firmísimo y lozanoLo que era germen en la ingrata tierra.Yo le envidio más bien. ¡Qué hermosa muerte!¡Qué serena agonía,Cual sintiendo posarse30Los labios del arcángel en sus labios!333¡Morir, no en celda estrecha aprisionado,Sino á la luz del sol del Mediodía,Y sobre el mar, que ronco festejabaEl vuelo triunfador del alma regiaSubiendo libre al inmortal seguro!5¡Morir entre los besos de su madre,En paz con Dios y en paz con los humanos,Mientras tronaba desde rota nubeLa bendición de Dios sobre los mares!

¿Por qué dicen, señora,

Que es el dolor la tierra conquistada

Por el moderno reflexivo numen?

¿No hay lágrimas de ardiente poësía

Hasta en el polvo más menudo y leve15

De los sagrados mármoles de Atenas?

Hoy mismo, ¿quién podría

Llenar las soledades de tu alma,

Con voz más empapada de consuelos,

Que la solemne voz medio cristiana,20

Présaga del dolor de otras edades,

Con que Menandro repitió en la escena:

«Joven sucumbe el que los dioses aman»?

Le amaron... sucumbió... ¡Triste destino,

Nunca cual hoy profundo y lastimero!25

No sé qué vaga nube,

De futura tormenta anunciadora,

Cubrió mi frente, al encontrar perdida,

De un escoliasta en las insulsas hojas,

Esa eterna razón de lo que muere30

Antes de tiempo y sin razón cortado.

¿Te acuerdas? Otro día

La vimos centellar con luz siniestra

En el campo purísimo y sombrío

Del amador toscano de la nada,

Que en versos no entendidos5

Del vulgo vil, y á espíritus gentiles,

Como el tuyo, señora, reservados,

La secreta hermandad te descubría

Delamory lamuerte.

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

.   .   .   .   .   .   .   .   .   .

Y quizá soñarías10

Aplausos, y victorias, y loores,

Y el tronco de su estirpe,

Por él con nuevas y pujantes ramas

De perenne verdor engalanado...

¡Alégrate, señora,15

Que aun fué mejor su venturosa suerte!

Intacto lleva á Dios su pensamiento;

No deja tras de sí recuerdo impuro,

Y ni la envidia misma

Puede clavar en él la torpe lengua.20

Blanco de ciega saña

Nunca se vió, ni de traición aleve,

Ni, rota el ara del amor primero,

Halló trivial lo que juzgó divino...

Acá le llorarán; allá en el cielo25

Árbol será firmísimo y lozano

Lo que era germen en la ingrata tierra.

Yo le envidio más bien. ¡Qué hermosa muerte!

¡Qué serena agonía,

Cual sintiendo posarse30

Los labios del arcángel en sus labios!

¡Morir, no en celda estrecha aprisionado,

Sino á la luz del sol del Mediodía,

Y sobre el mar, que ronco festejaba

El vuelo triunfador del alma regia

Subiendo libre al inmortal seguro!5

¡Morir entre los besos de su madre,

En paz con Dios y en paz con los humanos,

Mientras tronaba desde rota nube

La bendición de Dios sobre los mares!

abedes, habéis.

abino, aconteció, sucedió.

absentes, ausentes.

abtores, autores.

actores, autores.

adormir, adormecer.

adverguada, albergada.

afíncase, desea con ahínco.

aflicion, aflicción.

agora, ahora.

ahao, ¡aho!

al, otro, otra cosa.

alaguëro, halagüeño.

alfajas, alhajas.

algunt, algún.

algurismo, argumentación, raciocinio.

alí, allí.

alumbrada, crepúsculo (?).

amargurados, amargados.

amidos, de mala gana, por fuerza.

andades, andáis.

aniello, anillo.

anparar, amparar.

antoxa, antoja.

ardid, osado, valeroso.

asmar, pensar, juzgar.

aspetto, aspecto.

assechan, acechan.

atal, tal.

atan, tan.

atanto, tanto.

athesorastes, atesorasteis.

avéys, habéis.

aví’, había.

avía, había, tenía.

aviendo, habiendo.

avissatnos, avisadnos.

avrá, habrá, tendrá.

ay, hay.

baraja, pelea, contienda, confusión.

(baratado), ir mal baratado, hacer mal negocio.

barva punniente, barbiponiente.

baxillas, vajillas.

baxo, bajo.

bayaes, vayáis.

bedes, veis.

bela, bella.

berná, vendrá.

bevir, vivir.

blao, azul.

blasmo, bálsamo.

bolliçio, bullicio.

brial, vestido de seda.

c’, que.

ca, que, porque.

cabdal, caudal.

cabelos, cabellos.

cabo, fin, término.

calabrina, hedor.

calentura, calor.

callando, callado, callandico.

camiaré, cambiaré.

capiello, sombrero.

captivo, cautivo.

carbonco, carbunco, carbunclo.

(caro), hacer caro, encarecer.

cativo, cautivo, mísero.

cavalero, caballero.

cavalgante, caballero.

çentura, cintura.

çerca, cerca de.

çertenidad, certeza.

cevil, civil, bajo, humilde.

cobrí, cubrí.

comedio, medio, remedio.

complido, cumplido, entero.

complisyon, complexión.

connoçer, conocer.

conorta, consuela.

conparado, comparado.

conplimiento, cumplimiento, perfección.

conplir, cumplir.

contrallo, contrario.

coral, corales.

(costunbrado), bien c., bien criado, de buenos modales.

c’ otro, que otro.

criamiento, crianza.

crueza, crudeza, crueldad.

cualquer, cualquier.

curedes, curéis, os inquietéis.

curar de, interesarse en.

cuytedes, acuitéis.

charambela, instrumento músico.

d’, de.

dal, dale.

dapnaçion, damnación, condenación.

deal, divino.

deçiplo, discípulo.

dellas, de ellas.

demandades, demandáis, buscáis.

dende, de allí.

denegrido, ennegrecido.

dereyta, derecha.

descanto, disonancia.

desconortado, desconhortado, desconsolado.

desora, deshora.

después, después de.

desque, desde que.

deste, de este.

desto, de esto.

detardar, retardar.

detardedes, detardéis.

devría, debería.

dexá, dexad.

dexar, dejar.

dezit, decid.

dier, diere.

dix, dije.

dixe, dije.

dixle, díjele.

dixo, dijo.

diz, dice.

dizem, díceme.

do, donde.

do, doy.

dobrado, doblado.

donas, dones, regalos.

doncela, doncella.

donneo, donaire.

e, y, é.

egual, igual, par, perfilado.

eguala, iguala, compara.

egualdat, igualdad.

ela, ella.

elam, ella me.

ell, el.

elle, él.

ello, él.

em, en.

embiados, enviados.

ementando, recordando.

encomiença, comienza.

ende, de allí;por ende, por eso.

enojedes, enojéis.

entros, entróse.

enxiemplo, ejemplo.

ermoso, hermoso.

es, ese, este.

es, está.

escondedijo, escondidijo, escondrijo.

escuchedes, escuchéis.

escureça, obscuridad.

escuro, oscuro.

esfryado, resfriado, refrescado.

esparta, disperse, esparza.

estremuloso, trémulo.

et, y.

exebçion, excepción.

exir, salir.

eya, ea.

fablar, hablar.

fabrido, fabricado, labrado.

fadar, decir los hados, destinar, indicar.

fallaredes, hallaréis.

fallençia, falencia.

fallesçer, fallecer, faltar.

fallimiento, falta.

faz, hace.

fazientes, hacientes.

fediente, hediondo.

fée, fe.

fegura, figura.

festino, presto, pronto.

feyta, hecha.

feziste, hiciste.

ffallar, hallar.

Fhilipo, Felipe.

fiedes, fiéis.

fijo, hijo.

fin, fino.

fiyestas, fiestas.

fiz, hice.

fizies, hiciese.

flama, llama.

foidor, huidor, el que huye.

folgura, holgura, comodidad.

foxa, hoja.

foyría, huiría.

frayre, fraile.

frecha, flecha.

fructas, frutas.

fryda, fría.

frydor, frío, frialdad.

fuent, fuente.

furtar, hurtar.

gela, se la.

gergenza, una piedra preciosa.

gostará, gustará.

grant, grande.

habredes, habréis.

hacerio, azar, desgracia.

hé, fe.

hé, tengo.

hezistes, hicisteis.

homne, hombre.

hordenar, ordenar.

i, allí.

ielas, se las.

imenso, inmenso.

imperante, emperador.

impunable, inexpugnable.

inforismo, aforismo, sentencia.

io, yo.

Johan, Juan.

junniemos, juntámonos.

labro, labio.

laçerio, trabajo, desgracia.

ladronçiellos, ladroncillos.

laude, alabanza, elogio.

lazrados, lacerados, míseros.

leno, lleno.

levar, llevar.

levém, levantéme.

lexos, lejos.

leyer, leer.

leystes, leisteis.

libelo, escrito forense.

lumbroso, luminoso, resplandeciente.

luvas, guantes.

lyso, lis.

ll’, la.

llotrarse, vestirse (?), alegrarse (?).

m’, me.

magnifestava, manifestaba.

magnifiesto, manifiesto.

maguer, aunque.

malgranar, huerto de granados.

man á mano, en seguida.

manyera, manera.

manzilla, piedad, compasión.

Matheo, Mateo.

meaja, meaja, miaja, migaja.

mesaiero, mensajero.

mescladizos, mezclados.

mesmos, mismos.

mesura, medida, manera.

mesurado, medido.

meto, temo.

meu, mío, mi.

Micer, mi señor, título antiguo aragonés.

muito, mucho.

nado, nacido.

nin, ni.

ningund, ningún, ninguno.

ningunt, ningún.

non, no.

nonbre, nombre.

nunqua, nunca.

odí, oí.

odrá, oirá.

olíen, olían.

ome, hombre.

omne, hombre.

onde, donde.

oram, hora me.

orior, oriol.

ovi, hube, tuve.

ovier, hubiera.

oviera, hubiera.

ovieron, hubieron.

oviesse, hubiese, tuviese.

ovo, hubo, tuvo.

oy, hoy; a oy, hoy, ahora.

oy, oye.

oyredes, oiréis.

(par) em par, uno con otro.

paredes, paréis.

paresçer, parecer.

partí, quité.

pedricado, predicado.

pedricador, predicador.

pedricando, predicando.

Peidro, Pedro.

perderedes, perderéis.

perenal, perenne.

periglo, peligro.

perlado, prelado.

pestiellos, pestillos.

peyor, peór.

(plan), a plan, llanamente, seguramente.

plática, práctica.

plegadizos, allegadizos, arrimadizos.

plegué, llegué.

pleno, lleno.

podades, podáis.

podedes, podéis.

poetría, poesía.

polido, pulido.

porende, por eso.

prazer, placer.

prelasía, prelacía.

prender, tomar.

priado, pronto.

pris, tomé, cogí.

privado, presto.

probeça, pobreza.

probedat, pobreza.

proveza, pobreza.

prys, tomé, cogí.

pues, después que, desde que.

punad, pugnad, procurad.

(punniente), barva punniente, barbiponiente.

pus, puse.

q’, que.

qu’, que.

qual, cual.

quán, cuán.

quan, cuando.

quant, cuando, pues.

quánto, cuánto;quanto que, mientras que.

quel, que el.

quella, que ella.

queque, desde que, así que.

quere, quiere.

queredes, queréis.

queres, quieres.

querrýes, querrías.

ques, que (qué) es.

qui, quien.

quis, quise.

quisieram, quisiera me.

quisquiere, quienquiera, todo el mundo.

raçion, limosna.

recabdo, recaudo, recato.

recurssa, recurre.

repienden, arrepienten.

repiso, arrepentido.

replicaçion, réplica.

reqüesta, ruego, demanda, petición.

resçibe, recibe.

rioaduchos, advenedizos, allegadizos.

robí, rubí.

rressuçetarýa, resucitaría.

rreta, recta.

rridientes, rientes.

rrizio, recio.

rroyente, roedor.

s’, si.

sabedes, sabéis.

sabet, sabed.

sabiençia, sapiencia.

salgades, salgáis.

seder, ser.

seer, ser.

segund, según.

segunt, según.

sempre, siempre;sempre que, siempre que.

sen, sentido, seso.

senyor, señor.

señor, señor, señora.

serena, sirena.

sey, sé.

seyas, seas.

seyt, sed.

so, debajo, debajo de.

so (só), soy.

sobrel, sobre el.

soes, sois.

sofysmo, infiero, concluyo.

sojudgar, sojuzgar.

sol, sólo, aun.

sopiera, supiera.

sospirando, suspirando.

sospiro, suspiro.

sotar, saltar, bailar.

sotil, sutil.

spada, espada.

sseyendo, siendo.

sso, soy.

ssotyl, sutil.

’sta, esta.

supiestes, supisteis.

synple, simple.

syntrýades, sentiríais.

tall, tal.

tenedes, tenéis.

tenie, tenía.

terné, tendré.

tien, tiene.

tiesta, cabeza.

tocas’, tocasse,i.e., tocase.

toliós, quitóse.

toller, quitar.

Tomaseio, Tomás.

toste, pronto.

traspasar, pasarse.

traxeron, trajeron.

tray, traía.

traye, trae.

trayo, traigo.

tredentudo, tridente, de tres dientes.

trevejo, burla, chanza, juego.

trihunfo, triunfo.

troco, trueco.

troco(n.), trueque.

truxeron, trajeron.

truxo, trajo.

turbança, turbación, molestia.

tynazas, tenazas.

uerto, huerto.

ultra, más allá de, fuera de.

uvo, hubo.

veer, ver.

vegada, vez.

vengades, vengáis.

verdat, verdad.

veredes, veréis.

vernás, vendrás.

vertiós, vertióse.

vestro, vuestro.

veyer, ver.

vide, ví.

vidía, veía.

vido, vió.

vies, viese.

viestes, visteis.

vilano, villano.

vos, os.

xamet, jamete, tela de seda.

xara, jara.

xerga, jerga.

yamás, jamás.

yente, gente.

ynplision, infección.

yol, yo le.

yt, id.

yxia, salía.


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