AZUL.....

Vel che nasconde a tutte ciglia umaneD’Iside santa l’ineffabil volto;

Vel che nasconde a tutte ciglia umaneD’Iside santa l’ineffabil volto;

Vel che nasconde a tutte ciglia umaneD’Iside santa l’ineffabil volto;

y en los versos de Fallon son los peñascos mismos los que hablan y cuentan lo que les ha sucedido. Yo no entraré á discutir aquí si es más verdad lo que dice Meli que lo que dicen los peñascos; pero lo que dice Meli es más bello. El mérito de los versos de Fallon está más en lo descriptivo y en el efecto total de la pintura que su fantasía anima. Es aquello un aquelarre de brujas de pasmosa magnitud. La más anciana y la más ilustre es la que da la lección de geología, aunque, en mi sentir, la pintura vale más que la lección.

Y de sus pergaminos no se puedeDudosa hacer la antigüedad presunta,Que, al herirlos, burlada retrocedeDel taladro tenaz la recia punta.¡Mas contempladla! ¡Sobre su ancha frenteEn vano el sol sus dardos ha lanzado;En vano, al par, la lluvia disolvente,El rayo, el aquilón la han azotado!¡Ved! De sus cejas trazan la figuraSendos cordones de erizadas pencas,Y he visto fulgurar en noche oscuraDel cazador la hoguera entre sus cuencas.Es de su alta nariz el bloque corvoAtalaya del buitre carnicero,Que desde allí condena, inmóvil, torvo,Su presa á muerte en el lejano otero.Su boca, agreste ermita donde viertenMortal sudor las piedras: do se llamanA iglesia los conejos cuando adviertenQue los hambrientos galgos los reclaman;Y es sacristán de aquella gruta píaUn armadillo que á la mansa viejaLe ha perforado interna galeríaQue comunica oreja con oreja.

Y de sus pergaminos no se puedeDudosa hacer la antigüedad presunta,Que, al herirlos, burlada retrocedeDel taladro tenaz la recia punta.¡Mas contempladla! ¡Sobre su ancha frenteEn vano el sol sus dardos ha lanzado;En vano, al par, la lluvia disolvente,El rayo, el aquilón la han azotado!¡Ved! De sus cejas trazan la figuraSendos cordones de erizadas pencas,Y he visto fulgurar en noche oscuraDel cazador la hoguera entre sus cuencas.Es de su alta nariz el bloque corvoAtalaya del buitre carnicero,Que desde allí condena, inmóvil, torvo,Su presa á muerte en el lejano otero.Su boca, agreste ermita donde viertenMortal sudor las piedras: do se llamanA iglesia los conejos cuando adviertenQue los hambrientos galgos los reclaman;Y es sacristán de aquella gruta píaUn armadillo que á la mansa viejaLe ha perforado interna galeríaQue comunica oreja con oreja.

Y de sus pergaminos no se puedeDudosa hacer la antigüedad presunta,Que, al herirlos, burlada retrocedeDel taladro tenaz la recia punta.¡Mas contempladla! ¡Sobre su ancha frenteEn vano el sol sus dardos ha lanzado;En vano, al par, la lluvia disolvente,El rayo, el aquilón la han azotado!¡Ved! De sus cejas trazan la figuraSendos cordones de erizadas pencas,Y he visto fulgurar en noche oscuraDel cazador la hoguera entre sus cuencas.Es de su alta nariz el bloque corvoAtalaya del buitre carnicero,Que desde allí condena, inmóvil, torvo,Su presa á muerte en el lejano otero.Su boca, agreste ermita donde viertenMortal sudor las piedras: do se llamanA iglesia los conejos cuando adviertenQue los hambrientos galgos los reclaman;Y es sacristán de aquella gruta píaUn armadillo que á la mansa viejaLe ha perforado interna galeríaQue comunica oreja con oreja.

Los otros versos de Fallon,A la luna, son mucho mejores queLas rocas de Suesca, sin que ninguna extravagancia caprichosa contribuya á su originalidad, que es grande, si bien más en la meditación, á que la contemplación induce, que en la misma contemplación. Aun así, en la parte descriptiva hay notables bellezas, y el poeta nos hace sentir la calma magnífica de una noche de entre trópicos, á la falda de los Andes.

¡Cuán bella ¡oh luna! á lo alto del espacioPor el turquí del éter lenta subes,Con ricas tintas de ópalo y topacioFranjando en torno tu dosel de nubes!Cubre tu marcha grupo silenciosoDe rizos copos, que tu lumbre tiñe;Y de la noche el iris vaporosoLa regia pompa de tu trono ciñeDe allí desciende tu callada lumbreY en argentinas gasas se despliegaDe la nevada sierra por la cumbreY por los senos de la umbrosa vega.Con sesgo rayo por la falda oscuraA largos trechos el follaje tocas,Y tu albo resplandor sobre la alturaEn mármol trueca las desnudas rocas;O al pie del cerro do la roza humea,Con el matiz de la azucena bañasLa blanca torre de vecina aldeaEn su nido de sauces y cabañas.

¡Cuán bella ¡oh luna! á lo alto del espacioPor el turquí del éter lenta subes,Con ricas tintas de ópalo y topacioFranjando en torno tu dosel de nubes!Cubre tu marcha grupo silenciosoDe rizos copos, que tu lumbre tiñe;Y de la noche el iris vaporosoLa regia pompa de tu trono ciñeDe allí desciende tu callada lumbreY en argentinas gasas se despliegaDe la nevada sierra por la cumbreY por los senos de la umbrosa vega.Con sesgo rayo por la falda oscuraA largos trechos el follaje tocas,Y tu albo resplandor sobre la alturaEn mármol trueca las desnudas rocas;O al pie del cerro do la roza humea,Con el matiz de la azucena bañasLa blanca torre de vecina aldeaEn su nido de sauces y cabañas.

¡Cuán bella ¡oh luna! á lo alto del espacioPor el turquí del éter lenta subes,Con ricas tintas de ópalo y topacioFranjando en torno tu dosel de nubes!Cubre tu marcha grupo silenciosoDe rizos copos, que tu lumbre tiñe;Y de la noche el iris vaporosoLa regia pompa de tu trono ciñeDe allí desciende tu callada lumbreY en argentinas gasas se despliegaDe la nevada sierra por la cumbreY por los senos de la umbrosa vega.Con sesgo rayo por la falda oscuraA largos trechos el follaje tocas,Y tu albo resplandor sobre la alturaEn mármol trueca las desnudas rocas;O al pie del cerro do la roza humea,Con el matiz de la azucena bañasLa blanca torre de vecina aldeaEn su nido de sauces y cabañas.

Después, provocado el poeta por el silencio y reposo nocturnos, siente y expresa más alta inspiración: es teósofo primero y luego místico.

El que vistió de nieve la alta sierra,De oscuridad las selvas seculares,De hielo el polo, de verdor la tierraY de hondo azul los cielos y los mares,Echó también sobre tu faz un velo,Templando tu fulgor para que el hombrePueda los orbes numerar del cielo,Tiemble ante Dios y su poder le asombre.

El que vistió de nieve la alta sierra,De oscuridad las selvas seculares,De hielo el polo, de verdor la tierraY de hondo azul los cielos y los mares,Echó también sobre tu faz un velo,Templando tu fulgor para que el hombrePueda los orbes numerar del cielo,Tiemble ante Dios y su poder le asombre.

El que vistió de nieve la alta sierra,De oscuridad las selvas seculares,De hielo el polo, de verdor la tierraY de hondo azul los cielos y los mares,Echó también sobre tu faz un velo,Templando tu fulgor para que el hombrePueda los orbes numerar del cielo,Tiemble ante Dios y su poder le asombre.

Pero este Dios, que entrevé el poeta en el éter infinito, poblado de estrellas, se deja ver mejor en el fondo del alma, hecha á su imagen. El alma es más grande que el universo todo, y más capaz que el universo de contener á Dios.

Y si del polvo libre se lanzaraEsta que siento, imagen de Dios mismo,Para tender su vuelo no bastaraDel firmamento el infinito abismo;Porque esos astros, cuya luz desmayaAnte el brillo del alma, hija del cielo,No son siquiera arenas de la playaDel mar que se abre á su futuro vuelo.

Y si del polvo libre se lanzaraEsta que siento, imagen de Dios mismo,Para tender su vuelo no bastaraDel firmamento el infinito abismo;Porque esos astros, cuya luz desmayaAnte el brillo del alma, hija del cielo,No son siquiera arenas de la playaDel mar que se abre á su futuro vuelo.

Y si del polvo libre se lanzaraEsta que siento, imagen de Dios mismo,Para tender su vuelo no bastaraDel firmamento el infinito abismo;Porque esos astros, cuya luz desmayaAnte el brillo del alma, hija del cielo,No son siquiera arenas de la playaDel mar que se abre á su futuro vuelo.

Sin duda hay en la colección que voy examinando algunos poetas más de los ya citados que merecerían alabanzas no muy inferiores á las que he dado hasta ahora; pero mi revista va siendo sobrado larga, y conviene terminar.

No es justo callarse que hay también en elParnaso Colombianobastantes composiciones que sólo demuestran la cultura general de Colombia y la extremada afición que tienen á la poesía los ciudadanos de aquella república. Hay bastantes composiciones correctas, pero insignificantes é incoloras, que todo joven ó todo viejo, de algunos estudios, puede hacer si en ello se empeña.

Tal vez será prevención mía; pero así como yo creo que el romance octosílabo es propio para la poesía en nuestro idioma, así también, á pesar deEl moro expósitoy de otros ejemplos brillantes en contra de mi opinión, yo entiendo que el romance endecasílabo se presta mucho al prosaísmo más desmayado. En elParnaso Colombianohay sobra de estos romances.

Noto además que las Musas justicieras se inclinan á ponerse foscas con los poetas de Colombia, cuando, por mal entendido patriotismo, ofenden é injurian á la antigua madre patria, España. Sus versos entonces son casi siempre malos. El más patente ejemplo de esta verdad le dan unas estrofas de D. José María Torres CaicedoA Policarpa Salabarriela, que fué la Mariana Pineda de por allá.

De lamentar es que, en el primer tercio de este siglo, así porque Fernando VII no era rey muy blando ni muy amoroso, como porque laenemistad y el furor entre liberales y absolutistas eran violentísimos, y la lucha tremenda y desapiadada, hubiese tantas y tantas víctimas que nos son simpáticas, y que hoy consideramos con razón como héroes ó mártires. Mas no por eso está bien decir en pícaros versos:

Torres, Cabal, Torices y Camacho,Casa-Valencia, Mutis y Mejía,Caldas, mil libres más á muerte impíaCondenólosel bárbaro español.

Torres, Cabal, Torices y Camacho,Casa-Valencia, Mutis y Mejía,Caldas, mil libres más á muerte impíaCondenólosel bárbaro español.

Torres, Cabal, Torices y Camacho,Casa-Valencia, Mutis y Mejía,Caldas, mil libres más á muerte impíaCondenólosel bárbaro español.

Por desgracia, se podría llenar una hoja con los nombres de los ajusticiados españoles que ajusticióel bárbaro español, hacia la misma época, aquí, en la Península, y con mucho menor motivo, pues al cabo no es lo mismo querer cambiar la forma de gobierno de la patria que deshacer y descuartizar la patria. Es indudable que de estedescuartizamientohan nacido pueblos y Estados nuevos, por virtud de una ley providencial ineludible: pueblos y Estados nuevos, por cuya prosperidad y grandeza todo español peninsular hace hoy fervientes votos, hasta por vanidad y amor propio de casta; pero entonces, cuando se rebelaban ahí, ¿era posible que un rey absoluto y un gobierno tiránico, de que los mismos peninsulares eran víctimas, no castigase con dureza á los rebeldes?

Todos los horrores, todas las crueldades de la guerra de la independencia americana, que no fueron mayores que los de cualquiera otra guerra civil en la Península, no justifican la condenación y la injuria que lanza sobre los españolesel Sr. Torres Caicedo. El Sr. Torres Caicedo se ofende á sí mismo y á todo su linaje, pues yo presumo que será tan español como cualquiera de nosotros, y que, si él no lo es, lo fué su padre ó lo fué su abuelo.

No tiene la menor disculpa que el Sr. Caicedo califique todo el tiempo que Colombia estuvo unida á España de

Centurias de baldón y afrentaEn que yació la tierra americana.

Centurias de baldón y afrentaEn que yació la tierra americana.

Centurias de baldón y afrentaEn que yació la tierra americana.

Eso estaría sólo bien en boca de los indios triunfantes, si se hubiesen levantado contra el Sr. Torres Caicedo y contra todos los de origen español y los hubiesen arrojado de la América que invadieron y colonizaron.

Esos improperios contra España quizá parecerían fundados en boca del Zipa, del Zaque y del Pontífice de Iraca, restablecidos, desechadas nuestra lengua y nuestra cultura, y adorando otra vez á Chibchacum y á Chiminigagua.

Por lo demás, no podemos perdonar al Sr. Torres Caicedo, diplomático ilustre, hombre político, notable escritor en prosa sobre todas materias, filosóficas, literarias, económicas, etc., que sea tan desaforadamente encomiador de doña Policarpa. El encomio, por merecido que sea, debe tener su medida. Pase que Leonidas y Temístocles no valgan más que Bolívar y Sucre, y pase que Ayacucho y Junin equivalgan á Maratón y á Salamina. Ojalá (y lo digo sin ironía, movido del amor de raza, superior al amor de patria), ojalá que el porvenir justifique la que es hoy exageración, dando á las batallas de Ayacucho y Junin la transcendencia que Salamina y Maratón tuvieron, siendo como el punto de partida, en el terreno político de la acción, de una cultura y de una fuerza civilizadora más fecundas y más grandes que las conocidas hasta entonces, fuera de Grecia, y que en Salamina y en Maratón fueron vencidas. Pase, por último, que doña Policarpa valga tanto ó más que Débora, Judith, Mad. Roland, Juana de Arco y Carlota Corday; pero no se puede tolerar, aun sin ser buen católico, y siguiendo un criterio racionalista, que el Sr. Torres Caicedo compare también á doña Policarpa con la Virgen María, porque la Virgen María

La muerto vió del Redentor divino,Del que derechos, libertad trajera;Del Hombre-Dios que al hombre enalteciera,Donandoal mundo la igualdad, la luz.

La muerto vió del Redentor divino,Del que derechos, libertad trajera;Del Hombre-Dios que al hombre enalteciera,Donandoal mundo la igualdad, la luz.

La muerto vió del Redentor divino,Del que derechos, libertad trajera;Del Hombre-Dios que al hombre enalteciera,Donandoal mundo la igualdad, la luz.

Precisamente porque Cristodonóal mundo todas esas cosas y otras muchas más, y puso con su doctrina la base de una civilización que ha durado siglos y que comprende á la más noble parte del linaje humano, Cristo no puede compararse con ninguno de los insurgentes, revolucionarios y conspiradores, por gloriosos que hayan sido. Y en cuanto á la Virgen María, aun mirado todo ello con impía mirada, negando el ser real de la Virgen y suponiéndola semidiosa simbólica, supremo ideal, en quien se cifran todas las excelencias de la mujer, la maternidad, la pureza virgínea y la piedad compasiva, no veo paridad, ni buen gusto en que la comparemos ni con Policarpa, ni con la Mariana Pineda, ni con CarlotaCorday, ni con ninguna otra heroína de armas tomar ó de pelo en pecho.

En general, en los versos patrióticos colombianos hay sobrada hipérbole, así en alabar á los héroes de la independencia, como en denigrar á los españoles y á España. No se considera bien que antes de la independencia, los que más tiranizaron á la tierra y á la gente americanas fueron los padres ó los abuelos de los que se sublevaron contra esa tiranía, y que después ha habido un no corto período de guerras civiles en que se ha derramado más sangre que la derramada por los españoles, y ha habido tiranos en casi todas las repúblicas, que nada tienen que envidiar en punto á crueldad, ni á Fernando VII, ni á ningún otro rey, ni á ninguno de los virreyes ó generales y gobernadores que los reyes enviaban. En varios poetas, á pesar del orgullo patriótico, aparecen estas confesiones arrancadas por el dolor y el enojo. Santiago Pérez dice:

No resta acaso un puntoDo la sangre que vierte nuestra manoNo cubra ya la que vertió el hispano.

No resta acaso un puntoDo la sangre que vierte nuestra manoNo cubra ya la que vertió el hispano.

No resta acaso un puntoDo la sangre que vierte nuestra manoNo cubra ya la que vertió el hispano.

Y en D. Miguel Antonio Caro llegan ya estos sentimientos de disgusto hasta el extremo, que yo no puedo ni quiero aplaudir, de hacer que el propio espíritu de Bolívar vacile entre si debe gloriarse ó arrepentirse de haber dado á la América su independencia. Bolívar exclama:

¿Quién sabeSi aré en la mar y edifiqué en el viento?. . . . . . . . . . . . . . . . . .¿Si caerán sobre mí las maldicionesDe cien generaciones?

¿Quién sabeSi aré en la mar y edifiqué en el viento?. . . . . . . . . . . . . . . . . .¿Si caerán sobre mí las maldicionesDe cien generaciones?

¿Quién sabeSi aré en la mar y edifiqué en el viento?. . . . . . . . . . . . . . . . . .¿Si caerán sobre mí las maldicionesDe cien generaciones?

No. Es evidente que no caerán. Las repúblicas que de España nacieron serán grandes también como la que nació de Inglaterra; y la gloria de Bolívar no será inferior á la de Washington. Todo, si Dios quiere, y Dios querrá, habrá de ser, sin que sea necesario para ello que se nos trate mal en malas coplas.

La gloria de Bolívar, por sus hechos, sin consideración á los últimos resultados, y el crecimiento de esta gloria, en lo porvenir, cuando las repúblicas hispano-americanas se engrandezcan, están en perfecta consonancia con nuestro interés y con nuestra vanidad patriótica de peninsulares. Mientras más se encomien el tino político, la pericia militar, el valor y la actividad infatigable del Libertador, más cohonestada y ennoblecida quedará nuestra derrota.

No hay español, que sepa de Bolívar, que, movido de estos sentimientos, no levante á Bolívar á la altura de Washington. Y aun le pondría por cima, como lo desea, si no se midiese la magnitud de los héroes por el producto de sus heroicidades. Es tan bella, tan simpática y tan generosa la vida de Bolívar, sobre todo en sus últimos años, que Bolívar, que murió joven aún, infundiéndonos admiración por sus proezas, por su desprendimiento y por su amor sincerísimo á la libertad, é infundiéndonos piedad sublime por la ingratitud que ulceró su pecho, resplandecería por cima de Washington, si las repúblicas de la América del Sur llegasen, como es probable quelleguen, á ser tan poderosas como la república por Washington fundada.

El liberalismo es hermosa doctrina. Yo soy, he sido y seré siempre muy liberal; pero no desconozco que el liberalismo ha sido tan manoseado y vulgarizado en discursos y peroratas, en brindis de comidas patrióticas y en artículos para rellenar columnas de periódicos, que es difícil serliberalen verso sin caer en la prosa más plebeya. Y si el poeta liberal escribe en romance endecasílabo, peor que peor. Fiado en el sonsonete de la continuada asonancia, descuida la dicción, y no sabe ó no quiere saber que hay una forma ó una construcción propia de la poesía. Lastimosa muestra de esto que digo dan los versosCatón en Utica, de Luis Vargas Tejada.

El pobre Catón larga, antes de matarse, un romance tan pedestre como los de muchas tragedias clásicas españolas del siglo pasado.

Inútiles han sido mis esfuerzos:Al fin triunfar el despotismo logra,Y delante del César abatidaYace en el polvo la soberbia Roma.Un hombre, un hombre solo usurpa el frutoDe tantos sacrificios y victorias.

Inútiles han sido mis esfuerzos:Al fin triunfar el despotismo logra,Y delante del César abatidaYace en el polvo la soberbia Roma.Un hombre, un hombre solo usurpa el frutoDe tantos sacrificios y victorias.

Inútiles han sido mis esfuerzos:Al fin triunfar el despotismo logra,Y delante del César abatidaYace en el polvo la soberbia Roma.Un hombre, un hombre solo usurpa el frutoDe tantos sacrificios y victorias.

Y así continúa Catón ensartando cerca de doscientos versos, sin que haya razón para que no ensarte dos ó tres mil: para que cese el aguacero y escampe.

Pero baste de censura.

ElParnaso Colombianoprueba que en la tierra de Ud. hay un rico y hermoso florecimiento literario, y lo probaría muchísimo mejor si el señorAñez hubiera suprimido acaso una tercera parte ó más de lo que inserta; y no para que elParnasocontuviese menos, sino para sustituir lo suprimido con muchísimas composiciones buenas, como yo sé que las hay.

Dispense Ud. que sea franco y que no todo lo que digo sea lisonjero, y créame su amigo afectísimo.

22 de Octubre de 1888.

Á D. Rubén Darío

Todo libro que desde América llega á mis manos excita mi interés y despierta mi curiosidad; pero ninguno hasta hoy la ha despertado tan viva como el de Ud., no bien comencé á leerle.

Confieso que al principio, á pesar de la amable dedicatoria con que Ud. me envía un ejemplar, miré el libro con indiferencia....., casi con desvío. El títuloAzul..... tuvo la culpa.

Víctor Hugo dice:L’art c’est l’azur; pero yo ni me conformo ni me resigno con que tal dicho sea muy profundo y hermoso. Para mí tanto vale decir que el arte es lo azul como decir que es lo verde, lo amarillo ó lo rojo. ¿Por qué, en este caso, lo azul (aunque en francés no seableu, sinoazur, que es más poético) ha de ser cifra, símbolo y superior predicamento que abarque lo ideal, lo etéreo, lo infinito, la serenidad del cielo sin nubes, la luz difusa, la amplitud vaga y sin límites, donde nacen, viven, brillan y se muevenlos astros? Pero aunque todo esto y más surja del fondo de nuestro ser y aparezca á los ojos del espíritu, evocado por la palabraazul, ¿qué novedad hay en decir que el arte es todo esto? Lo mismo es decir que el arte es imitación de la naturaleza, como la definió Aristóteles: la percepción de todo lo existente y de todo lo posible, y su reaparición ó representación por el hombre en signos, letras, sonidos, colores ó líneas. En suma, yo, por más vueltas que le doy, no veo en eso de queel arte es lo azulsino una frase enfática y vacía.

Sea, no obstante, el arte azul, ó del color que se quiera. Como sea bueno, el color es lo que menos importa. Lo que á mí me dió mala espina fué el ser la frase de Víctor Hugo, y el que usted hubiese dado por título á su libro la palabra fundamental de la frase. ¿Si será éste, me dije, uno de tantos y tantos como por todas partes, y sobre todo en Portugal y en la América española, han sido inficionados por Víctor Hugo? La manía de imitarle ha hecho verdaderos estragos, porque la atrevida juventud exagera sus defectos, y porque eso que se llamagenio, y que hace que los defectos se perdonen y tal vez se aplaudan, no se imita cuando no se tiene. En resolución, yo sospeché que era Ud. un Víctor Huguito, y estuve más de una semana sin leer el libro de Ud.

No bien le he leído, he formado muy diferente concepto. Usted es Ud.: con gran fondo de originalidad, y de originalidad muy extraña. Si el libro, impreso en Valparaíso, en este año de 1888,no estuviese en muy buen castellano, lo mismo pudiera ser de un autor francés, que de un italiano, que de un turco ó de un griego. El libro está impregnado de espíritu cosmopolita. Hasta el nombre y apellido del autor, verdaderos ó contrahechos y fingidos, hacen que el cosmopolitismo resalte más. Rubén es judaico, y persa es Darío: de suerte que, por los nombres, no parece sino que Ud. quiere ser ó es de todos los países, castas y tribus.

El libroAzul.....no es en realidad un libro; es un folleto de 132 páginas; pero tan lleno de cosas y escrito por estilo tan conciso, que da no poco en qué pensar y tiene bastante que leer. Desde luego se conoce que el autor es muy joven: que no puede tener más de veinticinco años, pero que los ha aprovechado maravillosamente. Ha aprendido muchísimo, y en todo lo que sabe y expresa muestra singular talento artístico ó poético.

Sabe con amor la antigua literatura griega; sabe de todo lo moderno europeo. Se entrevé, aunque no hace gala de ello, que tiene el concepto cabal del mundo visible y del espíritu humano, tal como este concepto ha venido á formarse por el conjunto de observaciones, experiencias, hipótesis y teorías más recientes. Y se entrevé también que todo esto ha penetrado en la mente del autor, no diré exclusivamente, pero sí principalmente, á través de libros franceses. Es más: en los perfiles, en los refinamientos, en las exquisiteces del pensar y del sentir del autor, hay tanto de francés, que yoforjé una historia á mi antojo para explicármelo. Supuse que el autor, nacido en Nicaragua, había ido á París á estudiar para médico ó para ingeniero, ó para otra profesión; que en París había vivido seis ó siete años, con artistas, literatos, sabios y mujeres alegres de por allá; y que mucho de lo que sabe lo había aprendido de viva voz, y empíricamente, con el trato y roce de aquellas personas. Imposible me parecía que de tal manera se hubiese impregnado el autor del espíritu parisiense novísimo, sin haber vivido en París durante años.

Extraordinaria ha sido mi sorpresa cuando he sabido que Ud., según me aseguran sujetos bien informados, no ha salido de Nicaragua sino para ir á Chile, en donde reside desde hace dos años á lo más. ¿Cómo, sin el influjo del medio ambiente, ha podido Ud. asimilarse todos los elementos del espíritu francés, si bien conservando española la forma que auna y organiza estos elementos, convirtiéndolos en sustancia propia?

Yo no creo que se ha dado jamás caso parecido con ningún español peninsular. Todos tenemos un fondo de españolismo que nadie nos arranca ni á veinticinco tirones. En el famoso abate Marchena, con haber residido tanto tiempo en Francia, se ve el español: en Cienfuegos es postizo el sentimentalismo empalagoso á lo Rousseau, y el español está por bajo. Burgos y Reinoso son afrancesados y no franceses. La cultura de Francia, buena y mala, no pasa nunca de la superficie. No es más que un barniztransparente, detrás del cual se descubre la condición española.

Ninguno de los hombres de letras de esta Península, que he conocido yo, con más espíritu cosmopolita, y que más largo tiempo han residido en Francia, y que han hablado mejor el francés y otras lenguas extranjeras, me ha parecido nunca tan compenetrado del espíritu de Francia como Ud. me parece: ni Galiano, ni don Eugenio de Ochoa, ni Miguel de los Santos Alvarez. En Galiano había como una mezcla de anglicismo y de filosofismo francés del siglo pasado; pero todo sobrepuesto y no combinado con el ser de su espíritu, que era castizo. Ochoa era y siguió siendo siempre archi y ultraespañol, á pesar de sus entusiasmos por las cosas de Francia. Y en Alvarez, en cuya mente bullen las ideas de nuestro siglo, y que ha vivido años en París, está arraigado el ser del hombre de Castilla, y en su prosa recuerda el lector á Cervantes y á Quevedo, y en sus versos á Garcilaso y á León, aunque, así en versos como en prosa, emita él siempre ideas más propias de nuestro siglo que de los que pasaron. Su chiste no es elespritfrancés, sino elhumorespañol de las novelas picarescas y de los autores cómicos de nuestra peculiar literatura.

Veo, pues, que no hay autor en castellano más francés que Ud. Y lo digo para afirmar un hecho, sin elogio y sin censura. En todo caso, más bien lo digo como elogio. Yo no quiero que los autores no tengan carácter nacional; pero yo no puedo exigir de Ud. que sea nicaragüense, porque nihay ni puede haber aún historia literaria, escuela y tradiciones literarias en Nicaragua. Ni puedo exigir de Ud. que sea literariamente español, pues ya no lo es políticamente, y está además separado de la madre patria por el Atlántico, y más lejos, en la república donde ha nacido, de la influencia española, que en otras repúblicas hispano-americanas. Estando así disculpado el galicismo de la mente, es fuerza dar á Ud. alabanzas á manos llenas por lo perfecto y profundo de ese galicismo; porque el lenguaje persiste español, legítimo y de buena ley, y porque si no tiene Ud. carácter nacional, posee carácter individual.

En mi sentir, hay en Ud. una poderosa individualidad de escritor, ya bien marcada, y que, si Dios da á Ud. la salud que yo le deseo y larga vida, ha de desenvolverse y señalarse más con el tiempo en obras que sean gloria de las letras hispano-americanas.

Leídas las 132 páginas deAzul....., lo primero que se nota es que está Ud. saturado de toda la más flamante literatura francesa. Hugo, Lamartine, Musset, Baudelaire, Leconte de Lisle, Gauthier, Bourget, Sully Proudhomme, Daudet, Zola, Barbey d’Aurevilly, Catulo Méndes, Rollinat, Goncourt, Flaubert y todos los demás poetas y novelistas han sido por Ud. bien estudiados y mejor comprendidos. Y Ud. no imita á ninguno: ni es Ud. romántico, ni naturalista, nineurótico, ni decadente, ni simbólico, ni parnasiano. Usted lo ha revuelto todo: lo ha puesto á cocer en el alambique de su cerebro, y ha sacado de ello una rara quinta esencia.

Resulta de aquí un autor nicaragüense, que jamás salió de Nicaragua sino para ir á Chile, y que es autor tan á la moda de París y con tantochicy distinción, que se adelanta á la moda y pudiera modificarla é imponerla.

En el libro hayCuentos en prosay seis composiciones en verso. En los cuentos y en las poesías, todo está cincelado, burilado, hecho para que dure, con primor y esmero, como pudiera haberlo hecho Flaubert ó el parnasiano más atildado. Y, sin embargo, no se nota el esfuerzo, ni el trabajo de la lima, ni la fatiga del rebuscar: todo parece espontáneo y fácil y escrito al correr de la pluma, sin mengua de la concisión, de la precisión y de la extremada elegancia. Hasta las rarezas extravagantes y las salidas de tono, que á mí me chocan, pero que acaso agraden en general, están hechas adrede. Todo en el librito está meditado y criticado por el autor, sin que esta su crítica previa ó simultánea de la creación perjudique al brío apasionado y á la inspiración del que crea.

Si se me preguntase qué enseña su libro de usted y de qué trata, respondería yo sin vacilar: no enseña nada, y trata de nada y de todo. Es obra de artista, obra de pasatiempo, de mera imaginación. ¿Qué enseña ó de qué trata un dije, un camafeo, un esmalte, una pintura ó una linda copa esculpida?

Hay, sin embargo, notable diferencia entre toda escultura, pintura, dije y hasta música, y cualquier objeto de arte cuyomateriales la palabra. El mármol, el bronce y el sonido no diré yo que sutilizando mucho no puedan significaralgo de por sí; pero la palabra, no sólo puede significar, sino que forzosamente significa ideas, sentimientos, creencias, doctrinas y todo el pensamiento humano. Nada más factible, á mi ver (acaso porque yo soy poco agudo), que una bella estatua, un lindo dije, un cuadro primoroso, sin transcendencia ó sin símbolo; pero ¿cómo escribir un cuento ó unas coplas sin que deje ver el autor lo que niega, lo que afirma, lo que piensa y lo que siente? El pensamiento en todas las artes pasa con la forma desde la mente del artista á la sustancia ó materia del arte; pero en el arte de la palabra, además del pensamiento que pone el artista en la forma, la sustancia ó materia del arte es pensamiento también, y pensamiento del artista. La única materia extraña al artista es el Diccionario con las reglas gramaticales que siguen las voces en su combinación; pero como ni palabras ni combinaciones de palabras pueden darse ni deben darse sin sentido, de aquí que materia y forma sean en poesía y en prosa creación del escritor ó del poeta: sólo quedan fuera de él, digámoslo así, los signos hueros, ó sea abstrayendo lo significado.

De esta suerte se explica cómo, con ser su libro de Ud. de pasatiempo, y sin propósito de enseñar nada, en él se ven patentes las tendencias y los pensamientos del autor sobre las cuestiones más transcendentales. Y justo es que confesemos que los dichos pensamientos no son ni muy edificantes ni muy consoladores.

La ciencia de experiencia y de observación ha clasificado cuanto hay, y ha hecho de ello hábilinventario. La crítica histórica, la lingüística y el estudio de las capas que forman la corteza del globo han descubierto bastante de los pasados hechos humanos que antes se ignoraban; de los astros que brillan en la extensión del éter se sabe muchísimo; el mundo de lo imperceptiblemente pequeño se nos ha revelado merced al microscopio: hemos averiguado cuántos ojos tiene tal insecto y cuántas patitas tiene tal otro: sabemos ya de qué elementos se componen los tejidos orgánicos, la sangre de los animales y el jugo de las plantas: nos hemos aprovechado de agentes que antes se sustraían al poder humano, como la electricidad; y gracias á la estadística, llevamos minuciosa cuenta de cuanto se engendra y de cuanto se devora; y si ya no se sabe, es de esperar que pronto se sepa, la cifra exacta de los panecillos, del vino y de la carne que se come y se bebe la humanidad de diario.

No es menester acudir á sabios profundos: cualquiera sabio adocenado y medianejo de nuestra edad conoce hoy, clasifica y ordena los fenómenos que hieren los sentidos corporales, auxiliados estos sentidos por instrumentos poderosos que aumentan su capacidad de percepción. Además se han descubierto, á fuerza de paciencia y de agudeza, y por virtud de la dialéctica y de las matemáticas, gran número de leyes que dichos fenómenos siguen.

Natural es que el linaje humano se haya ensoberbecido con tamaños descubrimientos é invenciones; pero, no sólo en torno y fuera de la esfera de lo conocido y circunscribiéndola, sino también llenándola, en lo esencial y sustancial, queda un infinito inexplorado, una densa é impenetrable oscuridad, que parece más tenebrosa por la misma contraposición de la luz con que ha bañado la ciencia la pequeña suma de cosas que conoce. Antes, ya las religiones con sus dogmas, que aceptaba la fe, ya la especulación metafísica con la gigante máquina de sus brillantes sistemas, encubrían esa inmensidad incognoscible, ó la explicaban y la daban á conocer á su modo. Hoy priva el empeño de que no haya ni metafísica ni religión. El abismo de lo incognoscible queda así descubierto y abierto, y nos atrae y nos da vértigo, y nos comunica el impulso, á veces irresistible, de arrojarnos en él.

La situación, no obstante, no es incómoda para la gente sensata de cierta ilustración y fuste. Prescinden de lo transcendente y de lo sobrenatural para no calentarse la cabeza ni perder el tiempo en balde. Esta eliminación les quita no pocas aprensiones y cierto miedo, aunque á veces les infunde otro miedo y sobresalto fastidiosos. ¿Cómo contener á la plebe, á los menesterosos, hambrientos é ignorantes, sin ese freno que ellos han desechado con tanto placer? Fuera de este miedo que experimentan algunos sensatos, en todo lo demás no ven sino motivo de satisfacción y parabienes.

Los insensatos, en cambio, no se aquietan con el goce del mundo, hermoseado por la industria é inventiva humanas, ni con lo que se sabe, ni con lo que se fabrica, y anhelan averiguar y gozar más.

El conjunto de los seres, el universo todo, cuanto alcanzan á percibir la vista y el oído, ha sido, como idea, coordinado metódicamente en una anaquelería ó casillero para que se comprenda mejor; pero ni este orden científico, ni el orden natural, tal como los insensatos le ven, los satisface. La molicie y el regalo de la vida moderna los han hecho muy descontentadizos. Y así, ni del mundo tal como es, ni del mundo tal como le concebimos, se forma idea muy aventajada. Se ven en todo faltas, y no se dice lo que dicen que dijo Dios:que todo era bueno.La gente se lanza con más frecuencia que nunca á decir que todo es malo; y en vez de atribuir la obra á un artífice inteligentísimo y supremo, la supone obra de un prurito inconsciente de fabricar cosas que hayab aeternoen los átomos, los cuales tampoco se sabe á punto fijo lo que sean.

Los dos resultados principales de todo ello en la literatura de última moda son:

1.º Que se suprima á Dios ó que no se le miente sino para insolentarse con él, ya con reniegos y maldiciones, ya con burlas y sarcasmos.

Y 2.º Que en ese infinito tenebroso é incognoscible perciba la imaginación, así como en el éter, nebulosas ó semilleros de astros, fragmentos y escombros de religiones muertas, con los cuales procura formar algo como ensayo de nuevas creencias y de renovadas mitologías.

Estos dos rasgos van impresos en su librito de usted.—El pesimismo, como remate de toda descripción de lo que conocemos, y la poderosa y lozana producción de seres fantásticos, evocados ósacados de las tinieblas de lo incognoscible, donde vagan las ruinas de las destrozadas creencias y supersticiones vetustas.

Ahora será bien que yo cite muestras y pruebe que hay en su libro de Ud., con notable elegancia, todo lo que afirmo; pero esto requiere segunda carta.

** *

29 de Octubre de 1888.

En la cubierta del libro que me ha enviado usted, veo que ha publicado Ud. ya ó anuncia la publicación de otros varios, cuyos títulos son:Epistolas y poemas,Rimas,Abrojos,Estudios críticos,Albumes y abanicos,Mis conocidosyDos años en Chile. Anuncia igualmente dicha cubierta que prepara Ud. una novela, cuyo solo título nos da en las narices del alma (pues si hay ojos del alma ó tiene el alma ojos, bien puede tener narices) con un tufillo á pornografía. La novela se titulaLa carne.

Nada de esto, con todo, me sirve hoy para juzgar á Ud., pues yo nada de esto conozco. Tengo que contraerme al libroAzul.....

En este libro no sé qué debo preferir: si la prosa, ó los versos. Casi me inclino á ver mérito igual en ambos modos de expresión del pensamiento de Ud. En la prosa hay más riqueza de ideas; pero es más afrancesada la forma. En los versos, la forma es más castiza. Los versos de usted se parecen á los versos españoles de otros autores, y no por eso dejan de ser originales: no recuerdan á ningún poeta español, ni antiguo, ni de nuestros días.

El sentimiento de la naturaleza raya en Ud. en adoración panteística. Hay en las cuatro composiciones (áómás bienenlas cuatro estaciones del año) la más gentílica exuberancia de amor sensual, y en este amor, algo de religioso. Cada composición parece un himno sagrado á Eros, himno que, á veces, en la mayor explosión de entusiasmo, el pesimismo viene á turbar con la disonancia, ya de un ay de dolor, ya de una carcajada sarcástica. Aquel sabor amargo, que brota del centro mismo de todo deleite, y que tan bien experimentó y expresó el ateo Lucrecio,

medio de fonte leporumSurgit amari aliquid, quod in ipsis floribus angat,

medio de fonte leporumSurgit amari aliquid, quod in ipsis floribus angat,

medio de fonte leporumSurgit amari aliquid, quod in ipsis floribus angat,

acude á menudo á interrumpir lo que Ud. llama

La música triunfante de mis rimas.

La música triunfante de mis rimas.

La música triunfante de mis rimas.

Pero, como en Ud. hay de todo, noto en los versos, además del ansia de deleite y además de la amargura de que habla Lucrecio, la sed de lo eterno, esa aspiración profunda é insaciable de las edades cristianas, que el poeta pagano quizá no hubiera comprendido.

Usted pide siempre más al hada, y.....

El hada entonces me llevó hasta el veloQue nos cubre las ansias infinitas,La inspiración profundaY el alma de las liras.Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.

El hada entonces me llevó hasta el veloQue nos cubre las ansias infinitas,La inspiración profundaY el alma de las liras.Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.

El hada entonces me llevó hasta el veloQue nos cubre las ansias infinitas,La inspiración profundaY el alma de las liras.Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.

Pero aun así, no se satisface el poeta, y pide más al hada.

Tiene Ud. otra composición, la que lleva por título la palabra griegaAnagke, donde el cántico de amor acaba en un infortunio y en una blasfemia. Suprimiendo la blasfemia final, que es burla contra Dios, voy á poner aquí el cántico casi completo.

Y dijo la paloma:Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,En el árbol en flor, junto á la pomaLlena de miel, junto al retoño suaveY húmedo por las gotas del rocío,Tengo mi hogar. Y vuelo,Con mis anhelos de ave,Del amado árbol míoHasta el bosque lejano,Cuando al himno jocundoDel despertar de Oriente,Sale el alba desnuda, y muestra al mundoEl pudor de la luz sobre su frente.Mi ala es blanca y sedosa;La luz la dora y bañaY céfiro la peina.Son mis pies como pétalos de rosa.Yo soy la dulce reinaQue arrulla á su palomo en la montaña.En el fondo del bosque pintorescoEstá el alerce en que formé mi nido;Y tengo allí, bajo el follaje fresco,Un polluelo sin par, recién nacido.Soy la promesa alada.El juramento vivo;Soy quien lleva el recuerdo de la amadaPara el enamorado pensativo.Yo soy la mensajeraDe los tristes y ardientes soñadores,Que va á revolotear diciendo amoresJunto á una perfumada cabellera.Soy el lirio del viento.Bajo el azul del hondo firmamentoMuestro de mi tesoro bello y ricoLas preseas y galas:El arrullo en el pico.La caricia en las alas.Yo despierto á los pájaros parlerosY entonan sus melódicos cantares:Me poso en los floridos limonerosY derramo una lluvia de azahares.Yo soy toda inocente, toda pura.Yo me esponjo en las ansias del deseo,Y me estremezco en la íntima ternuraDe un roce, de un rumor, de un aleteo.¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque á FloraDas la lluvia y el sol siempre encendido:Porque, siendo el palacio de la Aurora,También eres el techo de mi nido.¡Oh inmenso azul! Yo adoroTus celajes risueños,Y esa niebla sutil de polvo de oroDonde van los perfumes y los sueños.Amo los velos tenues, vagarosos,De las flotantes brumas,Donde tiendo á los aires cariñososEl sedeño abanico de mis plumas.¡Soy feliz! Porque es mía la floresta,Donde el misterio de los nidos se halla;Porque el alba es mi fiestaY el amor mi ejercicio y mi batalla.Feliz, porque de dulces ansias llena,Calentar mis polluelos es mi orgullo;Porque en las selvas vírgenes resuenaLa música celeste de mi arrullo;Porque no hay una rosa que no me ame,Ni pájaro gentil que no me escuche,Ni garrido cantor que no me llame!.....—¿Sí?—dijo entonces un gavilán infame,Y con furor se la metió en el buche.

Y dijo la paloma:Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,En el árbol en flor, junto á la pomaLlena de miel, junto al retoño suaveY húmedo por las gotas del rocío,Tengo mi hogar. Y vuelo,Con mis anhelos de ave,Del amado árbol míoHasta el bosque lejano,Cuando al himno jocundoDel despertar de Oriente,Sale el alba desnuda, y muestra al mundoEl pudor de la luz sobre su frente.Mi ala es blanca y sedosa;La luz la dora y bañaY céfiro la peina.Son mis pies como pétalos de rosa.Yo soy la dulce reinaQue arrulla á su palomo en la montaña.En el fondo del bosque pintorescoEstá el alerce en que formé mi nido;Y tengo allí, bajo el follaje fresco,Un polluelo sin par, recién nacido.Soy la promesa alada.El juramento vivo;Soy quien lleva el recuerdo de la amadaPara el enamorado pensativo.Yo soy la mensajeraDe los tristes y ardientes soñadores,Que va á revolotear diciendo amoresJunto á una perfumada cabellera.Soy el lirio del viento.Bajo el azul del hondo firmamentoMuestro de mi tesoro bello y ricoLas preseas y galas:El arrullo en el pico.La caricia en las alas.Yo despierto á los pájaros parlerosY entonan sus melódicos cantares:Me poso en los floridos limonerosY derramo una lluvia de azahares.Yo soy toda inocente, toda pura.Yo me esponjo en las ansias del deseo,Y me estremezco en la íntima ternuraDe un roce, de un rumor, de un aleteo.¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque á FloraDas la lluvia y el sol siempre encendido:Porque, siendo el palacio de la Aurora,También eres el techo de mi nido.¡Oh inmenso azul! Yo adoroTus celajes risueños,Y esa niebla sutil de polvo de oroDonde van los perfumes y los sueños.Amo los velos tenues, vagarosos,De las flotantes brumas,Donde tiendo á los aires cariñososEl sedeño abanico de mis plumas.¡Soy feliz! Porque es mía la floresta,Donde el misterio de los nidos se halla;Porque el alba es mi fiestaY el amor mi ejercicio y mi batalla.Feliz, porque de dulces ansias llena,Calentar mis polluelos es mi orgullo;Porque en las selvas vírgenes resuenaLa música celeste de mi arrullo;Porque no hay una rosa que no me ame,Ni pájaro gentil que no me escuche,Ni garrido cantor que no me llame!.....—¿Sí?—dijo entonces un gavilán infame,Y con furor se la metió en el buche.

Y dijo la paloma:Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,En el árbol en flor, junto á la pomaLlena de miel, junto al retoño suaveY húmedo por las gotas del rocío,Tengo mi hogar. Y vuelo,Con mis anhelos de ave,Del amado árbol míoHasta el bosque lejano,Cuando al himno jocundoDel despertar de Oriente,Sale el alba desnuda, y muestra al mundoEl pudor de la luz sobre su frente.Mi ala es blanca y sedosa;La luz la dora y bañaY céfiro la peina.Son mis pies como pétalos de rosa.Yo soy la dulce reinaQue arrulla á su palomo en la montaña.En el fondo del bosque pintorescoEstá el alerce en que formé mi nido;Y tengo allí, bajo el follaje fresco,Un polluelo sin par, recién nacido.Soy la promesa alada.El juramento vivo;Soy quien lleva el recuerdo de la amadaPara el enamorado pensativo.Yo soy la mensajeraDe los tristes y ardientes soñadores,Que va á revolotear diciendo amoresJunto á una perfumada cabellera.Soy el lirio del viento.Bajo el azul del hondo firmamentoMuestro de mi tesoro bello y ricoLas preseas y galas:El arrullo en el pico.La caricia en las alas.Yo despierto á los pájaros parlerosY entonan sus melódicos cantares:Me poso en los floridos limonerosY derramo una lluvia de azahares.Yo soy toda inocente, toda pura.Yo me esponjo en las ansias del deseo,Y me estremezco en la íntima ternuraDe un roce, de un rumor, de un aleteo.¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque á FloraDas la lluvia y el sol siempre encendido:Porque, siendo el palacio de la Aurora,También eres el techo de mi nido.¡Oh inmenso azul! Yo adoroTus celajes risueños,Y esa niebla sutil de polvo de oroDonde van los perfumes y los sueños.Amo los velos tenues, vagarosos,De las flotantes brumas,Donde tiendo á los aires cariñososEl sedeño abanico de mis plumas.¡Soy feliz! Porque es mía la floresta,Donde el misterio de los nidos se halla;Porque el alba es mi fiestaY el amor mi ejercicio y mi batalla.Feliz, porque de dulces ansias llena,Calentar mis polluelos es mi orgullo;Porque en las selvas vírgenes resuenaLa música celeste de mi arrullo;Porque no hay una rosa que no me ame,Ni pájaro gentil que no me escuche,Ni garrido cantor que no me llame!.....—¿Sí?—dijo entonces un gavilán infame,Y con furor se la metió en el buche.

Suprimo, como dije ya, los versos que siguen, y que no pasan de ocho, donde se habla de la risa que le dió á Satanás de resultas del lance y de lo pensativo que se quedó el Señor en su trono.

Entre las cuatro composiciones en las estaciones del año, todas bellas y raras, sobresale la del verano. Es un cuadro simbólico de los dos polos sobre los que rueda el eje de la vida: el amor y la lucha; el prurito de destrucción y el de reproducción. La tigre virgen en celo está magistralmente pintada, y mejor aún acaso el tigre galán y robusto que llega y la enamora.

Al caminar se víaSu cuerpo ondear con garbo y bizarría.Se miraban los músculos hinchadosDebajo de la piel. Y se diríaSer aquella alimañaUn rudo gladiador de la montaña.Los pelos erizadosDel labio relamía. Cuando andaba,Con su peso chafabaLa hierba verde y muelle,Y el ruido de su aliento semejabaEl resollar de un fuelle.

Al caminar se víaSu cuerpo ondear con garbo y bizarría.Se miraban los músculos hinchadosDebajo de la piel. Y se diríaSer aquella alimañaUn rudo gladiador de la montaña.Los pelos erizadosDel labio relamía. Cuando andaba,Con su peso chafabaLa hierba verde y muelle,Y el ruido de su aliento semejabaEl resollar de un fuelle.

Al caminar se víaSu cuerpo ondear con garbo y bizarría.Se miraban los músculos hinchadosDebajo de la piel. Y se diríaSer aquella alimañaUn rudo gladiador de la montaña.Los pelos erizadosDel labio relamía. Cuando andaba,Con su peso chafabaLa hierba verde y muelle,Y el ruido de su aliento semejabaEl resollar de un fuelle.

Síguense la declaración de amor, el sí en lenguaje de tigres y los primeros halagos y caricias. Después..... el amor en su plenitud, sin los poco decentes pormenores en que entran Rollinat y otros en casos semejantes.

Después el misteriosoTacto, las impulsivasFuerzas que arrastran con poder pasmoso,Y ¡oh gran Pan! el idilio monstruosoBajo las vastas selvas primitivas.

Después el misteriosoTacto, las impulsivasFuerzas que arrastran con poder pasmoso,Y ¡oh gran Pan! el idilio monstruosoBajo las vastas selvas primitivas.

Después el misteriosoTacto, las impulsivasFuerzas que arrastran con poder pasmoso,Y ¡oh gran Pan! el idilio monstruosoBajo las vastas selvas primitivas.

El príncipe de Gales, que andaba de caza por allí con gran séquito de monteros y jauría de perros, viene á poner trágico fin al idilio.

El príncipe mata á la tigre de un escopetazo. El tigre se salva, y luego en su gruta tiene un extraño sueño:


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