A cantar me obligaste con levantado aliento,Y en premio me ofreciste tu divinal favor.Hoy á buscarme vuelves. Yo conozco tu acentoY sé de tus miradas el mágico fulgor.. . . . . . . . . . . . . . . . . .¡Oh! ¡cumple tus promesas: alza mi nombre al cielo:Lleva los cantos míos al último confín,Y dales, incansable en tu radioso vuelo,La heroica resonancia de tu inmortal clarín!
A cantar me obligaste con levantado aliento,Y en premio me ofreciste tu divinal favor.Hoy á buscarme vuelves. Yo conozco tu acentoY sé de tus miradas el mágico fulgor.. . . . . . . . . . . . . . . . . .¡Oh! ¡cumple tus promesas: alza mi nombre al cielo:Lleva los cantos míos al último confín,Y dales, incansable en tu radioso vuelo,La heroica resonancia de tu inmortal clarín!
A cantar me obligaste con levantado aliento,Y en premio me ofreciste tu divinal favor.Hoy á buscarme vuelves. Yo conozco tu acentoY sé de tus miradas el mágico fulgor.. . . . . . . . . . . . . . . . . .¡Oh! ¡cumple tus promesas: alza mi nombre al cielo:Lleva los cantos míos al último confín,Y dales, incansable en tu radioso vuelo,La heroica resonancia de tu inmortal clarín!
En casi todos los poetas de que hay obras en elParnaso Colombianodebo decir, en honor de la verdad, que se advierte un sabor castizo, una corrección y una elegancia sencilla, que, no en todos, sino sólo en nuestros mejores y más cultos peninsulares se nota. Claro se ve que en Colombia es cultivado con amor y con atinado ahinco nuestro patrio idioma; que en Colombia ha nacido Rufino Cuervo. Todas las locuciones vulgares, todas las adulteraciones que pueblo tan remoto de España ha introducido en el lenguaje español, quedan tan estudiadas y corregidas en lasApuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotanode Cuervo, que no hay rastro de ello en la buena poesía.
De este respeto general al idioma aun da Cuervo otra prueba más brillante, viniendo á constituirse, como Ud. dice, desde un rincón de los Andes, en maestro excelente y superior del habla de Castilla. SuDiccionario de construcción y régimenes un portento de erudición, de buen gusto, de tenacidad y de paciencia.
Imposible parece que, en medio de las faenas de una fábrica de cerveza, donde Rufino, auxiliado por su hermano Angel, creó los bienes de fortuna que no tenía, le sobrasen tiempo y medios para leer, conocer á fondo y poder citar todo libro escrito en castellano desde la formación del lenguaje hasta ahora. Así será su obra alto monumento literario, honra de Colombia, de él y de la raza á que pertenece. Al mismo tiempo da Rufino Cuervo noble ejemplo de vivir, cuando, hijo del que fué presidente de la república, no seavergüenza de emplearse en bajos y mecánicos menesteres para ganarse la vida, y, ya ganada, la consagra por completo á competir con Littré, si no á vencerle, haciendo unDiccionario de autoridades, con tal copia de ejemplos, que pasma y aturde, y donde está la historia de cada palabra y de todas sus acepciones, desde el sigloXIIhasta elXIX.
Hablo aquí de Cuervo para consagrarle este testimonio de mi admiración, y para que sea como muestra y garantía de que en su tierra se sabe la lengua castellana, lo cual importa mucho en la alabanza de sus poetas. El crítico circunspecto, digan lo que digan los entusiastas y sublimes, tiene que ir con pies de plomo en eso de conceder ó de negar patentes degenioy en disponer de la inmortalidad gloriosa para otorgarla ó rehusarla, según su antojo; pero bien puede afirmar, y yo lo afirmo delParnaso Colombiano, que es un dechado de buen decir, y fehaciente documento de la civilización del pueblo donde tales poetas hay, y del arte, magisterio y esmerado tino con que manejan el habla, instrumento de la poesía.
Prestan además carácter á la poesía colombiana en general dos condiciones, ó mejor diré circunstancias, que influyen mucho en que sea buena y original. Es una el espectáculo de la magnífica naturaleza que rodea al poeta y le inspira, y es otra la sencillez patriarcal de costumbres, que transciende y da clara y dichosa muestra de sí en el estilo, á pesar de ciertos refinamientos de cultura intelectual, y á pesar de autores, grandessí, pero enrevesados, ampulosos y gongorinos á su manera, que á veces se toman por modelo, como Víctor Hugo por ejemplo.
Para citar algo que ponga de manifiesto lo que digo, tengo que ir muy á la ventura y no respondo de que lo que yo cite sea siempre de lo mejor. Los poetas citados tienen además que permanecer para nosotros medio desconocidos. Por unos cuantos versos no es posible apreciar á los que han escrito mucho.
Hay; v. gr., un doctor Manuel María Madiedo que ha escrito tanto como el Tostado. Ha escrito tragedias, dramas, sainetes, novelas y obras por cuyos títulos, que es lo único que yo conozco, se calcula que han de ser de filosofía, de religión y de política, comoLa ciencia social,Crítica general,Derecho de gentes,Nuestro sigloXIX,El cáncer de los siglos,La razón del hombre juzgada por sí mismayLa divina profundidad de la filosofía del Evangelio.
El Sr. Madiedo ha escrito muchísimo en los periódicos; es de los que más han hecho por la instrucción pública de su país: ha sido rector y catedrático en varios colegios. En su misma casa ha puesto cátedra y ha dado lecciones gratis. Es jurisconsulto, etc., etc. Y, sin embargo, no hay en elParnaso Colombianomás que una sola composición del doctor Madiedo, tal vez de su mocedad, tal vez de las más descuidadas. Es, pues, evidente que yo no intento dar á conocer el mérito del doctor Madiedo por un trozo de la susodicha composición. Cito sólo el trozo para muestra del candor natural y sin aliño con que sin duda haceversos en Colombia todo hombre de ingenio y de ciencia, fijando sus fugitivas impresiones por medio de la palabra rítmica y procurando transmitir y perpetuar la idea y el sentimiento que ha despertado en su espíritu la naturaleza circunstante.
Los versos del doctor son al río Magdalena, al que, entre otras mil cosas que justifican no poco las que yo sospechaba que fuesen ponderaciones de mi amigo el Sr. Cané, dice lo siguiente:
No nadan rosas en tus aguas turbias,Sino los brazos de la ceiba anciana,Que desgarró con hórrido estampidoTremendo rayo de feroz borrasca.Yo veo serpientes que tus aguas surcan,Cuyos matices á la vista encantan,Y oigo el ronquido del hambriento tigreRodar sobre tu margen solitaria;Mientras salvaje el grito de los bogas,Que entre blasfemias sus trabajos cantan,Vuela á perderse en tus sagradas selvas,Que aun no conocen la presencia humana.¡Oh! ¡qué serían sátiros y faunos,Bailando al son de femeniles flautas,Sobre la arena que al caimán da vidaEn tus ardientes y desiertas playas!¡Ah! ¡qué serían cerca de los bogasQue, rebatiendo las callosas palmas,En el silencio de solemne nocheEn derredor de las hogueras danzan!
No nadan rosas en tus aguas turbias,Sino los brazos de la ceiba anciana,Que desgarró con hórrido estampidoTremendo rayo de feroz borrasca.Yo veo serpientes que tus aguas surcan,Cuyos matices á la vista encantan,Y oigo el ronquido del hambriento tigreRodar sobre tu margen solitaria;Mientras salvaje el grito de los bogas,Que entre blasfemias sus trabajos cantan,Vuela á perderse en tus sagradas selvas,Que aun no conocen la presencia humana.¡Oh! ¡qué serían sátiros y faunos,Bailando al son de femeniles flautas,Sobre la arena que al caimán da vidaEn tus ardientes y desiertas playas!¡Ah! ¡qué serían cerca de los bogasQue, rebatiendo las callosas palmas,En el silencio de solemne nocheEn derredor de las hogueras danzan!
No nadan rosas en tus aguas turbias,Sino los brazos de la ceiba anciana,Que desgarró con hórrido estampidoTremendo rayo de feroz borrasca.Yo veo serpientes que tus aguas surcan,Cuyos matices á la vista encantan,Y oigo el ronquido del hambriento tigreRodar sobre tu margen solitaria;Mientras salvaje el grito de los bogas,Que entre blasfemias sus trabajos cantan,Vuela á perderse en tus sagradas selvas,Que aun no conocen la presencia humana.¡Oh! ¡qué serían sátiros y faunos,Bailando al son de femeniles flautas,Sobre la arena que al caimán da vidaEn tus ardientes y desiertas playas!¡Ah! ¡qué serían cerca de los bogasQue, rebatiendo las callosas palmas,En el silencio de solemne nocheEn derredor de las hogueras danzan!
Debe entenderse que estosbogasson los indios briosos y sufridos, aunque groseros y algo feroces, que se emplean en todas las faenas de la navegación y tráfico por el gran río. Los sátiros y los faunos, el doctor tiene razón, quedan chiquititos al lado de estosbogas, que encienden las hogueras para ahuyentar á las bestias feroces, y que el doctor ha visto
Dando á los aires la robusta espaldaSobre la arena que marcado habíanDe las tortugas la penosa marcha,Y del caimán la formidable cola,Y de los tigres la temible garra.Yo los he visto en derredor del fuegoDanzar al eco de sonora gaita,Mientras silbaba el huracán del NorteSobre tus olas con sañuda rabia.
Dando á los aires la robusta espaldaSobre la arena que marcado habíanDe las tortugas la penosa marcha,Y del caimán la formidable cola,Y de los tigres la temible garra.Yo los he visto en derredor del fuegoDanzar al eco de sonora gaita,Mientras silbaba el huracán del NorteSobre tus olas con sañuda rabia.
Dando á los aires la robusta espaldaSobre la arena que marcado habíanDe las tortugas la penosa marcha,Y del caimán la formidable cola,Y de los tigres la temible garra.Yo los he visto en derredor del fuegoDanzar al eco de sonora gaita,Mientras silbaba el huracán del NorteSobre tus olas con sañuda rabia.
El cuadro es completo en su sencillez y se ve que está tomado del natural. Allí impera el hombre primitivo, libre, fuerte, luchando con una naturaleza terriblemente poderosa, bella y rebelde.
En vano busca en tu desierta margenEl hombre, que cual leve sombra pasa,Palacios y ciudades de una horaQue derrumban del tiempo las pisadas.
En vano busca en tu desierta margenEl hombre, que cual leve sombra pasa,Palacios y ciudades de una horaQue derrumban del tiempo las pisadas.
En vano busca en tu desierta margenEl hombre, que cual leve sombra pasa,Palacios y ciudades de una horaQue derrumban del tiempo las pisadas.
Pero, en cambio, ¡cuánta poesía, cuánta libertad y cuánta hermosura, apacible á veces,
Cuando, en un cielo plácido y sin mancha,Mira la luna en tus remansos bellosSu faz rotunda de bruñido nácar!
Cuando, en un cielo plácido y sin mancha,Mira la luna en tus remansos bellosSu faz rotunda de bruñido nácar!
Cuando, en un cielo plácido y sin mancha,Mira la luna en tus remansos bellosSu faz rotunda de bruñido nácar!
Entonces, al contemplar el poeta el Magdalena,
En sus riberas vírgenes admiraLa creación saliendo de la nada,
En sus riberas vírgenes admiraLa creación saliendo de la nada,
En sus riberas vírgenes admiraLa creación saliendo de la nada,
y piensa que
El hombre libre, que sus redes secaEn tu sublime margen solitaria,Como en Edén nuestros primeros padres,Sólo de Dios adora la palabra.. . . . . . . . . . . . . . . . . .Cedros y flores ornan tu riberaY aves sin fin que con tus ondas hablan,En sus variados armoniosos cantosDe tus desiertos la grandeza ensalzan.
El hombre libre, que sus redes secaEn tu sublime margen solitaria,Como en Edén nuestros primeros padres,Sólo de Dios adora la palabra.. . . . . . . . . . . . . . . . . .Cedros y flores ornan tu riberaY aves sin fin que con tus ondas hablan,En sus variados armoniosos cantosDe tus desiertos la grandeza ensalzan.
El hombre libre, que sus redes secaEn tu sublime margen solitaria,Como en Edén nuestros primeros padres,Sólo de Dios adora la palabra.. . . . . . . . . . . . . . . . . .Cedros y flores ornan tu riberaY aves sin fin que con tus ondas hablan,En sus variados armoniosos cantosDe tus desiertos la grandeza ensalzan.
Si la pompa y la grandeza de estos desiertos han sido ensalzadas por los poetas colombianos, natural es que lo haya sido más la útil y cómoda beldad de la llanura elevada donde Bogotá se encuentra, y que, por parecerse á Granada, con su Sierra Nevada y con su vega, valió á aquellas regiones el nombre de Nueva Granada.
El prodigioso salto del Tequendama debió ser y ha sido también asunto adecuado y frecuente de la poesía, compitiendo con el Niágara. Ya los indios habían poetizado el Tequendama en su mitología. Nemterequeteba es uno de los nombres del ser sobrenatural, que, como Manco Capac con relación á los peruanos, trajo la civilización á los chibchas, apareciendo entre ellos, estableciendo religión y vida política, y enseñándoles á tejer, á labrar la tierra y á fundir y esculpir el oro, aunque no el hierro, que desconocían.
El río Funca ó Bogotá se desbordó y cubrió la llanura toda. Los hombres, para no morir ahogados, tuvieron que encaramarse y refugiarse en lo alto de las montañas. Y entonces fué cuando Nemterequeteba, hiriendo con su báculo una firmísima roca, abrió paso al agua, que se precipitó por allí con estruendo y como en un abismo. Tal origen tuvo el salto del Tequendama, en la imaginación de los chibchas. Los modernos colombianos le celebran y describen en hermosos versos.
Uno de los cantores del Tequendama es D. José Joaquín Ortiz, de quien tengo que decir lo mismo que de Madiedo, y que de casi todos. Es autor de multitud de obras que no hemos visto por aquí; de novelas, de comedias, deLecciones de literatura castellana, de muchasPoesíasy de un libro tituladoTestimonio de la historia y de la filosofía acerca de la divinidad de Jesucristo.
Sus versos al Tequendama son buenos, pero no los citaré para citar otros que me parecen mucho mejores. Y no creo que el Sr. Ortiz se enoje ó se aflija de esta preferencia, como dicen que una vez se enojó y afligió mucho Píndaro de que, en los Juegos Olímpicos, Corina le venciese. En tiempo de Píndaro no se usaba la galantería que ahora se usa, y que tanto resplandece en otros versos del Sr. Ortiz, donde lindamente encomia á sus paisanas. Yo, por otra parte, ya que no cite los versos del Sr. Ortiz á la catarata, he de citar algo de estos otros de que hablé, no sólo por el encomio de las damas colombianas y porque en ellos se alude también al gigantesco salto, sino porque, escritos para una fiesta nacional, y llenos del más ardiente afecto á Colombia, manifiestan profundo amor filial á la antigua metrópoli, amor que nos enorgullece, que procuramos pagar, y que muestran y sienten los hispano-americanos, á pesar de los errores y torpezas en que han incurrido con frecuencia nuestros gobiernos en sus relaciones con aquellas repúblicas.
El Sr. Ortiz quiere cantar á su patria, duda de su estro y dice:
¡Oh! ¡no! para cantarte dignamentePoderosa no fueraDel viejo Homero la robusta trompa,Ni de Marón la lira lisonjera.¿Y yo he de alzar loándote mi acento,De tu gran día en la solemne pompa?¿Qué es la humilde retamaJunto al baobab, patriarca de la selva,Que su gigante mole saca al cielo?¿Qué el menguado arroyueloQue corre sin rüido,En la callada soledad perdido.En medio de los Andes,Con nuestro poderoso Tequendama,Que, al arrojarse en el abismo, bramaAtronando el desierto en voces grandes?
¡Oh! ¡no! para cantarte dignamentePoderosa no fueraDel viejo Homero la robusta trompa,Ni de Marón la lira lisonjera.¿Y yo he de alzar loándote mi acento,De tu gran día en la solemne pompa?¿Qué es la humilde retamaJunto al baobab, patriarca de la selva,Que su gigante mole saca al cielo?¿Qué el menguado arroyueloQue corre sin rüido,En la callada soledad perdido.En medio de los Andes,Con nuestro poderoso Tequendama,Que, al arrojarse en el abismo, bramaAtronando el desierto en voces grandes?
¡Oh! ¡no! para cantarte dignamentePoderosa no fueraDel viejo Homero la robusta trompa,Ni de Marón la lira lisonjera.¿Y yo he de alzar loándote mi acento,De tu gran día en la solemne pompa?¿Qué es la humilde retamaJunto al baobab, patriarca de la selva,Que su gigante mole saca al cielo?¿Qué el menguado arroyueloQue corre sin rüido,En la callada soledad perdido.En medio de los Andes,Con nuestro poderoso Tequendama,Que, al arrojarse en el abismo, bramaAtronando el desierto en voces grandes?
Toda esta composición está llena de apasionado lírico arrebato. El poeta, ya anciano, es uno de los últimos testigos de la gloriosa guerra de la independencia, y lamenta las discordias civiles del día, mientras que las hazañas de Bolívar y de los demás libertadores dan á su ánimo afligido
Consuelo celestial con su memoria.
Consuelo celestial con su memoria.
Consuelo celestial con su memoria.
Bolívar es para él tan grande como Colón. Si éste descubre la América, el otro la liberta. Si Colón,
....... el inmortal piloto,Ve salir lentamente de la espuma,Como alza el cáliz el fragante loto,La americana tierra,
....... el inmortal piloto,Ve salir lentamente de la espuma,Como alza el cáliz el fragante loto,La americana tierra,
....... el inmortal piloto,Ve salir lentamente de la espuma,Como alza el cáliz el fragante loto,La americana tierra,
y si Colón puede entonces exclamar, ebrio de gozo,
¡Gloria al Señor! ¡He descubierto un mundo!
¡Gloria al Señor! ¡He descubierto un mundo!
¡Gloria al Señor! ¡He descubierto un mundo!
Bolívar también
Al través de los campos de la muerte,Llega por fin, de donde el mar recibeAl Orinoco en amoroso abrazo,A la cima en que eleva al firmamentoSu frente de granito el Chimborazo,Y derrama la vista abajo, y miraCual salidas del báratro profundoCinco grandes naciones,Y clamar puede al fin, ebrio de gozo,¡Gloria al Señor! ¡He libertado un mundo!
Al través de los campos de la muerte,Llega por fin, de donde el mar recibeAl Orinoco en amoroso abrazo,A la cima en que eleva al firmamentoSu frente de granito el Chimborazo,Y derrama la vista abajo, y miraCual salidas del báratro profundoCinco grandes naciones,Y clamar puede al fin, ebrio de gozo,¡Gloria al Señor! ¡He libertado un mundo!
Al través de los campos de la muerte,Llega por fin, de donde el mar recibeAl Orinoco en amoroso abrazo,A la cima en que eleva al firmamentoSu frente de granito el Chimborazo,Y derrama la vista abajo, y miraCual salidas del báratro profundoCinco grandes naciones,Y clamar puede al fin, ebrio de gozo,¡Gloria al Señor! ¡He libertado un mundo!
Pero este mismo anciano poeta, que vió al libertador y que tanto le ensalza, ama á España y nos asegura que no cesó de pensar en ella y de desear la reconciliación.
En esos años de la ausencia fiera,El recuerdo de EspañaSeguíamos doquiera.Todo nos es común: su Dios, el nuestro;La sangre que circula por sus venasY el hermoso lenguaje;Sus artes, nuestras artes; la armoníaDe sus cantos, la nuestra; sus reveses,Nuestros también, y nuestrasLas glorias de Bailén y de Pavía.
En esos años de la ausencia fiera,El recuerdo de EspañaSeguíamos doquiera.Todo nos es común: su Dios, el nuestro;La sangre que circula por sus venasY el hermoso lenguaje;Sus artes, nuestras artes; la armoníaDe sus cantos, la nuestra; sus reveses,Nuestros también, y nuestrasLas glorias de Bailén y de Pavía.
En esos años de la ausencia fiera,El recuerdo de EspañaSeguíamos doquiera.Todo nos es común: su Dios, el nuestro;La sangre que circula por sus venasY el hermoso lenguaje;Sus artes, nuestras artes; la armoníaDe sus cantos, la nuestra; sus reveses,Nuestros también, y nuestrasLas glorias de Bailén y de Pavía.
Hasta las mujeres de su país traían al poeta, en su mocedad, el recuerdo y el amor de España:
En el porte elegante,En el puro perfil de su semblante,En su mirada ardiente y en el dejoMeloso de la voz, eran retratoDe sus nobles abuelas;Copia feliz de gracia soberana,En que agradablemente se veíaEl decoro y nobleza castellanaY el donaire y la sal de Andalucía.
En el porte elegante,En el puro perfil de su semblante,En su mirada ardiente y en el dejoMeloso de la voz, eran retratoDe sus nobles abuelas;Copia feliz de gracia soberana,En que agradablemente se veíaEl decoro y nobleza castellanaY el donaire y la sal de Andalucía.
En el porte elegante,En el puro perfil de su semblante,En su mirada ardiente y en el dejoMeloso de la voz, eran retratoDe sus nobles abuelas;Copia feliz de gracia soberana,En que agradablemente se veíaEl decoro y nobleza castellanaY el donaire y la sal de Andalucía.
Quien, á la edad de setenta años, echa aún tan bonitos requiebros á sus paisanas, estoy seguro, repito, de que no ha de afligirse de que se dé á una de ellas la preferencia en lo de cantar el Tequendama. Y no es esto decir que el Sr. Ortiz no sienta y exprese bien la naturaleza, sino que, ante la catarata, fué menos feliz que una poetisa. Ortiz, en su composiciónA una golondrina, prueba que vale mucho en este género. No me atrevo á decidir si es coincidencia ó imitación; pero, en el corte, en el tono, en la serena melancolía de sus versosA una golondrina, se recuerda á Leopardi, salvo siempre que la fe, que no abandona á Ortiz, quita á sus versos la amarga desesperación que la incredulidad de Leopardi prestaba siempre á cuanto escribía. Hay además en Ortiz no poco dequintanescoy clásico, al ver siempre al hombre y al pensar más en su destino, en su progreso, en su libertad, en su infelicidad ó en su dicha, que en todas las magnificencias de la tierra y de los cielos. Todo esto es para él como el fondo que pinta ligeramente el artista en un cuadro donde campea la figura humana.
En cambio, la ilustre poetisa antioqueña Agripina Montes siente y refleja con gran viveza y vigor la hermosura y sublimidad de los seres inanimados ó inferiores al hombre.
El sentimiento de la naturaleza es en su almatodo lo profundo que puede ser en un alma católica y española; porque la idiosincrasia de nuestra raza pone la propia individualidad por cima de todo, y jamás hubo teósofo español que la disolviese en la inmensidad del Universo, ni místico, y eso que los hemos tenido maravillosos, que la sepultase en el abismo interior del centro del espíritu.
Yo no aclamo, me limito á repetir el grito de admiración con que, en su patria, saludan á doña Agripina, aclamándolaMusa del Tequendama. Añadiré además que, por las noticias que me da el colector Añez, D.ª Agripina es una señora guapa, joven aún, que se casó, en muy temprana edad, con D. Miguel del Valle, de quien tuvo numerosa prole, y de quien, en 1886, quedó viuda. Vive consagrada á sus hijos, á par que da lecciones en establecimientos de educación y en casas particulares. En 1887 ha sido nombrada directora de la Escuela normal de Santamarta. El Sr. Añez la celebra por no menos hábil y activa en labores caseras que con la pluma.
Para muestra de esta última y superior habilidad quisiera yo poner aquí toda la oda al Salto; pero no me atrevo á llenar mucho las columnas deEl Imparcial, y me limitaré á trasladar á ellas algunos fragmentos.
Aun así, lo dejaré para otro día, porque va ya siendo demasiado extensa esta carta.
** *
3 de Septiembre de 1888.
Muy estimado señor mío: Yo hago muchos distingos y no afirmo ni niego por completo sino rarísimas veces. Por esto me acusan de escéptico. Pero, en fin, yo soy así, y no lo puedo remediar. La famosa sentenciaut pictura poesis, que en Alemania y en Inglaterra ha sido fundamento de sendas escuelas de poesía, me parece falsa como no se limite mucho.
Hay, debe haber poesía descriptiva, como hay pintura de paisaje; pero la poesía describe de un modo reflejo lo que la pintura pinta de un modo más directo. La poesía vence á la pintura, cuando la poesía describe, no el objeto que se ve, sino la impresión, el sentimiento y la idea que el objeto que se ve produce en lo profundo del alma. En cambio, para conocer bien el objeto, tal como es, ó al menos tal como aparece, la pintura y hasta la fotografía valen más que la poesía más fiel y más pintoresca.
La palabra fría de la prosa, fórmulas aritméticas áridas, nomenclaturas técnicas, dan más cumplido concepto de lo que es cualquier objeto ó fenómeno del mundo exterior que los versos más elocuentes y sublimes.
Heredia, poeta de Cuba; Pérez Bonalde, poeta de Venezuela, han compuesto versos hermosísimos al Niágara. Mas para formar idea del Niágara dice más el que dice: el río se precipita desdeuna altura de más de 50 metros; contando con la isla de la Cabra, que está en medio, y divide la catarata, la anchura del río, en el lugar en que se precipita, vendrá á ser de 1.300 metros; y el volumen de agua que cae, cada hora, es de noventa mil millones de pies cúbicos ingleses, según los cálculos de Lyell.
No hay oda, ni himno, que haga concebir mejor la grandeza del Niágara. De donde yo infiero que la poesía realista ó naturalista vale poco, y que el verdadero valor de la poesía está, no en lo real, sino en lo ideal, en la pasión en el sentimiento que produce el objeto en el espíritu de quien le contempla: en lo sobrenatural y en lo infinito, cuyo volumen Lyell no calcula: en Dios ó en el diablo que al poeta se le aparece, ó que surge evocado por él del seno agitado y estrepitoso de aquellos noventa mil millones de pies cúbicos por hora, que, desde hace tantos siglos, sin que disminuyan, se van derrumbando á un lado y á otro de la isla de la Cabra.
Siempre he leído con gusto el precioso libro de Víctor de Laprade sobreEl sentimiento de la naturaleza; y no porque me ha convencido, sino porque ha corroborado, con todo su saber y su discreción, lo mismo que yo pensaba y sentía. La poesía tiene por objeto al hombre, con todo lo que hay en su espíritu. Su pensamiento, su acción es siempre el asunto. Donde no hay acción humana, la poesía descriptiva se diría que está de sobra; acuden á la memoria los versos de Lope:
En este valle y líquida laguna,Si he de decir verdad como hombre honrado,Jamás me sucedió cosa ninguna.
En este valle y líquida laguna,Si he de decir verdad como hombre honrado,Jamás me sucedió cosa ninguna.
En este valle y líquida laguna,Si he de decir verdad como hombre honrado,Jamás me sucedió cosa ninguna.
Así es que Homero, guiado por su instinto divino é infalible, no describe, y si describe, la descripción se vuelve acción. No se para Homero á describir las armas de Aquiles, sino que nos lleva á la fragua, y vemos á Vulcano con el martillo y las tenazas; y vemos el oro y el bronce que se derriten, y los fuelles que soplan, y el fuego que arde; y vemos trabajar al dios, y salir de entre sus manos ágiles, y de su maravillosa mente de artista, la fuerte coraza, el penachudo morrión y el estupendo escudo, en cuyas cinco zonas el dios va esculpiendo á nuestra vista, llena de grato asombro, cuanto hay de más hermoso en el cielo y en la tierra.
Con el Tequendama ocurre lo mismo que con el Niágara. Cualquiera descripción en prosa, la de Humboldt, la del matemático Caldas, la del barón de Japurá, dan más cumplida idea que los mejores versos. La masa de agua que se precipita es muy inferior, pero cae de un lugar cerca de cuatro veces más alto. El agua además choca primero contra un banco de piedra, y allí revienta; hierve y se lanza de nuevo en plumas divergentes hacia el abismo. En el fondo es más terrible el choque y no puede mirarse sin horror. Las plumas de agua, las puntas de lanzas, que tal parecen, se despeñan con increíble rapidez y se suceden unas á otras. Al llegar al fondo, cuando no antes, en virtud de su vertiginoso descenso, se desmenuza el agua y se pulveriza, y asciendeluego en forma de nubes, que el sol dora y adorna con el iris. Se diría que el Bogotá, acostumbrado á correr por las regiones elevadas de los Andes, baja á pesar suyo á aquella profundidad y quiere otra vez elevarse orgulloso en difusos vapores. Estos vapores asegura Humboldt que se ven desde la ciudad de Bogotá á cinco leguas de distancia.
Después de esto, ¿qué podrá añadir la poetisa; qué ponderación realzará en sus versos la pintura de la catarata? La impresión propia, el vuelo de su espíritu, su humano pensamiento y su elevada fantasía, que entrevé á Dios en el horrendo arco que forma el agua.
Después prosigue la poetisa:
¿Qué buscas en lo ignoto?¿Cómo, adónde, por quién vas empujado?Envuelto en los profusos torbellinosDe la hervidora tromba de tu espuma,E irisado en fantástico espejismoCon frenesí de ciego terremoto,Entre tu aérea clámide de bruma,Te lanzas despeñado,Gigante volador, sobre el abismo.Se irgue á tu paso murallón inmobleCual vigilante esfinge del Leteo;Mas de tu ritmo bárbaro al redobleVacila con medroso bamboleo.Y en tanto al pie del pavoroso salto,Que desgarra sus senos al basalto,Con tórrida opulenciaEn el sonriente y pintoresco valleAbren las palmas florecida calle.. . . . . . . . . . . . . . . . . .La indiana piña de la ardiente vega,Adorada del sol, de ámbar y de oro,Sus amarillos búcaros despliega.Sus ánforas de jugo nectarinoTe ofrece hospitalariaLa guanábana en traje campesino,A la par que su rica vainilleraEl tamarindo tropical desgrana,Y la silvestre higueraReviste al alba su lujosa grana.Bate del aura al caprichoso giroSus granadillas de oro mejicanoCon su plumaje de ópalo y zafiroLa pasionaria en el palmar del llano;Y el cámbulo deshoja reverenteSus cálices de fuego en tu corriente.Miro á lo alto. En la sien de la montañaSu penacho imperial gozosa bañaLa noble águila fiera;Y espejándose en tu arco de topacio,Que adereza la luz de cien colores,Se eleva majestuosa en el espacioLlevándose un jirón de tus vapores.Y las mil ignoradas resonanciasDel antro y la floresta,Y místicas estanciasDo urden alados silfos blanda orquesta,Como final tributo de reposo¡Oh émulo del destino!Ofrece á tu suicidio de colosoLa tierra engalanada en tu camino.
¿Qué buscas en lo ignoto?¿Cómo, adónde, por quién vas empujado?Envuelto en los profusos torbellinosDe la hervidora tromba de tu espuma,E irisado en fantástico espejismoCon frenesí de ciego terremoto,Entre tu aérea clámide de bruma,Te lanzas despeñado,Gigante volador, sobre el abismo.Se irgue á tu paso murallón inmobleCual vigilante esfinge del Leteo;Mas de tu ritmo bárbaro al redobleVacila con medroso bamboleo.Y en tanto al pie del pavoroso salto,Que desgarra sus senos al basalto,Con tórrida opulenciaEn el sonriente y pintoresco valleAbren las palmas florecida calle.. . . . . . . . . . . . . . . . . .La indiana piña de la ardiente vega,Adorada del sol, de ámbar y de oro,Sus amarillos búcaros despliega.Sus ánforas de jugo nectarinoTe ofrece hospitalariaLa guanábana en traje campesino,A la par que su rica vainilleraEl tamarindo tropical desgrana,Y la silvestre higueraReviste al alba su lujosa grana.Bate del aura al caprichoso giroSus granadillas de oro mejicanoCon su plumaje de ópalo y zafiroLa pasionaria en el palmar del llano;Y el cámbulo deshoja reverenteSus cálices de fuego en tu corriente.Miro á lo alto. En la sien de la montañaSu penacho imperial gozosa bañaLa noble águila fiera;Y espejándose en tu arco de topacio,Que adereza la luz de cien colores,Se eleva majestuosa en el espacioLlevándose un jirón de tus vapores.Y las mil ignoradas resonanciasDel antro y la floresta,Y místicas estanciasDo urden alados silfos blanda orquesta,Como final tributo de reposo¡Oh émulo del destino!Ofrece á tu suicidio de colosoLa tierra engalanada en tu camino.
¿Qué buscas en lo ignoto?¿Cómo, adónde, por quién vas empujado?Envuelto en los profusos torbellinosDe la hervidora tromba de tu espuma,E irisado en fantástico espejismoCon frenesí de ciego terremoto,Entre tu aérea clámide de bruma,Te lanzas despeñado,Gigante volador, sobre el abismo.Se irgue á tu paso murallón inmobleCual vigilante esfinge del Leteo;Mas de tu ritmo bárbaro al redobleVacila con medroso bamboleo.Y en tanto al pie del pavoroso salto,Que desgarra sus senos al basalto,Con tórrida opulenciaEn el sonriente y pintoresco valleAbren las palmas florecida calle.. . . . . . . . . . . . . . . . . .La indiana piña de la ardiente vega,Adorada del sol, de ámbar y de oro,Sus amarillos búcaros despliega.Sus ánforas de jugo nectarinoTe ofrece hospitalariaLa guanábana en traje campesino,A la par que su rica vainilleraEl tamarindo tropical desgrana,Y la silvestre higueraReviste al alba su lujosa grana.Bate del aura al caprichoso giroSus granadillas de oro mejicanoCon su plumaje de ópalo y zafiroLa pasionaria en el palmar del llano;Y el cámbulo deshoja reverenteSus cálices de fuego en tu corriente.Miro á lo alto. En la sien de la montañaSu penacho imperial gozosa bañaLa noble águila fiera;Y espejándose en tu arco de topacio,Que adereza la luz de cien colores,Se eleva majestuosa en el espacioLlevándose un jirón de tus vapores.Y las mil ignoradas resonanciasDel antro y la floresta,Y místicas estanciasDo urden alados silfos blanda orquesta,Como final tributo de reposo¡Oh émulo del destino!Ofrece á tu suicidio de colosoLa tierra engalanada en tu camino.
Todo esto es bello; pero en el fondo del cuadro, la figura principal es la misma poetisa. El Tequendama es el pedestal ingente sobre el cual se pone su espíritu
A retocar sus desteñidos sueños.
A retocar sus desteñidos sueños.
A retocar sus desteñidos sueños.
El desaliento que se apodera del espíritu en presencia de tan grande escena, hace concebirmejor su magnificencia que la descripción más atinada y exacta.
Manzoni, cantando á Napoleón, que al fin era un hombre como él, y por la elevación del pensamiento mucho menor que él, puede decir, sin que nos ofenda la jactancia, que va á entonar un cántico queforse non morrà. Simónides, reviviendo en los versos de Leopardi, puede pedir para sus versos la misma inmortalidad que da la gloria á los trescientos héroes que los versos celebran; pero ante el espectáculo solemne de aquella fuerza ciega, fatal y sin término, el ánimo se apoca. Es además una mujer la que canta, y yo veo algo de amable y de muy delicado en la timidez y desconfianza con que la poetisa predice, engañada por su modestia, que su canto va á morir; que
Así como se pierden á lo lejos,Blancos al alba y al morir bermejos,En nívea blonda de la errante nube,O en chal de la colina,Los velos primorososDe tu sutil neblina,Va en tus ondas mi cántico arrolladoBajo tu insigne mole confundido,E, inermes ante el hado,Canto y cantor sepultará el olvido.
Así como se pierden á lo lejos,Blancos al alba y al morir bermejos,En nívea blonda de la errante nube,O en chal de la colina,Los velos primorososDe tu sutil neblina,Va en tus ondas mi cántico arrolladoBajo tu insigne mole confundido,E, inermes ante el hado,Canto y cantor sepultará el olvido.
Así como se pierden á lo lejos,Blancos al alba y al morir bermejos,En nívea blonda de la errante nube,O en chal de la colina,Los velos primorososDe tu sutil neblina,Va en tus ondas mi cántico arrolladoBajo tu insigne mole confundido,E, inermes ante el hado,Canto y cantor sepultará el olvido.
No es de recelar que tal suceda, porque los versos son hermosos y muestran el arte de la poetisa, su viva imaginación y el buen gusto para la dicción poética. Tal vez elbamboleocon que, alucinada ella por un momento, cree que se estremecen y vacilan las inmobles rocas al rudogolpe del agua, parezca á alguien palabra sobrado vulgar; pero es gráfica y está realzada por el epítetomedroso.
La pintura de la vegetación tropical, que se extiende al pie del Salto, no es inferior á la de D. Andrés Bello, que la poetisa recordó é imitó, y aun se puede afirmar que hace más impresión que la de Bello, porque no habla en general de las plantas y flores de la zona tórrida, sino que describe lo que está viendo allí mismo.
No es Agripina Montes la única poetisa de nota que elParnaso Colombianonos da á conocer. Hay otras que llaman mucho la atención y se ganan el aprecio y las simpatías de los lectores.
Yo me figuro que en Colombia no deben de ocurrir las varias causas que en España, y sobre todo en Madrid, influyen para que las mujeres no escriban versos. Nuestros padres y abuelos, hartos de los discreteos, latines y tiquis-miquis de las damas de Calderón, condenaron el saber en las mujeres, denigraron á las mujeres sabias con los apodos de licurgas y marisabidillas, y pusieron el ideal femenino en la más crasa ignorancia. Mas tarde, y ya bien entrado este siglo de las luces, volvió la mujer á querer saber y á saber; pero en muchas partes, y sobre todo en Madrid, en las clases elegantes y abastadas, la educación de la mujer fué exótica: en colegios, ingleses ó franceses, con ayas inglesas ó alemanas. De aquí que el castellano fuese en boca de muchas damas la lengua del vulgo, sólo aristocratizada por la pronunciación gangosa de las erres. Si la dama salía aficionada á leer, leía áMusset ó á Lamartine ó á los poetas británicos, y lo español le parecía tonto y cursi, aunque no lo dijese ella. Cuando la dama no salía muy aficionada á leer, como esta vida de Madrid, lahigh life, es un torbellino de fiestas, toros, bailes y paseos, no había para qué leer ni siquiera por pasatiempo. Al teatro se iba á oir música, y de la damacomm’il faut, si por acaso se allanaba á ir á la comedia, se podía decir lo que ya Iriarte decía de lascurrutacasde su tiempo:
Aplauden cuando más al tramoyista;Oyen tal cual chulada del sainete,Y sirve lo demás de sonsonete,Mientras que están haciendo una conquista.
Aplauden cuando más al tramoyista;Oyen tal cual chulada del sainete,Y sirve lo demás de sonsonete,Mientras que están haciendo una conquista.
Aplauden cuando más al tramoyista;Oyen tal cual chulada del sainete,Y sirve lo demás de sonsonete,Mientras que están haciendo una conquista.
De aquí que, con relación á la gracia, chiste, despejo y portentosa facundia de la mujer española, hayan sido muy pocas las que han escrito y han ganado alta fama escribiendo. Y estas pocas han venido casi siempre á este centro, desde el fondo de alguna apartada ciudad de provincia. Así la Avellaneda, de Cuba; Carolina Coronado, de una villa de Extremadura; María Mendoza y Josefa Barrientos, de Málaga; y de la Coruña, doña Emilia Pardo Bazán.
En toda mujer que se lanza en España á ser autora, hay que suponer una valentía superior á la valentía de la Monja-Alférez ó á la de la propia Pentesilea. Cadadandy, si por acaso la encuentra, será contra ella un Aquiles, más para matarla, que para llorar su hermosura después de haberla muerto. Quiero decir, dejando mitologías á un lado, que en la literata suelen ver lossolteros algo de anormal y de vitando, de desordenado y de incorrecto, por donde crecen las dificultades para una buena boda, etc., etc. De aquí que, si una jovencita sale aficionada á literatear ó á versificar, ella misma lo oculta como un defecto ó impedimento dirimente, cuando no es la propia familia la que procura ocultarlo. Sólo la más ardiente y firme vocación y un extraordinario mérito pueden sobreponerse á tanto cúmulo de inconvenientes.
Una pícara sentencia de Horacio, cuya falsedad é injusticia, perdóneme Horacio, ofenden al recto juicio, viene á hacer más penosa la situación de toda poetisa: la medianía en versos no la sufren ni los postes. De modo que sufrimos la medianía en la cocinera (y ojalá que la mía fuese siquiera mediana), en la planchadora, en la que borda, en la que dibuja, en la que canta, y sólo para versos es menester que los haga una mujer mejor que Safo, ó que no los haga. Yo declaro esto absurdo. Yo declaro que sufro mejor, no ya un mediano soneto, sino una oda mala, que una camisa mal planchada, que un caldo mal hecho, que un aria mal cantada, ó que una melodía de Chopin chapuceramente tocada en el piano ó en el arpa. Si por temor de hacer mal una cosa no se ha de hacer, la misma razón hay para que una mujer no haga versos, que para que no cante, ó baile, ó toque el piano. En verso se pueden decir tonterías: esto es verdad; pero ¿acaso hablando en prosa no pueden también decirse tonterías? ¿Y hemos de anudar ó cortar la lengua de las mujeres para que no las digan? No niego yo queuna tontería, dicha en verso, adquiere cierta consistencia, compromete más, es más solemne, resonante y repercutiente, que en prosa; pero, en cambio, debemos convenir en que, por facilidad que se tenga para hacer versos, y por malos y flojos que los versos sean, no se improvisan tanto, ni salen, ni manan con tanta fluidez y copiosa vena como las tonterías en prosa desatada.
Otro argumento tengo yo en favor de los versos. Reflexiónese bien y no se me rechace por sutil: es muy fundado. Todos, hombres y mujeres, tenemos cierta dosis ó capital de tonterías, que gastamos ó difundimos durante nuestra vida mortal. Ellas han de brotar de nosotros como la flor de la planta. ¿No es mejor, pues, que se digan que no que se hagan? Y al decirlas, ¿no es mejor decirlas con rima y con metro? No niego que así subirá más alto, pero también será más delgada la tontería, como cuando en el caño de la fuente que se desborda ponemos un apretado y más angosto canuto, por donde sube más el surtidor, pero sale también menos líquido.
Es indudable que, en la mujer, el hacer versos presenta otra dificultad más grave; pero yo la allano ó salto por cima. La poesía, la lírica sobre todo, siendo sincera como debe ser para ser buena, esautobiografíadel corazón y de la mente: es exhibir el alma al público en su desnudez; y esto parece que lastima algo el pudor y la modestia. ¿Cómo enterar á todo el género humano de tus afectos y pasiones? Pues peor es todavía que le engañes y que supongas lo que no eres. Entonces harás una mala acción, y harás además,de seguro, muy malos versos. La mentira del sentimiento es adversa á toda estética.
No hay más remedio que decir la verdad. ¿Y por qué ha de ser tan costoso é incómodo decirla? ¿A qué, en este punto, el misterio y el recato? Seamos positivistas, como mi amigo Juan Enrique Lagarrigue, en cuyaReligión de la Humanidades el Mandamiento III ó IV, no lo recuerdo bien,vivre au grand jour.
No crea Ud. que es impertinente esta digresión. La traigo aquí para hablar de la sinceridad, de la noble franqueza, de la verdadera poesía íntima y honda que noto y admiro en algunos versos de sus paisanas de Ud., y por cima de todos, en los de Mercedes Flórez. Dicen y afirman cuantos la conocen que es hermosísima mujer; pero á mí, aunque fuese fea, me sería simpática, por la limpia hermosura de su alma y por su candidez generosa. Sus versos sí que son versos íntimos, sentidos yvividos. La palabracasera, que aplicada á la poesía fué hasta hoy despreciativa, tiene, por causa de la poesía de Mercedes Flórez, que adquirir un valor encomiástico.
Los versos caseros y la vida casera de Mercedes Flórez se confunden y son un idilio de verdad. El mismo año que ella, el año de 1859, nació su novio Leonidas. Ella y él se amaron mucho. Como eran pobres ambos, los padres se oponían á la boda; pero ellos prescindieron de todo y se casaron.
Leonidas Flórez es también poeta, y compuso entonces unos lindos y graciosos versos, que se titulanRegalos de boda, y que empiezan:
Nos hemos de casar, pese al demonio.Ya han agotado todos sus consejosNuestros padres contra este matrimonio.Así son las chocheces de los viejos.
Nos hemos de casar, pese al demonio.Ya han agotado todos sus consejosNuestros padres contra este matrimonio.Así son las chocheces de los viejos.
Nos hemos de casar, pese al demonio.Ya han agotado todos sus consejosNuestros padres contra este matrimonio.Así son las chocheces de los viejos.
Como toda la oposición se fundaba en la pobreza del novio, éste prueba que es riquísimo, haciendo brillante enumeración de los espléndidos regalos que trae á Mercedes.
Nada falta allí: estrellas, perlas, diamantes, palacios y jardines que brotan del tesoro inagotable de su fantasía. Y no contento con probar que él es rico, prueba el novio además que es riquísima ella:
Tú también eres rica y generosa;Tu regalo es el colmo de mi anhelo:Me entregas tu belleza, eres mi esposa:Vale eso más que regalarme un cielo.
Tú también eres rica y generosa;Tu regalo es el colmo de mi anhelo:Me entregas tu belleza, eres mi esposa:Vale eso más que regalarme un cielo.
Tú también eres rica y generosa;Tu regalo es el colmo de mi anhelo:Me entregas tu belleza, eres mi esposa:Vale eso más que regalarme un cielo.
Él matrimonio ha sido y es dichosísimo, á pesar de esta única riqueza, que no se cotiza en la Bolsa. Y una de sus dichas ha sido la de inspirar las sencillas y tiernas poesías de Mercedes, humilde Victoria Colonna americana.
Después de llamar esclavitud al matrimonio, exclama ella:
Mas ¡oh bendita esclavitud que adoro,En que se reina al par que se obedece!Cadenas tiene, mas cadenas de oro.....¡Déjame en mi entusiasmo que las bese!
Mas ¡oh bendita esclavitud que adoro,En que se reina al par que se obedece!Cadenas tiene, mas cadenas de oro.....¡Déjame en mi entusiasmo que las bese!
Mas ¡oh bendita esclavitud que adoro,En que se reina al par que se obedece!Cadenas tiene, mas cadenas de oro.....¡Déjame en mi entusiasmo que las bese!
Mercedes sólo tiene un pesar: tiene celos de la gloria y de la ambición de su marido.
La adoras, sí; lo leo en tu mirada;En tus noches de insomnio lo confiesas,Y quizá mientras duermo confiada,Tú en tus sueños la abrazas y la besas.
La adoras, sí; lo leo en tu mirada;En tus noches de insomnio lo confiesas,Y quizá mientras duermo confiada,Tú en tus sueños la abrazas y la besas.
La adoras, sí; lo leo en tu mirada;En tus noches de insomnio lo confiesas,Y quizá mientras duermo confiada,Tú en tus sueños la abrazas y la besas.
Entonces procura ella demostrar la vanidad de la gloria, ó bien se queja diciendo:
Ama á la gloria, pues. Vé hasta la altura;Sube como el condor hasta los cielos,En tanto que yo ahorro mi amarguraAmándote y muriéndome de celos.
Ama á la gloria, pues. Vé hasta la altura;Sube como el condor hasta los cielos,En tanto que yo ahorro mi amarguraAmándote y muriéndome de celos.
Ama á la gloria, pues. Vé hasta la altura;Sube como el condor hasta los cielos,En tanto que yo ahorro mi amarguraAmándote y muriéndome de celos.
En otra ocasión se afana ella por disuadirle de que sea ambicioso, y le dice:
No busques oro y seda y pedrería,Ni rico hogar ni deslumbrante coche;Te bastarán tus libros en el día,Te bastarán mis cuentos en la noche.
No busques oro y seda y pedrería,Ni rico hogar ni deslumbrante coche;Te bastarán tus libros en el día,Te bastarán mis cuentos en la noche.
No busques oro y seda y pedrería,Ni rico hogar ni deslumbrante coche;Te bastarán tus libros en el día,Te bastarán mis cuentos en la noche.
Pero donde Mercedes Flórez es divina y despierta envidia de su marido en todo corazón de hombre, es en unos versos que compuso en Diciembre de 1883, cuando ella tenía veinticuatro años y veinticuatro años él, y cuando acababa su marido de salir de una enfermedad que le tuvo á la muerte. Los versos se titulanEn la agonía, y la refieren como si estuviera pasando: son admirables de verdad y de afecto; son la poesía natural del corazón que trae lágrimas á los ojos:
¡No, no! ¡Tú me amas mucho para dejarme sola!¡No, no! ¡Yo te amo mucho para dejarte ir!Llévame en ese viaje pesado de ultratumba,O quédate conmigo: aun somos harto jóvenesPara poner, amándonos, á nuestra vida fin.Estréchame en tus brazos, amado mío, bésame;Mis labios, nueva vida te volverán y ardor.Lucha contra la muerte: véncela en el combate:No me abandones, mi ídolo, que hoy te amo más que nunca.....Conmuévante mis lágrimas..... ¡no lances ese adiós!. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Aquí hay laureles muchos aún para tus sienes:Yo con mis propias manos las tengo de adornar.Amante de tu gloria, yo quiero que no trunquesTu espléndida carrera, y de tu vida á lo últimoEl genio te dé aureolas haciéndote inmortal.¡Dios mío! Mira tu obra: la flor abre sus pétalos;El águila ya altiva levanta el vuelo audaz;¿Y tú permitir puedes que el cierzo la marchite,Y que cobarde flecha alcance el nido íntimoY rompa las entrañas del águila real?¡Dios mío, tu justicia es grande cual tú mismo,Y mi esperanza toda de hoy más cifraré en ti!¡No arranques de mi cielo este lucero fúlgidoQue no hace falta al tuyo! Escucha..... En su delirioDice que me ama tanto..... ¡que no quiere morir!
¡No, no! ¡Tú me amas mucho para dejarme sola!¡No, no! ¡Yo te amo mucho para dejarte ir!Llévame en ese viaje pesado de ultratumba,O quédate conmigo: aun somos harto jóvenesPara poner, amándonos, á nuestra vida fin.Estréchame en tus brazos, amado mío, bésame;Mis labios, nueva vida te volverán y ardor.Lucha contra la muerte: véncela en el combate:No me abandones, mi ídolo, que hoy te amo más que nunca.....Conmuévante mis lágrimas..... ¡no lances ese adiós!. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Aquí hay laureles muchos aún para tus sienes:Yo con mis propias manos las tengo de adornar.Amante de tu gloria, yo quiero que no trunquesTu espléndida carrera, y de tu vida á lo últimoEl genio te dé aureolas haciéndote inmortal.¡Dios mío! Mira tu obra: la flor abre sus pétalos;El águila ya altiva levanta el vuelo audaz;¿Y tú permitir puedes que el cierzo la marchite,Y que cobarde flecha alcance el nido íntimoY rompa las entrañas del águila real?¡Dios mío, tu justicia es grande cual tú mismo,Y mi esperanza toda de hoy más cifraré en ti!¡No arranques de mi cielo este lucero fúlgidoQue no hace falta al tuyo! Escucha..... En su delirioDice que me ama tanto..... ¡que no quiere morir!
¡No, no! ¡Tú me amas mucho para dejarme sola!¡No, no! ¡Yo te amo mucho para dejarte ir!Llévame en ese viaje pesado de ultratumba,O quédate conmigo: aun somos harto jóvenesPara poner, amándonos, á nuestra vida fin.
Estréchame en tus brazos, amado mío, bésame;Mis labios, nueva vida te volverán y ardor.Lucha contra la muerte: véncela en el combate:No me abandones, mi ídolo, que hoy te amo más que nunca.....Conmuévante mis lágrimas..... ¡no lances ese adiós!. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .Aquí hay laureles muchos aún para tus sienes:Yo con mis propias manos las tengo de adornar.Amante de tu gloria, yo quiero que no trunquesTu espléndida carrera, y de tu vida á lo últimoEl genio te dé aureolas haciéndote inmortal.
¡Dios mío! Mira tu obra: la flor abre sus pétalos;El águila ya altiva levanta el vuelo audaz;¿Y tú permitir puedes que el cierzo la marchite,Y que cobarde flecha alcance el nido íntimoY rompa las entrañas del águila real?
¡Dios mío, tu justicia es grande cual tú mismo,Y mi esperanza toda de hoy más cifraré en ti!¡No arranques de mi cielo este lucero fúlgidoQue no hace falta al tuyo! Escucha..... En su delirioDice que me ama tanto..... ¡que no quiere morir!
Dispense Ud. y dispense el público, á quien confío estas cartas, á Ud. dirigidas, que sea yo largo en ésta. Ya abreviaré en adelante.
** *
17 de Septiembre de 1888.
Mi distinguido amigo: Por más que me amonesto y me excito á ser breve, tengo aún tanto que decir, que, sobreponiéndome al temor de cansar, acabaré por decirlo. La floreciente literaturacastellana, ó en castellano, de esa república, me complace tanto como si yo soñase que á una persona querida, á quien antes del sueño le hubiesen cortado ó tratasen de cortarle los brazos, le brotasen alas de repente.
Diré á Ud., para que se entere de esta mi visión alegórica, que en gran parte de España, por un lado en Cataluña y por otro en Galicia, ha entrado la manía á no pocos valerosos y fecundos ingenios de privar de sus frutos al habla de Castilla y de escribir sus mejores obras en prosa ó en verso, en catalán ó en gallego. Á mí, que soy muy patriota, en literatura como en todo, me aflige esto bastante; pero me consuela que ustedes, desde tan lejos, nos den como rica compensación lo que dentro de la Península nos quitan nuestros compatriotas.
Tengo además otras razones para extenderme, aunque peque de prolijo.
Los sabios está claro que lo saben todo, y yo no descubro ningún palimpsesto para hablar de ustedes; pero al fin no faltan personas poco sabias, entre las cuales nada se sabe de Uds., y yo puedo contarles cosas casi tan interesantes y amenas como el crimen de la calle de Fuencarral.
Me remuerde la conciencia de haber elogiado sólo á Mercedes Flórez y á Agripina Montes y de no mentar siquiera á otras poetisas. En muchas de ellas noto el mismo candor, la misma sencillez y no menor pasión delicada que la que tan simpática me hace á la hermosa Mercedes.
Así, por ejemplo, Bertilda Samper, hija deldoctor del mismo nombre y de doña Soledad Acosta, ilustres escritores ambos. Esta poetisa se complace en la solitaria vida del campo, donde se deleita su alma en la contemplación de la naturaleza y en el devoto y ferviente amor de Dios. Sus versos tienen singular dulzura religiosa.La parábola del sembradores muy bella, y en lasCartas de una campesinahay trozos que no son inferiores.
Citaré, por último, á otra notable poetisa y escritora colombiana, aunque no lo es por nacimiento, sino por adopción. Hablo de la dama irlandesa María Juana Christie, que casó con don Juan E. Serrano, á la cual he tenido el gusto y la honra de tratar en Nueva York, y á la cual Núñez de Arce y yo debemos estar y estamos muy agradecidos. La señora de Serrano ha traducido al inglés, con singular maestría, venciendo á otros traductores y satisfaciendo el gusto difícil de los críticos de la casa de Appleton, mi novelaPepita Jiménez: ha traducido y publicado también mi diálogoGopa, y ha puesto en hermosos versos ingleses, con general aplauso, no pocos de los que contienen losGritos del combate.
Esta señora, sobre su llaneza de buen tono y natural modestia, está dotada de muy agudo ingenio y de elevado entendimiento, cuyo cultivo ha sido esmeradísimo. Habla el castellano tan bien como el inglés, y posee además el alemán, el italiano y las lenguas clásicas griega y latina.
De obras originales no sé que haya publicado más la señora de Serrano que un tomito de versos tituladoDestiny and other poems, en Nueva York, en 1883; pero este tomito, hasta donde yo soy capaz de comprender el mérito de la poesía inglesa, me parece que no se perderá en el inmenso cúmulo de dicha poesía, y que algo de lo que el tomito encierra figurará como muestra, adorno y gala en las futuras Antologías británicas.
La señora de Serrano, á quien estiman y quieren mucho en la sociedad más distinguida de Nueva York y de Washington; que es hermosa, y que tiene una hija ya casadera, en quien ve renovarse su hermosura, no debiera estar muy melancólica, ni tenerblue devils; pero los males de su patria, Irlanda, el ejemplo de Byron y de Shelley, y la filosofía pesimista alemana, hoy tan en moda, influyen poderosamente en ella, en lo teórico al menos, ó sea cuando toma la lira y canta. De ordinario, no me parece la señora de Serrano ni desesperada ni siquiera cejijunta, sino llena de afabilidad y de agrado.
Sea como sea, no sé si lamentar su sombría tristeza, meramente especulativa, como la supongo, y que produce tan magníficos versos. Algunos, traducidos al español por D. Rafael Pombo, vienen insertos en elParnaso Colombiano; pero no bastan estos versos, y sería menester estudiar con atención todo el tomo, en inglés, para penetrar bien en el vacilante espíritu de la poetisa y determinar hasta qué extremo llega su pesimismo, y cómo ella le contradice y vence por virtud de ciertas vagas creencias en palingenesias en otros astros, donde la felicidad no estan difícil, ya que no imposible, como en este en que vivimos ahora.
Necesitaría yo hacer especial estudio del extenso poemaDestinypara aquilatar bien el mérito y la originalidad de la señora de Serrano, y hasta qué punto se deja influir por la celebrada y eminente poetisa Isabel Browning, su compatriota. En las obrillas cortas de la señora de Serrano se nota la impresión del momento. En algunas, como enDespondency,Días de otoño é Invocación á la muerte, hay la más negra y completa desesperación; en otras brillan esperanzas vagas ultramundanas, y en otras, por último, hay yo no sé qué enigmático remedio de todos los males, que la poetisa posee y disfruta, aun en esta vida mortal, pero que no sabe, ó no debe, ó no quiere descubrir en qué consiste. Así es que habla de su panacea como proponiendo un acertijo y ofreciendo premio al que le declare. Yo, aunque mal y torpemente, he traducido, ó mejor diré, he adaptado al español este acertijo,riddle. Allá va: adivínele quien pueda.