JUAN DE LA COSA

JUAN DE LA COSA

Santoña y el Puerto de Santa María se disputan la gloria de ser la patria de este ilustre piloto y capitán. Bartolomé de las Casas le llamaVIZCAINO, y Leguina considera esta apreciación del obispo de Chiapa como consecuencia de que en aquella época se confundía frecuentemente á los oriundos de provincias vecinas, y se designaba con el nombre deVIZCAINOal procedente de la costa cantábrica[198].

Juan de la Cosa se retiraba á Santoña, provincia de Santander á descansar de sus expediciones marítimas; allí ha existido un barrio llevando su nombre; el apellidoLA COSAperdura en la marítima villa; el autor deSANTONIA(1677) afirma haber nacido el ilustre marino y capitán en aquella población; y en los archivos parroquiales de aquella villa se registra, por el siglo XV, un Juan de la Cosa, figurando á menudo, como padrino. Todas estas razones inducen á Leguina, Fernández Duro[199]y Picatoste[200]haconsiderar como santanderino al compañero del gran Ligur en sus dos primeras empresas.

Cuando Cristóbal Colón, á bordo de la carabelaNIÑA, y bojeando después de su segundo viaje las costas cubanas, cita ante el escribano Fernando Pérez de Luna—12 de Junio de 1494—á Juan de la Cosa, maestre de hacer cartas, para que dé su opinión, si Cuba era isla ó tierra-firme, el modesto cartógrafo, al manifestar sus generales de Ley, se da por vecino del Puerto de Santa María. Además, el notable é interesantísimo mapa lleva una nota marginal de haber sido trazado por Juan de la Cosa en dicho puerto de Santa María, el año de 1500.

Andaluz ó santoñés, puede fijarse su nacimiento á mediados del siglo XV; también aseverarse que navegó mucho por la costa cantábrica, donde en tan agitados mares aprendería con perfección el difícil arte de navegar; y probablemente vendría después á avecindarse al puerto deSANTA MARÍA.

Juan de la Cosa acompañó á don Cristóbal Colón en el primero[201]y segundo viaje á las Indias Occidentales: en el primero como dueño de la naoSANTA MARÍA[202]; y en el segundo,yendo en la carabelaNIÑAcomo Maestre de hacer cartas. Acompañó también al Almirante cuando terminada la feliz segunda empresa, y fundada la ciudad Isabela, marchó el Descubridorá explorar las costas de Cuba. El sabio cosmógrafo genovés no se desdeñaba de consultar los mapas y cálculos de Juan de la Cosa.

Aunque Colón en su tercer viaje (1498) exploró las costas de Paria y su extenso golfo, columbrando el Continente americano, la mayor parte de los pilotos de sus naves, que habían anotado diligentemente la marcha de los vientos, recabaron de SS. AA., con la influencia de Fonseca, licencia para hacer descubrimientos á sus expensas, separando el quinto con destino al real Erario. Otorgada la demanda, Alonso de Ojeda, protegido del duque de Medinaceli, preparó una expedición (1498), eligiendo como primer piloto de su empresa á Juan de la Cosa, asociándosele también el florentino Américo Vespucio, que había de tener la gloria, usurpada á Colón, de dar su nombre al nuevo mundo. Juan de la Cosa levantó mapa del derrotero seguido en las costas americanas y su exploración fué más larga que la del gran Navegante[203].

El padre Nazario, aludiendo á esta empresa, dice[204]:

“No es mi propósito escribir la biografía de Juan de la Cosa.—Ya otros la hicieron con brillantez, aunque no tanta que lograran borrar la mancha que grabaran en la historia del maestro de cartas,la infidencia que lo arrastró á sorprender y copiar los secretos del Almirante, que en él tenía plena confianza,y la traidora explotación de aquellos secretos, puestos por su vanidad y sed de renombre y lucro á disposición de los encarnizados enemigos de su maestro.”

Es injusto este ataque al ilustre cartógrafo ycapitán, y la gloria de Colón es tan grande, que no hay necesidad de empequeñecer á sus compañeros para que se destaque la figura del gran marino.

Juan de la Cosa no traicionó al Almirante, ni sorprendió sus secretos; fué su compañero en el primero y segundo viaje, y en la exploración de Cuba, y como hábil maestre de hacer cartas levantó su mapa.

La era de los descubrimientos había sonado y los Monarcas sosteniendo las prerrogativas del Almirante y poniendo freno al espíritu de conquistas y aventuras del pueblo español hubieran ido contra sus propios intereses y los de la Nación; máxime teniendo al lado á Portugal que les disputaba las invenidas tierras, é Inglaterra que había lanzado á Cabot hacia el Océano—no ya mar tenebroso—descubriendo las costas de la América del Norte.

Y respecto á este particular dice un autor dominicano[205]que no puede ser tachado de parcial hacia España:

“En los contratos de los Reyes con los particulares, se subentienden ciertas condiciones tácitas, que pertenecen al dominio del derecho general de las naciones. Y si estos convenios tienen algún vicio, ó en su ejecución encuentran un obstáculo invencible no hay duda que no pueden prevalecer contra lo que la realidad exige. En este caso se hallaba el enunciado derecho del primer Descubridor, á excluir á todos los que por una necesidad política fuera indispensable facultar para la toma de posesión del resto de América, ya porque España tuviese que burlar la ambición de otras naciones, ya sea por la oportunidad de adelantarse en descubrimientos importantes detenidos por los sucesos de la Española. Es, pues, preciso convenir en que la Corte pudo remover el obstáculo, conciliando los derechosgenerales con los particulares, porque ni los Reyes quisieron hacer ilusorios los beneficios que podría alcanzar la nación en el contrato privado con el Almirante, ni éste hubiera alcanzado los derechos reclamados renunciando España á ulteriores conquistas, y he ahí un conflicto que la alta política debía evitar, conservando al primer Descubridor ciertos fueros y preeminencias que le indemnizaran de las pérdidas que pudieran resultarle de no respetarse sus privilegios.”

En poder de Fonseca estaba la carta que Colón había levantado de su tercer viaje[206], y ésta le fué facilitada á Ojeda, el protegido del duque de Medinaceli, por el Obispo encargado de los asuntos de Indias. No vemos, pues, justificado el título deTRAIDORadjudicado por el Pbro. Nazario al célebre cartógrafo Juan de la Cosa.

En esta expedición de Ojeda fué Américo Vespucio, y si este piloto florentino tuvo la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo[207]no tuvola culpa Juan de la Cosa, sino la marcha de los acontecimientos. Y prueba de que los sucesos se precipitaban, es ver para esa época á la escuadra de Portugal recalar á la costa firme de América y tomar Pedro Alvarez Cabral posesión del Brasil, cuando Vicente Yañez Pinzón había atravesado la línea equinoccial y descubierto antes que Cabral esas tierras.

Al dar el rey don Fernando, desde Nápoles, su vuelta á Castilla (1507) convocó en Burgos unaJUNTA DE HÁBILES PILOTOS, con objeto de reanimar y encauzar el espíritu y propósitos de los descubrimientos. Formaron el núcleo de ella Juan Diaz de Solís, Vicente Yañez Pinzón, Américo Vespucio y Juan de la Cosa.—Las Casas dice, que Juan de la Cosa era el primer piloto de aquel tiempo. Pedro Mártir de Anglería anota, que fué el primero que recogió oro en las arenas deURABÁ. Y Navarrete manifiesta que era “gran marino y cosmógrafo, maestro hábil para hacer cartas é instrumentos, y hombre valeroso; el mismo á quien se debe la más antigua carta geográfica que se conoce de países pertenecientes al Nuevo Mundo.”

En 1507 se le dió el mando de dos carabelas para vigilar la costa desde el cabo de San Vicente á Cádiz y proteger la vuelta de las Indias Occidentalesde los buques españoles. En 1508 se le confirmó su nombramiento de Alguacil mayor de Urabá. Y en 1509 acompañó á Ojeda á la infortunada expedición que con 300 soldados hizo á Cartagena de Indias.

Esta costa era de Caribes: gente, aunque desnuda, dispuesta siempre á guerrear. Los españoles asaltaron una aldehuela indígena, que distaba del mar 12 millas. Los caribes arremetieron desesperadamente á los cristianos y los derrotaron. Juan de la Cosa con algunos castellanos corrió al auxilio del hazañoso Ojeda, que á las puertas de un templo, donde se hizo fuerte, peleaba con una multitud de indios. El heróico piloto, después de ver caer á su alrededor setenta de los suyos, cayó atravesado por muchas flechas emponzoñadas. Ojeda pudo salvarse, y auxiliado de Nicuesa, recuperar el cadáver de Juan de la Cosa atado á un árbol, hinchado y desfigurado, á causa del veneno de las saetas[208].

Pedro Mártir de Anglería asevera, que por los niños capturados por los españoles, después de incendiar el villajo y pasar á cuchillo á todos los adultos, supieron que los caribes habían hecho pedazos el cadáver de Juan de la Cosa y los de los demás compañeros, y luégo se los habían comido[209]. ¡Triste fin del célebre piloto y capitán! La Corona trató de mitigar tan dolorosa pérdida, ordenando por Real cédula expedida á 2 de abril de 1511[210], que el Tesoro de la Casa de Contratación de las Indias entregase á la viuda de Juan de la Cosa cuarenta y cinco mil maravedises para ayuda del casamiento de su hija mayor.


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