PROEMIO.
Tres pueblos se disputan la gloria de que en sus mares fondeara la exploradora armada de don Cristóbal Colón, y de que en sus playas desembarcaran los intrépidos argonautas, compañeros del gran Ligur, en su segundo épico viaje: Aguada, Mayagüez y Guayanilla.
Terciamos en el debate sin tener por divisa el amor de localidad, y con el deseo de aportar nuestro grano de arena al monumento histórico de los primeros tiempos de la conquista y colonización de nuestra isla.
Todo lo que tiene el sabor de la tierruca nos atrae y seduce, leemos con fruición psíquica todas estas disertaciones históricas boriquenses, las buscamos con exquisita diligencia, y aplaudimos esta prestigiosa labor de depuración, tanto la iniciada por el señor Brau y seguida por el padre Nazario, como la de los escritores de la ciudad del Oeste. Aspiramos, pues, únicamente, á esclarecer puntos oscuros de nuestra breve historia regional sin apasionamiento alguno, porque no pertenecemos á ninguno de los pueblos, que se disputan esta gloria.
No es de extrañar, que tratándose de asuntos de los primeros tiempos de la colonización del Archipiélago antillano, surja la controversia. Existen otros asuntos históricos de mucha mayor trascendencia, referentes al Descubrimiento de América, que aún están envueltos en las brumas de la incertidumbre y sobre el tapete de la discusión. Sin ir muy lejos tenemos un precioso ejemplo: el precisar cuál fué la primera isla donde el Almirante saltó á tierra en el Nuevo Mundo ha sido objeto de las más apasionadas discusiones entre escritores de reconocido mérito.
Todos sabemos, que el pío Colón dedicó al Redentor de la humanidad la primera tierra que viera y pisara; que ésta fué una isla llamada por los indiosGuanahaní, y que el gran Navegante la llamó San Salvador. Pues bien, como esas islas, donde hubieron cuarenta mil aborígenes, quedaron arrasadas de gente humana, y los ingleses posteriormente se apoderaron de ellas, y las colonizaron, y de nuevo, por decirlo así, las bautizaron, de ahí surgió la dificultad y quimera de poder signar con precisión cuál fuera la verdaderaGuanahaní; pues el Diario de Colón se ha perdido, y se conserva únicamente el Extracto de él, hecho por el padre Bartolomé de las Casas en suHistoria general de Indias; resumen utilísimo, pero que carece de las importantísimas anotaciones náuticas.
Ahora bien, al tratar de San Salvador, mientras Navarrete consideró la isla delGran Turkcomo el primer punto donde pisó Colón el suelo del Nuevo Mundo; el sabio Humboldty Washington Irving han opinado que fué la actualCat-Island; Varnhagen optó porMayagón; Fox porAtwood; y el ilustre historiador y viajero alemán Cronau ha probado en nuestros días, con investigaciones propias, serWatling-Island, como opinaban Muñoz, Becher y Major.
Las tinieblas circundan siempre la infancia de los pueblos, y en las nieblas de los primitivos tiempos de la colonización de América la hidra de la fábula asoma á menudo la cabeza para confundir al investigador, que anhelante busca el vellocino de oro de la verdad, sin otro Argos que la razón; pues los escasos cronicones que se poseen, muchas veces, más caldean el cerebro que le iluminan.
Afortunadamente sobre el tema boriqueño, que se ventila, existen preciosos documentos, que hacen amena la discusión y de cuyas páginas, bien escudriñadas, brota radiante la pura luz de la verdad histórica.
Creemos sinceramente que corresponde la gloria discutida, á la villa de la Aguada. Hemos publicado, con tal motivo, cinco artículos en el periódicoLa Correspondencia, concordando nuestro parecer con el de Iñigo Abbad[1], Stahl[2], Brau[3]yMontojo[4]. En Mayagüez se han publicado eruditos artículos, en las columnas del periódicoEl Diario popular[5], defendiendo los derechos que cree tener la ciudad del Oeste á tan alta distinción. El Pbro. Nazario ha editado un libro[6], en cuya obra no sólo recaba el estudioso sacerdote para el pueblo de su parroquia la gloria de haber sido el sitio electo por el gran Navegante, sino que niega se llamara nuestra islaBoriquén, y síCarib; niega la arribada del crucero en el segundo viaje á Santa Cruz; supone costeó el Almirante, en ese mismo viaje, la parte meridional de la Española y no la del norte, para llegar al fuerte de Navidad; hace que Juan Ponce de León funde áGuaydíacomo primer pueblo de la isla en 1506, de donde saca la vozGuayanilla; llama á San SalvadorGuamaní; considera la escritura de los indios boriqueños más perfecta que la de Méjico y Perú; y otra serie de afirmaciones y negaciones de suma trascendencia.
Llegado el debate á tal punto, se impone el dejar las columnas del periódico, cuotidiana hoja que desaparece rápidamente en la vertiginosa jornada de la vida moderna, y desarrollar en las páginas de un libro nuestra opinión.
Describiremos el segundo viaje de don Cristóbal Colón tal como nosotros le concebimos al reflejo de las historias compulsadas; y después presentaremos las fuentes históricas de nuestra confianza.
Creemos, firmemente, que el símbolo de la Redención cristiana, tallado en mármol de nuestras canteras, y levantado á las márgenes de la desembocadura del ríoCulebrinas, en las playas de Aguada, ocupa el lugar que le corresponde; pero, á fin de evitar interpretaciones dubitativas en el futuro, invitamos á todos los escritores, que han tomado parte en la controversia, para que de común acuerdo enviemos nuestros trabajos á la Academia de la Historia y aceptemos el veredicto de la sabia y competente Corporación.
Noviembre de 1893.