CENA CUARTA DEL PRIMER ACTO.En que Isabela, hermosa doncella, siendo estrañamente captiva del amor de Selvago, muy mucho entre sí se lamenta, hasta que por Cecilia, doncella y criada suya, la manifiesta que Risdeño la viene á visitar de parte de Rosiana, hermana del mesmo Selvago, el qual, siendo en su presencia, una carta de Flerinardo en nombre de Rosiana la da, y della se despide. Siendo, pues, por Isabela enteramente entendida, con mayor pena vuelve á su cuidado, hasta que siendo ansimesmo por Valera, ama de leche suya, visitada, y sabido enteramente el negocio, prometiéndole gran favor y provecho en el caso con un fingido conjuro que ha de hacer, astutamente la saca muchas y muy ricas joyas, y con ellas á su casa torna muy gozosa. Introdúcense:ISABELA. — CECILIA. — RISDEÑO. — VALERA.
En que Isabela, hermosa doncella, siendo estrañamente captiva del amor de Selvago, muy mucho entre sí se lamenta, hasta que por Cecilia, doncella y criada suya, la manifiesta que Risdeño la viene á visitar de parte de Rosiana, hermana del mesmo Selvago, el qual, siendo en su presencia, una carta de Flerinardo en nombre de Rosiana la da, y della se despide. Siendo, pues, por Isabela enteramente entendida, con mayor pena vuelve á su cuidado, hasta que siendo ansimesmo por Valera, ama de leche suya, visitada, y sabido enteramente el negocio, prometiéndole gran favor y provecho en el caso con un fingido conjuro que ha de hacer, astutamente la saca muchas y muy ricas joyas, y con ellas á su casa torna muy gozosa. Introdúcense:
ISABELA. — CECILIA. — RISDEÑO. — VALERA.
Isabela.¡Oh soberano Criador de todas las cosas, debaxo cuyo poder y mando las virtudes de los cielos en su propio oficio permanecen, rodeando á su voluntad las operantes influencias, signos y planetas celestes con maravilloso artificio, sin en un punto de su debido límite y sendero desviar, no todas de una operacion y medida por causa que chaos ó confusion no hubiese en ellas, sino unas en su apariencia mayores que otras, para que por su exemplo los mortales, no con igualdad de estados más diferentes, su siglo pasasen! Asimesmo criaste con maravilloso saber los cuatro elementos, de los cuales el fuego, que es el más ligero, careciendo de cuerpo, el más alto y cercano lugar de los cielos ocupa, teniendo debaxo de sí el aire, que es el segundo en ligereza y asiento, el qual predomina y señorea sobre las aguas señaladas por tercer elemento, estando éstas asimismo sobre el último y más pesado, que es la tierra. Todo lo qual, en la creacion del soma ó cuerpo humano pone tasada parte, acudiendo tú con lo mejor y más noble, que es el ánima racional, que le aparta y divide de los brutos terrestres, siendo la más apta y aparejada obra para que, loándote, tus soberanas maravillas en alguna manera conozcamos, ¡Oh, pues, poderoso Dios, que de nada á tu imágen y semejanza me criaste y ansimesmo con tu sangre y muerte redemiste para que tu gloria á mi voluntad gozase! ¿Qué será, oh Dios? ¿qué novedad es esta que ansina tan repentinamente yo otra me hallo, de mí sin apartarme apartada, sin me trocar vuelta, sin vida muriendo, con vida sin la tener? Lloro, espántome; gimo, maravíllome; rio, tengo pena; hablo, desahógome; callo, consúmome; compañía me da pena, soledad me congoxa, placer me destruye, pesar me acaba, descontento no quiero, contento me da muerte. ¡Oh, pues, Dios bueno, qué contrariedades tan diversas en mí de tan poco espacio acá he sentido, que la vida me mata y la muerte me sería saludable medicina y provechoso remedio! ¡Oh desventurada doncella, en fuerte hora nascida, en contrario planeta engendrada! ¿qué es de tu presuncion? ¿qué es de tu fantasía? ¿qué es de tu gravedad? ¿qué es de tu tan amada limpieza, tu grande recatamiento, tu amada libertad, tu claro linaje, tu soberano valor, tu descanso, tu placer, tu alegría, tu contento, y finalmente, tu fresca mocedad, deleitosa juventud y muy alabada hermosura? ¡Ay de mí, que todo lo veo trabucado, todo muerto, todo perdido, sin que esperanza alguna de recuperarlo me quede! ¡Oh amor, amor, que he entendido ser éstos tus juegos, tus tratos y tus perdidos devaneos! Tú á los grandes señores abates, á los medianos atormentas y á los pequeños lastimas. Al emperador, al rey, al magnífico, al noble, al caballero, al ciudadano con el rústico labrador señoreas; en todos mandas, á todos debaxo tu yugo pones, á todos con mil géneros de penas atormentas. A unos ensalzas, á otros pierdes, á otros abates, á otros das dolor, á otros descanso, á otros sospechas, á otros enemistades, á otros confianza, á otros guerra, á otros paz y á otros, finalmente, das amargoso fin. Tú asuelas los reinos, pierdes las ciudades, tramas civílicas batallas en los ciudadanos, destruyes todo género de personas, y maldad no se comete en el mundo que por tí no sea tramada y por tu causa concluida. Yo, doncella noble, de muy generosos padres recreada, no sólo porque sienta tu violento poder, me quisiste lastimar, mas áun con muy cruel muerte me fuerzas á que mi vida, llena de angustias y dolores, en dolores angustiada perezca. ¡Oh Selvago, caballero illustre, el más apuesto que mis ojos vieron! vida por quien la mia del todo no perece, yo te pido que si aquella mesura que para todos tienes, comigo no te falta, que no desprecies mis piadosas lágrimas y humildosas plegarias, porque mi vida del todo no se consuma. Mas ¿qué digo yo, mal afortunada doncella, y estas razones convienen á tal persona como yo soy, y no paso ántes por mil géneros de muertes, que tambien tengo merecidas, queriendo así destruir mi honestidad y honra? No, no, no será así, queprimero conviene que mi trabajosa vida perezca, que tal deshonra dé á mi famosa prosapia y linaje; mas ¡ay de mí! que el amor que en mis entrañas encerrado tengo, es tan grande que no consiente que por istinto razonal me rija, forzando mi fuerza á que del todo se fuerce en amar al que forzosamente debe ser amado.
Cecilia.Señora, señora.
Isab.¿Qué me quieres, Cecilia?
Cec.Risdeño está aquí, que te quiere hablar de parte de su señora Rosiana.
Isab.Di que éntre. ¡Oh Dios mio, y quán dichosa y bienaventurada sería yo si de parte de aquel caballero su señor viniese!
Risd.Fermosa señora, tu gran amiga Rosiana te manda comigo besar las manos y te envia este prendedero, de dos que su hermano le dió, que porque le parecieron buenos y galanes, dedicó el uno á tu servicio.
Isab.Risdeño hermano, cada dia me quiere tu señora hacer mercedes sin querer recibir los pequeños servicios que de mi parte le son ofrecidos; mas hágote saber que el prendedero no querria que por dármele de tu parte dixeses venir de tu señora.
Risd.Puesto caso que ansí fuese, mi señora, ¿perdia algo vuestro valor por ello? ¿No os parece que soy yo persona para dar empresa, y ser querido y amado de la más hermosa dama de todo el mundo?
Isab.Por cierto, Risdeño, así lo digo, especialmente considerando bien tu buena dispusicion y gentileza.
Risd.De verdad, señora, que precio más esa palabra que si me hicieran marqués del Perú, porque me podré alabar que me llamó gentilhombre la más apuesta y hermosa dama que jamas nació; que aunque yo veo no ser así, todavía por venir de tal cabo, me gozo; mas, dexado agora esto, tomad esta carta que me dió Rosiana para vos.
Isab.¿No digo yo que todo viene lleno de sospechas tu mensaje? mas dime, ¿qué novedad es ésta, que me escriba Rosiana no lo habiendo acostumbrado?
Risd.Cada dia hay novedades en el mundo; por tanto ved qué me mandais.
Isab.Al presente no otra cosa sino que des mis besamanos á tu señora y que con mi Cecilia enviaré mi recaudo.
Risd.Yo vendré por él, si fuéredes servida.
Isab.No quiero que tomes tanto trabajo, pues será escusado.
Risd.Pues, señora, así lo quereis, así sea; el Señor, que tan hermosa os hizo, en vuestra compañía quede.
Isab.El ángel bueno te acompañe, Risdeño, que siempre me das placer con tus palabras.
Risd.Por obra quisiera yo que fuera eso, señora; mas, pues no puede ser, recebid la voluntad del pobre gentilhombre.
Cec.Señor Risdeño, aunque no os haya hecho ningun servicio, recebiré merced de vos que deis mis encomiendas á Carduel, y llevarle heis este par de escofias y paños de manos que le mandé estotro dia, por señas que son labrados por mi mano.
Risd.Señora Cecilia, por dichoso tengo á Carduel por ser de tal persona como vos favorecido; mas yo os prometo, á fe de gentilhombre, que otro galan hay en el pueblo de quien muy mejor que dél fuérades servida.
Cec.Con él estoy muy contenta, señor Risdeño; mas pídoos que me digais quién es ese galan que me decis.
Risd.Yo; que os juro, por vida de mi amiga, que os sirviera mejor que Roldan, y en ello no perderíades cosa.
Cec.¿Sabeis que pienso, señor Risdeño? que estais burlando de mí.
Risd.¿Burlar ó qué? Burlado me vea á las cañas, aunque fuese almorzando con un par de perdices, si tal hago, sino que os aconsejo lo que os cumple que dexeis á Carduel, que es rapaz y pelado, por mí, que aunque no soy muy grande de cuerpo, en fin, soy hombre bienquisto donde quiera, y más que tengo un pariente del padrastro de la suegra de mi abuela en Indias, que fué agora treinta años allá y nunca dél han sabido, que no puede dexar de venir presto con mucho dinero para todos nosotros; pues mira que mal librarás tú desto, señora Cecilia.
Cec.Agora quédese para otro dia, señor, que haya más tiempo, porque me llama mi señora, y dime si quieres hacer esto que digo.
Risd.Por haceros placer, aunque sea contra mi mesmo, hasta la muerte lo cumpliré.
Cec.Pues Dios os pague, señor Risdeño.
Risd.Él quede con vos, mi señora.
Isab.¡Cecilia, Cecilia!
Cec.Señora.
Isab.Entorna tras tí esa puerta, y si mis padres aquí por ventura vinieren, házmelo saber; á los demas védales la entrada.
Cec.Así será, señora.
Isab.Agora que estoy sola quiero ver lo que en la carta viene, que no puedo creer que de Rosiana sea; cierto que mi esperanzasalió verdadera, que esta letra de varon parece; ¡oh señor Dios, si fuese de mi verdadero amigo, quán por dichosa me tendria! mas, en fin, con leella quitaré todas estas dubdas.
CARTA.
«Así como los pequeños hijos de la caudalosa real ave, puestos á los radiantes rayos del lúcido Febo, para que verdaderamente sean tenidos por legítimos y propios hijos de la tal madre, con grande admiracion ocupan la vista en aquella prefulgente luminaria, sin tener parte para de allí ser apartados por el crecido amor mezclado de grande admiracion que tan fixo en ella pusieron, de la mesma manera, excelente señora, mi flaco y débil entendimiento puesto delante tu claro y lúcido aspecto, para que su sér claramente demostrase qué parte de humano en sí tenía, de temeroso y crecido temor ocupado, los líquidos y delicados aires con profundos alaridos esmalta, sin que las contínuas suasiones de su madre, la razon, de tal espetáculo apartarlo puedan, no dexo de sentir, como humano, seráfica dea, la cruda y muy temerosa contienda que dentro de mí siento encrudelecerse, despues que mis ojos fueron con tu divina vista clarificados; mas considerando la gloria y triunfo que se me puede seguir, siendo en ella victorioso, con grande y humildosa paciencia hasta que tu soberano valor de ello sea contento, sustentarla pretendo; mas ¡ay de mí! que sin duda no será tan diamantino corazon que la fuerza de quien la mia se siente forzada, algun espacio de tiempo sustentar pueda. Si tienes, excelente señora, deseo de saber quién es el que tan atrevido á tu valor, sin merecimiento, ser quiso, sabrás que Flerinardo se nombra, que otro valor no tiene sino el deseo que de ser tuyo en sí considera, y porque tal atrevimiento á más no pase, en esto sin cesar ceso, pidiendo á tu mucha clemencia, no por mi valor, mas por el que de tu parte me viene, un dón me sea concedido, el qual es que siendo recibido de tu soberano valor benignamente, del nombre de ser tuyo se me dé que goce, con que mis gozos de tal gozo gozando, su vida sin tan rabioso tormento se pueda gozar.»
Isab.¡Oh soberano Dios, y quán profundos son tus misterios! verdaderamente agora todo el caso de esta carta entiendo, que Flerinardo pasando estotro dia por la calle de la fenestra de mi retraimiento, quando Rosiana se vino á holgar en micompañía fué por él vista en la mesma fenestra, y segun ella me dixo, muy captivo (por las señales que mostró) de su fermosura; de que se siguió que habiendo él sido sabidor que la tal fenestra era de mi aposento, pensando ser yo la que su libertad habia captivado, tal osadía ha cometido. ¡Ay de mí! que dello ningun bien se me sigue, porque siéndole á Selvago manifestado, lo que por su grande amistad es cierto, no espero que de mí se duela, de que por muy cierta tengo mi muerte, por causa que la vida con alguna esperanza hasta aquí se sustentaba.
Cec.¡Señora Isabela, señora Isabela!
Isab.¿Qué dices, Cecilia?
Cec.Tu ama Valera te viene á visitar, que habló con tus padres y pregunta por tí.
Isab.Súbela aquí, que yo la perdonaré su visitacion.
Cec.Vesla, viene, señora.
Valera.Enhorabuena vea yo la cara de oro y perlas preciosas, fresca como las flores de Mayo. Hija Isabela, en Dios y en mi conciencia, que de cada dia más te vas tornando una emperatriz en fermosura. Santa Pascua fué en domingo si no me pareces una Verónica y retrato de San Miguel, el ángel que está en mi perrochia en unas andas de oro.
Isab.Téngote en merced la visitacion, que bien creo me quieres bien, pues la crianza que en mí hiciste con el tiempo áun no has olvidado; mas en lo que dices que estoy hermosa, sabe que no es oro todo lo que reluce, que qualquiera pasa trabajos.
Val.¿Y qué trabajos pasais, hija mia? ¿por ventura será el cuidado de la familia, ó de los muchos hijos? Cierto, como las malas venturas que yo padezco deben ser; sola, triste y en laceria entre cuatro paredes, sin haber quien á mi triste vejez me haga algun refrigerio ó regalo: ¡ay, hija mia! éstos debes de llamar trabajos, que los que tú puedes pasar tortas son y pan pintado.
Isab.No sé: cada qual siente sus duelos.
Val.En forma me debria reir si tuviese gana de pensar qué son los que, hija, llamas duelos, que cierto de esto no puede faltar; que pedistes la ropa de seda, no os puso el sastre la guarnicion á vuestro contento, ó que enviastes á comprar cintas de una color y truxeron de otra, ó que la criada no vino tan presto á vuestro llamado, y otras cosas á ésta semejantes: ¿es esto, hija? dilo, no hayas vergüenza. Ya dolor, hija mia, si te vieses vieja, sola y amarga, llena de mil enfermedades y sin un cornado que gastar, ni ménos qué poder vender; de dia enel verano al resestero y en el invierno al helada, querer comer y no tener qué, y ya que se halle, no poder; despues en la noche, para aliviar el afan del dia, echaros en unas atochuelas sin otra cobertura: éste me podés vos con razon llamar afan, que lo demas no hay por qué se haga caso dello.
Isab.Madre señora, los tuyos no quiero que iguales con los mios, porque ésos el cuerpo lastiman, mas estos otros atormentan el ánima.
Val.Ya, ya, mal lograda muera yo, que bien salva estoy dello, si te entendia; agora digo que tienes razon, algun gentilhombre ha llamado á tu puerta, ¿qué me dices? ¿es esto? Pues, hija, si así es, no me lo debes negar, que sábete que hasta la muerte me hallarás aparejada en tu servicio, con tal que ames á quien te convenga y debaxo de yugo matrimonial, que lo demas á Dios es enojoso y á las gentes aborrecible.
Isab.Madre señora, sabe que á ese blanco asiesto mis tiros, que no me tengas por tal que otra cosa en mí hubiese.
Val.Pues así es y tus pensamientos son tan buenos, dime el negocio por entero, que mi madura edad te dará en ello el consejo más conveniente, y no quiero que tengas en poco lo que te prometo, que de cierto es más que puedes pensar, por tanto no cumple que se me encubra.
Isab.Madre mia, digo que en afortunado tiempo mis ojos miraron á Selvago, hermano de mi gran amiga Rosiana.
Val.¡Oh Dios, y qué agradables me han sido, hija, tus razones! que, así Dios me dé buena postrimería, muchas veces he pensado quien en esta ciudad te convenia más por esposo, y cierto otro no hallaba sino el que me has dicho, y su compañero y grande amigo Flerinardo; mas resta que me digas si eres tú dél amada, porque siendo así, con poco trabajo vendria todo á buen fin.
Isab.Sabe, madre, que si esto así fuera, que por la más dichosa que todas las nacidas me pudiera contar; mas no sé yo si él ama en otro lugar, que esto me hace vivir en grave tormento.
Val.Hija hermosa, en eso no tengas cuidado, que yo te prometo de te dar cosa, con que desde la primera vez que te vea, padezca por tu causa mayor pena que tú por él puedes agora tener.
Isab.¡Oh mi buena señora y piadosa madre! sabe que si lo que de palabra dices por obra se cumple, que te seré en más cargo que á la madre que me parió, porque ella me diósér, ó fué á lo ménos causa, y tú me redimes de cruda y trabajosa muerte.
Val.Hija y señora, lo que yo digo yo lo cumpliré; resta que á mi casilla, á lo poner en obra, me llegue, donde ántes de una hora me profiero dar la vuelta.
Isab.Madre mia, para eso será menester alguna cosa.
Val.No puede ser ménos.
Isab.Con me lo decir será luégo remediado.
Val.Segun de una grande amiga mia he sabido, que en otros tales casos se ha exercitado, será menester lo que agora diré. Primeramente, una saya blanca, con su cuerpo y mangas, de tu persona, para cierto conjuro necesaria.
Isab.Y qué tal, madre, te la daré; mas agora me acuerdo que no sé si podrá servir, porque es de grana y está guarnecida de brocado de raso.
Val.Ántes es muy propia, que el amarillo del oro aprovechará más en el conjuro. Es ansimesmo menester un manto, que te le cobijases la primera vez en disanto ó en domingo.
Isab.No le tengo sino de tafetan, mira si será bueno.
Val.Sea negro, que abasta. Un tocadotuyo es menester, el que tú más quieres, porque miéntras más le hubieras amado, más te amará Selvago en viéndote.
Isab.Una crespina morada con ricas piedras es la que yo más quiero, por ser galana de mucho precio.
Val.Ése me hará á mí más provecho.
Isab.¿Qué dices, madre?
Val.Digo que será muy propia, por ser morada es amores; mas te hago saber que todo, en acabando el conjuro, se ha de quemar, porque ansí conviene.
Isab.Con que aproveche no me pena; mas di si es menester otra cosa.
Val.Has de buscar en todo caso un joyel en que esté pintado ó de bulto hecho un corazon con saetas.
Isab.No será menester buscalle, que vesle, aquí le traigo al cuello, y áun por mi vida, que vale más de cincuenta escudos él y la cadena en que está.
Val.Propio viene, porque ansí encadenes tú á Selvago; ansimesmo son menester dos vasos de plata para poner ciertos liquores.
Isab.Dos jarros tengo allí que no se acuerdan en casa dellos, buenos pienso que serán.
Val.Tambien has de proveer de algunas conservas, mas eso quede á tu arbitrio, porque qualesquiera bastarán; y finalmente, esa colonia de carmesí que tienes ceñida habrá de ir allá, en la qual se pondrá toda la fuerza del negocio, que de todo ello te será vuelta; mas ten cuidado de te la poner al tiempo que por tu calle pase Selvago, y como lo veas venir, pondráste de manera en la fenestra que pueda él verte la colonia; mirarle has al rostro desde que asome, sin pestañear y partir los ojos dél, lanzando algunos pequeños sospiros por espacio de algun tiempo, y con solo esto que hagas verás maravillas; y áun te certifico que si en algo de lo dicho no yerras, que le ha de hablar, y áun de tal manera, que tú conozcas la operacion que habrá hecho en él el conjuro.
Isab.Plega á Dios, madre, que como dices sea, que en lo que á mí toca yo lo cumpliré bien. Resta que me digas si falta otra cosa, porque se te dé con lo dicho, que mi Cecilia lo llevará á tu posada en veces.
Val.Por mi vida, que á tí he menester que me quites la vergüenza en tanto pedir, aunque no querria que fuese tanto que nos hallásemos al cabo con nada, boqui-abiertas, cantando:Tres ánades, madre.
Isab.¿Qué dices, madre, que no te entiendo?
Val.Señora, lo que digo es que si se pudiesen haber algunas blanquillas, que el conjuro iria más perfecto.
Isab.Dineros tengo, madre, no me tengas por pobre; mas dime qué tanto montarán las blanquillas que dices.
Val.Yo te diré: el número de siete es el más perfecto entre todos los números, y más dos sietes, y más tres, y por órden adelante en donde quiera que hobiere cabal número de sietes; mas hágote saber que el más de todo es siete sietes; sino, infórmate de los arisméticos, verás cómo te digo la verdad.
Isab.Sin informarme te creo; por tanto acaba de concluir.
Val.Digo ansí, señora, que setenta ducados han de ser, ó setenta reales, mas no será tan firme como lo primero.
Isab.Los setenta ducados te daré, y más si más pidieras, y áun en oro, que pocos se hallarán por la ciudad al presente.
Val.Alto, señora, que si las tres tocan, se habrá de quedar para mañana.
Isab.¡Cecilia, Cecilia!
Cec.Señora.
Isab.Tráeme de mi recámara la saya blanca de grana y el manto que me puse este domingo, quando fuí á ver á mi prima al monesterio.
Cec.Veslo aquí, señora.
Isab.El tocado ó crespina morada y los dos jarros de plata, que los hallarás al suelo del arca encorada, traerás tambien.
Cec.Señora, ¿quieres hacer almoneda, que aquí lo traigo? Por el tocado dan cinco blancas, y si vos habeis puesto de vendelle á quien más diere por él, seguro le tengo, porque el caudal de la madre vieja áun no llega á tanto.
Isab.Calla, mala landre te mate, que no es tiempo agora de reir, sino cúbrete tu manto y debaxo lleva lo que pudieres desto adonde mi ama Valera dixere. Tendrás aviso si alguno te preguntáre qué llevas y por fuerza lo hubiera de saber, que digas que para que se adobe lo llevas.
Cec.Señora, ansí lo haré.
Val.Señora hija, el dinero me puedes dar, las conservas no se te olviden.
Isab.Ves aquí. Madre, el dinero; en otro camino llevará Cecilia las conservas, que las tendré aparejadas.
Val.Pues yo me voy, la Madre de Dios quede contigo.
Isab.Ella te guie, madre mia.