CENA PRIMERA DEL QUARTO ACTO.

CENA PRIMERA DEL QUARTO ACTO.En que Dolosina, medrosa por lo pasado, encuentra con Valera; cuéntanse las dos sus negocios, muy alegres por lo que la una de la otra colige. Dolosina la encarga que recaude una carta de Isabela para Selvago, y con este acuerdo se despiden. Introdúcense:DOLOSINA. — VALERA.

En que Dolosina, medrosa por lo pasado, encuentra con Valera; cuéntanse las dos sus negocios, muy alegres por lo que la una de la otra colige. Dolosina la encarga que recaude una carta de Isabela para Selvago, y con este acuerdo se despiden. Introdúcense:

DOLOSINA. — VALERA.

Dol.Alivia tus piés, Dolosina, que áun todavía estás en la tierra de tus enemigos, no tengan alguna celada encubierta ó vengan en el alcance caballeros corredores que nos quiten el despojo y quede la vida de las pihuelas; quiero echar por esta calleja hácia Sant Roman, que me parece encubierta, en que me podré librar, si tras de mí vinieren; ya no hay peligro, que léxos estoy, quiero reiterar lo que por mí ha pasado, pues, como dicen, en salvo está el que repica; por mi vida, que puedo hacer cuenta que hoy nací, pues de tan eminente peligro fuí librada, con razon se podria de mí decir, atrevióse morilla y comiéronla lobos; válame Dios, y que fortaleza y sagacidad de doncella; sin duda que pasé por ello yno lo puedo creer viendo una mochacha áun, como dicen, con la leche en los labios, y que tan fácilmente á la vieja y astuta Dolosina engañase, haciéndole sacar el hijo del cuerpo y decir duro y maduro, y despues, sin podello negar, en porte del mensaje, darme tal trato ella y la otra rapaza de su criada, aunque, por mi vejez, si no fuera por el lugar ser peligroso, que todos nos entendiéramos á coplas; mas pase, que yo fiadora de tomar la venganza á mi propósito, mujer es y fermosa, mal me andarán las manos, pues allá dexé la carta, si no la hago caer en el garlito, aunque más haga de la grave y generosa. Mas ¿qué digo yo? ¿y cómo podrá ser esto quando mis sagaces razones para con ella tan poco aprovecharon? cierto que será trabajoso caso de vencer su fortaleza, que es á la verdad muy entendida, y al parecer muy casta por extremo; por mi salud, que si de su manera fuesen todas las mujeres de nuestro tiempo, que mala ganancia harian las de mi oficio, mas loores á Dios que no son todas así. Mas ¿qué digo yo? ¿es Valera la que allí viene? Cierto, ella es, quiérome atapar y pasarme de largo, no me conozca con el hábito que llevo; mas escusado es, que ya me ha conocido.

Val.¿Qué es esto, señora Dolosina? ¿qué hábito es éste? por ventura es negocio de importancia, pues así las armas habeis cambiado.

Dol.Así es, hermana, como decis; mas ¿dónde guiais vuestro camino tan de prisa, que me parece que vais á ganar beneficio?

Val.Ántes ando en os hurtar el oficio.

Dol.¿Cómo así?

Val.Como que tengo para vista del proceso cincuenta piezas de oro en mi casa.

Dol.¿Quién es la parte?

Val.Es secreto.

Dol.Por mí no lo dexará de ser.

Val.Mi hija de leche, Isabela.

Dol.¡Santo Dios, y qué oigo! pues decidme, hermana Valera, así hayais buena postrimería ¿quién es el galan?

Val.Selvago, si le conoces, se nombra.

Dol.¿Es sueño lo que oigo? agora, pues, las partes me habeis dicho, decidme lo que pasa, que de vuestro provecho no me puede á mí pesar.

Val.Esa confianza tengo yo de vos, y por tanto os lo quiero decir. Habeis de saber que Isabela muere por este caballero, y descubriéndome á mí su secreto, le prometí que con un conjuro que en un su ceñidor pondria, la primera vez que mirase á Selvago le haria venir en su propósito; en fin de razones, ella me cargó de cosas de precio, que dixe ser apropiadas al conjuro, el qual le embié con una su criada, y yo voy agora con la priesa que veis, á ver lo que ha pasado.

Dol.Maravillas me habeis dicho; mas hágoos saber que yo ando en un negocio del mesmo Selvago con el hábito que veis.

Val.¡Ay desventurada yo, y qué oigo!

Dol.Ántes bienaventurada, y comigo juntamente; que sabed que muere por Isabela.

Val.¡Oh mi buena hermana! ¿y es verdad lo que decis?

Dol.Sí por cierto.

Val.Agora os quiero abrazar, que sin duda me habeis dado la vida, y si os parece, pues bien á nuestro salvo lo podemos hacer, vos á Selvago por una parte, y yo por otra á Isabela, hagámosles que compren caro el placer que esperan gozar.

Dol.En mi corazon estais, así sea; mas hágoos saber que he hoy con Isabela estado, que iba por le dar una carta, y siendo en su presencia, poco me valieron mis astucias á que no barruntase á lo que iba, y ella y una su criada me dieron un trato de cuerda con sus almohadillas en que labran, que penséperder la vida; mas libréme dellas huyendo dexándoles en un rincon la carca.

Val.¿Dijístesle de parte de quién íbades?

Dol.No hubo lugar.

Val.Pues en eso estuvo el error; mas, pues ya pasó y no puede dexar de ser, íos á vuestra casa, que yo quiero llegarme allá, y con lo que negociáre, á vos acudiré.

Dol.Bien me parece eso; mas debes de procurar que ella le escriba una carta, en que lo mande que esta noche á la hablar por alguna secreta parte se llegue, que si ella le ama, como decis, fácil será de alcanzar, y si así fuese, á mí darés provecho y á vos no vendrá daño.

Val.Bien, estoy en eso, mas todavía fuera mejor alargarles la cura para que alargáran la paga á nosotras.

Dol.No se pierde cosa en que se haga lo que tengo dicho, por tanto concluye de presto, y con la carta, si ser puede, irés luégo á mi posada.

Val.Alto, pues ansí os parece, ansí sea; no me quiero detener, id con Dios.

Dol.Él os guie, hermana Valera; ¿qué te parece, Dolosina, de los tratos y mudanzas de este mundo? ¡quán presto perdido y quán presto ganado! ¡quán poco há estabala más afligida del mundo, apaleada, habiendo tan mal negociado, y agora alegre y regocijada! y con razon, pues las albricias que dello espero, no las trocaria por cien piezas de oro; quiera Dios que no se abuchorne la venida de Valera, que si así no es, por ciertas las tengo; agora bien, ya veo mi puerta, quiero entrar y reposar un poco, que el tiempo dirá lo que ha de ser.


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