CENA TERCERA DEL QUINTO ACTO.En que Selvago con su cuñado Flerinardo va al concierto; llegados al jardin, Selvago canta un soneto. Despues de lo qual, entrado, su señora lo está esperando, donde habiéndola recebido por esposa goza de los últimos gozos del amor, de que muy gozoso del jardin sale, y por intercesion de Flerinardo conocen la gran cobardía de Escalion, de lo qual con mucho placer se tornan á dormir. Introdúcense:SELVAGO. — RISDEÑO. — CARDUEL. — FLERINARDO. — ESCALION. — ISABELA. — CECILIA.
En que Selvago con su cuñado Flerinardo va al concierto; llegados al jardin, Selvago canta un soneto. Despues de lo qual, entrado, su señora lo está esperando, donde habiéndola recebido por esposa goza de los últimos gozos del amor, de que muy gozoso del jardin sale, y por intercesion de Flerinardo conocen la gran cobardía de Escalion, de lo qual con mucho placer se tornan á dormir. Introdúcense:
SELVAGO. — RISDEÑO. — CARDUEL. — FLERINARDO. — ESCALION. — ISABELA. — CECILIA.
Selv.¿Duermes, Risdeño?
Risd.Señor, no; ¿qué mandas?
Selv.Que me des mis armas y hagas aderezar esos mozos.
Risd.Señor, veslos aquí; los compañeros se quedan aparejando.
Selv.Pues tenme de ahí (que, si no me engaño, las once tocó agora el relox), armaréme.
Card.Señor, señor.
Selv.¿Qué dices, Carduel?
Card.Flerinardo con sus dos criados, Escalion y Velmonte, están á la puerta.
Selv.¡Oh, cómo la verdadera amistad siempre en las necesidades se conoce! sin duda que le soy en mucho cargo.
Risd.Señor, en más te es él á tí, pues hoy le has remediado todas sus fatigas en prometerle tu hermana por esposa.
Selv.Aunque lo que dices así sea, no dexo por eso de sentir lo que por mí hace; mas acaba presto, Risdeño, darás esa escala de cuerda á Carduel que lleve, y tú ansimesmo aquel laud.
Risd.¡Cómo, señor! ¿y has de ser como el mosquito que va cantando á robar los que duermen?
Selv.El símile como de quien sale; siendo tú chiquillo y ruinejo, así hablas en tu comparacion del mosquito tu pariente.
Risd.Aunque chiquillo y ruinejo, como vos, señor, decis, no me trocaria por uno que más alto que vos fuese.
Selv.¿Cómo así?
Risd.Por las muchas virtudes y gracias que los de tal marca tenemos.
Selv.Di, pues, algunas, en tanto que me acabo de aderezar.
Risd.En metro os las podria decir, porque así me las enseñaron á mí; mas, por abreviar, en dos palabras concluiré. Primeramente por la mayor parte los de esta estatura son todos muy vivos, ingeniosos y ardidos, que, por verse los tales ser en poco tenidos, siempre inquiren nuevas y esquisitas invenciones para ser de todos estimados; tambien si un pequeño se desafia con un grande, si el tal pequeño vence es más estimada su vitoria por ser más contra natura. Tienen otro provecho, que el pequeño que fuere á la guerra armado, siendo las armas conformes al cuerpo, no le darán con el peso mucha pena, y si el tal fuere á caballo, le dará ménos fatiga, y con otro tendrá ventaja en las armas defensivas, pues detras de un escudo se puede defender, y ofender al contrario; y si fuere huyendo y los enemigos llegaren cerca, fácilmente donde quiera se puede esconder y encubrir su persona. Eso mesmo si en frontera ó campo se halláre, do ha de jugar el artillería, más seguro estará de las pelotas que el grande; y si acaso le hurtaren sus armas ó vestidos, allende de medrar poco el ladron con ellos por ser chicos, donde quiera los podrá conocer; tambien es gracia que si entráre por puertas ó ventanas pequeñas, no tendrá necesidad de se abajar ni se hará mal en la cabeza. Es escelencia de los tales que con poco dinero se pulen y atavian, y si hecho lo mercáren, aunque sea mayor,fácilmente lo pueden tornar á su medida; esles tambien provecho, que si fueren á dormir en cama angosta, el pequeño dormirá más á su talante que el que no lo fuere. Son ansimesmo los de tal estatura pulidos, que por estirarse y ser mayores andan muy del tempe, y tienen bien otra gracia, que sin pena se visten y calzan por tener los brazos más llegados á los piés, donde si algo se les cayere de las manos, sin que se sienta, lo tornan á recoger, y por lo dicho éstos son muy buenos danzantes. Sobre las dichas gracias, si el de tal estatura fuere mercadante de cosa que se ha de medir á brazas, ganarán más, porque le dan á él grande brazada, y él dala pequeña. Tienen tambien sobre lo dicho otra escelencia, que si dieren alguna caida de lugar alto, el de ménos estatura dará ménos golpe; y si acaso fuere camino en la fiesta, siendo avisado, á la sombra del compañero se defenderá del sol; y finalmente, todas las veces que con otro habla, le hacen acatamiento, porque para bien entendelle, se acorvan estando él muy entonado. Esto es, señor, lo que yo hallo más en el de mi estatura que en el de la vuestra, sin otras muchas cosas que sobre el caso pudiera decir y por prolixidad dexo.
Selv.Cierto que he tomado gran deletacion con tus palabras, que las debes tener de coro para semejantes tiempos; mas, pues ya estoy del todo á punto, vamos fuera; tú, Carduel, véte adelante, como ayer hiciste, camino del huerto.
Card.Ya voy, señor.
Selv.¿Tomaste el laud, Risdeño?
Risd.Bueno está eso, señor, ¿y no le ves, que hace más bulto que yo?
Selv.Pues si no le quieres llevar, dásele á Sagredo que le lleve.
Risd.Agora, señor, que yo le llevaré; porque si acaso hubiere alguna refriega me pueda tan en tanto esconder en él.
Selv.¿Pues cómo, así nos habies de ayudar? ¿no te mostrabas anoche más fuerte de eso?
Risd.No, señor, que ayer no iba allá Escalion, y yo tenía sus veces, y siendo él presente, no podria ser más de como quien soy, aunque todavía pondria el laud en medio de la batalla para que allí se descarguen los golpes y quebrante la furia de las partes.
Selv.Agora bien, vamos fuera, ¿es mi señor hermano Flerinardo?
Fler.Él, que aunque indigno dese nombre, mucho os desea servir.
Selv.¡Oh señor, y no reposárades estanoche! que para en esto de hoy mi gente bastara.
Fler.Ora, señor, dexad esas razones por escusadas, y vamos nuestro camino, que yo recibo la merced en que de mí acepteis algun servicio.
Risd.Señor Flerinardo, ¿no venía en vuestra compañía Escalion? ¿dónde está?
Fler.No sé cierto, mas de quanto agora estaba comigo, y tras de nosotros debe venir, si no ha tomado las de villadiego y dádonos cantonada.
Risd.Vesle allí dó viene; anda, Escalion, no te quedes tanto atras.
Esc.¡Oh pesar de quien me parió, Risdeño! ¿y para qué me das voces? que venía ahí echando mano pensando que los enemigos parecian, y dado caso que así fuera, nos quedáramos burlados, porque oyendo tal nombre, si ellos eran naturales de Europa, no pongas dubda que me pararan delante.
Risd.Pues ¿cómo es verdad lo que dices, pues que cada dia nos cuentas nuevas questiones que has tenido?
Esc.Eso es verdad, que no me conociendo toman esa presuncion; mas si despues, por aventura, de mis manos salen sin herida mortal, quando el caso cuentan á quien me conoce, les dice que ese dia nacieron.
Selv.Señor Flerinardo, una palabra al oido.
Fler.¿Qué decis, señor?
Selv.Que deseo conocer en estremo dó llega su lanza de Escalion, porque verdaderamente creo ser todas sus blasonerías fingidas, y si os parece, lo podrémos probar esta noche.
Fler.Señor, haced como vos quisiéredes; mas no sea de manera que nos cueste caro la burla si él hace algun desvarío.
Selv.No, que en eso primero se proveerá; mas agora, pues al huerto hemos llegado, entendamos en lo que conviene, que despues habrá tiempo para todo.
Fler.Haced como os pareciere.
Selv.Muestra, Risdeño, ese laud miéntras viene la hora, descubrirá este gozoso corazon alguna parte del gran contentamiento que en sí tiene.
Risd.Vesle aquí, señor.
Selv.Pues di á Velmonte y á Escalion que se detengan en la boca de aquella calle, Sagredo y Rubino se pondrán en aquella encrucijada que allí baxo parece, y que á todo el mundo defiendan el pasaje.
Risd.Señor, ya se ha hecho, y Escalion dice que si álguien por su pertenencia quisiere pasar, que le ha primero de engastonarsu espada en el cuerpo y facelle volver sin cabeza ni piernas, porque no tenga necesidad de caperuza ni zapatos.
Selv.Anda, déxale, que del dicho al fato hay gran rato; y oye, que quiero comenzar un nuevo soneto, nuevamente en mi pecho concebido y por mi soberano gozo fabricado.
SONETO.
Resuene mi voz alta y amorosa,Sus gozos con gran gozo demostrando,Los altos con los baxos matizando,Su gloria nos descubra gloriosa:¡Oh cielos luminosos, tierra umbrosa!¡Oh fuegos incorpóreos, mar terrible!¡Oh tierra, muestra gozo no falible,Pues gozas tú con ellos de mi diosa!En tí su cuerpo tienes pincelado,Su diáfano rostro no terreno,Ten gozo por haber ansí sacadoSus lustres y matices de tu seno,De quien yo solo vivo en su memoria,Por ser mi suma pena y suma gloria.
Resuene mi voz alta y amorosa,Sus gozos con gran gozo demostrando,Los altos con los baxos matizando,Su gloria nos descubra gloriosa:¡Oh cielos luminosos, tierra umbrosa!¡Oh fuegos incorpóreos, mar terrible!¡Oh tierra, muestra gozo no falible,Pues gozas tú con ellos de mi diosa!En tí su cuerpo tienes pincelado,Su diáfano rostro no terreno,Ten gozo por haber ansí sacadoSus lustres y matices de tu seno,De quien yo solo vivo en su memoria,Por ser mi suma pena y suma gloria.
Resuene mi voz alta y amorosa,
Sus gozos con gran gozo demostrando,
Los altos con los baxos matizando,
Su gloria nos descubra gloriosa:
¡Oh cielos luminosos, tierra umbrosa!
¡Oh fuegos incorpóreos, mar terrible!
¡Oh tierra, muestra gozo no falible,
Pues gozas tú con ellos de mi diosa!
En tí su cuerpo tienes pincelado,
Su diáfano rostro no terreno,
Ten gozo por haber ansí sacado
Sus lustres y matices de tu seno,
De quien yo solo vivo en su memoria,
Por ser mi suma pena y suma gloria.
Isab.Dime, Cecilia, ¿no estás fuera de sentido en oir música tan atractiva y melodiosa?
Cec.Por cierto, señora, que no ménos en oilla estoy espantada que pesante porque tan presto hizo fin.
Isab.¿Qué sientes de la sentencia del soneto?
Cec.Que por más que diga, eres de más merecedora.
Isab.Anda, necia, que no te digo sino quán maravillosamente ha declarado su propósito.
Cec.Eso merezco yo, que me llames necia, porque mentí diciendo que merecias más.
Isab.¿Qué dices, Cecilia, parécete que tengo razon en hacer lo que por él hago?
Cec.Cierto, señora, que sí, y bien á vuestro seguro, pues vuestro padre corresponde tambien al negocio.
Isab.En pensar eso estoy de gozo casi fuera de sentido; mas llégate, por tu fe, mira si sube, pues ya la música cesó.
Cec.Eso será escusado, que veslo por entre aquellos jardines dó viene.
Isab.Pues, Cecilia, mira que te ruego, y, como señora, te mando que de mi presencia no te apartes; porque puesto caso que hago lo que ves por este caballero, en ninguna manera querria que en mí tomase entera posesion, hasta que habiendo recebido las bendiciones de la Iglesia, por Dios y por las gentes nos sea concedido lugar.
Cec.Ansí lo haré, señora; ¿habeis oidolo que dixo? pues, mejor me salve Dios, que va de todo corazon, sino con la boca chiquita; mas pase, que ansí cumple en su honra.
Selv.¡Oh gloria de mi penosa fatiga, y pena de mi deseada gloria! á tu seráfica hermosura pido humilmente, en señal del dón que por tí se me ha otorgado, de tus ebúrneas manos se me dé que goce, para que con las gozosas muestras del corazon enviadas y por los ojos salidas, el gran huego que de tu parte me consume, en alguna manera con su contrariedad algun tanto se mitigue.
Cec.Mi señora, mira que no se consiente lo que con ese caballero haces, en tenelle de hinojos en tu presencia tanto tiempo.
Isab.Mi verdadero señor, si en lo que mi doncella dice alguna parte de razon tiene, pídoos que me perdonés; mas si el soberano gozo que en vuestra vista he recebido considerais, no tendrés en mucho que llegado hasta el corazon imprimiendo en él su poderío, acudiendo allí todos los sentidos para más sentille, lo esterior sin sentir dexase; mas ya que la razon de la causa los ha tornado en sus asientos, pídoos quanto puedo que os levanteis, si no deseais que yo haga lo mismo.
Selv.En eso como en lo demas, prometo, mi señora, de no salir de vuestro querer y voluntad.
Cec.Eso ha que me contenta, ¿no veis que abrazada la tiene? mi fe, aunque yo presente estoy, poco valgo para encoger su buena desenvoltura; mal año para gato romano que tal presa haga con asadura de neblí, con la garza, que viene más á cuenta como él con ella.
Isab.Mi señor, no me parece bien lo que haces.
Selv.Descanso mio, si te di paz en pago de la guerra que contino me haces, fué por cumplir con lo que á generoso ánimo se debe, en dar bien por mal.
Cec.Bien alega de su derecho el magnífico, y áun, por mi vida, que, segun de las vísperas entiendo, que en el disanto, él de queja y mi señora de doncella, han de ser libres; por lo qual será bien del mal no tanto, y hacerme entre ellos teniente y darles las manos, porque, segun se presume de los gentiles hombres de este tiempo, no será mucho que diga, andando dias, si te vi no me acuerdo. Ora, mis señores, bien será que lo que se ha de hacer tarde se haga temprano, y seais por mí desposados miéntras más á vuestra honra se ordena.
Selv.Mi señora, ¿teneis por bien lo que vuestra doncella ha dicho?
Isab.Señor mio, por eso fué mi venida en el presente lugar.
Selv.Pues, en nombre de Dios, que yo recibo, aunque indigno, las mercedes.
Cec.Alto, pues, dadme las manos; vos, señora Isabela, ¿quereis por marido y por esposo á Selvago, que presente está? y no aguardeis á tercera vez, no se canse el zorriote, pues será escusado por faltar madrina que del trenzado estire.
Isab.Digo que sí.
Cec.Y vos, señor Selvago, ¿quereis por tal á Isabela?
Selv.Sí, con entera voluntad.
Cec.Dios os haga largos tiempos buenos casados. Agora no resta sino que se provea la colacion, y mirad que no os suelto mis derechos, aunque otrie haga las velaciones, que se lleve las arras.
Selv.Buena doncella, por el presente, en pago de lo que decis, recebid esta medalla que en vuestro cuello os pongais, no perdiendo la esperanza en lo porvenir.
Cec.Mi señor, aunque por el tanto no se dixese, no quiero dexar de recebir mercedes que con tanta voluntad son ofrecidas; y, por mi vida, que si de tal manera mepagasen todos, que no dexase de tomar las manos cada dia á diez ó veinte docenas de personas, y áun les soltaria lo de futuro; mas ¿qué digo yo? ¿y esa palabra es la primera que os hablais? tá, tá, tá, no paro más aquí.
Isab.¡Oh mi señor, por Dios os ruego que no hagais tal, porque me perderéis para siempre!
Selv.Mi señora, ántes os tendré más ganada; y por tanto perdonad mis atrevidas manos, que jamas pensaron os deservir.
Isab.¡Cómo! ¿y tanta desvergüenza ha de pasar y áun delante testigos?
Selv.Así, siendo por ellos certificado, despues tendré por verdadera la gloria que al presente consigo.
Cec.Eso me parece bien, que anden barbas y callen cartas.
Isab.¡Ay desventurada yo! mi honra perdida, mi vida acabada, ¡ay, ay!
Selv.¿Señora mia, señora mia? ¡ay traidor de mí, que tanto mal he cometido contra quien de muerte á vida me habia redemido! no será sino que con esta espada de mí tome rabiosa venganza.
Cec.¡Oh gran Dios! ¿y qué es esto? detente, detente, señor, no hagas tanto mal, mira que perderás á tí y á tu señora.
Selv.¡Oh traidor de mí, que ya la tengo perdida! por lo qual me conviene un punto más no vivir.
Cec.Señor, sólo te pido miéntras rocío su rostro con agua de aquel estanque, tengas paciencia, que tú verás cómo siendo en sí tornada, hago con ella que te perdone.
Selv.Pues, buena doncella, sea con brevedad, porque mayor no la tenga mi vida.
Isab.¡Ay, ay!
Cec.Señora, señora mia, vuelve en tí; acorre al tu Selvago si le quieres ver vivo, que por tu causa se quiere él mesmo en tu nombre sacrificar.
Isab.¡Qué oigo, triste yo!
Cec.Desplega tus ojos y verás que sólo aguarda una palabra de tí contra él para pagarte la ofensa que contra tí cometió, y si deseas que viva, vé, desvíale de su propósito.
Isab.¡Oh señor! y ¿qué desvarío tan grande es el vuestro?
Selv.Mi señora, no otro sino que si vuestra misericordia me falta, faltarme ha la vida.
Isab.Soltad, por Dios, el espada, que me dais mayor pena en esto que en la traicion que contra mí cometisteis.
Selv.Sabed, señora, que será escusado si de vos el perdon no me es concedido.
Isab.Ora, pues yo tuve la culpa en me fiar en vos, justo es que la pena padezca; por tanto yo os perdono.
Selv.Señora mia, ¿por qué habés hecho tan gran sentimiento en que yo tomase la posesion en lo que de derecho era mio?
Isab.Aunque eso así sea, no era razon que tal pasára hasta que las bendiciones de la Iglesia se hayan recebido, y si no mirase que éstas nos serán dadas presto, yo me diera, en pago de mi pena, la muerte.
Selv.Ora, señora, ¿no me decis cómo sabés que nuestros desposorios se celebrarán públicamente presto?
Isab.¿Cómo decis eso, y no os habló hoy el comendador, mi tio, de parte de mi señor Polibio, en que si queríades hacer comigo matrimonio? ca sabed que Cecilia estuvo esta siesta á la puerta de su aposento, y, segun me dijo, habiendo entre sí hablado sobre el desposorio de vuestra hermana con Flerinardo, trataron en que me desposasen con vos, sobre lo qual os hablaria el Comendador.
Selv.¡Santo Dios, qué oigo! sabed, señora, que así pasa como habeis dicho, que hoy me habló, y yo, ignorando la parte de quien venía, porque no me fué por él dicho, por no despedille luégo, que fueramal mirado, dije que hablaria á mi señora Funebra y le daria respuesta, y pues ya soy avisado, daldo por concluido.
Isab.Así me parece, señor, que lo debes hacer; mas, por mi vida, que no tornés á vuestras pesadas burlas, que me dais grande enojo en ello.
Selv.Bien mio, al que en mí manda, que es el amor, echad la culpa, pues en mí, por ser dél forzado, ninguna veo.
Cec.¡Qué justicia de Dios! que estén sus mercedes en tales comedias haciendo pausa tras cada acto, y la pobre Cecilia que la papen duelos, estando acá á diente, teniendo á su Carduel tan cerca, no será sino la primera vez que acá vuelva á hacer de modo que entrando no tenga yo envidia de sus abrazos ni besos, y ahora me sufro, porque á más andar se viene á nosotros el aurora; por lo qual será bien los despartir, no los tome allí el dia. Mis señores, aunque os sea trabajoso, por el presente os conviene apartar por ser ya cerca la mañana.
Selv.Mi señora, no menor pena siento con las palabras desta doncella que con vuestra presencia alegría; mas, pues de fuerza se ha de cumplir, dexando con vos el ánima, el cuerpo á muy tenebrosa cárcel va sentenciado.
Isab.Mi verdadero amigo, no con ménos pena que lleveis quedo; mas con la esperanza de tan presto enteramente gozar de vos quiero en alguna manera me conhortar.
Selv.Ella sola será bastante á me sustentar la vida; y pues así conviene, el ángel bueno quede, mi señora, en vuestra compañía.
Isab.Él guie, mi señor, tus pisadas. Cecilia, anda paso, entrémonos en nuestro aposento, no seamos sentidas.
Cec.Ya estamos acá, señora.
Isab.Pues tornea esa puerta y véte á acostar, dormirémos lo que de la noche queda.
Selv.Echa, Carduel, esa escala.
Card.Puesta está, señor, mira cómo bajas, que hace oscuro.
Selv.¡Oh mi señor Flerinardo! y qué de cosas os tengo que contar en siendo en la posada, con que de cierto seréis muy alegre, por tanto vamos allá si os parece.
Fler.Primero deseo que hiciésemos lo que en la venida ordenamos de Escalion, porque he visto en él, despues que aquí venimos, cosa con que tengo dubda en su esfuerzo, y querria ser en ello certificado.
Selv.Pues, Risdeño, vé donde están Rubino y Sagredo, y decirles has de mi parteque vayan secretamente por aquella otra calle á dar do está Escalion, y que sin llegarse cerca hagan muestra de acometer, desnudas sus espadas; y que hecho, sin se detener, se tornen á sus estancias sin decir lo que hicieron disimuladamente.
Risd.Señor, ya van determinados á cumplir tu mandado.
Esc.¡Oh pésete y no á tal, y aquellos á matarnos vienen! alivia, Escalion, tus piés y al soto, que no mientes en ello, ¡ay, ay, desventurado yo, que me matan!
Velm.Cómo, Escalion, ¿así me dexas?
Esc.¡Santo Dios, que me matan! ¡confesion!
Selv.¿No veis, señor Flerinardo, qué verdadero salió mi pensamiento? y qué gritar trae el cobarde.
Fler.¿Qué es esto, Escalion, que has, que así vienes dando voces?
Esc.¡Ay señor! cien hombres de punta en blanco armados nos salieron á matar, y de los primeros golpes derribaron á Velmonte, mas entre tanto rebané dos ó tres docenas dellos, en que quebré el espada; por lo qual, viendo los contrarios ser tantos, arrojándoles lo que del espada me quedaba, acogíme á los piés, y lo mesmo os aconsejo que hagais, que más vale decir aquí huyeron que aquí fueron muertos.
Fler.No hayas miedo, vuelve con nosotros.
Esc.No, señor, dexáme, que basta el estrago que dexo hecho; que pienso que voy mal herido, iréme á curar.
Fler.Detente, muéstranos la herida.
Selv.¡Oh, qué donoso caso! ¿no veis qué huir lleva?
Fler.De cierto que lo veo y lo pongo en dubda, segun la confianza que dél tenía.
Selv.Sabed, señor, que siempre le he yo tenido por lo que aquí ha mostrado, que todas sus hazañas más consisten en blasonar desaforadamente que en algo que de hecho fuese; y pues esto ya se ha concluido, bien será que demos la vuelta á la posada.
Fler.Sea, señor, como por bien tuviéredes.