Chapter 19

CINESIAS.

CINESIAS.

Vuelo al Olimpo con ligeras alas;[552]Y a su batir resuelto voy cruzandoLas sendas de la gaya poesía...

Vuelo al Olimpo con ligeras alas;[552]Y a su batir resuelto voy cruzandoLas sendas de la gaya poesía...

Vuelo al Olimpo con ligeras alas;[552]Y a su batir resuelto voy cruzandoLas sendas de la gaya poesía...

Vuelo al Olimpo con ligeras alas;[552]

Y a su batir resuelto voy cruzando

Las sendas de la gaya poesía...

PISTETERO.

Este va a necesitar un fardo entero de alas.

CINESIAS.

Otras nuevas buscando,Mi cuerpo y mi indomable fantasía...

Otras nuevas buscando,Mi cuerpo y mi indomable fantasía...

Otras nuevas buscando,Mi cuerpo y mi indomable fantasía...

Otras nuevas buscando,

Mi cuerpo y mi indomable fantasía...

PISTETERO.

Un abrazo a Cinesias, el Tilo.[553]¿A qué vienes dando vueltas a tu pie cojo?

CINESIAS.

Quiero, ansío ser ave,Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...

Quiero, ansío ser ave,Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...

Quiero, ansío ser ave,Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...

Quiero, ansío ser ave,

Ser ruiseñor, y con gorjeo suave...

PISTETERO.

Basta de música, y explícame tus deseos.

CINESIAS.

Ponme alas; pues anhelo subir por los aires y recoger de las nubes nuevos cantos, aéreos y caliginosos.

PISTETERO.

¿Cantos en las nubes?

CINESIAS.

Sí; en ellas estriba hoy todo nuestro arte. Los más brillantes ditirambos son aéreos, caliginosos, tenebrosos, alados. Pronto lo verás; escucha.

PISTETERO.

No, no oigo nada.

CINESIAS.

Pues oirás, mal que te pese:

En forma de volátil,Cuyo ondulante cuelloSurca del éter fúlgidoLa azul inmensidad,Recorreré los aires,Que te obedecen ya.

En forma de volátil,Cuyo ondulante cuelloSurca del éter fúlgidoLa azul inmensidad,Recorreré los aires,Que te obedecen ya.

En forma de volátil,Cuyo ondulante cuelloSurca del éter fúlgidoLa azul inmensidad,Recorreré los aires,Que te obedecen ya.

En forma de volátil,

Cuyo ondulante cuello

Surca del éter fúlgido

La azul inmensidad,

Recorreré los aires,

Que te obedecen ya.

PISTETERO.

¡Hop![554]

CINESIAS.

¡Ah! ¡Quién con vuelo rápidoAl hálito vehementeCediendo de los ímpetusDe indómito AquilónPudiera sobre el piélagoCernerse bramador!

¡Ah! ¡Quién con vuelo rápidoAl hálito vehementeCediendo de los ímpetusDe indómito AquilónPudiera sobre el piélagoCernerse bramador!

¡Ah! ¡Quién con vuelo rápidoAl hálito vehementeCediendo de los ímpetusDe indómito AquilónPudiera sobre el piélagoCernerse bramador!

¡Ah! ¡Quién con vuelo rápido

Al hálito vehemente

Cediendo de los ímpetus

De indómito Aquilón

Pudiera sobre el piélago

Cernerse bramador!

PISTETERO.

¡Ya reprimiré yo tus hálitos o ímpetus...!

CINESIAS.

Y ora hacia el Noto cálidoEnderezando el vuelo,Ora a la región frígidaDel Bóreas glacial,El oleaje férvidoDel éter...

Y ora hacia el Noto cálidoEnderezando el vuelo,Ora a la región frígidaDel Bóreas glacial,El oleaje férvidoDel éter...

Y ora hacia el Noto cálidoEnderezando el vuelo,Ora a la región frígidaDel Bóreas glacial,El oleaje férvidoDel éter...

Y ora hacia el Noto cálido

Enderezando el vuelo,

Ora a la región frígida

Del Bóreas glacial,

El oleaje férvido

Del éter...

(A Pistetero que le apalea.) ¡Anciano! ¡Anciano! ¡Vaya una hábil e ingeniosa invención!

PISTETERO.

¿No deseabas volar?

CINESIAS.

¿Así tratas a un poeta ditirámbico que se disputan todas las tribus?

PISTETERO.

¿Quieres quedarte con nosotros y enseñar a latribu Ceropia un coro de aves voladoras, tan ligero como el espirituado Leotrófides?[555]

CINESIAS.

Te burlas de mí, está claro. Pero no importa; ten presente que no descansaré un momento hasta que surque los aires, transformado en pájaro.

UN DELATOR.

Di, golondrina de alas esplendentesPor la Febea luz tornasoladas,¿Quiénes son esas aves indigentesDe tan varios plumajes adornadas?[556]

Di, golondrina de alas esplendentesPor la Febea luz tornasoladas,¿Quiénes son esas aves indigentesDe tan varios plumajes adornadas?[556]

Di, golondrina de alas esplendentesPor la Febea luz tornasoladas,¿Quiénes son esas aves indigentesDe tan varios plumajes adornadas?[556]

Di, golondrina de alas esplendentes

Por la Febea luz tornasoladas,

¿Quiénes son esas aves indigentes

De tan varios plumajes adornadas?[556]

PISTETERO.

El mal toma serias proporciones. Otro se acerca zumbando.

EL DELATOR.

«Por la Febea luz tornasoladas,» repito.

PISTETERO.

Creo que esa canción la dirige a su manto, porque parece que tiene necesidad urgente de la vuelta de la golondrina.[557]

EL DELATOR.

¿Quién distribuye alas a los recién llegados?

PISTETERO.

Yo mismo; pero es preciso decir para qué.

EL DELATOR.

¡Alas! ¡Necesito alas![558]No me preguntes más.

PISTETERO.

¿Acaso quieres volar en línea recta a Pelene?[559]

EL DELATOR.

No; soy acusador de las islas,[560]delator...

PISTETERO.

¡Buen oficio!

EL DELATOR.

E investigador de pleitos. Quiero tener alas, para girar con rapidez mi visita a las ciudades y citar a los acusados.

PISTETERO.

¿Los citarás mejor teniendo alas?

EL DELATOR.

No, por Júpiter; pero podré librarme de ladrones, y volveré como las grullas, trayendo por lastre infinitos procesos.

PISTETERO.

¿Y esa es tu ocupación? ¡Cómo! ¿Siendo joven y robusto, te dedicas a delator de extranjeros?

EL DELATOR.

¿Qué he de hacer? No sé cavar.

PISTETERO.

Pero, por Júpiter, hay otras ocupaciones con las cuales un hombre de tu edad puede ganarse honradamente la vida, sin acudir al vil oficio de zurcidor de procesos.

EL DELATOR.

Amigo mío, no te pido consejos, sino alas.

PISTETERO.

Ya te doy alas con mis palabras.

EL DELATOR.

¿Cómo puedes con palabras dar alas a un hombre?

PISTETERO.

Las palabras dan alas a todos.

EL DELATOR.

¿A todos?

PISTETERO.

¿No has oído muchas veces en las barberías a los padres decir hablando de los jóvenes?: «Son terribles las alas para la equitación que le han dado a mi hijo las palabras de Diítrefes.[561]» «Pues yo, dice otro, tengo un hijo que en alas de la imaginación ha dirigido su vuelo a la tragedia.»

EL DELATOR.

¿Luego las palabras dan alas?

PISTETERO.

Ya te he dicho que sí: ellas elevan el espíritu, y levantan al hombre. He ahí por qué con mis útilesconsejos pretendo yo levantar tu vuelo a una profesión más honrada.

EL DELATOR.

Pero yo no quiero.

PISTETERO.

¿Pues qué harás?

EL DELATOR.

No quiero desmerecer de mi raza: el oficio de delator está vinculado a mi familia. Dame, pues, rápidas y ligeras alas de gavilán o cernícalo, para que, en cuanto haya citado a los isleños, pueda regresar a Atenas a sostener la acusación, y volar en seguida a las islas.

PISTETERO.

Comprendo: a fin de que el isleño sea condenado aquí, antes de llegar.

EL DELATOR.

Precisamente.

PISTETERO.

Y después, mientras él navega en esta dirección, volar tú allá y arrebatarle todos sus bienes.

EL DELATOR.

Exacto. Deseo ser un verdadero trompo.

PISTETERO.

A propósito de trompos: tengo aquí excelentes alas de Córcira.[562]

EL DELATOR.

¡Pobre de mi! ¡Es un azote!

PISTETERO.

¡Fuera de aquí volando! ¡Lárgate pronto, canalla insoportable! Ya te haré yo sentir lo que se gana corrompiendo la justicia. (Al esclavo.) Recojamos las alas y partamos.

CORO.

En nuestro vuelo hemos visto mil maravillas, mil increíbles prodigios. Hay lejos de Cardias[563]un árbol muy extraño llamado Cleónimo, completamente inútil, aunque grande y tembloroso. En primavera produce siempre, en vez de yemas, delaciones; y en invierno, en vez de hojas, deja caer escudos. Hay también un país, junto a la región de las sombras en los desiertos oscuros, donde los hombres comen y hablan con los héroes, excepto a la noche; cuando esta llega su encuentro es peligroso. Pues si algún mortal tropezare entonces con Orestes,[564]sería despojado de sus vestidos, y molido a palos de pies a cabeza.

PROMETEO.

¡Qué desgraciado soy! Procuremos que no me vea Júpiter. ¿Dónde está Pistetero?

PISTETERO.

¡Oh! ¿Qué es esto? ¿Un hombre tapado?

PROMETEO.

¿Ves algún dios detrás de mí?

PISTETERO.

Ninguno, por vida mía. ¿Pero quién eres?

PROMETEO.

¿Qué hora es?

PISTETERO.

¿Qué hora? Un poco más del medio día. ¿Pero quién eres?

PROMETEO.

¿Es el declinar del día o más tarde?

PISTETERO.

¡Oh, qué fastidioso!

PROMETEO.

¿Qué hace Júpiter? ¿Disipa o amontona las nubes?[565]

PISTETERO.

¡Vete al infierno!

PROMETEO.

Entonces, me descubriré.

PISTETERO.

¡Oh, querido Prometeo!

PROMETEO.

¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡No grites!

PISTETERO.

¿Qué ocurre?

PROMETEO.

¡Silencio! No pronuncies mi nombre; soy perdido si Júpiter me llega a ver aquí. Si me cubres la cabeza con esta sombrilla, para que no me vean los dioses, te contaré todo lo que pasa en el Olimpo.

PISTETERO.

¡Ah, ja, ja! Idea excelente y digna de Prometeo. Métete pronto aquí debajo, y habla sin temor.

PROMETEO.

Escucha, pues.

PISTETERO.

Soy todo oídos: habla.

PROMETEO.

Júpiter está perdido.

PISTETERO.

¿Desde cuándo?

PROMETEO.

Desde que habéis fundado esta ciudad en el aire. Ningún mortal ofrece ya sacrificios a los dioses, y no sube hasta nosotros el humo de las víctimas. Privados de todas sus ofrendas, ayunamos como en las fiestas de Ceres.[566]Los dioses bárbaros, enfurecidos por el hambre, gritan como los ilirios, y amenazan bajar contra Júpiter, si no hace que vuelvan a abrirse los mercados, para que puedan introducirse las entrañas de las víctimas.

PISTETERO.

¿Luego hay dioses bárbaros que habitan encima de nosotros?

PROMETEO.

¿Pues si no hubiese dioses bárbaros, cuál podría ser el patrón de Execéstides?[567]

PISTETERO.

¿Y cómo se llaman esos dioses?

PROMETEO.

¿Cómo? Tríbalos.[568]

PISTETERO.

Comprendo. De ahí, sin duda, viene la frase: «Ojalá te trituren».[569]

PROMETEO.

Está claro. Te aseguro que pronto bajará para estipular las condiciones de paz una embajada de Júpiter y de los Tríbalos superiores; pero vosotros no debéis hacer pacto alguno mientras Júpiter no restituya el cetro a las aves, y te dé por esposa a la Soberanía.

PISTETERO.

¿Quién es la Soberanía?

PROMETEO.

Una hermosísima doncella que maneja los rayos de Júpiter y a cuyo cargo están todas las demás cosas: la prudencia, la equidad, la modestia, la marina, las calumnias, la tesorería, y el pago del trióbolo.

PISTETERO.

De modo que es un administrador universal.

PROMETEO.

Precisamente. De suerte que si te la otorga, serás dueño de todo. He venido para darte este consejo, pues siempre he querido mucho a los hombres.

PISTETERO.

Es verdad; tú eres el único dios a quien debemos los asados.[570]

PROMETEO.

Sabes también que aborrezco a todos los dioses.

PISTETERO.

Sí, tú fuiste siempre su enemigo.

PROMETEO.

Un verdadero Timón[571]para ellos. Pero dame la sombrilla para que me vaya cuanto antes; si Júpiter me ve así desde el cielo, creerá que voy siguiendo a una canéfora.[572]

PISTETERO.

Para fingir mejor, coge este asiento y llévatelo con la sombrilla.

CORO.

En el país de los Esciápodas[573]hay un pantanodonde evoca los espíritus el desaseado Sócrates; allá fue también Pisandro,[574]pidiendo ver su alma que le había abandonado en vida; traía un camello por víctima en vez de un cordero, y cuando lo degolló, dio un paso atrás como Ulises:[575]después Querefonte,[576]el murciélago, subió del Orco para beber la sangre.

NEPTUNO.

Estamos a la vista de Nefelococigia, a cuya ciudad venimos. (Al Tríbalo.) ¡Eh, tú! ¿Qué haces? ¿Te echas el manto sobre el hombro izquierdo? ¿No lo cambias al derecho?[577]¡Cómo, desdichado!, ¿tendrás el mismo defecto que Lespodias?[578]¡Oh democracia! ¿A dónde vamos a parar? ¡Verse los dioses obligados a elegir semejante embajador!

EL TRÍBALO.

Déjame en paz.

NEPTUNO.

¡Peste de estúpido! No he visto dios más bárbaro. Dime, Hércules, ¿qué haremos?

HÉRCULES.

Ya lo has oído; mi intención es estrangular, sea el que sea, a ese hombre que nos ha bloqueado.

NEPTUNO.

Pero, amigo mío, si hemos sido enviados a tratar de la paz.

HÉRCULES.

Razón de más para estrangularle.

PISTETERO.[579]

Alárgame el rallador; trae silfio; dame queso; atiza los carbones.

HÉRCULES.[580]

Mortal, tres dioses te saludan.

PISTETERO.

Lo cubro de silfio.

HÉRCULES.

¿Qué carnes son esas?

PISTETERO.

Son unas aves que se han sublevado y conspirado contra el partido popular.

HÉRCULES.

¿Y las cubres primero de silfio?

PISTETERO.

¡Salud, oh Hércules! ¿Qué ocurre?

HÉRCULES.

Venimos enviados por los dioses para cortar la guerra.

UN CRIADO.

No hay aceite en la alcuza.

PISTETERO.

Pues estos pajarillos tienen que estar bien rehogados.

HÉRCULES.

Nosotros nada ganamos con hacer la guerra; y vosotros, si sois nuestros amigos, tendréis siempre agua de lluvia en las balsas y disfrutaréis de días serenos. Venimos perfectamente autorizados para estipular sobre este punto.

PISTETERO.

Nunca hemos sido los agresores, y ahora mismo estamos dispuestos a hacer la paz que deseáis si os avenís a una condición equitativa: tal es la de que Júpiter nos devuelva el cetro a las aves. Después de arreglado este particular, invito a los embajadores a comer.

HÉRCULES.

Por mí eso basta, y declaro...

NEPTUNO.

¿Qué? ¡Desdichado! Eres glotón e imbécil. ¿Así piensas despojar del mando a tu padre?

PISTETERO.

Te equivocas. ¿Acaso no seréis más poderosos si las aves reinan sobre la tierra? Ahora, al abrigo delas nubes y bajando la cabeza, los mortales perjuran impunemente de vosotros; pero si tuvieseis por aliadas a las aves, cuando alguno jurase por el cuervo y por Júpiter, el cuervo se acercaría furtivamente al perjuro, y le saltaría un ojo de un picotazo.

NEPTUNO.

¡Bien dicho, por Neptuno![581]

HÉRCULES.

Me parece lo mismo.

PISTETERO (Al Tríbalo).

Y tú, ¿qué opinas?

EL TRÍBALO.

Nabaisatreu.[582]

PISTETERO.

¿Lo ves? Es de la misma opinión. Oíd otra de las ventajas que nuestra alianza os proporcionará. Si un hombre ofrece un sacrificio a alguno de vosotros, y después difiere su realización diciendo: «Los dioses tendrán paciencia», y por avaricia no cumple su voto, nosotros le obligaremos.

NEPTUNO.

¿Cómo? ¿De qué manera?

NEPTUNO.

Cuando nuestro hombre esté contando su dinero, o sentado en el baño, un gavilán le arrebatará, sin que lo note, el precio de dos ovejas y se lo llevará al dios burlado.

HÉRCULES.

Confirmo mi declaración de que debe devolvérsele el cetro.

NEPTUNO.

Pregunta a Tríbalo.

HÉRCULES.

¡Eh, Tríbalo! ¿Quieres... una paliza?

EL TRÍBALO.

Saunaca bactaricrousa.

HÉRCULES.

Dice que con mucho gusto.

NEPTUNO.

Si ambos sois de esa opinión, yo me adhiero a ella.

HÉRCULES.

Consentimos en la devolución del cetro.

PISTETERO.

¡Por vida mía, si me olvidaba de otra condición! Dejo a Júpiter su Juno; pero exijo que me dé por esposa a la joven Soberanía.

NEPTUNO.

Está visto que no quieres la paz. Retirémonos.

PISTETERO.

Poco me importa. — Cocinero, que esté sabrosa la salsa.

HÉRCULES.

¡Qué particular es este Neptuno! ¿A dónde vas? ¿Hemos de emprender la guerra por una mujer?

NEPTUNO.

¿Pues qué hemos de hacer?

HÉRCULES.

¿Qué? La paz.

NEPTUNO.

¡Cómo! ¿No conoces, imbécil, que te está engañando? Tú mismo te arruinas. Si Júpiter muere después de haberle entregado el mando, quedarás reducido a la miseria, pues a ti han de pasar todos los bienes que tu padre deje a su muerte.

PISTETERO.

¡Ah, desdichado! ¡Cómo trata de confundirte! Ven acá y te diré lo que hace al caso. Tu tío te engaña, pobre amigo; según la ley, no puedes heredar ni un hilo de los bienes paternos, porque eres hijo bastardo y no legítimo.

HÉRCULES.

¿Yo bastardo? ¿Qué dices?

PISTETERO.

La pura verdad: por ser hijo de una mujer extranjera. Y si no, dime: ¿cómo Minerva, siendo hembra, pudiera ser única heredera de Júpiter, si tuviera hermanos legítimos?

HÉRCULES.

¿Y si mi padre al morir me lega la parte correspondiente a los bastardos?

PISTETERO.

La ley no se lo permite. El mismo Neptuno que ahora te provoca será el primero en disputarte la herencia paterna, alegando su cualidad de hermano legítimo. Escucha el texto de la ley de Solón: «El bastardo no puede heredar si hay hijos legítimos. Si no hay hijos legítimos, la herenciadebe pasar a los colaterales más próximos».[583]

HÉRCULES.

¿Luego ningún derecho tengo a suceder a mi padre?

PISTETERO.

Ninguno absolutamente. Dime: ¿tuvo tu padre cuidado de inscribirte en el registro de alguna tribu?[584]

HÉRCULES.

No por cierto; y a la verdad esto me admiraba.

PISTETERO.

Déjate de miradas feroces y de amenazas al cielo. Vive con nosotros, que yo te nombraré rey, y te procuraré una vida a pedir de boca.

HÉRCULES.

Pues bien, creo justa tu petición de la doncella y te la concedo.

PISTETERO.

Y tú ¿qué dices?

NEPTUNO.

Yo me opongo.

PISTETERO.

La resolución del asunto depende del Tríbalo. ¿Qué opinas tú?

EL TRÍBALO.

La grande y hermosa doncella, la Soberanía, al pájaro la concedo.[585]

HÉRCULES.

Dice que la concede.

NEPTUNO.

No, por Júpiter, no dice que se la concede sino en caso de que emigre como las golondrinas.

PISTETERO.

Luego dice que es necesario concedérsela a las golondrinas. Arreglaos los dos como podáis, y estipulad las condiciones: yo, puesto que así os agrada, me callaré.

HÉRCULES.

Nos place concederte cuanto pides. Vente pronto con nosotros al cielo, y te se entregará la Soberanía y todo lo demás.

PISTETERO.

Estas aves han sido muertas con mucha oportunidad para las bodas.

HÉRCULES.

¿Queréis que entretanto me quede yo a asarlas? Vamos, idos.

NEPTUNO.

¿Tú asarlas? Eres muy glotón. ¿No vienes con nosotros?

HÉRCULES.

¡Qué bien lo hubiera pasado!

PISTETERO.

Traedme un vestido nupcial.

CORO.

En Fanes,[586]junto a la Clepsidra, vive la pérfida nación de los Englotogastros,[587]que siegan, siembran, vendimian y recogen los higos[588]con la lengua; son de raza bárbara, y entre ellos se encuentran los Gorgias y Filipos.[589]Estos Filipos Englotogastros han sido la causa de que se introdujese en el Ática la costumbre de cortar aparte la lengua de las víctimas.[590]

UN MENSAJERO.

¡Oh vosotros cuya dicha no puede expresarse con palabras, raza de las aves tres veces feliz, recibid al nuevo rey en vuestras afortunadas mansiones! Ya se acerca a su palacio resplandeciente de oro, rodeado de un esplendor que envidiarían los astros: el claro sol no ha brillado nunca tanto como la esposa que trae consigo, beldad incomprensible en cuya diestra vibra el alado rayo de Júpiter: los más deliciosos perfumes suben hasta el cielo. ¡Espectáculoencantador! Una nube de perfumes impulsada por los Céfiros se eleva en ondulante columna. Hele ahí. Musa divina, abre tus sagrados labios, y entona cantos propicios.

SEMICORO.

¡Atrás! ¡A la derecha! ¡A la izquierda! ¡Adelante![591]¡Revolotead en torno de ese mortal feliz, que la fortuna colme de sus bienes! ¡Ah! ¡Qué gracia! ¡Qué hermosura! ¡Oh matrimonio dichoso para esta ciudad! ¡Gloria a ese hombre! Él ha abierto nuevos e inmensos horizontes a las aves. Saludadle con el canto nupcial; saludad también a su esposa la Soberanía.

SEMICORO.

Entre semejantes himnos enlazaron las Parcas a la olímpica Juno con el rey de los dioses, de sublime trono. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo! El sonrosado Amor de áureas alas tenía las riendas y dirigía el carro en las bodas de Júpiter y la celeste Juno. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo!

PISTETERO.

Me deleitan vuestros himnos, me complacen vuestros cantos, me hechizan vuestras palabras. Celebrad ahora el mugir de los truenos subterráneos, los relámpagos brillantes del nuevo Júpiter, y sus terribles y deslumbradores rayos.

CORO.

¡Oh áureo fulgor del relámpago! ¡Oh dardos inflamados de Júpiter! ¡Oh mugidos subterráneos y retumbantes truenos, nuncios de la lluvia! En adelante, por orden de nuestro rey, haréis temblar la tierra. A la posesión de la bella Soberanía debe este poder inmenso. ¡Oh Himeneo! ¡Himeneo!

PISTETERO.

Aves de toda especie, seguidme al palacio de Júpiter y al tálamo nupcial. Dame la mano, esposa querida. Cógeme de las alas, y bailemos. Yo te elevaré por los aires.

CORO.

¡Ea! ¡Ea! ¡Peán! ¡Viva el ilustre vencedor! ¡Viva el más grande de los dioses!

FIN DE LAS AVES.


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