CORO.
CORO.
¡Oh, qué horrenda cólera hervirá en el pecho del grandilocuente poeta, cuando vea a su facundo enemigo aguzar provocativamente sus dientes! ¡Qué terribles miradas le hará lanzar el furor! ¡Quélucha entre las palabras de penachudo casco y ondulante cimera y las sutilezas artificiosas! ¡Qué combate de gigantescos períodos con frases atrevidas y pigmeas! Verase al titán erizando las crines de su espesa melena y, frunciendo espantosamente el entrecejo, rugir con poderoso aliento versos compactos como la tablazón de un navío; mientras el otro, tascando el freno de la envidia, pondrá en movimiento su ágil y afilada lengua y, arrojándose sobre las palabras de su rival, desmenuzará su estilo, y reducirá a polvo el producto de su inspiración vigorosa.[295]
EURÍPIDES.
No te empeñes; no he de ceder el trono, porque le soy superior en la poesía.
BACO.
¿Por qué te callas, Esquilo? Ya entiendes lo que ha dicho.
EURÍPIDES.
Primero se estará callando con gravedad; es una especie de charlatanería peculiar a sus tragedias.
BACO.
No tanta arrogancia, amigo mío.
EURÍPIDES.
¡Sí, le conozco hace tiempo! ¡Y conozco también sus caracteres feroces, y su lenguaje altivo, desenfrenado,desmedido, sin regla, enfático y cuajado de palabras hinchadas y vacías!
ESQUILO.
¿Y eres tú, hijo de una rústica diosa,[296]tú, colector de necedades, fabricante de mendigos y remendón de andrajos, quien se atreve a decirme...? Pero tu audacia no ha de quedar impune.
BACO.
Basta, Esquilo; no te dejes arrebatar por la ira.
ESQUILO.
No callaré sin haber demostrado hasta la evidencia lo que vale ese insolente con todos sus cojos.[297]
BACO.
¡Esclavos, traed una oveja, una oveja negra,[298]pues la tempestad va a estallar!
ESQUILO.
¿No te avergüenzas de tus monólogos cretenses, y de los incestuosos himeneos que has introducido en el arte trágico?[299]
BACO.
Modérate, venerable Esquilo. — Tú, mi pobre Eurípides, déjate de temeridades y escapa de esta granizada, no te acierte en la sien con alguna deesas grandiosas palabras que haga saltar a tu Télefo. — Vamos, Esquilo, calma; no discutas con esa furia. Los poetas no deben injuriarse como si fuesen panaderas; tú gritas desde el principio, como una encina a la que se prende fuego.
EURÍPIDES.
Estoy dispuesto a luchar; yo no retrocedo: lo mismo me da atacar, que ser atacado; admito discusión sobre cuanto quiera; sobre los versos, el diálogo, los coros, el nervio trágico, elPeleo, elEolo, elMeleagro, y hasta sobre el mismoTélefo.[300]
BACO.
¿Y tú, Esquilo, qué piensas hacer?
ESQUILO.
Yo no hubiera querido combatir aquí; pues entre los dos la lucha es desigual.
BACO.
¿Por qué?
ESQUILO.
Porque mis tragedias me han sobrevivido,[301]y las suyas murieron con él; de suerte que puede utilizarlas contra mí. Sin embargo, ya que lo deseas, hay que obedecerte.
BACO.
Ea, traedme fuego e incienso; antes de la contienda, quiero suplicar a los dioses que me inspirenuna decisión acertada sobre este certamen. Vosotros, entonad un himno a las Musas.
CORO.
Hijas de Júpiter, castas Musas, que leéis en la mente ingeniosa y sutil de los forjadores de sentencias, cuando, aguzando su talento y desplegando todos sus artificiosos recursos, descienden a combatir sobre la arena de la discusión, venid a contemplar la fuerza de estos dos robustos atletas, y otorgad al uno grandiosas frases, y al otro limaduras de versos. El gran certamen de ingenio va a principiar.
BACO.
Orad también vosotros, antes de recitar vuestros versos.
ESQUILO.
¡Oh Ceres, que has formado mi inteligencia, hazme digno de tus misterios![302]
BACO. (A Eurípides.)
Quema tú también incienso.
EURÍPIDES.
Gracias, yo dirijo mis oraciones a otros dioses.
BACO.
¿Dioses particulares tuyos y recién acuñados?
EURÍPIDES.
Precisamente.
BACO.
Invoca, pues, a esos dioses tuyos.
EURÍPIDES.
Éter, de que me alimento, volubilidad de la lengua, ingenio sutil, olfato finísimo, haced que triture los argumentos de mi adversario.
CORO.
Deseosos estamos de saber, doctos poetas, qué terreno vais a elegir para principiar la lucha. Vuestra lengua empieza ya a desencadenarse, y ni a vuestro pecho le falta valor, ni energía a vuestra mente. Debemos, pues, esperar que el uno atacará con lenguaje limado y pulido; y que el otro, lanzándole inmensas palabras, pulverizará sus infinitas triquiñuelas.
BACO.
Vamos, principiad cuanto antes, pero en estilo elegante, sin figuras ni vulgaridades.
EURÍPIDES.
Hablaré en último término de mí y del carácter de mi poesía; pues lo primero que me propongo demostrar es que ese es un charlatán y un impostor, que engañaba a su grosero auditorio con recursos pobres, aprendidos en la escuela de Frínico.[303]Por ejemplo, presentando en escena un personaje velado, como Aquiles o Níobe,[304]que sepavoneaban sin mostrar el rostro ni pronunciar una palabra...
BACO.
Es verdad, por Júpiter.
EURÍPIDES.
El coro endilgaba en tanto cuatro tiradas de versos, y ellos se estaban sin decir esta boca es mía.
BACO.
A mí me agradaba más aquel silencio que la charla que hoy emplean.
EURÍPIDES.
Porque eres un estúpido; tenlo por cierto.
BACO.
Así lo creo; pero ¿por qué lo hacía?
EURÍPIDES.
Por charlatanismo; así, el espectador esperaba sin moverse a que Níobe hablase algo, y mientras, el drama iba adelante.
BACO.
¡Malvado! ¡Cómo me engañaba! (A Esquilo.) ¿Por qué te agitas e impacientas?
EURÍPIDES.
Porque le confundo. Después de haberse pasado la mitad de la tragedia con estas vaciedades, soltaba una docena de palabrotas campanudas, muy fruncidas de entrecejo y empenachadas, verdaderos espantajos que aterraban a los espectadores asombrados.
ESQUILO.
¡Oh rabia!
BACO. (A Esquilo.)
¡Silencio!
EURÍPIDES.
Y no decía nada inteligible...
BACO. (A Esquilo.)
No rechines los dientes.
EURÍPIDES.
Pues todo se volvían Escamandros, y fosos, y enseñas de escudos, y águilas-grifos de bronce, y palabras ampulosas, difíciles de comprender.
BACO.
Es verdad; yo me pasé en claro toda una noche tratando de averiguar qué pájaro era su gran gallo amarillo.[305]
ESQUILO.
¡Ignorantón! Es la figura que se pone en la popa de las naves.
BACO.
Pues yo creía que era Erixis,[306]hijo de Filóxeno.
EURÍPIDES.
¿Qué necesidad había de gallos en las tragedias?
ESQUILO.
Y tú, enemigo de los dioses, ¿qué has hecho?
EURÍPIDES.
No he presentado en mis dramas grandes gallos ni hircociervos como los que se ven en los tapices dePersia. Yo había recibido de tus manos la tragedia cargada de inútil y pomposo fárrago, y principié por aliviarla de su molesto peso, y curar su hinchazón por medio de versitos, digresiones sutiles, cocimientos de acelgas blancas,[307]y jugos perfectamente filtrados de filosóficas vaciedades; después la alimenté de monólogos, mezclados con algo de Cefisofonte;[308]y jamás dije a la ventura cuanto se me ocurría, ni lo revolví todo sin distinción: el primer personaje que se presentaba en escena explicaba el carácter y el nacimiento del drama.
ESQUILO.
Mejor era eso que decir el tuyo.[309]
EURÍPIDES.
Después, desde los primeros versos, cada personaje desempeñaba su papel; y hablaban todos, la mujer, el esclavo, el dueño, la joven y la vieja.[310]
ESQUILO.
¿No merecería la muerte tal atrevimiento?
EURÍPIDES.
Al contrario, mi objeto era agradar al pueblo.
BACO.
Déjate de eso, amigo; ese es tu punto flaco.
EURÍPIDES.
Luego enseñé a los espectadores el arte de hablar.
ESQUILO.
Lo reconozco; ¡ojalá hubieras reventado antes!
EURÍPIDES.
Y el modo de usar las palabras en línea recta, o en ángulo, y el arte de discurrir, ver, entender, engañar, amar, intrigar, sospechar, pensar en todo...
ESQUILO.
Lo reconozco también.
EURÍPIDES.
Puse en escena la vida de familia y las cosas más usuales y comunes, lo cual es atrevido, pues todo el mundo puede emitir sobre ellas su opinión; no aturdí a los espectadores con incomprensible y fastuosa palabrería; ni los aterré con Cicnos[311]y Memnones,[312]guiando corceles llenos de campanillas y penachos. Ved sus discípulos y los míos. Los suyos son Formisio y Megenetes,[313]de Magnesia, armados de lanzas, cascos, barbas y sarcásticas sonrisas; los míos, Clitofonte, y el elegante Terámenes.
BACO.
¿Terámenes? ¿Ese hombre astuto y bueno paratodo, que cuando cae en algún mal negocio y le ve las orejas al lobo, suele escurrir el bulto, diciendo que no es de Quíos, sino de Ceos?[314]
EURÍPIDES.
Así he conseguido perfeccionar la inteligencia de los hombres, introduciendo en mis dramas el raciocinio y la meditación; de suerte que ahora todo lo comprenden y penetran, y han llegado a administrar mejor que antes sus casas, inspeccionándolo todo, y diciendo: «¿En qué anda tal asunto? ¿Dónde está tal cosa? ¿Quién ha cogido esta otra?»
BACO.
Es verdad; ya en cuanto un ateniense entra en su casa llama a sus esclavos y les pregunta: «¿Dónde está la olla? ¿Quién se ha comido la cabeza de sardina? El plato que compré el año pasado ¿ha fenecido? ¿Dónde está el ajo de ayer? ¿Quién ha mordisqueado la aceituna?»[315]Y antes se estaban hechos unos bobos, con la boca abierta, como imbéciles papanatas.
CORO.
«Tú lo ves, ínclito Aquiles.»[316]Vamos, ¿qué dices tú a todo eso? Procura que la ira no te arrastre más allá de la meta, pues te ha dicho cosas terribles. Noble Esquilo, no le respondas con ferocidad,recoge tus velas y deja solo algunos cabos a merced de los vientos; dirige con circunspección tu nave, y no avances hasta conseguir una brisa leda y apacible. Vamos, tú que fuiste el primero de los griegos en dar pompa[317]y elevación al estilo exornando la Musa trágica, abre atrevidamente tus esclusas.
ESQUILO.
Esta lucha me enfurece; solo al considerar que tengo que disputar con él, hierve mi bilis. ¡Mas que no crea haberme vencido! Respóndeme: ¿qué es lo que se admira en un poeta?
EURÍPIDES.
Los hábiles consejos que hacen mejor a los ciudadanos.
ESQUILO.
Y si tú, lejos de obrar así, los has hecho malísimos, de nobles y buenos que eran antes, ¿cuál castigo merecerás?
BACO.
La muerte; no lo preguntes.
ESQUILO.
Pues bien, mira cómo te los dejé yo: valientes, de elevada estatura,[318]sin rehuir las públicas cargas,[319]no holgazanes, charlatanes y bribones como los de hoy, sino apasionados por las lanzas, las picas, los cascos de blancas cimeras, las grebas y corazas, verdaderos corazones de hierro, defendidos por el séptuple escudo de Áyax.[320]
EURÍPIDES.
El mal va en aumento: me va a aplastar bajo el peso de tantas armas.
BACO.
¿Y cómo conseguiste hacerlos tan valientes? Responde, Esquilo, y modera tu arrogante jactancia.
ESQUILO.
Componiendo un drama lleno del espíritu de Marte.
BACO.
¿Cuál?
ESQUILO.
Los Siete sobre Tebas.[321]Todos los espectadores salían llenos de bélico furor.
BACO.
En eso obraste mal; pues hiciste que los tebanos fueran mucho más atrevidos para la guerra, lo cual merece castigo.
ESQUILO.
Vosotros podíais también haberos dedicado aello, pero no quisisteis. Después conLos Persas, mi obra maestra, os inspiré un ardiente deseo de vencer siempre a los enemigos.
BACO.
Es verdad; me alegré mucho a la noticia de la muerte de Darío;[322]y el coro palmoteó al punto, exclamando: ¡Victoria!
ESQUILO.
Estos son los asuntos que deben tratar los poetas. Considerad, si no, qué servicios prestaron los más ilustres desde la antigüedad más remota: Orfeo[323]nos enseñó las iniciaciones y el horror al homicidio; Museo,[324]los remedios de las enfermedades y los oráculos; Hesíodo, la agricultura y el tiempo de las sementeras y recolecciones;[325]y al divino Homero, ¿de dónde le ha venido tanta gloria, sino de haber enseñado cosas útiles, la estrategia, las virtudes bélicas y la profesión de las armas?
BACO.
Sin embargo, no ha podido instruir en nada al architonto de Pantacles;[326]hace poco debía de ir al frente de una procesión, y después de haberse atado el casco, se acordó de que no le había puesto la cimera.
ESQUILO.
En cambio ha educado a otros mil valientes, entre ellos el héroe Lámaco.[327]Inspirándose en él mi fantasía, representó las hazañas de los Patroclos[328]y los Teucros,[329]bravos como leones, para excitar a imitarlos a todos los ciudadanos en cuanto resuena el bélico clarín. Nunca puse en escena Fedras ni impúdicas Estenebeas;[330]y nadie podrá decir que he pintado en mis versos una mujer enamorada.[331]
EURÍPIDES.
Es verdad, jamás has conocido a Venus.
ESQUILO.
Ni la quiero conocer; en cambio, por tu mal, tú y los tuyos la conocéis demasiado.
BACO.
Cierto, cierto; los delitos que imputaste a las mujeres de otros los viste en la tuya propia.[332]
EURÍPIDES.
Pero, importuno, ¿qué mal hacen a la república mis Estenebeas?
ESQUILO.
Las nobles esposas de los ciudadanos nobles han bebido la cicuta arrastradas por la vergüenza que les han causado tus Belerofontes.[333]
EURÍPIDES.
¿He cambiado en lo más mínimo la historia de Fedra?
ESQUILO.
Es verdad, no la has cambiado; pero un buen poeta debe ocultar el vicio y no sacarlo a luz y ponerlo en escena;[334]pues ha de ser para los adultos lo que para los niños los maestros. Nuestra obligación es enseñar solo el bien.
EURÍPIDES.
¿Y cuando tú hablas de los Licabetos y de lasaltas cumbres del Parnaso,[335]nos enseñas el bien? ¿Por qué no empleas un lenguaje humano?
ESQUILO.
Pero, desdichado, las expresiones deben ser proporcionadas a la elevación de las sentencias y pensamientos. El lenguaje de los semidioses debe ser sublime, lo mismo que sus vestiduras deben ser más ostentosas que las nuestras. Lo que yo ennoblecí, tú lo has degradado.
EURÍPIDES.
¿Cómo?
ESQUILO.
En primer lugar, vistiendo de harapos a los reyes para que inspirasen más profunda compasión.
EURÍPIDES.
¿Qué mal hay en eso?
ESQUILO.
Por culpa tuya ningún rico quiere armar ya a su costa una galera; pues para librarse del compromiso se cubre de andrajos, llora y dice que es pobre.
BACO.
Es verdad, por Ceres; y debajo lleva una túnica de lana fina; y después de habernos engañado se le ve aparecer en la pescadería...[336]
ESQUILO.
En segundo lugar, tú has inspirado tal afición a la charlatanería y las argucias, que las palestras están abandonadas, los jóvenes corrompidos,[337]y los marineros se atreven a contradecir a sus comandantes; en mis tiempos no sabían más que pedir su ración de pan y gritar «¡Rippape!»[338]
BACO.
¡Oh!, pues ahora, ya saben lanzar un flato[339]a la boca del remero del banco inferior y embrear a sus compañeros; y cuando desembarcan, robar los vestidos al primer transeúnte, y pasarse el tiempo en discusiones, sin cuidarse de remar, dejando que la nave bogue a la ventura.
ESQUILO.
¿De qué crímenes no es autor? ¿No ha puesto en escena alcahuetas, mujeres que paren en sagrado,[340]hermanas incestuosas,[341]y otras que dicen que la vida no es la vida?[342]Así es que nuestra ciudad se ha plagado de escribanos y bufones, especie de monos que tienen al pueblo constantemente engañado; mientras que ya nadie sabellevar una antorcha,[343]por falta de ejercicio.
BACO.
Nadie, es verdad; así es que en las Panateneas me faltó poco para morir de risa viendo a un hombre blanco, gordo y pesado que corría encorvado y con un trabajo infinito, mucho más atrás que los otros. En la puerta del Cerámico, los espectadores le pegaron en el vientre, en el pecho, en los costados y en las nalgas, hasta que, en vista de aquella lluvia de palmadas, mi hombre soltó un flato[344]con el cual apagó la antorcha y se escapó.
CORO.
El negocio es importante; la disputa vehemente; grave la guerra. Difícil será el formar opinión, pues si el uno ataca vigorosamente, el otro huye el cuerpo con agilidad y responde con destreza. No permanezcáis siempre en el mismo terreno: tenéis abiertos muchos caminos e infinitas argucias. Decid, exponed, manifestad todos vuestros recursos viejos y nuevos; aventurad algunos argumentos alambicados e ingeniosos. No temáis que la ignorancia de los espectadores no pueda comprender vuestras sutilezas; lejos de ser gente ruda, todos se han ejercitado, y cada cual tiene su libro donde aprende sabias lecciones; además su natural ingenio está hoy más aguzado que nunca. Nada temáis, emplead todos los medios, pues estáis ante un público ilustrado.
EURÍPIDES.
Empecemos por sus prólogos; siendo lo primero que se encuentra en una tragedia, es natural que principiemos por ellos el estudio de este hábil poeta. Era oscuro en la exposición de sus asuntos.
BACO.
¿Cuál de sus prólogos vas a examinar?
EURÍPIDES.
Muchos. Recítame por de pronto el de la Orestiada.[345]
BACO.
Silencio todos. Recita tú, Esquilo.
ESQUILO.
«Subterráneo Mercurio, que vigilasSobre el paterno reino, dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»[346]
«Subterráneo Mercurio, que vigilasSobre el paterno reino, dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»[346]
«Subterráneo Mercurio, que vigilasSobre el paterno reino, dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»[346]
«Subterráneo Mercurio, que vigilas
Sobre el paterno reino, dame ayuda;
Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»[346]
BACO.
¿Hallas alguna falta en esos versos?
EURÍPIDES.
Más de doce.
BACO.
Pero si no son más que tres versos.
EURÍPIDES.
Es que cada uno tiene veinte faltas.
BACO.
Esquilo, te aconsejo que te calles: si no, además de esos tres yambos, te censurará otros muchos.
ESQUILO.
¿Yo callarme delante de ese?
BACO.
Si me haces caso.
EURÍPIDES.
En el principio ha cometido ya una falta enorme.
ESQUILO. (A Baco.)
¿No ves que no tienes razón?
BACO.
Sea. A mí poco me importa.
ESQUILO. (A Eurípides.)
¿Dónde dices que está la falta?
EURÍPIDES.
Repite desde el principio.
ESQUILO.
Mercurio subterráneo, que vigilasSobre el paterno reino...
Mercurio subterráneo, que vigilasSobre el paterno reino...
Mercurio subterráneo, que vigilasSobre el paterno reino...
Mercurio subterráneo, que vigilas
Sobre el paterno reino...
EURÍPIDES.
Eso lo dice Orestes ante la tumba de su padre, ¿verdad?
ESQUILO.
No lo niego.
EURÍPIDES.
¿De suerte que quiere decir que Mercurio velaba por su padre, para que cayendo en un pérfido lazo fuese vilmente asesinado por su mujer?
ESQUILO.
No es al dios de la astucia, sino al Mercurio benéficoal que llama subterráneo; y lo prueba diciendo que recibió esa misión de su padre.
EURÍPIDES.
Entonces el yerro es más grande de lo que yo pretendía; pues si recibió de su padre aquella misión subterránea...
BACO.
Es que su padre le había nombrado enterrador.
ESQUILO.
¡Ay Baco! tu vino no está perfumado.[347]
BACO.
Recita el otro verso; y tú acecha sus faltas.
ESQUILO.
«... dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»
«... dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»
«... dame ayuda;Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»
«... dame ayuda;
Vengo al fin a mi patria y entro en ella.»
EURÍPIDES.
El sabio Esquilo nos dice dos veces la misma cosa.
BACO.
¿Cómo dos veces?
EURÍPIDES.
Examina esa frase y te haré ver la repetición. «Vengo al fin a mi patria», dice, «y entro en ella.»Vengoes enteramente lo mismo queentro.
BACO.
Entiendo; es como si uno dijera a su vecino: «Préstame la artesa, o si quieres el arca de amasar.»
ESQUILO.
No es lo mismo, charlatán; mi verso es inmejorable.
BACO.
¿Cómo? Pruébamelo.
ESQUILO.
Todo el que goza de los derechos de ciudadanía puedevenira su patria, porquevienesin haber experimentado antes ningún infortunio; pero el desterradovieneyentra.[348]
BACO.
¡Muy bien, por Apolo! ¿Qué dices a eso, Eurípides?
EURÍPIDES.
Digo que Orestes noentróen su patria, porque vino secretamente, sin haber obtenido la competente autorización de los que entonces ejercían el mando.
BACO.
¡Muy bien, por Mercurio! Pero no te comprendo.
EURÍPIDES.
Recita, pues, otro.
BACO.
Vamos, Esquilo, recítalo pronto. Tú acecha las faltas.
ESQUILO.
«Invocando los manes de mi padreSobre su propia tumba, que se digneOírme y escucharme le suplico.»[349]
«Invocando los manes de mi padreSobre su propia tumba, que se digneOírme y escucharme le suplico.»[349]
«Invocando los manes de mi padreSobre su propia tumba, que se digneOírme y escucharme le suplico.»[349]
«Invocando los manes de mi padre
Sobre su propia tumba, que se digne
Oírme y escucharme le suplico.»[349]
EURÍPIDES.
Otra repetición:oíryescucharson dos cosas idénticas.
BACO.
Pero, desdichado, ¿no ves que estaba hablando con los muertos, a los que no basta invocar tres veces?[350]
ESQUILO.
Y tú, ¿cómo hacías los prólogos?
EURÍPIDES.
Te lo voy a decir; y si encuentras una sola repetición, o un solo ripio, me doy por vencido.
BACO.
Empieza ya: mi deber es escucharte; veamos qué hermosos son los versos de tus prólogos.
EURÍPIDES.
«Edipo, que al principio era dichoso.»[351]
«Edipo, que al principio era dichoso.»[351]
«Edipo, que al principio era dichoso.»[351]
«Edipo, que al principio era dichoso.»[351]
ESQUILO.
De ningún modo; su sino era la desgracia, pues ya antes de ser engendrado, Apolo predijo que mataría a su padre, y aún no había nacido. ¿Cómo, pues, al principio era dichoso?
EURÍPIDES.
«¡Mortal infelicísimo fue luego!»
«¡Mortal infelicísimo fue luego!»
«¡Mortal infelicísimo fue luego!»
«¡Mortal infelicísimo fue luego!»
ESQUILO.
De ningún modo, repito. No dejó de ser lo que era. Además esa felicidad fue imposible. Apenas nació ya le expusieron metido en una olla[352]en el rigor del invierno, para que no llegase a ser el asesino de su padre; después, por desgracia suya, llegó al palacio de Pólibo, con los pies hinchados;[353]luego, joven todavía, se casó con una vieja, que por añadidura era su madre,[354]y por último se sacó los ojos.
BACO.
¡Feliz él si hubiera mandado la escuadra con Erasínides![355]
EURÍPIDES.
Desbarras, mis prólogos son buenos.
ESQUILO.
Por Júpiter, no pienso ir desmenuzando tus versos palabra por palabra, sino con la ayuda de los dioses aniquilar tus prólogos sin más que con una pequeña alcuza.
EURÍPIDES.
¿Con una alcuza?
ESQUILO.
Sí, con una sola; pues tus yambos son de tal naturaleza que se les puede añadir lo que se quiera, un pellejito, una alcucita, un saquito, como te lo demostraré en seguida.
EURÍPIDES.
¿Tú demostrarme eso?
ESQUILO.
Sí, yo.
BACO.
Vamos, recita.
EURÍPIDES.
Cuando, según la fama más creída,Con sus cincuenta hijas llegó EgiptoDe Argos a la región...[356]
Cuando, según la fama más creída,Con sus cincuenta hijas llegó EgiptoDe Argos a la región...[356]
Cuando, según la fama más creída,Con sus cincuenta hijas llegó EgiptoDe Argos a la región...[356]
Cuando, según la fama más creída,
Con sus cincuenta hijas llegó Egipto
De Argos a la región...[356]
ESQUILO.
Perdió su alcuza.[357]
Perdió su alcuza.[357]
Perdió su alcuza.[357]
Perdió su alcuza.[357]
EURÍPIDES.
¿Qué alcuza? ¡Así te mueras!
BACO.
Recita otro prólogo, y veamos.
EURÍPIDES.
Baco, que armado del pomposo tirsoY cubierto de pieles de cervato,Danza en las cumbres del Parnaso agresteDe antorchas al fulgor...[358]
Baco, que armado del pomposo tirsoY cubierto de pieles de cervato,Danza en las cumbres del Parnaso agresteDe antorchas al fulgor...[358]
Baco, que armado del pomposo tirsoY cubierto de pieles de cervato,Danza en las cumbres del Parnaso agresteDe antorchas al fulgor...[358]
Baco, que armado del pomposo tirso
Y cubierto de pieles de cervato,
Danza en las cumbres del Parnaso agreste
De antorchas al fulgor...[358]
ESQUILO.
Perdió su alcuza.
Perdió su alcuza.
Perdió su alcuza.
Perdió su alcuza.
BACO.
De nuevo nos sacude con su alcuza.
EURÍPIDES.
No nos fastidiará más, pues a este prólogo no le podrá colgar la alcuza.