Chapter 18

PLUTÓN.

PLUTÓN.

Entonces no has logrado el objeto de tu viaje.

BACO.

¿Y si sentencio?

PLUTÓN.

Te llevarás al que prefieras; y no habrás hecho en balde el viaje.

BACO.

Gracias, Plutón. Ahora, escuchadme: yo he bajado aquí en busca de un poeta...

EURÍPIDES.

¿Para qué?

BACO.

Para que la ciudad, una vez libre de peligros,[390]haga representar sus tragedias. Estoy resuelto a llevarme aquel de vosotros que me dé un buen consejo para la república. Decidme: ¿qué pensáis de Alcibíades? Esta es cuestión que ha puesto a parir a Atenas.[391]

EURÍPIDES.

¿Y qué piensa de él?

BACO.

¿Qué piensa? Le desea, le aborrece y no puede pasarse sin él. Vamos, decid vuestra opinión.

EURÍPIDES.

Detesto al ciudadano lento en ayudar a su patria, pronto en hacerla daño, hábil para el propio interés, torpe para los del Estado.

BACO.

¡Bien, por Neptuno! Sepamos ahora tu parecer.

ESQUILO.

No conviene criar en la ciudad al cachorro del león. Lo mejor es esto; pero una vez criado, es necesario someterse a sus caprichos.

BACO.

Por Júpiter salvador, quedo en la misma indecisión; el uno habló con ingenio y el otro con claridad. Decidme ambos vuestra opinión sobre los medios de salvar la república.

EURÍPIDES.

Poniendo a Cinesias, a modo de alas, sobre Cleócrito,[392]de suerte que el viento se llevase a ambos sobre las olas del mar...

BACO.

La idea es chistosa, pero ¿a dónde vas a parar?

EURÍPIDES.

Cuando hubiera una batalla naval podrían echar vinagre a los ojos de nuestros enemigos. Pero voy a deciros otra cosa.

BACO.

Di.

EURÍPIDES.

Si confiamos en lo que ahora desconfiamos, y desconfiamos en lo que ahora confiamos...

BACO.

¿Cómo? No entiendo. Dilo más llana y comprensiblemente.

EURÍPIDES.

Si desconfiamos de los ciudadanos en que hoy confiamos, y empleamos a los que tenemos en olvido, quizá nos salvaremos. Pues si con aquellos somos infelices, ¿no conseguiremos ser felices empleando a sus contrarios?

BACO.

¡Admirable! Eres el hombre más ingenioso, un verdadero Palamedes.[393]Dime, ¿esa idea es tuya o de Cefisofonte?[394]

EURÍPIDES.

Es mía; la del vinagre es de Cefisofonte.

BACO.

¿Qué dices tú?

ESQUILO.

Dime antes a quiénes emplea la república. ¿A los hombres de bien?

BACO.

No; los aborrece de muerte.

ESQUILO.

¿Le agradan los malos?

BACO.

Tampoco; pero la necesidad le obliga a echar mano de ellos.

ESQUILO.

¿Qué medios de salvación puede haber para una ciudad que no quiere paño fino ni burdo?[395]

BACO.

Por favor, Esquilo, discurre alguno que nos saque del abismo.

ESQUILO.

En la tierra te lo diré; aquí no quiero.

BACO.

De ningún modo; envíales desde aquí la felicidad.

ESQUILO.

Se salvarán cuando crean que la tierra de sus enemigos es suya, y la suya de sus enemigos; y que sus naves son sus riquezas, y sus riquezas su ruina.[396]

BACO.

Muy bien; pero los jueces lo devoran todo.[397]

PLUTÓN. (A Baco.)

Sentencia.

BACO.

Sentenciad vosotros. Yo elijo al predilecto de mi corazón.

EURÍPIDES.

Tomaste a los dioses por testigos de que me llevarías. Sé fiel a tu juramento y elige a tus amigos.

BACO.

«La lengua ha jurado»,[398]pero escojo a Esquilo.

EURÍPIDES.

¿Qué has hecho, miserable?

BACO.

¿Yo? Declarar vencedor a Esquilo. ¿Por qué no?

EURÍPIDES.

¿Y aún te atreves a mirarme a la cara después de tu vergonzosa felonía?

BACO.

¿Hay algo vergonzoso mientras el auditorio no lo tenga por tal?

EURÍPIDES.

Cruel, ¿me vas a dejar entre los muertos?

BACO.

¿Quién sabe si el vivir es morir, si el respirar es comer, si el sueño es un vellón?[399]

PLUTÓN.

Entrad. Baco, ven conmigo.

BACO.

¿Para qué?

PLUTÓN.

Para que os dé hospitalidad antes de que partáis.

BACO.

Bien dicho, por Júpiter; eso me agrada más.

CORO.

¡Feliz el poseedor de toda la sabiduría! Mil pruebas lo demuestran. Esquilo, gracias a su ingenio y habilidad, vuelve a su casa para dicha de sus conciudadanos, amigos y parientes. Guardémonos de charlar con Sócrates, despreciando la música y demás accesorios importantes de las Musas trágicas. El pasarse la vida en discursos enfáticos y vanas sutilezas, es haber perdido el juicio.

PLUTÓN.

Parte gozoso, Esquilo; salva nuestra ciudad con tus buenos consejos y castiga a los tontos: ¡hay tantos! Entrega esta cuerda[400]a Cleofón,[401]esta a los recaudadores Mírmex y Nicómaco,[402]y esta a Arquénomo,[403]y diles que se vengan por aquí pronto y sin tardar. Pues si no bajan en seguida, los agarro, los marco a fuego,[404]y atándolos de piesy manos con Adimante,[405]hijo de Leucólofo, los precipito, hechos un fardo, a los infiernos.

ESQUILO.

Cumpliré tus órdenes: coloca tú en mi trono a Sófocles para que me lo conserve y guarde, por si acaso vuelvo; porque después de mí, le creo el más hábil. En cuanto a ese intrigante, impostor y chocarrero, haz que jamás ocupe mi puesto, aun cuando quieran dárselo contra su voluntad.

PLUTÓN. (Al Coro.)

Alumbradle con vuestras sagradas antorchas, y acompañadle cantando sus propios himnos y coros.

CORO.

Dioses infernales, conceded un buen viaje al poeta que retorna a la luz, y a nuestra ciudad grandes y sensatos pensamientos. De esta suerte nos libraréis de los grandes males y del horrible estruendo de las armas.Cleofóny los que como él piensan, váyanse a pelear a su patria.[406]

FIN DE LAS RANAS.


Back to IndexNext