Chapter 6

En esto tuve avisos de Holanda, de personas de quien me fiaba, que se habia resuelto en los consistorios herejes, por mejor plantar su herejía en el estado de Cleves, riberas del Rin y aquí, que les convenia hacer enloquecer al duque Juan, Príncipe católico y bueno, y á su mariscal Terhorst, dotado de muchas virtudes, que como tal, les impedia en aquel estado sus maldades, y procurar ganar los fuertes del Rin y echarme á mí de este gobierno. Avisé de ello á su Alteza, al duque Juan y á su Mariscal, y tambien, por otra parte, al conde Cárlos de Mansfelt, que andaba con el exército de su Majestad la vueltadel Rin, para que por su parte tambien les avisase lo mesmo. Y no pasaron tres meses que sucedió, como me advirtieron, en lo de los fuertes del Rin. El remedio que se puso fué encomendarlos á un comisario de muestras, y así se perdieron luégo, habiendo costado el hacerlos y entretenerlos hasta entónces tantos millares de ducados á su Majestad; y en todo lo sucedido, se conoce bien el deseo que han tenido de echarme de este gobierno. No sé si la resolucion de estos herejes fué verdad que entre ellos se tomase ó no; mas por lo sucedido se le puede dar algun crédito. Estando en Gruninghen propuse de hacer dos fuertes para poder facilitar la entrada en Frisa, porque los de aquel país se rebelaban cada dia y no querian pagar las contribuciones, el uno en las Salinas que el de Nienoort tenía junto á Niezijl, y el otro junto al castillo de Nienoort. Hiciéronse á costa de los de Frisa, aunque estaban en el país de Gruninghen por sobrellevar á los de esta villa, y cargarlos á las gritanias frisonas vecinas, porque los demas no se podian executar. Miéntras estos fuertes se hacian, el conde Guillermo juntó su gente, y en lugar de venirme ábuscar con la comodidad de los navíos que tenía, se embarcó y fué hácia Reyden, donde habia una iglesia fortificada, y un fuertezuelo orillas de la mar, frontero de la villa de Emden, con intencion de sitiar estas dos plazas, y para quitarme el medio de poderlas socorrer, acometió primero una esclusa pequeña llamada Suasterfilk, que yo tenía reparada con un parapeto solamente para asegurar las victuallas, que secretamente venian de Emden y de Hogebonde, su país. Y entendiendo el camino que habia tomado el Conde, saqué la gente que pude de la que tenía en uno de estos fuertes que se hacian; y con la diligencia posible, fuí derecho á la esclusa, y hallé que la estaban batiendo; y habiéndome adelantado para reconocer cómo estaba el enemigo, hallé que tenía su gente de una y otra parte de la esclusa, y que habiendo menguado la mar, no se podian juntar los unos con los otros, y si la infantería que yo llevaba pudiera caminar tanto como la caballería, estaba el Conde y su artillería á peligro de perderse, y conociéndolo él, ofreció tan buenos partidos al cabo de escuadra que estaba dentro, que se rindió á mi vista. Y viendoque por aquella parte no podia hacer efecto, volví á Gruninghen á juntar más gente para procurar por diques rotos con barcas socorrer á Reyden, porque el Conde habia ya plantado artillería y no eran para sufrirla, que nunca los de Gruninghen querian que los fuertes fuesen tales que les estorbase á su intencion, y así, habiendo ya pasado parte de la gente los malos pasos que he dicho, se rindieron. No quedó por mi diligencia que fuesen socorridos, sino por la flaqueza de los fuertes, que procedia de la mala provision que siempre he tenido para hacerlos como convenia, y sacarlo del país no podia por estar á la voluntad de los de Gruninghen, que no querian gastar lo que es menester para hacer fuertes que pueden esperar artillería, y ha sido forzoso el complacerlos siempre cuanto he podido, porque, segun es su humor, ha de venir de la mano de Dios saberlos contentar; y así ningun gobernador ha querido ni podido vivir con ellos, y si yo lo he hecho, sabe Dios con cuánto trabajo y fastidio. En este tiempo sucedieron dos cosas: la una que un caballero del país de Gruninghen, llamado Clante, pidió á los Estados que le consintiesenlevantar un regimiento de la manera y condiciones que el de Nienoort habia levantado el suyo, y habiéndoselo concedido y juntado la gente hácia Emden, buscaba donde poderla mantener. Y temiendo no diese en la señoría de Wedde, fuí hácia allá con alguna gente, y el Clante marchó con su regimiento por el país donde el Duque de Alba, de buena memoria, rompió al conde Ludovico de Nassao, y fué á dar hácia Aschendorp y Rheyden, territorio de Munster, donde pensaba sacar contribucion. Y siendo avisado de esto, tomé cuantos carros pude por todos aquellos lugares, en los cuales puse toda la infantería á cargo del conde Federico, y la caballería llevábamos el conde Herman y yo con sus dos hermanos pequeños, y así caminamos con toda la diligencia posible por la Bretanga. Tuve aviso que esta gente estaba en Rheyden, y así caminamos á ella, la cual, siendo avisada de mi venida, por otro camino más corto, que el Drosarte de Wedde ni ningun villano me habian advertido, que á haberlo hecho, no se me escapaba ninguno, se retiraba apriesa, y yo la iba siguiendo tambien con la caballería, de que avisé al conde Federico, el cualquedaba atras con la infantería, que se diese priesa á caminar, y él, por hacer más diligencia, hizo subir á los soldados en los caballos de los carros, y así con ellos me fué siguiendo, y yo al enemigo, y estando ya cerca de él, hallaron en un lugar del Conde de Emden unos navíos, y embarcados en ellos, se fueron por el rio Ems abaxo, y llegando nuestra infantería, comenzó á arcabucear los navíos, y no pudiendo gobernarlos, se pegaron á la otra parte de la ribera, y saltando en tierra se fueron huyendo hácia Loeort. Vino á anochecer en aquel tiempo, que á tener dia, yo los siquiera siempre, que ya tenía dos navíos en que pasar, y pensando que hubieran de hacer noche en algun lugar, y que á la mañana tuviera tiempo de seguirlos, me alojé en Weenermoer, lugar del conde Juan de Emden, por estar la gente que traia conmigo muy cansada; mas el Conde dexó pasar al enemigo por el puente de Loeort á media noche, donde corre otro rio que se junta allí con el Ems. Y así se salvó el Clante con más miedo que daño, que fué causa de que pocos dias despues se le deshizo la gente, y él me hizo decir que si le queria recibir en servicio del Rey, que me declarariaalgunas cosas de mucha importancia. Traté esto con el magistrado de Gruninghen, y procuré que le permitiesen entrar en la villa á hablar conmigo; diósele salvo conducto, y venido, no le quise oir sino en presencia de los burgomaestres en mi casa. Y preguntándole yo qué era lo que me queria avisar, me dixo haber visto cartas de algunos de aquel magistrado para los enemigos ofreciendo la reduccion de la villa á su parte y dexar la del Rey. Y haciéndole instancia que me los nombrase, hacia grande dificultad; mas apretándole yo, nombró dos de los que estaban presentes, y constantemente juró ser verdad, obligándose á la prueba, de lo cual quedé maravillado por tener mejor opinion de ellos. Hice salir del lugar al Clante porque no fuese causa de algun desórden, y se le encargué al conde Herman para que le inviase con escolta á una casa que tiene en el país de Clart. Y avisé á su Alteza diciéndole que era necesario que me asistiese de más gente y medios, porque de otra manera todo lo de acá se perdia. Y algunos ministros que estaban cerca de su persona decian á esto que yo escribia muchas veces que Frisa se perdia, y nunca se acababa de perder. Y pidiendoalgunos españoles é italianos para mezclarlos con alemanes, se burlaban de que pidiese estas naciones para Frisa. Y así tomaban siempre los avisos de esta provincia para acudir al remedio de ella. Con todo esto, su Alteza mandó venir aquí al capitan Juan de Contreras Gamarra con su compañía de arcabuceros á caballo, y al coronel Paton con su regimiento. Y habiendo pasado el Rin el coronel Schencks, que estaba en el fuerte que habia hecho contra Nimega, fué avisado de ello, y los vino á buscar con toda la gente que tenía junta, para con ella emprender la villa, y vino á dar sobre nuestra gente al tiempo que se comenzaban á juntar para venir aquí. Halló poca resistencia en la infantería, y defendiéndose el Contreras cuanto pudo, fué herido y preso, y algunos de sus soldados con él, y escapáronse el Paton y sus capitanes. Tenía el Schencks particular enemistad con el Paton, por haber dado la villa de Gheldres en manos de Mons de Altapena, por cierta cuestion que habian tenido los dos. Llegado al fuerte con los prisioneros, se partió para hacer lo que habia pensado de Nimega. Y habiendo ya entrado en la villa bien adelante, los de ella, conasistencia de algunos soldados que estaban dentro, le echaron fuera; y queriendo saltar en uno de los navíos en que habia traido la gente, cayó en el rio armado á prueba, y se ahogó. Los de la villa le sacaron luégo, y echo cuartos, le pusieron en la muralla, y su gente salvó los navíos en que habia venido. Así acabó aquel hombre, que por un desden habia dexado el servicio del Rey y hecho tanto mal, y hubiera sido mucho más si viviera. En este tiempo estaba la infantería española tan mal pagada, que se temia no se alterase; y así procuró su Alteza dividirlos, inviando aquí el tercio de don Francisco de Bobadilla, el cual gobernaba Manuel de Vega, dándoles un tercio de paga para venir, que es cuanto se les dió en nueve ó diez meses que aquí estuvieron. Y así fuí forzado á alojar parte de las compañías en tierras donde pudiesen sustentarse, y parte en el país de Gruninghen, asistidos y ayudados por los de la villa y país; y de esta manera estuvieron todo un invierno, sin suceder otra cosa, salvo que estando una parte de este tercio en un lugar llamado Emelcamp, una legua de Covorden, se alteraron los soldados, y el capitan Prado que gobernaba aquella gente, el capitan Juanchode Ugarte y otros capitanes, salieron al ruido, y tomando algunos de los que se iban juntando, los hicieron dar garrote, con que se apaciguaron. Su intencion era de juntarse todos é ir adonde estaba mi compañía de lanzas y apearla, y con los caballos hacer otra de ellos, y así volverse á Brabante á pedir su dinero. El conde Guillermo, temiendo ser acometido al verano con estos españoles y la gente de mi cargo, procuró socorro de más gente, y le vino con el Conde de Chesteyn con caballería é infantería, y así se puso en campaña y yo hice lo mesmo, y para darle ocasion de venir á buscarme y salir del villaje de Colmer, adonde se habia fortificado, acometí un fuerte suyo llamado Emeltil, batíle con dos piezas que saqué de Gruninghen, y ganado, de allí fuí al fuerte de Lopeslague, que yo habia hecho el año ántes, pensando acometer el de Niezijl del enemigo y procurar sacarle en campaña, que estaba cerca de allí en el villaje de Colmer, que acometerle en él era imposible, por estar en sitio fuerte y bien reparado; y así me alojé con la gente junto al fuerte que yo habia hecho, entre el dique y un brazo de mar que venía á él, sobre el cual brazoentendí en hacer un dique para que las victuallas y lo demas necesario pudiese venir de Gruninghen con más facilidad, y los de ella ayudaron con madera y gente, porque con él ganaban una buena cantidad de tierra; y haciendo un dique desde el fuerte hasta el otro dique de Gruninghen, excusaban el entretener una legua de diques, de que les procedia grandísimo provecho, y á nosotros gran comodidad; y con la gente del Maestre de Campo Manuel de Vega (que en aquel puesto le habia venido la patente) y con la mia, se trabajó de manera que cerramos el brazo de mar, y se hizo el camino hasta el otro dique, siendo muchos de opinion que no lo pudiéramos acabar. Estando alojados de esta manera el enemigo y yo, siempre nos haciamos emboscadas los unos á los otros, escaramuzando con los de su campo ó con los del fuerte, que el enemigo habia bien proveido de gente y lo demas necesario para la defensa de él, no pudiendo yo salir con mi intento por más que lo procuré. Sucedió que estando en aquel puesto hubo gran tormenta en la mar, con aguas vivas y viento nordeste; invié á llamar á Durán, ayudante del sargento mayor, y le dixe queera necesario salir de aquel puesto luégo, porque la mar creceria de manera que los echaria de allí con daño. Respondióme que ya estaba la gente bien acomodada, y en efecto lo estaba, y que hácia el enemigo no habia puesto seguro donde nos pudiésemos poner, y que recular atras sería darle á entender que nos huiamos. Dexélo así, queriendo más estar al peligro que recular, y con la tormenta creció la mar de manera que sucedió lo que yo habia dicho, y con gran trabajo y peligro se salvó la gente, pero no todo el bagaje, y algunos que se tardaron perecieron, pasando el dique nuevamente hecho, que por estar imperfecto, la agua le sobrepujaba. Alojé la gente en la abadía de Grotawert, y de allí la saqué á lo seco y alojarla adonde podia. A los españoles torné á inviar á sus presidios, porque en este tiempo los enemigos habian dado á entender á los de la villa de Gruninghen que su Alteza me habia ordenado que metiese dentro de ella este tercio de españoles, y así no dexaban entrar dentro á ninguno, sino con grande dificultad, y dexando las armas á la puerta. Con semejantes artificios y mentiras se ha perdido aquella tierra, teniendo sospecha de que yo mequeria amparar della, lo cual los enemigos y los malos de dentro procuraban estorbar por todas las vias posibles, y como buenos y malos estaban tan resueltos de no tener guarnicion, era tanto más dañosa la desconfianza que tenian de mí. Conociendo esto, supliqué muchas veces á su Alteza, y algunas á su Majestad, que se sirviese de mí en otra parte. Estando en este sitio vino órden al conde Herman de levantar un regimiento de infantería alemana, dándole por plaza de muestra esta señoría de Linghen, diciéndole que hallaria allí el dinero para este efecto. Partió con su hermano Federico, y no hallando el dinero como se le habia prometido, por lo que tocaba á su reputacion, habiendo ya divulgado en Alemania la merced que su Alteza le habia hecho, resolvió de dar una escalada á la villeta de Cloppenburg con ayuda de algunos soldados de esta guarnicion; sucedióle bien, y los de Munster le dieron cierta suma de dinero porque saliese de allí y levantase su regimiento en otra parte. Recibiólo porque ya le comenzaban á faltar victuallas, y los de los contornos no se las podian proveer. Yo le dí esta villeta, en la cual sin daño della ni costa del país hizosu regimiento, y teniéndole ya cumplido el dinero, los comisarios no le venian á pasar muestra, y faltábale ya el que para entretener la gente los de Munster le habian dado; y si yo no acudiera con diligencia á hacérsela pasar con algun dinero del Rey que tenía, sin ninguna duda de este regimiento sucediera lo que de los dos hermanos Francisco y Mauricio, duques de Saxa, que despues de haber arruinado este país y vecinos, se deshicieron por no haber acudido á tiempo á pasarles muestra. El Conde levantó este regimiento y le puso en servicio en muy pocos dias, con la diligencia y valor que siempre ha servido á su Majestad, y ahora le tiene su hermano. Tambien en este tiempo sucedió que Cristóbal Lechuga, sargento mayor del tercio de Manuel de Vega, llevándose mal con su maestre de campo, sin que él lo entendiese, un hermano y un pariente suyo, que servian en el tercio, hicieron una mina á la barraca del Maestre de Campo para volarle; pegaron fuego á la pólvora, la cual en lugar de hacer efecto contra él, le hizo contra los que la habian hecho, quemando al pariente, que no pudo retirarse, y el hermano se escondió y salvó; hallandomuchos que le escondieron, alabando su hecho, y más si sucediera bien, por ser el Maestre de Campo malquisto en su tercio. Y esto ha sido causa de haberle su Majestad proveido en otro, pidiéndolo los soldados cuando se amotinaron, y su Alteza se lo concedió. Cosa de mala consecuencia para el servicio del Rey. El Sargento mayor probó su inocencia y salió libre de ello. Padeciendo este tercio por no tener ya más medio para entretenerle, solicitaban en esa Córte con el Conde de Mansfelt, que gobernaba estos Estados en ausencia de su Alteza, que habia ido á Francia, el Maestre de Campo y los capitanes de salir de aquí y volverse á Bravante; y para este efecto inviaron uno de los capitanes del tercio. Concedióselo su Excelencia, y á mí me mandó que fuese con este tercio á ganar un castillo fuerte que los enemigos habian tomado en el país de Reklinchausen, territorio del arzobispado de Colonia, y que de allí le viniese á hablar á Brusélas. Caminé derecho donde se me mandaba, y los del castillo, sabiendo que yo marchaba, se concertaron con los del Elector, y llegado yo delante, sabiendo el concierto y no hallando allí ninguno del Elector que mediese asistencia ni victuallas, pasé derecho á Bravante por el Rin entre Duyseldorp y Keysersuverdt y me adelanté á Brusélas, adonde hallé á Mons de Linden, gobernador de Charlamont, que se habia ido á quexar á su Excelencia de no haber yo querido ir contra el castillo que he dicho. Yo respondí haberlo hecho, dando cuenta de lo sucedido. Advertí tambien á su Excelencia en consejo, del estado en que dexaba mi gobierno, principalmente la villa de Gruninghen, en la cual habia muchos que tenian inteligencia con el enemigo, y entre ellos algunos del Magistrado, recibiendo cartas y avisos, como he dicho, de lo cual quexándome yo al Magistrado, ofreciéndome de probarlo con algunos de él y hombres de la villa, que eran buenos y fieles, y esto diversas veces, y nunca lo han querido remediar. Antes el síndico me respondió una vez, queriéndolos apretar sobre esto, que estando él en Bravante habia visto y oido cosas peores, que no se remediaban, ni tampoco ellos lo querian hacer. Avisé, como he dicho, á su Excelencia diversas veces de la poca seguridad que habia en aquella tierra, de lo cual fueron los burgomaestres avisados no sé por qué via.Estando en córte procurando con el Conde de Mansfelt remedio para estas cosas, volvió su Alteza de Francia, á quien, como á su Excelencia, dí cuenta de todo lo que pasaba en mi gobierno y de la necesidad que tenía de remedio. Habiéndole particularmente avisado de que por las villas de Deventer y Zutphen podria su Alteza hacer grandes progresos entrando por el país de Utrecht en Holanda, lo cual los enemigos sentirian en extremo; y que el pueblo de aquellas provincias, acordándose de los daños que habian recibido en tiempo pasado, se reducirian á su Majestad ántes que pasar otra vez por ellos, y que ya que su Alteza no quisiese hacer esta entrada y efecto, por lo ménos proveyese estos dos lugares de manera que se pudiesen sustentar teniendo el socorro aparejado con tiempo, que pues los holandeses habian tomado el manejo de la guerra, no dudaba que estas dos plazas importantes, y no fuertes, serian las primeras acometidas por lo que les importaban. Prometióme de dar órden y toda asistencia, como adelante diré, avisándole asimesmo por cosa cierta que el enemigo se preparaba con todas sus fuerzas para acometerlas, suplicándole quediese presto remedio; donde no, que el enemigo sin duda haria su efecto por la poca comodidad que habia de hacer resistencia sin su ayuda. Algunos que estuvieron presentes dixeron despues que yo me quexaba siempre de que la Frisa se perdia por falta de asistencia, y que nunca se acababa de perder, como otras veces habian dicho. Supliquéle que miéntras se preparaba el socorro me diese licencia por ocho dias para llegarme á Luxemburg á algunos negocios mios; diómela con promesa de que allí se me inviaria todo el despacho que le pedia muy á mi contento, y al cabo el despacho fué mandarme volver á mi gobierno sin dineros ni gente más de lo que habia traido cuando salí dél. Volví á avisarle que le aseguraba de la pérdida del país si no se proveia como le habia significado, y al Conde de Mansfelt lo mesmo. Volvió á mandarme que me partiese á la hora para mi gobierno, porque tenía el mesmo aviso que yo le habia dado. Y así, por obedecer y no perder tiempo en réplicas, me partí habiendo protestado de que mi venida sin dineros ni gente haria más daño que provecho, habiéndose confiado la soldadesca y pueblo de que yo no volveria sinlo necesario para la defensa del país y sustento de la gente. Al fin me vine casi desesperado, solo con mis criados y alguna poca escolta que tomé en Gheldres, hasta el Rin, y le pasé al fuerte de Rees, y metíme en Anholt inviando para mi escolta por gente de mi gobierno, y venida, me fuí á Zutphen. Estando yo allí invió su Alteza al que gobernaba aquella tierra, y al conde Herman, que gobernaba á Deventer, dineros para comprar victuallas por estar aquellas dos tierras desproveidas de ellas. Preguntando en Zutphen al Gobernador la provision que tenía de pólvora, me respondió que la tenía buena, porque habia hallado en la casa donde aloxaba el coronel Tassis una buena cantidad, la cual habia puesto con la demas que habia en la municion. Ordenéle que con toda diligencia se proveyese de faxina y de cestones, y que trabajase de la puerta del Pescado hasta la del Rio, que era por donde el enemigo le podia hacer daño, y sin que él me la pidiese le puse dentro una compañía de infantería más, y hecho esto, me partí para Deventer. En estas dos tierras hubo mucho descontento entre los soldados de verme volver sin dinero ni gente, y yo los consolabacon la promesa de su Alteza. Y habiendo proveido en Deventer, me partí á dar una vuelta á Gruninghen, que es donde más me temia por las causas que he dicho. El enemigo, entre tanto, formó su exército bien sustancial, y no obstante los avisos que yo habia dado á su Alteza desde Gheldres, como el capitan Nicoló Basta, gobernador de ella, puede certificar, y desde Zutphen y Deventer, como el conde Herman y Loqueman pueden decir, que convenia que su Alteza juntase luégo su gente para socorrerme, y no lo hizo hasta que la villa fué sitiada. Habiendo el enemigo tomado ántes el fuerte de la otra parte del rio, que tanta sangre habia costado el sustentarle, inviando soldados mancebos en hábito de mujeres, los cuales, con las armas que llevaban escondidas debaxo de las faldas, le ganaron. Plantó treinta y tres piezas de artillería, y con cada una tiró tres tiros, con los cuales el Gobernador le rindió la tierra. Quexándome yo de él poco despues á su Alteza, que era ya llegado con alguna gente junto al Rin, á una abadía llamada Mariembon, é yendo á visitar el fuerte de Rees, que gobernaba Mons de Rinavel, dixo su Altezaque sabía que Loqueman estaba en Rees, y que habia estado aquel dia en aquel fuerte, que le avisasen que se guardase de parecer delante de él, y que procurase ganar amigos, lo cual habia hecho ántes á mucha costa de los soldados de su regimiento, cobrando el remate de su descuento. Despues de la muerte de su Alteza este gentil-hombre, procurando descargarse ante el Conde de Mansfelt, fué dado por libre sin saber yo el descargo que habia dado. Él, con la gente que salió de aquella tierra, se fué á Deventer, y el conde Herman tomó de ella la que la pareció que le podia ayudar y asistir, inviándome la demas. El enemigo marchó á sitiar á Deventer, plantó su artillería, y batióle terriblemente por la parte que no habia terrapleno; confiándose en el rio de Isel y en un arroyo que hacia foso por toda aquella parte. El Conde se puso á la defensa, donde con un ladrillo de los que volaban de la batería fué herido en el rostro, de que perdió un ojo y á grande peligro de perder el otro. Para dar el asalto hizo venir el enemigo un puente sobre barcas el rio abaxo, y le puso á la punta del arroyo; y aunque nuestra arcabucería mató muchos de los marinerosque le guiaban, todavía le pusieron por donde quisieron dar asalto; y pasando á la batería alguna gente, pusieron en ella una bandera, que los nuestros hicieron retirar della fácilmente por no ser asistidos de los demas que estaban ordenados para dar el asalto, hallando dificultad al entrar en el puente, porque de una parte y de otra los bordes eran hechos de tablas, más altos que el puente, y con más seguridad y ménos daño podia estar nuestra gente peleando mano á mano con el enemigo en aquel puesto, que no estar en él sujeta á la furiosa batería que despues de retirada su gente de ella hizo. Herido el Conde y otros capitanes y soldados, comenzaron, contra la voluntad del Conde, á tratar con el enemigo, á quien rindieron la villa no teniendo nueva de ser socorridos.Perdidas estas dos plazas, verdaderas puertas de Holanda y país de Utrecht, por donde se habia de acabar la guerra, ó por lo ménos constreñir al rebelde á reconocer á su Rey y señor natural reconciliándose, dió ánimo al enemigo de proseguir adelantecontra esta provincia, en que tanto habia trabajado, y tanta gente habia perdido por señorearse de ella, y así procuró pasar adelante; y á requisicion de los mal intencionados de Gruninghen y solicitud del conde Guillermo de Nassao, que ahora es su gobernador, se determinó de irla á sitiar. El conde Federico y yo estábamos en el fuerte de Covorden á la mira, por ver la punta que hacia, y él, por saber que los dos estábamos en aquel fuerte, procuró cerrar la villa ántes que pudiésemos entrar en ella, y con gente suelta caminó dia y noche para este efecto, mas no lo pudo hacer tan secretamente que con tiempo no fuese yo avisado por las espías que tenía en su campo. Resolvíme tambien de partir para allá, caminando toda la noche, y ordené que alguna infantería que tenía en Covorden, pensando que el enemigo la acometeria, me fuese siguiendo. Entramos dentro el Conde y yo con la gente, á tiempo que ya la avanguardia del enemigo se venía acercando á la tierra, y los mal intencionados de ella, viéndola tan vecina, se comenzaron á alterar (que segun los enemigos decian, habian prometido de hacerlo á su llegada), y de otra parte, el Magistrado no solamenteno queria recibir en la villa la gente de guerra que yo habia traido, pero ni áun en el burgo. En este tiempo me llegó cierta cantidad de soldados que habia inviado á sacar de algunos fuertezuelos de poca importancia, y estando con alguna pena de ver el refuso que me hacian de recoger la ente en el burgo, y la alteracion de los malos, por no mostrar flaqueza ordené al conde Federico que con la gente que estaba ya recogida y algunos caballos trabase la escaramuza y tuviese los enemigos lo más léxos de la villa que pudiese, sin desarrimarse mucho del foso y muralla della; y miéntras él peleaba fuera, yo negociaba dentro, de manera que echando fuera alguna cantidad de malos, me abrieron el burgo, y así hice retirar al Conde dentro con la gente, porque no se arrepintiesen. La del enemigo padecia, por haber dexado bagaje y victuallas atras, principalmente los ingleses y escoceses, que viniendo á coger lechugas para comer, se llegaban tanto, que desde las murallas mataban los burgeses muchos de ellos. Llegado todo el exército, se metieron en escuadron algo léxos de la villa, pero con todo eso, con un cañon, dos ó tres medios y una culebrina que haciatirar, recibian tanto daño que luégo se alexaron, cubriéndose de la artillería lo más que pudieron, pero no tanto, que por el daño que se les hacia, el conde Mauricio reculó sus tiendas y parte del exército, y viendo que los malos que eran de su parte no habian salido con su intencion ni cumplido lo que habian prometido, se estuvo quedo en aquel puesto sin hacer mas trinchea ninguna. Yo imaginaba que lo hacia por esperar la artillería y pertrechos que por la mar venian, como fué así, pues dentro de tres dias comenzaron á parecer gran cantidad de velas, en las cuales, segun los avisos que yo tenía, venian sesenta piezas de batir y las municiones y pertrechos necesarios para un largo y gran sitio. Despaché luégo á su Alteza avisándole de lo que pasaba, el cual invió al teniente de caballos de Mons de Assicourt á reconocer, dando siempre esperanzas de querer dar socorro. Y considerando yo que por estar los españoles amotinados en Diest, y otras incomodidades que su Alteza podia tener, no era posible haber tanta gente que pudiese contrastar con el enemigo, escribí que si su Alteza no tenía doce mil infantes, y por lo ménos dos mil caballos,que no pasase el Rin, porque ménos daño era que yo me perdiese, que no que su Alteza se metiese en este peligro. Estando en la muralla de la villa haciendo tirar la artillería á los escuadrones que se mostraban, mandé que la arcabucería cesase y que no tirase sino de cuando en cuando algun arcabuzazo, lo cual fué causa que los jardines vecinos se hinchiesen de soldados enemigos, que era lo que yo pretendia. Viendo esto, hice juntar una cantidad de soldados que estaban en el burgo, que dentro nunca los dexaron entrar en la villa con saltapantanos ni con espadas, sino solamente con dagas; y á Mendo, con cuarenta soldados de mi compañía que habian venido conmigo y estaban en el burgo, que por hacerme gracia los dexaron entrar. Hice abrir la puerta, y ordené á Mendo que con los caballos cerrase con el primero cuerpo de guardia que tenía el enemigo, y que con la asistencia de aquella infantería, que llevaban saltapantanos, fuese cogiendo y matando á los que andaban en los jardines; y él lo efectuó puntualmente, y trayendo algunos presos, los burgeses se los querian matar, y queriéndolos defender los soldados, les dixe quedexasen hacer á los burgeses por tanto más empeñarlos. Dió este pequeño efecto tanto ánimo á los burgeses, que ya tenian al enemigo en poco; no obstante que si él acometiera la villa por dos partes, como era su intencion, con batería formada, nos pusiera en trabajo, aunque no dudo que tuviera su parte dél ántes de ganarla. Mas pareciéndole que no saldría con la empresa fácilmente, se resolvió de ir á tomar los fuertes que estaban en el territorio de Gruninghen, y el principal era Delfezijl, sobre el rio Ems, de más importancia que todos, en el cual habian puesto los de la villa una compañía, de las dos que ellos tenian á su cargo; y ofreciéndolos yo soldados de su Majestad para meter dentro, jamas los quisieron, pretendiendo ser cosa suya, temerosos de que metiendo yo gente en él, no se le volveria despues. Esta plaza está sobre uno de los dos canales que de la mar vienen á la villa, y cuando el Conde de Rhimbergh la ganó, le usurparon ellos, del cual han pretendido siempre ser propietarios, suplicando á su Majestad les hiciese merced dél dándoles la alta justicia; y sobre esto escribió su Majestad que le informasen de ello; yo lo resistí todocuanto pude, porque era hacer grande agravio á un caballero llamado Ripperdá, cuyo era el lugar donde estaba el fuerte, y él residia en Alemania; y si bien no servia al Rey, ménos al enemigo. El estorbo que yo les hice en esta tan injusta demanda, con otras ocasiones que adelante diré, fueron causa del ódio que despues han tomado conmigo, y de que yo muchas veces con tanta eficacia haya pedido á su Majestad me hiciese merced de sacarme de este gobierno, porque, como he dicho, así me parecia convenir á su real servicio, pues yo no podia forzar á esta gente á que se le hiciesen como debian. Al fin, el enemigo fué sobre el fuerte, y las compañías que estaban dentro se le rindieron, sin esperar batería. En este tiempo su Alteza invió á Mons de Huerpen, que ahora es gobernador de Maestricht, para que se informase de mí, del estado en que estaban las cosas de este gobierno y las del campo enemigo. Oyó la batería que hacia en los fuertes, é informado de lo que habia en la tierra, se volvió. Su Alteza viendo al enemigo ocupado por estas partes, se resolvió de ir á sitiar el fuerte de Nimega á grande instancia que los de aquella villa le hacianpara ello. El enemigo, habiendo tomado los fuertes que he dicho, se volvió con su exército hacia Gheldres. Su Alteza me invió á mandar que le fuese á hablar, y fuimos el conde Herman y yo, y llegamos á Nimega el mesmo dia que su Alteza se retiraba del fuerte, por tener órden de su Majestad de ir á Francia. Mandó que el conde Herman se volviese á este gobierno con los burgomaestres y síndicos de Gruninghen, que estaban allí proveyendo de algun dinero para el sustento de la gente de guerra, y á mí, que tomase el exército á mi cargo, lo cual no quise rehusar por las causas que he dicho. Y ántes de su partida se trató de la recuperacion de Zutphen y de asegurar la villa de Nimega, que á mi parecer, segun le propuse, se podia hacer, ya que no queria dexar guarnicion dentro, pues podia; que atrincheando hacia la puerta que va á Mozza, en aquel alto se podian poner dos ó tres mil hombres, ofreciéndome de quedar con ellos. Parecióle bien esto, pero tratándolo con otros se mudó, y sin dar otra órden, no obstante que los buenos de aquella villa andaban dando voces por las calles diciendo que quedaban perdidos y vendidos,se partió para Francia, y á mí me invió al exército, dexándome ordenado que deshiciese la fortificacion que Camilo Archini habia hecho en Midelver, y el fuerte que Mons de Rinavelt guardaba enfrente de la villa de Rees, necesarísimo para el paso en Frisa. Maravillábame yo de que estando la villa de Nimega en tanto peligro mandase romper estos fuertes, que en parte la tenian sujeta, y así no obedecí al primero mandato, ni ménos al segundo, pero con el tercero y el cuarto fué fuerza hacerlo. Y así no hubo su Alteza partido, cuando los de aquella villa comenzaron á tratar con el enemigo, y él á marchar con alguna gente hacia ella el rio arriba. Entendiendo esto, me partí para allá con alguna caballería é infantería. La gente del enemigo hizo alto hácia Til, y yo en Mozza, y aquí me resolví de ir con alguna parte de mi gente á la villa, y contra la opinion de Nicoló Basta y de otros capitanes que iban conmigo, entré dentro con dos compañías de caballos, dexando los demas fuera; hice convocar al Magistrado en casa de Mons de Guilein, gobernador de la tierra, proponiéndoles que, si la querian asegurar, recibiesen más gente deguerra dentro, que allí la tenía para dársela tal como ellos la quisiesen, lo cual les ofrecí tres veces y todas me lo negaron. Y así, vista su resolucion, me volví á salir y fuí á Midelvert, adonde junté gran cantidad de villanos de alrededor para desmantelarle, como su Alteza me habia mandado, y á Mons de Rinavelt avisé que hiciese lo mesmo del de Rees, llevando la artillería y municiones el rio arriba, á Rhymbergh, donde hoy está. Yo andaba con el exército buscando de comer donde lo podia hallar, por padecer necesidad así la caballería como la infantería, que con esta comodidad me han dado siempre los cargos, y estando entre Mastricht y Riuermunde, tuve aviso que el conde Mauricio marchaba con su exército hacia Nimega. Y por hacer lo que pudiese y que no se me diese culpa, escogí de todo el exército de dos á tres mil hombres sueltos, y aunque los dos regimientos de alemanes, de los condes de Barlaymont y Arembergh, andaban descontentos dias habia, jurando de no tornar á pasar la Mosa hacia Bravante sin ser pagados, todavía con promesa que les hice de que los volveria al mesmo puesto, la pasaron á Venló, por donde caminépor más seguridad mia, que tomando el camino de Mozza iba en gran peligro de perderme, por estar ya el conde Mauricio al rededor de la villa de Nimega. Consideré que ya que aquella villa se hubiese perdido, ó no me quisiesen admitir dentro con la gente que llevaba, por lo ménos aseguraria la de Grave, que es de tanta importancia, y estaba tambien en peligro por estar ausente Mateo de Castelo, gobernador de ella, y haber poca guarnicion dentro; y así me fuí allá, avisando por todas las vias posibles al Gobernador de Nimega que yo estaba allí para meterme con él, y que con la gente de guerra que tenía tomase una puerta, y que avisándome haberlo hecho, á la hora yo caminaria con la gente rio arriba, por ser camino secreto y cubierto. Mas los de la villa, como superiores de la gente del Rey que estaba dentro se apoderaron de las puertas, y dixeron al Gobernador que ni él ni ningun soldado del Rey se llegase á ellas, porque le harian pedazos; y en esto iban tratando con el enemigo. Como supe lo que pasaba, tuve la villa por perdida, y así me resolví de asegurar la de Grave; y habiendo tenido aviso de la gente de guerra que estaba dentro,de que los burgeses no andaban bien, y que eran superiores de ellos, hice caminar á la infantetía que habia traido conmigo hacia allá, y adelantándome un poco, hice venir los burgomaestres á la puerta, á los cuales propuse que valdría mas meter aquella infantería dentro, que no que anduviese por aquella campaña haciendo daño, prometiéndolos de entretenerla sin daño de la tierra. Respondiéronme que lo tratarian con sus burgeses, pero que temian que no lo podrian alcanzar, por haberles prometido otros lo mesmo y no cumplido. Entraron dentro y volvieron con resolucion de que en ninguna manera los burgeses querian que entrasen, y que si yo lo intentaba se alterarian y tomarian las armas. Y estando ya asegurado de los soldados que estaban de guardia á la puerta, hice que detuviesen fuera á los burgomaestres; púseme delante de los soldados, y ordené que sin tocar atambor me siguiesen todos, y así entré dentro sin estorbo ninguno hasta el castillo, donde puse los alemanes, y las demas naciones, como italianos, irlandeses y valones, repartí en los hospitales, cuerpos de guardia y en algunas casas vacías, sin permitir que soldado entrasedonde hubiese burges. Ayudóme á dar á esta gente victuallas de pan, queso y cerveza un comisario de victuallas llamado Romade Robertin, en lo cual se empleó como bueno y fiel servidor que es de su Majestad. Supe despues de algunos enemigos que he tenido en prision, hombres que podian saber el secreto de su exército, que si yo no entrára, la villa estaba ya concertada con el enemigo; á lo ménos puedo asegurar que si no era así, estaba en este peligro. Pocos dias despues llegó de la otra parte del rio Mons de Guilein, con toda la gente de guerra que estaba en Nimega, la cual se habia rendido al enemigo sin su voluntad, de que el pobre caballero, como muy fiel á su Majestad, venía con tanta angustia y pena, que temí muriera allí, de que le dió una enfermedad que le duró muchos meses. Al fin los inconvenientes vienen las más veces por negligencia y descuido de otros, y los semejantes lo vienen á lastar y padecer. Alojé aquella gente tambien dentro, por no perderla fuera, dándola la misma comodidad que á la demas, y pocos dias despues llegó Mateo de Castelo, que venía de Tornay, donde tenía su mujer. Habiendo el condeMauricio dado órden en la villa de Nimega, se retiró; y queriendo yo hacer lo mesmo, dixe al Gobernador que pidiese la gente de guerra de que tenía necesidad, que yo se la dexaria, y que me espantaba de que habiendo tanta artillería dentro de la tierra, tenía tan poca pólvora; y era tal, que me habia sido fuerza refinarla á mi costa miéntras estuve allí; advirtiéndole de los medios por donde se podia proveer de ella suficientemente. Dexéle algunas compañías de italianos, que me pidió y nombró, y volvíme adonde habia dexado el exército. Y su Alteza, para el viaje de Francia, que áun no era partido, invió por la mayor parte de la gente de él, y la llevó el Maestre de Campo D. Gaston Espinola, si bien los dos regimientos de alemanes altos se alteraron del todo, y se alojaron á su gusto entre Mastricht y Liexa. Y en esta sazon mandó su Alteza al duque Mauricio de Saxa levantar un regimiento de infantería alemana en esta provincia de Linghen, y él juntó la gente suficientemente; destruyó el país, y los de él llevaron el regimiento hacia Colonia, haciendo mucho mal por donde pasaba, y así se deshizo de sí mesmo. El Duque, los capitanes yreliquias de él, sabiendo que yo estaba en Mastricht, me fueron á hablar, y en virtud de una carta que su Alteza habia escrito al Duque, me pidieron alojamiento y entretenimiento. Respondíle que su Alteza entendia que habiendo pasado muestra se juntase con el exército que yo gobernaba, y que él no la habia pasado, que el exército era ido á Bravante, y así yo no podia cumplir lo que me pedia; que haria bien en ir á hablar á su Alteza, pues yo no podia mandar en aquel país, y así lo hizo. Sabe Dios las causas por que este regimiento se deshizo y no pasó muestra, y lo mesmo el del duque Francisco, su hermano, que asimesmo se levantó en este país, y en él tambien se deshizo, siendo ambos muy necesarios para el servicio de su Majestad. En el tiempo que se levantaron se perdió el dinero del Rey, destruyóse el país, perdióse el teniente coronel Teseling, y no hicieron otro efecto. Partido su Alteza para Francia, escribí al Conde de Mansfelt, que en su lugar gobernaba, suplicándole que fuese servido de proveerme algun dinero para la gente de guerra de mi gobierno, porque me queria volver á él. Mandóme venir por el dinero á Brusélas, y asífuí, donde estuve algunos meses solicitándolo sin poderlo alcanzar. En este tiempo sucedió la muerte del Duque de Cleves, y siendo necesario inviar de parte de su Majestad á su enterramiento, y á poner una persona en el gobierno de Gheldres, aunque para ambas cosas yo era poco suficiente, me mandó su Excelencia que lo hiciese, sin darme ninguna comodidad para mi gobierno, ni áun para el ajeno, y la que me dió para mi viaje apénas bastaba para pagar la escolta de Brusélas á Namur, que entónces este camino estaba muy peligroso. Tambien me ordenó que acabado aquel servicio me volviese á la villa de Mastricht, que por ser de tanta importancia convenia que una persona de recaudo estuviese en ella, por haber llevado su Alteza consigo á Francia al Gobernador. Pasando por esta villa para el viaje que he dicho, avisé al capitan Limburg, que la gobernaba, que estuviese con cuidado, porque sabía que el enemigo queria dar una escalada á aquella tierra, ordenándole que en sabiendo que el enemigo estaba en campaña, estuviese él con toda la gente de guerra á las murallas todas las noches, y que de dia doblase las guardias á las puertas.El conde Mauricio vino y dió la escalada, y fué ventura no ganarla. El capitan, descuidado demasiado, por más que fué avisado del Gobernador de Wert que el enemigo marchaba, y por no haber dado parte al magistrado de este aviso, vino en ódio de aquel pueblo, el cual, á mi vuelta allí, me solicitaba mucho que le castigase por algunos indicios que tenian de no ser fiel, á mi parecer no bastantes para quitar la vida y la honra á un soldado que, desde el principio de esta guerra, habia yo visto servir á su Majestad bien y fielmente. Poco despues de esto vino de Francia el Gobernador, y yo me volví á Gheldres. Los de la villa de Mastricht procedieron contra el Limburg para echarle de ella, y así vino aquí con el regimiento del Príncipe de Simay y sirvió como muy honrado soldado hasta la muerte. Con todo esto, fuí caminando dia y noche por ser el tiempo corto, y con gran peligro llegué á tiempo. Hice lo que se me mandó, asistiendo al entierro y exequias del Duque, de que puntualmente advertí á su Excelencia, y embarcándome el rio abaxo, me fuí al país de Gheldres, adonde gasté mucho más de lo que tenía.Venida la primavera, el enemigo formaba su exército, y avisé de ello, y de que sin ninguna duda daria sobre mi gobierno; y con todos los avisos que dí y la solicitud grande que hice, jamas pude alcanzar asistencia con efecto, sino en promesas. Ya era vuelto su Alteza de Francia, y mandándome volver de Gheldres á mi gobierno, lo hice luégo con la mesma ayuda y provision que ántes me habia dado. Y no hube llegado, cuando entendiendo que el enemigo queria acometer la villa de Steenvick ó Covorden, donde me puse por estar en medio de todo el gobierno, aunque no estaba tan bien proveida como la de Steenvick, que tenía á cargo el teniente coronel de Mons de la Mota con más de mil soldados, la flor de la gente de guerra que el Rey tenía en esta provincia; y él, por su valor y prudencia suficiente para aquello y para mucho más, y con su diligencia y ayuda de los vecinos y soldados de dentro, la habia reparado lo mejor que se pudo; que fortificarla como era menester no se podia hacer por causa del sitio,en mucho tiempo. Acertó á estar en aquella villa Mons de Guaterdich, gobernador de Santa Gertruidemberg, que habia venido allí para cierta empresa que el Rey nuestro señor mandó que se hiciese por Pedro Rans, criado suyo; y aunque se conoció ser engaño y trato doble, este caballero, por tener valor y deseo de servir á su Majestad, sabiendo que el campo enemigo marchaba hácia allí, se quedó dentro queriendo hallarse en aquel sitio. Llegó el enemigo con exército y aparato real, y cuando yo supe que caminaba, importunaba con grande diligencia á su Alteza, que estaba en Aspá tomando la agua, y al Conde á Brusélas, por el socorro; y viendo que se tardaba, procuré, con la poca gente que tenía, aumentar la guarnicion de la tierra, é invié al capitan Sante con alguna gente y el dinero con que me hallaba; el cual hizo tan buena diligencia, y se gobernó de manera que por mucho cuidado que el enemigo tenía y más hacia para estorbar el socorro, entró dentro sin ninguna pérdida.El enemigo, despues de haber hecho sus trincheas, las cuales no pudo hacer sin que las salidas que hizo Mons de la Cocquela lehiciesen daño, hasta tomarle banderas que tenía en ellas, y plantó su artillería en dos partes, en cada una puso treinta piezas, y otras dos en otra parte, que batian un molino que se habia hecho para meter agua en el foso. Comenzó su batería desde las cinco de la mañana hasta las de la tarde, la más terrible que se ha visto en esta guerra; y pareciéndole que habia hecho batería para dar asalto, puso todo su exército en escuadron, y reconociendo las baterías con tres capitanes que fueron á ello, el uno fué muerto al borde del foso, y hallando haber hecho poco efecto, y estarse la estacada entera y bien guarnecida de mosquetería y arcabucería, se retiraron por aquella noche á sus cuarteles, y luégo comenzaron á cegar el foso y á arrimarse con la zapa á la muralla por tres partes, é hicieron dos minas, habiendo batido un torreon de la puerta que estaba á cargo del capitan Bartolomé Sanchez. Nunca yo cesaba de solicitar el socorro viendo la grande ocasion que el enemigo daba para deshacerle parte de su exército si yo tuviera gente para ello. Tenía aloxada su caballería léxos de su infantería, y donde tomándole un puente que no estaba guardado, yrompiéndole, no podian socorrer su infantería, y en el alojamiento no habia sino una calle por donde la caballería podia salir, por ser todo lo demas pantanos, donde la infantería podia hacer grande efecto sin daño de la caballería. A tener yo infantería suficiente, con ayuda de Dios, poca ó ninguna de ella se me escapára, y perdida ésta, la villa fuera socorrida, y por lo ménos el enemigo no podia retirar su artillería por se haber secado el rio por donde la habia traido, de tal suerte que con el tiempo que hacia, de ninguna manera se podia navegar por él. El enemigo, continuando su zapa y mina fuera de ella, habia hecho dos castillos de madera, uno mayor que otro, hechos con gonces y tornillos, de modo que juntando las piezas en parte segura con ruedas y otros artificios, los llevaban enteros donde querian, y eran hechos de arte, que en diversos suelos que tenían, podia estar mucha gente de guerra segura de arcabucería y mosquetería; de donde, descubriendo no solamente el terrapleno, mas las calles y casas, hacian mucho daño. Viendo esto Mons de la Cocquela, puso dos piezas de artillería detras de una casa, con las cuales, batiendo elmayor, le hizo inútil, y del otro se recibia poco daño. Ya estaban los enemigos tan adelante en el terrapleno, que se hallaban con los nuestros pica á pica sin osar dar asalto, y por hacerlos más daño, el enemigo hacia tocar diversas armas falsas, teniendo asestada toda su artillería; y poniéndose los nuestros á la defensa, creyendo que era asalto, hacia grande efecto en ellos. Viendo yo que el socorro tardaba, y conociendo el peligro de perderse en que estaba la tierra, y que no habia mejor remedio para estorbar la pérdida, ó por lo ménos dilatarla esperando el socorro, que meter más gente dentro y proveerla de pólvora, de que comenzaban á tener falta, avisé al conde Herman, que estaba en Gruninghen, que de su parte inviase alguna gente con sacos de pólvora, y que yo tambien inviaria por la mia; y que señalando el dia, hora y lugar donde se habian de juntar, procurasen entrar dentro. Despues que el capitan Sante entró con aquel socorro, los enemigos hicieron en aquella parte algunos fuertes; y aunque el sitio era aguanoso, no dexaban de noche de entrar y salir avisos entre fuerte y fuerte, y esta gente llevaba órden de hacer el mesmoviaje, y con las guías que les habia dado fueron, y la cabeza que yo habia inviado con la gente entró dentro, y el que el Conde por su parte, ó cansado ó perdido de ánimo, estando á tiro de piedra del lugar, por haber tocado los fuertes arma, se retiró, siguiéndole de cuarenta á cincuenta soldados; que los más de ellos, venido el dia, se perdieron, y él tuvo ánimo y fuerzas para volver seis leguas atras, faltándole para ir un tiro de piedra adelante. Este mesmo dia habian comenzado los nuestros á tratar con el enemigo, el cual, habiendo hecho dos minas y alojado su gente por el terrapleno, por no tener por aquella parte traves ninguno que se lo estorbase, dió fuego á las minas, que nos fueron de poco daño, ántes la una de ellas, estando enterrado un torreon de la villa junto á ella, resistiendo, reventó hácia los enemigos, en los cuales hizo mucho estrago. Dieron con todo esto su asalto por tres partes, reforzándole de gente cinco veces, y duró desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, perdiéndose mucha gente de ambas partes. Entre los nuestros murieron tres capitanes, el conde Luis, hermano del conde Herman, el capitan Biondel, del regimientode Mons de la Mota, y el capitan Hessel, de mi regimiento, y el conde Mauricio salió herido de un arcabuzazo en el rostro. Al fin, viendo los nuestros que no habia nueva de socorro, y que los enemigos estaban tan adelante en el terrapleno, muchos de los nuestros heridos, y todos generalmente cansadísimos del trabajo y pelear, tornaron á parlamentear con el enemigo, á quien al cabo rindieron la tierra, y uno de los artículos fué que saliesen de este país, pasasen el Rin, y en seis meses no pudiesen volver á él. Cosa mal á propósito para el servicio del Rey, por ser la gente tan buena, como he dicho, y hallarme con poca esperanza de haber otra para resistir al enemigo. Avisé de todo á su Alteza á Aspá, y al Conde de Mansfelt á Brusélas, suplicándoles me socorriesen, advirtiéndolos de que el enemigo quedaba tan mal tratado, que en mes y medio no se podia rehacer para salir en campaña, porque se decia haber perdido más de dos mil hombres. Bien tardó todo el tiempo que he dicho en refrescar su gente y en rehacerla. Ya que esos señores no procuraron el socorro con tiempo, perdido el que el enemigo no estuvo encampaña y el que estuvo en rehacerse, bien pudieran de haber sido servidos de darle cuando se le pedí, inviándome, como he dicho, que sin duda se hubiera excusado lo que despues ha sucedido. Al fin importuné tanto á su Alteza y á su Excelencia, que resolvieron de inviarme socorro, y entre tanto el enemigo, habiendo rehecho su exército, marchaba hácia Covorden. Y habiendo proveido de artillería, municiones y gente, dexé al conde Federico dentro y me fuí á Grol á aguardar el socorro, teniendo aviso que marchaba. El enemigo vino y sitió el burgo de Covorden, y dexando el Mauricio al conde Guillermo, su primo, sobre aquel sitio, se partió con parte del exército y artillería á sitiar la villa de Oetmarsum; y vino tan repentinamente sobre ella, que Mendo, que estaba dentro con mi compañía, habiéndole dado órden de no dexarse encerrar, hubo de pasar por medio de los enemigos para salvarse con la compañía y meterse en Oldenzel, dexando dentro otra de mi regimiento. El conde Mauricio hizo sus trincheas, y plantando la artillería, mataron los nuestros á Mons de Fama, general de ella; y despues dehaber batido, se le rindió la tierra con los mesmos pactos que la de Steenvick. Miéntras él estaba en aquel sitio, su primo se acercaba al burgo de Covorden, el cual no tenía más fortificacion que una trinchea simple, defendióle el conde Federico algunos dias hasta que volvió el Mauricio del sitio de Oetmarsum; y una vez estuvieron los enemigos dentro del burgo, y los nuestros los tornaron á echar fuera; pero viendo el Conde que al cabo no le podia defender, le quemó y se retiró al fuerte hácia donde el enemigo caminó con sus trincheas; y conociendo que era una masa de tierra, y que su artillería, por mucha que era, podia hacer poco efecto, se puso á ganarle por zapa, sangrando primero el foso, que era grande, aunque no muy hondo; y con cierto ingenio que usan los marineros, sacaban la agua apriesa. Hizo tambien dos plataformas que abrazaban los dos baluartes, de donde tiraba á las defensas haciendo daño. Yo, confiando en el socorro que se me prometia, aunque habia puesto dentro mucha gente más de la que se suele poner en semejantes fuertes, hice apear parte de la compañía de don Sancho de Leiva y parte de la mia, y ámi alférez con ellos, y los metí dentro pareciéndome que siendo españoles ayudarian mucho al Conde. El enemigo hizo algunos fuertes, habiendo el Conde hecho una salida sobre ellos; y haciendo uno bien cerca de la tierra, el Conde le batió con su artillería desde el fuerte, y los que estaban dentro fueron tan hombres, que aunque los hacia grandísimo daño por no estar en defensa, nunca se movieron. Mandó el Conde salir del fuerte una buena tropa de soldados para darle asalto, y diéronsele, y los de dentro se defendieron muy valerosamente, pero al fin quedando muy pocos de ellos vivos, y viniéndoles socorros de sus cuarteles, los nuestros, por no ser cortados entre los dos fuertes, se retiraron. Murieron allí dos alférez de mi regimiento, Juan Lopez, español, y Mons de Ruylle, valon, que lo era de mi compañía coronela, ambos muy valientes soldados. Hechas las plataformas, comenzó el enemigo á henchir el foso (hacen esto con mucha maña y presteza), y en este tiempo me llegó el socorro á Grol, á cargo de Mons de la Capela, con su regimiento de Liejeses, el tercio de D. Gaston y el de irlandeses de Mons Stenley, que todos juntosno pasaban de ochocientos soldados, y algunas compañías de caballos á cargo de D. Alfonso de Avalos, hermano del Marqués del Guasto, que cierto no llegaban á cien caballos por tener las compañías muy faltas de gente, tanto que me acuerdo haber pasado una delante de mí con dos arcabuceros delante de avanguardia, tres lanzas de batalla, tres mujeres y un clérigo de retroguardia, sin tener más soldados que éstos, y todo este buen socorro, sin un real, ni ménos yo le tenía. Viendo la sustancia de esta asistencia, y temiendo que si poniala gente en los casales, el enemigo los podria degollar fácilmente, me resolví de meterlos todos en la villa de Grol, por evitar este inconveniente, que sin falta sucediera como digo, y con ser la tierra pequeña y de ruines casas, ellos y la guarnicion ordinaria estaban cubiertos. Y por más entretener al enemigo en el sitio de Covorden, despaché luégo para entrar dentro algunos valones del regimiento de Mons de la Capela con un capitan suyo, y díle tan buena guía, y él lo hizo tan bien, que entró dentro con mucho peligro, y avisando el de la Capela á su Alteza y á su Excelencia particularmente de la gente que habia traidoaquí, las cartas se perdieron en el camino y vinieron á manos del conde Mauricio, y él las envió al conde Federico dentro con un trompeta, para que viese el socorro que habia venido. Él respondió que aunque no viniese otro socorro, que esperaba con el de Dios defender la plaza. Tambien escribia yo muy á menudo, suplicando que el socorro fuese tal que pudiese ser bastante, porque aquél no lo era. Tratando yo un dia con algunos capitanes del tercio de D. Gaston, de que holgára que estuvieran dentro del fuerte algunos capitanes más de los que habia, se ofreció de su buena voluntad el capitan Jerónimo de Oria, genovés, caballero de mucha virtud y valor, que él iria, y procuraria entrar ó perderse. Y yo se lo agradecí como á quien él es y el caso requeria; fué con algunos soldados amigos suyos, y con tener guardia el enemigo por aquella parte, pasó como un rayo rompiendo por ella y entró dentro. Su Alteza me escribia que me inviaria socorro suficiente, que así lo habia ordenado y podia hacer porque tenía mucha y muy buena gente en Aspá para su guardia, y grande suma de dinero que le habia venido de España. Invió al fin el socorroá cargo de D. Alonso de Mendoza, con su tercio de infantería española y una buena cantidad de caballería, y con esto y lo que acá estaba, se pudiera socorrer el fuerte si viniera á tiempo y con medios, porque aunque vino con él un oficial del pagador, no traxo un real consigo, ántes me dixo que le habia faltado para cumplir con algunas compañías españolas, de una paga que se les habia dado en Bravante, pero que de Colonia habia de venir cierta suma. Vino esta gente cuando ya el enemigo habia cegado el foso del fuerte, y por una cortina de un baluarte se habia metido dentro, arrancando los árboles de que estaba vestida, con ingenios de tornos. Alojóse dentro de él y minándole sin podérselo estorbar, porque siendo las cortinas cortas, los traveses de los baluartes hacian poco efecto, y las dos plataformas tambien impedian que no se pudiesen valer de ellas, porque tiraban continuamente allí cruzando su batería; acertó á ser el baluarte más fuerte de los cinco que el fuerte tenía, y así el Conde le cortó, desamparando la mayor parte de él, comenzando á hacer una retirada, hácia una plataforma del fuerte, por la cocina de una casa, hasta lo que habiacortado del baluarte, que tambien hacia traves como la plataforma. Y sabiendo yo por las espías que tenía en el campo del enemigo, el estado en que estaban las cosas de él, daba priesa al Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza que caminase é hiciese diligencia, y él la hizo, y sabiendo que estaba cerca, tomé la avanguardia con la gente que acá estaba, para informarme de más cerca de cómo se podia socorrer. Llegando el Maestre de Campo y sabiendo que yo me habia partido, me siguió con mucha presteza, aunque llovia y hacia mal tiempo. Juntámonos en Ulsen, lugar del condado de Benthen, y otro dia marchamos juntos á Denichum, tambien lugar del mesmo condado, una buena hora de camino de Covorden. Este fuerte de Covorden está en un sitio fuertísimo, que de todas partes le cercan pantanos y turbales inaccesibles la mayor parte del año; solamente hay un paso arenisco y duro debaxo, pero siempre con agua, y dura ántes que se llegue al fuerte y despues á la entrada de él, adentro, una pequeña hora de camino, paso hecho á posta para las barcas de una provincia á otra, que esto significa el nombre Covorden; hay tres ócuatro arroyos que salen de estos pantanos y turbales, y todos vienen á dar al fuerte, y de ello se hace un rio, que va por unos grandes prados á entrar en el rio Vecht. Pocos dias ántes que nosotros llegásemos á Denichum, habia venido el Conde Holac con un regimiento nuevo y alguna otra gente, á juntarse con el Mauricio; y queriendo estar apartado de él, se alojó entre Denichum y su campo, pero más cerca de él que de nosotros, donde se habia fortificado; mas sabiendo que el socorro venía, habia dexado aquel puesto y tomado otro. La metad de la fortificacion estaba delante del rio que viene de Covorden, y la metad detras, y tambien dexó éste como supo que éramos partidos de Oldenzel; y luégo tomó otro mucho más fuerte que los dos, acercándose al cuartel del Mauricio, adonde se fortificó con grandísima priesa, como tambien lo estaba el Mauricio en su cuartel, y fuera de esto, así por aquel paso de agua que he dicho, como por otras partes por donde podiamos pasar, habia ya hecho buenos fuertes, y reparar y doblar las trincheas, tanto contra nosotros, como contra el fuerte. Traia conmigo tres piecezuelas de campaña, con las cuales hice señal al Condede mi venida, y por no perder tiempo, invié alguna caballería á tomar lengua por aquella parte donde estaba el Conde Holac; y por los pantanos invié dos capitanes, uno italiano y otro español, porque mi intencion era, ya que se podia caminar por ellos, que con toda la infantería se llegase por aquella parte, lo más cerca del fuerte que se pudiese, como no fuesen sentidos, y con la caballería tocarles arma la mayor que fuese posible, y que la infantería estuviese hecha alto y que en oyendo esta arma arremetiese á las trincheas, y ganándolas, no dudaba de ganarse las plataformas y echar los enemigos fuera del burgo, que áun todavía estaban atrincheados. Considerando yo que tocando arma al cuartel del Holac, el Mauricio viniera del suyo al socorro, como despues hizo, y que entónces nuestra infantería hubiera hecho el efecto que he dicho facilísimamente, por estar el cuartel del Holac media hora de camino hasta las trincheas. Los dos capitanes fueron á reconocer el paso para guiar la infantería, y de enmedio del camino se volvieron sin reconocerle, echando la culpa el italiano al español, diciendo que no habia querido pasar adelante, y que él no queriaser más prudente ni valiente que el otro. Hicieron una gran falta al servicio del Rey, que con el favor de Dios, rompiéramos al enemigo, porque parte de su exército estaba fuera á traer victuallas, que padecia de ellas por estar léxos de sus tierras; tambien padeciamos nosotros, más por falta de dinero que de victuallas, que muchas nos venian; pero los soldados de este gobierno y los demas que habian venido con el Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza, salvo los de su tercio, dexaban sus banderas por ir á buscar de comer, y á no estar el enemigo ocupado en sus fuertes y trincheas, como lo estaba, él hiciera suerte en nosotros. Visto lo que los dos capitanes habian hecho, ó no habian hecho, nos resolvimos de acometer el cuartel del Holac, escogiendo de las naciones que allí habia mil soldados que fuesen de avanguardia, y que tras ellos fuese la demas infantería y la siguiese toda la demas caballería, con intencion de que los mil soldados acometiesen los primeros, y ganando las trincheas, la demas infantería se pusiese en escuadron dentro del cuartel, y que toda la caballería encubierta en un bosque, que estaba junto al cuartel del Holac, esperaseá la gente que viniese al socorro del cuartel, del Mauricio. Tambien se ordenó que no se tocase arma hasta que se pelease mano á mano con el enemigo; habiéndolos dado una guía para mostrarles por donde entraban y salian los carros de aquella fortificacion, no habiendo puerta ni trinchea en aquel paso. Cuando llegaron estos mil soldados al cuartel donde habia estado poco ántes el Holac, creyeron que se iban huyendo y diéronse priesa á caminar tras él; á los que llevaban la guía, con la mucha que iban y la arma que tocaron, se les escapó de las manos, que fué causa de que no se acertó lo que pretendiamos. La gente se derramó por aquellas trincheas, acometiéndolas por diversas partes, y el enemigo que estaba en ellas, por haber tocado arma tan temprano, las defendia valerosamente. Mataron luégo al capitan D. Juan de Bivanco que iba en la avanguardia, y á otro capitan aleman del regimiento del Conde de Barlaymont, que habiendo entrado dentro con algunos soldados y no siguiéndole los demas, le mataron con los que con él habian entrado. Ya era llegado el Mauricio con el socorro, y el dia aclaraba, y temiéndome de lo que sucedió, habia hecho adelantarla caballería para dar calor á la infantería, y si sucediese mal, poderla retirar más seguramente. La artillería de sus trincheas nos comenzó á hacer gran daño, y con los unos y con los otros, tuve trabajo en recoger y retirar la infantería, viendo que miéntras más se estaba allí era más perder. Al pasar del rio puse alguna infantería en las trincheas que el Holac habia dexado, por si el enemigo nos cargase. Volvimos al cuartel siempre con cuidado, porque no nos acometiese el Mauricio á la retroguardia, que toda la gente de su exército, salvo la que estaba en las trincheas, habia ya acudido allí. Debieron de morir aquel dia, de los nuestros, cien hombres de la infantería, de todas naciones, que no fué mucho segun jugaba la artillería y arcabucería del enemigo. Otro dia, por no mostrar flaqueza, me fuí á presentar con el exército junto á Covorden, enfrente del cuartel del Mauricio, llamándole con la mayor parte de las trompetas que tenía, á batalla, pero ni quiso darla, ni ménos trabar escaramuza, y yo lo deseaba por ver si le podria sacar de sus trincheas y pelear con él; visto que no queria, me volví al cuartel, habiéndome mostrado á los de Covordenpara darles ánimo. Despues de esto fuí á reconocer el paso de Scherembergh, pensando pasar por allí á la Drent y tentar por aquella parte el camino de Gruninghen, y no fué posible con llevar los caballos á mano. El teniente Mendo que iba delante se empantanó de manera que ni él ni su caballo podian salir del pantano. En este tiempo habia llegado el conde Herman á juntarse con nosotros, con la gente que habia sacado de aquel país; y su hermano, que estaba dentro del fuerte, viendo que no le podiamos socorrer, y que el enemigo le habia minado la mayor parte del baluarte que él habia cortado, se rindió con muy honrados pactos que el enemigo le concedió por hallarse apretadísimo de victuallas; y si el socorro, como vino á lo último me viniera al principio, cuando el otro, con las comodidades que en tales casos se requiere, el fuerte se socorriera sin ninguna duda, y el Mauricio y su exército estaban en gran peligro de perderse ó recebir un notable daño. Mas al fin las victorias vienen de Dios y él las da á quien es servido, pero tambien es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar tales cosas á la ventura. Cuando vino Mons dela Capela con aquel socorro, el tiempo era seco y por todas partes se podia caminar, lo que no se podia hacer en el que vino D. Alonso de Mendoza, que era de otoño, y con las aguas de él, se habia hecho dificultoso lo que ántes era fácil.Sabida la rendicion del fuerte, volví á inviar con gran diligencia al conde Herman con la gente que habia traido á Gruninghen por la Bretanga, que era el camino por donde habia venido, y yo me fuí con la demas gente al villaje de Velthusen, lugar del Conde de Benthem, y allí estuve algunos dias para ver lo que el enemigo queria hacer; donde la gente de guerra que habia venido con Mons de la Capela me pedian la paga, que les escribian de Bravante haber inviado para ellos, y decian que yo habia recibido, lo cual era falso; y los que más me apretaron con poca modestia, fueron los italianos del tercio de D. Gaston, diciéndome que su maestre de campo los habia escrito que yo tenía su dinero. De estas y semejantes caridades se me han hecho muchas en esaCórte, y sus inventores no me han sido de poco trabajo y estorbo al servicio de su Majestad, siendo causa de que los soldados pierdan el respeto, sin el cual no pueden ser bien gobernados. Habiendo el enemigo proveido y reparado el fuerte, retiró su artillería y exército hácia Svol; y yo, habiendo comido y forrajeado los contornos del cuartel adonde estaba, me fuí al villaje de Geelhusem, junto al castillo de Benthem, adonde los alemanes de los regimientos de los dos condes de Arambergh y Barlaymont se alteraron, tocaron sus caxas, y sin ninguna licencia, ni capitanes, ni oficiales, marcharon para volverse á Bravante; yo fuí tras ellos, y con todas las buenas obras y palabras que podia, les rogaba se quedasen á lo ménos miéntras el enemigo estaba todo junto y no muy léxos de nosotros, y que podria ser que él nos vendria á buscar, ó nos daria ocasion de buscarle á él; por aquella noche se quedaron donde yo los alcancé, y otro dia siguieron su camino sin poderlos detener, por más ruegos que D. Alonso y yo les haciamos, y con ellos se fueron algunos que tenian tan poca gana de quedarse como ellos. Pocos dias despues me vinieron de Coloniaquince mil escudos, los cuales se dieron á la gente de guerra que Mons de la Capela habia traido consigo, que así vino ordenado de la Córte, y no solamente mandaban que se diese de aquello la paga á los coroneles que estaban ausentes, pero una buena suma de dinero más, sin que viniese un real para los que estaban presentes sirviendo, ni ménos para sus soldados. Recibido este dinero, tambien pretendieron ellos partirse. Todavía estaba el enemigo junto, llegándose lo más cerca que podia al paso por donde esta gente habia de pasar, con intencion de que ya que los alemanes y los que fueron con ellos, por buena diligencia que habian hecho, se le habian escapado, no se le escapasen estos que quedaban. Don Alonso hizo una vez punta de partirse, adelantándose un poco con esta gente, lo cual entendido por el Mauricio, caminó á la ligera á encontrarlos; tuve yo aviso de ello, y advertí á D. Alonso que se volviese, porque corria peligro. Y como el conde Mauricio marchó á la ligera sin victuallas, y por el mal tiempo que hacia de agua, su gente padecia y murmuraba, temiendo no le perdiesen el respeto, deshizo su campo enviándolos á sus guarniciones.Entónces pudo D. Alonso seguramente hacer su viaje como le hizo, y en este tiempo vino aquí Robertin, comisario de victuallas, y ha sonado que venía con alguna comodidad para asistirnos de victuallas al socorro de Covorden, que aunque viniera seis semanas ántes, viniera tarde para ello. Retirada la gente en Bravante, los de la villa de Gruninghen, segun me informaban personas fidedignas y otras que inviaba á la Haya á saber lo que pasaba, trataban con el enemigo, sino el cuerpo todo junto del Magistrado y la burgesia, á lo ménos grande parte de unos y de otros, de que avisaba muchas veces al Magistrado y al conde Herman, que estaba en la villa; y como cada dia crecian estas nuevas, me resolví de ir allá en tiempo de una grande helada, y llevé conmigo cantidad de gente de guerra y pólvora. Los malos, como entendieron que yo sabía su trato, viéndome venir de improviso, y con gente de guerra, pusieron todo el estorbo que pudieron para que no la alojase en el burgo; mas al fin, con ayuda de algunos buenos, la recibieron, y no por eso los malos dexaban de procurar de ponerme mal con los buenos, diciendo una vez que yo me entendia conel conde Guillermo, y que me habian visto hablar con él en una escaramuza; otra que se casaba con mi hija y yo con su hermana, por ponerme mal con los católicos, y como gente vulgar acostumbrada á calumniar á sus gobernadores, no faltaba quien lo creyese. Y teniendo siempre cuenta con sus pasos, entendí que un hombre que vivia en el Coregat habia traido una carta del de Holac para Juan Tembouren, Ernesto Herens y otros sus cómplices, en que los solicitaba el proseguir la plática con la burgesia, prometiéndolos, como Conde de Alemania, que el imperio recibiria la villa en su proteccion, y que dexasen y renunciasen al Rey nuestro señor. La carta y respuesta de ella vino á manos del Magistrado, prendiéronse los hombres, y solicitando yo que hiciesen justicia de ellos, y que echasen de la tierra algunos del Magistrado y del pueblo, que públicamente decian que convenia y querian darse al enemigo, lo cual les queria probar con algunos buenos del Magistrado y del pueblo, que se lo habian oido y se lo querian mantener, el remedio que dieron á esto fué responderme que sus diputados estando en esa Córte habian oido muchascosas semejantes, y que pues allá las sufrian, que tampoco acá las querian remediar. Yo los repliqué, diciendo cosas que tocaban al servicio de su Majestad y provecho de ellos, de que me pareció no gustaban mucho; y á los tres que tenian presos, todo el mal que les hicieron fué desterrarlos de la villa, y cuatro dias despues, me solicitaban que dexase entrar al Tembouren, que era con quien muy de secreto trataban con el enemigo. Respondíles que les via hablar por él tan aficionadamente, que creia le dexarian entrar contra mi voluntad, y que hiciesen de él lo que quisiesen. Llamáronle, y el Ernesto se entró de suyo, y quexándome de ello á los burgomaestres, me negaban no estar éste dentro de la villa, y sabiendo yo lo contrario, les dixe la parte donde le hallarian, y dándole seguridad, vino á mi casa, de que los burgomaestres quedaron confusos, y en su presencia le pregunté el por qué amenazaba de matarme ó prenderme con otros muchos como él. Que esto no lo decian entre sí solamente ni por las calles, mas á la puerta de mi casa, y las mesmas amenazas hacian á los buenos y católicos de la villa, tanto que una noche, no osando dedia, vinieron á mi puerta algunos de ellos diciéndome estas palabras: Señor, vos y todos nosotros estamos aquí perdidos y vendidos, porque los herejes y mal intencionados son muchos más que nosotros, y vuestra persona particularmente está en muy gran peligro, y así estamos determinados de tomar las armas y defenderos todo cuanto pudiéremos. Yo los respondí que como se conservase la tierra, era poca pérdida la de mi persona. Pero temiendo que osando ellos poner las manos en mí, la pérdida de todo aquel país era cierta, como sucedió cuando prendieron á Mons de Billí siendo su gobernador, á la mañana invié á llamar al Magistrado, y le dí cuenta de lo que habia entendido, rogándolos y protestándolos que reprimiesen á los malos sediciosos, para que no viniesen á desmandarse del todo, y que el remedio que habia era echar del lugar algunos deslenguados de ellos, dándoles por memoria los que eran, la cual me habia dado el vicario, cura de la iglesia mayor; y con todo esto, ninguno de ellos fué echado fuera, ántes supe que secretamente los acariciaban, y de esto, en mi casa reprendí ásperamente á un burgomaestre, el cual por ser mancebono sabía disimular como los otros, y éste y su suegro, tambien burgomaestre, son los que ahora entonan más alto los psalmos con el predicante hereje. Poco ántes que esto pasase, me invió el Conde de Mansfelt, que ya su Alteza, que Dios tenga en el cielo, era muerto, los italianos del tercio de D. Gaston, los valones que están con el regimiento de Mons Stanley y algunas compañías de Mons de la Mota, y con ellos un comisario con algun dinero, que es la primera vez que me ha venido gente y dinero juntos. El conde Guillermo juntaba gente con intencion de acercarse á la villa de Gruninghen para alterarla, y por las apariencias que habia en ella, y el aviso que yo tenía de una espía que se halló presente, cuando diciendo al Conde que yo estaba dentro con gente, se dió una gran palmada en la frente tirándose la barba, por lo cual, recelándome, no dexé salir ningun soldado del burgo. Él se embarcó con su gente, y fué á dar al Dolart, y apeóse en dos esclusas que están en la señoría de Wedde, llamadas Dennigwolde y Belingvolde; y en aquel punto acertó á llegar á Wedde el conde Federico con la gente que he dicho. Y el enemigo,metiéndose en medio de las dos esclusas, en una hora se fortificó de manera que no era posible llegar á él por ser los prados pantanosos y los diques tan estrechos, que apénas podia un hombre caminar por ellos. Avisó luégo al conde Herman y á mí á Gruninghen de su venida y de lo que habia hallado, yo le escribí que alojase la gente en Winschoten, y procurase estorbar la fortificacion al enemigo, y no lo pudo hacer por las causas que he dicho. Su Excelencia mandó al conde Federico que se diese priesa á levantar la caballería que ántes le habia ordenado, y así se partió para efectuarlo, y en su lugar fué el Conde, su hermano, á gobernar aquella gente; y tambien él, pocos dias despues, fué proveido del gobierno de Gheldres, y siendo fuerza partirse á él, quedó aquella gente á cargo del caballero Carcamo, que gobernaba el tercio de D. Gaston, el cual, así con los capitanes de él, como con los del regimiento de Mons Stenley, tuvo muchas pendencias que pudiera bien excusar. La villa de Gruninghen estaba tal, y la mayor parte del comun tan levantado, que no esperaba sino la hora que lo fuese del todo, dando sobre los católicos y sobremí, y por esta causa no me osaba deshacer de toda la gente que tenía en el burgo, ni desamparar la tierra, por decirme los buenos que al punto que yo saliese, se perderian. Las indignidades que los malos de aquel pueblo han usado, por no haber querido el Magistrado remediarlo, sabe Dios, y lo que yo he sufrido por el servicio del Rey. Quexábase el Magistrado de que los socorros que inviaban, no bastaban para poder hacer la guerra ofensiva, y que la defensiva no los ayudaba más que á acabarlos de consumir. Yo los aconsejé que lo significasen en la Córte, pensando por esta via tenerlos en obediencia. Lo cual por mi parte habia escrito muy particularmente, y que era necesario acudir muchas veces á la fuente, y así se resolvieron de inviar un burgomaestre y al síndico. Su Excelencia entónces formaba exército para socorrer á Santa Gertruidembergh cuando ya era perdida, y no habiendo menester la gente, se resolvió de inviarme buena parte de ella á cargo del conde Federico, y ya el tiempo estaba tan adelante, que habia poco para hacer guerra en Frisa, pues para el verano era tarde y para el hielo muy temprano, siendo el mes de Setiembre. Lagente que habia de traer el Conde era la que habia salido rendida de Steenvick, el regimiento de D. Filipe de Robles, parte del de Mons de Fressin y otras compañías sueltas de guarniciones, dos del regimiento del Conde de Soltz y cuatro compañías lorenesas, dos valonas y dos alemanas. Y como los soldados de estas compañías entendieron que habian de ir á Frisa, habiendo ya padecido en campaña, se desmandaron y huyeron, principalmente los valones, que no quedaron la metad. La caballería era la del Conde, seis cornetas de corazas de Lorena y la compañía de Butherghe, tambien se desmandaron de estos coraceros, y se fué mucha parte de los mejores soldados. Caminó esta gente hácia el Rin, llevándola el conde Herman á su cargo, como Gobernador de aquella provincia, hasta embarcarla. De allí adelante la llevó su hermano. Por la solicitud que los diputados de Gruninghen y yo haciamos en Córte para poder hacer guerra ofensiva, invió tambien cuatro piezas de artillería proveidas muy bastantemente de todo cuanto era necesario para ellas, sólo faltó el dinero para los que las gobernaban, siendo gente que quiere ser bien tratadapara sacar servicio de ella. La provision del dinero habia de venir de otro que del general de la artillería, el cual, verdaderamente en lo que le tocó, proveyó suficientemente. Entendiendo el enemigo que me venía este socorro, quiso, no estando ocupado, inviarle tambien á su gente de Frisa, que podia hacerlo con más presteza y comodidad que nosotros, y así se resolvió de hacer un fuerte en la Bretanga, para estorbar que nuestro socorro no entrase hacia Gruninghen. Este paso de la Bretanga, que dura bien dos horas de camino, antiguamente le hicieron los villanos juntando turbas y arena, como lo significa su propio nombre; la metad es territorio de la señoría de Wedde, y la otra del país de Munster, y con trabajo los unos y los otros le entretienen para la comunicacion y trato de ambos países. En medio de este paso, habia un sitio más ancho y arenisco, adonde hizo el enemigo un fuerte, que cortando el camino, y con la cortadura hacer trinchea, cosa que se podia hacer en una hora, era dificultoso echarle de allí, por no poder de ninguna parte llegarse á él sino por el camino. No pudo Carcamo llegar á tiempo para impedirlo, ni tenía comodidadpara hacerlo, ni ménos yo para asistirle, por estar tan ocupado en Gruninghen. Antes que esto sucediese, escribí al conde Federico que acometiese el castillo de Saesfelt y la villeta de Oetmarsum, que los enemigos ocupaban, por no dexar atras cosa que nos estorbase, que lo hacian mucho aquellas dos plazas, por estar ambas á hora de camino de Oldenzel, paso forzoso nuestro para ir y venir á Bravante. El de Saesfelt se rindió luégo, y Oetmarsum esperó batería, por tener dentro dos compañías de buenos y experimentados soldados. Hecha batería, se rindieron con los pactos que ellos habian dado á los de Steenvick, quedando los oficiales presos para rescatar á algunos capitanes de Mons de la Mota, que se habian perdido en el socorro de Santa Gertruidembergh. El Conde caminó luégo con la gente, por el paso de Schonrebeck junto á Covorden, que por la Bretanga no pudo hacerlo, por haberla ocupado el enemigo, dexando la artillería que traia de Bravante, en Oldenzel. Habiendo pasado, fué hácia Gruninghen, adonde yo tenía ya junta la gente que podia, con la cual y la asistencia de la que habia venido, en un mesmo tiempo, por no perderle, hicesitiar dos plazas que fastidiaban á Gruninghen, que eran Suartezil y Sloter, yende yo á Suartezil y el capitan Cornelio Gasparino á Sloter; yo llevé dos piezas de campaña que el Conde traia consigo, sacadas de Oldenzel, pareciéndome que no siendo más de una iglesia mal fortificada se le rendiria. El fuerte donde yo fuí, no lo quiso hacer, fué menester batirle, y por ser hecho de tierra fuerte, la batería hacia poco efecto; visto esto, invié un oficial aleman á reconocer el foso, haciendo tirar continuamente la arcabucería de las trincheas, para que más seguramente hiziese lo que le habia ordenado, y tras él salió el alférez Peña con una faxina y una zapa, y poniéndola al borde del foso, se reparaba con la zapa detras de ella, y tras él fueron otros muchos haciendo lo mesmo, y visto por los de dentro dieron muestras de quererse rendir, y en este punto los nuestros salieron de las trincheas y el conde Federico con ellos, y dando asalto, arremetieron por el puente con picas y alabardas y abaxaron el que era levadizo; la subida era áspera y por la firmeza de la tierra daba poca subida el terrapleno, y los de dentro se defendian valerosamente, aunque eran pocos;peleóse mano á mano buen rato, pero habiendo muerto al Gobernador del fuerte, que era el que más resistencia hacia, los nuestros entraron sin dexar hombre á vida, y si alguno saltaba, los de fuera le mataban. Hecho esto, volví con diligencia á Sloter, que no se querian rendir, por aquella simple artillería que el capitan Cornelio tenía; y sabido que yo venía con la preparacion que llevaba, se rindieron. Yo habia ántes para mayor seguridad de Gruninghen y mia (porque de hora en hora tenía avisos de que los malos querian tomar las armas repentinamente y procurar prender ó matar á los católicos y á mí) para poder hacer exército, sacado de Winschoten al caballero Carcamo, y le puse con su gente al rededor de la villa para tenelle á la mano y estorbar que no lo hiciesen. El conde Guillermo, que estaba en el fuerte nuevo de la Bretanga, que hacia, se puso en campaña con artillería, sitió y batió el castillo de Wedden, y los de dentro se rindieron sin esperar asalto. Tambien el villaje de Winschoten, y fortificó la iglesia, adonde yo me encaminé con la artillería que habia sacado de Gruninghen, pareciéndome que los de ella, viéndonos con fuerza en campaña,no osarian intentar su mala voluntad. El conde Guillermo, dexando buena guarnicion en aquellas plazas, se volvió hacia Frisa, á juntarse con el socorro que le habia venido con el conde Filipe, su hermano. Yo proseguí mi camino hacia Wedden y rindióse la gente que estaba en la iglesia de Winschoten. Pasé á Wedden, adonde el enemigo habia puesto dos tenientes de infantería, con gran cantidad de mosqueteros y otra buena tropa de soldados escogidos de todas compañías; y segun se decia, el conde Guillermo y los Estados de Frisa habian prometido á estos dos tenientes que si defendian bien aquella plaza los harian capitanes, dexándolos municiones de boca y guerra, é instrumentos para repararse y fortificarse, que aunque fuera para una gran tierra bastaba, que proveen sus plazas de otra manera que se acude á las nuestras. Esto fué causa que los tenientes no quisieron, habiéndoles yo pedido la plaza, responder otra cosa, sino que la defenderian hasta la muerte, y cumplieron su palabra, y miéntras la artillería que quedaba atras llegaba, hice hacer con diligencia las trincheas. Venida y batida la plaza, los de dentro persistian en defenderla, y su mosqueteríatiraba sin cesar dia y noche, lo cual no podia ser sin algun daño nuestro, y recibiéronle más que las otras naciones, los italianos, que verdaderamente habian hecho su deber, en hacer sus trincheas, llegándose al foso con ellas. Y prosiguiendo la batería, habiendo quitado dos torreones, que hacian traves á la cortina, que era de tierra, los de dentro mostraban alguna flaqueza, segun se via y oia entre ellos; nuestra gente y la italiana ántes, por estar más cerca y vengar los compañeros que habian perdido allí, se arrojaron al foso á dar asalto sin órden, cosa que muchas veces sucede mal, y creo que entónces fuera así, si los de dentro se hubieran defendido tan bien como los de Suartezil, entraron con poca resistencia degollando á todos los que habia dentro. Reprendí á los que arremetieron, advirtiéndoles de los inconvenientes que suelen suceder de las cosas que se acometen sin órden. Y en este punto llegaron algunos burgomaestres de Gruninghen, los cuales vieron todo lo que he dicho.

En esto tuve avisos de Holanda, de personas de quien me fiaba, que se habia resuelto en los consistorios herejes, por mejor plantar su herejía en el estado de Cleves, riberas del Rin y aquí, que les convenia hacer enloquecer al duque Juan, Príncipe católico y bueno, y á su mariscal Terhorst, dotado de muchas virtudes, que como tal, les impedia en aquel estado sus maldades, y procurar ganar los fuertes del Rin y echarme á mí de este gobierno. Avisé de ello á su Alteza, al duque Juan y á su Mariscal, y tambien, por otra parte, al conde Cárlos de Mansfelt, que andaba con el exército de su Majestad la vueltadel Rin, para que por su parte tambien les avisase lo mesmo. Y no pasaron tres meses que sucedió, como me advirtieron, en lo de los fuertes del Rin. El remedio que se puso fué encomendarlos á un comisario de muestras, y así se perdieron luégo, habiendo costado el hacerlos y entretenerlos hasta entónces tantos millares de ducados á su Majestad; y en todo lo sucedido, se conoce bien el deseo que han tenido de echarme de este gobierno. No sé si la resolucion de estos herejes fué verdad que entre ellos se tomase ó no; mas por lo sucedido se le puede dar algun crédito. Estando en Gruninghen propuse de hacer dos fuertes para poder facilitar la entrada en Frisa, porque los de aquel país se rebelaban cada dia y no querian pagar las contribuciones, el uno en las Salinas que el de Nienoort tenía junto á Niezijl, y el otro junto al castillo de Nienoort. Hiciéronse á costa de los de Frisa, aunque estaban en el país de Gruninghen por sobrellevar á los de esta villa, y cargarlos á las gritanias frisonas vecinas, porque los demas no se podian executar. Miéntras estos fuertes se hacian, el conde Guillermo juntó su gente, y en lugar de venirme ábuscar con la comodidad de los navíos que tenía, se embarcó y fué hácia Reyden, donde habia una iglesia fortificada, y un fuertezuelo orillas de la mar, frontero de la villa de Emden, con intencion de sitiar estas dos plazas, y para quitarme el medio de poderlas socorrer, acometió primero una esclusa pequeña llamada Suasterfilk, que yo tenía reparada con un parapeto solamente para asegurar las victuallas, que secretamente venian de Emden y de Hogebonde, su país. Y entendiendo el camino que habia tomado el Conde, saqué la gente que pude de la que tenía en uno de estos fuertes que se hacian; y con la diligencia posible, fuí derecho á la esclusa, y hallé que la estaban batiendo; y habiéndome adelantado para reconocer cómo estaba el enemigo, hallé que tenía su gente de una y otra parte de la esclusa, y que habiendo menguado la mar, no se podian juntar los unos con los otros, y si la infantería que yo llevaba pudiera caminar tanto como la caballería, estaba el Conde y su artillería á peligro de perderse, y conociéndolo él, ofreció tan buenos partidos al cabo de escuadra que estaba dentro, que se rindió á mi vista. Y viendoque por aquella parte no podia hacer efecto, volví á Gruninghen á juntar más gente para procurar por diques rotos con barcas socorrer á Reyden, porque el Conde habia ya plantado artillería y no eran para sufrirla, que nunca los de Gruninghen querian que los fuertes fuesen tales que les estorbase á su intencion, y así, habiendo ya pasado parte de la gente los malos pasos que he dicho, se rindieron. No quedó por mi diligencia que fuesen socorridos, sino por la flaqueza de los fuertes, que procedia de la mala provision que siempre he tenido para hacerlos como convenia, y sacarlo del país no podia por estar á la voluntad de los de Gruninghen, que no querian gastar lo que es menester para hacer fuertes que pueden esperar artillería, y ha sido forzoso el complacerlos siempre cuanto he podido, porque, segun es su humor, ha de venir de la mano de Dios saberlos contentar; y así ningun gobernador ha querido ni podido vivir con ellos, y si yo lo he hecho, sabe Dios con cuánto trabajo y fastidio. En este tiempo sucedieron dos cosas: la una que un caballero del país de Gruninghen, llamado Clante, pidió á los Estados que le consintiesenlevantar un regimiento de la manera y condiciones que el de Nienoort habia levantado el suyo, y habiéndoselo concedido y juntado la gente hácia Emden, buscaba donde poderla mantener. Y temiendo no diese en la señoría de Wedde, fuí hácia allá con alguna gente, y el Clante marchó con su regimiento por el país donde el Duque de Alba, de buena memoria, rompió al conde Ludovico de Nassao, y fué á dar hácia Aschendorp y Rheyden, territorio de Munster, donde pensaba sacar contribucion. Y siendo avisado de esto, tomé cuantos carros pude por todos aquellos lugares, en los cuales puse toda la infantería á cargo del conde Federico, y la caballería llevábamos el conde Herman y yo con sus dos hermanos pequeños, y así caminamos con toda la diligencia posible por la Bretanga. Tuve aviso que esta gente estaba en Rheyden, y así caminamos á ella, la cual, siendo avisada de mi venida, por otro camino más corto, que el Drosarte de Wedde ni ningun villano me habian advertido, que á haberlo hecho, no se me escapaba ninguno, se retiraba apriesa, y yo la iba siguiendo tambien con la caballería, de que avisé al conde Federico, el cualquedaba atras con la infantería, que se diese priesa á caminar, y él, por hacer más diligencia, hizo subir á los soldados en los caballos de los carros, y así con ellos me fué siguiendo, y yo al enemigo, y estando ya cerca de él, hallaron en un lugar del Conde de Emden unos navíos, y embarcados en ellos, se fueron por el rio Ems abaxo, y llegando nuestra infantería, comenzó á arcabucear los navíos, y no pudiendo gobernarlos, se pegaron á la otra parte de la ribera, y saltando en tierra se fueron huyendo hácia Loeort. Vino á anochecer en aquel tiempo, que á tener dia, yo los siquiera siempre, que ya tenía dos navíos en que pasar, y pensando que hubieran de hacer noche en algun lugar, y que á la mañana tuviera tiempo de seguirlos, me alojé en Weenermoer, lugar del conde Juan de Emden, por estar la gente que traia conmigo muy cansada; mas el Conde dexó pasar al enemigo por el puente de Loeort á media noche, donde corre otro rio que se junta allí con el Ems. Y así se salvó el Clante con más miedo que daño, que fué causa de que pocos dias despues se le deshizo la gente, y él me hizo decir que si le queria recibir en servicio del Rey, que me declarariaalgunas cosas de mucha importancia. Traté esto con el magistrado de Gruninghen, y procuré que le permitiesen entrar en la villa á hablar conmigo; diósele salvo conducto, y venido, no le quise oir sino en presencia de los burgomaestres en mi casa. Y preguntándole yo qué era lo que me queria avisar, me dixo haber visto cartas de algunos de aquel magistrado para los enemigos ofreciendo la reduccion de la villa á su parte y dexar la del Rey. Y haciéndole instancia que me los nombrase, hacia grande dificultad; mas apretándole yo, nombró dos de los que estaban presentes, y constantemente juró ser verdad, obligándose á la prueba, de lo cual quedé maravillado por tener mejor opinion de ellos. Hice salir del lugar al Clante porque no fuese causa de algun desórden, y se le encargué al conde Herman para que le inviase con escolta á una casa que tiene en el país de Clart. Y avisé á su Alteza diciéndole que era necesario que me asistiese de más gente y medios, porque de otra manera todo lo de acá se perdia. Y algunos ministros que estaban cerca de su persona decian á esto que yo escribia muchas veces que Frisa se perdia, y nunca se acababa de perder. Y pidiendoalgunos españoles é italianos para mezclarlos con alemanes, se burlaban de que pidiese estas naciones para Frisa. Y así tomaban siempre los avisos de esta provincia para acudir al remedio de ella. Con todo esto, su Alteza mandó venir aquí al capitan Juan de Contreras Gamarra con su compañía de arcabuceros á caballo, y al coronel Paton con su regimiento. Y habiendo pasado el Rin el coronel Schencks, que estaba en el fuerte que habia hecho contra Nimega, fué avisado de ello, y los vino á buscar con toda la gente que tenía junta, para con ella emprender la villa, y vino á dar sobre nuestra gente al tiempo que se comenzaban á juntar para venir aquí. Halló poca resistencia en la infantería, y defendiéndose el Contreras cuanto pudo, fué herido y preso, y algunos de sus soldados con él, y escapáronse el Paton y sus capitanes. Tenía el Schencks particular enemistad con el Paton, por haber dado la villa de Gheldres en manos de Mons de Altapena, por cierta cuestion que habian tenido los dos. Llegado al fuerte con los prisioneros, se partió para hacer lo que habia pensado de Nimega. Y habiendo ya entrado en la villa bien adelante, los de ella, conasistencia de algunos soldados que estaban dentro, le echaron fuera; y queriendo saltar en uno de los navíos en que habia traido la gente, cayó en el rio armado á prueba, y se ahogó. Los de la villa le sacaron luégo, y echo cuartos, le pusieron en la muralla, y su gente salvó los navíos en que habia venido. Así acabó aquel hombre, que por un desden habia dexado el servicio del Rey y hecho tanto mal, y hubiera sido mucho más si viviera. En este tiempo estaba la infantería española tan mal pagada, que se temia no se alterase; y así procuró su Alteza dividirlos, inviando aquí el tercio de don Francisco de Bobadilla, el cual gobernaba Manuel de Vega, dándoles un tercio de paga para venir, que es cuanto se les dió en nueve ó diez meses que aquí estuvieron. Y así fuí forzado á alojar parte de las compañías en tierras donde pudiesen sustentarse, y parte en el país de Gruninghen, asistidos y ayudados por los de la villa y país; y de esta manera estuvieron todo un invierno, sin suceder otra cosa, salvo que estando una parte de este tercio en un lugar llamado Emelcamp, una legua de Covorden, se alteraron los soldados, y el capitan Prado que gobernaba aquella gente, el capitan Juanchode Ugarte y otros capitanes, salieron al ruido, y tomando algunos de los que se iban juntando, los hicieron dar garrote, con que se apaciguaron. Su intencion era de juntarse todos é ir adonde estaba mi compañía de lanzas y apearla, y con los caballos hacer otra de ellos, y así volverse á Brabante á pedir su dinero. El conde Guillermo, temiendo ser acometido al verano con estos españoles y la gente de mi cargo, procuró socorro de más gente, y le vino con el Conde de Chesteyn con caballería é infantería, y así se puso en campaña y yo hice lo mesmo, y para darle ocasion de venir á buscarme y salir del villaje de Colmer, adonde se habia fortificado, acometí un fuerte suyo llamado Emeltil, batíle con dos piezas que saqué de Gruninghen, y ganado, de allí fuí al fuerte de Lopeslague, que yo habia hecho el año ántes, pensando acometer el de Niezijl del enemigo y procurar sacarle en campaña, que estaba cerca de allí en el villaje de Colmer, que acometerle en él era imposible, por estar en sitio fuerte y bien reparado; y así me alojé con la gente junto al fuerte que yo habia hecho, entre el dique y un brazo de mar que venía á él, sobre el cual brazoentendí en hacer un dique para que las victuallas y lo demas necesario pudiese venir de Gruninghen con más facilidad, y los de ella ayudaron con madera y gente, porque con él ganaban una buena cantidad de tierra; y haciendo un dique desde el fuerte hasta el otro dique de Gruninghen, excusaban el entretener una legua de diques, de que les procedia grandísimo provecho, y á nosotros gran comodidad; y con la gente del Maestre de Campo Manuel de Vega (que en aquel puesto le habia venido la patente) y con la mia, se trabajó de manera que cerramos el brazo de mar, y se hizo el camino hasta el otro dique, siendo muchos de opinion que no lo pudiéramos acabar. Estando alojados de esta manera el enemigo y yo, siempre nos haciamos emboscadas los unos á los otros, escaramuzando con los de su campo ó con los del fuerte, que el enemigo habia bien proveido de gente y lo demas necesario para la defensa de él, no pudiendo yo salir con mi intento por más que lo procuré. Sucedió que estando en aquel puesto hubo gran tormenta en la mar, con aguas vivas y viento nordeste; invié á llamar á Durán, ayudante del sargento mayor, y le dixe queera necesario salir de aquel puesto luégo, porque la mar creceria de manera que los echaria de allí con daño. Respondióme que ya estaba la gente bien acomodada, y en efecto lo estaba, y que hácia el enemigo no habia puesto seguro donde nos pudiésemos poner, y que recular atras sería darle á entender que nos huiamos. Dexélo así, queriendo más estar al peligro que recular, y con la tormenta creció la mar de manera que sucedió lo que yo habia dicho, y con gran trabajo y peligro se salvó la gente, pero no todo el bagaje, y algunos que se tardaron perecieron, pasando el dique nuevamente hecho, que por estar imperfecto, la agua le sobrepujaba. Alojé la gente en la abadía de Grotawert, y de allí la saqué á lo seco y alojarla adonde podia. A los españoles torné á inviar á sus presidios, porque en este tiempo los enemigos habian dado á entender á los de la villa de Gruninghen que su Alteza me habia ordenado que metiese dentro de ella este tercio de españoles, y así no dexaban entrar dentro á ninguno, sino con grande dificultad, y dexando las armas á la puerta. Con semejantes artificios y mentiras se ha perdido aquella tierra, teniendo sospecha de que yo mequeria amparar della, lo cual los enemigos y los malos de dentro procuraban estorbar por todas las vias posibles, y como buenos y malos estaban tan resueltos de no tener guarnicion, era tanto más dañosa la desconfianza que tenian de mí. Conociendo esto, supliqué muchas veces á su Alteza, y algunas á su Majestad, que se sirviese de mí en otra parte. Estando en este sitio vino órden al conde Herman de levantar un regimiento de infantería alemana, dándole por plaza de muestra esta señoría de Linghen, diciéndole que hallaria allí el dinero para este efecto. Partió con su hermano Federico, y no hallando el dinero como se le habia prometido, por lo que tocaba á su reputacion, habiendo ya divulgado en Alemania la merced que su Alteza le habia hecho, resolvió de dar una escalada á la villeta de Cloppenburg con ayuda de algunos soldados de esta guarnicion; sucedióle bien, y los de Munster le dieron cierta suma de dinero porque saliese de allí y levantase su regimiento en otra parte. Recibiólo porque ya le comenzaban á faltar victuallas, y los de los contornos no se las podian proveer. Yo le dí esta villeta, en la cual sin daño della ni costa del país hizosu regimiento, y teniéndole ya cumplido el dinero, los comisarios no le venian á pasar muestra, y faltábale ya el que para entretener la gente los de Munster le habian dado; y si yo no acudiera con diligencia á hacérsela pasar con algun dinero del Rey que tenía, sin ninguna duda de este regimiento sucediera lo que de los dos hermanos Francisco y Mauricio, duques de Saxa, que despues de haber arruinado este país y vecinos, se deshicieron por no haber acudido á tiempo á pasarles muestra. El Conde levantó este regimiento y le puso en servicio en muy pocos dias, con la diligencia y valor que siempre ha servido á su Majestad, y ahora le tiene su hermano. Tambien en este tiempo sucedió que Cristóbal Lechuga, sargento mayor del tercio de Manuel de Vega, llevándose mal con su maestre de campo, sin que él lo entendiese, un hermano y un pariente suyo, que servian en el tercio, hicieron una mina á la barraca del Maestre de Campo para volarle; pegaron fuego á la pólvora, la cual en lugar de hacer efecto contra él, le hizo contra los que la habian hecho, quemando al pariente, que no pudo retirarse, y el hermano se escondió y salvó; hallandomuchos que le escondieron, alabando su hecho, y más si sucediera bien, por ser el Maestre de Campo malquisto en su tercio. Y esto ha sido causa de haberle su Majestad proveido en otro, pidiéndolo los soldados cuando se amotinaron, y su Alteza se lo concedió. Cosa de mala consecuencia para el servicio del Rey. El Sargento mayor probó su inocencia y salió libre de ello. Padeciendo este tercio por no tener ya más medio para entretenerle, solicitaban en esa Córte con el Conde de Mansfelt, que gobernaba estos Estados en ausencia de su Alteza, que habia ido á Francia, el Maestre de Campo y los capitanes de salir de aquí y volverse á Bravante; y para este efecto inviaron uno de los capitanes del tercio. Concedióselo su Excelencia, y á mí me mandó que fuese con este tercio á ganar un castillo fuerte que los enemigos habian tomado en el país de Reklinchausen, territorio del arzobispado de Colonia, y que de allí le viniese á hablar á Brusélas. Caminé derecho donde se me mandaba, y los del castillo, sabiendo que yo marchaba, se concertaron con los del Elector, y llegado yo delante, sabiendo el concierto y no hallando allí ninguno del Elector que mediese asistencia ni victuallas, pasé derecho á Bravante por el Rin entre Duyseldorp y Keysersuverdt y me adelanté á Brusélas, adonde hallé á Mons de Linden, gobernador de Charlamont, que se habia ido á quexar á su Excelencia de no haber yo querido ir contra el castillo que he dicho. Yo respondí haberlo hecho, dando cuenta de lo sucedido. Advertí tambien á su Excelencia en consejo, del estado en que dexaba mi gobierno, principalmente la villa de Gruninghen, en la cual habia muchos que tenian inteligencia con el enemigo, y entre ellos algunos del Magistrado, recibiendo cartas y avisos, como he dicho, de lo cual quexándome yo al Magistrado, ofreciéndome de probarlo con algunos de él y hombres de la villa, que eran buenos y fieles, y esto diversas veces, y nunca lo han querido remediar. Antes el síndico me respondió una vez, queriéndolos apretar sobre esto, que estando él en Bravante habia visto y oido cosas peores, que no se remediaban, ni tampoco ellos lo querian hacer. Avisé, como he dicho, á su Excelencia diversas veces de la poca seguridad que habia en aquella tierra, de lo cual fueron los burgomaestres avisados no sé por qué via.Estando en córte procurando con el Conde de Mansfelt remedio para estas cosas, volvió su Alteza de Francia, á quien, como á su Excelencia, dí cuenta de todo lo que pasaba en mi gobierno y de la necesidad que tenía de remedio. Habiéndole particularmente avisado de que por las villas de Deventer y Zutphen podria su Alteza hacer grandes progresos entrando por el país de Utrecht en Holanda, lo cual los enemigos sentirian en extremo; y que el pueblo de aquellas provincias, acordándose de los daños que habian recibido en tiempo pasado, se reducirian á su Majestad ántes que pasar otra vez por ellos, y que ya que su Alteza no quisiese hacer esta entrada y efecto, por lo ménos proveyese estos dos lugares de manera que se pudiesen sustentar teniendo el socorro aparejado con tiempo, que pues los holandeses habian tomado el manejo de la guerra, no dudaba que estas dos plazas importantes, y no fuertes, serian las primeras acometidas por lo que les importaban. Prometióme de dar órden y toda asistencia, como adelante diré, avisándole asimesmo por cosa cierta que el enemigo se preparaba con todas sus fuerzas para acometerlas, suplicándole quediese presto remedio; donde no, que el enemigo sin duda haria su efecto por la poca comodidad que habia de hacer resistencia sin su ayuda. Algunos que estuvieron presentes dixeron despues que yo me quexaba siempre de que la Frisa se perdia por falta de asistencia, y que nunca se acababa de perder, como otras veces habian dicho. Supliquéle que miéntras se preparaba el socorro me diese licencia por ocho dias para llegarme á Luxemburg á algunos negocios mios; diómela con promesa de que allí se me inviaria todo el despacho que le pedia muy á mi contento, y al cabo el despacho fué mandarme volver á mi gobierno sin dineros ni gente más de lo que habia traido cuando salí dél. Volví á avisarle que le aseguraba de la pérdida del país si no se proveia como le habia significado, y al Conde de Mansfelt lo mesmo. Volvió á mandarme que me partiese á la hora para mi gobierno, porque tenía el mesmo aviso que yo le habia dado. Y así, por obedecer y no perder tiempo en réplicas, me partí habiendo protestado de que mi venida sin dineros ni gente haria más daño que provecho, habiéndose confiado la soldadesca y pueblo de que yo no volveria sinlo necesario para la defensa del país y sustento de la gente. Al fin me vine casi desesperado, solo con mis criados y alguna poca escolta que tomé en Gheldres, hasta el Rin, y le pasé al fuerte de Rees, y metíme en Anholt inviando para mi escolta por gente de mi gobierno, y venida, me fuí á Zutphen. Estando yo allí invió su Alteza al que gobernaba aquella tierra, y al conde Herman, que gobernaba á Deventer, dineros para comprar victuallas por estar aquellas dos tierras desproveidas de ellas. Preguntando en Zutphen al Gobernador la provision que tenía de pólvora, me respondió que la tenía buena, porque habia hallado en la casa donde aloxaba el coronel Tassis una buena cantidad, la cual habia puesto con la demas que habia en la municion. Ordenéle que con toda diligencia se proveyese de faxina y de cestones, y que trabajase de la puerta del Pescado hasta la del Rio, que era por donde el enemigo le podia hacer daño, y sin que él me la pidiese le puse dentro una compañía de infantería más, y hecho esto, me partí para Deventer. En estas dos tierras hubo mucho descontento entre los soldados de verme volver sin dinero ni gente, y yo los consolabacon la promesa de su Alteza. Y habiendo proveido en Deventer, me partí á dar una vuelta á Gruninghen, que es donde más me temia por las causas que he dicho. El enemigo, entre tanto, formó su exército bien sustancial, y no obstante los avisos que yo habia dado á su Alteza desde Gheldres, como el capitan Nicoló Basta, gobernador de ella, puede certificar, y desde Zutphen y Deventer, como el conde Herman y Loqueman pueden decir, que convenia que su Alteza juntase luégo su gente para socorrerme, y no lo hizo hasta que la villa fué sitiada. Habiendo el enemigo tomado ántes el fuerte de la otra parte del rio, que tanta sangre habia costado el sustentarle, inviando soldados mancebos en hábito de mujeres, los cuales, con las armas que llevaban escondidas debaxo de las faldas, le ganaron. Plantó treinta y tres piezas de artillería, y con cada una tiró tres tiros, con los cuales el Gobernador le rindió la tierra. Quexándome yo de él poco despues á su Alteza, que era ya llegado con alguna gente junto al Rin, á una abadía llamada Mariembon, é yendo á visitar el fuerte de Rees, que gobernaba Mons de Rinavel, dixo su Altezaque sabía que Loqueman estaba en Rees, y que habia estado aquel dia en aquel fuerte, que le avisasen que se guardase de parecer delante de él, y que procurase ganar amigos, lo cual habia hecho ántes á mucha costa de los soldados de su regimiento, cobrando el remate de su descuento. Despues de la muerte de su Alteza este gentil-hombre, procurando descargarse ante el Conde de Mansfelt, fué dado por libre sin saber yo el descargo que habia dado. Él, con la gente que salió de aquella tierra, se fué á Deventer, y el conde Herman tomó de ella la que la pareció que le podia ayudar y asistir, inviándome la demas. El enemigo marchó á sitiar á Deventer, plantó su artillería, y batióle terriblemente por la parte que no habia terrapleno; confiándose en el rio de Isel y en un arroyo que hacia foso por toda aquella parte. El Conde se puso á la defensa, donde con un ladrillo de los que volaban de la batería fué herido en el rostro, de que perdió un ojo y á grande peligro de perder el otro. Para dar el asalto hizo venir el enemigo un puente sobre barcas el rio abaxo, y le puso á la punta del arroyo; y aunque nuestra arcabucería mató muchos de los marinerosque le guiaban, todavía le pusieron por donde quisieron dar asalto; y pasando á la batería alguna gente, pusieron en ella una bandera, que los nuestros hicieron retirar della fácilmente por no ser asistidos de los demas que estaban ordenados para dar el asalto, hallando dificultad al entrar en el puente, porque de una parte y de otra los bordes eran hechos de tablas, más altos que el puente, y con más seguridad y ménos daño podia estar nuestra gente peleando mano á mano con el enemigo en aquel puesto, que no estar en él sujeta á la furiosa batería que despues de retirada su gente de ella hizo. Herido el Conde y otros capitanes y soldados, comenzaron, contra la voluntad del Conde, á tratar con el enemigo, á quien rindieron la villa no teniendo nueva de ser socorridos.Perdidas estas dos plazas, verdaderas puertas de Holanda y país de Utrecht, por donde se habia de acabar la guerra, ó por lo ménos constreñir al rebelde á reconocer á su Rey y señor natural reconciliándose, dió ánimo al enemigo de proseguir adelantecontra esta provincia, en que tanto habia trabajado, y tanta gente habia perdido por señorearse de ella, y así procuró pasar adelante; y á requisicion de los mal intencionados de Gruninghen y solicitud del conde Guillermo de Nassao, que ahora es su gobernador, se determinó de irla á sitiar. El conde Federico y yo estábamos en el fuerte de Covorden á la mira, por ver la punta que hacia, y él, por saber que los dos estábamos en aquel fuerte, procuró cerrar la villa ántes que pudiésemos entrar en ella, y con gente suelta caminó dia y noche para este efecto, mas no lo pudo hacer tan secretamente que con tiempo no fuese yo avisado por las espías que tenía en su campo. Resolvíme tambien de partir para allá, caminando toda la noche, y ordené que alguna infantería que tenía en Covorden, pensando que el enemigo la acometeria, me fuese siguiendo. Entramos dentro el Conde y yo con la gente, á tiempo que ya la avanguardia del enemigo se venía acercando á la tierra, y los mal intencionados de ella, viéndola tan vecina, se comenzaron á alterar (que segun los enemigos decian, habian prometido de hacerlo á su llegada), y de otra parte, el Magistrado no solamenteno queria recibir en la villa la gente de guerra que yo habia traido, pero ni áun en el burgo. En este tiempo me llegó cierta cantidad de soldados que habia inviado á sacar de algunos fuertezuelos de poca importancia, y estando con alguna pena de ver el refuso que me hacian de recoger la ente en el burgo, y la alteracion de los malos, por no mostrar flaqueza ordené al conde Federico que con la gente que estaba ya recogida y algunos caballos trabase la escaramuza y tuviese los enemigos lo más léxos de la villa que pudiese, sin desarrimarse mucho del foso y muralla della; y miéntras él peleaba fuera, yo negociaba dentro, de manera que echando fuera alguna cantidad de malos, me abrieron el burgo, y así hice retirar al Conde dentro con la gente, porque no se arrepintiesen. La del enemigo padecia, por haber dexado bagaje y victuallas atras, principalmente los ingleses y escoceses, que viniendo á coger lechugas para comer, se llegaban tanto, que desde las murallas mataban los burgeses muchos de ellos. Llegado todo el exército, se metieron en escuadron algo léxos de la villa, pero con todo eso, con un cañon, dos ó tres medios y una culebrina que haciatirar, recibian tanto daño que luégo se alexaron, cubriéndose de la artillería lo más que pudieron, pero no tanto, que por el daño que se les hacia, el conde Mauricio reculó sus tiendas y parte del exército, y viendo que los malos que eran de su parte no habian salido con su intencion ni cumplido lo que habian prometido, se estuvo quedo en aquel puesto sin hacer mas trinchea ninguna. Yo imaginaba que lo hacia por esperar la artillería y pertrechos que por la mar venian, como fué así, pues dentro de tres dias comenzaron á parecer gran cantidad de velas, en las cuales, segun los avisos que yo tenía, venian sesenta piezas de batir y las municiones y pertrechos necesarios para un largo y gran sitio. Despaché luégo á su Alteza avisándole de lo que pasaba, el cual invió al teniente de caballos de Mons de Assicourt á reconocer, dando siempre esperanzas de querer dar socorro. Y considerando yo que por estar los españoles amotinados en Diest, y otras incomodidades que su Alteza podia tener, no era posible haber tanta gente que pudiese contrastar con el enemigo, escribí que si su Alteza no tenía doce mil infantes, y por lo ménos dos mil caballos,que no pasase el Rin, porque ménos daño era que yo me perdiese, que no que su Alteza se metiese en este peligro. Estando en la muralla de la villa haciendo tirar la artillería á los escuadrones que se mostraban, mandé que la arcabucería cesase y que no tirase sino de cuando en cuando algun arcabuzazo, lo cual fué causa que los jardines vecinos se hinchiesen de soldados enemigos, que era lo que yo pretendia. Viendo esto, hice juntar una cantidad de soldados que estaban en el burgo, que dentro nunca los dexaron entrar en la villa con saltapantanos ni con espadas, sino solamente con dagas; y á Mendo, con cuarenta soldados de mi compañía que habian venido conmigo y estaban en el burgo, que por hacerme gracia los dexaron entrar. Hice abrir la puerta, y ordené á Mendo que con los caballos cerrase con el primero cuerpo de guardia que tenía el enemigo, y que con la asistencia de aquella infantería, que llevaban saltapantanos, fuese cogiendo y matando á los que andaban en los jardines; y él lo efectuó puntualmente, y trayendo algunos presos, los burgeses se los querian matar, y queriéndolos defender los soldados, les dixe quedexasen hacer á los burgeses por tanto más empeñarlos. Dió este pequeño efecto tanto ánimo á los burgeses, que ya tenian al enemigo en poco; no obstante que si él acometiera la villa por dos partes, como era su intencion, con batería formada, nos pusiera en trabajo, aunque no dudo que tuviera su parte dél ántes de ganarla. Mas pareciéndole que no saldría con la empresa fácilmente, se resolvió de ir á tomar los fuertes que estaban en el territorio de Gruninghen, y el principal era Delfezijl, sobre el rio Ems, de más importancia que todos, en el cual habian puesto los de la villa una compañía, de las dos que ellos tenian á su cargo; y ofreciéndolos yo soldados de su Majestad para meter dentro, jamas los quisieron, pretendiendo ser cosa suya, temerosos de que metiendo yo gente en él, no se le volveria despues. Esta plaza está sobre uno de los dos canales que de la mar vienen á la villa, y cuando el Conde de Rhimbergh la ganó, le usurparon ellos, del cual han pretendido siempre ser propietarios, suplicando á su Majestad les hiciese merced dél dándoles la alta justicia; y sobre esto escribió su Majestad que le informasen de ello; yo lo resistí todocuanto pude, porque era hacer grande agravio á un caballero llamado Ripperdá, cuyo era el lugar donde estaba el fuerte, y él residia en Alemania; y si bien no servia al Rey, ménos al enemigo. El estorbo que yo les hice en esta tan injusta demanda, con otras ocasiones que adelante diré, fueron causa del ódio que despues han tomado conmigo, y de que yo muchas veces con tanta eficacia haya pedido á su Majestad me hiciese merced de sacarme de este gobierno, porque, como he dicho, así me parecia convenir á su real servicio, pues yo no podia forzar á esta gente á que se le hiciesen como debian. Al fin, el enemigo fué sobre el fuerte, y las compañías que estaban dentro se le rindieron, sin esperar batería. En este tiempo su Alteza invió á Mons de Huerpen, que ahora es gobernador de Maestricht, para que se informase de mí, del estado en que estaban las cosas de este gobierno y las del campo enemigo. Oyó la batería que hacia en los fuertes, é informado de lo que habia en la tierra, se volvió. Su Alteza viendo al enemigo ocupado por estas partes, se resolvió de ir á sitiar el fuerte de Nimega á grande instancia que los de aquella villa le hacianpara ello. El enemigo, habiendo tomado los fuertes que he dicho, se volvió con su exército hacia Gheldres. Su Alteza me invió á mandar que le fuese á hablar, y fuimos el conde Herman y yo, y llegamos á Nimega el mesmo dia que su Alteza se retiraba del fuerte, por tener órden de su Majestad de ir á Francia. Mandó que el conde Herman se volviese á este gobierno con los burgomaestres y síndicos de Gruninghen, que estaban allí proveyendo de algun dinero para el sustento de la gente de guerra, y á mí, que tomase el exército á mi cargo, lo cual no quise rehusar por las causas que he dicho. Y ántes de su partida se trató de la recuperacion de Zutphen y de asegurar la villa de Nimega, que á mi parecer, segun le propuse, se podia hacer, ya que no queria dexar guarnicion dentro, pues podia; que atrincheando hacia la puerta que va á Mozza, en aquel alto se podian poner dos ó tres mil hombres, ofreciéndome de quedar con ellos. Parecióle bien esto, pero tratándolo con otros se mudó, y sin dar otra órden, no obstante que los buenos de aquella villa andaban dando voces por las calles diciendo que quedaban perdidos y vendidos,se partió para Francia, y á mí me invió al exército, dexándome ordenado que deshiciese la fortificacion que Camilo Archini habia hecho en Midelver, y el fuerte que Mons de Rinavelt guardaba enfrente de la villa de Rees, necesarísimo para el paso en Frisa. Maravillábame yo de que estando la villa de Nimega en tanto peligro mandase romper estos fuertes, que en parte la tenian sujeta, y así no obedecí al primero mandato, ni ménos al segundo, pero con el tercero y el cuarto fué fuerza hacerlo. Y así no hubo su Alteza partido, cuando los de aquella villa comenzaron á tratar con el enemigo, y él á marchar con alguna gente hacia ella el rio arriba. Entendiendo esto, me partí para allá con alguna caballería é infantería. La gente del enemigo hizo alto hácia Til, y yo en Mozza, y aquí me resolví de ir con alguna parte de mi gente á la villa, y contra la opinion de Nicoló Basta y de otros capitanes que iban conmigo, entré dentro con dos compañías de caballos, dexando los demas fuera; hice convocar al Magistrado en casa de Mons de Guilein, gobernador de la tierra, proponiéndoles que, si la querian asegurar, recibiesen más gente deguerra dentro, que allí la tenía para dársela tal como ellos la quisiesen, lo cual les ofrecí tres veces y todas me lo negaron. Y así, vista su resolucion, me volví á salir y fuí á Midelvert, adonde junté gran cantidad de villanos de alrededor para desmantelarle, como su Alteza me habia mandado, y á Mons de Rinavelt avisé que hiciese lo mesmo del de Rees, llevando la artillería y municiones el rio arriba, á Rhymbergh, donde hoy está. Yo andaba con el exército buscando de comer donde lo podia hallar, por padecer necesidad así la caballería como la infantería, que con esta comodidad me han dado siempre los cargos, y estando entre Mastricht y Riuermunde, tuve aviso que el conde Mauricio marchaba con su exército hacia Nimega. Y por hacer lo que pudiese y que no se me diese culpa, escogí de todo el exército de dos á tres mil hombres sueltos, y aunque los dos regimientos de alemanes, de los condes de Barlaymont y Arembergh, andaban descontentos dias habia, jurando de no tornar á pasar la Mosa hacia Bravante sin ser pagados, todavía con promesa que les hice de que los volveria al mesmo puesto, la pasaron á Venló, por donde caminépor más seguridad mia, que tomando el camino de Mozza iba en gran peligro de perderme, por estar ya el conde Mauricio al rededor de la villa de Nimega. Consideré que ya que aquella villa se hubiese perdido, ó no me quisiesen admitir dentro con la gente que llevaba, por lo ménos aseguraria la de Grave, que es de tanta importancia, y estaba tambien en peligro por estar ausente Mateo de Castelo, gobernador de ella, y haber poca guarnicion dentro; y así me fuí allá, avisando por todas las vias posibles al Gobernador de Nimega que yo estaba allí para meterme con él, y que con la gente de guerra que tenía tomase una puerta, y que avisándome haberlo hecho, á la hora yo caminaria con la gente rio arriba, por ser camino secreto y cubierto. Mas los de la villa, como superiores de la gente del Rey que estaba dentro se apoderaron de las puertas, y dixeron al Gobernador que ni él ni ningun soldado del Rey se llegase á ellas, porque le harian pedazos; y en esto iban tratando con el enemigo. Como supe lo que pasaba, tuve la villa por perdida, y así me resolví de asegurar la de Grave; y habiendo tenido aviso de la gente de guerra que estaba dentro,de que los burgeses no andaban bien, y que eran superiores de ellos, hice caminar á la infantetía que habia traido conmigo hacia allá, y adelantándome un poco, hice venir los burgomaestres á la puerta, á los cuales propuse que valdría mas meter aquella infantería dentro, que no que anduviese por aquella campaña haciendo daño, prometiéndolos de entretenerla sin daño de la tierra. Respondiéronme que lo tratarian con sus burgeses, pero que temian que no lo podrian alcanzar, por haberles prometido otros lo mesmo y no cumplido. Entraron dentro y volvieron con resolucion de que en ninguna manera los burgeses querian que entrasen, y que si yo lo intentaba se alterarian y tomarian las armas. Y estando ya asegurado de los soldados que estaban de guardia á la puerta, hice que detuviesen fuera á los burgomaestres; púseme delante de los soldados, y ordené que sin tocar atambor me siguiesen todos, y así entré dentro sin estorbo ninguno hasta el castillo, donde puse los alemanes, y las demas naciones, como italianos, irlandeses y valones, repartí en los hospitales, cuerpos de guardia y en algunas casas vacías, sin permitir que soldado entrasedonde hubiese burges. Ayudóme á dar á esta gente victuallas de pan, queso y cerveza un comisario de victuallas llamado Romade Robertin, en lo cual se empleó como bueno y fiel servidor que es de su Majestad. Supe despues de algunos enemigos que he tenido en prision, hombres que podian saber el secreto de su exército, que si yo no entrára, la villa estaba ya concertada con el enemigo; á lo ménos puedo asegurar que si no era así, estaba en este peligro. Pocos dias despues llegó de la otra parte del rio Mons de Guilein, con toda la gente de guerra que estaba en Nimega, la cual se habia rendido al enemigo sin su voluntad, de que el pobre caballero, como muy fiel á su Majestad, venía con tanta angustia y pena, que temí muriera allí, de que le dió una enfermedad que le duró muchos meses. Al fin los inconvenientes vienen las más veces por negligencia y descuido de otros, y los semejantes lo vienen á lastar y padecer. Alojé aquella gente tambien dentro, por no perderla fuera, dándola la misma comodidad que á la demas, y pocos dias despues llegó Mateo de Castelo, que venía de Tornay, donde tenía su mujer. Habiendo el condeMauricio dado órden en la villa de Nimega, se retiró; y queriendo yo hacer lo mesmo, dixe al Gobernador que pidiese la gente de guerra de que tenía necesidad, que yo se la dexaria, y que me espantaba de que habiendo tanta artillería dentro de la tierra, tenía tan poca pólvora; y era tal, que me habia sido fuerza refinarla á mi costa miéntras estuve allí; advirtiéndole de los medios por donde se podia proveer de ella suficientemente. Dexéle algunas compañías de italianos, que me pidió y nombró, y volvíme adonde habia dexado el exército. Y su Alteza, para el viaje de Francia, que áun no era partido, invió por la mayor parte de la gente de él, y la llevó el Maestre de Campo D. Gaston Espinola, si bien los dos regimientos de alemanes altos se alteraron del todo, y se alojaron á su gusto entre Mastricht y Liexa. Y en esta sazon mandó su Alteza al duque Mauricio de Saxa levantar un regimiento de infantería alemana en esta provincia de Linghen, y él juntó la gente suficientemente; destruyó el país, y los de él llevaron el regimiento hacia Colonia, haciendo mucho mal por donde pasaba, y así se deshizo de sí mesmo. El Duque, los capitanes yreliquias de él, sabiendo que yo estaba en Mastricht, me fueron á hablar, y en virtud de una carta que su Alteza habia escrito al Duque, me pidieron alojamiento y entretenimiento. Respondíle que su Alteza entendia que habiendo pasado muestra se juntase con el exército que yo gobernaba, y que él no la habia pasado, que el exército era ido á Bravante, y así yo no podia cumplir lo que me pedia; que haria bien en ir á hablar á su Alteza, pues yo no podia mandar en aquel país, y así lo hizo. Sabe Dios las causas por que este regimiento se deshizo y no pasó muestra, y lo mesmo el del duque Francisco, su hermano, que asimesmo se levantó en este país, y en él tambien se deshizo, siendo ambos muy necesarios para el servicio de su Majestad. En el tiempo que se levantaron se perdió el dinero del Rey, destruyóse el país, perdióse el teniente coronel Teseling, y no hicieron otro efecto. Partido su Alteza para Francia, escribí al Conde de Mansfelt, que en su lugar gobernaba, suplicándole que fuese servido de proveerme algun dinero para la gente de guerra de mi gobierno, porque me queria volver á él. Mandóme venir por el dinero á Brusélas, y asífuí, donde estuve algunos meses solicitándolo sin poderlo alcanzar. En este tiempo sucedió la muerte del Duque de Cleves, y siendo necesario inviar de parte de su Majestad á su enterramiento, y á poner una persona en el gobierno de Gheldres, aunque para ambas cosas yo era poco suficiente, me mandó su Excelencia que lo hiciese, sin darme ninguna comodidad para mi gobierno, ni áun para el ajeno, y la que me dió para mi viaje apénas bastaba para pagar la escolta de Brusélas á Namur, que entónces este camino estaba muy peligroso. Tambien me ordenó que acabado aquel servicio me volviese á la villa de Mastricht, que por ser de tanta importancia convenia que una persona de recaudo estuviese en ella, por haber llevado su Alteza consigo á Francia al Gobernador. Pasando por esta villa para el viaje que he dicho, avisé al capitan Limburg, que la gobernaba, que estuviese con cuidado, porque sabía que el enemigo queria dar una escalada á aquella tierra, ordenándole que en sabiendo que el enemigo estaba en campaña, estuviese él con toda la gente de guerra á las murallas todas las noches, y que de dia doblase las guardias á las puertas.El conde Mauricio vino y dió la escalada, y fué ventura no ganarla. El capitan, descuidado demasiado, por más que fué avisado del Gobernador de Wert que el enemigo marchaba, y por no haber dado parte al magistrado de este aviso, vino en ódio de aquel pueblo, el cual, á mi vuelta allí, me solicitaba mucho que le castigase por algunos indicios que tenian de no ser fiel, á mi parecer no bastantes para quitar la vida y la honra á un soldado que, desde el principio de esta guerra, habia yo visto servir á su Majestad bien y fielmente. Poco despues de esto vino de Francia el Gobernador, y yo me volví á Gheldres. Los de la villa de Mastricht procedieron contra el Limburg para echarle de ella, y así vino aquí con el regimiento del Príncipe de Simay y sirvió como muy honrado soldado hasta la muerte. Con todo esto, fuí caminando dia y noche por ser el tiempo corto, y con gran peligro llegué á tiempo. Hice lo que se me mandó, asistiendo al entierro y exequias del Duque, de que puntualmente advertí á su Excelencia, y embarcándome el rio abaxo, me fuí al país de Gheldres, adonde gasté mucho más de lo que tenía.Venida la primavera, el enemigo formaba su exército, y avisé de ello, y de que sin ninguna duda daria sobre mi gobierno; y con todos los avisos que dí y la solicitud grande que hice, jamas pude alcanzar asistencia con efecto, sino en promesas. Ya era vuelto su Alteza de Francia, y mandándome volver de Gheldres á mi gobierno, lo hice luégo con la mesma ayuda y provision que ántes me habia dado. Y no hube llegado, cuando entendiendo que el enemigo queria acometer la villa de Steenvick ó Covorden, donde me puse por estar en medio de todo el gobierno, aunque no estaba tan bien proveida como la de Steenvick, que tenía á cargo el teniente coronel de Mons de la Mota con más de mil soldados, la flor de la gente de guerra que el Rey tenía en esta provincia; y él, por su valor y prudencia suficiente para aquello y para mucho más, y con su diligencia y ayuda de los vecinos y soldados de dentro, la habia reparado lo mejor que se pudo; que fortificarla como era menester no se podia hacer por causa del sitio,en mucho tiempo. Acertó á estar en aquella villa Mons de Guaterdich, gobernador de Santa Gertruidemberg, que habia venido allí para cierta empresa que el Rey nuestro señor mandó que se hiciese por Pedro Rans, criado suyo; y aunque se conoció ser engaño y trato doble, este caballero, por tener valor y deseo de servir á su Majestad, sabiendo que el campo enemigo marchaba hácia allí, se quedó dentro queriendo hallarse en aquel sitio. Llegó el enemigo con exército y aparato real, y cuando yo supe que caminaba, importunaba con grande diligencia á su Alteza, que estaba en Aspá tomando la agua, y al Conde á Brusélas, por el socorro; y viendo que se tardaba, procuré, con la poca gente que tenía, aumentar la guarnicion de la tierra, é invié al capitan Sante con alguna gente y el dinero con que me hallaba; el cual hizo tan buena diligencia, y se gobernó de manera que por mucho cuidado que el enemigo tenía y más hacia para estorbar el socorro, entró dentro sin ninguna pérdida.El enemigo, despues de haber hecho sus trincheas, las cuales no pudo hacer sin que las salidas que hizo Mons de la Cocquela lehiciesen daño, hasta tomarle banderas que tenía en ellas, y plantó su artillería en dos partes, en cada una puso treinta piezas, y otras dos en otra parte, que batian un molino que se habia hecho para meter agua en el foso. Comenzó su batería desde las cinco de la mañana hasta las de la tarde, la más terrible que se ha visto en esta guerra; y pareciéndole que habia hecho batería para dar asalto, puso todo su exército en escuadron, y reconociendo las baterías con tres capitanes que fueron á ello, el uno fué muerto al borde del foso, y hallando haber hecho poco efecto, y estarse la estacada entera y bien guarnecida de mosquetería y arcabucería, se retiraron por aquella noche á sus cuarteles, y luégo comenzaron á cegar el foso y á arrimarse con la zapa á la muralla por tres partes, é hicieron dos minas, habiendo batido un torreon de la puerta que estaba á cargo del capitan Bartolomé Sanchez. Nunca yo cesaba de solicitar el socorro viendo la grande ocasion que el enemigo daba para deshacerle parte de su exército si yo tuviera gente para ello. Tenía aloxada su caballería léxos de su infantería, y donde tomándole un puente que no estaba guardado, yrompiéndole, no podian socorrer su infantería, y en el alojamiento no habia sino una calle por donde la caballería podia salir, por ser todo lo demas pantanos, donde la infantería podia hacer grande efecto sin daño de la caballería. A tener yo infantería suficiente, con ayuda de Dios, poca ó ninguna de ella se me escapára, y perdida ésta, la villa fuera socorrida, y por lo ménos el enemigo no podia retirar su artillería por se haber secado el rio por donde la habia traido, de tal suerte que con el tiempo que hacia, de ninguna manera se podia navegar por él. El enemigo, continuando su zapa y mina fuera de ella, habia hecho dos castillos de madera, uno mayor que otro, hechos con gonces y tornillos, de modo que juntando las piezas en parte segura con ruedas y otros artificios, los llevaban enteros donde querian, y eran hechos de arte, que en diversos suelos que tenían, podia estar mucha gente de guerra segura de arcabucería y mosquetería; de donde, descubriendo no solamente el terrapleno, mas las calles y casas, hacian mucho daño. Viendo esto Mons de la Cocquela, puso dos piezas de artillería detras de una casa, con las cuales, batiendo elmayor, le hizo inútil, y del otro se recibia poco daño. Ya estaban los enemigos tan adelante en el terrapleno, que se hallaban con los nuestros pica á pica sin osar dar asalto, y por hacerlos más daño, el enemigo hacia tocar diversas armas falsas, teniendo asestada toda su artillería; y poniéndose los nuestros á la defensa, creyendo que era asalto, hacia grande efecto en ellos. Viendo yo que el socorro tardaba, y conociendo el peligro de perderse en que estaba la tierra, y que no habia mejor remedio para estorbar la pérdida, ó por lo ménos dilatarla esperando el socorro, que meter más gente dentro y proveerla de pólvora, de que comenzaban á tener falta, avisé al conde Herman, que estaba en Gruninghen, que de su parte inviase alguna gente con sacos de pólvora, y que yo tambien inviaria por la mia; y que señalando el dia, hora y lugar donde se habian de juntar, procurasen entrar dentro. Despues que el capitan Sante entró con aquel socorro, los enemigos hicieron en aquella parte algunos fuertes; y aunque el sitio era aguanoso, no dexaban de noche de entrar y salir avisos entre fuerte y fuerte, y esta gente llevaba órden de hacer el mesmoviaje, y con las guías que les habia dado fueron, y la cabeza que yo habia inviado con la gente entró dentro, y el que el Conde por su parte, ó cansado ó perdido de ánimo, estando á tiro de piedra del lugar, por haber tocado los fuertes arma, se retiró, siguiéndole de cuarenta á cincuenta soldados; que los más de ellos, venido el dia, se perdieron, y él tuvo ánimo y fuerzas para volver seis leguas atras, faltándole para ir un tiro de piedra adelante. Este mesmo dia habian comenzado los nuestros á tratar con el enemigo, el cual, habiendo hecho dos minas y alojado su gente por el terrapleno, por no tener por aquella parte traves ninguno que se lo estorbase, dió fuego á las minas, que nos fueron de poco daño, ántes la una de ellas, estando enterrado un torreon de la villa junto á ella, resistiendo, reventó hácia los enemigos, en los cuales hizo mucho estrago. Dieron con todo esto su asalto por tres partes, reforzándole de gente cinco veces, y duró desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, perdiéndose mucha gente de ambas partes. Entre los nuestros murieron tres capitanes, el conde Luis, hermano del conde Herman, el capitan Biondel, del regimientode Mons de la Mota, y el capitan Hessel, de mi regimiento, y el conde Mauricio salió herido de un arcabuzazo en el rostro. Al fin, viendo los nuestros que no habia nueva de socorro, y que los enemigos estaban tan adelante en el terrapleno, muchos de los nuestros heridos, y todos generalmente cansadísimos del trabajo y pelear, tornaron á parlamentear con el enemigo, á quien al cabo rindieron la tierra, y uno de los artículos fué que saliesen de este país, pasasen el Rin, y en seis meses no pudiesen volver á él. Cosa mal á propósito para el servicio del Rey, por ser la gente tan buena, como he dicho, y hallarme con poca esperanza de haber otra para resistir al enemigo. Avisé de todo á su Alteza á Aspá, y al Conde de Mansfelt á Brusélas, suplicándoles me socorriesen, advirtiéndolos de que el enemigo quedaba tan mal tratado, que en mes y medio no se podia rehacer para salir en campaña, porque se decia haber perdido más de dos mil hombres. Bien tardó todo el tiempo que he dicho en refrescar su gente y en rehacerla. Ya que esos señores no procuraron el socorro con tiempo, perdido el que el enemigo no estuvo encampaña y el que estuvo en rehacerse, bien pudieran de haber sido servidos de darle cuando se le pedí, inviándome, como he dicho, que sin duda se hubiera excusado lo que despues ha sucedido. Al fin importuné tanto á su Alteza y á su Excelencia, que resolvieron de inviarme socorro, y entre tanto el enemigo, habiendo rehecho su exército, marchaba hácia Covorden. Y habiendo proveido de artillería, municiones y gente, dexé al conde Federico dentro y me fuí á Grol á aguardar el socorro, teniendo aviso que marchaba. El enemigo vino y sitió el burgo de Covorden, y dexando el Mauricio al conde Guillermo, su primo, sobre aquel sitio, se partió con parte del exército y artillería á sitiar la villa de Oetmarsum; y vino tan repentinamente sobre ella, que Mendo, que estaba dentro con mi compañía, habiéndole dado órden de no dexarse encerrar, hubo de pasar por medio de los enemigos para salvarse con la compañía y meterse en Oldenzel, dexando dentro otra de mi regimiento. El conde Mauricio hizo sus trincheas, y plantando la artillería, mataron los nuestros á Mons de Fama, general de ella; y despues dehaber batido, se le rindió la tierra con los mesmos pactos que la de Steenvick. Miéntras él estaba en aquel sitio, su primo se acercaba al burgo de Covorden, el cual no tenía más fortificacion que una trinchea simple, defendióle el conde Federico algunos dias hasta que volvió el Mauricio del sitio de Oetmarsum; y una vez estuvieron los enemigos dentro del burgo, y los nuestros los tornaron á echar fuera; pero viendo el Conde que al cabo no le podia defender, le quemó y se retiró al fuerte hácia donde el enemigo caminó con sus trincheas; y conociendo que era una masa de tierra, y que su artillería, por mucha que era, podia hacer poco efecto, se puso á ganarle por zapa, sangrando primero el foso, que era grande, aunque no muy hondo; y con cierto ingenio que usan los marineros, sacaban la agua apriesa. Hizo tambien dos plataformas que abrazaban los dos baluartes, de donde tiraba á las defensas haciendo daño. Yo, confiando en el socorro que se me prometia, aunque habia puesto dentro mucha gente más de la que se suele poner en semejantes fuertes, hice apear parte de la compañía de don Sancho de Leiva y parte de la mia, y ámi alférez con ellos, y los metí dentro pareciéndome que siendo españoles ayudarian mucho al Conde. El enemigo hizo algunos fuertes, habiendo el Conde hecho una salida sobre ellos; y haciendo uno bien cerca de la tierra, el Conde le batió con su artillería desde el fuerte, y los que estaban dentro fueron tan hombres, que aunque los hacia grandísimo daño por no estar en defensa, nunca se movieron. Mandó el Conde salir del fuerte una buena tropa de soldados para darle asalto, y diéronsele, y los de dentro se defendieron muy valerosamente, pero al fin quedando muy pocos de ellos vivos, y viniéndoles socorros de sus cuarteles, los nuestros, por no ser cortados entre los dos fuertes, se retiraron. Murieron allí dos alférez de mi regimiento, Juan Lopez, español, y Mons de Ruylle, valon, que lo era de mi compañía coronela, ambos muy valientes soldados. Hechas las plataformas, comenzó el enemigo á henchir el foso (hacen esto con mucha maña y presteza), y en este tiempo me llegó el socorro á Grol, á cargo de Mons de la Capela, con su regimiento de Liejeses, el tercio de D. Gaston y el de irlandeses de Mons Stenley, que todos juntosno pasaban de ochocientos soldados, y algunas compañías de caballos á cargo de D. Alfonso de Avalos, hermano del Marqués del Guasto, que cierto no llegaban á cien caballos por tener las compañías muy faltas de gente, tanto que me acuerdo haber pasado una delante de mí con dos arcabuceros delante de avanguardia, tres lanzas de batalla, tres mujeres y un clérigo de retroguardia, sin tener más soldados que éstos, y todo este buen socorro, sin un real, ni ménos yo le tenía. Viendo la sustancia de esta asistencia, y temiendo que si poniala gente en los casales, el enemigo los podria degollar fácilmente, me resolví de meterlos todos en la villa de Grol, por evitar este inconveniente, que sin falta sucediera como digo, y con ser la tierra pequeña y de ruines casas, ellos y la guarnicion ordinaria estaban cubiertos. Y por más entretener al enemigo en el sitio de Covorden, despaché luégo para entrar dentro algunos valones del regimiento de Mons de la Capela con un capitan suyo, y díle tan buena guía, y él lo hizo tan bien, que entró dentro con mucho peligro, y avisando el de la Capela á su Alteza y á su Excelencia particularmente de la gente que habia traidoaquí, las cartas se perdieron en el camino y vinieron á manos del conde Mauricio, y él las envió al conde Federico dentro con un trompeta, para que viese el socorro que habia venido. Él respondió que aunque no viniese otro socorro, que esperaba con el de Dios defender la plaza. Tambien escribia yo muy á menudo, suplicando que el socorro fuese tal que pudiese ser bastante, porque aquél no lo era. Tratando yo un dia con algunos capitanes del tercio de D. Gaston, de que holgára que estuvieran dentro del fuerte algunos capitanes más de los que habia, se ofreció de su buena voluntad el capitan Jerónimo de Oria, genovés, caballero de mucha virtud y valor, que él iria, y procuraria entrar ó perderse. Y yo se lo agradecí como á quien él es y el caso requeria; fué con algunos soldados amigos suyos, y con tener guardia el enemigo por aquella parte, pasó como un rayo rompiendo por ella y entró dentro. Su Alteza me escribia que me inviaria socorro suficiente, que así lo habia ordenado y podia hacer porque tenía mucha y muy buena gente en Aspá para su guardia, y grande suma de dinero que le habia venido de España. Invió al fin el socorroá cargo de D. Alonso de Mendoza, con su tercio de infantería española y una buena cantidad de caballería, y con esto y lo que acá estaba, se pudiera socorrer el fuerte si viniera á tiempo y con medios, porque aunque vino con él un oficial del pagador, no traxo un real consigo, ántes me dixo que le habia faltado para cumplir con algunas compañías españolas, de una paga que se les habia dado en Bravante, pero que de Colonia habia de venir cierta suma. Vino esta gente cuando ya el enemigo habia cegado el foso del fuerte, y por una cortina de un baluarte se habia metido dentro, arrancando los árboles de que estaba vestida, con ingenios de tornos. Alojóse dentro de él y minándole sin podérselo estorbar, porque siendo las cortinas cortas, los traveses de los baluartes hacian poco efecto, y las dos plataformas tambien impedian que no se pudiesen valer de ellas, porque tiraban continuamente allí cruzando su batería; acertó á ser el baluarte más fuerte de los cinco que el fuerte tenía, y así el Conde le cortó, desamparando la mayor parte de él, comenzando á hacer una retirada, hácia una plataforma del fuerte, por la cocina de una casa, hasta lo que habiacortado del baluarte, que tambien hacia traves como la plataforma. Y sabiendo yo por las espías que tenía en el campo del enemigo, el estado en que estaban las cosas de él, daba priesa al Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza que caminase é hiciese diligencia, y él la hizo, y sabiendo que estaba cerca, tomé la avanguardia con la gente que acá estaba, para informarme de más cerca de cómo se podia socorrer. Llegando el Maestre de Campo y sabiendo que yo me habia partido, me siguió con mucha presteza, aunque llovia y hacia mal tiempo. Juntámonos en Ulsen, lugar del condado de Benthen, y otro dia marchamos juntos á Denichum, tambien lugar del mesmo condado, una buena hora de camino de Covorden. Este fuerte de Covorden está en un sitio fuertísimo, que de todas partes le cercan pantanos y turbales inaccesibles la mayor parte del año; solamente hay un paso arenisco y duro debaxo, pero siempre con agua, y dura ántes que se llegue al fuerte y despues á la entrada de él, adentro, una pequeña hora de camino, paso hecho á posta para las barcas de una provincia á otra, que esto significa el nombre Covorden; hay tres ócuatro arroyos que salen de estos pantanos y turbales, y todos vienen á dar al fuerte, y de ello se hace un rio, que va por unos grandes prados á entrar en el rio Vecht. Pocos dias ántes que nosotros llegásemos á Denichum, habia venido el Conde Holac con un regimiento nuevo y alguna otra gente, á juntarse con el Mauricio; y queriendo estar apartado de él, se alojó entre Denichum y su campo, pero más cerca de él que de nosotros, donde se habia fortificado; mas sabiendo que el socorro venía, habia dexado aquel puesto y tomado otro. La metad de la fortificacion estaba delante del rio que viene de Covorden, y la metad detras, y tambien dexó éste como supo que éramos partidos de Oldenzel; y luégo tomó otro mucho más fuerte que los dos, acercándose al cuartel del Mauricio, adonde se fortificó con grandísima priesa, como tambien lo estaba el Mauricio en su cuartel, y fuera de esto, así por aquel paso de agua que he dicho, como por otras partes por donde podiamos pasar, habia ya hecho buenos fuertes, y reparar y doblar las trincheas, tanto contra nosotros, como contra el fuerte. Traia conmigo tres piecezuelas de campaña, con las cuales hice señal al Condede mi venida, y por no perder tiempo, invié alguna caballería á tomar lengua por aquella parte donde estaba el Conde Holac; y por los pantanos invié dos capitanes, uno italiano y otro español, porque mi intencion era, ya que se podia caminar por ellos, que con toda la infantería se llegase por aquella parte, lo más cerca del fuerte que se pudiese, como no fuesen sentidos, y con la caballería tocarles arma la mayor que fuese posible, y que la infantería estuviese hecha alto y que en oyendo esta arma arremetiese á las trincheas, y ganándolas, no dudaba de ganarse las plataformas y echar los enemigos fuera del burgo, que áun todavía estaban atrincheados. Considerando yo que tocando arma al cuartel del Holac, el Mauricio viniera del suyo al socorro, como despues hizo, y que entónces nuestra infantería hubiera hecho el efecto que he dicho facilísimamente, por estar el cuartel del Holac media hora de camino hasta las trincheas. Los dos capitanes fueron á reconocer el paso para guiar la infantería, y de enmedio del camino se volvieron sin reconocerle, echando la culpa el italiano al español, diciendo que no habia querido pasar adelante, y que él no queriaser más prudente ni valiente que el otro. Hicieron una gran falta al servicio del Rey, que con el favor de Dios, rompiéramos al enemigo, porque parte de su exército estaba fuera á traer victuallas, que padecia de ellas por estar léxos de sus tierras; tambien padeciamos nosotros, más por falta de dinero que de victuallas, que muchas nos venian; pero los soldados de este gobierno y los demas que habian venido con el Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza, salvo los de su tercio, dexaban sus banderas por ir á buscar de comer, y á no estar el enemigo ocupado en sus fuertes y trincheas, como lo estaba, él hiciera suerte en nosotros. Visto lo que los dos capitanes habian hecho, ó no habian hecho, nos resolvimos de acometer el cuartel del Holac, escogiendo de las naciones que allí habia mil soldados que fuesen de avanguardia, y que tras ellos fuese la demas infantería y la siguiese toda la demas caballería, con intencion de que los mil soldados acometiesen los primeros, y ganando las trincheas, la demas infantería se pusiese en escuadron dentro del cuartel, y que toda la caballería encubierta en un bosque, que estaba junto al cuartel del Holac, esperaseá la gente que viniese al socorro del cuartel, del Mauricio. Tambien se ordenó que no se tocase arma hasta que se pelease mano á mano con el enemigo; habiéndolos dado una guía para mostrarles por donde entraban y salian los carros de aquella fortificacion, no habiendo puerta ni trinchea en aquel paso. Cuando llegaron estos mil soldados al cuartel donde habia estado poco ántes el Holac, creyeron que se iban huyendo y diéronse priesa á caminar tras él; á los que llevaban la guía, con la mucha que iban y la arma que tocaron, se les escapó de las manos, que fué causa de que no se acertó lo que pretendiamos. La gente se derramó por aquellas trincheas, acometiéndolas por diversas partes, y el enemigo que estaba en ellas, por haber tocado arma tan temprano, las defendia valerosamente. Mataron luégo al capitan D. Juan de Bivanco que iba en la avanguardia, y á otro capitan aleman del regimiento del Conde de Barlaymont, que habiendo entrado dentro con algunos soldados y no siguiéndole los demas, le mataron con los que con él habian entrado. Ya era llegado el Mauricio con el socorro, y el dia aclaraba, y temiéndome de lo que sucedió, habia hecho adelantarla caballería para dar calor á la infantería, y si sucediese mal, poderla retirar más seguramente. La artillería de sus trincheas nos comenzó á hacer gran daño, y con los unos y con los otros, tuve trabajo en recoger y retirar la infantería, viendo que miéntras más se estaba allí era más perder. Al pasar del rio puse alguna infantería en las trincheas que el Holac habia dexado, por si el enemigo nos cargase. Volvimos al cuartel siempre con cuidado, porque no nos acometiese el Mauricio á la retroguardia, que toda la gente de su exército, salvo la que estaba en las trincheas, habia ya acudido allí. Debieron de morir aquel dia, de los nuestros, cien hombres de la infantería, de todas naciones, que no fué mucho segun jugaba la artillería y arcabucería del enemigo. Otro dia, por no mostrar flaqueza, me fuí á presentar con el exército junto á Covorden, enfrente del cuartel del Mauricio, llamándole con la mayor parte de las trompetas que tenía, á batalla, pero ni quiso darla, ni ménos trabar escaramuza, y yo lo deseaba por ver si le podria sacar de sus trincheas y pelear con él; visto que no queria, me volví al cuartel, habiéndome mostrado á los de Covordenpara darles ánimo. Despues de esto fuí á reconocer el paso de Scherembergh, pensando pasar por allí á la Drent y tentar por aquella parte el camino de Gruninghen, y no fué posible con llevar los caballos á mano. El teniente Mendo que iba delante se empantanó de manera que ni él ni su caballo podian salir del pantano. En este tiempo habia llegado el conde Herman á juntarse con nosotros, con la gente que habia sacado de aquel país; y su hermano, que estaba dentro del fuerte, viendo que no le podiamos socorrer, y que el enemigo le habia minado la mayor parte del baluarte que él habia cortado, se rindió con muy honrados pactos que el enemigo le concedió por hallarse apretadísimo de victuallas; y si el socorro, como vino á lo último me viniera al principio, cuando el otro, con las comodidades que en tales casos se requiere, el fuerte se socorriera sin ninguna duda, y el Mauricio y su exército estaban en gran peligro de perderse ó recebir un notable daño. Mas al fin las victorias vienen de Dios y él las da á quien es servido, pero tambien es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar tales cosas á la ventura. Cuando vino Mons dela Capela con aquel socorro, el tiempo era seco y por todas partes se podia caminar, lo que no se podia hacer en el que vino D. Alonso de Mendoza, que era de otoño, y con las aguas de él, se habia hecho dificultoso lo que ántes era fácil.Sabida la rendicion del fuerte, volví á inviar con gran diligencia al conde Herman con la gente que habia traido á Gruninghen por la Bretanga, que era el camino por donde habia venido, y yo me fuí con la demas gente al villaje de Velthusen, lugar del Conde de Benthem, y allí estuve algunos dias para ver lo que el enemigo queria hacer; donde la gente de guerra que habia venido con Mons de la Capela me pedian la paga, que les escribian de Bravante haber inviado para ellos, y decian que yo habia recibido, lo cual era falso; y los que más me apretaron con poca modestia, fueron los italianos del tercio de D. Gaston, diciéndome que su maestre de campo los habia escrito que yo tenía su dinero. De estas y semejantes caridades se me han hecho muchas en esaCórte, y sus inventores no me han sido de poco trabajo y estorbo al servicio de su Majestad, siendo causa de que los soldados pierdan el respeto, sin el cual no pueden ser bien gobernados. Habiendo el enemigo proveido y reparado el fuerte, retiró su artillería y exército hácia Svol; y yo, habiendo comido y forrajeado los contornos del cuartel adonde estaba, me fuí al villaje de Geelhusem, junto al castillo de Benthem, adonde los alemanes de los regimientos de los dos condes de Arambergh y Barlaymont se alteraron, tocaron sus caxas, y sin ninguna licencia, ni capitanes, ni oficiales, marcharon para volverse á Bravante; yo fuí tras ellos, y con todas las buenas obras y palabras que podia, les rogaba se quedasen á lo ménos miéntras el enemigo estaba todo junto y no muy léxos de nosotros, y que podria ser que él nos vendria á buscar, ó nos daria ocasion de buscarle á él; por aquella noche se quedaron donde yo los alcancé, y otro dia siguieron su camino sin poderlos detener, por más ruegos que D. Alonso y yo les haciamos, y con ellos se fueron algunos que tenian tan poca gana de quedarse como ellos. Pocos dias despues me vinieron de Coloniaquince mil escudos, los cuales se dieron á la gente de guerra que Mons de la Capela habia traido consigo, que así vino ordenado de la Córte, y no solamente mandaban que se diese de aquello la paga á los coroneles que estaban ausentes, pero una buena suma de dinero más, sin que viniese un real para los que estaban presentes sirviendo, ni ménos para sus soldados. Recibido este dinero, tambien pretendieron ellos partirse. Todavía estaba el enemigo junto, llegándose lo más cerca que podia al paso por donde esta gente habia de pasar, con intencion de que ya que los alemanes y los que fueron con ellos, por buena diligencia que habian hecho, se le habian escapado, no se le escapasen estos que quedaban. Don Alonso hizo una vez punta de partirse, adelantándose un poco con esta gente, lo cual entendido por el Mauricio, caminó á la ligera á encontrarlos; tuve yo aviso de ello, y advertí á D. Alonso que se volviese, porque corria peligro. Y como el conde Mauricio marchó á la ligera sin victuallas, y por el mal tiempo que hacia de agua, su gente padecia y murmuraba, temiendo no le perdiesen el respeto, deshizo su campo enviándolos á sus guarniciones.Entónces pudo D. Alonso seguramente hacer su viaje como le hizo, y en este tiempo vino aquí Robertin, comisario de victuallas, y ha sonado que venía con alguna comodidad para asistirnos de victuallas al socorro de Covorden, que aunque viniera seis semanas ántes, viniera tarde para ello. Retirada la gente en Bravante, los de la villa de Gruninghen, segun me informaban personas fidedignas y otras que inviaba á la Haya á saber lo que pasaba, trataban con el enemigo, sino el cuerpo todo junto del Magistrado y la burgesia, á lo ménos grande parte de unos y de otros, de que avisaba muchas veces al Magistrado y al conde Herman, que estaba en la villa; y como cada dia crecian estas nuevas, me resolví de ir allá en tiempo de una grande helada, y llevé conmigo cantidad de gente de guerra y pólvora. Los malos, como entendieron que yo sabía su trato, viéndome venir de improviso, y con gente de guerra, pusieron todo el estorbo que pudieron para que no la alojase en el burgo; mas al fin, con ayuda de algunos buenos, la recibieron, y no por eso los malos dexaban de procurar de ponerme mal con los buenos, diciendo una vez que yo me entendia conel conde Guillermo, y que me habian visto hablar con él en una escaramuza; otra que se casaba con mi hija y yo con su hermana, por ponerme mal con los católicos, y como gente vulgar acostumbrada á calumniar á sus gobernadores, no faltaba quien lo creyese. Y teniendo siempre cuenta con sus pasos, entendí que un hombre que vivia en el Coregat habia traido una carta del de Holac para Juan Tembouren, Ernesto Herens y otros sus cómplices, en que los solicitaba el proseguir la plática con la burgesia, prometiéndolos, como Conde de Alemania, que el imperio recibiria la villa en su proteccion, y que dexasen y renunciasen al Rey nuestro señor. La carta y respuesta de ella vino á manos del Magistrado, prendiéronse los hombres, y solicitando yo que hiciesen justicia de ellos, y que echasen de la tierra algunos del Magistrado y del pueblo, que públicamente decian que convenia y querian darse al enemigo, lo cual les queria probar con algunos buenos del Magistrado y del pueblo, que se lo habian oido y se lo querian mantener, el remedio que dieron á esto fué responderme que sus diputados estando en esa Córte habian oido muchascosas semejantes, y que pues allá las sufrian, que tampoco acá las querian remediar. Yo los repliqué, diciendo cosas que tocaban al servicio de su Majestad y provecho de ellos, de que me pareció no gustaban mucho; y á los tres que tenian presos, todo el mal que les hicieron fué desterrarlos de la villa, y cuatro dias despues, me solicitaban que dexase entrar al Tembouren, que era con quien muy de secreto trataban con el enemigo. Respondíles que les via hablar por él tan aficionadamente, que creia le dexarian entrar contra mi voluntad, y que hiciesen de él lo que quisiesen. Llamáronle, y el Ernesto se entró de suyo, y quexándome de ello á los burgomaestres, me negaban no estar éste dentro de la villa, y sabiendo yo lo contrario, les dixe la parte donde le hallarian, y dándole seguridad, vino á mi casa, de que los burgomaestres quedaron confusos, y en su presencia le pregunté el por qué amenazaba de matarme ó prenderme con otros muchos como él. Que esto no lo decian entre sí solamente ni por las calles, mas á la puerta de mi casa, y las mesmas amenazas hacian á los buenos y católicos de la villa, tanto que una noche, no osando dedia, vinieron á mi puerta algunos de ellos diciéndome estas palabras: Señor, vos y todos nosotros estamos aquí perdidos y vendidos, porque los herejes y mal intencionados son muchos más que nosotros, y vuestra persona particularmente está en muy gran peligro, y así estamos determinados de tomar las armas y defenderos todo cuanto pudiéremos. Yo los respondí que como se conservase la tierra, era poca pérdida la de mi persona. Pero temiendo que osando ellos poner las manos en mí, la pérdida de todo aquel país era cierta, como sucedió cuando prendieron á Mons de Billí siendo su gobernador, á la mañana invié á llamar al Magistrado, y le dí cuenta de lo que habia entendido, rogándolos y protestándolos que reprimiesen á los malos sediciosos, para que no viniesen á desmandarse del todo, y que el remedio que habia era echar del lugar algunos deslenguados de ellos, dándoles por memoria los que eran, la cual me habia dado el vicario, cura de la iglesia mayor; y con todo esto, ninguno de ellos fué echado fuera, ántes supe que secretamente los acariciaban, y de esto, en mi casa reprendí ásperamente á un burgomaestre, el cual por ser mancebono sabía disimular como los otros, y éste y su suegro, tambien burgomaestre, son los que ahora entonan más alto los psalmos con el predicante hereje. Poco ántes que esto pasase, me invió el Conde de Mansfelt, que ya su Alteza, que Dios tenga en el cielo, era muerto, los italianos del tercio de D. Gaston, los valones que están con el regimiento de Mons Stanley y algunas compañías de Mons de la Mota, y con ellos un comisario con algun dinero, que es la primera vez que me ha venido gente y dinero juntos. El conde Guillermo juntaba gente con intencion de acercarse á la villa de Gruninghen para alterarla, y por las apariencias que habia en ella, y el aviso que yo tenía de una espía que se halló presente, cuando diciendo al Conde que yo estaba dentro con gente, se dió una gran palmada en la frente tirándose la barba, por lo cual, recelándome, no dexé salir ningun soldado del burgo. Él se embarcó con su gente, y fué á dar al Dolart, y apeóse en dos esclusas que están en la señoría de Wedde, llamadas Dennigwolde y Belingvolde; y en aquel punto acertó á llegar á Wedde el conde Federico con la gente que he dicho. Y el enemigo,metiéndose en medio de las dos esclusas, en una hora se fortificó de manera que no era posible llegar á él por ser los prados pantanosos y los diques tan estrechos, que apénas podia un hombre caminar por ellos. Avisó luégo al conde Herman y á mí á Gruninghen de su venida y de lo que habia hallado, yo le escribí que alojase la gente en Winschoten, y procurase estorbar la fortificacion al enemigo, y no lo pudo hacer por las causas que he dicho. Su Excelencia mandó al conde Federico que se diese priesa á levantar la caballería que ántes le habia ordenado, y así se partió para efectuarlo, y en su lugar fué el Conde, su hermano, á gobernar aquella gente; y tambien él, pocos dias despues, fué proveido del gobierno de Gheldres, y siendo fuerza partirse á él, quedó aquella gente á cargo del caballero Carcamo, que gobernaba el tercio de D. Gaston, el cual, así con los capitanes de él, como con los del regimiento de Mons Stenley, tuvo muchas pendencias que pudiera bien excusar. La villa de Gruninghen estaba tal, y la mayor parte del comun tan levantado, que no esperaba sino la hora que lo fuese del todo, dando sobre los católicos y sobremí, y por esta causa no me osaba deshacer de toda la gente que tenía en el burgo, ni desamparar la tierra, por decirme los buenos que al punto que yo saliese, se perderian. Las indignidades que los malos de aquel pueblo han usado, por no haber querido el Magistrado remediarlo, sabe Dios, y lo que yo he sufrido por el servicio del Rey. Quexábase el Magistrado de que los socorros que inviaban, no bastaban para poder hacer la guerra ofensiva, y que la defensiva no los ayudaba más que á acabarlos de consumir. Yo los aconsejé que lo significasen en la Córte, pensando por esta via tenerlos en obediencia. Lo cual por mi parte habia escrito muy particularmente, y que era necesario acudir muchas veces á la fuente, y así se resolvieron de inviar un burgomaestre y al síndico. Su Excelencia entónces formaba exército para socorrer á Santa Gertruidembergh cuando ya era perdida, y no habiendo menester la gente, se resolvió de inviarme buena parte de ella á cargo del conde Federico, y ya el tiempo estaba tan adelante, que habia poco para hacer guerra en Frisa, pues para el verano era tarde y para el hielo muy temprano, siendo el mes de Setiembre. Lagente que habia de traer el Conde era la que habia salido rendida de Steenvick, el regimiento de D. Filipe de Robles, parte del de Mons de Fressin y otras compañías sueltas de guarniciones, dos del regimiento del Conde de Soltz y cuatro compañías lorenesas, dos valonas y dos alemanas. Y como los soldados de estas compañías entendieron que habian de ir á Frisa, habiendo ya padecido en campaña, se desmandaron y huyeron, principalmente los valones, que no quedaron la metad. La caballería era la del Conde, seis cornetas de corazas de Lorena y la compañía de Butherghe, tambien se desmandaron de estos coraceros, y se fué mucha parte de los mejores soldados. Caminó esta gente hácia el Rin, llevándola el conde Herman á su cargo, como Gobernador de aquella provincia, hasta embarcarla. De allí adelante la llevó su hermano. Por la solicitud que los diputados de Gruninghen y yo haciamos en Córte para poder hacer guerra ofensiva, invió tambien cuatro piezas de artillería proveidas muy bastantemente de todo cuanto era necesario para ellas, sólo faltó el dinero para los que las gobernaban, siendo gente que quiere ser bien tratadapara sacar servicio de ella. La provision del dinero habia de venir de otro que del general de la artillería, el cual, verdaderamente en lo que le tocó, proveyó suficientemente. Entendiendo el enemigo que me venía este socorro, quiso, no estando ocupado, inviarle tambien á su gente de Frisa, que podia hacerlo con más presteza y comodidad que nosotros, y así se resolvió de hacer un fuerte en la Bretanga, para estorbar que nuestro socorro no entrase hacia Gruninghen. Este paso de la Bretanga, que dura bien dos horas de camino, antiguamente le hicieron los villanos juntando turbas y arena, como lo significa su propio nombre; la metad es territorio de la señoría de Wedde, y la otra del país de Munster, y con trabajo los unos y los otros le entretienen para la comunicacion y trato de ambos países. En medio de este paso, habia un sitio más ancho y arenisco, adonde hizo el enemigo un fuerte, que cortando el camino, y con la cortadura hacer trinchea, cosa que se podia hacer en una hora, era dificultoso echarle de allí, por no poder de ninguna parte llegarse á él sino por el camino. No pudo Carcamo llegar á tiempo para impedirlo, ni tenía comodidadpara hacerlo, ni ménos yo para asistirle, por estar tan ocupado en Gruninghen. Antes que esto sucediese, escribí al conde Federico que acometiese el castillo de Saesfelt y la villeta de Oetmarsum, que los enemigos ocupaban, por no dexar atras cosa que nos estorbase, que lo hacian mucho aquellas dos plazas, por estar ambas á hora de camino de Oldenzel, paso forzoso nuestro para ir y venir á Bravante. El de Saesfelt se rindió luégo, y Oetmarsum esperó batería, por tener dentro dos compañías de buenos y experimentados soldados. Hecha batería, se rindieron con los pactos que ellos habian dado á los de Steenvick, quedando los oficiales presos para rescatar á algunos capitanes de Mons de la Mota, que se habian perdido en el socorro de Santa Gertruidembergh. El Conde caminó luégo con la gente, por el paso de Schonrebeck junto á Covorden, que por la Bretanga no pudo hacerlo, por haberla ocupado el enemigo, dexando la artillería que traia de Bravante, en Oldenzel. Habiendo pasado, fué hácia Gruninghen, adonde yo tenía ya junta la gente que podia, con la cual y la asistencia de la que habia venido, en un mesmo tiempo, por no perderle, hicesitiar dos plazas que fastidiaban á Gruninghen, que eran Suartezil y Sloter, yende yo á Suartezil y el capitan Cornelio Gasparino á Sloter; yo llevé dos piezas de campaña que el Conde traia consigo, sacadas de Oldenzel, pareciéndome que no siendo más de una iglesia mal fortificada se le rendiria. El fuerte donde yo fuí, no lo quiso hacer, fué menester batirle, y por ser hecho de tierra fuerte, la batería hacia poco efecto; visto esto, invié un oficial aleman á reconocer el foso, haciendo tirar continuamente la arcabucería de las trincheas, para que más seguramente hiziese lo que le habia ordenado, y tras él salió el alférez Peña con una faxina y una zapa, y poniéndola al borde del foso, se reparaba con la zapa detras de ella, y tras él fueron otros muchos haciendo lo mesmo, y visto por los de dentro dieron muestras de quererse rendir, y en este punto los nuestros salieron de las trincheas y el conde Federico con ellos, y dando asalto, arremetieron por el puente con picas y alabardas y abaxaron el que era levadizo; la subida era áspera y por la firmeza de la tierra daba poca subida el terrapleno, y los de dentro se defendian valerosamente, aunque eran pocos;peleóse mano á mano buen rato, pero habiendo muerto al Gobernador del fuerte, que era el que más resistencia hacia, los nuestros entraron sin dexar hombre á vida, y si alguno saltaba, los de fuera le mataban. Hecho esto, volví con diligencia á Sloter, que no se querian rendir, por aquella simple artillería que el capitan Cornelio tenía; y sabido que yo venía con la preparacion que llevaba, se rindieron. Yo habia ántes para mayor seguridad de Gruninghen y mia (porque de hora en hora tenía avisos de que los malos querian tomar las armas repentinamente y procurar prender ó matar á los católicos y á mí) para poder hacer exército, sacado de Winschoten al caballero Carcamo, y le puse con su gente al rededor de la villa para tenelle á la mano y estorbar que no lo hiciesen. El conde Guillermo, que estaba en el fuerte nuevo de la Bretanga, que hacia, se puso en campaña con artillería, sitió y batió el castillo de Wedden, y los de dentro se rindieron sin esperar asalto. Tambien el villaje de Winschoten, y fortificó la iglesia, adonde yo me encaminé con la artillería que habia sacado de Gruninghen, pareciéndome que los de ella, viéndonos con fuerza en campaña,no osarian intentar su mala voluntad. El conde Guillermo, dexando buena guarnicion en aquellas plazas, se volvió hacia Frisa, á juntarse con el socorro que le habia venido con el conde Filipe, su hermano. Yo proseguí mi camino hacia Wedden y rindióse la gente que estaba en la iglesia de Winschoten. Pasé á Wedden, adonde el enemigo habia puesto dos tenientes de infantería, con gran cantidad de mosqueteros y otra buena tropa de soldados escogidos de todas compañías; y segun se decia, el conde Guillermo y los Estados de Frisa habian prometido á estos dos tenientes que si defendian bien aquella plaza los harian capitanes, dexándolos municiones de boca y guerra, é instrumentos para repararse y fortificarse, que aunque fuera para una gran tierra bastaba, que proveen sus plazas de otra manera que se acude á las nuestras. Esto fué causa que los tenientes no quisieron, habiéndoles yo pedido la plaza, responder otra cosa, sino que la defenderian hasta la muerte, y cumplieron su palabra, y miéntras la artillería que quedaba atras llegaba, hice hacer con diligencia las trincheas. Venida y batida la plaza, los de dentro persistian en defenderla, y su mosqueteríatiraba sin cesar dia y noche, lo cual no podia ser sin algun daño nuestro, y recibiéronle más que las otras naciones, los italianos, que verdaderamente habian hecho su deber, en hacer sus trincheas, llegándose al foso con ellas. Y prosiguiendo la batería, habiendo quitado dos torreones, que hacian traves á la cortina, que era de tierra, los de dentro mostraban alguna flaqueza, segun se via y oia entre ellos; nuestra gente y la italiana ántes, por estar más cerca y vengar los compañeros que habian perdido allí, se arrojaron al foso á dar asalto sin órden, cosa que muchas veces sucede mal, y creo que entónces fuera así, si los de dentro se hubieran defendido tan bien como los de Suartezil, entraron con poca resistencia degollando á todos los que habia dentro. Reprendí á los que arremetieron, advirtiéndoles de los inconvenientes que suelen suceder de las cosas que se acometen sin órden. Y en este punto llegaron algunos burgomaestres de Gruninghen, los cuales vieron todo lo que he dicho.

En esto tuve avisos de Holanda, de personas de quien me fiaba, que se habia resuelto en los consistorios herejes, por mejor plantar su herejía en el estado de Cleves, riberas del Rin y aquí, que les convenia hacer enloquecer al duque Juan, Príncipe católico y bueno, y á su mariscal Terhorst, dotado de muchas virtudes, que como tal, les impedia en aquel estado sus maldades, y procurar ganar los fuertes del Rin y echarme á mí de este gobierno. Avisé de ello á su Alteza, al duque Juan y á su Mariscal, y tambien, por otra parte, al conde Cárlos de Mansfelt, que andaba con el exército de su Majestad la vueltadel Rin, para que por su parte tambien les avisase lo mesmo. Y no pasaron tres meses que sucedió, como me advirtieron, en lo de los fuertes del Rin. El remedio que se puso fué encomendarlos á un comisario de muestras, y así se perdieron luégo, habiendo costado el hacerlos y entretenerlos hasta entónces tantos millares de ducados á su Majestad; y en todo lo sucedido, se conoce bien el deseo que han tenido de echarme de este gobierno. No sé si la resolucion de estos herejes fué verdad que entre ellos se tomase ó no; mas por lo sucedido se le puede dar algun crédito. Estando en Gruninghen propuse de hacer dos fuertes para poder facilitar la entrada en Frisa, porque los de aquel país se rebelaban cada dia y no querian pagar las contribuciones, el uno en las Salinas que el de Nienoort tenía junto á Niezijl, y el otro junto al castillo de Nienoort. Hiciéronse á costa de los de Frisa, aunque estaban en el país de Gruninghen por sobrellevar á los de esta villa, y cargarlos á las gritanias frisonas vecinas, porque los demas no se podian executar. Miéntras estos fuertes se hacian, el conde Guillermo juntó su gente, y en lugar de venirme ábuscar con la comodidad de los navíos que tenía, se embarcó y fué hácia Reyden, donde habia una iglesia fortificada, y un fuertezuelo orillas de la mar, frontero de la villa de Emden, con intencion de sitiar estas dos plazas, y para quitarme el medio de poderlas socorrer, acometió primero una esclusa pequeña llamada Suasterfilk, que yo tenía reparada con un parapeto solamente para asegurar las victuallas, que secretamente venian de Emden y de Hogebonde, su país. Y entendiendo el camino que habia tomado el Conde, saqué la gente que pude de la que tenía en uno de estos fuertes que se hacian; y con la diligencia posible, fuí derecho á la esclusa, y hallé que la estaban batiendo; y habiéndome adelantado para reconocer cómo estaba el enemigo, hallé que tenía su gente de una y otra parte de la esclusa, y que habiendo menguado la mar, no se podian juntar los unos con los otros, y si la infantería que yo llevaba pudiera caminar tanto como la caballería, estaba el Conde y su artillería á peligro de perderse, y conociéndolo él, ofreció tan buenos partidos al cabo de escuadra que estaba dentro, que se rindió á mi vista. Y viendoque por aquella parte no podia hacer efecto, volví á Gruninghen á juntar más gente para procurar por diques rotos con barcas socorrer á Reyden, porque el Conde habia ya plantado artillería y no eran para sufrirla, que nunca los de Gruninghen querian que los fuertes fuesen tales que les estorbase á su intencion, y así, habiendo ya pasado parte de la gente los malos pasos que he dicho, se rindieron. No quedó por mi diligencia que fuesen socorridos, sino por la flaqueza de los fuertes, que procedia de la mala provision que siempre he tenido para hacerlos como convenia, y sacarlo del país no podia por estar á la voluntad de los de Gruninghen, que no querian gastar lo que es menester para hacer fuertes que pueden esperar artillería, y ha sido forzoso el complacerlos siempre cuanto he podido, porque, segun es su humor, ha de venir de la mano de Dios saberlos contentar; y así ningun gobernador ha querido ni podido vivir con ellos, y si yo lo he hecho, sabe Dios con cuánto trabajo y fastidio. En este tiempo sucedieron dos cosas: la una que un caballero del país de Gruninghen, llamado Clante, pidió á los Estados que le consintiesenlevantar un regimiento de la manera y condiciones que el de Nienoort habia levantado el suyo, y habiéndoselo concedido y juntado la gente hácia Emden, buscaba donde poderla mantener. Y temiendo no diese en la señoría de Wedde, fuí hácia allá con alguna gente, y el Clante marchó con su regimiento por el país donde el Duque de Alba, de buena memoria, rompió al conde Ludovico de Nassao, y fué á dar hácia Aschendorp y Rheyden, territorio de Munster, donde pensaba sacar contribucion. Y siendo avisado de esto, tomé cuantos carros pude por todos aquellos lugares, en los cuales puse toda la infantería á cargo del conde Federico, y la caballería llevábamos el conde Herman y yo con sus dos hermanos pequeños, y así caminamos con toda la diligencia posible por la Bretanga. Tuve aviso que esta gente estaba en Rheyden, y así caminamos á ella, la cual, siendo avisada de mi venida, por otro camino más corto, que el Drosarte de Wedde ni ningun villano me habian advertido, que á haberlo hecho, no se me escapaba ninguno, se retiraba apriesa, y yo la iba siguiendo tambien con la caballería, de que avisé al conde Federico, el cualquedaba atras con la infantería, que se diese priesa á caminar, y él, por hacer más diligencia, hizo subir á los soldados en los caballos de los carros, y así con ellos me fué siguiendo, y yo al enemigo, y estando ya cerca de él, hallaron en un lugar del Conde de Emden unos navíos, y embarcados en ellos, se fueron por el rio Ems abaxo, y llegando nuestra infantería, comenzó á arcabucear los navíos, y no pudiendo gobernarlos, se pegaron á la otra parte de la ribera, y saltando en tierra se fueron huyendo hácia Loeort. Vino á anochecer en aquel tiempo, que á tener dia, yo los siquiera siempre, que ya tenía dos navíos en que pasar, y pensando que hubieran de hacer noche en algun lugar, y que á la mañana tuviera tiempo de seguirlos, me alojé en Weenermoer, lugar del conde Juan de Emden, por estar la gente que traia conmigo muy cansada; mas el Conde dexó pasar al enemigo por el puente de Loeort á media noche, donde corre otro rio que se junta allí con el Ems. Y así se salvó el Clante con más miedo que daño, que fué causa de que pocos dias despues se le deshizo la gente, y él me hizo decir que si le queria recibir en servicio del Rey, que me declarariaalgunas cosas de mucha importancia. Traté esto con el magistrado de Gruninghen, y procuré que le permitiesen entrar en la villa á hablar conmigo; diósele salvo conducto, y venido, no le quise oir sino en presencia de los burgomaestres en mi casa. Y preguntándole yo qué era lo que me queria avisar, me dixo haber visto cartas de algunos de aquel magistrado para los enemigos ofreciendo la reduccion de la villa á su parte y dexar la del Rey. Y haciéndole instancia que me los nombrase, hacia grande dificultad; mas apretándole yo, nombró dos de los que estaban presentes, y constantemente juró ser verdad, obligándose á la prueba, de lo cual quedé maravillado por tener mejor opinion de ellos. Hice salir del lugar al Clante porque no fuese causa de algun desórden, y se le encargué al conde Herman para que le inviase con escolta á una casa que tiene en el país de Clart. Y avisé á su Alteza diciéndole que era necesario que me asistiese de más gente y medios, porque de otra manera todo lo de acá se perdia. Y algunos ministros que estaban cerca de su persona decian á esto que yo escribia muchas veces que Frisa se perdia, y nunca se acababa de perder. Y pidiendoalgunos españoles é italianos para mezclarlos con alemanes, se burlaban de que pidiese estas naciones para Frisa. Y así tomaban siempre los avisos de esta provincia para acudir al remedio de ella. Con todo esto, su Alteza mandó venir aquí al capitan Juan de Contreras Gamarra con su compañía de arcabuceros á caballo, y al coronel Paton con su regimiento. Y habiendo pasado el Rin el coronel Schencks, que estaba en el fuerte que habia hecho contra Nimega, fué avisado de ello, y los vino á buscar con toda la gente que tenía junta, para con ella emprender la villa, y vino á dar sobre nuestra gente al tiempo que se comenzaban á juntar para venir aquí. Halló poca resistencia en la infantería, y defendiéndose el Contreras cuanto pudo, fué herido y preso, y algunos de sus soldados con él, y escapáronse el Paton y sus capitanes. Tenía el Schencks particular enemistad con el Paton, por haber dado la villa de Gheldres en manos de Mons de Altapena, por cierta cuestion que habian tenido los dos. Llegado al fuerte con los prisioneros, se partió para hacer lo que habia pensado de Nimega. Y habiendo ya entrado en la villa bien adelante, los de ella, conasistencia de algunos soldados que estaban dentro, le echaron fuera; y queriendo saltar en uno de los navíos en que habia traido la gente, cayó en el rio armado á prueba, y se ahogó. Los de la villa le sacaron luégo, y echo cuartos, le pusieron en la muralla, y su gente salvó los navíos en que habia venido. Así acabó aquel hombre, que por un desden habia dexado el servicio del Rey y hecho tanto mal, y hubiera sido mucho más si viviera. En este tiempo estaba la infantería española tan mal pagada, que se temia no se alterase; y así procuró su Alteza dividirlos, inviando aquí el tercio de don Francisco de Bobadilla, el cual gobernaba Manuel de Vega, dándoles un tercio de paga para venir, que es cuanto se les dió en nueve ó diez meses que aquí estuvieron. Y así fuí forzado á alojar parte de las compañías en tierras donde pudiesen sustentarse, y parte en el país de Gruninghen, asistidos y ayudados por los de la villa y país; y de esta manera estuvieron todo un invierno, sin suceder otra cosa, salvo que estando una parte de este tercio en un lugar llamado Emelcamp, una legua de Covorden, se alteraron los soldados, y el capitan Prado que gobernaba aquella gente, el capitan Juanchode Ugarte y otros capitanes, salieron al ruido, y tomando algunos de los que se iban juntando, los hicieron dar garrote, con que se apaciguaron. Su intencion era de juntarse todos é ir adonde estaba mi compañía de lanzas y apearla, y con los caballos hacer otra de ellos, y así volverse á Brabante á pedir su dinero. El conde Guillermo, temiendo ser acometido al verano con estos españoles y la gente de mi cargo, procuró socorro de más gente, y le vino con el Conde de Chesteyn con caballería é infantería, y así se puso en campaña y yo hice lo mesmo, y para darle ocasion de venir á buscarme y salir del villaje de Colmer, adonde se habia fortificado, acometí un fuerte suyo llamado Emeltil, batíle con dos piezas que saqué de Gruninghen, y ganado, de allí fuí al fuerte de Lopeslague, que yo habia hecho el año ántes, pensando acometer el de Niezijl del enemigo y procurar sacarle en campaña, que estaba cerca de allí en el villaje de Colmer, que acometerle en él era imposible, por estar en sitio fuerte y bien reparado; y así me alojé con la gente junto al fuerte que yo habia hecho, entre el dique y un brazo de mar que venía á él, sobre el cual brazoentendí en hacer un dique para que las victuallas y lo demas necesario pudiese venir de Gruninghen con más facilidad, y los de ella ayudaron con madera y gente, porque con él ganaban una buena cantidad de tierra; y haciendo un dique desde el fuerte hasta el otro dique de Gruninghen, excusaban el entretener una legua de diques, de que les procedia grandísimo provecho, y á nosotros gran comodidad; y con la gente del Maestre de Campo Manuel de Vega (que en aquel puesto le habia venido la patente) y con la mia, se trabajó de manera que cerramos el brazo de mar, y se hizo el camino hasta el otro dique, siendo muchos de opinion que no lo pudiéramos acabar. Estando alojados de esta manera el enemigo y yo, siempre nos haciamos emboscadas los unos á los otros, escaramuzando con los de su campo ó con los del fuerte, que el enemigo habia bien proveido de gente y lo demas necesario para la defensa de él, no pudiendo yo salir con mi intento por más que lo procuré. Sucedió que estando en aquel puesto hubo gran tormenta en la mar, con aguas vivas y viento nordeste; invié á llamar á Durán, ayudante del sargento mayor, y le dixe queera necesario salir de aquel puesto luégo, porque la mar creceria de manera que los echaria de allí con daño. Respondióme que ya estaba la gente bien acomodada, y en efecto lo estaba, y que hácia el enemigo no habia puesto seguro donde nos pudiésemos poner, y que recular atras sería darle á entender que nos huiamos. Dexélo así, queriendo más estar al peligro que recular, y con la tormenta creció la mar de manera que sucedió lo que yo habia dicho, y con gran trabajo y peligro se salvó la gente, pero no todo el bagaje, y algunos que se tardaron perecieron, pasando el dique nuevamente hecho, que por estar imperfecto, la agua le sobrepujaba. Alojé la gente en la abadía de Grotawert, y de allí la saqué á lo seco y alojarla adonde podia. A los españoles torné á inviar á sus presidios, porque en este tiempo los enemigos habian dado á entender á los de la villa de Gruninghen que su Alteza me habia ordenado que metiese dentro de ella este tercio de españoles, y así no dexaban entrar dentro á ninguno, sino con grande dificultad, y dexando las armas á la puerta. Con semejantes artificios y mentiras se ha perdido aquella tierra, teniendo sospecha de que yo mequeria amparar della, lo cual los enemigos y los malos de dentro procuraban estorbar por todas las vias posibles, y como buenos y malos estaban tan resueltos de no tener guarnicion, era tanto más dañosa la desconfianza que tenian de mí. Conociendo esto, supliqué muchas veces á su Alteza, y algunas á su Majestad, que se sirviese de mí en otra parte. Estando en este sitio vino órden al conde Herman de levantar un regimiento de infantería alemana, dándole por plaza de muestra esta señoría de Linghen, diciéndole que hallaria allí el dinero para este efecto. Partió con su hermano Federico, y no hallando el dinero como se le habia prometido, por lo que tocaba á su reputacion, habiendo ya divulgado en Alemania la merced que su Alteza le habia hecho, resolvió de dar una escalada á la villeta de Cloppenburg con ayuda de algunos soldados de esta guarnicion; sucedióle bien, y los de Munster le dieron cierta suma de dinero porque saliese de allí y levantase su regimiento en otra parte. Recibiólo porque ya le comenzaban á faltar victuallas, y los de los contornos no se las podian proveer. Yo le dí esta villeta, en la cual sin daño della ni costa del país hizosu regimiento, y teniéndole ya cumplido el dinero, los comisarios no le venian á pasar muestra, y faltábale ya el que para entretener la gente los de Munster le habian dado; y si yo no acudiera con diligencia á hacérsela pasar con algun dinero del Rey que tenía, sin ninguna duda de este regimiento sucediera lo que de los dos hermanos Francisco y Mauricio, duques de Saxa, que despues de haber arruinado este país y vecinos, se deshicieron por no haber acudido á tiempo á pasarles muestra. El Conde levantó este regimiento y le puso en servicio en muy pocos dias, con la diligencia y valor que siempre ha servido á su Majestad, y ahora le tiene su hermano. Tambien en este tiempo sucedió que Cristóbal Lechuga, sargento mayor del tercio de Manuel de Vega, llevándose mal con su maestre de campo, sin que él lo entendiese, un hermano y un pariente suyo, que servian en el tercio, hicieron una mina á la barraca del Maestre de Campo para volarle; pegaron fuego á la pólvora, la cual en lugar de hacer efecto contra él, le hizo contra los que la habian hecho, quemando al pariente, que no pudo retirarse, y el hermano se escondió y salvó; hallandomuchos que le escondieron, alabando su hecho, y más si sucediera bien, por ser el Maestre de Campo malquisto en su tercio. Y esto ha sido causa de haberle su Majestad proveido en otro, pidiéndolo los soldados cuando se amotinaron, y su Alteza se lo concedió. Cosa de mala consecuencia para el servicio del Rey. El Sargento mayor probó su inocencia y salió libre de ello. Padeciendo este tercio por no tener ya más medio para entretenerle, solicitaban en esa Córte con el Conde de Mansfelt, que gobernaba estos Estados en ausencia de su Alteza, que habia ido á Francia, el Maestre de Campo y los capitanes de salir de aquí y volverse á Bravante; y para este efecto inviaron uno de los capitanes del tercio. Concedióselo su Excelencia, y á mí me mandó que fuese con este tercio á ganar un castillo fuerte que los enemigos habian tomado en el país de Reklinchausen, territorio del arzobispado de Colonia, y que de allí le viniese á hablar á Brusélas. Caminé derecho donde se me mandaba, y los del castillo, sabiendo que yo marchaba, se concertaron con los del Elector, y llegado yo delante, sabiendo el concierto y no hallando allí ninguno del Elector que mediese asistencia ni victuallas, pasé derecho á Bravante por el Rin entre Duyseldorp y Keysersuverdt y me adelanté á Brusélas, adonde hallé á Mons de Linden, gobernador de Charlamont, que se habia ido á quexar á su Excelencia de no haber yo querido ir contra el castillo que he dicho. Yo respondí haberlo hecho, dando cuenta de lo sucedido. Advertí tambien á su Excelencia en consejo, del estado en que dexaba mi gobierno, principalmente la villa de Gruninghen, en la cual habia muchos que tenian inteligencia con el enemigo, y entre ellos algunos del Magistrado, recibiendo cartas y avisos, como he dicho, de lo cual quexándome yo al Magistrado, ofreciéndome de probarlo con algunos de él y hombres de la villa, que eran buenos y fieles, y esto diversas veces, y nunca lo han querido remediar. Antes el síndico me respondió una vez, queriéndolos apretar sobre esto, que estando él en Bravante habia visto y oido cosas peores, que no se remediaban, ni tampoco ellos lo querian hacer. Avisé, como he dicho, á su Excelencia diversas veces de la poca seguridad que habia en aquella tierra, de lo cual fueron los burgomaestres avisados no sé por qué via.Estando en córte procurando con el Conde de Mansfelt remedio para estas cosas, volvió su Alteza de Francia, á quien, como á su Excelencia, dí cuenta de todo lo que pasaba en mi gobierno y de la necesidad que tenía de remedio. Habiéndole particularmente avisado de que por las villas de Deventer y Zutphen podria su Alteza hacer grandes progresos entrando por el país de Utrecht en Holanda, lo cual los enemigos sentirian en extremo; y que el pueblo de aquellas provincias, acordándose de los daños que habian recibido en tiempo pasado, se reducirian á su Majestad ántes que pasar otra vez por ellos, y que ya que su Alteza no quisiese hacer esta entrada y efecto, por lo ménos proveyese estos dos lugares de manera que se pudiesen sustentar teniendo el socorro aparejado con tiempo, que pues los holandeses habian tomado el manejo de la guerra, no dudaba que estas dos plazas importantes, y no fuertes, serian las primeras acometidas por lo que les importaban. Prometióme de dar órden y toda asistencia, como adelante diré, avisándole asimesmo por cosa cierta que el enemigo se preparaba con todas sus fuerzas para acometerlas, suplicándole quediese presto remedio; donde no, que el enemigo sin duda haria su efecto por la poca comodidad que habia de hacer resistencia sin su ayuda. Algunos que estuvieron presentes dixeron despues que yo me quexaba siempre de que la Frisa se perdia por falta de asistencia, y que nunca se acababa de perder, como otras veces habian dicho. Supliquéle que miéntras se preparaba el socorro me diese licencia por ocho dias para llegarme á Luxemburg á algunos negocios mios; diómela con promesa de que allí se me inviaria todo el despacho que le pedia muy á mi contento, y al cabo el despacho fué mandarme volver á mi gobierno sin dineros ni gente más de lo que habia traido cuando salí dél. Volví á avisarle que le aseguraba de la pérdida del país si no se proveia como le habia significado, y al Conde de Mansfelt lo mesmo. Volvió á mandarme que me partiese á la hora para mi gobierno, porque tenía el mesmo aviso que yo le habia dado. Y así, por obedecer y no perder tiempo en réplicas, me partí habiendo protestado de que mi venida sin dineros ni gente haria más daño que provecho, habiéndose confiado la soldadesca y pueblo de que yo no volveria sinlo necesario para la defensa del país y sustento de la gente. Al fin me vine casi desesperado, solo con mis criados y alguna poca escolta que tomé en Gheldres, hasta el Rin, y le pasé al fuerte de Rees, y metíme en Anholt inviando para mi escolta por gente de mi gobierno, y venida, me fuí á Zutphen. Estando yo allí invió su Alteza al que gobernaba aquella tierra, y al conde Herman, que gobernaba á Deventer, dineros para comprar victuallas por estar aquellas dos tierras desproveidas de ellas. Preguntando en Zutphen al Gobernador la provision que tenía de pólvora, me respondió que la tenía buena, porque habia hallado en la casa donde aloxaba el coronel Tassis una buena cantidad, la cual habia puesto con la demas que habia en la municion. Ordenéle que con toda diligencia se proveyese de faxina y de cestones, y que trabajase de la puerta del Pescado hasta la del Rio, que era por donde el enemigo le podia hacer daño, y sin que él me la pidiese le puse dentro una compañía de infantería más, y hecho esto, me partí para Deventer. En estas dos tierras hubo mucho descontento entre los soldados de verme volver sin dinero ni gente, y yo los consolabacon la promesa de su Alteza. Y habiendo proveido en Deventer, me partí á dar una vuelta á Gruninghen, que es donde más me temia por las causas que he dicho. El enemigo, entre tanto, formó su exército bien sustancial, y no obstante los avisos que yo habia dado á su Alteza desde Gheldres, como el capitan Nicoló Basta, gobernador de ella, puede certificar, y desde Zutphen y Deventer, como el conde Herman y Loqueman pueden decir, que convenia que su Alteza juntase luégo su gente para socorrerme, y no lo hizo hasta que la villa fué sitiada. Habiendo el enemigo tomado ántes el fuerte de la otra parte del rio, que tanta sangre habia costado el sustentarle, inviando soldados mancebos en hábito de mujeres, los cuales, con las armas que llevaban escondidas debaxo de las faldas, le ganaron. Plantó treinta y tres piezas de artillería, y con cada una tiró tres tiros, con los cuales el Gobernador le rindió la tierra. Quexándome yo de él poco despues á su Alteza, que era ya llegado con alguna gente junto al Rin, á una abadía llamada Mariembon, é yendo á visitar el fuerte de Rees, que gobernaba Mons de Rinavel, dixo su Altezaque sabía que Loqueman estaba en Rees, y que habia estado aquel dia en aquel fuerte, que le avisasen que se guardase de parecer delante de él, y que procurase ganar amigos, lo cual habia hecho ántes á mucha costa de los soldados de su regimiento, cobrando el remate de su descuento. Despues de la muerte de su Alteza este gentil-hombre, procurando descargarse ante el Conde de Mansfelt, fué dado por libre sin saber yo el descargo que habia dado. Él, con la gente que salió de aquella tierra, se fué á Deventer, y el conde Herman tomó de ella la que la pareció que le podia ayudar y asistir, inviándome la demas. El enemigo marchó á sitiar á Deventer, plantó su artillería, y batióle terriblemente por la parte que no habia terrapleno; confiándose en el rio de Isel y en un arroyo que hacia foso por toda aquella parte. El Conde se puso á la defensa, donde con un ladrillo de los que volaban de la batería fué herido en el rostro, de que perdió un ojo y á grande peligro de perder el otro. Para dar el asalto hizo venir el enemigo un puente sobre barcas el rio abaxo, y le puso á la punta del arroyo; y aunque nuestra arcabucería mató muchos de los marinerosque le guiaban, todavía le pusieron por donde quisieron dar asalto; y pasando á la batería alguna gente, pusieron en ella una bandera, que los nuestros hicieron retirar della fácilmente por no ser asistidos de los demas que estaban ordenados para dar el asalto, hallando dificultad al entrar en el puente, porque de una parte y de otra los bordes eran hechos de tablas, más altos que el puente, y con más seguridad y ménos daño podia estar nuestra gente peleando mano á mano con el enemigo en aquel puesto, que no estar en él sujeta á la furiosa batería que despues de retirada su gente de ella hizo. Herido el Conde y otros capitanes y soldados, comenzaron, contra la voluntad del Conde, á tratar con el enemigo, á quien rindieron la villa no teniendo nueva de ser socorridos.

Perdidas estas dos plazas, verdaderas puertas de Holanda y país de Utrecht, por donde se habia de acabar la guerra, ó por lo ménos constreñir al rebelde á reconocer á su Rey y señor natural reconciliándose, dió ánimo al enemigo de proseguir adelantecontra esta provincia, en que tanto habia trabajado, y tanta gente habia perdido por señorearse de ella, y así procuró pasar adelante; y á requisicion de los mal intencionados de Gruninghen y solicitud del conde Guillermo de Nassao, que ahora es su gobernador, se determinó de irla á sitiar. El conde Federico y yo estábamos en el fuerte de Covorden á la mira, por ver la punta que hacia, y él, por saber que los dos estábamos en aquel fuerte, procuró cerrar la villa ántes que pudiésemos entrar en ella, y con gente suelta caminó dia y noche para este efecto, mas no lo pudo hacer tan secretamente que con tiempo no fuese yo avisado por las espías que tenía en su campo. Resolvíme tambien de partir para allá, caminando toda la noche, y ordené que alguna infantería que tenía en Covorden, pensando que el enemigo la acometeria, me fuese siguiendo. Entramos dentro el Conde y yo con la gente, á tiempo que ya la avanguardia del enemigo se venía acercando á la tierra, y los mal intencionados de ella, viéndola tan vecina, se comenzaron á alterar (que segun los enemigos decian, habian prometido de hacerlo á su llegada), y de otra parte, el Magistrado no solamenteno queria recibir en la villa la gente de guerra que yo habia traido, pero ni áun en el burgo. En este tiempo me llegó cierta cantidad de soldados que habia inviado á sacar de algunos fuertezuelos de poca importancia, y estando con alguna pena de ver el refuso que me hacian de recoger la ente en el burgo, y la alteracion de los malos, por no mostrar flaqueza ordené al conde Federico que con la gente que estaba ya recogida y algunos caballos trabase la escaramuza y tuviese los enemigos lo más léxos de la villa que pudiese, sin desarrimarse mucho del foso y muralla della; y miéntras él peleaba fuera, yo negociaba dentro, de manera que echando fuera alguna cantidad de malos, me abrieron el burgo, y así hice retirar al Conde dentro con la gente, porque no se arrepintiesen. La del enemigo padecia, por haber dexado bagaje y victuallas atras, principalmente los ingleses y escoceses, que viniendo á coger lechugas para comer, se llegaban tanto, que desde las murallas mataban los burgeses muchos de ellos. Llegado todo el exército, se metieron en escuadron algo léxos de la villa, pero con todo eso, con un cañon, dos ó tres medios y una culebrina que haciatirar, recibian tanto daño que luégo se alexaron, cubriéndose de la artillería lo más que pudieron, pero no tanto, que por el daño que se les hacia, el conde Mauricio reculó sus tiendas y parte del exército, y viendo que los malos que eran de su parte no habian salido con su intencion ni cumplido lo que habian prometido, se estuvo quedo en aquel puesto sin hacer mas trinchea ninguna. Yo imaginaba que lo hacia por esperar la artillería y pertrechos que por la mar venian, como fué así, pues dentro de tres dias comenzaron á parecer gran cantidad de velas, en las cuales, segun los avisos que yo tenía, venian sesenta piezas de batir y las municiones y pertrechos necesarios para un largo y gran sitio. Despaché luégo á su Alteza avisándole de lo que pasaba, el cual invió al teniente de caballos de Mons de Assicourt á reconocer, dando siempre esperanzas de querer dar socorro. Y considerando yo que por estar los españoles amotinados en Diest, y otras incomodidades que su Alteza podia tener, no era posible haber tanta gente que pudiese contrastar con el enemigo, escribí que si su Alteza no tenía doce mil infantes, y por lo ménos dos mil caballos,que no pasase el Rin, porque ménos daño era que yo me perdiese, que no que su Alteza se metiese en este peligro. Estando en la muralla de la villa haciendo tirar la artillería á los escuadrones que se mostraban, mandé que la arcabucería cesase y que no tirase sino de cuando en cuando algun arcabuzazo, lo cual fué causa que los jardines vecinos se hinchiesen de soldados enemigos, que era lo que yo pretendia. Viendo esto, hice juntar una cantidad de soldados que estaban en el burgo, que dentro nunca los dexaron entrar en la villa con saltapantanos ni con espadas, sino solamente con dagas; y á Mendo, con cuarenta soldados de mi compañía que habian venido conmigo y estaban en el burgo, que por hacerme gracia los dexaron entrar. Hice abrir la puerta, y ordené á Mendo que con los caballos cerrase con el primero cuerpo de guardia que tenía el enemigo, y que con la asistencia de aquella infantería, que llevaban saltapantanos, fuese cogiendo y matando á los que andaban en los jardines; y él lo efectuó puntualmente, y trayendo algunos presos, los burgeses se los querian matar, y queriéndolos defender los soldados, les dixe quedexasen hacer á los burgeses por tanto más empeñarlos. Dió este pequeño efecto tanto ánimo á los burgeses, que ya tenian al enemigo en poco; no obstante que si él acometiera la villa por dos partes, como era su intencion, con batería formada, nos pusiera en trabajo, aunque no dudo que tuviera su parte dél ántes de ganarla. Mas pareciéndole que no saldría con la empresa fácilmente, se resolvió de ir á tomar los fuertes que estaban en el territorio de Gruninghen, y el principal era Delfezijl, sobre el rio Ems, de más importancia que todos, en el cual habian puesto los de la villa una compañía, de las dos que ellos tenian á su cargo; y ofreciéndolos yo soldados de su Majestad para meter dentro, jamas los quisieron, pretendiendo ser cosa suya, temerosos de que metiendo yo gente en él, no se le volveria despues. Esta plaza está sobre uno de los dos canales que de la mar vienen á la villa, y cuando el Conde de Rhimbergh la ganó, le usurparon ellos, del cual han pretendido siempre ser propietarios, suplicando á su Majestad les hiciese merced dél dándoles la alta justicia; y sobre esto escribió su Majestad que le informasen de ello; yo lo resistí todocuanto pude, porque era hacer grande agravio á un caballero llamado Ripperdá, cuyo era el lugar donde estaba el fuerte, y él residia en Alemania; y si bien no servia al Rey, ménos al enemigo. El estorbo que yo les hice en esta tan injusta demanda, con otras ocasiones que adelante diré, fueron causa del ódio que despues han tomado conmigo, y de que yo muchas veces con tanta eficacia haya pedido á su Majestad me hiciese merced de sacarme de este gobierno, porque, como he dicho, así me parecia convenir á su real servicio, pues yo no podia forzar á esta gente á que se le hiciesen como debian. Al fin, el enemigo fué sobre el fuerte, y las compañías que estaban dentro se le rindieron, sin esperar batería. En este tiempo su Alteza invió á Mons de Huerpen, que ahora es gobernador de Maestricht, para que se informase de mí, del estado en que estaban las cosas de este gobierno y las del campo enemigo. Oyó la batería que hacia en los fuertes, é informado de lo que habia en la tierra, se volvió. Su Alteza viendo al enemigo ocupado por estas partes, se resolvió de ir á sitiar el fuerte de Nimega á grande instancia que los de aquella villa le hacianpara ello. El enemigo, habiendo tomado los fuertes que he dicho, se volvió con su exército hacia Gheldres. Su Alteza me invió á mandar que le fuese á hablar, y fuimos el conde Herman y yo, y llegamos á Nimega el mesmo dia que su Alteza se retiraba del fuerte, por tener órden de su Majestad de ir á Francia. Mandó que el conde Herman se volviese á este gobierno con los burgomaestres y síndicos de Gruninghen, que estaban allí proveyendo de algun dinero para el sustento de la gente de guerra, y á mí, que tomase el exército á mi cargo, lo cual no quise rehusar por las causas que he dicho. Y ántes de su partida se trató de la recuperacion de Zutphen y de asegurar la villa de Nimega, que á mi parecer, segun le propuse, se podia hacer, ya que no queria dexar guarnicion dentro, pues podia; que atrincheando hacia la puerta que va á Mozza, en aquel alto se podian poner dos ó tres mil hombres, ofreciéndome de quedar con ellos. Parecióle bien esto, pero tratándolo con otros se mudó, y sin dar otra órden, no obstante que los buenos de aquella villa andaban dando voces por las calles diciendo que quedaban perdidos y vendidos,se partió para Francia, y á mí me invió al exército, dexándome ordenado que deshiciese la fortificacion que Camilo Archini habia hecho en Midelver, y el fuerte que Mons de Rinavelt guardaba enfrente de la villa de Rees, necesarísimo para el paso en Frisa. Maravillábame yo de que estando la villa de Nimega en tanto peligro mandase romper estos fuertes, que en parte la tenian sujeta, y así no obedecí al primero mandato, ni ménos al segundo, pero con el tercero y el cuarto fué fuerza hacerlo. Y así no hubo su Alteza partido, cuando los de aquella villa comenzaron á tratar con el enemigo, y él á marchar con alguna gente hacia ella el rio arriba. Entendiendo esto, me partí para allá con alguna caballería é infantería. La gente del enemigo hizo alto hácia Til, y yo en Mozza, y aquí me resolví de ir con alguna parte de mi gente á la villa, y contra la opinion de Nicoló Basta y de otros capitanes que iban conmigo, entré dentro con dos compañías de caballos, dexando los demas fuera; hice convocar al Magistrado en casa de Mons de Guilein, gobernador de la tierra, proponiéndoles que, si la querian asegurar, recibiesen más gente deguerra dentro, que allí la tenía para dársela tal como ellos la quisiesen, lo cual les ofrecí tres veces y todas me lo negaron. Y así, vista su resolucion, me volví á salir y fuí á Midelvert, adonde junté gran cantidad de villanos de alrededor para desmantelarle, como su Alteza me habia mandado, y á Mons de Rinavelt avisé que hiciese lo mesmo del de Rees, llevando la artillería y municiones el rio arriba, á Rhymbergh, donde hoy está. Yo andaba con el exército buscando de comer donde lo podia hallar, por padecer necesidad así la caballería como la infantería, que con esta comodidad me han dado siempre los cargos, y estando entre Mastricht y Riuermunde, tuve aviso que el conde Mauricio marchaba con su exército hacia Nimega. Y por hacer lo que pudiese y que no se me diese culpa, escogí de todo el exército de dos á tres mil hombres sueltos, y aunque los dos regimientos de alemanes, de los condes de Barlaymont y Arembergh, andaban descontentos dias habia, jurando de no tornar á pasar la Mosa hacia Bravante sin ser pagados, todavía con promesa que les hice de que los volveria al mesmo puesto, la pasaron á Venló, por donde caminépor más seguridad mia, que tomando el camino de Mozza iba en gran peligro de perderme, por estar ya el conde Mauricio al rededor de la villa de Nimega. Consideré que ya que aquella villa se hubiese perdido, ó no me quisiesen admitir dentro con la gente que llevaba, por lo ménos aseguraria la de Grave, que es de tanta importancia, y estaba tambien en peligro por estar ausente Mateo de Castelo, gobernador de ella, y haber poca guarnicion dentro; y así me fuí allá, avisando por todas las vias posibles al Gobernador de Nimega que yo estaba allí para meterme con él, y que con la gente de guerra que tenía tomase una puerta, y que avisándome haberlo hecho, á la hora yo caminaria con la gente rio arriba, por ser camino secreto y cubierto. Mas los de la villa, como superiores de la gente del Rey que estaba dentro se apoderaron de las puertas, y dixeron al Gobernador que ni él ni ningun soldado del Rey se llegase á ellas, porque le harian pedazos; y en esto iban tratando con el enemigo. Como supe lo que pasaba, tuve la villa por perdida, y así me resolví de asegurar la de Grave; y habiendo tenido aviso de la gente de guerra que estaba dentro,de que los burgeses no andaban bien, y que eran superiores de ellos, hice caminar á la infantetía que habia traido conmigo hacia allá, y adelantándome un poco, hice venir los burgomaestres á la puerta, á los cuales propuse que valdría mas meter aquella infantería dentro, que no que anduviese por aquella campaña haciendo daño, prometiéndolos de entretenerla sin daño de la tierra. Respondiéronme que lo tratarian con sus burgeses, pero que temian que no lo podrian alcanzar, por haberles prometido otros lo mesmo y no cumplido. Entraron dentro y volvieron con resolucion de que en ninguna manera los burgeses querian que entrasen, y que si yo lo intentaba se alterarian y tomarian las armas. Y estando ya asegurado de los soldados que estaban de guardia á la puerta, hice que detuviesen fuera á los burgomaestres; púseme delante de los soldados, y ordené que sin tocar atambor me siguiesen todos, y así entré dentro sin estorbo ninguno hasta el castillo, donde puse los alemanes, y las demas naciones, como italianos, irlandeses y valones, repartí en los hospitales, cuerpos de guardia y en algunas casas vacías, sin permitir que soldado entrasedonde hubiese burges. Ayudóme á dar á esta gente victuallas de pan, queso y cerveza un comisario de victuallas llamado Romade Robertin, en lo cual se empleó como bueno y fiel servidor que es de su Majestad. Supe despues de algunos enemigos que he tenido en prision, hombres que podian saber el secreto de su exército, que si yo no entrára, la villa estaba ya concertada con el enemigo; á lo ménos puedo asegurar que si no era así, estaba en este peligro. Pocos dias despues llegó de la otra parte del rio Mons de Guilein, con toda la gente de guerra que estaba en Nimega, la cual se habia rendido al enemigo sin su voluntad, de que el pobre caballero, como muy fiel á su Majestad, venía con tanta angustia y pena, que temí muriera allí, de que le dió una enfermedad que le duró muchos meses. Al fin los inconvenientes vienen las más veces por negligencia y descuido de otros, y los semejantes lo vienen á lastar y padecer. Alojé aquella gente tambien dentro, por no perderla fuera, dándola la misma comodidad que á la demas, y pocos dias despues llegó Mateo de Castelo, que venía de Tornay, donde tenía su mujer. Habiendo el condeMauricio dado órden en la villa de Nimega, se retiró; y queriendo yo hacer lo mesmo, dixe al Gobernador que pidiese la gente de guerra de que tenía necesidad, que yo se la dexaria, y que me espantaba de que habiendo tanta artillería dentro de la tierra, tenía tan poca pólvora; y era tal, que me habia sido fuerza refinarla á mi costa miéntras estuve allí; advirtiéndole de los medios por donde se podia proveer de ella suficientemente. Dexéle algunas compañías de italianos, que me pidió y nombró, y volvíme adonde habia dexado el exército. Y su Alteza, para el viaje de Francia, que áun no era partido, invió por la mayor parte de la gente de él, y la llevó el Maestre de Campo D. Gaston Espinola, si bien los dos regimientos de alemanes altos se alteraron del todo, y se alojaron á su gusto entre Mastricht y Liexa. Y en esta sazon mandó su Alteza al duque Mauricio de Saxa levantar un regimiento de infantería alemana en esta provincia de Linghen, y él juntó la gente suficientemente; destruyó el país, y los de él llevaron el regimiento hacia Colonia, haciendo mucho mal por donde pasaba, y así se deshizo de sí mesmo. El Duque, los capitanes yreliquias de él, sabiendo que yo estaba en Mastricht, me fueron á hablar, y en virtud de una carta que su Alteza habia escrito al Duque, me pidieron alojamiento y entretenimiento. Respondíle que su Alteza entendia que habiendo pasado muestra se juntase con el exército que yo gobernaba, y que él no la habia pasado, que el exército era ido á Bravante, y así yo no podia cumplir lo que me pedia; que haria bien en ir á hablar á su Alteza, pues yo no podia mandar en aquel país, y así lo hizo. Sabe Dios las causas por que este regimiento se deshizo y no pasó muestra, y lo mesmo el del duque Francisco, su hermano, que asimesmo se levantó en este país, y en él tambien se deshizo, siendo ambos muy necesarios para el servicio de su Majestad. En el tiempo que se levantaron se perdió el dinero del Rey, destruyóse el país, perdióse el teniente coronel Teseling, y no hicieron otro efecto. Partido su Alteza para Francia, escribí al Conde de Mansfelt, que en su lugar gobernaba, suplicándole que fuese servido de proveerme algun dinero para la gente de guerra de mi gobierno, porque me queria volver á él. Mandóme venir por el dinero á Brusélas, y asífuí, donde estuve algunos meses solicitándolo sin poderlo alcanzar. En este tiempo sucedió la muerte del Duque de Cleves, y siendo necesario inviar de parte de su Majestad á su enterramiento, y á poner una persona en el gobierno de Gheldres, aunque para ambas cosas yo era poco suficiente, me mandó su Excelencia que lo hiciese, sin darme ninguna comodidad para mi gobierno, ni áun para el ajeno, y la que me dió para mi viaje apénas bastaba para pagar la escolta de Brusélas á Namur, que entónces este camino estaba muy peligroso. Tambien me ordenó que acabado aquel servicio me volviese á la villa de Mastricht, que por ser de tanta importancia convenia que una persona de recaudo estuviese en ella, por haber llevado su Alteza consigo á Francia al Gobernador. Pasando por esta villa para el viaje que he dicho, avisé al capitan Limburg, que la gobernaba, que estuviese con cuidado, porque sabía que el enemigo queria dar una escalada á aquella tierra, ordenándole que en sabiendo que el enemigo estaba en campaña, estuviese él con toda la gente de guerra á las murallas todas las noches, y que de dia doblase las guardias á las puertas.El conde Mauricio vino y dió la escalada, y fué ventura no ganarla. El capitan, descuidado demasiado, por más que fué avisado del Gobernador de Wert que el enemigo marchaba, y por no haber dado parte al magistrado de este aviso, vino en ódio de aquel pueblo, el cual, á mi vuelta allí, me solicitaba mucho que le castigase por algunos indicios que tenian de no ser fiel, á mi parecer no bastantes para quitar la vida y la honra á un soldado que, desde el principio de esta guerra, habia yo visto servir á su Majestad bien y fielmente. Poco despues de esto vino de Francia el Gobernador, y yo me volví á Gheldres. Los de la villa de Mastricht procedieron contra el Limburg para echarle de ella, y así vino aquí con el regimiento del Príncipe de Simay y sirvió como muy honrado soldado hasta la muerte. Con todo esto, fuí caminando dia y noche por ser el tiempo corto, y con gran peligro llegué á tiempo. Hice lo que se me mandó, asistiendo al entierro y exequias del Duque, de que puntualmente advertí á su Excelencia, y embarcándome el rio abaxo, me fuí al país de Gheldres, adonde gasté mucho más de lo que tenía.

Venida la primavera, el enemigo formaba su exército, y avisé de ello, y de que sin ninguna duda daria sobre mi gobierno; y con todos los avisos que dí y la solicitud grande que hice, jamas pude alcanzar asistencia con efecto, sino en promesas. Ya era vuelto su Alteza de Francia, y mandándome volver de Gheldres á mi gobierno, lo hice luégo con la mesma ayuda y provision que ántes me habia dado. Y no hube llegado, cuando entendiendo que el enemigo queria acometer la villa de Steenvick ó Covorden, donde me puse por estar en medio de todo el gobierno, aunque no estaba tan bien proveida como la de Steenvick, que tenía á cargo el teniente coronel de Mons de la Mota con más de mil soldados, la flor de la gente de guerra que el Rey tenía en esta provincia; y él, por su valor y prudencia suficiente para aquello y para mucho más, y con su diligencia y ayuda de los vecinos y soldados de dentro, la habia reparado lo mejor que se pudo; que fortificarla como era menester no se podia hacer por causa del sitio,en mucho tiempo. Acertó á estar en aquella villa Mons de Guaterdich, gobernador de Santa Gertruidemberg, que habia venido allí para cierta empresa que el Rey nuestro señor mandó que se hiciese por Pedro Rans, criado suyo; y aunque se conoció ser engaño y trato doble, este caballero, por tener valor y deseo de servir á su Majestad, sabiendo que el campo enemigo marchaba hácia allí, se quedó dentro queriendo hallarse en aquel sitio. Llegó el enemigo con exército y aparato real, y cuando yo supe que caminaba, importunaba con grande diligencia á su Alteza, que estaba en Aspá tomando la agua, y al Conde á Brusélas, por el socorro; y viendo que se tardaba, procuré, con la poca gente que tenía, aumentar la guarnicion de la tierra, é invié al capitan Sante con alguna gente y el dinero con que me hallaba; el cual hizo tan buena diligencia, y se gobernó de manera que por mucho cuidado que el enemigo tenía y más hacia para estorbar el socorro, entró dentro sin ninguna pérdida.

El enemigo, despues de haber hecho sus trincheas, las cuales no pudo hacer sin que las salidas que hizo Mons de la Cocquela lehiciesen daño, hasta tomarle banderas que tenía en ellas, y plantó su artillería en dos partes, en cada una puso treinta piezas, y otras dos en otra parte, que batian un molino que se habia hecho para meter agua en el foso. Comenzó su batería desde las cinco de la mañana hasta las de la tarde, la más terrible que se ha visto en esta guerra; y pareciéndole que habia hecho batería para dar asalto, puso todo su exército en escuadron, y reconociendo las baterías con tres capitanes que fueron á ello, el uno fué muerto al borde del foso, y hallando haber hecho poco efecto, y estarse la estacada entera y bien guarnecida de mosquetería y arcabucería, se retiraron por aquella noche á sus cuarteles, y luégo comenzaron á cegar el foso y á arrimarse con la zapa á la muralla por tres partes, é hicieron dos minas, habiendo batido un torreon de la puerta que estaba á cargo del capitan Bartolomé Sanchez. Nunca yo cesaba de solicitar el socorro viendo la grande ocasion que el enemigo daba para deshacerle parte de su exército si yo tuviera gente para ello. Tenía aloxada su caballería léxos de su infantería, y donde tomándole un puente que no estaba guardado, yrompiéndole, no podian socorrer su infantería, y en el alojamiento no habia sino una calle por donde la caballería podia salir, por ser todo lo demas pantanos, donde la infantería podia hacer grande efecto sin daño de la caballería. A tener yo infantería suficiente, con ayuda de Dios, poca ó ninguna de ella se me escapára, y perdida ésta, la villa fuera socorrida, y por lo ménos el enemigo no podia retirar su artillería por se haber secado el rio por donde la habia traido, de tal suerte que con el tiempo que hacia, de ninguna manera se podia navegar por él. El enemigo, continuando su zapa y mina fuera de ella, habia hecho dos castillos de madera, uno mayor que otro, hechos con gonces y tornillos, de modo que juntando las piezas en parte segura con ruedas y otros artificios, los llevaban enteros donde querian, y eran hechos de arte, que en diversos suelos que tenían, podia estar mucha gente de guerra segura de arcabucería y mosquetería; de donde, descubriendo no solamente el terrapleno, mas las calles y casas, hacian mucho daño. Viendo esto Mons de la Cocquela, puso dos piezas de artillería detras de una casa, con las cuales, batiendo elmayor, le hizo inútil, y del otro se recibia poco daño. Ya estaban los enemigos tan adelante en el terrapleno, que se hallaban con los nuestros pica á pica sin osar dar asalto, y por hacerlos más daño, el enemigo hacia tocar diversas armas falsas, teniendo asestada toda su artillería; y poniéndose los nuestros á la defensa, creyendo que era asalto, hacia grande efecto en ellos. Viendo yo que el socorro tardaba, y conociendo el peligro de perderse en que estaba la tierra, y que no habia mejor remedio para estorbar la pérdida, ó por lo ménos dilatarla esperando el socorro, que meter más gente dentro y proveerla de pólvora, de que comenzaban á tener falta, avisé al conde Herman, que estaba en Gruninghen, que de su parte inviase alguna gente con sacos de pólvora, y que yo tambien inviaria por la mia; y que señalando el dia, hora y lugar donde se habian de juntar, procurasen entrar dentro. Despues que el capitan Sante entró con aquel socorro, los enemigos hicieron en aquella parte algunos fuertes; y aunque el sitio era aguanoso, no dexaban de noche de entrar y salir avisos entre fuerte y fuerte, y esta gente llevaba órden de hacer el mesmoviaje, y con las guías que les habia dado fueron, y la cabeza que yo habia inviado con la gente entró dentro, y el que el Conde por su parte, ó cansado ó perdido de ánimo, estando á tiro de piedra del lugar, por haber tocado los fuertes arma, se retiró, siguiéndole de cuarenta á cincuenta soldados; que los más de ellos, venido el dia, se perdieron, y él tuvo ánimo y fuerzas para volver seis leguas atras, faltándole para ir un tiro de piedra adelante. Este mesmo dia habian comenzado los nuestros á tratar con el enemigo, el cual, habiendo hecho dos minas y alojado su gente por el terrapleno, por no tener por aquella parte traves ninguno que se lo estorbase, dió fuego á las minas, que nos fueron de poco daño, ántes la una de ellas, estando enterrado un torreon de la villa junto á ella, resistiendo, reventó hácia los enemigos, en los cuales hizo mucho estrago. Dieron con todo esto su asalto por tres partes, reforzándole de gente cinco veces, y duró desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, perdiéndose mucha gente de ambas partes. Entre los nuestros murieron tres capitanes, el conde Luis, hermano del conde Herman, el capitan Biondel, del regimientode Mons de la Mota, y el capitan Hessel, de mi regimiento, y el conde Mauricio salió herido de un arcabuzazo en el rostro. Al fin, viendo los nuestros que no habia nueva de socorro, y que los enemigos estaban tan adelante en el terrapleno, muchos de los nuestros heridos, y todos generalmente cansadísimos del trabajo y pelear, tornaron á parlamentear con el enemigo, á quien al cabo rindieron la tierra, y uno de los artículos fué que saliesen de este país, pasasen el Rin, y en seis meses no pudiesen volver á él. Cosa mal á propósito para el servicio del Rey, por ser la gente tan buena, como he dicho, y hallarme con poca esperanza de haber otra para resistir al enemigo. Avisé de todo á su Alteza á Aspá, y al Conde de Mansfelt á Brusélas, suplicándoles me socorriesen, advirtiéndolos de que el enemigo quedaba tan mal tratado, que en mes y medio no se podia rehacer para salir en campaña, porque se decia haber perdido más de dos mil hombres. Bien tardó todo el tiempo que he dicho en refrescar su gente y en rehacerla. Ya que esos señores no procuraron el socorro con tiempo, perdido el que el enemigo no estuvo encampaña y el que estuvo en rehacerse, bien pudieran de haber sido servidos de darle cuando se le pedí, inviándome, como he dicho, que sin duda se hubiera excusado lo que despues ha sucedido. Al fin importuné tanto á su Alteza y á su Excelencia, que resolvieron de inviarme socorro, y entre tanto el enemigo, habiendo rehecho su exército, marchaba hácia Covorden. Y habiendo proveido de artillería, municiones y gente, dexé al conde Federico dentro y me fuí á Grol á aguardar el socorro, teniendo aviso que marchaba. El enemigo vino y sitió el burgo de Covorden, y dexando el Mauricio al conde Guillermo, su primo, sobre aquel sitio, se partió con parte del exército y artillería á sitiar la villa de Oetmarsum; y vino tan repentinamente sobre ella, que Mendo, que estaba dentro con mi compañía, habiéndole dado órden de no dexarse encerrar, hubo de pasar por medio de los enemigos para salvarse con la compañía y meterse en Oldenzel, dexando dentro otra de mi regimiento. El conde Mauricio hizo sus trincheas, y plantando la artillería, mataron los nuestros á Mons de Fama, general de ella; y despues dehaber batido, se le rindió la tierra con los mesmos pactos que la de Steenvick. Miéntras él estaba en aquel sitio, su primo se acercaba al burgo de Covorden, el cual no tenía más fortificacion que una trinchea simple, defendióle el conde Federico algunos dias hasta que volvió el Mauricio del sitio de Oetmarsum; y una vez estuvieron los enemigos dentro del burgo, y los nuestros los tornaron á echar fuera; pero viendo el Conde que al cabo no le podia defender, le quemó y se retiró al fuerte hácia donde el enemigo caminó con sus trincheas; y conociendo que era una masa de tierra, y que su artillería, por mucha que era, podia hacer poco efecto, se puso á ganarle por zapa, sangrando primero el foso, que era grande, aunque no muy hondo; y con cierto ingenio que usan los marineros, sacaban la agua apriesa. Hizo tambien dos plataformas que abrazaban los dos baluartes, de donde tiraba á las defensas haciendo daño. Yo, confiando en el socorro que se me prometia, aunque habia puesto dentro mucha gente más de la que se suele poner en semejantes fuertes, hice apear parte de la compañía de don Sancho de Leiva y parte de la mia, y ámi alférez con ellos, y los metí dentro pareciéndome que siendo españoles ayudarian mucho al Conde. El enemigo hizo algunos fuertes, habiendo el Conde hecho una salida sobre ellos; y haciendo uno bien cerca de la tierra, el Conde le batió con su artillería desde el fuerte, y los que estaban dentro fueron tan hombres, que aunque los hacia grandísimo daño por no estar en defensa, nunca se movieron. Mandó el Conde salir del fuerte una buena tropa de soldados para darle asalto, y diéronsele, y los de dentro se defendieron muy valerosamente, pero al fin quedando muy pocos de ellos vivos, y viniéndoles socorros de sus cuarteles, los nuestros, por no ser cortados entre los dos fuertes, se retiraron. Murieron allí dos alférez de mi regimiento, Juan Lopez, español, y Mons de Ruylle, valon, que lo era de mi compañía coronela, ambos muy valientes soldados. Hechas las plataformas, comenzó el enemigo á henchir el foso (hacen esto con mucha maña y presteza), y en este tiempo me llegó el socorro á Grol, á cargo de Mons de la Capela, con su regimiento de Liejeses, el tercio de D. Gaston y el de irlandeses de Mons Stenley, que todos juntosno pasaban de ochocientos soldados, y algunas compañías de caballos á cargo de D. Alfonso de Avalos, hermano del Marqués del Guasto, que cierto no llegaban á cien caballos por tener las compañías muy faltas de gente, tanto que me acuerdo haber pasado una delante de mí con dos arcabuceros delante de avanguardia, tres lanzas de batalla, tres mujeres y un clérigo de retroguardia, sin tener más soldados que éstos, y todo este buen socorro, sin un real, ni ménos yo le tenía. Viendo la sustancia de esta asistencia, y temiendo que si poniala gente en los casales, el enemigo los podria degollar fácilmente, me resolví de meterlos todos en la villa de Grol, por evitar este inconveniente, que sin falta sucediera como digo, y con ser la tierra pequeña y de ruines casas, ellos y la guarnicion ordinaria estaban cubiertos. Y por más entretener al enemigo en el sitio de Covorden, despaché luégo para entrar dentro algunos valones del regimiento de Mons de la Capela con un capitan suyo, y díle tan buena guía, y él lo hizo tan bien, que entró dentro con mucho peligro, y avisando el de la Capela á su Alteza y á su Excelencia particularmente de la gente que habia traidoaquí, las cartas se perdieron en el camino y vinieron á manos del conde Mauricio, y él las envió al conde Federico dentro con un trompeta, para que viese el socorro que habia venido. Él respondió que aunque no viniese otro socorro, que esperaba con el de Dios defender la plaza. Tambien escribia yo muy á menudo, suplicando que el socorro fuese tal que pudiese ser bastante, porque aquél no lo era. Tratando yo un dia con algunos capitanes del tercio de D. Gaston, de que holgára que estuvieran dentro del fuerte algunos capitanes más de los que habia, se ofreció de su buena voluntad el capitan Jerónimo de Oria, genovés, caballero de mucha virtud y valor, que él iria, y procuraria entrar ó perderse. Y yo se lo agradecí como á quien él es y el caso requeria; fué con algunos soldados amigos suyos, y con tener guardia el enemigo por aquella parte, pasó como un rayo rompiendo por ella y entró dentro. Su Alteza me escribia que me inviaria socorro suficiente, que así lo habia ordenado y podia hacer porque tenía mucha y muy buena gente en Aspá para su guardia, y grande suma de dinero que le habia venido de España. Invió al fin el socorroá cargo de D. Alonso de Mendoza, con su tercio de infantería española y una buena cantidad de caballería, y con esto y lo que acá estaba, se pudiera socorrer el fuerte si viniera á tiempo y con medios, porque aunque vino con él un oficial del pagador, no traxo un real consigo, ántes me dixo que le habia faltado para cumplir con algunas compañías españolas, de una paga que se les habia dado en Bravante, pero que de Colonia habia de venir cierta suma. Vino esta gente cuando ya el enemigo habia cegado el foso del fuerte, y por una cortina de un baluarte se habia metido dentro, arrancando los árboles de que estaba vestida, con ingenios de tornos. Alojóse dentro de él y minándole sin podérselo estorbar, porque siendo las cortinas cortas, los traveses de los baluartes hacian poco efecto, y las dos plataformas tambien impedian que no se pudiesen valer de ellas, porque tiraban continuamente allí cruzando su batería; acertó á ser el baluarte más fuerte de los cinco que el fuerte tenía, y así el Conde le cortó, desamparando la mayor parte de él, comenzando á hacer una retirada, hácia una plataforma del fuerte, por la cocina de una casa, hasta lo que habiacortado del baluarte, que tambien hacia traves como la plataforma. Y sabiendo yo por las espías que tenía en el campo del enemigo, el estado en que estaban las cosas de él, daba priesa al Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza que caminase é hiciese diligencia, y él la hizo, y sabiendo que estaba cerca, tomé la avanguardia con la gente que acá estaba, para informarme de más cerca de cómo se podia socorrer. Llegando el Maestre de Campo y sabiendo que yo me habia partido, me siguió con mucha presteza, aunque llovia y hacia mal tiempo. Juntámonos en Ulsen, lugar del condado de Benthen, y otro dia marchamos juntos á Denichum, tambien lugar del mesmo condado, una buena hora de camino de Covorden. Este fuerte de Covorden está en un sitio fuertísimo, que de todas partes le cercan pantanos y turbales inaccesibles la mayor parte del año; solamente hay un paso arenisco y duro debaxo, pero siempre con agua, y dura ántes que se llegue al fuerte y despues á la entrada de él, adentro, una pequeña hora de camino, paso hecho á posta para las barcas de una provincia á otra, que esto significa el nombre Covorden; hay tres ócuatro arroyos que salen de estos pantanos y turbales, y todos vienen á dar al fuerte, y de ello se hace un rio, que va por unos grandes prados á entrar en el rio Vecht. Pocos dias ántes que nosotros llegásemos á Denichum, habia venido el Conde Holac con un regimiento nuevo y alguna otra gente, á juntarse con el Mauricio; y queriendo estar apartado de él, se alojó entre Denichum y su campo, pero más cerca de él que de nosotros, donde se habia fortificado; mas sabiendo que el socorro venía, habia dexado aquel puesto y tomado otro. La metad de la fortificacion estaba delante del rio que viene de Covorden, y la metad detras, y tambien dexó éste como supo que éramos partidos de Oldenzel; y luégo tomó otro mucho más fuerte que los dos, acercándose al cuartel del Mauricio, adonde se fortificó con grandísima priesa, como tambien lo estaba el Mauricio en su cuartel, y fuera de esto, así por aquel paso de agua que he dicho, como por otras partes por donde podiamos pasar, habia ya hecho buenos fuertes, y reparar y doblar las trincheas, tanto contra nosotros, como contra el fuerte. Traia conmigo tres piecezuelas de campaña, con las cuales hice señal al Condede mi venida, y por no perder tiempo, invié alguna caballería á tomar lengua por aquella parte donde estaba el Conde Holac; y por los pantanos invié dos capitanes, uno italiano y otro español, porque mi intencion era, ya que se podia caminar por ellos, que con toda la infantería se llegase por aquella parte, lo más cerca del fuerte que se pudiese, como no fuesen sentidos, y con la caballería tocarles arma la mayor que fuese posible, y que la infantería estuviese hecha alto y que en oyendo esta arma arremetiese á las trincheas, y ganándolas, no dudaba de ganarse las plataformas y echar los enemigos fuera del burgo, que áun todavía estaban atrincheados. Considerando yo que tocando arma al cuartel del Holac, el Mauricio viniera del suyo al socorro, como despues hizo, y que entónces nuestra infantería hubiera hecho el efecto que he dicho facilísimamente, por estar el cuartel del Holac media hora de camino hasta las trincheas. Los dos capitanes fueron á reconocer el paso para guiar la infantería, y de enmedio del camino se volvieron sin reconocerle, echando la culpa el italiano al español, diciendo que no habia querido pasar adelante, y que él no queriaser más prudente ni valiente que el otro. Hicieron una gran falta al servicio del Rey, que con el favor de Dios, rompiéramos al enemigo, porque parte de su exército estaba fuera á traer victuallas, que padecia de ellas por estar léxos de sus tierras; tambien padeciamos nosotros, más por falta de dinero que de victuallas, que muchas nos venian; pero los soldados de este gobierno y los demas que habian venido con el Maestre de Campo D. Alonso de Mendoza, salvo los de su tercio, dexaban sus banderas por ir á buscar de comer, y á no estar el enemigo ocupado en sus fuertes y trincheas, como lo estaba, él hiciera suerte en nosotros. Visto lo que los dos capitanes habian hecho, ó no habian hecho, nos resolvimos de acometer el cuartel del Holac, escogiendo de las naciones que allí habia mil soldados que fuesen de avanguardia, y que tras ellos fuese la demas infantería y la siguiese toda la demas caballería, con intencion de que los mil soldados acometiesen los primeros, y ganando las trincheas, la demas infantería se pusiese en escuadron dentro del cuartel, y que toda la caballería encubierta en un bosque, que estaba junto al cuartel del Holac, esperaseá la gente que viniese al socorro del cuartel, del Mauricio. Tambien se ordenó que no se tocase arma hasta que se pelease mano á mano con el enemigo; habiéndolos dado una guía para mostrarles por donde entraban y salian los carros de aquella fortificacion, no habiendo puerta ni trinchea en aquel paso. Cuando llegaron estos mil soldados al cuartel donde habia estado poco ántes el Holac, creyeron que se iban huyendo y diéronse priesa á caminar tras él; á los que llevaban la guía, con la mucha que iban y la arma que tocaron, se les escapó de las manos, que fué causa de que no se acertó lo que pretendiamos. La gente se derramó por aquellas trincheas, acometiéndolas por diversas partes, y el enemigo que estaba en ellas, por haber tocado arma tan temprano, las defendia valerosamente. Mataron luégo al capitan D. Juan de Bivanco que iba en la avanguardia, y á otro capitan aleman del regimiento del Conde de Barlaymont, que habiendo entrado dentro con algunos soldados y no siguiéndole los demas, le mataron con los que con él habian entrado. Ya era llegado el Mauricio con el socorro, y el dia aclaraba, y temiéndome de lo que sucedió, habia hecho adelantarla caballería para dar calor á la infantería, y si sucediese mal, poderla retirar más seguramente. La artillería de sus trincheas nos comenzó á hacer gran daño, y con los unos y con los otros, tuve trabajo en recoger y retirar la infantería, viendo que miéntras más se estaba allí era más perder. Al pasar del rio puse alguna infantería en las trincheas que el Holac habia dexado, por si el enemigo nos cargase. Volvimos al cuartel siempre con cuidado, porque no nos acometiese el Mauricio á la retroguardia, que toda la gente de su exército, salvo la que estaba en las trincheas, habia ya acudido allí. Debieron de morir aquel dia, de los nuestros, cien hombres de la infantería, de todas naciones, que no fué mucho segun jugaba la artillería y arcabucería del enemigo. Otro dia, por no mostrar flaqueza, me fuí á presentar con el exército junto á Covorden, enfrente del cuartel del Mauricio, llamándole con la mayor parte de las trompetas que tenía, á batalla, pero ni quiso darla, ni ménos trabar escaramuza, y yo lo deseaba por ver si le podria sacar de sus trincheas y pelear con él; visto que no queria, me volví al cuartel, habiéndome mostrado á los de Covordenpara darles ánimo. Despues de esto fuí á reconocer el paso de Scherembergh, pensando pasar por allí á la Drent y tentar por aquella parte el camino de Gruninghen, y no fué posible con llevar los caballos á mano. El teniente Mendo que iba delante se empantanó de manera que ni él ni su caballo podian salir del pantano. En este tiempo habia llegado el conde Herman á juntarse con nosotros, con la gente que habia sacado de aquel país; y su hermano, que estaba dentro del fuerte, viendo que no le podiamos socorrer, y que el enemigo le habia minado la mayor parte del baluarte que él habia cortado, se rindió con muy honrados pactos que el enemigo le concedió por hallarse apretadísimo de victuallas; y si el socorro, como vino á lo último me viniera al principio, cuando el otro, con las comodidades que en tales casos se requiere, el fuerte se socorriera sin ninguna duda, y el Mauricio y su exército estaban en gran peligro de perderse ó recebir un notable daño. Mas al fin las victorias vienen de Dios y él las da á quien es servido, pero tambien es necesario que los hombres se ayuden y provean de su parte sin dexar tales cosas á la ventura. Cuando vino Mons dela Capela con aquel socorro, el tiempo era seco y por todas partes se podia caminar, lo que no se podia hacer en el que vino D. Alonso de Mendoza, que era de otoño, y con las aguas de él, se habia hecho dificultoso lo que ántes era fácil.

Sabida la rendicion del fuerte, volví á inviar con gran diligencia al conde Herman con la gente que habia traido á Gruninghen por la Bretanga, que era el camino por donde habia venido, y yo me fuí con la demas gente al villaje de Velthusen, lugar del Conde de Benthem, y allí estuve algunos dias para ver lo que el enemigo queria hacer; donde la gente de guerra que habia venido con Mons de la Capela me pedian la paga, que les escribian de Bravante haber inviado para ellos, y decian que yo habia recibido, lo cual era falso; y los que más me apretaron con poca modestia, fueron los italianos del tercio de D. Gaston, diciéndome que su maestre de campo los habia escrito que yo tenía su dinero. De estas y semejantes caridades se me han hecho muchas en esaCórte, y sus inventores no me han sido de poco trabajo y estorbo al servicio de su Majestad, siendo causa de que los soldados pierdan el respeto, sin el cual no pueden ser bien gobernados. Habiendo el enemigo proveido y reparado el fuerte, retiró su artillería y exército hácia Svol; y yo, habiendo comido y forrajeado los contornos del cuartel adonde estaba, me fuí al villaje de Geelhusem, junto al castillo de Benthem, adonde los alemanes de los regimientos de los dos condes de Arambergh y Barlaymont se alteraron, tocaron sus caxas, y sin ninguna licencia, ni capitanes, ni oficiales, marcharon para volverse á Bravante; yo fuí tras ellos, y con todas las buenas obras y palabras que podia, les rogaba se quedasen á lo ménos miéntras el enemigo estaba todo junto y no muy léxos de nosotros, y que podria ser que él nos vendria á buscar, ó nos daria ocasion de buscarle á él; por aquella noche se quedaron donde yo los alcancé, y otro dia siguieron su camino sin poderlos detener, por más ruegos que D. Alonso y yo les haciamos, y con ellos se fueron algunos que tenian tan poca gana de quedarse como ellos. Pocos dias despues me vinieron de Coloniaquince mil escudos, los cuales se dieron á la gente de guerra que Mons de la Capela habia traido consigo, que así vino ordenado de la Córte, y no solamente mandaban que se diese de aquello la paga á los coroneles que estaban ausentes, pero una buena suma de dinero más, sin que viniese un real para los que estaban presentes sirviendo, ni ménos para sus soldados. Recibido este dinero, tambien pretendieron ellos partirse. Todavía estaba el enemigo junto, llegándose lo más cerca que podia al paso por donde esta gente habia de pasar, con intencion de que ya que los alemanes y los que fueron con ellos, por buena diligencia que habian hecho, se le habian escapado, no se le escapasen estos que quedaban. Don Alonso hizo una vez punta de partirse, adelantándose un poco con esta gente, lo cual entendido por el Mauricio, caminó á la ligera á encontrarlos; tuve yo aviso de ello, y advertí á D. Alonso que se volviese, porque corria peligro. Y como el conde Mauricio marchó á la ligera sin victuallas, y por el mal tiempo que hacia de agua, su gente padecia y murmuraba, temiendo no le perdiesen el respeto, deshizo su campo enviándolos á sus guarniciones.Entónces pudo D. Alonso seguramente hacer su viaje como le hizo, y en este tiempo vino aquí Robertin, comisario de victuallas, y ha sonado que venía con alguna comodidad para asistirnos de victuallas al socorro de Covorden, que aunque viniera seis semanas ántes, viniera tarde para ello. Retirada la gente en Bravante, los de la villa de Gruninghen, segun me informaban personas fidedignas y otras que inviaba á la Haya á saber lo que pasaba, trataban con el enemigo, sino el cuerpo todo junto del Magistrado y la burgesia, á lo ménos grande parte de unos y de otros, de que avisaba muchas veces al Magistrado y al conde Herman, que estaba en la villa; y como cada dia crecian estas nuevas, me resolví de ir allá en tiempo de una grande helada, y llevé conmigo cantidad de gente de guerra y pólvora. Los malos, como entendieron que yo sabía su trato, viéndome venir de improviso, y con gente de guerra, pusieron todo el estorbo que pudieron para que no la alojase en el burgo; mas al fin, con ayuda de algunos buenos, la recibieron, y no por eso los malos dexaban de procurar de ponerme mal con los buenos, diciendo una vez que yo me entendia conel conde Guillermo, y que me habian visto hablar con él en una escaramuza; otra que se casaba con mi hija y yo con su hermana, por ponerme mal con los católicos, y como gente vulgar acostumbrada á calumniar á sus gobernadores, no faltaba quien lo creyese. Y teniendo siempre cuenta con sus pasos, entendí que un hombre que vivia en el Coregat habia traido una carta del de Holac para Juan Tembouren, Ernesto Herens y otros sus cómplices, en que los solicitaba el proseguir la plática con la burgesia, prometiéndolos, como Conde de Alemania, que el imperio recibiria la villa en su proteccion, y que dexasen y renunciasen al Rey nuestro señor. La carta y respuesta de ella vino á manos del Magistrado, prendiéronse los hombres, y solicitando yo que hiciesen justicia de ellos, y que echasen de la tierra algunos del Magistrado y del pueblo, que públicamente decian que convenia y querian darse al enemigo, lo cual les queria probar con algunos buenos del Magistrado y del pueblo, que se lo habian oido y se lo querian mantener, el remedio que dieron á esto fué responderme que sus diputados estando en esa Córte habian oido muchascosas semejantes, y que pues allá las sufrian, que tampoco acá las querian remediar. Yo los repliqué, diciendo cosas que tocaban al servicio de su Majestad y provecho de ellos, de que me pareció no gustaban mucho; y á los tres que tenian presos, todo el mal que les hicieron fué desterrarlos de la villa, y cuatro dias despues, me solicitaban que dexase entrar al Tembouren, que era con quien muy de secreto trataban con el enemigo. Respondíles que les via hablar por él tan aficionadamente, que creia le dexarian entrar contra mi voluntad, y que hiciesen de él lo que quisiesen. Llamáronle, y el Ernesto se entró de suyo, y quexándome de ello á los burgomaestres, me negaban no estar éste dentro de la villa, y sabiendo yo lo contrario, les dixe la parte donde le hallarian, y dándole seguridad, vino á mi casa, de que los burgomaestres quedaron confusos, y en su presencia le pregunté el por qué amenazaba de matarme ó prenderme con otros muchos como él. Que esto no lo decian entre sí solamente ni por las calles, mas á la puerta de mi casa, y las mesmas amenazas hacian á los buenos y católicos de la villa, tanto que una noche, no osando dedia, vinieron á mi puerta algunos de ellos diciéndome estas palabras: Señor, vos y todos nosotros estamos aquí perdidos y vendidos, porque los herejes y mal intencionados son muchos más que nosotros, y vuestra persona particularmente está en muy gran peligro, y así estamos determinados de tomar las armas y defenderos todo cuanto pudiéremos. Yo los respondí que como se conservase la tierra, era poca pérdida la de mi persona. Pero temiendo que osando ellos poner las manos en mí, la pérdida de todo aquel país era cierta, como sucedió cuando prendieron á Mons de Billí siendo su gobernador, á la mañana invié á llamar al Magistrado, y le dí cuenta de lo que habia entendido, rogándolos y protestándolos que reprimiesen á los malos sediciosos, para que no viniesen á desmandarse del todo, y que el remedio que habia era echar del lugar algunos deslenguados de ellos, dándoles por memoria los que eran, la cual me habia dado el vicario, cura de la iglesia mayor; y con todo esto, ninguno de ellos fué echado fuera, ántes supe que secretamente los acariciaban, y de esto, en mi casa reprendí ásperamente á un burgomaestre, el cual por ser mancebono sabía disimular como los otros, y éste y su suegro, tambien burgomaestre, son los que ahora entonan más alto los psalmos con el predicante hereje. Poco ántes que esto pasase, me invió el Conde de Mansfelt, que ya su Alteza, que Dios tenga en el cielo, era muerto, los italianos del tercio de D. Gaston, los valones que están con el regimiento de Mons Stanley y algunas compañías de Mons de la Mota, y con ellos un comisario con algun dinero, que es la primera vez que me ha venido gente y dinero juntos. El conde Guillermo juntaba gente con intencion de acercarse á la villa de Gruninghen para alterarla, y por las apariencias que habia en ella, y el aviso que yo tenía de una espía que se halló presente, cuando diciendo al Conde que yo estaba dentro con gente, se dió una gran palmada en la frente tirándose la barba, por lo cual, recelándome, no dexé salir ningun soldado del burgo. Él se embarcó con su gente, y fué á dar al Dolart, y apeóse en dos esclusas que están en la señoría de Wedde, llamadas Dennigwolde y Belingvolde; y en aquel punto acertó á llegar á Wedde el conde Federico con la gente que he dicho. Y el enemigo,metiéndose en medio de las dos esclusas, en una hora se fortificó de manera que no era posible llegar á él por ser los prados pantanosos y los diques tan estrechos, que apénas podia un hombre caminar por ellos. Avisó luégo al conde Herman y á mí á Gruninghen de su venida y de lo que habia hallado, yo le escribí que alojase la gente en Winschoten, y procurase estorbar la fortificacion al enemigo, y no lo pudo hacer por las causas que he dicho. Su Excelencia mandó al conde Federico que se diese priesa á levantar la caballería que ántes le habia ordenado, y así se partió para efectuarlo, y en su lugar fué el Conde, su hermano, á gobernar aquella gente; y tambien él, pocos dias despues, fué proveido del gobierno de Gheldres, y siendo fuerza partirse á él, quedó aquella gente á cargo del caballero Carcamo, que gobernaba el tercio de D. Gaston, el cual, así con los capitanes de él, como con los del regimiento de Mons Stenley, tuvo muchas pendencias que pudiera bien excusar. La villa de Gruninghen estaba tal, y la mayor parte del comun tan levantado, que no esperaba sino la hora que lo fuese del todo, dando sobre los católicos y sobremí, y por esta causa no me osaba deshacer de toda la gente que tenía en el burgo, ni desamparar la tierra, por decirme los buenos que al punto que yo saliese, se perderian. Las indignidades que los malos de aquel pueblo han usado, por no haber querido el Magistrado remediarlo, sabe Dios, y lo que yo he sufrido por el servicio del Rey. Quexábase el Magistrado de que los socorros que inviaban, no bastaban para poder hacer la guerra ofensiva, y que la defensiva no los ayudaba más que á acabarlos de consumir. Yo los aconsejé que lo significasen en la Córte, pensando por esta via tenerlos en obediencia. Lo cual por mi parte habia escrito muy particularmente, y que era necesario acudir muchas veces á la fuente, y así se resolvieron de inviar un burgomaestre y al síndico. Su Excelencia entónces formaba exército para socorrer á Santa Gertruidembergh cuando ya era perdida, y no habiendo menester la gente, se resolvió de inviarme buena parte de ella á cargo del conde Federico, y ya el tiempo estaba tan adelante, que habia poco para hacer guerra en Frisa, pues para el verano era tarde y para el hielo muy temprano, siendo el mes de Setiembre. Lagente que habia de traer el Conde era la que habia salido rendida de Steenvick, el regimiento de D. Filipe de Robles, parte del de Mons de Fressin y otras compañías sueltas de guarniciones, dos del regimiento del Conde de Soltz y cuatro compañías lorenesas, dos valonas y dos alemanas. Y como los soldados de estas compañías entendieron que habian de ir á Frisa, habiendo ya padecido en campaña, se desmandaron y huyeron, principalmente los valones, que no quedaron la metad. La caballería era la del Conde, seis cornetas de corazas de Lorena y la compañía de Butherghe, tambien se desmandaron de estos coraceros, y se fué mucha parte de los mejores soldados. Caminó esta gente hácia el Rin, llevándola el conde Herman á su cargo, como Gobernador de aquella provincia, hasta embarcarla. De allí adelante la llevó su hermano. Por la solicitud que los diputados de Gruninghen y yo haciamos en Córte para poder hacer guerra ofensiva, invió tambien cuatro piezas de artillería proveidas muy bastantemente de todo cuanto era necesario para ellas, sólo faltó el dinero para los que las gobernaban, siendo gente que quiere ser bien tratadapara sacar servicio de ella. La provision del dinero habia de venir de otro que del general de la artillería, el cual, verdaderamente en lo que le tocó, proveyó suficientemente. Entendiendo el enemigo que me venía este socorro, quiso, no estando ocupado, inviarle tambien á su gente de Frisa, que podia hacerlo con más presteza y comodidad que nosotros, y así se resolvió de hacer un fuerte en la Bretanga, para estorbar que nuestro socorro no entrase hacia Gruninghen. Este paso de la Bretanga, que dura bien dos horas de camino, antiguamente le hicieron los villanos juntando turbas y arena, como lo significa su propio nombre; la metad es territorio de la señoría de Wedde, y la otra del país de Munster, y con trabajo los unos y los otros le entretienen para la comunicacion y trato de ambos países. En medio de este paso, habia un sitio más ancho y arenisco, adonde hizo el enemigo un fuerte, que cortando el camino, y con la cortadura hacer trinchea, cosa que se podia hacer en una hora, era dificultoso echarle de allí, por no poder de ninguna parte llegarse á él sino por el camino. No pudo Carcamo llegar á tiempo para impedirlo, ni tenía comodidadpara hacerlo, ni ménos yo para asistirle, por estar tan ocupado en Gruninghen. Antes que esto sucediese, escribí al conde Federico que acometiese el castillo de Saesfelt y la villeta de Oetmarsum, que los enemigos ocupaban, por no dexar atras cosa que nos estorbase, que lo hacian mucho aquellas dos plazas, por estar ambas á hora de camino de Oldenzel, paso forzoso nuestro para ir y venir á Bravante. El de Saesfelt se rindió luégo, y Oetmarsum esperó batería, por tener dentro dos compañías de buenos y experimentados soldados. Hecha batería, se rindieron con los pactos que ellos habian dado á los de Steenvick, quedando los oficiales presos para rescatar á algunos capitanes de Mons de la Mota, que se habian perdido en el socorro de Santa Gertruidembergh. El Conde caminó luégo con la gente, por el paso de Schonrebeck junto á Covorden, que por la Bretanga no pudo hacerlo, por haberla ocupado el enemigo, dexando la artillería que traia de Bravante, en Oldenzel. Habiendo pasado, fué hácia Gruninghen, adonde yo tenía ya junta la gente que podia, con la cual y la asistencia de la que habia venido, en un mesmo tiempo, por no perderle, hicesitiar dos plazas que fastidiaban á Gruninghen, que eran Suartezil y Sloter, yende yo á Suartezil y el capitan Cornelio Gasparino á Sloter; yo llevé dos piezas de campaña que el Conde traia consigo, sacadas de Oldenzel, pareciéndome que no siendo más de una iglesia mal fortificada se le rendiria. El fuerte donde yo fuí, no lo quiso hacer, fué menester batirle, y por ser hecho de tierra fuerte, la batería hacia poco efecto; visto esto, invié un oficial aleman á reconocer el foso, haciendo tirar continuamente la arcabucería de las trincheas, para que más seguramente hiziese lo que le habia ordenado, y tras él salió el alférez Peña con una faxina y una zapa, y poniéndola al borde del foso, se reparaba con la zapa detras de ella, y tras él fueron otros muchos haciendo lo mesmo, y visto por los de dentro dieron muestras de quererse rendir, y en este punto los nuestros salieron de las trincheas y el conde Federico con ellos, y dando asalto, arremetieron por el puente con picas y alabardas y abaxaron el que era levadizo; la subida era áspera y por la firmeza de la tierra daba poca subida el terrapleno, y los de dentro se defendian valerosamente, aunque eran pocos;peleóse mano á mano buen rato, pero habiendo muerto al Gobernador del fuerte, que era el que más resistencia hacia, los nuestros entraron sin dexar hombre á vida, y si alguno saltaba, los de fuera le mataban. Hecho esto, volví con diligencia á Sloter, que no se querian rendir, por aquella simple artillería que el capitan Cornelio tenía; y sabido que yo venía con la preparacion que llevaba, se rindieron. Yo habia ántes para mayor seguridad de Gruninghen y mia (porque de hora en hora tenía avisos de que los malos querian tomar las armas repentinamente y procurar prender ó matar á los católicos y á mí) para poder hacer exército, sacado de Winschoten al caballero Carcamo, y le puse con su gente al rededor de la villa para tenelle á la mano y estorbar que no lo hiciesen. El conde Guillermo, que estaba en el fuerte nuevo de la Bretanga, que hacia, se puso en campaña con artillería, sitió y batió el castillo de Wedden, y los de dentro se rindieron sin esperar asalto. Tambien el villaje de Winschoten, y fortificó la iglesia, adonde yo me encaminé con la artillería que habia sacado de Gruninghen, pareciéndome que los de ella, viéndonos con fuerza en campaña,no osarian intentar su mala voluntad. El conde Guillermo, dexando buena guarnicion en aquellas plazas, se volvió hacia Frisa, á juntarse con el socorro que le habia venido con el conde Filipe, su hermano. Yo proseguí mi camino hacia Wedden y rindióse la gente que estaba en la iglesia de Winschoten. Pasé á Wedden, adonde el enemigo habia puesto dos tenientes de infantería, con gran cantidad de mosqueteros y otra buena tropa de soldados escogidos de todas compañías; y segun se decia, el conde Guillermo y los Estados de Frisa habian prometido á estos dos tenientes que si defendian bien aquella plaza los harian capitanes, dexándolos municiones de boca y guerra, é instrumentos para repararse y fortificarse, que aunque fuera para una gran tierra bastaba, que proveen sus plazas de otra manera que se acude á las nuestras. Esto fué causa que los tenientes no quisieron, habiéndoles yo pedido la plaza, responder otra cosa, sino que la defenderian hasta la muerte, y cumplieron su palabra, y miéntras la artillería que quedaba atras llegaba, hice hacer con diligencia las trincheas. Venida y batida la plaza, los de dentro persistian en defenderla, y su mosqueteríatiraba sin cesar dia y noche, lo cual no podia ser sin algun daño nuestro, y recibiéronle más que las otras naciones, los italianos, que verdaderamente habian hecho su deber, en hacer sus trincheas, llegándose al foso con ellas. Y prosiguiendo la batería, habiendo quitado dos torreones, que hacian traves á la cortina, que era de tierra, los de dentro mostraban alguna flaqueza, segun se via y oia entre ellos; nuestra gente y la italiana ántes, por estar más cerca y vengar los compañeros que habian perdido allí, se arrojaron al foso á dar asalto sin órden, cosa que muchas veces sucede mal, y creo que entónces fuera así, si los de dentro se hubieran defendido tan bien como los de Suartezil, entraron con poca resistencia degollando á todos los que habia dentro. Reprendí á los que arremetieron, advirtiéndoles de los inconvenientes que suelen suceder de las cosas que se acometen sin órden. Y en este punto llegaron algunos burgomaestres de Gruninghen, los cuales vieron todo lo que he dicho.


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