CARTA A FABIO FIALLO
Maracaibo: abril de 1900.
Señor Fabio Fiallo.
Santo Domingo.
Mi querido poeta.
Un dÃa ráfagas de adversidad me llevaron á esa noble patria tuya. Bajaba del Norte, quizás un poco enamorado. Triste, de la tristeza generosa de los amantes y de los proscritos; llena todavÃa mi alma con la suave música de suaves palabras de amor; en losoÃdos el eco lastimoso de la patria, atormentada, puesta en cruz; enfermo del alma y del cuerpo, llegué en busca del piadoso peñón antillano, donde poder enterrar Ãntimas pesadumbres, la vista en el horizonte, hacia la patria imposible y amada.
Entonces fue cuando me abriste, oh poeta, las puertas de tu hogar y de tu corazón.
Y después, á la hora en que un falso patriotismo, vidrioso é impertinente, lapidaba mi nombre; á la hora en que tantos apedreaban con censuras y protestas al gobierno liberal, por el hecho de haberme honrado más allá de todos mis anhelos, galardonando quizás mi amor á Santo Domingo, fue tu pluma viril, tu pluma de diarista y de poeta, la que yo vi indignarse y coronar de rosas mi nombre.
Mi corazón es tuyo, poeta.
Acóje esos pobrecitosCuentosque se me han salido toscamente de la pluma. Yo los vivà casi todos; ó los he cojido al vuelo, mirando sufrir á los demás hombres.
Historia de un dolor, es una historia de veras. Aquel hombre que agoniza es mi padre. Yo vivÃa en Holanda en 1896 y al rescoldo de mis recuerdos de hogar, escribÃ, y entonces publiqué, si bienalgo variada, esa página Ãntima.
Juanito, ya tú lo conoces, me valió un laurel. ¡PobreJuanito!Carta de amorno es literatura. Cuanto áMolinos de maÃz, baste decirte que mi padre fue propietario de tahona, en una poblacioncita de Venezuela, y te juro no ser mi pobre padre, el Redil de mi cuento.
DeFilosofÃas truncas, que no es apenas cuento, pudieran decirte mejor que nadie César Zumeta y el autor deFlor del FangoéIbis. Los discutidores somos los tres: ellos y yo, que vivÃamos juntos en Nueva York, el año pasado. El cuento, que repito no estal, ni por tal lo tengo yo, se reduce á una charla que sostuvimos cierta noche en que hube yo de indignarme contra el cruel lapidario deEscrituras y Lecturas.
Recuerdo con placer indecible muchas de esas veladas.
Vargas Vila es, como nadie lo ignora, un admirable conversador. El epigrama es flor de su predio. Clava un chiste como un puñal. Blande las palabras con soltura sorprendente; y la movilidad y destreza de su espÃritu corren parejas con su verbosidad oportuna y de buen tono.
Zumeta es alma cambiante ycompleja. Es bueno y malo. Su ironÃa es malvada; y se rÃe, cuando habla, de un modo siniestro. Pertenece á los buenos dÃas en que se obsequiaba á un huésped, en una copa labrada, con un tósigo. Sus flores están sutilmente envenenadas. Desvalija falsas reputaciones, en dos minutos, con una habilidad calabresa. Pero hay una cosa indiscutible: que la compañÃa de Zumeta es siempre interesante.
SiAlma enferma, te parece lánguido, échale toda la culpa al señor Herrera Irigoyen. El nos paga por cuartillas. Sus larguezas corresponden á la longitud denuestros escritos. Por eso jamás le he querido vender mis versos.
Más no te hablo de mis cuentos.
Tengo que explicarte, sin embargo, por qué les digoCuentos de poeta. Porque son, en resumen, historias que yo te conversarÃa si estuviésemos juntos, historias desnudas de mayor interés, historias de esas que se hablan dos poetas en un banco de plaza pública, á la media noche, cuando el cielo está azul, paramentado con temblorosos hilos de estrellas.
Rufino Blanco Fombona.