Cenefa de adornoBailes y conciertos
Cenefa de adorno
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Latemporada de bailes dura desde diciembre hasta principios de cuaresma, y desde Pascua hasta principios del verano.
Es costumbre empezarlos de diez a once de la noche y retirarse a las tres de la madrugada, no siendo de buen tono el quedarse hasta más tarde.
Una o dos semanas antes del baile se envían cartas o bien tarjetas ordinarias de invitación a las personas cuya asistencia se solicita, procurando que el número de convidados sea proporcionado a las dimensiones del local.
Las personas expertas saben cuánto influye en el buen éxito de un baile elegante la prudente limitación en el número de invitaciones, y cuán inconveniente es forzar la capacidad del salón cerrando aberturas y privándole del aire necesario.
El que ha recibido una invitación debe corresponder con una visita, siempre dentro de los ocho días siguientes al del baile, aunque no haya concurrido a la reunión.
Los convidados llegarán dentro de los treinta minutos siguientes a la hora señalada en la tarjeta, la cual no han de llevar consigo si no contiene la correspondiente súplica.
A la puerta del salón les recibirá, dando lamano a cada uno, la señora de la casa, vestida con traje sencillo.
Se entiende sencillo relativamente, por lo que tenga costumbre de vestirse.
A un baile o reunión particular cualquiera, no va sola una casada joven, sino acompañada del marido, la madre u otra señora mayor de bastante consideración social.
Tampoco irán dos casadas jóvenes, aunque sean hermanas, sin que las acompañe el marido de una de ellas o una señora muy respetable. No obstante, si tienen gran intimidad con la casa donde se celebra la reunión, podrán ir solas con tal que lleguen antes que los demás convidados.
Cuando en la misma noche una señora ha de asistir a varias reuniones, acomodará a ellas su traje y permanecerá poco rato en cada una, terminando por la más importante.
Los únicos bailes admitidos en los de gran etiqueta son los rigodones y vals, finalizando muchas veces con un cotillón, en el cual se hacen regalos humorísticos y algunas veceshasta espléndidos. No se debe bailar sin llevar los guantes puestos.
Requiere suma discreción en la señora de la casa el hacer presentaciones, no menos que el ofrecer a un caballero encontrarle pareja; pues a muchos, que les complace el mirar la danza, les disgusta el tomar en ella parte activa.
La señora de la casa o una hija suya abre el baile en la parte superior del salón, formando la primera pareja con el caballero de rango más elevado; pero en lo sucesivo la dueña se abstiene de bailar mientras haya señoras que no bailen por falta de caballero.
En este caso hace pobrísimo papel el joven que afecta no querer bailar, así como todo caballero que no complace a la dueña al insinuarle esta que invite a una señora que no tenga pareja.
Es poco cortés invitar para una danza enel momento en que preludia la orquesta, como también ofrecerse a una señora que por su proximidad pueda haber oído que otra acaba de rehusar la invitación.
El caballero que baile mal o sin compás no mostrará mucho acierto invitando a señoras desconocidas o que apenas conozca.
El que accidentalmente ocupa el asiento de una señora que está bailando, debe abandonarlo al último compás de la orquesta, sin aguardar a que se lo reclamen.
Un caballero no rodea con el brazo la cintura de su pareja antes de empezar a bailar.
Dado que durante la danza se pare la señora, él debe retirar de su talle el brazo inmediatamente, sin instarla para continuar, en particular si indica el deseo de sentarse.
Una señora no debe consentir que durante el baile su caballero le tenga la mano derecha elevada, o apoyada en su costado izquierdo, ni que la haga oscilar.
A un caballero que no sea su marido, hermano o próximo pariente, no le confía una señora su pañuelo o abanico, ni su ramillete, si lo lleva, si bien esto ya pasó de moda.
La señora que, alegando cansancio, rehusó una invitación, no debe bailar después.
La que por inadvertencia aceptó dos invitaciones para una misma danza, se abstendrá de bailarla.
El que quiera bailar, ha de invitar primero a las hijas de la casa; mas no reitera el ofrecimiento en caso de que rehusen.
El que desee invitar a una señora a quien no conozca, rogará a la dueña se sirva hacer la presentación.
Cuando el mayordomo avisa que la cena está servida, el huésped ofrece su brazo a la señora de más consideración y abre la marcha hacia el comedor, imitándole los demás caballeros, que le siguen en el orden que les place, dando el brazo a sus respectivas parejas.
Para tomar un té o un sorbete las señoras no se quitan los guantes.
Para la cena suelen quitárselos, aunque algunas los conservan puestos.
La señora vuelve al salón acompañada por el mismo caballero que la condujo al comedor, o bien en compañía de su pareja del baile siguiente.
Un artista invitado a un concierto con súplica de que tome en él parte activa, si no accede a esto, no debe aceptar la invitación; si accede, ha de ponerse oportunamente de acuerdo con la dueña en la designación de las piezas que se habrán de tocar o cantar.
La señora agradecerá más tarde este obsequio, sea invitándole a una comida, sea ofreciéndole un pequeño regalo con mucha delicadeza, para que se vea que no es paga, sino atención.
A los artistas pagados se les recibe con la misma amabilidad que a los invitados.
El que acompaña al piano a una señora o caballero que canta, ha de tocar con sencillez, sin tratar de que brille su talento.
Un caballero no debe colocarse junto al piano para volver las hojas cuando una señora canta, a menos que sea artista o haya sido rogado por la cantante.
Si algún invitado llega tarde, no entrará en el salón mientras se ejecute una pieza, pues ofende a la concurrencia todo lo que turba la armonía del concierto, así como el hablar, tatarear, llevar el compás, etc.
Viñeta de adorno