Cenefa de adornoVisitas
Cenefa de adorno
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Lasrelaciones sociales exigen las visitas para conservar el calor de aquellas, pues de lo contrario, podrían irse enfriando hasta extinguirse. Se ha de poner mucho cuidado en que las visitas no lleguen a ser enojosas para los demás, molestándose a sí propio.—La discreción que ha de presidir todos los actos de la vida social, ha de regularlas, cuidando que no se hagan pesadas, y teniendo siempre en cuenta la necesidad de que un acto de cortesía y muestra de afecto no se convierta en cosa molesta.—Debe darse por terminada la visita cuando la conversacióndeje de ser animada, indicando esto que se ha prolongado bastante, pues como sería grosería que la indicación fuese directa, es necesario comprender el menor síntoma de fatiga.—Más vale que pequen de breves que de largas, pues en el primer caso se tiene la seguridad de no haber sido molesto, mientras que en el segundo se deja la impresión del fastidio.
Los cumplidos pueden degenerar en ridículos, en particular cuando se trata de pasar. El —¡Pase Vd.! —No, Vd. —A Vd. corresponde, repetido mucho, es más bien señal de cortedad y falta de trato social que de cortesía, pues por lo mismo que esta es excesiva, revela que no se conocen sus verdaderos límites.—En las primeras frases que se cambien en las visitas, se ha de evitar la vulgaridad, que indica pobreza de ingenio, pues principiar la conversación siempre de la misma manera, equivale a recitar la parte de un diálogo aprendido de memoria, en las que las fórmulas —Gracias, señora.—Es Vd. muy buena, ocupan el mayor espacio.
Al dar la mano, hay que tener en cuenta que a veces la negligencia en la señora, tendiendo la izquierda con familiar distinción, indica la intimidad y cariño con que se distingue a la persona para quien se prescinde de las reglas estrictas de la etiqueta.—El buen tono puede infringirlas para darlas mayor realce; mas ha de tener en cuenta que la infracción ha de estar dispensada por distinción exquisita.
Fueron los guantes, en los primeros tiempos en que se usaron, considerados de muy distinta manera que ahora, pues no se veía en ellos señal de galantería y respeto. Caprichosa es la costumbre, que unas veces los ha exigido y otras los ha proscrito, si bien ha querido diesen señales de presencia, aunque no se llevasen puestos.
De los antiguos usos aún queda algo, pues el estar sin guante la mano que se da, revela consideración a la persona.
En dar la mano no hay que ser pródigo; en particular tratándose de señoras, es preciso esperar que la acción parta de ellas.
En el trato social se ha de tener muy presente que el ridículo está muy expuesto a manifestarse, y se debe poner mucho cuidado en evitarlo, particularmente al presentarse y al despedirse, por cuanto si se da la mano una por una a todas las señoritas, parece que se pasa revista de inspección a una compañía, y si los que lo hacen son varios, unodetrás de otro, entonces la escena es sencillamente cómica; y aunque sea descortesía y grave falta el soltar la risa, en grave apuro han de verse las personas de fino trato para contenerla.
Los caballeros pueden dar la mano a las señoras, pero no sin que antes la señora haya demostrado con una expresión ligerísima de su semblante que los autoriza a ello. Pero sobre este punto hay que observar que no debe de ningún modo darse la mano cuando el motivo de verse no sea visita o invitación. Un caballero no la dará a una señora sin que medie bastante intimidad o en otras ocasiones ella se la haya dado primero. Los que por su profesión o carrera ven cada día a determinadas personas, no deben darles la mano cada vez que les hablan, pudiendo solo usar de esta familiaridad al despedirse por algún tiempo o después de una ausencia.
La intimidad o la urgencia pueden obligar a recibir en el comedor o estando ya en la mesa; en este caso sería falta de tacto y de prudencia del que llega el dar la mano, por grande que sea la intimidad que exista con las personas presentes.
No es regular que los dependientes de un comercio den la mano a las señoras que acudan allí para sus compras, ni siquiera los principales, cuando no medie intimidad.
Las visitas se hacen por la tarde de cuatro a siete; la hora de cuatro a cinco es la más ceremoniosa, la de cinco a seis la de menos cumplido, y la de seis a siete amistosa y de confianza.
Si no hay intimidad, ha de hacerse la visita precisamente el día en que la casa tiene costumbre de recibir. En el caso de no haberlo señalado, todos son buenos menos los festivos. Solo por motivos muy especiales pueden hacerse visitas antes del mediodía, aun cuando haya intimidad.
Las visitas de cumplido se hacen con diversos motivos.
Al fijar el domicilio en una población, si la persona tiene alguna representación social debe visitar a las autoridades y aquellos individuos a quienes sus cargos indiquen comomerecedores de tal distinción. No hallándoles en casa, ha de dejar tarjeta sin repetir la visita mientras no le sea devuelta.
Al marcharse por algún tiempo y al regresar tras larga ausencia, debe visitar a los amigos cuyas relaciones se aprecian.
Cuando se recibe aviso de la enfermedad de un amigo, cumple visitarle en seguida, sin entrar en la habitación del paciente a no instar este o la persona que le cuida. Debe enviarse a preguntar por su estado, siendo proporcionada la frecuencia a la gravedad, sin volver a visitarle hasta que pase aviso de que puede recibir.
Al salir de una enfermedad se devuelve la visita a los amigos que se han interesado por su salud.
Debe hacerse una visita de pésame a las personas con quienes nos unen relaciones de amistad, bastando haberla tenido íntima con el difunto, aunque se dé el caso de conocer apenas a la familia. Los que están de luto riguroso no las hacen, limitándose a escribir una carta muy afectuosa, que mandarán por el criado, no por el correo.
Para esta clase de visitas las señoras vestirán traje negro u obscuro; los caballeros, levita.
Si la visita se hace a una señora, los caballeros le dan la mano y las señoras la abrazan.
En semejantes visitas no se piden noticias de la salud, ni se hace mención del difunto, a no ser que hable de él la persona visitada. Por lo mismo que son penosas han de ser muy breves, y se hacen pasado el tercer día después del entierro, pero antes del octavo.
El día primero de Enero se hará la visita de año nuevo a los abuelos, a los padres y a las personas de rango superior.
Una visita a recién casados se hace a los quince días de participada la boda, y se devuelve antes de dos meses de recibida.
La visita hecha después de una invitación, y en particular después de una comida, se devolverá a los tres días, y todo lo más a los ocho. A ser imposible, se escribirá una carta excusándose.
Es necesario felicitar por escrito o personalmente al amigo que acaba de ser elevado a un alto cargo o ha sido agraciado con alguna honorífica distinción; si no hay intimidad, conviene que la felicitación no revele apresuramiento, porque entonces podría parecer oficiosa e interesada. En cambio, al amigo que cae en desgracia se le visitará inmediatamente, porque así se le demuestra sincera amistad.
Los casados hacen las visitas juntos; pero, por regla general, la señora visita sola, a menos que tenga una hija adulta que la acompañe.
Es frecuente ir juntas dos señoras amigas para visitar a otra que lo sea de entrambas.
Solo en casos muy especiales hacen la visita todos los individuos de una familia, pero nunca con los niños.
Cuando una dama visita en coche, mandará a su lacayo a preguntar si la señora recibe.
La señora de la casa jamás descuidará de advertir a su criado, después del almuerzo o antes de las horas de recibir, si tiene intención de estar en casa o no para las visitas que vinieren.
«No estar en casa» o «no recibe» son lasfórmulas convencionales, admitidas en buena sociedad y que a nadie pueden ni deben ofender, para expresar que se desea no recibir por motivos especiales.
Es indispensable que la contestación «no está en casa» la dé el criado pronto y sin titubear, pues si bien se trata de una ficción, molesta que la vacilación de un doméstico la evidencie.
Si en el momento en que llega una visita la señora se dispone a salir, el criado podrá manifestar esta circunstancia, ofreciendo pasar recado por si puede recibir. La persona que visita, salvo casos excepcionales y muy justificados, debe limitarse entonces a dejar tarjeta.
Excepción hecha de las personas de grande intimidad, el criado precede a la visita para guiar y anunciarla.
El criado no ha de llamar a la puerta de la sala o gabinete donde se recibe, ni tampoco a la del comedor.
Si la señora de la casa no estuviese en la sala o gabinete, el criado dirá a la visita: «La señora estará con usted al momento.»
Inmediatamente cerrará la puerta, y la visita quedará esperando, sentándose las señoras, pero no los caballeros.
La más vulgar prudencia aconseja no entablar conversación con la servidumbre de la casa que se visita, y menos preguntar cosa alguna que pueda revelar indiscreta curiosidad.
Jamás anunciará el criado a una segunda visita que ya haya otra, ni preguntará a la señora si quiere recibirla, limitándose a hacer lo que hizo con la primera.
El caballero que ha de aguardar en la sala, tendrá el sombrero en la mano hasta que haya saludado a la señora, después de lo cual, si esta se lo ruega, lo colocará sobre una silla. Al salir no se cubrirá antes de llegar al recibimiento.
Sin embargo, hoy se admite que se deje el sombrero en el recibimiento o antesala.
Dejan siempre el sombrero en el recibimiento los individuos de la familia, las personas muy íntimas y las invitadas a reuniones familiares, tes, almuerzos, comidas, etc.
Las señoras dejarán en el recibimiento los abrigos y paraguas o sombrillas, así como los caballeros el gabán o paraguas.
Al entrar se hará un saludo general, debiendo dirigirse luego a la señora de la casa, para saludarla en particular, dándole la mano solo a ella si la ofrece.
Hay que sentarse sin aguardar otra indicación en cuanto lo haga la señora, y si esta brinda con un asiento a su lado es preciso aceptarlo.
Si entra en el salón una señora, los caballeros se levantan y las señoras saludan inclinando la cabeza; pero entrando una señora de la casa, se levantan todos.
Cuando varios visitantes se encuentran en la puerta del salón, han de pasar sin cumplido, según su posición social; las señoras de más edad van delante, luego las viudas y casadas, después las más jóvenes, saliendo los últimos los caballeros.
No se mirarán con curiosidad los objetos de arte y los muebles del salón, ni los dueños de la casa llamarán la atención sobre ellos.
Las visitas de cumplido son cortas, de quince minutos próximamente. Si durante la visita la señora recibiera una carta, pliego, etc., hay que suplicarla que lo lea; si no accede, será conveniente anticipar la despedida sin dar a entender el motivo. No obstante, siempre que la señora inste para que la visita continúe algo más, es preciso acceder aunque se tenga prisa.
Si dos personas en visita, señoras o caballeros, sostienen una ligera conversación, no por esto se darán la mano al despedirse si no se conocían, a no ser que durante aquella hubiese mediado la presentación. De no mediar bastará un saludo al despedirse. En el caso de presentación formal, cosa muy rara en visitas, también bastará una inclinación de cabeza al marcharse, a no ser que las relaciones hubieran progresado tan rápidamente gracias a la conversación o por conocerse de nombre antes que personalmente, pues entonces se tratarán al despedirse como si mediara alguna intimidad.
Cuando una visita se despide, las señoras no se levantan. Si solo hubiere un caballero, abrirá la puerta a la señora que salga; pero no la acompañará sino a ruego de la dueña de la casa. La visita le dará las gracias con una inclinación de cabeza, mas sin darle la mano.
Conviene esperar que se devuelva la visita antes de presentarse otra vez en la misma casa.
Un convite a una comida o baile equivale a una visita.
Una señora procura disponer sus ocupaciones de suerte que le permitan estar con las visitas durante las horas de recibo.
Cuando le anuncien una visita, si esta es señora, se levantará para ir a su encuentro y le dará la mano.
Después del saludo se sentará en seguida, y el visitante tomará también asiento junto a ella, si es posible, sin aguardar a que se lo rueguen.
Lo esencial en las visitas consiste en mantener viva la conversación. Tarea es esta difícil y en la que ha de brillar la discreción, encomendada principalmente a la dueña de la casa, que procurará animar el diálogo con su ingenio, sin recurrir a trivialidades ni a la vulgaridad de las exposiciones de álbums, ilustraciones, cuadros, etc.
El visitante debe hablar de la persona que recibe la visita, no de sí mismo, y evitará entablar diálogo en voz baja con su adlátere. La conversación debe ser general.
Si llega otra visita diez o quince minutos después de la primera, esta se despedirá. En el caso de ser aquella una señora, la de la casa se levantará, irá a su encuentro y le dará la mano, volviendo luego a sentarse. No debe levantarse si la segunda visita es un caballero, el cual, luego de dar la mano a la dueña de la casa saludándola, tomará asiento cerca de ella, si es posible.
Cuando hay varias visitas a un tiempo, la discreción de la señora logra hacer entrar a todos en conversación, y su habilidad en citar los nombres de los presentes, hace que estos se conozcan mutuamente. No debe hacer presentaciones, a no ser que tuviese para ello motivos especiales.
El que recibe una visita, se levanta al despedirla, le da la mano y la acompaña a la puerta si se trata de una señora.
En el supuesto de haber varias a un tiempo, al despedirse una de ellas, que será probablemente la primera que llegó, la señora se levantará y le dará la mano sin acompañarla a la puerta, a menos que sea persona de categoría muy superior a las demás presentes. Si el que se despide es hombre, la dueña de la casa no le acompañará, ni selevantará si no es persona de mucho respeto por su edad o cargo.
En ningún caso dejará de tocar la campanilla para advertir al criado.
Una señora, al hacer una visita, no llevará consigo a una amiga desconocida de la persona visitada, sin motivos que justifiquen completamente la presentación.
Si tiene que visitar a una amiga, que vive en casa de una señora a quien no conoce, o a la que trata superficialmente, solo preguntará si está en casa su amiga, si no está, dejará tarjeta para la amiga y para la señora de la casa.
La señora que tenga en su casa a una amiga forastera pondrá a su disposición, a ser posible, un gabinete donde pueda recibir sus visitas.
Si esto no fuere dable, cuidará de no hacerse visible durante el tiempo en que su amiga espere visitas que no sean relaciones comunes.
Si por casualidad estuviere con su amigaal anunciarse una visita desconocida de la señora de la casa, aquella deberá hacer la presentación, y la señora se retirará al poco rato con alguna excusa plausible, no volviendo hasta después de la salida de la visita. No obstante, deberá quedarse si se lo rogase su amiga, o si, siendo esta una joven soltera, recibiere visita de un caballero, en cuyo caso aquella ha de hacer las veces de madre.
Dado que la señora de la casa deseara entrar en relaciones con alguna de las visitas particulares que espera la amiga hospedada, esta preguntará a la visitante si tiene gusto en ser presentada a aquella, y tocará la campanilla en caso de contestación afirmativa, para noticiarle, por conducto del criado, la presencia de la visita, debiendo acudir la señora en el acto para que se verifique la presentación.
Viñeta de adorno