PROSPECTO.

Derrotay diario del viage hecho á Salinas, á virtud de comision que me confirió la Superioridad, con el mando de la expedicion; practicando las observaciones de latitud y longitud, en los lugares mas notables, el facultativo D. Francisco Mensura, con los demas reconocimientos de situaciones oportunas para poblaciones y cordon de fronteras, segun las miras del Gobierno y necesidad actual de ellas: pueblos ó tolderias de los indios, sus habituales paraderos, sus cuantiosos acopios de ganados, el fin que en ellos se proponen: sus parcialidades, y acuerdos que han hecho para su conservacion; division actual de opiniones entre los que se presentan á la capital como amigos, sin serlo mas que en cuanto guarda conformidad con sus tortuosas intenciones; y enemigos que los persiguen, con quienes están siempre en declarada guerra, sacrificándose mutuamente como lo he visto; siendo el nombre de ellos reciprocamente odioso á no poderse tolerar, ni contener inmediatamente que se avistan, segun por menor lo espresará con puntualidad de hechos.

Frontera de Lujan, y Octubre 22 de 1810.

PEDRO ANDRES GARCIA.

En este dia mandé partir de la Guardia à la tropa comandanta, compuesta de 25 carretas, inclusos tres carruages: lo que ejecutaron á la una de la tarde, conduciendo en ellas las municiones de 50 tiros para cada uno de los dos cañones de á dos que se me entregaron, y 2,000 cartuchos á bala para los 25 hombres de infantería, de que unicamente se componia esta escolta, con dos oficiales subalternos, todos del regimiento número 4; y 50 milicianos de caballería, sin mas armas que lanza, la cual espresaron no sabian manejar; y se destinaron á los arreos de ganados y caballada, que pudo reunirse por via de empréstito del vecindario, en falta de los del Rey.

Luego que se pusieron en marcha las carretas, advertí la repugnancia de las milicias para seguir la expedicion, por las cortas fuerzas; respecto á que comunmente se han llevado en tales jornadas 500 hombres de armas, 4 y 6 cañones de batalla, con sus dotaciones respectivas, y una compañía de pardos milicianos, para el arreo y pastoreo de caballada y ganado de consumo: y principalmente, porque no se les auxiliaba con paga alguna. En cuyo dia les facilité de mi peculio 300 pesos, que entregué á su capitan D. Manuel de Represas, y una racion estraordinaria de tabaco negro, con que al parecer quedaron contentos: de que dí cuenta al Gobierno para su aprobacion, pidiéndole al mismo tiempo armas para estos 50 hombres, por medio de un oficial que despaché al efecto á la capital.

La Guardia, capital de frontera y residencia del Comandante general de ellas, que tenia órden de auxiliarme, se hallaba enteramente desprovista de cañones portátiles, armas y municiones, por haber marchado todas las guarniciones de ellas à la banda oriental del Paraná, y llevándose todos los armamentos que cada fuerte tenia, quedando estos servidos por las milicias, y el principal, sin mas defensa que un cañon mal montado y casi inútil; y solo eché mano de 8 esmeriles, que por inservibles se hallaban arrumbados, y empotrando los cañones en los pértigos de las carretas, para servirlos á mecha. Habiéndolos probado en ellas, se me franquearon por el Comandante, y se proporcionaron 84 tiros para ellos á metralla, con el fin de auxiliar la defensa en un caso apurado: de que dí parte, siguiendo la expedicion, no obstante de no habérseme podido auxiliar con arma alguna, y haberse aprobado la paga anticipada á los 50 milicianos.

Para dar principio al viage, mandé al facultativo formase el derrotero, con las observaciones correspondientes de latitud y longitud, segun el meridiano de Buenos Aires, distancias, rumbos y vientos, dándome diariamente parte de sus operaciones, demarcando los lugares mas notables que conviniesen, para poder instruir cumplidamente al superior Gobierno, y para que formase el mas seguro concepto en sus elevadas superiores miras: lo que empezó á egecutar en este dia.

Esta frontera principal y fuerte de su Guardia, situado en un bajo, y á la orilla oriental del rio llamado de Lujan, está detallado en un bañado ó terreno pantanoso, que ha podido afirmarse algo con el frecuente piso: pero los dos baluartes ó terraplenes que ha tenido, no pueden defender la poblacion que le rodea por el este, sin destruirla, y por los demas rumbos tampoco se puede ofender al enemigo, sino á muy corta distancia.

En el dia no se ven mas que ruinas, así en los fosos y estacadas como en los baluartes y edificios, de adobe crudo y techos de paja casi inservibles, especialmente las cuadras de la tropa, y todo está igualmente ruinoso: debiendo al actual Comandante algunos reparos en las habitaciones principales, para poderse alojar trabajosamente en ellas.

La capilla, que sirve de iglesia à la poblacion, està igualmente ruinosa, parte ya rendida al suelo, parte apuntalada, y el resto sirve, esperando su total destruccion si no se repara.

La poblacion, que manifiesta haber tenido mas de 300 vecinos, acaso hoy no alcanza á 100, y sus habitaciones se hallan en el mismo caso que el fuerte y la iglesia; de modo, que su mayor auge lo debió á la eficacia de uno ú otro comandante, que precisó á ponerse en poblacion á las familias de los soldados casados de la Guardia, y á los que iban á poblarse en chácras ó estancias à sus inmediaciones; y llegó á dar 100 hombres auxiliares de 16 á 25 años en una alarma, sin violencia ni gravámen; porque un Comandante tan político y militar, como lo fué D. Francisco de Balcarce, sabia calcular el mérito y adelantos de una poblacion, auxiliando de su peculio á los mismos nuevos pobladores, y edificando casa particular, para acalorar al vecindario, estimulándolo á hacer plantios, huertas de hortalizas, y otras económicas labores rurales, de que reportaban su comodidad y recompensa: teniéndolos en una civil, política y mercantil accion de sus frutos y labores con una entereza justificada, auxiliada de la fuerza armada, y distante de las parcialidades, confusion é ignorancia de un alcalde pedaneo, manejado tal vez por un charlatan que solo se distingue de los otros en saber formar muy mal cuatro renglones, de que nacen la impunidad de los delitos, la multiplicidad de malévolos, la incivilidad, el desórden de las poblaciones, su ruina é indefension de las campañas, hasta un estado lastimoso y espuesto, como él en que nos hallamos. De aquí la dispersion de poblaciones, el trato clandestino y perjudicial con los infieles, la ruina de las haciendas que les ayudaban á robar, sirviéndoles de guia para ello la asidua asistencia á sus toldos, para tener con ellas una brutal vida, y finalmente avecindarse con ellos, siguiendo sus costumbres y ritualidades de placeres, adiestrando á aquellos á hacer uso de todas armas, y á ser ya sus directores: en términos que no emprenden cosa alguna sin su consejo, á la manera que Achitofél à Absalon contra su padre. Concibo tan pronta y lamentable ruina de nuestros campos y poblaciones, que si no se pone pronto y suficiente remedio, seremos lastimosamente testigos de las desgracias, y acaso sus víctimas. A mi no me es permitido entrar en un pormenor de las causas que, como eficientes, han dado impulso á este desgraciado estado: pero creo que si no se remedian, llegaremos á igualarnos con nuestro padre el Adelantado Mendoza, sobre las márgenes del rio de las Conchas. Con la notable diferencia, que aquellos mayores tenian en su favor la superioridad de las armas, que nosotros vamos perdiendo, porque estos nos van ya igualando, y con empeño procuran adelantarse en el manejo de las de fuego, segun se verá en el progreso de este viage.

El vil y miserable interes de unos, la negligencia de otros, y la execrable maldad de los que dejo relacionados, han tenido adormecido el Gobierno bajo de una piedad mal entendida, y este que no ha podido, ó no ha querido dar un movimiento de felicidad á la provincia, la tiene postrada, yerma de poblaciones y haciendas, y en un estado agonizante.

Allá el profeta decia, que estaba envuelta la tierra en la mayor desolacion, porque ninguno meditaba las verdades en su corazon: yo diré á este propósito, que ninguno ha meditado en nuestra ruina,por no haber querido dirigir politicamente sus miras á la máxima de las atenciones, que es la conservacion de esta tan cuantiosa parte del Estado. ¡Punible descuido! que con lágrimas de sangre llorarán nuestros hijos, tal vez maldiciendo la apatia de sus padres.

Es un engaño creer que los indios son pocos, porque no se nos presentan á la vista: son muchos, y aumentan diariamente las tribus con hombres cargados de delitos, diestros en toda clase de armas, y con los que, dominados de sus pasiones, les aumentan el número efectivo, acreciendo la multiplicacion que es infinita por la poligámia.

Yo faltaria á mis deberes si dejase de presentar al Gobierno estas observaciones, para que en ningun tiempo tenga de que arrepentirme por haber callado, y porque en el progreso del viage he de probar con hechos todos mis asertos.

En este dia se me dió parte por el capitan de milicias haberse desertado en la noche anterior 4 soldados de su compañia; el cabo de artillería, que igualmente se le habia desertado un hombre; y el oficial encargado de la tropa de infantería, que se le habia desertado otro. Por lo que inmediatamente monté à caballo con el resto de tropa y los dos cañones que conducian con avantrenes los 9 artilleros que quedaron, de los 10 que tenian de dotacion, auxiliados de dos peones, y alcanzé la tropa en el parage nombrado el Durazno, donde se durmió, sin haberse hecho observacion alguna astronómica.

El terreno que media desde la Guardia hasta este punto, de poco mas de 3 leguas, es feracísimo, firme y de excelentes pastos para los ganados, y escasos de aguadas: todo él es una poblacion no interrumpida de chácras, en que se ven sembrados pequeños trigales muy frondosos, algunos ganados vacunos y caballares, con pocos puestos de haciendas, que todos deberian estar sugetos á poblacion; porque cada una de estas poblaciones es un receptáculo de indios, y todos confidentes y aliados para los robos y extracciones que se hacen por un pequeño y misero interes: ademas de estar espuestos en sus vidas y haciendas á cualquier desagrado de los mismos indios. De modo que, por la conservacion de unos y por el desvio que debe hacerse de otros tal vez á seguros presidios, parece de necesidad la sugecion de todos á poblado seguro y civilidad; sin traer á consideracion los demas motivos políticos y cristianos que obligan á ello.

Estas poblaciones, que deben tener alguna defensa militar segun su mayor ó menor número, convendria tuviesen un gefe militar que reuniese el mando político, para que por ahora, y mientras no recibian un incremento capaz de sostener separadamente por sus facultades y civilidad otra forma de gobierno, se reconociese principalmente la subordinacion y seguridad de sus personas y propiedades, por medio de un mando puramente militar, dependiente, segun los partidos, de un sargento mayor de milicias, que con frecuencia los revistase, y esto sin pension que los arredrase de sus casas y haciendas. Las ventajas que hace el órden militar al civil, para hacer respetables á las autoridades, no hay necesidad de demostrarlas por notorias: los delitos comunes quedan mas prontamente corregidos, mas breve desterrados los hombres perjudiciales, y mas contraidos los labradores honrados, con la esperanza firme de no ser atacados en sus personas y propiedades como ahora lo estan; sin contar con un dia en que puedan decir: hoy no me violarán mi muger, ni hijas, ni me las robarán, como frecuentemente lo hacen. El Gobierno á un golpe de vista sabrà, por los estados que deben pasarsele, con que hombres pueda contar en caso necesario, y teniendo una prolija estadística, de que deben darse formularios, tambien podrá administrar pronta y segura justicia al que se quejáre de violencia y mal trato del gefe, sea en órden al servicio de armas, ó sea en su peculiar manejo ó conducta. Los sargentos mayores, que deberian ser como unos jueces intermediarios, y que deberian recorrer sus partidos y hacer frecuentes alardes, deberian tener un exacto conocimiento de todos, para informar al Gobierno, para pedirles los auxilios necesarios y para proponer las ventajas que conviniesen en su partido, y celar de la educacion pública á una con los párrocos, que deben tener el mayor peso de esta economia, sin olvidar la de agricultura: auxiliandola el Gobierno en todas sus partes. De otro modo mas presto veremos la ruina de nuestras campañas, y acabada la generacion, que debe cultivarla, á manos de nuestros asesinos, de los indios y de la apostasía que diariamente se aumenta hasta un número prodigioso, con intenciones crueles, como hombres desnaturalizados y feroces de hàbito, segun iré demostrando.

En este dia se caminó desde las 6 de la mañana hasta 11; se hizo observacion, y emprendida la marcha de la tarde, llegamos al parage nombrado las Saladas, que es el fin de nuestras poblaciones,mas internadas por este punto al infiel, y sobre una cañada, que segun su profundidad y cauce, aunque estenso, manifiesta recibir muchas aguas en tiempo de ellas, por las que recibe de otras.

Los terrenos hasta esta cañada mejoran siempre á los anteriores en feracidad y firmeza de piso, con excelentes pastos. Aquí se miran los trigales mas frondosos y totalmente límpios de maleza; las poblaciones son menos, y sumamente míseras, pero con numerosas familias, que hacen su principal negocio en quesos, para lo que conservan gran número de vacas de leche, gallinas, poco ganado caballar, y escasas siembras de maiz.

Estas poblaciones son seguras posadas de los indios infieles que hacen transito á las Guardias ó á nuestros campos, unas veces de buena fé, y siempre que tengan proporcion, de mala: y en tanto conservan buena correspondencia, en cuanto les interesa el volver; que en el caso contrario les roban lo que pueden, y hacen alarde de ello. Los fronterizos son muy frecuentes, por el interes de la compra del maiz de que hacen los indios mucho uso para comerlo en grano, ó mal pisado, cocido en agua. Estos fronteros, que disfrutan confianzas entre estos españoles, son los introductores de los indios de tierra adentro: casi todos son parientes, amigos y relacionados, y como todos tienen innatos unos mismos vicios, que es el robo al español, y el asesinarlo, si impunemente pueden hacerlo, cometen todo género de atrocidad, y se retiran contando como victoria estos hechos. La clase de gentes aquí pobladas son poco menos feroces é inciviles que los mismos indios: de su roce y trato resultan las frecuentes clandestinas entradas en las primeras tolderias de nuestros compatriotas, llevándoles el aguardiente, la yerba y tabaco que ellos apetecen. Se entregan à la lascivia, y forman los proyectos de las extracciones y robos de haciendas, unas veces en union con ellos, y otras proporcionándoles las haciendas en los puntos que conciertan, teniendo interes en ellas, de gergas, ponchos, lazos y pieles, con algunos caballos buenos de los muchos que tienen en sus tolderias, y que tanto halaga este género de comercio á nuestros compatriotas, si de él resulta que tengan un buen recado y gergas, con excelente caballo.

Este es uno de los principales motivos de la destruccion de nuestras campañas, pero en mi concepto no el mayor, como despues diré. Pero sí es, el que puebla los campos infieles de apostatas, porque estos mismos, mas bien acomodados con la vida haragana y brutal de los indios, perspicaces para hacer los robos por sus conocimientos, facilmente toman crédito entre ellos, se hacen de caudal ásu modo, que consiste en yeguas, caballos, espuelas de plata, chapeados y alguna ropa, armas y abalorios, para comprar dos, tres y cuatro mugeres; contentando con aquellas especies á los padres y hermanos, que es en lo que unicamente consiste el casarse, y tantas veces, cuantas pueda hacer estas compras. En tanto estremo, que ya hoy es la voz preponderante la de esta clase de renegados, así por su número, como por su ventaja de armas en muchos: de que ya los caciques ancianos se quejan, diciendo que, en cuanto á excesos que se cometen, la mayor parte son causados por los mismos cristianos, á quienes no pueden reducir con sus consejos.

Me he reservado esplicar el principal motivo que ha causado el daño, que llevará á su fin las campañas si no se reforma, así en estas fronteras y capital, como en la de Córdoba, San Luis y Mendoza, de esta parte del norte de la Cordillera de los Andes. Es, pues, el franco comercio con la capital y frontera, fomentado casi por determinado número de hombres, que sin reflexionar en el mal que hacen (aunque lo conocen) prefieren su particular y vil interes al general. Ya, pues, no se contentan con abrir unos contratos, ademas de usurarios, prohibidos; sino que, á pretesto de robos y extracciones de ganados, piden permiso para ir à hacer sus rescates á los mismos toldos, y esto se hace llevando carretas cargadas de bebidas adulteradas, (he seguido el rastro de ellas hasta las mismas tolderias) llevándoles cuchillos, sables y espadas, que he visto muchos de ellos de todas clases, del Rey y de particulares: uniformes de todos los regimientos de los últimos vestuarios, y ya he hallado entre ellos armas de fuego y el uso correspondiente. He aquí el mayor de los males, que exije pronto y egecutivo remedio, y de que diré oportunamente lo que conceptuo necesario, para que el Gobierno con mejores luces haga lo que estime conveniente.

Se prosiguió la marcha hasta el paraje nombrado Palantelen, habiéndose hecho observacion á las 12 del dia. El terreno que media de las Saladas al Rio Salado, y desde este à Palantelen, es árido y yermo de muchos pastos y escasa agua. Este rio, que es una gran cañada salitral, en donde se resumen otras muchas cañadas en su largo curso hasta la confluencia en el mar, solo tiene caudal de aguas cuando las lluvias son muy copiosas, que, satisfecha la tierra, reboza, y acuden á las cañadas, y estos al cauce principal, en cuyo caso llena el que tiene, que es muy ancho; pero, no resultando este accidente, queda seco y en partes pantanoso, nada aparente para poblaciones, y sí serán susmárgenes y el terreno intermediario, útiles para situar estancias y majadas de ovejas. Su piso es firme, y al presente solo poblado de corzos y gamas en abundancia, que se abastecen de agua en algunas lagunas y bañados; pero que cavando, se halla el agua somera en las mas partes de este transito hasta Palantelen.

En este dia marchamos hasta ponernos entre la laguna de Palantelen y los Cerrillos, así llamados, que son unas lomas ó colinas elevadas suavemente sobre la planicie ó superficie comun plana: en cuyo punto, como señalado por el superior Gobierno para la reunion de carretas, se hallaban 83 de varios destinos de la Provincia. Reconocidas, y convocados los dueños y capataces à cuyo cargo estaban encargadas, se les proveyó de lanzas, y mandé se aprestasen á marchar, no obstante que el dia era tempestuoso y de lluvia. A este fin hice formar la tropa, y le mandé dar la racion de yerba, sal, agí, tabaco y pan, hasta Salinas. No se hizo observacion, por no permitirlo el tiempo, y se me dió noticia hallarse ya en la Cruz de Guerra algunas tropas mas, y otras en camino para aquel punto, esperando reunirse: por cuyo motivo suspendí el numerarlas, y el hacer las demas gestiones á su marcha, hasta que en aquel destino, con reconocimiento del estado de todas, de sus aperos y número, se formasen los estados respectivos, y partes correspondientes al superior Gobierno y al Exmo. Cabildo, en la forma acostumbrada.

Este dia amaneció despejado y el viento fresco, despues de una lluvia tormentosa de la noche precedente, en que se dispersaron los ganados de consumo, la caballada y algunas boyadas, que imposibilitaron la pronta marcha. A las 8 de la mañana se me dió parte haberse desertado en la noche 10 soldados milicianos, y un cabo de los que estaban al cuidado de la caballada: por lo que no pudo seguirse el viage por estos accidentes. Con este motivo pudo observarse en este dia á las 12, y en la tarde se demarcó la laguna, y reconocí el paraje mas á propósito para poblacion, de las que parece necesario se formen para cubrir las actuales fronteras, y poblados fuera de ellas; y aun cuando se avancen á otros puntos mas distantes, debe esta ser por ahora una Guardia de comunicacion. Su situacion es actualmente, entre las Guardias establecidas, un punto central, porque dista de Rojas, Salto y Areco, con muy corta diferencia, lo mismo que de la Guardia de Lujan. Su situacion es dominante, su falda surtida de manantiales, ademas de la hermosa laguna de agua permanente, por cuyos derrames sigue una cañada, que promete ser feraz en todo género de frutas y siembras que quieran hacerse.

Desde este lugar, por ser costumbre, pasé un recado de atencion; avisando de mi paso á Salinas, al cacique Lincon, el mas limítrofe de nuestras fronteras, por medio de dos vecinos de la Guardia, sus conocidos y amigos, el uno lenguaraz, de quienes separadamente hablaré al Gobierno.

En este dia se emprendió la marcha, y á las 11 y media llegamos á las lagunas nombradas las Dos Hermanas, que se hallan casi unidas, pero debieron haberse dicho tres: pues son otras tantas las lagunas en todo semejantes y con abundancia de agua dulce. A las 12 se observó, y nos hallamos en la latitud que se señala al fin. A las 2 de la tarde seguimos hasta las 6, que llegamos al Médano Partido, habiéndoseme dado parte en la mañana que se habian desertado en la noche precedente 3 soldados de infantería del regimiento número 4. El terreno caminado hoy es alternado de lomas y pequeños médanos ó colinas, de mucho pasto, y pisos arenosos ó menos consistente que el anterior, pero muy apropósito para estancias, y por sus dobleses, abrigado, al mismo tiempo que las multiplicadas cañadas fertilizan los pastos. El Medano Partido no es mas que una pequeña y suave abra, que divide una loma; y á la parte de poniente, á corta distancia, se hallan dos lagunas de agua dulce abundante. Este sitio, que algun dia será apetecible de los hacendados, hace ventajas á los demas para criar una numerosa hacienda de toda clase de ganados, y reconocidos los muchos senos, que no puede registrar la simple vista de un viagero, y que ofrecen sus multiplicadas lomadas y cañadas, interesa mas de lo que por sí se recomienda. En este trànsito ó jornada encontramos una partida de indios que se dirigia á las fronteras, con porcion considerable de ganados para su venta. Estos, luego que divisaron la espedicion, estraviaron camino á distancia larga: los exploradores se acercaron con diligencia á ellos, hasta alcanzarlos; los detuvieron, y dieron parte: de que enterado, les dí órden para marchar, lo que verificaron al punto, volviendo á tomar el carril que habian abandonado; y yo terminé la marcha de este dia en las lagunas indicadas, sin mas novedad.

En este dia se celebró misa, y á las 9 continuamos la marchahasta las 11 y media, quedàndonos à distancia de la Cruz de Guerra como legua y media, por ser excesivo el calor, para continuarla á aquella hora, y no fatigar demasiado el ganado.

Aquí se presentó el primer indio, con recado del cacique Turuñan, expresándome que me esperaba en Salinas. Y á las 3 de la tarde nos pusimos en viage para la Cruz de Guerra, á donde llegamos á las 6, en cuyo punto estaban ya reunidas el resto de tropas que forman la expedicion; y entre ellas habia una porcion considerable de indios de la comarca para la novedad los mas, y á tratar algunos con ganados, caballos y otras especies con que hacen sus permutas. El terreno caminado este dia es falto de aguas, pero muy abundante de pastos, y bastante firme, aunque arenisco, mezclado con tierra negra, sin que en este ni en los anteriores haya descubierto hormigas, desde el Rio Salado, como sucede comunmente en los demas, hasta la capital.

En este dia dispuse colocar los 9 esmeriles y cañones en estado conveniente para cualquiera necesaria defensa, con la tropa que habia quedado en dos tiendas de campaña; poniendo de las milicias doble custodia á las haciendas, y destinando patrullas que celasen sobre los indios que trataban, para impedirles la bebida de noche, prohibiendo á los pulperos ò vivanderos su venta. Como á las 9 de la mañana, recibí recado del cacique Lincon, en que me daba parte habia pasado noticia á los caciques comarcanos para venirse, y venir juntos: que le esperase en el punto en que me hallaba, y que al mismo tiempo le mandase algun aguardiente y yerba para él y sus gentes.

En el resto del dia recibí otros varios mensajes de diferentes caciques, con las mismas pretensiones, por medio de los que decian ser sus hijos, y con miras de llegar al siguiente dia al campamento. Entretanto se aumentaba prodigiosamente el número de indios espectadores y tratantes, que ya se hallaban confundidos, peones, carretas, y carreteros, con la poca tropa, siempre sobre las armas: procurando sí, mantener estas y los cañones y esmeriles, libres para cualquiera evento fatal que amagaban las borracheras de los indios. Quedaron sin embargo armadas de lanzas todas las carretas, y citados los carreteros para el siguiente dia á concurrir á la comandancia con sus gentes, para oir y entender el bando de estilo, y órden de la marcha, y demas prevenciones necesarias. En la tarde de este dia fueron muy repetidos los avisos de los indios caciques, y sus gentes que pedian permiso para entrar á tratar: que sus tratos sonpedir aguardiente de regalo, ó en cambio de algunas gergas y ponchos, y sin embargo de su multitud, se pudo observar, sin que advirtiesen esta operacion. Se continuó el dia y la noche siempre sobre las armas, sufriendo infinitas impertinencias, por no tocar el estremo de desavenencia, esperando mejorarse con la presencia de los caciques, y con miras de marchar al siguiente dia, luego que se reuniesen los hombres enviados à los toldos de Lincon.

En este dia, á la seña dada de un cañonazo, se reunieron los troperos y sus gentes para imponerse del bando que se publicó en los cuatro ángulos del campamento. Formada la tropa de infantería y caballería á son de caja en la forma ordinaria, con asistencia del comandante de la tropa y ayudante mayor, reducido su tenor á prohibir á los peones y tropas el mezclarse á beber, comer, ni dormir con los indios, para evitar riñas y robos recíprocos, que comunmente se cometen por este motivo: ordenar á los vivanderos á que no vendiesen de noche cosa alguna á los indios, ni los alojasen en sus barracas, bajo las penas de privarles de hacer ulteriores ventas: que los peones obedeciesen y cumpliesen con sus respectivos cargos, pues al inobediente se le castigaría segun sus excesos; haciéndoles culpa y cargo à los dueños y capataces si no daban parte, pues para su sugecion encontrarian siempre pronta la tropa en la guardia de prevencion: que las tropas formarian en la marcha cuatro líneas de frente siempre unidas, con las haciendas á los costados; y que, en el caso de alguna invasion de los infieles, las dos líneas del centro se incluirian en las de los costados, frente y fondo formando un cuadrilongo, en el que se meterian las haciendas, y colocaria la artillería y esmeriles, como estaba dispuesto para este caso. Y distribuida la gente, que reconociesen todos por segundo comandante de la espedicion al teniente de ejèrcito del regimiento número 4, D. Josè Ramon de Echavarria; por ayudante mayor, á D. Pedro Villegas, alferez del mismo regimiento, y por ayudante auxiliar, al capitan de milicias provisional, D. Ramon Morales: de que quedaron todos los individuos enterados. En seguida mandé reconocer el número de carretas de carga, de media carga, y carruages de que se componia la espedicion, su estado para poder caminar, número de bueyes repuestos y peones, para formar un estado y dar á la Superioridad y Exmo. Cabildo el parte de estilo: lo que se verificó con puntualidad. Y segun èl, se compone de 172 carretas de carga, 55 de media carga, y 7 carretones ó carruages de camino, con 2,927 bueyes y 520 caballos, que, inclusa la tropa, las conducen 407 hombres. Los efectos de la bebida en el indio son los comunes, pero con una violencia y desafuero estraño: recuerdan los agravios hechos á sus mayores y deudos,y se empeñan en vengarlos en aquel acto, de que nacen frecuentes pendencias entre sí, hiriéndose y matándose mutuamente á vista de sus caciques y padres, sin respeto á nadie, y muchas veces acometiéndolos. El español debe ser siempre un insensible espectador, sin auxiliar á nadie, aunque les vea hacer pedazos: porque en el momento que lo haga, el auxiliado y el contrario le acometen, improperándole. Es un acto de cobardia entre ellos reparar ó quitar el golpe, y por lo mismo se hieren de muerte, y matan. El emborracharse es una de sus mayores felicidades, y los caciques dan el ejemplo: para esto observan una franqueza y generosidad muy particular. Un cacique no tomará sin la concurrencia de sus indios: es cosa muchas veces observada, que si no hay mas que un cigarro, todos han de fumar de èl, pasándole de mano en mano, y así con los comestibles, en cuanto se presente. Para estos alardes, que por tales los tienen, vienen á su usanza todos pintados los rostros, de negro unos con lágrimas blancas en las megillas, de colorado otros con lágrimas negras y párpados blanqueados, con plumajes y machetes, reservando las lanzas bien acicaladas, en una hasta de 6 varas de largo, con mucho plumaje en el gollete, en los toldos, para hacer el uso que convenga de ellas, segun el resultado de los parlamentos. En el resto del dia se fueron aprestando las cosas para marchar el de mañana, respecto á la demora de los caciques: y se nos enfermaron gravemente el padre capellan, y el lenguaraz Manuel Alanis, y se continuó la vigilancia sobre las armas, por el copioso numero de indios que se iba aumentando.

En este dia, siendo ya las 10 de la mañana, sin que aun pareciesen los caciques, dispuse marchar por la tarde para esperarlos al paso en los Monigotes, jornada precisa: pero á la una llegó chasque enviado por ellos, diciéndome que venian ya marchando. Salí á recibir al cacique Lincon, que venia con los caciques, Medina, Cayumilla, Aucal y Gurupuento, á quienes se les atendió, haciéndoles una salva de 4 cañonazos que aprecian mucho: porque, ademas del placer que reciben en este agasajo, estan persuadidos de que con este remedio se ahuyenta el diablo y las brujas, de quienes, segun dicen, reciben muchos daños. A poco rato llegaron, Clento, Turuñan, y el hijo de Epumel, con mas el anciano Oquiro. A todos se les obsequió con mate de azucar, se les dió yerba, tabaco, pasas, aguardiente y galleta de pronto; y despues entraron en sus parlamentos muy autorizados, manifestando que era un acto de su generosidad permitirnos el paso. Cada uno se decia principal de la tierra á vista del otro, concluyendo con ofertar su gente de auxilio, y pidiendo permiso para alojar en el campamento con sus gentes, y para tratar con los vivanderos. Se les señalò este á la posible distancia, yconcedió su peticion: y desde el alojamiento eran frecuentes los mensages de peticion de aguardiente para ellos, para sus deudos y tolderias; y estas demandas crecian: en razon de su aumento de embriaguez, al principio con modo, y al fin con amenazas y de por fuerza, hasta que totalmente ebrios, los rendia el sueño ó laxitud de nervios á no poderse mover. Los llantos, voces y alaridos duraron casi toda la noche; quedando libres los pocos, que en cada parcialidad velan sobre los demas, que despues se emborrachan á su vez, y roban cuanto pueden á los demas: otro vicio que los domina extraordinariamente. En esta alternativa de cuidados se pasó el resto de la tarde y noche, deseando aclarase el dia para emprender la marcha á los Monigotes, donde esperaba Epumur: pero como el último vale ha de ser tambien el último agasajo, restaba esta demora, que fué preciso vencer, sin que ocurriese mas novedad.

En este dia terminaron las demandas de los caciques, á los cuales se les agasajó con lo que pidieron, de manera que fuesen contentos, como al parecer lo fueron. Desde las 9 de la mañana hasta las 11 del dia; y á las 12 y media, marché para el paraje nombrado los Monigotes, adonde llegué á las 5 de la tarde con miras de adelantar la jornada. Pero repentinamente, y todo despavorido en un caballo en pelo, á todo galope me dió alcance el cacique Lincon, con unos de sus capitanejos de la misma suerte, manifestàndome que, por haberme ido á visitar, le habian asaltado sus toldos y le habian muerto á su muger y demas familia, y robado toda su hacienda, y que para perseguir á los ladrones y facinerosos, le franquease 30 soldados armados. A que contesté:—que yo no tenia la tropa para vengar agenos agravios: que no venia á declarar guerra á nadie, y sí solo á hacer efectiva la expedicion de mi cargo, y defenderme del que quisiera hostilizarme, y por consiguiente no tenia facultades para ello, ni podia demorar mi viage.—A esta respuesta, dada con firmeza, aumentada con varias reflexiones de convencimiento, se alteró, y protestó perder la expedicion; para lo cual iba á despachar correos á todos los caciques interiores, (como lo hizo) para que embarazasen la expedicion y la asaltasen: dando á entender que iba á hacerse de su gente y demas de la comarca, sus aliados. Ultimamente, como el lenguaraz de que me he valido Mateo Zurita, ademas de poseer el idioma con la mayor propiedad, segun dicen los indios, conoce sus inpertinencias y falsedades, y les habla con la misma entereza que se le manda, sin recelo ni temor, y no se confabula con ellos por ningun interes como otros; por cuya razon, y los oficios que otros habian hecho con Lincon, informándoles que Zurita era el que les hacia menguar los agasajos, y el que todo lo enredaba, creyó en esta ocasion que á él debia atribuir mi negativa, y en el último razonamiento tratò de atropellarle á mi presencia, y tambien el capitanejo de su parcialidad: en cuyo lance me acerqué á él con una pistola amartillada, y separándose al momento, se retiraron los dos pretendientes con otros varios indios de sus toldos que habian venido tras de él, repitiendo sí sus amenazas. Esta ocurrencia por fortuna la presenciaron varios enviados de otros caciques, que me pedian permiso para entrar á tratar á la manera que he dicho; y entre otros un hijo del cacique Epumur, inmediato vecino de Lincon, el cual no dudó desaprobar en el acto la conducta de aquel y desmentirle, y se ofreció á darme parte de cualesquiera novedad que advirtiese, avisándole á su padre: como en efecto lo realizó en aquella noche, expresando ser todo tramoya y falsedad, y que al siguiente dia me impondria con su padre, que pasarian á verme, como encargado de ello por sus hermanos, los caciques Victoriano y Quinteleu. Pero entre tanto esto se comprobaba, y como debia esperar la realidad de las amenazas, me atrincherè con las 234 carretas, metí en el círculo que formé las haciendas, quedando en el centro los médanos de pequeña magnitud, que son los que tienen el nombre de Monigotes, para observar desde estos los movimientos de los enemigos en el caso de atacarme. Todos quedamos sobre las armas, y á punto de batirnos, si fuese necesario, haciéndosenos mas penosa la noche, por haber sido tormentosa y de aguas. Como la expedicion estaba escasa de toda clase de armas, corto el número de tropas, y este minorado ya en una tercera parte de desertores, se me dió á entender que no debia seguir la expedicion: pero como por una parte advertia que Lincon no tenia apoyo en su hecho, que acaso trataba de estraviarme la gente armada para tortuosos fines, y por otra era un desaire de las mismas armas que cedia en menos honor mio, dige que debia seguir, porque seria nuestra mayor ignominia huir sin ver los enemigos. Porque aunque, segun el parte del capitan de milicias, en la noche precedente se habian desertado 3 hombres mas de su compañia, el hecho mismo de haber desertado por miedo, no solo les hacia inutiles en el combate si no perjudiciales, porque ellos serian capaces con su cobardia de inspirarla á otros. Así terminaron el dia y la noche tenebrosa sin otra particular novedad.

En este dia se esperó al cacique Epumur, hasta las 10 de la mañana, en que llegó al campamento; y enterado de la ocurrencia de Lincon, dijo: que Lincon era á todos un hombre insoportable, por su mala conducta, sin mas fuerza que la de su lengua. Que seria muy corta su existencia, aun entre los indios, por el odio que se habia atraido de todos: que les hubiera hecho un gran servicio en haberlo muerto: queel era la causa de algunas incomodidades con los españoles, levantando especies, y como ya estaba conocido entre los caciques por un embustero, nadie creeria sus chasquis, antes bien mirarian con mucha estimacion el desprecio que yo habia hecho de su peticion. Que para acalorar los ánimos habia difundido en la tierra, por noticias de algunos españoles, que estos venian á poblar ciudades en el Guaminí, Laguna del Monte, Salinas y otros parajes, para lo que se le habia hablado en oposicion: pero que muy distante de oponerse, lo hallaba por conveniente, así por el comercio reciproco que tendrian, remediando sus necesidades, como por la seguridad de otras naciones que los perseguian, como los Ranqueles, Guilliches y Picuntos: pues á èl le acababan de robar todas sus haciendas, hasta los vestuarios de sus mugeres, dejándolas totalmente desnudas. Que todos estaban en la mayor insubordinacion, haciéndose desde niños caciques en el nombre, y con tanta falta de sugecion, que era mas celebrado aquel hijo que levantaba la mano á sus padres y los mataba. Que él habia sido criado en las inmediaciones de Valdivia, donde se respetan á los mayores, se reconoce la superioridad del gobierno y obedece al Rey; donde habia Obispo y Padres que trataban con amor á los indios; donde se levantaban cruces, y hacian parlamentos, de cuyos acuerdos nunca se separaban. Que seria para los Pampas el dia mas feliz aquel en que se realizase tal manera de gobierno y poblacion. Que la Laguna de Salinas no la habia criado Dios para determinados hombres, sino para todos como parte de su mantenimiento, y lo mismo la tierra, pues era para los hombres y sus animales: y por lo tanto, si en este lugar yo quisiese hacer un palacio, lo podia hacer, y nadie podia impedirmelo. Y si su Rey (así hablo con mucho respeto), y si su Rey queria hacer ciudades, le era muy gustoso, y debian serlo todos los que como él tuviesen muchos hijos: que así él, como sus hermanos Victoriano y Quinteleu, eran odiados, por este modo de pensar, de los caciques è indios haraganes que se mantenian de robo; especialmente por influencia de los muchos cristianos que hay entre ellos, que ya son tantos que se ven precisados á sufrirlos. Que para remedio de estos males que afligen la tierra, habian ido sus hermanos á la capital á tratar con el Gobierno; y ahora pasaban á Chile con el mismo fin, y esperaban que lograse el intento: quedando muy espuestas sus familias al sacrificio de los opositores, por no convenir con sus ideas de asaltar y robar las haciendas de las estancias de los españoles, como lo estan haciendo por medio de los españoles que tienen en sus toldos, así estas correrias como otros pensamientos muy avanzados. Pero que estuviese cierto, que durante mi viage nada me podria suceder, por estar á la mira sus hermanos esperándome en Salinas, y tenian en el tránsito apostadas algunas de sus gentes para acompañarme, y entre otros un hermano, que me presentó en el acto: y él por su parte me franqueaba á su hijo primogènito, y otros deudos, por tres jornadas, como lo verificó: quedando pronto á pasar cualesquiera chasquis al Gobierno, si lo estimase necesario, como así lo realizó repetidamente.—La entereza de este hombre en su parlamento, lo concertado y juicioso de su razonamiento, la viveza de sus ojos y rostro venerable, presentaban en él un verdadero descendiente del anciano Colocoló, que espresa nuestro Ercilla en su Araucana. Por todo esto, y su adhesion, captó este cacique la atencion de todos los oficiales y tropa que presenciaron el razonamiento de este buen viejo; siendo tan particular este género y modo, que poseen todos sus hermanos y familia uno mismo, así en trato, como en honradez. Y esta comportacion me movió á pedirle se encargase de las boyadas flacas: lo que hizo con toda fineza y esmero, hasta la vuelta del viage.

En este mismo punto se me presentó un enviado del cacique Mencal, solicitando entrar á tratar. El enviado era un hijo del mismo cacique, y le acompañaba un lenguaraz, cuyo aspecto me dió la idea de que no era indio, aunque venia disfrazado en trage de tal, tiznada la cara. Antes que me hablase, le pregunté de pronto: ¿Como se llama Vd.? Y turbado me respondió:José Antonio. Este, averigué despues, ser un dragon desertor, que robó cierto dinero del Rey, y una negra: y así es, que en todos los parlamentos, si los mismos apóstatas no eran los enviados, eran los intérpretes.

Seguimos nuestro viage hasta la Laguna de las Animas, desconocida hasta ahora en los planos. Dista como tres cuartos de legua de la del Junco Chico, y cuatro leguas de los Monigotes, sin que hubiese ocurrido mas novedad en este dia.

Salimos de la Laguna de las Animas, y caminamos como 3 leguas, hasta las 11 y media: en este dia se observó el sol, y á la 2 y media de la tarde marchamos hasta las 6 y media, que llegamos á una laguna desconocida, y sin nombre, y se le llamó Laguna de la Concepcion, que se halla á la parte del sud-este, desviada del camino como 1,000 varas, en cuyo sitio se pasó la noche. El camino de este dia forma muchos senos, á causa de no poder seguir la línea recta; de que resulta acrecer la distancia de esta jornada. En esta y las anteriores, los terrenos son planos, de abundantes pastos, y el piso arenisco. En esta jornada nos acompañó el hijo, y varios indios de la familia de Epumur, con los que al propio intento tenian anticipados Quinteleu y Victoriano, y los otros enviados de Mencal y Turuñan.

En este dia, despues de haber oido misa, nos pusimos en marcha, y á las 11 y media paramos en frente de unas lagunas de poca profundidad, que se hallan al nord-oeste del camino. Son 5, casi encadenadas, y al sud-sud-oeste: á distancia de estas, como 3,500 varas, hay otras 7 lagunas, todas de agua dulce, de bastante magnitud, y el terreno de andado en este dia tiene varias lomas de diversa elevacion: por entre las primeras y segundas pasa el camino. A las primeras lagunas se les denominó lasCinco Hermanas, y á las segundas, lasSiete Damas: parecen todas, segun la planicie en que se hallan, no ser de aguas permanentes. Los terrenos siguen areniscos y de mucho pasto, y á pequeñas distancias de este punto, hay varias tolderias de indios al este y oeste: pues de uno y otro rumbo se acercaban partidas de indios á hacer sus permutas. Se observò á las 11, y á las 3 de la tarde seguimos la marcha para la Cabeza del Buey, á donde llegamos á las 6 de ella. En este punto encontramos una laguna no distante del camino, á quien se le dió el nombre del Pasage: dista como media legua de la Cabeza del Buey; es agua permanente, y su fondo piedra berroqueña, sus bordes de tosca: agua dulce, clara y la mejor que se ha bebido en el camino. Se presentó el hermano del cacique Aucal, quejándose de que Lincon habia quitado el agasajo que se le habia enviado á su padre, y este pedia permiso para venir á tratar. En seguida llegaron varios enviados de los caciques de Salinas, manifestando que Lincon habia despachado chasquis a todos los caciques de la comarca, poniéndolos en alarma, diciendo, que por varios puntos iban los españoles á atacarlos, y á hacer poblaciones en la Laguna del Monte, Guaminì, Salinas, y á matarlos. A estos indios se les procuró imponer de la maldad de Lincon y sus falsedades, las cuales persuadieron con mas eficacia los indios amigos, como testigos presenciales de los hechos: con lo que se ausentaron, y quedaron desvanecidos sus temores, llevando á sus toldos la tranquilidad que habia alterado el mensage del caviloso y perverso Lincon.

A las 6 de la mañana de este dia nos pusimos en marcha, y á las 11 llegamos á un médano de agua dulce. Al sud-este de este médano hay dos lagunas de bastante estension. Estos médanos, que se componen de una porcion de arena parda amontonada sobre la superficie, comunmente tienen en sus entrañas grandes receptáculos de agua. Este terreno ya se manifiesta menos firme, mas arenoso y aunque cubierto de pastos, se percibe que en tiempo seco será escaso de ellos. En este dia no pudo observarse por estar el tiempo nublado y de tormenta. A las 3 de la tarde, continuamos la marcha, hasta las 6½ que parámos en terreno firme, inmediato á la cañada que llaman del Zapato, al oeste-sud-oeste de dicha laguna: y habiendo dispuesto trasnochar, marché con la avanzada á hacer la descubierta dos leguas. Como á la legua y media al nor-oeste, hay una laguna que derrama en la cañada el sobrante de sus aguas, y tiene de largo como 2,000 varas: á esta laguna de agua dulce, por no conocersele nombre, se le puso el de Santa Clara. Mas adelante de aquí, como á tres cuartos de legua, hay una loma ó médano, que forma una figura cónica, con una vertiente de agua dulce, muy superior á las que se han encontrado, y se le puso el nombre de Médano del Cármen. A las 8 de la noche, habiendo hecho la descubierta, continuamos la marcha, y se hizo el rumbo mas al oeste-sud-oeste de dicho médano, como una legua y 2,500 varas; donde se paró, como á las 10 de la noche, por haberse entorpecido la marcha con los atolladeros y malos pasos de la cañada. Esta abunda en pastos, su planicie es pantanosa, interponiéndose algunas lomas de pisos, y pastos mas fuertes.

A las 7 de la mañana seguimos la marcha, y al sud-sud-este dimos con una laguna que tiene de largo como tres cuartos de legua, y se halla situada al viril de la cañada. Se observó á las 12, y continuamos el viage hasta las 6 de la tarde, que parámos en frente de otra laguna, á la que se dió el nombre de Mercedes. Al oeste-nor-oeste de ella, hay una loma, ó médano, con agua dulce, que forma la figura de un triángulo escaleno, y es el de mayor elevacion: se le puso el nombre de Médano Alto; debiendo entenderse, que tanto al nor-oeste como al sud-oeste del camino, hay muchas lomas, de mayor y menor elevacion: de modo que toda esta jornada forma una superficie escarpada ò quebrada, su terreno arenoso, y los pastos rasos. La alternativa de médanos ó lomas que contiene, es un tegido que hace dificil distinguirlos con nombres particulares: esta jornada es solo proveida de aguas, sin leña alguna, y pocos pastos fuertes, y yermos de indios, sin mas ocurrencias en ella.

A las 6 y media de la mañana continuamos la marcha, y á las 11 y media llegamos al costado de una laguna á la que le siguen 6 mas, y se les puso el nombre de las Lagunas Acordonadas: y aunque se procuró observar el sol, al tiempo de subir sobre nuestro cenit unas densas nubes impidieron realizar la operacion. Se encontraronademas 5 lagunas enlazadas al costado del sud-este, y 3 al del nor-oeste, que demuestran no ser permanentes. Hay tambien lomas y médanos, algunas en figura de prismas, otras triangulares, y una entre las demas, de bastante altura, que forma la de un cilindro cortado oblicuamente. Estos médanos son de arena y tierra colorada, y sus pastos mejores que los anteriores. En este dia se dió alta á 4 enfermos, y entraron 3, un sargento y 2 peones, segun los partes que se me han dado. A las 2 y media de la tarde se prosiguió la marcha, y á las 6 y cuarto llegamos á la última laguna de las seis Acordonadas, que se hallan en otros derroteros, y se hicieron varias demarcaciones. La primera fué demarcar la Sierra de la Ventana: su medio al rumbo del sud, y la base ó distancia de los dos extremos entre sí, el primero al sud, 10 grados sud-este; y el segundo sud, 4 grados sud-este. Concluida esta operacion, se demarcaron los ángulos que forma en su cumbre, que son cuatro costados verticalmente, por la superficie plana ó espacios que con ellos forma. Nos ha llovido un poco, y al ponerse el sol se hallaba todo el horizonte cargado. Se me dió parte haberse enfermado otro sargento. Recibí chasqui del cacique Quilapí, pidiendo permiso para hablarme, que le fué concedido. Se presentó con su gente armada de machetes y sables desenvainados, formados en batalla: se le mandó envainar las armas, y que entrase al campamento á piè como lo egecutó. Este cacique manifestó en su parlamento, que se le habia informado que la expedicion iba á formar ciudades en la laguna del Monte, Guaminí y Salinas, con miras de despojarlos de sus posesiones, con alusion á los avisos de Lincon y de los cristianos que entre ellos habia, los cuales tomaron la voz en el parlamento, como suelen hacerlo. Se procurò disuadirles con las razones y reflexiones mas adecuadas á desimpresionarles esta especie: y ya porque les hiciesen fuerza, ó porque los indios amigos contribuyan con eficacia á ello, se serenaron, hicieron algunos cambios, y se retiraron gratificados, muy contentos al parecer. Pero interiormente guardaban su doble proceder, ocultando la maldad de estar en aquella fecha parte de la indiada de esta tribu, haciendo el robo de 400 y mas cabezas de ganado caballar y mular, como despues se me avisó por uno de los caciques amigos, de que en su tiempo hablaré cuando se repita el desacato de Quilapí, hijo del cacique Lorenzo, bien conocido por sus excesos en estas fronteras.

Amaneció lloviendo este dia, habiendo llovido antes la mayor parte de la noche, con el viento por el este-sud-este, y por esta causa no se emprendió la marcha hasta las 11 de la mañana; y á las 4de la tarde llegamos á una laguna de pequeña estension, que está al sud del camino, y no se halla en plano alguno: dista de la Laguna del Monte como 2 leguas. Se encontraron varias lomas y quebradas á uno y otro lado del camino, con manantiales de agua dulce; y por lo referido no se pudo observar en este dia. Las cañadas, lomas, médanos y terrenos que median, desde la del Zapato hasta este punto, son sumamente trabajosos para el tránsito de los carruages, por lo pantanoso de los caminos, tembladerales y pisos blandos: de modo que, en atollandose una carreta, se sume inmediatamente hasta el lecho y se aniega de agua. Pero pueden evitarse esta incomodidades, desechando los antiguos caminos, y tomando las faldas de las lomas que por uno y otro costado de esta molestísima y larga cañada hay hasta su fin, siguiéndola igualmente: ademas de las lagunas dichas, unos saladillos por derecha ó izquierda que vienen á unirse al fin de ella y forman un paso trabajosísimo por poca agua que tengan, si no es tiempo seco, por la inconstancia del piso. Ya en la vuelta de este viage se logró desviarse de muchos malos pasos, tomando las faldas y lomas que se reconocieron de mejor firmeza. Hoy se me dió parte haber 5 enfermos mas.

A las 8 de la mañana seguimos la marcha, y á las 11 y cuarto llegamos á las inmediaciones de la Laguna del Monte: esta laguna tiene un islote de montes como de 10 á 15 cuadras de frente, ó lo que es lo mismo de 1,500 á 2,000 varas. Contiene frondosos y espesos árboles sin poderse reconocer qué clase de maderas, ni cual sea su estension ó circunferencia, por hallarse circuido por todas partes de agua, por el gran caudal de ellas que le subministran el arroye Guaminí, y muchos otros derrames de la Sierra de la Ventana. Esta confluencia de aguas le dá mas de 3 á 4 leguas de largo, y segun las lluvias, toma mas estension, porque se une con otras mas al nord-este que forman otros derrames de la misma Sierra de la Ventana: y por la parte del sud-oeste llega á enlazarse con la laguna que llaman de los Paraguayos, y entonces pasa de 7 leguas de longitud: en tiempo seco deja algunos pasos, desde el camino de nuestra derrota á la parte opuesta de la sierra. Es muy abundante de pescado, sus aguas son saladas, y á sus inmediaciones se encuentran pequeñas lagunas de agua dulce. En este dia se demarcó nuevamente la Sierra de la Ventana y la de Guaminí, por ser el punto de mayor aproximacion segun nuestra derrota. De aquí se reconoce que dicha Sierra de la Ventana en su periferia ó cumbre, y término de mayor elevacion, forma 15 quebradas, unas de mayor y otras de menor altura. Estas son vertíces de triángulos cortados entre sí: la base es verdaderamente rectilínea. En la jornada y derrota de este dia se han reconocido, al rumbo de sud-sud-este, 3 lagunas de agua dulce y 2 al nord-nord-este. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y llegamos al parage nombrado el Junco Grande: antes de llegar, como 1,000 varas al costado del nord-nord-oeste del camino, encontramos una laguna muy abundante de delicada agua, á la que se puso el nombre de Laguna Hermosa.

A las 7 y media de la mañana nos pusimos en marcha hasta las 11 y media: á las 12 se observó junto á una laguna, que por no tener nombre se le llamó de Santa Rosa. La sierra del Guaminí quedaba al rumbo del sud 15° sud-este, y la de la Ventana al este, cuarta sud-este. A las 2 y media de la tarde marchamos, y á las 6 y media llegamos á la Laguna de los Paraguayos, en donde, como á la distancia de 1,000 varas para el sud, se hallaban 3 caciques con bastante número de indios formados en batalla, con una bandera blanca enarbolada en una chuza: desde cuyo punto mandaron un mensage, pidiendo permiso para entrar á la salutacion de costumbre, que se les concedió, y recibió en el modo acostumbrado. Estos caciques eran Millapue, Joaquin Coronel, y Leymí, parientes parciales y amigos de Victoriano y Quinteleu, y encargados de proteger la expedicion. Venian con recomendacion de aquellos, para que se les otorgase un dia de trato, á que fuè preciso condescender, y obsequiarlos como á amigos y aliados, en la tarde de aquel dia y noche. Manifestaron todos el gran aprecio y respeto que tenian á Quinteleu, y que estaban enterados de las miras de aquel, cuyo sistema seguian. La impertinencia de la embriaguez fué grande en la gente; pero los caciques se mantuvieron serenos sin mesclarse en tales excesos, sufriendo los insultos de sus mismos indios en la tarde y noche de aquel dia. Trageron ganados y caballos á vender, de que se abasteció la armada necesitada, bien que á precios poco còmodos. Se me dió parte haberse dado alta á 4 enfermos, y haber entrado un peon mortalmente herido por haberle cogido una rueda de carreta que picaba: se confesó inmediatamente. La noche se pasó toda sobre las armas, para evitar desgracias y separar la mezcla de peones con los indios, lo que se consiguió sin novedad. Tambien en este dia se recibió enviado del cacique Antenau, pidiendo le esperase: pero se le contestó, que no podia detenerse la marcha, por los muchos enfermos que llevaba la expedicion; pero que si queria venir y entrar en la parada de mediodia, lo hiciese cuando gustase. Que por esta causa no podia mandarle al vaqueano Leyva, y dos soldados ó mas que pedia para que le acompañasen.

Continuando la embriaguez y acaloramiento de los indios que en sus pendencias reñian, hiriéndose barbaramente, y siendo forzoso estar sobre las armas, no se pudo celebrar misa. Procuré abreviar la marcha, manifestando á los caciques el perjuicio de la demora, en que convinieron prontamente de buena voluntad: y haciendo al mismo tiempo retirar la peonada, que desde la tarde anterior habia estado haciendo acopio de junco (de que abunda dicha laguna) para hacer las trojes de las carretas, quedó todo pronto á las 4 de la tarde. A esta hora, á pesar de una tormenta furiosa de viento, truenos, lluvia y rayos, marchó la expedicion, hasta alejarse de la laguna como legua y media. La tormenta venia por el sud-oeste: pero, habiendo arreciado el viento por el sud, echó la fuerza de la tormenta al nord-nord-oeste; y como creció el aguacero sobre nuestra posicion, y el viento seguia de la misma conformidad, fué necesario parar, y pasar una noche trabajosísima para sugetar las haciendas que dispersaba la tormenta. La gente fué igualmente necesario que se mantuviese á la intemperie, la mas cruda que puede imaginarse.

A las 6 de la mañana nos pusimos en marcha, y á las 11 y media parámos al frente de 3 lagunas de agua dulce, encadenadas al costado del sud, quedando otras mas, hasta 7, hácia el norte. Unas y otras forman barrancas altas, y la mayor parte de ellas se comunican por unos arroyuelos que hacen los cauces de sus derrames. Las de la parte del sud son generalmente saladas, y las del costado del norte, dulces. Los bordes son en general de piedra y de tosca dura. A la parte del norte del camino se ven lomas y mèdanos de bastante elevacion, y en estos se encuentra por lo comun muy buena agua. Los terrenos y pastos de esta situacion son buenos, la superficie es plana, y es la razon porque estan habitadas todas estas inmediaciones de toldos de indios, con crecido número de ganados vacuno, caballar y lanar. A las 3 de la tarde nos pusimos en marcha, y á las 5 y media llegamos á la Laguna de los Patos, continuando el terreno en el mismo modo que el anterior. Descubrimos como á distancia de una legua un árbol, que por hallarse sobre una loma, y ser cosa estraña, llamó la atencion. Se reconoció ser un chañar espeso, desde cuyo punto por una cañada ò bajo que se presenta á la vista, se descubrieron otros varios árboles, y á mayor distancia un bosque, que resultó ser parte del monte de la Laguna de Salinas. Ya al sol puesto llegò un mensage de parte del cacique Anteneu, pidiendo licenciapara venir á tratar á las Salinas que le fué otorgada. Se me dió parte haber salido ó dado alta á dos enfermos en este dia, y haber enfermado dos soldados y un peon, y no ocurrió mas novedad que la de no haberse podido observar.

A las 5 de la mañana se continuó la marcha, y á las 8 y media llegamos al borde de la Laguna de Salinas, y se situaron las carretas en línea de circunvalacion sobre ella, para disponer lo conveniente en órden á la carga y refaccion de carretas. Reconocido el terreno mas aproposito, mandé formar el campamento en el punto mas dominante que presenta el cuadrilongo de la laguna, que es casi en su mitad, por el costado del norte corregido, apoyado sobre una barranca como de 20 varas de alto, y proveido de 2 manantiales de agua dulce. Allí se establecieron los 2 cañones al frente de la única entrada que franqueaba la lìnea formada de carretas, situadas las tiendas de campaña para la tropa y guardia de prevencion, y á su retaguardia la demas tropa, para que, reunida, se hallase mas pronta en todo acontecimiento. A las 10 de la mañana se presentó el cacique Antiman, y el cacique Caluqueo, con sus gentes armadas de armas cortas, pidiendo licencia para entrar á parlamento, á quienes se les otorgó y recibió, haciéndoles su saludo de artillería. Manifestaron desde luego haber recibido mensajes del cacique Lincon, en que les avisaba de nuestra venida con miras de hostilizarlos y formar poblaciones. Se les hizo entender la falsedad de Lincon y su mala fé, comprobándola con las aserciones de los indios que habian presenciado la ocurrencia: quedaron al parecer satisfechos y procuraron hacer algunas permutas con sus tejidos y peleterias, y exigir las gratificaciones de estilo, de bebidas, yerba, tabaco y otras especies, que fue necesario darles con todo agasajo y sufrir sus embriagueses que continuaron por algunos dias: hasta que fueron acercándose los indios Ranqueles, que trataron en cargar de sal y retirarse, por no encontrarse con aquellos de quienes son enemigos. A las 7 de la tarde llegó un enviado del cacique Victoriano, averiguando nuestra llegada, pidiendo permiso para llegar al campamento al siguiente dia; que le fué otorgado.

En este dia, por estar nublado, no pudo observarse. Se me dió parte haber enfermado un hombre de resultas de un golpe que le dió un buey. Ha llovido algo, y el viento ha estado por sud-este. Todas las inmediaciones de la laguna estan muy provistas de excelentes pastos y aguadas en varias lagunas dulces, en donde se pastorean las boyadas y caballos: siempre á la vista, por no poderse alejar sin guardia respetable al parage de los Manantiales, y porque los indios manifiestan no estar de paz,segun han espresado Quinteleu y prevenido Victoriano, como amigos, recelosos de los muchos caciques que estan inmediatos, á fin de precaver el robo de las haciendas y desgracias consiguientes. Con este motivo, por medio de los ayudantes, mandé comparecer á todos los troperos y capataces de carretas, á quienes impuse de esta novedad, y del doble cuidado que demandaba nuestra situacion: y á fin de salir pronto de aquel punto, asigné el perentório tiempo de recomponer sus carretas y ponerlas prontas para la carga, que deberian egecutar en el término de 8 dias: de que fueron prevenidos para precaver los riesgos, y apresurar la salida de aquel destino.

A las 7 de la mañana mandé comparecer á los troperos para que reconociesen la laguna y viesen el medio de proporcionar la carga, sin embargo de hallarse tan llena, como nunca se habia observado, por las muchas aguas del año, y haberle entrado un derrame de agua de otra laguna dulce no conocida: para lo cual cada uno sacaria las carretas que pudiese cargar al dia, dejando las demas en la línea que formaban para estrechar las distancias en caso de invasion, y quedar siempre atrincherados: reponiendo las que se cargasen á su lugar, hasta que por este órden quedasen todos prontos. En lo cual convinieron, pero unanimente espusieron que consideraban imposible sacar sal segun la altura del agua: mas sin embargo iban á hacer la prueba, y reconocer por diferentes puntos la dicha laguna. En efecto habiéndolo egecutado, resultó que, despues de muy mortificada y estropeada la gente, solo se pudieron sacar como 6 fanegas de sal: cuyo reconocimiento inspiró una desconfianza de que en esta parte se rendiria inutil el viage, sin embargo de que el mucho viento contribuia á formar olas, y estas estorbaban el trabajo, tanto ó mas que lo crecido de las aguas. Recibí chasqui del cacique Victoriano, anunciando su próxima llegada al campamento, que la egecutó con su hermano Quinteleu, y los caciques Payllatur, Payllain, Guaquinil, Quilan, y Millapue, que fueron recibidos en el modo ordinario. Todos por su órden hicieron su parlamento, y manifestaron las noticias que les habian comunicado, de venir la expedicion con ánimo de hacer hostilidades y poblar la laguna y otros puntos; pero que los caciques Victoriano y Quinteleu habian tranquilizado sus ánimos, disipando los recelos, asegurando que ellos salian garantes de la paz y buena fé de los españoles, y que en efecto los habian creido, y estaban bien persuadidos de que no se les faltaria, ni tampoco invadiriamos con nuestras armas. No así lo creian otros caciques de la comarca, antes bien tenian por sospechosos á Quinteleu y Victoriano, por amigos de los españoles. En este estado el cacique Victoriano y Quinteleu espusieron que su amistad se estendia á permanecer en aqueldestino mientras la expedicion no retornase, para reparar cualquiera hostilidad que intentasen hacer los caciques Ranqueles y demas descontentos; á cuyo fin tenian prontos 1,000 indios, y pidieron estos dos hermanos alojar inmediatos al campamento: lo que les fué otorgado. Inmediatamente ordenè se diese á la tropa racion de pan, tabaco y agí, que recibieron los oficiales por medio de sus sargentos. En este dia se observó el sol, y resultó hallarse la laguna en 37 grados 14 minutos de latitud sur, situacion ó altura de polo del punto medio de ella: sin que en este dia hubiese ocurrido mas novedad.

En este dia llegó un chasqui de los caciques Ranqueles ó del Monte, solicitando aguardiente, yerba y tabaco; y expresó que estos y el cacique Carrupilun estaban opuestos á la expedicion, y venian con ánimo de declarar la guerra, para cuyo efecto tenian como 600 hombres armados de coletos, cotas de malla y lanzas, como á distancia de 2 leguas del campamento, en unos médanos altos: que la causa entre otras era el tenor entendido que veniamos á hacer poblaciones en sus terrenos y á degollarlos. Enterado de la relacion del chasqui, le disuadí de la equivocacion en que estaban los caciques, y mandé al cacique Victoriano viniese, y se cerciorase de la ocurrencia: como en efecto lo hizo, y por si mismo satisfizo al enviado, manifestándole que la expedicion venia á cargar de sal, como lo acostumbrabamos á hacer de paz y buena amistad: que él estaba cierto de ello, y se mantenia en mi compañia para hacerlo entender á todos los indios; y para oponerse con sus gentes y armas, si alguno tenia el descomedimiento de injuriar la expedicion, ni ofenderla en lo mas leve: y que así se lo hiciese entender á los caciques que lo mandaban, si no querian como amigos venir á tratar. A esta generosa contestacion de Victoriano añadí, que en el momento me iba á poner sobre las armas, que no necesitaba de auxilio alguno, y que en el caso de querer pelear, no me moveria de aquel punto donde los esperaba, y mandaria venir 2,000 hombres armados de la frontera, y que no perdonaria vida de ningun Ranquel ni de sus amigos; y que entonces verian cumplido y realizado lo que ahora no se imaginaba. En efecto mandé aprestar toda la gente, y que los dueños, capataces y peones de carretas se pusiesen sobre las armas, recogiendo las haciendas sobre la laguna, resguardada de la línea que formaba y amparaba la artillería. Este movimiento alarmó á los indios del campamento, y especialmente al cacique Victoriano y sus parciales, que vinieron muy cuidadosos á asegurarme de nuevo su amistad: y en consecuencia de ella les espuse, que retirasen sus familias para que ni se confundiesen con los enemigos, ni sufriesen los estragos de la guerra, que eran consiguientes en el ardor de la batalla,si no se ponian anticipadamente en lugar determinado y cierto, sin separarse de él. Esta resolucion dobló su empeño, y causó los buenos efectos de destacarse algunos indios respetables à prevenir á los caciques armados que desistiesen de su empresa y entrasen de paz, antes que aventurar el perder la tierra, por cuanto á ellos constaba la fuerza que yo habia dejado en la frontera, quienes al menor aviso talarian los campos, y degollarian á todos los indios que faltaban á la buena fé, parlamentos hechos, y paces ajustadas en la laguna, como constaba á algunos caciques que las habian presenciado. Estos razonamientos oficiosos, sin duda arredraron á Carrupilun, motor de esta ocurrencia, y resolviéron con doble intencion entrar al campamento sin lanzas, dejándolas en los médanos. El resultado fué mandar nuevos chasquis, diciendo que ellos acostumbraban hacer sus marchas con las armas, pero que si se les daba licencia, entrarian sin ellas á tratar: cuya respuesta fuè con la misma firmeza que la anterior, mirando con desprecio sus amenazas, y que los esperaba con las armas en la mano. En efecto toda la noche estuvimos con la mayor vigilancia, haciendo candeladas para evitar una sorpresa, á favor de las nieblas, aumentadas con la tormenta y lluvia que sobrevino. Amaneció el 16 sin mas novedad, que haberseme dado parte de la alta de 4 enfermos que tomaron las armas.

A las 8 de la mañana de este dia llegó al campamento un chasqui del cacique Quinteleu, que en el dia de su llegada á la laguna se retiró á buscar su familia, avisando, que habia tenido noticia de las incomodidades sufridas con algunos caciques, pero que nos tranquilizasemos: que al momento se ponia en marcha, que aquietaria y conduciria al campamento á los caciques que se decian enemigos, y les haria entender sus deberes. En efecto llegó como á las 2 de la tarde con los caciques Ranqueles, menos Carrupilun, Curritipai, Coronado y otros, que aun quedaron renitentes y tercos en sus porfias. Se recibieron como á los demas, y dieron sus razones y parlamentos á presencia de todos los demas caciques que ya habian sido admitidos. Cada uno de ellos se panegirizó de un potentado y gran señor de aquel continente, dandose unos á otros esclusiva, sin ofenderse de ello, aunque privativamente se llamaban dueños de la laguna. A todo se dió su respectiva contestacion: habló el último Quinteleu, y entre otras muchas cosas, con que atacó á los caciques, fué la última, que nadie esclusivamente tenia dominio sobre la laguna, que esta era comun, y que todos debian disfrutarla, que ningun cacique, sin cometer violencia y faltar á los tratados de paz con los españoles, podia incomodarlos: que él habia ofrecido al Exmo. Señor Virey y al Exmo. Cabildo hacer guardar estos tratados, y que la expedicion no seria incomodada; y esto lo habia de cumplir y defender con su gente si fuese necesario, hasta cargar las carretas y conducirlas á la misma capital. Que á ningun cacique ni sus gentes se estorba entrar á Buenos-Aires, y á todos se les daba buen pasaporte, y por lo mismo faltando en este presente á su deber los indios, se esponian al enojo de los españoles, y á que tomasen las armas y los destruyesen. Por lo tanto creia, que todos los caciques que estaban presentes convendrian con él: y en efecto convinieron, añadiendo cada uno razonamientos de su conformidad. En este estado repuse, que yo no llevaba otra comision que la de conducir la expedicion, y cargarla de sal, guardando la mejor armonía y amistad con los caciques é indios, sin incomodar á nadie, y observar quienes eran verdaderos amigos, y quienes eran enemigos: no permitir que ninguno ultrajase á los españoles, en cuyo caso castigaria á los que se atreviesen. Que algunos caciques se habian propasado, y esperaba solo la reunion de todos para manifestarles y hacerles ver, que yo no queria emplear las armas si no contra los que me insultaban: y les hacia saber, que á la mas leve queja ó insulto usaria de las armas, y daria cuenta al Señor Virey para castigar la tierra, y que no me retiraria sin hacer los mayores estragos, abandonando la expedicion por vengar los insultos y agravios. Que en este concepto contuviesen á los que se oponian, pues mientras no viese acertada esta paz, no cargaria las carretas de sal, por estar mas desembarazado para todo: que se retirasen á alojar á distancia del campamento con sus gentes. Todos afianzaron estar tranquila la tierra, y me rogaron tratase de cargar las carretas. Yo me resistia á ello, haciendo mérito de lo mismo que me era imposible practícar por el estado de la laguna, y los caciques Quillan, Payllatur y Quidenau se esforzaron sobremanera, y el último con tal estremo, que ofreció en rehenes y seguridad de sus promesas, 4 hijos y su persona: pero yo diferí la contestacion para el dia 17, respecto á que ya era tarde y debian tratar de alojarse. En este estado se retiraron, menos Victoriano y Quinteleu que alojaron en la guardia de prevencion, y continuaron suplicándome cargase las carretas, cierto de que nada me habia de suceder. Y quedando la tropa y gente de armas en vela con las mismas òrdenes y prevenciones que la noche anterior, pasó esta sin mas novedad.


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