Chapter 40

Y empriestenmé su atenciónSi ansí me quieren honrar,De nó, tendré que callar,Pues el pájaro cantorJamás se para a cantarEn árbol que no da flor.

Y empriestenmé su atenciónSi ansí me quieren honrar,De nó, tendré que callar,Pues el pájaro cantorJamás se para a cantarEn árbol que no da flor.

Y empriestenmé su atención

Si ansí me quieren honrar,

De nó, tendré que callar,

Pues el pájaro cantor

Jamás se para a cantar

En árbol que no da flor.

La nota picaresca termina el preludio con estos otros versos, en los cuales reconocemos aquel lenguaje que tan bien sabe aparejar la belleza del sentimiento a la intencionada burla del filósofo amable. Así, en la guitarra, la profundidad sorda de las cuerdas viriles, con el numeroso trino de los nervios delgados:

Dejenmé tomar un trago,Estas son otras cuarenta;[72]Mi garganta está sedienta,Y de esto no me abochorno,Pues el viejo, como el horno,Por la boca se calienta.

Dejenmé tomar un trago,Estas son otras cuarenta;[72]Mi garganta está sedienta,Y de esto no me abochorno,Pues el viejo, como el horno,Por la boca se calienta.

Dejenmé tomar un trago,

Estas son otras cuarenta;[72]

Mi garganta está sedienta,

Y de esto no me abochorno,

Pues el viejo, como el horno,

Por la boca se calienta.

El argumento es, como siempre, sencillo: la lógica natural de la vida narrada.

Cruz ha muerto entre los indios, de una peste que los diezmó, encomendando a su amigo un hijo cuyo paradero ignora; pero, aun con esto, y no obstante la existencia horrible que la barbarie y la desconfianza de las tribus impuso a ambos gauchos, empezando por tenerlos separados durante dos años, la inercia del desierto, verdadera parálisis moral conocida de todos cuantos en él vivieron, retiene al protagonista. Sólo tres años después, obligado a matar un indio para salvar una cautiva, el peligro lo impulsa a huir con ésta. Así vuelve a su pago, donde en unas carreras a las que acudió por tomar lenguas, encuentra sus hijos. Éstos cuentan sus vidas de padecimiento y de miseria, y cuando han concluído, un mozo guitarrero que anda por ahí, pide a su vez autorización para narrar la suya. Resulta ser el hijo de Cruz,Picardíapor sobrenombre. En esto, un negro payador interviene para lanzar el desafío característico. Martín Fierro acepta, y vence a su contricante; pero éste no ha buscado aquel lance, sino como una ocasión. Es el hermano menor de aquel negro a quien el gaucho mató en un jolgorio, y anda buscando venganza. Prontos ya para el combate ambos cantores, los demás consiguen separarlos. Entonces Fierro con sus dos hijos y Picardía, dirígense a la costa de un arroyo, donde pasarán la noche. Allá deciden mudar de nombre para borrar el pasado, y el poema concluye con una serie de consejos cantados a la luz de las estrellas por el gaucho ya anciano.

Hay más variedad de estructura en esta parte, conforme lo requería su mayor extensión; los episodios son también más abundantes, y ya he dicho que la verba poética conserva todo su encanto; pero los defectos son también más notables. La lección directa de moral, agrega su trivialidad inherente, al fastidio de largas series de estrofas sin colorido ni sabor. Así todo el canto XII destinado a narrar las penas del hijo mayor en la cárcel; así los ya citados consejos de Martín Fierro. Además de esto, Picardía repite con demasiada minuciosidad la descripción del fortín, que nada agrega al trozo análogo de la primera parte. Por el contrario, los detalles de la malversación de raciones que efectuaba la oficialidad, son excesivos y cargosos.

Después, los reparos literarios de la crítica, habían causado su habitual efecto. Hernández tuvo a ratos la preocupación de la belleza reglamentada que le predicaron. Hizo literatura de precepto y de epíteto, falseando la propiedad de expresión que es el mérito fundamental de sus personajes. Inútil agregar que ésos resultan siempre sus peores versos. Afortunadamente, aquellas lástimas no abundan; y el manantial genuino es tan abundoso, que arrebata todos los ripios en su corriente.

La tranquilidad de situación, la dicha del encuentro que es causa del cuádruple relato, dan predominio a la alegría. El elemento picaresco forma dos terceras partes de la narración.

Ello no quita que, al comienzo, la nota patética, alcanzando por momentos el tono de la más noble expresión, inspire el resumen prologal de las tristezas sufridas:

En la orilla de un arroyo,Solitario lo pasaba;En mil cosas cavilaba,Y a una güelta repentina,Se me hacía ver a mi chinaO escuchar que me llamaba.

En la orilla de un arroyo,Solitario lo pasaba;En mil cosas cavilaba,Y a una güelta repentina,Se me hacía ver a mi chinaO escuchar que me llamaba.

En la orilla de un arroyo,

Solitario lo pasaba;

En mil cosas cavilaba,

Y a una güelta repentina,

Se me hacía ver a mi china

O escuchar que me llamaba.

Y las aguas serenitasBebe el pingo trago a trago;Mientras sin ningún halago,Pasa uno hasta sin comer,Por pensar en su mujer,En sus hijos y en su pago.

Y las aguas serenitasBebe el pingo trago a trago;Mientras sin ningún halago,Pasa uno hasta sin comer,Por pensar en su mujer,En sus hijos y en su pago.

Y las aguas serenitas

Bebe el pingo trago a trago;

Mientras sin ningún halago,

Pasa uno hasta sin comer,

Por pensar en su mujer,

En sus hijos y en su pago.

Hay, efectivamente, una sugestión melancólica en ese curso del agua serena que parece ir deshilando nuestros pensamientos; en tanto el caballo acompasa con sus orejas los sorbos que vemos pasar uno a uno por el cuello tendido. Al lado suyo, con una pierna cruzada por descanso, el brazo izquierdo apoyado en la montura, las riendas flojas en la diestra, el caminante medita sus cosas tristes. En el claro silencio, algún pájaro que se detuvo a la brusca, blandeando el junco próximo, parece romperse en ungrito, como si fuera de cristal. Y las improntas de los rastros, al ir llenándose de agua, recuerdan las copas inútiles que uno dejó sin apurar en el camino de la vida...

El poeta ha cantado así aquellas cosas de la tristeza:

Y al que le toca la herenciaDonde quiera halla su ruina;Lo que la suerte destinaNo puede el hombre evitar,Porque el cardo ha de pinchar:Es que nace con espina.

Y al que le toca la herenciaDonde quiera halla su ruina;Lo que la suerte destinaNo puede el hombre evitar,Porque el cardo ha de pinchar:Es que nace con espina.

Y al que le toca la herencia

Donde quiera halla su ruina;

Lo que la suerte destina

No puede el hombre evitar,

Porque el cardo ha de pinchar:

Es que nace con espina.

Mas quien manda los pesaresManda también el consuelo.La luz que baja del cieloAlumbra al más encumbrao,Y hasta el pelo más delgaoHace su sombra en el suelo.

Mas quien manda los pesaresManda también el consuelo.La luz que baja del cieloAlumbra al más encumbrao,Y hasta el pelo más delgaoHace su sombra en el suelo.

Mas quien manda los pesares

Manda también el consuelo.

La luz que baja del cielo

Alumbra al más encumbrao,

Y hasta el pelo más delgao

Hace su sombra en el suelo.

Pero por más que uno sufraUn rigor que lo atormente,No debe bajar la frenteNunca, por ningún motivo:El álamo es más altivoY gime constantemente.

Pero por más que uno sufraUn rigor que lo atormente,No debe bajar la frenteNunca, por ningún motivo:El álamo es más altivoY gime constantemente.

Pero por más que uno sufra

Un rigor que lo atormente,

No debe bajar la frente

Nunca, por ningún motivo:

El álamo es más altivo

Y gime constantemente.

Dos cuadros de salvaje grandeza componen la narración del protagonista, resumiendo la vida de los bárbaros. El primero es la proclama que termina el parlamento donde se ha decidido una invasión:

Volvieron al parlamentoA tratar de sus alianzas,O tal vez de las matanzas,Y conforme les detallo,Hicieron cerco a caballoRescostandosé en las lanzas.

Volvieron al parlamentoA tratar de sus alianzas,O tal vez de las matanzas,Y conforme les detallo,Hicieron cerco a caballoRescostandosé en las lanzas.

Volvieron al parlamento

A tratar de sus alianzas,

O tal vez de las matanzas,

Y conforme les detallo,

Hicieron cerco a caballo

Rescostandosé en las lanzas.

Dentra al centro un indio viejoY allí a lengüetiar se larga;Quién sabe qué les encarga,Pero toda la riuniónLo escuchó con atenciónLo menos tres horas largas.

Dentra al centro un indio viejoY allí a lengüetiar se larga;Quién sabe qué les encarga,Pero toda la riuniónLo escuchó con atenciónLo menos tres horas largas.

Dentra al centro un indio viejo

Y allí a lengüetiar se larga;

Quién sabe qué les encarga,

Pero toda la riunión

Lo escuchó con atención

Lo menos tres horas largas.

Pegó al fin tres alaridosY ya principia otra danza;Para mostrar su pujanzaY dar pruebas de jinete,Da riendas rayando el fleteY revoliando la lanza.

Pegó al fin tres alaridosY ya principia otra danza;Para mostrar su pujanzaY dar pruebas de jinete,Da riendas rayando el fleteY revoliando la lanza.

Pegó al fin tres alaridos

Y ya principia otra danza;

Para mostrar su pujanza

Y dar pruebas de jinete,

Da riendas rayando el flete

Y revoliando la lanza.

Recorre luego la fila,Frente a cada indio se para,Lo amenaza cara a cara,Y en su juria aquel maldito,Acompaña con su gritoEl cimbrar de la tacuara.[73]

Recorre luego la fila,Frente a cada indio se para,Lo amenaza cara a cara,Y en su juria aquel maldito,Acompaña con su gritoEl cimbrar de la tacuara.[73]

Recorre luego la fila,

Frente a cada indio se para,

Lo amenaza cara a cara,

Y en su juria aquel maldito,

Acompaña con su grito

El cimbrar de la tacuara.[73]

Siguen luego los preparativos del malón:

Primero entierran las prendasEn cuevas, como peludos;Y aquellos indios cerdudosSiempre llenos de recelos,En los caballos en pelosSe vienen medio desnudos.

Primero entierran las prendasEn cuevas, como peludos;Y aquellos indios cerdudosSiempre llenos de recelos,En los caballos en pelosSe vienen medio desnudos.

Primero entierran las prendas

En cuevas, como peludos;

Y aquellos indios cerdudos

Siempre llenos de recelos,

En los caballos en pelos

Se vienen medio desnudos.

Para pegar el malónEl mejor flete procuran;Y como es su arma seguraVienen con la lanza sola,Y varios pares de bolasAtados a la centura.

Para pegar el malónEl mejor flete procuran;Y como es su arma seguraVienen con la lanza sola,Y varios pares de bolasAtados a la centura.

Para pegar el malón

El mejor flete procuran;

Y como es su arma segura

Vienen con la lanza sola,

Y varios pares de bolas

Atados a la centura.

De ese modo anda liviano,No fatiga el mancarrón;Es su espuela en el malón,Después de bien afilao,Un cuernito de venaoQue se amarra en el garrón.

De ese modo anda liviano,No fatiga el mancarrón;Es su espuela en el malón,Después de bien afilao,Un cuernito de venaoQue se amarra en el garrón.

De ese modo anda liviano,

No fatiga el mancarrón;

Es su espuela en el malón,

Después de bien afilao,

Un cuernito de venao

Que se amarra en el garrón.

Caminan entre tiñeblasCon un cerco bien formao;Lo estrechan con gran cuidao,Y agarran, al aclarar,Ñanduces, gamas, venaos,Cuánto ha podido dentrar.

Caminan entre tiñeblasCon un cerco bien formao;Lo estrechan con gran cuidao,Y agarran, al aclarar,Ñanduces, gamas, venaos,Cuánto ha podido dentrar.

Caminan entre tiñeblas

Con un cerco bien formao;

Lo estrechan con gran cuidao,

Y agarran, al aclarar,

Ñanduces, gamas, venaos,

Cuánto ha podido dentrar.

El baile de las chinas con que se festeja el regreso de la expedición, el relato de la peste, son también cosas épicas; pero veamos el episodio que motiva la fuga del protagonista.

Un día que se halla meditando como era su costumbre ante la tumba de Cruz, oye lamentos de mujer a lo lejos. Era una cautiva a quien maltrataba el amo feroz, atribuyéndole el hechizo de una cuñada. Ennoblecido por su propio dolor, el paladín no podía vacilar. Ante la mujer azotada y cubierta con la sangre de su hijito degollado por el salvaje para mayor tortura, el corazón del bravo recobra todo su brío. La narración de esta pelea, es sencillamente magnífica. Por su movimiento, sus incidentes, su grandeza trágica, las tres figuras de la mártir, del gaucho y del salvaje lacertoso y astuto, puede figurar entre los más bellos episodiosde la épica. Aunque es el tercer combate singular del poema, resulta completamente distinto de los otros. Es también el más duro, dada la ferocidad del adversario:

Porque el indio era valiente:Usaba un collar de dientesDe cristianos que él mató.

Porque el indio era valiente:Usaba un collar de dientesDe cristianos que él mató.

Porque el indio era valiente:

Usaba un collar de dientes

De cristianos que él mató.

Obsérvese esta variante que evita la monotonía del episodio: en el combate análogo de la primera parte, Fierro se defiende con las bolas. Ahora es el indio quien maneja aquella arma cuya esgrima conocía, pues, el gaucho, hijo del desierto a su vez. Así, la descripción del tipo es completa hasta en sus menores detalles, sin que éstos resulten nunca excesivos. El ingenio del poeta corre parejas con su gallardía.

Se debe ser precavidoCuando el indio se agazape.En esa postura el tape[74]Vale por cuatro o por cinco.Como tigre es para el brinco.Y fácil que a uno lo atrape.

Se debe ser precavidoCuando el indio se agazape.En esa postura el tape[74]Vale por cuatro o por cinco.Como tigre es para el brinco.Y fácil que a uno lo atrape.

Se debe ser precavido

Cuando el indio se agazape.

En esa postura el tape[74]

Vale por cuatro o por cinco.

Como tigre es para el brinco.

Y fácil que a uno lo atrape.

Peligro era atropellarY era peligro juir;Y más peligro seguirEsperando de este modo,Pues otros podían venirY carniarme allí entre todos.

Peligro era atropellarY era peligro juir;Y más peligro seguirEsperando de este modo,Pues otros podían venirY carniarme allí entre todos.

Peligro era atropellar

Y era peligro juir;

Y más peligro seguir

Esperando de este modo,

Pues otros podían venir

Y carniarme allí entre todos.

Y como el tiempo pasabaY aquel asunto me urgía,Viendo que él no se movía,Me juí medio de soslayoComo a agarrarle el caballoA ver si se me venía.

Y como el tiempo pasabaY aquel asunto me urgía,Viendo que él no se movía,Me juí medio de soslayoComo a agarrarle el caballoA ver si se me venía.

Y como el tiempo pasaba

Y aquel asunto me urgía,

Viendo que él no se movía,

Me juí medio de soslayo

Como a agarrarle el caballo

A ver si se me venía.

A la primer puñaladaEl pampa se hizo un ovillo;Era el salvaje más pilloQue he visto en mis correríasY a más de las picardíasArisco para el cuchillo.

A la primer puñaladaEl pampa se hizo un ovillo;Era el salvaje más pilloQue he visto en mis correríasY a más de las picardíasArisco para el cuchillo.

A la primer puñalada

El pampa se hizo un ovillo;

Era el salvaje más pillo

Que he visto en mis correrías

Y a más de las picardías

Arisco para el cuchillo.

Me sucedió una desgraciaEn aquel percance amargo:En momentos que lo cargoY que él reculando vá,Me enredé en el chiripáY cai tirao largo a largo.

Me sucedió una desgraciaEn aquel percance amargo:En momentos que lo cargoY que él reculando vá,Me enredé en el chiripáY cai tirao largo a largo.

Me sucedió una desgracia

En aquel percance amargo:

En momentos que lo cargo

Y que él reculando vá,

Me enredé en el chiripá

Y cai tirao largo a largo.

Ni por respeto al cuchilloDejó el indio de apretarme;Allí pretende ultimarmeSin dejarme levantar,Y no me daba lugarNi siquiera a enderezarme.

Ni por respeto al cuchilloDejó el indio de apretarme;Allí pretende ultimarmeSin dejarme levantar,Y no me daba lugarNi siquiera a enderezarme.

Ni por respeto al cuchillo

Dejó el indio de apretarme;

Allí pretende ultimarme

Sin dejarme levantar,

Y no me daba lugar

Ni siquiera a enderezarme.

Bendito Dios poderoso,Quién te puede comprender,Cuando a una débil mujerLe diste en esa ocasiónLa juerza que en un varónTal vez no pudiera haber.

Bendito Dios poderoso,Quién te puede comprender,Cuando a una débil mujerLe diste en esa ocasiónLa juerza que en un varónTal vez no pudiera haber.

Bendito Dios poderoso,

Quién te puede comprender,

Cuando a una débil mujer

Le diste en esa ocasión

La juerza que en un varón

Tal vez no pudiera haber.

Esa infeliz tan llorosa,Viendo el peligro se anima,Como una flecha se arrimaY olvidando su aflición,Le pegó al indio un tirónQue me lo sacó de encima.

Esa infeliz tan llorosa,Viendo el peligro se anima,Como una flecha se arrimaY olvidando su aflición,Le pegó al indio un tirónQue me lo sacó de encima.

Esa infeliz tan llorosa,

Viendo el peligro se anima,

Como una flecha se arrima

Y olvidando su aflición,

Le pegó al indio un tirón

Que me lo sacó de encima.

Semejante episodio era común en las peleas campesinas. La intervención de la mujer acentuaba la índole caballeresca del combate. Éste continúa con mayor encarnizamiento cada vez. Mas, ahora, llega su turno al indio avieso:

Me hizo sonar las costillasDe un bolazo aquel maldito;Y al tiempo que le dí un gritoY le dentro como bala,Pisa el indio y se refalaEn el cuerpo del chiquito.

Me hizo sonar las costillasDe un bolazo aquel maldito;Y al tiempo que le dí un gritoY le dentro como bala,Pisa el indio y se refalaEn el cuerpo del chiquito.

Me hizo sonar las costillas

De un bolazo aquel maldito;

Y al tiempo que le dí un grito

Y le dentro como bala,

Pisa el indio y se refala

En el cuerpo del chiquito.

En cuanto trastabilló,Más de firme lo cargué;Y aunque de nuevo hizo pié,Lo perdió aquella pisada,Pues en esa atropelladaEn dos partes lo corté.

En cuanto trastabilló,Más de firme lo cargué;Y aunque de nuevo hizo pié,Lo perdió aquella pisada,Pues en esa atropelladaEn dos partes lo corté.

En cuanto trastabilló,

Más de firme lo cargué;

Y aunque de nuevo hizo pié,

Lo perdió aquella pisada,

Pues en esa atropellada

En dos partes lo corté.

Aquella esgrima de las bolas era desconcertante y terrible. Las tres piedras y las tres sogas servían a la vez, cubriendo ventajosamente la guardia. La bola más pequeña, o manija, asíala el guerrero con los dedos de su pié izquierdo desnudo. Una de las dos mayores, tensa en su cordel, manteníala con la mano izquierda a la altura de la cabeza. La tercera quedaba floja y colgando en la mano derecha, con lo que venía a ser el elemento activo del combate. Obligado a retreparse para aumentar la tensión de aquella cuerda, el indio acentuaba en su fiero talante la impresión del peligro. Ambas las manos combinaban sus movimientos para dispararel doble proyectil; y todavía, si se descuidaba el adversario, bastábale aflojar de golpe la manija, que, con la tensión, iba a dar en la pierna de aquél, descomponiendo su firmeza. Así, era difícil entrarle con el cuchillo, mientras no se lograra cortarle una de las sogas.

Era, precisamente, lo que había pasado antes del oportuno resbalón.

Y el desenlace de la lucha se precipita en estas estrofas cruzadas ya por el soplo de la agonía sangrienta y de la fatiga mortal, expresadas con vigor tremendo:

Lastimao en la cabezaLa sangre lo enceguecía;De otra herida le salíaHaciendo un charco ande estaba;Con los pies la chapaliabaSin aflojar todavía.

Lastimao en la cabezaLa sangre lo enceguecía;De otra herida le salíaHaciendo un charco ande estaba;Con los pies la chapaliabaSin aflojar todavía.

Lastimao en la cabeza

La sangre lo enceguecía;

De otra herida le salía

Haciendo un charco ande estaba;

Con los pies la chapaliaba

Sin aflojar todavía.

Tres figuras imponentesFormábamos aquel terno:Ella en su dolor materno,Yo con la lengua de juera,Y el salvaje como fieraDisparada del infierno.

Tres figuras imponentesFormábamos aquel terno:Ella en su dolor materno,Yo con la lengua de juera,Y el salvaje como fieraDisparada del infierno.

Tres figuras imponentes

Formábamos aquel terno:

Ella en su dolor materno,

Yo con la lengua de juera,

Y el salvaje como fiera

Disparada del infierno.

Iba conociendo el indioQue tocaban a degüello;Se le erizaba el cabelloY los ojos revolvía,Los labios se le perdíanCuando iba a tomar resuello.

Iba conociendo el indioQue tocaban a degüello;Se le erizaba el cabelloY los ojos revolvía,Los labios se le perdíanCuando iba a tomar resuello.

Iba conociendo el indio

Que tocaban a degüello;

Se le erizaba el cabello

Y los ojos revolvía,

Los labios se le perdían

Cuando iba a tomar resuello.

Esa respiración anhelosa, que absorbe los labios como en unrictusde agonía, era el detalle más imponente de semejantes luchas. Quien ha presenciado el fenómeno, difícilmente lo olvidará: la expresión de la boca determina toda la fisonomía de la fiera.

Muerto el salvaje, era forzoso evitar con la fuga la venganza inexorable. El gaucho ofrece a la cautiva su cabalgadura; él se acomoda en la del enemigo, y entonces, como un himno de victoria, el elogio del caballo levanta el ánimo con soberbia digresión. A semejanza del árabe antepasado, la libertad que recobra parece corporificarse en un canto al primero de sus bienes y al mejor de sus cariños:

Yo me le senté al del pampa,Era un escuro tapao;Cuando me veo bien montao,De mis casillas me salgo,Y era un pingo como galgoQue sabía correr boliao.

Yo me le senté al del pampa,Era un escuro tapao;Cuando me veo bien montao,De mis casillas me salgo,Y era un pingo como galgoQue sabía correr boliao.

Yo me le senté al del pampa,

Era un escuro tapao;

Cuando me veo bien montao,

De mis casillas me salgo,

Y era un pingo como galgo

Que sabía correr boliao.

Para correr en el campoNo hallaba ningún tropiezo;Los ejercitan en eso,Y los ponen como luz:De dentrarle a un avestruzY boliar bajo el pescuezo.

Para correr en el campoNo hallaba ningún tropiezo;Los ejercitan en eso,Y los ponen como luz:De dentrarle a un avestruzY boliar bajo el pescuezo.

Para correr en el campo

No hallaba ningún tropiezo;

Los ejercitan en eso,

Y los ponen como luz:

De dentrarle a un avestruz

Y boliar bajo el pescuezo.

El pampa educa el caballoComo para un entrevero.Como rayo es de ligeroEn cuanto el indio lo toca,Y como trompo en la boca,Dá güeltas sobre de un cuero[75]

El pampa educa el caballoComo para un entrevero.Como rayo es de ligeroEn cuanto el indio lo toca,Y como trompo en la boca,Dá güeltas sobre de un cuero[75]

El pampa educa el caballo

Como para un entrevero.

Como rayo es de ligero

En cuanto el indio lo toca,

Y como trompo en la boca,

Dá güeltas sobre de un cuero[75]

Lo varea en la madrugada,Jamás falta a este deber;Luego lo enseña a correrEntre fangos y guadales;Ansina esos animalesEs cuánto se puede ver.

Lo varea en la madrugada,Jamás falta a este deber;Luego lo enseña a correrEntre fangos y guadales;Ansina esos animalesEs cuánto se puede ver.

Lo varea en la madrugada,

Jamás falta a este deber;

Luego lo enseña a correr

Entre fangos y guadales;

Ansina esos animales

Es cuánto se puede ver.

En el caballo de un pampaNo hay peligro de rodar;Jué pucha... y pa dispararEs pingo que no se cansa;Con proligidá lo amansaSin dejarlo corcobiar.

En el caballo de un pampaNo hay peligro de rodar;Jué pucha... y pa dispararEs pingo que no se cansa;Con proligidá lo amansaSin dejarlo corcobiar.

En el caballo de un pampa

No hay peligro de rodar;

Jué pucha... y pa disparar

Es pingo que no se cansa;

Con proligidá lo amansa

Sin dejarlo corcobiar.

Pa quitarle las cosquillas,Con cuidao lo manosea;Horas enteras emplea,Y por fin, solo lo deja,Cuando agacha las orejasY ya el potro ni cocea.

Pa quitarle las cosquillas,Con cuidao lo manosea;Horas enteras emplea,Y por fin, solo lo deja,Cuando agacha las orejasY ya el potro ni cocea.

Pa quitarle las cosquillas,

Con cuidao lo manosea;

Horas enteras emplea,

Y por fin, solo lo deja,

Cuando agacha las orejas

Y ya el potro ni cocea.

El animal yeguarizo,Perdonenmé esta alvertencia,Es de mucha conocenciaY tiene mucho sentido:Es animal consentido,Lo cautiva la pacencia.

El animal yeguarizo,Perdonenmé esta alvertencia,Es de mucha conocenciaY tiene mucho sentido:Es animal consentido,Lo cautiva la pacencia.

El animal yeguarizo,

Perdonenmé esta alvertencia,

Es de mucha conocencia

Y tiene mucho sentido:

Es animal consentido,

Lo cautiva la pacencia.

Atraviesan el desierto, entre mil penurias, hasta alcanzar la seguridad en tierra de cristianos. Y aquí, bajo la trivialidad aparentede la narración, despunta uno de los rasgos más nobles de aquella poesía tan llena de puro sentimiento y de salud moral:

Ahi mesmo me despedíDe mi infeliz compañera:"Me voy, le dije, ande quiera,"Aunque me agarre el gobierno,"Pues infierno por infierno,"Prefiero el de la frontera."

Ahi mesmo me despedíDe mi infeliz compañera:"Me voy, le dije, ande quiera,"Aunque me agarre el gobierno,"Pues infierno por infierno,"Prefiero el de la frontera."

Ahi mesmo me despedí

De mi infeliz compañera:

"Me voy, le dije, ande quiera,

"Aunque me agarre el gobierno,

"Pues infierno por infierno,

"Prefiero el de la frontera."

Cualquier romántico vulgar habría aprovechado el percance para una aventura amorosa, después de todo natural en aquel hombre afligido por un celibato de cinco años. Por pasividad gaucha y por gratitud, la mujer tampoco habría resistido. Pero la generosidad del paladín, ignora estas complicaciones pasionales. Ni una sombra de egoísmo empañará su buena acción. Ni siquiera en ósculos dolorosos sabría cobrar al débil el precio de su hazaña. Modelo de varón, su castidad, como el aseo de la espada, es la belleza de su fuerza.

Pasemos el canto XI, mero eslabón narrativo del encuentro con los hijos, así como el XII que narra los dolores del primero de aquéllos en la cárcel, para llegar cuanto antes a los siete siguientes, obra maestra de picardía gaucha en la cual es difícil decidir lo mejor, tal resulta de completa.

Pero, aun cuando el citado canto XII sea tan débil, ofrece una vez más la prueba, que no quiero desdeñar, de la propiedad perfecta, casi digo de la moralidad con la cual Hernández trató su tema. Obsérvase, efectivamente, mayor corrección, o mejor dicho, cultura que la habitual, así en el lenguaje como en las reflexiones del narrador. A primera vista, eso parece falso y desagrada. Después se nota que es una influencia del ambiente urbano, aun cuando haya sido en el presidio. Así puede comprobarlo cualquiera con los gauchos que salen de la cárcel: son, a no dudarlo, más ladinos. Sin contar lo que debe contribuir al indicado efecto, la concentración del alma en su triste soledad.

Volvamos al chisporroteo de la verba picaresca, en lo que sigue.

Trátase ante todo, de la tutela ejercida sobre el segundo hijo de Martín Fierro por el famoso viejoViscacha, nuestro tipo proverbial por excelencia.

No es el caso de transcribir su retrato y sus consejos que todos sabemos de memoria, su enfermedad y su acción corruptora sobre el joven pupilo, a quien un juez bribón ha colocado bajo la férula de semejante zorrocloco, para usurpar a mansalva su mezquino haber.

Insistiré, apenas, sobre un detalle que demuestra la veracidad del poema, como resultado de una observación genial, equivalente, en el caso, a la más exacta conclusión científica.

La enfermedad del viejo empezó por un tubérculo axilar, para transformarse luego en la fiebre delirante que ocasionó su muerte. Ahora bien, el doctor don Arturo Ameghino, tuvo la bondad de precisar el diagnóstico que yo me sospechaba.

Es evidente que se trata de un tumor golondrino cuya infección hubo de convertirse en septicemia, propagada por el desaseo del sujeto y por el alcoholismo predisponente. Esta última circunstancia es la que determina el delirio típico, caracterizado por el acto de arañar las paredes y por las visiones terroríficas.

Mi fe inquebrantable en que todo cuanto dice el poema es verdad, habíame indicado el buen camino; pues el poeta verdaderamente digno de este nombre, todo lo sabe, desde que nace poseyendo el secreto de la vida. Una observación, para otros insignificante, enséñale las recónditas analogías que forman la trama oculta de los fenómenos; y así es como se adelanta a los resultados idénticos del análisis, más allá de su propia conciencia. Mientras los demás saben porque han estudiado, él siente, como un resultado de armonía, la ley trascendental en cuya virtud la vida obra.

La divertida descripción del inventario que practica el alcalde, patentiza una vez más el poder asombroso de aquel verbo, capaz de producir el más alto interés cómico con la enumeración de semejante congerie. Están todos los rasgos típicos del paisano ratero que corta las argollas de las cinchas y entierra las cabezas de los carneros robados, para ocultar, así, las señales denunciadorasde las orejas. El consabido episodio de vida rural anima aquella descripción, no bien puede resultar monótona. Véase cómo sobreviene esta disgresión, tan oportuna entre los comentarios sobre las trapacerías del viejo:

Se llevaba mal con todos,Era su costumbre viejaEl mesturar las ovejas;Pues al hacer el aparte,Sacaba la mejor parteY después venía con quejas.

Se llevaba mal con todos,Era su costumbre viejaEl mesturar las ovejas;Pues al hacer el aparte,Sacaba la mejor parteY después venía con quejas.

Se llevaba mal con todos,

Era su costumbre vieja

El mesturar las ovejas;

Pues al hacer el aparte,

Sacaba la mejor parte

Y después venía con quejas.

Dios lo ampare al pobrecito,Dijo en seguida un tercero;Siempre robaba carneros,En eso tenía destreza:Enterraba las cabezas,Y después vendía los cueros.

Dios lo ampare al pobrecito,Dijo en seguida un tercero;Siempre robaba carneros,En eso tenía destreza:Enterraba las cabezas,Y después vendía los cueros.

Dios lo ampare al pobrecito,

Dijo en seguida un tercero;

Siempre robaba carneros,

En eso tenía destreza:

Enterraba las cabezas,

Y después vendía los cueros.

Y qué costumbre teníaCuando en el jogón estaba;Con el mate se agarrabaEstando los piones juntos:Yo tallo, decía, y apunto,[76]Y a ninguno convidaba.

Y qué costumbre teníaCuando en el jogón estaba;Con el mate se agarrabaEstando los piones juntos:Yo tallo, decía, y apunto,[76]Y a ninguno convidaba.

Y qué costumbre tenía

Cuando en el jogón estaba;

Con el mate se agarraba

Estando los piones juntos:

Yo tallo, decía, y apunto,[76]

Y a ninguno convidaba.

Si ensartaba algún asao,[77]Pobre, como si lo viese:Poco antes de que estuviese,Primero lo maldecía,Luego después lo escupíaPara que naides comiese.

Si ensartaba algún asao,[77]Pobre, como si lo viese:Poco antes de que estuviese,Primero lo maldecía,Luego después lo escupíaPara que naides comiese.

Si ensartaba algún asao,[77]

Pobre, como si lo viese:

Poco antes de que estuviese,

Primero lo maldecía,

Luego después lo escupía

Para que naides comiese.

Quien le quitó esa costumbreDe escupir el asador,Jué un mulato resertorQue andaba de amigo suyo;Un diablo muy peliadorQue le llamabanBarullo.

Quien le quitó esa costumbreDe escupir el asador,Jué un mulato resertorQue andaba de amigo suyo;Un diablo muy peliadorQue le llamabanBarullo.

Quien le quitó esa costumbre

De escupir el asador,

Jué un mulato resertor

Que andaba de amigo suyo;

Un diablo muy peliador

Que le llamabanBarullo.

Una noche que les hizoComo estaba acostumbrao,Se alzó el mulato, enojao,Y le gritó, viejo indino,Yo te he de enseñar, cochino,A echar saliva al asao.

Una noche que les hizoComo estaba acostumbrao,Se alzó el mulato, enojao,Y le gritó, viejo indino,Yo te he de enseñar, cochino,A echar saliva al asao.

Una noche que les hizo

Como estaba acostumbrao,

Se alzó el mulato, enojao,

Y le gritó, viejo indino,

Yo te he de enseñar, cochino,

A echar saliva al asao.

Lo saltó por sobre el juegoCon el cuchillo en la mano.¡La pucha el pardo liviano!En la mesma atropelladaLe largó una puñaladaQue la quitó otro paisano.

Lo saltó por sobre el juegoCon el cuchillo en la mano.¡La pucha el pardo liviano!En la mesma atropelladaLe largó una puñaladaQue la quitó otro paisano.

Lo saltó por sobre el juego

Con el cuchillo en la mano.

¡La pucha el pardo liviano!

En la mesma atropellada

Le largó una puñalada

Que la quitó otro paisano.

Y ya caliente,Barullo,Quiso seguir la chacota;Se le había erizao la motaLo que empezó la reyerta.El viejo ganó la puertaY apeló a las de gaviota.[78]

Y ya caliente,Barullo,Quiso seguir la chacota;Se le había erizao la motaLo que empezó la reyerta.El viejo ganó la puertaY apeló a las de gaviota.[78]

Y ya caliente,Barullo,

Quiso seguir la chacota;

Se le había erizao la mota

Lo que empezó la reyerta.

El viejo ganó la puerta

Y apeló a las de gaviota.[78]

Los tres versos finales de la penúltima estrofa, describen el movimiento vivísimo de tres personajes. La propia mímica de esa acción, sería menos expresiva. Por esto, la lectura del poemaen los fogones rurales, causa el efecto de una representación teatral. Es de oir las interjecciones, las carcajadas que lo comentan. Y este sólo efecto de la lectura sobre aquellos iletrados, es ya una obra de civilización. Así, por medio de la filosofía y del arte, enseñó la lira antigua a los pastores bravíos el encanto del hogar y, consecutivamente, el bien de la patria.

Aquella verba cómica encuentra acto continuo nuevo pretexto en las penas de amor del muchacho abandonado que se prenda de una viuda desdeñosa, para entretenernos con inagotable gracia.

Es común en nuestras campañas que los gauchos jóvenes se casen con viudas ya provectas. El hijo de Martín Fierro adolece de la misma inclinación, y para libertarse de la ingrata, recurre a las brujerías de un adivino. La consabida farmacopea que ha de curar el cojijo amoroso, es otra obra maestra de ironía gaucha. Trátase de un verdadero esbozo de comedia moral, enderezada contra las supersticiones populares; pues los más grandes épicos jamás desdeñaron la oportunidad de criticar malas costumbres, si ella les salía al paso, al ser sus poemas síntesis prácticas de los tres principios cardinales: belleza, bien y verdad. Así el Dante, entre muchos pasajes análogos:

Tempo futuro...................

Tempo futuro...................

Tempo futuro...................

Nel qual sará in pergamo interdettoAlle sfacciate donne fiorentineL'andar mostrando con le poppe il petto.

Nel qual sará in pergamo interdettoAlle sfacciate donne fiorentineL'andar mostrando con le poppe il petto.

Nel qual sará in pergamo interdetto

Alle sfacciate donne fiorentine

L'andar mostrando con le poppe il petto.

Con profunda lógica de conjunto, que a la vez completa el esbozo cómico, el cura, uno de esos divertidos clérigos de campaña para quienes son diezmo pascual las gallinas gordas y las viudas de buen pellizcadero, interviene con decisiva eficacia:

Ansí me dejaba andar,Hasta que en una ocasión,El cura me echó un sermónPara curarme sin duda,Diciendo que aquella viudaEra hija de confisión.

Ansí me dejaba andar,Hasta que en una ocasión,El cura me echó un sermónPara curarme sin duda,Diciendo que aquella viudaEra hija de confisión.

Ansí me dejaba andar,

Hasta que en una ocasión,

El cura me echó un sermón

Para curarme sin duda,

Diciendo que aquella viuda

Era hija de confisión.

Y me dijo estas palabrasQue nunca las he olvidao:Has de saber que el finaoOrdenó en su testamentoQue naides de casamientoLe hablara en lo sucesivo,Y ella prestó juramentoMientras él estaba vivo.

Y me dijo estas palabrasQue nunca las he olvidao:Has de saber que el finaoOrdenó en su testamentoQue naides de casamientoLe hablara en lo sucesivo,Y ella prestó juramentoMientras él estaba vivo.

Y me dijo estas palabras

Que nunca las he olvidao:

Has de saber que el finao

Ordenó en su testamento

Que naides de casamiento

Le hablara en lo sucesivo,

Y ella prestó juramento

Mientras él estaba vivo.

Y es preciso que lo cumplaPorque ansí lo manda Dios;Es necesario que vosNo la vuelvas a buscar,Porque si llega a faltarSe condenarán los dos.

Y es preciso que lo cumplaPorque ansí lo manda Dios;Es necesario que vosNo la vuelvas a buscar,Porque si llega a faltarSe condenarán los dos.

Y es preciso que lo cumpla

Porque ansí lo manda Dios;

Es necesario que vos

No la vuelvas a buscar,

Porque si llega a faltar

Se condenarán los dos.

Con semejante alvertenciaSe completó mi redota;Le ví los pies a la sota,Y me le alejé a la viuda,Más curao que con la rudaCon los grillos y las motas.

Con semejante alvertenciaSe completó mi redota;Le ví los pies a la sota,Y me le alejé a la viuda,Más curao que con la rudaCon los grillos y las motas.

Con semejante alvertencia

Se completó mi redota;

Le ví los pies a la sota,

Y me le alejé a la viuda,

Más curao que con la ruda

Con los grillos y las motas.

Después me contó un amigo,Que al Juez le había dicho el curaQue yo era un cabeza duraY que era un mozo perdido;Que me echara del partidoQue no tenía compostura.

Después me contó un amigo,Que al Juez le había dicho el curaQue yo era un cabeza duraY que era un mozo perdido;Que me echara del partidoQue no tenía compostura.

Después me contó un amigo,

Que al Juez le había dicho el cura

Que yo era un cabeza dura

Y que era un mozo perdido;

Que me echara del partido

Que no tenía compostura.

Y así anduvo vagando el infeliz, hasta que la casualidad le ocasionó el encuentro con su padre.

Análoga es la historia dePicardía, el hijo huérfano de Cruz.

Explotado por un patrón sin conciencia, fúgase con una compañía de volatines; en Santa Fe, encuentra unas tías que lo protejen; mas son tan beatas, que no tardan en acobardarlo con sus rezos; entonces vuélvese jugador, despoja de su pacotilla a cierto napolitano chamarilero y la intervención policial ocasionada por este episodio, inicia sus desventuras. Persíguenlo, mándanlo a la frontera, y de allá ha vuelto más desvalido que nunca.

Esta narración es, sobre todo, abundante en personajes típicos. Primero, el protagonista, muchachón despejado y crápula que conoce al dedillo todas las malas artes de vivir, desde la maroma hasta el naipe floreado, sin bien conserva un fondo intacto de moral en la salud de su propia alegría. De este modo, apenas la existencia le ofrece coyuntura favorable, arrepiéntese para hacer honor al nombre que sin saberlo llevaba. Después, la habitual caracterización en dos rasgos:

Un nápoles mercachifle,Que andaba con un arpista,Cayó también en la listaSin dificultá ninguna:Lo agarré a la treinta y unaY le daba bola vista.

Un nápoles mercachifle,Que andaba con un arpista,Cayó también en la listaSin dificultá ninguna:Lo agarré a la treinta y unaY le daba bola vista.

Un nápoles mercachifle,

Que andaba con un arpista,

Cayó también en la lista

Sin dificultá ninguna:

Lo agarré a la treinta y una

Y le daba bola vista.

Los gringos buhoneros, solían acompañarse con uno de esos músicos ambulantes, para atraer clientela y jugar a medias en las pulperías. Ya dije, al tratar de la poesía gaucha, que ambos personajes, adecuados naturalmente a nuestro medio y nuestras costumbres, reproducían la clásica pareja provenzal y arábiga del trovador con su juglar. El arpista, generalmente santiagueño, era también un poco brujo: condición de juglar a su vez; soliendo contribuir no poco al prestigio de su profesión, la lengua quichua que en sus ensalmos usaba. El despojo del malaventurado comerciante, chispea de malicia gaucha:

Lo hubieran visto afligidoLlorar por las chucherías:"Ma gañao con picardía",Decía el gringo y lagrimiaba,Mientras yo en un poncho alzabaTodita su merchería.

Lo hubieran visto afligidoLlorar por las chucherías:"Ma gañao con picardía",Decía el gringo y lagrimiaba,Mientras yo en un poncho alzabaTodita su merchería.

Lo hubieran visto afligido

Llorar por las chucherías:

"Ma gañao con picardía",

Decía el gringo y lagrimiaba,

Mientras yo en un poncho alzaba

Todita su merchería.

Ahí se presenta la policía, y esto forma un trozo que es necesario citar completo para gozar debidamente su refocilo:

Pero poco aprovechéDe fatura tan lucida:El diablo no se descuida,Y a mí me seguía la pistaUn ñato muy enredistaQue era oficial de partida.

Pero poco aprovechéDe fatura tan lucida:El diablo no se descuida,Y a mí me seguía la pistaUn ñato muy enredistaQue era oficial de partida.

Pero poco aproveché

De fatura tan lucida:

El diablo no se descuida,

Y a mí me seguía la pista

Un ñato muy enredista

Que era oficial de partida.

Se me presentó a esigirLa multa en que había incurrido:Que el juego estaba prohibido,Que iba a llevarme al cuartel...Tuve que partir con élTodo lo que había alquirido.

Se me presentó a esigirLa multa en que había incurrido:Que el juego estaba prohibido,Que iba a llevarme al cuartel...Tuve que partir con élTodo lo que había alquirido.

Se me presentó a esigir

La multa en que había incurrido:

Que el juego estaba prohibido,

Que iba a llevarme al cuartel...

Tuve que partir con él

Todo lo que había alquirido.

Empecé a tomarlo entre ojosPor esa albitrariedá.Yo había ganao, es verdá,Con recursos, eso sí;Pero él me ganaba a míFundao en su autoridá.

Empecé a tomarlo entre ojosPor esa albitrariedá.Yo había ganao, es verdá,Con recursos, eso sí;Pero él me ganaba a míFundao en su autoridá.

Empecé a tomarlo entre ojos

Por esa albitrariedá.

Yo había ganao, es verdá,

Con recursos, eso sí;

Pero él me ganaba a mí

Fundao en su autoridá.

Decían que por un delitoMucho tiempo anduvo mal;Un amigo servicialLo compuso con el juez,Y poco tiempo despuésLo pusieron de oficial.

Decían que por un delitoMucho tiempo anduvo mal;Un amigo servicialLo compuso con el juez,Y poco tiempo despuésLo pusieron de oficial.

Decían que por un delito

Mucho tiempo anduvo mal;

Un amigo servicial

Lo compuso con el juez,

Y poco tiempo después

Lo pusieron de oficial.

En recorrer el partidoContinuamente se empleaba;Ningún malevo agarraba,Pero traiba en un carguero,Gallinas, pavos, corderos.Que por ahi recoletaba.

En recorrer el partidoContinuamente se empleaba;Ningún malevo agarraba,Pero traiba en un carguero,Gallinas, pavos, corderos.Que por ahi recoletaba.

En recorrer el partido

Continuamente se empleaba;

Ningún malevo agarraba,

Pero traiba en un carguero,

Gallinas, pavos, corderos.

Que por ahi recoletaba.

No se debía permitirEl abuso a tal extremo.Mes a mes hacía lo mesmo,Y ansí decía el vecinario,"Este ñato perdularioHa resucitao el diezmo".

No se debía permitirEl abuso a tal extremo.Mes a mes hacía lo mesmo,Y ansí decía el vecinario,"Este ñato perdularioHa resucitao el diezmo".

No se debía permitir

El abuso a tal extremo.

Mes a mes hacía lo mesmo,

Y ansí decía el vecinario,

"Este ñato perdulario

Ha resucitao el diezmo".

La echaba de guitarreroY hasta de concertador;Sentao en el mostradorLo hallé una noche cantando,Y le dije, co...mo quiandoCon ganas de oir un cantor...

La echaba de guitarreroY hasta de concertador;Sentao en el mostradorLo hallé una noche cantando,Y le dije, co...mo quiandoCon ganas de oir un cantor...

La echaba de guitarrero

Y hasta de concertador;

Sentao en el mostrador

Lo hallé una noche cantando,

Y le dije, co...mo quiando

Con ganas de oir un cantor...

Me echó el ñato una miradaQue me quiso devorar;Mas no dejó de cantarY se hizo el desentendido,Pero ya había conocidoQue no lo podía pasar.

Me echó el ñato una miradaQue me quiso devorar;Mas no dejó de cantarY se hizo el desentendido,Pero ya había conocidoQue no lo podía pasar.

Me echó el ñato una mirada

Que me quiso devorar;

Mas no dejó de cantar

Y se hizo el desentendido,

Pero ya había conocido

Que no lo podía pasar.

Una tarde que me hallabaDe visita, vino el ñato,Y para darle un mal ratoDije juerte:—Ñato...ribiaNo cebe con la agua tibia...Y me la entendió el mulato.

Una tarde que me hallabaDe visita, vino el ñato,Y para darle un mal ratoDije juerte:—Ñato...ribiaNo cebe con la agua tibia...Y me la entendió el mulato.

Una tarde que me hallaba

De visita, vino el ñato,

Y para darle un mal rato

Dije juerte:—Ñato...ribia

No cebe con la agua tibia...

Y me la entendió el mulato.

Era el todo en el jujao,Y como que se achocó,Ahi no más me contestó:—Cuando el caso se presiente,Te he de hacer tomar caliente,Y has de saber quen soy yo.

Era el todo en el jujao,Y como que se achocó,Ahi no más me contestó:—Cuando el caso se presiente,Te he de hacer tomar caliente,Y has de saber quen soy yo.

Era el todo en el jujao,

Y como que se achocó,

Ahi no más me contestó:

—Cuando el caso se presiente,

Te he de hacer tomar caliente,

Y has de saber quen soy yo.

Por causa de una mujerSe enredó más la cuestión;Le tenía el ñato afición,Ella era mujer de ley,Moza con cuerpo de güeyMuy blanda de corazón.

Por causa de una mujerSe enredó más la cuestión;Le tenía el ñato afición,Ella era mujer de ley,Moza con cuerpo de güeyMuy blanda de corazón.

Por causa de una mujer

Se enredó más la cuestión;

Le tenía el ñato afición,

Ella era mujer de ley,

Moza con cuerpo de güey

Muy blanda de corazón.

La hallé una vez de amasijo,Estaba hecha un embeleso;Y le dije—Me interesoEn aliviar sus quehaceres,Y ansí, señora, si quiere,Yo le arrimaré los güesos[79].

La hallé una vez de amasijo,Estaba hecha un embeleso;Y le dije—Me interesoEn aliviar sus quehaceres,Y ansí, señora, si quiere,Yo le arrimaré los güesos[79].

La hallé una vez de amasijo,

Estaba hecha un embeleso;

Y le dije—Me intereso

En aliviar sus quehaceres,

Y ansí, señora, si quiere,

Yo le arrimaré los güesos[79].


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