La primera parte deMartín Fierrocuenta las desgracias que determinaron la vida errante del héroe.
Es éste un gaucho cualquiera, que vive trabajando en su rancho con sus hijos y su mujer. Cierta vez que se halla en la pulpería, donde un gringo habilidoso divierte al auditorio con un organillo y una mona amaestrada, preséntase la partida policial que anda recogiendo gente para el servicio de los fortines de frontera. Aquellas levas temidas como un azote, eran una especie de conscripción ilegal, que servía ante todo para ejercer venganzas políticas contra los renitentes de las elecciones oficializadas. El protagonista tiene tranquila la conciencia y no resiste. Así lo envían con otros al fortín o cantón cuyo objeto es defender la frontera contra las incursiones de los indios.
Allá en el aislamiento, impera a su guisa el militarismo de una oficialidad corrompida por ese destierro en plena barbarie, donde la falta de control autoriza todos los abusos. Los sueldos escasos e inseguros, sugiérenles la idea de compensarse enriqueciéndose con los ganados que llegan a rescatar y con los míseros haberes de la tropa. No hay más diversiones que el juego y la limeta cuya influencia traduce las cóleras inherentes, en una disciplina bárbara, con la cual es menester reprimir, por otra parte, el ansia constante de la deserción. La vigilancia es insuficiente con tales elementos; aquella misma frontera dentro del país, resultauna capitulación con la barbarie. Ésta influye sobre los propios defensores así desmoralizados. Y sin embargo, dicha oficialidad de frontera, está realizando un trabajo heroico. Los fortines son verdaderas cartujas en el desierto, como aquéllas de los templarios en Palestina. La existencia bravía, lejos de toda comunicación, la aventura anónima con los salvajes, tiene por desenlace la muerte obscura apenas citada como una trivialidad en las órdenes del día. Los hombres vuélvense malos en semejante aislamiento. La intemperie parece curtir en adusto cuero de indio sus almas y sus rostros. Bajo la greña inculta que desborda de los kepís estrafalarios, ladeados sobre la ceja con aire temerón, germinan ideas de bandolero. El sable choca amenazador contra las botas destalonadas. Algunos le han puesto por dragona, la manea. La baraja es su breviario y el pichel su vinajera. En torno, una soldadesca de salteo, obedece a palos, con la malhumorada sumisión de las jaurías entecas. Cuando aprieta el hambre, le dan ración de lombrices para que vaya a pescar en el cercano arroyo. Los más hábiles bolean avestruces por los campos, si no hay peligro de indios. El jefe es socio de la cantina que los explota. No llega un eco de la vida civilizada hasta aquel desamparo, donde aun los pájaros, rarísimos, son mudos. No oyen sino la voz desolada del clarín, el rebuzno de la mula ética, el alarido siniestro de las tribus que invaden. Su palabra toma una aspereza brutal, todavía herrumbrada de borrachera. El coraje es la única dignidad humana que no han perdido. El coraje y la tristeza, deshilada en monótonas lágrimas de música sobre la guitarra de la cantina. La muerte forma parte de sus juegos de azar: es el culo de la taba que se da vuelta. A falta de entorchados, llevan cada galón Si el cuero, bordado a punta de lanza. El degüello es su crátera festival. Al toque decalacuerdaque lo entabla, con qué profundo espolazo se han ido a fondo, de estampía. Dilatadas por el olor de la sangre, sus narices parecen hundirse ya en aquella ardiente rosa de la muerte. Diríase que sus corazones empujan la pelea como una puerta de bronce. Embellecidos de peligro, andrajos y jamelgos, vicios y mugres, desaparecen en el mismo remonte de coraje como las basuras en la punta del remolino, yya no hay más que los soberbios jinetes con su hazaña firmada en púrpura a estilo de emperador.
A los tres años de padecer en ese presidio semisalvaje, hecho un mendigo, harto de iniquidad, el gaucho deserta. Era la historia de todos los enérgicos, el comienzo de las vidas trágicas que Martín Fierro sintetiza en la suya. Cuando llega a su antiguo rancho, todo ha desaparecido. La cabaña está en ruinas. La mujer y los hijos se han ido quién sabe dónde. Él mismo es un desertor, obligado a la fuga. Entonces se echa a vagar, solitario y rencoroso por los campos, evitando las casas para no comprometer, durmiendo entre los matorrales como una fiera. Esto descompone su carácter manso y tórnale provocativo. En las fiestas y pulperías donde busca a ratos un poco de arrimo, el trago de alcohol convival inspírale ideas de muerte. Una noche, la partida policial que le persigue, llega a las inmediaciones de su guarida. Siéntela acercarse, pero no quiere huir. Él también tiene cuentas que cobrarle. Solo contra todos, pelea magnífico. De pronto, en el instante de mayor premura, entre las sombras que empiezan a disiparse, el sargento, gaucho perseguido como él en otra ocasión, siéntese conquistado por su coraje y le presta ayuda. Pronto derrotan entre los dos a los acobardados gendarmes, y dejando allá el tendal de muertos, marchan a campo traviesa, contándose sus mutuas desgracias. Cruz, el compañero, es también una víctima de la autoridad. El comandante de campaña sedújole la mujer, intentó matarle, una vez descubierto en adulterio, y desde entonces el gaucho tuvo que emprender la vida errante con sus habituales episodios. Un amigo bienquístale después con la autoridad, nómbranle sargento, y así anda a disgusto de aquella función poco honrosa, hasta que la actitud de Fierro en la pelea contra la partida, provoca su bello arranque. Esto no es raro, como fácilmente se recordará, en las leyendas caballerescas. Después de combatirse tres días, Oliveros y Roldán, mutuamente admirados, conviértense en amigos; y para sellar la fraternidad de las armas, el primero ofrece su hermana en matrimonio al segundo.
Los dos gauchos deciden emigrar a tierra de indios, puestoque no tienen cabida en la propia; y así desaparecen en el desierto, empujados por la suerte adversa, al azar de la barbarie desconocida. Este desenlace era también habitual. Aliados como aquéllos, tenían muchos los indios.
No puede darse, como se vé, argumento más sencillo, más dramático y más rigurosamente natural en su desarrollo psicológico. La poesía gaucha producía un fruto completo.
Es evidente, y ello confirma la espontaneidad del poema, que Hernández propúsose, tan sólo, relatar un episodio. La idea habíale venido como un esparcimiento natural a la vida forastera de la posada donde se hallaba en Buenos Aires, reuniendo elementos para la próxima rebelión entrerriana de López Jordán, la última, precisamente, de nuestras guerras gauchas.
La civilización hostil al gaucho, representada por el gobierno de Sarmiento contra el cual se alzó el caudillo entrerriano, actualizaba la crítica que Hernández propúsose realizar. Así el poema asumía caracteres de panfleto político, tal como sucedió con laComediadel Dante y elParaísode Milton. Pero el hombre tenía, además, el genio que se ignoraba, y la enseñanza de la vida, que es la ciencia suprema. Los episodios fueron encadenándose, el raudal, una vez alumbrado, no pudo ya dejar de correr:
Yo no soy cantor letrao,Mas si me pongo a cantar,No tengo cuando acabarY me envejezco cantando:Las coplas me van brotandoComo agua de manantial.
Yo no soy cantor letrao,Mas si me pongo a cantar,No tengo cuando acabarY me envejezco cantando:Las coplas me van brotandoComo agua de manantial.
Yo no soy cantor letrao,
Mas si me pongo a cantar,
No tengo cuando acabar
Y me envejezco cantando:
Las coplas me van brotando
Como agua de manantial.
Así fué también una improvisación elFacundo, congénere, aunque antagonista.
Dice Hernández en una carta-prólogo a la primera parte del poema (su destinatario es el señor don Zoilo Miguens) queMartín Fierrole ha "ayudado algunos momentos a alejar el fastidio de la vida del hotel"; porque, en efecto, allá entre sus bártulos de conspirador, lo improvisó en ocho días[58].
Don Antonio Lussich, que acababa de escribir un libro felicitado por Hernández,Los Tres Gauchos Orientales y el Matrero Luciano Santosponiendo en escena tipos gauchos de la revolución uruguaya llamadacampaña de Aparicio, dióle, a lo que parece, el oportuno estímulo. De haberle enviado esa obra, resultó que Hernández tuviera la feliz ocurrencia.
La obra del señor Lussich, apareció editada en Buenos Aires por la imprenta de laTribunael 14 de Junio de 1872. La carta con que Hernández felicitó a Lussich, agradeciéndole el envío del libro, es del 20 del mismo mes y año.Martín Fierroapareció en Diciembre.
Gallardos y generalmente apropiados al lenguaje y peculiaridades del campesino, los versos del señor Lussich formaban cuartetas, redondillas, décimas y también aquellas sextinas de payador que Hernández debía adoptar como las más típicas. El señor Lussich, testigo presencial de la producción, refiere, lo cual es por otra parte visible con la simple lectura, que aquélla salió de un tirón, sin enmiendas y sin esfuerzo. De ahí provienen los defectos, entre otros el habitual de la redundancia, que ha producido varias docenas de versos inútiles. Hernández resulta a su vez un payador, y hasta el primero de los payadores:
Aquí me pongo a cantarAl compás de la vigüela,Que al hombre que lo desvelaUna pena estrordinaria,Como l'ave solitariaCon el cantar se consuela.
Aquí me pongo a cantarAl compás de la vigüela,Que al hombre que lo desvelaUna pena estrordinaria,Como l'ave solitariaCon el cantar se consuela.
Aquí me pongo a cantar
Al compás de la vigüela,
Que al hombre que lo desvela
Una pena estrordinaria,
Como l'ave solitaria
Con el cantar se consuela.
Éste es el objeto de la composición. El gaucho va a contarnos sus penas extraordinarias (sin esta advertencia, su pretensión fuera baladí) y la estrofa en su sencilla fluidez, de un tirón, nos abre desde luego su alma.
La invocación a los númenes propicios, que es una costumbre épica, está en las dos siguientes:
Vengan santos milagrosos,Vengan todos en mi ayuda,Que la lengua se me añudaY se me turba la vista.Pido a mi Dios que me asistaEn una ocasión tan ruda.
Vengan santos milagrosos,Vengan todos en mi ayuda,Que la lengua se me añudaY se me turba la vista.Pido a mi Dios que me asistaEn una ocasión tan ruda.
Vengan santos milagrosos,
Vengan todos en mi ayuda,
Que la lengua se me añuda
Y se me turba la vista.
Pido a mi Dios que me asista
En una ocasión tan ruda.
Después, la condición de payador se precisa como en los prólogos de los trovadores. A semejanza del ave mencionada, el don del canto es la fuente de su lenguaje:
Cantando me he de morir,Cantando me han de enterrar.
Cantando me he de morir,Cantando me han de enterrar.
Cantando me he de morir,
Cantando me han de enterrar.
Es lo mismo que la copla popular dice de Santos Vega:
Santos Vega el payador,Aquel de la larga fama,Murió cantando su amorComo el pájaro en la rama.
Santos Vega el payador,Aquel de la larga fama,Murió cantando su amorComo el pájaro en la rama.
Santos Vega el payador,
Aquel de la larga fama,
Murió cantando su amor
Como el pájaro en la rama.
Luego, en la octava estrofa, la situación del cantor, la intensidad de su poesía, la divagación musical con que introduce el tema como en ciertas composiciones beethovenianas, surgen de estos seis octosílabos que bastan para anunciarnos un gran poeta:
Me siento en el plan de un bajoA cantar un argumento.Como si soplara un vientoHago tiritar los pastos.Con oros, copas y bastosJuega allí mi pensamiento.
Me siento en el plan de un bajoA cantar un argumento.Como si soplara un vientoHago tiritar los pastos.Con oros, copas y bastosJuega allí mi pensamiento.
Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento.
Como si soplara un viento
Hago tiritar los pastos.
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.
Examinemos al detalle esta estrofa, pues ello nos revelará de una vez por todas el secreto de aquella poesía, en la cual la música y la sugestión, la fuerza y la originalidad, hállanse refundidasen síntesis perfecta, con maestría pocas veces alcanzada por los mejores poetas de nuestra lengua. La estrofa, musicalmente hablando, presenta la misma forma de los recitados gauchos.
Una rotunda combinación deenesy detes, recuerda en los dos primeros versos el bordoneo inicial. El tercero, acelera el compás. En el cuarto, entra ya la prima con la estridencia, y la sequedad restallante de los vocablostiritarypastos; el silabeo claro y corrido del quinto, indica que ya se está punteando la frase culminante, en estrecha simultaneidad con el concepto de las palabras; por último, el sexto verso resume en el bordoneo, al cual vuelve, la entonación sentimental característica de las cuerdas gruesas.
Las palabrassiento,plan,cantar,argumento,viento,pensamiento, son pulsaciones de bordona.Bajoyjuega, sonidos mates de la misma cuerda.Tiritar,pastos,oros,bastos, trinos y pellizcos de los nervios menores.
Ahora bien, seis versos tiene la estrofa en cuestión, y seis cuerdas la guitarra. En los acompañamientos criollos, una de ellas, generalmente la sexta, suena libre como el primer octosílabo sin rima en aquélla. Esto es un verdadero hallazgo que revela el producto genuino de una inspiración naturalmente acorde con sus medios expresivos. Inventada por los payadores, aquella estrofa no existe en la poética oficial. Su instinto de poetas, hubo de sugerirles como a los trovadores del ciclo provenzal, grandes inventores de ritmos, por idéntica razón, esa simetría en cuya virtud cada cuerda habla en cada verso como acabamos de advertirlo.
A este ajuste musical, reúne la estrofa una consumada eficacia sugestiva y psicológica. Dos versos bastan al poeta para caracterizar la adecuación del protagonista al paisaje:
Me siento en el plan de un bajoA cantar un argumento.
Me siento en el plan de un bajoA cantar un argumento.
Me siento en el plan de un bajo
A cantar un argumento.
El plan del bajo, o cañada, es el sitio poético de la pampa,pues asegura al caminante la sombra benéfica, y mantiene, con su mayor humedad, las hierbas más lozanas. Por su frescura y su agradable vista, es como un pequeño vergel que llama al descanso, y por esto lo prefieren los pasajeros. Allá en el silencio murmurado de brisa, al buen olor del trébol que la cabalgadura ramonea con pausa, es dulce platicar y cantar.
Parece que el corazón pusiérase acorde con el grato silencio, que la hierba humilde entendiera la copla sencilla del hijo de la tierra:
Como si soplara un vientoHago tiritar los pastos.
Como si soplara un vientoHago tiritar los pastos.
Como si soplara un viento
Hago tiritar los pastos.
Imposible expresar con mayor elocuencia la intensidad de aquel dolor. Cuando en el desamparo de nuestra pena, olvidados de los hombres, experimentamos la simpatía de la naturaleza, parece que la tierra natal nos ayuda a padecer.
Y la estrofa concluye con este rasgo de completa originalidad, acaso sin precedentes en la literatura, tanto por el símil gaucho de la baraja habitual, cuanto por lo inesperado de la aproximación metafórica,—aun cuando ella sea tan natural a la vez, dado el protagonista,—y lo exacto de la divagación psicológica así expresada:
Con oros, copas y bastosJuega allí mi pensamiento.
Con oros, copas y bastosJuega allí mi pensamiento.
Con oros, copas y bastos
Juega allí mi pensamiento.
Así comienza, en efecto, la actividad intelectual de producir. Despiertas como los pájaros en el bosque, las potencias de la mente van ordenándose con la propia sensibilidad de su armonía. El gaucho quiere decir, la cual es una promesa de máximo esfuerzo, que va a jugar con todas sus cartas; pero la imagen, llena de correspondencias como siempre que es exacta, evoca con los colores de la baraja sobre el césped, una brillante materialización de las ideas numerosas.
Oportuno es recordar, por último, que en la miseria semisalvaje de aquellas campañas, los naipes eran casi la única pinturaal alcance del paisano. Éste inclinábase, naturalmente, a ilustrar con dichas láminas sus narraciones; que por ello, no por pasión de tahur, lo hacía. En más de un rancho ví, siendo niño, usar como adornos para decorar la pared, sotas y reyes de baraja.
Claro es que el poeta no realizó esas operaciones críticas para producir los dichos efectos musicales y psicológicos, del propio modo que el manantial no necesita la fórmula química del agua ni el estudio de la hidráulica para existir y correr. Aquello estaba en él, era su ser mismo así exteriorizado, y por esto el don de la poesía es una fuerza de la naturaleza.
La facultad de evocar paisajes y estados de alma por medio de dos versos, o sea el misterio de la sugestión verbal, que es el alma de la poesía así como el lenguaje musical es su materia, manifiéstase en Hernández con singular amplitud. He aquí otra estrofa cuya riqueza de rima corre parejas, a la vez, con la gallardía del verso. Martín Fierro enumera a Cruz las probabilidades con que cuentan, como experimentados gauchos que son, para la cruzada del desierto:
No hemos de perder el rumbo,Los dos somos güena yunta;El que es gaucho va ande apunta,Aunque inore ande se encuentra.Pa el lao en que el sol se dentraDueblan los pastos la punta.
No hemos de perder el rumbo,Los dos somos güena yunta;El que es gaucho va ande apunta,Aunque inore ande se encuentra.Pa el lao en que el sol se dentraDueblan los pastos la punta.
No hemos de perder el rumbo,
Los dos somos güena yunta;
El que es gaucho va ande apunta,
Aunque inore ande se encuentra.
Pa el lao en que el sol se dentra
Dueblan los pastos la punta.
Lo incierto del rumbo, sugiere ya la inmensidad vaga de la llanura; pero el detalle de las hierbas inclinadas hacia el sol poniente, precisa la emoción crepuscular en todo su desamparo silencioso y quieto. Nada más exacto como sugestión y como fenómeno. En aquella soledad absoluta, dicha impresión caracteriza efectivamente todo el paisaje.
Y aquí una observación respecto a esos rasgos de maestría: su fuerza sugestiva dimana, principalmente, de que todos son verdaderos. La fidelidad es la virtud por excelencia de ese cantorde la llanura, en quien resulta sobre todo elocuente la sinonimia latina entre las expresionescuerdayfeque los antiguos expresaban con la misma palabra:fides. Es que su escuela fué el dolor, padre de la verdad:
Ninguno me hable de penasPorque yo penando vivo...
Ninguno me hable de penasPorque yo penando vivo...
Ninguno me hable de penas
Porque yo penando vivo...
Así prosigue su canto, enderezado, por lógica natural, al recuerdo del bien perdido.
Yo he conocido esta tierraEn que el paisano vivíaY su ranchito teníaY sus hijos y mujer...Era una delicia el verCómo pasaba sus días.
Yo he conocido esta tierraEn que el paisano vivíaY su ranchito teníaY sus hijos y mujer...Era una delicia el verCómo pasaba sus días.
Yo he conocido esta tierra
En que el paisano vivía
Y su ranchito tenía
Y sus hijos y mujer...
Era una delicia el ver
Cómo pasaba sus días.
Entonces, cuando el luceroBrillaba en el cielo santo,Y los gallos con su cantoDecían que el día llegaba.A la cocina rumbiabaEl gaucho, que era un encanto.
Entonces, cuando el luceroBrillaba en el cielo santo,Y los gallos con su cantoDecían que el día llegaba.A la cocina rumbiabaEl gaucho, que era un encanto.
Entonces, cuando el lucero
Brillaba en el cielo santo,
Y los gallos con su canto
Decían que el día llegaba.
A la cocina rumbiaba
El gaucho, que era un encanto.
Y sentao junto al jogónA esperar que venga el día,Al cimarrón le prendíaHasta ponerse rechoncho,Mientras su china dormíaTapadita con su poncho.
Y sentao junto al jogónA esperar que venga el día,Al cimarrón le prendíaHasta ponerse rechoncho,Mientras su china dormíaTapadita con su poncho.
Y sentao junto al jogón
A esperar que venga el día,
Al cimarrón le prendía
Hasta ponerse rechoncho,
Mientras su china dormía
Tapadita con su poncho.
Y apenas la madrugadaEmpezaba a coloriar,Los pájaros a cantarY las gallinas a apiarse,Era cosa de largarseCada cual a trabajar.
Y apenas la madrugadaEmpezaba a coloriar,Los pájaros a cantarY las gallinas a apiarse,Era cosa de largarseCada cual a trabajar.
Y apenas la madrugada
Empezaba a coloriar,
Los pájaros a cantar
Y las gallinas a apiarse,
Era cosa de largarse
Cada cual a trabajar.
La tercera estrofa es todo un cuadro familiar. El hombre laborioso toma su mate (elcimarrón, así denominado cuando era amargo) satisfecho del nuevo día cuyo sol le anticipan las llamas del fogón alegre, mientras al abrigo de la choza su mujer está todavía adormilada por gurrumina bajo el poncho conyugal. Ese rasgo de ternura viril, es sencillamente homérico. Héctor y Ulises, los mejores héroes de la epopeya antigua, son también los mejores esposos; y precisamente, la evocación del lecho conyugal, formado como el catre de nuestros gauchos, con correas tendidas sobre un bastidor, constituye el más bello trozo de la Odisea.
Una sola estrofa sintética, según el método característico de nuestro autor, presenta, en seguida, todo el movimiento de los trabajos rurales:
Éste se ata las espuelas,Se sale el otro cantando,Uno busca un pellón blando,Éste un lazo, otro un rebenque,Y los pingos, relinchando,Los llaman desde el palenque.
Éste se ata las espuelas,Se sale el otro cantando,Uno busca un pellón blando,Éste un lazo, otro un rebenque,Y los pingos, relinchando,Los llaman desde el palenque.
Éste se ata las espuelas,
Se sale el otro cantando,
Uno busca un pellón blando,
Éste un lazo, otro un rebenque,
Y los pingos, relinchando,
Los llaman desde el palenque.
Otra nos da, con expresión no menos breve, el movimiento y la brutalidad intensa de la doma:
El que era pion domadorEnderezaba al corral,Ande estaba el animalBufidos que se las pela...Y más malo que su agüelaSe hacía astillas el bagual.
El que era pion domadorEnderezaba al corral,Ande estaba el animalBufidos que se las pela...Y más malo que su agüelaSe hacía astillas el bagual.
El que era pion domador
Enderezaba al corral,
Ande estaba el animal
Bufidos que se las pela...
Y más malo que su agüela
Se hacía astillas el bagual.
Y luego, el incidente más grave de la operación, pues nada olvida:
Ah tiempo!...si era un orgulloVer jinetear un paisano.Cuando era gaucho baquiano,Aunque el potro se boliase,No había uno que no paraseCon el cabresto en la mano.
Ah tiempo!...si era un orgulloVer jinetear un paisano.Cuando era gaucho baquiano,Aunque el potro se boliase,No había uno que no paraseCon el cabresto en la mano.
Ah tiempo!...si era un orgullo
Ver jinetear un paisano.
Cuando era gaucho baquiano,
Aunque el potro se boliase,
No había uno que no parase
Con el cabresto en la mano.
Bolearse, era caer como si tuviese las manos trabadas por las bolas, es decir, volteándose sobre aquéllas, en golpe tremendo, para aplastar al jinete.
El gaucho más infelizTenía tropilla de un pelo.No le faltaba un consuelo,Y andaba la gente lista.Tendiendo al campo la vista,Sólo vía hacienda y cielo.
El gaucho más infelizTenía tropilla de un pelo.No le faltaba un consuelo,Y andaba la gente lista.Tendiendo al campo la vista,Sólo vía hacienda y cielo.
El gaucho más infeliz
Tenía tropilla de un pelo.
No le faltaba un consuelo,
Y andaba la gente lista.
Tendiendo al campo la vista,
Sólo vía hacienda y cielo.
Cuando llegaban las yerras,¡Cosa que daba calor!Tanto gaucho pialadorY tironiador sin yel!¡Ah tiempo... pero sin élSe ha visto tanto primor!
Cuando llegaban las yerras,¡Cosa que daba calor!Tanto gaucho pialadorY tironiador sin yel!¡Ah tiempo... pero sin élSe ha visto tanto primor!
Cuando llegaban las yerras,
¡Cosa que daba calor!
Tanto gaucho pialador
Y tironiador sin yel!
¡Ah tiempo... pero sin él
Se ha visto tanto primor!
Aquello no era trabajo.Más bien era una junción;Y después de un güen tirónEn que uno se daba maña,Pa darle un trago de cañaSolía llamarlo el patrón.
Aquello no era trabajo.Más bien era una junción;Y después de un güen tirónEn que uno se daba maña,Pa darle un trago de cañaSolía llamarlo el patrón.
Aquello no era trabajo.
Más bien era una junción;
Y después de un güen tirón
En que uno se daba maña,
Pa darle un trago de caña
Solía llamarlo el patrón.
La sencillez democrática de aquellas costumbres y aquellos trabajos agradables, expresa en la sentida naturalidad de estos versos, el sano vigor de las repúblicas agrícolas y pastoras. La abundancia respectiva, acentúa esa impresión, y los cuatro primeros versos (treinta y dos sílabas tan sólo) de la siguiente estrofa, describen completamente el fundamental almuerzo criollo.
Venía la carne con cuero,La sabrosa carbonada,Mazamorra bien pisada,Los pasteles y el güen vino...Pero ha querido el destino,Que todo aquello acabara.
Venía la carne con cuero,La sabrosa carbonada,Mazamorra bien pisada,Los pasteles y el güen vino...Pero ha querido el destino,Que todo aquello acabara.
Venía la carne con cuero,
La sabrosa carbonada,
Mazamorra bien pisada,
Los pasteles y el güen vino...
Pero ha querido el destino,
Que todo aquello acabara.
Este cuadro de la vida feliz, antecede a la narración de las desgracias consabidas:
Cantando estaba una vezEn una gran diversión,Y aprovechó la ocasiónComo quiso, el Juez de Paz.Se presentó, y ahí no másHizo una arriada en montón.
Cantando estaba una vezEn una gran diversión,Y aprovechó la ocasiónComo quiso, el Juez de Paz.Se presentó, y ahí no másHizo una arriada en montón.
Cantando estaba una vez
En una gran diversión,
Y aprovechó la ocasión
Como quiso, el Juez de Paz.
Se presentó, y ahí no más
Hizo una arriada en montón.
Juyeron los más matrerosY lograron escapar.Yo no quise disparar,Soy manso y no había por qué.Muy tranquilo me quedé,Y ansí me dejé agarrar.
Juyeron los más matrerosY lograron escapar.Yo no quise disparar,Soy manso y no había por qué.Muy tranquilo me quedé,Y ansí me dejé agarrar.
Juyeron los más matreros
Y lograron escapar.
Yo no quise disparar,
Soy manso y no había por qué.
Muy tranquilo me quedé,
Y ansí me dejé agarrar.
Allí un gringo con un órganoY una mona que bailaba,Haciéndonos rair estabaCuando le tocó el arreo.¡Tan grande el gringo y tan feo,Lo viera como lloraba!
Allí un gringo con un órganoY una mona que bailaba,Haciéndonos rair estabaCuando le tocó el arreo.¡Tan grande el gringo y tan feo,Lo viera como lloraba!
Allí un gringo con un órgano
Y una mona que bailaba,
Haciéndonos rair estaba
Cuando le tocó el arreo.
¡Tan grande el gringo y tan feo,
Lo viera como lloraba!
Hasta un inglés zanjiadorQue decía en la última guerra,Que él era de Inca-la-PerraY que no quería servir,Tuvo también que juirA guarecerse en la sierra.
Hasta un inglés zanjiadorQue decía en la última guerra,Que él era de Inca-la-PerraY que no quería servir,Tuvo también que juirA guarecerse en la sierra.
Hasta un inglés zanjiador
Que decía en la última guerra,
Que él era de Inca-la-Perra
Y que no quería servir,
Tuvo también que juir
A guarecerse en la sierra.
Ni los mirones salvaronDe esa arriada de mi flor.Jué acoyarao el cantorCon el gringo de la mona.A uno solo, por favor,Logró salvar la patrona.
Ni los mirones salvaronDe esa arriada de mi flor.Jué acoyarao el cantorCon el gringo de la mona.A uno solo, por favor,Logró salvar la patrona.
Ni los mirones salvaron
De esa arriada de mi flor.
Jué acoyarao el cantor
Con el gringo de la mona.
A uno solo, por favor,
Logró salvar la patrona.
La patrona era influyente, como persona rica, y solía salvar, así, algún ahijado o peón de estima. Pues aquellos atentados para ajorar gente, revestían una violencia implacable. Ni los extranjeros de cierta importancia, como el inglés, cuyo oficio de abridor de zanjas comportaba, seguramente, algunos conocimientos de agrimensura, escapaban de la leva. Tenía, pues, razón para llorar el gringo organista, aunque con ello pusiérase en ridículo ante la bravura socarrona y estoica de los gauchos.
Para éstos, el atentado era en gran parte una venganza política:
A mí el juez me tomó entre ojosEn la última votación;Me le había hecho el remolónY no me arrimé ese día,Y él dijo que yo servíaA los de la esposición.
A mí el juez me tomó entre ojosEn la última votación;Me le había hecho el remolónY no me arrimé ese día,Y él dijo que yo servíaA los de la esposición.
A mí el juez me tomó entre ojos
En la última votación;
Me le había hecho el remolón
Y no me arrimé ese día,
Y él dijo que yo servía
A los de la esposición.
Y ansí sufrí ese castigoTal vez por culpas agenas.Que sean malas o sean güenasLas listas, siempre me escondo.Yo soy un gaucho redondoY esas cosas no me enllenan.
Y ansí sufrí ese castigoTal vez por culpas agenas.Que sean malas o sean güenasLas listas, siempre me escondo.Yo soy un gaucho redondoY esas cosas no me enllenan.
Y ansí sufrí ese castigo
Tal vez por culpas agenas.
Que sean malas o sean güenas
Las listas, siempre me escondo.
Yo soy un gaucho redondo
Y esas cosas no me enllenan.
¡La política! He aquí el azote nacional. Todo lo que en el país representa atraso, miseria, iniquidad, proviene de ella o ella lo explota, salvando su responsabilidad con la falacia del sufragio. La situación del gaucho ante esa libertad de pura forma cuyo fruto es la opresión legalizada del que la ejerce, Martín Fierro va a formularla:
Él nada gana en la pazY es el primero en la guerra.No le perdonan si yerra,Que no saben perdonar.Porque el gaucho en esta tierraSólo sirve pa votar.
Él nada gana en la pazY es el primero en la guerra.No le perdonan si yerra,Que no saben perdonar.Porque el gaucho en esta tierraSólo sirve pa votar.
Él nada gana en la paz
Y es el primero en la guerra.
No le perdonan si yerra,
Que no saben perdonar.
Porque el gaucho en esta tierra
Sólo sirve pa votar.
En ésta y en todas las tierras del mundo, para eso sirve el pueblo engañado por la política. Pobre siervo, a quien como al dormido despierto de lasMil y Una Noches, le dan por algunas horas la ilusión de la soberanía: ésta no le representa en el mejor caso, sino la libertad de forjar sus cadenas; y una vez encadenado, ya se encargan los amos de probarle lo que vale ante ellos. En todos los casos, el resultado es siempre idéntico; que el gobierno, al tener como función específica la imposición de reglas de conducta por medio de la fuerza, niega a la razón humana su única cualidad positiva, o sea la dirección de esa misma conducta. La ley que formula aquellas reglas, es siempre un acto de opresión, así provenga de un monarca absoluto o de una mayoría; pues el origen de la opresión poco importa, cuando lo esencial es no estar oprimido. Siempre es la fuerza lo que obliga a obedecer; y mientras ello subsista, basado en la ignorancia y en elmiedo, que son los fundamentos del principio de autoridad, la libertad seguirá constituyendo un fenómeno puramente privado de la conciencia individual, o una empresa de salteadores. Si no nos abstenemos, si realizamos la actividad posible, porque el deber primordial consiste en que cada hombre viva su vida tal como le ha tocado, esto no debe comportar una aceptación de semejante destino; antes ha de estimularnos a la lucha por la libertad, que constituye de suyo la vida heroica. La democracia no es un fin, sino un medio transitorio de llegar a la libertad. Su utilidad consiste en que es un sistema absurdo ante el dogma de obediencia, fundamento de todo gobierno; y esto nos interesa esclarecerlo sin cesar, dadas las consecuencias que comporta. Tal es el sentido recto de la filosofía, que desde los estoicos hasta los enciclopedistas, nos enseñan los amigos de la humanidad.
Ya veremos cómo en el poeta, vidente y sabio aun a pesar suyo, puesto que encarnaba la vida superior de su raza, la misma lógica determina la vida de su héroe. Sigamos observando el desarrollo de este fenómeno.
Martín Fierro marcha a la frontera con sus compañeros de infortunio. Decidido a tomar las cosas por el buen lado, pues goza el optimismo de la salud, lleva su mejor caballo y sus prendas más valiosas.
Yo llevé un moro de número,[59]¡Sobresaliente el matucho!Con él gané en Ayacucho[60]Más plata que agua bendita.Siempre el gaucho necesitaUn pingo pa fiarle un pucho.
Yo llevé un moro de número,[59]¡Sobresaliente el matucho!Con él gané en Ayacucho[60]Más plata que agua bendita.Siempre el gaucho necesitaUn pingo pa fiarle un pucho.
Yo llevé un moro de número,[59]
¡Sobresaliente el matucho!
Con él gané en Ayacucho[60]
Más plata que agua bendita.
Siempre el gaucho necesita
Un pingo pa fiarle un pucho.
La enumeración de las prendas de ensillar, ofrece el habitual resumen sintético. Todo en una estrofa:
No me faltaba una guasca,Esa ocasión eché el resto:Bozal, maniador, cabresto,Lazo, bolas y manea...El que hoy tan pobre me veaTal vez no crerá todo esto.
No me faltaba una guasca,Esa ocasión eché el resto:Bozal, maniador, cabresto,Lazo, bolas y manea...El que hoy tan pobre me veaTal vez no crerá todo esto.
No me faltaba una guasca,
Esa ocasión eché el resto:
Bozal, maniador, cabresto,
Lazo, bolas y manea...
El que hoy tan pobre me vea
Tal vez no crerá todo esto.
Ansí en mi moro, escarciando,Enderecé a la frontera.Aparcero, si usté vieraLo que se llama cantón...Ni envidia tengo al ratónEn aquella ratonera.
Ansí en mi moro, escarciando,Enderecé a la frontera.Aparcero, si usté vieraLo que se llama cantón...Ni envidia tengo al ratónEn aquella ratonera.
Ansí en mi moro, escarciando,
Enderecé a la frontera.
Aparcero, si usté viera
Lo que se llama cantón...
Ni envidia tengo al ratón
En aquella ratonera.
De los pobres que allí habíaA ninguno lo largaron;Los más viejos resongaron,Pero a uno que se quejó,En seguida lo estaquiaronY la cosa se acabó.
De los pobres que allí habíaA ninguno lo largaron;Los más viejos resongaron,Pero a uno que se quejó,En seguida lo estaquiaronY la cosa se acabó.
De los pobres que allí había
A ninguno lo largaron;
Los más viejos resongaron,
Pero a uno que se quejó,
En seguida lo estaquiaron
Y la cosa se acabó.
En la lista de la tardeEl Jefe nos cantó el punto,Diciendo "quinientos juntos[61]Llevará el que se resierte;Lo haremos pitar del juerte,Más bien dése por dijunto".
En la lista de la tardeEl Jefe nos cantó el punto,Diciendo "quinientos juntos[61]Llevará el que se resierte;Lo haremos pitar del juerte,Más bien dése por dijunto".
En la lista de la tarde
El Jefe nos cantó el punto,
Diciendo "quinientos juntos[61]
Llevará el que se resierte;
Lo haremos pitar del juerte,
Más bien dése por dijunto".
La vida no puede ser peor, dados la miseria y los duros trabajos en que los superiores emplean a la soldadesca para su beneficio personal. Las tribus encorajadas por la incapacidad de semejante tropa, invadían a su gusto, con saña feroz, cabalgando a vigor desde sus aduares aquellos guerreros cuyo tipo revive en dos estrofas con épica grandeza:
Tiemblan las carnes al verlo,Volando al viento la cerda;La rienda en la mano izquierdaY la lanza en la derecha;Ande enderieza abre brechaPues no hay lanzaso que pierda.
Tiemblan las carnes al verlo,Volando al viento la cerda;La rienda en la mano izquierdaY la lanza en la derecha;Ande enderieza abre brechaPues no hay lanzaso que pierda.
Tiemblan las carnes al verlo,
Volando al viento la cerda;
La rienda en la mano izquierda
Y la lanza en la derecha;
Ande enderieza abre brecha
Pues no hay lanzaso que pierda.
Hace trotiadas tremendasDende el fondo del disierto;Ansí llega medio muertoDe hambre, de sé y de fatiga;Pero el indio es una hormigaQue día y noche está dispierto.
Hace trotiadas tremendasDende el fondo del disierto;Ansí llega medio muertoDe hambre, de sé y de fatiga;Pero el indio es una hormigaQue día y noche está dispierto.
Hace trotiadas tremendas
Dende el fondo del disierto;
Ansí llega medio muerto
De hambre, de sé y de fatiga;
Pero el indio es una hormiga
Que día y noche está dispierto.
El miedo al indio, era el demonio de la pampa. Osamentas y ruinas formaban su siniestro cuadro, señalando con toda suerte de horrores el paso de la horda. Untados con enjundia de ñandú o de potro, para mejor resistir la intemperie y el hambre, veníanclamoreando su alarido aterrador, fétidos y cerdudos los guerreros salvajes. No llevaban más provisiones que la raíz sialagoga delNim-Nim[62]para templar la sed de sus marchas forzadas y colgado por ahí, algún hueso rico en tuétano. Los más valerosos tatuábanse para hacerse cara feroz o blasonar linaje, con listas rojas, negras y azules, a veces ribeteadas de blanco. Aunque el taparrabo solía ser su único traje de guerra, algunos llevaban casco y chaquetón de cuero crudo: procedían de Chile, siendo los más renombrados para herir de lanza. Ésta, larga hasta de seis varas como la pica de Ayax; la bola perdida, terrible proyectil despedido al revoleo, y el facón o el machete, constituían su armamento. Su olor y su grito, espantaban a los caballos del cristiano. Los suyos dejábanse montar por la derecha solamente; pues a semejanza de la tropa romana, así subían aquellos indios, obligados por la lanza en la cual apoyábanse para saltar. De ahí procedía la leyenda en cuya virtud dichos animales sólo al indio obedecían. Famosos eran esos corceles del desierto, con sus narices sajadas para que absorbiesen más aire en la carrera, sus corvejones hechos al fatigoso desmenuzamiento del médano, su docilidad al grito y a la pernada. En el regreso triunfal, sus ancas lucían por gualdrapa la casulla del cura o el mantón de espumilla de las mozas reservadas para los serrallos, donde imperaba, lascivo y brutal, el cacique de la lanza formidable. La arandela de plumas que esta arma solía tener, hallábase substituída en ocasiones por rizos de pelo rubio...
¿Y qué hacía el bárbaro, por último, con las cautivas cuya escapatoria recelaba, sino descarnarles las plantas de los pies, tornando la llaga en cepo? Durante la paz, vivía borracho con el aguardiente de las pulperías saqueadas. Todo su trabajo reducíase a ejercitar el caballo de combate, bolear por esparcimiento tal cual guanaco o ñandú, y ejecutar al amanecer, ante la puerta del toldo, su dura esgrima de lanza. Después, mandaba degollar una yegua; y en la misma herida caudal, desayunábase con largo trago de sangre.
Un episodio de guerra anima aquellos recuerdos en página magnífica. Toda ella, así como el lance singular que la termina,está llena de naturalidad, de viveza, de movimiento, revelando con desusado interés, la verdadera estructura del combate, que el individuo sólo percibe en conjunto, al comienzo, para no recordar, después, más que su propio caso. Como todos los valientes, nuestro gaucho experimenta la impresión del miedo y no la oculta, pues sabe que esto es inaceptable fanfarronada. Así el Héctor homérico, prototipo de bravos. El enemigo es, por otra parte, digno de él, y no le ahorra alabanzas.
Una vez entre otras muchas,Tanto salir al botón,Nos pegaron un malónLos indios, y una lanciada,Que la gente acobardadaQuedó dende esa ocasión.
Una vez entre otras muchas,Tanto salir al botón,Nos pegaron un malónLos indios, y una lanciada,Que la gente acobardadaQuedó dende esa ocasión.
Una vez entre otras muchas,
Tanto salir al botón,
Nos pegaron un malón
Los indios, y una lanciada,
Que la gente acobardada
Quedó dende esa ocasión.
Habían estao escondidos,Aguaitando atrás de un cerro.¡Lo viera a su amigo FierroAflojar como un blandito!Salieron como maiz fritoEn cuanto sonó un cencerro.
Habían estao escondidos,Aguaitando atrás de un cerro.¡Lo viera a su amigo FierroAflojar como un blandito!Salieron como maiz fritoEn cuanto sonó un cencerro.
Habían estao escondidos,
Aguaitando atrás de un cerro.
¡Lo viera a su amigo Fierro
Aflojar como un blandito!
Salieron como maiz frito
En cuanto sonó un cencerro.
Al punto nos dispusimos,Aunque ellos eran bastantes;La formamos al instanteNuestra gente que era poca,Y golpiándose en la bocaHicieron fila adelante.
Al punto nos dispusimos,Aunque ellos eran bastantes;La formamos al instanteNuestra gente que era poca,Y golpiándose en la bocaHicieron fila adelante.
Al punto nos dispusimos,
Aunque ellos eran bastantes;
La formamos al instante
Nuestra gente que era poca,
Y golpiándose en la boca
Hicieron fila adelante.
Se vinieron en tropel,Haciendo temblar la tierra.No soy manco pa la guerra,Pero tuve mi jabón,Pues iba en un redomónQue había boliao en la sierra.
Se vinieron en tropel,Haciendo temblar la tierra.No soy manco pa la guerra,Pero tuve mi jabón,Pues iba en un redomónQue había boliao en la sierra.
Se vinieron en tropel,
Haciendo temblar la tierra.
No soy manco pa la guerra,
Pero tuve mi jabón,
Pues iba en un redomón
Que había boliao en la sierra.
¡Qué vocerío, qué barullo,Qué apurar esa carrera!La indiada todita enteraDando alaridos cargó.Jué pucha!... y ya nos sacóComo yeguada matrera.
¡Qué vocerío, qué barullo,Qué apurar esa carrera!La indiada todita enteraDando alaridos cargó.Jué pucha!... y ya nos sacóComo yeguada matrera.
¡Qué vocerío, qué barullo,
Qué apurar esa carrera!
La indiada todita entera
Dando alaridos cargó.
Jué pucha!... y ya nos sacó
Como yeguada matrera.
Es de almirar la baquíaCon que la lanza manejan;De perseguir nunca dejanY nos traiban apretaos.Si queríamos de apuraosSalimos por las orejas.
Es de almirar la baquíaCon que la lanza manejan;De perseguir nunca dejanY nos traiban apretaos.Si queríamos de apuraosSalimos por las orejas.
Es de almirar la baquía
Con que la lanza manejan;
De perseguir nunca dejan
Y nos traiban apretaos.
Si queríamos de apuraos
Salimos por las orejas.
Y para mejor de la fiesta,En esa aflición tan suma,Vino un indio echando espumaY con la lanza en la mano,Gritando"Acabau cristiano,Metau el lanza hasta el pluma".Tendido en el costillar,Cimbrando por sobre el brazoUna lanza como un lazo,Me atropelló dando gritos;Si me descuido... el malditoMe levanta de un lanzazo.Si me atribulo o me encojo,Siguro que no me escapo;Siempre he sido medio guapo,Pero en aquella ocasión,Me hacía bulla el corazónComo la garganta al sapo.Dios le perdone al salvajeLas ganas que me tenía...Desaté las tres maríasY lo engatusé a cabriolas.Pucha!... si no traigo bolas,Me achura el indio ese día.Era el hijo de un caciqueSigun yo lo avirigüé;La verdá del caso juéQue me tuvo apuradazo,Hasta que al fin de un bolazoDel caballo lo bajé.Ahi no más me tiré al sueloY lo pisé en las paletas;Empezó a hacer morisquetasY a mezquinar la garganta...Pero yo hice la obra santaDe hacerlo estirar la jeta.Allí quedó de mojónY en su caballo salté;De la indiada disparé,Pues si me alcanza me mata,Y al fin me les escapéCon el hilo de una pata.La miseria continúa haciendo estragos, hasta que un doble episodio de iniquidad, decide la fuga del protagonista. El cantinero del fortín, asociado con el coronel, explotaba vilmente a la soldadesca. Véase con qué malicia socarrona, con qué viril menosprecio de la trapacería, refiere el gaucho su percance. Reir de la mala suerte, vengándose de los enemigos despreciables con la ironía, es también una condición de los bravos.Nos tenía apuntaos a todos,Con más cuentas que un rosario,Cuando se anunció un salarioQue iban a dar, o un socorro;Pero sabe Dios qué zorroSe lo comió al comisario.Pues nunca lo ví llegar;Y al cabo de muchos días,En la mesma pulperíaDieron una buenacuenta,Que la gente muy contenta,De tan pobre recebía.Sacaron unos sus prendasQue las tenían empeñadas;Por sus diudas atrasadasDieron otros el dinero;Al fin de fiesta el pulperoSe quedó con la mascada.Yo me arrecosté a un horcón,Dando tiempo a que pagaran;Y poniendo güeña caraEstuve haciéndome el pollo,A esperar que me llamaranPara recebir mi bollo.Pero ahí me pude quedarPegao pa siempre al horcón;Ya era casi la oraciónY ninguno me llamaba;La cosa se me ñublabaY me dentró comezón.Pa sacarme el entripao,Ví al Mayor y lo fí a hablar;Yo me le empecé a atracar,Y como con poca gana,Le dije—Tal vez mañanaAcabarán de pagar...—Qué mañana ni otro día,Al punto me contestó;La paga ya se acabó,Siempre has de ser animal.Me raí, y le dije—Yo...No hi recebido ni un rial.Se le pusieron los ojosQue se le querían salir;Y ahí no más volvió a decirComiendomé con la vista:—Y que querés recebirSi no has dentrao en la lista?Después de un sumario perfectamente inútil, las cosas quedan así.Yo andaba desesperao,Aguardando una ocasiónQue los indios un malónNos dieran, y entre el estrago,Hacermelés cimarrónY volverme pa mi pago.Y pa mejor, una nocheQué estaquiada me pegaron;Casi me descoyuntaronPor motivo de una gresca;Ahijuna!...si me estiraronLo mesmo que guasca fresca!Jamás me puedo olvidarLo que esa vez me pasó;Dentrando una noche yoAl fortín, un enganchaoQue estaba medio mamao,Allí me desconoció.Era un gringo tan bozal,Que nada se le entendía;¡Quién sabe de ande sería!Tal vez no juera cristiano;Pues lo único que decíaEs que erapa-po-litano.Estaba de centinela,Y por causa del peludo,Verme más claro no pudoY esa jué la culpa toda;El bruto se asustó al ñudo,Y fí el pavo de la boda.Cuando me vido acercar,"¡Quen vívore..."preguntó."Qué vívoras"dije yo;"¡Haga arto!"me pegó el grito:Y yo dije despacito"Más lagarto serás vos".Ahi no más, Cristo me valga,Rastrillar el jusil siento;Me agaché, y en el momentoEl bruto me largó un chumbo;Mamao, me tiró sin rumbo,Que si no, no cuento el cuento.Por de contao, con el tiroSe alborotó el avispero;Los oficiales salieronY se empezó la junción;Quedó en su puesto el naciónY yo fí al estaquiadero.Entre cuatro bayonetasMe tendieron en el suelo;Vino el Mayor medio en pedo.Y allí se puso a gritar:—Pícaro, te he de enseñarA andar reclamando sueldos.De las manos y las patasMe ataron cuatro cinchones;Les aguanté los tirones,Sin que ni un ay se me oyera,Y al gringo, la noche enteraLo harté con mis maldiciones.Yo no sé pa qué el gobiernoNos manda aquí a la frontera,Gringada que ni siquieraSe sabe atracar a un pingo;¡Si crerá al mandar un gringoQue nos manda alguna fiera!No hacen más que dar trabajo,Pues no saben ni ensillar;No sirven ni pa carniar,Y yo he visto muchas veces,Que ni voltiadas las resesSe les querían arrimar.Y lo pasan sus mercedesLengüetiando pico a pico,Hasta que viene un milicoA servirles el asao;Y, eso sí, en lo delicaosParecen hijos de rico.La caricatura es de mano maestra; y así en este desahogo natural del resentimiento, como en la alusión a los sueldos que constituye el réspice del Mayor, la sorna gauchesca caracteriza sus tipos con estupenda eficacia. Son ellos mismos quienes se ponen en ridículo, según el procedimiento cómico que el cuento picarezcoenseñó con verdadera gracia artística a la novela y a la comedia de costumbres.Hemos visto alternar hasta ahora la lírica con la sátira, el drama con el sainete. La tragedia va a presentarse, pues este cuadro de la vida integral resume todos los aspectos de la naturaleza y del espíritu:Una noche que riunidosEstaban en la carpeta,Empinando una limetaEl Jefe y el Juez de Paz,Yo no quise aguardar más,Y me hice humo en un sotreta.Volvía al cabo de tres añosDe tanto sufrir al ñudo,Resertor, pobre y desnudo,A procurar suerte nueva,Y lo mesmo que el peludoEnderecé pa mi cueva.No hallé ni rastro del rancho,Sólo estaba la tapera;Por Cristo, si aquello eraPa enlutar el corazón:Yo juré en esa ocasiónSer más malo que una fiera.¡Quién no sentirá lo mesmoCuando ansí padece tanto!Puedo asigurar que el llantoComo una mujer largué.Ay mi Dios, si me quedéMás triste que Jueves Santo!Sólo se oiban los aullidosDe un gato que se salvó;El pobre se guarecióCerca, en una viscachera;Venía como si supieraQue estaba de güelta yo.No tiene el dolor acentos más sinceros. Aquel valiente que llora como una mujer ante las ruinas de su rancho, mientras silba el viento entre el pajonal que invadió los caballones de la chacra abandonada; aquel gato, el animal fiel a la casa, que viene maullando bajito, como todos lo hemos oído en la tristeza de las taperas, son otros tantos rasgos supremos de artista. Y cuánta verdad al mismo tiempo! El gato es el animal casero por excelencia. Cuando la gente abandona el hogar, él se queda. Para no separarse de las ruinas, comparte con las alimañas del campo la cueva o el matorral. No bien siente que alguno llegó, acude quejumbroso y macilento, como a pedir limosna. Y asírepresenta la desolación del hogar perdido, la aproximación de miserias que el dolor humano busca como una humilde fraternidad. Pero ningún poeta habíalo cantado hasta entonces, y éste es el mérito absolutamente original del nuestro.Poeta más que nunca, él, tan sobrio en sus expresiones, dedica una estrofa entera a ese pobre gato. Es que éste debe sugerir al abandonado todas las dichas del hogar destruído: el chico que solía mimarlo; tal vez la madrina que se lo regaló; la esposa que se fastidiaba cuando revolvía, jugando, los ovillos del telar; el rescoldo casero ante el cual ronroneaba a compás con la olla...El don de la poesía consiste en descubrir la relación de belleza que constituye la armonía de las cosas. Así nos da la comprensión del mundo; y tal como la ciencia infiere por una vértebra petrificada las especies extintas y el medio donde se desarrollaron, ella descubre las relaciones trascendentales de nuestro ser, que son estados de belleza y de verdad, en el encanto de una flor o en el apego del animal desvalido. Éste es otro procedimiento de Hernández que me precisaba describir. Como gran poeta que es, él no sabe de recursos literarios ni de lenguaje preceptivo. Su originalidad proviene de la sinceridad con que siente y comunica la belleza.Véase, para continuar con nuestro asunto, esta expresión tan genuina del dolor paterno, que, naturalmente, nada sabe de literatura:Los pobrecitos muchachos,Entre tantas afliciones,Se conchabaron de piones;Mas que iban a trabajar,Si eran como los pichonesSin acabar de emplumar.
Y para mejor de la fiesta,En esa aflición tan suma,Vino un indio echando espumaY con la lanza en la mano,Gritando"Acabau cristiano,Metau el lanza hasta el pluma".
Y para mejor de la fiesta,
En esa aflición tan suma,
Vino un indio echando espuma
Y con la lanza en la mano,
Gritando"Acabau cristiano,
Metau el lanza hasta el pluma".
Tendido en el costillar,Cimbrando por sobre el brazoUna lanza como un lazo,Me atropelló dando gritos;Si me descuido... el malditoMe levanta de un lanzazo.
Tendido en el costillar,Cimbrando por sobre el brazoUna lanza como un lazo,Me atropelló dando gritos;Si me descuido... el malditoMe levanta de un lanzazo.
Tendido en el costillar,
Cimbrando por sobre el brazo
Una lanza como un lazo,
Me atropelló dando gritos;
Si me descuido... el maldito
Me levanta de un lanzazo.
Si me atribulo o me encojo,Siguro que no me escapo;Siempre he sido medio guapo,Pero en aquella ocasión,Me hacía bulla el corazónComo la garganta al sapo.
Si me atribulo o me encojo,Siguro que no me escapo;Siempre he sido medio guapo,Pero en aquella ocasión,Me hacía bulla el corazónComo la garganta al sapo.
Si me atribulo o me encojo,
Siguro que no me escapo;
Siempre he sido medio guapo,
Pero en aquella ocasión,
Me hacía bulla el corazón
Como la garganta al sapo.
Dios le perdone al salvajeLas ganas que me tenía...Desaté las tres maríasY lo engatusé a cabriolas.Pucha!... si no traigo bolas,Me achura el indio ese día.
Dios le perdone al salvajeLas ganas que me tenía...Desaté las tres maríasY lo engatusé a cabriolas.Pucha!... si no traigo bolas,Me achura el indio ese día.
Dios le perdone al salvaje
Las ganas que me tenía...
Desaté las tres marías
Y lo engatusé a cabriolas.
Pucha!... si no traigo bolas,
Me achura el indio ese día.
Era el hijo de un caciqueSigun yo lo avirigüé;La verdá del caso juéQue me tuvo apuradazo,Hasta que al fin de un bolazoDel caballo lo bajé.
Era el hijo de un caciqueSigun yo lo avirigüé;La verdá del caso juéQue me tuvo apuradazo,Hasta que al fin de un bolazoDel caballo lo bajé.
Era el hijo de un cacique
Sigun yo lo avirigüé;
La verdá del caso jué
Que me tuvo apuradazo,
Hasta que al fin de un bolazo
Del caballo lo bajé.
Ahi no más me tiré al sueloY lo pisé en las paletas;Empezó a hacer morisquetasY a mezquinar la garganta...Pero yo hice la obra santaDe hacerlo estirar la jeta.
Ahi no más me tiré al sueloY lo pisé en las paletas;Empezó a hacer morisquetasY a mezquinar la garganta...Pero yo hice la obra santaDe hacerlo estirar la jeta.
Ahi no más me tiré al suelo
Y lo pisé en las paletas;
Empezó a hacer morisquetas
Y a mezquinar la garganta...
Pero yo hice la obra santa
De hacerlo estirar la jeta.
Allí quedó de mojónY en su caballo salté;De la indiada disparé,Pues si me alcanza me mata,Y al fin me les escapéCon el hilo de una pata.
Allí quedó de mojónY en su caballo salté;De la indiada disparé,Pues si me alcanza me mata,Y al fin me les escapéCon el hilo de una pata.
Allí quedó de mojón
Y en su caballo salté;
De la indiada disparé,
Pues si me alcanza me mata,
Y al fin me les escapé
Con el hilo de una pata.
La miseria continúa haciendo estragos, hasta que un doble episodio de iniquidad, decide la fuga del protagonista. El cantinero del fortín, asociado con el coronel, explotaba vilmente a la soldadesca. Véase con qué malicia socarrona, con qué viril menosprecio de la trapacería, refiere el gaucho su percance. Reir de la mala suerte, vengándose de los enemigos despreciables con la ironía, es también una condición de los bravos.
Nos tenía apuntaos a todos,Con más cuentas que un rosario,Cuando se anunció un salarioQue iban a dar, o un socorro;Pero sabe Dios qué zorroSe lo comió al comisario.
Nos tenía apuntaos a todos,Con más cuentas que un rosario,Cuando se anunció un salarioQue iban a dar, o un socorro;Pero sabe Dios qué zorroSe lo comió al comisario.
Nos tenía apuntaos a todos,
Con más cuentas que un rosario,
Cuando se anunció un salario
Que iban a dar, o un socorro;
Pero sabe Dios qué zorro
Se lo comió al comisario.
Pues nunca lo ví llegar;Y al cabo de muchos días,En la mesma pulperíaDieron una buenacuenta,Que la gente muy contenta,De tan pobre recebía.
Pues nunca lo ví llegar;Y al cabo de muchos días,En la mesma pulperíaDieron una buenacuenta,Que la gente muy contenta,De tan pobre recebía.
Pues nunca lo ví llegar;
Y al cabo de muchos días,
En la mesma pulpería
Dieron una buenacuenta,
Que la gente muy contenta,
De tan pobre recebía.
Sacaron unos sus prendasQue las tenían empeñadas;Por sus diudas atrasadasDieron otros el dinero;Al fin de fiesta el pulperoSe quedó con la mascada.
Sacaron unos sus prendasQue las tenían empeñadas;Por sus diudas atrasadasDieron otros el dinero;Al fin de fiesta el pulperoSe quedó con la mascada.
Sacaron unos sus prendas
Que las tenían empeñadas;
Por sus diudas atrasadas
Dieron otros el dinero;
Al fin de fiesta el pulpero
Se quedó con la mascada.
Yo me arrecosté a un horcón,Dando tiempo a que pagaran;Y poniendo güeña caraEstuve haciéndome el pollo,A esperar que me llamaranPara recebir mi bollo.
Yo me arrecosté a un horcón,Dando tiempo a que pagaran;Y poniendo güeña caraEstuve haciéndome el pollo,A esperar que me llamaranPara recebir mi bollo.
Yo me arrecosté a un horcón,
Dando tiempo a que pagaran;
Y poniendo güeña cara
Estuve haciéndome el pollo,
A esperar que me llamaran
Para recebir mi bollo.
Pero ahí me pude quedarPegao pa siempre al horcón;Ya era casi la oraciónY ninguno me llamaba;La cosa se me ñublabaY me dentró comezón.
Pero ahí me pude quedarPegao pa siempre al horcón;Ya era casi la oraciónY ninguno me llamaba;La cosa se me ñublabaY me dentró comezón.
Pero ahí me pude quedar
Pegao pa siempre al horcón;
Ya era casi la oración
Y ninguno me llamaba;
La cosa se me ñublaba
Y me dentró comezón.
Pa sacarme el entripao,Ví al Mayor y lo fí a hablar;Yo me le empecé a atracar,Y como con poca gana,Le dije—Tal vez mañanaAcabarán de pagar...
Pa sacarme el entripao,Ví al Mayor y lo fí a hablar;Yo me le empecé a atracar,Y como con poca gana,Le dije—Tal vez mañanaAcabarán de pagar...
Pa sacarme el entripao,
Ví al Mayor y lo fí a hablar;
Yo me le empecé a atracar,
Y como con poca gana,
Le dije—Tal vez mañana
Acabarán de pagar...
—Qué mañana ni otro día,Al punto me contestó;La paga ya se acabó,Siempre has de ser animal.Me raí, y le dije—Yo...No hi recebido ni un rial.
—Qué mañana ni otro día,Al punto me contestó;La paga ya se acabó,Siempre has de ser animal.Me raí, y le dije—Yo...No hi recebido ni un rial.
—Qué mañana ni otro día,
Al punto me contestó;
La paga ya se acabó,
Siempre has de ser animal.
Me raí, y le dije—Yo...
No hi recebido ni un rial.
Se le pusieron los ojosQue se le querían salir;Y ahí no más volvió a decirComiendomé con la vista:—Y que querés recebirSi no has dentrao en la lista?
Se le pusieron los ojosQue se le querían salir;Y ahí no más volvió a decirComiendomé con la vista:—Y que querés recebirSi no has dentrao en la lista?
Se le pusieron los ojos
Que se le querían salir;
Y ahí no más volvió a decir
Comiendomé con la vista:
—Y que querés recebir
Si no has dentrao en la lista?
Después de un sumario perfectamente inútil, las cosas quedan así.
Yo andaba desesperao,Aguardando una ocasiónQue los indios un malónNos dieran, y entre el estrago,Hacermelés cimarrónY volverme pa mi pago.
Yo andaba desesperao,Aguardando una ocasiónQue los indios un malónNos dieran, y entre el estrago,Hacermelés cimarrónY volverme pa mi pago.
Yo andaba desesperao,
Aguardando una ocasión
Que los indios un malón
Nos dieran, y entre el estrago,
Hacermelés cimarrón
Y volverme pa mi pago.
Y pa mejor, una nocheQué estaquiada me pegaron;Casi me descoyuntaronPor motivo de una gresca;Ahijuna!...si me estiraronLo mesmo que guasca fresca!
Y pa mejor, una nocheQué estaquiada me pegaron;Casi me descoyuntaronPor motivo de una gresca;Ahijuna!...si me estiraronLo mesmo que guasca fresca!
Y pa mejor, una noche
Qué estaquiada me pegaron;
Casi me descoyuntaron
Por motivo de una gresca;
Ahijuna!...si me estiraron
Lo mesmo que guasca fresca!
Jamás me puedo olvidarLo que esa vez me pasó;Dentrando una noche yoAl fortín, un enganchaoQue estaba medio mamao,Allí me desconoció.
Jamás me puedo olvidarLo que esa vez me pasó;Dentrando una noche yoAl fortín, un enganchaoQue estaba medio mamao,Allí me desconoció.
Jamás me puedo olvidar
Lo que esa vez me pasó;
Dentrando una noche yo
Al fortín, un enganchao
Que estaba medio mamao,
Allí me desconoció.
Era un gringo tan bozal,Que nada se le entendía;¡Quién sabe de ande sería!Tal vez no juera cristiano;Pues lo único que decíaEs que erapa-po-litano.
Era un gringo tan bozal,Que nada se le entendía;¡Quién sabe de ande sería!Tal vez no juera cristiano;Pues lo único que decíaEs que erapa-po-litano.
Era un gringo tan bozal,
Que nada se le entendía;
¡Quién sabe de ande sería!
Tal vez no juera cristiano;
Pues lo único que decía
Es que erapa-po-litano.
Estaba de centinela,Y por causa del peludo,Verme más claro no pudoY esa jué la culpa toda;El bruto se asustó al ñudo,Y fí el pavo de la boda.
Estaba de centinela,Y por causa del peludo,Verme más claro no pudoY esa jué la culpa toda;El bruto se asustó al ñudo,Y fí el pavo de la boda.
Estaba de centinela,
Y por causa del peludo,
Verme más claro no pudo
Y esa jué la culpa toda;
El bruto se asustó al ñudo,
Y fí el pavo de la boda.
Cuando me vido acercar,"¡Quen vívore..."preguntó."Qué vívoras"dije yo;"¡Haga arto!"me pegó el grito:Y yo dije despacito"Más lagarto serás vos".
Cuando me vido acercar,"¡Quen vívore..."preguntó."Qué vívoras"dije yo;"¡Haga arto!"me pegó el grito:Y yo dije despacito"Más lagarto serás vos".
Cuando me vido acercar,
"¡Quen vívore..."preguntó.
"Qué vívoras"dije yo;
"¡Haga arto!"me pegó el grito:
Y yo dije despacito
"Más lagarto serás vos".
Ahi no más, Cristo me valga,Rastrillar el jusil siento;Me agaché, y en el momentoEl bruto me largó un chumbo;Mamao, me tiró sin rumbo,Que si no, no cuento el cuento.
Ahi no más, Cristo me valga,Rastrillar el jusil siento;Me agaché, y en el momentoEl bruto me largó un chumbo;Mamao, me tiró sin rumbo,Que si no, no cuento el cuento.
Ahi no más, Cristo me valga,
Rastrillar el jusil siento;
Me agaché, y en el momento
El bruto me largó un chumbo;
Mamao, me tiró sin rumbo,
Que si no, no cuento el cuento.
Por de contao, con el tiroSe alborotó el avispero;Los oficiales salieronY se empezó la junción;Quedó en su puesto el naciónY yo fí al estaquiadero.
Por de contao, con el tiroSe alborotó el avispero;Los oficiales salieronY se empezó la junción;Quedó en su puesto el naciónY yo fí al estaquiadero.
Por de contao, con el tiro
Se alborotó el avispero;
Los oficiales salieron
Y se empezó la junción;
Quedó en su puesto el nación
Y yo fí al estaquiadero.
Entre cuatro bayonetasMe tendieron en el suelo;Vino el Mayor medio en pedo.Y allí se puso a gritar:—Pícaro, te he de enseñarA andar reclamando sueldos.
Entre cuatro bayonetasMe tendieron en el suelo;Vino el Mayor medio en pedo.Y allí se puso a gritar:—Pícaro, te he de enseñarA andar reclamando sueldos.
Entre cuatro bayonetas
Me tendieron en el suelo;
Vino el Mayor medio en pedo.
Y allí se puso a gritar:
—Pícaro, te he de enseñar
A andar reclamando sueldos.
De las manos y las patasMe ataron cuatro cinchones;Les aguanté los tirones,Sin que ni un ay se me oyera,Y al gringo, la noche enteraLo harté con mis maldiciones.
De las manos y las patasMe ataron cuatro cinchones;Les aguanté los tirones,Sin que ni un ay se me oyera,Y al gringo, la noche enteraLo harté con mis maldiciones.
De las manos y las patas
Me ataron cuatro cinchones;
Les aguanté los tirones,
Sin que ni un ay se me oyera,
Y al gringo, la noche entera
Lo harté con mis maldiciones.
Yo no sé pa qué el gobiernoNos manda aquí a la frontera,Gringada que ni siquieraSe sabe atracar a un pingo;¡Si crerá al mandar un gringoQue nos manda alguna fiera!
Yo no sé pa qué el gobiernoNos manda aquí a la frontera,Gringada que ni siquieraSe sabe atracar a un pingo;¡Si crerá al mandar un gringoQue nos manda alguna fiera!
Yo no sé pa qué el gobierno
Nos manda aquí a la frontera,
Gringada que ni siquiera
Se sabe atracar a un pingo;
¡Si crerá al mandar un gringo
Que nos manda alguna fiera!
No hacen más que dar trabajo,Pues no saben ni ensillar;No sirven ni pa carniar,Y yo he visto muchas veces,Que ni voltiadas las resesSe les querían arrimar.
No hacen más que dar trabajo,Pues no saben ni ensillar;No sirven ni pa carniar,Y yo he visto muchas veces,Que ni voltiadas las resesSe les querían arrimar.
No hacen más que dar trabajo,
Pues no saben ni ensillar;
No sirven ni pa carniar,
Y yo he visto muchas veces,
Que ni voltiadas las reses
Se les querían arrimar.
Y lo pasan sus mercedesLengüetiando pico a pico,Hasta que viene un milicoA servirles el asao;Y, eso sí, en lo delicaosParecen hijos de rico.
Y lo pasan sus mercedesLengüetiando pico a pico,Hasta que viene un milicoA servirles el asao;Y, eso sí, en lo delicaosParecen hijos de rico.
Y lo pasan sus mercedes
Lengüetiando pico a pico,
Hasta que viene un milico
A servirles el asao;
Y, eso sí, en lo delicaos
Parecen hijos de rico.
La caricatura es de mano maestra; y así en este desahogo natural del resentimiento, como en la alusión a los sueldos que constituye el réspice del Mayor, la sorna gauchesca caracteriza sus tipos con estupenda eficacia. Son ellos mismos quienes se ponen en ridículo, según el procedimiento cómico que el cuento picarezcoenseñó con verdadera gracia artística a la novela y a la comedia de costumbres.
Hemos visto alternar hasta ahora la lírica con la sátira, el drama con el sainete. La tragedia va a presentarse, pues este cuadro de la vida integral resume todos los aspectos de la naturaleza y del espíritu:
Una noche que riunidosEstaban en la carpeta,Empinando una limetaEl Jefe y el Juez de Paz,Yo no quise aguardar más,Y me hice humo en un sotreta.
Una noche que riunidosEstaban en la carpeta,Empinando una limetaEl Jefe y el Juez de Paz,Yo no quise aguardar más,Y me hice humo en un sotreta.
Una noche que riunidos
Estaban en la carpeta,
Empinando una limeta
El Jefe y el Juez de Paz,
Yo no quise aguardar más,
Y me hice humo en un sotreta.
Volvía al cabo de tres añosDe tanto sufrir al ñudo,Resertor, pobre y desnudo,A procurar suerte nueva,Y lo mesmo que el peludoEnderecé pa mi cueva.
Volvía al cabo de tres añosDe tanto sufrir al ñudo,Resertor, pobre y desnudo,A procurar suerte nueva,Y lo mesmo que el peludoEnderecé pa mi cueva.
Volvía al cabo de tres años
De tanto sufrir al ñudo,
Resertor, pobre y desnudo,
A procurar suerte nueva,
Y lo mesmo que el peludo
Enderecé pa mi cueva.
No hallé ni rastro del rancho,Sólo estaba la tapera;Por Cristo, si aquello eraPa enlutar el corazón:Yo juré en esa ocasiónSer más malo que una fiera.
No hallé ni rastro del rancho,Sólo estaba la tapera;Por Cristo, si aquello eraPa enlutar el corazón:Yo juré en esa ocasiónSer más malo que una fiera.
No hallé ni rastro del rancho,
Sólo estaba la tapera;
Por Cristo, si aquello era
Pa enlutar el corazón:
Yo juré en esa ocasión
Ser más malo que una fiera.
¡Quién no sentirá lo mesmoCuando ansí padece tanto!Puedo asigurar que el llantoComo una mujer largué.Ay mi Dios, si me quedéMás triste que Jueves Santo!
¡Quién no sentirá lo mesmoCuando ansí padece tanto!Puedo asigurar que el llantoComo una mujer largué.Ay mi Dios, si me quedéMás triste que Jueves Santo!
¡Quién no sentirá lo mesmo
Cuando ansí padece tanto!
Puedo asigurar que el llanto
Como una mujer largué.
Ay mi Dios, si me quedé
Más triste que Jueves Santo!
Sólo se oiban los aullidosDe un gato que se salvó;El pobre se guarecióCerca, en una viscachera;Venía como si supieraQue estaba de güelta yo.
Sólo se oiban los aullidosDe un gato que se salvó;El pobre se guarecióCerca, en una viscachera;Venía como si supieraQue estaba de güelta yo.
Sólo se oiban los aullidos
De un gato que se salvó;
El pobre se guareció
Cerca, en una viscachera;
Venía como si supiera
Que estaba de güelta yo.
No tiene el dolor acentos más sinceros. Aquel valiente que llora como una mujer ante las ruinas de su rancho, mientras silba el viento entre el pajonal que invadió los caballones de la chacra abandonada; aquel gato, el animal fiel a la casa, que viene maullando bajito, como todos lo hemos oído en la tristeza de las taperas, son otros tantos rasgos supremos de artista. Y cuánta verdad al mismo tiempo! El gato es el animal casero por excelencia. Cuando la gente abandona el hogar, él se queda. Para no separarse de las ruinas, comparte con las alimañas del campo la cueva o el matorral. No bien siente que alguno llegó, acude quejumbroso y macilento, como a pedir limosna. Y asírepresenta la desolación del hogar perdido, la aproximación de miserias que el dolor humano busca como una humilde fraternidad. Pero ningún poeta habíalo cantado hasta entonces, y éste es el mérito absolutamente original del nuestro.
Poeta más que nunca, él, tan sobrio en sus expresiones, dedica una estrofa entera a ese pobre gato. Es que éste debe sugerir al abandonado todas las dichas del hogar destruído: el chico que solía mimarlo; tal vez la madrina que se lo regaló; la esposa que se fastidiaba cuando revolvía, jugando, los ovillos del telar; el rescoldo casero ante el cual ronroneaba a compás con la olla...
El don de la poesía consiste en descubrir la relación de belleza que constituye la armonía de las cosas. Así nos da la comprensión del mundo; y tal como la ciencia infiere por una vértebra petrificada las especies extintas y el medio donde se desarrollaron, ella descubre las relaciones trascendentales de nuestro ser, que son estados de belleza y de verdad, en el encanto de una flor o en el apego del animal desvalido. Éste es otro procedimiento de Hernández que me precisaba describir. Como gran poeta que es, él no sabe de recursos literarios ni de lenguaje preceptivo. Su originalidad proviene de la sinceridad con que siente y comunica la belleza.
Véase, para continuar con nuestro asunto, esta expresión tan genuina del dolor paterno, que, naturalmente, nada sabe de literatura:
Los pobrecitos muchachos,Entre tantas afliciones,Se conchabaron de piones;Mas que iban a trabajar,Si eran como los pichonesSin acabar de emplumar.
Los pobrecitos muchachos,
Entre tantas afliciones,
Se conchabaron de piones;
Mas que iban a trabajar,
Si eran como los pichones
Sin acabar de emplumar.
Así lamentamos, en efecto, la suerte de los hijos, tendiendo a considerarlos en nuestro afecto, criaturas siempre incapaces de vivir sin nosotros.
El símil de los pichones implumes, es la expresión mástierna y delicada de aquel corazón, ablandado por el dolor, como un nido.