Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del amante. No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras. No creáis de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no leve ejemplo de Procris.
Cualesquiera que seáis, tolerad con moderación las ofensas del amante. No perdáis el seso, cuando oyereis que tenéis competidoras. No creáis de ligero: cuanto daña creer de ligero os lo dirá el no leve ejemplo de Procris.
En la deliciosa falda del florido Himeto hay una risueña fuente, ysu margen es blanda alfombra de verde césped. La selva no encumbrada forma un bosque, y los arbustos cubren con sombra la yerba: huelen el romero, y el laurel y el negro mirto. Ni faltan allí los bosques de espesas hojas, el quebradizo tamariz, el delgado cítiso, y el copado pino. La varia frondosidad de tan diferentes árboles y la cima de las yerbas se mueven mecidas por el blando soplo del céfiro, y por la frescura saludable. Sitio de reposo grato a Céfalo: aquí era donde dejados su gente y los perros, este joven se recostaba muchas veces a descansar. Solía también cantar: ven, fácil Aura, a templar mis ardores, te recibiré en mi seno. Alguno perniciosamente oficioso, trasladó con memoriosa lengua los oídos acentos a las tímidas orejas de su esposa. Luego que Procris percibió el nombre de Aura como el de una combleza, cayó desmayada, y enmudeció con el súbitodolor. Se puso pálida, como las tardías hojas de la vid, después de cogidos los racimos, al primer frío del otoño: como se descoloran los maduros membrillos, encorvando sus ramas, y como las cerezas silvestres aún no sazonadas para comerse. Cuando volvió en sí, rasgó las finas vestiduras de su cuerpo, y maltrató con las uñas sus inocentes mejillas. Sin tardanza voló por medio de los campos desmelenada y frenética cual bacante concitada con el tirso. Al acercarse dejó en el valle la comitiva, y animosa penetró a escondidas en el bosque, con callados pasos. ¿Dónde estaba tu razón, Procris, para esconderte así con poca cordura? ¿Cuál era la inquietud de tu enamorado pecho? Sin duda pensarás que muy pronto ha de venir Aura, cualquiera que sea, y que has de ser testigo de tu misma infamia. Ya te arrepientes de haber venido, porque no quisieras sorprenderlos:ya te alegras: el amor trastorna incierto tu pecho. Lugar, nombre y acusador abonan tus celos, y el que ama cree siempre lo que teme. Cuando vio en la oprimida yerba, vestigios de una persona, su pecho palpitaba trémulo con los latidos del corazón. Ya el día en su mitad menguaba las leves sombras, y la mañana y la noche se hallaban a igual distancia, cuando se retira de las selvas el hijo del Cilenio, viniendo a refrescar su caluroso rostro en las fontanas aguas. Estaba escondida la congojosa Procris: él se reclinó en la acostumbrada yerba, y dijo: Céfiro, y tú, Aura, aplacad mi fuego. Así que fue patente a la cuitada el grato error de este nombre, recobró el sentido, y el semblante su verdadero color. Levantose; pero moviendo con el agitado cuerpo las circunstantes ramas, para ir como mujer a los brazos del esposo, juzgó él que era el ruido de una fiera, tomó juvenilmente elarco, y en la diestra mano puso la flecha. ¿Qué haces, desventurado? No es fiera: deten el tiro. ¡Triste desgracia! con tus flechas heriste a tu esposa. ¡Ay de mí!, clamó, traspasaste el pecho amigo; mi pecho roto siempre con las heridas de Céfalo. Muero antes del tiempo, pero no injuriada por una rival. Esto hará que la tierra me sea ligera en la tumba. Sale ya mi espíritu por esas Auras de sospechoso nombre; ¡me muero! Cierra con cara mano mis ojos. Él sostenía en las mustias rodillas el moribundo cuerpo de sus amores, y con llanto lavaba la cruel herida. Desatado poco a poco del incauto pecho, se escapa el último suspiro que recibe con su boca el mísero marido.
Volvamos al camino, y prosigamos derechamente, para que la asendereada nave toque en el puerto. ¿Esperáis por ventura que os conduzca a los festines, y que también en esto os dé consejos? Id tarde, y entrad con decoro, ya encendidaslas antorchas. Agrada la tardanza a Venus; es la tardanza la mayor añagaza. Aunque seáis feas, podéis parecer hermosas, porque la misma noche servirá de manto a vuestros defectos. Tomad los manjares con los dedos; hay un cierto modo que se debe observar en el comer: no untéis la cara con las manos sucias. No comáis anticipadamente en casa[37]: ni acumuléis en el plato lo que no podréis engullir. Si Paris hubiera visto a Elena comer con gula, la hubiera desamado, y diría, necio robo hice.
[37]Las mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los convites, comían antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora.
[37]Las mujeres de entonces, para hacer las melindrosas en los convites, comían antes en su casa. Lo mismo hacen las de ahora.
Más a propósito y más decente es que las mujeres beban, porque Baco no se aviene mal con Cupido. Pero esto también hasta donde resista el cerebro; mientras el juicio y los pies estén firmes, y no parezcan dobles los objetos. Lamujer tirada feamente en el suelo por beodez es digna de padecer cualesquiera impurezas. Tampoco es honesto sucumbir al sueño en la mesa, porque en el sueño suelen cometerse acciones de inverecundia.
Esme ruboroso enseñar las cosas ulteriores, pero alma Dione dice que lo ruboroso es mi principal asunto. Tened conocimiento de cada cosa: tomad posturas acomodadas al cuerpo, pues no a todas conviene una misma. La de muy señalada hermosura muestre supina sus tesoros, y el dorso solamente aquella que puede agradar de este modo. Milanión llevaba en los hombros las piernas de Atalanta: en este grupo han de ser recibidas las buenas. La pequeña corra como en jinete: Andrómaca, por ser altísima, nunca subió en el caballo de Héctor. Oprimiendo con las rodillas el lecho, y torciendo un tanto la cerviz, hará figura académica la que ha de ser vista por el costado. La de juvenil muslo y pecho turgente estaría dislocadaa no reclinarse en oblicuo lecho, quedando en pie la pareja. Ni disconviene tener suelta la melena, como bacante, inclinando el cuello con los cabellos esparcidos. La que Lucina[38]señaló con arrugas en el vientre, pelee vuelto el caballo, como el veloz parto. Pero entre mil actitudes la más sencilla y menos trabajosa es la semisupina sobre el derecho lado.
[38]Diosa de los partos.
[38]Diosa de los partos.
Ni la trípode apolínea, ni el cornígero Amón os cantarán cosas más verdaderas que mi musa. Si se da crédito al arte con dilatada experiencia adquirido, creed al testimonio de mis versos. La mujer opere con íntimo ardor en sus tareas, y aquella actividad sea de participación igual entre los dos, amenizando el juego con cariñosos afectos y gustosas palabras. Mas la infeliz a quien naturaleza negó sensación venérea, simuledulces placeres con aparente ruido, guardándose de descubrir ficción con el recurso de señales que arguyen deleite, y envuelven pudor y misterio. No admitáis en el aposento la llena luz de las ventanas, pues muchas cosas de vuestro cuerpo más al caso estan ocultas. La que pide paga al amante después de los goces de Venus, no querría que tuviese eficacia su demanda.
Pongo cabo a mi obra. Ya es tiempo de descender del carro que en su cuello llevaron los cisnes. Así como antes los jóvenes, así ahora las mujeres discípulas mías escriban en sus trofeos, Ovidio fue nuestro maestro.
FIN.