IXPOR LAS NUBES
POR LAS NUBES
A
Ahorapodemos suponer, por suponer un poco de todo, que Gedeón, libre una semana de sus dolencias físicas, hace un esfuerzo supremo para sacudirse las morales, y se lanza, fraque en ristre, á regiones en que jamás ha penetrado, para estudiar aquellas razas y la manera más cómoda de explotarlas en beneficio de sus deseos y en concordancia con sus imaginaciones.
Por de pronto, sus pies, hechos á pisar los suelos de cabretón, han de enredársele no poco en el fino vellón de las alfombras. Brujuleará por salas y rincones; hará como que refiere al conocido que haya hecho su presentación cosas muy graves é importantes, para estudiar con disimulo maneras y actitudes en los que pasan á su lado; para tantear estilos de conversación amena y por lo fino, y, sobre todo, para tomar lenguas de todas y cada una de las damas que adornan los contornos del salón: se fijará primero en las más bellas; después en las más frágiles, y, por último, en las más accesibles, según el criterio de su acompañante.
Verá que no faltan entre los hombres que entretienen y acompañan á las más jóvenes y más hermosas, galanes antediluvianos que tapan la carcoma de sus muchos años con afeites y postizos.
Diránle que, así y todo, los hay entre ellos que no pierden siempre que juegan; lo cual animará mucho á Gedeón cada vez que, al pasar por delante de un espejo, vea reflejarse en él sus canas, sus arrugas y su pestorejo de veterano; pero luégo sabrá que aquellos tipos, además de haber envejecido allí, lo cual ahorra el mal efecto de una aparición con flemas ypata de gallo, y de poseer algún atractivo especial para las mujeres, aunque sólo sea éste el saber desempeñar con donaire el papel de comparsa en tales fiestas, no son solterones como él, sino hombres que no se han casado todavía, porque quizá picaron muy alto al intentarlo, pues lo han intentado muchas veces.
¡Pero Gedeón!... He aquí lo que, á lo sumo, se dirá de él, si algo se dice, después que se muestre en semejantes alturas:
—Pues esun señorque se llama Gedeón, queestá bien por su casa, y que tiene horror al matrimonio.
No puede decirse menos de un hombre que es, además, vulgar y adocenado de figura.
Hay ejemplos de que una pecadora lo haya sido con el caritativo fin de sacar á un calavera de los malos pasos en que también Gedeón se ha encontrado, y elevarle hasta ella, acaso para corromperle más; pero ese redimido era hermoso, ó, cuando menos, notable, ya que no célebre, en algún concepto; y Gedeón no es célebre, ni notable, ni hermoso por ninguna parte que se le mire.
Con tales desventajas encima, ¿qué puede prometerse el mal aconsejado solterón si se echa á herborizar en el campo en que le suponemos colocado?
Le rechazarán las solteras, porque no es negocio ni buen modelo para marido, aun cuando él se prestara á serlo; ylas demás, suponiendo que existan (yo siempre lo niego), pensarán, y muy cuerdamente, que ya que el diablo las lleve, que las lleve en coche.
Tentará á probar fortuna, eso sí, que para eso fué allá, y además es terco; y no se dirigirá á la más fea ni á la menos joven, que para eso es solterón y frisa en viejo; y se meterá en floreos de lenguaje y en retóricas trasnochadas; y preguntará por lagavotay elbaile inglés, ypor la música delTancredo, cuando hace setenta años que ni aquéllos se bailan ni ésta se canta; y por sandio que sea, caerá en la cuenta de que cuanto más sublime se hace, se pone más en ridículo.
Y recordará entonces que en las capas inferiores, como ahora se dice, de la sociedad, entre modistillas y gentes de medio pelo, está él como el pez en el agua; recuerdo que, enfrente de las dificultades que traban su lengua y turban sus ideas, le excitará el deseo de vencerlas, y tal vez sus manos se atrevan á cometer demasías de tacto, ó su lengua se desborde, ó sus piernas desmazaladas, y á la sazón revueltas entre vecinas faldas de sedas y crespones, hagan una barbaridad que escandalice al concurso.
De todas maneras, Gedeón perderá el tiempo; porque aun concediéndole algún fruto en sus exploraciones, bien apreciado no valdrá la violencia en que le pondrían los medios para alcanzarle. Violencia digo, porque sin ella no puede él vivir en un terreno tan extraño á sus hábitos é inclinaciones.
Y si le frecuentara más para hacerle placentero, acabaría por salir de él marido de la mujer más pobre y fea; y noconvertido, sinodomadocomo una bestia; en el cual caso sería una variedad vulgarísima entre los célibes remolones, y no un perfecto modelo de la especie solteronaimpenitente, como el lector y yo hemos convenido en que sea Gedeón.
En substancia, este capítulo es pura y simplemente una respuesta anticipada al candoroso lector que, olvidado de la naturaleza especial de nuestro personaje, me salga al encuentro con esta observación, que, en su concepto, lo resolvería todo, y hasta me excusara el trabajo de escribir lo que me falta de este libro.
—Pues, hombre, si Gedeón se aburre, ¿por qué no se divierte como yo?