EJEMPLO XIVDel miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero.
Del miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero.
Un día fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, en su facienda, et díjole:
—Patronio, algunos homnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contesca. Et ruégovos que me digades lo que vos paresce en ello.
—Señor conde—dijo Patronio—, como quier que a los grandes señores vos cumple de haber algún tesoro para muchas cosas et señaladamente porque non dejedes por mengua de haber, de facer lo que vos cumplier; pero non entendades que este tesoro debedes ayuntar en guisa que pongades tanto el talante en ayuntar grant tesoro por que dejedes de facer lo que debedes a vuestras gentes et para guarda de vuestra honra, et de vuestro estado, ca si lo ficiésedes podervos hía acaescer lo que contesció a un lombardo en Bolonia.
E el conde le preguntó cómo fuera aquello.
—Señor conde—dijo Patronio—, en Bolonia había un lombardo que ayuntó muy grand tesoro et non cataba si era de buena parte o non, sinón ayuntarlo en cualquier manera que pudiese. E el lombardo adoleció de dolencia mortal, et un su amigo que había, desque lo vió en la muerte, consejol que se confesase con Sancto Domingo, que era estonce en Bolonia. Et el lombardo quísolo facer.
Et cuando fueron por Sancto Domingo, entendió Sancto Domingo que non era voluntad de Dios que aquel mal homne non sufriese la pena por el mal que había fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuese allá. E cuando los fijos del lombardo sopieron que había enviado por Sancto Domingo, pesoles ende mucho, teniendo que Sancto Domingo faría a su padre que diese lo que había por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando el frairevino, dijiéronle que sudaba su padre, mas cuando cumpliese, que ellos enviarían por él.
E a poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió en guisa que non fizo nada de lo que había mester para su alma. E otro día, cuando lo llevaron a enterrar, rogaron a Sancto Domingo que predigase sobre aquel lombardo. Et Sancto Domingo fízolo. Et cuando en la predigación hobo de fablar daquel homne, dijo una palabra que dise el Evangelio, que dise así:Ubi est tesaurus tuus ibi est cor tuum.Que quier decir:Do es el tu tesoro, y es el tu corazón.Et cuando esto dijo, tornose a las gentes et díjoles:
—Amigos, porque veades que la palabra del Evangelio es verdadera, facet catar el corazón a este homne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo suyo et fallarlo han en el arca que tenía el su tesoro.
E estonce fueron catar el corazón en el cuerpo et non lo fallaron y, et falláronlo en el arca como Sancto Domingo dijo. Et estaba lleno de gusanos et olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuese.
Et vos, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho, es bueno, guardad dos cosas: la una, es que el tesoro que ayuntáredes, que sea de buena parte; la otra, que non pongades tanto el corazón en el tesoro, porque non fagades ninguna cosa que vos non caiga de facer, nin dejedes nada de vuestra honra, nin de lo que debedes facer, por ayuntar grand tesoro de buenas obras, por que hayades la gracia de Dios et buena fama de las gentes.
E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así, et fallose ende bien.
Et teniendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:
Gana el tesoro verdaderoEt guárdate del fallecedero[20].
Gana el tesoro verdaderoEt guárdate del fallecedero[20].
Gana el tesoro verdaderoEt guárdate del fallecedero[20].
Gana el tesoro verdadero
Et guárdate del fallecedero[20].
[20]Tomado quizá delLibro de los Milagros, de San Gregorio de Tours. Oído, tal vez, por Don Juan Manuel a uno desus fraires predicadoresde Peñafiel; generalmente se cuenta sin que en él intervenga Santo Domingo, por ejemplo, en el cap. VII de losCastigos o documentos del Rey Don Sancho, Riv., LI, pág. 99, con muchas variantes.
[20]Tomado quizá delLibro de los Milagros, de San Gregorio de Tours. Oído, tal vez, por Don Juan Manuel a uno desus fraires predicadoresde Peñafiel; generalmente se cuenta sin que en él intervenga Santo Domingo, por ejemplo, en el cap. VII de losCastigos o documentos del Rey Don Sancho, Riv., LI, pág. 99, con muchas variantes.