EJEMPLO XXVIIIDe lo que acontesció en Granada a don Lorenzo Suarez Gallinato.
De lo que acontesció en Granada a don Lorenzo Suarez Gallinato.
El conde Lucanor fablaba un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:
—Patronio, un homne vino a mi por guarecer comigo, e como quier que yo sé que es buen homne, pero algunos dísenme que ha fechas algunas cosas desaguisadas. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que yo cuido que vos más cumple, plaserme hía que sopiésedes lo que acaesció a don Lorenzo Suarez Gallinato.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—don Lorenzo Suarez Gallinato vivía con el rey de Granada; et vivió con él allá en su reino grant tiempo.
Et despues que plogo a Dios que vino a la merced del Rey don Fernando, preguntole el rey un día que, pues él tanto deservicio había fecho a Dios con los moros ayudándolos contra los cristianos, si cuidaba que le habría Dios merced porque non perdiese el alma.
E don Lorenzo Suares le respondió: que nunca fisiera cosa porque cuidaba que le habría Dios merced sinón que matara una ves un clérigo de misa.
E esto tovo el Rey don Fernando por mucho extraño. E el rey le preguntó: cómo podía ser esto.
E él le respondió: que viviendo él con el rey de Granada, que aquel rey que fiaba mucho dél, e que era guarda mayor del su cuerpo. E yendo un día con el rey cabalgando por la villa, oyó ruido de homnes que daban voces, e porque él era guarda del rey dió de las espuelas al caballo e llegó a donde fasían el ruido e falló un clérigo que estaba revestido.
E debedes saber que este mal clérigo fuera cristiano e tornárase moro:
E acaesció un día, que por facer placer a los moros, díjoles: que si ellos quisiesen, que él les daría aquel Dios en que los cristianos creían, e fiaban, e tenían por Dios. E los moros le rogaron que gelo diese. E entonces el clérigo traidor e malo, fizo facer unas vestimentas, e mandó facer un altar, e dijo la misa, e consagró una hostia. E desque fué consagrada diola a los moros. E andábanla arrastrando por el lodo e faciendo della muchos escarnios.
E cuando don Lorenzo Suares esto vido, comoquier que él vivía con los moros, membrándose como él era cristiano e creyendo verdaderamente que aquel era el cuerpo de Dios e pues que Jesu-Cristo muriera por redemir los pecadores que sería él de muy buena ventura si muriese por le vengar et por le sacar de aquella deshonra, que aquella falsa gente le facía. E desque esto hobo pensado, con el grant dolor e pesar que hobo, enderezó contra el traidor clérigo renegadoque aquella tan grant traición ficiera e cortole la cabeza.
E descendió del caballo e fincó los hinojos en tierra e adoró el cuerpo de Dios que los moros traían por el lodo arrastrando. E luego que fincó los hinojos, la hostia que estaba dél alongada, dió un salto del lodo e saltó en la falda de don Lorenzo Suares Gallinato.
E cuando los moros esto vieron, hobieron ende muy grant pesar, e metieron mano a las espadas; et con espadas, et con palos, e con piedras vinieron todos contra don Lorenzo Suarez para lo matar. E él metió mano a su espada con que descabezara el mal clérigo, e comenzose a defender.
E cuando el rey moro oyó esto ruido, e vió que querían matar a don Lorenzo Suarez, mandó que ninguno non le ficiese ningunt mal, e preguntó por que cosa fuera aquello. E los moros que estaban con grant queja e braveza, dijeron al rey cómo pasara aquel fecho.
E el rey se quejó e le pesó mucho desto, e preguntó muy sañudamente a don Lorenzo Suares, que porqué ficiera aquello sin su mandado. E don Lorenzo Suarez le dijo: que bien sabía que él, que non era de su ley, e que era cristiano; e que, maguer que él esto conoscía, que sabía bien que fiaba dél el su cuerpo pensando que era leal e que por miedo de la muerte non dejaría de lo guardar, e pues si él por tan leal le tenía, que cuidaba que faría esto por él que era moro, que parase mientes, si él leal era, qué debía facer, pues que era cristiano, por guardar el cuerpo de Dios que esrey de los reyes e señor de los señores, e que si por esto lo mandase matar, que nunca él vería mejor día.
E cuando el rey lo oyó, plógole mucho de lo que don Lorenzo Suares ficiera, e amole e preciole mucho más de aquella hora en adelante.
Et vos, señor conde Lucanor, si sabedes que aquel homne que con vusco quiere guarecer es buen homne en si e podedes dél bién fiar, cuanto por lo que vos dicen que fizo algunas cosas sin razón, non lo debedes por eso partir de vuestra compañía; ca por aventura aquello que los homnes cuidan que fué sin razón non lo vieron nin fué ansí, como cuidó el rey don Fernando de lo de don Lorenzo Suarez Gallinato que ficiera desaguisado en matar un clérigo fasta que supo la razón dello. E asi podemos decir que don Lorenzo Suares fizo el mejor fecho del mundo. Mas si vos sopiésedes que lo que él fizo es tan mal fecho, faredes bien de lo non querer en vuestra compañía.
E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo e fízolo ansí et fallose ende bien.
E entendió don Juan que este enjemplo, que era muy bueno e fízolo escribir en este libro e fizo estos viesos que dicen así:
Muchas cosas parescen sin razón,Et qui las sabe, en si buenas son[32].
Muchas cosas parescen sin razón,Et qui las sabe, en si buenas son[32].
Muchas cosas parescen sin razón,Et qui las sabe, en si buenas son[32].
Muchas cosas parescen sin razón,
Et qui las sabe, en si buenas son[32].
[32]Falta de este apólogo una hoja en el códice S-34; algún escrupuloso no quiso se conservase memoria del sacrílego clérigo de Granada muerto por don Lorenzo Suárez Gallinato. (Vid.Revista Española de Ambos Mundos, 1854, t. II, pág. 402, por P. Gayangos.)
[32]Falta de este apólogo una hoja en el códice S-34; algún escrupuloso no quiso se conservase memoria del sacrílego clérigo de Granada muerto por don Lorenzo Suárez Gallinato. (Vid.Revista Española de Ambos Mundos, 1854, t. II, pág. 402, por P. Gayangos.)