CLXXX.

CLXXX.

»Sí, que en vosotras el imperio sientoDel magnánimo Jove! ¿El precio es éseDe mi virginidad? ¿Qué á mi contentoPresta eterno vivir? ¡Nunca él hubieseDe la ley del comun fenecimientoExentado mi sér! Mortal yo fuese,Fin diera á mi penar, y huyendo hariaA la fraterna sombra compañía!

»Sí, que en vosotras el imperio sientoDel magnánimo Jove! ¿El precio es éseDe mi virginidad? ¿Qué á mi contentoPresta eterno vivir? ¡Nunca él hubieseDe la ley del comun fenecimientoExentado mi sér! Mortal yo fuese,Fin diera á mi penar, y huyendo hariaA la fraterna sombra compañía!

»Sí, que en vosotras el imperio sientoDel magnánimo Jove! ¿El precio es éseDe mi virginidad? ¿Qué á mi contentoPresta eterno vivir? ¡Nunca él hubieseDe la ley del comun fenecimientoExentado mi sér! Mortal yo fuese,Fin diera á mi penar, y huyendo hariaA la fraterna sombra compañía!

»Sí, que en vosotras el imperio siento

Del magnánimo Jove! ¿El precio es ése

De mi virginidad? ¿Qué á mi contento

Presta eterno vivir? ¡Nunca él hubiese

De la ley del comun fenecimiento

Exentado mi sér! Mortal yo fuese,

Fin diera á mi penar, y huyendo haria

A la fraterna sombra compañía!

»¡Héme ahora inmortal! ¡Oh hermano mio!¿Qué habrá sin tí que enojos no me sea?¿Y dónde mi doliente desvaríoAbismo tan profundo cual deseaQue me trague hallará, y en el umbríoReino sepulte á esta infelice dea?»Dice, y llora, y cubierta un glauco velo,En hondas linfas escondió su duelo.

»¡Héme ahora inmortal! ¡Oh hermano mio!¿Qué habrá sin tí que enojos no me sea?¿Y dónde mi doliente desvaríoAbismo tan profundo cual deseaQue me trague hallará, y en el umbríoReino sepulte á esta infelice dea?»Dice, y llora, y cubierta un glauco velo,En hondas linfas escondió su duelo.

»¡Héme ahora inmortal! ¡Oh hermano mio!¿Qué habrá sin tí que enojos no me sea?¿Y dónde mi doliente desvaríoAbismo tan profundo cual deseaQue me trague hallará, y en el umbríoReino sepulte á esta infelice dea?»Dice, y llora, y cubierta un glauco velo,En hondas linfas escondió su duelo.

»¡Héme ahora inmortal! ¡Oh hermano mio!

¿Qué habrá sin tí que enojos no me sea?

¿Y dónde mi doliente desvarío

Abismo tan profundo cual desea

Que me trague hallará, y en el umbrío

Reino sepulte á esta infelice dea?»

Dice, y llora, y cubierta un glauco velo,

En hondas linfas escondió su duelo.

Enéas entretanto con la grandeArbórea lanza á su contrario acosa;Hace el hierro brillar miéntras la blande,Y habla; en su voz la indignacion rebosa:«¡Qué! ¿y será que tu planta se desmande,Turno, á nueva tardanza vergonzosa?Con bravas armas ya, no en triste huida,Brazo á brazo el combate se decida!...

Enéas entretanto con la grandeArbórea lanza á su contrario acosa;Hace el hierro brillar miéntras la blande,Y habla; en su voz la indignacion rebosa:«¡Qué! ¿y será que tu planta se desmande,Turno, á nueva tardanza vergonzosa?Con bravas armas ya, no en triste huida,Brazo á brazo el combate se decida!...

Enéas entretanto con la grandeArbórea lanza á su contrario acosa;Hace el hierro brillar miéntras la blande,Y habla; en su voz la indignacion rebosa:«¡Qué! ¿y será que tu planta se desmande,Turno, á nueva tardanza vergonzosa?Con bravas armas ya, no en triste huida,Brazo á brazo el combate se decida!...

Enéas entretanto con la grande

Arbórea lanza á su contrario acosa;

Hace el hierro brillar miéntras la blande,

Y habla; en su voz la indignacion rebosa:

«¡Qué! ¿y será que tu planta se desmande,

Turno, á nueva tardanza vergonzosa?

Con bravas armas ya, no en triste huida,

Brazo á brazo el combate se decida!...

»¡Vé, toma formas mil! Cuantos el arte,Cuantos recursos la pujanza encierra,Ensaya: vuela al cielo á refugiarte,O en los cóncavos senos de la tierra!...»Sacude la cabeza, y «No, no es parteTu ira á aterrarme, ¡oh bárbaro! me aterra,»Turno dice, «la cólera divina;Júpiter, sí, que labra mi rüina.»

»¡Vé, toma formas mil! Cuantos el arte,Cuantos recursos la pujanza encierra,Ensaya: vuela al cielo á refugiarte,O en los cóncavos senos de la tierra!...»Sacude la cabeza, y «No, no es parteTu ira á aterrarme, ¡oh bárbaro! me aterra,»Turno dice, «la cólera divina;Júpiter, sí, que labra mi rüina.»

»¡Vé, toma formas mil! Cuantos el arte,Cuantos recursos la pujanza encierra,Ensaya: vuela al cielo á refugiarte,O en los cóncavos senos de la tierra!...»Sacude la cabeza, y «No, no es parteTu ira á aterrarme, ¡oh bárbaro! me aterra,»Turno dice, «la cólera divina;Júpiter, sí, que labra mi rüina.»

»¡Vé, toma formas mil! Cuantos el arte,

Cuantos recursos la pujanza encierra,

Ensaya: vuela al cielo á refugiarte,

O en los cóncavos senos de la tierra!...»

Sacude la cabeza, y «No, no es parte

Tu ira á aterrarme, ¡oh bárbaro! me aterra,»

Turno dice, «la cólera divina;

Júpiter, sí, que labra mi rüina.»

Más no dijo; y rodando la miradaSobre el campo, una piedra vido ingente,Ingente, antigua piedra, colocadaPorque allí señalase permanenteLa linde de dos predios disputada.Cargaran peso tan difícilmente,Tendiendo fuertes cuellos á porfía,Doce hombres de los que hoy la tierra cria.

Más no dijo; y rodando la miradaSobre el campo, una piedra vido ingente,Ingente, antigua piedra, colocadaPorque allí señalase permanenteLa linde de dos predios disputada.Cargaran peso tan difícilmente,Tendiendo fuertes cuellos á porfía,Doce hombres de los que hoy la tierra cria.

Más no dijo; y rodando la miradaSobre el campo, una piedra vido ingente,Ingente, antigua piedra, colocadaPorque allí señalase permanenteLa linde de dos predios disputada.Cargaran peso tan difícilmente,Tendiendo fuertes cuellos á porfía,Doce hombres de los que hoy la tierra cria.

Más no dijo; y rodando la mirada

Sobre el campo, una piedra vido ingente,

Ingente, antigua piedra, colocada

Porque allí señalase permanente

La linde de dos predios disputada.

Cargaran peso tan difícilmente,

Tendiendo fuertes cuellos á porfía,

Doce hombres de los que hoy la tierra cria.

Arrebata el pedron con mano prestaTurno, y con él, cuanto en sus fuerzas cabe,Empínase, y veloz corre, y lo asesta.Turbado el héroe, que acudió no sabe,Ni que asió del peñasco, ni que enhiestaMueve su mano aquella mole grave;¡Ay de él! á sus rodillas falta brío,Cuaja su sangre de la muerte el frio.

Arrebata el pedron con mano prestaTurno, y con él, cuanto en sus fuerzas cabe,Empínase, y veloz corre, y lo asesta.Turbado el héroe, que acudió no sabe,Ni que asió del peñasco, ni que enhiestaMueve su mano aquella mole grave;¡Ay de él! á sus rodillas falta brío,Cuaja su sangre de la muerte el frio.

Arrebata el pedron con mano prestaTurno, y con él, cuanto en sus fuerzas cabe,Empínase, y veloz corre, y lo asesta.Turbado el héroe, que acudió no sabe,Ni que asió del peñasco, ni que enhiestaMueve su mano aquella mole grave;¡Ay de él! á sus rodillas falta brío,Cuaja su sangre de la muerte el frio.

Arrebata el pedron con mano presta

Turno, y con él, cuanto en sus fuerzas cabe,

Empínase, y veloz corre, y lo asesta.

Turbado el héroe, que acudió no sabe,

Ni que asió del peñasco, ni que enhiesta

Mueve su mano aquella mole grave;

¡Ay de él! á sus rodillas falta brío,

Cuaja su sangre de la muerte el frio.

Arrojado del brazo prepotente,Rodando el risco en la region vacía,No completó su giro, inobedienteAl recibido impulso que lo guia.Y cual finge terrores el durmienteEn el regazo de la noche umbría,Por lánguido sopor ligado, y sueñaQue ansiosa fuga en alargar se empeña,

Arrojado del brazo prepotente,Rodando el risco en la region vacía,No completó su giro, inobedienteAl recibido impulso que lo guia.Y cual finge terrores el durmienteEn el regazo de la noche umbría,Por lánguido sopor ligado, y sueñaQue ansiosa fuga en alargar se empeña,

Arrojado del brazo prepotente,Rodando el risco en la region vacía,No completó su giro, inobedienteAl recibido impulso que lo guia.Y cual finge terrores el durmienteEn el regazo de la noche umbría,Por lánguido sopor ligado, y sueñaQue ansiosa fuga en alargar se empeña,

Arrojado del brazo prepotente,

Rodando el risco en la region vacía,

No completó su giro, inobediente

Al recibido impulso que lo guia.

Y cual finge terrores el durmiente

En el regazo de la noche umbría,

Por lánguido sopor ligado, y sueña

Que ansiosa fuga en alargar se empeña,

Y siente en sus conatos que desmaya,Del antiguo vigor privado, y yertaLa lengua en vano desatar ensaya,Y voz ni grito á producir acierta;Por dondequiera, así, que Turno vayaA entrar brioso en la que senda abiertaHa imaginado, allí la Diosa duraEl éxito á estorbarle se apresura.

Y siente en sus conatos que desmaya,Del antiguo vigor privado, y yertaLa lengua en vano desatar ensaya,Y voz ni grito á producir acierta;Por dondequiera, así, que Turno vayaA entrar brioso en la que senda abiertaHa imaginado, allí la Diosa duraEl éxito á estorbarle se apresura.

Y siente en sus conatos que desmaya,Del antiguo vigor privado, y yertaLa lengua en vano desatar ensaya,Y voz ni grito á producir acierta;Por dondequiera, así, que Turno vayaA entrar brioso en la que senda abiertaHa imaginado, allí la Diosa duraEl éxito á estorbarle se apresura.

Y siente en sus conatos que desmaya,

Del antiguo vigor privado, y yerta

La lengua en vano desatar ensaya,

Y voz ni grito á producir acierta;

Por dondequiera, así, que Turno vaya

A entrar brioso en la que senda abierta

Ha imaginado, allí la Diosa dura

El éxito á estorbarle se apresura.

Ya naufraga en angustias su esperanza:Ha tornado á los Rútulos la vistaY á la ciudad; mas la apremiante lanzaEl pié le ataja, el ánimo le atrista:Ni con qué traza escape se le alcanza,Ni por cuál modo al enemigo embista;Rastrea en torno, y su ojeada es vana,Que ni el carro aparece ni la hermana.

Ya naufraga en angustias su esperanza:Ha tornado á los Rútulos la vistaY á la ciudad; mas la apremiante lanzaEl pié le ataja, el ánimo le atrista:Ni con qué traza escape se le alcanza,Ni por cuál modo al enemigo embista;Rastrea en torno, y su ojeada es vana,Que ni el carro aparece ni la hermana.

Ya naufraga en angustias su esperanza:Ha tornado á los Rútulos la vistaY á la ciudad; mas la apremiante lanzaEl pié le ataja, el ánimo le atrista:Ni con qué traza escape se le alcanza,Ni por cuál modo al enemigo embista;Rastrea en torno, y su ojeada es vana,Que ni el carro aparece ni la hermana.

Ya naufraga en angustias su esperanza:

Ha tornado á los Rútulos la vista

Y á la ciudad; mas la apremiante lanza

El pié le ataja, el ánimo le atrista:

Ni con qué traza escape se le alcanza,

Ni por cuál modo al enemigo embista;

Rastrea en torno, y su ojeada es vana,

Que ni el carro aparece ni la hermana.

Dudar ve á Turno, y su asta fulminanteVibra Enéas, propicio punto cataCon los ojos, y arrójala distante,Y entero en ella su poder desata.No con ímpetu suele semejantePiedra que de ballesta se arrebataTerrífica zumbar; ni así, encendido,Estalla el rayo en hórrido estampido

Dudar ve á Turno, y su asta fulminanteVibra Enéas, propicio punto cataCon los ojos, y arrójala distante,Y entero en ella su poder desata.No con ímpetu suele semejantePiedra que de ballesta se arrebataTerrífica zumbar; ni así, encendido,Estalla el rayo en hórrido estampido

Dudar ve á Turno, y su asta fulminanteVibra Enéas, propicio punto cataCon los ojos, y arrójala distante,Y entero en ella su poder desata.No con ímpetu suele semejantePiedra que de ballesta se arrebataTerrífica zumbar; ni así, encendido,Estalla el rayo en hórrido estampido

Dudar ve á Turno, y su asta fulminante

Vibra Enéas, propicio punto cata

Con los ojos, y arrójala distante,

Y entero en ella su poder desata.

No con ímpetu suele semejante

Piedra que de ballesta se arrebata

Terrífica zumbar; ni así, encendido,

Estalla el rayo en hórrido estampido

Fiero estrago llevando, el hierro crudoVuela á guisa de negro torbellino,Y por lo bajo rompe del escudoHasta el séptimo cerco diamantino,Y el halda abriendo á la loriga, pudoCrujiente en medio al muslo hacer camino.Al fiero golpe, que de accion le priva,Turno enorme de hinojos se derriba.

Fiero estrago llevando, el hierro crudoVuela á guisa de negro torbellino,Y por lo bajo rompe del escudoHasta el séptimo cerco diamantino,Y el halda abriendo á la loriga, pudoCrujiente en medio al muslo hacer camino.Al fiero golpe, que de accion le priva,Turno enorme de hinojos se derriba.

Fiero estrago llevando, el hierro crudoVuela á guisa de negro torbellino,Y por lo bajo rompe del escudoHasta el séptimo cerco diamantino,Y el halda abriendo á la loriga, pudoCrujiente en medio al muslo hacer camino.Al fiero golpe, que de accion le priva,Turno enorme de hinojos se derriba.

Fiero estrago llevando, el hierro crudo

Vuela á guisa de negro torbellino,

Y por lo bajo rompe del escudo

Hasta el séptimo cerco diamantino,

Y el halda abriendo á la loriga, pudo

Crujiente en medio al muslo hacer camino.

Al fiero golpe, que de accion le priva,

Turno enorme de hinojos se derriba.

Alzándose, en doliente vocería,Los Rútulos prorumpen; gime el viento,Y tiembla en torno el monte, y á porfíaVuelven los altos bosques el lamento.Él, hincado, la diestra dirigiaY miradas de humilde sentimientoA Enéas: «He mi suerte merecido,Y nada,» exclama, «para mí te pido.

Alzándose, en doliente vocería,Los Rútulos prorumpen; gime el viento,Y tiembla en torno el monte, y á porfíaVuelven los altos bosques el lamento.Él, hincado, la diestra dirigiaY miradas de humilde sentimientoA Enéas: «He mi suerte merecido,Y nada,» exclama, «para mí te pido.

Alzándose, en doliente vocería,Los Rútulos prorumpen; gime el viento,Y tiembla en torno el monte, y á porfíaVuelven los altos bosques el lamento.Él, hincado, la diestra dirigiaY miradas de humilde sentimientoA Enéas: «He mi suerte merecido,Y nada,» exclama, «para mí te pido.

Alzándose, en doliente vocería,

Los Rútulos prorumpen; gime el viento,

Y tiembla en torno el monte, y á porfía

Vuelven los altos bosques el lamento.

Él, hincado, la diestra dirigia

Y miradas de humilde sentimiento

A Enéas: «He mi suerte merecido,

Y nada,» exclama, «para mí te pido.

»¡Venciste! todo en mí te pertenece;Me han visto los Ausonios prosternadoTender las palmas. Si piedad mereceUn padre (fuélo Anquíses) desdichado,La ancianidad de Dauno compadece,Y vivo, ó muerto, cual te venga en grado,Este hijo tu piedad le restituya.¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»

»¡Venciste! todo en mí te pertenece;Me han visto los Ausonios prosternadoTender las palmas. Si piedad mereceUn padre (fuélo Anquíses) desdichado,La ancianidad de Dauno compadece,Y vivo, ó muerto, cual te venga en grado,Este hijo tu piedad le restituya.¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»

»¡Venciste! todo en mí te pertenece;Me han visto los Ausonios prosternadoTender las palmas. Si piedad mereceUn padre (fuélo Anquíses) desdichado,La ancianidad de Dauno compadece,Y vivo, ó muerto, cual te venga en grado,Este hijo tu piedad le restituya.¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»

»¡Venciste! todo en mí te pertenece;

Me han visto los Ausonios prosternado

Tender las palmas. Si piedad merece

Un padre (fuélo Anquíses) desdichado,

La ancianidad de Dauno compadece,

Y vivo, ó muerto, cual te venga en grado,

Este hijo tu piedad le restituya.

¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»

Paróse armado el héroe encrudecido,Y revolviendo los ardientes ojosLa diestra reprimió: ya del rendidoEl discurso amansaba sus enojos,Cuando el infausto talabarte vidoDe Palante asomar, ricos despojosQue echó sobre sus hombros Turno ufano,Muerto el mancebo, y con sangrienta mano.

Paróse armado el héroe encrudecido,Y revolviendo los ardientes ojosLa diestra reprimió: ya del rendidoEl discurso amansaba sus enojos,Cuando el infausto talabarte vidoDe Palante asomar, ricos despojosQue echó sobre sus hombros Turno ufano,Muerto el mancebo, y con sangrienta mano.

Paróse armado el héroe encrudecido,Y revolviendo los ardientes ojosLa diestra reprimió: ya del rendidoEl discurso amansaba sus enojos,Cuando el infausto talabarte vidoDe Palante asomar, ricos despojosQue echó sobre sus hombros Turno ufano,Muerto el mancebo, y con sangrienta mano.

Paróse armado el héroe encrudecido,

Y revolviendo los ardientes ojos

La diestra reprimió: ya del rendido

El discurso amansaba sus enojos,

Cuando el infausto talabarte vido

De Palante asomar, ricos despojos

Que echó sobre sus hombros Turno ufano,

Muerto el mancebo, y con sangrienta mano.

Han resaltado las que el cinto llevaLucientes inequívocas labores.Conforme Enéas las miradas cebaEn aquel monumento de doloresInsanables, la colera renueva,Y clama así, terrible en sus furores:«¿Con tan queridas prendas te atavías,Y escapar de mis manos presumias?

Han resaltado las que el cinto llevaLucientes inequívocas labores.Conforme Enéas las miradas cebaEn aquel monumento de doloresInsanables, la colera renueva,Y clama así, terrible en sus furores:«¿Con tan queridas prendas te atavías,Y escapar de mis manos presumias?

Han resaltado las que el cinto llevaLucientes inequívocas labores.Conforme Enéas las miradas cebaEn aquel monumento de doloresInsanables, la colera renueva,Y clama así, terrible en sus furores:«¿Con tan queridas prendas te atavías,Y escapar de mis manos presumias?

Han resaltado las que el cinto lleva

Lucientes inequívocas labores.

Conforme Enéas las miradas ceba

En aquel monumento de dolores

Insanables, la colera renueva,

Y clama así, terrible en sus furores:

«¿Con tan queridas prendas te atavías,

Y escapar de mis manos presumias?

»Palante es quien te hiere; sí, PalanteQuien te inmola, y se venga en tu culpadaSangre!» Dice, y al pecho que delanteTiene, encamina la fulmínea espadaEnardecido. Turno en ese instanteA manos siente de la muerte heladaSus miembros desatarse, y gemebundoSu espíritu indignado huye al profundo.

»Palante es quien te hiere; sí, PalanteQuien te inmola, y se venga en tu culpadaSangre!» Dice, y al pecho que delanteTiene, encamina la fulmínea espadaEnardecido. Turno en ese instanteA manos siente de la muerte heladaSus miembros desatarse, y gemebundoSu espíritu indignado huye al profundo.

»Palante es quien te hiere; sí, PalanteQuien te inmola, y se venga en tu culpadaSangre!» Dice, y al pecho que delanteTiene, encamina la fulmínea espadaEnardecido. Turno en ese instanteA manos siente de la muerte heladaSus miembros desatarse, y gemebundoSu espíritu indignado huye al profundo.

»Palante es quien te hiere; sí, Palante

Quien te inmola, y se venga en tu culpada

Sangre!» Dice, y al pecho que delante

Tiene, encamina la fulmínea espada

Enardecido. Turno en ese instante

A manos siente de la muerte helada

Sus miembros desatarse, y gemebundo

Su espíritu indignado huye al profundo.

FIN DE LA ENEIDA.

NOTAS:[1]Pongo el registro de los principios del códice sevillano:Folio 12, libro II: «Despues desto dicho callaron todos, é estuvieron atentos catando á Eneas, por oyr lo que avie de contar...» Folio 40, libro III: «Despues que á los Dioses plogo las cosas de Asia...» Folio 63, vuelto. «O cuanto fué pagada la reyna Dido de la narracion de Eneas... De antes ferida de amoroso fuego.» Folio 87 vuelto, libro V: «Partiendo Eneas de los mares de Cartago, estando en medio de la flota...» Fol. 115. libro VI: «Despues que Eneas las precedentes dijo palabras...»[2]Ensayo de una biblioteca de traductores españoles, páginas 67 y 71.[3]Vid. Clemencin,Elogio, etc. pág. 45.[4]La descripcion detallada de los códices de Madrid, Sevilla y París puede verse en mi inédita Biblioteca de Traductores. El primero que menciona lasglossas de D. Enrique sobre Virgilioes Fernán Mejía en elNoviliario Vero. Cita la trad. Tamayo de Várgas en la carta preliminar alPliniode Jerónimo Huerta. Vid. además N. Antonio, Sarmiento (Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles), Mayans (Vida de Virgilio), Pellicer, Amador de los Rios, Ochoa (Catálogo de los ms. de París), y D. Menéndez Rayon en un art. deLa Reforma.[5]Ensayo de una biblioteca española, col. 648.[6]Catálogo del teatro, pág. 283.[7]Todas las obras de P. Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana. 1778, Valencia, librería de los Orgas.[8]El libro I de laEneidatiene 756 versos, el II 804, el III 718.[9]Tengo á la vista su partida de defuncion, que me ha facilitado D. Fermin Canella y Secades, catedrático de la Universidad de Oviedo.[10]América Poética.Valparaiso, 1846. pág. 797.[11]Noticia que con otras muchas no ménos curiosas me ha comunicado en carta particular el Sr. Caro, refiriéndose á otra del argentino Sr. Gutierrez, fechada en Noviembre de 1874. Añade el Sr. Caro que hasta ahora no ha podido hallar los números de laRevista del Plata, á que la carta alude.[12]Puede verse un extenso juicio de las traducciones de Leonél da Costa en el tomo VI delEnsaio biographico critico sobre os melhores poetas portuguezespor José M. da Costa e Silva, pág. 154 y siguientes. Costa e Silva no conoció laEneida.[13]Vid. Costa e Silva, tomo V, pp. 267 y ss. donde juzga y extracta esta version.[14]Vide Costa e SilvaEnsaio biographico, tomo VI pp. 325 á 363.

NOTAS:

[1]Pongo el registro de los principios del códice sevillano:Folio 12, libro II: «Despues desto dicho callaron todos, é estuvieron atentos catando á Eneas, por oyr lo que avie de contar...» Folio 40, libro III: «Despues que á los Dioses plogo las cosas de Asia...» Folio 63, vuelto. «O cuanto fué pagada la reyna Dido de la narracion de Eneas... De antes ferida de amoroso fuego.» Folio 87 vuelto, libro V: «Partiendo Eneas de los mares de Cartago, estando en medio de la flota...» Fol. 115. libro VI: «Despues que Eneas las precedentes dijo palabras...»

[1]Pongo el registro de los principios del códice sevillano:

Folio 12, libro II: «Despues desto dicho callaron todos, é estuvieron atentos catando á Eneas, por oyr lo que avie de contar...» Folio 40, libro III: «Despues que á los Dioses plogo las cosas de Asia...» Folio 63, vuelto. «O cuanto fué pagada la reyna Dido de la narracion de Eneas... De antes ferida de amoroso fuego.» Folio 87 vuelto, libro V: «Partiendo Eneas de los mares de Cartago, estando en medio de la flota...» Fol. 115. libro VI: «Despues que Eneas las precedentes dijo palabras...»

[2]Ensayo de una biblioteca de traductores españoles, páginas 67 y 71.

[2]Ensayo de una biblioteca de traductores españoles, páginas 67 y 71.

[3]Vid. Clemencin,Elogio, etc. pág. 45.

[3]Vid. Clemencin,Elogio, etc. pág. 45.

[4]La descripcion detallada de los códices de Madrid, Sevilla y París puede verse en mi inédita Biblioteca de Traductores. El primero que menciona lasglossas de D. Enrique sobre Virgilioes Fernán Mejía en elNoviliario Vero. Cita la trad. Tamayo de Várgas en la carta preliminar alPliniode Jerónimo Huerta. Vid. además N. Antonio, Sarmiento (Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles), Mayans (Vida de Virgilio), Pellicer, Amador de los Rios, Ochoa (Catálogo de los ms. de París), y D. Menéndez Rayon en un art. deLa Reforma.

[4]La descripcion detallada de los códices de Madrid, Sevilla y París puede verse en mi inédita Biblioteca de Traductores. El primero que menciona lasglossas de D. Enrique sobre Virgilioes Fernán Mejía en elNoviliario Vero. Cita la trad. Tamayo de Várgas en la carta preliminar alPliniode Jerónimo Huerta. Vid. además N. Antonio, Sarmiento (Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles), Mayans (Vida de Virgilio), Pellicer, Amador de los Rios, Ochoa (Catálogo de los ms. de París), y D. Menéndez Rayon en un art. deLa Reforma.

[5]Ensayo de una biblioteca española, col. 648.

[5]Ensayo de una biblioteca española, col. 648.

[6]Catálogo del teatro, pág. 283.

[6]Catálogo del teatro, pág. 283.

[7]Todas las obras de P. Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana. 1778, Valencia, librería de los Orgas.

[7]Todas las obras de P. Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana. 1778, Valencia, librería de los Orgas.

[8]El libro I de laEneidatiene 756 versos, el II 804, el III 718.

[8]El libro I de laEneidatiene 756 versos, el II 804, el III 718.

[9]Tengo á la vista su partida de defuncion, que me ha facilitado D. Fermin Canella y Secades, catedrático de la Universidad de Oviedo.

[9]Tengo á la vista su partida de defuncion, que me ha facilitado D. Fermin Canella y Secades, catedrático de la Universidad de Oviedo.

[10]América Poética.Valparaiso, 1846. pág. 797.

[10]América Poética.Valparaiso, 1846. pág. 797.

[11]Noticia que con otras muchas no ménos curiosas me ha comunicado en carta particular el Sr. Caro, refiriéndose á otra del argentino Sr. Gutierrez, fechada en Noviembre de 1874. Añade el Sr. Caro que hasta ahora no ha podido hallar los números de laRevista del Plata, á que la carta alude.

[11]Noticia que con otras muchas no ménos curiosas me ha comunicado en carta particular el Sr. Caro, refiriéndose á otra del argentino Sr. Gutierrez, fechada en Noviembre de 1874. Añade el Sr. Caro que hasta ahora no ha podido hallar los números de laRevista del Plata, á que la carta alude.

[12]Puede verse un extenso juicio de las traducciones de Leonél da Costa en el tomo VI delEnsaio biographico critico sobre os melhores poetas portuguezespor José M. da Costa e Silva, pág. 154 y siguientes. Costa e Silva no conoció laEneida.

[12]Puede verse un extenso juicio de las traducciones de Leonél da Costa en el tomo VI delEnsaio biographico critico sobre os melhores poetas portuguezespor José M. da Costa e Silva, pág. 154 y siguientes. Costa e Silva no conoció laEneida.

[13]Vid. Costa e Silva, tomo V, pp. 267 y ss. donde juzga y extracta esta version.

[13]Vid. Costa e Silva, tomo V, pp. 267 y ss. donde juzga y extracta esta version.

[14]Vide Costa e SilvaEnsaio biographico, tomo VI pp. 325 á 363.

[14]Vide Costa e SilvaEnsaio biographico, tomo VI pp. 325 á 363.


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