Chapter 4

Otro viajero, después de describir varias muestras de la industria creciente del lado americano, añade “el país que atravesamos (del lado canadiense) estaba muy avanzado en las cosechas, sin que se viesen señales de intentar recogerlas. Donde quiera que nos deteníamos para mudar caballos, nos asaltaban bandas de chicuelos vendiendo manzanas, y por la primera vez vimos de este lado algunosmendigos”. No hace mucho tiempo que una grande inmigración venida del Canadá volvió a emigrar a los Estados Unidos. Los caminos de hierro, como medio de riqueza y civilización, son comunes a la Europa y a los Estados Unidos, y como en ambos países datan de ayer solo, en ellos puede estudiarse el espíritu que preside a ambas sociedades. En Francia los trabajos de nivelación, como todo lo que constituye el ferrocarril, son cuidadosamente examinados por los ingenieros antes de ser entregados a la circulación; verjas de madera resguardan por ambos lados sus bordes; dobles líneas de rieles de hierro fundido facilitan el movimiento en opuestas dirección; si un camino vecinal atraviesael trayecto, fuertes puertas resguardan su entrada, cerrándose escrupulosamente un cuarto de hora antes que lleguen los vagones, a fin de evitar accidentes. De distancia en distancia, por toda la extensión del camino, están apostados centinelas que descubren el espacio y anuncian con banderolas de diversos colores si hay peligro u obstáculos que detengan el convoy, que no parte del desembarcadero sino cuatro minutos después que una falange de vigilantes se ha cerciorado de que todos los transeuntes ocupan sus lugares, las puertas están cerradas, y el camino expedito, y nadie cerca ni a una vara de distancia del paso del tren. Todo ha sido previsto, calculado, examinado, de manera de dormir tranquilo en aquella cárcel herméticamente cerrada. Veamos, ahora, lo que pasa en los Estados Unidos. El ferrocarril atraviesa leguas de bosques, primitivos, donde aún no se ha establecido morada humana. Como la empresa carece de fondos, los rieles son de madera, con una planchuela de fierro, que se desclava con frecuencia, y el ojo del maquinista escudriña incesantemente por temor de un desastre. Una sola línea basta para la ida y venida de los trenes, habiendo ojos de buey de distancia en distancia donde un tren de ida aguarda que pase por el costado opuesto el otro de vuelta. Un alma no hay que instruya de las accidentes ocurridos. El camino atraviesa las villas y los niños están en las puertas de sus casas o en medio del camino mismo atisbando el pasaje del tren para divertirse; el camino de hierro a más de calle es camino vecinal, y el viajero puede ver las gentes que se apartan lo bastante para dejarlo pasar, y continuar en seguida su marcha. En lugar de puertas en los caminos vecinales que atraviesa el ferrocarril, hay simplemente una tabla escrita que dicetengan cuidado con la campana cuando se acerque; jeroglífico que previene al carretero que lo abrirá en dos si se ha metido inprudentemente de por medio en el momento del pasaje del tren, que parte lentamente delembarcadero, y mientras va marchando saltan a bordo los pasajeros, descienden los vendedores de frutas y periódicos, y se pasean de un vagón a otro todos, por distraerse, por sentirse libres, aun en el rápido vuelo del vapor. Las vacas gustan de reposarse en el explayado del camino, y la locomotora norteamericana va precedida de una trompa triangular que tiene por caritativa misión arrojar a los costados a estas indiscretas criaturas que pueden ser molidas por las ruedas, y no es raro el caso de que algún muchacho dormido sea arrojado a cuatro varas por un trompazo de aquellos que salvándole la vida le rompen o dislocan un miembro. Los resultados físicos y morales de ambos sistemas son demasiado perceptibles. La Europa, con su antigua ciencia y sus riquezas acumuladas de siglos, no ha podido abrir la mitad de los caminos de hierro que facilitan el movimiento en Norteamérica. El europeo es un menor que está bajo la tutela protectora del estado; su instinto de conservación no es reputado suficiente preservativo; verjas, puertas, vigilantes, señales preventivas, inspección, seguros, todo se ha puesto en ejercicio para conservarle la vida; todo menos su razón, su discernimiento, su arrojo, su libertad; todo, menos su derecho de cuidarse a sí mismo, su intención y su voluntad. El yankee se guarda a sí mismo, y, si quiere matarse, nadie se lo estorbará; si se viene siguiendo el tren, por alcanzarlo, y si se atreve a dar un salto y cogerse de una barra, salvando las ruedas, dueño es de hacerlo; si el pilluelo vendedor de diarios, llevado por el deseo de expender un número más, ha dejado que el tren tome toda su carrera y salta en tierra, todos le aplaudirán la destreza con que cae parado, y sigue a pie su camino. He aquí como se forma el carácter de las naciones y como se usa de la libertad. Acaso hay un poco más de víctimas y de accidentes, pero hay en cambio hombres libres y no presos disciplinados, a quienes se les administra la vida. La palabrapasaportees desconocida enlos Estados, y el yankee que logra ver uno de estos protocolos europeos en que consta cada movimiento que ha hecho el viajero, lo muestra a los otros con señales de horror y de asco. El niño que quiere tomar el ferrocarril, el vapor o la barca del canal, la niña soltera que va a hacer una visita a doscientas leguas de distancia, no encontrarán jamás quién les pregunte con qué objeto, con qué permiso se alejan del hogar paterno. Usan de su libertad y de su derecho de moverse. De ahí nace que el niño yankee espanta al europeo por su desenvoltura, su prudencia cautelosa, su conocimiento de la vida a los diez años. ¿Cómo le va a usted en su negocio? , le preguntaba Arcos, mi compañero de viaje, a un listo muchachuelo que nos hacía el inventario comentado de los libros, periódicos y panfletos que se empeñaba en hacernos comprar. Va bien; hace tres años que gano mi vida en él y tengo ya 300 pesos guardados. Este año reuniré los quinientos que necesito para hacer compañía con Williams y poner una librería, y explotar todo el Estado. Este comerciante tenía de nueve a diez años. ¿Es usted propietario, preguntábamos a un mocetón que viajaba al Far-West? Sí; voy a comprar tierras; ¡tengo 600 pesos!

Al lado del trayecto del camino de hierro va el telégrafo eléctrico, que por ahorrar camino a veces, se separa de la vía ordinaria, se hunde en la espesura de los bosques y lleva a doscientas leguas las noticias más interesantes. Cuando en 1847 se hacían en Francia entre Ruan y París los primeros ensayos, la prensa anunciaba la existencia de 1.635 millas de telégrafos en los Estados Unidos; cuando yo llegué había 3.000 millas; y mientras atravesé el país que media entre Nueva York y Nueva Orleáns, se formó una asociación y se puso en actividad una línea entre la primera de aquellas ciudades y Montreal en el bajo Canadá, a donde había estado yo quince días antes. Hoy habrá 10.000 millas, y dentro de poquísimos años, medirán los telégrafos las mismas ochenta mil millas que recorre laposta. En Francia el telégrafo es para el uso del gobierno, es asunto de estado; en los Estados Unidos, es simple negocio de movimiento y actividad, y se le aceptarían correspondencias a la administración tan sólo porque paga el porte. ¿Puede llegar a más alto punto el extravío de las ideas, que hace que los liberales, los republicanos, consientan en Francia en este monopolio, y en carecer de los medios de comunicación más expeditos? En Harrisburg, población de 4.500 almas, el telégrafo eléctrico tenía empleo diario para traer apurado al encargado de servicio, mientras que en Francia, aún no había podido hacerse un miserable ensayo. Hago estas comparaciones para mostrar la diversa atmósfera en que se educa el pueblo y la energía moral y física que desenvuelve. En Francia hay tres categorías de vagones, en Inglaterra cuatro; la nobleza se mide por el dinero que puede pagar cada uno, y los empresarios para envilecer al hombre que paga poco, han acumulado comodidades y lujo en la 1.ª clase, y dejado tablas rasas, estrechas y duras para los de 3.ª. No sé por qué no han puesto púas en los asientos para mortificar al pobre. En los Estados Unidos el vagón es una sala de veinte varas de largo y espaciosa de ancho, con asientos de espalda movible, de manera de formar corrillo cuatro asientos, volviéndose dos a opuesto lado, con una callejuela de por medio para facilitar el movimiento, y abiertos los vagones por ambos lados, de manera que el curioso pueda trasladarse del primero al último, durante la marcha, y el aire penetre libremente por todas partes. Las comodidades y los cojines son excelentes e iguales, y por tanto el precio del pasaje es el mismo para todos. Me han mostrado a mi lado el gobernador de un Estado, y las callosidades de las manos de mi otro vecino me revelaban en él un rudo leñador. Así se educa el sentimiento de la igualdad, por el respeto al hombre. La aristocracia veneciana estableció la igualdad en la adusta pobreza de las góndolas por no herir la envidia de los nobles pobres; la democracia de Norte América ha distribuído elcomforty el lujo igualmente en todos los vagones para alentar y honrar la pobreza. Estos solos hechos bastan para medir lalibertad y el espíritu de ambas naciones. ElTimesdecía una vez que si la Francia hubiese abolido el pasaporte, habría hecho más progresos en la libertad que no los ha hecho con medio siglo de revoluciones y sus avanzadas teorías sociales, y en los Estados Unidos pueden estudiarse los efectos.

He aquí un débil cuadro del espectáculo de la libertad en Norte América. En medio de las ciudades el hombre se cría salvaje, si es posible decirlo; la mujer de cualquiera condición que sea, vaga sola por las calles y los caminos desde la edad de doce años,flirteahasta los quince, se casa con quien quiere, viaja y se sepulta en el nuevo hogar a preparar la familia; el niño acude desde temprano a las escuelas, se familiariza con los libros y las ideas de los hombres; es el mismo hombre hecho a los quince años, y desde entonces toda tutela desaparece a su vista. No ha visto soldados, no conoce gendarmes; el motín de las calles lo divierte, lo exalta y lo educa; sus pasiones se desenvuelven en toda su lozanía y vigor; tiene una profesión y se casa a los veinte años, seguro de sí mismo y de su porvenir. El progreso general de la Unión lo arrastrará en despecho suyo y avanzará sus negocios propios. Y entonces, ¡cuántos sueños grandiosos agitan para llegar a la fortuna! ¿Es artesano? Una grande asociación, una fábrica para cubrir los estados con los productos de su arte, o bien un invento europeo aún no introducido en el país, o una mejora sobre los aparatos conocidos o una invención nueva, porque nada arredra hoy al yankee. Largo tiempo he creído que el patrimonio norteamericano era y sería por muchos años apropiarse, apoderarse de los progresos de la inteligencia humana. La ciencia europea inventa, y la práctica americana populariza la cocina económica, el arado Durand, la locomotora, el telégrafo. Nada más natural, y sin embargo, nada hay menos exacto. Los datos estadísticos colectados en estos últimos años, muestran que diez partes de los inventos y mejoras adoptados en Inglaterra son de origen norteamericano. Han modificado la máquina de vapor; mejorado la quilla del buque; perfeccionado el vagón, a punto de exportarse estos artículos para la Europa misma, y preferirseen Rusia y otros puntos los empresarios y artífices americanos para todo lo que constituye la viabilidad. El puente yankee de madera, que a veces atraviesa doce cuadras en un río y soporta los trenes cargados de productos agrícolas, sobre pedestales y armazón al parecer deleznable, es, sin embargo, el fruto del más profundo estudio de las leyes de la gravitación, de la repercusión, elasticidad y equilibrio de las fuerzas combinadas. El artífice yankee posee ya el puente reducido a arte mecánica, y lo alza donde quiera a prueba de torrentes, huracanes y pesos enormes. La mitad de los aparatos de labranza son invención de su ingenio, y el molino de vapor, como la barrica en que envasija las harinas, son la obra de sus fábricas y de sus combinaciones para producir inmensos resultados con limitadísimos medios.

Pero donde más brilla la capacidad de desenvolvimiento del norteamericano, es en la posesión de la tierra que va a ser el plantel de una nueva familia. En medio de la civilización más avanzada, los hijos de Noé se reparten la tierra despoblada, o los Nemrod echan los fundamentos de una Babilonia. Dejo a un lado los que siguen el paso ordinario de las sociedades que se dilatan, agregando a la villa naciente una casa nueva, a la heredad labrada nuevos campos rosados.

El Estado es el depositario fiel del gran caudal de tierras que pertenecen a la federación, y para administrar a cada uno su parte de propiedad, no consiente ni intermediarios especuladores, ni oscilaciones de precios que cierren la puerta de la adquisición a las pequeñas fortunas. La tierra vale diez reales el acre; y este dato es el punto de partida para el futuro propietario. Hay un procedimiento en la distribución de las tierras de cuya simétrica belleza sólo Dios puede darse de antemano cuenta.

El Estado manda sus ingenieros a delinear las tierras vendibles, tomando por base de la mensura un meridiano del cielo. Si a cien leguas de distancia al sur o al norte ha de medirse otra porción de tierra, los ingenieros buscarán el mismo meridiano, para que un día, dentro de dos siglos quizásaparezcan completas y sin interrupción aquellas líneas que han venido dividiendo el continente en zonas, cual si fuera una pequeña heredad. Esta agrimensura rectilínea es privativa del genio americano. La propiedad en la provincia de Buenos Aires, en aquella pampa lisa como la mesa del geómetra, fué forzada por el genio de Rivadavia a encuadrarse en paralelógramos, triángulos y figuras de fácil conmensuración, de manera que se reprodujesen sin esfuerzo en el mapa que daba el departamento topográfico cada diez años, pudiendo por la comparación de las varias ediciones, estudiarse a vista de ojo el movimiento de la propiedad, buscando un término medio de extensión, subdividiéndose por las particiones entre herederos las grandes propiedades, acumulándose las pequeñas, por la necesidad de apropiarlas a la cría del ganado.

El error fatal de la colonización española en la América del Sur, la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las tierras. En Chile se hicieron concesiones de grandes lotes entre los conquistadores, medidos de cerro a cerro, y desde la margen de un río hasta la orilla de un arroyo. Se fundaron condados entre los capitanes, y a la sombra de sus techos improvisados, debieron asilarse los soldados, padres del inquilino, este labrador sin tierra, que crece y se multiplica sin aumentar el número de edificios. El prurito de ocupar tierras en nombre del rey hizo apoderarse de comarcas enteras, distanciándose los propietarios, que en tres siglos no han alcanzado a desmontar la tierra intermediaria. La ciudad por tanto quedaba en este vasto plan suprimida, y las pocas aldeas de nueva creación después de la conquista han sidodecretadaspor los presidentes, contándose cien por lo menos en Chile de este origen oficial y ficticio. Ved cómo procede el norteamericano, recién llamado en el siglo XIX a conquistar su pedazo de mundo para vivir, porque el gobierno ha cuidado de dejar a todas las generaciones sucesivas su parte de tierra. La conscripción de jóvenes aspirantes a la propiedad se apiña todos los años en torno del martillo en que se venden las tierraspúblicas, y con su lote numerado parte a tomar posesión de su propiedad, esperando que los títulos en forma le vengan más tarde de las oficinas de Wáshington. Los más enérgicos yankees, los misántropos, los selváticos, lossquatters, en fin, obran de una manera más romanesca, más poética o más primitiva. Armados de su rifle se enmarañan en las soledades vírgenes, matan por pasatiempo ardillas que triscan con su movilidad incansable entre las ramas de los árboles; una bala certera vuela al firmamento a precipitar un águila que cernía sus alas majestuosamente sobre la verdinegra superficie que forman las copas de los árboles; el hacha, su compañera fiel, cuando no fuere más que por ejercitar las fuerzas, ha de echar cedros o robles al suelo. En estas correrías vagabundas, el plantador indisciplinado busca un terreno fértil, un punto de vista pintoresco, la margen de un río navegable, y cuando se ha decidido en su elección, como en las épocas primitivas del globo, dice esto es mío, y sin otra diligencia toma posesión de la tierra en nombre del rey del mundo, que es el trabajo y la voluntad. Si algún día llega hasta el límite que él ha trazado a su propiedad la mensura de las tierras del Estado, la venta en almoneda sólo servirá para decirle lo qué debe por lo que ha cultivado, según el precio a que se vendan los adyacentes campos incultos; y no es raro que este carácter indómito, insocial, alcanzado por las poblaciones que vienen avanzando sobre el desierto, venda su quinta y se aleje con su familia, sus bueyes y caballos, buscando la apetecida soledad de los bosques. El yankee ha nacido irrevocablemente propietario; si nada posee ni poseyó jamás, no dice que es pobre, sino que está pobre; los negocios van mal; el país va en decadencia; y entonces los bosques primitivos se presentan a su imaginación, obscuros, solitarios, apartados, y en el centro de ellos, a la orilla de algún río desconocido, ve su futura mansión, el humo de las chimeneas, los bueyes que vuelven con tardo paso al caer de la tarde al redil, la dicha, en fin la propiedad que le pertenece. Desde entonces no habla ya de otra cosa que de ir a poblar, a ocupar tierras nuevas. Sus vigilias las pasa sobre la carta geográfica,computando las jornadas, trazándose un camino para la carreta; y en el diario no busca sino el anuncio de venta de terrenos del Estado, o la ciudad nueva que se está construyendo en las orillas del lago Superior.

Alejandro el Grande destruyendo a Tiro, tenía que devolver al comercio del mundo un centro para reconcentrar las especies del Oriente, y desde donde se derramasen en seguida por las costas del Mediterráneo. La fundación de Alejandría le ha valido su renombre como muestra de su perspicacia, no obstante que las vías comerciales eran conocidas y el istmo de Suez la feria indispensable entre los mares de la India y la Europa y el Africa de entonces. Esta obra la realizan todos los días Alejandros norteamericanos que vagan en los desiertos buscando puntos que un estudio profundo del porvenir señala como centros futuros del comercio. El yankee, inventor de ciudades, profesa una ciencia especulativa, que de inducción en inducción, lo conduce a adivinar el sitio donde ha de florecer una ciudad futura. Con el mapa extendido a la sombra de los bosques, su ojo profundo mide las distancias de tiempo y de lugar, traza por la fuerza del pensamiento el rumbo que han de llevar más tarde los caminos públicos; y encuentra en su mapa las encrucijadas forzosas que han de hacer. Precede a la marcha invasora de la población que se avanza sobre el desierto, y calcula el tiempo que empleará la del norte y el que necesita la del sur, para acercarse ambas al punto que estudia, que ha escogido en la confluencia de dos ríos navegables. Entonces traza con mano segura el trayecto de caminos de hierro que han de ligar el sistema comercial de los lagos con su presunta metrópoli, los canales que pueden alimentar los ríos y arroyos que halla a mano, y los millares de leguas de navegación fluvial que quedan en todas direcciones sometidas como radios del centro que imagina. Si después de fijados estos puntos, halla un manto de carbón de piedra, o minas de hierro, levanta el plano de la ciudad, la da nombre y vuelve a las poblaciones, a anunciar, por los mil ecos del diarismo, el descubrimiento que ha hecho del local de una ciudad famosaen el porvenir, centro de cien vías comerciales. El público lee el anuncio, abre el mapa para verificar la exactitud de las inducciones, y si halla acertados los cálculos, acude en tropel a comprar lotes de terreno, cual en los que han de ser tajamares y muelles, cual en derredor de la plaza de Wáshington o de Franklin; y una Babel se levanta en un año, en medio de los bosques, afanados todos por estar en posesión el día que lleguen a realizarse los grandes destinos predichos por la ciencia topográfica a la ciudad. Abrense en tanto caminos de comunicación; el diario del lugar da cuenta de los progresos de la sociedad, la agricultura comienza, álzanse los templos, los hoteles, los muelles y los bancos; puéblase de naves el puerto, y la ciudad empieza en efecto a extender sus relaciones, y a hacer sentir la urgencia de ligarse por caminos de hierro o canales a los otros grandes centros de actividad. Cien ciudades en los lagos, en el Misisipí y en otros puntos remotos, tienen este sabio y calculado origen, y casi todos justifican por sus progresos asombrosos, la certeza y la profundidad de los estudios económicos y sociales que les sirvieron de origen.

Dos clases de seres humanos conozco, entre quienes sobrevive aún en medio de nuestra actual mesura de carácter moral, el antiguo espíritu heroico de las primeras edades de los pueblos. Los presidiarios de Tolón y de Bicerte, y los emigrantes norteamericanos; todo el resto de la especie humana ha caído en la atonía de la civilización. Las hazañas de Francisco Pizarro o las de los Argonautas las reproduce a cada momento la audacia inaudita del presidiario liberto; valor, constancia, sufrimiento, disimulo y violación de toda ley moral, de todo principio de honor y de justicia; todo es igual, sin que esto excluya cierta grandeza de alma, cierta inteligencia profunda en los medios, que está revelando el genio humano mal empleado, el Alejandro pervertido y ocupado en matar a unos pocos transeuntes en lugar de asolar naciones y ametrallar a millares, lo que ya cambia la escena y los nombres, guerra, conquista, etc.

En los Estados Unidos aquellos caracteres acerados, que hay distribuídos al uno por ciento en todas partes, se entregan a sus instintos heroicos, sin nombre aún, para establecerse y multiplicarse. El espíritu yankee se siente aprisionado en las ciudades; necesita ver desde la puerta de su casa la dilatada y sombría columnata que forman las encinas seculares de los bosques.

¿Por qué se ha muerto el espíritu colonizador entre nosotros, los descendientes de la colonización oficial? Desde Colón hasta una época no muy remota sin duda, la fundación de una ciudad española era solo un escalón para apoyar la invasión de otros puntos apartados. La ocupación del Perú traía aparejada la expedición de Almagro: cuando Mendoza se defendía contra los araucanos en el sud, destacaba al oriente sesenta lanceros al mando del capitán Jofré, para ir a asomarse al otro lado de los Andes, y fundar dos ciudades, San Juan y Mendoza, solitarias en medio de desiertos, a la orilla de los dos ríos que hallaron.

Contaré a usted el sistema entero de estas empresas que requieren Hércules para realizarlas, y verá usted si merecen desprecio por los motivos y por los medios, aquellas hazañas de nuestros conquistadores de Sud América. Sabe usted cuánta irritación hubo, y cuánta necedad dijeron de una y otra parte en la cuestión de límites del Oregón. Todo quedó en paz después que americanos e ingleses se hubieron racionalmente entendido, menos el espíritu yankee, que, como el cóndor la sangre, había husmeado, en la discusión, tierras laborables, ríos, bosques, puertos. La discusión comienza de nuevo en los diarios sobre la posibilidad de sorberse el comercio de la China por el Oregón; sobre la facilidad de abrir un camino de hierro de ocho días de marcha, desde el Pacífico al Atlántico, y la ventaja de tomar el pan caliente aún salido de Cincinnati, vía Oregón, y otros mil tópicos, inverosímiles y absurdos para otro que no sea el yankee, habituado a no creer imposible nada, desde que se puede concebir, él, que desde luego tiene adiestrada su mente a concebir proyectos.Cuando la opinión está formada y designados los rumbos que deben seguirse para ir a aquel Eldorado remoto, se indica la estación oportuna para emigrar, y el punto de partida, y el día designado por algunos emigrantes que invitan a todos los aventureros de la Unión para acompañarlos en la gloriosa jornada. El día delrendez vous, vense de todos los puntos del horizonte llegar hileras de carros, cargados de mujeres, niños, gallinas, ollas, arados, hachas, sillas, y toda clase de objetos de menaje; acompáñanles arreas escasas de bueyes apestados y mulas y caballos rengos y mancos que forman parte muy trabajada de la expedición, y sobre todo este conjunto, dominando las caras bronceadas, acentuadas y serias de los yankees vestidos de paletó, levita o fraque raído, con un rifle que le sirve de bastón, y la mirada tranquila del puritano y del chacarero.

Si he de darle una idea exacta de estas emigraciones y del espíritu yankee, necesito desde este momento ajustarme al hecho, y seguir los incidentes diarios de una, entre ciento, de estas estupendas marchas por el desierto, sin soldados, ni guardia, ni empleado público, ni autoridad humana que les ligue a la Unión que dejan sin pesar estos hijos de Noé.

En mayo de 1845 habían pasado por Independence, último término poblado del Estado de... varias tropas de carros, que de a veinte y ocho, que de a treinta y ocho, que de a ciento, dirigíanse con cortos intervalos hacia el Oregón. El día 13 varias de estas partidas reunidas en número de ciento setenta carros de la descripción arriba dicha, viéronse ya rodeadas a la distancia de indios que rondaban por asaltar el ganado mayor que montaba a cosa de dos mil cabezas, lo que hizo pensar que era ya tiempo de organizar la colonia, y constituir el estado ambulante; puesto que los oficiales y empleados públicos hasta entonces en ejercicio, debían terminar sus funciones en Big-Soldier. Los dos empleados que deben en primer lugar nombrarse son el piloto (baqueano) y el capitán. Todo el camino se ha venido tratando en las conversaciones de los carros y a la orilla del fuego en los alojamientos,de esta suprema cuestión, y las candidaturas rivales formando sus partidos. El 13 de mayo, cada carro lanza a la arena dos hombres, por lo menos, a reunirse en asamblea electiva. Dos candidatos para piloto se presentan; es el uno un tal Mr. Adams, que había entrado tierra adentro hasta el fuerte Laramie, poseía el derrotero (maning) de Gilpin, y tenía consigo un español que conocía el país; Mr. Adams, además, ha sido uno de los que más han contribuido a excitar lafiebre del Oregón, esto es, el deseo de emigrar. Mr. Adams pide 500 pesos por servir de piloto si la honorable asamblea se digna elegirlo.

Mr. Meek es un viejo montañés del corte del Trampero de Cooper; ha pasado muchos años en los Montes Rocallosos como traficante y trampero, y ha propuesto, como el otro, pilotearlos hasta el fuerte Vancouver, por 250 pesos, de los cuales sólo pedía 30 pesos. Se hace moción para postergar hasta el día siguiente la elección, cuando se ve al viejo Meek, venir a escape en su caballo, los ojos y la mano vueltos hacia el campo. Los indios se llevan el ganado, dice con precipitación; la asamblea se disuelve, y cinco minutos después estaba convertida en escuadrón de caballería armado de rifle y daga, y marchando en buen orden sobre el enemigo. A distancia de dos millas divisa una aldea de indios; la soldadesca se echa sobre loswigwams, y los indios sobrecojidos de espanto, las mujeres llorando, los niños escondiéndose, no saben qué imaginarse de aquel ataque de los caras pálidas. Los jefes indios se presentan a ofrecer la pipa de paz, y protestan enérgicamente contra la imputación que pesa sobre ellos. Un desgaritado que venía llegando a la aldea es cogido y llevado preso. Nómbranse jueces, y el prisionero se presenta a la barra. Preguntado, lisa y llanamente, si es criminal o no, contesta con un gruñido de terror. Su causa se instruye en forma entonces; se oyen las deposiciones de los testigos, y no siendo suficiente la evidencia de los cargos alegados contra él, se le absuelve completamente, quedando probado por el contrario que ha sido una falsa alarma para posponer la elección. Serenadoslos espíritus, y depuestos los rifles, vuelve la sociedad a constituirse en asamblea electoral, y se procede a votación, de la que resultan electos, el trampero Meek como piloto y Mr. Welch capitán, con los demás empleados necesarios para el buen gobierno, tales como tenientes, sargentos, jueces, etc. La marcha principia el 14 de mayo. Cinco millas el 16. El 17 se separan 16 carros, y se reunen al cuerpo principal. El 18 alcanza a unwigwamde los indios Caw, rateros insignes que se conducen honorablemente con la sociedad y la proveen de víveres en cambio de productos de la Unión. El 19 la minoría vencida en las elecciones protesta contra la voluntad de la mayoría. Para satisfacer las ambiciones burladas se conviene en dividir la masa en 3 cuerpos, cada uno de los cuales elegirá sus propios jefes y oficiales, no reconociéndose otra autoridad general que la del piloto y la de Mr. Welch. Antes de separarse se convino pagar el piloto, y para ello, se nombra untesorero, quien después de dar las fianzas correspondientes, procede a colectar los fondos; algunos se niegan redondamente a pagar, y otros ex ciudadanos no tienen blanca. Después de haber arreglado satisfactoriamente éstos y otros puntos, se procede al nombramiento de oficiales para cada uno de los tres grupos, haciéndose en cada uno reglamentos respecto al buen gobierno de la compañía, y la marcha continúa el 20. El 23 el piloto avisa que el punto donde se hallan es el último donde pueden procurarse repuestos para ejes y pértigos para las carretas. El camino se va midiendo con una cadena diariamente, y se lleva un diario de todo lo ocurrido, aspecto del país, accidentes, pasto, leña, agua, maderas, ríos, pasajes, búfalos, etc., torcaces, conejos, etc. etc. Junio 2: una compañía propone desligarse del compromiso en que están de aguardarse en las marchas. La moción es rechazada. 15. Alto. Una manada de búfalos cae a tiro de rifle, matan algunos y hacen charque. La escena que el campo presenta en este momento está así descripta en el diario de viaje: “Los cazadores, volviendo con las reses, algunos erigiendo palizadas, otrossecando carne. Las mujeres unas estaban lavando, planchando otras, muchas cosiendo. De dos tiendas, flautas hacían oir sus desusadas melodías en aquellas soledades; otras se oía cantar; tal lee su biblia, tal otro recorre una novela. Un predicador campbellista entona, por fin, un himno preparatorio para el oficio religioso”. Junio 24: llegan al fuerte Laramie, 630 millas distante de Independence.

Durante dos días se ocupan en renovar las herraduras de los caballos, y reuniendo entre todos provisiones, azúcar, café, tabaco, dan un paquete a los indios siomos, precedido de un parlamento. “Hace tiempo, dijo el jefe indio, que algunos jefes blancos pasaron Missouri arriba, diciendo que eran amigos de los hombres de piel roja. Este país pertenece a los pieles rojas, pero sus hermanos blancos lo atraviesan cazando y dispersando los animales. De esto modo los indios pierden sus únicos medios de subsistencia para sostener a sus mujeres e hijos. Los niños del hombre rojo piden alimento, y no hay alimento que darles. Era costumbre cuando los blancos pasaban, hacer presentes de pólvora y plomo a sus amigos los indios. Su tribu es numerosa, pero la mayor parte de la gente ha ido a las montañas a cazar. Antes que los blancos viniesen, la caza era mansa y fácil de coger; pero ahora los blancos la han espantado; y el hombre rojo necesita trepar a las montañas en su busca; el hombre rojo necesita largas carabinas ahora.” Un yankee que para el caso hace de jefe blanco, se expresa en estos términos. “Nosotros vamos viajando a las grandes aguas del Oeste. Nuestro gran Padre poseía un extenso país allí, y vamos yendo a establecernos en él. Con este fin traemos nuestras mujeres y nuestros hijos. Nos vemos forzados a atravesar por las tierras de los hombres rojos, pero lo hacemos como amigos y no como enemigos. Como amigos les damos una fiesta, les apretamos la mano y fumamos con ellos la pipa de paz. Ellos saben que venimos como amigos trayendo con nosotros nuestrasmujeres e hijos. El hombre rojo no lleva sussquawsal combate; ni las caras blancas tampoco. Pero amigos como somos, estamos prontos para volvernos enemigos; y si se nos molesta castigaremos a los agresores. Algunos de nosotros piensan volverse. Nuestros padres, hermanos e hijos, vienen en pos de nosotros, y esperamos que los hombres rojos los traten con bondad. Nosotros nos conducimos pacíficamente; dejadnos partir. No somos traficantes y no tenemos ni pólvora ni plomo que dar. ¡Vamos a arar y plantar la tierra!”

Septiembre 3. “Caminamos este día quince millas hasta Malheur. En este lugar se abre el camino en dos, y es muy temible para los inmigrantes el tomar mal camino. Meek, que había sido contratado como nuestro piloto al Oregon, indujo a cerca de doscientas familias, con sus vagones y ganado, a seguir por el camino de la izquierda, diez días antes de nuestra llegada a la encrucijada. Por largo trecho encontraron un camino excelente, con abundancia de pasto, leña y agua; en seguida dirigieron su marcha a unas montañas estériles donde por muchos días carecieron de agua, y cuando la encontraban era tan mala que ni aun para el ganado era potable. Pero, aun así, era fuerza hacer uso de ella. La fiebre que se llama de campamento estalló bien pronto.”

“Al fin llegaron a un ciénago que intentaron en vano atravesar; y como viesen que se extendía mucho hacia el Sud, no obstante el parecer del baqueano Meek, enderezaron al río de las Caídas, que recorrieron para arriba y para abajo, buscando vado, que no se encontró en ninguna parte. Sus sufrimientos aumentaban de día en día, pues sus provisiones se iban concluyendo rápidamente, el ganado estaba exhausto, y muchos de los que formaban la caravana padecían enfermedades graves. Al fin, Meek les informó que estaban a dos días de distancia solamente deDalles. Dos hombres salieron a caballo en busca de la estación de los Metodistas con provisiones para dos días.”

“Después de haber caminado diez días sin parar, llegaron a Dalles; en el camino un indio les dió un conejo y un pescado, y con este alimento hicieron los dos su jornada de diez días. Cuando llegaron a Dalles, sus fuerzas estaban tan estenuadas, que sus miembros se habían empalado, y fué necesario desmontarlos del caballo. En este lugar encontraron un viejo montañés, llamado el negro Harris, que se ofreció a conducirlos, saliendo con varios otros en busca de la compañía perdida, a la que hallaron reducida a la última extremidad, exhausta por las fatigas, y desesperando ya de salir a los establecimientos. Encontróse un lugar por donde el ganado podía atravesar a nado el río, después de lo cual era preciso hacerlo subir un ascenso casi perpendicular. Mayores dificultades había para pasar los carros. Una larga cuerda fué echada a través del río, atando fuertemente sus puntas de ambos lados en las rocas. Un carro liviano fué suspendido con correderas en la cuerda, y con cuerdas para llevarlo a uno y otro lado del río; esta especie de cuna (andarivel), servía para trasportar las familias de un lado a otro del río con toda seguridad. El pasaje de este río ocupó algunas semanas. La distancia a Dalles era de 35 millas, adonde llegaron del 13 al 14 de octubre. Como 20 habían perecido víctimas de las enfermedades, y otros murieron después de haber llegado...”

Setiembre 7. “Este día viajamos cerca de doce millas. El camino es hoy más áspero que ayer. A veces va por el fondo de un torrente, a veces por el faldeo de una montaña, tan rápido que se necesitan dos o tres hombres trabajando del lado de arriba para sostener el equilibrio de los carros. El torrente y camino están tan encajonados en montañas, que en varios puntos es casi imposible continuar. Vistas las montañas desde este punto, parecen murallas perpendiculares y por tanto lisas. Alegran de vez en cuando la vista algunos grupos de cedros macilentos; pero en el torrentees tal la espesura de las malezas espinosas, que es casi imposible pasar... pero sabiendo que los que nos han precedido han vencido estas dificultades, hacemos el último esfuerzo y pasamos.”

Noviembre 1.º “Ahora estamos en el lugar destinado, en un período no distante, a ser un punto importante en la historia comercial de la Unión como centro del comercio de la China y de la India. Atravesando el bosque que se extiende al Este de la ciudad, vimos la ciudad de Oregon y las caídas de Villa-Mate, al mismo tiempo. Tan llenos de gratitud nos sentíamos de haber llegado a los establecimientos de los blancos, y de admiración a la vista del volumen de las aguas de las cataratas, que la caravana hizo alto, y en este momento de felicidad repasamos con el pensamiento todos nuestros trabajos, con más rapidez que lo que la lengua o la escritura pueden hacer. Desde Independence hasta el Fuerte Laramie, 692 millas; de allí al Fuerte Hall, 585; al Fuerte Rois, 281; a los Dalles, 305; de Dalles a la ciudad de Oregon, 160 millas, haciendo la total distancia de despoblado 1960 millas.”

“Tanto tiempo habíamos permanecido entre los salvajes, que nuestra apariencia se asemejaba mucho a la de ellos; pero cuando hubimos cambiado de vestido y afeitádonos al uso de los blancos, no nos podíamos reconocer unos a otros. Largo tiempo habíamos hecho vida común, sufrido juntos privaciones y penas, y en los peligros contado con la ayuda común. Los vínculos de los afectos se habían estrechado entre nosotros, y cuando hubimos de separarnos, cada uno sentía desgarrársele el corazón; pero como ya habíamos roto otros vínculos más fuertes aún, cada uno tomó su partido, y en algunas horas nuestra compañíase dispersó tomando cada uno diferentes direcciones.”[1]

Cuando uno lee la narración de aventuras como estas, se siente sin duda orgulloso de pertenecer a la raza humana. Ninguna de las grandes pasiones que han obrado los prodigios de la historia, está aquí en juego para fanatizar el espíritu: ni la desesperación de los restos del grande ejército, ni el amor a la patria de los 10.000 espartanos echados entre los bárbaros, ni la sed de oro, de gloria y de sangre de los conquistadores españoles. Hombres de aquel temple tenían en los Estados tierras de propiedad pública para afincarse; familias que los ayudasen; ganados para auxiliarse en las rudas labores de la tierra. Atraviesan 600 leguas de desiertos para realizar una grande idea, ellos, el desecho del pueblo norteamericano, quieren que la Unión ostente sus estrellas en el firmamento del Pacífico, que se realice el sueño dorado de acercar la India y la China, y arrebatar estos mercados a la Inglaterra. Se sacrifican, pues, a una idea de porvenir nacional, porque el yankee no ignora que la primera generación de las nuevas plantaciones, abona solo la tierra con su sudor para que gocen las venideras; y cuando en el Oregón se han reunido algunos centenares de familias, los jefes, dejando a un lado el hacha con que destruyen lentamente los bosques para labrarse un campo, y crear su propiedad, se reunen en asamblea deliberante, “con el objeto de fijar los principios de libertad civil y religiosa, como la base de todas las leyes y constituciones que puedan en adelante adoptarse”, y estatuyen:

“Artículo 1.º Ninguna persona que se conduzca de una manera regular y ordenada, será molestada a causa de su modo de adoración o sus sentimientos religiosos.

“Art. 2.º Los habitantes de dicho territorio gozarán siempre de los beneficios del escritohabeas corpus, del juiciopor jurados, de una proporcionada representación del pueblo en la legislatura, y de procedimientos judiciales conformes a la secuela de las leyes ordinarias. Todas las personas podrán dar fianzas, excepto por delitos capitales y cuando las pruebas sean evidentes, y las presunciones graves. Ningún hombre será privado de su libertad sino por juicio de sus pares, o la ley de la tierra...

“Art. 3.º Siendo necesarias para el buen gobierno y felicidad de la especie humana, la religión, moralidad e instrucción, serán siempre fomentadas las escuelas y todos los medios de educación.

“Art. 5.º Ninguna persona será privada de llevar armas para su propia defensa; no se autoriza pesquisas ni registros sin motivo fundado; la libertad de la prensa no será restringida; ni el pueblo será privado del derecho de reunirse pacíficamente a discutir los asuntos que halle por conveniente.

“Art. 6.º Los poderes del gobierno serán divididos en tres distintos departamentos: el legislativo, el ejecutivo y el judicial, etc., etc.”

Ley de tierras: “Toda persona que posea o en adelante pretenda poseer tierra en este territorio, designará la extensión de su propiedad por medio de límites naturales, o por mojones en las esquinas y sobre los costados del lote, y hará registrar la extensión y límites de tal lote en la oficina del escribano del lugar, en un libro que será llevado para aquel objeto, en el término de veinte días después de hecho el pedido; proveyéndose, que los que están en posesión del territorio, tendrán doce meses contados desde la sanción de esta ley, para hacer la descripción del lote de tierras en el libro de los registros; proveyéndose, además, que el dicho poseedor declarará el tamaño, forma y ubicación del terreno.

“2.ª Todo poseedor, en los seis primeros meses después de registrado su lote, habrá hecho permanentes mejoras en el terreno, ya edificando o cercando, o bien ocupando el terreno en un año de la data del registro; o en caso de no ocuparlo,pagar en tesorería cinco pesos anuales, y en caso de no ocuparlo o no pagar la suma antedicha, el título será considerado como abandonado; proveyéndose que los no residentes en este país no pueden aprovechar de esta ley; y proveyéndose, además que los residentes en este territorio que se ausentasen por negocios particulares por dos años, podrán conservar la propiedad pagando cinco pesos anuales al tesoro.

“3.ª Ningún individuo podrá tomar posesión de más de un cuarto de milla cuadrada, o 640 acres, en una forma cuadrada u oblonga. Ningún individuo podrá poseer dos lotes a un mismo tiempo.

“5.ª Las líneas de los límites de todos los lotes se conformarán tan aproximadamente cuanto sea posible con los puntos cardinales.”[2]

Este pueblo, lleva, comoVd.ve, en su cerebro, orgánicamente, cual si fueran una conciencia política, ciertos principios constitutivos de la asociación: la ciencia política pasada a sentimiento moral complementario del hombre, del pueblo, de la chusma; la municipalidad convertida en regla de asociación espontánea; la libertad de conciencia y de pensamiento; el juicio por jurados. Si quiereVd.medir el camino que ha andado aquel pueblo, reunaVd.un grupo, no del vulgo de ingleses, franceses, chilenos o argentinos, sino de las clases cultas, y pídales de improviso que se constituyan en asociación, y no sabrán qué se les pide, cuanto y más fijar con precisión, como aquellos aventureros del Oregón, las bases en que ha de reposar el gobierno de una sociedad que va a nacer, y que, por la distancia y los desiertos que la dejan separada del resto de la Unión, queda de hecho y de derecho desligada de la patria común.[3]Algunos años más tarde de estos rudimentos dispersos, surgirá un territorio; y del territorio unEstado para aumentar una nueva estrella en la constelación de los Estados Norteamericanos, con sus mismas leyes, sus prácticas, sus instituciones civiles y políticas, y sobre todo, con su carácter peculiar de nacionalidad, marcado con el sello enérgico de aquel coloso.

Hay un fenómeno que se realiza en los Estados Unidos, y que no obstante de referirse a principios fundamentales inherentes a la especie humana, no ha sido hasta hoy de una manera precisa establecido. Hasta de palabra adecuada carecen para indicarlo los idiomas. Pretender señalarlo en dos páginas sería el índice o el plan de un gran libro. ¿Qué es la moral? El código de preceptos que ha dado en seis mil años el contacto de un hombre con otro, a fin de que vivan en paz sin hacerse mal, amándose, procurándose el bien. La moral que nos liga a Dios por nuestros padres, está después de Confucio, de Sócrates y Franklin, adivinada, encontrada. Si algo le falta para ser perfecta por el estudio humano y los sentimientos del corazón, la revelación la completa en cuanto a la parte de los hombres más desligada de nosotros mismos, que es el prójimo, el extranjero, el enemigo, clasificaciones que distinguen tres grados de separación; por las leyes el prójimo es indiferente; el extranjero, la tela de que se hizo siempre el esclavo; para el enemigo, cesan todos los vínculos de la familia humana, la muerte está pronta para él, sin remordimiento, con gloria. Cuando el hombre se llame el enemigo, entonces deja de formar parte de nuestra especie; ni las leyes, ni religión alguna han podido hasta hoy nada contra los efectos morales de esta clasificación.

Pero la moral se refiere a las acciones de los individuos solamente. ¿Cómo se llama aquella otra parte de la vida del hombre, en cuanto a miembro de un rebaño, de una colmena, o de una bandada, puesto que pertenece a la especie de los animales gregarios? Preguntádselo al czar de Rusia, a un lord del parlamento, a Rousseau, a Rosas, a Franklin, y cada uno os dará un bellísimo sistema de política, esto es,de preceptos, de obligaciones, derechos y deberes que sirvan de regla a los individuos en relación con la masa, con la sociedad. Los unos pretenderán que elunoque gobierna hará para el bien común todo lo que le dé la gana; otros sostendrán que los lores son los que tienen el derecho de hacer su soberana voluntad, y no faltará quien sostenga que cada individuo tiene su parte de ingerencia en los negocios de todos, bien que esto dependerá de la cantidad de bienes que haya acumulado, o bien del estado de su razón. La política humana, pues, no ha hecho tantos progresos como la moral, y puede ser todavía puesta aquella ciencia primordial en el número de las especulativas, no obstante referirse al hecho más antiguo, más duradero, más actual, que es la sociedad en que vivimos. A la especie humana en general le falta un sentido, si es posible decirlo. A laconcienciaque regla las acciones morales entre los hombres, falta añadir otra cosa que indique con la misma seguridad los deberes y derechos que constituyen la asociación, la moral en grande, obrando sobre millones de hombres, entre familias, ciudades, estados y naciones, completada más tarde por las leyes de la humanidad entera. La ciudad de Atenas parece que había adquirido este sentimiento; más tarde lo tuvieron los patricios romanos; pero aquéllo lo destruyeron éstos, hiriéndolo por la abertura que deja hasta hoy la moral, a saber, por la clasificación delenemigo; y a los últimos los destruyó y dispersó laplebe, que adquiría a la sombra del patriciado el mismo sentimiento, y por losextranjeros, que de enemigos conquistados, pasaron a sentir la gana de formar parte del senado romano.

PerdónemeVd.esta tirada pedantesca, sin la cual no puedo explicar mi idea. La población en masa de los Estados Unidos ha adquirido este sentimiento, esta conciencia política, pues no sé qué nombre darle. El cómo lo ha adquirido lo barruntaráVd.en la historia de los Estados Unidos por Bancroft. Es un hecho que se ha venido preparandode cuatro siglos; es la práctica de doctrinas y partidos vencidos y rechazados en Europa, y que con los peregrinos, los puritanos, los cuáqueros, elhabeas corpus, el parlamento, el juri, la tierra despoblada, la distancia, el aislamiento, la naturaleza salvaje, la independencia, etc., se ha venido desenvolviendo, perfeccionando, arraigando. En Inglaterra hay libertades políticas y religiosas para los lores y los comerciantes; en Francia para los que escriben o gobiernan; el pueblo, la masa bruta, pobre, desheredada, nosientenada todavía sobre su posición como miembros de una sociedad; serán gobernados monárquicamente, aristocráticamente, teocráticamente, según lo quieran, o no puedan resistirlo, los propietarios, los abogados, los militares, los literatos.

En Norte América, el yankee será fatalmente republicano, por la perfección que adquiere su sentimiento político, que es ya claro y fijo como la conciencia moral; porque es de dogma que la moral es adquirida, sin lo cual la revelación era inútil, y no se ha hecho revelación alguna a los hombres para guiarse en sus relaciones con la masa. Si una parte de la Union defiende y mantiene la esclavitud, es porque en esa parte la conciencia moral en cuanto al extranjero de raza, aprisionado, cazado, débil, ignorante, está en la categoría delenemigo, y por tanto, la moral no le favorece; pero, en todos los demás Estados, en todas las clases, o más bien, en la clase única que forma la sociedad, el sentimientopolítico, que debe ser inherente al hombre, como la razón y la conciencia, está completamente desenvuelto. De aquí nace que donde quiera que se reunan diez yankees, pobres, andrajosos, estúpidos, antes de poner el hacha al pie de los árboles para construirse una morada, se reunen para arreglar las bases de la asociación; un día llegará en que no se escriba este pacto, porque estará sobre-entendido siempre: y este pacto es, como ha visto usted en la ley orgánica del Oregon, una serie de dogmas, un decálogo. Cada uno creerá lo que cree; cada uno nombraráquien haya de gobernarlo; cada uno dirá de palabra y por escrito su pensamiento; será juzgado por un jurado, y se le admitirá fianza de cárcel segura por todo delito que no merezca pena capital.

Pero esta parte es solo la que puede formularse, que hay otra que está en las ideas y en las adquisiciones hechas; y es la más digna de estudiarse. Por ejemplo: un hombre no llega a la plenitud de su desenvolvimiento moral e inteligente sino por la educación; luego la sociedad debe completar al padre en la crianza de su hijo. Las escuelas gratuítas son coetáneas y a veces anteriores a la fundación de una villa. La sociedad necesita tener una voz suya, como cada individuo tiene la que le sirve para expresar sus sentimientos, opiniones y deseos; luego habrámeetingsy cámara de representantes queenactetodos los quereres, y prensa diaria que se ocupe de los intereses, pasiones e ideas de grandes masas. Como la sociedad, aunque naciendo en el seno de los bosques, es hija y heredera de todas las adquisiciones de la civilización del mundo, aspirará a tener desde luego, o lo más pronto, posta diaria, caminos, puertos, ferrocarriles, telégrafos, etc., y de pieza en pieza llega usted hasta el arado, el vestido, los utensilios de cocina perfeccionados, de patente, el último resultado de la ciencia humana para todos, para cada uno.

Estos detalles, que pueden parecer triviales, constituyen, sin embargo, un hecho único en la historia del mundo. Vengo de recorrer la Europa, de admirar sus monumentos, de prosternarme ante su ciencia, asombrado todavía de los prodigios de sus artes; pero he visto sus millones de campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos, los harapos y andrajos de que visten, no revelan bastante las tinieblas de su espíritu; y en materia de política, de organización social, aquellas tinieblas alcanzan a obscurecer la mente de los sabios, de losbanqueros y de los nobles. Imagínese usted veinte millones de hombres que saben lo bastante, leen diariamente lo necesario para tener en ejercicio su razón, sus pasiones públicas o políticas; que tienen que comer y vestir, que en la pobreza mantienen esperanzas fundadas, realizables de un porvenir feliz, que alojan en sus viajes en un hotel cómodo y espacioso, que viajan sentados en cojines muelles, que llevan cartera y mapa geográfico en su bolsillo, que vuelan por los aires en alas del vapor, que están diariamente al corriente de todo lo que pasa en el mundo, que discuten sin cesar sobre intereses públicos que los agitan vivamente, que se sienten legisladores y artífices de la prosperidad nacional; imagínese usted este cúmulo de actividad, de goces, de fuerzas, de progresos, obrando a un tiempo sobre los veinte millones, con rarísimas excepciones, y sentirá usted lo que he sentido yo, al ver esta sociedad sobre cuyos edificios y plazas parece que brilla con más vivacidad el sol, y cuyos miembros muestran en sus proyectos, empresas y trabajos una virilidad que deja muy atrás a la especie humana en general. Los norteamericanos sólo pueden ser comparados hoy a los romanos antiguos, sin otra diferencia que los primeros conquistan sobre la naturaleza ruda por el trabajo propio, mientras los otros se apoderaban por la guerra del fruto creado por el trabajo ajeno. La misma superioridad viril, la misma pertinencia, la misma estrategia, la misma preocupación de un porvenir de poder y de grandeza.

Su buque es el mejor del mundo, el más barato, el más grande. Si en alta mar encontráis en un día de bolina una nave que cruza arrebatada por la borrasca, cuyas bocanadas inflan a reventar las velas, juanetes, alas y arrastraderas, el capitán francés, español o inglés de vuestro buque que ha tomado rizos a la vela mayor, os dirá a qué nación pertenece; os dirá, rechinando los dientes de cólera que es yankee; lo conoce en el tamaño, en la audacia, y más quetodo en que pasa rozando su buque sin izar la bandera para saludarlo.

En los puertos o docks europeos vuestra vista tropezará con un departamento especial en que están reunidas fragatas colosales, que parecen pertenecer a otro mundo, a otros hombres; son los buques yankees que principiaron por agrandarse para contener mayor número de balas de algodón y han concluído por hacer un género en la construcción naval. Quince buques de vapor de los que hacen el servicio del Hudson, unidos por sus quillas y proas describen una calle de madera de una milla de largo. Si en un día de tempestad veis en el Havre o en Liverpool un buque empeñado en tomar la mar, es un buque yankee que tenía anunciada para aquel día su salida, y que el honor al pabellón, la gloria de las estrellas de su bandera, le prohiben aguardar, como lo harán los buques de otras naciones, a que el viento abonance. ¿Qué buques son los que persiguen las ballenas en los mares polares? Son casi exclusivamente los norteamericanos; y dentro de ese casco solitario, de aquelsquatterde las aguas, encontraréis una tripulación escasa, que no bebe licores, porque pertenece a la sociedad de templanza, hombres endurecidos en las fatigas, que arrancan a los peligros de la muerte un peculio para establecerse en los Estados cuando vuelvan, para tomar un lote de tierra y labrarse una propiedad y levantar una casa, y contar a sus hijos alrededor de la estufa de hierro colado sus aventuras de mar. El año pasado la reina Victoria se paseaba en su suntuosoyacht, acompañada del príncipe Alberto, por la bahía de Falmouth. Los buques todos estaban empavesados para honrar a las regias visitas. Sobre el tope del palo mayor de una fragata norteamericana veíase un marinero yankee parado en un pie, balanceándose con el buque que se mecía sobre sus anclas y tendiendo al aire su sombrero en una mano en señal de saludo. He aquí la expresión jeroglífica de la marina yankee. La reinase enfermó a la vista de aquel espectáculo. Un marinero inglés hubo, picado de amor nacional, de repetir la prueba. La reina lo prohibió con sus señales de espanto. ¿Lo habría hecho? No lo hizo, y eso basta. Era una imitación de la audacia ajena; el hombre es capaz de eso y mucho más; pero sólo el genio de un pueblo inspira la idea y el coraje de ejecutarlo.

Me detengo en este punto de la marina norteamericana, porque el buque es para el yankee su medio internacional, la prolongación de su nación para ponerse en contacto con todas las otras de la tierra; y en esta época de movimiento universal, el pueblo que tenga buques más ligeros, de construcción más barata y por tanto de fletes menos subidos, es el rey del universo. En el Mediterráneo, en los mares de la India y el Pacífico, anulan, suprimen y alejan de día en día toda otra marina y todo otro comercio que el suyo. Oh, reyes de la tierra, que habéis insultado por tantos siglos a la especie humana, que habéis puesto el pie de nuestros esbirros sobre los progresos de la razón y del sentimiento político de los pueblos revolucionarios, dentro de veinte años, el nombre de la República norteamericana será para vosotros como el de Roma para los reyes bárbaros. Las teorías, las utopías, de vuestros filósofos, desacreditadas, ridiculizadas por la tradición, la legitimidad, elhecho consumado, bien entendido que apoyados en medio millón de bayonetas, para que el ridículo sea eficaz, encontrarán el hecho también luminoso y triunfante.

Cuando los Estados de la Unión se cuenten por centenares, y los habitantes por cientos de millones, educados, vestidos y hartos, ¿qué váis a oponer a la voluntad tan soberana de la gran República en los negocios del mundo? ¿Vuestros guardianes de pordioseros? ¡Pero os olvidáis de las naves americanas que os bloquearían en todos los mares, en todos los puertos! Dios ha querido, al fin, que se hallen reunidos en un solo hecho, en una sola nación, la tierra virgen que permite a la sociedad dilatarse hasta elinfinito, sin temor de la miseria; el hierro que completa las fuerzas humanas; el carbón de piedra que agita las máquinas; los bosques que proveen de materiales a la arquitectura naval; la educación popular, que desenvuelve por la instrucción general la fuerza de producción en todos los individuos de una nación; la libertad religiosa que atrae a los pueblos en masa a incorporarse en la población; la libertad política que mira con horror el despotismo y las familias privilegiadas; la República, en fin, fuerte, ascendente como un astro nuevo en el cielo; y todos estos hechos se eslabonan entre sí, la libertad y la tierra abundante; el hierro y el genio industrial; la democracia y la superioridad de los buques. Empeñaos en desunirlos por las teorías y la especulación; decid que la libertad, la educación popular, no entran por nada en esta prosperidad inaudita, que conduce fatalmente a una supremacía indisputable; elhechoserá siempre el mismo, que en las monarquías europeas se han reunido la decrepitud, las revoluciones, la pobreza, la ignorancia, la barbarie y la degradación del mayor número. Escupid al cielo, y ponderadnos las ventajas de la monarquía. La tierra se os vuelve estéril bajo las plantas, y la República os lleva sus cereales para alimentaros; la ignorancia de la muchedumbre sirve de base a vuestros tronos, y la corona que orna vuestras sienes brilla cual flor sobre ruinas; medio millón de soldados guardan el equilibrio de los celos y de la envidia de unos soberanos con otros, mientras la República, colocada por la Providencia en terreno propicio, como colmena de abejas, ahorra esas sumas inmensas para convertirlas en medios de prosperidad que da su rédito en acrecentamiento de poder y de fuerza. Vuestra ciencia y vuestras vigilias sirven sólo para aumentar el esplendor de aquélla.Sic vos non vobisinventáis telégrafos eléctricos para que la unión active sus comunicaciones;sic vos non vobiscreasteis los rieles para que rodasen las producciones y el comercio norteamericano.Franklin tuvo la audacia de presentarse en la corte más fastuosa del mundo con sus zapatos herrados de labriego y sus vestidos de paño burdo; vosotros tendréis un día que esconder vuestros cetros, coronas y zarandajas doradas para presentaros ante la República, por temor de que no os ponga a la puerta, como a cómicos o truhanes de carnestolendas.

¡Oh! me exalta, mi querido amigo, la idea de presentir el momento en que los sufrimientos de tantos siglos, de tantos millones de hombres, la violación de tantos principios santos, por la fuerza material de los hechos elevados a teoría, a ciencia, encontrarán también elhechoque los aplaste, los domine y desmoralice. ¡El día del grande escándalo de la República fuerte, rica de centenares de millones, no está lejos! El progreso de la población norteamericana lo está indicando; ella aumenta como ciento, y las otras naciones sólo como uno; las cifras van a equilibrarse y a cambiar en seguida las proporciones; y ¿estas cifras numéricas no expresarán lo que encierra en sí de fuerzas productoras y de energía física y moral del pueblo avezado a las prácticas de la libertad, del trabajo y de la asociación?

[1]Journal of Travels over the Rocky Mountains to the Mouth of the Columbia River, made the years 1845 and 1846.

[2]Ley orgánica del Oregón, sancionada el 5 de julio de 1845.

[3]El presidente de Estados Unidos, en el Mensaje de 1848, pedía que se invitase a los habitantes del Oregón a entrar en relaciones con la Unión y reconociesen la autoridad común, como un territorio.


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