ELECCIONES
Dos cosas me habían hecho desear inspeccionar personalmente los Estados Unidos. La colonización y la práctica del sistema electoral; el modo de poblar el desierto, y la manera de proveer al gobierno de la sociedad. Sobre lo primero mis deseos quedaron satisfechos, y pude ver claro, y darme cuenta de todo el mecanismo. Un hecho al parecer tan espontáneo, tan irregular, encierra, sin embargo, una teoría, una ciencia y un arte. Hay un sistema de principios, de leyes y de reglas para colonizar prósperamente, de cuya infracción u olvido han resultado todas las poblaciones raquíticas de nuestros países. Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, Valparaíso, son ciudades posteriores a la formación de las colonias españolas. Toda la ocupación de la América del Sur está montada en los errores más garrafales en el arte de poblar; y la mitad de los desastres de nuestras repúblicas estaban ya preparados por el sistema de colonización española. Era esta una mina que debió reventar con el fuego de la independencia. Mis aserciones las justificaré en un trabajo especial sobre los sistemas y medios de población y ocupación del territorio. Creo con esto haber llenado un vacío en nuestros conocimientos americanos.
No anduve tan feliz en materia de elecciones. Es cosa ésta para vista, pues por lo que hace a principios generales, cada Estado, y la constitución de los Estados Unidos en general,dan idea insuficiente. Durante mis rápidas excursiones en aquel país, no me cupo en suerte ver elecciones sino una, en Baltimore, de mayor autoridad, equivalente a la de lord mayor de Londres, a lo que creo. Era preciso haber presenciado muchas elecciones, en distintos lugares y con diversos objetos, para penetrar en la práctica de las instituciones norteamericanas, el juego de las pasiones políticas, y las combinaciones de los partidos. ¿Puede haber materia de estudio político más grande que la del medio preciso, exacto, de hacer llegar a los destinos públicos el hombre más apto para desempeñarlos? Podemos estar seguros de haber confiado la ejecución de un cuadro, de un palacio, de una nave al primer artista o constructor de la tierra; pero, ¿podremos acercarnos siquiera a la verdad cuando se trata en un Estado de confiar a un individuo, diputado, presidente o corregidor, el encargo de producir el mayor bien posible para toda una sociedad, y, acaso, para generaciones y para la humanidad entera? El sistema electoral es, todavía, un caos por desembrollar; un germen apenas fecundado, y sólo en los Estados Unidos se ha desenvuelto lo bastante por una práctica comparativamente larga.
El único incidente electoral que presencié fué el empeño de los diarios demócratas en exaltar a los irlandeses emigrantes contra el candidato del partidowhig, invitándolos a que se reuniesen con los demócratas en la elección. Este espectáculo no era por cierto muy edificante. La chusma irlandesa, apenas llegada de Europa, es allá lo que en Chile son los rotos, y al juicio de uno y otros, echado en la balanza en cuanto conocimiento de la conveniencia pública, no le da, sin duda, mucha importancia.
No pudiendo de propia experiencia transmitirle mi juicio sobre lo que no vi en materia de elecciones, lo suplo extractando de los viajes del frenologista Combe, cuanto a este respecto ha dejado escrito. Es un buen testigo, y su saber, el ser inglés, amar la república, y una imparcialidad y franquezasincera, lo hacen un juez competente y una autoridad. Lo que sigue es una traducción de este autor:
“A lo que he podido comprender, los candidatos para los empleos del Estado no van de puerta en puerta a solicitar votos en Massachussetts, como lo he visto en Escocia. Estamos en vísperas de una elección anual, y se han convocadomeetingspreparatorios por cada uno de los partidos de la ciudad. Estos eligen para representante delegados preparatorios de todas las asambleas, y preparan una lista de candidatos para ser propuestos a su partido, como personas competentes para llenar el empleo vacante. Llámanse estas listastickets. Elticket whigcomo elticketdemocrático se anuncian por los diarios de los respectivos partidos, siendo el uno sostenido, y atacado el otro con todos los hechos, argumentos, agudezas y aun me temo que por todas las invenciones, falsedades, que el talento y la malicia de cada partido puede aducir en sostén de sus propios candidatos y en desdoro de los contrarios. Debemos deplorar el olvido de la verdad, cortesía y delicadeza que estas luchas traen en la prensa pública, sin embargo de que todos los que se han mezclado en la vida pública saben que prácticas semejantes deshonran en una grande extensión la prensa británica.
“Los votantes están registrados en un libro y la ciudad y condados divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto, registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente la mano,para que no introduzca dos o másticketsen la urna. Al fin de la elección losticketsson examinados, y después de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho con elticketde su partido, puede borrar algunos nombres y substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o mástickets, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual, el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me he asegurado de que laintimidaciónen el sentido inglés de la palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo, pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las elecciones.
“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los candidatos presentados en suticket, a fin de persuadirlos a que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones para losmeetings, y aun carruajes para traer los enfermos a las mesas en cada elección. El número de votantes son lamitad o los dos tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses, damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.
Elección en el Estado de Nueva York.Hoy llegó a Boston la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura, gobernador, etc., de Nueva York:
“El partidowhigsacó a la plaza dos piezas de artillería de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.
“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré hombres a la puerta teniendolas listas de los candidatos rivales, y ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro, se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo, y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la votación, conversando y calculando las probabilidades.
“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una escisión del partidowhigcon motivo de lalicence-law, aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección. Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los candidatos democráticos; otra por loswhigsque eran contra lalicence-law(ley prohibiendo vender aguardiente por menos cantidad de quince galones) y otra por loswhigs, sin expresión de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos cuyos nombres se hallaban en ambas listaswhigstuvieron mayoría sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.
“Espero con toda confianza que como el partidowhigha triunfado en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará unbillpara que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.
“Alborotos en Harrisburg.Harrisburg, una villa a orillas del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la legislatura del Estado. La legislatura se reunió aprincipios de Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un informe, dosspeakersfueron elegidos, y se organizaron dos cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el atropamiento organizó unacomisión de salvación, que dirigía sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su modo sus propias diferencias.
“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo muchos cambios de empleadoswhigspara instalar en su lugar a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera contrabalanceados, que la lucha por el poderes de vida o de muerte, y no hay resorte legal y político que no se toque por el partidowhigpara mantenerse en los empleos, y por los demócratas para expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De éstos hay electos sin disputa:
“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos, y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos, cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios, y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales, declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley, los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un distrito o de parte de un distrito. La minoríawhig, por tanto, dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamenteal secretario de Estado, que era tambiénwhig. Este certificado llegó antes del de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus oponentes. Si estos sietewhighubiesen entrado en la Sala de representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado unspeaker(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de los Estados Unidos.
“El partido democrático, considerándose en posesiónbona fidede la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba como un fraudewhig; mientras que loswhig, creyéndose tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus pretensiones.
“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetradoipso facto, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto tumultuososobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente, no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado. Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente. Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general, reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida, y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamenteen la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más fuertes indicios de salud y de vigor.
“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo, aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.
“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y asísucedió en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que haya pasado toda aquella bulla”.
“Derecho de sufragio de Pensilvania.—Ultimamente ha sido adoptada una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, por la cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia deunaño en el Estado, en lugar dedosque se necesitaban antes, y de diez días de residencia del votante en el distrito en que ha de votar, cosa que no se requería, y en el pago de una contribución del Estado o del condado. Requiérense ambas contribuciones, pero toca a la legislatura determinar la clase de pruebas por las cuales se han de acreditar aquellos requisitos y aquella residencia. Las personas de color residentes en el Estado, aunque libres y pagando contribuciones, son privadas del derecho de votar. Antes de la enmienda no habían palabras especiales para excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su privilegio, tan inveterada es la preocupación contra ellos.
“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia era más remota”.
“Apuestas sobre las elecciones.—Ritner añade: “Yo recomiendo fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego. Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y destruye laconfianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de la urna”.
“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores, magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión que requiera la interposición legislativa, representa una pintura humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación, sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas más severas”.
“Elección civil de Nueva York.—La elección de Mayor y consejeros para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido democrático ha quitado el poder a loswhigsy anda ahora celebrando su triunfo.
“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo lleno de admiración.
“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas. Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo una de esastormentas nordeste que causan centenares de enfermedades de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules. ¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenadoswhigs, y esto basta”.
“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley, sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere residencia en unbarrio, como calificación para votar. Cuando un partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la ley. Llaman a esta operacióncolonizar. Los hombres virtuosos de ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes, o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula hace, reunemás dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto se pide que haya una ley de registro.
“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos. Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda cometer aquel crimen.
“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en el sendero del deber”.
“Ley de elecciones.—El 7 de mayo sancionó la legislatura de Nueva York una ley para remediar los abusos que se perpetraba en las elecciones. Por ella se dispone que toda persona que jure falso en cuanto a su calificación será criminal de perjurio, y las personas que indujeren a otros a jurar en falso, serán criminales de soborno de perjurio, y ambos castigados en conformidad.
“Las personas que tratasen de influir a un elector o apartarlo de votar, pagarán una multa que no baje de 500 pesos, o sufrirán una prisión que no exceda de un año, o ambas penas a un tiempo. Las personas que voten u ofrezcan votar en un barrio que no sea el suyo propio, o más de una vez en una elección, serán castigadas con prisión o multa en ambos casos. Los habitantes de otro estado que voten en este serán criminales de felonía, y serán puestos en la prisión de Estado por un término que no pase de un año”.
“Elección de Nueva York.—El partido democrático ha triunfado en la elección de los miembros para la legislatura de laciudadde Nueva York por una mayoría de mil quinientos. Los diarios de aquella ciudad de ambos partidos reconocen que la elección ha sido conducida con orden y decoro, y que el resultado expresa francamente la opinión de la mayoría. Esta elección tuvo lugar bajo la ley enmendada: las elecciones civiles del pasado abril habían sido señaladas por deshonrosa corrupción en general, y perjurios de ambos partidos.
“En el Estado de Nueva York, loswhigshan elegido el gobernador y los electores de ambas cámaras de la legislatura; de modo que los demócratas sólo tienen ascendiente en la ciudad”.
“Elección de Boston.—Hoy es el día de hacer elección en Boston para gobernador y otros empleados del Estado, y para miembros de la legislatura; y yo fuí a una mesa a observar los procedimientos. Había orden y buen humor; pero la opinión está profundamente dividida sobre la ley que prohibe la venta de licores al menudeo, y estas diferencias van a obrar sobre la legislatura por medio de la urna electoral. Ya he mencionado que por sólo la agitación moral, la causa de la temperancia había hecho tan grandes progresos en Massachusetts, que en 1838 la legislatura sancionó una ley a la cual concurrieron whigs y demócratas, prohibiendo la venta de todo licor que contuviese alcohol, en menor cantidad que quince galones, excepto con licencia especial; que muchos amigos de la temperancia se opusieron a ella desde el principio, porque llevaban las cosas demasiado adelante, y por ser errónea en principio. En la mesa de las votaciones encontré un ticket regularwhig, conteniendo una lista de puroswhigs; un ticket demócrata, con una lista de puros demócratas, ambos sin referencia a la cuestión de temperancia; un ticketunión liberal, conteniendo puros candidatoswhigs, pero una mitad partidarios y otra adversariosde la temperancia, o como decía, con mucha gracia, un amigo “un ticket compuesto de un vaso de ron y otro de agua alternativamente”. Había un ticket whig temperante, cuyos candidatos eran todos whigs y abogados de la temperancia; un ticket democrático temperante, en el cual todos eran demócratas partidarios de la temperancia. A más de estos había un ticket liberal whig, uno independiente democrático, otro unión temperancia, y otro abolición, no siéndome posible saber el significado preciso de muchos de ellos. El resultado de esta elección en todo el Estado fué que el gobernador whig Eduardo Everett fué removido, y Mr. Marcus Morton, un juez demócrata, fué nombrado gobernador por una mayoría deuno; los whigs conservaron su ascendiente en el senado y en la sala de representantes sólo por una diminuta mayoría; y, cuando se reunió la sala, su primer acto fué abolir la ley sobre el menudeo de licores espirituosos casi a la unanimidad”.
El presidente de los Estados Unidos.—En marzo de 1839 debe expirar el primer término de oficio de M. Van-Buren, y una nueva elección de presidente tendrá lugar en 1840. Desde que llegamos a los Estados Unidos los diarios whigs habían opuesto a Mr. Clay como el candidato para la presidencia por parte de los whigs, a Van-Buren nombrado por los demócratas para ser reelecto. Los whigs han tenido una convención de delegados de todos los Estados en Harrisburg, en Pensilvania, en la cual dejaron a un lado a Mr. Clay y nombraron al general Harrison, residente en North-Rend en el Estado de Ohío como su candidato, y a Juan Tyler de Virginia para la vicepresidencia. Mr. Clay ha escrito una hermosa carta renunciando a sus pretensiones y aconsejando unanimidad en las filas whigs en favor de Harrison y Tyler. Los delegados, al regresar a sus estados respectivos, convocan a los miembros de su partido a unmeeting, para explicarles las razones que han guiado a la Convención en la elección hecha. Reúnense, entonces,meetingsde ciudad y de condados, a loscuales se comunican estas explicaciones. Por medio de este mecanismo los whigs de todo este vasto país son invitados a comenzar las operaciones bajo este mismo espíritu para asegurar el éxito del objeto de esta elección. Los demócratas siguen una marcha semejante; pero, como están en el poder, su conducta es más bien defensiva que agresiva”.
“La falta de un libro de registro de votantes es indudablemente un defecto en la ley de elecciones de Nueva York; pero, si algún partido político propusiese tal arreglo, sería acusado por el otro de querer restringir los derechos populares, y hacer de ello capital político. En laciudadde Nueva York, sin embargo, prevalecía el partido democrático en 1839, mientras que el partido whig dominaba en la legislatura del Estado. Los whigs se aprovecharon de la oportunidad suministrada por los groseros fraudes practicados en la elección municipal de Nueva York, para sancionar una ley mandando se llevase un registro de electores en aquella ciudad. No lo habrían hecho así para el Estado, porque el grito de derechos populares se habría levantado contra ellos con éxito, mientras que nada perdían en la ciudad por pertenecer ya a sus oponentes. Por tanto, estableciendo un registro para aquella ciudad, hacían el bien que les era posible, esperando ocasión de hacer extensiva la ley a otros lugares”.
“Para adquirir popularidad es preciso buscar la opinión pública por su lado flaco. Ya he descripto a la gran mayoría de los votantes americanos como jóvenes ardientes, llenos de impulso, activos y prácticos, pero deficientes de miras, profundas y extensas, y también incapaces de proseguir un bien distante en medio de obstáculos y dificultades. También dejo establecido que su educación, en proporción de los poderes que ejercen y de los deberes, es muy defectuosa. Para ganar el favor de un pueblo en esta condición de ánimo, no basta por sí misma la actual capacidad para conducirse con honradez e independencia en el desempeño de los destinos públicos; debe, además, dirigirse a sus sentimientos predominantes,participar de sus aversiones y predilecciones capitales, y adherirse con ardor a la causa o al partido que sabe gozar de más alto favor”.
“El puede representar su propia capacidad para el empleo, y su certificado será recibido, con tal que bajo otros respectos su conducta y principios sean aprobados. Si en el desempeño de sus funciones se condujese muy mal, será depuesto del empleo al fin del término por el cual fué elegido; pero la más sabia y concienzuda ejecución no le asegurarán en lo general mantenimiento en el empleo, si aboga públicamente por sus opiniones impopulares, aunque no tengan relación con su empleo, o si pertenece a un partido que haya perdido el favor público, o sido despojado del poder”.
“El mejor remedio que puede proponerse para los males descriptos, me parece que consiste en una educación más alta, y en dar mayor preparación a los electores; si ellos hubiesen sido más completamente instruídos en su juventud con respecto a las leyes que reglan la prosperidad de las naciones como también en las cualidades del espíritu humano, y en la indispensable necesidad de que los empleados públicos tengan integridad y juicio para el recto manejo de los negocios, entonces exigirían de sus hombres públicos más capacidad para captarse el favor popular, y de este modo se conservarían en posesión de los empleos hombres útiles y fieles”.
“La excitación del espíritu público durante la lucha por la presidencia es grande y universal; la lengua deja de expresar y los oídos de escuchar otras palabras que aquellas que se refieren a la elección; la prensa brama bajo el peso del asunto, y todas las funciones de la vida parecen estar consagradas a este objeto. La elección del presidente engendra mucha borrachera y desorden, fraudes, mentiras, soborno, seducción e intimidaciones; pero, también, produce muchísimo bien. Las medidas del gobierno son severamente examinadas por la razón, como también interpretadas por las pasiones;toda la Unión es conmovida por un solo interés, y la impresión de que todos pertenecen a una nación se agita vivamente. Por un momento se olvidan los intereses locales y una sola pulsación vibra desde el Maine al Misisipí. Mi temor es que sin la repetición de estas elecciones, el pueblo de los diversos Estados llegaría rápidamente a mirar a los otros como extranjeros, llevándolo, insensiblemente, a aflojar los lazos que ligan a una gran nación. Las elecciones de miembros para el congreso no producen este efecto; porque, aunque aquella asamblea es nacional, cada uno de sus miembros representa una sección del país. Sólo el presidente deriva del poder del pueblo de toda la Unión”.
“En la elección que tuvo lugar en noviembre de 1839, se trajo a las mesas del escrutinio en Nueva York la cuestión de la moneda corriente. Las divisas de los partidos eran por una parte bancos y papel-moneda, y por la otra metálico, y una ley que proveyese de tesoreros en cada Estado. Estas son cuestiones sobre las cuales Adam Smith, Ricardo, Mac Culloch, y los más profundos economistas han diferido en opinión. ¿Vuestra educación os habilita para entenderlas y decidirlas? ¡No! Y sin embargo vuestro puebloobra, entienda o no entienda. Vota en favor de los sostenedores del papel, y el papel florece. Si sucede lo contrario, llevan al poder a los partidarios del metálico, y el papel y el crédito desaparecen. Hace el pueblo experimentos. Pero ¡qué experimentos! ¡Cuántos millares de individuos y de familias son arruinados por la violencia de cada cambio!”