AL CAER LA TARDE
UN CUARTITO MUY ASEADO
Margarita,trenzando sus cabellos
El deseo ya me abrasade conocer al galán:por su porte y ademánparece de buena casa.Eso no se oculta, no:en el rostro va estampado.Y no fuera tan osado,a no ser hombre de pro.
El deseo ya me abrasade conocer al galán:por su porte y ademánparece de buena casa.Eso no se oculta, no:en el rostro va estampado.Y no fuera tan osado,a no ser hombre de pro.
El deseo ya me abrasa
de conocer al galán:
por su porte y ademán
parece de buena casa.
Eso no se oculta, no:
en el rostro va estampado.
Y no fuera tan osado,
a no ser hombre de pro.
(Vase.)
MEFISTÓFELES, FAUSTO
Mefistófeles
Entra despacio.
Entra despacio.
Entra despacio.
Fausto,después de una pausa
Deseoestar solo.
Deseoestar solo.
Deseo
estar solo.
Mefistófeles,escudriñando el cuarto
Para seraposento de mujer,hay en él bastante aseo.
Para seraposento de mujer,hay en él bastante aseo.
Para ser
aposento de mujer,
hay en él bastante aseo.
(Vase.)
Fausto,mirando alrededor
Grata penumbra, que con tenue veloel templo del amor cubres sombría,infunde al corazón el vivo anheloque la esperanza del placer rocía.De dicha y paz purísima fraganciarespiro aquí con inefable gozo.En esta desnudez ¡cuánta abundancia!¡Cuánta ventura en este calabozo!
Grata penumbra, que con tenue veloel templo del amor cubres sombría,infunde al corazón el vivo anheloque la esperanza del placer rocía.De dicha y paz purísima fraganciarespiro aquí con inefable gozo.En esta desnudez ¡cuánta abundancia!¡Cuánta ventura en este calabozo!
Grata penumbra, que con tenue velo
el templo del amor cubres sombría,
infunde al corazón el vivo anhelo
que la esperanza del placer rocía.
De dicha y paz purísima fragancia
respiro aquí con inefable gozo.
En esta desnudez ¡cuánta abundancia!
¡Cuánta ventura en este calabozo!
(Déjase caer en el sillón de cuero, que está al lado de la cama.)
Recíbeme en tu seno, trono santo,do el anciano reinó, gozoso o triste.¡Ah! ¡Cuántos niños, con alegre encanto,por tus robustos brazos trepar viste!Aquí tal vez, agradecida al cielo,la que mi dueño es hoy, niña inocente,la enjuta mano del caduco abuelovino a besar con labio floreciente.Aquí respiro, hermosa, el que te alientagenio de orden, trabajo y armonía,cuya materna voz, que oyes atenta,te dicta tu deber de cada día.Él te enseña a extender el blanco linosobre la mesa del frugal banquete,y a tu mano, que rige mi destino,da el estropajo humilde por juguete.¡Mano querida! Cual de Dios la diestra,eres creadora, y el que audaz contemplomísero hogar, de lobreguez siniestra,trocar supiste en luminoso templo.
Recíbeme en tu seno, trono santo,do el anciano reinó, gozoso o triste.¡Ah! ¡Cuántos niños, con alegre encanto,por tus robustos brazos trepar viste!Aquí tal vez, agradecida al cielo,la que mi dueño es hoy, niña inocente,la enjuta mano del caduco abuelovino a besar con labio floreciente.Aquí respiro, hermosa, el que te alientagenio de orden, trabajo y armonía,cuya materna voz, que oyes atenta,te dicta tu deber de cada día.Él te enseña a extender el blanco linosobre la mesa del frugal banquete,y a tu mano, que rige mi destino,da el estropajo humilde por juguete.¡Mano querida! Cual de Dios la diestra,eres creadora, y el que audaz contemplomísero hogar, de lobreguez siniestra,trocar supiste en luminoso templo.
Recíbeme en tu seno, trono santo,
do el anciano reinó, gozoso o triste.
¡Ah! ¡Cuántos niños, con alegre encanto,
por tus robustos brazos trepar viste!
Aquí tal vez, agradecida al cielo,
la que mi dueño es hoy, niña inocente,
la enjuta mano del caduco abuelo
vino a besar con labio floreciente.
Aquí respiro, hermosa, el que te alienta
genio de orden, trabajo y armonía,
cuya materna voz, que oyes atenta,
te dicta tu deber de cada día.
Él te enseña a extender el blanco lino
sobre la mesa del frugal banquete,
y a tu mano, que rige mi destino,
da el estropajo humilde por juguete.
¡Mano querida! Cual de Dios la diestra,
eres creadora, y el que audaz contemplo
mísero hogar, de lobreguez siniestra,
trocar supiste en luminoso templo.
(Separa una cortina del lecho.)
¡Qué celestial transporte me extasía!¡Cuál late ansioso el pecho conmovido!¡Cuán feliz en tu seno olvidaríael volar de las horas, dulce nido!Aquí en sueños de amor, Naturaleza,modelaste esa angélica criatura;aquí, cuando a latir el pecho empieza,la niña descansó cándida y pura.Aquí, la actividad viva y sagrada,porque a mi afán su perfección conteste,completó esa hermosura consumada,que imagen es de la beldad celeste.¿Y tú, qué buscas, qué ansías, alma mía?Goce interior inunda el pecho exhausto...¿Por qué tiemblo, y mi mente se extravía?¡Te desconozco, desdichado Fausto!Mi ser penetra enervadora calma:buscaba el choque del placer violento,¡y en dulces sueños se evapora el alma!¿Juguete somos del fugaz momento?¡Ay! Si aquí apareciese, pura y bella,la pobre niña que burlar ansías,¡cuán pequeño, Don Juan, turbado ante ella,a sus pies mudo y trémulo caerías!
¡Qué celestial transporte me extasía!¡Cuál late ansioso el pecho conmovido!¡Cuán feliz en tu seno olvidaríael volar de las horas, dulce nido!Aquí en sueños de amor, Naturaleza,modelaste esa angélica criatura;aquí, cuando a latir el pecho empieza,la niña descansó cándida y pura.Aquí, la actividad viva y sagrada,porque a mi afán su perfección conteste,completó esa hermosura consumada,que imagen es de la beldad celeste.¿Y tú, qué buscas, qué ansías, alma mía?Goce interior inunda el pecho exhausto...¿Por qué tiemblo, y mi mente se extravía?¡Te desconozco, desdichado Fausto!Mi ser penetra enervadora calma:buscaba el choque del placer violento,¡y en dulces sueños se evapora el alma!¿Juguete somos del fugaz momento?¡Ay! Si aquí apareciese, pura y bella,la pobre niña que burlar ansías,¡cuán pequeño, Don Juan, turbado ante ella,a sus pies mudo y trémulo caerías!
¡Qué celestial transporte me extasía!
¡Cuál late ansioso el pecho conmovido!
¡Cuán feliz en tu seno olvidaría
el volar de las horas, dulce nido!
Aquí en sueños de amor, Naturaleza,
modelaste esa angélica criatura;
aquí, cuando a latir el pecho empieza,
la niña descansó cándida y pura.
Aquí, la actividad viva y sagrada,
porque a mi afán su perfección conteste,
completó esa hermosura consumada,
que imagen es de la beldad celeste.
¿Y tú, qué buscas, qué ansías, alma mía?
Goce interior inunda el pecho exhausto...
¿Por qué tiemblo, y mi mente se extravía?
¡Te desconozco, desdichado Fausto!
Mi ser penetra enervadora calma:
buscaba el choque del placer violento,
¡y en dulces sueños se evapora el alma!
¿Juguete somos del fugaz momento?
¡Ay! Si aquí apareciese, pura y bella,
la pobre niña que burlar ansías,
¡cuán pequeño, Don Juan, turbado ante ella,
a sus pies mudo y trémulo caerías!
Mefistófeles
Viene: huyamos al instante.
Viene: huyamos al instante.
Viene: huyamos al instante.
Fausto
¡Huyamos! No volveré.
¡Huyamos! No volveré.
¡Huyamos! No volveré.
Mefistófeles
Esta cajita encontré;mírala: pesa bastante.Dejémosla en este armario,y por quien soy te aseguroque producirá el conjuroel efecto necesario.Baratijas son el don,para obtener otras luego:el juego, al fin, siempre es juego,y las niñas, niñas son.
Esta cajita encontré;mírala: pesa bastante.Dejémosla en este armario,y por quien soy te aseguroque producirá el conjuroel efecto necesario.Baratijas son el don,para obtener otras luego:el juego, al fin, siempre es juego,y las niñas, niñas son.
Esta cajita encontré;
mírala: pesa bastante.
Dejémosla en este armario,
y por quien soy te aseguro
que producirá el conjuro
el efecto necesario.
Baratijas son el don,
para obtener otras luego:
el juego, al fin, siempre es juego,
y las niñas, niñas son.
Fausto
No me atrevo...
No me atrevo...
No me atrevo...
Mefistófeles
¡Belcebúte confunda! ¿Que la engañopiensas, o quieres, tacaño,quedarte las joyas tú?Renuncia, pues, al placercon que tu ilusión halagas,y de este modo no me hagastiempo y trabajo perder.Mas no da tu gentilezaen extremos tan villanos.Por mí, lávome las manosy me rasco la cabeza.
¡Belcebúte confunda! ¿Que la engañopiensas, o quieres, tacaño,quedarte las joyas tú?Renuncia, pues, al placercon que tu ilusión halagas,y de este modo no me hagastiempo y trabajo perder.Mas no da tu gentilezaen extremos tan villanos.Por mí, lávome las manosy me rasco la cabeza.
¡Belcebú
te confunda! ¿Que la engaño
piensas, o quieres, tacaño,
quedarte las joyas tú?
Renuncia, pues, al placer
con que tu ilusión halagas,
y de este modo no me hagas
tiempo y trabajo perder.
Mas no da tu gentileza
en extremos tan villanos.
Por mí, lávome las manos
y me rasco la cabeza.
(Pone el estuche en el armario y rueda la llave.)
Ahora, salgamos de aquí.Conviene ver si la niñapor sí misma se encariñay se enamora de ti.¡Vamos! ¡Pronto! Va a llegar...Pareces, tan grave y serio,que hayas vuelto al ministeriode tu cátedra escolar,y que en su negro ropónenvuelta, pálida y tísica,esté Doña Metafísicadictándote la lección.Ven.
Ahora, salgamos de aquí.Conviene ver si la niñapor sí misma se encariñay se enamora de ti.¡Vamos! ¡Pronto! Va a llegar...Pareces, tan grave y serio,que hayas vuelto al ministeriode tu cátedra escolar,y que en su negro ropónenvuelta, pálida y tísica,esté Doña Metafísicadictándote la lección.Ven.
Ahora, salgamos de aquí.
Conviene ver si la niña
por sí misma se encariña
y se enamora de ti.
¡Vamos! ¡Pronto! Va a llegar...
Pareces, tan grave y serio,
que hayas vuelto al ministerio
de tu cátedra escolar,
y que en su negro ropón
envuelta, pálida y tísica,
esté Doña Metafísica
dictándote la lección.
Ven.
(Vanse.)
Margarita,con una luz en la mano
¡Qué calor! ¡Qué bochorno!Abriré.
¡Qué calor! ¡Qué bochorno!Abriré.
¡Qué calor! ¡Qué bochorno!
Abriré.
(Abriendo la ventana.)
Me parecíaque la noche estaba fría,y esto abrasa como un horno.Mas ¿qué tengo? ¿Qué me pasa?Siento un hondo escalofrío...¡Quisiera que ya, Dios mío,mi madre estuviera en casa!¡Ay! La angustia me sofoca;inquieta, turbada estoy.¡Bah! ¡Cuán aprensiva soy!¡Cuán aprensiva y cuán loca!
Me parecíaque la noche estaba fría,y esto abrasa como un horno.Mas ¿qué tengo? ¿Qué me pasa?Siento un hondo escalofrío...¡Quisiera que ya, Dios mío,mi madre estuviera en casa!¡Ay! La angustia me sofoca;inquieta, turbada estoy.¡Bah! ¡Cuán aprensiva soy!¡Cuán aprensiva y cuán loca!
Me parecía
que la noche estaba fría,
y esto abrasa como un horno.
Mas ¿qué tengo? ¿Qué me pasa?
Siento un hondo escalofrío...
¡Quisiera que ya, Dios mío,
mi madre estuviera en casa!
¡Ay! La angustia me sofoca;
inquieta, turbada estoy.
¡Bah! ¡Cuán aprensiva soy!
¡Cuán aprensiva y cuán loca!
(Comienza a desnudarse y a cantar.)
Hubo en Thule un rey amante,que a su amada fue constante,hasta el día que murió;ella, en el último instante,su copa de oro le dio.El buen rey, desde aquel día,solo en la copa bebía,fiel al recuerdo tenaz,y al beber humedecíauna lágrima su faz.Llegó el momento postrero,y al hijo su reino enterocediole, como era ley:solo negó al herederola copa el constante rey.En la torre que el mar besa,por orden del rey expresa–tan próximo ve su fin–la Corte en la regia mesagozó el último festín.El postrer sorbo el ancianomoribundo soberanoapuró sin vacilar,y con enérgica manoarrojó la copa al mar.Con mirada de agonía,la copa que al mar caía,fijo y ávido, siguió;vio como el mar la sorbía,y los párpados cerró.
Hubo en Thule un rey amante,que a su amada fue constante,hasta el día que murió;ella, en el último instante,su copa de oro le dio.El buen rey, desde aquel día,solo en la copa bebía,fiel al recuerdo tenaz,y al beber humedecíauna lágrima su faz.Llegó el momento postrero,y al hijo su reino enterocediole, como era ley:solo negó al herederola copa el constante rey.En la torre que el mar besa,por orden del rey expresa–tan próximo ve su fin–la Corte en la regia mesagozó el último festín.El postrer sorbo el ancianomoribundo soberanoapuró sin vacilar,y con enérgica manoarrojó la copa al mar.Con mirada de agonía,la copa que al mar caía,fijo y ávido, siguió;vio como el mar la sorbía,y los párpados cerró.
Hubo en Thule un rey amante,
que a su amada fue constante,
hasta el día que murió;
ella, en el último instante,
su copa de oro le dio.
El buen rey, desde aquel día,
solo en la copa bebía,
fiel al recuerdo tenaz,
y al beber humedecía
una lágrima su faz.
Llegó el momento postrero,
y al hijo su reino entero
cediole, como era ley:
solo negó al heredero
la copa el constante rey.
En la torre que el mar besa,
por orden del rey expresa
–tan próximo ve su fin–
la Corte en la regia mesa
gozó el último festín.
El postrer sorbo el anciano
moribundo soberano
apuró sin vacilar,
y con enérgica mano
arrojó la copa al mar.
Con mirada de agonía,
la copa que al mar caía,
fijo y ávido, siguió;
vio como el mar la sorbía,
y los párpados cerró.
(Abre el armario para guardar los vestidos, y ve el estuche.)
¿Quién ha puesto en el armarioeste cofrecillo? Abiertano he dejado yo la puerta...¡Vaya! ¡Es lance extraordinario!¿Qué contendrá? No lo sé;a mi madre alguien lo dioquizás en prenda. ¡Si yopudiera abrir!... Probaré.Cuelga aquí una llave de orode una cintita de seda...¿Me atrevo?... Entra bien; ya rueda;ya está abierto. ¡Qué tesoro!¡Joyas son!... Riqueza igualno vi: lucirlas podríaen el más solemne díala dama más principal.Turbada, aturdida estoy:¿quién será su dueño, quién?Veré si me sienta bienel collar.
¿Quién ha puesto en el armarioeste cofrecillo? Abiertano he dejado yo la puerta...¡Vaya! ¡Es lance extraordinario!¿Qué contendrá? No lo sé;a mi madre alguien lo dioquizás en prenda. ¡Si yopudiera abrir!... Probaré.Cuelga aquí una llave de orode una cintita de seda...¿Me atrevo?... Entra bien; ya rueda;ya está abierto. ¡Qué tesoro!¡Joyas son!... Riqueza igualno vi: lucirlas podríaen el más solemne díala dama más principal.Turbada, aturdida estoy:¿quién será su dueño, quién?Veré si me sienta bienel collar.
¿Quién ha puesto en el armario
este cofrecillo? Abierta
no he dejado yo la puerta...
¡Vaya! ¡Es lance extraordinario!
¿Qué contendrá? No lo sé;
a mi madre alguien lo dio
quizás en prenda. ¡Si yo
pudiera abrir!... Probaré.
Cuelga aquí una llave de oro
de una cintita de seda...
¿Me atrevo?... Entra bien; ya rueda;
ya está abierto. ¡Qué tesoro!
¡Joyas son!... Riqueza igual
no vi: lucirlas podría
en el más solemne día
la dama más principal.
Turbada, aturdida estoy:
¿quién será su dueño, quién?
Veré si me sienta bien
el collar.
(Poniéndoselo al espejo.)
¡Otra ya soy!Si, a lo menos, fueran míoslos zarcillos... Porque es cosabien pobre un rostro de rosasin ajenos atavíos.De juventud y beldadlos hombres ya no hacen caso;si te echan flores al paso,es por lástima y piedad.¿Para qué ser bella quieres?Hoy solo existe un tesoro,y ese tesoro es el oro:¡el oro!... ¡Pobres mujeres!
¡Otra ya soy!Si, a lo menos, fueran míoslos zarcillos... Porque es cosabien pobre un rostro de rosasin ajenos atavíos.De juventud y beldadlos hombres ya no hacen caso;si te echan flores al paso,es por lástima y piedad.¿Para qué ser bella quieres?Hoy solo existe un tesoro,y ese tesoro es el oro:¡el oro!... ¡Pobres mujeres!
¡Otra ya soy!
Si, a lo menos, fueran míos
los zarcillos... Porque es cosa
bien pobre un rostro de rosa
sin ajenos atavíos.
De juventud y beldad
los hombres ya no hacen caso;
si te echan flores al paso,
es por lástima y piedad.
¿Para qué ser bella quieres?
Hoy solo existe un tesoro,
y ese tesoro es el oro:
¡el oro!... ¡Pobres mujeres!