APOSENTO DE MARGARITA

APOSENTO DE MARGARITA

MARGARITA,sola, hilando al torno

Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!La tumba contemploallí do él no está;el mundo emponzoñami amargo penar.Mi pobre cabezaconfúndese ya;mis pobres sentidosno pueden ya más.Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!Por él mis ventanasabiertas están;por él atraviesocien veces mi umbral.Su altiva presencia,su noble ademán,su tierna sonrisa,su ardiente mirar,su dulce palabrade grato raudal,su apretón de mano,y sus besos, ¡ay!...Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!Al verle me oprimeterrible ansiedad,y verle y tenerlees mi único afán.¡Y dándole besos,a no poder más,morir en sus brazosde tanto besar!

Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!La tumba contemploallí do él no está;el mundo emponzoñami amargo penar.Mi pobre cabezaconfúndese ya;mis pobres sentidosno pueden ya más.Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!Por él mis ventanasabiertas están;por él atraviesocien veces mi umbral.Su altiva presencia,su noble ademán,su tierna sonrisa,su ardiente mirar,su dulce palabrade grato raudal,su apretón de mano,y sus besos, ¡ay!...Huyeron del almala dicha y la paz,huyeron por siempre,¡por siempre jamás!Al verle me oprimeterrible ansiedad,y verle y tenerlees mi único afán.¡Y dándole besos,a no poder más,morir en sus brazosde tanto besar!

Huyeron del alma

la dicha y la paz,

huyeron por siempre,

¡por siempre jamás!

La tumba contemplo

allí do él no está;

el mundo emponzoña

mi amargo penar.

Mi pobre cabeza

confúndese ya;

mis pobres sentidos

no pueden ya más.

Huyeron del alma

la dicha y la paz,

huyeron por siempre,

¡por siempre jamás!

Por él mis ventanas

abiertas están;

por él atravieso

cien veces mi umbral.

Su altiva presencia,

su noble ademán,

su tierna sonrisa,

su ardiente mirar,

su dulce palabra

de grato raudal,

su apretón de mano,

y sus besos, ¡ay!...

Huyeron del alma

la dicha y la paz,

huyeron por siempre,

¡por siempre jamás!

Al verle me oprime

terrible ansiedad,

y verle y tenerle

es mi único afán.

¡Y dándole besos,

a no poder más,

morir en sus brazos

de tanto besar!


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