Ilustración ornamentalEN LOS MUROS DE LA CIUDAD
Ilustración ornamental
Una imagen de Nuestra Señora de los Dolores en un nicho de la muralla. Delante de ella vasos con flores
Margarita,poniendo flores frescas en los vasos
¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!Los ojos inclina piadosa hacia mí.Hundida en el pecho durísima espada,llorando la muerte del Hijo, te vi.Llorando sin treguas el suyo y tu duelo,las quejas exhalas de aquel doble afán;los húmedos ojos levantas al cielo;tus hondos suspiros también allá van.Tormento cual este, que fiero me oprime,¿quién puede en el mundo, quién puede sentir?¡Tú, Virgen piadosa, tú, Madre sublime,tú sola, que sabes de amar y sufrir!Doquiera que vaya, mi afán va conmigo;doquiera lo esconda, lo arrastro detrás;llorando y llorando mi mal no mitigo;llorando y llorando no puedo ya más.Los tiestos que alegran mi pobre ventanaregaba con llanto de acerbo dolor,cuando, amaneciendo, cogí esta mañanasus flores que siempre te guarda mi amor.El sol inundaba, risueño y brillante,mi humilde aposento con vívida luz,y el rayo primero me halló vigilante,sentada en mi lecho, llorando mi cruz.¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!Los ojos inclina piadosa hacia mí;de horrible deshonra, de muerte ultrajadaliberta a quien siempre buscó amparo en ti.
¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!Los ojos inclina piadosa hacia mí.Hundida en el pecho durísima espada,llorando la muerte del Hijo, te vi.
¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!
Los ojos inclina piadosa hacia mí.
Hundida en el pecho durísima espada,
llorando la muerte del Hijo, te vi.
Llorando sin treguas el suyo y tu duelo,las quejas exhalas de aquel doble afán;los húmedos ojos levantas al cielo;tus hondos suspiros también allá van.
Llorando sin treguas el suyo y tu duelo,
las quejas exhalas de aquel doble afán;
los húmedos ojos levantas al cielo;
tus hondos suspiros también allá van.
Tormento cual este, que fiero me oprime,¿quién puede en el mundo, quién puede sentir?¡Tú, Virgen piadosa, tú, Madre sublime,tú sola, que sabes de amar y sufrir!
Tormento cual este, que fiero me oprime,
¿quién puede en el mundo, quién puede sentir?
¡Tú, Virgen piadosa, tú, Madre sublime,
tú sola, que sabes de amar y sufrir!
Doquiera que vaya, mi afán va conmigo;doquiera lo esconda, lo arrastro detrás;llorando y llorando mi mal no mitigo;llorando y llorando no puedo ya más.
Doquiera que vaya, mi afán va conmigo;
doquiera lo esconda, lo arrastro detrás;
llorando y llorando mi mal no mitigo;
llorando y llorando no puedo ya más.
Los tiestos que alegran mi pobre ventanaregaba con llanto de acerbo dolor,cuando, amaneciendo, cogí esta mañanasus flores que siempre te guarda mi amor.
Los tiestos que alegran mi pobre ventana
regaba con llanto de acerbo dolor,
cuando, amaneciendo, cogí esta mañana
sus flores que siempre te guarda mi amor.
El sol inundaba, risueño y brillante,mi humilde aposento con vívida luz,y el rayo primero me halló vigilante,sentada en mi lecho, llorando mi cruz.
El sol inundaba, risueño y brillante,
mi humilde aposento con vívida luz,
y el rayo primero me halló vigilante,
sentada en mi lecho, llorando mi cruz.
¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!Los ojos inclina piadosa hacia mí;de horrible deshonra, de muerte ultrajadaliberta a quien siempre buscó amparo en ti.
¡Oh Madre afligida! ¡Oh Madre angustiada!
Los ojos inclina piadosa hacia mí;
de horrible deshonra, de muerte ultrajada
liberta a quien siempre buscó amparo en ti.
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