Chapter 37

II

Es una noche clara en que iluminaEl firmamento azul la luna llena,Con esa luz templada y argentinaQue extiende por la atmósfera serenaUn velo de fantástica neblina.Las torres del castillo de BaenaVense á su tibia claridad distintas,Tomando en ella nacaradas tintas.En paz reposa el señorial castillo;Todo tranquilo en su recinto calla:Del vigía que vela en el rastrilloY el centinela puesto en la muralla,De las móviles armas radia el brillo:Todo cerrado y barreado se halla;No hay más que una ventana que no encajeEn la torre feudal del homenaje.De ella asomado á la robusta rejaContempla la campiña un prisionero,Y á su ánima vagar por ella deja,Dando un solaz mezquino y pasajeroAl rudo afán que el corazón le aqueja,Y al pie de su ventana un ballesteroVigila en el adarve, murmurandoLa estrofa de un cantar de cuando en cuando.Mas no es tan sólo al campo á lo que mira,Sin duda, el melancólico cautivo;Ni es para la aflicción con que suspiraLa libertad el solo lenitivo.Lo que espera no es, ni á lo que aspira,Seña exterior, ni á verse fugitivo:Su esperanza tal vez está pendienteEn un balcón del torreón de Oriente.De él su mirada pertinaz no quita,De su reja teniéndole frontero:Mas que sorprenda cuidadoso evitaSu mirada el sombrío ballestero,Cuya curiosidad acaso excitaLa vigilia tenaz del prisionero;Es ya empero la noche bien entradaY nada justifica su mirada.La media noche al fin cantó el vigía,Cuando he aquí que del balcón del muroLentamente se abrió la celosía;Hundióse de su cárcel en lo obscuroAl ver el prisionero que se abría,Y á poco en la región del aire puro,De una guzla morisca acompañada,Se derramó una voz á ella acordada.Y bien fuera por seña convenida,Ó por acaso inmeditado fuera,La guzla tras la reja fué tañida,Del balcón al abrirse la vidriera:Mas entonada por azar ú oídaDesde el balcón por alguien que la espera,El cautivo esta cántiga entonaba,Y hasta el balcón el viento la llevaba.

Es una noche clara en que iluminaEl firmamento azul la luna llena,Con esa luz templada y argentinaQue extiende por la atmósfera serenaUn velo de fantástica neblina.Las torres del castillo de BaenaVense á su tibia claridad distintas,Tomando en ella nacaradas tintas.En paz reposa el señorial castillo;Todo tranquilo en su recinto calla:Del vigía que vela en el rastrilloY el centinela puesto en la muralla,De las móviles armas radia el brillo:Todo cerrado y barreado se halla;No hay más que una ventana que no encajeEn la torre feudal del homenaje.De ella asomado á la robusta rejaContempla la campiña un prisionero,Y á su ánima vagar por ella deja,Dando un solaz mezquino y pasajeroAl rudo afán que el corazón le aqueja,Y al pie de su ventana un ballesteroVigila en el adarve, murmurandoLa estrofa de un cantar de cuando en cuando.Mas no es tan sólo al campo á lo que mira,Sin duda, el melancólico cautivo;Ni es para la aflicción con que suspiraLa libertad el solo lenitivo.Lo que espera no es, ni á lo que aspira,Seña exterior, ni á verse fugitivo:Su esperanza tal vez está pendienteEn un balcón del torreón de Oriente.De él su mirada pertinaz no quita,De su reja teniéndole frontero:Mas que sorprenda cuidadoso evitaSu mirada el sombrío ballestero,Cuya curiosidad acaso excitaLa vigilia tenaz del prisionero;Es ya empero la noche bien entradaY nada justifica su mirada.La media noche al fin cantó el vigía,Cuando he aquí que del balcón del muroLentamente se abrió la celosía;Hundióse de su cárcel en lo obscuroAl ver el prisionero que se abría,Y á poco en la región del aire puro,De una guzla morisca acompañada,Se derramó una voz á ella acordada.Y bien fuera por seña convenida,Ó por acaso inmeditado fuera,La guzla tras la reja fué tañida,Del balcón al abrirse la vidriera:Mas entonada por azar ú oídaDesde el balcón por alguien que la espera,El cautivo esta cántiga entonaba,Y hasta el balcón el viento la llevaba.

Es una noche clara en que iluminaEl firmamento azul la luna llena,Con esa luz templada y argentinaQue extiende por la atmósfera serenaUn velo de fantástica neblina.Las torres del castillo de BaenaVense á su tibia claridad distintas,Tomando en ella nacaradas tintas.

Es una noche clara en que ilumina

El firmamento azul la luna llena,

Con esa luz templada y argentina

Que extiende por la atmósfera serena

Un velo de fantástica neblina.

Las torres del castillo de Baena

Vense á su tibia claridad distintas,

Tomando en ella nacaradas tintas.

En paz reposa el señorial castillo;Todo tranquilo en su recinto calla:Del vigía que vela en el rastrilloY el centinela puesto en la muralla,De las móviles armas radia el brillo:Todo cerrado y barreado se halla;No hay más que una ventana que no encajeEn la torre feudal del homenaje.

En paz reposa el señorial castillo;

Todo tranquilo en su recinto calla:

Del vigía que vela en el rastrillo

Y el centinela puesto en la muralla,

De las móviles armas radia el brillo:

Todo cerrado y barreado se halla;

No hay más que una ventana que no encaje

En la torre feudal del homenaje.

De ella asomado á la robusta rejaContempla la campiña un prisionero,Y á su ánima vagar por ella deja,Dando un solaz mezquino y pasajeroAl rudo afán que el corazón le aqueja,Y al pie de su ventana un ballesteroVigila en el adarve, murmurandoLa estrofa de un cantar de cuando en cuando.

De ella asomado á la robusta reja

Contempla la campiña un prisionero,

Y á su ánima vagar por ella deja,

Dando un solaz mezquino y pasajero

Al rudo afán que el corazón le aqueja,

Y al pie de su ventana un ballestero

Vigila en el adarve, murmurando

La estrofa de un cantar de cuando en cuando.

Mas no es tan sólo al campo á lo que mira,Sin duda, el melancólico cautivo;Ni es para la aflicción con que suspiraLa libertad el solo lenitivo.Lo que espera no es, ni á lo que aspira,Seña exterior, ni á verse fugitivo:Su esperanza tal vez está pendienteEn un balcón del torreón de Oriente.

Mas no es tan sólo al campo á lo que mira,

Sin duda, el melancólico cautivo;

Ni es para la aflicción con que suspira

La libertad el solo lenitivo.

Lo que espera no es, ni á lo que aspira,

Seña exterior, ni á verse fugitivo:

Su esperanza tal vez está pendiente

En un balcón del torreón de Oriente.

De él su mirada pertinaz no quita,De su reja teniéndole frontero:Mas que sorprenda cuidadoso evitaSu mirada el sombrío ballestero,Cuya curiosidad acaso excitaLa vigilia tenaz del prisionero;Es ya empero la noche bien entradaY nada justifica su mirada.

De él su mirada pertinaz no quita,

De su reja teniéndole frontero:

Mas que sorprenda cuidadoso evita

Su mirada el sombrío ballestero,

Cuya curiosidad acaso excita

La vigilia tenaz del prisionero;

Es ya empero la noche bien entrada

Y nada justifica su mirada.

La media noche al fin cantó el vigía,Cuando he aquí que del balcón del muroLentamente se abrió la celosía;Hundióse de su cárcel en lo obscuroAl ver el prisionero que se abría,Y á poco en la región del aire puro,De una guzla morisca acompañada,Se derramó una voz á ella acordada.

La media noche al fin cantó el vigía,

Cuando he aquí que del balcón del muro

Lentamente se abrió la celosía;

Hundióse de su cárcel en lo obscuro

Al ver el prisionero que se abría,

Y á poco en la región del aire puro,

De una guzla morisca acompañada,

Se derramó una voz á ella acordada.

Y bien fuera por seña convenida,Ó por acaso inmeditado fuera,La guzla tras la reja fué tañida,Del balcón al abrirse la vidriera:Mas entonada por azar ú oídaDesde el balcón por alguien que la espera,El cautivo esta cántiga entonaba,Y hasta el balcón el viento la llevaba.

Y bien fuera por seña convenida,

Ó por acaso inmeditado fuera,

La guzla tras la reja fué tañida,

Del balcón al abrirse la vidriera:

Mas entonada por azar ú oída

Desde el balcón por alguien que la espera,

El cautivo esta cántiga entonaba,

Y hasta el balcón el viento la llevaba.


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