Ahora bien, Excmo. Sr.: ¿puede darse negacion más completa de la letra de la Ley de Marzo? ¡Cómo el legislador habia de sospechar que todo esto se exigiria, cuando él trataba de hacer una ley de libertad del trabajo!
Lea, lea V. E. todos y cada uno de los artículos del Reglamento en cuestion. Por su naturaleza debia ser favorable á los libertos. Este es un principio sancionado hasta por nuestras Partidas cuando dice «que todas las leyes deben ayudar á la libertad quando ouiesen alguna carrera ó alguna razon porque lo pudieran facer»—y que es «regla de derecho que todos los juzgadores deven ayudar á la libertad, porque es amiga de la natura que la aman non tan solamente los omes, mas aun todos los otros animales.» La jurisprudencia de los tribunales añade: «que lo que la leyexpresamenteno prohibe se entiende permitido.» Pues bien: ¿dónde hay un artículo en todo ese Reglamento que no sea una traba ó una pena para el liberto; pena ó trabaenteramenteajena al texto de la Ley y á la voluntad del legislador de Marzo? ¡¡Ni uno solo, Excmo. Sr.!!
En cambio, cuando se trata del propietario favorecido del modo que V. E. ha visto, todo cuanto el Reglamento dice es lo siguiente:
«Art. 12. Los propietarios que en el cumplimiento de los contratos vayan contrala letra y el espíritu de estosó de la Ley de abolicion, satisfarán una multa de 20 A 200pesetas(!) segun las circunstancias que concurran. A instancia del Protector ó Síndico la impondrá el Alcalde respectivo, con recurso á este superior Gobierno.»
Es decir, que (aparte de la insignificancia dela multa) aun cuando el propietario incurra en lo que, segun la legislacion comun, bastaria para rescindir el contrato ó motivar una indemnizacion al liberto, no por eso el liberto saldrá de sus manos ni obtendrá beneficio alguno, subsanándose todo con una ligerísima multa que aprovechará..... no el liberto, como es natural y podia deducirse de la ley civil, si que el Estado. ¡De modo, que hasta las culpas del amo se tornan en su ventaja!
¡Puede darse nada más terrible y más peligroso!!
Y basta, Excmo. Sr. El espíritu se fatiga y se oprime el corazon al discurrir sobre este tristísimo tema. Razones de patriotismo y de prudencia, fácilmente comprensibles, nos obligan á prescindir de las consecuencias que entraña el Reglamento de 10 de Abril. V. E. conoce muy bien el peligro inmenso de las reacciones en la cuestion de la esclavitud; no ignora la terrible historia de Santo Domingo, y no habrá dejado de inquirir el sentido y alcance de la reciente agitacion de la isla de Vieques y del conflicto habido con algunos negros de la Tórtola. Por nuestra parte, cumpliendo el deber de llamar la ilustrada atencion de V. E. sobre estos sucesos, respetuosamente protestamos contra el Decreto de Abril, suplicando su pronta derogacion en nombre de los altos intereses comprometidos en ella.
No en balde hemos seguido con ansiedad y acogido con entusiasmo cada uno de los hechos que esmaltan la historia de la abolicion en la pequeña Antilla. Aparte de la modesta satisfaccion que por nuestros humildes esfuerzos nos correspondia, enorgullecíanos, como españoles, la consideracion que á los ojos del estranjero merecia la esperiencia abolicionista de Puerto-Rico, y á fuer de ardientes partidarios de la redencion del esclavo, veiamos con profunda alegría cómo se afirmaba y robustecia un argumento poderosísimo en pro de la abolicion en Cuba.
En este mismo papel hemos reproducido algo de lo que el órgano más autorizado del abolicionismo europeo consignó con motivo de la ejecucion de la ley de Marzo. Por no pecar de impertinentes, prescindimos de reproducir otras declaraciones no ménos terminantes y lisongeras de la prensa norte-americana, francesa é inglesa, precisamente de aquella que con más severidad ha juzgado nuestra infeliz administracion colonial. ¡Quién nos habia de decir, Señor, que los argumentos en contra de esa experiencia sin rival, en daño de esa gran empresa española habian de salir de nuestra misma casa, de nuestra misma familia! ¿Nos tocaba, por ventura, ser los preconizadores del fracaso, ó cuando ménos, los que pusiésemos entela de juicio el empeño más glorioso sin duda, el que nos ha valido más aplausos y más unánime admiracion de cuantos registra la historia de estos últimos años?
¡Pero qué mucho! ¿No salió de nuestra misma casa, de nuestra familia misma la calumniosa especie luego tan comentada y explotada por nuestros encarnizados enemigos, de que la Ley de 22 de Marzo era la obra de la influencia extranjera?
Por esto, con toda la consideracion debida, pedimos á V. E. la revocacion inmediata del Reglamento de 10 de Abril de 1874. Lo pedimos en nombre de la justicia; en respeto á la voluntad de la Asamblea Nacional; en interés y por el prestigio de la Patria.
Por otra parte, público y notorio es cómo nuestros adversarios no cesaron de clamar, desde el momento en que se anunció el proyecto de abolicion para Puerto-Rico, contra las perturbaciones que esta reforma produciría en la pequeña Antilla y los efectos desastrosos que determinaria en Cuba. Pública y notoria es, tambien, la negativa que nosotros opusimos á esos interesados clamores y esos terroríficos anuncios.
El tiempo ha corrido; los hechos han hablado y la experiencia de Puerto-Rico ha resultado brillante, incontestable, magnifica. Esta era la hora de sacar las consecuencias.
Pero en vez de esto, el Reglamento de Abril dá un salto atrás y proclama la vanidad de aquella empresa, y el correo de Cuba, despues de darnos cuenta de la perfecta seguridad que los poseedores de esclavos tienen de que no se tocará por ahora la cuestion social, nos comunica la infausta noticia de haberse acordado por aquella superior autoridad una medida que, cual la de que el pago de las coartaciones y rescates de siervos hechos por estos mismos haya de hacerse precisamente en metálico, suscita una nueva dificultad (y dificultad increible) á la redencion de nuestros esclavos, favorecida excepcionalmente por la legislacion española desde mediados del último siglo.
De suerte que la circunspeccion con que los abolicionistas radicales limitamos nuestros esfuerzos en 1873 á la ley sobre Puerto-Rico; la firmeza con que aceptamos el reto de nuestros adversarios admitiendo el ensayo de la pequeña Antilla en condiciones por todo estremo desfavorables para la causa cuyo mayor interés estaba en Cuba; la fidelidad con que observamos el pacto, latransacciondel 22 de Marzo; la solicitud con que pusimos aquella obra por cima de todo exclusivismo de partido y toda pretension de bandería..... todo esto es recompensado con un Decreto que vuelve á poner el problema sobre el tapete y le complica de unmodo cuyas consecuencias no nos atrevemos á precisar y cuya responsabilidad declinamos resueltamente!
Apenados, pues, debemos estar, Sr. Excelentísimo, y lo estamos. No conseguirá ciertamente este contratiempo debilitar en lo más mínimo nuestra fé y nuestra perseverancia; que hemos jurado no abandonar la causa de la justicia mientras la bandera de España dé sombra á esa institucion que nos avergüenza, haciendo que por boca de Livingstone sepan los pueblos cultos, que entre los salvajes de Africa se repite el nombre de Cuba como el «de primer mercado de esclavos del mundo.» No, no hemos de desmayar, y ahora ménos que nunca, porque en medio de los sufrimientos sin tasa de esta malaventurada cuanto querida tierra; ante la guerra civil que nos desangra y nos deshonra; ante la crísis económica que nos deshace; ante la tempestad de horrores que se desencadena sobre nuestras cabezas y nos impide que entreveamos las suaves tintas de un porvenir más tranquilo..... pensamos en nuestras culpas y nuestros errores; registramos nuestra conciencia; traemos á la mente las expiaciones de la historia; y creyendo que hemos pecado mucho, recordamos aquellas palabras de Franklin: «¡Siempre que pienso en Dios y me acuerdo de la esclavitud tiemblo por mi Patria!»
De esperar es de V. E., cuyas virtudes con gusto reconocemos, que estas negruras tengan un término, volviendo á su imperio las leyes y continuando su admirable marcha las ideas abolicionistas, tan en consonancia con el espíritu de la Constitucion española de 1869 y sobre todo con el sentido y las exigencias de la civilizacion moderna.
Dígnese, pues, V. E., escuchar nuestra respetuosa súplica.
Madrid 15 de Julio de 1874.
Por laSociedad Abolicionista Española,Gabriel Rodriguez.—Rafael M. De Labra.—Manuel Ruiz De Quevedo.—Salvador Torres Aguilar.—Francisco Diaz Quintero.—Eduardo Chao.—Manuel Regidor.—Julio Vizcarrondo.—J. F. Cintron.—Manuel Corchado.—Joaquin de Huelves.
SOCIEDADABOLICIONISTA ESPAÑOLAPresidenciaValverde, 25.—Madrid
NOTAS AL CALCE:[1]En Arecibo hay todavía por embarcar unos 1.400 bocoyes.[2]Se dividieron los siete departamentos en tres distritos: Capital, Mayagua y Ponce.[3]Guayama es el distrito esclavista por excelencia de Puerto-Rico, así como Ponce es uno de los más ardientes abolicionistas. Los hacendados de Guayama intentaron hace años levantar un empréstito para hacer un canal de riego: se dirigieron á Inglaterra en busca de capital; lo hallaron con la garantía de sus fincas; pero al saber los capitalistas ingleses que estas fincas tenian esclavos rehusaron el apoyo que se les pedía.(Nota de la S. A. E.)
[1]En Arecibo hay todavía por embarcar unos 1.400 bocoyes.[2]Se dividieron los siete departamentos en tres distritos: Capital, Mayagua y Ponce.[3]Guayama es el distrito esclavista por excelencia de Puerto-Rico, así como Ponce es uno de los más ardientes abolicionistas. Los hacendados de Guayama intentaron hace años levantar un empréstito para hacer un canal de riego: se dirigieron á Inglaterra en busca de capital; lo hallaron con la garantía de sus fincas; pero al saber los capitalistas ingleses que estas fincas tenian esclavos rehusaron el apoyo que se les pedía.(Nota de la S. A. E.)
[1]En Arecibo hay todavía por embarcar unos 1.400 bocoyes.
[2]Se dividieron los siete departamentos en tres distritos: Capital, Mayagua y Ponce.
[3]Guayama es el distrito esclavista por excelencia de Puerto-Rico, así como Ponce es uno de los más ardientes abolicionistas. Los hacendados de Guayama intentaron hace años levantar un empréstito para hacer un canal de riego: se dirigieron á Inglaterra en busca de capital; lo hallaron con la garantía de sus fincas; pero al saber los capitalistas ingleses que estas fincas tenian esclavos rehusaron el apoyo que se les pedía.(Nota de la S. A. E.)
Nota del Transcriptor: Errores obvios de imprenta han sido corregidos. Páginas en blanco han sido eliminadas.