LIBRO VI.
ARGUMENTO.
Después de haber Psique con mucha fatiga buscado a Cupido, se ofreció a Venus, y con cuánta soberbia fue tratada de ella; mandole hacer cosas imposibles; conviene a saber: que apartase de un montón grande todas las simientes, cada linaje de granos por su parte, y que le trajese el fleco del vellocino de oro, y del agua Estigia infernal le trajese un jarro lleno. — Asimismo le trajese una bujeta llena de la hermosura de Proserpina. — Todas las cuales cosas hechas por ayuda de los Dioses, Psique casó con su marido Cupido en el Concilio de los Dioses, y sus bodas fueron celebradas en el cielo, del cual matrimonio nació el deleite.
Cómo Psique fue al templo de la diosa Ceres y al de Juno a demandarles socorro y ayuda para su fatiga, y ninguna se lo dio por no enojar más a Venus, que estaba enojada.
La desdichada Psique andaba por diversas partes y caminos buscando a su marido, y tanto más le crecía el deseo de hallarlo, cuanta era la pena que traía en buscarle. Y deliberaba entre sí que si no le pudiese con sushalagos como mujer amansar, que a lo menos con sus ruegos y oraciones lo aplacara.
Yendo así pensando en esto, vio un templo encima de un alto monte, y dijo:
—¿Qué sé yo ahora si por ventura mora mi señor en este templo? Y luego se fue hacia allá; y habiendo subido a aquel monte, llegó al templo y entró, donde vio muchas espigas de trigo y cebada derramadas por el suelo sin ningún orden ni concierto. Psique, como vio estas cosas derramadas, comenzó a apartar cada cosa por su parte, y a componerlo y a ataviarlo todo.
Estando en esta obra, entró la diosa Ceres, y como la viese, comenzole a decir.
—¡Oh Psique desventurada, la diosa Venus anda por todo el mundo con grandísima ansia buscándote, y pretende traerte a la muerte, y tú ahora estás aquí teniendo cuidado de mis cosas!
Entonces Psique echose a sus pies y comenzolos a regar con sus lágrimas, suplicándole y pidiéndole perdón, diciendo:
—Ruégote, señora, por la tu diestra mano, sembradora de los panes, y por las ceremonias alegres de las sementeras, y por las aradas y barbechos de Sicilia, y por los sacrificios que se hacen en la ciudad Eleusina, que tú socorras a la triste ánima de tu sierva Psique, y consiente que entre estos montones de espigas me pueda esconder algunos pocos días hasta que pase la cruel y vengativa ira de tan gran diosa como es Venus.
Ceres le respondió:
—Ciertamente yo me he conmovido a compasión por ver tus lágrimas y lo que me ruegas, y deséote ayudar, pero no quiero incurrir en desgracia de mi cuñada, con la cual tengo antigua amistad. Así que tú parte luego demi casa, y recibe en gracia que no fuiste presa por mí ni retenida.
Cuando Psique esto oyó, llena de mayor dolor, tomó su camino adelante, y habiendo andado un gran rato, vio un hermoso templo que estaba en una selva de mucha arboleda, edificado muy pulidamente, en el cual entró y vio en él muy ricos dones de ropas y vestiduras colgadas de los troncos y ramas de los árboles con letras de oro que decían la causa por que eran allí ofrecidas, y el nombre de la diosa a quien se daban.
Entonces Psique, hincando las rodillas en el suelo y con las manos tocando el altar y limpiándolas con lágrimas de sus ojos, comenzó a decir de esta manera:
—¡Oh tú, Juno, mujer y hermana del gran Júpiter, o estés en el antiguo templo de la isla de Samos, la cual se glorifica porque tú naciste y te criaste allí; o estés en la silla de la alta ciudad de Cartago, la cual te adoró como doncella que fuiste llevada al cielo encima de un león; o estés en la ribera del río Ínaco, el cual hace memoria de ti, que eres casada con Júpiter y reina de las diosas; o estés en las ciudades de los griegos, adonde todos te honran como a diosa de los casamientos; donde quiera que estés, te ruego que socorras mis extremas necesidades y peligros!
Acabado de decir esto, luego le pareció la diosa Juno, y díjole:
—Yo te quisiera remediar con mi ayuda y favor; pero contra la voluntad de Venus, mi nuera, la cual siempre tuve en lugar de hija, no lo puedo hacer, porque la vergüenza me resiste. Demás de esto, las leyes prohíben que nadie pueda recibir los esclavos fugitivos contra la voluntad de sus señores; por tanto, vete luego de aquí.
Cómo Psique se fue a presentar ante Venus por demandarle perdón, y los trabajos que con ella hubo.
De esta manera espantada Psique, viéndose desechada del favor de las diosas, determinó presentarse ante la diosa Venus, pensando que con esta humildad y obediencia la aplacaría. En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psique por la tierra, determinó subir al cielo, y mandó aparejar su carro, el cual, Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, y luego a la hora salieron de su cámara cuatro palomas muy blancas, pusiéronse en orden para llevar el carro, y como Venus subió encima, comenzaron a volar alegremente, y tras el carro comenzaron a volar muchos pajaritos y aves que cantaban muy dulcemente, haciendo saber como Venus venía.
En esta manera llegó al palacio real de Júpiter, y con mucha osadía pidió que le mandase al dios Mercurio le ayudase con su voz, que había menester para cierto negocio.
Júpiter se lo otorgó, y mandó que así se hiciese.
Entonces ella, alegremente, acompañándola Mercurio, se partió del cielo y de esta manera habló a Mercurio:
—Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y presencia, y ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo nopuedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí; así que ya no tengo otro remedio sino que públicamente tú pregones que le será dado gran premio a quien la descubriere. Por ende te ruego que hagas prestamente lo que te digo, y en tu pregón da las señas e indicios por donde manifiestamente se pueda conocer.
Diciendo esto, se fue a su casa.
No olvidó Mercurio lo que Venus le mandó hacer, y luego se fue por todos los lugares y ciudades pregonando que si alguno mostrare o prendiere a Psique, hija del rey y sierva de Venus, que anda huida, que le dará por ello muy grande premio.
De esta manera pregonando Mercurio, todos buscaban a Psique por ganar el hallazgo, la cual cosa oída por ella, luego a mucha prisa se fue a presentar al templo de Venus, y como llegó a las puertas del templo, salió a ella una doncella de Venus, que había nombre Costumbre, y como la vio, comenzó a dar grandes voces diciendo:
—Vos dueña, mala esclava, ya sentís que tenéis señora; no sabéis cuánto trabajo nos habéis dado, que andamos por todas las partes a buscaros. Pero bien está pues caísteis en mis manos; haced cuenta que caísteis en la cárcel del infierno, adonde para siempre jamás nunca podréis salir, y muy prestamente recibiréis la pena de vuestra gran contumacia y fiera rebeldía.
Diciendo esto arremetió a ella, y tomándola por los cabellos, la llevó ante Venus, la cual, como la vio, comenzose a reír, y meneando la cabeza, rascándose en la oreja, comenzó a decir:
—Basta, que ya fuiste contenta de hablar a tu suegra; mas antes creo que lo hiciste por ver a tu marido, que está a la muerte de la llaga que tú le causaste; peroestá segura que yo te recibiré como conviene a buena nuera.
Y como esto dijo, llamó a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, a las cuales mandó que azotasen cruelmente a Psique. Ellas, obedeciendo el mandamiento de su señora, dieron tantos azotes a la mezquina Psique, que la atormentaron muy malamente, y luego la tornaron a presentar otra vez ante su señora. Venus, como la vio, se comenzó otra vez a reír, y dijo:
—¿No veis cómo aun en el vientre que trae hinchado nos conmueve a misericordia? Piensa hacerme abuela, bien dichosa con lo que saliere de esta su preñez. Dichosa yo que en la flor de mi edad me llamarán abuela, y el hijo de una bellaca oirá que le llamen nieto de la diosa Venus; pero necia soy en decir esto, porque mi hijo no es casado, por cuanto las personas no son iguales, y lo que hicieron entre sí no es válido, que fue en un monte escondido y sin testigos, ni con consentimiento de padre ni madre.
Y diciendo esto, tomó trigo y cebada, mijo y centeno, garbanzos y lentejas, lo cual todo mezclado y hecho un gran montón, dijo a Psique:
—Tú me pareces mujer de gran cuidado: yo quiero experimentar tu servicio; por tanto, aparta todos los granos de estas simientes que están juntos en este montón, y cada simiente apartada me la has de dar antes de la noche.
Y diciendo esto, se fue a comer a las bodas de sus dioses.
Psique, embarazada con la grandeza de aquel mandamiento, estaba callando como una muerta, que nunca alzó la mano a comenzar tan grande obra para nunca acabar.
Entonces aquellas pequeñas hormigas del campo, teniendo mancilla de tan gran trabajo y dificultad como era el de la mujer del dios de amor, discurrieron prestamente por esos campos, y llamaron todas las huestes de hormigas, diciéndoles:
—¡Oh sutiles hijas, criadas de la tierra, madre de todas las cosas, habed mancilla de una moza hermosa, mujer del dios de amor, y socorredla presto, que está en gran peligro!
—Entonces, como ondas de agua, venían infinitas hormigas, cayendo unas sobre otras, y con mucha diligencia apartaron todo el montón, grano a grano. Después de apartado y divisos todos los géneros de simiente, prestamente se fueron de allí.
Luego, al comienzo de la noche, Venus llegó, y vista la diligencia de la obra, dijo:
—¡Oh mala, no es tuya ni de tus manos esta obra sino de aquel a quien tú más has placido!
Y diciendo esto, echole un pedazo de pan para que comiese, y se fue a acostar.
Cómo Venus mandó a Psique cosas muy dificultosas, las cuales acabó con ayuda de los dioses.
Y al otro día, luego que amaneció, mandó Venus llamar a Psique, y díjole de esta manera:
—¿Ves tú aquella floresta por donde pasa aquel río que tiene aquellos grandes árboles alderredor, y vesaquellas ovejas resplandecientes y de color de oro, que andan por allí paciendo, sin que nadie las guarde? Pues ve allá luego, y tráeme la flor de su precioso vellocino, en cualquier manera que lo puedas traer.
Psique, de muy buena gana se fue allá, no con pensamiento de hacer lo que Venus le había mandado, mas por dar fin a sus males, echándose de un risco de aquellos dentro en el río. Y llegando cerca del río, una caña verde, que es madre de la suave música, meneada de un dulce aire, por inspiración divina le habló de esta manera:
—Psique, tú que has sufrido tantas tribulaciones, no me quieras ensuciar mis muy santas aguas con tu misérrima muerte, ni tampoco llegues a estas espantosas ovejas; porque tomado el calor del sol, suelen ser muy rabiosas, y con los cuernos agudos y las frentes de piedra, y aun mordiendo con los dientes ponzoñosos, matan a muchos hombres. Pero después que pasare el ardor del mediodía y las ovejas se vayan a reposar a la frescura del río, podrás esconderte debajo de aquel alto plátano, y como tú vieres que las ovejas, dejada toda su ferocidad, comienzan a dormir, sacudirás las ramas y hojas de aquel monte que está cerca de ellas, y allí hallarás las vedijas de oro, que se pegan por aquellas varas cuando las ovejas pasan.
En esta manera la caña, por su virtud y humanidad, enseñó a la mezquina de Psique cómo se había de remediar. Ella, cuando esto oyó, no fue negligente en cumplirlo; y así, haciendo todo lo que le dijo, hurtó el oro con la lana de aquellos montes, y trájola a Venus. Mas con todo esto, nunca se aplacó su ira, y con una risa falsa le dijo:
—Tampoco creo yo ahora que en esto que tú hicistefaltó quien te ayudase; pero yo quiero experimentar si por ventura tú lo haces con esfuerzo tuyo y prudencia o con ayuda de otro: por ende, mira bien aquella altura de aquel monte, a donde están aquellos riscos muy altos, de donde sale una fuente de agua muy negra, que desciende por aquel valle donde hace aquellas lagunas hondas y turbias, y de allí salen algunos arroyos infernales, feos y temerosos a la vista de todos. De allí, de la altura donde sale aquella fuente, tráeme este vaso lleno de agua.
Y diciendo esto, le dio un vaso de cristal, amenazándola si no lo traía lleno como le decía.
Psique, cuando esto oyó, aceleradamente se fue hacia aquel monte, para subir encima de él, y desde allí echarse, para dar fin a su amarga vida. Pero como llegó alderredor de aquel monte, vio una mortal dificultad para llegar a él, porque estaba allí un risco muy alto, que parecía llegar al cielo, y tan liso, que no había quien por él pudiese subir, de encima del cual salía una fuente de agua muy negra y espantable, que corría por aquellos riscos abajo, venía a un valle grande, que estaba cercado de una parte y de la otra de grandes riscos, a donde moraban dragones espantables, con los cuellos alzados y los ojos tan abiertos para velar, que jamás los cerraban, ni pestañeaban; y como ella llegó allí, las mismas aguas le hablaron, diciéndole muchas veces que se apartase de allí, o si no, que moriría.
Cuando Psique vio la imposibilidad que había de llegar a aquel lugar, fue tornada como una piedra, en tal manera, que con el gran miedo del peligro estaba tan muerta, que carecía del último consuelo y solaz de las lágrimas; pero no pudo esconderse a los ojos de la divina Providencia tanta fatiga y tribulación de la inocentePsique, la cual, estando en esta fatiga, aquella ave real de Júpiter que se llama águila, abiertas las alas, vino volando súbitamente, recordándose del servicio que antiguamente hizo Cupido a Júpiter, cuando por su diligencia arrebató a Ganímedes el troyano para su copero; queriendo dar ayuda y pagar el beneficio recibido y ayudar a los trabajos de Psique, mujer de Cupido, dejó de volar por el cielo, y vínose a la presencia de Psique, y díjole en esta manera:
—¿Cómo tú eres tan simple y necia de tales cosas, que esperas poderte hartar, ni solamente tocar a una sola gota de esta fuente, no menos cruel que santísima? ¿Tú nunca oíste alguna vez que estas aguas estigias son espantables a los dioses y aun al mismo Júpiter? Demás de esto, vosotros los mortales juráis por los dioses, pero los dioses acostumbran jurar por la Majestad del lago Estigio; pero dame ese vaso que traes.
El cual ella le dio, y el águila se lo arrebató de la mano muy presto, y volando entre las bocas y dientes crueles y las lenguas de tres órdenes de aquellos dragones, fue al agua e hinchió el vaso, consintiéndolo la misma agua, y aun amonestándole que prestamente se fuese, antes que los dragones la matasen.
El águila, fingió que por el mandamiento de la diosa Venus, y para su servicio, había venido por aquella agua; por la cual causa más fácilmente llegó a henchir el vaso y salir libre con ella. En esta manera tornó con mucho gozo, y dio el vaso a Psique, lleno de agua; la cual llevó luego y la dio a Venus; pero con todo esto, nunca pudo aplacar ni amansar algo su crueldad; antes con su risa mortal, como solía, le habló, amenazándola con mayores tormentos, diciendo:
—Ya tú me pareces una gran hechicera, porque muybien has remediado mis mandamientos; mas tú, lumbre de mis ojos, aún te resta otra cosa que has de hacer. Toma esta bujeta (la cual luego le dio) y vete a los palacios del infierno, y darás esta bujeta a Proserpina, diciéndole: «Venus te ruega que le des aquí una poca de tu hermosura, que baste siquiera para un día, porque todo lo hermoso que ella tenía lo ha perdido y consumido curando a su hijo Cupido, que está muy malo»; y torna presto con ella, porque tengo necesidad de lavarme la cara con esto para entrar en el teatro y fiesta de los dioses.
Entonces Psique abiertamente sintió su último fin, pues la mandaban ir al infierno, donde estaban las ánimas de los muertos. Con este pensamiento se fue a una torre muy alta para echarse de allí abajo, por así acabar su vida y descender muy presto al infierno. Pero la torre le habló de esta manera:
—¡Mezquina de ti! ¿Por qué te quieres matar echándote de aquí abajo? Pues que ya este es último peligro y trabajo que has de pasar, porque si una vez tu alma fuere apartada de tu cuerpo, bien podrás ir de cierto al infierno; pero créeme, que en ninguna manera podrás tornar a salir de allí. No está muy lejos de aquí una noble ciudad de Acaya, que se llama Lacedemonia; cerca de esta ciudad busca un monte que se llama Ténaro, el cual está apartado en lugares remotos. En este monte está una puerta del infierno, y por la boca de aquella cueva va un triste camino, por donde si tú entras podrás ir por aquella solitaria vía derechamente a los infiernos, a donde están los palacios del rey Plutón; pero no entiendas que has de llevar las manos vacías, porque te conviene llevar en cada una de las dos una sopa de pan mojada en meloja, y en la boca has de llevar dos monedas,y desde que ya hubieres andado buena parte de aquel camino de la muerte, hallarás un asno cojo cargado de leña, con él un hombre también cojo, el cual te rogará que le des ciertas chamizas para echar en la carga, que se le cae; pero tú pásate callando sin hablarle palabra, y después, como llegares al río donde está Caronte, él te pedirá portazgo, porque así pasa él en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan, porque has de saber que hasta allí entre los muertos hay avaricia; que ni Caronte, ni aquel gran rey Plutón, hacen alguna cosa de gracia, y si algún pobre muere, cúmplele buscar dineros para el camino, porque si no los llevare en la mano no le pasarán de allí. A este viejo le darás, en nombre de flete, una moneda de aquellas que llevares, pero ha de ser que él mismo la tome con su mano de tu boca. Después que hubieres pasado este río muerto, hallarás otro viejo muerto y podrido, que anda nadando sobre las aguas de aquel río, y alzando las manos te rogará que lo recibas dentro en la barca; tú no cures de usar piedad que no te conviene. Pasado el río y andando un poco adelante, hallarás unas viejas tejedoras que están tejiendo una tela, las cuales te rogarán que les toques la mano; pero tú no lo hagas, porque no te conviene tocarles en manera ninguna. Que has de saber que todas estas cosas y otras muchas, nacen de las asechanzas de Venus, que quería que te pudiesen quitar de las manos una de aquellas sopas, lo cual te sería muy grave daño, porque si una de ellas perdieses, nunca jamás tornarías a esta vida. Demás de esto, sepas que está un poco más adelante un perro muy grueso y grande que tiene tres cabezas, el cual es muy espantable, y ladrando con aquellas bocas abiertas, espanta a los muertos, a los cuales ya ningún mal puede hacer,y siempre está velando ante la puerta del oscuro palacio de Proserpina, guardando la casa vacía de Plutón. Cuando aquí llegares, con una sopa que le eches lo tendrás enfrenado y podrás luego pasar fácilmente, y entrarás a donde está Proserpina, la cual te recibirá benigna y alegremente, y te mandará sentar y dar muy bien de comer; pero tú siéntate en el suelo y come de aquel pan negro que te dieren, y pide luego de parte de Venus aquello por que eres venida, y recibido lo que te dieren en la bujeta, cuando tornares amansarás la rabia de aquel perro con la otra sopa, y después cuando llegares al barquero avariento, le darás la otra moneda que guardaste en la boca, y pasando aquel río, tornarás por las mismas pisadas por donde entraste, y así vendrás a ver esta claridad celestial. Pero sobre todo te aviso que en ninguna manera cures de abrir ni mirar lo que traes en la bujeta.
De esta manera aquella torre, habiendo mancilla de Psique, le declaró lo que le era menester.
No tardó Psique, que luego se fue al monte Ténaro, y tomando aquellos dineros y aquellas sopas como le mandó la torre, entrose por aquella boca del infierno, y pasando callando aquel asnero cojo y pagado a Caronte su flete porque la pasase, y menospreciando asimismo el deseo de aquel viejo muerto que andaba nadando, y también no curando de los engañosos ruegos de las viejas tejedoras, y habiendo amansado la rabia de aquel temeroso perro con el manjar de aquella sopa, llegó, pasando todo esto, a los palacios de Proserpina; pero no quiso aceptar el asiento y manjar que Proserpina le mandaba dar, mas contenta con un pedazo de pan, le dio la embajada que de Venus traía, y luego Proserpina le hinchó la bujeta secretamente de lo que pedía.
Psique luego partió, y aplacado el perro bravo conla sopa que le quedaba, y habiendo dado la otra moneda a Caronte el barquero porque la pasase, tornó del infierno más esforzada de lo que entró. Y como este era el postrer servicio que a Venus había de hacer, vínole al pensamiento una temeraria curiosidad, diciendo:
—Bien soy yo necia, trayendo conmigo la divina hermosura, que no tome de ella siquiera un poquito para mí, para poder placer a aquel mi hermoso enamorado.
Diciendo esto abrió la bujeta, dentro de la cual ninguna cosa había, sino un sueño infernal y profundo, el cual cubrió a Psique de una niebla de sueño grueso que la hizo dormir como cosa mortal.
Pero Cupido, ya que convalecía de su llaga, no pudiendo sufrir la larga ausencia de su amiga, saliose por una ventana de su cámara y fue a socorrer a su amiga Psique, y apartado de ella el sueño, y metiéndolo otra vez en la bujeta, la despertó, reprendiéndola de su curiosidad, y díjole más, que llevase la embajada a su madre, que entretanto él proveería lo que fuese menester.
Dicho esto, levantose con sus alas y se fue volando.
Psique llevó lo que traía de Proserpina, y diolo a Venus.
Entretanto Cupido, que andaba muy fatigado del gran amor, la cara amarilla, temiendo la severidad de su madre, tornose almario de su pecho, y con sus ligeras alas volando, se fue al cielo y suplicó al dios Júpiter que le ayudase, y recontole toda su causa.
Entonces Júpiter tomolo por la barba, y trayéndole la mano por la cara, comenzolo a besar, diciendo:
—Como quiera que tú, señor hijo, nunca me guardaste la honra que se debe a los padres por mandamiento de los dioses, pero aun este mi pecho, en el cual se encierran y disponen todas las leyes de los elementos, y a lasveces el de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes de tu amor, y lo ensuciaste con muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes y sucios contra las leyes, especialmente contra la ley Julia y la pública disciplina, transformando mi cara y hermosura en serpientes, en fuegos, en bestias fieras, en aves y en cualquier otro animal, con todo esto, recordándome de mi mansedumbre y que tú creciste entre estas mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú te sepas guardar de otros que desean lo que tú deseas. Esto sea con una condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, por este beneficio que de mí recibes has de pagarme con ella la recompensa.
Después que esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase a todos los dioses a concilio, y si alguno de ellos faltase, que pagase diez mil talentos de pena. Por el cual miedo todos vinieron, y fue lleno el palacio donde estaba Júpiter, el cual, asentado en la silla alta, comenzó a decir de esta manera:
—¡Oh dioses escritos en el banco de las musas! Vosotros todos sabéis cómo a este mancebo, que yo crié en mis manos, procuré de refrenar los ímpetus y movimientos ardientes de su primera juventud. Pero harto basta que él es infamado entre todos de adulterio y de otras corruptelas, por lo cual es bien que se quite toda ocasión y para esto me parece que su licenciosa juventud se debe atar con lazo de matrimonio. Él ha escogido una doncella, a la cual privó de su virginidad; téngala y poséala siempre y use de sus amores.
Y diciendo esto, volvió la cara a Venus y díjole:
—Tú, hija, no te entristezcas por esto; no temas a tu linaje, porque yo haré que este matrimonio sea igual al de los dioses.
Luego mandó a Mercurio que subiese a Psique al cielo; y como Mercurio la trajo, le dio Júpiter a beber del licor de los dioses, diciéndole:
—Toma, Psique, bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de ti, y este matrimonio durará siempre.
Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido junto a Júpiter, con su amada Psique, y por su orden todos los dioses. Ganímedes echaba el vino a Júpiter, como copero suyo, y a los otros Baco. Vulcano cocinaba la cena; las ninfas henchían de flores y rosas la sala donde cenaban; las musas cantaban muy dulcemente, y también Apolo con su vihuela.
De esta manera vino Psique en poder de su marido Cupido, y estando ya Psique en el tiempo del parir, nacioles una hija, la cual llamamos Placer.
En esta manera contaba la vieja a la doncella cautiva esta conseja; pero yo, como estaba allí cerca, oíalo todo, y dolíame que no podía con mis manos de asno escribir y notar tan linda y hermosa novela.
Cómo vinieron los ladrones de robar, y lo que acaeció a Lucioy a la doncella.
Muy de prisa entraron los ladrones en su cueva, diciendo que habían peleado muy fuertemente. Y dejando en casa algunos de los heridos para que se curasen, losmás esforzados, comiendo de prisa unos bocados, sacaron del establo a mí y a mis compañeros y lleváronnos a una cueva lejos de allí y cerca de un pueblo, a donde nos cargaron de muchas cosas, y luego a gran prisa nos hicieron caminar con tantos palos y rempujones, que me hicieron caer, y para levantarme me dieron tantos golpes, que me lisiaron en un pie, que como yo iba cojeando, uno de aquellos ladrones dijo:
—¿Hasta cuándo hemos de mantener de balde a este asnillo cansado y ahora cojo?
A esto respondió otro:
—Después que este entró en nuestro poder, siempre anduvo de mal en peor. ¡Oh! yo os prometo que cuando llevare estas cargas, lo hemos de despeñar.
Como yo esto oí, con el miedo hice alas de los pies, caminando cuanto podía. Cuando llegamos, luego prestamente nos quitaron de encima lo que llevábamos, y no curando de nuestra salud ni tampoco de mi muerte, llamaron a sus compañeros que habían quedado en casa heridos, y, según lo que ellos decían, era para contarles el enojo que habían habido de nuestra tardanza.
En todo esto no tenía yo poco miedo a la muerte de que me habían amenazado, y, pensando en ella, decía entre mí de esta manera:
—¿En qué estás, Lucio? ¿qué cosa más extrema puedes esperar? Esta muerte muy cruel te está aparejada por deliberación y acuerdo de estos ladrones, y en el cierto peligro, poco aprovecha el esfuerzo. Ya ves estos riscos y peñas muy agudas; a cualquier parte que cayeres por ellas, te desmembrarán y harán pedazos, porque el arte mágica que tú andabas a buscar no te dio tan solamente la cara y las fatigas y trabajos de asno, mas aun cercote de un cuero grueso como de asno. Pues queasí es, ¿por qué no te esfuerzas, y en tanto que puedes aconsejas a tu salud? Ahora tienes muy buena oportunidad para huir, en tanto que los ladrones no están en casa. ¿Has de temer, por ventura, la guarda de una vieja medio muerta, la cual puedes matar con una coz de tu pie cojo? Pero ¿hacia dónde podré huir, o quién me acogerá en su casa? Este pensamiento, ciertamente me parece necio y de asno, porque, ¿qué caminante me hallará en el camino que no cabalgue encima de mí y me lleve consigo?
Diciendo esto, con muy alegre esfuerzo quebré el cabestro con que estaba atado, y eché a correr cuanto más presto pude, por huir los ojos de milano de aquella falsa vieja, la cual, como me vio suelto, tomando un grande ánimo y esfuerzo, más que la edad y condición le podían dar, arrebatome por el cabestro y porfiome a quererme tornar por fuerza al establo; pero yo, recordándome del propósito mortal de aquellos ladrones, no me moví a piedad alguna; antes, alzando los pies, le di un par de coces en aquellos pechos, que di con ella en tierra.
La vieja, como quiera que estaba en tierra, todavía me tenía fuertemente por el cabestro; de manera que, aunque yo corría, la llevaba arrastrando, la cual luego comenzó con grandes voces y gritos a pedir ayuda de otra más fuerza que la suya. Pero en balde hallaba ayuda con sus voces, porque nadie había que le pudiese socorrer, salvo aquella doncella que allí estaba presa, la cual, a las voces que la vieja daba, salió y vio un aparato para reír; conviene saber: la vejezuela trabada, no de un toro, mas de un asno; y como aquello vio, tomada en fin fuerza y ánimo de varón, osó hacer una hazaña maravillosa. Primeramente trabome del cabestro, y con palabras de halagos comenzome a detener un poco, y luego saltó encima de mí. Desde que se vio encima incitábame a que corriese,y yo, por la gana que tenía de huir, como por librar a aquella doncella, corría como un caballo, y aun tentaba de responder a las palabras que la delicada doncella decía, y muchas veces, fingiendo quererme rascar en el espinazo, volvía la cabeza y besaba los hermosos pies de la moza.
Entonces ella, suspirando, decía:
—¡Oh soberanos dioses, dad ayuda y favor a mis extremos peligros, y tú, cruel fortuna, deja ya de perseguirme! Y tú, asno, remedio de mi libertad, si me llevares en salvo a mi casa, y me tornares a mis padres y hermoso marido, cuántas gracias te daré y de cuántas comidas te hartaré. Esas tus crines muy bien peinadas, te adornaré las cerdas de tu cola, que por negligencia están revueltas, con mucho cuidado las puliré y ataviaré. Tú serás comparado a los antiguos milagros, porque por tu ejemplo creeremos que Frixo pasó la mar encima de un carnero, y Arión escapó encima de un delfín, y Europa huyó encima de un toro; porque si fue verdad que Júpiter se transfiguró en buey, bien puede ser que este mi asno esconda la figura de algún hombre y la imagen de algún dios.
Entretanto que la hermosa doncella esto decía, llegamos adonde se apartaban tres caminos. Cuando allí llegamos, ella, tirándome del cabestro con toda cuanta fuerza podía, tiraba y porfiaba de enderezarme por el camino de a mano derecha, porque aquella era la vía para ir a casa de sus padres. Mas yo, sabiendo que aquellos ladrones habían ido por allí a hacer otros robos, resistíale fuertemente, y entre mí decía de esta manera:
—¿Qué haces, moza desventurada? ¿Por qué quieres perder a ti y a mí? ¿No sabes que este es el camino de los ladrones?
Estando nosotros altercando cada uno en su porfía, contendiendo sobre el camino que habíamos de tomar, he aquí que los ladrones, cargados de lo que habían robado, nos tomaron a manos, y como con la claridad de la luna nos conocieron un poco de lejos, con una risa falsa y cruel nos comenzaron a saludar, y el uno de ellos dijo de esta manera:
—¿Hacia dónde tan de prisa trasnocháis este camino, que no teméis las brujas y fantasmas de la soledad de la noche; y tú, muy buena doncella, das mucha prisa en ir a ver a tus padres? Pues que así es, nosotros socorreremos a tu soledad, y te mostraremos el camino bien ancho para ir a tus padres.
Y sirviéndola con las palabras y no con el hecho, echó mano del cabestro y tornome para atrás, dándome buenos palos y guinchones con un palo nudoso que traía en la mano.
Entonces yo, contra mi voluntad tornado a la muerte que me estaba aparejada, acordeme del dolor de la uña, y comencé cabeceando a cojear; pero aquel que me tornó para atrás, dijo:
—¿Y cómo tú otra vez vas titubeando y vacilando, y estos tus pies podridos pueden huir y no saben andar, y ahora poco ha vencías la celeridad de Pegaso, aquel caballo que volaba?
En tanto que este compañero muy sabroso jugaba conmigo de esta manera, sacudiéndome muy buenas varadas, ya llegábamos al cantón de su casa, cuando vimos aquella vejezuela que estaba ahorcada con una soga de la rama de un alto ciprés, a la cual los ladrones descolgaron, y así, con su cuerda al pescuezo, la lanzaron por las peñas abajo, y entrando en casa, después que hubieron atado la doncella con sus cordeles, dieron en lacena que la desventurada vieja en su última diligencia había aparejado, y después que con sus ánimos bestiales y ferocidad tragaron todo lo que allí había, comenzaron entre sí a platicar de nuestra pena y de su venganza, y como suele acontecer entre gente turbulenta, fueron diferentes las sentencias que cada uno daba.
El primero dijo que le parecía que era bueno y que debían quemar viva aquella doncella; el segundo, que la echasen a las bestias fieras; el tercero, que la debían de ahogar; el cuarto, que con tormentos la despedazasen. Ciertamente por dicho de todos, como quiera que fuese, la muerte le estaba aparejada.
Entonces uno de aquellos mandó callar a todos, y con palabras agradables comenzó a hablar de esta manera:
—No conviene a la secta de nuestro colegio, ni a la mansedumbre de cada uno, ni aun tampoco a mi modestia, sufrir que vosotros seáis crueles más de lo que el delito merece, ni debéis traer para esto bestias fieras, ni horca, ni fuego, ni tormentos ni aun tampoco muerte apresurada. Así que vosotros, si tomáis mi voto, habéis de dar vida a la doncella, pero aquella vida que merece. No creo yo que se os ha olvidado lo que determinabais hacer de este asno perezoso y gran comilón, y aun ahora mentiroso, fingiendo que estaba cojo; era ministro y medianero de la huida de esta doncella. Así, pues, me parece que mañana degollemos a este asno, y sacadas de él todas las entrañas por medio de la barriga, cosámosle dentro esta doncella, y solamente le quede la cara fuera; y después me parece se debe poner este asno, así relleno y cosido, encima de un risco de estos, adonde le dé el ardor del sol, y de esta manera sufrirán ambos todas las penas que vosotros derechamente habéis sentenciado, porque el asno recibirá la muerte que hace días ha merecido,y la doncella vivirá muriendo, pasando grandes penas, así del ardor del sol que la quemará, como de hambre y sed, y los bocados que los tigres y buitres le han de dar, le darán mayores dolores y fatigas.
Cuando este mal ladrón acabó de hablar, todos confirmaron su parecer y sentencia; lo cual oyendo con mis grandes orejas, ¿qué otra cosa podía hacer, sino llorar mi muerte que había de ser al otro día?