VI.

¡Oh! habia ocurrido en Puerto-Rico una cosa grave, muy grave; de nuevo habian sido derrotados en las elecciones los conservadores. Derrota efectiva, por más de que estos se hubieran decidido por el retraimiento, en vista de la inutilidad de sus esfuerzos, aunque bajo el especioso pretesto de que el Gobierno habia intentado y realizado coacciones de todo género.

Hablar de coacciones ellos, que habian hecho unas elecciones bajo la direccion del general Gomez Pulido en Abril de 1872, faltando á todas las leyes y todos los principios, como demostró hasta la saciedad el Sr. Labra en su discurso contra el acta de San Juan de Puerto-Rico[31]; ellos que habian tenido que alquilar casas (como en Mayagüez) para encerrar á los radicales que prendian la víspera ó el mismo dia de las elecciones; ellos que de un golpe habian arrebatado el derecho de sufragio á la cuarta parte de los electores de un distrito (Sabana Grande) so pretesto de insolvencia como segundos contribuyentes, no estando apremiados; ellos, que habian prohibido la publicacion de manifiestos y detenido y preso á sus firmantes (como en San German y Arecibo); ellos que contra el precepto de la ley habian dado curso á espedientes gravísimos de escepcion de contribuciones; ellos, que detuvieron á las puertas de la pequeña Antilla el manifiesto del partido radical de la Península, bajo el pretesto de ser falso en algunos de sus asertos y atentatorio al principio de autoridad; ellos, que obligaron á la prensa liberal á no tratar de asuntos políticos durante el período de las elecciones; ellos, que habian llenado las listas de candidatos con nombres de personas, respetables sin duda, pero absolutamente desconocidas del país y que casi en su totalidad jamás se habian ocupado un solo momento decuestiones coloniales ni de los asuntos ultramarinos; ellos, que habian separado de los corregimientos y las alcaldías á los hombres de posicion que gratuitamente los desempeñaban, para poner á su frente verdaderoscorregidores, con sueldo, émulos de los famososDesvravadoresyAntonetsde Ecija y Sevilla; ellos, en fin, que se habian fabricado un censoad hoc, no aceptando rectificacion alguna del censo de 1871, pero incluyendo á todos los soldados y marinos que habian de votar á gusto de sus jefes...!! ¡Oh! atrevimiento era hablar de las elecciones del mes de Agosto de 1872, en que no hubo un preso, ni un disgusto, ni se negó á nadie el derecho de sufragio, ni se puso limitacion á la prensa, ni se reprendió siquiera por la autoridad á los empleadosactivosdel Gobierno que (como los directores delBoletiny delDon Cándido), no daban tregua en sus periódicos á los ataques á la situacion y á la conducta de la primera autoridad, ó (como los funcionarios de Mayagüez) se unian á los conservadores, sus patronos, para abstenerse en la eleccion, y con esta abstencion realizar un acto político; ó en fin (como los jefes y oficiales de la guarnicion de la capital) resueltamente votaban á un candidato de oposicion, al general D. José Laureano Sanz. ¡Atrevimiento se necesitaba! pero no es atrevimiento lo que falta á los se-dicentes conservadores de Ultramar.[32]

Mas como queda dicho, era grave, gravísimo lo que habia ocurrido en Puerto-Rico. ¡Habian triunfado los radicales! Aquí vendrian estos; la Península los oiria; creeria con justicia que eran los legítimos representantes de la pequeña Antilla; por lo menos lo creeria el partido radical. Y esos diputados hablarian; espondrian sus quejas; esplanarian sus deseos; afirmarian sus derechos. ¡Y horror!!!—se prepararia el advenimiento de lasreformas.

Era preciso destruir estas perspectivas. Hacer callar á los diputados,—llamándose estos Sanromá, Blanco, Padial, Labra, Maitin, Cintron, Alvarez Peralta, Moret, Borrell, Soria, Alvarez Osorio, Mosquera....—¡imposible de toda imposibilidad! Y consentir, en el ínterin que al otro ladode los mares continuase echando raices el partido radical por medio de aquella diputacion provincial que con mil cuestiones de competencia habia anulado el general Gomez Pulido, pero que ahora creceria al amparo de la autoridad imparcial, digna y justa del nuevo gobernador superior de la isla D. Simon de La Torre.... ¡ah! esto era más imposible todavía.

No es del momento hacer la historia del partido conservador de Puerto-Rico. Ocasion oportuna llegará. Pero sí es del caso (aun cuando se haga precisa una digresion) advertir que ese partido no existia antes de la revolucion de 1868 y que de 1869 acá ha sufrido tantos cambios y ha adoptado tantos nombres que apenas si merece ser considerado con seriedad. En otros países, en Cuba por ejemplo, ya la cosa es muy otra. Allí lo mismo en 1820, que en 1840, que en 1854, que en 1868, existió un partido conservador, más ó menos simpático, pero al fin digno de este nombre, con fuerza y autoridad, y que repetidas veces dió señales de vida. Mas en Puerto-Rico nada de esto sucedia. Con aplauso de todo el país, Power, el ilustre diputado doceañista, habia conseguido en 1811 que se suprimieran las facultades omnímodas de los capitanes generales. En 1820 se habia promulgado la Constitucion del 12 en Puerto-Rico, é instaládose y funcionado los ayuntamientos sin oposicion de nadie. En 1836, mientras en Cuba se perseguia á los que proclamaban el código político de Cádiz, era este jurado por autoridades y particulares en la pequeña Antilla. En 1866, cuando el Gobierno de la Metrópoli abrió la célebre Junta de informacion en Madrid, los ayuntamientos (llamémoslos así) comisionaron á cuatro personas, de las que tres principiaron por pedir laabolicion de la esclavitud, con indemnizacion ó sin ella, con organizacion ó sin organizacion del trabajo, y la cuarta solo se atrevió á discutir la oportunidad de la protesta abolicionista. No existia, pues, en Puerto-Rico un grupo de verdaderos conservadores, ni hombre alguno caracterizado por su posicion ó su inteligencia, á cuya direccion pudieran someterse los elementos tradicionalistas del país.

Habia, eso si—y es natural—un número, pequeño despues de todo, de gentes que vivian á la sombra de los monopolios de nuestro régimen colonial, algunos poseedores de cincuenta y hasta cien esclavos, y, en fin, un grupo de no gran valía, de interesados en elstatu quo; pero grupo poco importante así por el mérito de las personas cuanto por la monta de los intereses.

El país era verdaderamente por tradicion, por sentimiento y hasta por su situacion geográfica, liberal, siquiera no hubiese dado forma precisa y acabada á sus aspiraciones.[33]

La revolucion de Setiembre de 1868 fué saludada con verdadero júbilo en Puerto-Rico, sin que obstase á ello un pequeño motin, que luego los conservadores han convertido eninsurreccion de Lares[34], dirigido por tres ó cuatro extranjeros, sofocado instantáneamente por las milicias del país (no habia entoncesvoluntarios), al que el entonces capitan general de la isla (el digno general Pavía, hombre del partido moderado) calificó de meracalaverada, y que, atendido que brotó á poco de la revolucion de Setiembre, en buena lógica debe suponerse tramado en los tiempos de laprevision y del rigorborbónicos.

La voz del Gobierno Provisional, luego de votado en las Constituyentes el art. 108 de la Constitucion actual, llamó al Congreso á los representantes de la pequeña Antilla (sin duda para los efectos del art. 108 referido) y entonces comenzaron á ponerse en relacion todas las personas que por pagar 500 rs. de contribucion al Estado ó ser individuos de corporaciones científicas, empleados, jefes y oficiales del ejército, doctores y licenciados y profesores de instruccion pública eran electores, con arreglo al decreto del Sr. Lopez de Ayala, fecha 14 de Diciembre de 1868.

La isla se dividió en tres circunscripciones y en el momento de la lucha electoral surgió una division entre los electores; division que no entrañaba resistencia alguna á las reformas políticas, económicas y sociales que eran deesperar, supuesto el voto de las Constituyentes, sino que se referia al grado y alcance da las reformas; y en particular la relativa á la esclavitud. Y buena prueba de ello es la alocucion que en son de despedida dirigieron al país casi todos los diputados electos. En ella se leen estos significativos párrafos:

"Vuestros diputados van á la madre patria, no en busca de medros personales, sino á defender vuestros intereses y derechos, que son los suyos y pedirán para esta Antillacuanto se necesite para su regeneracion política, social y económica, sin comprometer vuestra tranquilidad y vuestra cara nacionalidad..."

"Esperad, pues, y oponed un corazon fuerte á toda seduccion; aconsejad al que se estravie y manteneos unidos por los más estrechos lazos de la fraternidad, que una vez rotos tarde vuelven á reanudarse y solo dejan en pos de sí amargas lágrimas que dificilmente se enjugan. Habitantes de Puerto-Rico, esperady pronto os convencereis de que la España regenerada no concluye en las playas de Cádiz; esperad y vuestros diputados probarán que saben cumplir como buenos."[35]

Poco antes se habia publicado en Ponce (ciudad importante de Puerto-Rico y cabeza de la tercera circunscripcion electoral) una exposicion al gobierno de la Península entre cuyos párrafos habia algunos como los siguientes:

"La revolucion de España, juntamente con otros acontecimientos que se han venido sucediendo bajo distintas formas, han señalado aquella, á las Antillas como la medida única y suprema de todos sus sufrimientos, de toda su paciencia, de toda su lealtad. O entrar de lleno á ser partícipes de las libertades de la madre patria ó rotas sus ligaduras, no se les podria vituperar si en tan inesperado caso procedieran por si mismas á atender á sus destinos."[36]

Y esto lo firmaban D. Sebastian Plaja, D. Francisco Marich, D. Antonio Arbizu, D. Luis Becerra, etc., etc., etc.

Las reformas, la asimilacion, el cumplimiento del artículo 108 de la Constitucion de 1869 era hasta aquí la aspiracionunánime de los que á poco se habian de separar por razon no de la cantidad y del grado, sino de la esencia misma de las reformas. Pronto, empero, la division brota, ya presentes los diputados puerto-riqueños en Madrid; y brota decidiéndose los Sres. Plaja, Puig, marqués de la Esperanza, y Machicote por el aplazamiento de las reformas políticas hasta que vinieran los diputados de Cuba (esto es, aceptando el criterio del Sr. Romero Robledo) y mostrándose, los mismos, decididos partidarios de la conservacion de la esclavitud, como lo demostraron el Sr. Puig (¡¡¡hoy obispo de Puerto-Rico!!!) en la junta creada por el Sr. Becerra en Octubre de 1869 para proponer al gobierno las bases para la reforma del órden político y social de la pequeña Antilla; el Sr. Plaja, en plena Cámara Constituyente, abogando entre lacrimoso y asustado y en medio de la indignacion del Congreso por la conservacion del castigo de azotes; y los señores Esperanza y Machicote, siempre silenciosos y siempre elocuentes, ayudando en la medida de sus fuerzas, las enmiendas esclavistas del señor Plaja al proyecto de leypreparatoriade 1870.

Sobre esta base se organizó en Puerto-Rico el partido conservador, obteniendo, gracias á la existencia de los ministerios de conciliacion de 1870 y 71, influjo y poder en la Capitanía general de Puerto-Rico y medios en el ministerio de Ultramar (sobre todo en tiempo del Sr. Ayala, es decir, durante el primer ministerio del rey Amadeo) para prodigar favores á sus adeptos. Por aquel entonces parecia resignado no solo con la leypreparatoriade abolicion, sí que tambien con las leyes municipales y provincial votadas para Puerto-Rico y la reforma de la ley electoral que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que supiese leer y escribir.

Pero llegan las elecciones de diputados provinciales y de diputados á Córtes de 1871.

Entonces levanta bandera, usa el nombre deconservadory declarando que representa una política deatraccion, proclama la necesidad de reformas administrativas y económicas y el principio de «la asimilacion, medianteprofundasmodificaciones de la Constitucion española de 1869.» ¿Cuáles eran estas modificaciones? ¿Comprendíase en esa asimilacion la cuestion social? ¿Hasta qué punto se aceptaban las conquistas hechas—las leyes de 4 de Junio sobre ayuntamientos y diputaciones provinciales, la representacion en las Córtes españolas, la ley electoral del Sr. Ayala con la modificacion del artículo adicional ó de la ley de 3 de Enero de 1871 (que rebajó el censo á ocho pesos y dió capacidad á todo el que supiera leer y escribir) y en fin, el decreto de libertad de imprenta dado por el general Baldrich el 30 de Agosto de 1870, y en cuya virtud solo quedaba vedado tratar de la esclavitud y de la integridad nacional, cometiéndose á los tribunales el conocimiento de los delitos de imprenta?

Nada de esto decia el manifiesto conservador de 23 de Marzo de 1871, venido al mundo despues de otro fechado el 11 del mismo mes y repartido secretamente á los probables devotos de la nueva Iglesia, pero que por su carácter agresivo y malsonante fué muy luego declarado apócrifo á pesar de su perfecta verosimilitud.

Pero lo que el papel callaba, lo decian bien á las claras las gestiones y los manejos de los se-dicentes conservadores, en el Ministerio de Ultramar de la Metrópoli y los artículos y los sueltos de sus periódicos—en particular,El Español, que por aquel entonces vino á la luz para ser luego eclipsado porEl Debate.

Las aspiraciones de los conservadores puerto-riqueños eran en realidad, no dar un paso ni en lo relativo al artículo 108 de la Constitucion ni al 21 de la leypreparatoriadel Sr. Moret: conseguir que no se plantease la ley municipal: alzar el censo y escatimar el derecho de sufragio; anular la diputacion provincial y sobre todo tener un capitan generalsuyo, investido por de contado de las ámplias facultades de los vireyes y capitanes generales, de leyes de Indias, con las que el decreto de libertad de imprenta de Baldrich era ilusion y podrian impedir la renovacion de los tres ayuntamientos de Puerto-Rico, Ponce y Mayagüez (únicos en una isla de 600 habitantes) que quizá les quitase la influencia que venian ejerciendo en ellos por el modo con que fueron constituidos en 1869. Y consiguieron casi todo esto: todo menos lo del censo.

El general Pulido, nombrado por el partido radical para sustituir al general Baldrich se hizo conservador á la caida del ministerio Zorrilla... y anuló la diputacionprovincial puerto-riqueña con una série de competencias que al fin ha resuelto el Consejo de Estado en favor de aquella: y no renovó los ayuntamientos: y consiguió que la prensa radical se limitase á teorizar, para enmudecer totalmente durante las elecciones de diputados á Córtes, y en fin,hizounas elecciones tales que su éxito sorprendió en Madrid á todo el mundo, inclusos el ministerio y los mismos periódicos conservadores.[37]

Despues de la inesperada victoria de Febrero de 1872, el partido conservador cambia de nombre: se llamaespañol; y el general Gomez Pulido da oficialmente cuenta de la lucha de los comicios y de los candidatos respectivos de esta manera: general Sanz—español: general Fernandez de Córdova—radical. De este modo pretendian los conservadores puerto-riqueños (sólo uno habia nacido en la pequeña Antilla) ser estraños á las contiendas políticas de la Península, al par que marcaban á sus adversarios con la señal del antipatriotismo.

En honor de la verdad no consiguieron ni lo uno ni lo otro. Lo de lamarca, era soberanamente ridículo y bien lo condenó el Sr. Labra en su discurso del 7 de Mayo de 1872 en medio de los aplausos de diversos lados de la Cámara:

"He prometido, señores diputados, tratar con calma el asunto de las actas de Puerto-Rico, porque no quiero que la pasion mia dañe á la claridad del asunto y á la bondad de la causa. Por eso yo no he de rechazar aquí, no ya con el desden, sí que con la santa ira que ha de encenderse en pechos donde la lealtad se anida, la infame imputacion que á las veces algunos menguados nos hacen, de que al venir á abogar ante la Representacion nacional por los intereses de la civilizacion, la causa de la justicia y la extension á nuestras colonias de esos derechos consignados en nuestra ley fundamental como propios é imprescriptibles del sér humano, y cuya consagracion nos exalta y engrandece á los ojos del sigloxix, despues de haber aparecido ante el mundo como el lastre y compensador de toda la historia, lo hacemos movidos de un resentimiento incalificable, con ánimo de traer sobre nuestra Patria los desastres de una revolucion que amanece por todos los estremos de nuestro imperio colonial; amamantados, en fin, á los pechos de aquellaperfidia inmortalizada por el autor delPríncipe, y que tan cómodamente hace su camino en el seno de los pueblos corrompidos y destrozados por el despotismo. No; yo no he comprendido nunca cierto género de acusaciones de esas que no se hacen cara á cara y frente á frente, porque constituirian la mayor injuria posible, pero que sin embargo van siendo muy admitídas en lo que se llama vida política, sin que el mismo que las lanza crea que tienen más gravedad que la de la mera suposicion de un error ó una falta. Y tan no lo comprendo, que á mí nunca se me ocurriria suponer que aquí pudieran venir hombres que levantando la bandera de patria trajesen oculto el puñal con que hubieran de asesinarla á la faz del mundo civilizado."

"¡Cómo! ¡Quién tan menguado, quién tan miserable, que de tales medios habia de valerse para satisfacer sus pasiones! ¡Cómo de sospecharlo siquiera, lo habiais de consentir aquí! ¡Quién tan villano que hubiera de venir aquí á engañar, estando Cuba donde combatir! Y yo no necesito hacer protestas de ningun género, que nadie tiene derecho á pedirme, que yo no consiento que nadie me exija.—Y lamento haber hablado con cierto calor de este particular. Perdóneme el Congreso la digresion."

"Pero es el caso que esto del españolismo de los unos y del anti-españolismo de los otros es un arma muy del gusto de ciertos conservadores de Puerto-Rico; y el anti-españolismo es afortunadamente todavía un mote denigrativo en la pequeña Antilla, no por los males que pueda acarrear, ni por las persecuciones que pueda atraer, sino porque es una acusacion de deslealtad que afecta gravemente al carácter de los hombres que uno y otro dia sostienen que el interés de la patria no es el interés de un partido determinado, y que con España pueden coexistir en nuestras Antillas la libertad, los derechos, el órden que en las Antillas inglesas, en la Australia y en el Canadá coexisten con el imperio de la Gran Bretaña."

Respecto del apartamiento de las luchas políticas de la Península á poco se levantó en el Congreso el Sr. Fernando de Vida á declarar que eraalfonsino, y al caer el ministerio Sagasta, y firmar los conservadores ó constitucionales su protesta contra el partido radical triunfante y la disolucion de las Córtes, aparecian con estos los Sres. Sanz, Sedano, Cortés, Gallostra y demás diputadosespañolesde la pequeña Antilla: y en la reunion de los constitucionales del teatro Real voceaba, como poseido de la fiebre, el ya famoso cubano D. Antonio Gonzalez Llorente, diputado electo de Mataró y Mayagüez.

Pero llega la cuarta evolucion. Es en Julio. Está en el poder el partido radical. Apróximanse las elecciones de diputados á Córtes y se acerca al ministerio una comision de exdiputados conservadores pidiendo al gobierno que desapruebe (por lo menos) determinadas candidaturas en Puerto-Rico (las candidaturasnaturalesde la isla) y se ofrecen á conservar en las nuevas Córtes la autoridad de los diputados vascos. El gobierno por de contado desoye tales proposiciones, resuelto á ser neutral como pedian unánimemente los candidatos radicales; y envia á Puerto-Rico de gobernador superior al Sr. D. Simon La Torre y de secretario á D. José Ayuso.

Entonces el partido conservador de la pequeña Antilla toma una nueva actitud, en relacion con la de sus amigos de Madrid. Se llama el partido deespañoles sin condicionesy pretende torpemente introducir la division en las filas de los radicales apoyando contra los Labra, los Padial, los Blanco, los Sanromá y tantos otros perfectamente caracterizados á los Sres. Gasset, Herrero, Romero Giron, etc., etc. Tampoco el éxito corona sus esfuerzos y ante la seguridad de la derrota proclaman el retraimiento... allí donde no podian luchar (á pesar de tener suyos los ayuntamientos, las juntas de visita, la casi totalidad de corregidores, la guarnicion y los empleados), en su famosa protesta de 20 de Agosto de 1872: protesta que es solo un ¡ay! lanzado ante la realidad de no poseer todos los medios de influencia y de coaccion que hasta entonces habia tenido el partido conservador: pero nunca una condenacion elocuente y terminante de las condiciones en que vive el elector en Puerto-Rico y de los medios que las leyes, hechas, defendidas y glorificadas por los conservadores mismos, ponen en manos del gobierno, ora contra conservadores, ora contra radicales.

Desde este momento comprende el partido... (¿como se llamará luego?) que tiene perdida la campaña. Su protesta es cuando más la mejor demostracion contra las facultades omnímodas de los capitanes generales: el éxito de la lucha electoral los pone en ridículo: su impotencia en Madrid les arranca los medios de derramar cruces, marquesados y favores de toda especie sobre sus devotos; la conducta enérgica del capitan general los coloca en una actitudhumillante; la severidad, la inteligencia y el civismo del pueblo puerto-riqueño compromete su causa—aquellabrillantecausa que comienza con el manifiesto de Ponce firmado por el Sr. Plaja en 1869 (manifiesto en que se amenazaba á la Metrópoli) y concluye con lainolvidabley celosa administracion delradicalGomez Pulido.

¡La esclavitud peligra! ¡El absolutismo agoniza! ¡Los monopolios se cuartean! ¿Cómo callar? ¿Cómo permanecer tranquilos? ¿Por ventura no pasó algo análogo en Julio de 1871? Pues ¡A las armas! ¡A la sorpresa! ¡A la difamacion! ¡A la calumnia!

Ahí está el general La Torre; pues fuego sobre él. Acúsesele de haberse vendido á los conservadores por treinta mil pesos, para hacerles traicion luego en el período de las elecciones. Acúsesele y es hombre perdido. El gobierno tendrá que separarle y se repetirá la caida del general Baldrich.

Cierto que desde luego resultaria que hay un partido ¡qué partido!!!—en Puerto-Rico que se cree capáz decomprará la autoridad superior por treinta mil pesos. Pero ¡qué importa! ¿No es ese el mismo partido que en Cuba públicamente ha abierto en las columnas de sus periódicos, y á ciencia y paciencia de la autoridad, una suscricion para pagar á los que en la Península fuesen condenados por nuestros tribunales de justicia por infamantes ycalumniadoresen la discusion de las cuestiones ultramarinas? ¡Brava cosa! ¡Ya á nadie admiran estos recursos! A todo nos tienen acostumbrados ciertas gentes!!! ¡Adelante! ¡Viva la calumnia!!!

Ahí está el pueblo de Puerto-Rico. Pues caed sobre él. Haced correr que la inquietud reina en la pequeña Antilla. Hablad de un motin... enYabucoa—como hace un año hablásteis de la espantosa insurreccion de San Juan. Repetid lo del armamento de los separatistas y—¡horror!—de la clase de color, que representa nada menos que el 60 por 100 de la poblacion de Puerto-Rico. Volved sobre lo de la libre circulacion por la capital y las costas de Puerto-Rico de Emeterio Betances, aquel honrado médico, perseguido porabolicionistahace diez ó doce años y á quien la mala voluntad de las autoridades borbónicas lanzó al separatismo. Gritad que los puestos de confianza y los cargos de alcaldes se dan á los procesados de Lares: gritad que las familias acomodadas huyen de la isla previendo graves y deplorables conflictos: insistid en que el valor de la propiedad baja y en que los hacendados tratan á toda costa de vender sus fincas..... Todo lo habeis dicho en Agosto de 1871: pero no importa, repetidlo: repetid absolutamente lo mismo, que estas frases son siempre de efecto, y el miedo es una debilidad frecuente de los liberales.

Y si por ventura el cable trasatlántico se hubiera roto, aprovechad este fracaso, y gritad por espacio de diez dias que no se reciben noticias de Puerto-Rico; que las comunicaciones están interrumpidas, y que la alarma cunde entre todas las personas que aquí residen y tienen intereses en la pequeña Antilla. Y si teneis amigos—que si los teneis, y hastaíntimos!—en el ministerio de Ultramar aprovechad sus indiscreciones y asegurad en todos tonos que el capitan general llamado á Madrid por el gobierno no ha contestado, á pesar de haber trascurrido ocho y diez dias. Y no descanseis un momento: y repetid la noticia; y glosad los sueltos..... y haced en fin, vuestro gusto, máxime si dais con algun medio de conseguir que tal ó cual periódico reformista enmudezca, y de que vuestra opinion sea la sóla que se haga escuchar en el estadio de la prensa. Y luego preguntad si dada esta situacion son posibles las reformas en Puerto-Rico!!!

Y así se ha hecho.

No parece necesario reproducir aquí los numerosos artículos é infinitos sueltos que en la prensa conservadora y alfonsina han aparecido en todo el mes de Noviembre sobre las primeras autoridades de Puerto-Rico, y sobre la situacion de la pequeña Antilla. Hasta cierto punto el efecto se ha conseguido.

El general La Torre ha sido llamado á Madrid por el gobierno á dar esplicaciones—suceso que habia sido anunciado con mucha anticipacion á Puerto-Rico por un telégrama de uno de los más conocidos representantes del esclavismo, residente en Madrid. Y esto se unia con la exageracion de losespañoles sin condicionesen la pequeña Antilla, con la oposicion manifiesta de los jefes militares al capitan general de la isla, con el aparatoso bullir y las comentadas reuniones de los personajes del partido, allí donde, merced á los conservadores, no hay derecho de reunion: con los ataques encrescendode los periódicos reaccionarios de Puerto-Rico,dirigidos por funcionarios públicos que hacian como ostentacion de su inesplicable conducta; con las manifestaciones públicas, allí donde la ley las prohibe (no por gusto de los radicales, en verdad), contra la política toda de la autoridad superior (investida de las facultades escepcionales de las leyes de Indias) á la cual se acusa de desleal y anti-española: hechos todos que no parecen sino que obedecen á un plan preconcebido, en cuya virtud debiera provocarse á la primera autoridad de la isla á determinadas soluciones que aun siendo perfectamente legales (y perfectamente legales son todas las del señor general La Torre, por la mera circunstancia de estar en posesion de todas las atribuciones estraordinarias que nuestras antiguas leyes conceden á las autoridades de Ultramar para el mantenimiento del órden y tranquilidad de la tierra) darian pié para que en Madrid se alzase un poderoso clamoreo contra los ataques de que allende el mar eran víctimas losespañoles sin condiciones.

De la misma manera, por espacio de un mes se han llenado los aires con esclamaciones y denuncias del estado horrible de Puerto-Rico. Temerosa la prensa ministerial, enmudeció en los primeros momentos; y bien repartidos los papeles, los reaccionarios y esclavistas ultramarinos no han cesado de solicitar la atencion pública aventurando todo género de falsedades y haciendo esfuerzos estraordinarios para conseguir que en la opinion de las gentes quede como verdad absoluta é incontrovertible que el desórden reina en Puerto-Rico, y que en la pequeña Antilla es de todo punto imposible cumplir los solemnes compromisos de la revolucion de Setiembre, la abolicion de la esclavitud y la vida ordenada del derecho y de la libertad.

Pero el tiempo ha pasado. Lasfalsedadesesclavistas han ido á Puerto-Rico, y aquel pueblo se ha llenado de indignacion protestando contra tantas calumnias y supercherías.Mentiraha sido lo de Yabucoa;mentiralo del armamento de los negros; mentira lo de la intranquilidad del país. Por eso más detreinta milciudadanos de Puerto-Rico hanelevado una esposicion al rey D. Amadeo; por eso los vecinos de Yabucoa han dado un solemnementísáEl Debate; por eso han visto la luz pública todos los documentos que al final de estas líneas verá el lector; documentos firmados por casi todo lo que hay de inteligente, de rico, de digno en la quieta y liberal isla de Puerto-Rico.

Atrévanse, atrévanse los esclavistas y reaccionarios á rectificar un solo concepto: atrévanse losespañoles sin condicionesá discutir un solo dato: Ahí están: ¡atrévanse!

Y conózcalos el público de la Península. Comprenda de que medios se valen esos hombres para lograr sus inconfesables aspiraciones.

De una parte tratan de convencer á un partido honrado, digno de un porvenir inmenso—al partido radical—que sus compromisos no son aquellos que todo el mundo conoce, los consignados en manifiestos solemnes, los reconocidos de un modo explícito por sus jefes y directores. Y es de ver cómo acuden á todos los recursos, desde la suavidad más mefistofélica hasta el apóstrofe más provocativo.

Es de ver cómo se cuidan de los intereses de este bando político (cuya perdicion tienen jurada) y le aconsejan y le excitan como si se tratara de sus más caros intereses. Y es de ver cómo, variando de traje y de posiciones, ahuecan la voz y le amenazan—¡ellos, los representantes de la esclavitud y del absolutismo!—con la eterna maldicion de la historia.

«Cuidad del laborantismo, le gritan unas veces. Desconfiad de las sirenas que os salen al camino. Estad prevenidos contra la melosidad criolla y el maquiavelismo americano. Allende el mar no teneis amigos: vuestra ruina está decretada y no debeis caer en el lazo que se os tiende con vanas palabras y protestas de un patriotismo que en América solo losnuestrossienten.» Y á este propósito recuerdan—¡qué recuerdo!—la conducta de los diputados americanos de 1810 y de 1820, siendo así que aquellos insignes varones, los Feliú, los Mendiola, los Megía y los Navarrete, no cesaron un instante en anunciar al gobierno de la Península que la revolucion y la separacion sobrevendria en el nuevo mundo si las Córtes no accedian á tiempo, como no accedieron, á la libertad mercantil, á la supresion de las facultades omnímodas de los vireyes, á la abolicion de losestancos, las mitas y las formas todas de la servidumbre del sigloxviii.

«Volved en vuestro acuerdo—le gritan otros.—Hartas desventuras habeis traido á la patria con vuestras exageraciones revolucionarias. Teneis en peligro la dinastía: nos conducis á la bancarrota: no tiene en vosotros garantía alguna el órden social. Sois los alentadores de la Internacional: sois el pretesto de la demagogia: sois los enemigos del clero: sois los antípodas de todo lo que hay de tradicional y respetable en nuestra patria. Estais solos—á pesar de vuestra aristocraciahaitiana—pero cuidad de no coronar vuestra obra con el desmembramiento de la integridad nacional. Temed los lazos que os tienen preparados los demagogos americanos, los separatistas de Puerto-Rico.» Y á este propósito vuelven los ojos al principio de este siglo, olvidando, ó haciendo que olvidan, que si Venezuela se perdió fué por no querer la regencia igualarla á las provincias de España y que la separacion de Méjico la realizaron en 1822 los reaccionarios, los ex-inquisidores, los magistrados, el famoso Consulado, resistiendo los decretos de nuestras Córtes sobre señoríos, mayorazgos y bienes amortizados, como antes lo habian intentado, en 1820, para dar asilo á Fernando VII, mientras en España rigiese la inmortal Constitucion de Cádiz.

Pero no conseguirán su intento esos...españoles sin condiciones.

Aun cuando el partido radical pudiese caer en la celada—que no caerá—los radicales puerto-riqueños, el pueblo de Puerto-Rico vencerá al cabo todas las dificultades.

El sabe de memoria las palabras de Argüelles en 1837, en el momento de la espulsion de los diputados ultramarinos. «No os condenamos al absolutismo...»

El ha recordado dia por dia aquella promesa de treinta años, consignada sin ulterior resultado, en todas las constituciones de España. «Las provincias de Ultramar serán regidas por leyes especiales.»

El no ignora aquellas frases concluyentes con que en 1865 el ministro Cánovas del Castillo llamaba á Madrid á los representantes de los ayuntamientos antillanos para discutir las bases de la reforma ultramarina:

"Los adelantos científicos y literarios que se notan en ambas Antillas: su riqueza actual, que en la primera de ellas puede competir con la de los estados más florecientes de Europa y del continente americano; la creciente estension y la importancia de su comercio esterior, todo las coloca ya en una situacion escepcional que requiere leyes y medios bien distintos de los que existen en las demás provincias ultramarinas y de los que hace algun tiempo habrian necesitado y reclamado ellas mismas."[38]

Él repite á cada instante las palabras con que el Gobierno Provisional de 1868, por conducto del ministro Lopez Ayala, anunció su advenimiento á las colonias españolas:

"El alzamiento nacional, propagado con espontánea rapidez desde la bahía de Cádiz hasta las playas de San Sebastian no se ha llevado á cabo en beneficio esclusivo de los habitantes de la península, sino tambien de nuestros leales hermanos de Ultramar, que al escuchar el eco de nuestra victoria, siendo próximo el momento de ver realizadas legítimas esperanzas, y nobles aspiraciones, en nada opuestas á su íntima union con la metrópoli, antes engendradas por el deseo de renovar, fortalecer y estrechar los antiguos vínculos entre los apartados territorios que constituyen la nacion española. Comprendiendo el Gobierno Provisional que la estension de los municipios proclamados por la revolucion debe ser proporcionada á su intensidad, no ha vacilado en su manifiesto del 25 de Octubre que las provincias ultramarinas gozarán de las ventajas de la nueva situacion é intervendrán con su inteligente criterio y con su voto en la resolucion de las árduas cuestiones políticas, administrativas y sociales, que tanto interesan á la poblacion antillana. En el documento citado ha condensado el gobierno los más culminantes dogmas de la revolucion consumada y entre ellos ha dado con leal franqueza el debido lugar á la reforma del régimen de las islas de Cuba y Puerto-Rico, dignas por su numerosa, rica é ilustrada poblacion de adquirir y ejercitar derechos políticos."[39]

Él tiene grabadas en el alma las frases con que el ministro Becerra recomendaba en 10 de Abril de 1870 al Regente del reino la creacion de una comision encargada de discutir y proponer á aquel las bases á que debian sugetarse los proyectos de ley convenientes para hacer la reforma política y administrativa y realizar la abolicion de la esclavitud en la isla de Puerto-Rico.

"Una deplorable y pertinaz tradicion de despotismo, que si pudiera justificarse en sus comisiones carece de toda razon en los presentes tiempos, encomendó la direccion y manejo de nuestros establecimientos coloniales á los agentes de la Metrópoli, anulando ante su prepotente y exclusiva autoridad las fuerzas vivas del país, la actividad creadora y fecunda de los individuos que se gobiernan á sí mismos y aunque en la época moderna el sistema haya mejorado alguno de sus detalles, dejándose sentir menos la accion avasalladora de la autoridad, todavía se ostenta muy saturado del error de orígen, á lo cual contribuyen la pesadumbre de la tradicion y la influencia necesaria de los intereses creados á su amparo, que sin duda merecen respeto en cuanto sean conciliables con las exigencias de la justicia, con el bien comun y con las ideas en que debe inspirarse todo sistema liberal. Urge, pues, un cambio de sistema así político como administrativo... Y si la necesidad de la defensa del territorio impide temporalmente á la revolucion española ejercer su influencia política en la más preciosa de las Antillas, no sucede lo mismo con Puerto-Rico, y libre el gobierno de los justos recelos que le asaltan respecto de Cuba, pudiendo escuchar la autorizada voz de los enviados de aquella isla cuando se trata de alterar radicalmente el sistema político y social que en ella rige, conviene mostrar valerosamente cuan enérgica, cuan honrada y sincera es su voluntad de llamar á las colonias al pleno goce del derecho y á la entera participacion en las grandes conquistas de la civilizacion moderna."[40]

Todo esto lo sabe el pueblo de Puerto-Rico y al igual siente y conoce su tristísima situacion. El libro 3.º del Código de Indias (leyes del sigloxvii) es la base de su derecho político, porque es el fundamento del poder de los capitanes generales, no intervenidos ya por las audiencias (que eran una garantía) y cuya responsabilidad es absolutamente nula desde que los famosos juicios de residencia que se abrian en la Península al terminar cada autoridad el período de su mando, ó no se abren ó han venido á reducirse á una vana fórmula. Las leyes de Partidas (esto es, leyes del sigloxii) constituyen el punto de referencia y el testo fehaciente de su órden penal, complicado, como poco ha se decia en el Congreso, con la penalidad de las ordenanzas militares aplicable en infinitos casos, mediante los consejos de guerra y el estado de sitio que parece la situacion normal de las coloniasespañolas.[41]El decreto de 1846 es el fundamento de lo que allí se llama el órden municipal, es decir, la negacion del municipio (que habia existido en Puerto-Rico próspero y feliz desde 1836) mediante la reduccion del número de ayuntamientos á tres poblaciones en toda la provincia, mientras al resto se las dotaba de juntas de visita nombradasad libitumpor la autoridad superior, limitándose el derecho de sufragio para aquellos, á un grupo de mayores contribuyentes y reservándose el capitan general la facultad de nombrar alcalde y asignarte sueldo. La propiedad vive en las condiciones de la Novísima Recopilacion, sin registro y sin las nuevas formas que hoy hacen imprescindibles en todos los países civilizados, las leyes hipotecarias. La familia yace sometida á las exigencias religiosas, á pesar de haberse llevado á Puerto-Rico, por un decreto de la Regencia, la libertad de cultos, sin que le siguieran las leyes sobre matrimonio civil... Y al lado de esto las aspiraciones despertadas por la ley electoral, por el establecimiento de la diputacion provincial, y por la ley preparatoria de 1870. ¡Puede darse situacion más violenta!

Porque elstatu quoes posible por muchos años y aún por siglos mediante el procedimiento del Paraguay. Apartados de todos los pueblos: cercados de una muralla de hierro: sumidos en añejas preocupaciones y sin poder levantar la vista y enviar la mirada en busca de nuevos horizontes, es dable resistir por bastante tiempo á la ley del progreso; aunque á la postre se haya de pagar caro esta tranquilidad y esta satisfaccion aparente. Pero en Puerto-Rico esto era de todo punto imposible, desde el momento en que el absolutismo (que perdió los reinos de América por no reconocer la libertad del tráfico) tuvo que abrir el comercio de nuestras Antillas al extranjero; y desde que la revolucion llamó á los representantes de la pequeña Antilla al seno del Congreso español, producto de las agitaciones revolucionarias de la Europa contemporánea y saturada de los principios de la democracia moderna, cuyas grandezas habian de admirar y aprender en el augusto recinto de las Córtes los hijos de aquel país esclavizado, si por acaso antesno habian llevado á sus oidos, (en medio de la legislacion de los estados de sitio y en lo más profundo del régimen colonial) palabras de libertad, las refrescantes brisas del mar de los trópicos y el aura embalsamada de las hermosas playas de la América libre.

Pues bien: los pueblos conquistan su derecho de dos modos: con las armas ó con el civismo. Las armas son el medio de las revoluciones; y las revoluciones, que siempre entrañan males sin cuento, cuando no estánabsolutamentejustificadas, por lo insoportable de la situacion y la imposibilidad perfecta de echar mano á otro recurso, producen males superiores al que pretenden remediar. El civismo es otra cosa: es la fé viva en los principios: la confianza absoluta en la ley providencial del progreso: el dominio de sí propio: la discrecion en los momentos difíciles: el aprovechamiento de todos los detalles y de todas las conquistas que hace precisa é inescusable la marcha del siglo, para asegurar la posicion y levantarse á nuevos goces.

Puerto-Rico no puede dudar en el momento actual: no ha dudado. Las armas es el suicidio. Eso es lo que desean sus enemigos. A ello le escitan con sus falsedades, sus insultos y su tiranía.

El civismo! este es el gran recurso para llegar al logro de sus justas aspiraciones y á la consagracion de sus incontestables derechos. Y este civismo lo demuestra Puerto-Rico:

Despreciando las provocaciones infames[42];

Practicando á maravilla los derechos que la Metrópoli le reconoce[43];

Emancipando espontánea y desinteresadamente á gran número de sus esclavos[44];

Y reclamando por medio de sus diputados á Córtes el cumplimiento de los preceptos terminantes de las leyes:

Del art. 108de la Constitucion de1869—que entrañala proclamacion de los derechosnaturales del hombreen Ultramar;

Del art. 4.ºtransitorio de las leyes sobre municipios y diputaciones provinciales, de Junio de1870;—que exige la separacion de los mandos militar y político en la pequeña Antilla y la consagracion de la vida municipal;

Ydel art. 21de la ley preparatoria, de Julio de1870,para la abolicion de la esclavitud—que implica la abolicion definitiva é indemnizada de la servidumbre.[45]

Un Puerto-Riqueño.

1.º de Enero de 1872.

NOTAS AL CALCE:[1]18 de Noviembre de 1869.[2]Sesion del 1.º de Abril de 1870.[3]Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.[4]Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres. Cánovas, Moret y Villalobos.[5]Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de que no le siga la convocatoria de los comicios puerto-riqueños, que es su lógico complemento.[6]Sesion del 12 de Octubre de 1861.[7]Sesion del 23 de Diciembre de 1870.[8]Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.—Nicolás M. Rivero.—Tomás G. Mosquera.—Gabriel Rodriguez.—Francisco Romero Robledo.—José Abascal.—Juan Valera.[9]Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.[10]Los Sres. Rodriguez y Tirado.[11]Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.[12]Congreso 19 de Mayo de 1872.[13]Sesion del 4 de Junio de 1872.[14]ArtículoHablar por hablar.[15]ArtículoDos palabras á El Debate.[16]ArtículoCensuras injustas.[17]ArtículoEntendámonos.[18]ArtículoUna palabra sobre Ultramar.[19]Firman este documento los señores diputados siguientes: D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D. Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.[20]Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz, Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel Acebedo, D. Federico Balart (secretario).[21]Sesion del 12 de Octubre de 1872.[22]Sesion del 15 de Octubre.[23]Sesion del 21 de Febrero de 1870.[24]Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10 de Junio.[25]Sesion de 10 de Junio de 1870.[26]Sesion del 29 de Diciembre de 1870.[27]Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.[28]Suplemento áLas provincias de Ultramarde Agosto de 1871.[29]Epocadel 3 de Agosto de 1871.[30]El Debatedel 4 de Agosto de 1871.[31]Sesion del 7 de Mayo de 1872.[32]Al final insertamos las dos cartas publicadas enEl Imparcialsobre las elecciones de Agosto: debió publicarse una tercera; peroEl Imparcialno la quiso insertar.[33]Véase el libro del Sr. Labra:La Cuestion de Puerto-Rico.—1870.[34]Véase el folleto del Sr. Hernandez Arbizu sobreLa insurrecion de Lares.—1869.[35]Julio de 1869. Lo firman los Sres. Valdés Linares, Vazquez Oliva, Hernandez Arbizu y Puig. Y en una nota se consigna que no lo firman los Sres. Machicote y Esperanza por haber salido ya para la Península.[36]Diario de Sesiones, Marzo de 1869.[37]Véase el discurso del ministro de Ultramar, Herrera, en la sesion de 7 de Mayo de 1872.Diario de Sesiones.[38]Preámbulo del decreto de 25 de Noviembre de 1865.[39]Circular del 27 de Octubre de 1868.[40]Preámbulo.—VéaseLa Democracia en el ministerio de Ultramar.[41]Discurso del Sr. Labra sobre aplicacion del Código penal de la Península á Ultramar.—Diario de Sesiones.Octubre, 1872.[42]Véanse los artículos deLa Discusionsobre la situacion de Puerto-Rico. Julio, 1871.[43]Véase el discurso del ministro Sr. Moret, en la sesion del Congreso de Junio de 1870.[44]Véase laGaceta de Madridde 31 de Agosto de 1872.[45]Véase el discurso del Sr. Labra en la sesion del 21 de Diciembre de 1872.

[1]18 de Noviembre de 1869.[2]Sesion del 1.º de Abril de 1870.[3]Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.[4]Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres. Cánovas, Moret y Villalobos.[5]Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de que no le siga la convocatoria de los comicios puerto-riqueños, que es su lógico complemento.[6]Sesion del 12 de Octubre de 1861.[7]Sesion del 23 de Diciembre de 1870.[8]Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.—Nicolás M. Rivero.—Tomás G. Mosquera.—Gabriel Rodriguez.—Francisco Romero Robledo.—José Abascal.—Juan Valera.[9]Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.[10]Los Sres. Rodriguez y Tirado.[11]Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.[12]Congreso 19 de Mayo de 1872.[13]Sesion del 4 de Junio de 1872.[14]ArtículoHablar por hablar.[15]ArtículoDos palabras á El Debate.[16]ArtículoCensuras injustas.[17]ArtículoEntendámonos.[18]ArtículoUna palabra sobre Ultramar.[19]Firman este documento los señores diputados siguientes: D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D. Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.[20]Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz, Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel Acebedo, D. Federico Balart (secretario).[21]Sesion del 12 de Octubre de 1872.[22]Sesion del 15 de Octubre.[23]Sesion del 21 de Febrero de 1870.[24]Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10 de Junio.[25]Sesion de 10 de Junio de 1870.[26]Sesion del 29 de Diciembre de 1870.[27]Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.[28]Suplemento áLas provincias de Ultramarde Agosto de 1871.[29]Epocadel 3 de Agosto de 1871.[30]El Debatedel 4 de Agosto de 1871.[31]Sesion del 7 de Mayo de 1872.[32]Al final insertamos las dos cartas publicadas enEl Imparcialsobre las elecciones de Agosto: debió publicarse una tercera; peroEl Imparcialno la quiso insertar.[33]Véase el libro del Sr. Labra:La Cuestion de Puerto-Rico.—1870.[34]Véase el folleto del Sr. Hernandez Arbizu sobreLa insurrecion de Lares.—1869.[35]Julio de 1869. Lo firman los Sres. Valdés Linares, Vazquez Oliva, Hernandez Arbizu y Puig. Y en una nota se consigna que no lo firman los Sres. Machicote y Esperanza por haber salido ya para la Península.[36]Diario de Sesiones, Marzo de 1869.[37]Véase el discurso del ministro de Ultramar, Herrera, en la sesion de 7 de Mayo de 1872.Diario de Sesiones.[38]Preámbulo del decreto de 25 de Noviembre de 1865.[39]Circular del 27 de Octubre de 1868.[40]Preámbulo.—VéaseLa Democracia en el ministerio de Ultramar.[41]Discurso del Sr. Labra sobre aplicacion del Código penal de la Península á Ultramar.—Diario de Sesiones.Octubre, 1872.[42]Véanse los artículos deLa Discusionsobre la situacion de Puerto-Rico. Julio, 1871.[43]Véase el discurso del ministro Sr. Moret, en la sesion del Congreso de Junio de 1870.[44]Véase laGaceta de Madridde 31 de Agosto de 1872.[45]Véase el discurso del Sr. Labra en la sesion del 21 de Diciembre de 1872.

[1]18 de Noviembre de 1869.

[2]Sesion del 1.º de Abril de 1870.

[3]Los Sres. Palau, Rius, Paradela y Montero Telinge.

[4]Sesion del 17 de Junio de 1870. Discursos de los Sres. Cánovas, Moret y Villalobos.

[5]Despues de escritas estas líneas ha aparecido el decreto de 13 de Diciembre de 1872, cumpliendo el precepto, por más de que no le siga la convocatoria de los comicios puerto-riqueños, que es su lógico complemento.

[6]Sesion del 12 de Octubre de 1861.

[7]Sesion del 23 de Diciembre de 1870.

[8]Palacio del Congreso 24 de Mayo de 1871.—Nicolás M. Rivero.—Tomás G. Mosquera.—Gabriel Rodriguez.—Francisco Romero Robledo.—José Abascal.—Juan Valera.

[9]Los Sres. Mosquera, Sanromá, Labra y Alvarez Peralta.

[10]Los Sres. Rodriguez y Tirado.

[11]Del despacho de Mr. Layard traducimos estos discursos.

[12]Congreso 19 de Mayo de 1872.

[13]Sesion del 4 de Junio de 1872.

[14]ArtículoHablar por hablar.

[15]ArtículoDos palabras á El Debate.

[16]ArtículoCensuras injustas.

[17]ArtículoEntendámonos.

[18]ArtículoUna palabra sobre Ultramar.

[19]Firman este documento los señores diputados siguientes: D. Manuel Becerra (presidente), D. Tomás M. Mosquera, D. Augusto Comas, D. Sabino Herrero, D. Manuel Gomez Marin, don Pedro Mata, D. Francisco de P. Canalejas.

[20]Firman este documento los senadores D. Eugenio Moreno Lopez (presidente), D. Eulogio Eraso, D. Vicente Morales Diaz, Marqués de Seoane, D. Cándido Pieltain, D. Juan Manuel Acebedo, D. Federico Balart (secretario).

[21]Sesion del 12 de Octubre de 1872.

[22]Sesion del 15 de Octubre.

[23]Sesion del 21 de Febrero de 1870.

[24]Sesiones del 9 de Abril de 1870, de 23 de Mayo y del 10 de Junio.

[25]Sesion de 10 de Junio de 1870.

[26]Sesion del 29 de Diciembre de 1870.

[27]Se exceptúa un periódico republicano cuyo director se rie, en pleno Congreso (y no del mejor modo posible) de los misterios del catolicismo, pero que en su periódico defiende á capa y espada la teocracia paraguayana de Filipinas.

[28]Suplemento áLas provincias de Ultramarde Agosto de 1871.

[29]Epocadel 3 de Agosto de 1871.

[30]El Debatedel 4 de Agosto de 1871.

[31]Sesion del 7 de Mayo de 1872.

[32]Al final insertamos las dos cartas publicadas enEl Imparcialsobre las elecciones de Agosto: debió publicarse una tercera; peroEl Imparcialno la quiso insertar.

[33]Véase el libro del Sr. Labra:La Cuestion de Puerto-Rico.—1870.

[34]Véase el folleto del Sr. Hernandez Arbizu sobreLa insurrecion de Lares.—1869.

[35]Julio de 1869. Lo firman los Sres. Valdés Linares, Vazquez Oliva, Hernandez Arbizu y Puig. Y en una nota se consigna que no lo firman los Sres. Machicote y Esperanza por haber salido ya para la Península.

[36]Diario de Sesiones, Marzo de 1869.

[37]Véase el discurso del ministro de Ultramar, Herrera, en la sesion de 7 de Mayo de 1872.Diario de Sesiones.

[38]Preámbulo del decreto de 25 de Noviembre de 1865.

[39]Circular del 27 de Octubre de 1868.

[40]Preámbulo.—VéaseLa Democracia en el ministerio de Ultramar.

[41]Discurso del Sr. Labra sobre aplicacion del Código penal de la Península á Ultramar.—Diario de Sesiones.Octubre, 1872.

[42]Véanse los artículos deLa Discusionsobre la situacion de Puerto-Rico. Julio, 1871.

[43]Véase el discurso del ministro Sr. Moret, en la sesion del Congreso de Junio de 1870.

[44]Véase laGaceta de Madridde 31 de Agosto de 1872.

[45]Véase el discurso del Sr. Labra en la sesion del 21 de Diciembre de 1872.

Exposicion que treinta mil habitantes de Puerto-Rico hacen al rey D. Amadeo I.

Señor:

Los que suscriben, individuos de todas las clases de esta Isla, hacendados, comerciantes, capitalistas, industriales, profesores y artesanos, afiliados todos al gran partido radical, y leales y fieles defensores de la nacionalidad á V. M. con el más profundo respecto exponen: Que cuando comenzaba esta provincia á disfrutar paz y tranquilidad unidas al más perfecto órden bajo el mando paternal y justiciero del Excmo Sr. D. Simon de La Torre, á quien V. M. confió su gobierno; cuando alentaba la más dulce esperanza de que continuando dirigidos sus destinos por la recta y entendida mano de tan dignísimo Jefe, se abriría á su porvenir la senda de progreso y de bienestar á que aspira, y que hasta ahora por circunstancias históricas y excepcionales no habia podido alcanzar, se ha propalado el alarmante rumor y la infausta nueva, de que los adversarios á nuestras reformas y enemigos de toda libertad en este suelo, poniendo en juego sus poderosas influencias y usando de las terribles armas de la calumnia y la mentira, trabajan con incansable ardor para sorprender el ánimo de V. M. y su gobierno, con el fin de obtener que sea relevado del mando superior de esta Isla el Excmo Sr. General Latorre y su Secretario D. José Ayuso.

Profunda sensacion ha causado y no podia menos de causar esa noticia; si los planes interesados de esa agrupacion llegaran á realizarse, Puerto-Rico esperimentaria una sensible pérdida, viendo desvanecerse en un momento sus legítimas aspiraciones de mejoramiento en su régimen político y administrativo.

No es de creer que esas maquinaciones prevalezcan, y que V. M. de oidos á lo que notoriamente es sólo un ardid de partido para conseguir fines determinados; pero la sola idea de que tal cambio pudiera efectuarse por consecuencia directa ó indirecta de los activos é infatigables trabajos de nuestros adversarios, mueve á los firmantes á elevar hasta V. M. su respetuosa voz con objeto de que la verdad se abra paso y conozca V. M. de una manera fehaciente la opinion y el deseo de la inmensa mayoría de esta leal Provincia, que sólo aspira á que en ella reinen la justicia y el órden, vínculos que la estrechen más y más con la Madre Patria por cuya gloria y honra darian todos sus vidas y sus bienes.

Los que quisieran el estacionamiento del régimen colonial en esta Antilla, incompatible con la gloriosa y trascendental revolucion de 1868, que conquistó la libertad para España, de que formamos parte integral, y que dió por resultado la elevacion al trono de V. M. y su dinastía para felicidad de la Nacion; los que á todo trance ansían que se perpetúe ese funesto régimen; los que aman ardientemente esa situacion política á cuya sombra han medrado con el privilegio y el monopolio; los que aborrecen la libertad en este suelo porque comprenden que siendo fuente del órden y de la justicia, caerán esos privilegios y la igualdad del ciudadano ante la ley y en la ley los despojará de la influencia y preponderancia indebidas, que por aquellos medios han logrado y logran todavía; los que tan mal quieren á la noble España que por su interés egoista prefieren verla aquí arbitraria é injusta antes que liberal y noble, no omiten medios por reprobados que sean para alcanzar sus torpes fines.

El Gobierno recto, muy recto del ilustre general La Torre, desde el momento en que arribó á estas playas desconcertó y disgustó á esos hombres. Acostumbrados á ser oidos y atendidos en los consejos del gobierno, y á que sus ideas se practicaran; formando, si así puede decirse, una administracion y un régimen gubernativo á su antojo y sabor, la primera vez que una firme y justa autoridad celosa de sus deberes cerró los oidos á toda exigencia y á toda insinuacion, y sin más norma que la ley y la justicia distribuyó esta por igual entre todos los habitantes de la provincia y á todos dispensó la misma proteccion; desde ese momento el despecho y la ira encendieron sus corazones y concentraron todas sus fuerzas para volver á la antigua situacion perdida y echar por tierra sin consideracion ni miramiento alguno el obstáculo que se oponia á sus planes.

De ahí su actitud hostil y osada en esta provincia; de ahí las frecuentes alarmas con que han tratado de mantener intranquilo y temeroso al país; de ahí sus contínuas reuniones y aparatos; de ahí sus protestas irrespetuosas y sus escritos llenos de saña y de veneno en los periódicos que aquí sostienen; de ahí, por último, las groseras calumnias, las torpes mentiras, las falsedades escandalosas con que los órganos de su devocion en la prensa de la Metrópoli intentan desfigurar los hechos y la verdad, y sorprender y estraviar la opinion pública, fingiendo que esta provincia se halla en el más triste estado de desórden y de anarquía, y presentando á su digno gobernador como el jefe del partido radical, á quien apostrofan con el calificativo injurioso de partido filibustero y separatista que conspira contra la integridad de la nacion.

No cabe ni cupo jamás tal osadía en inteligencia humana. Se concibe la lucha legal y moderada entre dos partidos que disputan el triunfo y la influencia en el poder. Se concibe la emulacion de las agrupaciones políticas, que atentas á la felicidad de la patria comun, batallan en noble lid, se esfuerzan en conseguir la victoria y usan de armas dignas y lícitas. Pero no se concibe ni puede concebirse que con la vista fija en un censurable egoismo, sin amor ni fé por la patria, que sin embargo se toma por pretesto, haya un conjunto de hombres que quieren sacrificarlo todo, justicia, derecho, consecuencias, libertad, moralidad á sus planes funestos y verdaderamente perturbadores de la prosperidad y el reposo de esta Isla.

Esa es la táctica, ese el sistema empleado por los hombres que en esta Antilla se llaman defensores de la nacionalidad y se abrogan el privilegio exclusivo de ser los únicos españoles que aquí alientan.

Esos hombres, penetrados de que la justicia no puede oscurecerse, convencidos de la que asiste á esta Provincia para pedir los derechos de ciudadanía, que como miembros de la Nacion Española la pertenecen, sin poder contener el oleaje impetuoso de la revolucion justa y radical verificada en la Madre Patria, que prometió esos derechos y las reformas consiguientes, no encontrando razon alguna que oponer ni fundamento en que apoyar la negativa al nuevo estado de cosas prometido, han apelado á ese odioso medio de calumniar al país, llamándole enemigo de España y confundiendo la reforma con la aspiracion al separatismo, para ennegrecer con esa fea mancha á todo el que no sea de su opinion y ame la libertad en esta tierra.

Así se explica lógicamente esa falsa imputacion, que prodigan al partido radical de Puerto-Rico, y que utilizan en todas ocasiones. Es indigno tal calificativo. No, Puerto-Rico es fiel y leal. Puerto-Rico ama á la Patria con el mismo cariño que sus demás provincias hermanas. Puerto-Rico guarda en su historia elocuentes ejemplos de su lealtad. Puerto-Rico tiene en su vida pública atestados infinitos de su adhesion y amor á la Metrópoli. Puerto-Rico no abriga más que españoles. La inmensa mayoría de sus habitantes, aspira, es cierto, á la libertad, pero con España, dentro de España,siguiendo su misma suerte. Esa mayoría inmensa á que los monopolizadores de la nacionalidad apellidan enemigos de la Patria, porque quieren reformas y libertad; esa mayoría es más española que sus detractores, porque obedece y acata las prescripciones del poder supremo, porque se conforma y cumple los mandatos de sus autoridades, mientras que ellos, los que más gritan su españolismo, no aman otra España que la que forjan sus intereses, la que puede servir á favorecerlos, y se rebelan contra el Gobierno, y luchan con las autoridades superiores, que desprestigian y amenazan osadamente con larebelion de la lealtad, cuando el poder no favorece esos intereses y no dispensa injusta proteccion á sus planes.

Esta es la situacion actual. Ese grupo refractario á la libertad es enemigo de lo existente hoy en la Madre Patria, y no lo oculta en sus publicaciones. Es enemigo de nuestra primera y superior autoridad, porque no coadyuva á sus deseos, porque no se hace instrumento de sus proyectos, porque no sigue el curso que otros han seguido desgraciadamente.

Por eso la injuria, la mentira y la calumnia. Por eso su inaudita audacia. Al general La Torre, al digno y buen militar, al leal español que ha derramado su sangre tantas veces por la Patria, al cumplido caballero, modelo de honradez y de decoro, lo suponen partidario y jefe de un partido separatista imaginario, entregado á sus influencias, rendido á sus deseos y conspirando contra la nacion, perseguidor acérrimo de sus defensores en esta provincia. Por fortuna, semejante suposicion está desmentida de antemano por los antecedentes de tan digna autoridad, y por la conciencia pública de los hombres honrados de esta Isla.

El Excmo. Sr. General La Torre al encargarse de su mando se encontró rodeado de elementos hostiles á las ideas que venia á plantear, de elementos afines á las situaciones anteriores; en la administracion y en la milicia era grande el número de sus desafectos, y cruda la guerra que desde el primer dia le hicieron los intransigentes sostenedores delstatu quo, los que á la sombra de los abusos é injusticias del régimen colonial habian predominado hasta entonces en el gobierno del país. Hechos públicos referentes á las elecciones de Diputados á Córtes lo demuestran, y sin embargo, atravesando esas difíciles circunstancias, con todas esas contrariedades, una autoridad nueva en esta provincia y sin conocimiento anterior de ella todo lo armonizó, todo lo superó, y el país goza de una tranquilidad y de un órden admirables, sin que hasta ahora haya tenido que lamentar la más mínima desgracia ni el más ligero tumulto; que si los denuncian en sus periódicos mercenarios los adversarios de nuestros derechos políticos, no son mas que creaciones fantásticas de su imaginacion mal intencionada.

El hecho mismo de la eleccion pasada es una prueba palpabledel tino y la cordura con que gobierna el general La Torre. Quizás en ninguna de las provincias de la Madre Patria se haya verificado tan importante acto con tanta calma y tanto órden. ¿Dónde está, pues, la agitacion que reina en esta Isla? ¿Dónde esos enemigos de España, que con tanta proteccion en las altas regiones del Gobierno, no abusan de su estado y situacion, y tranquilamente ejercen el derecho del ciudadano, nombrando sus Diputados, entre ellos esclarecidos patricios de la Metrópoli, para que en el santuario de la ley, discutan y reclamen el cumplimiento de las reformas prometidas? ¿Es esa la actitud del pueblo hostil á la nacionalidad, del partido que encubre sus miras separatistas bajo la capa de una opinion radical y exaltada como suponen maliciosamente? Si fueran ciertas esas prisiones y esos atropellos, de que se quejan hipócritas nuestros adversarios, si la libertad desenfrenada que atribuyen al partido radical de esta Isla fuese una verdad, á existir tales ideas separatistas, ¿no habrian aprovechado tan favorables circunstancias para realizarlas ó intentarlo al menos?

No es eso lo que ha pasado y lo que pasa. Esta provincia se distingue hoy más que nunca por su tranquilidad, por su buen juicio y por su sumision y obediencia á las órdenes superiores, que acata y apoya con todas sus fuerzas. Y ese será el camino que seguirá bajo la mano hábil y recta del ilustrado jefe que la gobierna.

Cualquier cambio, Señor, que se operase en el Gobierno y administracion de esta provincia en las actuales circunstancias, sería ocasionado á graves disgustos y podria hacer peligrar el sosiego de que hoy se goza. El cielo, sin duda, inspiró á V. M. al encargar el mando de esta provincia á su actual Gobernador el Excmo. Sr. General D. Simon de La Torre, secundado por su recto y entendido Secretario D. José Ayuso. Modelo de honradez y de probidad, su mano sostiene en el fiel la balanza de la justicia; para él no hay distinciones ni partidos, ni camarillas, ni inspiradores apasionados, ni privilegios, ni monopolios: para él no hay más que la ley y su cumplimiento estricto.

Ese es el verdadero gobierno de un país; ese es el único que da la felicidad; ese es el único tambien que en esta provincia nueva en el camino de las instituciones libres, y hostigada por aspiraciones interesadas y egoistas, que sostienen á todo trance el régimen antiguo, puede realizar y llevar á cabo felizmente el desenvolvimiento de las reformas en nuestro modo de ser político y administrativo, que nos han sido prometidas, que tenemos un título valioso para merecerlas como leales y fieles ciudadanos españoles, y que de una vez para siempre estrecharán con indisoluble lazo de union y amor esta Antilla con la Madre Patria.

Por eso esta provincia se ha alarmado con la sola idea de que el Gobierno actual y sistema adoptado se alteren; teme con sobradisima razon que los partidarios del reaccionarismo y delstatu quose aprovechen de cualquier alteracion que se verifique, y contrarresten las mejoras y adelantos de que hoy empieza á disfrutar. Y con ese temor y con ese deseo vivísimo y justificado de conservar lo que hoy existe en nuestro Gobierno civil actual y de que continúe este en la ilustrada y justa senda por que va caminando, los que suscriben acuden á V. M. cuya sabiduría, rectitud y paternal cariño para con sus pueblos, tanto le enaltecen respetuosamente.

Suplicándole en bien de esta provincia, tan leal y tan fiel como cualquiera otra de la Nacion, de esta provincia, que protesta una y mil veces derramar su sangre por la conservacion del territorio, y por su seguridad exterior é interior; de esta provincia que tanto ha demostrado su amor á la Madre Patria, se digne, desoyendo las reclamaciones y quejas que contra el actual gobernador Excmo. señor general La Torre y su secretario D. José Ayuso, pudieran maliciosamente dirigir nuestros adversarios, mantener en sus respectivos puestos á la referida autoridad y funcionario indicado, que como se ha dicho, cumplen bien y dignamente su difícil y elevada mision, realizando el implantamiento del nuevo sistema liberal con la más envidiable y perfecta tranquilidad.—Puerto-Rico 10 de Noviembre de 1872.—Señor.—A. L. R. P. de V. M.—José Santa Marta, abogado y Diputado provincial; Leonardo Igaravides, senador; José de Celis Aguilera, Diputado provincial y hacendado; Julian Blanco, hacendado y Diputado á Córtes; Sev. Quiñones, abogado y Diputado provincial; Ant. Aguayo, propietario y Diputado provincial; Manuel Padial, José J. Acosta, propietario y ex-diputado á Córtes; Pablo Saez, abogado y Diputado provincial; J. S. Alfonso, farmaceútico, Diputado provincial y propietario; Pedro G. Goico, doctor en medicina, propietario y Diputado provincial; Enrique Urrutia, comerciante y corregidor de la capital; José D. Infante, Bernardino F. Samper, Joaquin A. Angulo, Fidel Guillermo, Miguel Morales, Laureano Vega, comerciante; José Cordovés y Berrioz, Francisco Buguella, Fernando Vizcarrondo Rojas, Santiago Prieto, Miguel Quesada, Enrique Ramirez de Arellano, Gregorio de Latorre y Montesino, Joaquin Rodriguez, Isaias Félix Castro y Diaz, Herminio Padial, José Franco, Francisco Bulerin, Esteban Escalona, Francisco C. Dávila, Esteban Calderon, Pedro C. Corren, Temístocles Andino, Leoncio Carreiro, Juan Enriquez, Manuel A. Alonso, José A. Fernando, José Vinela, Segundo Setty, Vicente Guillermo, J. A. Cabrera, Félix Noa, Juan Basilio Nuñez, Manuel J. Calderon, Benito Torres García, Juan Bautista Fizol, Pedro Vidal, Eduardo Martorell, Francisco Martinez de Aparicio, Ector Cherremons, propietario; Pedro Cabrera, Salvador Prato, F. Pablo Rofselló, Bartolomé Llobet, Gregorio Rodriguez, José María Bunata, Feliciano Cullar y Torres, Juan M. de Larraon, Pedro del Valle, Pablo Marien, Diego Milé, Eusebio Menendez, Alejandro Cruz Lacomte, José Fr. Diaz, Gustavo Diaz, L. P. Benitez, Francisco Gimenez, Joaquin Ramirez, Martin F. Reyes, Francisco F. Hernandez, Enrique Botch, Marciano Porralas, Francisco de P. Vergara hijo, C. Avon, Narciso Font, Benito Osorio, Félix Padial, Julio Mas y Pila, Ricardo Hance, Jorge A. Goyco, Francisco Acosta, José M. Collazo, Ramon Collazo, Claudino Melizo, Saturnino Rivero, Julian Baldorioty, Cárlos Lixert, Andrés Medrano, Manuel Lopez, Generoso Diaz, Salvador Gallart, Teodoro García, Pedro Jimenez, Benigno Capó, E. Gonzalez, Pablo Durán, Manuel Vazquez, Pedro Marquez, José de la Rosa, Angel Martinez, Oscar Amadeo, Juan Casanova, Robustiano Texidor, Aureliano Alvarez, M. Poventud, Gabino Izjo, Nicolás Colon. A ruego de los propietarios Juan Antonio Santiago, D. Antonio Borge y Victorio Torres, Nicolás Colon. A ruego de los propietarios Martin Torres, Félix Torres y D. José Cruet N. M. Poventud, José Diaz de Castro y Ruiz, José T. Quiñones, Manuel Ramirez, Luis Beansang, Antonio Morales, Land. Morales, Encarnacion Arce, Manuel Morales, Loreto Marzo, Juan Piña, Hipólito Arce, Manuel Alvira, Juan A. Quiñones, Manuel Quiñones, Vicente Avila, Juan de Jesús Cintron, Leon Rivera, Eugenio Rivera, Bautista Carmona, Ildefonso Carmona, Juan P. de Lugo y Otero, José Manuel Matienzo, Francisco Gran, José Gregorio Coca, Reyes Coca, Juan P. Tudela, Manuel Escobar, Juan Gonzalez, Teodoro Bartolomé, Tomás Mizabul, Sebastian Diaz, Luis Trinidad, Juan P. Diaz, Felipe Vazquez, Aureliano Mizabal, Máximo Rivera, Andrés Cruz. A ruego de Federico Cruz, propietario José Pujals, Juan Cataríneu, Froilan Arroyo, Francisco Diaz, Justo Mizabal, Plácido Perez, José María Benjamin, Juan José Colon, Cristóbal Patxot, Cecilio Rodriguez, Francisco Molano, Jesús Torres. A ruego de Fermin Ramos, Eusebio Bravo; Juan Ramirez, Eusebio Bravo, Valentin Berlanga, Félix Rexach, Escolástico Clavijo, Miguel Mendey, Agustin de Arce, José Manuel Flores, Juan Moreno y García, Martin Vazquez, Francisco Sabas, Jesús Ortiz, Alberto Espiado, Pacífico Gonzalez, Pedro C. Villarini, Isaac Coliaro, José E. Colon, Juan Bautista Perez, Fernando Concepcion, Fernando Martinez, Antonio Cerrea, José R. Cabrera, Manuel Boralt, José del C. Siaco, Julian Andino, Ignacio Aguiño, Juan Alvarez, Francisco Quiñones, José R. Cabrera, José Escudero, Manuel Melendez, Sosé María Caballero, Charles Belltra, José Perez, Luciano Rivera, Francisco Duchesne, Valentin Pereyrol, Roman Nuñez, F. Villaveitia, José Marcial Quiñones, Celso M. Quiñones, Tomás Ramirez Quiñones, Ramon B. Lopez, Juan O'Neill, Tomás Agrait y Tinto, José R. Oliver, Mariano Ramirez Quiñones, Vicente Alvarez Dávila, Andrés Dapena, Vicente Alvarez Arce, Ramon S. Quiñones,Francisco María Quiñones, hacendado; Ramon Francisco Lugo, propietario; Florencio Lugo, Francisco Lugo, José Miguel Lugo, German Lugo, Miguel Lugo, Rodulfo Rivera, Pedro Alcaráz, Gaspar Castillo, Gaspar C. Castillo Ortiz, Vicente Berenguer, Dionisio Ramirez, Juan Marcelino Vega, Buenaventura Quiñones, Eduardo Quiñones, Matías C. García, Gustavo Ramirez, Ubaldino Ramirez, Francisco A. García, Ramon Nazario, Francisco Berengues, Ildefonso Rodriguez, Juan Bautista Almodra, Gil Aubrité, José Nicomedes Ortiz, M. Antongeorgi, José C. Balzao, Nicolás Acosta, Andrés Dapena, Bartolomé Esteva, Marcelino Anta, Miguel Vega, Francisco Medina, José Nuñez, Ramon Gonzalez, propietario; Francisco M. Lopez, Emilio Rivera, Miguel Cintron, Emilio Cintron, Modesto Bim, Ezequiel Martinez, Matías Rosario, propietario; Schendg Conte, Bartolomé Dávila, José Pimentel, José Vivas, Cárlos Carlo, Avelino Vindglay, Felipe Cacholas, Felipe Cacholas 2.º, Felipe Rivero 2.º, Eugenio Carrion, José María Osorio, Narciso Matos, Felipe Vizcarrondo, Monserrate Aguilar, José Antonio Morales, Manuel Ramirez Reyes, Pedro Quiñones, Luis de Jesús, Vicente Escobar, Esteban Rodriguez, Francisco Silles, Luis Vergue, Juan Miranda, Pedro Cláudio, Juan Dávila, Francisco Nater, José María Arestíqueta, Cecilio V. Gutierrez, Pascual Naranjo, José R. García, Francisco Acosta, Andrés Quiñones, Ricardo Ceballos, Francisco Alejandro Perez, José Vallo Lepily, Pedro Pani, Pedro Valdespino, Cárlos E. Rodriguez, Ramon Delgado, José E. de Goenaga, Dr. A. S. Fuertes, Cárlos Castro Pascasio Chasbournnier, José Balbino de Torres Valle, Hermenegildo Giraldes, Saturnino Reyes, Juan Benito Romero, Federico Marzero, Nicolás Tarne, Felipe Rivera, Clemente Bobonis, Severo Melendez, Manuel Robles, Baldomero Artus, Daniel T. Cogley, Juan Santiago, Vicente Nieves, Juan Ruiz, Ricardo Pastrana, Ricardo Parsons, José María Jimenez, José I. Mogica, Angel Pacheco, Jorge Parsons, Evaristo Elcicier, Evangelista Lebron, Luis Martino, Mamerto de los Santos, Luis Catalino Vazquez, Valentin Iglesias, Lorenzo Ferrer, Juan J. Calderon, Celestino Lampuzo, Rufo Santos, Eusebio Acosta, Julian Lopez, Norberto Osorio, Pablo Ayende, Martin Rodriguez, Manuel Lanzo, Manuel Galvarni, Cárlos Perez, Francisco L. García, Octavio García, Joaquin L. de Solis, Nicolás R. Uribe, Ramon Rodriguez, Cárlos Mellado, Eloy García, Antonio Corton, Juan del Toro, Manuel R. Gonzalez, Tomás Hernandez, Serafin Noya, Ulises D. Martinez, Faustino Lopez, Ricardo Rodriguez, José Borges, Ramon C. Martin, Ramon L. Tinajero, Eduardo Noya, Antonio Rodriguez, Demetrio García, Romualdo L. Vazquez, Francisco Romero, Ramon Acebedo, Julian Córdova, Eleuterio Rivera, Manuel Tolentino, Manuel Algasurs, Modesto Disdier, Rafael Flácido Rodriguez, Tomás A. Vazquez, Patricio José Lopez, José Carmona, 2.º, José Vicente Sanchez, Bonifacio Robles, Martin Mirot, Rodulfo Victoria, Pilar Castro, Francisco Corrales, Pedro Torres, P. y Berrios, Aquiles Colon, Manuel Y. Valdo, Manuel E. Aguayo, Gabriel Mono, Eugenio Jimenez, José Sanchez, José Ramos de Anaya, Pedro de Santiago, Gabino Jimenez, Mauricio Jimenez, Antolin Cintron, José Llorens, Florencio Echevarría, Arturo Morales, Manuel Flores, Jesús María Hernandez, Joaquin Perez, Mariano Alvarez, Manuel Bonilla, José R. Vazquez, Manuel Dis, Francisco Jimenez, F. Julian Diaz, Manuel de Hoyos Limon, José G. Cuevas, José R. Mintos, Marcelino Zavala, José C. Cuevas, Juan José Camacho, Eladio Saldaña, Máximo Galvez, Santiago Aldrey, Dr. Almodovar, José N. de Aldrey, Juan de M. Peña, Julian Hernandez, Benigno Porrata, Juan de Aldrey y Rodrigo, Santiago Vezira y Castro, José Acosta y Ramirez, Manuel Fernandez Juncos, Manuel Padils, José Nater, José Passapera, Tomás Sandron, Fernando Aragonés, Evaristo Martinez, Manuel Prado, Miguel Landron Lopez, Manuel Quintero, Pedro María García, D. Salinas, D. Sena y Bracero, José Vazquez, Márcos Uribe, Semy Bair, J. Hernandez, José María Muñiz, José García Salinas, Adolfo Mingo, Temístocles Diaz, Lucio Soto, Federico Matheu, A. Elias Ortiz, Luis Ercigno, Enrique Redondo, Felipe Lasanta, Marcelino Gomez, Alejandro Vaillant, Juan de Dios Matos, Juan Vaillant, Federico Leon, Vicente Vico, Bamon Delgado. A ruego de Cayetano Torres, propietario, José Bautista Lebron; José Ortiz, Cárlos Ortiz, Santos Ortiz Vazquez, Pablo Dávila, Ramon Ortiz, Nicomedes Sames, Pedro Colon, Ramon Delgado, Hilario Ortiz, Florencio Moral, Miguel Morales, Aquilino Figueroa, Ignacio Figueroa, Pedro Figueroa, R. Bono, Manuel Reyes Dávila. (Siguen hasta 30.000 firmas, y se promete continuar publicando las que se reciban de otros pueblos de la Isla.)


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