CONCLUSION.
He llegado al término de mi trabajo; y si bien no me es posible ni aun suponer el juicio que de él haya de formar cada uno de los lectores que encuentre, por pocos que sean; tengo al menos la pretension de creer que, cualquiera que sea su número, habrán de convenir en que no he faltado ni en lo mas mínimo á la verdad de los hechos que me propuse narrar; así como que las apreciaciones que haya podido emitir son conformes á las que de antemano habia formado la generalidad de los habitantes.
Justificada como queda la necesidad de las fiestas y consignado el entusiasmo con que fueron recibidas por el pueblo, así como lo que benéficamente influyeron en el espíritu público, decaido completamente por causa de los funestos acontecimientos de que fué testigo el año de 1867, la historia no podrá menos de aplaudir el pensamiento que en su realizacion se tuvo por objeto y fallar favorablemente en pro de aquellos que, guardianes de los intereses de este pueblo, supieron trabajar en su favor por todos los medios de que pudieron disponer, teniendo el buen acierto de elegir los mas eficaces.
Si causas que hayan aparecido posteriormente han inutilizado algun tanto su obra, la responsabilidad será de los que las hayan promovido; y en esto, como en todo, sabrá tambien ser justiciera la historia.