I.Ojeada restrospectiva.
San Juan Bautista fué declarado Patron de la Isla, tal vez por el nombre que á esta habia dado el Almirante Colon al descubrirla en 16 de Noviembre de 1493, quizás por el de la Reina que entonces se sentaba en el trono de las Españas, que nada dicen sobre ello las historias; pero es lo cierto que al expedir su primera pastoral en Sevilla el 26 de Setiembre de 1512 el Sr. D. Alonso Manso, primer Obispo de esta diócesis, trasladando la bula de ereccion de nuestra Santa Iglesia, declara que esta se levanta á honra del dicho Sr. San Juan; y como tal patrono fué desde entonces y ha sido siempre reconocido el Divino Precursor.
Sin embargo de esta declaratoria, no aparece que, en el primer siglo transcurrido desde la citada fecha, se celebrara la fiesta del patron San Juan ni aun con el culto que debiera haberle dado la Iglesia que se habia puesto bajo su advocacion; y mucho menos con fiesta ni regocijo alguno público y profano. Verdad es que en aquellos tiempos primitivos harto tenian que hacer nuestros valientes antepasadoscon atender primero á los caribes y despues á los corsarios que constantemente los tenian en jaque; y el poco tiempo de paz y tranquilidad que podian gozar lo necesitaban demasiado, ya para el laboreo de las minas, ya para la labranza de la tierra, ya tambien para construirse las pobres habitaciones en que se albergaban; sin que pudieran por lo visto pensar en diversiones.
Así se pasó un siglo ó poco mas, sin que nadie se acordara al parecer del Santo Patron, ni aun el mismo Obispo que le escogió como tal, ni su sucesor el Maestro D. Fray Manuel de Mercado, hasta que en 1637 ó 38, que no sabemos á punto fijo la fecha, el Gobernador, de buena memoria para esta Isla, D. Iñigo de la Mota Sarmiento hizo reconstruir el crucero de la Santa Iglesia y echar á esta una cerca, solicitando al efecto la cobranza de deudas que por su antigüedad se creian incobrables; y el Cabildo eclesiástico, reconocido á estos beneficios, se obligó perpétuamente á decirle una misa cantada todos los años al Sr. San Juan Bautista en su dia, en obsequio de la devocion especial que por él tenia el indicado Gobernador.[1]
Con la fiesta religiosa de San Juan y tal vez por afecto á D. Iñigo de la Mota Sarmiento, que fué muy querido y muy llorado poresta poblacion, nacieron probablemente las fiestas populares de San Juan; pero nada nos dicen ni la historia ni la tradicion, y solo lo supongo porque componiéndose las fiestas primitivas de este pueblo de danzas, toros y cañas, aparece que ya en 1644 se celebraban para San Antonio, que es en un dia del mes de Junio, como lo atestigua el Sr. Obispo D. Fray Damian Lopez de Haro en su carta á Juan Diaz de la Calle.[2]
Las corridas de toros y cañas debieron empezar á efectuarse por los años de 1610 ú 11, y se hacian en su principio solo en honor de Santiago, por disposicion del Gobernador don Gabriel de Rojas.
En medio de la oscuridad que se sigue á la poquísima luz que sobre las fiestas de San Juan proporcionan estos ligeros apuntes, únicos que se encuentran al asunto referentes en los pocos documentos que se conocen relativos á Puerto-Rico, es sin duda permitido suponer que el orígen de las carreras de caballos data de la época en que se establecieron las corridas de toros y cañas; y que probablemente las primeras de estas se suprimieron, andando el tiempo, por la dificultad de encontrar animales propios para ellas; y las segundas se convirtieron solo en carreras para dar mas soltura á la ligereza de los caballos indígenas que necesitan libre rienda y ancho espacio para lucir su gallardía y excelente paso.
Y difícil seria salir de una hipótesis cualquiera, mas ó menos fundada, en lo relativo á la época que hemos pasado, porque el holandés Boduyno Henrico arrasó con el fuego todos los archivos de la ciudad en 1625.
Continuando el siglo diez y siete, las fiestas de San Juan y algunas otras notables del año hubieron de regularizarse hasta el extremo de hacerse fiestas votivas para el Ayuntamiento de la Ciudad, al cual se le concedió por los años de 1685 ú 87 (que no consta con exactitud la fecha) el impuesto de un maravedí en cuartillo de aloja y ocho en el de aguardiente para cubrir, entre otras atenciones, las de las citadas fiestas: ese impuesto, que solo se concedió en su principio por seis años, fué prorrogado por igual tiempo en 1693 y volvió á serlo en 1702 y en 1709 y en 1714, como aparece de una carta real fechada en Sevilla á 13 de Diciembre de 1730 y dirijida al Concejo, Justicias y Regimiento de esta Ciudad.
Las fiestas votivas á que se ha hecho referencia, eran las de la Purificacion de Nuestra Señora, el Corpus Christi, San Juan, Santiago y Santa Rosa; y en tres de ellas se efectuaban sin duda carreras de caballos, á juzgar por lo que dicen los historiadores que copiaré dentro de poco; pero un acuerdo del Ayuntamiento de 30 de Junio de 1778, que he tenido ocasion de consultar, hace conocer que las de San Juan se celebraban con especial solemnidad, desde tiempo inmemorial (tal vezdesde que empezaron, á fines del siglo XVII) no solo como honor debido al Santo Patron, sino tambien como prueba de feudo vasallage al Soberano de las Españas. Y en efecto, en dicha fiesta no solo se celebraba solemne funcion de iglesia con vísperas, rindiéndose guardia de honor al Santo, en el tabernáculo en que se colocaba; sino que en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves de la ciudad, "en reconocimiento á su soberana proteccion," como lo dice el acuerdo consultado. Por su parte los regocijos públicos eran tambien de un carácter especial que los distinguia completamente de las demás festividades votivas: efectuábanse carreras de caballos desde la víspera de San Juan hasta el dia de San Pedro, en que tenian participacion todos los habitantes, bien como ginetes, bien como espectadores que se convertian en actores dando ó respondiendo las chanzas mas ó menos agudas que entre unos y otros se cruzaban.
Oigamos como describe estas carreras el único historiador de la Isla, Fr. Iñigo Abad de la Sierra, que escribió su historia quizás en el mismo año en que fué tomado el acuerdo del Cabildo que acaba de citarse.
"Las fiestas principales, dice el ilustrado historiador, las celebran tambien con corridas de caballos, á que son tan propensos como diestros. Nadie pierde esta diversion: hasta las niñas mas tiernas, que no pueden tenerse, las lleva alguno sentadas en el arzon de la silla desu caballo. En cada pueblo hay fiestas señaladas para correr los dias mas solemnes. En la Capital son los de San Juan, San Pedro y San Mateo.[3]La víspera de San Juan al amanecer entra gran multitud de corredores que vienen de los pueblos de la Isla á lucir sus caballos: cuando dan las doce del dia salen de las casas hombres y mugeres de todas edades y clases montados en sus caballos enjaezados con toda la mayor ostentacion á que puede arribar cada uno. Son muchos los que llevan las sillas, mantillas y tapafundas de terciopelo bordado ó galoneado de oro, mosquitero de lo mismo, frenos, estribos y espuelas de plata: algunos añaden pretales cubiertos de cascabeles del mismo metal. Los que no tienen caudal para tanto cubren sus caballos de variedad de cintas, haciéndoles crines, colas y jaeces de este género adornándolos con todo el primor y gusto que pueden, sin detenerse en empeñar ó vender lo mejor de su casa para lucir en la corrida.
"Esta no tiene órden ni disposicion alguna: luego que dan las doce de la víspera de San Juan salen por aquellas calles con sus caballos, que son muy veloces y de una marcha muy cómoda. Corren en pelotones, que por lo comun son de los amigos ó parientes de una familia; dan vueltas por toda la Ciudad sinparar ni descansar en toda la noche, hasta que los caballos se rinden. Entonces toman otros y continúan su corrida con tanta vehemencia, que parece un pueblo desatado y frenético que corre por todas partes.
"No obstante la confusion y tropel de la corrida, rara vez sucede desgracia alguna y si ocurre algun azar es á algun Español que encontrándose con el peloton de corredores al volver alguna esquina, no sabe evitar los encuentros con la destreza que los criollos. Estos, aunque el caballo corra á toda carrera, dejan sueltas las riendas sobre el arzon de la silla, los brazos cruzados, fumando su cigarro, diciendo algunas gracias á las de las ventanas y á las que corren. Al llegar á las esquinas que han de doblar, llaman al caballo con aquella rienda, y aunque vengan muchos por la misma calle, saben pasar por medio de los pelotones sin tropezar con nadie. Las mugeres van con igual ó mayor desembarazo y seguridad que los hombres, sentadas de medio lado sobre sillas á la gineta, con solo un estribo. Llevan espuela y látigo para avivar la velocidad de los caballos, de los cuales algunos suelen caer muertos sin haber manifestado flaqueza en la carrera y todos quedan estropeados y sin provecho para mucho tiempo; verdad es que todo el año los cuidan con esmero para lucirlos en estas fiestas[4].
"No toda la carrera es tumultuosa y confusa: á las nueve del dia sale el pendon de la ciudad acompañado del Cabildo, Nobleza y Oficialidad, de la tropa; dos compañías de caballería, presididos del Gobernador; este paseo se ejecuta con toda pompa y buen órden, y en él lucen las galas, palafrenes, jaeces, criados y caballos. Va por las calles principales de la Ciudad, y en una de ellas corren parejas por su órden, despues de las cuales llevan el pendon á la Catedral, que recibe el Cabildo eclesiástico y vuelve á despedir despues de la misa mayor, que lo restituyen á la Casa de la Ciudad con toda la ostentacion posible, sin que por este acto tan circunspecto y magnífico se suspendan en las otras calles las carreras, voces y zambra con que las gentes desahogan su extremado regocijo ó loca pasion, que reina aquel dia."
Otro escritor,[5]francés de orígen y que no tuvo motivos para conocer la isla como el historiador que acabo de copiar, de acuerdo sin embargo en casi todo con él, aunque no pudo conocerle ni es probable que tuviera noticia de su obra, escribia lo siguiente en 1797.
"Sábese cuanto gustan á los Españoles las fiestas y las ceremonias públicas. En Europason aficionados á las corridas de toros; en América á las carreras de caballos. Hacia dos dias[6]que este último espectáculo ocupaba á la Ciudad entera, que me pareció convertida en un vasto picadero. Una multitud de habitantes de los campos habian concurrido para esta diversion. Imagínense tres ó cuatrocientos caballeros, enmascarados ó vestidos con trages extraños, corriendo sin órden por las calles, tan pronto solos, tan pronto reunidos en grupos numerosos. Por aquí muchos petimetres disfrazados de mendigos divertian á los espectadores con el contraste de los harapos que los cubrian y el rico arnés de los corceles que oprimian; por allá levantaba una polvareda un grupo de jóvenes oficiales. Muchos franceses, mezclados con ellos, eran reconocidos fácilmente por su ligero y bullicioso talante. Su amable locura, variada bajo mil formas diferentes, esparcia á su paso la risa y la alegría. Muchas jóvenes entraron en la lid; todas se llevaron el honor de la carrera, tanto por su gracioso y seductor porte, como por la velocidad de su palafren. Dudo que nuestras bellas de Paris puedan disputar con las amazonas de Puerto-Rico el arte de manejar un caballo con tanta gracia como atrevimiento. La velocidad de estos caballos indígenas es admirable: no tienen trote ni el galope ordinario, sino una especie de andadura, un paso tan precipitado que elojo mas atento no puede seguir el movimiento de sus patas.
"Los habitantes de Puerto-Rico celebran con semejantes carreras las principales fiestas del calendario romano, especialmente las de Páscuas, San Juan, Santiago, San Mateo[7]. Desde la víspera viene á la Ciudad un gran número de ginetes de todos los puntos de la Isla. Los juegos comienzan á medio dia precisamente y continúan sin interrupcion hasta la noche. Es un espectáculo agradable ver las calles y las plazas llenas de corredores al galope; y los balcones, las puertos y hasta los techos llenos de curiosos; por todas partes se oyen risas, provocaciones que recuerdan los picantes placeres del carnaval. Al dia siguiente la fiesta toma un carácter mas sério. El Gobernador, seguido de los miembros del Cabildo[8], de la oficialidad, de la nobleza, escoltado por la guarnicion, todos á caballo y ricamente vestidos, sale á las nueve de la casa consistorial: el cortejo recorre gravemente las principales calles, al sonido de una música guerrera, y se dirije en seguida hácia la Catedral, en donde se celebra una solemne misa, terminada la cual vuelve en el mismo órden á la casa consistorial; y entonces dan principio de nuevo las carreras de la víspera, que duran hasta por la noche, aunque esta no siempre da la señal de retirada."
Esta última parte de Mr. Ledru, como la última tambien de los párrafos tomados á Fr. Iñigo, se refiere á un dia en particular, que no era otro que el de la festividad del Santo Patron.
En medio de la algaraza y gresca generales habia algunas horas de intérvalo en la mañana del dia de San Juan, en las que la fiesta tomaba un carácter sério y hasta magestuoso, en tanto que el pendon Real paseaba las calles de la Ciudad, que con esa demostracion rendia un tributo de homenage al Soberano, segun la antigua usanza de los tiempos feudales que todavia se conservaba en todas las provincias de la nacion.
Hallábase el pendon depositado en las Salas Capitulares y el dia indicado, reunido el Ayuntamiento en el mismo local pasaba en cuerpo á buscar al Regidor Alférez Real, que era el que levantaba aquella insignia y despues al Gobernador Superior, Presidente de la Corporacion, volviendo en seguida á la casa consistorial. Frente á esta, y de antemano, esperaban en la plaza los principales funcionarios, la oficialidad de la guarnicion, los escribanos y las personas mas notables de la poblacion, caballeros en los mas briosos corceles que podian encontrar, pues era lujo lucir los de mejor paso y gallardía.
Tomado el pendon por el Alférez Real, á presencia de toda la Corporacion que le escoltaba, á manera de guardia de honor, montaban todos los individuos que la componian y se ponia en marcha el cortejo, seguido de una compañia de milicias de caballería, recorriendo en forma procesional las principales calles de la Ciudad. Terminado el paseo, se situaban el Gobernador y Ayuntamiento en un palco ó tribuna que al efecto se levantaba, lujosamente engalanado, al extremo de una de dichas calles, que en el siglo pasado era la de la Fortaleza y posteriormente fué la de San Sebastian; y daban principio las carreras de caballos, en parejas de á dos, comenzando por los miembros del Ayuntamiento y concluyendo por los últimos soldados de la escolta.
Escusado es que yo diga que la poblacion entera concurria á presenciar esta fiesta, agolpándose en las avenidas de las calles que confluian á la en que aquella se celebraba, y llenando las puertas y balcones de las casas que ostentaban vistosas colgaduras. Aun recuerdo, tal vez confusamente si bien con todo el grato placer que producen en el alma las memorias de los alegres dias de la infancia, que mi casa, situada en la calle de la fiesta, se llenaba, como todas las del vecindario, de amigos invitados que compartian aquel dia nuestro almuerzo, y nos exijian, como de rigor, el tradicionalmanjar-blanco. Y eso que yo solo alcancé el último de los años en que se celebró la fiesta del pendon.
Terminadas las carreras, volvia el cortejo á ponerse en marcha y se dirijia á la Catedral; allí el Alférez Real tomaba su puesto al ladoizquierdo del Preste durante la procesion y despues del Presidente del Ayuntamiento mientras la misa: en tanto que esta duraba, el pendon permanecia en el presbiterio, al lado del Evangelio; y concluido, era tomado de nuevo por el Alférez Real y conducido con la misma pompa á la casa de Ciudad, en cuyos balcones ondeaba despues por el resto del dia.
Los Alféreces reales y los Regidores que los suplian en vacantes, ausencias ó enfermedades, competian en dar cada cual mas esplendor á esta fiesta; y no se reducian á lo oficial, por decirlo así, sino que, terminado el acto, obsequiaban á los concurrentes con un espléndido refresco; y en la noche del mismo dia, ó en la del siguiente generalmente, daban baile en su casa.[9]Este baile era por lo comun el anuncio de los que despues seguian hasta el 30 de Agosto, en que se celebraba la fiesta de Santa Rosa, como patrona de las Indias; aunque aquella diversion no era tan frecuente como lo es en nuestros tiempos, sin duda porque las gentes de aquella época, aunque aficionadas á Terpsícore, estaban mas bien que por eldulce merengue, como hoy se dice, por el movimiento del caballo; puesto que si los bailes no eran frecuentes, las carreras se repetian bien amenudo, como lo dicen los escritores que he citado.
Además de estas fiestas, se efectuó indudablemente desde principios ó mediados del siglo pasado la que se conoce con el nombre dealborada de la leche, que á tan malos términos la hemos visto llegar en la década anterior á la presente. A juzgar por las medidas de policía que se tomaron por los años de 1780 y 81, esta fiesta nació de que los forasteros que concurrian á las carreras llegaban generalmente á la ciudad en la madrugada de la víspera de San Juan y sus amigos salian á recibirlos al campo de Puerta de tierra, cosa por cierto bien natural en tiempo de tanta franqueza y en que era costumbre general dejar el lecho antes que la aurora derramara sus rosados resplandores.
Pero es el caso que á la misma hora llegaban tambien al mismo sitio los jíbaros que traian frutos para el mercado y mas especialmente los espendedores de leche; y detenidos estos unas veces por los ginetes que se les adelantaban impidiéndoles el paso; y chasqueados otras los que salian de la Ciudad al ver que no llegaban las personas que iban á recibir; se amostazaban unos y otros, prorumpiendo los mas fogosos en dichos agudos é inocentes que eran aplaudidos por toda la concurrencia y adelantándose algunos á lanzar picantes epígramas que no quedaban sin contestacion. Y como que el camino de la burla es resbaladizo de suyo, pronto de los dichos se pasó á los hechos; y se lanzaban de una á otra parte proyectiles que la decencia no debió permitir siquiera que se tomaran en las manos, como no permite tampoco el que se nombren.
Andando el tiempo esta diversion llegó á verificarse con música; pero los que salian no eran ya los amigos que iban á recibir á sus amigos, sino los chiquillos que iban á impedir, con obstáculos poco limpios, el paso de los jíbaros; y algunos curiosos que encontraban en ello una diversion que no lo era desde el momento en que ocasionaba perjuicios á un número considerable de individuos.
Por fortuna la última vez que recuerdo esta diversion de algunos años á esta parte, lejos de ofrecer el aspecto repugnante que tenia en el tiempo que acabo de indicar, fué por el contrario un obsequio hecho á muchas señoras y señoritas distinguidas que tuvieron la complacencia de ir á tomar el café en una de las glorietas del paseo de Puerta de tierra, que estaba preparada para este objeto. Reunióse una numerosa y escogida concurrencia; y la novedad de esta especie de ribota, así como el atractivo de la música, distrageron al público de su anterior costumbre.