IX.Exposicion de pinturas.
El lector me permitirá que por un momento me separe del órden del programa que he venido observando en la descripcion de las fiestas, para hablarle de un hecho que en realidad no constituye una diversion, pero que ha sido de los que mas realce han dado á las fiestas de San Juan en el presente año. Refiérome á la exposicion de pinturas de mi querido amigo el jóven artista Puerto-Riqueño D. Francisco Oller, que ha estado abierta desde el 14 al 30 de Junio y que ha sido favorecida no solo por la concurrencia de todas las personas de buen gusto y de sentimiento artístico que han ido á admirar mas de una belleza de las muchas que ha exhibido el pintor de nuestra isla; sino tambien por numeroso pueblo que, con menos criterio artístico, pero quizás con mejor sentimiento á veces, aplaude lo bello sin saberse explicar la razon de ello.
Así como no hubiera sido justo pasar desapercibida la exposicion de pinturas, así tambien confieso paladinamente que no me atreveré á entrar de lleno en un juicio crítico de las obras de mi amigo Oller, porque reconozco que sería tarea muy superior á mis débiles fuerzas, por mas que haya oido respetables opiniones y me haya detenido en estudiar los cuadros presentados. Confórmese, pues, el lector con una simple opinionex cathedra, formulada dentro del modesto círculo á que alcanza mi sentimiento estético; y sepa el amigo Oller que no tengo aquí la pretension de ofrecer una crítica razonada, sino simplemente hacer una descripcion mas ó menos cierta del hermoso espectáculo que nos ha dado ocasion de admirar.
Hermoso espectáculo, sí, porque lo son todos aquellos que hablan á la imaginacion y al sentimiento y tienen el privilegio especial de conmover los corazones que saben gustar de lo verdadero, de lo bueno, de lo bello. Solo al arte le es dado brindarnos un conjunto de procedimientos que hieran el alma en sus mas delicadas fibras, produciendo sensaciones de dolor ó de placer, con las que tal vez no sabríamos de otro modo connaturalizarnos.
Entremos en el salon de pinturas y ocupémonos de los cuadros por el órden mismo con que los presenta el Sr. Oller en su catálogo.
1º—Retrato de S. M. la Reina Doña Isabel II (q. D. g.), copia del que posee el Excelentísimo Ayuntamiento de la Capital, obra del distinguido pintor Sr. Madrazo y único original que existe en esta Isla.
En esta copia el artista ha introducido algunas variaciones, sin duda teniendo en cuenta que el original fué hecho en 1850 y tambien por ser imposible sugetar la mano de un artista que se encuentra á cierta altura para ceñirla á hacer una copia servil: todo, sin embargo, está estudiado en este cuadro y el estilo del Maestro bastante bien interpretado.
2º.—Retrato de la Excma. Sra. Doña Clementina Buttler de Marchessi. Este cuadro me ha hecho comprender que cuando en la espresion de una cabeza predomina un sentimiento cualquiera, el artista se siente entusiasmado y ejecuta su obra lleno de ardor. La Sra. Marchessi es buena y esa bondad se demuestra en su rostro, al cual la naturaleza hizo además hermoso; ambas dotes han contribuido, á no dudarlo, á que el artista haya sabido aprovechar tan hermoso modelo, como lo prueba el estilo largo y franco que distingue al cuadro. Los detalles, como en general todos los de mi amigo Oller, están bien estudiados; la perspectiva del fondo bien entendida; y las carnes ofrecen tintes mas suaves que las de otras figuras de que me ocuparé mas adelante.
3º.—Cuadro religioso Santa Cecilia, original.—¡Lástima grande que mi amigo Oller sea discípulo tan consecuente de esa escuela realista contemporánea que ha deificado á Proudhon en su estética! Y digo esto porque se me figura que de no ser así habria mas vaporosidad en el cuadro que contemplamos;hubiera presentado con mas ligereza ese conjunto de formas, humanas es verdad, que constituyen el cuadro, pero que tienden á lo ideal por medio de esa vaguedad indefinible que la escuela realista no encontrará nunca en la materialidad de sus modelos.
La composicion, sin embargo, está llena de gracia; las figuras y en particular la de la Santa se destacan bien del fondo, que es un cielo azul muy transparente; y el conjunto revela el ingenio y el buen gusto del autor. Las nubes están ejecutadas de tal manera que parecen moverse; y esto hace que se vea á la Santa como subir lentamente, á lo que se armoniza del todo la espresion de dulzura de su rostro que hace un contraste agradable con el movimiento inquieto de las nubes. El colorido, estudiado con detenimiento, prueba la inteligencia artística de mi amigo Oller; pues los objetos que se oponen al aire libre y sobre todo contra una fuerte luz, como la que revela el fondo tan claro del cuadro, y particularmente las carnes, adquieren un tono mucho mas fuerte, que las hace en el cuadro aparecer de un rojo muy subido, por efecto de la oposicion del color azul del cielo. Estas observaciones que para el público en general suelen pasar desapercibidas por la falta de costumbre de estudiar los efectos de luz, son muy apreciadas por los artistas y aun por los profanos que tienen gusto para admirar la exactitud con que el arte imita los fenómenos de la naturaleza.
Deseo que mi amigo Oller tenga tipos como el de que me ocupo siempre que haya de hacer cuadros como este; seguro de que concluirá por darles la idealidad que su artista corazon sabe comprender perfectamente, por mas que su cabeza y su mano quieran sujetarse á preceptos escolares que siempre contendrán el vuelo de toda imaginacion entusiasta.
Recuerde mi amigo Oller que en la materialidad de la vida difícil será que encuentre nunca una sola de esas bellezas infinitas que únicamente la fé nos revela; y deje á su alma creyente que se lance en las regiones celestiales, cuyas armonías y delicias estoy seguro sabe apreciar, sobre todo cuando trate asuntos religiosos.
La primera vez que ví este cuadro (hace año y medio) nada revelaba que Santa Cecilia habia sido mártir, pues solo estaba representada su virginidad con flores: hoy he encontrado un bello ángel al lado izquierdo del cuadro, que lleva la palma del martirio: es una correccion tanto mas oportuna, en mi humilde juicio, cuanto que además de no echarse de menos un símbolo indispensable, se ha llenado un vacio del cuadro que producia mal efecto.
4°—Retrato de D. Manuel Sicardó y Osuna. No he podido pasar por delante de este cuadro, en las diferentes veces que lo he hecho, sin detenerme largo rato á contemplar aquella figura noble que tantos recuerdos despierta en mi imaginacion; y cuyos detalles metraen á la memoria los alegres dias de la infancia llenos de las travesuras propias de esa edad en la que solo se piensa en burlar la vigilancia del Maestro: puede decirse que este retrato es un cuadro de costumbres, por representar no solo al individuo sino tambien una escena de su vida, demasiado conocida para los que la veíamos discurrir siempre ocupada de las áridas operaciones de una proporcion algebráica ó de un problema geométrico mas ó menos complicado.
El Sr. Oller quiso representar al que á todos nos ha enseñado, al que tanta actividad y constancia tenia para la enseñanza, á aquel á quien tantas maldades hemos hecho y al que tan buenos y tan malos ratos pasó por nosotros; y no encontrando ni el original ni un retrato bueno, el artista, con mucho tacto, se ha valido de los recuerdos que tenia del que tambien fuera su Maestro y no siéndole posible hacer el parecido de la forma, que siempre es insípido cuando no lo acompaña eseyo no sé queque caracteriza el individuo, lo ha representado moralmente tal como lo hemos conocido; aquel es en efecto, nuestro querido D. Manuel, con su indagadora é inquieta mirada, buscando siempre la travesura de los discípulos y atento siempre á la pizarra de las operaciones; espresando la viveza de su carácter en la ligereza con que hacia girar sobre su índice el cordon de que pendian los quevedos. Poco importa que el contraste de los colores no sea de los mejores y que la entonacion del colorido adolezca de flojedad por una parte y de tirantez por otra: la verdad de la figura oculta estas ligeras faltas.
Felicito sinceramente á mi amigo Oller y tambien á la Sociedad Económica, porque el retrato de D. Manuel Sicardó será, en mi pobre opinion, uno de los mejores que posea entre su coleccion de hombres útiles al país.
5º—Retrato del Illmo. Sr. D. Lorenzo de Obregon y Villarroel.—No puedo juzgar del parecido; pero hay brillantez de color, y movimiento en armonía con el personaje que representa. Se conoce que el artista ha frecuentado y comprendido la alta sociedad.
6º—Retrato.—D. Augusto de Cottes es un respetable anciano que todos conocemos. La mejor crítica que puede hacerse de este cuadro es que nadie parará la atencion en la pintura por creerse que está delante del original. Mi amigo Oller me permitirá, no obstante, que le llame la atencion sobre la entonacion de las carnes; de su inteligencia artística se debe esperar que haya mas verdad y limpieza en el colorido.
7º—Retrato.—Una señora de hermosa naturaleza y llena de robustez; el artista ha escogido una de esas posiciones tan naturales en las hijas de los trópicos, cuyo orígen descubren la vaguedad de la mirada y la molicie de la mano izquierda que se entretiene con el velo que la quiere cubrir. Lo que mas llama, en misentir, la atencion en este cuadro, es el pecho de la Sra., cuya perfeccion revela que la Osteología y la Miología no tienen secretos para mi amigo Oller.
8°—Retrato.—Otra señora á quien no tengo el honor de conocer. En este cuadro, de algunas dimensiones, parece que el artista ha querido entrar en lucha con ciertas dificultades; y no ha temido poner en oposicion la viveza de los colores en los detalles con la del color de la figura que es lo principal del cuadro; y aunque luchando entre sí, están, sin embargo, en armonía. El paño de la mesa es de una tela fuerte y doble, á la par que el vestido transparente y ligero parece que fácilmente puede moverse con el aire. Sobre la mesa hay un vaso de porcelana con flores tan naturales, que parecen despedir olor; pero cuya misma naturalidad me hace daño tratándose de detalles que podrian pasar sin ser tan atendidos.
La gran dificultad de este cuadro y el escollo para cualquier artista consiste en la naturaleza fina y delicada de la figura; pero mi amigo Oller ha sabido armonizarla perfectamente con la posicion que le ha dado; y solo siento tener que hacer la salvedad de las carnes que antes de ahora he indicado.
9°—Retrato.—No conozco el original; pero es tal la espresion que lo caracteriza que me atrevo á suponer debe estar parecido. En contra de la costumbre de mi amigo Oller, nótase algun descuido en las ropas; circunstancia queno se puede atribuir á olvido en quien con tanta predileccion vé los detalles, y por consecuencia hay motivo para sospechar que se ha hecho apropósito, con el fin de dar mas valor á la cabeza: es una libertad artística, por decirlo así, patrocinada por Vandick, el Ticiano y otros Maestros que no hacian mas que indicar los accesorios para conseguir lo que ha querido Oller; y esto debe servirle de razon bastante para no detenerse mucho en los detalles, por mas que á veces nos ofrezca en ellos bellezas dignas de admiracion.
10º.—Retrato.—En una de las veces que tomaba yo apuntes para escribir este capítulo, hallábase Oller en el salon y le pregunté si en este retrato habia querido representarse él mismo, á lo cual me contestó afirmativamente, pero allá en tiempos en que era muy desgraciado y que sin embargo echaba muy de menos; en una época en que con el pobre vestido que ostenta el cuadro y un pedazo de pan por todo alimento iba á visitar á Rafael, al Españoleto, á Veronese y sobre todo al gran Velazquez, por quien parece tiene nuestro artista una pasion especial, hasta el estremo de colocarle á la cabeza de toda la série de genios que cuenta su arte. Díjome tambien que, para él, su retrato era lo mejor que habia en la exposicion; pero que desgraciadamente no habria nadie de su opinion en Puerto-Rico.
No me atreveré yo á decir tanto como el artista, cuya opinion en verdad me parece untanto arriesgada, no obstante que está bien ejecutada su cabeza y con el cabello largo y el sombrero chambergo se presta mucho al estilo flamenco empleado en el cuadro; pero sí me parece que tanto el capricho de haber escogido este estilo, en lo que se revela la inteligencia del artista, cuanto el trage que viste y hasta la misma opinion que ha formado el autor de su obra, encierran un misterio que yo respeto; y por consecuencia paso á otro cuadro.
11.—Un boceto.—Parece que es el que ha servido para el cuadro de Santa Cecilia. Está hecho con mucha destreza y el movimiento de los ángeles es muy bonito: podria llamársele la Vírgen de las flores, tal es la bien entendida profusion que de ellas hay en todo el cuadro.
12.—Cuadro de costumbres.—Una niña despues de acostada y persuadida de que nadie la ve, toma la vela y con mucho ahinco lee la carta de su.... no, no sé de quien sea; pero de seguro que no es ni de su papá ni de su mamá.
Si me he equivocado, el artista tiene la culpa; pero creo que positivamente estoy en el secreto y por esta parte paréceme que mi amigo Oller ha conseguido cumplidamente el objeto que se propuso; tal es la espresion de aquel bonito rostro juvenil, aun cuando se halla casi velado por las sombras de la noche que la luz artificial no alcanza á disipar.
Los efectos de luz artificial son de suma dificultad por los inconvenientes que ofrece suestudio por lo penoso de la ejecucion, á causa de los grandes contrastes de mucha luz y de mucha sombra; pero en este cuadro, sin embargo de sus pequeñas dimensiones, el artista nos ha revelado su gran inteligencia; y en mi humilde opinion este cuadrito bien puede figurar entre las obras mas selectas de mi amigo Oller.
13.—Cuadro alegórico.—La Venus de Borínquen.—Pintura decorativa en que el autor parece que ha querido representarnos la muger primitiva de este suelo; en medio de la esplendidez de su naturaleza. Si alguna falta de exactitud puede notarse en el color propio de la raza que ha querido representar mi amigo Oller; si alguna incorreccion, aunque pequeña, existe en el dibujo; en cambio el cuadro ofrece bellezas que no pueden menos de fijar las miradas de todo el que lo contempla; la figura es tan hermosa como encantador el cielo que le sirve de fondo; y no parece sino que en aquella orilla del mar se respira la perfumada brisa de los trópicos. Sensible es que el artista no hubiera podido colocar sus cuadros en mejores condiciones de luz y tambien de distancia conveniente, sobre todo en el de que me ocupo; porque de cierto hubieran podido ser mejor apreciados.
14.—Retrato.—El original, á quien tengo el gusto de conocer, debe encontrarse mas satisfecho de ver su verdadero rostro mirando el retrato que contemplándose en un espejo.Aquella cabeza, que se destaca perfectamente del fondo, tiene no solo las mismas facciones de mi amigo R. sino que presenta la misma animacion de su fisonomía, eseno sé quéque distingue á cada cara de todas las demás que se le parecen. Tanto por esta circunstancia, como por la buena entonacion de los colores, creo que es uno de los mejores cuadros de nuestro artista.
15.—Retrato de un negrito alegre, no tan alegre como debió quedar el original al verse representado en el lienzo con la maestria que ha desplegado mi amigo Oller en este cuadro. Verdad en la figura, armonía en el colorido, mas difícil tratándose de una piel negra; estilo franco y desembarazado; y una ligereza que descubre la seguridad del pincel, son las cualidades que mas resaltan en este retrato y que nos dan á conocer al artista que hace honor á su país.
16—Retrato.—Nada diré del parecido porque no conozco el original; pero creo, en mi humilde opinion, que aquella cabeza se destaca poco del fondo.
17.—La Vírgen de la Providencia.—Hay mas idealidad en esta figura que en la de Santa Cecilia; y se conoce que el artista podria seguir á Rafael en su pléyade de Vírgenes, presentándonos no copias serviles sino imitaciones dignas de un buen Maestro.
18.—Paisage.—Fachada principal de la Casa de Convalescencia en Rio-piedras. Notoen este cuadro demasiada rigidez; no sé si porque, poco afecto á los serios estudios matemáticos, no me avengo á las líneas rectas en las que habrá de todo menos poesía.
19.—Paisage.—Fachada de la misma casa que dá al jardin.—No hay tanto estudio como en el anterior en los detalles, que son demasiado minuciosos; pero, por el efecto de luz que ofrece, es superior en brillantez y en lo bien que ha comprendido el pintor ese efecto del sol que en las horas del medio dia, en que es mas fuerte, hace perder la forma á los objetos que ilumina. Las figuras que se pasean en el jardin están tocadas con habilidad y me atrevería á designar en ellas, aunque muy pequeñas, las personas que quiso representar el artista. El cuadro marcado número 18 me parece un poco opaco; y aunque es efecto de mañana creo que falta por completo la impresion de la naturaleza. Perdone mi amigo Oller esta opinion á quien se reconoce profano en su arte; pero le conozco lo bastante para saber que oye los consejos que no carecen de buen sentido y esto dice mucho en su favor.
20, 21, 22 y 23.—Paisages.—Vistas de Copenhague.—Estos cuatro paisages presentan la naturaleza fria de aquel clima que no conozco y cuyas bellezas me considero incompetente para juzgar; permítame pues el lector que pase á otra cosa susceptible de mas calor; el cual encontraremos sin duda alguna en los siguientes cuadros de comedor.
24.—Bodegon.—Mi amigo Oller ha comprendido perfectamente, como todos los pintores de la escuela española á la que pertenece esta clase de cuadros, que dicho género de pintura debe ser de una gran verdad para que tenga mérito. Nada quisiera decir de este cuadro y de los demás de su clase; sino que cada uno de mis lectores lo viera y escribiese aisladamente su opinion, seguro de que todos dirian lo mismo que yo. La verdad es tan grande que, al ver la gallina muerta y pelada, la taza de manteca y el utensilio de cocina que está detrás y al que la cocinera se olvidó de quitar la grasa del dia anterior, me entran impulsos de soltar la pluma y mandar preparar una gallina igual, por mas que no sea muy conveniente cuando se está sufriendo una gastrítis. En segundo término aparece una hermosa calabaza, tan hermosa que si, en vez de hombre, fuera yo mujer y por añadidura jóven, y á mi amigo Oller se le ocurriera regalarme este cuadro, lo tomaría como un epígrama punzante. No me parece, sin embargo, que al artista se le haya pasado por las mientes semejante idea.
Tanto este cuadro como los que siguen marcados con los números 25, 26 y 27 son sin duda de indisputable mérito artístico.
25.—Bodegon.—Otra gallina pero viva, huevos, un caldero de cobre en que se ven manchas de cardenillo y una botella de vidrio. El tono es mas vigoroso y su ejecucion poderosa demuestra claramente la firmeza que caracteriza el estilo de Oller y que impide el que en la generalidad de sus cuadros se encuentre ninguna parte relamida. El cardenillo adolece de falta de color.
26.—Bodegon.—El canasto de la cocinera, que difícilmente se mejora; un papel de avichuelas; una naranja agria que da dentera con solo verla; tomates, unas botellas y unas monedas de cobre; todo lleno de verdad como en los anteriores.
27.—Bodegon.—A mi amigo Oller debe gustarle mucho elcaratode guanábana, porque en este cuadro ha dispuesto todo lo necesario para prepararlo y lo ha dispuesto con tal verdad que, á mí por lo menos, me produce siempre sed la vista del cuadro. Una hermosa guanábana partida en dos por un cuchillo que casi le incita á uno á sugetarlo para que no se resbale de la orilla del plato en que se apoya, tal es la exactitud con que está hecho; una botella de barro que debe hacer muy fresca el agua y un vaso con su correspondiente azúcar, esperando la madura tajada de la fruta, son los objetos que contiene el cuadro y en cada uno de los cuales luchan la inteligencia y la mano del artista por vencerse á sí propias.
28.—Bodegon.—Una cacerola y un trapo de cocina, que parecen decir que han sido hechos el uno para la otra; y un queso ya partido colocado sobre una hoja fresca de plátano, de una verdad tan patente, que de seguro tratarían de utilizarla todas las pasteleras de este país que tuvieran ocasion de verla.
29.—Bodegon.—Una cafetera, un medio pan, un plátano y dos mazorcas de maiz tan hermosas que me hace recordar los versos de Bello.
Gefe altanero, de la espigada tribu.
30 y 31.—Bodegones.—Plátanos y mangos de no tanta verdad como la guanábana, la calabaza y demás frutos de que he hecho referencia.
32 al 45 inclusives.—Estudios de paisages en que hay bellezas admirables de imitacion, cielos como solo los ofrece nuestra zona tropical, perspectivas deliciosas y mucha poesía en algunos de ellos; en otros, sin embargo, segun mi humilde opinion, hay falta de entonacion en el colorido y en uno que otro como el 40 y 43 hasta falta de armonía en los detalles: pero en general son de un efecto maravilloso y parece imposible que se pueda jugar de esa manera con los colores y conseguir una impresion tan exacta. En estos estudios quiere sin duda mi amigo Oller demostrarnos que ha bebido en la fuente de los grandes Maestros; y que, como el poeta, se deja seducir por la inspiracion sin detenerse nunca en la materialidad de lo que vulgarmente se conoce con el nombre depincel fino; gusto amanerado y ridículo de los que, con poca imaginacion, no son capaces de producir otra cosa mas que esos cuadros que ciertamente están acabados pero noestánhechos. Para convencerse de que no he consignado una paradoja por mas que lo parezca á primera vista, basta, en mi juicio, recordar esos cuadros de pinceladas muy iguales, de líneas muy correctas y hechas con mucha paciencia, que podrian pasar por trabajos perfectos de caligrafía, pero que distan mucho de ser buenas obras de pintura: á esos cuadros es á los que me refiero y de los que digo que están á no dudarlo acabados, pero que les falta lo principal para estar hechos; les falta armonía, les falta verdad en los tonos, les falta el aire que rodea todo el cuerpo que representan; y, si se me permite el atrevimiento, les falta el aire que se mueve entre el pintor y el objeto que copia y que es lo que constituye un cuadrohecho.
Por eso yo creo que los jóvenes puerto-riqueños que se dediquen á la pintura deben examinar los estudios de mi amigo Oller, para que como él aprendan á copiar la naturaleza y á sacar de ella reglas invariables que les sirvan en todos los casos, sabiéndolas aplicar con acierto, como lo hace nuestro artista; y sepan tambien conocer á tiempo que en la pintura, como en la música, como en todas las bellas artes, hay algo que no se aprende, sino que nace con el individuo y que en faltando debe abandonarse el arte. Por esto los Italianos dicen que solo se puede ser artistaper dono di Dio.
Ese don lo ha recibido mi amigo Ollery ha sabido cultivarlo y sabrá engrandecerlo todavia mucho mas, porque es jóven y su alma sabe sentir todas las grandezas y todas las bellezas de su divino arte, y no querrá que esta sublime llama se estinga en medio de la soledad artística en que hoy se halla sumido; sino que volviendo á la atmósfera en que nunca se extinguen las auras perfumadas por los recuerdos de los grandes Maestros y por los ejemplos de los que les han sucedido, respirará de nuevo el aire vivificador que comunique nuevo impulso á su ardiente corazon.
El artista que llega á la altura de mi amigo Oller tiene derecho á aspirar á la gloria; y ésta, por desgracia, no puede dársela nuestra pobre sociedad, en la que ni siquiera hay una sola cosa que revele la existencia de las bellas artes; lo único que podemos hacer aquí, y es muy poco en verdad, es reconocerle como nuestro mejor pintor, superior al mismo Campeche, cuyos cuadros casi todos relamidos y muchos de incorrecto dibujo, jamas le hubieran hecho reconocer como genio, á no ser por la época y las circunstancias en que vivió. Perdóneseme que juzgue tan sin piedad la gloria, como dice Lamartine, y no se me tache de inconsecuente; siempre he apreciado y siempre sabré apreciar á Campeche, pero no por eso dejo de reconocer los defectos de que adolece y de que no tuvo medios de corregirse.
Despues de escrito lo anterior ha salido á luz en los periódicos de esta plaza un anunciode mi amigo Oller manifestando que fija su residencia en esta ciudad y abre una clase de dibujo, gratis, para los artesanos. Hé ahí el corazon del artista que no puede menos de admirarse; pero á traves de la admiracion brota en mi corazon un sentimiento de dolor que nace al ver oscurecerse el porvenir de mi amigo. Acuérdate, amigo mio, que aquí no pueden darse bellezas artísticas,
que las flores no nacen entre el hielo, como dice Martinez de la Rosa; y tú nada tienes que esperar ni nada que adelantar entre nosotros....
Pero puesto que has hecho el sacrificio, aceptémoslo; y que el país te sepa agradecer la espontaneidad con que le has consagrado tu primer pensamiento.
La clase que anuncia Oller, como él mismo lo ha dicho al anunciar su esposicion; será una verdadera academia de Geometría práctica, de dibujo lineal, de adorno y natural aplicado á la industria; y en ella encontrarán los artesanos todos los conocimientos útiles á sus diversas profesiones y especialmente los decoradores de casas que ejerciendo hoy su oficio solo por práctica rutinaria y de mal gusto, perpetuan este, aunque no sea sensible á la vista de la generalidad, pero sí á la de las personas que en otros paises hayan tenido ocasion de observarlo.
Y sin embargo, el pintor se lamenta de no haber encontrado quien quiera auxiliarle entan laudable propósito; no parece sino que se ignora lo que semejante clase puede influir en el adelanto de las artes mecánicas, tan atrasadas hoy en nuestro país y contra las que tanto se clama, culpando generalmente á los que menos responsables son del atraso. Empero creo que el auxilio que habrá buscado mi amigo Oller será puramente particular; y en mi juicio los llamados á realizar en toda su extension su útil pensamiento son los cuerpos que tienen por objeto el desarrollo de los intereses materiales y el progreso de la educacion moral é intelectual. Que apele el artista á la Sociedad Económica y al Ayuntamiento de la Capital y no dudo que será oido con gusto y secundado con provecho; ambas Corporaciones tienen el deber de trabajar en la instruccion pública y el Municipio que tan fuertes sumas consagra á ella, es de esperarse que no titubee en añadir lo poco que el pintor puede necesitar.
No sé si el amigo Oller estará de acuerdo con estas ideas; pero de todos modos yo trabajo en favor de esta poblacion, á la que lo debo todo, y eso justificará mis sentimientos. No obstante esto, deseo que al leer el artista estas líneas, todo lo que tenga que decir de mí sea lo que con tan buen estilo, como sentimiento y delicadeza dice La Fontaine en su bellísima fábula LosDOS AMIGOS:
Qué un ami veritable est une douce chose!