XIV.Carreras de San Juan.
He aquí el punto culminante de las antiguas fiestas populares de nuestra Ciudad; lo que ha sido causa de alegría y de pesar para el pueblo; y lo que en otro tiempo constituia la principal diversion en los festejos del San Juan. Desde esa época á hoy las cosas, no obstante, han variado mucho, puesto que sin prohibicion de ningun género vemos que ya no se corre á caballo en las noches de las vísperas y dias de San Juan y San Pedro, como en otro tiempo se corria; y vemos que el pueblo, que tan frio se muestra para las carreras, se aficiona y mucho á otras clases de fiestas que no entraban nunca en el programa de las que celebraron sus antepasados.
En el presente año apenas veinte caballos recorrian las calles en las citadas noches; y si no hubiera sido por algunos pocos que se veian en la plaza dispuestos para ser alquilados, aunque no encontraron alquiladores, nada hubierahecho presumir que nos hallábamos en aquellos dias en que este pueblo corriendo frenéticamente por las calles parecia un pueblo de locos, como nos dice el historiador Fr. Iñigo.
¿En qué consiste esta variacion? ¿Por qué se ha perdido la aficion á las corridas de caballos que eran en otro tiempo la diversion favorita?
El lector recordará que algo he dicho antes de ahora acerca de las causas que han motivado la variacion; y bien obvias deben ser, en mi humilde juicio, para todo el que se detenga á estudiar el cambio que ha sufrido nuestro pueblo en la media centuria últimamente transcurrida. Hasta principios de este siglo casi estuvo la Isla completamente incomunicada con el resto del mundo, sin que la visitaran mas que los poquísimos buques que hacian el monopolio mercantil de América y los corsarios y piratas que desgraciadamente no eran tan escasos como aquellos. Mas de una vez fueron incendiadas por estos últimos las humildes poblaciones que se habian levantado en las costas; y el temor de que semejantes escenas se reprodujeran, obligó á los habitantes á desparramarse por el interior de los campos, sin pensar por el momento en formar grupo alguno de poblacion; y buscando por el contrario cada cual el sitio mas recóndito donde guarecerse. Pero como no era posible que de esta manera viviesen gentes que habian gustado de los placeres de la sociedad, ni era dable tampoco que se concretasen á residir en determinada porcion de terreno sin pasar nunca mas allá; necesitando hacer los cambios propios del hombre social y anhelando por las relaciones que constituyen su trato mas noble, hubieron de encontrarse en el caso de moverse en todos sentidos, segun la conveniencia de cada dia y de cada atencion; y para conseguir este objeto en medio de un terreno escabroso y sin recursos para proporcionarse vias de comunicacion no habia mas que un animal que pudiera servir al hombre; este animal era el caballo. El caballo debió llegar á ser por estas razones una necesidad mas perentoria á veces que el alimento; y no es extraño que gozara de tanta predileccion entre todos los habitantes de la Isla: la familia, para establecerse en esta, debia tener la casa en que albergarse y el caballo en que moverse; sin este último recurso no se concebia ni podia concebirse la vida en el campo, como no se concebia ni podia concebirse sin la casa ó choza en que ponerse á cubierto de la intemperie.
Por eso el caballo fué objeto de tantas distinciones, de tantos cuidados, de tanta estimacion; y por eso así como casi puede decirse que formaba parte de la familia, tambien tomaba parte en todas las fiestas y regocijos. No solo por el animal que en tanta estima se tenia sino tambien por las personas, que se veian obligadas á saber montarlo y manejarle con la ligereza y seguridad que exigian los diversoslances de la vida, el caballo figuraba en todas partes y para todo se hacia uso de él. No era pues posible que al tratarse de las fiestas del Patron se olvidase aquel noble animal y mucho menos cuando de él se necesitaba para concurrir á aquellas. Esta misma circunstancia era un nuevo motivo para que cada cual tratase de traer su mejor caballo, ó que cuidase el que poseia con mas esmero al aproximarse la fiesta, ya por lo que en ello influiría indispensablemente el amor propio, ya tambien porque en muchos obraria la esperanza de hacer un negocio mas ó menos lucrativo, segun lo que gustara el animal que presentaba.
Y como de todos los pueblos de la Isla concurria gente á la ciudad, no debe admirar que se reuniese un número considerable de caballos y que estos fuesen de los mejores, porque precisamente era aquella la ocasion de lucirse. Excitados con el espectáculo los habitantes de la Capital, que no tenian la necesidad de poseer caballos, y animados por la misma privacion en que estaban todo el año para montar, proporcionaban á losjíbaros, ó campesinos pobres, la ocasion de traer sus jamelgos que encontraban fácil alquiler; y así se reunia un número prodigioso de ginetes en las noches antes citadas, porque de tarde no se atrevian á correr sino los que podian lucir buenos caballos.
En esas carreras tumultuosas y sin órden, preciso será confesar, aun en contra de la respetable opinion de nuestro historiador, que acontecian frecuentes desgracias; y algunas personas se encuentran todavia lisiadas por consecuencia de ellas. Así tenia que suceder corriéndose á todo escape por las estrechas calles de nuestra ciudad, en grupos demasiado numerosos y á veces hasta en sentido opuesto, que nunca faltan en estos casos, imprudentes, que, al pagar su falta, hacen víctimas de ella á otros que ninguna culpa tuvieron.
Hacian todavia mas peligrosas las carreras lascandeladasú hogueras que se encendian en las esquinas ó sea en el centro de las confluencias de las calles, y en las que mas de un caballo, ciego por la velocidad de la carrera y por el mismo resplandor de las llamas, precipitó alguna vez ginete ycumarracha. Por mas que parezca hasta algo bárbaro el uso de estas hogueras, preciso será á convenir en que no fueron invencion de nuestro pueblo, puesto que las han encendido casi todos los de la tierra y desde la mas remota antigüedad las encendian tambien muchos pueblos del Oriente, justamente en los mismos dias de San Juan y de San Pedro, ó sea en el solsticio de verano, aunque lo hacian en honor del Sol. Aquí, sin duda, siguiendo tan añeja tradicion la encontraron muy propia para alumbrar las carreras, en aquellos tiempos en que nada alumbraba las calles de la ciudad.
Uno de los principales atractivos de estas carreras eran á no dudarlo lascumarrachas,que así se llamaban las compañeras que se llevaban á la grupa y que se sostenian en equilibrio sin mas que sujetarse del borde de lasbanastillas[12]. No conozco la etimología de la palabracumarracha, pero si se ha de juzgar por las dos voces de que se forma,cumayracha, su significacion ofende hasta el pudor del menos delicado y da una pobre idea de aquella costumbre que muchos califican de inocente, sin recordar tal vez que en la conciencia pública existia la conviccion de que nada ganaban con ella ni las familias ni la moral pública; y que aun cuando hubiera muchos que gozaran con toda pureza de la extraña impresion de llevar junto á sí á la amada de su corazon y encontraran un nuevo placer en el mismo peligro que podia proporcionarles la ocasion de salvarla valerosamente de él; otros y no pocos por desgracia solo veian un motivo para burlar la vigilancia materna y sembrar en medio de la fiesta los gérmenes de un profundo dolor que no tardaba mucho en pronunciarse.
El pueblo, que siempre tiene, por decirlo así, frases gráficas para expresarlo todo, cada vez que veia unacumarrachaexclamaba en seguida:¡á la cantera![13]ó¡cuidado con la cantera!, segun el carácter del que gritaba; y estas simples palabras envolvian la idea de escenasque yo no permitiria jamas que mi pluma reprodujera, porque aun á traves de los años y existiendo solo como recuerdos ofenderian al público.
En vista de lo expuesto, que estoy cierto nadie podrá rechazar como falso, creo que las carreras de San Juan eran un espectáculo, no diré salvage como lo he oido calificar por algunos, pero sí impropio de un pueblo culto; y esta es la razon porque á medida que el nuestro ha ido adelantando en el camino de la civilizacion ha ido dejando aquellas costumbres que no pueden menos de rechazar sus nuevos gustos cada vez mas cultos; y justo será añadir que de veinte años á esta parte, en aquellos en que ha habido carreras, han presentado estas una fisonomía bastante distinta de la que en otras épocas ofrecian; lo cual prueba la trasformacion de las costumbres, que se efectúa, aquí lo mismo que todas partes, desapercibida y lentamente.
Lenta y desapercibidamente tambien fueron cesando las carreras hasta que concluyeron del todo, sin que las contradicciones que esperimentaron hace algunos años sirvieran mas que para reanimarlas momentáneamente, cual las últimas llamaradas de una lámpara próxima á apagarse. Hoy ya no es posible hacer revivir esta diversion, porque ni las condiciones ni los gustos del pueblo son los que fueron en las épocas en que tan concurridas y animadas eran las carreras.
Aunque el caballo sea todavia muy necesario por las razones que he indicado al hablar del concurso de estos animales; la distinta manera de ser de la poblacion, sino reconcentrada por lo menos agrupada en su mayor parte en las costas, en donde los intereses mercantiles é industriales superan á los agrícolas, por mas que no puedan vivir sin ellos; no teniendo la misma necesidad de moverse que cuando se hallaba desparramada por el interior; ó aun cuando la tenga, poseyendo la facilidad de hacerlo por mar; el caballo ha perdido su importancia en una considerable estension de terreno, en la que casi no figura mas que como artículo de lujo; y de aquí el que no se le tenga en ese territorio en la estimacion de que otro tiempo disfrutó y por consiguiente que se vea con indiferencia la mejora de sus razas: de donde proviene que no se vean con el mismo interes que antes aquellas fiestas que no eran en realidad, como ya he tenido ocasion de decirlo, mas que unas ferias anuales.
Agréguese á esto que, á medida que iba desapareciendo la necesidad de andar á caballo en todo el territorio del litoral, se iba tambien perdiendo el gusto y el hábito de montar, como no podia menos de acontecer; y se comprenderá fácilmente que haya dejado de ser diversion para el público lo que en otro tiempo lo fué y tan predilecta.
¿Hemos ganado ó hemos perdido con este cambio?
Bajo el punto de vista de la conveniencia nada hay que decir porque las cuestiones de interes se resuelven por sí solas en el sentido favorable para este y ya vemos que al paso que se adelanta en las vias y medios de comunicacion se va relegando el caballo, hasta el estremo de que en los paises mas adelantados solo sirve hoy para los trabajos agrícolas ó para solaz de algunas pocas personas que se hallan en posicion de gastar su tiempo y su dinero en objetos y pasatiempos de lujo. En general el caballo no se estima en la actualidad mas que como un motor, aplicable solo en ciertos casos; y es indudable que á este punto se tenderá tambien en nuestra Isla á proporcion que aumente en ella el progreso material. Nada hay por consecuencia que justifique la diversion de las carreras de caballos bajo el punto de vista de los intereses; si bien creo que deben sostenerse los concursos de esos animales, no tan solo porgue hay una gran parte de la Isla que los necesita como medios de locomocion, sino tambien porque, de cualquier modo que se los considere, debe siempre tenderse á mejorar su raza, tratando de que predominen en ellos las cualidades que mas útiles puedan ser.
En el concepto de fiesta solo tengo que exponer que no habiendo nada que coarte la libertad del pueblo para entregarse á las carreras de caballos como antes lo hacia, prueba es de que ya no gusta de ellas, como en otro tiempo gustaba; y entre la diversion en que por lomenos se corria el peligro de una caida que lo inutilizara á uno y los sencillos espectáculos de bailes, funciones dramáticas y otros en que hasta pueden mejorarse las costumbres, nadie podrá titubear en la eleccion, como no ha titubeado el pueblo al decidirse por los últimos, dando así una prueba de muy buen sentido.
Creo pues en conciencia y con la lealtad que siempre trato de observar que hemos ganado con que desaparezcan las carreras de caballos, como ganaremos todavia mas el dia que se acaben las jugadas de gallos, por mas que en estos momentos lluevan sobre mí las censuras, que no temo en verdad porque las ataco por el bien del país y con la confianza de que han de desaparecer.
Las carreras de caballos y las riñas de gallos eran las dos diversiones típicas de esta poblacion antiguamente; las primeras han terminado al dar los primeros pasos en el progreso material; cuando se dén algunos mas en el progreso moral é intelectual terminarán tambien las segundas sin que nadie las prohiba y solo porque las ha de rechazar por sí solo el mismo pueblo que tanto las acoge hoy.
No he tratado de hacer un artículo necrológico sobre las carreras de San Juan, porque rehuyo siempre el declamar contra lo que puede ser del gusto de la mayoría; me he concretado á poner de relieve los hechos, como era necesario lo hiciera, al tratar de escribir una crónica: así pues, si ha salido una necrologíano se me culpe de ello, cúlpese sí á la misma cosa que ha muerto de puro vieja y extemporánea ya en la época que atravesamos.
Paréceme, sin embargo, que sobre este cadáver solo tienen que derramarse lágrimas de alegría y de pura satisfaccion, cual debe experimentarse siempre que se da un paso de verdadero adelanto.