1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas protectoras. La tendencia anti-extranjera. Los naturalizados.—2. Cambios políticos y situación económica.—3. Vías de comunicación.—4. Agricultura y ganadería; otras industrias.—5. Las ciencias y las artes.—6. La educación é instrucción pública.—7. La legislación.—8. El socialismo. Conclusión.
1. La sociedad argentina de 1895. Inmigración; medidas protectoras. La tendencia anti-extranjera. Los naturalizados.—2. Cambios políticos y situación económica.—3. Vías de comunicación.—4. Agricultura y ganadería; otras industrias.—5. Las ciencias y las artes.—6. La educación é instrucción pública.—7. La legislación.—8. El socialismo. Conclusión.
1. El segundo censo nacional se realiza en 1895, bajo la dirección del mismo doctor Diego G. de la Fuente que veintiseis años antes había presidido la confección del primero.
En esta época se pudo hacer la operación con mejores elementos: el país se conocía más, las estadísticas eran llevadas con mayor cuidado, se habían realizado censos locales en épocas diversas, existía mayor facilidad de comunicaciones, factores todos que ayudaron en la obtención de buenos resultados.
Los cambios y transformaciones que el censo tradujo, admiran, pareciendo imposible que sea sólo la distancia de veintiseis años la que media entre la nación como era según hemos tratado de comprenderla en el anterior capítulo, y la que las cifras del segundo censo nos dan.
Para llegar á penetrar estos cambios, no se puede tomar simplemente las dos épocas y hacer comparaciones. Es necesario seguir el desarrollo cuanto sea posible. Ver por qué se transforma, cuáles influencias determinan los cambios, qué orientación dan á las leyes é instituciones políticas.
El factor étnico, al que con preferencia se refiere este trabajo, impone de la causa de muchos cambios, como afirma el carácter de nacionalidad por raza en formación. Para que una nacionalidad tal, adquiera sus modalidades distintivas,son necesarias cantidad de adaptaciones y de evoluciones.
Comenzaré pues, por el factor étnico, para estudiar luego las transformaciones materiales, relacionando uno y otras con las disposiciones legales que ha motivado ó que las han favorecido.
El número total de inmigrantes arribados por año, que en 1869 era aproximadamente de 38.000, aumentó con variaciones más ó menos grandes; en 1873 alcanza á 76.000, para disminuir luego y aumentar de nuevo, pasando por primera vez en 1885 de 100.000; en 1889 llega á la cifra de 220.000 y desciende de nuevo: se cuentan en esta línea los llegados por vía de Montevideo.
Á los italianos les correspondió siempre el primer lugar: en 1873, de los 48.000 llegados por vía de ultramar, 27.000 eran italianos; en 1881, de 80.000 eran 63.000; en 1889, 88.000.
Españoles, franceses, ingleses, ocupaban los puestos siguientes y luego los súbditos de los países que los ocupaban también en la época anterior.
Á todos ellos se agregó una nueva corrientede rusos, holandeses, portugueses, norteamericanos en número que obliga á tenerlos en consideración, pues que cruzándose con nacionales y extranjeros de otros países residentes aquí, tendrían también su parte en la formación del tipo argentino.
El gobierno continuó fomentando la inmigración con medidas de índole diversa: unas veces se creyó que la espontánea era la mejor, más económica y más verdadera en el sentido de la posibilidad de su arraigo en el país; otras, en la necesidad de la protección amplia, con pasajes, alimento, tierra garantida; alguna vez se estimó necesaria la propaganda en Europa y fueron comisionados con ese fin. El 10 de agosto de 1869 se creó la Comisión central de inmigración, que duró en su funciones hasta 1874. Sus proyectos, consejos y resoluciones encontraron buena acogida y sus planes de colonización recibieron el apoyo y el concurso de hombres influyentes de todas las nacionalidades[52].
En 1875 se autoriza al poder ejecutivo para fomentar la inmigración dando tierras y facilitando el establecimiento de los inmigrantes. En 1876 se dicta la extensa ley de inmigración y colonización en la que con el convencimiento completo de la necesidad y conveniencia de la inmigración, como asimismo con la visión clara de los medios propios para atraerla, se establecen disposiciones referentes al régimen administrativo y las funciones del departamento de inmigración; á los agentes en el exterior, á las comisiones de inmigración en las ciudades capitales de provincia, á las oficinas de trabajo que debían establecerse en Buenos Aires y en las capitales donde existiera comisión de inmigración; al desembarco de inmigrantes, á los buques conductores de inmigrantes, y beneficios que se les acordaban; al alojamiento y manutención, enfín á la internación y colocación, y los fondos para realizar tales propósitos.
Nuevas medidas dictadas en 1887 y 1889, completaron aquellas benéficas disposiciones, con resoluciones sobre construcción de hoteles deinmigrantes, anticipos de pasajes, propaganda, etc.
Es curioso observar, que aun cuando la Constitución entiende facilitar el establecimiento de inmigrantes que traigan por objeto no sólo cultivar la tierra, sino también ejercer las industrias, etc., la mayor parte de las medidas adoptadas en esta época, en la posterior y hasta ahora, relacionan de una manera casi exclusiva la inmigración con la agricultura y establecimiento de colonias. La misma ley de 1876 es ley de inmigración y colonización. Las provincias á la vez que la nación, en leyes y decretos tienden á fines semejantes.
La provincia de Buenos Aires dicta la ley de egidos, estableciendo formas para la venta de tierras, y en 1887 tiene origen la famosa ley de centros agrícolas, tan discutida, tan buena en abstracto y desastrosa siempre por las facilidades para negocios pocos limpios. Surgen así en Buenos Aires pueblos agrícolas que impulsan el adelanto de la provincia.
La colonización en Entre Ríos, á su vez hacegrandes adelantos, y acertadas medidas de gobierno le permiten presentar en 1895, 176 colonias.
Corrientes también, desde 1869, toma disposiciones respecto de la inmigración, con la ley de tierras reservando lugares para el establecimiento de colonias agrícolas; en 1876 con el contrato para el establecimiento de la colonia agrícola industrial «Corpus», y con el celebrado en 1877 con los señores Firmat, Napp y Wilken para colonizar Misiones. En 1895 podían contarse en Corrientes 25 colonias, aunque no todas hubieran debido su origen á esas disposiciones, y aunque algunas fueran colonias sólo en el nombre.
Santa Fe más que todas, admira con sus progresos. Sus gobiernos se preocuparon de inmigrantes y colonias con un empeño digno de los mejores recuerdos. El señor Alsina en la obra citada, enumera[53]todas las medidas de gobierno que tienden á la colonización, y á protección de inmigrantes: desde las medidas anteriores á esta época prohibiendo la venta de tierra pública en previsión de futuras colonias (1853), hasta los contratos con Castellanos ó con Romang, cediendo al primero tierras para que establezca colonias y construya un ferrocarril, y vendiéndolas al segundo á condición de que las pueble con familias agricultoras traídas de fuera de la provincia; las medidas de gobierno, ayudando eficazmente á las condiciones del terreno, han dado á Santa Fe el rango importante que ocupa como provincia colonizadora por excelencia y que le permitieron presentar en 1895, 298 colonias.
Á las provincias anteriores sigue en importancia y como consecuencia de la expansión de las colonias de Santa Fe, la provincia de Córdoba, que se inició con las fundación de la colonia «Tortugas» en 1879; dictó en 1871 una ley que destinó 200 leguas para la inmigración espontánea, exonerándola de impuestos, facilitándo semillas á los agricultores, etc., ley que se completa con la de 1886, que estableció la formación de colonias, concesiones de campos y solares, facilidades para la adquisición de tierras, etc. Córdoba tenía en 1895, cerca de 150 colonias, aunque debamos hacer para esta provincia también la misma salvedad que hicimos para Corrientes.
Recordemos también como resultado de la expansión santafecina, el comienzo de colonización en Santiago del Estero, que dió en la época á que nos referimos, cuatro colonias.
Todas estas medidas provocaron grandes progresos en el país y convirtieron extensas regiones antes incultas, en hermosos prados, fuentes de riqueza nacional.
Pero no quiero dejar de repetir mi observación de que la mayor parte de las medidas gubernamentales han tendido al establecimiento de colonias agrícolas y que al atraerse la inmigración se ha tenido como principal punto de mira el cultivo de los campos. Cierto es que ese cultivo es de valiosísima importancia y que representa un gran factor de riqueza argentina, el que exige mayores consideraciones, pero es ciertotambién que no es el único. El examen de la vida argentina y de sus progresos, los revela en muchas manifestaciones de la actividad. El progreso y la riqueza no están sólo en las hectáreas cultivadas. Lo están también en las artes y en las industrias de toda especie; y bien, las medidas tendientes á la protección de las industrias son escasas; para algunas no existen; para otras los impuestos son exorbitantes; enfín para otras más, como el laboreo de las minas y el cultivo de los bosques, no sólo no cuentan con ninguna protección, sino, lo que es peor, se admite que sean combatidas indirectamente, como lo son con los fletes elevados, á tal punto que se prefiera importar tales productos á elaborarlos en el país.
Creo que pueden y deben protegerse las industrias nacionales con disposiciones correspondientes á las que se han tomado para la agricultura. Hay modos más eficaces de protección, que las exorbitancias aduaneras á los productos extranjeros, que sólo encarecen la vida. No son necesarias medidas de proteccionismoaduanero para que prosperen las industrias. El proteccionismo bien entendido debe estimular y favorecer la industria dentro del país, eximiendo de impuestos á las máquinas, rebajando contribuciones, facilitando y favoreciendo la inmigración apta para esos trabajos, con preferencia al exceso de impuesto en beneficio de unos pocos industriales.
Además de la inmigración que arroja millares de brazos agricultores é industriales, futuros padres de individuos argentinos, dos hechos de suma importancia para la constitución de la raza argentina registra esta época: el primero es la constante disminución del elemento negro. Esta época no hace en ello sino continuar la anterior. El elemento negro tiende á desaparecer con gran rapidez: primero las guerras en que se les hacía servir, después las enfermedades y pestes que parecían encontrar en ellos buen material de consumo; los cruces enfín lo han disminuído hasta casi hacerlo desaparecer. En 1869 era corriente y de muchas veces al día, ver individuos de color. En la época del segundo censo, como ahora, se pasan días y semanas sin notar su presencia, excepto para loshabituésá ciertas oficinas públicas, en las que los restos de la extinguida falange llenan con gravedad las funciones de porteros.
El segundo hecho á que entiendo referirme, es la conquista del desierto, la liberación para siempre de territorios inmensos sometidos á la autoridad del indio semicivilizado, que asolaba sin descanso las poblaciones vecinas y hacía incómoda y peligrosa la vida en aquellas apartadas regiones. La conquista del desierto que terminó el 24 de mayo de 1879, entregó á la civilización extensas regiones que hoy puebla el elemento blanco en villas, chacras, estancias.
La inmigración que aumentaba el número de habitantes de nuestro territorio, continuó en este período; la distribución se hizo en la misma forma y regiones á que hemos referido en el anterior capítulo; fué así por razones geográficas y climatéricas fáciles de comprender. Con ella fué el progreso, y en general sólo existió éste donde aquella llegó. Digo en general, porquehay excepciones, como lo son Mendoza y Tucumán. En estas provincias los progresos son evidentes, no obstante que la inmigración europea fuera relativamente escasa. Mendoza con sus vinos y Tucumán con el azúcar, han alimentado industrias de la mayor importancia en que el elemento nacional ha trabajado grandemente, aun cuando ciertos procedimientos, ideas ó reformas correspondan á algunos extranjeros. Las provincias mencionadas han experimentado así adelantos que las colocan en el orden del trabajo en igualdad de condiciones á la capital, provincia de Buenos Aires y provincia de Santa Fe[54].
La población aumentó mucho es verdad, más no todavía en relación con las posibilidades de su crecimiento. El número absoluto de población fué en 1869, 1.830.214 habitantes: en 1895, 4.044.911, lo que representa un aumento de 121 por ciento que si bien es notable en abstracto, no lo es si se considera que en él está comprendido el aumento vegetativo de los nacionales, el inmigratorio de una poderosa corriente y los hijos de los inmigrantes. En cuanto al aumento proporcional es sumamente irregular: desde Santa Fe con un 346 por mil, la Capital con 255 por mil, ó Buenos Aires con 199 por mil, hasta Jujuy con 23 por mil, Santiago con 21 por mil y Catamarca con 13 por mil, lo cual es realmente poco.
Mas adelante, (pág. 140-141) se encuentra un cuadro semejante al que hice con los resultados del censo de 1869 (pág. 65).
Sus cifras revelan la desproporción en el aumento de población en diferentes regiones; la zona litoral tiene un aumento de 1.700.000 en un total de 2.200.000, desproporción enorme que pone de manifiesto la influencia de la geografía física en los destinos de un pueblo.
La importancia numérica de las respectivas inmigraciones guarda como se ha dicho el siguiente orden: italiana, española, francesa, inglesa (hasta 1881 en que es superada por la alemana, con excepción de alguno que otro año.)Siguen luego la austriaca, suiza y belga. Á partir de 1890 la inmigración rusa adquiere una importancia grande, tan grande que en años posteriores lucha hasta con la italiana y española para lograr los primeros puestos. De tal influencia corresponderá ocuparnos en el capítulo siguiente. Inmigración de difícil amalgama, puede, si logra mezclarse con la población ya establecida, introducir profundos cambios en nuestra constitución étnica, que tal vez sean perjudiciales más que favorables.
Ya no es posible en la época de que tratamos seguir á cada nacionalidad para descubrir los progresos que se le deben. Los extranjeros se incorporan á nuestra vida y ponen á la Argentina en la corriente de la civilización europea. Las industrias, las ciencias, las artes, no se presentan como exclusiva pertenencia de una ó dos colonias ó grupos de extranjeros pertenecientes á algún país: pertenecen á todos, todos traen algo y los argentinos dan también.
TotalArgentinosBrasilerosOtroshispanoamericanosNorteamericanosAlemanesAustriacosEspañolesFrancesesInglesesItalianosSuizosRusosOtrosestadosAsiáticosAfricanosCapital663.854318.3611.38021.6405915.2973.05780.35233.1856.838181.6932.8291.25714.77864176Buenos Aires921.168636.88272013.6153303.1542.45870.00335.1398.764140.2492.6992.0396650Santa Fe397.188130.7015464.6171294.4751.89621.16310.2722.944109.6345.5221.09929102Entre Ríos292.019128.1301.10212.032731.7942.1896.4214.82866021.0432.03410.3281541Corrientes239.618217.6778.9776.003162721101.5488701623.456862713Córdoba351.223315.70692735311.0619935.4422.74736522.2307222901125San Luis81.45079.327102274302457325751809601—10Santiago del Estero161.502159.195149814173451278521.09368612—Mendoza116.136100.240245.395272272491.8512.4671144.14816018219San Juan84.25178.92961.581652361.84273717863711478Rioja69.50268.6661356213128951112383—3—Catamarca90.16189.096127623021178101143495282Tucumán215.742205.035105652132541763.9851.3531482.2931666935Salta118.015113.47743.0298735544213013687213251Jujuy49.71345.089233.8706192218384462646—7—Misiones33.16316.33411.6304.2273119122601202330824—612Formosa4.8292.392231.8063251451189931965—Chaco10.4227.555368042341744083064995439—La Pampa25.91421.37314811361362.91984910260227—Neuquen14.5175.50518.881413141305293—Río Negro9.2417.6141760348153071433225725—Chubut3.7482.2031213021121355161.0991681—Santa Cruz1.0585562137135127531148278—Tierra del Fuego477271124242469526365—3.954.9112.950.38424.72592.0261.38117.14312.803198.68594.09821.788492.63614.78915.04714.778414454
Los italianos avanzan en número y progresos, incorporándose á nuestra vida: las colonias agrícolas les cuentan por millares; sus capitales afluyen y les permiten en 1872 fundar el Banco de Italia y Río de la Plata. Nuevos diarios les comunican: elOperaio ItalianodespuésPatria d’Italia,L’Italia Platense,La Rassegna Italiana; cantidad de sociedades les agrupan, sus artistas invaden los teatros, enfín, su influencia se revela en la Exposición continental de 1882.
Los hijos de Francia cuentan con la construcción del ferrocarril de la provincia de Santa Fe, con la acción de Lacroze, Ringuelet, con las numerosas industrias y colonias. Desde 1884 tienen una sociedad de protección de inmigrantes franceses que presta grandes servicios. Desde 1883 data la introducción á la República de grandes capitales franceses y de poco después la colocación en Francia de empréstitos argentinos.
Los ingleses son capitalistas por excelencia: ferrocarriles, tramways, colegios, industrias de toda especie donde son necesarios fuertes desembolsos, cuentan á los ingleses como dueños. Muchos de ellos son también estancieros yalgunas de sus costumbres, de todos son imitadas: los sports y ejercicios físicos tan en boga no tienen otro origen.
Desde 1880 adquiere importancia la inmigración alemana y aun antes se introducen grandes capitales que pertenecen á alemanes: en 1872 empieza la navegación alemana con elBahía de Hamburgo S. A.; sigue en 1876 con el establecimiento del Lloyd Alemán, y en 1873 con el de la compañía Hamburguesa Cosmos. Y entre las grandes industrias, baste recordar la compañía Trasatlántica de Electricidad, los nombres de Kraft, Peuser y la Compañía Sudamericana de Billetes de Banco. La colonización, mucho les debe: Krell, Herland, Norden, Holdz, Goedecken, Stroeder, son decididos emprendedores. Enfín, Lorenz autor deEstudio sistemático de la flora argentinay Burmeister, son en esta época los representantes de la ciencia alemana en la Argentina.
Muchos combaten la inmigración de ingleses y alemanes: se dice no sin razón que, de sangre diversa, son de difícil adaptación; que fundan colegios donde se enseña á los hijos que es Inglaterra ó Alemania la patria y no la Argentina. Sin embargo el peligro es relativo y la causa de esta actitud débese, más que á sangre distinta, á intenso amor hacia la patria lejana, que hace desear á los padres que los hijos sean también de aquélla. Esperanza efímera, sin duda, desde que si el colegio les conserva alemanes ó ingleses, en cambio, les harán argentinos la universidad, las amistades, el trabajo, la vida toda. En este sentido, estoy de acuerdo con el señor Tjarks en su estudio sobre la actuación de los alemanes en la República Argentina; cree que ese cariño que los inmigrantes guardan á su país de origen, no sólo no perjudica, sino que puede ser útil á la nueva patria, «un mal ciudadano de la antigua patria nunca podrá ser bueno en la nueva. Una buena educación hará revivir y proseguir en los hijos estas virtudes y formar buenos ciudadanos que serán hombres útiles á su patria».
El número de uniones entre nacionales y extranjeras, ó viceversa, también ha aumentadoen grande escala. El censo de 1895 no da el número de argentinos casados con extranjeras ó de extranjeros con argentinas, pero la simple observación diaria muestra que esas uniones son completamente comunes y que no tienen nada de particular. Como los hijos de extranjeros que nacen aquí son argentinos, no es posible establecer cuál es el origen de sangre de cada ser argentino que se une con un extranjero. Pero la evidencia de estos hechos es tan grande que nos eximen de mayor encarecimiento.
No obstante todas estas vinculaciones y armonías entre nacionales y extranjeros, todas las fusiones que los acercaban cada vez más, la observación presenta dos hechos que pueden parecer extraños: la tendencia anti-extranjera recrudece en algunas épocas; el número de extranjeros naturalizados en la época del censo de 1895 es insignificante. El sentimiento antiextranjero y con especialidad antiitaliano tuvo manifestaciones intensas desde 1875 á 1877: en la capital, en el Rosario, en la provincia deBuenos Aires y Santa Fe, se cometieron numerosos abusos y arbitrariedades: parte del pueblo, generalmente la clase distinguida usaba de expedientes poco amables, y los comisarios de campaña, tantas veces y con tanta razón criticados, fueron cómplices de hechos vergonzosos[55].
En 1884 nuevamente se repite el hecho, comenzando por la ciudad de Buenos Aires; el poder ejecutivo propone al congreso nacional la restricción del voto en las elecciones municipales á solo los nacionales; se escribe en contra del extranjerismo. Los extranjeros, sobre todo los italianos, se sienten ofendidos, reaccionan, y como en todas las reacciones se va más allá de lo justo, se insulta á los nacionales y se les desconoce la parte que les correspondía en los progresos nacionales. El desconocimiento se hace con evidente mala fe. La exaltación continúa con calmas y recrudescencias, hasta que un acontecimiento de más importancia, natural éinesperado, desviando el interés hacia otro punto de mira, hace olvidar aquel estado incómodo de los espíritus. «Se habían hecho grandes preparativos para la celebración de la fiesta del 20 de septiembre, cuando un terrible huracán causó daños enormes á toda la parte sur de la provincia de Buenos Aires. Entonces las fiestas patrióticas fueron transformadas en fiestas de la caridad y los italianos se unieron á los argentinos para concurrir á aliviar las terribles consecuencias de la catástrofe»[56].
Indudablemente la causa de estos hechos no puede tener otro origen que el temor que hubieron de tener los argentinos de verse desalojados de la patria con tanto trabajo conquistada y organizada. Y el temor pudo también no ser inmotivado: los hechos posteriores probaron que no tuvo motivo alguno, pero en los momentos en que una determinada inmigración afluye en grande escala, no se puede estar en el interior de las conciencias de los gobiernos quedirigen el país de procedencia, para saber si hay honradez de propósitos: prueba ésto, las consecuencias sufridas por Orange y Transvaal que á sus riquezas de diamantes unían una codiciosa inmigración inglesa.
El otro hecho, la escasez de naturalizados, tiene á mi juicio varias causas. El artículo 20 de la constitución nacional, facilita la adquisición de la ciudadanía á los que la soliciten después de dos años de residencia en el país y aun menos, cuando se prueben servicios á la república. La ley de ciudadanía fecha 8 de octubre 1869, ha facilitado esa adquisición é indicado el procedimiento. Sin embargo, el censo de 1895 tiene este guarismo, exponente de los naturalizados: 1638, cifra tan pequeña que casi no permite tenérsela en cuenta. ¿Cuáles son las causas?
En primer lugar, el hecho de que los extranjeros tienen tantos derechos acordados por la constitución que de poco los aumenta el ser ciudadano.
En segundo, la inercia humana: si se estableciera que son considerados ciudadanos argentinos los extranjeros con residencia de 5, 10, 20 años, que no manifiesten voluntad contraria, el censo habría revelado muchos miles de naturalizados.
En tercer término, el poco cuidado con que se conceden las cartas de ciudadanía; la carta de ciudadanía debe ser acordada como un honor, como lo era en la antigua Roma: cualquier extranjero honrado que ve la manera en que, sea por culpa de los hombres ó por culpa de la ley se conceden cartas de ciudadanía á los elementos extranjeros más bajos é inconscientes, en las proximidades de las elecciones é inscripciones cívicas, prefiere no colocarse en igual rango que ese elemento. Y así se pierden buenos ciudadanos y se adquiere sólo la escoria venal.
Es así que miles de extranjeros son argentinos de corazón, son padres de argentinos, están vinculados íntimamente á nuestra vida y sin embargo no tienen carta de ciudadanía, ni la ley los reconoce ciudadanos.
Las páginas que anteceden dicen á las clarasque tampoco en el período á que este capítulo se refiere, quedó terminada la formación de la nacionalidad argentina, de la nueva raza histórica. La germinación continúa, pero falta mucho para que la constitución quede acabada.
2. La vida política, económica é industrial, acompaña las transformaciones: unas veces con relación á ella, otras veces sin relación directa.
Encierra el tiempo comprendido entre los dos censos nacionales, casi todo el período presidencial de Sarmiento, el de Avellaneda, Roca, Juárez Celman-Pellegrini, Saenz Peña-Uriburu. Época de luchas políticas cruentas, que tiene en su triste haber, la revolución de López Jordán, la de Mitre contra Sarmiento, de Tejedor contra Avellaneda y Roca, que dió Buenos Aires á la nación, deshaciendo el resto de localismos existentes; la revolución de 1890, las innumerables intervenciones á las provincias para dar término á revoluciones locales ó á desacuerdos entre poderes. Hechos todos que demuestran que la conciencia de los deberes ciudadanos, el respeto á las instituciones y á la patria, eran desconocidos por pueblos ó gobiernos; en una palabra, que las ideas de gobierno y administración no habían adquirido fundamentos sólidos y que la transformación era también necesaria á este respecto.
La vida económica debió soportar el contragolpe de aquellas situaciones, y se tuvo el problema financiero como una de las cuestiones más graves de que debieron ocuparse los gobiernos.
Durante la presidencia de Sarmiento, los gastos públicos aumentaron en proporciones considerables, pero la renta pública aumentada también en proporción parecida, impidió el desequilibrio. Data de esta época la fundación del Banco Nacional con el principal propósito de dar un corte á la anarquía monetaria del interior.
En los primeros años del período del doctor Avellaneda, se produce una violenta crisis: el medio circulante, elevado á grandes cantidades,y el fácil crédito, su concomitante, produjeron la suba de los valores. Poco después los billetes de los bancos Nacional y de la Provincia, eran inconvertibles; el malestar económico denunció los perjuicios que tal situación acarreaba. Avellaneda con una tenacidad y patriotismo que no han sido tenidos suficientemente en cuenta, se propuso legar á las futuras generaciones el recuerdo de un gobierno ejemplar en los manejos de los dineros públicos; se ahorró por todos los medios; se suspendió la ejecución de las obras públicas que no se reputaron indispensables, se disminuyeron los sueldos, se aligeró el presupuesto en todas las formas imaginables.
No sucedió otro tanto con la presidencia de Roca; del trabajo del doctor Terry citado, tomo estos y siguientes significativos datos:
Deuda consolidada188057.079.000—1884122.603.000Gastos: Presupuesto188119.836.000—188543.000.000Renta188124.000.000— 188437.000.000
La renta aumenta de continuo, pero ya no existe el equilibrio; los gastos no están en proporción y como lógica consecuencia, la deuda continúa en aumento. Comienza la desconfianza; los giros y extracciones representan enormes sumas, los bancos son impotentes para sostenerse y se produce de nuevo la inconversión.
Llega luego la presidencia de Juárez Celman: el país próspero hace que la renta pública aumente cada vez más; en el primer año de este gobierno ella representa 57.000.000; renace la tranquilidad y se fundan nuevos bancos. Pero desgraciadamente el fenómeno del desequilibrio en los gastos se repite. El presupuesto de gastos es enorme, y si es de 47.000.000 de pesos lo que se presupuesta para gastos, esa cifra no es sino aparente, pues hay cerca de 26.000.000 de pesos que se gastan fuera de presupuesto. Las circulaciones fiduciarias abundan nuevamente y los grandes negocios se suceden hasta 1890 en que el presupuesto se ha elevado á 71.469.000 pesos y la deuda pública á355.000.000 de pesos. Vuelve la desconfianza, el malestar y por fin la revolución.
En las dos presidencias siguientes, de Pellegrini y Sáenz Peña, la situación se remedió en lo que se pudo, y la marcha económica del país fué regular; no obstante, datan de la época otras emisiones y empréstitos que se agregaron á los anteriores.
En la misma situación se encontró el país en la presidencia de Uriburu, en la que los presupuestos tuvieron además que soportar los gastos impuestos por la necesidad de la provisión de armamentos para una guerra que se creía próxima.
Á pesar de tantas novedades en materia financiera el país prosperó mucho, pero el crédito externo se había resentido, y pasarían largos años antes de que el nombre argentino no despertara irónicos recuerdos en los hombres de banca de Europa.
3. Entre todas las manifestaciones de progreso ocupan lugar importante las vías de comunicación, y sobre todo los ferrocarriles. El adelanto de las ciudades, pueblos y colonias, precedía algunas veces al mayor desarrollo de aquéllas; otras, iban primero las vías atravesando soledades, y eran fecundas, pues que pronto surgían á sus lados colonias y sembradíos, signos del progreso de las regiones.
Hemos visto cuál era el estado de las vías de comunicación en 1869; desde esa época su desarrollo sigue en progresión geométrica. El mayor progreso corresponde á los ferrocarriles: En 1880, los ferrocarriles que cruzan la provincia de Buenos Aires permiten trasladarse hasta Campana por el norte, por el sur hasta Dolores, por el centro hasta el Azul y por el oeste hasta Bragado. Buenos Aires se une con Tucumán, y por el oeste con Villa Mercedes. En la siguiente década, de 1880 á 1890, los ferrocarriles unen la capital á Bahía Blanca, Mar del Plata y Tres Arroyos, Pehuajó, Pergamino, Junín y San Nicolás. En Santa Fe se llega hasta Calchaquies, cerca del Chaco; San Luis, Mendoza, San Juan, Salta,Santiago del Estero tienen este medio de comunicación con la capital; en el litoral, Ceibo se une á Concordia, Paraná á Concepción del Uruguay, Villaguay á Gualeguaychú. Todo este conjunto formaba un total de 9453 kilómetros en explotación.
El segundo censo nacional trae en materia de ferrocarriles cifras y datos hasta 1898. En 1896, los kilómetros de vías férreas en explotación sumaban 14.462; el 1ode enero de 1898 eran 14.799. Agregándose á esta cantidad la que proporcionaron las líneas secundarias y tramways á vapor se llegó á un total de 15.245. La cifra fué pequeña sin duda, en proporción á los inmensos territorios argentinos, pero de considerable importancia como exponente de progreso en el espacio de tiempo intercensal. La importancia del capital y del brazo extranjero en esta materia, es tan evidente que hace innecesaria cualquier argumentación á su respecto. Es el capital extranjero, sobre todo el capital inglés el que ha impulsado aquellas construcciones; son extranjeros en su mayor parte losque las han dirigido y millares de peones extranjeros se han unido á los argentinos en los trabajos materiales.
En lo que á tramways se refiere, debo recordar que en 1873 los tuvieron también Rosario y Paraná; después se establecieron en las otras ciudades y el censo de 1895 comprobó su existencia en 19 poblaciones correspondientes á once provincias. Las empresas eran 39: 28 eran argentinas, teniendo como tales á las sociedades anónimas, y 11 extranjeras.
Las mensajerías eran atendidas por 179 empresas y las galeras y diligencias cruzaban también innumerables regiones completando los beneficios del ferrocarril ó reemplazando á éste en aquellas á que aun no había llegado.
Agréguese á todo esto que las comunicaciones marítimas con Europa, Uruguay, litoral y Paraguay, habían realizado notables perfeccionamientos, respondiendo á las exigencias cada vez mayores, del transporte de pasajeros, del comercio y de la inmigración.
El correo sigue las vías de comunicación: vaen los ferrocarriles, aprovecha los vapores, las mensajerías lo conducen; se desarrolla en toda la república y una modesta estampilla de pocos centavos permite enviar noticias á las más apartadas regiones.
Completan estos datos los que se refieren á telégrafos y teléfonos: en la presidencia de Sarmiento se estableció el cable á Europa. Las empresas ferrocarrileras colocaron telégrafos á lo largo de las vías; el segundo censo dió una red telegráfica de 40.814 kilómetros. Las compañías de teléfonos á su vez, se multiplicaron: en 1896, eran 41: 33 propiedad de argentinos y 8 de extranjeros.
La reflexión sobre tanto progreso y el estudio del origen de cada empresa, da una lección provechosa del valor que tienen las ideas y los conocimientos de las viejas civilizaciones para los pueblos en formación; de cómo el bien entendido patriotismo no consiste en cerrar las puertas á las industrias, á las ciencias y á los hombres de otras razas y naciones. Antes bien, consiste—y acordarán en ello altruistas y egoístas—en aprovecharles, dejándoles que aprovechen. Las empresas ferrocarrileras habrán extraído muchos millones de pesos á los argentinos para pasarlos á manos de accionistas ingleses: es cierto, los extranjeros han venido buscando su interés y no el nuestro; es innegable y es humano; pero en cambio, han hecho nuestras comunicaciones más fáciles, han acortado las distancias, han permitido é impulsado el generar de pueblos; y los adelantos quedan y valen mucho más que lo que se va. Bienvenidos sean capitales y brazos extranjeros; bienvenidos sus propósitos de enriquecimiento; que lo consigan, pues que al hacerlo, facilitan el nuestro!
Unas veces adelantándose á los hechos, otras concomitantes con ellos, congresos, presidentes y ministros, proyectaron leyes que pronto obtuvieron sanciones. Aparte de las que ya he citado, conviene recordar aquí que en materia de comunicaciones, se dictó en 1872 la ley de ferrocarriles que estuvo en vigencia hasta 1891 en que se dictó la ley número 2873 que con la reglamentación de 1894 rige actualmente. De 8 de octubre de 1875 data la ley 750, de telégrafos, reformada en un artículo en 1889. Además, la República Argentina adhirió á la convención de la Unión telegráfica internacional. Asimismo forma parte de la Unión postal universal y ha celebrado diversas convenciones postales. La ley de correos sancionada en 1876 rige en la actualidad.
En materia de comercio, nada tan claro como las cifras para indicar los progresos. Los datos del censo nacional de 1895, completados con los estudios y trabajos que publica la división de comercio é industria, dirigida por don Ricardo Pillado, informan al detalle. Baste establecer que en 1895 el valor de la importación alcanzó á la suma de 205.154.420 pesos oro; el de la exportación á 322.843.841 pesos oro quedando por consiguiente un saldo á favor del país de 117.689.421. Débese hacer constar, sin embargo, por respeto á la verdad, que ese saldo fué excesivo en relación á los saldos de años anterioresy posteriores, no porque hubiera en ellos diferencia apreciable en las cifras de importación sino porque la hubo en las exportaciones. Los principales capítulos, casi el total de la exportación, los dan los productos de la ganadería y de la agricultura. Los de la importación, las materias textiles, los artículos de locomoción y transportes, los materiales de construcción y los artefactos de hierro.
Como disposiciones legales que al comercio se refieren, recuérdese que en 1876 se dictó la ley general de marcas de fábrica, que rige aun, con las modificaciones introducidas en 1900. Desde 1899, la Argentina adhirió á las disposiciones tomadas en esta materia por el Congreso de derecho internacional privado, reunido en Montevideo.
4. Hemos hecho ya referencia á las disposiciones tomadas para la introducción de inmigrantes agricultores, de las medidas puestas en práctica para conseguir la formación de colonias, y al número de éstas que existían en la fecha delsegundo censo. Débese aquí agregar las cifras que completan la demostración de los progresos: Hectáreas cultivadas en 1872, 580.008; en 1888, 2.459.120; en 1895, 4.892.005. Buenos Aires, el litoral, Córdoba, Mendoza, San Juan y Tucumán, son los mayores contribuyentes y como expansión de estas, comienza en la época á adquirir importancia la agricultura de Santiago del Estero, San Luis y La Pampa. El trigo, maíz, pasto seco y lino, en el orden de enumeración, son los cultivos predilectos según las estadísticas.
Con el desarrollo de las colonias, con la especialización en los cultivos, llegaron las mejoras en los instrumentos de labranza, que disminuyen el trabajo, multiplican los rendimientos, y hacen de este modo más fácil y agradable la vida del agricultor. Con el desarrollo de la agricultura vino también la subdivisión de la propiedad. Las estancias cedieron los lugares vecinos á las grandes ciudades para que los ocuparan quintas y chacras; aumentó así el número de propietarios y se facilitó el arraigo de los extranjeros al suelo. Estos se establecieron de un mododefinitivo en general: propiedad y familia son sólidos vínculos; el tiempo los hace más fuertes y la nación gana nuevos trabajadores, que serán padres de futuros ciudadanos.
Los progresos ganaderos deben entenderse en el sentido de la mejora del producto: con esto se consigue mejor rendimiento y colocación en el mercado universal. En 1895, los animales argentinos no se criaban solo en grandes potreros, sin cuidado alguno. Desde tiempo atrás, en estancias y cabañas se cuidaban animales seleccionados que servirían para la reproducción. En ferias y exposiciones se obtenían ya altos precios y los buenos resultados estimulaban al trabajo. Se combatía así también la degeneración del ganado criollo, tantas veces afirmada aunque no probada aún de una manera positiva.
El ganado en las estancias mejoró; es que ya los estancieros no son sólo los hijos rebeldes de familias pudientes, ó los criollos reacios á otras faenas, como pudo acaecer enotros tiempos; hay entre ellos cantidad de individuos que han educado su mente, y la educación en una disciplina cualquiera, la ha ampliado facilitando la comprensión de otras ideas. Son hombres pudientes que unen á éstos, otros conocimientos; más aun, en la fecha comienza la tendencia á encomendar el cuidado y dirección de las estancias y establecimientos rurales, á especialistas que harán ciencia del oficio y substituirán los viejos sistemas por los que los conocimientos científicos, el estudio y la experiencia proporcionan.
El progreso ha consistido, pues, en el mejoramiento de los animales. En cuanto al número, las grandes exportaciones no han permitido que la cifra de existencia en el territorio, aumentara. Más aun, se notaba en la época, una tendencia á la disminución. El censo de 1895 hace comparaciones numéricas con los datos de 1888 y contiene estas cifras: