JORNADA SEGUNDA.Y en ella verán que los caballeros de los nombres mudados no quisieron dexar los suyos, que no se debe dexar nombre de buen renombre.La conversacion della será declarar al principio debaxo jocosidad el presenteSONETO.Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades,Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios de amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente;Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.Dice Joan Fernandez: Don Luis Milan, vos decis en el presente soneto vuestro estos versos que dicen:Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades.Maravillado estoy de vos, que nos quereis dar á entender que se pueda cantar llorando; acompaña-muertos debeis ser, que paresce que lloran cantando, y queréisnos cantar á muertos entre vivos.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, no os debeis maravillar de lo que puede ser, que cantar versos de penalidades es llorar cantando; bien sé que vos lo sabeis mejor que yo, pues sois llorador y cantador en amores, que de vuestra dama he sabido que una noche os tomó por mochuelo, que fuera mejor por mozuelo, para parescelle bien vuestro canto, que por no sello le parecistes mal; sino, dígalo vuestro amigo don Francisco Fenollet, que se entiende de cantos de mochuelos, si lo pareceis; pues de aborrecido de las damas, por ser más mocero que damero, pareceis que llorais cantando.Dixo don Francisco Fenollet: Señor don Luis Milan, jugador debeis ser de axedrez, que dais jaque á uno y mate á otro; áJoan Fernandez dixistes mochuelo, y á mí que me entiendo de cantos de mochuelos; pues sabed que cantan por vos este cantar:Pajarero sois d’amor,Mi señor,Pajarero sois d’amor.Sino, dígalo si lo pareceis don Diego Ladron, pues sois de su condicion.Dixo don Diego Ladron: Señor don Francisco, vos dixistes á don Luis Milan que debia ser jugador de ajedrez, y vos lo sois de espada de dos manos, pues con tanto osar acometeis á dos, diciendo que don Luis y yo somos pajareros en amores, y nuestros pájaros, respondiendo por nosotros, dicen de vos cantando:Engañado andais sirviendo,Nuestro amigo,Que en amor sois papahigo.Callad y callemos, que sendas no tenemos, y Joan Fernandez pida á don Luis Milan que nos acabe á declarar su soneto.Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis, pues sois colmena de miel, acabad de darnos á comer della sin abejas, que hasta agora no la habemos gustado sin ellas; pues nos han picado vuestros motes, que todo lotenemos por bien empleado porque acabeis el dulce panal de vuestro soneto.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, y’os agradezco, pues no me habeis dicho colmenero, que vuestra lengua lo queria decir y vuestro seso no lo sufrió, por ser tan sabido como donoso; pues en vos se ve cuanto bien paresce este dicho:Primero debe venirAl seso que no á la bocaLa palabra, pues nos tocaPara dar muerte ó vivir.Y pues me hicistes colmena, y’os haré della el colmenero, qué á la miel me supo el beso, y acabaré de dar á comer el panal de mi soneto, que, por ser á causa vuestra, será de miel; y pues sois traga-versos, empezad á comer estos dos, que dicen ansí:Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.Quiero decir que yo diré las verdades á los penados amadores para que sepan guardarse de las mentiras que se dan á entender, confiándose mucho para seguir lo que les hace sospirar, como á Joan Fernandez cada dia le sigue, que se confia merescer en amores tanto, como desmerece en dexarseengañar de una tercera, que le da á entender ser verdades las mentiras que le dice para engañarle, y no la quiere creer de las verdades para desengañarle, como oiréis en este cuento que os diré: Una tercera de Joan Fernandez emprendió de metelle en casa, diciéndole que su señora lo sabía, y no era verdad, y encerrólo en un gallinero dándole á entender que era el más seguro lugar para no ser descubierto, y que cantase alguna vez haciendo el gallo, que su señora subiria á esta señal; y como él un dia cantase, la señora dixo: ¿De dónde nos ha venido este gallo que nos canta en casa? y la criada le respondió: No lo sé, suba vuestra merced arriba y vello ha; y como las dos subiesen y la señora viese á Joan Fernandez en el gallinero, díxole: ¿Quién sois vos que estais ahí? respondióle: Señora, soy el gallo de la pasion; y la señora se fué riendo y él se quedó hasta la noche, que la criada lo echó de allí, lleno de piojos de gallinas.Dixo Joan Fernandez: Pues vos habeis dicho un cuento de mí, yo diré un otro de vos, y es éste: Sepan que don Luis Milan se halló en una huerta pasada media noche, y era en una casa fuera de la ciudad donde él hacia entradas y salidas siguiendo sus aventuras en amores, y, como quisiese salir, hallóla puerta falsa cerrada, y el hortelano tan borracho que nunca le pudo despertar. Fuéle forzado aguardar hasta la mañana, y al gran ladrar que un perro de la huerta hacia, el señor de casa con dos criados salió á ver por qué ladraba el perro. Y don Luis Milan, que los vió venir en punto de guerra, subióse en una higuera por no ser conoscido, y con un arcabuz que traia, amenazábales de arriba, diciendo: Guarda el arcabuz, y ellos decian: ¿Quién sois, quién sois? y él díxoles: Higo soy, higo soy. Y ellos, finados de risa, abrieron la puerta y él salió corriendo y ellos dándole grita, al higo, al higo, y así se salvó por donoso, haciéndose higo, como yo en el gallinero gallo.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si quereis trocar, yo me comeré vuestro gallo y vos comeos mi higo con el cuarteto de miel que os daré, que son estos cuatro versos del soneto:Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios d’amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.Digo que mi fin es avisar que vayan escuchando los que están ó podrian estar enamorados,para saber las fieras crueldades que el dios de amor hace por campos y ciudades, desde el mayor hasta el menor, espantando con sombras que son todas sus cosas, á sombras que no son hombres, como le ha seguido á don Francisco, que sabiendo que’l dios de amor no tiene poder si no se lo da el amada para enamorar á su amador, ó el amador para enamorar á su amada, siendo tan sabido, no se ha podido guardar destas armas de Cupido, que sombras son para quien resistirle puede, y el que se deja vencer dél es más sombra que hombre; digámosle, pues, don Francisco sombra; aparéjese don Diego Ladron á comer la postre de mi soneto, que son estos seis versos, nombrados tercetos:¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente.Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.DECLARACION DE LOS DICHOS VERSOS.Con gran curiosidad he sacado en limpio quién podia ser este Cupido, nombrado dios de amor de la mentira, y pintado, como le veis, de la verdad, y hallaréis que enlos enamorados viciosos es nuestro deseo que, por desear desvergonzadamente, le pintan desnudo como á desvergonzado y ciego, pues lo son todas sus cosas, y con armas para hacer mal, pues siempre lo hace, que cuanto más da placer, no está sin dar pesar; nómbranle aquello que él no es, pues lo que es Dios no reina malamente, para que don Diego Ladron crea en lo que es Dios, y no en quien no lo puede ser, como de muy enamorado, le tomé un dia por el mismo dios de amor.Dijo don Diego Ladron: Nunca he visto buena postre y mal provecho sino agora, habeisme convidado á tercetos y hanme sabido á motes, ni los unos ni los otros me han parescido mal por ser vos el convidador; pagar os quiero esta comida con este cuento que oiréis: El almirante de Castilla convidó á unos portugueses, y fueron servidos de truhanes á la mesa porque les diesen de motes, y dióles por comida no más de ruiseñores, que son aves de poca carne y mucho cantar; y como ellos estuviesen muertos de hambre y hartos de risa por haber comido poco y reido mucho, con los truhanes, dixeron: Señor Almirante, mais manjares é ménos donaires. Don Luis Milan, yo no he dicho esto sino porque nos deismás sonetos y ménos motes, aunque todo es tan bueno que por vos se puede decir: Cada cosa en su lugar, imposible es enojar.Dixo don Luis Milan: Responder os quiero con otro cuento, y es éste: Un señor tenía un barbero en su casa, y era tan loco, que siempre queria hacer el donoso, y tan importuno, que jamas se apartaba de su señor quebrándole la cabeza de mucho hablar; tanto, que de sus locuras adolesció de dolores de cabeza que tenía muy á menudo, y para sanalle, untábale la cabeza en tomalle el dolor, y en lugar de sanar, más adolescia. Cayó en la cuenta su señor que su barbero le habia adolescido, y díxole: Véte de mi casa, que yo no sé que sepas hacer otra cosa sino quebrarme la cabeça y untarme los cascos; que ni sabios verbosos ni ignorantes graciosos.Dixo don Francisco Fenollet: Don Luis Milan, pues don Diego Ladron os quebró la cabeza con su cuento, y vos os habeis bien pagado con el vuestro, untalde los cascos con otro soneto y quedarémos de las burlas en paz, con tan buenas véras como vos nos dais.Respondió don Luis Milan: Soy contento si no salle algun cuento fuera de tiempo,que los cuentos, para nunca enojar, han de ser en su lugar.Aseguralde y salir ha; y respondieron: Él se asegura tanto como está seguro de no parescer mal, y con esta seguridad, el soneto salió diciendo:De mí dirán aquel refran muy cierto:Quien no’s á sí, ¿á quién podrá ser bueno?Escarmentad por bien en mal ajeno,Y no burleis de quien muchos ha muerto.No sea, pues, mi prédica en desierto,Que mal amor peor es que veneno,Pues deste mal á mí mismo condenoPor despertar á quien no va despierto.Ya veis que fué d’aquel tan gran maestroDel griego rey, Alexandre nombrado,Que fué d’amor de su mujer vencido.Della se vió con freno ir de diestro,Y respondió: Deste gran rey burlado,¿Qué harás tú, si yo no me he valido?Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, lo que en vos sobra, en nosotros falta para alabaros; mucho debeis á Dios, merescimiento habréis de amprar á toda la letanía de los santos para pagar tan gran deuda, como debeis á quien os crió, porque vos avisais muy avisadamente en vuestro soneto á todos que escarmienten en mal ajeno mirando el vuestro, y no desperdicien lo buenoque vos aconsejais y el mal que Cupido puede hacer, trayendo por exemplo lo que le siguió al gran Aristotil con la mujer del rey Alexandre, su discípulo, que en este cuento oirán:El príncipe de los filósofos, nombrado Aristotil, siendo maestro del rey Alexandre, se enamoró de la mujer de su discípulo, y de muy enamorado se desvergonzó á pedille lo que no debia, y ella, burlando dél, le otorgó lo que no debiera, diciéndole: Aristotil, yo soy contenta de hacer cuanto me pides, si tú te dejas enfrenar y ensillar de mi mano en secreto, sólo para que yo tenga contento de mí, que pudo mi hermosura vencer á tu gran saber; y teniéndole encerrado de la manera que habeis oido, como á bestia, hizo venir á su marido Alexandre para que viese á su maestro; y muy espantado de velle como estaba, le dixo: ¡Oh Aristotil! tú, que me avisabas con todo tu saber que me guardase de ser vencido y sojuzgado de mujer, ¿te has dexado vencer? Respondióle como á sabio, aunque estaba como bestia: ¡Oh Alexandre! agora te debes más guardar viendo que yo no me pude defender, ¿qué harás tú si no te guardas? que á mí me han traido en lo que estó.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez,gracias os hago, pues habeis declarado mejor que yo supiera declarar mi soneto; si vos me emprestais vuestra lengua, que tanto bien sabe alabar burlando, y’os emprestaré mis manos para que tañendo desenojeis lo que me habeis enojado burlando de mí con tanto alabarme cara á cara, que de corrido estoy para correr á pedir socorro á don Diego Ladron, que responda por mí y me vengue de vos, como hizo un portugues en este cuento que os contaré: Vino á Castilla un portugues, y dixo que era venido para vender donaires á castellanos, y viniendo un castellano á mercalle un donaire, el portugues le dixo: Castelau, ¿cuánto m’habeis de dar que heu vos faça donoso? y respondió el castellano: Pagaros he con un cuento muy bueno desto que se siguió en Lisboa, que oiréis: Fué un castellano á Portugal diciendo que los portugueses habian enviado á Castilla para que viniese algun castellano á mostralles ser donosos, que el Rey de Portugal lo pagaria muy bien, y que él venía allí para maestro de donaires; y parando escuela, tenía muchos criados del Rey que les avezaba á ser donosos desta manera: hacíales desnudar y metíales al sol en el verano quando más hervia, y dábales aire con unos fuelles por laboca, que abierta con un badajo tenian, y en ver á su discípulo bien hinchado, hacíale atapar la boca y el aire salia por detras con muchos truenos; convidaba á los vecinos para que viesen si sabian bien estos donaires. Y ellos decian: Castelau, fazey boca donosa que rabos donosos son. Y en oir esto el portugues que era venido á vender donaires á Castilla, fuése de corrido diciendo: Vo correndo á Portugal á trazer socorro de un muito donoso portugues que nos vengue de un frio castelau. Señor Joan Fernandez, esto he dicho por ir corriendo de corrido para que venga don Diego Ladron á vengarme de vos, que sois tal cortesano que alabais para burlar, pues sabe á burla alabar con palabras para hacer reir como vos hecistes, diciendo que yo debia tanto á Dios, que para pagalle habia menester amprar merescimientos á toda la letanía de los sanctos. Yo voy por don Diego Ladron que me venga á socorrer.Dixo don Diego Ladron: No será menester, que muy bien he oido lo que habeis pasado con Joan Fernandez, y no le quedais deudor, que muy bien le habeis pagado; sino, dígalo don Francisco, que los dos estábamos escuchando de la cuadra de fuera mirando una pintura que yo saqué, y en oir la escaramuzade los dos, fué parte para que dejásemos de gozar con los ojos de la buena pintura que teníamos entre manos, para recrearnos con los oidos de oiros á los dos.Dixo don Francisco: Señor don Diego, vos habeis movido una question diciendo que no le debe nada don Luis Milan á Joan Fernandez, que no la podrémos apaciguar sino con mostralles vuestra pintura; sacalda, que bien menester será; dádmela, que yo la quiero amostrar, porque si los dos vienen á reñir, yo me porné entre ellos, y en ver el retrato de su dama, todos se convertirán en ojos, que no ternán manos para desacatarse delante della, haciendo besar, como á portapaz, esta pintura, pues es el retrato de la dama que van servidores don Luis Milan y Joan Fernandez. Parésceme que acontecerá con esta tabla deste retrato, lo que aconteció en nuestra Valencia con un otra tablilla de un sancto que hacia reñir y hacer paz, como en este cuento diré: Iba un chocarrero por Valencia, vestido como fraile, pidiendo con un sancto que traia pintado en una tablilla, que por esto le decian el fraile de la posteta, y en hallar alguno que al seguro le podia hacer besar la tablilla, metíase tras el hombre y hacíasela besar por fuerza y pedíale caridad, ycomo alguno no se la queria dar con el modo que la pedia, díxole uno, que no merescia caridad paz que reñir hacia; y el fraile gritaba diciendo que no creian en el sancto, y ellos que sí, y él que no, venian á las manos alguna vez sobre esto, y diciéndole un departidor que hiciese paz con el hombre que habia reñido, díxole el fraile: No haré paz si no la paga al sancto, y siendo contento su contrario dixo: Yo doy caridad á un sancto por hacer paz con un diablo. Y tornando á nuestro propósito, hé aquí la tabla del retrato de vuestra dama, que fuerza tiene para paz lo que puede hacer reñir.Dixo Joan Fernandez: Yo querria mucho saber cómo ha venido en manos de don Diego este retrato, porque á mí me la hurtaron por temor de mi mujer, que un dia reñimos por ella sobre esto que oiréis: Yo la tenía en mis manos solo encerrado en una cámara y decíale: Más te quiero yo pintada que á mi mujer viva, pues tú me desenojas en mirarte, y mi mujer me enoja en mirarme, ella de braveza me mata, y tú de benina me resucitas, y como ella me viese y oyese por la cerradura de la puerta, abrió y entró diciendo: Á mis manos habeis de morir, don traidor; yo díxele: Buena mujer,teneos allá, que no soy quien vos pensais, nombraisme don traidor y á mi vez me dicen don leal. Respondió: No sois sino don diablo; pues estais idolatrando en esa diablesa pintada, que más lo va ella de afeites que vos la teneis en esa tablilla. Respondíle: Á lo que me decis que soy diablo, agora me habeis acertado el nombre, que para ser uno galan ha de ir tras las almas como él va, aunque yo no lo soy para vos, que nunca iré tras vuestra alma siendo tan rabiosa; y á lo que decis que esta dama va de afeites más pintada que aquí está en la pintura, ¿n’os acordais que un dia os desconocí en una fiesta, muy pintada de afeites, y tomándoos por otra os decia de amores y vos me respondistes: Ciego, rézame una oracion; y conociéndo’s en el habla os dixe: Más os querria pintada y muda que despintada hablando?Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, vos pretendeis que el retrato de nuestra dama es vuestro, yo no otorgaré jamas sino qu’es mio, porque yo le hice pintar y hurtáronlo de casa del pintor, y creo que vos lo habeis hecho, pues estaba en vuestro poder; y porque se vea qu’es mio, hé allí aquella señal, que llorando de vella tan hermosa pintada como desapiadadaviva, cayó una lágrima mia sobre su mano y hizo aquel agujero que veis, y de presto demandé tinta y papel, haciendo una glosa á este villancico que tan á mi propósito hecho está, que en el postrer verso le hallaréis de cada copla destas que yo os diré agora:Tengo tanto sentimientoDe lo que me haceis sentir,Que siento tanto el morirCuanto mi vivir no siento.Deste mal saco este bien,Que estoy hecho un Hieremías,Que por vuestro gran desden,Lloran mi HierusalenLas tristes lágrimas mias.Mi Hierusalen en mí,Es la triste de mi vida,Que la veo tan caidaCuanto yo de vos caí.No alcanzo un válaos Dios,De caida tan mortal,Que llorando para dos,De no hacer señal en vos,En piedras hacen señal.Son tan grandes mis enojos,Que sangre vengo á sudar,Y me siento distillarAgua amarga por los ojos.De mí tiene piedadCualquïer fiero animal,Qu’en tan grande crueldad,En todos hay caridad,Y en vos nunca, por mi mal.Señor Joan Fernandez, muy gran menoscabo de mi honra sería sufrir que aquella que está siempre en mi pensamiento, que yo hice pintar, la dexe estar en quien, ni viva ni pintada, la quiere tanto como yo.Respondió Joan Fernandez: Don Luis Milan, ántes moriré que yo otorgue lo que decis, ni consienta lo que vos quereis, y pues nadie la puede querer más que yo, no está bien que esté sin mí quien no puede estar sin ella.Dixo don Diego Ladron: Yo quiero responder á lo que el señor Joan Fernandez dixo quando vió el retrato de su dama en mi poder, que holgaria mucho de saber cómo habia venido á mis manos; y ha de saber que visitando un dia su mujer con una dama que á su casa habia traido, nos contó la question que tuvo por ella con el señor Joan Fernandez, que aquí nos ha contado, y llorando me rogó que le sacase una diablesa que pintada tenía en casa; yo díxele que la mostrase y sacóla, y en ver el retrato, conoscí quién era la dama y llevémela, y así ha venido á mi poder; que no querria causase enojo entre sus competidores la queda en miralla tanto placer á sus servidores; y para escusar que no viniésedes á las manos, querria veros á las lenguas, con lo que diré; que entreis en campo los dos á daros de motes, y serémos jueces don Francisco y yo, y el que mejor nos parecerá que lo ha hecho, se lleve el retrato: pareció tanto bien á todos, cuanto parece mal reñir los competidores, que el competir descubre quién sabe servir. Comenzó los motes don Luis Milan, y dixo:Señor Joan: Si tan bueno fuésedes en casa como en calle, n’os hubiera puesto nombre vuestra mujer, Encasamalo.Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, si tan bien acabásedes en los amores como empezais, n’os hubieran puesto por nombre las damas, Enmalacaba.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, dicho me han que sois en amores perrigalgo, que levantais liebres y otro las mata.Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, no creais lo que os dicen de mí, que tambien me han dicho de vos que sois en amores perro mestizo, que levanta liebre y mata lagarto.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, apodo’s al muy frio caballero catalan, que le cantaban en Barcelona:Del galan de don DimasNous ne cal tenir enveja.Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, apodo’s á Calisto, que siempre decia: Yo Melibeo só; y vos siempre decis: Yo Margarite só.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, camaleon me pareceis en amores, que mudais muchos festejos y colores; que por esto os hice esta copla á un vestido morado que sacastes de la color que iba vestida la mujer que servíades entónces, y la copla es ésta:¿Es morada intincion,Ó intincion enamorada,Ó es condicion mudada,Vuelta en camaleon?Camaleon sois, mi señor,Esto cierto debe ser,Qu’en mudar de nuevo amor,Os vestis de la colorQue se viste la mujer.No más, no más, dixeron don Diego y don Francisco, que fueron jueces dellos, y dieron el retrato de su dama á don Luis Milan, que ganar en el campo muy gran verdad muestra, pues la señal que mostró desu lágrima era testigo de la verdad. Rogaron á don Luis Milan que sacase un otro soneto, y fué tan bueno para desenojar á Joan Fernandez, que no sin razon dixo: El soneto me cata.Quiero pasar por todos estamentos,Dende el mayor hasta el menor convidoPara comer con Vénus y Cupido,Y gustarán guisados descontentos.Pocos irán de su manjar contentos,Pues es comer muy tarde digirido,El nombre dél se nombra doloridoPor dar dolor de muchos sentimientos.Al que darán manjar de venturososMuy buena pro terná de su comida,No morirá del mal de enamorado;Que d’este mal mueren presumptuosos,Que es condicion jamas no digirida,Que bien sufrir de todos es loado.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, tales son vuestras cosas que á Joan Fernandez matais de envidia mala, y á don Francisco dais la vida de envidia buena, porque la mala quiere deshacer lo bueno de todo, y la buena no quiere gastar lo qu’es de alabar; al uno haceis hacer cara de perro cuando regaña de envidioso, y al otro cara de papagayo risueño.Dixo Joan Fernandez: Don Diego, puesapodastes nuestras caras, yo’s apodo la vuestra á cara de truhan pedigüeño, que no se la pueden ver de zuño quando no le quieren dar lo que pide. Demandásteme unas espuelas, y si fuera freno n’os lo negára, pues lo habeis más menester.Dixo don Francisco: Don Diego, vos habeis hallado lo que buscábades, que buscando lo que no conviene se halla lo que no cumple, como halló un truhan que iba buscando los cinco piés del carnero, y él no tiene sino cuatro, porque un médico le habia dicho que si le hallaba y comia dél sería muy donoso; y pensando dónde le podria hallar, díxole un otro truhan: Yo he comido dél, y por esto soy más donoso de lo que ántes era, tú le hallarás en su lugar donde yo le hallé, que fué en una cocina de frailes; y creyéndole, entróse por ella vestido como fraile á hora de comer, y reconocia las ollas si le hallaria, y viniendo los que servian y viendo que no era el cocinero del monesterio, lleváronlo delante del superior dellos, y sabido todo el caso por que era venido, mandóle desnudar y dar disciplina: y cuando le azotaban decíanle: ¿Que buscábades, don ladron? y él gritando decia: El cinquen pié del carnero; y respondian dándole: Ya le teneis, ya le teneis, id para donoso. Fuése desnudohuyendo, y topó con el médico que le habia aconsejado, y díxole riendo: ¡Oh, cómo estás donoso! tú debes haber comido del pié que te dixe; respondióle el truhan: Tal pase por tí; y contóle todo lo que le siguió; y el médico le dixo: Agora ternás que contar para hacer reir con el pié del carnero que te dieron á comer los frailes. Yo creo, don Diego, que, segun sois donoso, vos habeis comido dél, que muchas veces le vais á buscar.Respondió don Diego Ladron: Don Francisco, mejor puedo yo deciros donoso que vos á mí, que dese pié que decis que voy buscando andais vos coxqueando, como acontesció á un caballero aragones en Barcelona, que en este cuento oiréis: Siendo visorey don Fadrique de Portugal, mandó que ningun cojo anduviese de noche por la ciudad, porque muchos lo hacian para engañar, y como una noche topase uno, mandóle llevar preso, y era el caballero aragones, que competia con él en amores, y díxole: Señor visorey, vení conmigo á la prision, pues estamos los dos en ella por amores, que del pié que yo coxqueo coxqueais vos tambien; dixo el Visorey: Soltalde,Que harto preso estáQuien d’amores cojo va.Don Francisco, teneos por entendido que dos de un mal se conocen por señal; dejadme revolver con don Luis Milan sobre el postrer soneto que nos ha dicho, que no se ha de tratar poco de lo mucho ni mucho de lo poco. Oidme, don Luis Milan: Vos decis en vuestro soneto que del mayor hasta el menor convidais á todos, para comer con Vénus y Cupido, y gustarán guisados descontentos; comeos vos solo tal guisado si mal provecho ha de hacer; mesonero catalan debeis de ser en amores, que dais mal á comer y haceisos pagar á vuestro placer.Dixo don Luis Milan: Yo he convidado de lo que Cupido da á comer á los que maltrata, que pocos irán de su manjar contentos, pues es muy tarde ó nunca digirido en el estómago desdichado; y si alguna vez, del mucho calor enamorado, lo viene á digirir, para estar contento ha de ser con grandes trabajos que muelan el ahito desdeñado, untándose con el ungüento que le nombran «el porfiado», compuesto por la receta que dice, porfía mata venado.Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos, para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y álos que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida, pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó de servirla, diciendo:Que por no sufrir ultrajeMoriré desesperado,mostrando que la dama ha de mostrarseenojada si la sirve otro caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido, pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:Desdeñado soy d’amor,Guarde os Dios de tal dolor.GLOSA.El mayor mal de los malesQue el amor nos da á sentir,Lo que no pueden sufrirLos más simples animales,Es tan malo de pasar,Por ser esta mar mayor,Que me vengo ahogarCuando yo quiero cantar,Desdeñado soy d’amor.Es mi vida ya un poca,Si della querrán saber,Que en el gesto se ha de verCuando está muda la boca.Á muerte soy condenado,Trátanme como á traidor;No vale ser coronadoPor leal enamorado,Guarde os Dios de tal dolor.Dixo don Luis Milan: Señor don Diego, reir me hecistes cuando os oí decir si me acordaba de los amores de Durandarte y Belerma, como si fuéramos de aquel tiempo. Si Dios os guarde, ¿habeis tenido mal frances? que de ahí os debe venir sacar amores de Francia; en la boca habeis debido tener este mal, que siempre teneis en ella á los franceses. Decíme, ¿qué os parece deste romance?Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles;Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce pares.Respondió don Diego Ladron: Paréceme tan bien como muy mal de la traicion que Galalon hizo, pues por él fueron vendidos y muertos de los moros los que no bastára matar todo el mundo, si apercibidos y no solos tomáran á don Roldan y á Oliveros y á Durandarte, que bien parece que le sois amigo en la glosa que hicistes á su romance, que dice:Durandarte, Durandarte,Buen caballero probado,que si gana os toma de tañer y cantalle, aquí tengo una muy buena vihuela y damas que os escucharán, que están en visita con doña María mi mujer.Respondió don Luis Milan: Señor don Diego, soy contento si n’os enojais que despues de este romance cante un otro, y podrá ser que os sane del mal frances que mostrais tener en la afeccion francesa, que traeis como á gorra en la cabeza.Dixo don Diego: No respondo á vuestra lengua por más presto oir tañer vuestras manos; yo voy á presentallas á las damas de la visita, de parte vuestra, que sé que os haré gran placer, y luégo volveré con el recaudo.Dixo don Francisco: No seais músico y no ternéis terceros; si fuese de don Luis Milan, yo le cantaria á don Diego: El diablo trae á su casa con que llore. Su pago sería que le quedase competidor el tañedor, como hizo aquel nuestro caballero valenciano nombrado Diaz, que trayéndole un gran amigo suyo á tañer á una dama que servia, se enamoró della, y el otro dia hallóle dando vueltas á caballo por su calle y díjole: ¿Anoche músico y hoy competidor? no seréis más mi tañedor; y Diaz le respondió: No siam mes amichs.Dixo Joan Fernandez: Muy gran necedades traer á tañer amigo que puede enamorar y enamorarse de vuestra amiga, que si él es para enamorar, n’os quejeis della, pues le traeis hombre que tenga lo que vos no teneis para contentar, y si es para enamorarse n’os quejeis dél, pues le fuisteis tercero, quejaos de vos mismo; por lo que dice el italiano: Non te fidar, e non saray gabato.Dixo don Diego: Don Luis Milan, hé aquí un paje que os trae un buen recaudo de parte de las damas, que no sé yo con qué pagueis una tan gran merced sino con una ingratitud á modo de encarecer, mas no de hacer, aunque dice el refran: No se puede pagar lo que no tiene precio; como quiso decir un caballero castellano, aquí en Valencia, al rey Francisco de Francia, cuando vino preso, saliendo de visitar á la reina Germana, francesa; y las palabras qu’el caballero le dixo fueron éstas: Syra, vuestra Majestad va preso de tal Emperador,Que en velle se volveráEn placer vuestro dolor.Y tan gran merced no puede pagarse sino con una ingratitud, y el Rey de Francia lo hizo mejor que se lo dixo; que en pagode habelle dado el Emperador libertad y á su hermana por mujer, en ser en Francia le rompió la paz y le movió nueva guerra; no querria, don Luis Milan, que, en pago de esta merced que os he hecho hacer á las damas, fuésedes tan ingrato como fué el Rey de Francia, pues sería peor mal frances el vuestro que no el mio. Paje, dile el recaudo que le traes de parte de las damas, que buena pro me haga.Dixo el paje: Señor don Luis Milan, mi señora y las señoras que arriba están, mueren de deseo de veros y oiros, y dicen que si vuestra merced tiene el mismo deseo, podréis cantar:Nunca fuera caballeroDe damas más bien querido.Respondió don Luis Milan: Paje, diréis á todas esas señoras que os envian, que yo les beso las manos y cumpliré su deseo, pues el mio muere porque me vean y oigan, y responderé á su romance con este villancico:Si amores m’han de matar,Agora ternán lugar.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan,vamos, vamos, que yo temo de cantar:D’este mal moriré, madre,D’este mal moriré yo.Y en ser todos delante las damas, don Diego tomó de la mano á don Luis Milan, diciendo:Señoras, hé aquí á OrfeoQue yo le querria más feo.Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Señor don Diego:Nunca os vi tener temorÁ ningun competidor,Y agora veoQue Narciso teme á Orfeo.Dixo don Luis Milan: Señora doña Leonor, con una glosa quiero responder á vuestra merced, que me mandó hacer una dama á esteMOTE.Guárdeme Dios de mí.GLOSA.Si Narciso se ahogoDe sí mismo enamorado,Tened de vos más cuidado,Pues que ménos se perdióEn haber á vos cobrado.Y pues más teneis razonDe la que tuvo de sí,Traed con gran devocionEl mote por oracion,Guárdeme Dios de mí.Con más razon debe temer de su hermosura, señora doña Leonor, que n’os acontezca como á Narciso, pues siendo ménos la dél que la vuestra, se turbó, de sí mismo enamorado, mirándose en una fuente donde cayó y murió ahogado; mande vuestra merced al Narciso, que habeis nombrado que traiga consigo el mote por oracion, porque no se ahogue si se turba mirándose muy hermoso en la fuente de vuestra hermosura.Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis Milan, para celos sería bueno vuestro requiebro, pues decis que el Narciso que la señora doña Leonor ha nombrado pasa peligro de ahogarse, mirándose muy hermoso en la fuente de su hermosura, que si no me engaño, no es feo quien en su dama se mira Narciso; tales celos como los vuestros no los hay en Portugal.Dixo la señora doña Ana: Señora doña Leonor, departa vuestra merced á Joan Fernandez y á don Luis Milan, que si tales cortesanos dan en alabar vuestra hermosura,no quedará qué alabar para nosotras ni quien alabe la nuestra, que don Diego Ladron no está para alabarnos, que tomado está de ojo y don Francisco de boca.Dixo la señora doña Leonor: Señora doña Ana, no tengo qué departir, pues no tienen qué partir conmigo los cortesanos que ha nombrado, depártalos vuestra merced, ó desencante á don Diego y á don Francisco, que están encantados mirando vuestra gracia y hermosura.Dixo don Diego: Señora doña Leonor, diga vuestra merced á la señora doña Ana que si yo estoy tomado de ojo, ella no lo está de boca, pues no mira lo que habla, sino dígalo don Francisco, que tambien ha muerto su pájaro como el mio con la piedra que nos ha tirado; cure de su comendador Montagudo, que va tan ciego de miralla como ella por no velle, y vayan á Sancta Lucía que los sane.Dixo don Francisco: Don Diego, n’os maravilleis deso, que la señora doña Ana se burla de todos por ir de véras con uno, y es su marido, que lo quiere tanto, que hizo apedrear á su Montagudo una noche porque le hacia cantar á la puerta: «La bella malmaridada» á un ciego.Dixo la señora doña Hierónima: Yo quieroresponder por la señora doña Ana por las pedradas que decis que tiró; habeis de saber que no tira piedras sino quien no piensa tirallas, que en su seso está quien sabe lo que hace, que no es tirar piedras adonde se debe, pues hay galanes que lo piensan y no lo son, que para sello, en todo lo deben ser, que el ojo y la boca, la mano y el pié no se han de mover sino para contentar á las damas, que don Diego bien mostró estar en pasion y no en razon, pues habló lo que no quiso entender; que la señora doña Ana no mató su pájaro ni el de don Francisco, pues no fué la que tiró, sino piedra iman que nos tira á querella; que no fué mal decir lo que dixo, que de muy enamorados el uno estaba tomado de ojo y el otro de boca, que de pensar es que lo hizo para hacelles hablar, pues se perdia mucho en ellos callar.Dixo la señora doña María: Paréceme que convidamos don Luis Milan á una vihuela y dámosle á comer palabras; callemos, qu’es gran desacato que su tañer calle por nuestro hablar, y este descuido que habemos tenido merece ser perdonado, pues oyéndole hablar hace olvidar su tañer, y tañendo se olvida su hablar.Dixo don Luis Milan: Señora doña María,no he visto descuido con tan buen adobo como este que vuestra merced ha adobado; no le ponga tal nombre, que no ha sido sino cuidado para que yo oyendo palabras tan cuerdas lo fuesen las de mi vihuela, que, remedando armonía, de tan dulce conversacion saque el mal espíritu de la envidia del cuerpo de Joan Fernandez, como hacia el arpa de David al rey Saul; y por hacer lo que me rogó don Diego, lo primero que cantaré será la glosa que hice al romance de Belerma y Durandarte quando se dejó de servirla, y es ésta:Ya no es él, perdido estáEl que no cura de fama,Que el galan sin servir damaFuera de camino va.Vuelve, vuelve, caballero,No quieras desesperarte,Que en tu amor tan verdaderoSiempre serás tú el primero,Durandarte, Durandarte.¿Cómo estás de tí tan fuera,Que tán fuera estás de mí?Ménos de tí conoscíQue si no te conosciera.No te venza la pasion,Sino la de enamorado,Y á mayor satisfacionPrueba y tente á la razon,Buen caballero probado.No estés tanto sin acuerdo,Pues tan acordado erasQue en las burlas y las vérasNadie se halló más cuerdo.Para tu mortal dolorGran remedio te sería,Que d’aquel tan gran favorAceptarte servidor,Acordar se te debria.Quien del tiempo se olvidaEl tiempo se olvida dél,Mucho es para sí cruelQuien lo fué para su vida.Tanto un tiempo te acordabasCuanto fuistes envidiado,Y pues todo lo alegrabas,Muestra ser lo que mostrabas.D’aquel buen tiempo pasado.No parece que pasabaCuando el tiempo entretenias,Las tinieblas despediasY la noche se aclaraba.Tus mayores devaneosEran en tí perficiones,Pues que fueron tus arreosCuándo en justas y torneos,Cuándo en galas y envinciones.Nunca fué tal amadorEn amar como tú fuiste.Siempre alegre sobre tristePor no descubrir favor.No porque te hice favoresÁ mi costa y á tu grado,Sino alivio de dolores,Pues penando sin clamoresPublicabas tu cuidado.Tu mirar fué por mirarmeCon acatamiento y honra,Nunca fuiste á mi deshonraSino para más honrarme.Durandarte solias ser,Y dudo haberte conocido,Porque está sin conocer,Sin oir, hablar, ni ver.Agora desconocido.Estos ruegos no lo son,Pues que yo doy por testigoLo pasado, y lo que digoAbonando mi intincion.No te ruego yo por mí,Pues lo tienes tan probado,Lo que te ruego es por tí,Que no siendo tú sin mí,Di ¿por qué me has olvidado?RESPUESTA DE DURANDARTE.Ya, señora, no soy yo,Pues no sois, señora, vos;La que se sirve de dos,Nunca amor en ella entró.Razon hay de sospecharQue burlais mucho de véras,Pues mudastes en mudarCon las obras el hablar,Palabras son lisonjeras.Si tan grande voluntadTan abierta n’os mostrára.Yo no viera cara á caraTanto vuestra crueldad.Voluntad tan verdaderaNunca tan mal s’ha pagado,Pues m’he visto en vos quien eraPor lo que mostrais afuera,Señora, de vuestro grado.En mis ojos mostraréSiempre seros tan amigos,Cuanto vos muy enemigosLos hicistes sin por qué.Mientra ojos mirarán,Bien verán cuanto y’os quise,y por lo que en mí verán,Todos os preguntaránQue si yo mudanza hice.Si algun tiempo vos quejais.No hay razon para quejaros,Pues mostrais apïadarosDe quien n’os apïadais.Si se viene á tocarLo que habeis falsificado,En la piedra de mi amarSe verá que mi mudarVos, señora, lo heis causado.Yo querria mas no puedo,No decir lo que se muestra,Que lo qu’es á culpa vuestraDe vergüenza tengo miedo.Y aunque en damas no es tan malNo tener ley en no veros,Siendo yo tanto leal,En vos fué más que mortal,Pues amastes á Gaiferos.Y si esto á vos infama,Sálveos esta razonQue en nosotros es traicionLo que no es traicion en dama.El quejar solo me quedaÁ mí triste agraviado,Pues fortuna siempre rueda,Imposible era estar quedaCuando yo fuí desterrado.Es la ley en los destierrosSufrir pena por un yerro,Mas en mi triste destierroYo la sufro por dos yerros.El otro fué vos consentir,Servidor, en mi viaje,Que por esto he de morirPor sufrir y más sufrir,Y por no sufrir ultraje.Como si fuera traidorMe habeis dado la sentencia,Haceisme sin competenciaY distes me competidor.Nunca fué tan mala suerte,Ni se vió tal desterrado,Ni habrá quien lo concierte,Y pues todo sabe á muerte,Moriré desesperado.FIN.Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles,si fueron vencidos fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza, que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles,Que salida fué de FranciaPara alzaros con España.Cuando don Alonso el CastoLlamó al Emperador CarloPara conquistar los morosDe Castilla cativada,Prometiéndole su reinoSi hacia esta jornada,Y españoles no quisieronMostrar gente acobardada,Que el gran leon españolBravo Bernaldo del Cárpio,Fué muy valerosa lanzaY gran cortador d’espada.Salió con sus españolesDefendiendo vuestra entradaEn la muy cruel batallaDe Roncesvalles nombrada.Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce Pares,Porque fuera tiraníaFrancia reinar en España.Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’osagradezco lo que vos debeis agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la error francesa contra la verdad española.Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz. ¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas? Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras, porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os curase, que es vuestra enxarmadora.Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía «Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.» Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decísy no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice: los que no tienen sentir, no saben agradecer.Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.Y no es pocoQue desto se vuelva loco,Que sólo de vos lo estáQuien nunca envidiado há.Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no revidaria con este envite:Si n’os hubiera oido,Pluguiera Dios que no fuera,Porque yo no aborrecieraCuantos han por mi tañido.Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.Dixo Joan Fernandez: Señoras, como ápan bendito habeis gustado y comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si es verdad.Respondió don Francisco:Amén, amén, dixo tioVámonos luégo á cenar,Que diez horas son ya dadasY es bien irnos acostar.AQUÍ SE ACABA LA SEGUNDA JORNADA Y COMIENZA LA TERCERA.
JORNADA SEGUNDA.Y en ella verán que los caballeros de los nombres mudados no quisieron dexar los suyos, que no se debe dexar nombre de buen renombre.La conversacion della será declarar al principio debaxo jocosidad el presenteSONETO.Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades,Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios de amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente;Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.Dice Joan Fernandez: Don Luis Milan, vos decis en el presente soneto vuestro estos versos que dicen:Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades.Maravillado estoy de vos, que nos quereis dar á entender que se pueda cantar llorando; acompaña-muertos debeis ser, que paresce que lloran cantando, y queréisnos cantar á muertos entre vivos.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, no os debeis maravillar de lo que puede ser, que cantar versos de penalidades es llorar cantando; bien sé que vos lo sabeis mejor que yo, pues sois llorador y cantador en amores, que de vuestra dama he sabido que una noche os tomó por mochuelo, que fuera mejor por mozuelo, para parescelle bien vuestro canto, que por no sello le parecistes mal; sino, dígalo vuestro amigo don Francisco Fenollet, que se entiende de cantos de mochuelos, si lo pareceis; pues de aborrecido de las damas, por ser más mocero que damero, pareceis que llorais cantando.Dixo don Francisco Fenollet: Señor don Luis Milan, jugador debeis ser de axedrez, que dais jaque á uno y mate á otro; áJoan Fernandez dixistes mochuelo, y á mí que me entiendo de cantos de mochuelos; pues sabed que cantan por vos este cantar:Pajarero sois d’amor,Mi señor,Pajarero sois d’amor.Sino, dígalo si lo pareceis don Diego Ladron, pues sois de su condicion.Dixo don Diego Ladron: Señor don Francisco, vos dixistes á don Luis Milan que debia ser jugador de ajedrez, y vos lo sois de espada de dos manos, pues con tanto osar acometeis á dos, diciendo que don Luis y yo somos pajareros en amores, y nuestros pájaros, respondiendo por nosotros, dicen de vos cantando:Engañado andais sirviendo,Nuestro amigo,Que en amor sois papahigo.Callad y callemos, que sendas no tenemos, y Joan Fernandez pida á don Luis Milan que nos acabe á declarar su soneto.Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis, pues sois colmena de miel, acabad de darnos á comer della sin abejas, que hasta agora no la habemos gustado sin ellas; pues nos han picado vuestros motes, que todo lotenemos por bien empleado porque acabeis el dulce panal de vuestro soneto.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, y’os agradezco, pues no me habeis dicho colmenero, que vuestra lengua lo queria decir y vuestro seso no lo sufrió, por ser tan sabido como donoso; pues en vos se ve cuanto bien paresce este dicho:Primero debe venirAl seso que no á la bocaLa palabra, pues nos tocaPara dar muerte ó vivir.Y pues me hicistes colmena, y’os haré della el colmenero, qué á la miel me supo el beso, y acabaré de dar á comer el panal de mi soneto, que, por ser á causa vuestra, será de miel; y pues sois traga-versos, empezad á comer estos dos, que dicen ansí:Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.Quiero decir que yo diré las verdades á los penados amadores para que sepan guardarse de las mentiras que se dan á entender, confiándose mucho para seguir lo que les hace sospirar, como á Joan Fernandez cada dia le sigue, que se confia merescer en amores tanto, como desmerece en dexarseengañar de una tercera, que le da á entender ser verdades las mentiras que le dice para engañarle, y no la quiere creer de las verdades para desengañarle, como oiréis en este cuento que os diré: Una tercera de Joan Fernandez emprendió de metelle en casa, diciéndole que su señora lo sabía, y no era verdad, y encerrólo en un gallinero dándole á entender que era el más seguro lugar para no ser descubierto, y que cantase alguna vez haciendo el gallo, que su señora subiria á esta señal; y como él un dia cantase, la señora dixo: ¿De dónde nos ha venido este gallo que nos canta en casa? y la criada le respondió: No lo sé, suba vuestra merced arriba y vello ha; y como las dos subiesen y la señora viese á Joan Fernandez en el gallinero, díxole: ¿Quién sois vos que estais ahí? respondióle: Señora, soy el gallo de la pasion; y la señora se fué riendo y él se quedó hasta la noche, que la criada lo echó de allí, lleno de piojos de gallinas.Dixo Joan Fernandez: Pues vos habeis dicho un cuento de mí, yo diré un otro de vos, y es éste: Sepan que don Luis Milan se halló en una huerta pasada media noche, y era en una casa fuera de la ciudad donde él hacia entradas y salidas siguiendo sus aventuras en amores, y, como quisiese salir, hallóla puerta falsa cerrada, y el hortelano tan borracho que nunca le pudo despertar. Fuéle forzado aguardar hasta la mañana, y al gran ladrar que un perro de la huerta hacia, el señor de casa con dos criados salió á ver por qué ladraba el perro. Y don Luis Milan, que los vió venir en punto de guerra, subióse en una higuera por no ser conoscido, y con un arcabuz que traia, amenazábales de arriba, diciendo: Guarda el arcabuz, y ellos decian: ¿Quién sois, quién sois? y él díxoles: Higo soy, higo soy. Y ellos, finados de risa, abrieron la puerta y él salió corriendo y ellos dándole grita, al higo, al higo, y así se salvó por donoso, haciéndose higo, como yo en el gallinero gallo.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si quereis trocar, yo me comeré vuestro gallo y vos comeos mi higo con el cuarteto de miel que os daré, que son estos cuatro versos del soneto:Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios d’amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.Digo que mi fin es avisar que vayan escuchando los que están ó podrian estar enamorados,para saber las fieras crueldades que el dios de amor hace por campos y ciudades, desde el mayor hasta el menor, espantando con sombras que son todas sus cosas, á sombras que no son hombres, como le ha seguido á don Francisco, que sabiendo que’l dios de amor no tiene poder si no se lo da el amada para enamorar á su amador, ó el amador para enamorar á su amada, siendo tan sabido, no se ha podido guardar destas armas de Cupido, que sombras son para quien resistirle puede, y el que se deja vencer dél es más sombra que hombre; digámosle, pues, don Francisco sombra; aparéjese don Diego Ladron á comer la postre de mi soneto, que son estos seis versos, nombrados tercetos:¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente.Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.DECLARACION DE LOS DICHOS VERSOS.Con gran curiosidad he sacado en limpio quién podia ser este Cupido, nombrado dios de amor de la mentira, y pintado, como le veis, de la verdad, y hallaréis que enlos enamorados viciosos es nuestro deseo que, por desear desvergonzadamente, le pintan desnudo como á desvergonzado y ciego, pues lo son todas sus cosas, y con armas para hacer mal, pues siempre lo hace, que cuanto más da placer, no está sin dar pesar; nómbranle aquello que él no es, pues lo que es Dios no reina malamente, para que don Diego Ladron crea en lo que es Dios, y no en quien no lo puede ser, como de muy enamorado, le tomé un dia por el mismo dios de amor.Dijo don Diego Ladron: Nunca he visto buena postre y mal provecho sino agora, habeisme convidado á tercetos y hanme sabido á motes, ni los unos ni los otros me han parescido mal por ser vos el convidador; pagar os quiero esta comida con este cuento que oiréis: El almirante de Castilla convidó á unos portugueses, y fueron servidos de truhanes á la mesa porque les diesen de motes, y dióles por comida no más de ruiseñores, que son aves de poca carne y mucho cantar; y como ellos estuviesen muertos de hambre y hartos de risa por haber comido poco y reido mucho, con los truhanes, dixeron: Señor Almirante, mais manjares é ménos donaires. Don Luis Milan, yo no he dicho esto sino porque nos deismás sonetos y ménos motes, aunque todo es tan bueno que por vos se puede decir: Cada cosa en su lugar, imposible es enojar.Dixo don Luis Milan: Responder os quiero con otro cuento, y es éste: Un señor tenía un barbero en su casa, y era tan loco, que siempre queria hacer el donoso, y tan importuno, que jamas se apartaba de su señor quebrándole la cabeza de mucho hablar; tanto, que de sus locuras adolesció de dolores de cabeza que tenía muy á menudo, y para sanalle, untábale la cabeza en tomalle el dolor, y en lugar de sanar, más adolescia. Cayó en la cuenta su señor que su barbero le habia adolescido, y díxole: Véte de mi casa, que yo no sé que sepas hacer otra cosa sino quebrarme la cabeça y untarme los cascos; que ni sabios verbosos ni ignorantes graciosos.Dixo don Francisco Fenollet: Don Luis Milan, pues don Diego Ladron os quebró la cabeza con su cuento, y vos os habeis bien pagado con el vuestro, untalde los cascos con otro soneto y quedarémos de las burlas en paz, con tan buenas véras como vos nos dais.Respondió don Luis Milan: Soy contento si no salle algun cuento fuera de tiempo,que los cuentos, para nunca enojar, han de ser en su lugar.Aseguralde y salir ha; y respondieron: Él se asegura tanto como está seguro de no parescer mal, y con esta seguridad, el soneto salió diciendo:De mí dirán aquel refran muy cierto:Quien no’s á sí, ¿á quién podrá ser bueno?Escarmentad por bien en mal ajeno,Y no burleis de quien muchos ha muerto.No sea, pues, mi prédica en desierto,Que mal amor peor es que veneno,Pues deste mal á mí mismo condenoPor despertar á quien no va despierto.Ya veis que fué d’aquel tan gran maestroDel griego rey, Alexandre nombrado,Que fué d’amor de su mujer vencido.Della se vió con freno ir de diestro,Y respondió: Deste gran rey burlado,¿Qué harás tú, si yo no me he valido?Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, lo que en vos sobra, en nosotros falta para alabaros; mucho debeis á Dios, merescimiento habréis de amprar á toda la letanía de los santos para pagar tan gran deuda, como debeis á quien os crió, porque vos avisais muy avisadamente en vuestro soneto á todos que escarmienten en mal ajeno mirando el vuestro, y no desperdicien lo buenoque vos aconsejais y el mal que Cupido puede hacer, trayendo por exemplo lo que le siguió al gran Aristotil con la mujer del rey Alexandre, su discípulo, que en este cuento oirán:El príncipe de los filósofos, nombrado Aristotil, siendo maestro del rey Alexandre, se enamoró de la mujer de su discípulo, y de muy enamorado se desvergonzó á pedille lo que no debia, y ella, burlando dél, le otorgó lo que no debiera, diciéndole: Aristotil, yo soy contenta de hacer cuanto me pides, si tú te dejas enfrenar y ensillar de mi mano en secreto, sólo para que yo tenga contento de mí, que pudo mi hermosura vencer á tu gran saber; y teniéndole encerrado de la manera que habeis oido, como á bestia, hizo venir á su marido Alexandre para que viese á su maestro; y muy espantado de velle como estaba, le dixo: ¡Oh Aristotil! tú, que me avisabas con todo tu saber que me guardase de ser vencido y sojuzgado de mujer, ¿te has dexado vencer? Respondióle como á sabio, aunque estaba como bestia: ¡Oh Alexandre! agora te debes más guardar viendo que yo no me pude defender, ¿qué harás tú si no te guardas? que á mí me han traido en lo que estó.Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez,gracias os hago, pues habeis declarado mejor que yo supiera declarar mi soneto; si vos me emprestais vuestra lengua, que tanto bien sabe alabar burlando, y’os emprestaré mis manos para que tañendo desenojeis lo que me habeis enojado burlando de mí con tanto alabarme cara á cara, que de corrido estoy para correr á pedir socorro á don Diego Ladron, que responda por mí y me vengue de vos, como hizo un portugues en este cuento que os contaré: Vino á Castilla un portugues, y dixo que era venido para vender donaires á castellanos, y viniendo un castellano á mercalle un donaire, el portugues le dixo: Castelau, ¿cuánto m’habeis de dar que heu vos faça donoso? y respondió el castellano: Pagaros he con un cuento muy bueno desto que se siguió en Lisboa, que oiréis: Fué un castellano á Portugal diciendo que los portugueses habian enviado á Castilla para que viniese algun castellano á mostralles ser donosos, que el Rey de Portugal lo pagaria muy bien, y que él venía allí para maestro de donaires; y parando escuela, tenía muchos criados del Rey que les avezaba á ser donosos desta manera: hacíales desnudar y metíales al sol en el verano quando más hervia, y dábales aire con unos fuelles por laboca, que abierta con un badajo tenian, y en ver á su discípulo bien hinchado, hacíale atapar la boca y el aire salia por detras con muchos truenos; convidaba á los vecinos para que viesen si sabian bien estos donaires. Y ellos decian: Castelau, fazey boca donosa que rabos donosos son. Y en oir esto el portugues que era venido á vender donaires á Castilla, fuése de corrido diciendo: Vo correndo á Portugal á trazer socorro de un muito donoso portugues que nos vengue de un frio castelau. Señor Joan Fernandez, esto he dicho por ir corriendo de corrido para que venga don Diego Ladron á vengarme de vos, que sois tal cortesano que alabais para burlar, pues sabe á burla alabar con palabras para hacer reir como vos hecistes, diciendo que yo debia tanto á Dios, que para pagalle habia menester amprar merescimientos á toda la letanía de los sanctos. Yo voy por don Diego Ladron que me venga á socorrer.Dixo don Diego Ladron: No será menester, que muy bien he oido lo que habeis pasado con Joan Fernandez, y no le quedais deudor, que muy bien le habeis pagado; sino, dígalo don Francisco, que los dos estábamos escuchando de la cuadra de fuera mirando una pintura que yo saqué, y en oir la escaramuzade los dos, fué parte para que dejásemos de gozar con los ojos de la buena pintura que teníamos entre manos, para recrearnos con los oidos de oiros á los dos.Dixo don Francisco: Señor don Diego, vos habeis movido una question diciendo que no le debe nada don Luis Milan á Joan Fernandez, que no la podrémos apaciguar sino con mostralles vuestra pintura; sacalda, que bien menester será; dádmela, que yo la quiero amostrar, porque si los dos vienen á reñir, yo me porné entre ellos, y en ver el retrato de su dama, todos se convertirán en ojos, que no ternán manos para desacatarse delante della, haciendo besar, como á portapaz, esta pintura, pues es el retrato de la dama que van servidores don Luis Milan y Joan Fernandez. Parésceme que acontecerá con esta tabla deste retrato, lo que aconteció en nuestra Valencia con un otra tablilla de un sancto que hacia reñir y hacer paz, como en este cuento diré: Iba un chocarrero por Valencia, vestido como fraile, pidiendo con un sancto que traia pintado en una tablilla, que por esto le decian el fraile de la posteta, y en hallar alguno que al seguro le podia hacer besar la tablilla, metíase tras el hombre y hacíasela besar por fuerza y pedíale caridad, ycomo alguno no se la queria dar con el modo que la pedia, díxole uno, que no merescia caridad paz que reñir hacia; y el fraile gritaba diciendo que no creian en el sancto, y ellos que sí, y él que no, venian á las manos alguna vez sobre esto, y diciéndole un departidor que hiciese paz con el hombre que habia reñido, díxole el fraile: No haré paz si no la paga al sancto, y siendo contento su contrario dixo: Yo doy caridad á un sancto por hacer paz con un diablo. Y tornando á nuestro propósito, hé aquí la tabla del retrato de vuestra dama, que fuerza tiene para paz lo que puede hacer reñir.Dixo Joan Fernandez: Yo querria mucho saber cómo ha venido en manos de don Diego este retrato, porque á mí me la hurtaron por temor de mi mujer, que un dia reñimos por ella sobre esto que oiréis: Yo la tenía en mis manos solo encerrado en una cámara y decíale: Más te quiero yo pintada que á mi mujer viva, pues tú me desenojas en mirarte, y mi mujer me enoja en mirarme, ella de braveza me mata, y tú de benina me resucitas, y como ella me viese y oyese por la cerradura de la puerta, abrió y entró diciendo: Á mis manos habeis de morir, don traidor; yo díxele: Buena mujer,teneos allá, que no soy quien vos pensais, nombraisme don traidor y á mi vez me dicen don leal. Respondió: No sois sino don diablo; pues estais idolatrando en esa diablesa pintada, que más lo va ella de afeites que vos la teneis en esa tablilla. Respondíle: Á lo que me decis que soy diablo, agora me habeis acertado el nombre, que para ser uno galan ha de ir tras las almas como él va, aunque yo no lo soy para vos, que nunca iré tras vuestra alma siendo tan rabiosa; y á lo que decis que esta dama va de afeites más pintada que aquí está en la pintura, ¿n’os acordais que un dia os desconocí en una fiesta, muy pintada de afeites, y tomándoos por otra os decia de amores y vos me respondistes: Ciego, rézame una oracion; y conociéndo’s en el habla os dixe: Más os querria pintada y muda que despintada hablando?Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, vos pretendeis que el retrato de nuestra dama es vuestro, yo no otorgaré jamas sino qu’es mio, porque yo le hice pintar y hurtáronlo de casa del pintor, y creo que vos lo habeis hecho, pues estaba en vuestro poder; y porque se vea qu’es mio, hé allí aquella señal, que llorando de vella tan hermosa pintada como desapiadadaviva, cayó una lágrima mia sobre su mano y hizo aquel agujero que veis, y de presto demandé tinta y papel, haciendo una glosa á este villancico que tan á mi propósito hecho está, que en el postrer verso le hallaréis de cada copla destas que yo os diré agora:Tengo tanto sentimientoDe lo que me haceis sentir,Que siento tanto el morirCuanto mi vivir no siento.Deste mal saco este bien,Que estoy hecho un Hieremías,Que por vuestro gran desden,Lloran mi HierusalenLas tristes lágrimas mias.Mi Hierusalen en mí,Es la triste de mi vida,Que la veo tan caidaCuanto yo de vos caí.No alcanzo un válaos Dios,De caida tan mortal,Que llorando para dos,De no hacer señal en vos,En piedras hacen señal.Son tan grandes mis enojos,Que sangre vengo á sudar,Y me siento distillarAgua amarga por los ojos.De mí tiene piedadCualquïer fiero animal,Qu’en tan grande crueldad,En todos hay caridad,Y en vos nunca, por mi mal.Señor Joan Fernandez, muy gran menoscabo de mi honra sería sufrir que aquella que está siempre en mi pensamiento, que yo hice pintar, la dexe estar en quien, ni viva ni pintada, la quiere tanto como yo.Respondió Joan Fernandez: Don Luis Milan, ántes moriré que yo otorgue lo que decis, ni consienta lo que vos quereis, y pues nadie la puede querer más que yo, no está bien que esté sin mí quien no puede estar sin ella.Dixo don Diego Ladron: Yo quiero responder á lo que el señor Joan Fernandez dixo quando vió el retrato de su dama en mi poder, que holgaria mucho de saber cómo habia venido á mis manos; y ha de saber que visitando un dia su mujer con una dama que á su casa habia traido, nos contó la question que tuvo por ella con el señor Joan Fernandez, que aquí nos ha contado, y llorando me rogó que le sacase una diablesa que pintada tenía en casa; yo díxele que la mostrase y sacóla, y en ver el retrato, conoscí quién era la dama y llevémela, y así ha venido á mi poder; que no querria causase enojo entre sus competidores la queda en miralla tanto placer á sus servidores; y para escusar que no viniésedes á las manos, querria veros á las lenguas, con lo que diré; que entreis en campo los dos á daros de motes, y serémos jueces don Francisco y yo, y el que mejor nos parecerá que lo ha hecho, se lleve el retrato: pareció tanto bien á todos, cuanto parece mal reñir los competidores, que el competir descubre quién sabe servir. Comenzó los motes don Luis Milan, y dixo:Señor Joan: Si tan bueno fuésedes en casa como en calle, n’os hubiera puesto nombre vuestra mujer, Encasamalo.Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, si tan bien acabásedes en los amores como empezais, n’os hubieran puesto por nombre las damas, Enmalacaba.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, dicho me han que sois en amores perrigalgo, que levantais liebres y otro las mata.Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, no creais lo que os dicen de mí, que tambien me han dicho de vos que sois en amores perro mestizo, que levanta liebre y mata lagarto.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, apodo’s al muy frio caballero catalan, que le cantaban en Barcelona:Del galan de don DimasNous ne cal tenir enveja.Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, apodo’s á Calisto, que siempre decia: Yo Melibeo só; y vos siempre decis: Yo Margarite só.Dixo don Luis Milan: Señor Joan, camaleon me pareceis en amores, que mudais muchos festejos y colores; que por esto os hice esta copla á un vestido morado que sacastes de la color que iba vestida la mujer que servíades entónces, y la copla es ésta:¿Es morada intincion,Ó intincion enamorada,Ó es condicion mudada,Vuelta en camaleon?Camaleon sois, mi señor,Esto cierto debe ser,Qu’en mudar de nuevo amor,Os vestis de la colorQue se viste la mujer.No más, no más, dixeron don Diego y don Francisco, que fueron jueces dellos, y dieron el retrato de su dama á don Luis Milan, que ganar en el campo muy gran verdad muestra, pues la señal que mostró desu lágrima era testigo de la verdad. Rogaron á don Luis Milan que sacase un otro soneto, y fué tan bueno para desenojar á Joan Fernandez, que no sin razon dixo: El soneto me cata.Quiero pasar por todos estamentos,Dende el mayor hasta el menor convidoPara comer con Vénus y Cupido,Y gustarán guisados descontentos.Pocos irán de su manjar contentos,Pues es comer muy tarde digirido,El nombre dél se nombra doloridoPor dar dolor de muchos sentimientos.Al que darán manjar de venturososMuy buena pro terná de su comida,No morirá del mal de enamorado;Que d’este mal mueren presumptuosos,Que es condicion jamas no digirida,Que bien sufrir de todos es loado.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, tales son vuestras cosas que á Joan Fernandez matais de envidia mala, y á don Francisco dais la vida de envidia buena, porque la mala quiere deshacer lo bueno de todo, y la buena no quiere gastar lo qu’es de alabar; al uno haceis hacer cara de perro cuando regaña de envidioso, y al otro cara de papagayo risueño.Dixo Joan Fernandez: Don Diego, puesapodastes nuestras caras, yo’s apodo la vuestra á cara de truhan pedigüeño, que no se la pueden ver de zuño quando no le quieren dar lo que pide. Demandásteme unas espuelas, y si fuera freno n’os lo negára, pues lo habeis más menester.Dixo don Francisco: Don Diego, vos habeis hallado lo que buscábades, que buscando lo que no conviene se halla lo que no cumple, como halló un truhan que iba buscando los cinco piés del carnero, y él no tiene sino cuatro, porque un médico le habia dicho que si le hallaba y comia dél sería muy donoso; y pensando dónde le podria hallar, díxole un otro truhan: Yo he comido dél, y por esto soy más donoso de lo que ántes era, tú le hallarás en su lugar donde yo le hallé, que fué en una cocina de frailes; y creyéndole, entróse por ella vestido como fraile á hora de comer, y reconocia las ollas si le hallaria, y viniendo los que servian y viendo que no era el cocinero del monesterio, lleváronlo delante del superior dellos, y sabido todo el caso por que era venido, mandóle desnudar y dar disciplina: y cuando le azotaban decíanle: ¿Que buscábades, don ladron? y él gritando decia: El cinquen pié del carnero; y respondian dándole: Ya le teneis, ya le teneis, id para donoso. Fuése desnudohuyendo, y topó con el médico que le habia aconsejado, y díxole riendo: ¡Oh, cómo estás donoso! tú debes haber comido del pié que te dixe; respondióle el truhan: Tal pase por tí; y contóle todo lo que le siguió; y el médico le dixo: Agora ternás que contar para hacer reir con el pié del carnero que te dieron á comer los frailes. Yo creo, don Diego, que, segun sois donoso, vos habeis comido dél, que muchas veces le vais á buscar.Respondió don Diego Ladron: Don Francisco, mejor puedo yo deciros donoso que vos á mí, que dese pié que decis que voy buscando andais vos coxqueando, como acontesció á un caballero aragones en Barcelona, que en este cuento oiréis: Siendo visorey don Fadrique de Portugal, mandó que ningun cojo anduviese de noche por la ciudad, porque muchos lo hacian para engañar, y como una noche topase uno, mandóle llevar preso, y era el caballero aragones, que competia con él en amores, y díxole: Señor visorey, vení conmigo á la prision, pues estamos los dos en ella por amores, que del pié que yo coxqueo coxqueais vos tambien; dixo el Visorey: Soltalde,Que harto preso estáQuien d’amores cojo va.Don Francisco, teneos por entendido que dos de un mal se conocen por señal; dejadme revolver con don Luis Milan sobre el postrer soneto que nos ha dicho, que no se ha de tratar poco de lo mucho ni mucho de lo poco. Oidme, don Luis Milan: Vos decis en vuestro soneto que del mayor hasta el menor convidais á todos, para comer con Vénus y Cupido, y gustarán guisados descontentos; comeos vos solo tal guisado si mal provecho ha de hacer; mesonero catalan debeis de ser en amores, que dais mal á comer y haceisos pagar á vuestro placer.Dixo don Luis Milan: Yo he convidado de lo que Cupido da á comer á los que maltrata, que pocos irán de su manjar contentos, pues es muy tarde ó nunca digirido en el estómago desdichado; y si alguna vez, del mucho calor enamorado, lo viene á digirir, para estar contento ha de ser con grandes trabajos que muelan el ahito desdeñado, untándose con el ungüento que le nombran «el porfiado», compuesto por la receta que dice, porfía mata venado.Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos, para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y álos que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida, pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó de servirla, diciendo:Que por no sufrir ultrajeMoriré desesperado,mostrando que la dama ha de mostrarseenojada si la sirve otro caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido, pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:Desdeñado soy d’amor,Guarde os Dios de tal dolor.GLOSA.El mayor mal de los malesQue el amor nos da á sentir,Lo que no pueden sufrirLos más simples animales,Es tan malo de pasar,Por ser esta mar mayor,Que me vengo ahogarCuando yo quiero cantar,Desdeñado soy d’amor.Es mi vida ya un poca,Si della querrán saber,Que en el gesto se ha de verCuando está muda la boca.Á muerte soy condenado,Trátanme como á traidor;No vale ser coronadoPor leal enamorado,Guarde os Dios de tal dolor.Dixo don Luis Milan: Señor don Diego, reir me hecistes cuando os oí decir si me acordaba de los amores de Durandarte y Belerma, como si fuéramos de aquel tiempo. Si Dios os guarde, ¿habeis tenido mal frances? que de ahí os debe venir sacar amores de Francia; en la boca habeis debido tener este mal, que siempre teneis en ella á los franceses. Decíme, ¿qué os parece deste romance?Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles;Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce pares.Respondió don Diego Ladron: Paréceme tan bien como muy mal de la traicion que Galalon hizo, pues por él fueron vendidos y muertos de los moros los que no bastára matar todo el mundo, si apercibidos y no solos tomáran á don Roldan y á Oliveros y á Durandarte, que bien parece que le sois amigo en la glosa que hicistes á su romance, que dice:Durandarte, Durandarte,Buen caballero probado,que si gana os toma de tañer y cantalle, aquí tengo una muy buena vihuela y damas que os escucharán, que están en visita con doña María mi mujer.Respondió don Luis Milan: Señor don Diego, soy contento si n’os enojais que despues de este romance cante un otro, y podrá ser que os sane del mal frances que mostrais tener en la afeccion francesa, que traeis como á gorra en la cabeza.Dixo don Diego: No respondo á vuestra lengua por más presto oir tañer vuestras manos; yo voy á presentallas á las damas de la visita, de parte vuestra, que sé que os haré gran placer, y luégo volveré con el recaudo.Dixo don Francisco: No seais músico y no ternéis terceros; si fuese de don Luis Milan, yo le cantaria á don Diego: El diablo trae á su casa con que llore. Su pago sería que le quedase competidor el tañedor, como hizo aquel nuestro caballero valenciano nombrado Diaz, que trayéndole un gran amigo suyo á tañer á una dama que servia, se enamoró della, y el otro dia hallóle dando vueltas á caballo por su calle y díjole: ¿Anoche músico y hoy competidor? no seréis más mi tañedor; y Diaz le respondió: No siam mes amichs.Dixo Joan Fernandez: Muy gran necedades traer á tañer amigo que puede enamorar y enamorarse de vuestra amiga, que si él es para enamorar, n’os quejeis della, pues le traeis hombre que tenga lo que vos no teneis para contentar, y si es para enamorarse n’os quejeis dél, pues le fuisteis tercero, quejaos de vos mismo; por lo que dice el italiano: Non te fidar, e non saray gabato.Dixo don Diego: Don Luis Milan, hé aquí un paje que os trae un buen recaudo de parte de las damas, que no sé yo con qué pagueis una tan gran merced sino con una ingratitud á modo de encarecer, mas no de hacer, aunque dice el refran: No se puede pagar lo que no tiene precio; como quiso decir un caballero castellano, aquí en Valencia, al rey Francisco de Francia, cuando vino preso, saliendo de visitar á la reina Germana, francesa; y las palabras qu’el caballero le dixo fueron éstas: Syra, vuestra Majestad va preso de tal Emperador,Que en velle se volveráEn placer vuestro dolor.Y tan gran merced no puede pagarse sino con una ingratitud, y el Rey de Francia lo hizo mejor que se lo dixo; que en pagode habelle dado el Emperador libertad y á su hermana por mujer, en ser en Francia le rompió la paz y le movió nueva guerra; no querria, don Luis Milan, que, en pago de esta merced que os he hecho hacer á las damas, fuésedes tan ingrato como fué el Rey de Francia, pues sería peor mal frances el vuestro que no el mio. Paje, dile el recaudo que le traes de parte de las damas, que buena pro me haga.Dixo el paje: Señor don Luis Milan, mi señora y las señoras que arriba están, mueren de deseo de veros y oiros, y dicen que si vuestra merced tiene el mismo deseo, podréis cantar:Nunca fuera caballeroDe damas más bien querido.Respondió don Luis Milan: Paje, diréis á todas esas señoras que os envian, que yo les beso las manos y cumpliré su deseo, pues el mio muere porque me vean y oigan, y responderé á su romance con este villancico:Si amores m’han de matar,Agora ternán lugar.Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan,vamos, vamos, que yo temo de cantar:D’este mal moriré, madre,D’este mal moriré yo.Y en ser todos delante las damas, don Diego tomó de la mano á don Luis Milan, diciendo:Señoras, hé aquí á OrfeoQue yo le querria más feo.Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Señor don Diego:Nunca os vi tener temorÁ ningun competidor,Y agora veoQue Narciso teme á Orfeo.Dixo don Luis Milan: Señora doña Leonor, con una glosa quiero responder á vuestra merced, que me mandó hacer una dama á esteMOTE.Guárdeme Dios de mí.GLOSA.Si Narciso se ahogoDe sí mismo enamorado,Tened de vos más cuidado,Pues que ménos se perdióEn haber á vos cobrado.Y pues más teneis razonDe la que tuvo de sí,Traed con gran devocionEl mote por oracion,Guárdeme Dios de mí.Con más razon debe temer de su hermosura, señora doña Leonor, que n’os acontezca como á Narciso, pues siendo ménos la dél que la vuestra, se turbó, de sí mismo enamorado, mirándose en una fuente donde cayó y murió ahogado; mande vuestra merced al Narciso, que habeis nombrado que traiga consigo el mote por oracion, porque no se ahogue si se turba mirándose muy hermoso en la fuente de vuestra hermosura.Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis Milan, para celos sería bueno vuestro requiebro, pues decis que el Narciso que la señora doña Leonor ha nombrado pasa peligro de ahogarse, mirándose muy hermoso en la fuente de su hermosura, que si no me engaño, no es feo quien en su dama se mira Narciso; tales celos como los vuestros no los hay en Portugal.Dixo la señora doña Ana: Señora doña Leonor, departa vuestra merced á Joan Fernandez y á don Luis Milan, que si tales cortesanos dan en alabar vuestra hermosura,no quedará qué alabar para nosotras ni quien alabe la nuestra, que don Diego Ladron no está para alabarnos, que tomado está de ojo y don Francisco de boca.Dixo la señora doña Leonor: Señora doña Ana, no tengo qué departir, pues no tienen qué partir conmigo los cortesanos que ha nombrado, depártalos vuestra merced, ó desencante á don Diego y á don Francisco, que están encantados mirando vuestra gracia y hermosura.Dixo don Diego: Señora doña Leonor, diga vuestra merced á la señora doña Ana que si yo estoy tomado de ojo, ella no lo está de boca, pues no mira lo que habla, sino dígalo don Francisco, que tambien ha muerto su pájaro como el mio con la piedra que nos ha tirado; cure de su comendador Montagudo, que va tan ciego de miralla como ella por no velle, y vayan á Sancta Lucía que los sane.Dixo don Francisco: Don Diego, n’os maravilleis deso, que la señora doña Ana se burla de todos por ir de véras con uno, y es su marido, que lo quiere tanto, que hizo apedrear á su Montagudo una noche porque le hacia cantar á la puerta: «La bella malmaridada» á un ciego.Dixo la señora doña Hierónima: Yo quieroresponder por la señora doña Ana por las pedradas que decis que tiró; habeis de saber que no tira piedras sino quien no piensa tirallas, que en su seso está quien sabe lo que hace, que no es tirar piedras adonde se debe, pues hay galanes que lo piensan y no lo son, que para sello, en todo lo deben ser, que el ojo y la boca, la mano y el pié no se han de mover sino para contentar á las damas, que don Diego bien mostró estar en pasion y no en razon, pues habló lo que no quiso entender; que la señora doña Ana no mató su pájaro ni el de don Francisco, pues no fué la que tiró, sino piedra iman que nos tira á querella; que no fué mal decir lo que dixo, que de muy enamorados el uno estaba tomado de ojo y el otro de boca, que de pensar es que lo hizo para hacelles hablar, pues se perdia mucho en ellos callar.Dixo la señora doña María: Paréceme que convidamos don Luis Milan á una vihuela y dámosle á comer palabras; callemos, qu’es gran desacato que su tañer calle por nuestro hablar, y este descuido que habemos tenido merece ser perdonado, pues oyéndole hablar hace olvidar su tañer, y tañendo se olvida su hablar.Dixo don Luis Milan: Señora doña María,no he visto descuido con tan buen adobo como este que vuestra merced ha adobado; no le ponga tal nombre, que no ha sido sino cuidado para que yo oyendo palabras tan cuerdas lo fuesen las de mi vihuela, que, remedando armonía, de tan dulce conversacion saque el mal espíritu de la envidia del cuerpo de Joan Fernandez, como hacia el arpa de David al rey Saul; y por hacer lo que me rogó don Diego, lo primero que cantaré será la glosa que hice al romance de Belerma y Durandarte quando se dejó de servirla, y es ésta:Ya no es él, perdido estáEl que no cura de fama,Que el galan sin servir damaFuera de camino va.Vuelve, vuelve, caballero,No quieras desesperarte,Que en tu amor tan verdaderoSiempre serás tú el primero,Durandarte, Durandarte.¿Cómo estás de tí tan fuera,Que tán fuera estás de mí?Ménos de tí conoscíQue si no te conosciera.No te venza la pasion,Sino la de enamorado,Y á mayor satisfacionPrueba y tente á la razon,Buen caballero probado.No estés tanto sin acuerdo,Pues tan acordado erasQue en las burlas y las vérasNadie se halló más cuerdo.Para tu mortal dolorGran remedio te sería,Que d’aquel tan gran favorAceptarte servidor,Acordar se te debria.Quien del tiempo se olvidaEl tiempo se olvida dél,Mucho es para sí cruelQuien lo fué para su vida.Tanto un tiempo te acordabasCuanto fuistes envidiado,Y pues todo lo alegrabas,Muestra ser lo que mostrabas.D’aquel buen tiempo pasado.No parece que pasabaCuando el tiempo entretenias,Las tinieblas despediasY la noche se aclaraba.Tus mayores devaneosEran en tí perficiones,Pues que fueron tus arreosCuándo en justas y torneos,Cuándo en galas y envinciones.Nunca fué tal amadorEn amar como tú fuiste.Siempre alegre sobre tristePor no descubrir favor.No porque te hice favoresÁ mi costa y á tu grado,Sino alivio de dolores,Pues penando sin clamoresPublicabas tu cuidado.Tu mirar fué por mirarmeCon acatamiento y honra,Nunca fuiste á mi deshonraSino para más honrarme.Durandarte solias ser,Y dudo haberte conocido,Porque está sin conocer,Sin oir, hablar, ni ver.Agora desconocido.Estos ruegos no lo son,Pues que yo doy por testigoLo pasado, y lo que digoAbonando mi intincion.No te ruego yo por mí,Pues lo tienes tan probado,Lo que te ruego es por tí,Que no siendo tú sin mí,Di ¿por qué me has olvidado?RESPUESTA DE DURANDARTE.Ya, señora, no soy yo,Pues no sois, señora, vos;La que se sirve de dos,Nunca amor en ella entró.Razon hay de sospecharQue burlais mucho de véras,Pues mudastes en mudarCon las obras el hablar,Palabras son lisonjeras.Si tan grande voluntadTan abierta n’os mostrára.Yo no viera cara á caraTanto vuestra crueldad.Voluntad tan verdaderaNunca tan mal s’ha pagado,Pues m’he visto en vos quien eraPor lo que mostrais afuera,Señora, de vuestro grado.En mis ojos mostraréSiempre seros tan amigos,Cuanto vos muy enemigosLos hicistes sin por qué.Mientra ojos mirarán,Bien verán cuanto y’os quise,y por lo que en mí verán,Todos os preguntaránQue si yo mudanza hice.Si algun tiempo vos quejais.No hay razon para quejaros,Pues mostrais apïadarosDe quien n’os apïadais.Si se viene á tocarLo que habeis falsificado,En la piedra de mi amarSe verá que mi mudarVos, señora, lo heis causado.Yo querria mas no puedo,No decir lo que se muestra,Que lo qu’es á culpa vuestraDe vergüenza tengo miedo.Y aunque en damas no es tan malNo tener ley en no veros,Siendo yo tanto leal,En vos fué más que mortal,Pues amastes á Gaiferos.Y si esto á vos infama,Sálveos esta razonQue en nosotros es traicionLo que no es traicion en dama.El quejar solo me quedaÁ mí triste agraviado,Pues fortuna siempre rueda,Imposible era estar quedaCuando yo fuí desterrado.Es la ley en los destierrosSufrir pena por un yerro,Mas en mi triste destierroYo la sufro por dos yerros.El otro fué vos consentir,Servidor, en mi viaje,Que por esto he de morirPor sufrir y más sufrir,Y por no sufrir ultraje.Como si fuera traidorMe habeis dado la sentencia,Haceisme sin competenciaY distes me competidor.Nunca fué tan mala suerte,Ni se vió tal desterrado,Ni habrá quien lo concierte,Y pues todo sabe á muerte,Moriré desesperado.FIN.Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles,si fueron vencidos fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza, que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles,Que salida fué de FranciaPara alzaros con España.Cuando don Alonso el CastoLlamó al Emperador CarloPara conquistar los morosDe Castilla cativada,Prometiéndole su reinoSi hacia esta jornada,Y españoles no quisieronMostrar gente acobardada,Que el gran leon españolBravo Bernaldo del Cárpio,Fué muy valerosa lanzaY gran cortador d’espada.Salió con sus españolesDefendiendo vuestra entradaEn la muy cruel batallaDe Roncesvalles nombrada.Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce Pares,Porque fuera tiraníaFrancia reinar en España.Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’osagradezco lo que vos debeis agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la error francesa contra la verdad española.Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz. ¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas? Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras, porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os curase, que es vuestra enxarmadora.Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía «Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.» Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decísy no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice: los que no tienen sentir, no saben agradecer.Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.Y no es pocoQue desto se vuelva loco,Que sólo de vos lo estáQuien nunca envidiado há.Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no revidaria con este envite:Si n’os hubiera oido,Pluguiera Dios que no fuera,Porque yo no aborrecieraCuantos han por mi tañido.Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.Dixo Joan Fernandez: Señoras, como ápan bendito habeis gustado y comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si es verdad.Respondió don Francisco:Amén, amén, dixo tioVámonos luégo á cenar,Que diez horas son ya dadasY es bien irnos acostar.AQUÍ SE ACABA LA SEGUNDA JORNADA Y COMIENZA LA TERCERA.
Y en ella verán que los caballeros de los nombres mudados no quisieron dexar los suyos, que no se debe dexar nombre de buen renombre.
La conversacion della será declarar al principio debaxo jocosidad el presente
SONETO.
Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades,Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.
Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios de amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.
¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente;
Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.
Dice Joan Fernandez: Don Luis Milan, vos decis en el presente soneto vuestro estos versos que dicen:
Con alta voz yo cantaré llorando,Pues es llorar cantar penalidades.
Maravillado estoy de vos, que nos quereis dar á entender que se pueda cantar llorando; acompaña-muertos debeis ser, que paresce que lloran cantando, y queréisnos cantar á muertos entre vivos.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, no os debeis maravillar de lo que puede ser, que cantar versos de penalidades es llorar cantando; bien sé que vos lo sabeis mejor que yo, pues sois llorador y cantador en amores, que de vuestra dama he sabido que una noche os tomó por mochuelo, que fuera mejor por mozuelo, para parescelle bien vuestro canto, que por no sello le parecistes mal; sino, dígalo vuestro amigo don Francisco Fenollet, que se entiende de cantos de mochuelos, si lo pareceis; pues de aborrecido de las damas, por ser más mocero que damero, pareceis que llorais cantando.
Dixo don Francisco Fenollet: Señor don Luis Milan, jugador debeis ser de axedrez, que dais jaque á uno y mate á otro; áJoan Fernandez dixistes mochuelo, y á mí que me entiendo de cantos de mochuelos; pues sabed que cantan por vos este cantar:
Pajarero sois d’amor,Mi señor,Pajarero sois d’amor.
Sino, dígalo si lo pareceis don Diego Ladron, pues sois de su condicion.
Dixo don Diego Ladron: Señor don Francisco, vos dixistes á don Luis Milan que debia ser jugador de ajedrez, y vos lo sois de espada de dos manos, pues con tanto osar acometeis á dos, diciendo que don Luis y yo somos pajareros en amores, y nuestros pájaros, respondiendo por nosotros, dicen de vos cantando:
Engañado andais sirviendo,Nuestro amigo,Que en amor sois papahigo.
Callad y callemos, que sendas no tenemos, y Joan Fernandez pida á don Luis Milan que nos acabe á declarar su soneto.
Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis, pues sois colmena de miel, acabad de darnos á comer della sin abejas, que hasta agora no la habemos gustado sin ellas; pues nos han picado vuestros motes, que todo lotenemos por bien empleado porque acabeis el dulce panal de vuestro soneto.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, y’os agradezco, pues no me habeis dicho colmenero, que vuestra lengua lo queria decir y vuestro seso no lo sufrió, por ser tan sabido como donoso; pues en vos se ve cuanto bien paresce este dicho:
Primero debe venirAl seso que no á la bocaLa palabra, pues nos tocaPara dar muerte ó vivir.
Y pues me hicistes colmena, y’os haré della el colmenero, qué á la miel me supo el beso, y acabaré de dar á comer el panal de mi soneto, que, por ser á causa vuestra, será de miel; y pues sois traga-versos, empezad á comer estos dos, que dicen ansí:
Á fin de bien diré muchas verdades,Que muchos van por esto sospirando.
Quiero decir que yo diré las verdades á los penados amadores para que sepan guardarse de las mentiras que se dan á entender, confiándose mucho para seguir lo que les hace sospirar, como á Joan Fernandez cada dia le sigue, que se confia merescer en amores tanto, como desmerece en dexarseengañar de una tercera, que le da á entender ser verdades las mentiras que le dice para engañarle, y no la quiere creer de las verdades para desengañarle, como oiréis en este cuento que os diré: Una tercera de Joan Fernandez emprendió de metelle en casa, diciéndole que su señora lo sabía, y no era verdad, y encerrólo en un gallinero dándole á entender que era el más seguro lugar para no ser descubierto, y que cantase alguna vez haciendo el gallo, que su señora subiria á esta señal; y como él un dia cantase, la señora dixo: ¿De dónde nos ha venido este gallo que nos canta en casa? y la criada le respondió: No lo sé, suba vuestra merced arriba y vello ha; y como las dos subiesen y la señora viese á Joan Fernandez en el gallinero, díxole: ¿Quién sois vos que estais ahí? respondióle: Señora, soy el gallo de la pasion; y la señora se fué riendo y él se quedó hasta la noche, que la criada lo echó de allí, lleno de piojos de gallinas.
Dixo Joan Fernandez: Pues vos habeis dicho un cuento de mí, yo diré un otro de vos, y es éste: Sepan que don Luis Milan se halló en una huerta pasada media noche, y era en una casa fuera de la ciudad donde él hacia entradas y salidas siguiendo sus aventuras en amores, y, como quisiese salir, hallóla puerta falsa cerrada, y el hortelano tan borracho que nunca le pudo despertar. Fuéle forzado aguardar hasta la mañana, y al gran ladrar que un perro de la huerta hacia, el señor de casa con dos criados salió á ver por qué ladraba el perro. Y don Luis Milan, que los vió venir en punto de guerra, subióse en una higuera por no ser conoscido, y con un arcabuz que traia, amenazábales de arriba, diciendo: Guarda el arcabuz, y ellos decian: ¿Quién sois, quién sois? y él díxoles: Higo soy, higo soy. Y ellos, finados de risa, abrieron la puerta y él salió corriendo y ellos dándole grita, al higo, al higo, y así se salvó por donoso, haciéndose higo, como yo en el gallinero gallo.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, si quereis trocar, yo me comeré vuestro gallo y vos comeos mi higo con el cuarteto de miel que os daré, que son estos cuatro versos del soneto:
Mi fin será que vayan escuchandoPara mostrar las fieras crueldades,Qu’el dios d’amor, por campos y ciudades,Á sombras va con sombras espantando.
Digo que mi fin es avisar que vayan escuchando los que están ó podrian estar enamorados,para saber las fieras crueldades que el dios de amor hace por campos y ciudades, desde el mayor hasta el menor, espantando con sombras que son todas sus cosas, á sombras que no son hombres, como le ha seguido á don Francisco, que sabiendo que’l dios de amor no tiene poder si no se lo da el amada para enamorar á su amador, ó el amador para enamorar á su amada, siendo tan sabido, no se ha podido guardar destas armas de Cupido, que sombras son para quien resistirle puede, y el que se deja vencer dél es más sombra que hombre; digámosle, pues, don Francisco sombra; aparéjese don Diego Ladron á comer la postre de mi soneto, que son estos seis versos, nombrados tercetos:
¿Sabeis quién es el dios d’amor nombrado?Tené por fe qu’es nuestro mal deseo,Por desear desvergonzadamente.
Desnudo va quien es desvergonzado,No le creais, que no es Dios ni lo creo,Que lo qu’es Dios no reina malamente.
DECLARACION DE LOS DICHOS VERSOS.
Con gran curiosidad he sacado en limpio quién podia ser este Cupido, nombrado dios de amor de la mentira, y pintado, como le veis, de la verdad, y hallaréis que enlos enamorados viciosos es nuestro deseo que, por desear desvergonzadamente, le pintan desnudo como á desvergonzado y ciego, pues lo son todas sus cosas, y con armas para hacer mal, pues siempre lo hace, que cuanto más da placer, no está sin dar pesar; nómbranle aquello que él no es, pues lo que es Dios no reina malamente, para que don Diego Ladron crea en lo que es Dios, y no en quien no lo puede ser, como de muy enamorado, le tomé un dia por el mismo dios de amor.
Dijo don Diego Ladron: Nunca he visto buena postre y mal provecho sino agora, habeisme convidado á tercetos y hanme sabido á motes, ni los unos ni los otros me han parescido mal por ser vos el convidador; pagar os quiero esta comida con este cuento que oiréis: El almirante de Castilla convidó á unos portugueses, y fueron servidos de truhanes á la mesa porque les diesen de motes, y dióles por comida no más de ruiseñores, que son aves de poca carne y mucho cantar; y como ellos estuviesen muertos de hambre y hartos de risa por haber comido poco y reido mucho, con los truhanes, dixeron: Señor Almirante, mais manjares é ménos donaires. Don Luis Milan, yo no he dicho esto sino porque nos deismás sonetos y ménos motes, aunque todo es tan bueno que por vos se puede decir: Cada cosa en su lugar, imposible es enojar.
Dixo don Luis Milan: Responder os quiero con otro cuento, y es éste: Un señor tenía un barbero en su casa, y era tan loco, que siempre queria hacer el donoso, y tan importuno, que jamas se apartaba de su señor quebrándole la cabeza de mucho hablar; tanto, que de sus locuras adolesció de dolores de cabeza que tenía muy á menudo, y para sanalle, untábale la cabeza en tomalle el dolor, y en lugar de sanar, más adolescia. Cayó en la cuenta su señor que su barbero le habia adolescido, y díxole: Véte de mi casa, que yo no sé que sepas hacer otra cosa sino quebrarme la cabeça y untarme los cascos; que ni sabios verbosos ni ignorantes graciosos.
Dixo don Francisco Fenollet: Don Luis Milan, pues don Diego Ladron os quebró la cabeza con su cuento, y vos os habeis bien pagado con el vuestro, untalde los cascos con otro soneto y quedarémos de las burlas en paz, con tan buenas véras como vos nos dais.
Respondió don Luis Milan: Soy contento si no salle algun cuento fuera de tiempo,que los cuentos, para nunca enojar, han de ser en su lugar.
Aseguralde y salir ha; y respondieron: Él se asegura tanto como está seguro de no parescer mal, y con esta seguridad, el soneto salió diciendo:
De mí dirán aquel refran muy cierto:Quien no’s á sí, ¿á quién podrá ser bueno?Escarmentad por bien en mal ajeno,Y no burleis de quien muchos ha muerto.
No sea, pues, mi prédica en desierto,Que mal amor peor es que veneno,Pues deste mal á mí mismo condenoPor despertar á quien no va despierto.
Ya veis que fué d’aquel tan gran maestroDel griego rey, Alexandre nombrado,Que fué d’amor de su mujer vencido.
Della se vió con freno ir de diestro,Y respondió: Deste gran rey burlado,¿Qué harás tú, si yo no me he valido?
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, lo que en vos sobra, en nosotros falta para alabaros; mucho debeis á Dios, merescimiento habréis de amprar á toda la letanía de los santos para pagar tan gran deuda, como debeis á quien os crió, porque vos avisais muy avisadamente en vuestro soneto á todos que escarmienten en mal ajeno mirando el vuestro, y no desperdicien lo buenoque vos aconsejais y el mal que Cupido puede hacer, trayendo por exemplo lo que le siguió al gran Aristotil con la mujer del rey Alexandre, su discípulo, que en este cuento oirán:
El príncipe de los filósofos, nombrado Aristotil, siendo maestro del rey Alexandre, se enamoró de la mujer de su discípulo, y de muy enamorado se desvergonzó á pedille lo que no debia, y ella, burlando dél, le otorgó lo que no debiera, diciéndole: Aristotil, yo soy contenta de hacer cuanto me pides, si tú te dejas enfrenar y ensillar de mi mano en secreto, sólo para que yo tenga contento de mí, que pudo mi hermosura vencer á tu gran saber; y teniéndole encerrado de la manera que habeis oido, como á bestia, hizo venir á su marido Alexandre para que viese á su maestro; y muy espantado de velle como estaba, le dixo: ¡Oh Aristotil! tú, que me avisabas con todo tu saber que me guardase de ser vencido y sojuzgado de mujer, ¿te has dexado vencer? Respondióle como á sabio, aunque estaba como bestia: ¡Oh Alexandre! agora te debes más guardar viendo que yo no me pude defender, ¿qué harás tú si no te guardas? que á mí me han traido en lo que estó.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez,gracias os hago, pues habeis declarado mejor que yo supiera declarar mi soneto; si vos me emprestais vuestra lengua, que tanto bien sabe alabar burlando, y’os emprestaré mis manos para que tañendo desenojeis lo que me habeis enojado burlando de mí con tanto alabarme cara á cara, que de corrido estoy para correr á pedir socorro á don Diego Ladron, que responda por mí y me vengue de vos, como hizo un portugues en este cuento que os contaré: Vino á Castilla un portugues, y dixo que era venido para vender donaires á castellanos, y viniendo un castellano á mercalle un donaire, el portugues le dixo: Castelau, ¿cuánto m’habeis de dar que heu vos faça donoso? y respondió el castellano: Pagaros he con un cuento muy bueno desto que se siguió en Lisboa, que oiréis: Fué un castellano á Portugal diciendo que los portugueses habian enviado á Castilla para que viniese algun castellano á mostralles ser donosos, que el Rey de Portugal lo pagaria muy bien, y que él venía allí para maestro de donaires; y parando escuela, tenía muchos criados del Rey que les avezaba á ser donosos desta manera: hacíales desnudar y metíales al sol en el verano quando más hervia, y dábales aire con unos fuelles por laboca, que abierta con un badajo tenian, y en ver á su discípulo bien hinchado, hacíale atapar la boca y el aire salia por detras con muchos truenos; convidaba á los vecinos para que viesen si sabian bien estos donaires. Y ellos decian: Castelau, fazey boca donosa que rabos donosos son. Y en oir esto el portugues que era venido á vender donaires á Castilla, fuése de corrido diciendo: Vo correndo á Portugal á trazer socorro de un muito donoso portugues que nos vengue de un frio castelau. Señor Joan Fernandez, esto he dicho por ir corriendo de corrido para que venga don Diego Ladron á vengarme de vos, que sois tal cortesano que alabais para burlar, pues sabe á burla alabar con palabras para hacer reir como vos hecistes, diciendo que yo debia tanto á Dios, que para pagalle habia menester amprar merescimientos á toda la letanía de los sanctos. Yo voy por don Diego Ladron que me venga á socorrer.
Dixo don Diego Ladron: No será menester, que muy bien he oido lo que habeis pasado con Joan Fernandez, y no le quedais deudor, que muy bien le habeis pagado; sino, dígalo don Francisco, que los dos estábamos escuchando de la cuadra de fuera mirando una pintura que yo saqué, y en oir la escaramuzade los dos, fué parte para que dejásemos de gozar con los ojos de la buena pintura que teníamos entre manos, para recrearnos con los oidos de oiros á los dos.
Dixo don Francisco: Señor don Diego, vos habeis movido una question diciendo que no le debe nada don Luis Milan á Joan Fernandez, que no la podrémos apaciguar sino con mostralles vuestra pintura; sacalda, que bien menester será; dádmela, que yo la quiero amostrar, porque si los dos vienen á reñir, yo me porné entre ellos, y en ver el retrato de su dama, todos se convertirán en ojos, que no ternán manos para desacatarse delante della, haciendo besar, como á portapaz, esta pintura, pues es el retrato de la dama que van servidores don Luis Milan y Joan Fernandez. Parésceme que acontecerá con esta tabla deste retrato, lo que aconteció en nuestra Valencia con un otra tablilla de un sancto que hacia reñir y hacer paz, como en este cuento diré: Iba un chocarrero por Valencia, vestido como fraile, pidiendo con un sancto que traia pintado en una tablilla, que por esto le decian el fraile de la posteta, y en hallar alguno que al seguro le podia hacer besar la tablilla, metíase tras el hombre y hacíasela besar por fuerza y pedíale caridad, ycomo alguno no se la queria dar con el modo que la pedia, díxole uno, que no merescia caridad paz que reñir hacia; y el fraile gritaba diciendo que no creian en el sancto, y ellos que sí, y él que no, venian á las manos alguna vez sobre esto, y diciéndole un departidor que hiciese paz con el hombre que habia reñido, díxole el fraile: No haré paz si no la paga al sancto, y siendo contento su contrario dixo: Yo doy caridad á un sancto por hacer paz con un diablo. Y tornando á nuestro propósito, hé aquí la tabla del retrato de vuestra dama, que fuerza tiene para paz lo que puede hacer reñir.
Dixo Joan Fernandez: Yo querria mucho saber cómo ha venido en manos de don Diego este retrato, porque á mí me la hurtaron por temor de mi mujer, que un dia reñimos por ella sobre esto que oiréis: Yo la tenía en mis manos solo encerrado en una cámara y decíale: Más te quiero yo pintada que á mi mujer viva, pues tú me desenojas en mirarte, y mi mujer me enoja en mirarme, ella de braveza me mata, y tú de benina me resucitas, y como ella me viese y oyese por la cerradura de la puerta, abrió y entró diciendo: Á mis manos habeis de morir, don traidor; yo díxele: Buena mujer,teneos allá, que no soy quien vos pensais, nombraisme don traidor y á mi vez me dicen don leal. Respondió: No sois sino don diablo; pues estais idolatrando en esa diablesa pintada, que más lo va ella de afeites que vos la teneis en esa tablilla. Respondíle: Á lo que me decis que soy diablo, agora me habeis acertado el nombre, que para ser uno galan ha de ir tras las almas como él va, aunque yo no lo soy para vos, que nunca iré tras vuestra alma siendo tan rabiosa; y á lo que decis que esta dama va de afeites más pintada que aquí está en la pintura, ¿n’os acordais que un dia os desconocí en una fiesta, muy pintada de afeites, y tomándoos por otra os decia de amores y vos me respondistes: Ciego, rézame una oracion; y conociéndo’s en el habla os dixe: Más os querria pintada y muda que despintada hablando?
Dixo don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, vos pretendeis que el retrato de nuestra dama es vuestro, yo no otorgaré jamas sino qu’es mio, porque yo le hice pintar y hurtáronlo de casa del pintor, y creo que vos lo habeis hecho, pues estaba en vuestro poder; y porque se vea qu’es mio, hé allí aquella señal, que llorando de vella tan hermosa pintada como desapiadadaviva, cayó una lágrima mia sobre su mano y hizo aquel agujero que veis, y de presto demandé tinta y papel, haciendo una glosa á este villancico que tan á mi propósito hecho está, que en el postrer verso le hallaréis de cada copla destas que yo os diré agora:
Tengo tanto sentimientoDe lo que me haceis sentir,Que siento tanto el morirCuanto mi vivir no siento.
Deste mal saco este bien,Que estoy hecho un Hieremías,Que por vuestro gran desden,Lloran mi HierusalenLas tristes lágrimas mias.
Mi Hierusalen en mí,Es la triste de mi vida,Que la veo tan caidaCuanto yo de vos caí.
No alcanzo un válaos Dios,De caida tan mortal,Que llorando para dos,De no hacer señal en vos,En piedras hacen señal.
Son tan grandes mis enojos,Que sangre vengo á sudar,Y me siento distillarAgua amarga por los ojos.
De mí tiene piedadCualquïer fiero animal,Qu’en tan grande crueldad,
En todos hay caridad,Y en vos nunca, por mi mal.
Señor Joan Fernandez, muy gran menoscabo de mi honra sería sufrir que aquella que está siempre en mi pensamiento, que yo hice pintar, la dexe estar en quien, ni viva ni pintada, la quiere tanto como yo.
Respondió Joan Fernandez: Don Luis Milan, ántes moriré que yo otorgue lo que decis, ni consienta lo que vos quereis, y pues nadie la puede querer más que yo, no está bien que esté sin mí quien no puede estar sin ella.
Dixo don Diego Ladron: Yo quiero responder á lo que el señor Joan Fernandez dixo quando vió el retrato de su dama en mi poder, que holgaria mucho de saber cómo habia venido á mis manos; y ha de saber que visitando un dia su mujer con una dama que á su casa habia traido, nos contó la question que tuvo por ella con el señor Joan Fernandez, que aquí nos ha contado, y llorando me rogó que le sacase una diablesa que pintada tenía en casa; yo díxele que la mostrase y sacóla, y en ver el retrato, conoscí quién era la dama y llevémela, y así ha venido á mi poder; que no querria causase enojo entre sus competidores la queda en miralla tanto placer á sus servidores; y para escusar que no viniésedes á las manos, querria veros á las lenguas, con lo que diré; que entreis en campo los dos á daros de motes, y serémos jueces don Francisco y yo, y el que mejor nos parecerá que lo ha hecho, se lleve el retrato: pareció tanto bien á todos, cuanto parece mal reñir los competidores, que el competir descubre quién sabe servir. Comenzó los motes don Luis Milan, y dixo:
Señor Joan: Si tan bueno fuésedes en casa como en calle, n’os hubiera puesto nombre vuestra mujer, Encasamalo.
Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, si tan bien acabásedes en los amores como empezais, n’os hubieran puesto por nombre las damas, Enmalacaba.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan, dicho me han que sois en amores perrigalgo, que levantais liebres y otro las mata.
Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, no creais lo que os dicen de mí, que tambien me han dicho de vos que sois en amores perro mestizo, que levanta liebre y mata lagarto.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan, apodo’s al muy frio caballero catalan, que le cantaban en Barcelona:
Del galan de don DimasNous ne cal tenir enveja.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, apodo’s á Calisto, que siempre decia: Yo Melibeo só; y vos siempre decis: Yo Margarite só.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan, camaleon me pareceis en amores, que mudais muchos festejos y colores; que por esto os hice esta copla á un vestido morado que sacastes de la color que iba vestida la mujer que servíades entónces, y la copla es ésta:
¿Es morada intincion,Ó intincion enamorada,Ó es condicion mudada,Vuelta en camaleon?
Camaleon sois, mi señor,Esto cierto debe ser,Qu’en mudar de nuevo amor,Os vestis de la colorQue se viste la mujer.
No más, no más, dixeron don Diego y don Francisco, que fueron jueces dellos, y dieron el retrato de su dama á don Luis Milan, que ganar en el campo muy gran verdad muestra, pues la señal que mostró desu lágrima era testigo de la verdad. Rogaron á don Luis Milan que sacase un otro soneto, y fué tan bueno para desenojar á Joan Fernandez, que no sin razon dixo: El soneto me cata.
Quiero pasar por todos estamentos,Dende el mayor hasta el menor convidoPara comer con Vénus y Cupido,Y gustarán guisados descontentos.
Pocos irán de su manjar contentos,Pues es comer muy tarde digirido,El nombre dél se nombra doloridoPor dar dolor de muchos sentimientos.
Al que darán manjar de venturososMuy buena pro terná de su comida,No morirá del mal de enamorado;
Que d’este mal mueren presumptuosos,Que es condicion jamas no digirida,Que bien sufrir de todos es loado.
Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, tales son vuestras cosas que á Joan Fernandez matais de envidia mala, y á don Francisco dais la vida de envidia buena, porque la mala quiere deshacer lo bueno de todo, y la buena no quiere gastar lo qu’es de alabar; al uno haceis hacer cara de perro cuando regaña de envidioso, y al otro cara de papagayo risueño.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, puesapodastes nuestras caras, yo’s apodo la vuestra á cara de truhan pedigüeño, que no se la pueden ver de zuño quando no le quieren dar lo que pide. Demandásteme unas espuelas, y si fuera freno n’os lo negára, pues lo habeis más menester.
Dixo don Francisco: Don Diego, vos habeis hallado lo que buscábades, que buscando lo que no conviene se halla lo que no cumple, como halló un truhan que iba buscando los cinco piés del carnero, y él no tiene sino cuatro, porque un médico le habia dicho que si le hallaba y comia dél sería muy donoso; y pensando dónde le podria hallar, díxole un otro truhan: Yo he comido dél, y por esto soy más donoso de lo que ántes era, tú le hallarás en su lugar donde yo le hallé, que fué en una cocina de frailes; y creyéndole, entróse por ella vestido como fraile á hora de comer, y reconocia las ollas si le hallaria, y viniendo los que servian y viendo que no era el cocinero del monesterio, lleváronlo delante del superior dellos, y sabido todo el caso por que era venido, mandóle desnudar y dar disciplina: y cuando le azotaban decíanle: ¿Que buscábades, don ladron? y él gritando decia: El cinquen pié del carnero; y respondian dándole: Ya le teneis, ya le teneis, id para donoso. Fuése desnudohuyendo, y topó con el médico que le habia aconsejado, y díxole riendo: ¡Oh, cómo estás donoso! tú debes haber comido del pié que te dixe; respondióle el truhan: Tal pase por tí; y contóle todo lo que le siguió; y el médico le dixo: Agora ternás que contar para hacer reir con el pié del carnero que te dieron á comer los frailes. Yo creo, don Diego, que, segun sois donoso, vos habeis comido dél, que muchas veces le vais á buscar.
Respondió don Diego Ladron: Don Francisco, mejor puedo yo deciros donoso que vos á mí, que dese pié que decis que voy buscando andais vos coxqueando, como acontesció á un caballero aragones en Barcelona, que en este cuento oiréis: Siendo visorey don Fadrique de Portugal, mandó que ningun cojo anduviese de noche por la ciudad, porque muchos lo hacian para engañar, y como una noche topase uno, mandóle llevar preso, y era el caballero aragones, que competia con él en amores, y díxole: Señor visorey, vení conmigo á la prision, pues estamos los dos en ella por amores, que del pié que yo coxqueo coxqueais vos tambien; dixo el Visorey: Soltalde,
Que harto preso estáQuien d’amores cojo va.
Don Francisco, teneos por entendido que dos de un mal se conocen por señal; dejadme revolver con don Luis Milan sobre el postrer soneto que nos ha dicho, que no se ha de tratar poco de lo mucho ni mucho de lo poco. Oidme, don Luis Milan: Vos decis en vuestro soneto que del mayor hasta el menor convidais á todos, para comer con Vénus y Cupido, y gustarán guisados descontentos; comeos vos solo tal guisado si mal provecho ha de hacer; mesonero catalan debeis de ser en amores, que dais mal á comer y haceisos pagar á vuestro placer.
Dixo don Luis Milan: Yo he convidado de lo que Cupido da á comer á los que maltrata, que pocos irán de su manjar contentos, pues es muy tarde ó nunca digirido en el estómago desdichado; y si alguna vez, del mucho calor enamorado, lo viene á digirir, para estar contento ha de ser con grandes trabajos que muelan el ahito desdeñado, untándose con el ungüento que le nombran «el porfiado», compuesto por la receta que dice, porfía mata venado.
Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos, para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y álos que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida, pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.
Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó de servirla, diciendo:
Que por no sufrir ultrajeMoriré desesperado,
mostrando que la dama ha de mostrarseenojada si la sirve otro caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido, pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:
Desdeñado soy d’amor,Guarde os Dios de tal dolor.
GLOSA.
El mayor mal de los malesQue el amor nos da á sentir,Lo que no pueden sufrirLos más simples animales,
Es tan malo de pasar,Por ser esta mar mayor,Que me vengo ahogarCuando yo quiero cantar,Desdeñado soy d’amor.
Es mi vida ya un poca,Si della querrán saber,Que en el gesto se ha de verCuando está muda la boca.
Á muerte soy condenado,Trátanme como á traidor;No vale ser coronadoPor leal enamorado,Guarde os Dios de tal dolor.
Dixo don Luis Milan: Señor don Diego, reir me hecistes cuando os oí decir si me acordaba de los amores de Durandarte y Belerma, como si fuéramos de aquel tiempo. Si Dios os guarde, ¿habeis tenido mal frances? que de ahí os debe venir sacar amores de Francia; en la boca habeis debido tener este mal, que siempre teneis en ella á los franceses. Decíme, ¿qué os parece deste romance?
Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles;Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce pares.
Respondió don Diego Ladron: Paréceme tan bien como muy mal de la traicion que Galalon hizo, pues por él fueron vendidos y muertos de los moros los que no bastára matar todo el mundo, si apercibidos y no solos tomáran á don Roldan y á Oliveros y á Durandarte, que bien parece que le sois amigo en la glosa que hicistes á su romance, que dice:
Durandarte, Durandarte,Buen caballero probado,
que si gana os toma de tañer y cantalle, aquí tengo una muy buena vihuela y damas que os escucharán, que están en visita con doña María mi mujer.
Respondió don Luis Milan: Señor don Diego, soy contento si n’os enojais que despues de este romance cante un otro, y podrá ser que os sane del mal frances que mostrais tener en la afeccion francesa, que traeis como á gorra en la cabeza.
Dixo don Diego: No respondo á vuestra lengua por más presto oir tañer vuestras manos; yo voy á presentallas á las damas de la visita, de parte vuestra, que sé que os haré gran placer, y luégo volveré con el recaudo.
Dixo don Francisco: No seais músico y no ternéis terceros; si fuese de don Luis Milan, yo le cantaria á don Diego: El diablo trae á su casa con que llore. Su pago sería que le quedase competidor el tañedor, como hizo aquel nuestro caballero valenciano nombrado Diaz, que trayéndole un gran amigo suyo á tañer á una dama que servia, se enamoró della, y el otro dia hallóle dando vueltas á caballo por su calle y díjole: ¿Anoche músico y hoy competidor? no seréis más mi tañedor; y Diaz le respondió: No siam mes amichs.
Dixo Joan Fernandez: Muy gran necedades traer á tañer amigo que puede enamorar y enamorarse de vuestra amiga, que si él es para enamorar, n’os quejeis della, pues le traeis hombre que tenga lo que vos no teneis para contentar, y si es para enamorarse n’os quejeis dél, pues le fuisteis tercero, quejaos de vos mismo; por lo que dice el italiano: Non te fidar, e non saray gabato.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, hé aquí un paje que os trae un buen recaudo de parte de las damas, que no sé yo con qué pagueis una tan gran merced sino con una ingratitud á modo de encarecer, mas no de hacer, aunque dice el refran: No se puede pagar lo que no tiene precio; como quiso decir un caballero castellano, aquí en Valencia, al rey Francisco de Francia, cuando vino preso, saliendo de visitar á la reina Germana, francesa; y las palabras qu’el caballero le dixo fueron éstas: Syra, vuestra Majestad va preso de tal Emperador,
Que en velle se volveráEn placer vuestro dolor.
Y tan gran merced no puede pagarse sino con una ingratitud, y el Rey de Francia lo hizo mejor que se lo dixo; que en pagode habelle dado el Emperador libertad y á su hermana por mujer, en ser en Francia le rompió la paz y le movió nueva guerra; no querria, don Luis Milan, que, en pago de esta merced que os he hecho hacer á las damas, fuésedes tan ingrato como fué el Rey de Francia, pues sería peor mal frances el vuestro que no el mio. Paje, dile el recaudo que le traes de parte de las damas, que buena pro me haga.
Dixo el paje: Señor don Luis Milan, mi señora y las señoras que arriba están, mueren de deseo de veros y oiros, y dicen que si vuestra merced tiene el mismo deseo, podréis cantar:
Nunca fuera caballeroDe damas más bien querido.
Respondió don Luis Milan: Paje, diréis á todas esas señoras que os envian, que yo les beso las manos y cumpliré su deseo, pues el mio muere porque me vean y oigan, y responderé á su romance con este villancico:
Si amores m’han de matar,Agora ternán lugar.
Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan,vamos, vamos, que yo temo de cantar:
D’este mal moriré, madre,D’este mal moriré yo.
Y en ser todos delante las damas, don Diego tomó de la mano á don Luis Milan, diciendo:
Señoras, hé aquí á OrfeoQue yo le querria más feo.
Dixo la señora doña Leonor Gualvez: Señor don Diego:
Nunca os vi tener temorÁ ningun competidor,Y agora veoQue Narciso teme á Orfeo.
Dixo don Luis Milan: Señora doña Leonor, con una glosa quiero responder á vuestra merced, que me mandó hacer una dama á este
MOTE.
Guárdeme Dios de mí.
GLOSA.
Si Narciso se ahogoDe sí mismo enamorado,Tened de vos más cuidado,Pues que ménos se perdióEn haber á vos cobrado.
Y pues más teneis razonDe la que tuvo de sí,Traed con gran devocionEl mote por oracion,Guárdeme Dios de mí.
Con más razon debe temer de su hermosura, señora doña Leonor, que n’os acontezca como á Narciso, pues siendo ménos la dél que la vuestra, se turbó, de sí mismo enamorado, mirándose en una fuente donde cayó y murió ahogado; mande vuestra merced al Narciso, que habeis nombrado que traiga consigo el mote por oracion, porque no se ahogue si se turba mirándose muy hermoso en la fuente de vuestra hermosura.
Dixo Joan Fernandez: Señor don Luis Milan, para celos sería bueno vuestro requiebro, pues decis que el Narciso que la señora doña Leonor ha nombrado pasa peligro de ahogarse, mirándose muy hermoso en la fuente de su hermosura, que si no me engaño, no es feo quien en su dama se mira Narciso; tales celos como los vuestros no los hay en Portugal.
Dixo la señora doña Ana: Señora doña Leonor, departa vuestra merced á Joan Fernandez y á don Luis Milan, que si tales cortesanos dan en alabar vuestra hermosura,no quedará qué alabar para nosotras ni quien alabe la nuestra, que don Diego Ladron no está para alabarnos, que tomado está de ojo y don Francisco de boca.
Dixo la señora doña Leonor: Señora doña Ana, no tengo qué departir, pues no tienen qué partir conmigo los cortesanos que ha nombrado, depártalos vuestra merced, ó desencante á don Diego y á don Francisco, que están encantados mirando vuestra gracia y hermosura.
Dixo don Diego: Señora doña Leonor, diga vuestra merced á la señora doña Ana que si yo estoy tomado de ojo, ella no lo está de boca, pues no mira lo que habla, sino dígalo don Francisco, que tambien ha muerto su pájaro como el mio con la piedra que nos ha tirado; cure de su comendador Montagudo, que va tan ciego de miralla como ella por no velle, y vayan á Sancta Lucía que los sane.
Dixo don Francisco: Don Diego, n’os maravilleis deso, que la señora doña Ana se burla de todos por ir de véras con uno, y es su marido, que lo quiere tanto, que hizo apedrear á su Montagudo una noche porque le hacia cantar á la puerta: «La bella malmaridada» á un ciego.
Dixo la señora doña Hierónima: Yo quieroresponder por la señora doña Ana por las pedradas que decis que tiró; habeis de saber que no tira piedras sino quien no piensa tirallas, que en su seso está quien sabe lo que hace, que no es tirar piedras adonde se debe, pues hay galanes que lo piensan y no lo son, que para sello, en todo lo deben ser, que el ojo y la boca, la mano y el pié no se han de mover sino para contentar á las damas, que don Diego bien mostró estar en pasion y no en razon, pues habló lo que no quiso entender; que la señora doña Ana no mató su pájaro ni el de don Francisco, pues no fué la que tiró, sino piedra iman que nos tira á querella; que no fué mal decir lo que dixo, que de muy enamorados el uno estaba tomado de ojo y el otro de boca, que de pensar es que lo hizo para hacelles hablar, pues se perdia mucho en ellos callar.
Dixo la señora doña María: Paréceme que convidamos don Luis Milan á una vihuela y dámosle á comer palabras; callemos, qu’es gran desacato que su tañer calle por nuestro hablar, y este descuido que habemos tenido merece ser perdonado, pues oyéndole hablar hace olvidar su tañer, y tañendo se olvida su hablar.
Dixo don Luis Milan: Señora doña María,no he visto descuido con tan buen adobo como este que vuestra merced ha adobado; no le ponga tal nombre, que no ha sido sino cuidado para que yo oyendo palabras tan cuerdas lo fuesen las de mi vihuela, que, remedando armonía, de tan dulce conversacion saque el mal espíritu de la envidia del cuerpo de Joan Fernandez, como hacia el arpa de David al rey Saul; y por hacer lo que me rogó don Diego, lo primero que cantaré será la glosa que hice al romance de Belerma y Durandarte quando se dejó de servirla, y es ésta:
Ya no es él, perdido estáEl que no cura de fama,Que el galan sin servir damaFuera de camino va.
Vuelve, vuelve, caballero,No quieras desesperarte,Que en tu amor tan verdaderoSiempre serás tú el primero,Durandarte, Durandarte.
¿Cómo estás de tí tan fuera,Que tán fuera estás de mí?Ménos de tí conoscíQue si no te conosciera.
No te venza la pasion,Sino la de enamorado,Y á mayor satisfacionPrueba y tente á la razon,Buen caballero probado.
No estés tanto sin acuerdo,Pues tan acordado erasQue en las burlas y las vérasNadie se halló más cuerdo.
Para tu mortal dolorGran remedio te sería,Que d’aquel tan gran favorAceptarte servidor,Acordar se te debria.
Quien del tiempo se olvidaEl tiempo se olvida dél,Mucho es para sí cruelQuien lo fué para su vida.
Tanto un tiempo te acordabasCuanto fuistes envidiado,Y pues todo lo alegrabas,Muestra ser lo que mostrabas.D’aquel buen tiempo pasado.
No parece que pasabaCuando el tiempo entretenias,Las tinieblas despediasY la noche se aclaraba.
Tus mayores devaneosEran en tí perficiones,Pues que fueron tus arreosCuándo en justas y torneos,Cuándo en galas y envinciones.
Nunca fué tal amadorEn amar como tú fuiste.Siempre alegre sobre tristePor no descubrir favor.
No porque te hice favoresÁ mi costa y á tu grado,Sino alivio de dolores,Pues penando sin clamoresPublicabas tu cuidado.
Tu mirar fué por mirarmeCon acatamiento y honra,Nunca fuiste á mi deshonraSino para más honrarme.
Durandarte solias ser,Y dudo haberte conocido,Porque está sin conocer,Sin oir, hablar, ni ver.Agora desconocido.
Estos ruegos no lo son,Pues que yo doy por testigoLo pasado, y lo que digoAbonando mi intincion.
No te ruego yo por mí,Pues lo tienes tan probado,Lo que te ruego es por tí,Que no siendo tú sin mí,Di ¿por qué me has olvidado?
RESPUESTA DE DURANDARTE.
Ya, señora, no soy yo,Pues no sois, señora, vos;La que se sirve de dos,Nunca amor en ella entró.
Razon hay de sospecharQue burlais mucho de véras,Pues mudastes en mudarCon las obras el hablar,Palabras son lisonjeras.
Si tan grande voluntadTan abierta n’os mostrára.Yo no viera cara á caraTanto vuestra crueldad.
Voluntad tan verdaderaNunca tan mal s’ha pagado,Pues m’he visto en vos quien eraPor lo que mostrais afuera,Señora, de vuestro grado.
En mis ojos mostraréSiempre seros tan amigos,Cuanto vos muy enemigosLos hicistes sin por qué.
Mientra ojos mirarán,Bien verán cuanto y’os quise,y por lo que en mí verán,Todos os preguntaránQue si yo mudanza hice.
Si algun tiempo vos quejais.No hay razon para quejaros,Pues mostrais apïadarosDe quien n’os apïadais.
Si se viene á tocarLo que habeis falsificado,En la piedra de mi amarSe verá que mi mudarVos, señora, lo heis causado.
Yo querria mas no puedo,No decir lo que se muestra,Que lo qu’es á culpa vuestraDe vergüenza tengo miedo.
Y aunque en damas no es tan malNo tener ley en no veros,Siendo yo tanto leal,En vos fué más que mortal,Pues amastes á Gaiferos.
Y si esto á vos infama,Sálveos esta razonQue en nosotros es traicionLo que no es traicion en dama.
El quejar solo me quedaÁ mí triste agraviado,Pues fortuna siempre rueda,Imposible era estar quedaCuando yo fuí desterrado.
Es la ley en los destierrosSufrir pena por un yerro,Mas en mi triste destierroYo la sufro por dos yerros.
El otro fué vos consentir,Servidor, en mi viaje,Que por esto he de morirPor sufrir y más sufrir,Y por no sufrir ultraje.
Como si fuera traidorMe habeis dado la sentencia,Haceisme sin competenciaY distes me competidor.
Nunca fué tan mala suerte,Ni se vió tal desterrado,Ni habrá quien lo concierte,Y pues todo sabe á muerte,Moriré desesperado.
FIN.
Agora quiero cantar en este romance una gran verdad española, contra una error francesa que defiende don Diego por tener mal frances, y es la pasion que tiene por los franceses, diciendo que la batalla que tuvieron en Roncesvalles con nuestros españoles,si fueron vencidos fué por la traicion que su Galalon les hizo convidándoles á una caza, que fué batalla, donde fueron vencidos y muertos muchos de los doce pares; y la verdad española es esta que oiréis en este romance:
Mala la vistes, franceses,La caza de Roncesvalles,Que salida fué de FranciaPara alzaros con España.
Cuando don Alonso el CastoLlamó al Emperador CarloPara conquistar los morosDe Castilla cativada,
Prometiéndole su reinoSi hacia esta jornada,Y españoles no quisieronMostrar gente acobardada,
Que el gran leon españolBravo Bernaldo del Cárpio,Fué muy valerosa lanzaY gran cortador d’espada.
Salió con sus españolesDefendiendo vuestra entradaEn la muy cruel batallaDe Roncesvalles nombrada.
Don Cárlos perdió la honra,Murieron los doce Pares,Porque fuera tiraníaFrancia reinar en España.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, y’osagradezco lo que vos debeis agradecerme; pues yo seré causa que os agradezcan las desagradecidas el servicio que les habeis hecho en dejarlas encantadas de vuestro cantar y tañer; y vos, con el romance que habeis cantado de la batalla de Roncesvalles, me habeis sanado del mal frances que tenía defendiendo la error francesa contra la verdad española.
Dixo la señora doña Leonor: Señor don Diego, de grado os reñiria, sino por no hacer paz con vos; que no es bien reñir donde es mal hacer paz. ¿Para qué habeis dicho á don Luis Milan que somos desagradecidas? Meresceríades que lo fuésemos para vos, pues lo sois para nosotras, porque os quejásedes con la cabeza quebrada hasta que va Juliana os curase, que es vuestra enxarmadora.
Dixo don Diego: Señora doña Leonor, mucho me tira vuestra merced hoy con flecha, y si fuese la de la bella Laura por quien Petrarca decía «Amor ma posto como seño, astrale», yo quedaria tambien asaetado de vuestra mano como verian en este letrero: «Le onor più que la vitta.» Dixo la señora doña Ana: Tiene razon la señora doña Leonor, pues nos decis ingratas para que don Luis Milan tome por achaque lo que decísy no se deje más oir, diciendo de nosotras lo que de los necios se dice: los que no tienen sentir, no saben agradecer.
Pues agora veréis cómo se lo agradezco yo con lo que le diré: don Luis Milan dad muchas gracias á Dios, que don Diego tiene envidia de vos.
Y no es pocoQue desto se vuelva loco,Que sólo de vos lo estáQuien nunca envidiado há.
Dixo la señora doña Hierónima: Señora doña Ana, vuestra merced ha envidado con un dos vale, que si don Luis Milan no valiese por tres, no revidaria con este envite:
Si n’os hubiera oido,Pluguiera Dios que no fuera,Porque yo no aborrecieraCuantos han por mi tañido.
Dixo la señora doña María: Don Luis Milan, con un cuento quiero alabaros: Cuando yo era dama de la Reina, iba servidor un caballero gran músico de una de palacio amiga mia, y cuando le tañia atapábase los oidos diciendo: No se debe oir lo que no es de agradecer.
Dixo Joan Fernandez: Señoras, como ápan bendito habeis gustado y comido á don Luis Milan; rezando cada una su oracion de alabanzas, él quedará bien alabado aunque luégo olvidado; pues la condicion de las damas es, pan comido compañía deshecha; sino, dígalo don Francisco si es verdad.
Respondió don Francisco:
Amén, amén, dixo tioVámonos luégo á cenar,Que diez horas son ya dadasY es bien irnos acostar.
AQUÍ SE ACABA LA SEGUNDA JORNADA Y COMIENZA LA TERCERA.