LIBRO CUARTO.MELPÓMENE.
MELPÓMENE.
Refiere Heródoto en este libro las dos expediciones de los persas contra los escitas y la Libia. — Origen de los escitas; sus tradiciones y costumbres. — Descripción geográfica del orbe conocido en tiempos de Heródoto. — Ríos que bañan la Escitia; sacrificios y costumbres guerreras de aquellos habitantes; sus adivinos y entierros. — Expedición de Darío contra los escitas: puentes sobre el Bósforo y el Danubio. — Cobardía de los aliados de los escitas. — Episodio acerca de los saurómatas y su casamiento con las amazonas. — Estratagema de los escitas y retirada de Darío. — Motivos de la expedición de los persas contra la Libia. — Fundación de Cirene: reyertas de los cireneos. — Descripción de la Libia y de sus habitantes. — Perfidias de los persas para apoderarse de Barca, y venganzas de Feretima.
I.Después de la toma de Babilonia sucedió la expedición de Darío contra los escitas, de quienes el rey decidió vengarse,[325]viendo al Asia floreciente así en tropas como encopiosos réditos de tributos; pues habiendo los escitas entrado antes en las tierras de los medos y vencido en batalla a los que les hicieron frente, habían sido los primeros motores de las hostilidades, conservando, como llevo dicho, el imperio del Asia superior por espacio de veintiocho años. Yendo en seguimiento de los cimerios, dejáronse caer sobre el Asia, e hicieron entretanto cesar en ella el dominio de los medos; pero al pretender volverse a su país los que habían peregrinado veintiocho años, se les presentó después de tan larga ausencia un obstáculo y trabajo nada inferior a los que en media habían superado. Halláronse con un ejército formidable que salió a disputarles la entrada de su misma casa, pues viendo las mujeres escitas que tardaban tanto sus maridos en volver, se habían interinamente ajustado con sus esclavos, de quienes eran hijos los que a la vuelta les salieron al encuentro.
II.Los escitas suelen cegar a sus esclavos,[326]para mejor valerse de ellos en el cuidado y confección de la leche, que es su ordinaria bebida, en cuya extracción emplean unos canutos de hueso muy parecidos a una flauta, metiendo una extremidad de ellos en las partes naturales de las yeguas, y aplicando la otra a su misma boca con el fin de soplar, y al tiempo que unos están soplando van otros ordeñando; y dan por motivo de esto, que al paso que se hinchan de viento las venas de la yegua, sus ubres van subiendo y saliendo hacia fuera. Extraída así la leche, derrámanla en unas vasijas cóncavas de madera, y colocando alrededor de ellas a sus esclavos ciegos, se la hacen revolver y batir,y lo que sobrenada de la leche así removida lo recogen como la flor y nata de ella y lo tienen por lo más delicado, estimando en menos lo que se escurre al fondo. Para este ministerio quitan la vista los escitas a cuantos esclavos cogen, muchos de los cuales no son labradores, sino pastores únicamente.
III.Del trato de estos esclavos con las mujeres había salido aquella nueva prole de jóvenes, que sabiendo de qué origen y raza procedían, salieron al encuentro a los que volvían de la Media.[327]Ante todo, para impedirles la entrada tiraron un ancho foso desde los montes Táuricos hasta la Mayátide, vastísima laguna; y luego, plantados allí sus reales, y resistiendo a los escitas que se esforzaban para entrar en sus tierras, vinieron a las manos muchas veces, hasta que al ver que las tropas veteranas no podían adelantar un paso contra aquella juventud, uno de los escitas habló así a los demás: «¿Qué es lo que estamos haciendo, paisanos? Peleando con nuestros esclavos como realmente peleamos, si somos vencidos, quedamos siempre tantos señores menos cuantos mueran de nosotros; si los vencemos, tantos esclavos nos quedarán después de menos cuantos fueren sus muertos. Oíd lo que he pensado: que dejando nuestras picas y ballestas, tomemos cada uno de nosotros el látigo de su caballo, y que blandiéndolo en la mano avancehacia ellos; pues en tanto que nos vean con las armas en la mano se tendrán aquellos bastardos miserables por tan buenos y bien nacidos como nosotros sus amos. Pero cuando nos vieren armados con el azote en vez de lanza, recordarán que son nuestros esclavos, y corridos de sí mismos, se entregarán todos a la fuga».
IV.Ejecutáronlo todos los que oyeron al escita, y espantados los enemigos por el miedo de los azotes, dejando de pelear, dieron todos a huir. De este modo los escitas obtuvieron primero el imperio del Asia, y arrojados después por los medos volvieron de nuevo a su país; y aquella era la injuria para cuya venganza juntó Darío un ejército contra ellos.
V.La nación de los escitas es la más reciente y moderna, según confiesan ellos mismos, que refieren su origen de este modo. Hubo en aquella tierra, antes del todo desierta y despoblada, un hombre que se llamaba Targitao, cuyos padres fueron Zeus y una hija del río Borístenes.[328]Téngolo yo por fábula, pero ellos se empeñan en dar por hijo de tales padres a Targitao, y en atribuir a ese tres hijos, Lipoxais, Arpoxais y Colaxais el menor de todos. Reinando estos príncipes, cayeron del cielo en su región ciertas piezas de oro, a saber, un arado, un yugo, una copa y una segur. Habiéndolas visto el mayor de los tres, se fue hacia ellas con ánimo de tomarlas para sí, pero al estar cerca, de repente el oro se puso hecho un ascua; apartándose el primero, acercose allá el segundo, y sucediole lomismo, rechazando a entrambos el oro rojo y encendido; pero yendo por fin el tercero y menor de todos, apagose la llama, y él fuese con el oro a su casa. A lo cual atendiendo los dos hermanos mayores, determinaron ceder al menor todo el reino y el gobierno.
VI.Añaden que de Lipoxais desciende la tribu de los escitas llamados aucatas; del segundo, Arpoxais, la de los que llevan el nombre de catíaros y de traspis, y del más joven la de los reales que se llaman los parálatas. El nombre común a todos los de la nación dicen que es el de escólotos, apellido de su rey, aunque los griegos los nombren escitas.[329]
VII.Tal es el origen y descendencia que se dan a sí mismos; respecto de su cronología, dicen que desde sus principios y su primer rey Targitao hasta la venida de Darío a su país, pasaron nada más que mil años cabales. Los reyes guardan aquel oro sagrado que del cielo les vino con todo el cuidado posible, y todos los años en un día de fiesta celebrado con grandes sacrificios van a sacarlo y pasearlo por la comarca; y añaden que si alguno en aquel día, llevándolo consigo, quedase a dormir al raso, ese tal muriera antes de pasar aquel año, y para precaver este mal señálase por jornada a cada uno de los que pasean el oro divino el país que pueda en un día ir girando a caballo. «Viendo Colaxais, prosiguen, lo dilatado de la región,[330]repartiola en tres reinos, dando el suyo a cada uno de sus hijos, si bien quiso que aquel en que hubiera de conservarse el oro divinofuese mayor que los demás». Según ellos, las tierras de sus vecinos que se extienden hacia el viento Bóreas son tales, que a causa de unas plumas que van volando esparcidas por el aire, ni es posible descubrirlas con la vista, ni penetrar caminando por ellas, estando toda aquella tierra y aquel ambiente lleno de plumas, que impiden la vista a los ojos.
VIII.Después de oír a los escitas hablando de sí mismos, de su país y del que se extiende más allá, oigamos acerca de ellos a los griegos que moran en el Ponto Euxino.[331]Cuentan que Heracles al volver con los bueyes de Gerión llegó al país que habitan al presente los escitas, entonces despoblado: añaden que Gerión moraba fuera del Ponto o Mediterráneo en una isla vecina a Gadira, más allá de las columnas de Heracles, llamada por los griegos Eritía, y situada en el Océano, y que este Océano empezando al levante gira alrededor del continente; todo lo que dicen sobre su palabra sin confirmarlo realmente con prueba alguna. Desde allá vino, pues, Heracles a la región llamada ahora Escitia, en donde como le cogiese un recio y frío temporal, cubriose con su piel de león y se echó a dormir. Al tiempo que dormía dispuso la Providencia que desaparecieran las yeguas que sueltas del carro estaban allí paciendo.
IX.Levantado Heracles de su sueño, púsose a buscar a sus perdidas yeguas, y habiendo girado por toda aquella tierra, llegó por fin a la que llaman Hilea,[332]donde hallóen una cueva a una doncella de dos naturalezas,semivíboraa un tiempo ysemivirgen, mujer desde las nalgas arriba, y sierpe de las nalgas abajo. Causole admiración el verla, pero no dejó de preguntarla por sus yeguas si acaso las había visto por allí descarriadas. Respondiole ella que las tenía en su poder; pero que no se las devolvería a menos que no quisiese conocerla, con cuya condición y promesa la conoció Heracles sin hacerse más de rogar. Y aunque ella con la mira y deseo de gozar por más largo tiempo de su buena compañía íbale dilatando la entrega de las yeguas, queriendo él al cabo partirse con ellas, restituyóselas y dijo: «He aquí esas yeguas que por estos páramos hallé perdidas; pero buenas albricias me dejas por el hallazgo, pues quiero que sepas como me hallo encinta de tres hijos tuyos. Dime lo que quieres que haga de ellos cuando fueren ya mayores, si escoges que les dé habitación en este país, del que soy ama y señora, o bien que te los remita». Esto dijo, a lo que él respondió: «Cuando los veas ya de mayor edad, si quieres acertar, haz entonces lo que voy a decirte. ¿Ves ese arco y esa banda que ahí tengo? Aquel de los tres a quien entonces vieres apretar el arco así como yo ahora, y ceñirse la banda como ves que me la ciño, a ese harás que se quede por morador del país; pero al que no fuere capaz de hacer otro tanto de lo que mando, envíale fuera de él. Mira que lo hagas como lo digo; que así tú quedarás muy satisfecha, y yo obedecido».
X.Habiéndole hablado así, dicen que de dos arcos que Heracles allí tenía aprestó el uno, y sacando después una banda que tenía unida en la parte superior una copa de oro, púsole en las manos el arco y la banda, y con esto se despidió. Después que ella vio crecidos a sus hijos, primero puso nombre a cada uno, llamando al mayor Agatirso, Gelono al que seguía, y al menor Escita, teniendo después bien presentes las órdenes de Heracles, que puntualmente ejecutó. Y como en efecto no hubiesen sido capaces dos desus hijos, Agatirso y Gelono, de hacer aquella prueba de valor en la contienda, arrojados por su misma madre partieron de su tierra; pero habiendo salido con la empresa propuesta Escita, el más mozo de todos, quedó dueño de la región, y de él descienden por línea recta cuantos reyes hasta aquí han tenido los escitas.[333]Para memoria de aquella copa usan los escitas hasta hoy día traer sus copas pendientes de sus bandas, y esto último fue lo único que de suyo inventó y mandó la madre a su hijo escita.
XI.Así cuentan esta historia los griegos colonos del Ponto; pero corre otra a la que mejor me atengo, y es la siguiente.[334]Apurados y agobiados en la guerra por los maságetas, los escitas nómadas o pastores que moraban primero de asiento en el Asia, dejaron sus tierras y pasando el río Araxes se fueron hacia la región de los cimerios, de quienes era antiguamente el país que al presente poseen los escitas. Viéndolos aquellos cimerios venir contra sí, entraron a deliberar lo que sería bien hacer siendo tan grande el ejército que se les acercaba. Dividiéronse allí los votos en dos partidos, entrambos realmente fuertes y empeñados, si bien era mejor el que seguían sus reyes; porque el parecer del vulgo era que no convenía entrar en contienda ni exponerse al peligro siendo tantos los enemigos,y que era menester abandonar el país: el de sus reyes era que se había de pelear a favor de la patria contra los que venían. Grande era el empeño; ni el vulgo quería obedecer a sus reyes, ni estos ceder a aquel: el vulgo estaba obstinado en que sin disparar un dardo era preciso marchar cediendo la tierra a los que venían a invadirla: los reyes continuaban en su resolución de que mejor era morir en su patria con las armas en la mano, que acompañar en la huida a la muchedumbre, confirmándose en su opinión al comparar los muchos bienes que en la patria lograban con los muchos males que huyendo de ella conocían habían de salirles al encuentro. El éxito de la discordia fue que, obstinándose los dos partidos en su parecer y viéndose iguales en número, vinieron a las manos entre sí. El cuerpo de la nación de los cimerios enterró a los que de ambos partidos murieron en la refriega cerca del río Tiras, donde al presente se deja ver todavía su sepultura, y una vez enterrados saliose de su tierra.
XII.Con esto los escitas se apoderaron al llegar de la región desierta y desamparada. Existen en efecto aun ahora en Escitia los que llamanfuertes cimerios(Cimmeria Teichea); un lugar denominadoPorthimeia Cimmeria, pasajes cimerios; una comarca asimismo con el nombre de Cimeria,[335]y finalmente, el celebrado Bósforo cimerio. Parece también que los cimerios, huyendo hacia el Asia, poblaron aquella península donde ahora está Sínope, ciudad griega, y que los escitas, yendo tras ellos, dieron por otro rumboy vinieron a parar en la Media; porque los cimerios fueron en su retirada siguiendo siempre la costa del mar, y los escitas, dejando el Cáucaso a su derecha, los iban buscando, hasta que internándose en su viaje tierra adentro se metieron en el referido país.
XIII.Otra historia corre sobre este punto entre griegos y bárbaros igualmente. Aristeas, natural de Proconeso, hijo de cierto Caistrobio y poeta de profesión, decía que por inspiración de Febo había ido hasta los isedones, más allá de los cuales añadía que habitaban los arimaspos, hombres de un solo ojo en la cara, y más allá de estos están los grifos que guardan el oro del país, y más lejos que todos habitan hasta las costas del mar los hiperbóreos. Todas estas naciones, según él, exceptuados solamente los hiperbóreos, estaban siempre en guerra con sus vecinos, habiendo sido los primeros en moverla los arimaspos, de cuyas resultas estos habían echado a los isedones de su tierra, los isedones a los escitas de la suya, y los cimerios que habitaban vecinos al mar del Sur, oprimidos por los escitas, habían desamparado su patria.[336]
XIV.He aquí que Aristeas tampoco conviene con los escitas en la historia de estos pueblos. Y ya que llevo dicho de dónde era natural el autor de la mencionada relación, referiré aquí un cuento que de él oí en Proconeso y en Cícico.Dicen, pues, que Aristeas, ciudadano en nobleza de sangre a nadie inferior, habiendo entrado en Proconeso en la oficina de un lavandero, quedó allí muerto, y que el lavandero, dejándole allí encerrado, fue luego a dar parte de ello a los parientes más cercanos del difunto. Habiéndose extendido por la ciudad cómo acababa de morir Aristeas, un hombre natural de Cícico, que acababa de llegar de la ciudad de Artace,[337]empezó a contradecir a los que esparcían aquella nueva, diciendo que él al venir de Cícico se había encontrado con Aristeas y le había hablado en el camino. Manteníase el hombre en negar que hubiera muerto. Los parientes del difunto fueron a la oficina del lavandero, llevando consigo lo que hacía al caso para llevar el cadáver; pero al abrir las puertas de la casa, ni muerto ni vivo compareció Aristeas. Pasados ya siete años, dejó verse el mismo en Proconeso, y entonces hizo aquellos versos que los griegos llamanarimaspos, y después de hechos desapareció segunda vez.
XV.Esto nos cuentan aquellas dos ciudades; yo sé aún de Aristeas otra anécdota que sucedió con los metapontinos de Italia, 340 años después de su segunda desaparición, según yo conjeturaba cuando estuve en Proconeso y en Metaponto. Decían, pues, aquellos habitantes que habiéndoseles aparecido Aristeas en su tierra, les había mandado erigir un ara a Apolo y levantar al lado de ella una estatua con el nombre de Aristeas el de Proconeso, dándoles por razón que entre todos los italianos ellos eran los únicos a cuyo territorio hubiese venido Apolo, a quien él en su venida había seguido en forma de cuervo el que era en la actualidad Aristeas. Habiéndoles hablado en estos términos, dicen los metapontinos que desapareció, y enviando ellos a consultar a Delfos para saber del dios Apolo lo que significabala fantasma de aquel hombre, les había ordenado la Pitia que obedeciesen, que obedecerla era lo mejor si querían prosperar, con lo cual hicieron lo mandado por Aristeas. Y en efecto, al lado del mismo ídolo de Apolo está al presente una estatua que lleva el nombre de Aristeas, y alrededor de ella unos laureles de bronce. Dicho ídolo se ve en la plaza.
XVI.Baste lo dicho acerca de Aristeas, y volviendo al país de que antes iba hablando, nadie hay que sepa con certeza lo que más arriba de él se contiene. Por lo menos no he podido dar con persona que diga haberlo visto por sus ojos, pues el mismo Aristeas, de quien poco antes hice mención, en hablando como poeta, no se atrevió a decir en sus versos que hubiese pasado más allá de los isedones, contentándose con referir de oídas lo que pasaba más allá, citando por testigos de su narración a los mismos isedones. Ahora no haré más que referir todo lo que de oídas he podido averiguar con fundamento acerca de lo más remoto de aquellas tierras.
XVII.Empezando desde el emporio de los boristenitas, lugar que ocupa el medio de la costa de Escitia, los primeros habitantes que siguen son los calípidas, especie de griegos escitas, y más arriba de estos se halla otra nación llamada los alazones, que, siguiendo como los calípidas todos los usos de los escitas, acostumbran con todo hacer sementeras de trigo, del cual se alimentan, comiendo también cebollas, ajos, lentejas y mijo. Sobre los alazones están los escitas que llamanlabradores, quienes usan sembrar su trigo, no para comerlo, sino para venderlo. Más arriba de estos moran los neuros, cuya región hacia el viento Bóreas está despoblada de hombres, según tengo entendido. Estas son las naciones[338]que viven vecinas al río Hípanis y caen hacia el poniente del Borístenes.
XVIII.Pasando a la otra parte del Borístenes, el primer país, contando desde el mar, es Hilea, más allá de la cual habitan los escitas labradores que viven cerca del Hípanis, a quienes llaman boristenitas los griegos, al paso que se llaman a sí mismos olbiopolitas. Estos pueblos ocupan la comarca que mira a levante y se extiende por tres jornadas confinando con un río que tiene por nombre Panticapes, y la misma hacia el viento Bóreas tiene de largo once jornadas navegando por el Borístenes arriba. Al país de dichos escitas siguen unos vastos desiertos; pasados estos, hay una nación llamada los andrófagos, que hace cuerpo aparte, sin tener nada común con los escitas; pero más allá de ella no hay sino un desierto en que no vive nación alguna.
XIX.Al pasar el río Panticapes, la tierra que cae al oriente de dichos escitas labradores está ocupada ya por otros escitas nómadas[339]que como pastores nada siembran ni cultivan. La tierra que habitan está del todo rasa sin árbol alguno, excepto la región Hilea, y se extiende hacia levante catorce días de camino, llegando hasta el río Gerro.
XX.A la otra parte del Gerro yacen los campos o territorios que se llaman regios, habitados por los más bravos y numerosos escitas, que miran como esclavos suyos a los demás escitas: confinan por el mediodía con la región Táurica, por levante con el foso que abrieron los hijos bastardos de los ciegos y con el emporio de la laguna Mayátide, el cual llaman Cremnoi, y algunos de estos pueblos lleganhasta el río Tanis.[340]En la parte superior de los escitas regios hacia el Bóreas viven los melanclenos, nación enteramente diversa de los escitas; pero más arriba de ella hay unas lagunas, según estoy informado, y el país está del todo despoblado.
XXI.Del otro lado del Tanais ya no se halla tierra de escitas, siendo aquel el primer límite del país de los saurómatas, quienes empezando desde el ángulo de la laguna Mayátide ocupan el viento Bóreas por espacio de quince jornadas todo aquel terreno que se ve sin un árbol silvestre ni frutal. En la región que sigue más arriba de ellos están situados los budinos, quienes viven en un suelo que llega a ser un bosque espeso de toda suerte de árboles.[341]
XXII.Sobre los budinos hacia el Bóreas se halla ante todo un país desierto por espacio de ocho jornadas, y después, inclinándose algo hacia el viento Subsolano, están los tiságetas, nación populosa o independiente, que vive de la caza. Confinantes suyos y habitantes de los mismos contornos son unos pueblos que llaman yircas, y viven también de lo que cazan, lo cual practican del siguiente modo: pónese en emboscada el cazador encima de un árbol de los muchos y muy espesos que hay por todo el territorio; tiene cerca a su caballo, enseñado a agazaparse vientre a tierra a fin de esconder su bulto, y su perro está a punto juntamente: lo mismo es descubrir la fiera desde su árbol que tirarle con el arco, montar en su caballo y seguirla acompañado del perro. Más allá, tirando hacia oriente, viven otrosescitas que, sublevados contra los regios, se retiraron hacia aquellos países.[342]
XXIII.Toda la región que llevo descrita hasta llegar a la tierra de estos últimos escitas, es una llanura de terreno grueso y profundo; pero desde allí empieza a ser áspero y pedregoso.[343]Después de pasado un gran espacio de este fragoso territorio, al pie de unos altos montes viven unos pueblos de quienes se dice ser todos calvos de nacimiento así hombres como mujeres, de narices chatas, de grandes barbas, sin pelo en ellas, y de un lenguaje particular, si bien su modo de vestir es a lo escita, y su alimento el fruto de los árboles. El árbol de que viven se llamapóntico, y viene a ser del tamaño de una higuera, llevando un fruto del tamaño de una haba, aunque con hueso: una vez maduro, lo exprimen y cuelan con sus paños o vestidos, de donde va manando un jugo espeso y negro, al cual dan el nombre deasqui, bebiéndolo ora chupado, ora mezclado con leche: de las heces más crasas del jugo forman unas pastillas para comerlas. No abundan de ganado, por no haber allí muy buenos pastos. Cada cual tiene su casa bajo un árbol que cubren alrededor en el invierno con un fieltro blanco y apretado a manera de lana de sombrero, despojándole de él en el verano. Siendo mirados estos pueblos como personas sagradas, no hay quien se atreva a injuriarles, en tanto grado que aun de armas carecen para la guerra, y son los que componen las desavenencias entre los vecinos. El que fugitivo se acoge a ellos o el reo que se refugia, seguro está deque nadie le toque ni moleste. El nombre de esta gente es el de argipeos.
XXIV.Hasta llegar a estos calvos son muy conocidas todas aquellas regiones con sus pueblos intermedios, pues hasta allí llegan, tanto los escitas de quienes es fácil tomar noticias, como muchos de los griegos, ya del emporio del Borístenes, ya de los otros emporios del Ponto. Los escitas que suelen ir a traficar allá, negocian y tratan con ellos por medio de siete intérpretes de otros tantos idiomas.
XXV.Así que el país hasta dichos calvos es un país descubierto y conocido; pero nadie puede hablar con fundamento de lo que hay más allá, por cuanto corta el país una cordillera de montes inaccesibles que nadie ha traspasado. Verdad es que los calvos nos cuentan cosas que jamás se me harán creíbles, diciendo que en aquellos montes viven los egípodas, hombres con pies de cabra, y que más allá hay otros hombres que duermen un semestre entero como si fuera un día, lo que de todo punto no admito. Lo que se sabe y se tiene por averiguado es que los isedones habitan al oriente de los calvos;[344]pero la parte que mira al Bóreas ni los calvos ni los isedones la tienen conocida, excepto lo dicho, que ellos quieren darnos por sabido.
XXVI.Dícese de los isedones que observan un uso singular. Cuando a alguno se le muere su padre, acuden allá todos los parientes con sus ovejas, y matándolas, cortan en trozos las carnes y hacen también pedazos al difunto padre del huésped que les da el convite, y mezclando después toda aquella carne, la sacan a la mesa. Pero la cabeza del muerto, después de bien limpia y pelada, la doran, mirándola como una alhaja preciosa de que hacen uso en losgrandes sacrificios que cada año celebran, ceremonia que los hijos hacen en honor de sus padres, al modo que los griegos celebran las exequias aniversarias. Por lo demás, estos pueblos son alabados de justos y buenos, y aun se dice que sus mujeres son tan robustas y varoniles como los hombres. De ellos al fin se sabe algo.
XXVII.De la región que está sobre los isedones dicen estos que es habitada por hombres monóculos, y que en ella se hallan los grifosguarda-oros. Esta fábula la toman de los isedones los escitas que la cuentan, y de estos la hemos aprendido nosotros, usando de una palabra escítica al nombrarlosarimaspos,[345]pues los escitas por uno dicenarima, y por ojospu.
XXVIII.Tan rígida y fría es toda la región que recorremos, que por ocho meses duran en ella unos hielos insufribles, donde no se hace lodo con el agua derramada, pero sí con el fuego encendido. Hiélase entonces el mar y también el Bósforo cimerio. Los escitas que están a la otra parte del foso pasan a caballo por encima del hielo y conducen sus carros a la otra ribera hasta los sindos.[346]En suma, hay allí ocho meses enteros de invierno, y los que restan son de frío. La estación y naturaleza del invierno es allí muy otra de la que tiene en otros países. Cuando parece que debía llegar el tiempo de las lluvias, apenas llueve en el país, pero en verano no cesa de llover. No se oye un trueno siquiera en la sazón en que truena en otras partes; y si sucede alguna vez en invierno, se mira como un prodigio, pero en verano son los truenos frecuentísimos. Por prodigio se tiene del mismo modo si acaece en la Escitia algúnterremoto, ora sea en verano, ora en invierno. Sus caballos son los que tienen robustez para sufrir aquel rigor del invierno; los machos y los asnos no lo pueden absolutamente resistir, cuando en otras partes el hielo gangrena las piernas a los caballos, al paso que resisten los asnos y mulos.
XXIX.Ese mismo dolor del frío me parece la causa de que haya allí mismo cierta especie de bueyes mochos, a los cuales no les nacen astas, y en abono de mi opinión tengo aquel verso de Homero en laOdisea:[347]
«En Libia presto apuntan las astas al cordero».
«En Libia presto apuntan las astas al cordero».
«En Libia presto apuntan las astas al cordero».
«En Libia presto apuntan las astas al cordero».
Bien dicho por cierto, pues en los países calientes desde luego salen los cuernos; pero en climas muy helados, o nunca los sacan los animales, o bien los sacan tarde y mal, y así me confirmo en que el frío es la causa de ello.
XXX.Y puesto que desde el principio me tomé la licencia de hacer en mi historia mil digresiones, diré que me causa admiración el saber que en toda la comarca de Elea no puede engendrarse un mulo, no siendo frío el clima ni dejándose ver otra causa suficiente para ello. Dicen los eleos que es efecto de cierta maldición de Enomao el que no se engendren mulos en su territorio; pero ellos lo remedian con llevar las yeguas en el tiempo oportuno a los pueblos vecinos, en donde las cubren los asnos padres hasta tanto que quedan preñadas, y entonces se las vuelven a llevar.
XXXI.Por lo que mira a las plumas voladoras, de que dicen los escitas estar tan lleno el aire que no se puede por causa de ellas alcanzar con la vista lo que resta de continente ni se puede por allí transitar, imagino que más allá de aquellas regiones debe de nevar siempre, bien que naturalmente nevará menos en verano que en invierno.No es menester decir más para cualquiera que haya visto de cerca la nieve al tiempo de caer a copos, pues se parece mucho a unas plumas que vuelan por el aire.[348]Esa misma intemperie tan rígida del clima es el motivo sin duda de que las partes del continente hacia el Bóreas sean inhabitables. Así que soy de opinión que los escitas y sus vecinos llaman plumas a los copos de nieve, llevados de la semejanza de los objetos. Pero bastante y harto nos hemos alargado en referir lo que se cuenta.
XXXII.Nada dicen de los pueblos hiperbóreos ni los escitas ni los otros pueblos del contorno, a no ser los isedones, quienes tampoco creo que nada digan, pues nos lo repetirían los escitas, así como nos repiten lo de los monóculos. Hesíodo, con todo, habla de los hiperbóreos, y también Homero en losEpígonos, si es que Homero sea realmente autor de tales versos.
XXXIII.Pero los que hablan más largamente de ellos son los delios, quienes dicen que ciertas ofrendas de trigo venidas de los hiperbóreos atadas en hacecillos, o bien unos manojos de espigas como primicias de la cosecha[349]llegaron a los escitas, y tomadas sucesivamente por los pueblos vecinos y pasadas de mano en mano, corrieron hacia ponientehasta el Adria, y de allí destinadas al mediodía los primeros griegos que las recibieron fueron los dodoneos, desde cuyas manos fueron bajando al golfo Melieo y pasaron a Eubea, donde de ciudad en ciudad las enviaron hasta la de Caristo, dejando de enviarlas a Andros, porque los de Caristo las llevaron a Tenos, y los de Tenos a Delos: con este círculo inmenso vinieron a parar a Delos las ofrendas sagradas. Añaden los delios, que antes de esto los hiperbóreos enviaron una vez con aquellas sacras ofrendas a dos doncellas llamadas, según dicen, Hipéroque la una y Laódice la otra, y juntamente con ellas a cinco de sus más principales ciudadanos para que les sirviesen de escolta, a quienes dan ahora el nombre dePerfereos, conductores, y son tenidos en Delos en grande estima y veneración. Pero viendo los hiperbóreos que no volvían a casa sus enviados, y pareciéndoles cosa dura tener que perder cada vez a sus anuos diputados, pensaron con esta mira llevar sus ofrendas en aquellos manojos de trigo hasta sus fronteras, y entregándolas a sus vecinos, pedirles que las pasasen a otra nación, y así corriendo de pueblo en pueblo dicen que llegaron en Delos a su destino. Por mi parte, puedo afirmar que las mujeres de la Tracia y de la Peonia cuando sacrifican en honor de Artemisa Reina hacen una ceremonia muy semejante a las mencionadas ofrendas, empleando siempre en sus sacrificios los mismos hacecillos de trigo, lo que yo mismo he visto hacer.
XXXIV.Voviendo a las doncellas de los hiperbóreos, desde que murieron en Delos suelen, así los mancebos como las jóvenes, antes de la boda cortarse los rizos, y envueltos alrededor de un huso, los deponen sobre el sepulcro de las dos doncellas, que está dentro del Artemisio, a mano izquierda del que entra, y por más señas en él ha nacido un olivo. Los mozos de Delos envuelven también sus cabellos con cierta hierba y los depositan sobre aquella sepultura. Tal es la veneración que los habitantesde Delos muestran con esta ofrenda a las doncellas hiperbóreas.
XXXV.Cuentan los delios asimismo que por aquella misma época en que vinieron dichos conductores, y un poco antes que las dos doncellas Hipéroque y Laódice, llegaron también a Delos otras dos vírgenes hiperbóreas, que fueron Arge y Opis,[350]aunque con diferente destino, pues dicen que Hipéroque y Laódice vinieron encargadas de traer a Ilitía o Artemisa Lucina el tributo que allá se habían impuesto por el feliz alumbramiento de las mujeres; pero que Arge y Opis vinieron en compañía de sus mismos dioses, Apolo y Artemisa, y a estas se les tributan en Delos otros honores, pues en su obsequio las mujeres forman asambleas y celebran su nombre cantándolas un himno, composición que deben al licio Olén,[351]el cual aprendieron de ellas los demás isleños, y también los jonios, que reunidos en sus fiestas celebran asimismo el nombre y memoria de Opis y de Arge. Añaden que Olén, habiendo venido de la Licia, compuso otros himnos antiguos, que son los que en Delos suelen cantarse. Cuentan igualmente que las cenizas de los muslos de las víctimas quemados encima del ara se echan y se consumen sobre el sepulcro de Arge y Opis que está detrás del Artemisio, vuelto hacia oriente o inmediato a la hospedería que allí tienen los naturales de Ceos.
XXXVI.Creo que bastará lo dicho acerca de los hiperbóreos, pues no quiero detenerme en la fábula de Abaris, quien dicen era de aquel pueblo, contando aquí cómo dio vuelta a la tierra entera sin comer bocado, cabalgando sobre una saeta. Yo deduzco que si hay hombres hiperbóreos,es decir, más allá del Bóreas, los habrá también más allá del Noto o hipernotios.[352]No puedo menos de reír en este punto viendo cuántos describen hoy día sus globos terrestres, sin hacer reflexión alguna en lo que nos exponen: píntannos la tierra redonda, ni más ni menos que una bola sacada del torno; hácennos igual el Asia con la Europa. Voy, pues, ahora a declarar en breve cuál es la magnitud de cada una de las partes del mundo y cuál viene a ser su mapa particular o su descripción.
XXXVII.Primeramente, los persas en el Asia habitan cerca del mar Noto o del sur, que llamamos Eritreo. Al norte de ellos hacia el viento Bóreas están los medos; sobre los medos viven los saspires,[353]y sobre estos los colcos, que confinan con el mar del norte o ponto Euxino, donde desagua el río Fasis; así que estas cuatro naciones ocupan el trecho que hay de mar a mar.
XXXVIII.Desde allí, tomando hacia poniente, del centro de aquellos países salen dos penínsulas o zonas de tierra extendidas hasta el mar, las que voy a describir. La una por la parte que corresponde al Bóreas, empezando desde el Fasis, se extiende por la costa del mar, siguiendo el ponto Euxino y el Helesponto hasta llegar al Sigeo, que es un promontorio de Troya: la misma comenzando por la parte del Noto desde el golfo Miriándico,[354]que está en la costa de Fenicia, corre por la orilla del mar hasta el promontorioTriopio. Treinta son las naciones que viven en el distrito de dicha comarca.
XXXIX.Esta es la primera de las dos zonas de tierra; pasando hablar de la otra, empieza desde los persas y llega hasta el mar Eritreo. En ella está la Persia, a la cual sigue la Asiria,[355]y después de esta la Arabia, que termina en el golfo Arábigo o mar Rojo, al cual condujo Darío un canal tomado desde el Nilo, si bien no concluye allí sino porque así lo han querido. Hay, pues, un continente ancho y muy grande desde los persas hasta la Fenicia, desde la cual sigue aquella zona por la costa del mar Mediterráneo, pasando por la Siria Palestina y por el Egipto, en donde remata, no conteniendo en su extensión más que tres naciones. Estas son las regiones contenidas desde la Persia hasta llegar a la parte occidental del Asia.
XL.Las regiones que caen sobre los persas, medos, saspires y colcos, tirando hacia levante, son bañadas de un lado por el mar Eritreo, y del lado del Bóreas lo son por el mar Caspio y por el río Araxes, que corre hacia el oriente. El Asia es un país poblado hasta la región de la India, pero desde allí todo lo que cae al oriente es una región desierta de que nadie sabe dar seguros indicios.
XLI.Tales son los límites y magnitud del Asia: pasando ya a la Libia o África, sigue allí la segunda zona, pues la Libia empieza desde el Egipto, y formando allá en su principio una península estrecha, pues no hay desde nuestro mar Mediterráneo hasta el Eritreo[356]más de cien mil orgias, que vienen a componer mil estadios, desde aquel paraje se va ensanchando por extremo aquel continente que se llama Libia o África.
XLII.Y siendo esto así, mucho me maravillo de aquellos que así dividieron el orbe, alindándolo en estas tres partes, Libia, Asia y Europa, siendo no corta la desigualdad y diferencia entre ellas; pues la Europa, en longitud, hace ventaja a las dos juntas, pero en latitud no me parece que merezca ser comparada con ninguna de ellas. La Libia se presenta a los ojos en verdad como rodeada de mar, menos por aquel trecho por donde linda con el Asia. Este descubrimiento se debe a Neco, rey del Egipto, que fue el primero, a lo que yo sepa, en mandar hacer la averiguación, pues habiendo alzado mano de aquel canal que empezó a abrir desde el Nilo hasta el seno arábigo, despachó en unas naves a ciertos fenicios, dándoles orden que volviesen por las columnas de Heracles al mar Boreal o Mediterráneo hasta llegar al Egipto. Saliendo, pues, los fenicios del mar Eritreo, iban navegando por el mar del Noto: durante el tiempo de su navegación, así que venía el otoño salían a tierra en cualquier costa de Libia que les cogiese, y allí hacían sus sementeras y esperaban hasta la siega.[357]Recogida su cosecha, navegaban otra vez; de suerte que, pasados así dos años, al tercero, doblando por las columnas de Heracles, llegaron al Egipto, y referían lo que a mí no se me hará creíble, aunque acaso lo sea para algún otro, a saber, que navegando alrededor de la Libia tenían el sol a mano derecha. Este fue el modo como la primera vez se hizo tal descubrimiento.
XLIII.La segunda vez que se repitió la tentativa, según dicen los cartagineses, fue cuando Sataspes, hijo de Teaspes, uno de los aqueménidas, no acabó de dar vuelta a laLibia, habiendo sido enviado a este efecto, sino que espantado así de lo largo del viaje como de la soledad de la costa, volvió atrás por el mismo camino, sin llevar a cabo la empresa que su misma madre le había impuesto y negociado para su enmienda; he aquí lo que sucedió: Había Sataspes forzado una doncella principal, hija de Zópiro, y como en pena del estupro hubiese de morir empalado por sentencia del rey Jerjes, su madre, que era hermana de Darío, le libró del suplicio con su mediación, asegurando que ella le daría un castigo mayor que el mismo Jerjes, pues le obligaría a dar una vuelta a la Libia, hasta tanto que costeada toda ella volviese al seno arábigo. Habiéndole Jerjes perdonado la vida bajo esta condición, fue Sataspes al Egipto, y tomando allí una nave con sus marineros, navegó hacia las columnas de Heracles; pasadas las cuales y doblado el promontorio de la Libia que llaman Soloente, iba navegando hacia mediodía. Pero como después de pasado mucho mar en muchos meses de navegación viese que siempre le restaba más que pasar, volvió, por fin, la proa y restituyose otra vez al Egipto. De allí, habiendo ido a presentarse al rey Jerjes, díjole cómo había llegado muy lejos y aportado a las costas de cierta región en que los hombres eran muy pequeños y vestían de colorado, quienes apenas él arribara con su navío, abandonando sus ciudades se retiraban al monte; aunque él y su comitiva no les habían hecho otro daño al desembarcar que quitarles algunas ovejas de sus rebaños. Añadía que el motivo de no haber dado a la Libia una entera vuelta por mar, había sido no poder su navío seguir adelante, quedándose allí como si hubiese varado. Jerjes, que no tuvo por verdadera aquella relación, mandó que empalado pagase la pena a que primero le condenó, puesto que no había dado salida a la empresa en que aquella se le había conmutado. En efecto, un eunuco esclavo de Sataspes, apenas oyó la muerte de su amo, huyó a Samos cargado de grandes tesoros, los cuales bien sé quiénfue el samio que se los apropió, aunque de propósito quiero olvidarme de ello.
XLIV.Respecto al Asia, gran parte de ella fue descubierta por orden de Darío, quien, con deseo de averiguar en qué parte del mar desaguase el río Indo, que es el segundo de los ríos en criar cocodrilos, entre otros hombres de satisfacción que envió en unos navíos esperando saber de ellos la verdad, uno fue Escílax el cariandense. Empezando estos su viaje desde la ciudad de Caspatiro,[358]en la provincia Páctica, navegaron río abajo tirando a levante hasta que llegaron al mar. Allí, torciendo el rumbo hacia poniente, continuaron su navegación, hasta que después de treinta meses aportaron al mismo sitio de donde el rey del Egipto había antes hecho salir aquellos fenicios que, como dije, dieron vuelta por mar alrededor de la Libia. Después que hubieron hecho su viaje por aquellas costas, Darío conquistó la India e hizo frecuente la navegación de aquellos mares. De este modo se vino a descubrir que si se exceptúa la parte oriental de Asia, lo demás es muy semejante a la Libia. De aquí nació también señalar por límites del Asia al Nilo, río del Egipto, y al Fasis, río de la Cólquide, si bien algunos ponen su término en el Tanais, en la laguna Mayátide, y en los Portumeios cimerios.
XLV.Pero respecto de la Europa, nadie todavía ha podido averiguar si está o no rodeada de mar por el Levante, si lo está o no por el norte;[359]sábese de ella que tiene por sí sola tanta longitud como las otras dos juntas. No puedoalcanzar con mis conjeturas por qué motivo, si es que la tierra sea un mismo continente, se le dieron en su división tres nombres diferentes derivados de nombres de mujeres, ni menos sé cómo se llamaban los autores de tal división, ni dónde sacaron los nombres que impusieron a las partes divididas. Verdad es que al presente muchos griegos pretenden que la Libia se llame así del nombre de una mujer nacida en aquella tierra, y que el Asia lleve el nombre de otra mujer esposa de Prometeo. Pero los lidios se apropian el origen del último nombre, diciendo que lo tomó de Asies, hijo de Cotis y nieto de Manes, no de Asia la de Prometeo; añadiendo que de Asies tomó también el nombre una de las tribus de Sardes que llaman la Asiada. Mas de la Europa nadie sabe si está rodeada de mar ni de dónde le vino el nombre, ni quién se lo impuso; a no decir que lo tomase de aquella Europa natural de Tiro, habiendo antes sido anónima como debieron también de serlo las otras dos.[360]La dificultad está en que se sabe que Europa no era natural del Asia, ni pasó a esta parte del mundo que ahora los griegos llaman Europa, sino que solamente fue de Fenicia a Creta y de Creta a Licia. Pero basta ya de investigaciones, y sin buscar usanzas nuevas, valgámonos de los nombres establecidos.
XLVI.La región del Ponto Euxino, contra la que Darío preparaba su expedición, se aventaja a las restantes del mundo en criar pueblos rudos y tardos, en cuyo número no quiero incluir a los escitas, en tanto grado, que de las naciones que moran cerca del Ponto, ninguna podemospresentar que sea algo hábil y ladina, ni tampoco nombrar de entre todas un sabio, a no ser la nación de los escitas y el célebre Anacarsis; porque es menester confesar que la nación escítica ha hallado cierto secreto o arbitrio en que ninguna otra de las que yo sepa ha sabido dar hasta ahora, arbitrio verdaderamente el más acertado, si bien por lo demás no tiene cosa que me dé mucho que admirar. Y consiste su grande invención en hacer que nadie de cuantos vayan contra ellos se les pueda escapar, y que si ellos evitaren el encuentro no puedan ser sorprendidos. Unos hombres, en efecto, que ni tienen ciudades fundadas ni muros levantados, todos sin casa ni habitación fija, que son ballesteros de a caballo, que no viven de sus sementeras y del arado, sino de sus ganados y rebaños, que llevan en su carro todo el hato y familia, ¿cómo han de poder ser vencidos en batalla, u obligados por fuerza a venir a las manos con el enemigo?
XLVII.Dos cosas han contribuido para este arbitrio y sistema: una es la misma condición del país apropiada para esto; otra la abundancia de los ríos, que les ayuda a lo mismo, porque por una parte su país es una llanura llena de pastos y abundante de agua, y además corren por ella tantos ríos que no son menos en número que las acequias y canales en Egipto. Quiero únicamente apuntar aquí los ríos más famosos y navegables que desde el mar allí se encuentran, los cuales son el Istro, río de siete bocas, el Tiras, el Hípanis, el Borístenes, el Panticapes, el Hipaciris, el Gerro y el Tanais,[361]cuyas corrientes voy a describir.
XLVIII.El Danubio o Istro, río el mayor de cuantos conocemos, es siempre el mismo, así en verano como en invierno, sin disminuir nunca su corriente. La razón de suabundancia es, porque siendo el primero entre los ríos de la Escitia que llevan su curso desde poniente, entran en él otros ríos que lo aumentan, y son los siguientes: cinco que tienen su corriente dentro de la misma Escitia van a desaguar en el Istro: uno es el que los naturales llaman el Pórata y el Píreto; los otros son el Tiaranto, el Áraro, el Náparis y el Odreso.[362]El primero que he nombrado de estos ríos es caudaloso, y corriendo hacia oriente desagua al cabo en el Istro: menor que este es el segundo de los dichos, el Tiaranto, que corre inclinándose algo hacia poniente: los otros tres, el Áraro, el Náparis y el Odreso, tienen sus corrientes en el espacio intermedio de los otros dos, y van a dar en el mismo Istro, y estos son, como dije, los ríos propios y nacidos de la Escitia que lo acrecientan.
XLIX.De los agatirsos baja el río Maris[363]y va a confundir sus aguas con las del Istro. Desde las cumbres del Hemo corren hacia el norte tres grandes ríos, que son el Atlas, el Auras y el Tibisis, y van a parar en el Istro. Por la Tracia y por el país de los crobizos, pueblos tracios, pasan tres ríos, que son el Atris, el Noes, el Artanes, y desaguan también en el Istro. En el mismo va a dar el Escío, el cual corriendo desde los peones y del monte Ródope pasa por medio del Hemo. El río Angro, que desde los ilirioscorre hacia el viento Bóreas y pasa por la llanura Tribálica, va a desaguar en el río Brongo; mas el Brongo mismo desemboca después en el Istro, el cual recibe así en su lecho aquellos dos grandes ríos. A más de estos, paran también en el Istro el Carpis y otro río llamado Alpis, que salen de la región que está sobre el país de los Ómbricos, encaminando su corriente hacia el Bóreas. En suma, el gran Istro va recorriendo toda la Europa, empezando desde los celtas, que exceptuados los cinetas,[364]son los últimos europeos que viven hacia poniente, y atravesada toda aquella parte del mundo, viene a morir en los confines y extremidad de la Escitia.
L.Así que, contribuyendo al Istro con sus corrientes los mencionados ríos y otros muchos más, llega aquel a formarse el mayor de todos; si bien por otra parte el Nilo le hace ventaja, si se comparan las aguas propias del uno con las propias del otro, sin contar la advenediza, pues que ni río ni fuente alguna desagua en el Nilo para ayudarle a crecer. La razón de que el Istro lleve siempre la misma agua en verano e invierno paréceme que puede ser la siguiente. En el invierno se halla en su propio punto de abundancia, y apenas sube un poco más de lo regular, por razón de ser muy poca la lluvia que cae en aquellas regiones y por hallarse todas cubiertas de nieve caída antes en invierno, y entonces deshecha corre de todas partes hacia el Istro: de suerte que no solo lleva en su corriente el agua de la nieve deshelada que va escurriéndose hacia el río, sino también las muchas lluvias y temporales de la estación, lloviendo allí tanto en el verano. Y cuanto mayor es la copia de agua que el sol atrae y chupa en verano que no en invierno, tanto mayor es a proporción la abundancia de la que acude al Istro en aquella estación que no es esta.Por lo que balanceada entonces la salida del agua como la entrada, vienen a quedar las aguas del Istro igualadas en verano con las de invierno.
LI.Además de este gran río poseen los escitas el Tiras, que bajando del lado del Bóreas tiene su nacimiento en una gran laguna que separa la región de la Escitia de la tierra de los neuros. En la embocadura del mismo río habitan los griegos que se llaman los tiritas.[365]
LII.El tercer río que corre por la Escitia es el Hípanis, salido de una gran laguna,[366]alrededor de la cual pacen ciertos caballos salvajes y blancos, laguna que se llama con mucha razón la madre del Hípanis, que naciendo de ella corre cinco días de navegación, conservándose humilde y dulce, pero después acercándose al mar es extremadamente amarga por el espacio de cuatro jornadas. Causa de este daño es una fuente que le rinde su agua, en tal grado amarga, aunque por sí nada copiosa, que basta para inficionar con su sabor todo el Hípanis, río bastante grande entre los secundarios. Hállase dicha fuente en la frontera que separa la tierra de los escitas labradores de la de los alazones; su nombre y el de la comarca donde brota es en lengua de los escitasExampeo, que en griego corresponde aIrai Odoi, vías sacras. En el país de los alazones poco trecho dejan intermedio el Tiras y el Hípanis, pero salidos de allí van en su curso apartándose uno del otro y dejando más espacio entre sí.
LIII.El cuarto de dichos ríos y el mayor de todos después del Istro es el Borístenes, río a mi ver el más provechoso, no solo entre los de Escitia,[367]pero aun entre todos los del mundo, salvo siempre el Nilo del Egipto, con quien no hay alguno que en esto se le pueda comparar. Pero de los demás es sin duda el Borístenes el más feraz y fructuoso; produce los más bellos y saludables pastos para el ganado; lleva muchísima y muy singular y escogida pesca; trae un agua muy delicada al gusto y muy limpia, a pesar de los vecinos ríos que corren turbios. Las campiñas por donde pasa dan las mejores mieses, y allí donde no siembran crían los prados una altísima hierba. En su embocadura hay mucha sal, que el agua va cuajando por sí misma: críanse en él unos grandes pescados sin espina que llamanantáceos, a propósito para salarlos; son mil, en suma, las maravillas que el Borístenes produce. Navégase por el espacio de 40 días hasta un lugar llamado Gerro, y se tiene sabido que corre desde el Bóreas; pero de allí arriba nadie sabe por qué lugares pasa; solo parece que corriendo por sitios despoblados baja a la tierra de los escitas georgos olabradores, quienes habitan en sus riberas el espacio de 10 días de navegación. Las fuentes de este río, lo mismo que las del Nilo, ni yo las sé, ni creo que las sepa griego alguno. Al llegar el Borístenes cerca ya del mar, júntasele allí el Hípanis, entrando los dos en un mismo lago. El espacio entre estos dos ríos, que es una punta avanzada hacia el mar, se llama el promontorio de Hipolao, donde está edificado un templo de la Madre,[368]y más allá de él, vecinos al Hípanis, habitan los boristenitas.
LIV.A estos ríos, de los que bastante hemos dicho, sigue el quinto, llamado Panticapes,[369]que baja del norte saliendo de una laguna; y en medio de este y del Borístenes viven los escitas georgos. Entra en la Hilea, y habiéndola atravesado, desagua en el Borístenes, con el cual se confunde.
LV.El sexto es el Hipaciris, que saliendo también de una laguna y corriendo por medio de los escitas nómadas, desagua en el mar cerca de la ciudad de Carcinitis,[370]dejando a su derecha la Hilea y el lugar que llaman el Dromo de Aquiles.
LVI.El séptimo río, el Gerro,[371]empieza a separarse del Borístenes en aquel sitio, desde el cual este último se halla descubierto y conocido, sitio que se llama también Gerro, trasmitiendo su nombre al río. Encaminándose hacia el mar, separa con su corriente la región de los escitas nómadas de la de los escitas regios, y por último entra en el Hipaciris.
LVII.El Tanais es el octavo río, que saliendo de una gran laguna[372]en las regiones superiores, va a entrar en otra mayor llamada la Mayátide, que separa los escitas regios de los saurómatas. En este mismo río entra otro, suyo nombre es el Hirgis.
LVIII.Estos son los ríos de que los escitas están bien provistos y abastecidos. La hierba que nace en la Escitia para pasto de los ganados es la más amarga de cuantas se conocen, como puede hacerse la prueba en las reses abriéndolas después de muertas.
LIX.Los escitas, pues, abundan en las cosas principales o de primera necesidad; por lo tocante a las leyes y costumbres, se rigen en la siguiente forma. He aquí los únicos dioses que reconocen y veneran: en primer lugar y con más particularidad, a la diosa Hestia;[373]luego a Zeus y a Gea, a quien miran como esposa de aquel; después a Apolo, Afrodita Urania, Heracles y Ares; y estos son los dioses que todos los escitas reconocen por tales; pero los regios hacen también sacrificios a Poseidón. Los nombres escíticos que les dan son los siguientes: a Hestia la llamanTabiti; a Zeus le dan un nombre el más propio y justo a mi entender, llamándolePapeo; a Gea la llamanApia; a ApoloEtosiro; a Afrodita UraniaArtimpasa; a PoseidónTamimasadas. No acostumbran erigir estatuas, altares ni templos sino a Ares únicamente.
LX.He aquí el modo y rito invariable que usan en todos sus sacrificios. Colocan la víctima atadas las manos con una soga; tras de ella está el sacrificador, quien tirando del cabo de la soga da con la víctima en el suelo, y al tiempo de caer ella, invoca y la ofrece al dios a quien la sacrifica. Va luego a atar con un dogal el cuello de la bestia, y asiendo de una vara que mete entre cuello y dogal, le da vueltas hasta que la sofoca. No enciende allí fuego, ni ofrece parte alguna de la víctima, ni la rocía con licores, sino que ahogada y desollada va luego a cocerla.
LXI.Siendo la Escitia una región sumamente falta de leña, han hallado un medio para cocer las carnes de lossacrificios.[374]Desollada la víctima, mondan de carne los huesos, y si tienen allí a mano ciertos calderos del país, muy parecidos a los peroles de Lesbos, con la diferencia de que son mucho más capaces, meten en ellos la carne mondada, y encendiendo debajo aquellos huesos limpios y desnudos, la hacen hervir de este modo; pero si no tienen a punto el caldero, echan la carne mezclada con agua dentro del vientre de la res, en el cual cabe toda fácilmente una vez mondada, y encienden debajo los huesos, que van ardiendo vigorosamente: con esto, un buey y cualquiera otra víctima se cuece por sí misma. Una vez cocida, el sacrificador corta por primicias de ella una parte de carne y otra de las entrañas, y las arroja delante de sí. Y no solo sacrifican los ganados ordinarios, sino muy especialmente los caballos.
LXII.Este es el rito de sus sacrificios, y estas las víctimas que generalmente sacrifican a todos sus dioses; pero con su dios Ares usan de un rito particular. En todos sus distritos, contando por curias, tienen un templo erigido a Ares, hecho de un modo extraño. Levantan una gran pira amontonando faginas hasta tres estadios de largo y de ancho, pero no tanto de alto; encima forman un área cuadrada a modo de ara, y la dejan cortada y pendiente por tres lados y accesible por el cuarto. Para la conservación de su hacina, que siempre va menguando consumida por las inclemencias del tiempo, la van reparando con 150 carros de fagina que le añaden; y encima de ella llevanta cada distrito un alfanje de hierro, herencia de sus abuelos, y este es el ídolo o estatua de Ares.[375]A este alfanje levantado hacensacrificios anuales de reses y caballos, y aun se esmeran en sacrificar a este más que a los demás dioses; y llega el celo a tal punto, que de cada cien prisioneros cogidos en la guerra le sacrifican uno, y no con el rito con que inmolan los brutos, sino con otro bien diferente. Ante todo derraman vino sobre la cabeza del prisionero; después le degüellan sobre un vaso en que chorree la sangre, y subiéndose con ella encima del montón de sus haces, la derraman sobre los alfanjes. Hecho esto sobre el ara, vuelven al pie de las faginas y de las víctimas que acaban de degollar, cortan todo el hombro derecho juntamente con el brazo, y lo echan al aire; por un lado yace el brazo allí donde cae, por otro el cadáver. En dando fin a las demás ceremonias del sacrificio, se retiran.
LXIII.A esto, en suma, se reducen sus sacrificios, no acostumbrando inmolar lechones, y lo que es más, ni aun criarlos en su tierra.
LXIV.Acerca de sus usos y conducta en la guerra, el escita bebe luego la sangre al primer enemigo que derriba, y a cuantos mata en las refriegas y batallas les corta la cabeza y la presenta después al soberano: ¡infeliz del que ninguna presenta!, pues no le cabe parte alguna en los despojos, de que solo participa el que las traiga. Para desollar la cabeza cortada al enemigo, hacen alrededor de ella un corte profundo de una a otra oreja, y asiendo de la piel la arrancan del cráneo, y luego con una costilla de buey la van descarnando, y después la ablandan y adoban con lasmanos, y así curtida la guardan como si fuera una toalla. El escita guerrero ata de las riendas del caballo en que va montado y lleva como en triunfo aquel colgajo humano, y quien lleva o posee mayor número de ellos es reputado por el más bravo soldado: aun se hallan muchos entre ellos que hacen coser en sus capotes aquellas pieles, como quien cose un pellico. Otros muchos, desollando la mano derecha del enemigo, sin quitarla las uñas, hacen de ella, después de adobada, una tapa para su aljaba; y no hay que admirarse de esto, pues el cuero humano, recio y reluciente, sin duda adobado saldría más blanco y lustroso que ninguna de las otras pieles. Otros muchos, desollando al muerto de pies a cabeza, y clavando en un palo aquella momia, van paseándola en su mismo caballo.
LXV.Tales son sus leyes y usos de guerra; pero aun hacen más con las cabezas, no de todos, sino de sus mayores enemigos. Toma su sierra el escita y corta por las cejas la parte superior del cráneo y la limpia después; si es pobre, conténtase cubriéndole con cuero crudo de buey; pero si es rico, lo dora, y tanto uno como otro se sirven después del cráneo como de vaso para beber.[376]Esto mismo practican aún con las personas más familiares y allegadas; si teniendo con ellas alguna riña o pendencia, logran sentencia favorable contra ellas en presencia del rey. Cuando un escita recibe algunos huéspedes a quienes honra particularmente, les presenta las tales cabezas convertidas en vasos, y les da cuenta de cómo aquellos sus domésticos quisieron hacerle guerra, y que él salió vencedor. Esta, entre ellos, es la mayor prueba de ser hombres de provecho.
LXVI.Una vez al año, cada gobernador de distrito suelellenar una gran pipa de vino, del cual beben todos los escitas bravos que han muerto en la guerra algún enemigo; pero los otros, que no han podido hacer otro tanto, están allí sentados como a la vergüenza, sin poder gustar del banquete, no habiendo para ellos infamia mayor. Pero los que hubieren sido muy señalados en la matanzas de hombres, se les da a cada cual dos vasos a un tiempo, y bebe uno por dos.
LXVII.No faltan a los escitas adivinos en gran cantidad, cuya manera de adivinar por medio de varas de sauce explicaré aquí: Traen al lugar donde quieren hacer la función unos grandes haces de mimbres, y dejándolos en tierra los desatan; van después tomando una a una y dejando sucesivamente las varillas, y al mismo tiempo están vaticinando, y sin cesar de murmurar vuelven a juntarlas y a componer sus haces: este género de adivinación es heredado de sus abuelos. Los que llamanenareos, que son los hermafroditas o afeminados, pretenden que la diosa Afrodita los hace adivinos, y vaticinan con la corteza interior del árbol teia o tilo, haciendo tres tiras de aquella membranilla, envolviéndolas alrededor de sus dedos, y adivinando al paso que las van desenvolviendo.
LXVIII.Si alguna vez enferma su rey, hace llamar a los tres adivinos de mayor crédito y fama, los cuales del modo arriba dicho vaticinan acerca de aquella enfermedad. Por lo común, salen con decir que uno u otro, nombrando a los sujetos que les parece, juraron falso por los lares regios; pues que cuando los escitas quieren hacer el juramento más grave y más solemne de todos, casi siempre les obligan las leyes a jurar por los hogares o penates del rey. Al punto, pues traen preso al sujeto que dicen haber perjurado, y allí le reconvienen los adivinos, diciendo que el rey está enfermo porque él, como parece por los vaticinios, fue perjuro violando los hogares y penates regios. Suele acontecer que, enojado el preso, desmiente a los adivinos, diciendo que nohubo tal perjurio. Entonces llama el rey otros tantos adivinos, y si estos, observando el modo que se guardó en la adivinación, dan al reo por convicto del perjurio, sin más dilación le cortan la cabeza, y los primeros adivinos se reparten todos sus haberes. Pero si los segundos absuelven al pretendido perjuro, llámanse de nuevo otros, y después otros, y si sucede que los más den al hombre por inocente, la pena decretada por las leyes es que mueran los primeros adivinos.
LXIX.El género de muerte es el siguiente: llenan un carro de haces de leña menuda; atan al yugo los bueyes; luego meten en medio de los haces a los adivinos con prisiones en los pies, con las manos atadas atrás y con mordazas en la boca; pegan fuego a la fagina, y espantando a gritos a los bueyes, les hacen que corran. Sucede que muchos de los bueyes quedan abrasados en compañía de los falsos profetas, pero muchos otros, cuando la lanza del carro se acaba de abrasar, escapan vivos, aunque bien chamuscados. Del mismo modo queman también vivos por otros delitos a sus adivinos, llamándolos falsos.
LXX.Si el rey manda quitar la vida a alguno de sus vasallos, no la perdona a sus hijos, obligando a todos los varones a morir con su padre,[377]si bien a las hembras ningún daño se les hace. La solemnidad en los contratos y alianzas de los escitas con cualquiera que los contraigan, es la siguiente: colocan en medio una gran copa de barro, y en ella juntamente con vino mezclan la sangre de entrambos contrayentes, que se sacan hiriéndose ligeramente el cuerpo con un cuchillo o con la espada.[378]Después deesto, mojan en la copa el alfanje, la segur, las saetas y el dardo, y hecha esta ceremonia, pasan a sus votos y largas deprecaciones, tras de las cuales beben del vino ensangrentado, así los actores principales de la confederación, como las personas más respetables de su comitiva.
LXXI.La sepultura de los reyes está en el lugar llamado Gerro, desde dónde comienza el Borístenes a ser navegable. Luego que muere un rey, abren allí un foso cuadrado, y prevenido este, toman el cadáver, al cual antes han abierto y purgado el vientre, y llenado después de juncia machacada, de incienso, de almea, de semilla de apio y de anís, y volviendo a coser la abertura lo enceran todo por fuera. Puesto sobre un carro, lo llevan a otra nación o provincia de su imperio, y los que en ella reciben el cadáver del rey le hacen el mismo luto que los escitas regios que se lo condujeron, el cual consiste en cortarse un poquito de la orejas, en quitarse las puntas de los cabellos, en abrirse la piel alrededor de sus brazos, en llagarse la frente y narices, y en traspasarse la mano izquierda con sus saetas. Desde allí llevan el cadáver en su carro hasta otra nación de su dominio, sin que dejen de acompañar al muerto aquellos escitas que fueron los primeros en recibirlo de los regios. Por fin, después que los conductores pasearon al difunto por todas las provincias, se detienen en los gerros, vasallos los más apartados de todos, al lado de la misma sepultura. Primero ponen el cadáver dentro de su caja sobre un lecho que está en aquella hoya; después clavan al uno y al otro lado del difunto unas lanzas, y sobre ellas suspenden palos para hacerle una enramada de mimbres. En el contorno espacioso del arca encierran una de las concubinas reales, sofocándola primero, como también un copero, un cocinero, un caballerizo, un criado, un paje de antesala para los recados, unos caballos, las primicias más delicadas de todas las cosas, y unas copas de oro, pues entre ellos no está introducido el uso de la plata y del bronce. Después deesto, todos a porfía cubren con tierra el difunto, empeñados en levantar sobre él un enorme túmulo.
LXXII.Al cabo de un año después del entierro, vuelven de nuevo a practicar la siguiente ceremonia. Escogen de los criados del difunto rey los más lindos y bellos, quienes suelen ser escitas libres y bien nacidos, pues allí son criados del rey los ciudadanos que él mismo elige, no habiendo entre ellos el uso de comprar esclavos: escogidos, repito, cincuenta de entre ellos, los ahogan y juntamente cincuenta caballos de los más hermosos. Sácanles a todos las tripas y les limpian las entrañas llenándolas después de paja y cosiéndoles el vientre. Toman después un medio cerco, a manera de un aro de cuba, y clavan sus dos extremos en dos palos que se levantan desde el túmulo; a poca distancia clavan otro medio aro del mismo modo, y otros muchos así. Hechos aquellos arcos, desde la cola de cada caballo hasta el cuello meten un palo recio, y suben el cadáver sobre los aros, de suerte que los primeros sostienen sus espaldas, y los postreros sus muslos y vientre, quedando suspenso el caballo sin tocar en el suelo ni con las manos ni con las piernas; levantado así, le ponen su freno y brida atada a un palo que está allí delante. Sobre cada uno de los caballos colocan sendos caballeros, que son los mancebos allí ahogados, metiendo a cada cadáver un palo recto que penetrando por el espinazo llegue al pescuezo, clavando la punta inferior de dicho palo que queda fuera del cuerpo dentro de un agujero que tiene el otro palo que atraviesa el cuerpo del caballo. Puesta alrededor del túmulo aquella cabalgada de momias, se retiran todos a sus casas.