POR LOS PUEBLOS DEL NORTE

Uno de los pueblos más antiguos de la Pampa y sobre el que ha pesado una rara injusticia, propia del azar de las cosas, ha sido Parera, centro urbano del norte y hasta el cual no ha llegado todavía el ferrocarril.

El Ferrocarril Oeste, cuando llevó sus líneas por aquella comarca, tuvo el propósito de conectar directamente Van Praet con Parera. Hace de esto algo así como quince años. Sea por convenir a los intereses de la empresa la modificación del trazado, o por que los propietarios de campo se “empacaron” en sostener precios fuertes por la tierra que iba a utilizar la ferrovía, el caso es que el tren se desvió para Jardón, siguió para Realicó, Quetrequén, etc., defraudando las esperanzas del vecindario de Parera, digno de mejor suerte.

Parera tiene 26 años de existencia y fué fundado en campos de don Faustino Parera, quien dividió y loteó el égido. Se llamó en sus comienzos el Tordillo. Los planos de esta población se oficializaron recién en 1915. Su población urbana cuenta con 1.400 habitantes. Tiene servicios municipales, modestos pero completos. Funciona en esta localidad una escuela nacional con los cinco primeros grados de enseñanza y que ha contado hasta 300 alumnos.

La colonización de la zona de Parera data de 1910. Los primeros agricultores fueron italianos procedentes de Quetrequén, Rancul y Chamaicó. Estos arrendatarios primitivos pagaban por su locación el 13% sobre la cosecha, o cuatro pesos por hectárea. Pero el arrendamiento en dinero no duró mucho tiempo. Había que facilitar la acción de los agricultores ya que la lejanía del tren dificultaba o encarecía el levantamiento y transporte de las cosechas.

¿Cuáles fueron los resultados de aquella iniciación agrícola? Los cuatro primeros años se hicieron notar así: dos, malos; uno, regular; uno, bueno. A pesar detodos los trastornos, los colonos se arraigaron. Hoy son francamente optimistas.

Algún tiempo después se hacía sentir, en parte, la ayuda oficial. El Banco de la Nación prestó sobre prenda agraria. En esta forma, se evitó el intermediario, que fué siempre el comercio local, formalizándose las operaciones directamente entre la institución bancaria y los colonos.

—¿Vendrá algún día el ferrocarril?—nos interroga un vecino caracterizado de Parera, que encontramos en Quetrequén.—Estamos tan desesperanzados ya!...

Sentimos desilucionar a este bravo agricultor que fué de los primeros en roturar la tierra de la comarca. Nos parece difícil que el ferrocarril lleve sus líneas hasta Parera. Lo único viable que encontramos—y que será tal vez la solución del tan justamente anhelado beneficio ferrocarrilero—es la unión de Quetrequén con Ingeniero Luiggi, pasando por Parera, a pesar de la pequeña comba que haría la línea. Mientras esto se convierta en una bella realidad, beneficiando con el riel a una región importantísima, hagamos votos por que el gobierno lleve a Parera, por lo menos, el telégrafo nacional.

Realicó, la población más septentrional de la Pampa, centro cortado en cruz por los ferrocarriles del Pacífico y del Oeste, está destinado a ser de una importancia excepcional una vez que se subdivida la tierra circunvecina. Sus prolegómenos fueron como la mayor parte de los pueblos pampeanos, erizados de dificultades. El pueblo tiene apenas diez años de vida y ya es un centro primoroso, sin la potencialidad de Pico, pero con muy brillantes perspectivas. Se fundó el 2 de marzo de 1907. La colonización de sus chacras vecinas data de 1903. Se ha seguido, pues, en este sistema de población, el orden correcto: primero los años de prueba, los cultivos, es decir el ensayo sobre los medios de vida de que dispone la comarca; después, la fundación del centro urbano.

Había en los comienzos de esta colonización un arraigado pesimismo que fué menester destruir poco a poco.Los agricultores santafecinos y del sur de Córdoba, no querían arriesgarse en el ensayo de aquellas tierras, conceptuadas malas, “a priori". La tosca, la arena, la escasez de pastos, la irregularidad de las lluvias, eran factores negativos, mentados de lejos y sin el conocimiento absoluto de la tierra. Había una especie de terror a una planta silvestre llamada alpataco, de corto tallo, que se difunde en raíces duras y que rompe las rejas del arado. A esta mala cizaña, se unía el olivillo y el tupe enseñoreado, también, de las praderas.

Destinados a ganarse la vida en campos tan ingratos y tan desacreditados por el prejuicio, los primeros agricultores se volvían a sus tierras del norte, sin intentar que la labor inteligente salvara los obstáculos. Después, los más tenaces, echaron de ver que las tierras eran de excelente calidad. El alpataco, con su raigambre infernal, sirvió de combustible, descuajado a fuerza de hacha, después de arar. Y, cosa rara, resultó que las tierras de alpataco fueron las más aptas para los cultivos de las gramináceas.

Los criadores de ovinos, corridos por la irrupción agrícola, se retiraron al oeste, no sin antes haber provocado el choque. De esta lucha de las dos corrientes industriales, la ganadería rudimentaria y la agricultura científica, resultaron las quemazones de campos, consecuencia de la derrota de una de ellas, al arriar sus majadas en busca de tierras vírgenes.

¿Qué ocurrió después? Que la colonia fué tomando incremento en forma halagadora, hasta no dejar un estadal de tierra sin cultivo.

Hoy este pueblo del norte está en marcha y en estado floreciente, merced a la difusión agrícola de su departamento. La tierra se subdivide en pequeñas propiedades, lo que importa un progreso regional que ha de hacerse sentir bien luego en la economía del departamento. He aquí un dato sugerente que nos proporciona el señor S., vecino de gran prestigio en Realicó y la zona del norte; Don Pedro V., arrendó en la cercanía de esta población 564 hectáreas de campo al precio de 6 pesos. Esta fracción tiene unas 60 hectáreas de monte. El primer año obtuvo buena cosecha. El segundo tuvo un rendimiento de 3.000 quintales que vendió entre 14 y 16 pesos. Este año agrícola ha sembrado 400 hectáreas con un rendimiento aproximado de 10 fanegas por hectárea—no hemos confirmado el dato.—Corolario de la prosperidad de este colono con buena estrella: que ha comprado el campo a la compañía Holando-Argentina a razón de 137 pesos la hectárea, pagándolo con el producto de sus cosechas.

Basta este detalle para pensar que fué ilusorio aquel pesimismo inicial y que no deben ser tan malas las tierras de alpataco...

De nuestra visita a Quemú-Quemú, hemos recogido la más óptima impresión. Es, sin duda, esta población una de las más progresistas de la Pampa, por la situación topográfica que ocupa en el territorio, la calidad de las tierras adyacentes y la difusión colonial que informa el incremento que ha tomado la agricultura.

Quemú-Quemú, fué fundado el 26 de julio de 1908, por el señor Carlos M. Madero, en campos de la señora Sara Unzué de Madero. Tiene actualmente en su planta urbana 3.500 habitantes y 3.000 en el perímetro de sudepartamento. La población está, como Pico, Realicó y Catriló, cruzada por dos vías férreas, el Pacífico y el Oeste. Esta circunstancia pone al departamento en condiciones inmejorables para propagar sus industrias rurales.

Quemú-Quemú tiene hoy municipalidad propia. Sus calles son amplias y rectas. Dos plazas públicas—San Martín y Belgrano—dan vida al aspecto general del municipio con sus jardines bien arborizados. Tiene importantes establecimientos de comercio e industrias urbanas.

En los campos tributarios de Quemú-Quemú, quince colonias de importancia han intensificado la vida agrícola, extendiendo sus cultivos en una superficie de 170.000 hectáreas.

El agua subterránea se encuentra a profundidades que varían de 3 a 5 metros.

Entre los establecimientos rurales de Quemú-Quemú más importantes, figura La Enriqueta, con 2.500 hectáreas, campo alfalfado y dividido en 15 potreros. Esta propiedad dedica sus praderas a la crianza de vacunos, tipo Durham mestizado y caballar Hackney.

Es digno de mención el importante criadero de aves de La Enriqueta, con magníficos planteles y reproductores de pedigree.

Pero el establecimiento de verdadera significación en la zona es San Alberto, a cuatro leguas del pueblo, fundado en 1907.

San Alberto se extiende en una superficie de 14.000 hectáreas, es decir, más de cinco y media leguas de campo. Esta inmensa pradera, alfalfada en su totalidad, está dividida en 50 potreros con 46 molinos.

Para darse cuenta de la importancia de esta gran invernada, baste saber que pacen en aquel fundo alrededor de 15.000 cabezas de ganado vacuno, tipo Durham en su totalidad.

Otro establecimiento digno de mención, es San Rafael. Comprende este campo una superficie de 2.500 hectáreas cultivadas con alfalfa y pobladas con ganados bovino y ovino, de noble mestización.

San Rafael, dividido convenientemente en cuadros de invernada, está cercado con alambrados de seis hilos lisos y dos de púa.

La Delicia es otro establecimiento de industrias mixtas. En este campo de 1.200 hectáreas, hay un monte frutal y viñedo que han dado excelentes resultados.

En compañía del intendente municipal de Quemú-Quemú, giramos la población, sorprendiéndonos agradablemente los progresos de la edificación y el buen orden edilicio que dan idea de la comuna progresista.

Conectar.Poner en conección, unir.

Ferrovía.Ferrocarril.

Viable.Hacedero; que puede ser hecho.

Septentrional.Del norte.

A priori.Locución latina. De antemano. Se dice que una demostración o una afirmación es a priori, cuando deducen los efectos de las causas.

Alpataco.Planta leñosa de raíces duras y sarmentosas.

Incremento.Aumento.

Corolario.Consecuencia.

Tributarios.Que dependen.

Pacen.De “pacer”, comer la hierba.

Fundo.Propiedad, finca rural.

Realicó.Alberca o aguada en forma de fuente (araucano).

Rancul (o Ranquel).Juncos (araucano).

Chamaicó.Cha (gente); mai (derecha); co (aguada, manantial).

Después de visitar diversos pueblos de la línea de Pico, hemos pasado a Victorica. En la proximidad de Conhello comienzan los montes de caldén, de vegetación uniforme. Está la comarca en plena explotación. La leña, en parvas interminables, se alínea junto a los alambrados del ferrocarril. En Luan Toro, el stock de consideración, aguarda tren rodante para volcarse en la capital federal. Cruzamos las “hachadas” de M. de P. y T. Las industrias agropecuarias poca vitalidad dan todavía a la zona. Se está en la faena primitiva de descuajar el bosque para entregar los campos a la roturación.

El día es espléndido. Se visten de alegría el cielo azul, el monte y la pradera. El cardo asnal levanta sus mitras constelando de pompones el campo de tréboles y gramillas. El paisaje silvestre se tonaliza de vez en cuando con el pequeño alfalfar, el desmonte, el labrantío. Muy de tarde en tarde, asoma de entre el monte tupido, un ranchujo cimarrón mezcla de toldo y de vivienda suburbana. El terreno se quiebra en collados, pero sin brusquedad, con elegancia. En algunos potreros advertimos la vacada de criollos, de tipos torvos y violentos, pero con las primeras intentonas de mestización; algún rebaño pampa, a medio seleccionar y algún hato caprino triscando alegre entre los árboles.

No es necesario descender del tren para dar juicio sobre la aptitud de los campos. La cebadilla agreste difundida en copiosos matorrales, nos habla con elocuencia de la fertilidad del suelo. Las lluvias de este año han sido frecuentes y abundosas.

Los campos de Victorica, por sus condiciones agrológicas, son buenos para cultivos de forrajeras. La tierra, arenosa y morena, es propicia a la alfalfa.

Los primeros alfalfares los inició en la región y en 1898, don Máximo G. Estos ensayos en su establecimiento Carro Quemado, fueron una comprobación. Le siguieron en la prueba, don Alberto S. en La Isabel; don Alfonso C.—el pujante francés—en sus campos de Telén; Von B., en Poitahué, y Armando L., en La Morocha. Actualmente la superficie alfalfada de Victorica puede calcularse en una extensión de 80.000 hectáreas.

Sin duda alguna, el más empeñoso cultivador ha sido don Máximo G., quien por la excelencia de sus semillas, obtuvo premios de valía en el concurso organizado por el ministerio de agricultura en 1909, y en los de la Bolsa de Cereales de 1910 y 1913.

Para el cultivo de una hectárea de alfalfa en Victorica se calcula una inversión de 30 pesos. Por las faenas de arar, sembrar y rastrear, se paga 7 pesos. Se dan, generalmente, tres cortes anuales, destinando el primero para semilla, cosa de que si fracasa se pueda asegurar el segundo. La alfalfa se acondiciona en parvas y almiares. No se han ensayado aún los silos en esta región, debido a que los resultados del forraje, en estos tres últimos años—salvo el presente—han sido precarios, por escasez de lluvias.

El maíz se cosecha con éxito en toda la comarca. Predomina el tipo de maíz amarillo.

Este año se han iniciado los primeros tanteos en trigos, con pequeñas extensiones de 100 y 200 hectáreas,en ruso y barletta. Y a fe que este cereal y su poco de avena, han dado rendimientos alentadores. Son italianos, españoles y criollos los labriegos que acaban de tentar esta nueva orientación para los cultivos rudimentarios de la comarca. De este ensayo arrancará la corriente colonizadora que ha de iniciar la evolución agraria en Victorica.

—Quien está poniendo mucha atención en estos preliminares agrícolas—nos dice el gerente del Banco de la Nación—es el señor Enrique K., en su campo La Fe. El señor K. ha traído colonos del sur de Buenos Aires. Su ubicación es reducida pero ha resultado eficaz. Son tres familias, solamente, las fundadoras de la chacra, con un cultivo de 300 hectáreas. El trigo y la avena prometen dar óptimo rendimiento. Con tan buenos auspicios, el propietario del campo aumentará sus colonos el año entrante. El campo La Fe está situado a seis leguas del ferrocarril. El señor K. no cobra arrendamiento por el campo destinado a agricultura. Lo hace, simplemente, a título de ensayo.

La industria ganadera tiene viejo arraigo en la zona. En materia de ganado vacuno, la tecnificación comienza hace quince años, con los primeros tipos importados en toros y vaquillonas. Actualmente predomina el tipo Durham. Se calcula en más de 250.000 el número de cabezas en el departamento. Estas haciendas se destinan a los mercados del litoral y a frigoríficos. Como un dato significativo sobre el mercado de haciendas, diremos que en los remate-ferias de Telén y Victorica hay ventas mensuales, sobre totales de 1.000 cabezas como término medio, exclusión hecha del ganado lanar. En ovino, se ha reformado mucho también, con cruzas de Lincoln y Rambouillet. Las majadas aborígenes, salvo uno que otro plantelito de propiedad de criadores retrógrados, están en Santa Isabel y Colonia Mitre para afuera. Son limpias, en general, las lanas de la zona. Hay un poco de roseta, sin embargo. No hay abrojo grande. No hay garrapata. No hay lombriz. La sarna es benigna, y para ello tienen los establecimientos sus comodidades zootécnicas. La cosecha de lana este año está calculadaen 2.000.000 de kilos. Los últimos precios alcanzados hasta ahora—escribimos este capítulo a principios de noviembre—han oscilado entre 20 y 25 pesos.

Creemos que bastan estos apuntes como semblanza general del departamento. La tierra es generosa y feraz, apta como la mejor del territorio para las industrias rurales. ¡Lástima que no esté lo suficientemente subdividida! Pero las necesidades agrícolas han de formalizar con el tiempo la evolución, tonificando el progreso de la zona.

El comercio regional es nutrido y honesto. Las casas de Victorica tienen un extendido radio de acción en el noroeste, llevando sus mercaderías hasta las colonias Mitre y Epumel y gran parte de la sección 13. Hay establecimientos comerciales que merced a su empeñosa labor, y sin ser excesivos en los precios, han doblado su capital en un año. Unase a esto el dato de que el Banco de la Nación sostiene un movimiento no inferior a 15.000.000 de pesos, según informes oficiosos que recogemos, y se tendrá una noción aproximada de la validez comercial de este centro.

La evolución de Victorica es hacia la agricultura. Ya se diseñan los primeros albores. Departamento criollo—el más criollo de la Pampa—y ganadero, en consecuencia va ganando el oeste, mientras la agricultura de importación, se apodera de los gramillales y fracciona en chacras la heredad. La línea de Toay a Victorica, cuando vaya, revolucionará los predios y constelará de colonias el camino.

Hachadas.Las partes del monte en que trabajan los leñadores o hachadores.

Cardo asnal.Variedad del cardo común, de hojas muy espinosas.

Mitras.Ornamento o capelo, color violeta con que los obispos se cubren la cabeza en las funciones religiosas.

Constelando.Matizando.

Collados.Lomas o colinas de poca elevación.

Hato caprino.Rebaño de cabras.

Inversión.Gasto.

Auspicios.Comienzos; lo que permite esperar que aquello que se emprende salga o resulte bien.

Retrógrado.Atrasado.

Garrapatas.Insecto de patas gambadas que se agarra fuertemente a la piel de los animales para chuparles la sangre.

Feraz.Fértil.

Apta.Adecuada, que sirve para algo.

Heredad.Posesión de campo.

Constelará.Llenará. Tomada en sentido figurado.

Terminada la campaña al desierto, había que poblar el país conquistado. La Pampa del norte, foco de tribus hoscas bajo la garra de caciques zahareños, reclamaba con urgencia núcleos urbanos como el primer complemento civilizador. Nuestra caballería, fatigada aun, dejaba sus carabinas humeantes para cavar el cimiento de las poblaciones. Militar había sido el desbrozamiento del bosque salvaje y militar debía ser el bautismo de los pueblos. Nace así Victorica, el 12 de febrero de 1882, tutelado por las armas victoriosas del 9 de caballería. Es el coronel don Eduardo Racedo quien le unge su óleo militar, en unión de sus compañeros de armas, coronel Ernesto Rodríguez, comandante Sócrates Anaya, Froilán Leiría y otras figuras descollantes de la cruzada.

Era a la sazón ministro de la guerra, el general don Benjamín Victorica. El pueblo criollo cuyos primeros vecinos proceden de Mercedes de San Luis, recibe el legado de las armas dispuesto a desenvolver sus energías y a apresurar la colonización del vasto territorio. Era la simiente de la pacificación llevada por la guerra y que debía germinar en rama de olivo entre los campos agrestes y los bosques del norte. Y en verdad, que no podía el ejército haber elegido un punto más estratégico y central para la fijación del núcleo urbano.

Abarquemos en una ligera reseña el amplio panorama de la heredad indígena, donde estaban aún frescas las huellas de la salvaje dominación. Poitahué, vecino a Victorica, puede considerarse el punto de irradiación de aquel dominio bárbaro. El paraje es boscoso, lleno de quiebras y circundado de médanos. Las selvas se escalonan en anfiteatro hasta empenachar las más altas colinas. Allí, desde tiempo inmemorial, se consagraron las más sonadas aventuras indígenas, alianzas y parlamentos y se tramaron las más bravas invasiones a tierra de cristianos. Fueron estas selvas, metrópoli gubernaticia en lo bárbaro e institucional y gran mercado detransacciones en el comercio y la ganadería. Hasta allí vinieron los plenipotenciarios del Limay, de Mendoza y de ultra cordillera a transar convenios “internacionales” y legislar sobre los campos sin fronteras; y vinieron también arrieros y negociantes a comprar ganados y cargar en sus recuas con la sal de las lagunas. Hacia el sur oeste, donde el bosque se diluye en aislados matorrales, dos lagunas, como dos broches de plata, cierran la herradura de los médanos. Allí tenía el cacique Quinchao su aduar, como un cancerbero puesto en guardia junto a los primeros árboles de la selva mitológica. Desde la cresta de las lomadas vecinas, la vista abarca un dilatado horizonte. Hacia el sureste se abre, otra vez, el bosque infinito y espeso. Es el Rincón de Baigorrita entre cuyas tupidas arboledas supo, el famoso cacique, buscar refugio como un gato montés. Más allá una hondonada; luego un médano. Después, una laguna—Metero-Quett—abundosa mina de sal común.

Se entra después en la tierra próvida: Yuá-Yuá. Fué en este valle feracísimo donde Painé había asentado su pueblo. Tierra rica en humus, se prodiga en gramíneas silvestres y en pintorescas perspectivas. Levantada la tienda aborigen, nuestras tropas encontraron cebadales sembrados en forma rutinaria pero floreciente. De esteoasis, que suponemos invernadero promisor para las caballadas indígenas, pudo decir el doctor Benjamín Dupot cuando en 1879 lo cruzó con las tropas del coronel Rudecindo Roca: “De todos los terrenos que hemos recorrido, desde Villa Mercedes de San Luis hasta aquí, 92 leguas, es el más feraz éste, pareciendo que fuese fecundada la tierra artificialmente.”

Pero este valle no es más que un anticipo de la vega fertilísima que sigue al sur espaldada en semicírculo por las colinas de Calpe y Curru-Mahuida, que corren paralelamente de noreste a suroeste y donde, en previsión del árido desierto que vendrá después, la naturaleza parece que hubiera desbordado en gracias. Lástima que es breve el solar valletano. Pero es nutricia y es húmeda su tierra y basta una lluvia tímida para tapizar de verdura el prado. Aquí se abre el horizonte sobre la travesía como una puerta infranqueable que los indios denominaron Huin-cul.

Desde allí hasta los derrames del Atuel, sobre las arenas del Chadi-Leuvú, el terreno se presenta fragoso y desigual, ora lleno de dunas errátiles, ora salpicado de jarillas y piquillines precarios, ora con praderías fértiles pero amargas, ora con sotos exíguos pero poblados de gramillas y trébol de olor.

Pero no es esto todo el vasto país que dominaron los ranqueles. Hacia el norte y hacia el sur y hacia el este llevaron la fuerza brutal de su poderío. Y si nómades fueron sus correrías, no fué por la pobreza de sus valles, que no convivieron la tierra propia, en los afanes del trabajo remunerador. Guerreros por casta, sañudos y andariegos por modalidad, no era el sedentarismo de la labor agraria el que había de poner freno a su vida gandul. Con invernadas fértiles ¿a qué razón intentar el labrantío, si era más fácil poner por delante de sus potros los ganados ajenos y alcanzar la inmensidad de los bosques y las vegas recónditas? ¡Ah si hubieran sido sosegados y trabajadores como los indios de la meseta! La misma facilidad de la vida sobre la tierra fértil y bajo el sol benigno, contribuyó a entorpecer su propia étnica, trabajada en la guerra y en la rapiña del puebloaraucano, su antecesor. Y hubieron de perder su paraíso porque no supieron cultivarlo para vivir en paz a su sombra.

¡Sus valles! ¡Sus bosques! ¡Sus serranías! ¡Sus lagunas!... En Ranquel-có, exuberante pradera regada por su arroyo juguetón y circundada de médanos hechos al azote del viento, solía Baigorrita invernar sus caballadas. En Leuvucó, junto a la laguna de Ochoel, donde se dividía el extenso reinado con Epumer, salpicado por vastas selvas y claros ubérrimos, mantenía su tienda Mariano Rosas, mientras el predio le devolvía con trigos y cebada el trabajo de aventar la semilla. ¿Y Cochicó? ¿Queréis algo más bello? Sobre este valle, santificado por la tragedia, un militar de la cruzada, en parte a Racedo, suscribió esta breve semblanza: “La naturaleza parece hacer alarde de sus galas. Difícil es describir la particularidad de esa perla—permítasenos la frase—en la soledad misteriosa de la Pampa.”

Y todo lo perdieron. Quedó la inmensa heredad abandonada. Las tolderías deshechas. Creció la maleza en las vegas inactivas y ansiosas de ganado. Se cubrieron de maraña los senderos ocultos que se retorcían como serpientes hasta el corazón de las selvas. Y cuando la civilización, legataria del esfuerzo armado, quiso recoger el premio de su gran conquista, pensó en que la obra inmediata de esta depuración debía llevarla la colonia.

Así nació Victorica, primera avanzada civilizadora en el país de los ranqueles.

Hoscas.Asperas, intratables, hostiles.

Zahareño.Desdeñoso, desconfiado, irreductible.

Desbrozamiento.De “desbrozar”: quitar la broza, limpiar.

Unge.De “ungir”: señalar una persona o cosa derramando sobre ella el óleo santo. Está en sentido figurado para significar que se señaló o asentó el sitio en que se levantaría el pueblo de Victorica.

Estratégico.De acuerdo con la estrategia.

Irradiación, punto de irradiación.El centro desde el cual se ejercía el poderío indígena.

Anfiteatro.Lo que está en forma de anfiteatro. En sentido recto, anfiteatro es un edificio ovalado o redondo, con gradas alrededor.

Transar.Realizar.

Recuas.Conjunto de animales de carga.

Diluye.Se extiende en forma suave.

Aduar.Campamento o población movible de los árabes nómades. Por extensión, se aplica a las tolderías de los indios de la Pampa.

Cancerbero.Guardián fiero y soez. En la mitología griega, Cancerbero era un perro de tres cabezas, feroz, que guardaba la entrada de los infiernos.

Mitológica.Propia de la mitología.

Humus.Tierra rica en materias nutritivas vegetales, negra, y la más apta para que se desarrollen las plantas.

Valletano.Perteneciente al valle.

Errátiles.Movedizos.

Jarillas.Planta de la zona pampásica.

Piquillines.Planta pampeana.

Sañudos.Furibundos, dados a la saña.

Sedentarismo.La vida en un sitio fijo.

Gandul.Holgazán.

Recónditas.Muy escondidas.

Ubérrimos.Los más feraces.

Semblanza.Descripción.

Maraña.Maleza.

Legataria.Heredera; que recibe un legado.

Ranquel-co.(Voz araucana). Laguna de juncos.

Limay. (Voz araucana). Liso, plano, parejo.

Curru-Mahuida.(Voz araucana). Cerro negro.

La primera impresión agradable que nos da Victorica, la recogemos en la plaza pública. Es el obelisco a los héroes de Cochicó, mojón más que monumento, donde el alma popular ha significado su espontánea glorificación al puñado de valientes que cayó en la jornada del 19 de agosto de 1882, inmolado por las lanzas de Yancamil. ¡Loado sea el pueblo que venera a los humildes!

Sin duda, historiadores rotundos, ignoráis esta sencilla jornada del desierto, que venía a epilogar con la nota más cruel y más saliente la campaña civilizadora. El episodio de Cochicó, trivial para los resultados generales de la cruzada, tiene una significación trascendental dentro del espíritu de disciplina del ejército. Demuestra, además, con harta elocuencia, la necesidad de complementar el éxito de las armas, con una política gubernamental auspiciosa, que llevara sobre el rastro de las tribus en derrota, vigilancia, cultivos y población.

El coronel Racedo, con asiento en Villa Mercedes, en parte telegráfico de 25 de noviembre de 1878, decía al ministro de la guerra, general Roca: “Le felicito por el resultado de la expedición del comandante Roca. Ella ha sido tan feliz como la mía. Poco queda que hacer con los ranqueles.” Roca le contestaba dos días después: “Me parece conveniente que usted en persona dirija la operación de concluir con los ranqueles. Váyase preparando y avíseme qué día piensa salir. Creo que ahora estas marchas deben hacerse despacio para no fatigar los caballos. No deje perder esta luna. Le recomiendo me lo trate bien a Chancalito.”

Sin embargo, lejos estaban de concluir con la salvaje dominación. Era muy vasto el país ranquelino, muy lleno de accidentes topográficos y variado en recursos naturales para que pudiera descuajarse de golpe aquel imperio montaraz. Faltaban por caer los soberanos Baigorrita y Epumer. Las armas de la nación, demasiadohacían en aquel inextricable laberinto, desde los altos médanos de Poitahué hasta los guadales del Salado, en una extensión salpicada de bosques espesos, de lagunas salobres, campos abiertos, dunas y collados. Por fin cae Epumer con su mesnada de 300 jinetes de chusma y lanza. Es el día 7 de enero de 1879 y lo comunica Racedo desde Río IV. Abandonan los aborígenes sus viejas guaridas y se retiran al Chadi-Leuvú. Pero falta Baigorrita. ¡Baigorrita! Contra él se lanza el jefe de la vanguardia de la tercera división de operaciones, coronel Rudecindo Roca y lo persigue a lo largo del Salado hacia el sur. En Curru Mahuida, le da un indio la noticia de que el fugitivo con sus fieles, ha vadeado el río y el Atuel. Se sigue los rastros. Se costea una cerrillada de médanos. Se cruza el abra. Luego el monte hirsuto. Pero ahí está el río lleno de braveza, hinchando el lomo y guarnecido por el tembladeral. ¿Quién se azota!... Una de las comisiones volantes anuncia, por la delación de un indio, hermano del capitanejo Mariqueo, que Baigorrita debe estar junto a la laguna de Cochicó. Hay que volver entonces diez y seis leguas por lo menos. Allí ha de estar el montesino, el ogro, con su hermano Lucho que es su sombra y su brazo. Y hacia Cochicó fueron nuestras armas. Penosa debía ser la travesía. Los derrames del Atuel habían invadido con su raigambre de cañadones una extensa superficie. Diez horas permanecieron nuestros bravos en el agua un día 25 de mayo frío y ventoso. Pasaron por fin aquel delta endemoniado. Ganaron una isla, ateridos y hambrientos, para recomenzar la jornada al día siguiente, no bien se iniciase el sol. ¡No había que dar tregua al fiero ranquel! El 27 se gana el rastro de Cochicó. Cruzan el bosque de chañares y jarillas y van a acampar a la vera de la serranía. Allí se muda de caballos y se vuelve a tomar el camino hasta la laguna amarga. Un chasque del capitanejo Cumilao, sorprendido en el monte, denuncia la situación de Baigorrita en Cochicó. Allí está con Lucho, Fortuna y Cumilao. Pero, no contaban nuestras tropas con la astucia del indio, que es su naturaleza providencial. Baigorrita ha huídohoras antes, al otear como una fiera perseguida, la proximidad del ejército. ¿Hacia dónde? A Ranqueló, sin duda. Pero no se detiene aquí y vuelve nuevamente a burlar a sus perseguidores, emprendiendo la fuga hacia el Colorado. Le garronearon las pezuñas los jinetes del 9. Pero fué inútil. El gamo había nacido en las breñas y tenía el instinto ancestral del bosque. Se escurrió como una sabandija.

—¿Ve esa humareda?—le preguntó al coronel Roca, un ex-cautivo que se plegó a las tropas frente al jagüel de Las Liebres.—Es Baigorrita que avisa a sus indios dispersos, encontrarse en la otra ribera del Colorado.

Dos meses después, en agosto, el gobernador de Mendoza, don Elías Villanueva, comunicaba al general Roca la muerte del ranquelino. “Cayó Baigorrita en poder de las fuerzas, después de combate reñido. Huyó con diez indios, y el mayor Torres, que lo perseguía, lo mató porque no quería rendirse.”

Este episodio ocurrió el diez de agosto a la margen del río Agrio.

Con la muerte de Baigorrita y el sometimiento de grado o por fuerza de los grandes caciques, termina el imperio pampeano como entidad subordinada a la soberanía indígena. Pero no así el bandidaje desalmado en algunas comarcas. El país ranquelino, quebrado y fértil, lleno de bosques, de médanos, de serranías y gramillales, era de fisonomía excepcional para prolongar las montoneras. El chusmaje aborigen, capitaneado par los últimos lanceros que restó la huída en los repliegues del camino, por largo tiempo merodeó en la comarca sometida, no obstante el optimismo de los conquistadores. Y precisamente, a la guerra sorpresiva que siguió a la acción sistemada, pertenecen los más bellos y emocionantes episodios militares. El encuentro de Cochicó que trata de perpetuar este monumento honrado y glorificador de la plaza pública, tiene los contornos de la epopeya. Se suscribió así aquella jornada de sangre y de valor. En el mes de julio de 1882, cinco meses después de fundado el pueblo de Victorica, el comandanteFroilán Leiria, segundo jefe del regimiento 9 de caballería, desplegó al mando del mayor Nicolás Santerbó en persecución de los indios, una parte de la fuerza de su guarnición. Cuando estas tropas llegaron a Puelen, es decir a cincuenta leguas de Victorica, su jefe desprendió

una partida de 26 hombres al mando de los oficiales tenientes Tránsito Mora y alférez indígena Simón Martínez. Esta fuerza, con carácter de exploradora, debía patrullar por Cochicó (“cochi”, dulce; “co”, aguada) y sus alrededores. Conocedores los indios deesta maniobra, tendieron su celada. Cuatrocientos jinetes, apostados en las breñas y en el monte, salieron al encuentro de los atrevidos exploradores. Eran las lanzas del bravo cacique Yancamil, cuyas depredaciones y salteos no habían encontrado castigo todavía. ¡Qué lejos estaba Santerbó para el auxilio! Rodeado Mora y sus legionarios lucharon denodadamente en aquella demanda desigual de uno contra quince. Agotadas las municiones, inutilizadas sus armas blancas ante las largas picas y las boleadoras, hubieron de pelear hasta con las piedras. ¡Qué dolorosa ultimación! Cuando Santerbó, avisado del encuentro, llegó al lugar de la jornada, habían pasado a la inmortalidad sus héroes bajo la envoltura sangrienta y gloriosa. Recordemos sus nombres; Cabos primeros del regimiento 9, Matías Rosales y Miguel Cardoso; cabos primeros distinguidos, Juan Suárez y Juan Márquez; soldados Tiburcio Vergara y Liberato Páez; cabo primero del batallón 10, Francisco López, y soldado Dolores Amalag.

Tal fué el episodio de Cochicó. Tal el monumento sencillo que la gratitud popular ha llevado a la plaza pública. Los despojos de los héroes humildes descansan en el atrio de la iglesia. Allí se levantará el monumento futuro, grande y significativo como la propia acción. Y cuando la Pampa, dejando su minoría de edad, se incorpore a la diadema constelada como una nueva provincia—¡gran provincia, sin duda!—y necesite fomentar el culto de los héroes propios, ya el sentimiento nativo volverá sus ojos al vallecito aquel, donde dos arroyos, que se tiran como dos culebras del cerro, ponen sus cintas de plata sobre el verde tapiz...

Obelisco.Alto pilar aislado, semejante a los obeliscos egipcios, que eran unos monumentos monolíticos (de una sola piedra) en forma de pirámide cuadrangular, de base estrecha con relación a su altura, que solía pasar de 20 metros.

Mojón.Señal que se pone para marcar el límite de los campos, caminos, etc. Generalmente es una piedra enclavada en tierra.

Cochicó.(Voz araucana). Aguada dulce.

Rotundos.“Historiadores rotundos”: los que emplean un tono dogmático.

Epilogar.Resumir, poner el epilogo.

Auspiciosa.Que asegura el porvenir.

Fotográficos.Correspondiente a la fotografía.

Descuajarse.Arrancar de raíz, de cuajo.

Inextricable.Enredado, confuso.

Laberinto.Lugar formado de calles y encrucijadas, de modo que el que se encuentre dentro no pueda dar con la salida.

Guadales.Los campos de arena en que ésta llega a gran profundidad. Los antiguos médanos ya firmes.

Mesnada.Soldados, generalmente voluntarios, que siguen a un jefe.

Vadeado.Atravesado.

Cerrillada.Región cubierta de cerrillos.

Abra.Abertura por la que se puede pasar entre dos montañas o cerros. También se aplica a los pasos practicables en las selvas espesas.

Hirsuto.Dícese del pelo duro y revuelto.

Tembladeral.Sitio por el que en apariencia se puede transitar, pero en el que bajo una capa de césped se oculta una capa de fango, a veces muy profunda.

Breñas.Campo cubierto de peñas y malezas.

Jagüel.Pozo excavado (sin borde) del que se extrae el agua para el ganado.

Merodeo.De “merodear”: andar por un paraje, robando y pillando.

Epopeya.Poema en que se cantan grandes y heroicas acciones.

Depredaciones.Pillaje, devastación.

Boleadoras.Las tres bolas de piedra, unidas con tiras de cuero, que sirven como arma arrojadiza para detener animales que huyen.

Hubo un error capitalísimo en la fundación de Victorica. La falta de un estudio catastral del terreno y la deficiencia de las cartas planimétricas levantadas fraccionariamente por el ejército, marginaron errores de ubicación que acarrearon graves consecuencias. Victorica se delineó sobre campos de la Ganadera Nacional, en la creencia de que se trataba de patrimonio del fisco. Este error hubo de subsanarse con una ley nacional que indemnizó con largueza el acervo privado. Pero ya el centro urbano, subdividido y loteado, estaba en marcha y su trasplante hubiera sido un fracaso. El agua buena, casi al ras del suelo—de 5 a 8 metros de profundidad—era su principal incentivo. Sus predios suburbanos, por lo demás, eran dóciles a la labor, blandos y feraces, con condiciones de primer orden para los cultivos hortícolas. El égido original comprendía 248 manzanas, divididas en cuatro solares cada una y 150 lotes de chacra de 100 hectáreas.

Cuando la obra miliciana tocó a su término y fué menester retirarse y entregar el nuevo pueblo a la acción civil de sus autoridades, los jefes pobladores, autorizados por la superioridad, entregaron a las tropas, certificados por los cuales se les concedía en propiedad solares y chacras. Los héroes, sustanciada tan brillantemente la campaña, buscaron el abrigo del rancho propio, trocando el fusil por el arado. Confiados en la modesta recompensa, construyeron sus poblaciones, labraron sus dehesas, y esperaron que la escritura, que era lo propio, canjeara en definitiva el certificado eventual. Pero como aquel comisario pagador largamente esperado por los milicos de la frontera, la escritura no llegaba nunca ni ha legalizado todavía la posesión del solar...

Con incertidumbre, con pesimismo, frente a la regresión propia del que cultiva para que coseche el vecino, se inicia la odisea de aquellos hombres de laborarraigados al suelo, firmes en el rudo bregar, pero huérfanos de todo estímulo y de toda protección. Se registra, por fin, una ley confiriendo atribuciones a todos los municipios de la Pampa para conceder y escriturar las tierras perimetrales a los pobladores que estuvieran dentro de la ley—es decir que hubiesen alambrado, poblado y hecho un pozo dentro de la posesión.—Pero esta legislación fué, sencillamente, un paliativo. Concurrieron los pobladores de Victorica. La intendencia les dió títulos, pero títulos provisorios que no pudieron canjearse por definitivos.

¿Qué hace el gobierno nacional después? Anula la ley con un decreto y procede con el criterio más injusto y desprovisto de toda equidad, a la anulación de las tierras del égido y a ponerlas nuevamente a la venta. Victorica había pasado ya sus días de prueba. Su infancia, difícil y gloriosa, se trocaba en floreciente juventud. No era ya la alquería de los primeros tiempos. Era el núcleo social, lozano y fuerte, que no podía detenerse en el remanso como la piedra del arroyo. El conglomerado de casas, había alcanzado su tonificante edilidad. Era fuerte su comercio, fácil su vida, manifiesta su prosperidad y su labor. Casas de mampostería en reto a los ranchos fundadores, carreteras expeditas y ampliadas por el tráfico, irradiando como un sistema arterial por la inmensa campiña; plantaciones y arbolados, estancias y sembríos. Tal era el exponente de aquella joven población, cuya influencia debía pesar en forma definitiva sobre el dominio conquistado ansioso de civilización.

Pero estos títulos no debieron ser suficiente timbre de honor para el gobierno nacional, que en forma tan inconsulta borraba de un plumazo el sacrificio de aquellos valientes pobladores. Se puso en vigor el decreto, violatorio de la ley. Volvió a transarse la tierra. Y como la mayor parte del vecindario había poblado de firme, muy pocos pusieron resistencia a este “atentado”, que venía a poner cada propiedad frente al remate compulsivo por deudas ilusorias al fisco... Y se dió el ejemplo, poco edificante para el Estado, de que hubopropietario que pagó más de dos veces su solar, siendo notorio el caso de doña Carmen Orozco, la sargento mayor del ejército expedicionario doña Carmen Orozco—¡oídlo bien!—esposa de militar, quien ha pagado cuatro veces el valor de su propiedad. ¡Ingrata recompensa!...

Por repetidas veces la dirección general de tierras, mandó sus inspectores en tren de investigación más que de arreglo. ¿Qué se ha hecho hasta ahora? Nada. Los pobladores siguen reclamando infructuosamente sus derechos, a pesar de haber cumplido con la ley. Esta circunstancia, de inestabilidad posesoria, imposibilita las operaciones bancarias y comerciales, por la dificultad, en caso necesario, de disponer como responsabilidad, de la garantía raíz que es lo corriente en esta clase de transacciones.

Un caso concreto y que da la pauta de este desbarajuste, es el ocurrido a don Luis G., viejo poblador de Victorica. G. que tiene una hermosa casa edificada, posee dos títulos de propiedad de su terreno: uno, firmado por la municipalidad; otro por el ministerio de agricultura (dirección de tierras y colonias). Un buen día recibe este poblador una nota de tierras y colonias compeliéndole a que en el término de treinta días “arreglara su situación". De otra manera se daría por caducada su ubicación en el terreno. ¿Qué situación? Se pretende, acaso, que este progresista vecino pague por tercera vez su terreno? ¿O es que esta odiosa situación no lleva miras de acabarse nunca?

No deja de ser interesante este otro caso: la manzana donde está la municipalidad, la biblioteca y el templo parroquial, frente a la plaza, fué edificada por el ejército y con el contingente de algunas dádivas particulares. Allí estuvo el cuartel del 9 famoso. La iglesia, que aparentemente tiene zanjada su situación posesoria, mediante una escritura otorgada por tierras y colonias, tiene, según este documento, derecho a todo el solar de 50 × 50. Con esta superficie invade el local de la biblioteca.... ¿Irá la biblioteca a la calle con sus 3.000 volúmenes y su gran simpatía popular? Sería curioso... Peroha de primar el buen tino, y el obispado platense, a cuya diócesis corresponde este templo, no ha de permitir el alegato entre tan altas instituciones.

Debe terminar de una vez este estado inestable de la propiedad privada, que tanto afecta al desenvolvimiento de Victorica. El presidente de la República, doctor Hipólito Irigoyen, que con austera equidad, se ha avocado el conocimiento y solución de los viejos pleitos de la tierra pública, debe tender sus ojos a este pueblo, lleno de esperanza y de gloria, reparar el error de los predecesores y darle de una vez el poco de justicia que reclama.

Catastral.Relativo al “catastro”, enumeración y estimación de las propiedades territoriales, a los fines de la administración fiscal.

Planimétricas.Relativo a la “planimetría” o medida de las superficies planas y su representación gráfica.

Egido.Trazado o planta de los pueblos.

Dehesas.Campo de pastoreo.

Milicos.Soldados.

Pesimismo.Propensión a considerar todas las cosas por su peor aspecto.

Perimetrales.Del perímetro, esto es, vecinas al límite.

Paliativo.Se dice de los remedios que no sirven para curar una enfermedad, sino simplemente para suavizar sus dolores y contenerla durante un tiempo.

Canjearse.Cambiarse.

Equidad.Justicia.

Transarse.Comprarse y venderse.

Fisco.El tesoro nacional.

Pauta.Medida.

Compeliéndole.Obligándole.

Caducada.De caducar: perderse un derecho por haber vencido el plazo dentro del cual podía ejercerse.

Avocado.Atribuído.

El porvenir agrícola de Victorica tendrá un valiosísimo factor en la viticultura, y en consecuencia la industria derivada del vino. Es excepcional su tierra para esta clase de cultivos. El obstáculo, que puede salvarse, tratándose de extensiones reducidas, es el régimen de las lluvias. Las lluvias no obedecen a una regularización más o menos aproximada. Pero esta condición meteorológica del clima, tiene su compensación con el riego artificial y el molino. Puede asegurarse que casi no hay quinta ni propiedad urbana que no tenga su parralito o su espaldero. ¡Y qué productos! Un hortelano, cuya finquita es un pequeño paraíso—el italiano Pascual M.—envió hace algunos años al general Victorica, cuatro racimos, hijos de una moscatel rosada ya provecta. Diez y seis kilos bien medidos pesaba esta lujuriosa cosecha.

Los viduños fundadores, primitivos como los de Noé, datan de veinticinco años atrás. La crónica de entonces trae hasta nosotros la nómina de los ensayadores. Después prosiguen otros. Popularizado el éxito, se difunden los cultivos, se tecnifican las clases, se perfeccionan las instalaciones y se organizan viveros con buen resultado. Esta comprobación tienta a la empresa. Y por ahí queda en arreglos una cooperativa que hubo de sentar tienda con capitales y prácticas adquiridas en Mendoza.

De muy buen grado visitamos los viñadores de significación, distribuyendo nuestra mañana entre las huertas principales.

M. tiene una hectárea que compró en 1897. Posee además, una chacra de 88 hectáreas, sobre la que no le ha caído en gracia, como a todos, el título definitivo.

—¿Cómo inicié mi viñedito?—nos dice con modestia.—Pues, desde Mercedes de San Luis hice venir un manojo de sarmientos. Eran diez varillitas de moscatel blanca y negra. Llegaron en diligencia. Las planté y rindieron. Las podas de esas plantas me sirvieron después para extenderme. Ya ve usted. Y no está tan mal que digamos. ¿No le parece? El año pasado me las dejó arruinadas la langosta. No me quejo este año...

Y en verdad que están pampanosas y frescas las vides. No obstante, de vez en cuando, la mirada investigativa descubre entre el follaje alguna hoja donde la antragnosis ha puesto su carcoma color de tabaco. Pero es sencilla la profilaxis para el parra enfermo y M. que es horticultor de cepa, sabe utilizar los recursos del sulfato y la cal para prevenirse.

Están magníficos los perales y los almendreros. El duraznero no da los resultados apetecidos en la comarca. Vive cuatro o cinco años. A los dos produce fruta. Luego se achaparra y se muere. M. opina que es por la flojedad de la tierra. Los almendros sí que rinden y se vuelven viejos. De cuatro plantitas que tiene por vía de ensayo, ha recogido el año anterior cuatro bolsas de 45 kilos cada una.

Estos datos sencillos y veraces, son una comprobación de la excelencia agrológica del suelo para determinados cultivos. Nos despedimos de este simpático trabajador.

—Esto que usted ve—nos dice M. al cruzar la huerta llena de sombra, acompañándonos hasta nuestro coche—era un monte de caldenes cuando lo adquirí. Ahora hay viñas y perales. Pero créame, señor, no se ayuda el esfuerzo y a uno se le va, a veces, hasta el coraje de trabajar...

El viñedo de don Domingo L. es un parral elegante y cuidado. Parece un vergel. Se explica que medie más un propósito deportivo en cultivar esta plantación que en sacarle utilidad. L. es comerciante antiguo y goza de buena posición pecuniaria.

También sus sarmientos vinieron como los de M., de Mercedes. Predomina la uva moscatel aun cuando tiene un poco de francesa.

Este vecino, uno de los hombres más caracterizados y más antiguo de la población, tiene fe en el porvenir que le está reservado a la viticultura.

Otra de las quintas que merece mención especial es la de don Medardo B., vecina a la estación del ferrocarril y cuyo producto no sólo se relaciona con la viña y los árboles frutales, sino con las hortalizas. Es un cultivo este, donde su propietario ha puesto en práctica los procedimientos aconsejados por la tecnificación agrícola; y es por ello que la tierra remunera su labor con productos excepcionales.

Hortelano.El que cultiva y cuida huertas.

Provecta.De mucha edad.

Podas.Las ramas supérfluas quitadas a los árboles y arbustos.

Pampanosas.Con muchos pámpanos.

Antragnosis.Enfermedad de las viñas.

Carcoma.Roedura causada por insectos.

Profilaxis.Remedios preventivos.

Se achaparra.Se achata.

Pecuniaria.Relativo al dinero o fortuna.

Remunera.De “remunerar”: recompensar.

La colonización ganadera en los departamentos de Leventué y Chalileo—es decir la extendida comarca comprendida entre Victorica y la ribera del Salado—va tomando cuerpo día a día. Los pobladores de esta región son, en su mayor parte, criollos. Mientras las sementeras inician sus primeras tentativas, con resultados halagüeños en la parte oriental, adelantándose el ferrocarril que unirá a Victorica con Santa Rosa, los hijos del país, ganaderos nativos, se aventuran al oeste donde abundan los campos de pastoreo. Y no se sospeche que es una reticencia criolla este aspecto silvestre de la industria ganadera, demasiado tecnificada en la región para que pudiera creerse regresiva. El criollo no es agricultor; y si con resultados exiguos ha de ser arrendatario en los campos próximos al poblado, prefiere habilitaciones o medianerías ventajosas, lejos, eso sí, pero con libertad. ¡No es para la jaula esa ave nacida en la soledad infinita de los campos! Y no le creáis ni hosco, ni atrasado, ni tímido.

—Nuestro criollo—nos dice un respetable vecino de Victorica—se ha modificado mucho. Es generoso, como siempre, pero no derrochador. La vida cara le ha llevado a la economía sin estrechez. Ya no es el nómade de que habla la leyenda campesina. Se arraiga, refina y cuida su hacienda como el mejor ganadero. Para defender sus productos, se ha hecho comerciante. Lee o hace leer los precios y el movimiento del mercado. Trae sus animales a las ferias; y, lo que hubiera parecido increíble hace algunos años, deposita el excedente de sus operaciones en caja de ahorros del Banco de la Nación.

Tal, en pocas palabras, es el criollo del noroeste, difundido en un setenta por ciento en la población general de aquellos campos.

En lo que no se ha estado acertado es en la organización de algunas colonias, malogrando, desgraciadamente, las energías de numerosos pobladores. La coloniaEpumel (su verdadero nombre debería ser Epumer), fundada hace diez años, constituyó al principio un foco de atracción para una apreciable masa de modestos ganaderos. Se loteó la tierra en fracciones de 600 hectáreas. Pero fué una organización a ojo de buen cubero, sobre el mapa, como quien dice, y desconociendo en absoluto, las condiciones de la tierra. No se hizo esperar el fracaso. ¡Ah de los pobres colonos con el agua a 100 metros de profundidad! Fué doloroso el engaño bajo la sanción formal del gobierno. La colonia Epumel está hoy casi abandonada, a pesar de la oferta seducente de ventas fáciles y por grandes extensiones. No podía ocurrir de otra manera en aquellos terrenos donde un jagüel cuesta de 4.000 a 5.000 pesos, y si es un semisurgente, algo más.

Tal fracaso se debe única y exclusivamente a la forma inconsulta de organizar esta colonización, sin haber antes estudiado con empeño la calidad de las tierras y sus facilidades para los cultivos. Campos linderos a Epumel, que han sido fiscales, son hoy praderías artificiales, debido a las ventajas del subsuelo y a la proximidad del agua. Citemos algunos establecimientos: Pichimericó, Los Manantiales, Los Cerrillos, etc., todos de la sección 13.

Algo parecido a Epumel ha ocurrido a la colonia Mitre, cuyas tierras fueron entregadas al cacique Morales y su tribu. El agua escasa es la rémora opuesta a la prosperidad de este valle de tierra feraz. Sólo dos lotes de chacras son los favorecidos por pozos propicios y en donde la colonia encuentra, en los momentos precarios, el manantial aplacador que abrió Moisés en la peña del Sinaí...

Regresiva.Que retrocede.

Rémora.Cualquier cosa que detiene u obstaculiza una acción. Se dice por alusión al pez rémora, que se adhiere a los cuerpos sumergidos, haciendo el vacío con una especie de válvula que tiene en la cabeza.

Leventué.(Voz araucana). Paraje donde se ha corrido. Otra acepción: que dispara.

Chalileo.(Voz araucana). Tierra salitrosa.

Aprovechamos la mañana primaveral para visitar el establecimiento ganadero La Morocha de don Armando L., distante cuatro leguas de Victorica. El camino tenía sus trechos de pesado arenal. Ya en la tarde anterior, el auto que nos conducía, no tuvo fuerzas para trasponer el médano, acostado como un dragón sobre la carretera. Y nos vimos obligados a regresar a la población, a pie. Pero este birlocho que nos conduce ahora es ágil y son fornidas las bestias que lo arrastran. Volvemos a cruzar sobre la duna brava, bordeando el deslinde de La Morocha hasta las primeras matas del gran monte. Torcemos de allí a la izquierda. A poco andar, la depresión del terreno, dilatándose hasta el horizonte, se abre ante nuestros ojos en amplia vega. Abajo, en los cuadros de alfalfa, faenan los carros forrajeros. La horquilla de los emparvadores levanta el henar, oreado ya, para hacer los almiares. La estancia emerge como una cenefa a espalda del valle destacando sus umbrosas alamedas.

Bajamos. No son las siete de la mañana todavía. El establecimiento está en plena labor. Junto a los galpones, el personal acondiciona, en parva enorme, la alfalfa del valle. Un hijo de don Armando, joven y bien plantado, que no puede negar su tipo francés, capitanea el grupo. Con él paseamos por las calles del parque bajo los enormes carolinos y árboles de importación, cuya convivencia en el solar ha de haber costado ingentes sacrificios. Es una nota de buen tono este parquecito, propia del espíritu francés, no muy peculiarizado por las iniciativas, pero inteligente, fino y amante de la comodidad. El verde tornadizo y amable suple en el parterre artificiado y en la variedad del adorno arborícolo, la exigüidad del jardín, incapaz de ser pródigo bajo el azote de los vientos fríos o del ardor tropical.

Momentos después departíamos con don Armando.

—La ganadería mestizada en esta zona—nos dice—seinició en 1900. Se organizaron en aquella época algunos establecimientos de crianza e invernada. Los preliminares, sin duda alguna, se deben a don Alfonso Capdeville, quien diez años atrás, en 1890, dió el primer envión a la industria ganaderil de la comarca.

“En 1902, es decir, dos años después de haber formalizado este establecimiento, traje de Inglaterra dos toros puros. Fuí, en consecuencia, el primer ganadero de la zona, que tentaba el ensayo de la alta mestización, en contraposición a todos los inconvenientes imaginables. Estos sementales vinieron en tren hasta Santa Rosa. De Santa Rosa aquí fué menester traerlos a pie. Para este traslado se empleó más de un mes. Traerlos en carretas, con los malos caminos de entonces, hubiera sido poco menos que imposible. Vinieron pisada sobre pisada, sin molestarlos cuando no querían caminar y con el consiguiente convoy de auxilio, carro de forraje y carro aguatero. Cada uno de estos ejemplares me había costado alrededor de 6.000 pesos.”

Nos imaginamos la importancia de este prolegómeno de la industria, que fué sin duda, el precedente alentador, que desbrozó el camino a los demás ganaderos de la zona.

A estos sementales fundadores, siguieron otros toros importados, que apresuraron la tecnificación de las haciendas. El primer lote de vacas casi puras, que vino a romper el sello criollo de la ganadería comarcana, estaba compuesto de 80 ejemplares de tipo Durham, que procedían de la cabaña Stenz de Vedia, en la provincia de Buenos Aires. También a este selecto plantel le tocó su parte de odisea en una arreada desde Buena Esperanza hasta La Morocha.

Actualmente el establecimiento, que dedica su atención a crianza y engorde, conjuntamente, tiene un total de 1.500 vacas Durham.

Podría argüirse que esta cantidad de ganado es ínfima para una extensión de 17.000 hectáreas que comprende el campo de La Morocha. Pero en esta superficie cuya mitad está invadida por el monte talar, no han prosperado en la forma anhelada los alfalfares, debido a losaños de persistente sequía. Don Armando nos informa, con cierto escepticismo, sobre el resultado de sus cultivos forrajeros.

—La alfalfa da bien, siempre que la lluvia sea pródiga—nos dice.—Hay que refinar el campo paulatinamente, pues por la flojedad de la tierra, resulta que con un par de aradas se forma médano. Al comienzo sembramos de 6 a 7.000 hectáreas. No llovió y se perdieron. El agua es problemática, además. Las napas corren de diez a quince metros, pero suelen estar a profundidades no menores de cien. El anterior fué un año pésimo para la alfalfa.

—¿Y este año?—interrogamos.—Porque el cuadro próximo a la estancia es un primor...

—Vea usted lo que ha ocurrido con ese cuadro. En el mes de mayo, imbuído del pesimismo anterior, sembramos ese campo, pero a la de Dios que es grande: sin arar la tierra. Se empleó solamente la rastra de discos, tanto para desparramar la simiente. Y ahí tiene usted: la alfalfa es una maravilla. El prodigio lo ha hecho la lluvia; ni más ni menos.

—¿Y cuál es el promedio de lluvia en la comarca?

—En 1915 llovió 467 milímetros; en 1916, 244; y en lo que llevamos de 1917 hasta octubre, 363 milímetros.

Como se ve por estas cifras, no es la escasez pluvial lo que ocasiona el fracaso en los forrajes; es la falta de oportunidad en las lluvias. Así vemos que con un milimetraje tan exiguo como el que registran estos tres trimestres, los alfalfares de mayo han alcanzado una lozanía excepcional, con sólo aventar la semilla y distribuirla en la tierra con un rastrillaje superficial.

No siendo hasta ahora de un resultado seguro la alfalfa, el procedimiento de los silos no se ha puesto en práctica aún. El almiar es un depósito más inmediato para los momentos apremiosos del ganado. Arguye, además el señor L., que para los silos subterráneos no se presta el suelo, por su falta de densidad. La arena es un inconveniente insalvable, según su opinión.

Nos explicamos que este espíritu de hombre de progreso, trabajado por ingratas alternativas en el rendimiento de su labor rural, tenga su poco de pesimismo, después de haber afrontado con voluntad serena aquellos difíciles preliminares del refinamiento ganaderil. Tal vez dentro de aquella acción tesonera ha faltado un poco de iniciativa para alternar los cultivos del campo con rendimientos de otra naturaleza, o un empecinamiento cerrado ha circunscripto la constante labor alrededor del círculo vicioso de cebar vacunos en alfalfares problemáticos. Y no se puede tomar como ejemplo, ninguna desilusión aquí en Victorica, donde cuarenta leguas afuera hay establecimientos como Ventreucó con diez y seis leguas de campo destinadas a cría y engorde y a donde ha ido a plantar alambrados con postes de fierro la garra inglesa, valiente y tenaz.

—¿Y el monte?—interrogamos.

—El monte he dejado de explotarlo—nos dice el señor L.—Hoy por hoy, no rinde la leña como negocio. Son malos los caminos. Son pesados los fletes...

Momentos después nos despedimos de don Armando y de su hijo. Ascendimos por el camino. Ganó el “charret” la loma. Desde la meseta volvimos la vista atrás. Abajo, en el valle, verde como una esmeralda, levantaban el henar los horquilleros, mientras los pájaros silvestres saludaban la mañana radiosa con una pastoral...

Virlocho.Volantín pequeño muy usado en el campo.

Henar.Parva.

Carolinos.Arboles que adquieren gran desarrollo. (De la familia de los álamos).

Ingentes.Importantes, grandes.

Exigüidad.Pequeñez.

Argüirse.De argüir: argumentar, dar razones, sostener una opinión.

Napas.Corrientes subterráneas de agua.

Imbuído.Estar imbuído de una cosa: estar convencido de ella.

Simiente.Semilla.

Circunscripto.Limitado.

Charret.Carruaje pequeño.

Meseta.Llanura más elevada que el terreno que la rodea.

Pastoral.En literatura se aplica este calificativo a la poesía que canta la vida de los pastores.


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