VOCABULARIO

Incuria.Abandono, descuido.

Incipiente.Que comienza.

Aluvional.De “aluvión”: terreno formado por la acumulación de cieno, arena, etc., después de las avenidas.

Conglomerado.Mezcla.

Discrecional.A discreción, a voluntad.

Mediocridad.Calidad mediana.

Precario.Inseguro, escaso.

Dispendioso.Costoso.

Helvético.Suizo.

Arboricultor.El que cultiva árboles.

Excepticismo.Duda, desconfianza.

Eventual.Temporario.

"A la vera".Al lado.

Urbe.Ciudad.

"Far-West".En inglés: el lejano Oeste, expresión con que se designa la región occidental de los Estados Unidos. Pronúnciase: far úest.

Pujo.Alarde.

Meticuloso.Cuidadoso de los detalles.

Poma.Manzanas, o fruta, en general.

Huertano.El que cultiva la huerta.

Parasitología.El estudio de los parásitos.

Pomácea.Familia vegetal que comprende a los manzanos y otras plantas afines.

Pulgón.Insecto perjudicial a los frutales.

Benedictino.Monjes de una orden europea. Por extensión, se aplica a las personas capaces de realizar trabajos largos y pacientes.

Inmune.Libre.

Dar al traste.Acabar con una cosa, destruírla.

Trascendental.De la mayor importancia.

“¡Qué noche aquella del 24 de mayo, primera que pasamos en Choele Choel!”, recuerda el comandante Prado en su sabrosa memoria “La guerra al malón". “Hizo un frío tan espantoso—agrega y era tan grande nuestra desnudez, que al recordarla después de veintiocho años, se me ocurre que va a echarse a tiritar todo mi cuerpo. A orillas del fogón parecían los milicos fantásticos asados en banquete de caníbales, girando automáticamente al calor de la lumbre, para evitar que mientras se calentaba el pecho se escarchase la espalda. Los centinelas eran relevados cada veinte minutos, y cuando los retenes volvían al cuerpo de guardia, era necesario apelar a las fricciones para desentumecer la tropa. Al amanecer del 25 y cuando formamos para saludar la salida del sol, el dilatado valle ofrecía el aspecto de una inmensa sabana, cuya superficie crujía con siniestro ruído al quebrarse la escarcha al paso de los soldados. Y cortando en dos aquella espléndida llanura, alzábase serpenteando en caprichoso zigzag, la columna de vapor escapada del río Negro, en espesa e impenetrable neblina".

Iba a epilogar el ejército su brillante jornada. Junto al río huraño se levantaría el primer pueblo del sur, jalonando la concentración victoriosa y a manera de avanzada de la nueva empresa militar, rumbo al lago Nahuel Huapí y a las cordilleras del Neuquen.

Se eligió el terreno para la nueva población. Contraviniendo la información popular, que atribuía al río crecidas arrolladoras, autorizó la ciencia de un ingeniero el local propicio y hasta donde no llegarían las aguas iracundas. Y se comenzó afanosamente, febrilmente, la construcción del pueblo. Se convirtieron los soldados en carpinteros, albañiles y mecánicos. El cuartel pasó a ser una gran maestranza. Conrado Villegas, Teodoro García, Manuel Campos, Wintter, Fernández Oro, Montes de Oca, Nadal, Cerri, Moritan—jefes de la cruzada—se convertían en proyectistas y horneros, arquitectos y leñadores. Y así fué tomando cuerpo la población, sobre un recodo del río, ensombreada por los sauces cerúleos, dominando el valle desde la barranca florida. Al mes y medio ya el caserío había tomado aspecto urbano. Pero un día comenzaron a subir las aguas. Nadie prestó atención al fenómeno, puesto que la seguridad del pueblo estaba basada en las matemáticas del ingeniero. Y siguieron las aguas derramándose por las vegas del valle. El río, lleno de braveza, se desbocaba por los ramblizos, cubría los islotes, se empinaba como un potro ensoberbecido junto a las barrancas, abatía sin piedad los sauces ribereños y se precipitaba como un furioso turbión hacia el mar...

No llegó la primavera para este pueblo fortalecido por el amor a la patria y por la fe. El 17 de julio amaneció el pueblo rodeado de agua...

—Se agotaron las provisiones de carne—dice el comandante Prado, testigo ocular.—Entonces se apeló al racionamiento extraordinario consistente en un puñado de harina que cocíamos, amasándola sin sal algunas veces, al rescoldo y a una que otra piltrafa de caballo que nos tocaba por milagro. Al hallarnos aislados por la creciente, y no sabiendo el tiempo que duraría esa situación, el General Villegas dispuso que se reunieran los caballos que habían quedado en el campamento pertenecientes al servicio de la proveeduría y a los ayudantes, a fin de distribuirlos para el consumo, moderadamente. Entre tanto, casi a la vista de todos, las caballadas se ahogaban en sus rodeos, se ahogaban las novilladas del proveedor, sorprendidas en su marcha, y dentro de poco nos ahogaríamos también nosotros. Y para que no entrase el desaliento en los espíritus, la división hacía constantes ejercicios durante el día, hundiéndose en el fango formado por el agua que brotaba del suelo. Por la noche esos mismos milicos lo pasaban bailando al compás de las bandas de música que tocaban, de orden superior, las más alegres piezas de sus repertorios...

La inundación arrasó con todo.

Mes y medio después, a fines de septiembre, se habían tirado las bases de otro nuevo campamento, un pocomás al oeste, sobre las barrancas del río, hasta donde parecía imposible que llegaran las crecidas. No fué esta la población definitiva. Acabamos de visitar Choele Choel y sus alrededores. Ahí están las ruínas de este campamento. Sólo ha quedado en pie la comandancia que ocupó el general Villegas y una media docena de robustos álamos que resisten como atalayas, los embates del tiempo.

Así fueron los preliminares civilizadores de Choele Choel. Después de esta primer tentativa del ejército, vinieron los colonos. Se dividieron y cultivaron las tierras. Se organizó el regadío. Y pasó por fin el ferrocarril intensificando la nota de cultura y trayendo población y bienestar.

La isla de Choele Choel constituye hoy, uno de los centros rurales más importantes del valle. Las condiciones agrológicas de la tierra son insuperables. El clima es benigno. Su situación junto al ferrocarril, contribuye, como primer factor, en el estímulo de sus industrias agropecuarias. Su población, que se densifica sensiblemente, puede calcularse en más de 3.000 habitantes, colonos todos. Las crecidas del río Negro, que fueron hasta no ha mucho tiempo, un formidable enemigo de la agricultura isleña, incipiente pero augural, van a ser sometidas con las grandes obras hidráulicas del valle. Ya el formidable dique del Neuquen, puesto como una barrera sobre el río veleidoso, se encarga de docilizar la corriente iracunda, enviando hacia la hoyada Vidal, el exceso pernicioso de las aguas que solían, en los meses de invierno, malograr las vigilias ribereñas. Con este gran alivio, que representa el primer paso formal en el sentido de regimentar los grandes ríos de la alta Patagonia, se asegura la tranquilidad de la comarca interín se formalizan los estudios para poner reparo a las turbulencias del Limay.

Este paso en firme dado por la civilización del agua, inicia un nuevo ciclo cultural para Choele Choel.

La acción oficial, después de un lamentable abandono de más de veinte años, se significa en 1904 con un decreto de colonización. Se divide la isla en chacras de 100 hectáreas. El loteo era previsor, sin duda, pero mientrasla disposición gubernativa daba facilidades de pago para la adquisición de las chacras, no se puso límite con el máximo prudencial de tierra que pudiera adquirir cada colono. De ahí que los adjudicatarios pudientes acapararan diez y veinte chacras, en menoscabo de la agricultura intensiva reclamada por las condiciones del suelo y el espíritu oficial que autorizó la colonia. No creemos que los grandes tenedores de tierra en la isla puedan alegar ninguna razón fundamental en su descargo. La producción frutícola, que es excepcional, no da margen aún a una industria lucrativa, a pesar de su excelencia. Y su éxito irrefragable en los certámenes de la metrópoli, no ha logrado mover el lirismo de sus cultivadores que se limitan a pequeñas parcelas, mientras la fruta del Paraná, domina la plaza; y sigue nuestra novelería pendiente de las manzanas de California, llenas de color y de vida, pero costosas, uniformes y antipáticas... Ninguno de los terratenientes de la isla tiene una huerta de frutales superior a 4 hectáreas de extensión. En estas condiciones, la fruticultura que debiera ser, por la validez calitativa de sus ejemplares, el primer renglón agrícola de Choele Choel, deja su carácter de empresa industrial para convertirse en deporte ornamenticio con rumbo a las ferias de exhibición y a los torneos platónicos de la capital. ¡No, pues! Esta isla llena de belleza y de maternidad, donde el río pletórico, dejó con sus resacas, por centurias, sus fecundizantes aluviones, está reclamando extendidos, ubérrimos plantíos, civilizados por la ciencia agraria, tecnificados por la industria y ennoblecidos por el riego racional.

Mientras tanto, los fruteros siguen aferrados a sus cultivos incipientes, sin extender sus huertos ni buscar en la selección de sus variedades, tipos que salven los inconvenientes de la distancia y respondan a las exigencias del mercado.

Está en la conveniencia de todos los propietarios isleños, dar incremento definitivo a esta industria, buscando los tipos de exportación embellecidos por el tamaño, la consistencia y el sabor. La obsesión por la monocultura—vale decir, “la fiebre de la alfalfa"—tiene que ir suavizándose poco a poco, frente a la necesidad de las industrias combinadas y la implantación de la chacra mixta. La alfalfa, como cultivo, asegura, ciertamente, la especulación inmediata, traducida en producción ganadera, en reses de frigorífico, en textil. Pero, sería muy pobre el porvenir de estas tierras, si fincara solamente en aplicaciones pastoriles. El riego artificial, que es científico, que es dispendioso, que importa el más alto exponente de la cultura agrícola, puesto que vitaliza hasta los suelos más tenaces, salobres y áridos, tiene otra misión más eficiente que alimentar la hierba de los rebaños, en un país como el nuestro, de húmedas vegas y llanuras feraces. En Europa, donde toda corriente de agua es una fuente de maternidad para los prados ribereños, sólo justificarían esta prodigalidad del riego, en la propia juventud de nuestras industrias rurales. Esta gran riqueza del agua, que importa el resultado de una energía trascendental, aplicada por la nación en bien de su progreso, reclama fuentes de producción más intensas, más científicas, más complejas que los potreros de alfalfa, librados a la rutina del sembrador y a las veleidades del tiempo...

De acuerdo con la calidad de la tierra, la producción de hortalizas es excepcional. Como suena: excepcional. Son inmejorables las arvejas. Los porotos, las cebollas, las patatas, los garbanzos, rinden prodigiosamente. Dan bien los tomates y el pimentón. Por error tal vez, se ha difundido en la isla, la arveja de ojo negro, en lugar del “petit pois". Aquella se prodiga con mayor abundancia, pero ésta podría constituir una industria de gran rendimiento, dada su salida.

El maíz rinde de 6 a 7.000 kilos por hectárea, elevándose a mayor cantidad. No ocurre esto en la parte alta del valle, en Roca y Allen por ejemplo, donde la producción maicera es inferior. Sin embargo, nadie dedica mayor atención al maíz. Se siembra escasamente lo necesario para el consumo. El maíz, por lo general, se cultiva sin riego en la isla, aprovechando los terrenos de regadío para la alfalfa.

Algunas fincas han sido acotadas por mimbreras, comovalladares, anticipando, tal vez, la industria de la canastería. Por lo común los cercos vivos en la isla, son descuidados. No hay parangón posible entre las calles de la isla y las calles arborizadas de Cipolletti, La Picasa, Allen o Roca, con sus primorosas alamedas y sus trincheras de tamariscos.

En la estación de Choele Choel, mientras aguardamos la llegada del tren, departimos con un maestro: el director de la escuela de Colonia Galense, en la isla. Coinciden los informes que nos habían anticipado sobre este educacionista, con el juicio que nos merece la interlocución. Se trata de un maestro en el amplio concepto. Es joven. Ha estado en Patagones de vice director de la escuela normal, si mal no recordamos. Este año se ha sustraído al encanto de las vacaciones dedicándose al negocio de frutas. Ha acaparado la producción de la isla. En la estación dirige, personalmente, el embarque de los cajones a General Roca, a Bahía Blanca, a Allen, a Cipolletti, a Neuquen. Todos los días la misma faena. Y todos los días hace extender con sus peones, sobre una jerga, en el suelo, el montículo de sabrosos duraznos, en obsequio a los “habitués” de la estación, a manera de refacción comunal.

Nos interesa, por cierto, algunos pormenores sobre el carácter de “sus niños”, retoños de ingleses e italianos, de españoles y rusos, de criollos y de indios.

—Los rusitos—nos dice—son aplicados e inteligentes. Asimilan con extraordinaria rapidez las lecciones. Los niños criollos, parecieran, “a priori”, más retardados, pero una vez que se compenetran de las cosas, retienen las explicaciones admirablemente.

—¿Y los aborígenes? Porque ha de tener algunos niños indígenas...

—Son dóciles, atenciosos e inteligentes. Concurren a las clases con asiduidad y aprenden bien sus lecciones. Hace algún tiempo, me llamaron la atención dos niñitas, hijas de indios. Había notado en ellas cierto retraimiento, cierto dolor oculto, tanto en las horas de clase como en los recreos. Quise escrutar estos pequeños corazoncitos: “¿Por qué estáis tristes?"—“Porque las otrasniñas nos dicen que somos negras y no quieren juntarse con nosotras"—me respondieron.—Me pareció la odisea de una raza que no había acabado todavía con su último dolor. Horas más tarde, tocaba en clase el sentimiento de los niños explicando la muerte de un perrito aplastado por la rueda de un carro, frente a la escuela. Los niños habían presenciado la escena. Les hablé de la utilidad de los perros y de la piedad que debemos tener con los animales. Cuando terminé la clase, todos los niños estaban apesadumbrados, pendientes de la dolorosa tragedia. Sólo las niñas indias lloraban...

Choele-Choel.(Voz araucana). Significa ruídos extraños o raros.

Fogón.Hoguera en el campo, en la que los soldados preparan su alimento y con cuyo calor se defienden del frío.

Retenes.Pequeños grupos de tropa que recorren los puestos de centinelas.

Desentumecer.Quitar la torpeza de los miembros entumecidos.

Epilogar.Hacer o realizar el final de una cosa.

Contraviniendo.Oponiéndose, obrando en contra.

Iracundas.Furiosas; impetuosas.

Maestranza.Fábrica o talleres de construcción de armas u otros efectos.

Cerúleos.Del color azul del cielo. Por extensión: lo que es o parece ser del cielo.

Ramblizos.El sitio, por donde corren las aguas de los turbiones y avenidas.

Ribereños.De la orilla.

Turbión.Aguacero corto y muy violento, acompañado de viento fuerte.

Rescoldo.Ceniza caliente que conserva alguna brasa.

Proveeduría.Oficina militar que provee los víveres y efectos comunes a la tropa.

Preliminares.Primeros pasos.

Docilizar.Volver dócil, dominar, regularizar.

Interín.Mientras tanto.

Turbulencias.Alborotos, perturbaciones. En sentido figurado: desbordes.

Adjudicatario.Aquel a quien se atribuye la propiedad de una cosa.

Menoscabo.Daño, detrimento.

Irrefragable.Lo que no se puede contrarrestar.

Platónicos.Puramente idealistas, sin finalidad práctica.

Pletórico.Repleto, rebosante.

Resacas.Depósitos que dejan las crecidas avenidas de mareas.

Centurias.Siglos.

Aluviones.Terrenos formados por los depósitos que dejan las aguas.

Ubérrimos.Los más productivos, los más fértiles.

Textil.Dícese de lo que da material para hacer tejidos.

Mimbreras.Hileras de mimbres.

Valladares.Cercos, barreras.

Parangón.Comparación.

Interlocución.Conversación.

Montículo.Monte pequeño, montón.

Compenetran.De “compenetrarse”: darse cuenta.

Asiduidad.Frecuencia continuada.

Escrutar.Observar, conocer.

Odisea.En sentido figurado: destino.

Apesadumbrados.Doloridos, apenados.

Cuando las tropas nacionales que batieron el desierto, llegaron, después de penosa travesía, a las márgenes del Colorado, el saucedal silvestre les brindó su amable abrigo. Sobre la copa del sauce más viejo y más alto, la gratitud nacional que ya comenzaba a tejer la corona a sus muertos ilustres, puso un nombre: Alsina. “Paso Alsina” se denominó aquel vado del río. Por allí cruzó el ejército, rumbo a Choele Choel. El sauce patagónico fué el primer amigo que recibió cariñosamente, campechanamente, a nuestras armas victoriosas y fatigadas. A su sombra, sentimental y alegre—supervivencia aborigen del territorio conquistado, que reclamaba ranchos criollos para perpetuarse en su aspecto familiar—debía sentar sus bases la colonia.

Y fué así nomás. Los sables mellados de nuestra caballería, volvieron al arsenal. La tierra reclamaba el brazo de los héroes para abrirse en su estupenda maternidad. Y mientras se trocaban las carabinas por las palas, y las cureñas por las carretillas de mano, en la empeñosa tarea de sangrar al río por canales fecundizadores, con las ramas de los sauces patagónicos se levantaban las viviendas de los labriegos—soldados de ayer—y se construían las estevas de los arados.

¡Qué árbol más expresivo, más lleno de dolor y de amor, más hospitalario y más humilde, más generoso y más eterno! El caldén pampeano es la fortaleza; el sauce patagónico, la bondad. Se complementan los dos en el simbolismo autóctono y en la leyenda salvaje. Aquél tiene la braveza indomable del indio, hosco, retorcido, huraño; éste tiene la generosidad de la tierra virgen. Si fueran pájaros, serían el carpintero y el chingolo; si fueran bestias, serían el puma y el guanaco; si fueran hombres, serían el soldado y el labrador...

Vosotros, los porteños burócratas, no lo conocéis. Cuando los hayáis trasportado a vuestros jardines; cuando exornéis vuestros parques con sus bosquecillos elocuentes y sentimentales; cuando le cobréis el amor que reclama, veréis que ningún árbol como el sauce patagónico más digno de dar el gajo que pide el bronce para plasmar la corona a los héroes de la Pampa, Río Negro y Nahuel Huapí...

El sauce llorón tiene un aspecto único. Parece el dolor de una vidalita. Llora sobre la huesa de sus muertos, sobre la acequia que corre a su pie, sobre el rebaño que ramonea su follaje, sobre el rancho que cobija. El cielo le da el rocío para la fuente de sus lágrimas. El sauce patagónico, tiene otra expresión y otro lenguaje. Hay en su aspecto un seducente panteísmo que llama al contemplamiento, a la silenciosa invocación. Tal el efecto que nos hizo un grupo de sauces, vecino a la ribera del río, en la isla de Choele Choel. Cada planta adoptaba una actitud diferente. Aquel sauce, después de levantarse cuatro metros, se inclinaba hacia el suelo, en una gran comba, como un misterioso signo de interrogación. Aquel otro, parecía retar al cielo, empinado y sombrío a la vez, como un Prometeo avasallador. El de más allá era un eremita achacoso y beatífico encapuchado en su mustio jergón. Otro parecía hincado en el suelo, levantaba el tronco central, decapitado en su copa, y se abría desde abajo en dos ramas inmensas, como dos brazos de piedad. Y todos así: adoloridos, quejumbrosos, extraños...

Y hemos pensado en el drama silencioso de estas plantas y en la burla cruel del río que dejó la amistad de sus sauces ribereños para escurrirse por un nuevo canal. ¡Y así está de angustiada la fronda!...

Pero, dejemos el ensueño. La industria reclama su prosa vil en el aprovechamiento de las plantas, así sea el laurel de Apolo, los árboles hespéridos o el olivo augural. Estos sauces que bordean los ríos de la Alta Patagonia, constituyen sin duda, una de las riquezas naturales más firmes de la zona. Los bosques de ñire, de lenga, de araucarias, de coihué, de cipreses y de raulí, que comprenden sin desperdicios la inmensa zona cordillerana, desde el río Agrio hasta la Tierra del Fuego, representan un valioso tesoro. Pero su industria es mediata, cuando se pueble, cuando se lleve el ferrocarril hasta aquel gran país de las montañas, casi desconocido para el resto de la República. Y no sólo es mediato el aprovechamiento industrial de las florestas—salvo ensayos de poca trascendencia—sino que la repoblación de aquellos bosques, de nobles maderas, es gravosa en dinero y eterna en tiempo.

El sauce patagónico, es la carne de perro puesta al margen de los pueblos valletanos, corriendo en interminable cenefa, junto al Negro y al Colorado, a la vera del ferrocarril del Sud. No tiene el sauce el problema de la repoblación que tienen las maderas duras de las demás especies patagónicas. Una explotación sobre determinada superficie, que posea ejemplares maderables para trabajar de cinco a ocho años, puede formalizar una labor ininterrumpida sin solución de continuidad, debido al crecimiento rápido de los árboles jóvenes. El ingeniero forestal Max Rothkugel, ha publicado recientemente, bajo el patrocinio de la oficina de bosques y yerbales del ministerio de agricultura, un interesante volumen titulado “Los bosques patagónicos”, con numerosos cuadros, mapas y fotografías. Sin embargo, en esta labor, que debe ser dispendiosa para el gobierno, no dice una palabra sobre el sauce patagónico, a pesar de la importancia industrial que representa, tal vez el primer renglón en el aprovechamiento eficaz e inmediato de nuestras florestas australes.

No es nuestro propósito desvirtuar la obra de referencia que para nosotros tiene, a pesar de esta omisión, un ponderable significado como aporte científico al estudio de nuestra flora. Queremos, simplemente, justificar nuestra aseveración con el concreto. Y el concreto más eficiente nos presenta el aserradero de sauce patagónico que acabamos de visitar en Choele Choel.

Este establecimiento explota los sauzales ribereños de la margen del Río Negro—brazo norte—desde Paso Lescano, a 6 leguas de Choele Choel, hasta Paso Peñalva, en la confluencia de los dos brazos del río. Calcula la empresa que sobre el bosque en pie, de plantas adultas, puede trabajar sin descanso, por espacio de seisaños. Interín se harán replantes y se pondrán en condiciones maderables los arbustos.

Complacidos recorremos el establecimiento. Nos seduce, en verdad, esta industria que ha venido a abrir un nuevo horizonte a la comarca, mientras se tecnifica el cultivo de las vides, se regimenta el regadío y se formaliza la industria frutal. Es una empresa netamente criolla, por la nacionalidad de sus sostenedores y el carácter de su explotación. El monte indígena ha sentido en su entraña el golpe del hacha invasora. Pero el jugo vital de sus heridas alimentará nuevos retoños que eternizarán la floresta alegre, marginando por siempre los ríos patagónicos. Es una transfusión que se opera en su generosidad sin reatos. Ya no dará sus ramas al rancho ni a la hoguera, entregado en cuerpo a la evolución civilizadora. Con su aserrín se fabricarán adobes con destino a las construcciones modernas que reclama el progreso del valle; con sus tablas se fabricarán los cajones para arrastrar hasta los mercados del Plata, las deliciosas frutas de las huertas ribereñas. Y la poesía perdurará en la fronda, junto a los ríos pletóricos, remozando la añoranza de la vieja heredad...

Vado.Paso.

Supervivencia.Acción y efecto de sobrevivir.

Huesa.Sepultura.

Ramonea.De “ramonear”: pacer los animales las hojas de las plantas y la punta de las ramas.

Seducente.Que seduce.

Eremita.Ermitaño.

Avasallador.Dominador.

Beatífico.Santo.

Encapuchado.Que lleva capucha; fraile.

Jergón.Tela burda con que se hace el hábito de los frailes.

Ñire.Arbol patagónico de la región de los lagos.

Lenga.Id., íd.

Araucaria.Id., íd.

Coihué.Id., íd.

Ciprés.Id., íd.

Rauli.Id., íd.

Repoblación.De “repoblador”: poblar de nuevo.

Desvirtuar.Negar, rectificar.

Aseveración.Afirmación.

Eficiente.Eficaz, probatorio.

Replante.Nueva plantación.

Netamente.Completamente; visiblemente.

Invasora.En sentido figurado: destructora.

Transfusión.Operación que tiene por objeto hacer pasar cierta cantidad de sangre de un hombre a otro o de un animal a un hombre. Está en sentido figurado.

Añoranza.Aflicción o pena por la ausencia o pérdida de persona o cosa muy querida.

La finca Los Canales, a tres leguas largas de la capital del Neuquen frente a la estación Plottier, enmarcada entre la ferrovía y el Limay, nos da una idea clara de las tierras ribereñas y su feracidad.

Data de nueve años la iniciación agrícola de este establecimiento.

El macizo de cultivos, con la casa familiar, la administración y demás dependencias del establecimiento, se levanta al lado de un lago pequeño y transparente, antiguo remanso del río, separado del cauce por los terrenos de aluvión. Cuando los hermanos P. iniciaron la finca, sólo un sauce patagón empenachaba el barranco. Hoy el árbol genitor oculta sus achaques entre el copioso alamedal de importación que bordea y embellece el lago y entre cuyas abaras se refugia algún alfalfarcito de experimentación o algún liño de vid alza sus sarmientos en procura de un rayito de sol...

—A este cultivito le llaman en la casa “la viña del doctor"—nos dice uno de los propietarios.—Lo he plantado entre los árboles para retrasar su vendimia y comer uva fresca en los comienzos del invierno...

Felizmente, el pecado de mezquinar el sol a las plantas, se reduce a este plantel minúsculo, lo que no autoriza para advertir en su poseedor, un rasgo de sibaritismo, sino una manifestación de buen tono en los halagos de la mesa.

Actualmente los viñedos de esta finca cubren una extensión de veinte hectáreas, correspondiendo las principales plantaciones a las clases francesas cabernet, malbec y semillón, sin olvidar la criolla y moscatel. El doctor P. nos informa que cultiva más de sesenta variedades a título de comprobación, sobre la prosperidad y adaptación climatérica de las especies y la conveniencia de expandir los tipos más vinificables. Esta diversidad en los cultivos vitícolas es un achaque de la región,no siempre de resultados eficaces para el manipuleo industrial.

Cuando se inició esta finca, no había pasado el tren para Zapala. El campo virgen reclamó para su desfloramiento, una pujante energía apuntalada por el capital. Era menester primero asegurar la fecundación del predio con el riego, antes de iniciar las plantaciones. Mientras se proyectaba el plantel del establecimiento, se traía, en carros, la maquinaria hidráulica. Los primeros trabajos de elevación mecánica de las aguas del Limay, se realizaron a bomba. Solucionado el problema del riego, con una red de canales y acequias que debía amplificarse después con las obras definitivas, se da cuerpo a los primeros cultivos. Mientras se inician los potreros de alfalfa, se ensaya la convivencia de los frutales, el jardín de hortalizas y los primeros barbechos de vid, oriundos de Mendoza y el valle del Río Negro. Conjuntamente se levantan las poblaciones. Estos prolegómenos duran dos años. A partir de 1912, comienzan a producir los prados de alfalfa y la huerta. La primera cosecha vitícola se verifica en 1915. Y a raíz de esta producción, pasan las uvas primigenias al lagar para producir la primer bordelesa de vino.

Es así como se inicia la bodeguita que ha venido ensayando y seleccionando sus mostos hasta acreditar con discreción y en plena juventud, algunos tipos de sauternes, bordeaux y jérez. Esta bodega es la más austral de la zona andina.

Recorremos la propiedad, gratamente impresionados de la buena distribución de los cultivos y el estado floreciente de las plantaciones. La laguna, de riberas peladas diez años atrás, como un retazo que volcó el río sobre las arenas sedientas, es hoy una maravilla, enguirnaldada por el saucedal. A su vera se alza la casa familiar, de ligera elegancia, construída en firme al fondo del jardín estilizado, amplio, tipo francés.

Dentro de la investigación práctica que exige nuestra visita a “Los Canales”, nos interesamos especialmente sobre la producción forrajera y frutal. Aquellos alfalfares resisten cuatro cortes anuales, a conciencia. Estasprácticas de siega obedecen, por lo común a la condición de tener personal disponible para la faena, sobre todo en los predios grandes. La hectárea de viña rinde alrededor de 10.000 kilos de uva para vinos comunes. Las clases de mesa dan rendimientos más apreciables. En lo que se refiere a fruticultura, la producción, cuando no se malogra por fenómenos meteóricos, suele ser excepcional. La cosecha de ciruelas y duraznos fué enorme el año anterior, no así este año, debido a la fuerte helada del 7 de octubre, con una temperatura de siete y medio grados bajo cero. Los manzanos y perales resisten con mayor firmeza a los fríos intensos. No hay granizo. Ninguna enfermedad criptogámica ha atacado aun las plantaciones. No hay filoxera, ni antracnosis en las vides. Es una admirable salubridad la de todo el huerto. La tierra, trabajada convenientemente, desleídas sus sales y regadas con equidad, se materniza sin reatos, produciendo alamedas sombreadas, frutales vigorosos y tupidos alfalfares. La sequedad de la atmósfera contribuye a esta intensa vida vegetal, lozana y fresca, no obstante los rigores de la temperatura en los períodos culminantes de las estaciones. Sólo la cuncuna merodea por los alfalfares. Pero la cuncuna es plaga universal.

El suelo pedregoso de la finca contribuye a que el drenaje de las aguas sea perfecto. El agua del subsuelo, perfectamente potable, corre entre tres y medio y cuatro metros de profundidad, entre una capa de pedregullo y arena. Se explica así que convivan un alfalfar y un pequeño cuadro de vid, sin riego, cultivados en las proximidades de la laguna y a título de experimentación.

Hemos gastado con sumo placer la mañana en la amable incursión. El edificio de la úsina, construído con toda solidez, junto a un remanso del río, con sus maquinarias en acción, con el juego poderoso de sus motores, con sus compuertas de acero, con su armazón de mampostería, enclavado en el suelo como una inmensa garra, nos da idea del poder económico de la heredad y su gran porvenir. Allí está el alma mater de la finca, traducido en el caudal de agua hurtado al río. De allíarranca el canal matriz que se bifurca en la raigambre de acequias, que llevan frescura y vigor a las huertas y al prado.

Ya calienta el sol de mediodía, cuando nos ponemos en marcha, de regreso a la capital. Una suave quietud, un silencioso amodorramiento, ponen en nuestro espíritu su nota de laxidad, mientras cruzamos los caminos umbrosos bordeados de álamos que acortan las vides. Se acentúa, con el sol, el olor persistente y melífero de las flores de alfalfa y se insinúa el olor de los rosales confinados en la sombra. En el borde de un cuadro, donde pintan ya las primeras uvas, nuestro amable cicerone nos presenta las cepas de Corinto, cargadas de incipiente producción y en donde el grano genitriz de cada racimo, se destaca con su poderosa fecundidad, anheloso de salvar la progenie con la denuncia de su semilla vital. Y el pensamiento vuela al pasado ante esta perpetuidad cordillerana, de un gajo de la Grecia milenar, trasunto de las vides helénicas que elogiaron los ditirambos de Areón, cuando las doncellas corintianas tejían, en versos trocaicos, las aventuras de Dionisos...

Limay.(Voz araucana). Significa: liso, plano, parejo.

Enmarcada.Comprendida.

Ribereñas.Propias de la ribera, de la orilla del río.

Remanso.El sitio en que se detiene una corriente de agua.

Sibaritismo.Vida regalada y sensual, como la de los antiguos sibaritas. Sibaris fué una colonia griega del sud de Italia, fundada ocho siglos antes de la era cristiana, y que habiendo alcanzado gran poderío y esplendor, se hizo famosa por la molicie y afeminamiento de sus ciudadanos.

Manipuleo.Manejo de un negocio o de los útiles y materiales de una industria.

Desfloramiento.En sentido figurado: dar a un campo la primera labor.

Primigenias.Las primeras de todas.

Mostos.Zumo exprimido de la uva, antes de hacerse el vino. Por extensión, se llama mosto al vino.

Siega.El corte de las mieses.

Criptogámica.Enfermedades criptogámicas, son las producidas por las plantas criptógamas.

Mampostería.Obra hecha de piedra y cemento.

Bifurca.De bifurcarse: repartirse, dividirse un río o camino en varios menores.

Laxidad.Flojedad, laxitud.

Acotan.Limitan.

Melífero.Propio de la miel, que lleva miel.

Cepas de Corinto.Corinto es una ciudad de Grecia, célebre en la antigüedad. Está rodeada de collados en que se cosechaban uvas famosas por el vino que con ellas se fabricaba.

En la vecindad de Cinco Saltos—Colonia La Picaza—acaba de iniciar la empresa del Ferrocarril del Sud, una chacra experimental bajo la dirección de un competente agrónomo.

Se propone la empresa al organizar esta estación agronómica, cumplir dos misiones reclamadas por el incremento agrícola e industrial que va tomando la comarca: la una, de experimentación; de enseñanza la otra. Los numerosos problemas del alto valle, que reclaman un estudio inmediato para, por lo menos, marginar soluciones definitivas, pueden englobarse en estas dos expresiones: riegos y cultivos. Finca en tales enunciados la razón fundamental de esta chacra.

En materia de aprovechamiento de las aguas fluviales, falta en la zona del Alto Río Negro estudios para su sistematización agrícola. Abunda el agua hasta ser un peligro la revenición de los terrenos. El temor de las sequías, que suelen ser angustiosas para los regantes del Limay, supeditados a la elevación mecánica de las aguas del río, ha aguzado en los colonos de la zona el espíritu de conservación y fomentado el riego excesivo. Pero es elemental que no todos los cultivos reclaman la misma dosis de agua ni en todas las épocas del año tiene el agua la misma provechosa oportunidad. A disciplinar los beneficios del riego tenderán los ensayos experimentales de la estación, estableciendo medidores de agua que fijarán, con la distribución en las diversas parcelas, la necesidad de cada cultivo. Estos resultados podrán servir de norma a los colonos para ordenar sus riegos, sobre bases ecuánimes, en procura siempre de los mayores rendimientos y la mejor calidad de los productos.

En lo que respecta a los cultivos, estudiará la estación agronómica, sobre bases de comparación, todas las variedades que “a priori” se adaptan al valle del Río Negro. De acuerdo con los resultados de esta investigación experimental, distribuirá entre los chacareros, las semillas aptas para su divulgación en la zona. Lo propioocurrirá con los cultivos arborícolas, disponiendo, al efecto, de un vivero. Ensayará variedades forestales y frutales, dedicando especial atención a las pomáceas, en procura de una selección conveniente, inmune al pulgón lanígero y otras plagas que pueden difundirse en la región si no se evitan con medidas previsoras.

En cuanto al cultivo de la vid, ensayará las variedades más propias del clima. Sobre este particular, aboga el agrónomo por los planteles de cepa americana. No existe la filoxera en el valle; pero es conveniente precaverse con tiempo. Para evitar este terrible flagelo, es indispensable plantar sobre pie americano, rompiendo con la incuria de muchos colonos y el sistema inveterado de cultivar las vides a la buena de Dios. La estación agronómica, una vez en funciones, facilitará a los colonos los tipos de cepa apropiados para vino y para exportación.

La misión didáctica la llenará este establecimiento por medio de una intensa labor de propaganda, por conferencias y clases prácticas, visitas a las chacras de la región, distribución de monografías sobre cultivos, variedades de plantas y semillas, sistemas agrícolas y pequeñas industrias.

—Puedo garantirle—nos dice el agrónomo—que, en términos generales, se desconoce en la zona los métodos de poda de los frutales. En las viñas, las deficiencias de esta labor fundamental son menos notorias. La estación agronómica ha traído un arboricultor francés muy competente, quien durante la época de la poda va a recorrer chacra por chacra para enseñar prácticamente los mejores procedimientos a seguir.

“Como resolución básica—nos dice—para poner en práctica un plan de experimentación y enseñanza, se ha dispuesto la confección de una estadística de las colonias Picasa y Lucinda, detallando minuciosamente cada cultivo, de manera de capacitarse sobre las deficiencias anotadas para aconsejar los reactivos de oportunidad.”

Tal es, en síntesis, la orientación cardinal de este campo de experiencia que, ageno a todo propósito de lucro, acaba de iniciar la empresa del Ferrocarril del Sud en una extensión de 24 hectáreas.

En el terreno de la práctica y a medida que lo reclamen las exigencias de la región, ampliará sus experiencias en el campo de la industria. Establecerá su pequeña bodega con el único fin de enseñar a los colonos vecinos, los procedimientos de la vinificación. Incorporará, además, la industria lechera con tendencias a estabilizar el tipo de queso que convenga a la zona, atendiendo a los planteles de lecheras convenientes, a su cultura industrial y la calidad de los forrajes. Es probable que la implantación de este tambo experimental se inicie dentro de un año.

—Soy un acérrimo partidario—nos dice el agrónomo—de la propagación en el valle, del trébol violeta, como planta forrajera. Mis ensayos me han dado rendimientos excepcionales. El trébol violeta en esta zona tiene un sistema foliáceo admirable. Una sola de sus hojas, equivale, en tamaño, a tres del trébol violeta cultivado en Europa. Se tupe en forma inextricable y resiste, sin desmedro, hasta siete cortes anuales. Conceptúo a este forraje en mejores condiciones que la alfalfa para la región.—Y nuestro interlocutor robustece su entusiasta panegírico, mostrándonos un cuadro donde ha ordenado, secos ya, algunos ejemplares de hojas y de flores de “su trébol". Y pone, al propio tiempo, en nuestras manos, un tratado agrícola francés, donde la tricromía del trébol violeta, de tamaño natural, nos permite la comparación con la forrajera auténtica, marcando una enorme superioridad para la planta de nuestro valle.

En cierta ocasión nuestro interlocutor enseñó las hojas frescas del trébol a un experimentado agrónomo francés que visitaba la zona del Río Negro, interrogándole sobre su clasificación.

—Esto, sin duda, es trébol—dijo el técnico, después de un minucioso análisis al magnífico ejemplar trifolio;—pero, le mentiría a usted si dijera a qué variedad pertenece. No conozco este trébol...

Era, sin embargo, el “trefle rouge”, vulgarizado en las praderas de Francia. ¡Tal era la diferencia de la leguminosa!

No participamos del todo con el optimismo del agrónomo, convencidos de que ningún forraje puede superara la alfalfa, pero aceptamos, como razón de peso, el excedente cuantitativo de aquella apreciable planta, ya que no la calidad nutritiva de la alfalfa.

En lo que estamos muy de acuerdo con el agrónomo es en la necesidad de dedicar una atención preferente al cultivo de la remolacha azucarera. El suelo de la región y el clima se prestan admirablemente para dar carácter de industria a sus cultivos. Las tierras de aluvión profundas, la facilidad de riegos metódicos y la intensa radiación solar, son factores eficacísimos para la prosperidad de esta hortaliza. La experiencia de algunos ensayadores comarcanos, ha probado este aserto. La compañía de tierras del sur, por intermedio de su agrónomo arribó a interesantes comprobaciones. Ensayaron asimismo X. y X.... No conocemos la suerte que corrieron los cultivos de estos últimos afincados.

Calcula nuestro informante que la remolacha azucarera puede rendir en la región, por hectárea, hasta 30.000 kilogramos, cantidad que industrializada podría dar un resultado de 4.000 kilos de azúcar. Cree, además, ateniéndose a las facilidades del cultivo y razones agrológicas muy atendibles, que se podría realizar dos cultivos en el año, resultado desconocido en las regiones remolacheras de Europa. Sin duda esta sola circunstancia vendría a ser el mayor incentivo para tentar la propagación de esta salsolácea, con rumbo hacia la industria azucarera. Se aseguraría con ello, los cultivadores permanentes, lo que no ocurre en Europa, con una sola cosecha debido a la rotación de los braceros.

En compañía de nuestro informante, visitamos la chacra de experimentación, iniciada en diciembre de 1918. Todo es incipiente, en consecuencia. El terreno, un tanto quebrado, se presta admirablemente para la experimentación disciplinada de riegos y desagües. Conocidos con precisión sus niveles, se ha comenzado a desbrozar el terreno salvaje y a preparar convenientemente la tierra ya laborada, para desarrollar de inmediato el plan general de cultivos. Nos asegura el director que piensa tener hechos los edificios e instalaciones y practicadas las siembras de otoño e invierno para el mes de julio del corriente año. Esta chacra, adquirida por el Ferrocarril a la Compañía de Tierras del Sud tiene excelentes condiciones, no sólo por su ubicación sino por su aspecto, por la calidad de su suelo, con muy pequeños manchones de salitre que desaparecerán con los primeros lavajes y el emparejamiento; y hasta por la perspectiva panorámica que presentará en el futuro, de acuerdo con el plan resuelto de distribución de sembríos y arborización general.

El edificio de la administración, que será construído en seguida, mientras se dociliza el predio y se ejecutan las diversas suertes de cultivos y plantaciones, será de corte sencillo y elegante. Afirmado en el alto borde de una vieja arroyada—que se utilizará como desagüe, civilizada convenientemente—dominará el conjunto de la finca. Según el plan del agrónomo director, quien tiene amplias facultades de la empresa para disponer la ordenación general de la chacra, se buscará unir al aspecto educativo y experimental del predio, la nota cultural exigida por la estética, combinando los factores utilidad y belleza. Prima facie, el agrónomo nos supone el técnico reflexivo y el hábil proyectista. La práctica afianzará, sin duda, nuestro juicio, pues no se trata de un novicio en la región, sino de un experimentado cultivador con el éxito franco de su finca vecina, una de las más bien organizadas de la colonia.

Anticipamos el florecimiento de la chacra puesta al servicio de esta zona tan nueva y tan promisoria. Campo de experimentación y escuela, granja y laboratorio, mentoría de inexpertos y estímulo de labradores eficaces, mientras satisface la misión didáctica y experimental para que ha sido creada, enriquecerá con nuevos cultivos sus parcelas, comprobará la razón de industrias proficuas, regimentará el aprovechamiento sistemado y eficaz del riego y pondrá en su belleza conjuntiva el tono amable de los arbolados, con ejemplares exóticos y de la región. Será chacra y viñedo, cortijo y huerta, con mucho de parque y mucho de jardín.

Marginar.Apuntar, indicar, iniciar.

Enunciados.Condiciones, datos o puntos esenciales de una cuestión.

Revenición.Hundimiento.

Supeditado.Sujeto, dependiente.

Aguzado.De “aguzar”: despertar el ingenio.

Ecuánime.Equitativo.

Arborícolo.De los árboles.

Filoxera.Insecto perjudicial para la viña.

Flagelo.Azote, plaga.

Orientación cardinal.Propósito principal.

Vinificación.Elaboración del vino.

Sistema foliáceo.Conjunto de las hojas de una planta.

Inextricable.Que no se puede desenredar.

Desmedro.Perjuicio.

Trifolio.De tres hojas.

"Trefle rouge".En francés: trébol rojo. Pronúnciase: trefl ruch.

Leguminosa.Familia de plantas cuyo fruto va encerrado en vainillas.

El Alto Valle del Río Negro es una de las zonas del país destinadas al más grandioso porvenir. Se ha dado en motejarla de “Nilo argentino”, aludiendo, sin duda, a las crecidas periódicas del Río Negro, pero sin tener en cuenta la diferencia agrológica con las tierras del Egipto. El parangón puede relacionarse con el régimen de las aguas, no con la influencia fecundizante que puedan ejercer los propios desbordes. El Nilo limifica las tierras, las enriquece, las adiciona. El Negro las depura, las corrige, las salubrifica. Aquél, da con su limo la materia tonificante reclamada por las tierras pobres de su cuenca. Este, obra en sentido contrario: elimina de las tierras gordas, los salitres y las sustancias nocivas que pudieran trabar, a flor de suelo, los cultivos. De manera, que si para los campos egipcios las crecidas del gran río africano, son de una necesidad imprescindible, para nuestro valle conviene, en cambio, la disciplina de los canales para metodizar el aprovechamiento de las tierras aptas y corregir, con la eliminación de los lavajes, las materias que puedan entorpecer los cultivos. Con la civilización hidráulica de las grandes arterias fluviales que surcan y enriquecen este valle, habrá desaparecido por completo tan paradógica comparación.

Este valle no es el Nilo ni por la condición de sus ríos ni por la calidad de sus tierras, ni por su clima, ni por su ventajosa situación. Es único en el caudal de sus riquezas y será único en su futura potencialidad. Lo han reconocido tal, los estadistas, los geógrafos y los viajeros ilustres. Después de su visita a la Argentina, pudo suscribir este concepto sir Charles E. Smith, director en Londres del Ferrocarril del Sud: “Aseguro que los valles del río Negro son maravillosos, estupendos. Llevo de mi viaje la impresión de una cosa colosal.” Se explica entonces, que quien era capaz de propalar una impresión tan franca y categórica sobre las tierras valletanas, tuviera influencia para reflejar en la gran empresa de su Directorio, la necesidad de poner todo el empeñoposible en beneficio de la zona, estimulando la colonización, amplificando la superficie de cultivos, nucleando, en fin, los centros urbanos y propendiendo en forma directa, al mayor aprovechamiento cultural del agua.

Es obra de justicia demostrar la gran influencia del Ferrocarril del Sud en toda la zona cultivada y cultivable de este valle. Sin el ferrocarril, que tiende sus líneas desde Bahía Blanca hasta los contrafuertes andinos, recorriendo valientemente cerca de 1.500 kilómetros por campos de ganadería criolla y de agricultura rudimental, no se habría jamás operado el prodigio de la transformación. Con sus rieles fué la población y el capital; sus estaciones provocaron la colonia y el centro urbano. Valorizó las tierras y obligó al parcelamiento y al cultivo. Con la facilidad del transporte, ennobleció los productos del suelo en calidad y en valer, fomentó las explotaciones agropecuarias facilitando los mercados del litoral bahiense y creó—ésta es la palabra—las industrias del forraje y la elaboración del vino. Y como todos estos nuevos exponentes de progreso que vitalizaban la gran zona, debían necesitar, como elementos básicos, de los beneficios del agua, complementa su obra cultural la gran compañía, construyendo bajo su dirección y por cuenta del Estado, el gran canal de riego que arranca en Cordero y terminará en Chichinales, arteria central que unificará más tarde el aprovechamiento de las aguas y que constituye, con el dique del Neuquen, la obra hidráulica más importante y trascendental que se ha realizado en el país.

He ahí en dos palabras la influencia decisiva del Ferrocarril del Sud en el progreso de los valles del Río Negro. Uno de los factores más eficientes en esta acción civilizadora—don Fernando G., presidente del Ferrocarril del Sud y gran argentino—nos trasmite, a nuestro requerimiento, su juicio sobre las orientaciones cardinales que tomará la comarca. Esta opinión, que nos merece confianza por la autoridad que la sustenta, tiene, en suma, puntos de contacto con la síntesis de nuestra observación. Tiene una clara visión del futuro el señor G., cuando atribuye al porvenir definitivo de la zona un carácter eminentemente industrial dentro de la producción agrícola y sus especulaciones derivadas. Para llegar a este desiderátum, cerrando el ciclo cultural de las tierras del valle, tiene que desaparecer paulatinamente el acaparamiento de las tierras, a menos que sus tenedores ejerciten la policultura en forma intensiva. La alfalfa constituye, sin duda, un apreciable cultivo de rendimientos inmediatos. Bien está cubriendo extendidas parcelas; pero mientras no se formalice definitivamente el aspecto industrial de la zona. En efecto: en nuestra gira hemos encontrado fincas de consideración, no muy prósperas debido a su empecinamiento monocultor, con la fiebre de la alfalfa por única orientación productora. La abundancia de lluvias en el litoral, propicias a los cultivos forrajeros, suelen provocar ligeras crisis en los alfalfares del valle, cuando no se ha dispuesto con previsión de su aprovechamiento. Esta ligera consideración, nos hace converger con el juicio del señor G., encauzado hacia el desarrollo de las industrias granjeras y la diversificación agrícola.

En lo que respecta al riego de la región colónica del Neuquen (río Limay), opina nuestro destacado interlocutor que se solucionaría airosamente las dificultades en el aprovechamiento del agua, entregando a los vecinos regantes la administración de este servicio. Se organizaría, en consecuencia, las juntas de riego, evitando así los pleitos y desavenencias con la autoridad. La región valenciana nos da idea de la bondad de este sistema. Con tal procedimiento se extendería la superficie cultivada hasta desaparecer el baldío que no tiene justificación posible en las zonas de riego.

Una observación de carácter social muy digna de tomarse en cuenta, es la que nos trasmite el señor G., sobre los caracteres generales de la población del valle. El fenómeno—que tal puede llamarse al desarrollo demográfico de la zona—merece una atención especial. “Por lo común—opina el señor G.—las zonas de regadío, no atraen de inmediato a los pobladores. Todo suelo que necesita riego artificial, es conceptuado pobre, de primera intención. Habiendo tierras fértiles y fáciles,—piensan los agricultores—¿para qué aventurarnos a estas regiones con la incertidumbre del favor o la adversidad de la suerte? Aquí, en el alto valle del Río Negro, ocurre una evidente concentración. Todo el mundo se arraiga, y no bien se ha puesto en disposición de productividad una tierra, ya tiene compradores o locatarios. Si se realizara un censo en la zona, o sea en el Departamento General Roca, sus guarismos serían una revelación. Nada de difícil sería que en población, nomás, se alcanzara a un total de 30.000 habitantes. En toda época del año, tanto durante la preparación de las tierras, como durante los cultivos y cosechas, nunca faltan brazos, lo que comporta la facilidad de convivir que encuentra el proletariado.”

En efecto: hemos hablado con todos los afincados pobres y ricos. Nadie está descontento del solar. Y si vienen los años malos, nunca son tan fatales como para que los siniestros sean aplastadores y agoten las fuerzas económicas de la región. Numerosos son los concretos que podríamos citar, de agricultores locatarios—no ya afincados—que nos hacen notar el triunfo de su esfuerzo, traducido en bienestar económico y en salud familiar.

Tiene una esperanza bien fundada el señor G. en el emporio azucarero que será la zona, no bien se formalicen los cultivos de remolacha sobre la base de empresas industriales bien montadas.

“Es posible—nos dice—que ninguna región del mundo pueda llenar más cumplidamente las exigencias reclamadas por la industria del azúcar. Aquí están reunidos los cuatro factores esenciales, sobre la base de la mayor economía: tierra apta, agua, combustible y cal. No necesito hacer notar la importancia hidráulica de los saltos producidos por el canal grande. Ahí está la hulla blanca, que suple con ventaja a todo combustible en baratura y en oportunidad. No necesito tampoco demostrar la enorme existencia de cal en diversos puntos de la zona y especialmente en la vecindad de Roca. Con tales elementos, además de las ventajas agrológicas del terreno, queda demostrado que ninguna industria derivada de la agricultura puede estar más capacitada que la azucarera para formalizar en esta zona su gran centro de producción.” Tales opiniones nos dan la oportunidadpara manifestar que los recursos hidráulicos de los canales, anticipan a las industrias una fuerza propulsora superior a 20.000 caballos, sin contar los accidentes propicios de los ríos. ¡Ya hay dinamismo para vitalizar la comarca!

Limifica.De limificar: arrojar, depositar el limo sobre la tierra.

Adiciona.Agrega.

Nucleando.Formando núcleos.

Básicos.Fundamentales.

Tenedores.Ocupantes.

Policultura.Diversidad de cultivos.

Monocultor.El que sólo cultiva una sola especie de vegetales, una sola clase de cereal, etc.

Hidráulica.Parte de la hidrodinámica que trata del modo de elevar y conducir las aguas.

Hulla blanca.Se aplica esta denominación al agua considerada como fuerza empleada para la producción de energía eléctrica.

Dinamismo.Fuerza activa.

Se nos ocurre pensar que la amplia zona cultivada del Río Negro superior, puede llamarse, algún día el “valle geórgico". De primera intención el calificativo ha de parecer una paradoja. El poema virgiliano no puede ensamblar en una comarca donde la vida rural, orientada hacia la industria, aspira a rendir los nobles frutos reclamados por sus dispendiosas obras de regadío. La tecnificación agrícola, las fuerzas mecánicas y el procedimiento cultural en las rústicas labores, han sometido científicamente los predios salvajes, pero a trueque del sentimiento afectivo a la heredad. No se conocen términos medios en la transformación agropecuaria de este largo valle circunscripto entre el saucedal ribereño y la meseta pampásica. La gran lonja de tierra, parcelada en amplios lotes, después de la llegada del ejército, y a raíz, más tarde, de la colonización oficial, no muy austera, ha realizado una evolución trascendental, pero inconsulta y agena a los principios más elementales de la economía rural. Entre el baldío selvático y el sometimiento del río Neuquen, a base de la obra hidrográfica más perfecta del mundo, se ha interpuesto el gran predio, la chacra fundadora, solariega e indivisa, perpetuada en detrimento de la densidad colónica y la fuerza intensiva de las industrias. A este valle pintoresco y umbroso, le ha faltado, en el transcurso de su proceso rural, la pequeña finca, la chacrita combinada, el labrantío modesto con especulaciones policulturales, a manera de granja o de clásico cortijo español. Le ha faltado, entrando francamente en el terreno sociológico, esa infancia propia de todos los valles de riego artificial, donde cada acequia es un tesoro y un vivero cada estadal de tierra. Le ha faltado, en suma, esa convivencia intensiva del pequeño hogar rústico que no solo es base de bienestar económico, si no que forma el fundamento sentimental del amor a la tierra.

Creemos conocer como nadie, esta portentosa regiónde la alta Patagonia; y en estos largos andares, ha sido una de nuestras firmes preocupaciones estudiar el alma de este núcleo rural, sedimentado por todas las razas. Falta aquí la conexión social de los valles regados de Cuyo, en donde las industrias han culminado con un arraigo admirable, merced a ese proceso paulatino de la pequeña propiedad, sistematizada en vinculación familiar desde los tiempos del dominio español. Este valle, a semejanza de los pueblos del Far West, levantados de la noche a la mañana por la especulación de un terrateniente o la urgencia de un ferrocarril poblador—hacinamiento de casas, no exponente de cuerpo social—es todavía un conglomerado de chacras adheridas a un rosario de pequeñas poblaciones que ha enhebrado el ferrocarril, en su afán de conquistar el desierto. El “valle geórgico” sospechado, es una ensoñación del futuro. Vendrá, sin duda, pero cuando se intensifique el predio; cuando se entreveren las razas pobladoras; cuando se ame fuertemente la tierra; cuando se ponga en práctica el consejo del poeta mantuano—“admira la gran propiedad, pero cultiva la pequeña"—clásico aforismo que ha formado el cimiento de la moderna economía rural.

Las primeras manifestaciones de la transformación valletana podemos admirarlas ya en aquel horticultor helvético cuya finquita de cinco hectáreas hemos semblanteado ya.

Nuestro diligente cultivador helvético, bien pudo ser el Coricio del “rubio y espigoso llano del Tarento”, héroe rústico en el IV libro de las “Geórgicas”, disciplinando las pocas yugadas de un campo antes reacio a vides y sementeras, y en donde, acotada la propiedad por cercas espinosas, ordenaba sus camellones de hortalizas, cultivaba sus rosales, sus jacintos y sus verbenas. Tal le suponemos en el retorno a la casuca, rendido por la diaria labor, aderezando su mesa “con manjares no comprados” o segando en primavera la primera rosa y en el otoño la primera fruta.


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