XIX

XIX

¿Cuánto tiempo permaneció así, fija la mirada en aquel retrato, absorto en su contemplacion?

Gritos de alarma demandando auxilio alzáronse de repente del interior de la casa, llenando de terror á sus tímidas habitantes, que medio desnudas, asomaban á las puertas, haciendo coro al angustioso clamor.

Vuelto de su abstraccion, Mauricio tomó un revólver y se lanzó al través de los patios, guiado por la voz, ya medio ahogada, de una mujer que llamaba en su ayuda.

El lugar de donde partían los gritos, era una habitacion cuya puerta estaba cerrada.

Mauricio no quiso llamar: saltó por una ventana y se encontró en un dormitorio, encarado con tres hombres, dos de los cuales pugnaban por amordazar á una mujer, en tanto que el tercero desbalijaba los cajones de una cómoda dedonde había extraido un paquete de billetes de banco y un cofre de ébano con incrustaciones de plata.

Los primeros, creyendo sobre ellos la policía, dejaron á la mujer, y abriendo la puerta, huyeron á tiempo que Mauricio les enviaba dos balas de su revólver.

El otro, sin soltar su presa, quiso huir; pero Mauricio, tomándolo por el cuello, lo arrinconó en un ángulo del cuarto.

El bandido logró echar al seno el paquete; y sin desprenderse del cofre, con la mano libre, sacó rápidamente un cuchillo y lo hundió en el pecho de Mauricio.

Cuando guiada por Renata llegó la policía, la mano del herido, á impulsos de una convulsion, estrechaba todavía el cuello de aquel caco tan empecinado en el latrocinio, que aferrándose al cofre y paquete de billetes, costó trabajo arrancarlos de sus manos.


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