XVII
El reloj de la casa, dando las cuatro, despertó á Mauricio de aquel enagenamiento.
Parecióle descender de elevadas esferas y miró con asombro en torno suyo.
Su trabajo concluido, enrollado y sobre el sombrero, aguardaba desde las dos de la tarde que debió ser puesto en caja.
Avergonzado de aquella inexactitud, apresuróse á correr á la imprenta, no sin las precauciones del proscrito: escurriéndose sin ruido y cuidando de no ser visto al salir de su cuarto.
Felizmente, el diario había debido preferir la publicacion de documentos más urgentes.