XXI

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Clarísimo Marqués, en quien derrama[364]el cielo cuanto bien conoce el mundo;si al gran valor en que el sujeto fundo,y al claro resplandor de vuestra llamaarribare mi pluma, y do la llama5la voz de vuestro nombre alto y profundo,seréis vos solo eterno y sin segundo,y por vos inmortal quien tanto os ama.Cuanto del largo cielo se desea,cuanto sobre la tierra se procura,10todo se halla en vos de parte en parte;y, en fin, de solo vos formó naturauna estraña y no vista al mundo idea,y hizo igual al pensamiento el arte.

Clarísimo Marqués, en quien derrama[364]el cielo cuanto bien conoce el mundo;si al gran valor en que el sujeto fundo,y al claro resplandor de vuestra llamaarribare mi pluma, y do la llama5la voz de vuestro nombre alto y profundo,seréis vos solo eterno y sin segundo,y por vos inmortal quien tanto os ama.Cuanto del largo cielo se desea,cuanto sobre la tierra se procura,10todo se halla en vos de parte en parte;y, en fin, de solo vos formó naturauna estraña y no vista al mundo idea,y hizo igual al pensamiento el arte.

Clarísimo Marqués, en quien derrama[364]

el cielo cuanto bien conoce el mundo;

si al gran valor en que el sujeto fundo,

y al claro resplandor de vuestra llama

arribare mi pluma, y do la llama5

la voz de vuestro nombre alto y profundo,

seréis vos solo eterno y sin segundo,

y por vos inmortal quien tanto os ama.

Cuanto del largo cielo se desea,

cuanto sobre la tierra se procura,10

todo se halla en vos de parte en parte;

y, en fin, de solo vos formó natura

una estraña y no vista al mundo idea,

y hizo igual al pensamiento el arte.


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