Celia.—Hasta aquí podeis salir,Que aunque mandó mi señoraQue os retiraseis, yo quieroHaceros esta lisonja,De que desde aquesta rejaOigais una primorosaMúsica, que á cierta dama,Aquien mi señor adora,Ha dispuesto. Aquí os quedad.Cast.—Oiga usted.Celia.—No puedo ahora.
Celia.—Hasta aquí podeis salir,Que aunque mandó mi señoraQue os retiraseis, yo quieroHaceros esta lisonja,De que desde aquesta rejaOigais una primorosaMúsica, que á cierta dama,Aquien mi señor adora,Ha dispuesto. Aquí os quedad.Cast.—Oiga usted.Celia.—No puedo ahora.
Celia.—Hasta aquí podeis salir,Que aunque mandó mi señoraQue os retiraseis, yo quieroHaceros esta lisonja,De que desde aquesta rejaOigais una primorosaMúsica, que á cierta dama,Aquien mi señor adora,Ha dispuesto. Aquí os quedad.
Cast.—Oiga usted.
Celia.—No puedo ahora.
(Váse y sale por el otro lado)
Cast.—Fuése y cerrónos la puerta,Y dejónos como monjasEn reja, solo nos faltaUna escucha que nos oiga.
Cast.—Fuése y cerrónos la puerta,Y dejónos como monjasEn reja, solo nos faltaUna escucha que nos oiga.
Cast.—Fuése y cerrónos la puerta,Y dejónos como monjasEn reja, solo nos faltaUna escucha que nos oiga.
(Llega y mira)
Pero, señor, vive Dios,Que es cosa muy pegajosaTu locura, pues á míSe me ha pegado.D. Cár.—¿En qué forma?Cast.—En que escucho los cencerros,Y aun los cuernos se me antojaDe los bueyes que perdimos.
Pero, señor, vive Dios,Que es cosa muy pegajosaTu locura, pues á míSe me ha pegado.D. Cár.—¿En qué forma?Cast.—En que escucho los cencerros,Y aun los cuernos se me antojaDe los bueyes que perdimos.
Pero, señor, vive Dios,Que es cosa muy pegajosaTu locura, pues á míSe me ha pegado.
D. Cár.—¿En qué forma?
Cast.—En que escucho los cencerros,Y aun los cuernos se me antojaDe los bueyes que perdimos.
(Llega don Cárlos)
D. Cár.—¡Qué miro! ¡amor me socorra!Leonor, doña Ana y don PedroSon; ¿ves como no era cosaDe ilusion el que aquí estaba?Cast.—Y de que esté ¿no te enojas?D. Cár.—No, hasta saber cómo vino;Que si yo en la casa propiaEstoy, sin estar culpado,¿Cómo quieres que supongaCulpa en Leonor? ántes juzgoQue la fortuna piadosaLa condujo á donde estoy.Cast.—Muy reposado enamoras,Pues no sueles ser tan cuerdo;Mas si hallando golpe en bola,La ocasion el tal don PedroLa cogiese por la cola,¡Estariamos muy buenos!D. Cár.—¡Calla, Castaño, la boca!Que es muy bajo quien sin causaDe la dama á quien adoraSe da á entender que la ofende,Pues en su aprension celosa,¿Qué mucho que ella le agravie,Cuando él así se deshonra?Mas escucha que ya templan.Dª. Ana.—Cantad, pues.Celia.—Vaya de solfa.Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?Voz1ª.—El carecer de favorSerá la pena mayor,Puesto que es el mayor mal.Coro1º.—No es tal.Voz1ª.—Si es tal.Coro2º.—Pues ¿cuál es?Voz2ª.—Son los desvelosA que ocasionan los celos,Que es un dolor sin igual.Coro2º.—No es tal.Voz2ª.—Si es tal.Coro1º.—Pues ¿cuál es?Voz3ª.—Es la impacienciaA que ocasiona la ausencia,Que es un letargo mortal.Coro1º.—No es tal.Voz3ª.—Si es tal.Coro2º.—Pues ¿cuál es?Voz4ª.—Es el cuidadoCon que se goza lo amado,Que nunca es dicha cabal.Coro2º.—No es tal.Voz4ª.—Si es tal.Coro1º.—Pues ¿cuál es?Voz5ª.—Mayor se infiereNo gozar á quien me quiere,Cuando es el amor igual.Coro1º.—No es tal.Voz1ª.—Si es tal.Coro2º.—Tú que ahora has respondido,Conozco que solo has sidoQuien las penas de amor sabe.Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?D. Ped.—Leonor, la razon primeraDe las que han cantado aquíEs mas fuerte para mí;Pues si bien se consideraEs la pena mas severaQue puede dar el amorLa carencia del favor,Que es su término fatal.Dª. Leo.—No es tal.D. Ped.—Si es tal.Dª. Ana.—Yo, hermano, de otra opinionSoy, que si se llega á ver,El mayor mal viene á serUna celosa pasion;Pues fuera de la razonDe que del bien se carece,Con la envidia se padeceOtra pena mas mortal.Dª. Leo.—No es tal.Dª. Ana.—Si es tal.Dª. Leo.—Aunque se halla mi sentidoPara nada, he imaginadoQue el carecer de lo amadoNo es amor correspondido;Pues con juzgarse querido,Cuando del bien se carece,El ansia de gozar crece,Y con ella crece el mal.Dª. Ana.—No es tal.Dª. Leo.—Si es tal.D. Cár.—¡Ay Castaño! yo dijeraQue de amor en los desvelosSon el mayor mal los celos,Si á tanerlos me atreviera;Mas, pues quiere amor que muera,Muera de solo temerlos,Sin llegar á padecerlos,Pues este es sobrado mal.Cast.—No es tal.D. Cár.—Si es tal.Cast.—Señor, el mayor pesarConque el amor nos baldona,Es querer una fregonaY no tener qué la dar;Pues si llego á enamorar,Corrido y confuso quedo,Que conseguirlo no puedoPor la falta de caudal.Música.—No es tal.Cel.—Si es tal.El dolor mas importunoQue da amor en sus ensayos,Es tener doce lacayosSin regalarme ninguno,Y tener perpetuo ayunoCuando estar harta debiera,Esperando costureraLos alivios del dedal.Música.—No es tal.Cel.—Si es tal.Dª. Ana.—Leonor, si no te divierteLa música, al jardin vamos,Quizá tu fatiga en élSe aliviará.Dª. Leo.—¿Qué descansoPuede tener la que soloTiene por alivio el llanto?D. Ped.—Vamos, divino imposible.Dª. Ana.—Haz, Celia, lo que he mandado,Que yo te mando un vestido,Si se nos logra el engaño.
D. Cár.—¡Qué miro! ¡amor me socorra!Leonor, doña Ana y don PedroSon; ¿ves como no era cosaDe ilusion el que aquí estaba?Cast.—Y de que esté ¿no te enojas?D. Cár.—No, hasta saber cómo vino;Que si yo en la casa propiaEstoy, sin estar culpado,¿Cómo quieres que supongaCulpa en Leonor? ántes juzgoQue la fortuna piadosaLa condujo á donde estoy.Cast.—Muy reposado enamoras,Pues no sueles ser tan cuerdo;Mas si hallando golpe en bola,La ocasion el tal don PedroLa cogiese por la cola,¡Estariamos muy buenos!D. Cár.—¡Calla, Castaño, la boca!Que es muy bajo quien sin causaDe la dama á quien adoraSe da á entender que la ofende,Pues en su aprension celosa,¿Qué mucho que ella le agravie,Cuando él así se deshonra?Mas escucha que ya templan.Dª. Ana.—Cantad, pues.Celia.—Vaya de solfa.Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?Voz1ª.—El carecer de favorSerá la pena mayor,Puesto que es el mayor mal.Coro1º.—No es tal.Voz1ª.—Si es tal.Coro2º.—Pues ¿cuál es?Voz2ª.—Son los desvelosA que ocasionan los celos,Que es un dolor sin igual.Coro2º.—No es tal.Voz2ª.—Si es tal.Coro1º.—Pues ¿cuál es?Voz3ª.—Es la impacienciaA que ocasiona la ausencia,Que es un letargo mortal.Coro1º.—No es tal.Voz3ª.—Si es tal.Coro2º.—Pues ¿cuál es?Voz4ª.—Es el cuidadoCon que se goza lo amado,Que nunca es dicha cabal.Coro2º.—No es tal.Voz4ª.—Si es tal.Coro1º.—Pues ¿cuál es?Voz5ª.—Mayor se infiereNo gozar á quien me quiere,Cuando es el amor igual.Coro1º.—No es tal.Voz1ª.—Si es tal.Coro2º.—Tú que ahora has respondido,Conozco que solo has sidoQuien las penas de amor sabe.Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?D. Ped.—Leonor, la razon primeraDe las que han cantado aquíEs mas fuerte para mí;Pues si bien se consideraEs la pena mas severaQue puede dar el amorLa carencia del favor,Que es su término fatal.Dª. Leo.—No es tal.D. Ped.—Si es tal.Dª. Ana.—Yo, hermano, de otra opinionSoy, que si se llega á ver,El mayor mal viene á serUna celosa pasion;Pues fuera de la razonDe que del bien se carece,Con la envidia se padeceOtra pena mas mortal.Dª. Leo.—No es tal.Dª. Ana.—Si es tal.Dª. Leo.—Aunque se halla mi sentidoPara nada, he imaginadoQue el carecer de lo amadoNo es amor correspondido;Pues con juzgarse querido,Cuando del bien se carece,El ansia de gozar crece,Y con ella crece el mal.Dª. Ana.—No es tal.Dª. Leo.—Si es tal.D. Cár.—¡Ay Castaño! yo dijeraQue de amor en los desvelosSon el mayor mal los celos,Si á tanerlos me atreviera;Mas, pues quiere amor que muera,Muera de solo temerlos,Sin llegar á padecerlos,Pues este es sobrado mal.Cast.—No es tal.D. Cár.—Si es tal.Cast.—Señor, el mayor pesarConque el amor nos baldona,Es querer una fregonaY no tener qué la dar;Pues si llego á enamorar,Corrido y confuso quedo,Que conseguirlo no puedoPor la falta de caudal.Música.—No es tal.Cel.—Si es tal.El dolor mas importunoQue da amor en sus ensayos,Es tener doce lacayosSin regalarme ninguno,Y tener perpetuo ayunoCuando estar harta debiera,Esperando costureraLos alivios del dedal.Música.—No es tal.Cel.—Si es tal.Dª. Ana.—Leonor, si no te divierteLa música, al jardin vamos,Quizá tu fatiga en élSe aliviará.Dª. Leo.—¿Qué descansoPuede tener la que soloTiene por alivio el llanto?D. Ped.—Vamos, divino imposible.Dª. Ana.—Haz, Celia, lo que he mandado,Que yo te mando un vestido,Si se nos logra el engaño.
D. Cár.—¡Qué miro! ¡amor me socorra!Leonor, doña Ana y don PedroSon; ¿ves como no era cosaDe ilusion el que aquí estaba?
Cast.—Y de que esté ¿no te enojas?
D. Cár.—No, hasta saber cómo vino;Que si yo en la casa propiaEstoy, sin estar culpado,¿Cómo quieres que supongaCulpa en Leonor? ántes juzgoQue la fortuna piadosaLa condujo á donde estoy.
Cast.—Muy reposado enamoras,Pues no sueles ser tan cuerdo;Mas si hallando golpe en bola,La ocasion el tal don PedroLa cogiese por la cola,¡Estariamos muy buenos!
D. Cár.—¡Calla, Castaño, la boca!Que es muy bajo quien sin causaDe la dama á quien adoraSe da á entender que la ofende,Pues en su aprension celosa,¿Qué mucho que ella le agravie,Cuando él así se deshonra?Mas escucha que ya templan.
Dª. Ana.—Cantad, pues.
Celia.—Vaya de solfa.
Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?
Voz1ª.—El carecer de favorSerá la pena mayor,Puesto que es el mayor mal.
Coro1º.—No es tal.
Voz1ª.—Si es tal.
Coro2º.—Pues ¿cuál es?
Voz2ª.—Son los desvelosA que ocasionan los celos,Que es un dolor sin igual.
Coro2º.—No es tal.
Voz2ª.—Si es tal.
Coro1º.—Pues ¿cuál es?
Voz3ª.—Es la impacienciaA que ocasiona la ausencia,Que es un letargo mortal.
Coro1º.—No es tal.
Voz3ª.—Si es tal.
Coro2º.—Pues ¿cuál es?
Voz4ª.—Es el cuidadoCon que se goza lo amado,Que nunca es dicha cabal.
Coro2º.—No es tal.
Voz4ª.—Si es tal.
Coro1º.—Pues ¿cuál es?
Voz5ª.—Mayor se infiereNo gozar á quien me quiere,Cuando es el amor igual.
Coro1º.—No es tal.
Voz1ª.—Si es tal.
Coro2º.—Tú que ahora has respondido,Conozco que solo has sidoQuien las penas de amor sabe.
Coro1º.—¿Cuál es la pena mas graveQue en las penas de amor cabe?
D. Ped.—Leonor, la razon primeraDe las que han cantado aquíEs mas fuerte para mí;Pues si bien se consideraEs la pena mas severaQue puede dar el amorLa carencia del favor,Que es su término fatal.
Dª. Leo.—No es tal.
D. Ped.—Si es tal.
Dª. Ana.—Yo, hermano, de otra opinionSoy, que si se llega á ver,El mayor mal viene á serUna celosa pasion;Pues fuera de la razonDe que del bien se carece,Con la envidia se padeceOtra pena mas mortal.
Dª. Leo.—No es tal.
Dª. Ana.—Si es tal.
Dª. Leo.—Aunque se halla mi sentidoPara nada, he imaginadoQue el carecer de lo amadoNo es amor correspondido;Pues con juzgarse querido,Cuando del bien se carece,El ansia de gozar crece,Y con ella crece el mal.
Dª. Ana.—No es tal.
Dª. Leo.—Si es tal.
D. Cár.—¡Ay Castaño! yo dijeraQue de amor en los desvelosSon el mayor mal los celos,Si á tanerlos me atreviera;Mas, pues quiere amor que muera,Muera de solo temerlos,Sin llegar á padecerlos,Pues este es sobrado mal.
Cast.—No es tal.
D. Cár.—Si es tal.
Cast.—Señor, el mayor pesarConque el amor nos baldona,Es querer una fregonaY no tener qué la dar;Pues si llego á enamorar,Corrido y confuso quedo,Que conseguirlo no puedoPor la falta de caudal.
Música.—No es tal.
Cel.—Si es tal.El dolor mas importunoQue da amor en sus ensayos,Es tener doce lacayosSin regalarme ninguno,Y tener perpetuo ayunoCuando estar harta debiera,Esperando costureraLos alivios del dedal.
Música.—No es tal.
Cel.—Si es tal.
Dª. Ana.—Leonor, si no te divierteLa música, al jardin vamos,Quizá tu fatiga en élSe aliviará.
Dª. Leo.—¿Qué descansoPuede tener la que soloTiene por alivio el llanto?
D. Ped.—Vamos, divino imposible.
Dª. Ana.—Haz, Celia, lo que he mandado,Que yo te mando un vestido,Si se nos logra el engaño.
(Vánse doña Ana, doña Leonor y don Pedro.)
Cel.—Eso sí es mandar con modo,Aunque esto de: Yo te mando,Cuando los amos lo dicen,No viene á hacer mucho al caso;Pues están siempre tan hechos,Que si acaso mandan algo,Para dar luego se escusan,Y dicen á los criadosQue lo que mandaron, noFué manda, sino mandato.Pero vaya de tramoya:Yo llego á la puerta y abro,Supuesto que ya don Juan,Que era mi mayor cuidado,Con la llave que le díEstuvo tan avisadoQue, sin que yo lo calase,Se salió paso entre pasoPor la puerta del jardin,Y mi señora ha tragadoQue fué otra de las criadasQuien le dió entrada en su cuarto.Gracias á mi hipocresíaY á unos juramentos falsosQue sobre el caso me echéCon tanto desembarazo,Ella quedó tan segura,Que ahora me ha encomendadoLo que allá dirá el enredo;Yo llego... Señor don Cárlos.D. Cár.—¿Qué quieres, Celia? ¡Ay de mí!...Celia.—A ver si habeis escuchadoLa música vine.D. Cár.—Sí,Y te estimo el agasajo.Mas, dime, Celia, ¿á qué vinoAquella dama que ha estadoCon doña Ana y con don Pedro?Cel.[Ap.]—Ya picó el pez: largo el trapo.Aquella dama, señor...Mas yo no puedo contarlo,Si primero no me daisLa palabra de callarlo.D. Cár.—Yo te la doy... ¿A qué vino?Celia.—Temo, señor, que es pecadoDescubrir vidas ajenas.Mas supuesto que tú has dadoEn que lo quieres saber,Y yo en que no he de contarlo,Vaya; mas sin que lo sepas...Y sabe que aquel milagroDe belleza es una damaA quien adora mi amo,Y anoche, yo no sé cómoNi cómo no, entró en su cuarto.El la enamora y regala;Con qué fin, yo no lo alcanzo,Ni yo en conciencia pudieraAfirmarte, que ello es malo,Que puede ser que la quieraPara ser fraile descalzo.Y perdona, que no puedoDecir lo que has preguntado,Que estas cosas mejor esQue las sepas de otros labios.
Cel.—Eso sí es mandar con modo,Aunque esto de: Yo te mando,Cuando los amos lo dicen,No viene á hacer mucho al caso;Pues están siempre tan hechos,Que si acaso mandan algo,Para dar luego se escusan,Y dicen á los criadosQue lo que mandaron, noFué manda, sino mandato.Pero vaya de tramoya:Yo llego á la puerta y abro,Supuesto que ya don Juan,Que era mi mayor cuidado,Con la llave que le díEstuvo tan avisadoQue, sin que yo lo calase,Se salió paso entre pasoPor la puerta del jardin,Y mi señora ha tragadoQue fué otra de las criadasQuien le dió entrada en su cuarto.Gracias á mi hipocresíaY á unos juramentos falsosQue sobre el caso me echéCon tanto desembarazo,Ella quedó tan segura,Que ahora me ha encomendadoLo que allá dirá el enredo;Yo llego... Señor don Cárlos.D. Cár.—¿Qué quieres, Celia? ¡Ay de mí!...Celia.—A ver si habeis escuchadoLa música vine.D. Cár.—Sí,Y te estimo el agasajo.Mas, dime, Celia, ¿á qué vinoAquella dama que ha estadoCon doña Ana y con don Pedro?Cel.[Ap.]—Ya picó el pez: largo el trapo.Aquella dama, señor...Mas yo no puedo contarlo,Si primero no me daisLa palabra de callarlo.D. Cár.—Yo te la doy... ¿A qué vino?Celia.—Temo, señor, que es pecadoDescubrir vidas ajenas.Mas supuesto que tú has dadoEn que lo quieres saber,Y yo en que no he de contarlo,Vaya; mas sin que lo sepas...Y sabe que aquel milagroDe belleza es una damaA quien adora mi amo,Y anoche, yo no sé cómoNi cómo no, entró en su cuarto.El la enamora y regala;Con qué fin, yo no lo alcanzo,Ni yo en conciencia pudieraAfirmarte, que ello es malo,Que puede ser que la quieraPara ser fraile descalzo.Y perdona, que no puedoDecir lo que has preguntado,Que estas cosas mejor esQue las sepas de otros labios.
Cel.—Eso sí es mandar con modo,Aunque esto de: Yo te mando,Cuando los amos lo dicen,No viene á hacer mucho al caso;Pues están siempre tan hechos,Que si acaso mandan algo,Para dar luego se escusan,Y dicen á los criadosQue lo que mandaron, noFué manda, sino mandato.Pero vaya de tramoya:Yo llego á la puerta y abro,Supuesto que ya don Juan,Que era mi mayor cuidado,Con la llave que le díEstuvo tan avisadoQue, sin que yo lo calase,Se salió paso entre pasoPor la puerta del jardin,Y mi señora ha tragadoQue fué otra de las criadasQuien le dió entrada en su cuarto.Gracias á mi hipocresíaY á unos juramentos falsosQue sobre el caso me echéCon tanto desembarazo,Ella quedó tan segura,Que ahora me ha encomendadoLo que allá dirá el enredo;Yo llego... Señor don Cárlos.
D. Cár.—¿Qué quieres, Celia? ¡Ay de mí!...
Celia.—A ver si habeis escuchadoLa música vine.
D. Cár.—Sí,Y te estimo el agasajo.Mas, dime, Celia, ¿á qué vinoAquella dama que ha estadoCon doña Ana y con don Pedro?
Cel.[Ap.]—Ya picó el pez: largo el trapo.Aquella dama, señor...Mas yo no puedo contarlo,Si primero no me daisLa palabra de callarlo.
D. Cár.—Yo te la doy... ¿A qué vino?
Celia.—Temo, señor, que es pecadoDescubrir vidas ajenas.Mas supuesto que tú has dadoEn que lo quieres saber,Y yo en que no he de contarlo,Vaya; mas sin que lo sepas...Y sabe que aquel milagroDe belleza es una damaA quien adora mi amo,Y anoche, yo no sé cómoNi cómo no, entró en su cuarto.El la enamora y regala;Con qué fin, yo no lo alcanzo,Ni yo en conciencia pudieraAfirmarte, que ello es malo,Que puede ser que la quieraPara ser fraile descalzo.Y perdona, que no puedoDecir lo que has preguntado,Que estas cosas mejor esQue las sepas de otros labios.
(Váse Celia.)
D. Cár.—Castaño, ¿no has oido aquesto?Cierta es mi muerte y mi agravio.Cast.—Pues si ella no nos lo ha dicho,¿Cómo puedo yo afirmarlo?D. Cár.—¡Cielos! ¿qué es esto que escucho?¿Es ilusion, es encantoLo que ha pasado por mí?¿Quién soy? ¿en dónde me hallo?¿No soy yo quien de LeonorLa beldad idolatrandoLa solicité tan fino,La serví tan recatado,Que en premio de mis finezasConseguí favores tantos?Y por ùltimo, seguroDe alcanzar su blanca mano,Y de ser solo el dichosoEntre tantos desdichados,¿No salió anoche conmigo,Su casa y padre dejando,Reduciendo á mí la dichaQue solicitaban tantos?¿No la llevó la justicia?Pues ¿cómo ¡ay de mí! la halloTan sosegada en la casaDe don Pedro de Arellano,Que amante la solicita?Y yo... Mas ¿cómo no abrasoAntes estos labios, quePronunciar yo mis agravios?Mas ¡cielos! ¿Leonor no pudoVenir por algun acasoA esta casa, sin tenerCulpa de lo que ha pasado,Pues prevenirlo no pudo?Y que don Pedro, llevadoDe la ocasion de tenerEn su poder el milagroDe la perfeccion, pretenda,Como mozo y alentado,Lograr la ocasion feliceQue la fortuna le ha dado,Sin que Leonor correspondaA sus intentos osados?Bien puede ser que así sea;Mas ¿cumplo yo con lo honrado,Consintiendo que á mi damaLa festeje mi contrario,Y que con tanto lugarComo tenerla á su ladoLa enamore y solicite,Y que haya de ser tan bajoYo, que lo mire y lo sepaY no intente remediarlo?Eso no, ¡viven los cielos!Sígueme, vamos, Castaño,Y saquemos á LeonorA pesar de todos cuantosLa quisieren defender.Cast.—Señor ¿estás dado al diablo?¿No ves que hay en esta casaUna tropa de lacayos,Que sin que nadie lo sepaNos darán un sepan cuantos,Y andarán descomedidosPor andar muy bien criados?D. Cár.—Cobarde! ¿aqueso me dices?Aunque vibre el cielo rayos,Y aunque iras el cielo esgrima,Y el abismo aborte espantos,Me la tengo de llevar.Cast.—Ahora ¡sus! si ha de ser, vamos;Y luego de aquí á la horca,Que será el segundo paso.
D. Cár.—Castaño, ¿no has oido aquesto?Cierta es mi muerte y mi agravio.Cast.—Pues si ella no nos lo ha dicho,¿Cómo puedo yo afirmarlo?D. Cár.—¡Cielos! ¿qué es esto que escucho?¿Es ilusion, es encantoLo que ha pasado por mí?¿Quién soy? ¿en dónde me hallo?¿No soy yo quien de LeonorLa beldad idolatrandoLa solicité tan fino,La serví tan recatado,Que en premio de mis finezasConseguí favores tantos?Y por ùltimo, seguroDe alcanzar su blanca mano,Y de ser solo el dichosoEntre tantos desdichados,¿No salió anoche conmigo,Su casa y padre dejando,Reduciendo á mí la dichaQue solicitaban tantos?¿No la llevó la justicia?Pues ¿cómo ¡ay de mí! la halloTan sosegada en la casaDe don Pedro de Arellano,Que amante la solicita?Y yo... Mas ¿cómo no abrasoAntes estos labios, quePronunciar yo mis agravios?Mas ¡cielos! ¿Leonor no pudoVenir por algun acasoA esta casa, sin tenerCulpa de lo que ha pasado,Pues prevenirlo no pudo?Y que don Pedro, llevadoDe la ocasion de tenerEn su poder el milagroDe la perfeccion, pretenda,Como mozo y alentado,Lograr la ocasion feliceQue la fortuna le ha dado,Sin que Leonor correspondaA sus intentos osados?Bien puede ser que así sea;Mas ¿cumplo yo con lo honrado,Consintiendo que á mi damaLa festeje mi contrario,Y que con tanto lugarComo tenerla á su ladoLa enamore y solicite,Y que haya de ser tan bajoYo, que lo mire y lo sepaY no intente remediarlo?Eso no, ¡viven los cielos!Sígueme, vamos, Castaño,Y saquemos á LeonorA pesar de todos cuantosLa quisieren defender.Cast.—Señor ¿estás dado al diablo?¿No ves que hay en esta casaUna tropa de lacayos,Que sin que nadie lo sepaNos darán un sepan cuantos,Y andarán descomedidosPor andar muy bien criados?D. Cár.—Cobarde! ¿aqueso me dices?Aunque vibre el cielo rayos,Y aunque iras el cielo esgrima,Y el abismo aborte espantos,Me la tengo de llevar.Cast.—Ahora ¡sus! si ha de ser, vamos;Y luego de aquí á la horca,Que será el segundo paso.
D. Cár.—Castaño, ¿no has oido aquesto?Cierta es mi muerte y mi agravio.
Cast.—Pues si ella no nos lo ha dicho,¿Cómo puedo yo afirmarlo?
D. Cár.—¡Cielos! ¿qué es esto que escucho?¿Es ilusion, es encantoLo que ha pasado por mí?¿Quién soy? ¿en dónde me hallo?¿No soy yo quien de LeonorLa beldad idolatrandoLa solicité tan fino,La serví tan recatado,Que en premio de mis finezasConseguí favores tantos?Y por ùltimo, seguroDe alcanzar su blanca mano,Y de ser solo el dichosoEntre tantos desdichados,¿No salió anoche conmigo,Su casa y padre dejando,Reduciendo á mí la dichaQue solicitaban tantos?¿No la llevó la justicia?Pues ¿cómo ¡ay de mí! la halloTan sosegada en la casaDe don Pedro de Arellano,Que amante la solicita?Y yo... Mas ¿cómo no abrasoAntes estos labios, quePronunciar yo mis agravios?Mas ¡cielos! ¿Leonor no pudoVenir por algun acasoA esta casa, sin tenerCulpa de lo que ha pasado,Pues prevenirlo no pudo?Y que don Pedro, llevadoDe la ocasion de tenerEn su poder el milagroDe la perfeccion, pretenda,Como mozo y alentado,Lograr la ocasion feliceQue la fortuna le ha dado,Sin que Leonor correspondaA sus intentos osados?Bien puede ser que así sea;Mas ¿cumplo yo con lo honrado,Consintiendo que á mi damaLa festeje mi contrario,Y que con tanto lugarComo tenerla á su ladoLa enamore y solicite,Y que haya de ser tan bajoYo, que lo mire y lo sepaY no intente remediarlo?Eso no, ¡viven los cielos!Sígueme, vamos, Castaño,Y saquemos á LeonorA pesar de todos cuantosLa quisieren defender.
Cast.—Señor ¿estás dado al diablo?¿No ves que hay en esta casaUna tropa de lacayos,Que sin que nadie lo sepaNos darán un sepan cuantos,Y andarán descomedidosPor andar muy bien criados?
D. Cár.—Cobarde! ¿aqueso me dices?Aunque vibre el cielo rayos,Y aunque iras el cielo esgrima,Y el abismo aborte espantos,Me la tengo de llevar.
Cast.—Ahora ¡sus! si ha de ser, vamos;Y luego de aquí á la horca,Que será el segundo paso.
(Salen don Rodrigo y don Juan)
D. Rod.—Don Juan, pues vos sois su amigo,Reducidle á la razon,Pues por aquesta ocasionOs quise traer conmigo;Que pues vos sois el testigoDel daño que me causóCuando á Leonor me llevó,Podreis con desembarazoHablar en aqueste casoCon mas llaneza que yo.Ya de todo os he informado,Y en un caso tan severoSiempre lo trata el terceroMejor que no el agraviado;Que al que es noble y nació honrado,La afrenta, por mas que sienta,Le impide, aunque ese es el medio,La vergüenza del remedio,El remedio de la afrenta.D. Juan.-Señor don Rodrigo, yo,Por la ley de caballero,Os prometo reducirA vuestro gusto á don Pedro,A que él juzgó que está llano,Porque tampoco no quieroVender por fineza miaA lo que es mérito vuestro.Y pues, porque no se niegueNo le avisamos, entremosA la sala. Mas ¿qué miro?¿Aquí don Cárlos de OlmedoCon quien anoche reñí?¡Ah ingrata doña Ana! ¡ah fieroBasilisco!
D. Rod.—Don Juan, pues vos sois su amigo,Reducidle á la razon,Pues por aquesta ocasionOs quise traer conmigo;Que pues vos sois el testigoDel daño que me causóCuando á Leonor me llevó,Podreis con desembarazoHablar en aqueste casoCon mas llaneza que yo.Ya de todo os he informado,Y en un caso tan severoSiempre lo trata el terceroMejor que no el agraviado;Que al que es noble y nació honrado,La afrenta, por mas que sienta,Le impide, aunque ese es el medio,La vergüenza del remedio,El remedio de la afrenta.D. Juan.-Señor don Rodrigo, yo,Por la ley de caballero,Os prometo reducirA vuestro gusto á don Pedro,A que él juzgó que está llano,Porque tampoco no quieroVender por fineza miaA lo que es mérito vuestro.Y pues, porque no se niegueNo le avisamos, entremosA la sala. Mas ¿qué miro?¿Aquí don Cárlos de OlmedoCon quien anoche reñí?¡Ah ingrata doña Ana! ¡ah fieroBasilisco!
D. Rod.—Don Juan, pues vos sois su amigo,Reducidle á la razon,Pues por aquesta ocasionOs quise traer conmigo;Que pues vos sois el testigoDel daño que me causóCuando á Leonor me llevó,Podreis con desembarazoHablar en aqueste casoCon mas llaneza que yo.Ya de todo os he informado,Y en un caso tan severoSiempre lo trata el terceroMejor que no el agraviado;Que al que es noble y nació honrado,La afrenta, por mas que sienta,Le impide, aunque ese es el medio,La vergüenza del remedio,El remedio de la afrenta.
D. Juan.-Señor don Rodrigo, yo,Por la ley de caballero,Os prometo reducirA vuestro gusto á don Pedro,A que él juzgó que está llano,Porque tampoco no quieroVender por fineza miaA lo que es mérito vuestro.Y pues, porque no se niegueNo le avisamos, entremosA la sala. Mas ¿qué miro?¿Aquí don Cárlos de OlmedoCon quien anoche reñí?¡Ah ingrata doña Ana! ¡ah fieroBasilisco!
(Sale Celia)
Celia.—¡Jesucristo!Don Juan de Várgas y un viejo,Señor, y te han visto ya.D. Cár.—No importa, que nada temo.D. Rod.—Aquí don Cárlos está,Y para lo que traemosQue tratar, grande embarazoSerá.Cast.—(A don Cár.) Señor, reza el credoPorque estos pienso que vienenPara darnos pan de perro;Pues sin duda que ya sabenQue fuistes quien á don DiegoHirió, y se llevó á Leonor.D. Cár.—No importa, ya estoy resueltoA cuanto me sucediere.D. Rod.—Don Cárlos, don Juan y yoCierto negocio traemos,Que precisamente ahoraSe ha de tratar con don Pedro,Y así, si no es embarazoA lo que venis, os ruegoNos deis lugar, perdonandoEl estorbo, que los viejosCon los mozos, y mas cuandoSon tan bizarros y atentosComo vos, esta licenciaNos tomamos.D. Cár.(Ap.)—Vive el cielo,Que aun ignora don RodrigoQue sor de su agravio el dueño.D. Juan.(Ap.)—No sé, vive el cielo, comoViendo á don Cárlos contengoLa cólera que me incita.Celia.—Don Cárlos, pues el empeñoMirais en que está mi amaSi llega su hermano á veros,Que os escondais os suplico.D. Cár.—Tienes razón, vive el cielo,Que si aquí me ve su hermano,La honra de doña Ana arriesgo;Y habiéndome ella amparado,Es infamia; mas ¿qué puedoHacer yo en aqueste caso?Ello no hay otro remedio;Ocúltome, que el honorDe doña Ana es lo primero;Y despues saldré á vengarMis agravios y mis celos.Celia.—Señor, por Dios, que te escondasAntes que salga don Pedro.D. Cár.—Señor don Rodrigo, yoEstoy (perdonad si os tengoVergüenza, que vuestras canasDignas son de este respeto)Sin que don Pedro lo sepa,En su casa, y así os ruegoQue me dejéis ocultarAntes que él salga, que el riesgoQue un honor puede correrMe obliga...D. Juan.—¡Qué esto consiento!¿Qué mas claro ha de decir?Que aquel basilisco fieroDo doña Ana aquí le trae.¡Oh, pese á mi sufrimiento,Que no le quito la vida!Pero ajustar el empeñoEs ántes de don Rodrigo,Pues le di palabra de ello;Que despues yo volveré,Puesto que la llave tengoDel jardin, y tomaréLa venganza que deseo.D. Rod.—Don Cárlos, nada me admira:Mozo he sido, aunque estoy viejo;Vos sois mozo, y es precisoQue deis sus frutos al tiempo;Y supuesto que decisQue os es preciso esconderos,Haced vos lo que convenga,Que yo la causa no inquieroDe cosas que no me tocan.D. Cár.—Pues á Dios.D. Rod.—Guardeos el cielo.Celia.—Vamos á prisa. A Dios gracias,Que se ha excusado este aprieto;Y vos, señor, esperadMiéntras aviso á mi dueño.D. Cár.—Un Etna llevo en el alma.D. Juan.—Un volcan queda en mi pecho.
Celia.—¡Jesucristo!Don Juan de Várgas y un viejo,Señor, y te han visto ya.D. Cár.—No importa, que nada temo.D. Rod.—Aquí don Cárlos está,Y para lo que traemosQue tratar, grande embarazoSerá.Cast.—(A don Cár.) Señor, reza el credoPorque estos pienso que vienenPara darnos pan de perro;Pues sin duda que ya sabenQue fuistes quien á don DiegoHirió, y se llevó á Leonor.D. Cár.—No importa, ya estoy resueltoA cuanto me sucediere.D. Rod.—Don Cárlos, don Juan y yoCierto negocio traemos,Que precisamente ahoraSe ha de tratar con don Pedro,Y así, si no es embarazoA lo que venis, os ruegoNos deis lugar, perdonandoEl estorbo, que los viejosCon los mozos, y mas cuandoSon tan bizarros y atentosComo vos, esta licenciaNos tomamos.D. Cár.(Ap.)—Vive el cielo,Que aun ignora don RodrigoQue sor de su agravio el dueño.D. Juan.(Ap.)—No sé, vive el cielo, comoViendo á don Cárlos contengoLa cólera que me incita.Celia.—Don Cárlos, pues el empeñoMirais en que está mi amaSi llega su hermano á veros,Que os escondais os suplico.D. Cár.—Tienes razón, vive el cielo,Que si aquí me ve su hermano,La honra de doña Ana arriesgo;Y habiéndome ella amparado,Es infamia; mas ¿qué puedoHacer yo en aqueste caso?Ello no hay otro remedio;Ocúltome, que el honorDe doña Ana es lo primero;Y despues saldré á vengarMis agravios y mis celos.Celia.—Señor, por Dios, que te escondasAntes que salga don Pedro.D. Cár.—Señor don Rodrigo, yoEstoy (perdonad si os tengoVergüenza, que vuestras canasDignas son de este respeto)Sin que don Pedro lo sepa,En su casa, y así os ruegoQue me dejéis ocultarAntes que él salga, que el riesgoQue un honor puede correrMe obliga...D. Juan.—¡Qué esto consiento!¿Qué mas claro ha de decir?Que aquel basilisco fieroDo doña Ana aquí le trae.¡Oh, pese á mi sufrimiento,Que no le quito la vida!Pero ajustar el empeñoEs ántes de don Rodrigo,Pues le di palabra de ello;Que despues yo volveré,Puesto que la llave tengoDel jardin, y tomaréLa venganza que deseo.D. Rod.—Don Cárlos, nada me admira:Mozo he sido, aunque estoy viejo;Vos sois mozo, y es precisoQue deis sus frutos al tiempo;Y supuesto que decisQue os es preciso esconderos,Haced vos lo que convenga,Que yo la causa no inquieroDe cosas que no me tocan.D. Cár.—Pues á Dios.D. Rod.—Guardeos el cielo.Celia.—Vamos á prisa. A Dios gracias,Que se ha excusado este aprieto;Y vos, señor, esperadMiéntras aviso á mi dueño.D. Cár.—Un Etna llevo en el alma.D. Juan.—Un volcan queda en mi pecho.
Celia.—¡Jesucristo!Don Juan de Várgas y un viejo,Señor, y te han visto ya.
D. Cár.—No importa, que nada temo.
D. Rod.—Aquí don Cárlos está,Y para lo que traemosQue tratar, grande embarazoSerá.
Cast.—(A don Cár.) Señor, reza el credoPorque estos pienso que vienenPara darnos pan de perro;Pues sin duda que ya sabenQue fuistes quien á don DiegoHirió, y se llevó á Leonor.
D. Cár.—No importa, ya estoy resueltoA cuanto me sucediere.
D. Rod.—Don Cárlos, don Juan y yoCierto negocio traemos,Que precisamente ahoraSe ha de tratar con don Pedro,Y así, si no es embarazoA lo que venis, os ruegoNos deis lugar, perdonandoEl estorbo, que los viejosCon los mozos, y mas cuandoSon tan bizarros y atentosComo vos, esta licenciaNos tomamos.
D. Cár.(Ap.)—Vive el cielo,Que aun ignora don RodrigoQue sor de su agravio el dueño.
D. Juan.(Ap.)—No sé, vive el cielo, comoViendo á don Cárlos contengoLa cólera que me incita.
Celia.—Don Cárlos, pues el empeñoMirais en que está mi amaSi llega su hermano á veros,Que os escondais os suplico.
D. Cár.—Tienes razón, vive el cielo,Que si aquí me ve su hermano,La honra de doña Ana arriesgo;Y habiéndome ella amparado,Es infamia; mas ¿qué puedoHacer yo en aqueste caso?Ello no hay otro remedio;Ocúltome, que el honorDe doña Ana es lo primero;Y despues saldré á vengarMis agravios y mis celos.
Celia.—Señor, por Dios, que te escondasAntes que salga don Pedro.
D. Cár.—Señor don Rodrigo, yoEstoy (perdonad si os tengoVergüenza, que vuestras canasDignas son de este respeto)Sin que don Pedro lo sepa,En su casa, y así os ruegoQue me dejéis ocultarAntes que él salga, que el riesgoQue un honor puede correrMe obliga...
D. Juan.—¡Qué esto consiento!¿Qué mas claro ha de decir?Que aquel basilisco fieroDo doña Ana aquí le trae.¡Oh, pese á mi sufrimiento,Que no le quito la vida!Pero ajustar el empeñoEs ántes de don Rodrigo,Pues le di palabra de ello;Que despues yo volveré,Puesto que la llave tengoDel jardin, y tomaréLa venganza que deseo.
D. Rod.—Don Cárlos, nada me admira:Mozo he sido, aunque estoy viejo;Vos sois mozo, y es precisoQue deis sus frutos al tiempo;Y supuesto que decisQue os es preciso esconderos,Haced vos lo que convenga,Que yo la causa no inquieroDe cosas que no me tocan.
D. Cár.—Pues á Dios.
D. Rod.—Guardeos el cielo.
Celia.—Vamos á prisa. A Dios gracias,Que se ha excusado este aprieto;Y vos, señor, esperadMiéntras aviso á mi dueño.
D. Cár.—Un Etna llevo en el alma.
D. Juan.—Un volcan queda en mi pecho.
(Vánse don Carlos, Celia y Castaño)
D. Rod.—Veis aquí cómo es el mundo:A mí me agravia don Pedro,Don Cárlos le agravia á él,Y no faltará un terceroTambien que agravie á don Cárlos;Y es que lo permite el cieloEn castigo de las culpas,Y dispone que paguemosCon males que recibimosLos males que habemos hecho.D. Juan.—Estoy tan fuera de míDe haber visto manifiestoMi agravio, que no sé cómoHe de sosegar el pechoPara hablar en el negocioDe que he de ser medianero,Que quien ignora los suyos,Mal hablará en los ajenos.
D. Rod.—Veis aquí cómo es el mundo:A mí me agravia don Pedro,Don Cárlos le agravia á él,Y no faltará un terceroTambien que agravie á don Cárlos;Y es que lo permite el cieloEn castigo de las culpas,Y dispone que paguemosCon males que recibimosLos males que habemos hecho.D. Juan.—Estoy tan fuera de míDe haber visto manifiestoMi agravio, que no sé cómoHe de sosegar el pechoPara hablar en el negocioDe que he de ser medianero,Que quien ignora los suyos,Mal hablará en los ajenos.
D. Rod.—Veis aquí cómo es el mundo:A mí me agravia don Pedro,Don Cárlos le agravia á él,Y no faltará un terceroTambien que agravie á don Cárlos;Y es que lo permite el cieloEn castigo de las culpas,Y dispone que paguemosCon males que recibimosLos males que habemos hecho.
D. Juan.—Estoy tan fuera de míDe haber visto manifiestoMi agravio, que no sé cómoHe de sosegar el pechoPara hablar en el negocioDe que he de ser medianero,Que quien ignora los suyos,Mal hablará en los ajenos.
(Sale don Cárlos á la reja.)
D. Cár.—Ya que fué fuerza ocultarmePor el debido respetoDe doña Ana, como á quienEl amparo y vida debo,Desde aquí quiero escuchar,Pues sin ser yo visto puedo,A qué vino don Rodrigo,Que entre mil dudas el pecho,Astrólogo de mis males,Me pronostica los riesgos.
D. Cár.—Ya que fué fuerza ocultarmePor el debido respetoDe doña Ana, como á quienEl amparo y vida debo,Desde aquí quiero escuchar,Pues sin ser yo visto puedo,A qué vino don Rodrigo,Que entre mil dudas el pecho,Astrólogo de mis males,Me pronostica los riesgos.
D. Cár.—Ya que fué fuerza ocultarmePor el debido respetoDe doña Ana, como á quienEl amparo y vida debo,Desde aquí quiero escuchar,Pues sin ser yo visto puedo,A qué vino don Rodrigo,Que entre mil dudas el pecho,Astrólogo de mis males,Me pronostica los riesgos.
(Sale don Pedro.)
D. Ped.—Señor don Rodrigo, ¿vosEn mi casa? Mucho deboA la ocasion que aquí os trae,Pues que por ella merezcoQue vos me hagais tantas honras.D. Rod.—Yo las recibo, don Pedro,De vos, y ved si es verdad,Pues á vuestra casa vengoPor la honra que me falta.D. Ped.—Don Juan, amigo, no es nuevoEl que vos honreis mi casa.Tomad entambos asiento,Y decid ¿cómo venis?D. Juan.—Yo vengo al servicio vuestro;Y pues á lo que venimosDilacion no admite, empiezo:Don Pedro, vos no ignorais,Como tan gran caballero,Las muchas obligacionesQue teneis de parecerlo.Esto supuesto, el señorDon Rodrigo tiene un dueloCon voz.D. Pedro.—¿Conmigo, don Juan?Holgárame de saberlo.[Ap.]—¡Válgame Dios, qué será!D. Rod.—Don Pedro, ved que no es tiempoEste de haceros de nuevas;Y si acaso decis esoPor la cortes atencionQue debeis á mi respeto,Yo estimo la cortesíaY la atencion os dispenso.Vos amante de LeonorLa solicitásteis ciego,Pudiendo haberos validoDe mí, y con indignos mediosLa sacasteis de mi casa,Cosa que....Pero no quieroReñir ahora el delito,Que ya no tiene remedio,Pues cuando os busco piadosoNo es bien reñiros severo;Y como lo mas se enmiendeYo os perdonaré lo menos.Supuesto esto, ja sabeisVos que no hay sangre en ToledoQue pueda exceder la mia;Y siendo esto todo cierto,¿Qué dificultad podeisHallar para ser mi yerno?Y si es falta el estar pobreY vos rico, fuera buenoResponder eso, si yoOs tratara el casamientoCon Leonor; mas pues vos fuísteisEl que la eligió primero,Y os pusísteis en estadoQue ha de ser preciso hacerlo,No he tenido yo la culpaDe lo que fué arrojo vuestro.Yo sé que está en vuestra casa,Y sabiéndolo no puedoSufrir que esté en ella sin queLe deis de esposo al momentoLa mano.D. Ped.[Ap.]—¡Válgame Dios!¿Qué puedo en tan grande empeñoResponder á don Rodrigo?Pues si que la tengo niego,Es fácil que él lo averigüe,Y asi la verdad confiesoDe que la sacó don Cárlos,Se la dará á él, y yo pierdo,Si pierdo á Leonor, la vida;Y si el casarme concedoPuede ser que me desaireLeonor; ¡quién hallara un medioConque poder dilatarlo!D. Juan.—¿De qué, amigo, estáis suspenso?¿Cuando la proposicionResulta en decoro vuestro?¿Cuando el señor don Rodrigo,Tan reportado y tan cuerdoOs convida con la dichaDe haceros felice dueñoDe la beldad de Leonor?D. Ped.—Lo primero que protesto,Señor don Rodrigo, es queTanto la beldad veneroDe Leonor, que puesto queSabeis ya mis galanteos,Quiero que esteis persuadidoQue nunca pudo mi pechoMirarla con otros ojosNi hablarla con otro intento,Que el de ser feliz con serSu esposo. Y esto supuesto,Sabed que Leonor anocheSupo [aun fingir no acierto]Que estaba mala mi hermanaA quien con cariño tiernoEstima, y vino á mi casaA verla sola, creyendoQue vos tardariais masCon la diversion del juego;Hízole algo tarde, y comoTemió que hubieseis ya vuelto,Como sin licencia vino,Despachamos á saberloUn criado de los mios,Y aqueste volviò diciendoQue ya estabais vos en casa,Y que habiais echando ménosA Leonor, por cuya causaHaciendo justos estremosLa buscabais ofendido;Ella temerosa, oyendoAquesto, volver no quiso.Este es en suma el suceso,Que ni yo saqué á Leonor,Ni pudiera, pretendiendoPara esposa su beldad,Proceder tan desatentoQue para mirarme en élManchara ántes el espejo.Y para que no juzgueisQue esta es escusa que inventoPor no venir á casarme,Mi fe ó palabra os empeñoDe ser su esposo al instante,Como Leonor venga en ello;Y en esto conocereisQue no tengo impedimentoPara llegar á ser suyo,Mas de que no la merezco.D. Cár.—¿No escuchas esto, Castaño?La vida y el juicio pierdo!Cast.—La vida es la novedad,Que lo del juicio no es nuevo.D. Rod.—Don Pedro, á lo que habeis dichoHacer réplica no quiero,Sobre si pudo ó no serComo decis el suceso;Pero siéndole ya á todosNotorios vuestros festejos,Sabiendo que Leonor faltaY no la busco, y sabiendoLa he hallado en vuestra casa,Nunca queda satisfechoMi honor, si vos os no casais;Y en lo que me habeis propuestoDe si Leonor querrá ó no,Eso no es impedimento,Pues ella tener no puedeMas gusto que mi precepto:Y así llamadla y vereisCuan presto lo gusta.D. Ped.—Temo,Señor, que Leonor se asuste,Y así os suplico deis tiempoDe que ántes se lo propongaMi hermana, porque supuestoQue yo estoy llano á casarmeY que por dicha lo tengo,¿Qué importa que se difieraDe aquí á mañana, que es tiempoEn que les puedo avisarA mis amigos y deudos,A que asistan á mis bodas,Y tambien porque llevemosA Leonor á vuestra casa,Donde se haga el casamiento?D. Rod.—Bien decis; pero sabedQue ya quedamos en eso,Y que es Leonor vuestra esposa.D. Ped.—Dicha mia es el saberlo.D. Rod.—Pues, hijo, á Dios, que tambienHacer de mi parte quieroLas prevenciones.D. Ped.—Señor,Vamos os iré sirviendo.D. Rod.—No ha de ser, y así quedaos,Que habeis menester el tiempo.D. Ped.—Yo tengo de acompañaros.D. Rod.—No hareis tal.D. Ped.—Ya os obedezco.D. Juan.—Don Pedro, quedad con Dios.D. Ped.—Id con Dios, don Juan. Yo quedoTan confuso que no séSi es pesar ó si es contento,Si es fortuna ó es desaireLo que me está sucediendo.Don Rodrigo con LeonorMe ruega, yo á Leonor tengo;El caso está en tal estadoQue yo escusarme no puedoDe casarme, solamenteEs á Leonor á quien temo,No sea que lo resista;Mas puede ser que ella viendoEl estado de las cosasY de su padre el precepto,Venga en ser mia... Yo voy.Amor, ablanda su pecho. [Váse]
D. Ped.—Señor don Rodrigo, ¿vosEn mi casa? Mucho deboA la ocasion que aquí os trae,Pues que por ella merezcoQue vos me hagais tantas honras.D. Rod.—Yo las recibo, don Pedro,De vos, y ved si es verdad,Pues á vuestra casa vengoPor la honra que me falta.D. Ped.—Don Juan, amigo, no es nuevoEl que vos honreis mi casa.Tomad entambos asiento,Y decid ¿cómo venis?D. Juan.—Yo vengo al servicio vuestro;Y pues á lo que venimosDilacion no admite, empiezo:Don Pedro, vos no ignorais,Como tan gran caballero,Las muchas obligacionesQue teneis de parecerlo.Esto supuesto, el señorDon Rodrigo tiene un dueloCon voz.D. Pedro.—¿Conmigo, don Juan?Holgárame de saberlo.[Ap.]—¡Válgame Dios, qué será!D. Rod.—Don Pedro, ved que no es tiempoEste de haceros de nuevas;Y si acaso decis esoPor la cortes atencionQue debeis á mi respeto,Yo estimo la cortesíaY la atencion os dispenso.Vos amante de LeonorLa solicitásteis ciego,Pudiendo haberos validoDe mí, y con indignos mediosLa sacasteis de mi casa,Cosa que....Pero no quieroReñir ahora el delito,Que ya no tiene remedio,Pues cuando os busco piadosoNo es bien reñiros severo;Y como lo mas se enmiendeYo os perdonaré lo menos.Supuesto esto, ja sabeisVos que no hay sangre en ToledoQue pueda exceder la mia;Y siendo esto todo cierto,¿Qué dificultad podeisHallar para ser mi yerno?Y si es falta el estar pobreY vos rico, fuera buenoResponder eso, si yoOs tratara el casamientoCon Leonor; mas pues vos fuísteisEl que la eligió primero,Y os pusísteis en estadoQue ha de ser preciso hacerlo,No he tenido yo la culpaDe lo que fué arrojo vuestro.Yo sé que está en vuestra casa,Y sabiéndolo no puedoSufrir que esté en ella sin queLe deis de esposo al momentoLa mano.D. Ped.[Ap.]—¡Válgame Dios!¿Qué puedo en tan grande empeñoResponder á don Rodrigo?Pues si que la tengo niego,Es fácil que él lo averigüe,Y asi la verdad confiesoDe que la sacó don Cárlos,Se la dará á él, y yo pierdo,Si pierdo á Leonor, la vida;Y si el casarme concedoPuede ser que me desaireLeonor; ¡quién hallara un medioConque poder dilatarlo!D. Juan.—¿De qué, amigo, estáis suspenso?¿Cuando la proposicionResulta en decoro vuestro?¿Cuando el señor don Rodrigo,Tan reportado y tan cuerdoOs convida con la dichaDe haceros felice dueñoDe la beldad de Leonor?D. Ped.—Lo primero que protesto,Señor don Rodrigo, es queTanto la beldad veneroDe Leonor, que puesto queSabeis ya mis galanteos,Quiero que esteis persuadidoQue nunca pudo mi pechoMirarla con otros ojosNi hablarla con otro intento,Que el de ser feliz con serSu esposo. Y esto supuesto,Sabed que Leonor anocheSupo [aun fingir no acierto]Que estaba mala mi hermanaA quien con cariño tiernoEstima, y vino á mi casaA verla sola, creyendoQue vos tardariais masCon la diversion del juego;Hízole algo tarde, y comoTemió que hubieseis ya vuelto,Como sin licencia vino,Despachamos á saberloUn criado de los mios,Y aqueste volviò diciendoQue ya estabais vos en casa,Y que habiais echando ménosA Leonor, por cuya causaHaciendo justos estremosLa buscabais ofendido;Ella temerosa, oyendoAquesto, volver no quiso.Este es en suma el suceso,Que ni yo saqué á Leonor,Ni pudiera, pretendiendoPara esposa su beldad,Proceder tan desatentoQue para mirarme en élManchara ántes el espejo.Y para que no juzgueisQue esta es escusa que inventoPor no venir á casarme,Mi fe ó palabra os empeñoDe ser su esposo al instante,Como Leonor venga en ello;Y en esto conocereisQue no tengo impedimentoPara llegar á ser suyo,Mas de que no la merezco.D. Cár.—¿No escuchas esto, Castaño?La vida y el juicio pierdo!Cast.—La vida es la novedad,Que lo del juicio no es nuevo.D. Rod.—Don Pedro, á lo que habeis dichoHacer réplica no quiero,Sobre si pudo ó no serComo decis el suceso;Pero siéndole ya á todosNotorios vuestros festejos,Sabiendo que Leonor faltaY no la busco, y sabiendoLa he hallado en vuestra casa,Nunca queda satisfechoMi honor, si vos os no casais;Y en lo que me habeis propuestoDe si Leonor querrá ó no,Eso no es impedimento,Pues ella tener no puedeMas gusto que mi precepto:Y así llamadla y vereisCuan presto lo gusta.D. Ped.—Temo,Señor, que Leonor se asuste,Y así os suplico deis tiempoDe que ántes se lo propongaMi hermana, porque supuestoQue yo estoy llano á casarmeY que por dicha lo tengo,¿Qué importa que se difieraDe aquí á mañana, que es tiempoEn que les puedo avisarA mis amigos y deudos,A que asistan á mis bodas,Y tambien porque llevemosA Leonor á vuestra casa,Donde se haga el casamiento?D. Rod.—Bien decis; pero sabedQue ya quedamos en eso,Y que es Leonor vuestra esposa.D. Ped.—Dicha mia es el saberlo.D. Rod.—Pues, hijo, á Dios, que tambienHacer de mi parte quieroLas prevenciones.D. Ped.—Señor,Vamos os iré sirviendo.D. Rod.—No ha de ser, y así quedaos,Que habeis menester el tiempo.D. Ped.—Yo tengo de acompañaros.D. Rod.—No hareis tal.D. Ped.—Ya os obedezco.D. Juan.—Don Pedro, quedad con Dios.D. Ped.—Id con Dios, don Juan. Yo quedoTan confuso que no séSi es pesar ó si es contento,Si es fortuna ó es desaireLo que me está sucediendo.Don Rodrigo con LeonorMe ruega, yo á Leonor tengo;El caso está en tal estadoQue yo escusarme no puedoDe casarme, solamenteEs á Leonor á quien temo,No sea que lo resista;Mas puede ser que ella viendoEl estado de las cosasY de su padre el precepto,Venga en ser mia... Yo voy.Amor, ablanda su pecho. [Váse]
D. Ped.—Señor don Rodrigo, ¿vosEn mi casa? Mucho deboA la ocasion que aquí os trae,Pues que por ella merezcoQue vos me hagais tantas honras.
D. Rod.—Yo las recibo, don Pedro,De vos, y ved si es verdad,Pues á vuestra casa vengoPor la honra que me falta.
D. Ped.—Don Juan, amigo, no es nuevoEl que vos honreis mi casa.Tomad entambos asiento,Y decid ¿cómo venis?
D. Juan.—Yo vengo al servicio vuestro;Y pues á lo que venimosDilacion no admite, empiezo:Don Pedro, vos no ignorais,Como tan gran caballero,Las muchas obligacionesQue teneis de parecerlo.Esto supuesto, el señorDon Rodrigo tiene un dueloCon voz.
D. Pedro.—¿Conmigo, don Juan?Holgárame de saberlo.
[Ap.]—¡Válgame Dios, qué será!
D. Rod.—Don Pedro, ved que no es tiempoEste de haceros de nuevas;Y si acaso decis esoPor la cortes atencionQue debeis á mi respeto,Yo estimo la cortesíaY la atencion os dispenso.Vos amante de LeonorLa solicitásteis ciego,Pudiendo haberos validoDe mí, y con indignos mediosLa sacasteis de mi casa,Cosa que....Pero no quieroReñir ahora el delito,Que ya no tiene remedio,Pues cuando os busco piadosoNo es bien reñiros severo;Y como lo mas se enmiendeYo os perdonaré lo menos.Supuesto esto, ja sabeisVos que no hay sangre en ToledoQue pueda exceder la mia;Y siendo esto todo cierto,¿Qué dificultad podeisHallar para ser mi yerno?Y si es falta el estar pobreY vos rico, fuera buenoResponder eso, si yoOs tratara el casamientoCon Leonor; mas pues vos fuísteisEl que la eligió primero,Y os pusísteis en estadoQue ha de ser preciso hacerlo,No he tenido yo la culpaDe lo que fué arrojo vuestro.Yo sé que está en vuestra casa,Y sabiéndolo no puedoSufrir que esté en ella sin queLe deis de esposo al momentoLa mano.
D. Ped.[Ap.]—¡Válgame Dios!¿Qué puedo en tan grande empeñoResponder á don Rodrigo?Pues si que la tengo niego,Es fácil que él lo averigüe,Y asi la verdad confiesoDe que la sacó don Cárlos,Se la dará á él, y yo pierdo,Si pierdo á Leonor, la vida;Y si el casarme concedoPuede ser que me desaireLeonor; ¡quién hallara un medioConque poder dilatarlo!
D. Juan.—¿De qué, amigo, estáis suspenso?¿Cuando la proposicionResulta en decoro vuestro?¿Cuando el señor don Rodrigo,Tan reportado y tan cuerdoOs convida con la dichaDe haceros felice dueñoDe la beldad de Leonor?
D. Ped.—Lo primero que protesto,Señor don Rodrigo, es queTanto la beldad veneroDe Leonor, que puesto queSabeis ya mis galanteos,Quiero que esteis persuadidoQue nunca pudo mi pechoMirarla con otros ojosNi hablarla con otro intento,Que el de ser feliz con serSu esposo. Y esto supuesto,Sabed que Leonor anocheSupo [aun fingir no acierto]Que estaba mala mi hermanaA quien con cariño tiernoEstima, y vino á mi casaA verla sola, creyendoQue vos tardariais masCon la diversion del juego;Hízole algo tarde, y comoTemió que hubieseis ya vuelto,Como sin licencia vino,Despachamos á saberloUn criado de los mios,Y aqueste volviò diciendoQue ya estabais vos en casa,Y que habiais echando ménosA Leonor, por cuya causaHaciendo justos estremosLa buscabais ofendido;Ella temerosa, oyendoAquesto, volver no quiso.Este es en suma el suceso,Que ni yo saqué á Leonor,Ni pudiera, pretendiendoPara esposa su beldad,Proceder tan desatentoQue para mirarme en élManchara ántes el espejo.Y para que no juzgueisQue esta es escusa que inventoPor no venir á casarme,Mi fe ó palabra os empeñoDe ser su esposo al instante,Como Leonor venga en ello;Y en esto conocereisQue no tengo impedimentoPara llegar á ser suyo,Mas de que no la merezco.
D. Cár.—¿No escuchas esto, Castaño?La vida y el juicio pierdo!
Cast.—La vida es la novedad,Que lo del juicio no es nuevo.
D. Rod.—Don Pedro, á lo que habeis dichoHacer réplica no quiero,Sobre si pudo ó no serComo decis el suceso;Pero siéndole ya á todosNotorios vuestros festejos,Sabiendo que Leonor faltaY no la busco, y sabiendoLa he hallado en vuestra casa,Nunca queda satisfechoMi honor, si vos os no casais;Y en lo que me habeis propuestoDe si Leonor querrá ó no,Eso no es impedimento,Pues ella tener no puedeMas gusto que mi precepto:Y así llamadla y vereisCuan presto lo gusta.
D. Ped.—Temo,Señor, que Leonor se asuste,Y así os suplico deis tiempoDe que ántes se lo propongaMi hermana, porque supuestoQue yo estoy llano á casarmeY que por dicha lo tengo,¿Qué importa que se difieraDe aquí á mañana, que es tiempoEn que les puedo avisarA mis amigos y deudos,A que asistan á mis bodas,Y tambien porque llevemosA Leonor á vuestra casa,Donde se haga el casamiento?
D. Rod.—Bien decis; pero sabedQue ya quedamos en eso,Y que es Leonor vuestra esposa.
D. Ped.—Dicha mia es el saberlo.
D. Rod.—Pues, hijo, á Dios, que tambienHacer de mi parte quieroLas prevenciones.
D. Ped.—Señor,Vamos os iré sirviendo.
D. Rod.—No ha de ser, y así quedaos,Que habeis menester el tiempo.
D. Ped.—Yo tengo de acompañaros.
D. Rod.—No hareis tal.
D. Ped.—Ya os obedezco.
D. Juan.—Don Pedro, quedad con Dios.
D. Ped.—Id con Dios, don Juan. Yo quedoTan confuso que no séSi es pesar ó si es contento,Si es fortuna ó es desaireLo que me está sucediendo.Don Rodrigo con LeonorMe ruega, yo á Leonor tengo;El caso está en tal estadoQue yo escusarme no puedoDe casarme, solamenteEs á Leonor á quien temo,No sea que lo resista;Mas puede ser que ella viendoEl estado de las cosasY de su padre el precepto,Venga en ser mia... Yo voy.Amor, ablanda su pecho. [Váse]
(Salen don Cárlos y Castaño)
D. Cár.—No debo de estar en mí,Castaño, pues estoy muerto.Don Rodrigo ¡ay de mí! juzgaQue á Leonor sacó don PedroY se le viene á ofrecer,Y él muy falso y placenteroViene en casarse con ella,Sin ver el impedimentoDe que se salió con otro.Cast.—¿Qué quieres? El tal sugetoEs marido convenibleY no repara en pucheros.El vió volando esta garzaY quiso matarla al vuelo;Con que si él ya la cazó.Ya para tívolaverunt.D. Cár.—Yo estoy tan sin mí, Castaño,Que aun á discurrir no aciertoLo que hará en aqueste caso.Cast.—Yo te daré un buen remedioPara que quedes vengado:Doña Ana es rica, y yo piensoQue revienta por ser novia;Enamórala, y con esoTe vengas de cuatro y ocho,Y dejas aqueste necioMucho peor que endiablado,Encuñadadoin æternum.D. Cár.—Por cierto ¡gentil venganza!Cast.—¿Mal te parece el consejo?Tú no debes de saberLo que es un cuñado, un suegro,Una madrastra, una tia,Un escribano, un ventero,Una mula de alquilerNi un albacea, que piensoQue del infierno el mejorY mas bien cobrado censoNo llega ni á su zapato.D. Cár.—¡Ay de mí infeliz! ¿qué puedoHacer en aqueste caso?¡Ay Leonor! si yo te pierdo,Pierdo la vida tambien.Cast.—No pierdas ni aun un cabello:Sino vamos á buscarla,Que en el tribunal supremoDe su gusto quizá seRevocará este decreto.D. Cár.—¿Y si la fuerza su padre?Cast.—¿Qué es forzarla? pues el viejo¿Está ya para Tarquino?Vamos á buscarla luego,Que como ella diga nones,No hará pares con don Pedro.D. Cár.—Bien dices, Castaño; vamos.Cast.—Vamos, y deja lamentos,Que se alarga la jornada,Si aquí mas nos detemos.
D. Cár.—No debo de estar en mí,Castaño, pues estoy muerto.Don Rodrigo ¡ay de mí! juzgaQue á Leonor sacó don PedroY se le viene á ofrecer,Y él muy falso y placenteroViene en casarse con ella,Sin ver el impedimentoDe que se salió con otro.Cast.—¿Qué quieres? El tal sugetoEs marido convenibleY no repara en pucheros.El vió volando esta garzaY quiso matarla al vuelo;Con que si él ya la cazó.Ya para tívolaverunt.D. Cár.—Yo estoy tan sin mí, Castaño,Que aun á discurrir no aciertoLo que hará en aqueste caso.Cast.—Yo te daré un buen remedioPara que quedes vengado:Doña Ana es rica, y yo piensoQue revienta por ser novia;Enamórala, y con esoTe vengas de cuatro y ocho,Y dejas aqueste necioMucho peor que endiablado,Encuñadadoin æternum.D. Cár.—Por cierto ¡gentil venganza!Cast.—¿Mal te parece el consejo?Tú no debes de saberLo que es un cuñado, un suegro,Una madrastra, una tia,Un escribano, un ventero,Una mula de alquilerNi un albacea, que piensoQue del infierno el mejorY mas bien cobrado censoNo llega ni á su zapato.D. Cár.—¡Ay de mí infeliz! ¿qué puedoHacer en aqueste caso?¡Ay Leonor! si yo te pierdo,Pierdo la vida tambien.Cast.—No pierdas ni aun un cabello:Sino vamos á buscarla,Que en el tribunal supremoDe su gusto quizá seRevocará este decreto.D. Cár.—¿Y si la fuerza su padre?Cast.—¿Qué es forzarla? pues el viejo¿Está ya para Tarquino?Vamos á buscarla luego,Que como ella diga nones,No hará pares con don Pedro.D. Cár.—Bien dices, Castaño; vamos.Cast.—Vamos, y deja lamentos,Que se alarga la jornada,Si aquí mas nos detemos.
D. Cár.—No debo de estar en mí,Castaño, pues estoy muerto.Don Rodrigo ¡ay de mí! juzgaQue á Leonor sacó don PedroY se le viene á ofrecer,Y él muy falso y placenteroViene en casarse con ella,Sin ver el impedimentoDe que se salió con otro.
Cast.—¿Qué quieres? El tal sugetoEs marido convenibleY no repara en pucheros.El vió volando esta garzaY quiso matarla al vuelo;Con que si él ya la cazó.Ya para tívolaverunt.
D. Cár.—Yo estoy tan sin mí, Castaño,Que aun á discurrir no aciertoLo que hará en aqueste caso.
Cast.—Yo te daré un buen remedioPara que quedes vengado:Doña Ana es rica, y yo piensoQue revienta por ser novia;Enamórala, y con esoTe vengas de cuatro y ocho,Y dejas aqueste necioMucho peor que endiablado,Encuñadadoin æternum.
D. Cár.—Por cierto ¡gentil venganza!
Cast.—¿Mal te parece el consejo?Tú no debes de saberLo que es un cuñado, un suegro,Una madrastra, una tia,Un escribano, un ventero,Una mula de alquilerNi un albacea, que piensoQue del infierno el mejorY mas bien cobrado censoNo llega ni á su zapato.
D. Cár.—¡Ay de mí infeliz! ¿qué puedoHacer en aqueste caso?¡Ay Leonor! si yo te pierdo,Pierdo la vida tambien.
Cast.—No pierdas ni aun un cabello:Sino vamos á buscarla,Que en el tribunal supremoDe su gusto quizá seRevocará este decreto.
D. Cár.—¿Y si la fuerza su padre?
Cast.—¿Qué es forzarla? pues el viejo¿Está ya para Tarquino?Vamos á buscarla luego,Que como ella diga nones,No hará pares con don Pedro.
D. Cár.—Bien dices, Castaño; vamos.
Cast.—Vamos, y deja lamentos,Que se alarga la jornada,Si aquí mas nos detemos.
(Salen Celia y Leonor.)
Dª. Leo.—Celia, yo me he de matarSi tú salir no me dejasDe esta casa ò de este encanto.Cel.—Repórtate, Leonor bella,Y mira por tu opinion.Dª. Leo.—¿Qué opinion quieres que tenga,Celia, quien de oir acabaUnas tan infaustas nuevas,Como que quiere mi padre,Porque con engaño piensaQue don Pedro me sacó,Que yo ¡ay Dios! su esposa sea?Y esto cae sobre haberAntes díchome tú mesmaQue Cárlos (¡ah falso amante!)A doña Ana galantea,Y que con ella pretendeCasarse, que es quien pudiera,Como mi esposo, librarmeDel rigor de esta violencia.Con que estando en este estadoNo les quedan á mis penasNi asilo que las socorra,Ni amparo que las defienda.Cel.[Ap]—Verdad es que se lo dije,Y á don Cárlos con la mesmaTramoya tengo confuso;Porque mi ama me ordenaQue yo despeche á Leonor,Para que á su hermano quiera,Y ella se quede con Cárlos;Y yo, viéndola resuelta,Por la manda del vestidoAndo haciendo estas quimeras.(A Leo).—Pues, señora, si conocesQue ingrato Cárlos te dejaY mi señor te idolatra,Y que tu padre deseaHacerte su esposa, y queEstá el caso de maneraQue si dejas de casarte,Pierdes honra y conveniencia;¿No es mejor pensarlo bienY resolverte discretaA lograr aquesta boda,Que es lástima que se pierda?Y hallarás, si lo ejecutas,Mas de tres mil congruencias;Pues sueldas con esto soloDe tu crédito la quiebra,Obedeces á tu padre,Das gusto á tu parentela,Premias á quien te idolatraY de Don Cárlos te vengas.Dª. Leo.—¿Qué dices, Celia? PrimeroQue yo de don Pedro sea,Verás de su eterno alcázarFugitivas las estrellas;Primero romperá el marLa no violada obedienciaQue á sus desvocadas olasImpone freno de arena;Primero aquese fogosoCorazon de las esferas,Turbará el órden con queEl cuerpo del orbe alienta;Primero trocado el órdenQue guarda naturaleza,Congelará el fuego copos,Brotará el yelo centellas;Primero que yo de Cárlos,Aunque ingrato me desprecia,Deje, de ser, de mi vidaSeré verdugo yo mesma;Primero que yo de amarleDeje...Cel.—Los primeros deja,Y vamos á lo segundo,Que pues estás tan resuelta,No te quiero aconsejar,Sino saber lo que intentas.Dª. Leo.—Intento, amiga, que tú,Pues te he fiado mis penas,Me des lugar para irme.De aquí, porque cuando vuelvaMi padre aquí no me halleY me haga casar por fuerza;Que yo me iré desde aquíA buscar en una celdaUn rincon que me sepulte,Donde llorar mis tragediasY donde sentir mis males.Lo que de mi vida resta;Que quizás allí escondidaNo sabrá de mí mi estrella.Cel.—Sí, pero sabrá de míLa mia, y por darte puertas,Vendrá á estrellarse conmigoMi señor, cuando lo sepa,Y seré yo la estrellada,Por no ser tú la estrellera.Dª. Leo.—Amiga, haz esto por mí,Y seré tu esclava eterna,Por ser la primera cosaQue te pido.Cel.—Aunque lo sea,Que á la primera que hagaPagaré con las setenas.Dª. Leo.—Pues, vive el cielo! enemiga,Que si salir no me dejas,He de matarme y matarte.Cel.(Ap.)—Chispas! y qué rayos echa!Mas ¿qué fuera, Jesus mio,Si aquí conmigo envistiera?¿Qué haré? Pues si no la dejoIr, y á ser señora llegaDe casa, ¿quién duda queLe tengo de pagar esta?Y si la dejo salir,Con mi amo habrà la mesmaDificultad. Hora bien,Mejor es entretenerlaY avisar á mi señorDe lo que su dama intenta,Que sabiéndolo, es precisoQue salga él á defenderla,Y yo quedo bien con ambos;Pues con esta estratagemaElla no queda ofendida,Y él obligado me queda.(A Leo.)—Señora, si has dado en esoY en hacerlo tan resueltaEstás, ve á ponerte el manto,Que yo guardaré la puerta.Dª. Leo.—La vida, Celia, me has dado.Cel.—Soy de corazon muy tierna,Y no puedo ver llorarSin hacerme una manteca.Dª. Leo.—A ponerme el manto voy.
Dª. Leo.—Celia, yo me he de matarSi tú salir no me dejasDe esta casa ò de este encanto.Cel.—Repórtate, Leonor bella,Y mira por tu opinion.Dª. Leo.—¿Qué opinion quieres que tenga,Celia, quien de oir acabaUnas tan infaustas nuevas,Como que quiere mi padre,Porque con engaño piensaQue don Pedro me sacó,Que yo ¡ay Dios! su esposa sea?Y esto cae sobre haberAntes díchome tú mesmaQue Cárlos (¡ah falso amante!)A doña Ana galantea,Y que con ella pretendeCasarse, que es quien pudiera,Como mi esposo, librarmeDel rigor de esta violencia.Con que estando en este estadoNo les quedan á mis penasNi asilo que las socorra,Ni amparo que las defienda.Cel.[Ap]—Verdad es que se lo dije,Y á don Cárlos con la mesmaTramoya tengo confuso;Porque mi ama me ordenaQue yo despeche á Leonor,Para que á su hermano quiera,Y ella se quede con Cárlos;Y yo, viéndola resuelta,Por la manda del vestidoAndo haciendo estas quimeras.(A Leo).—Pues, señora, si conocesQue ingrato Cárlos te dejaY mi señor te idolatra,Y que tu padre deseaHacerte su esposa, y queEstá el caso de maneraQue si dejas de casarte,Pierdes honra y conveniencia;¿No es mejor pensarlo bienY resolverte discretaA lograr aquesta boda,Que es lástima que se pierda?Y hallarás, si lo ejecutas,Mas de tres mil congruencias;Pues sueldas con esto soloDe tu crédito la quiebra,Obedeces á tu padre,Das gusto á tu parentela,Premias á quien te idolatraY de Don Cárlos te vengas.Dª. Leo.—¿Qué dices, Celia? PrimeroQue yo de don Pedro sea,Verás de su eterno alcázarFugitivas las estrellas;Primero romperá el marLa no violada obedienciaQue á sus desvocadas olasImpone freno de arena;Primero aquese fogosoCorazon de las esferas,Turbará el órden con queEl cuerpo del orbe alienta;Primero trocado el órdenQue guarda naturaleza,Congelará el fuego copos,Brotará el yelo centellas;Primero que yo de Cárlos,Aunque ingrato me desprecia,Deje, de ser, de mi vidaSeré verdugo yo mesma;Primero que yo de amarleDeje...Cel.—Los primeros deja,Y vamos á lo segundo,Que pues estás tan resuelta,No te quiero aconsejar,Sino saber lo que intentas.Dª. Leo.—Intento, amiga, que tú,Pues te he fiado mis penas,Me des lugar para irme.De aquí, porque cuando vuelvaMi padre aquí no me halleY me haga casar por fuerza;Que yo me iré desde aquíA buscar en una celdaUn rincon que me sepulte,Donde llorar mis tragediasY donde sentir mis males.Lo que de mi vida resta;Que quizás allí escondidaNo sabrá de mí mi estrella.Cel.—Sí, pero sabrá de míLa mia, y por darte puertas,Vendrá á estrellarse conmigoMi señor, cuando lo sepa,Y seré yo la estrellada,Por no ser tú la estrellera.Dª. Leo.—Amiga, haz esto por mí,Y seré tu esclava eterna,Por ser la primera cosaQue te pido.Cel.—Aunque lo sea,Que á la primera que hagaPagaré con las setenas.Dª. Leo.—Pues, vive el cielo! enemiga,Que si salir no me dejas,He de matarme y matarte.Cel.(Ap.)—Chispas! y qué rayos echa!Mas ¿qué fuera, Jesus mio,Si aquí conmigo envistiera?¿Qué haré? Pues si no la dejoIr, y á ser señora llegaDe casa, ¿quién duda queLe tengo de pagar esta?Y si la dejo salir,Con mi amo habrà la mesmaDificultad. Hora bien,Mejor es entretenerlaY avisar á mi señorDe lo que su dama intenta,Que sabiéndolo, es precisoQue salga él á defenderla,Y yo quedo bien con ambos;Pues con esta estratagemaElla no queda ofendida,Y él obligado me queda.(A Leo.)—Señora, si has dado en esoY en hacerlo tan resueltaEstás, ve á ponerte el manto,Que yo guardaré la puerta.Dª. Leo.—La vida, Celia, me has dado.Cel.—Soy de corazon muy tierna,Y no puedo ver llorarSin hacerme una manteca.Dª. Leo.—A ponerme el manto voy.
Dª. Leo.—Celia, yo me he de matarSi tú salir no me dejasDe esta casa ò de este encanto.
Cel.—Repórtate, Leonor bella,Y mira por tu opinion.
Dª. Leo.—¿Qué opinion quieres que tenga,Celia, quien de oir acabaUnas tan infaustas nuevas,Como que quiere mi padre,Porque con engaño piensaQue don Pedro me sacó,Que yo ¡ay Dios! su esposa sea?Y esto cae sobre haberAntes díchome tú mesmaQue Cárlos (¡ah falso amante!)A doña Ana galantea,Y que con ella pretendeCasarse, que es quien pudiera,Como mi esposo, librarmeDel rigor de esta violencia.Con que estando en este estadoNo les quedan á mis penasNi asilo que las socorra,Ni amparo que las defienda.
Cel.[Ap]—Verdad es que se lo dije,Y á don Cárlos con la mesmaTramoya tengo confuso;Porque mi ama me ordenaQue yo despeche á Leonor,Para que á su hermano quiera,Y ella se quede con Cárlos;Y yo, viéndola resuelta,Por la manda del vestidoAndo haciendo estas quimeras.
(A Leo).—Pues, señora, si conocesQue ingrato Cárlos te dejaY mi señor te idolatra,Y que tu padre deseaHacerte su esposa, y queEstá el caso de maneraQue si dejas de casarte,Pierdes honra y conveniencia;¿No es mejor pensarlo bienY resolverte discretaA lograr aquesta boda,Que es lástima que se pierda?Y hallarás, si lo ejecutas,Mas de tres mil congruencias;Pues sueldas con esto soloDe tu crédito la quiebra,Obedeces á tu padre,Das gusto á tu parentela,Premias á quien te idolatraY de Don Cárlos te vengas.
Dª. Leo.—¿Qué dices, Celia? PrimeroQue yo de don Pedro sea,Verás de su eterno alcázarFugitivas las estrellas;Primero romperá el marLa no violada obedienciaQue á sus desvocadas olasImpone freno de arena;Primero aquese fogosoCorazon de las esferas,Turbará el órden con queEl cuerpo del orbe alienta;Primero trocado el órdenQue guarda naturaleza,Congelará el fuego copos,Brotará el yelo centellas;Primero que yo de Cárlos,Aunque ingrato me desprecia,Deje, de ser, de mi vidaSeré verdugo yo mesma;Primero que yo de amarleDeje...
Cel.—Los primeros deja,Y vamos á lo segundo,Que pues estás tan resuelta,No te quiero aconsejar,Sino saber lo que intentas.
Dª. Leo.—Intento, amiga, que tú,Pues te he fiado mis penas,Me des lugar para irme.De aquí, porque cuando vuelvaMi padre aquí no me halleY me haga casar por fuerza;Que yo me iré desde aquíA buscar en una celdaUn rincon que me sepulte,Donde llorar mis tragediasY donde sentir mis males.Lo que de mi vida resta;Que quizás allí escondidaNo sabrá de mí mi estrella.
Cel.—Sí, pero sabrá de míLa mia, y por darte puertas,Vendrá á estrellarse conmigoMi señor, cuando lo sepa,Y seré yo la estrellada,Por no ser tú la estrellera.
Dª. Leo.—Amiga, haz esto por mí,Y seré tu esclava eterna,Por ser la primera cosaQue te pido.
Cel.—Aunque lo sea,Que á la primera que hagaPagaré con las setenas.
Dª. Leo.—Pues, vive el cielo! enemiga,Que si salir no me dejas,He de matarme y matarte.
Cel.(Ap.)—Chispas! y qué rayos echa!Mas ¿qué fuera, Jesus mio,Si aquí conmigo envistiera?¿Qué haré? Pues si no la dejoIr, y á ser señora llegaDe casa, ¿quién duda queLe tengo de pagar esta?Y si la dejo salir,Con mi amo habrà la mesmaDificultad. Hora bien,Mejor es entretenerlaY avisar á mi señorDe lo que su dama intenta,Que sabiéndolo, es precisoQue salga él á defenderla,Y yo quedo bien con ambos;Pues con esta estratagemaElla no queda ofendida,Y él obligado me queda.
(A Leo.)—Señora, si has dado en esoY en hacerlo tan resueltaEstás, ve á ponerte el manto,Que yo guardaré la puerta.
Dª. Leo.—La vida, Celia, me has dado.
Cel.—Soy de corazon muy tierna,Y no puedo ver llorarSin hacerme una manteca.
Dª. Leo.—A ponerme el manto voy.
(Váse Leonor.)