NOTAS[1]Apareció allá por los años de 1900 a 1903 enNuestro Tiempoy en laRevista de Aragón.[2]Aludo a mi estancia, varios años después, en Sierra de Luna, pueblo de la provincia de Zaragoza.[3]Trampas hechas con una losa y ciertos palillos fácilmente desbaratables por el pájaro al picar el cebo. Perdone el lector las voces aragonesas que empleo; algunas de ellas no figuran en el Diccionario.[4]De la faz negativa del patriotismo, de que hablaba yo en 1900, tenemos actualmente en España dolorosos ejemplos. Con ocasión de la horrenda catástrofe europea, los españoles que leen —afortunadamente son los menos— aparecen divididos en dos bandos, encarnizadamente enemigos: losneutrófilos, en realidadgermanófilos, y losanglófilosoaliadófilos. Pero no nos engañemos. Con razón se ha dicho que aquí nadie ama a nadie; todos aborrecen. Los unos odian a Alemania, a causa de sus ínfulas de raza superior y su concepción autocrática del Estado. Los otros a Francia e Inglaterra, por haber sido cuna y constituir vivo ejemplo de la tolerancia religiosa y de las libertades civiles. Lo que por ninguna parte asoma es el amor sincero a España y el convencimiento de que sólo por el esfuerzo enérgico y consciente de sus hijos podrá venir su engrandecimiento político y elevación cultural.[5]Añado este párrafo en 1917, en plena decadencia del gusto pictórico.[6]Aludo a los desdichados cubistas, prerrafaelistas, impresionistas, a los que lo pintan todo negro, o todo azul, o todo verde, en fin, a la cáfila de extravagantes que han deshonrado el arte de Rafael y de Velázquez. ¡Ah! ¡Con cuánto gusto, si el divinopapel que representono me lo estorbara, saltaría cada primavera a la arena crítica, y probaría, como tres y dos son cinco, con la competencia que me da el ser catedrático deAnatomía patológica y Teratología, y aficionado, además, a la óptica aplicada, las extrañas deformidades anatómicas y las horribles incongruencias de color, de perspectiva y de composición, para las cuales tienen nuestros críticos de arte, ¡quién lo dijera!, increíbles suavidades e indulgencias, cuando no alabanzas fervorosas![7]Llamábase R. Cuiduras y era persona culta, que educó perfectamente a sus hijos, con quienes mantuve siempre excelentes relaciones.[8]Cuando se escribía esto, mi cultura psicológica era bastante deficiente. Datos valiosos, aunque no siempre coherentes acerca de este interesante punto, se encuentran en los estudios de Stanley Hall, Ribot, Ferrier, Dewey, James, Hutchinson, etc.[9]Fallecido mi patrón hace muchos años, no tengo por qué disfrazar su nombre. Su establecimiento, desaparecido hoy, estaba en la calle de la Correría, no lejos de la Plaza de la Catedral.[10]Recuérdese el ejemplo clásico de Campanella, citado por James, «para conocer el estado mental de alguno, remedaba sus gestos».[11]Sin embargo, las obras históricas ojeadas en la biblioteca del confitero y algunos libros que pude proporcionarme después, despertaron mi afición a este orden de estudios, que sólo interesan a los jóvenes a condición de introducir en la narración pormenores descriptivos de batallas y elementos dramáticos y anecdóticos. Yo era entonces —lo he dicho ya— fervoroso patriota; por tanto, no extrañará que ciertos episodios de nuestra historia me pusieran de mal humor. Iniciativas que hoy disculparía teniendo en cuenta el ambiente moral de la época, el concepto patriarcal de la realeza y la pobre mentalidad de políticos y generales, causáronme entonces graves enojos.Cierto que yo me entusiasmé con la epopeya —un poco lenta— de la Reconquista, la patriótica unión de los reinos peninsulares y el estupendo descubrimiento y conquista de América, donde tanto brillaron las épicas hazañas de Cortés, Pizarro, Almagro y Vasco Núñez de Balboa; pero me sacaban de quicio, exasperándome hasta lo indecible, las alteraciones y rebeldías constantes de prelados, nobles y municipios, y sobre todo la lenta y sistemáticadespañolizaciónde la política de España con el advenimiento de los Austrias y su séquito de flamencos y alemanes. Yo, que no pude perdonar al habilísimo Fernando el Católico, tan alabado por Maquiavelo, su incomprensible desconfianza hacia elGran Capitán(el único caudillo genial que tuvo España por entonces), menos había de perdonar al sombrío burócrata Felipe II, su manía de regir el mundo desde su butaca (en una época en que todos los reyes batían el cobre en el campo de batalla) y su imprevisión y ligereza al encargar el mando de laInvenciblea un general de salón, sabiendo que tenía que habérselas con ingleses y holandeses, los mejores marinos del mundo. Mi fibra patriótica vibraba de indignación al advertir cómo nuestros reyes, haciendo gala de menosprecio o desconfianza hacia el talento hispano, confiaban casi siempre el mando de ejércitos y escuadras a caudillos extranjeros (marqués de Pescara, Alejandro Farnesio y Filiberto de Saboya), y nombraban al portuguésMagallanesjefe de la gloriosa expedición que dió la vuelta al mundo.¡Qué de glorias perdidas —pensaba yo— a consecuencia de esta incomprensible conducta!...[12]Allá a fines de 1865, por disgustos habidos con el Ayuntamiento, dejó mi padre el partido de Ayerbe, trasladándose primero a Sierra de Luna y luego a Gurrea de Gállego. Transcurridos dos años, y hechas al fin las paces con el cabildo ayerbense, retornó al antiguo partido, al cual le ligaban un crédito profesional bien cimentado y hasta algunos bienes raíces.[13]Los condes de Parcent solían pasar entonces los veranos en Gurrea, centro de sus vastas posesiones señoriales, donde tenían magnífico palacio. Recuerdo todavía con placer las soberbias cacerías (con acompañamiento de bocinas, tiendas de campaña, lujosos trajes de caza, etc.) efectuadas en los bosques próximos, y a las cuales era mi padre graciosamente invitado a título de primera escopeta de la comarca. Por cierto que el hermano del conde pintaba al óleo bastante bien. Aún debe conservarse en mi casa cierto retrato de mi padre, con robusto y bien entonado colorido, regalo del aristócrata aficionado.[14]El Sr. Pedrín vive aún, y dirige un acreditado taller de zapatería en Huesca, donde es muy estimado. Hace algunos años, y poco después de haberse hecho público cierto afortunado triunfo mío, salióme a recibir a la estación oscense, y sin poder contener las lágrimas, abrazóme emocionado, exclamando: «¡Y yo que pensaba que tenías aptitudes excepcionales para el oficio!»[15]No respondemos de la fidelidad absoluta del precedente relato. Trasladamos aquí exclusivamente nuestros recuerdos personales, así como la versión, descartada de anécdotas y de suposiciones inverosímiles, que por aquellos tiempos corría en Ayerbe.[16]Ocurrió este choque cerca de Plasencia, carretera de Ayerbe a Huesca. Cierta cuadrilla de contrabandistas, a quienes, al cruzar el Pirineo, había sido arrebatado, con muerte de algún paquetero prestigioso, valiosísimo contrabando, deseando vengarse y recobrar el botín, siguió a corta distancia a los carros portadores del apresado cargamento, recatándose en lo posible de la escolta de carabineros y fuerzas de infantería que lo custodiaban. Llegados más allá de Ayerbe, aprovecharon un momento durante el cual, demasiado adelantada la escolta de infantería, no quedaba junto a los carros sino una docena de carabineros; entonces sorprendieron a éstos, que marchaban descuidados; mataron seis o siete infelices; dispersaron los demás, y cargaron rápidamente el contrabando en sus recuas. Cuando la compañía de infantería, que iba a la cabeza del convoy, tuvo noticia de la audaz y sangrienta acometida, fué ya imposible alcanzar a los contrabandistas, que tomaron, por veredas de ellos solamente conocidas, la vuelta de Zaragoza. A cargo de mi padre corrió la autopsia de los cadáveres, y yo, llevado de mi curiosidad, le acompañé ayudándole en la fúnebre tarea. Según supe más adelante (en 1910) precisamente por el jefe de la partida (en Ansó), los ansotanos tuvieron también algunos heridos, que escondieron en corrales y aldeas.[17]Nuestro modelo de estudiantes aplicados era Arizón, que llegó y no pasó de médico militar. Jamás pudimos arrancarle el número primero de la clase.[18]Omito en la presente edición, por inoportunas, ciertas reflexiones tocantes a cuestiones psicológicas y metafísicas (problema crítico, criterios de certeza, fronteras entre elyoy elno yo, tipos intelectuales, etc.), que figuraban en la primera.[19]Este siniestro acaeció precisamente el día que se inauguró la línea de Tardienta a Huesca.[20]Muchos de estos datos los debo a la amabilidad de mi estimado amigo y condiscípulo Dr. Ricardo Monreal, ilustrado médico de Ayerbe, que ha querido reforzar mis borrosas reminiscencias con el rico caudal de sus recuerdos.[21]A causa de la maravillosa aptitud de Fabre para iniciar a la juventud en el estudio de las ciencias, el ministro Duruy, que le conocía bien, quiso nombrarlo preceptor del príncipe imperial; pero no lo consiguió porque elSolitario de Sérignanno tenía madera de cortesano.[22]Alude a la escapatoria camino de Zaragoza. En realidad, los expedicionarios fuimos cuatro y, naturalmente, de lo peorcito del curso.[23]Murió hace algunos años de una afección cardíaca.[24]Solano murió joven a consecuencia de una operación quirúrgica.[25]En el momento mismo en que corrijo estas cuartillas (10 de Junio de 1917) me entero por los periódicos del entierro del viejo amigo. Como veremos más adelante, yo le soy deudor de algunos importantes servicios.[26]Por aquel año (1872), otro ministro de la Revolución restableció las calificaciones de examen.[27]Comprenderá el lector que, después del tiempo transcurrido, no puedo precisar los términos de la polémica, pero sí los argumentos y el espíritu que los animaba.[28]D. Pablo Salinas vive aún y es actualmente un jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar. ¡Lástima que contrariedades de la suerte le hicieran desistir de la carrera del profesorado, para la cual poseía vocación y talento singulares![29]A decir verdad, hubo otro compañero, Fernández Brizuela, que siguió cultivando las musas con estimable éxito. Este excelente amigo, coleccionista infatigable (coleccionaba hasta los dibujos y ensayos poéticos de sus condiscípulos), murió joven, después de haber ejercido la Medicina muchos años en Zaragoza.[30]Recientemente, uno de los pocos condiscípulos supervivientes, el Dr. Irañeta, me ha mostrado la citada oda humorística, escrita para celebrar la entereza con que los alumnos de Fisiología del Dr. Valero persistimos en nuestra huelga hasta recibir plena satisfacción de ciertas frases molestas proferidas por el profesor en momentos de acaloramiento. TitulábaseLa Commune estudiantil, y está escrita con tal inocencia, que no merece los honores de la impresión.[31]Poco después publicó el brillante escritor D. Amalio Gimeno, futuro catedrático de San Carlos, cierta novela de asunto bastante semejante, titulada, si mal no recuerdo,Aventuras de un glóbulo rojo.[32]Mi contrincante fué José Moriones, sobrino del general de este nombre, temperamento caballeresco y excelente camarada. Ingresó, como yo, en Sanidad Militar, donde hizo brillante carrera.[33]A mi vuelta de América, supe con sorpresa que laVenus de Milo, tan admirada y solicitada por su milagrosa hermosura, no llegó a casarse, aunque tuvo ventajosísimos pretendientes. Una tisis galopante la arrebató en la flor de la edad. ¡Ella, que era un modelo de sana belleza y de salud moral!... ¡Convengamos en que los microbios saben escoger![34]Mi amigo M. vive todavía, y figura hoy entre los jefes más prestigiosos del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Si lee estas líneas, ¡cuánto se reirá de aquellas chiquilladas![35]Mi pasaporte para incorporarme al ejército de Cataluña, data del 3 de Septiembre de 1873.[36]Y a propósito de Venus, vaya un caso clínico que pudo costarme un disgusto:Cierto capitán, casado y con familia en Lérida, presentóseme un día al reconocimiento con síntomas inequívocos de enfermedad venérea recientemente adquirida. Como el hecho era bastante corriente en aquella azarosa vida de campaña, no me pareció indiscreto designar las cosas por sus nombres.Pero, con asombro mío, el oficial inmutóse súbitamente y rojo de cólera exclamó: ¡Cuidado, doctor!... Vengo de Lérida, y ni ahora ni desde hace muchos años he faltado a la lealtad conyugal... ¡Si fuera verdad!... ¡La infame!...Comprendí al momento lo sucedido. Y buscando la manera de reparar o de atenuar laplancha, contesté: «Entonces debe ser otra cosa». Veamos; ¿abusa usted de la cerveza?—Muchísimo; es mi bebida favorita.—Entonces el diagnóstico está claro. Trátase de simplecatarro uretralprovocado por la eliminación del lúpulo, en combinación por la acción del frío. La cosa carece de importancia...Y cuando le dejé tranquilo y dispuesto a seguir un tratamiento enérgico, respiré a pleno pulmón. Con mi estratagema (entonces corría como válido el efecto irritante de la cerveza) había evitado quizás drama sangriento; porque el tal capitán poseía carácter violentísimo y estaba celoso de su mujer, que, dicho sea de pasada, tenía equívoca reputación.[37]El disfraz de paisano era necesario, porque los carlistas registraban a menudo el tren que hacía el recorrido de Barcelona a Zaragoza.[38]Allí desempeñó los más variados oficios: fué soldado; héroe de la pampa; le hirieron en diversas escaramuzas, y llegó a secretario particular de cierto cabecilla indio que no sabía escribir, pero que acometía bravamente en las batallas lanza en ristre. El hijo pródigo regresó ocho o diez años después al hogar, y, arrepentido de su conducta, se formalizó en el trabajo y acabó honrosamente los estudios médicos. Convertido hoy en clínico reputado, figura entre los profesores de la Facultad de Medicina de Zaragoza. A su tiempo haremos mención de sus interesantes y fecundas investigaciones sobre la Histología comparada del sistema nervioso.[39]D. Abdón Sánchez Herrero abandonó en Cuba la carrera militar y llegó, por su aplicación y talento, a catedrático de Patología médica en la Universidad de Valladolid. Después regentó esta misma cátedra en Madrid, donde murió prematuramente.[40]Si no recuerdo mal, en la jerga de la ciudad llamaban a los comerciantes confabulados lasociedad de los guiris. Excusado es decir que de sus redes escapaban los vecinos de la ciudad.[41]El Dr. Ledesma, hoy jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar, llegó, como es sabido, por sus méritos profesionales, a médico de la Real Cámara.[42]Los había tanlargos y vivosque cobraban tres o cuatro veces una misma paga en diversos comercios. Pero más vale no hablar de ciertas combinaciones financieras... Justo es recordar, en disculpa de loshábiles, que el desorden de la administración llegó por entonces al colmo, justificando en cierto modo incorrecciones que en época normal habrían parecido intolerables.Para que se forme idea de cómo se generalizaba la corrupción administrativa, transcribimos estas palabras del informe del general Jovellar al Ministro de Ultramar (13 de Enero de 1874): «La inmoralidad en todos los ramos de la Administración, sin exceptuar la de Justicia, es la más corrompida del mundo... Sería necesario separar las tres cuartas partes, por lo menos, de los magistrados, jueces y empleados de la Administración civil y militar concusionarios».[43]De las estadísticas, harto incompletas, publicadas acerca de aquella campaña, se deduce que sólo por enfermedad murieron cerca de 58.000 soldados y oficiales. Juntando a esta cifra la de 16.000, a que ascendieron los soldados devueltos a la Península por inutilizados en campaña (y de los cuales buena parte sucumbió en sus pueblos o en los hospitales de la Península), se obtiene la suma de 74.000 bajas por enfermedad, muertos casi todos. Y no contamos aquí los caídos en el campo de batalla ni los prisioneros y extraviados.[44]Mientras escribimos estas líneas, el Canadá, la India, la Australia, el África del Sur, etc., sienten como suya la guerra entre Inglaterra y Alemania, y, alardeando de un admirable patriotismo de raza, envían contingentes militares al teatro de la lucha. ¡He aquí el fruto de la generosidad política, que no es, en suma, sino altísima y clarividente habilidad!...[45]Tengo motivos para pensar que ocurría lo mismo en otros muchos hospitales, y que a ello no se daba ninguna importancia.[46]La orden de anticipo de la licencia absoluta se expidió con fecha de 15 de Mayo de 1875. El pasaporte es de 21 de Mayo de 1875; en él se hace constar que, hallándome enfermo, mi traslado a la Península corre a cargo de la Administración militar.[47]Más adelante (creo que en 1876) hice breve excursión al Mediodía de Francia en compañía de antiguo camarada (hijo del Sr. Choliz, de Valpalmas), que se educaba en Oloron para el comercio. Penetramos en el territorio galo por Sumport y visitamos Pierrefitte, Oloron y Pau. La sorpresa recibida al contemplar la excepcional riqueza del suelo francés fué indescriptible. Al observar aquellos frondosos trigales, donde podía ocultarse un hombre puesto de pie; las praderas, verdes y mojadas hasta en Agosto; los frutales y hortalizas prosperando sin riego; la holgura y bienestar del campesino, cuyas aseadas y cómodas viviendas tanto contrastan con la ruindad y pobreza de las habitadas por nuestros labriegos; la proximidad y riqueza de villas y ciudades populosas, etc., tuve por primera vez la melancólica visión de las causas físicas de la secular debilidad de España. Sólo entonces empecé a comprender su accidentada historia y a explicarme, no su decadencia (porque esto constituye mero tópico gratuito de neos y progresistas), sino su radical impotencia para luchar, tanto en el terreno de las armas como en el de la concurrencia científica, industrial y comercial, con la próspera y poderosa Francia y demás naciones europeas, que gozan de geografía y meteorología más afortunadas.[48]Por entonces la Facultad de Medicina de Zaragoza no era todavía oficial, estando sostenida conjuntamente por la Diputación y el Ayuntamiento. Una Comisión de concejales y diputados provinciales regía los estudios y expedía las credenciales. Mi nombramiento lleva la fecha de 10 de Noviembre de 1875.
NOTAS[1]Apareció allá por los años de 1900 a 1903 enNuestro Tiempoy en laRevista de Aragón.[2]Aludo a mi estancia, varios años después, en Sierra de Luna, pueblo de la provincia de Zaragoza.[3]Trampas hechas con una losa y ciertos palillos fácilmente desbaratables por el pájaro al picar el cebo. Perdone el lector las voces aragonesas que empleo; algunas de ellas no figuran en el Diccionario.[4]De la faz negativa del patriotismo, de que hablaba yo en 1900, tenemos actualmente en España dolorosos ejemplos. Con ocasión de la horrenda catástrofe europea, los españoles que leen —afortunadamente son los menos— aparecen divididos en dos bandos, encarnizadamente enemigos: losneutrófilos, en realidadgermanófilos, y losanglófilosoaliadófilos. Pero no nos engañemos. Con razón se ha dicho que aquí nadie ama a nadie; todos aborrecen. Los unos odian a Alemania, a causa de sus ínfulas de raza superior y su concepción autocrática del Estado. Los otros a Francia e Inglaterra, por haber sido cuna y constituir vivo ejemplo de la tolerancia religiosa y de las libertades civiles. Lo que por ninguna parte asoma es el amor sincero a España y el convencimiento de que sólo por el esfuerzo enérgico y consciente de sus hijos podrá venir su engrandecimiento político y elevación cultural.[5]Añado este párrafo en 1917, en plena decadencia del gusto pictórico.[6]Aludo a los desdichados cubistas, prerrafaelistas, impresionistas, a los que lo pintan todo negro, o todo azul, o todo verde, en fin, a la cáfila de extravagantes que han deshonrado el arte de Rafael y de Velázquez. ¡Ah! ¡Con cuánto gusto, si el divinopapel que representono me lo estorbara, saltaría cada primavera a la arena crítica, y probaría, como tres y dos son cinco, con la competencia que me da el ser catedrático deAnatomía patológica y Teratología, y aficionado, además, a la óptica aplicada, las extrañas deformidades anatómicas y las horribles incongruencias de color, de perspectiva y de composición, para las cuales tienen nuestros críticos de arte, ¡quién lo dijera!, increíbles suavidades e indulgencias, cuando no alabanzas fervorosas![7]Llamábase R. Cuiduras y era persona culta, que educó perfectamente a sus hijos, con quienes mantuve siempre excelentes relaciones.[8]Cuando se escribía esto, mi cultura psicológica era bastante deficiente. Datos valiosos, aunque no siempre coherentes acerca de este interesante punto, se encuentran en los estudios de Stanley Hall, Ribot, Ferrier, Dewey, James, Hutchinson, etc.[9]Fallecido mi patrón hace muchos años, no tengo por qué disfrazar su nombre. Su establecimiento, desaparecido hoy, estaba en la calle de la Correría, no lejos de la Plaza de la Catedral.[10]Recuérdese el ejemplo clásico de Campanella, citado por James, «para conocer el estado mental de alguno, remedaba sus gestos».[11]Sin embargo, las obras históricas ojeadas en la biblioteca del confitero y algunos libros que pude proporcionarme después, despertaron mi afición a este orden de estudios, que sólo interesan a los jóvenes a condición de introducir en la narración pormenores descriptivos de batallas y elementos dramáticos y anecdóticos. Yo era entonces —lo he dicho ya— fervoroso patriota; por tanto, no extrañará que ciertos episodios de nuestra historia me pusieran de mal humor. Iniciativas que hoy disculparía teniendo en cuenta el ambiente moral de la época, el concepto patriarcal de la realeza y la pobre mentalidad de políticos y generales, causáronme entonces graves enojos.Cierto que yo me entusiasmé con la epopeya —un poco lenta— de la Reconquista, la patriótica unión de los reinos peninsulares y el estupendo descubrimiento y conquista de América, donde tanto brillaron las épicas hazañas de Cortés, Pizarro, Almagro y Vasco Núñez de Balboa; pero me sacaban de quicio, exasperándome hasta lo indecible, las alteraciones y rebeldías constantes de prelados, nobles y municipios, y sobre todo la lenta y sistemáticadespañolizaciónde la política de España con el advenimiento de los Austrias y su séquito de flamencos y alemanes. Yo, que no pude perdonar al habilísimo Fernando el Católico, tan alabado por Maquiavelo, su incomprensible desconfianza hacia elGran Capitán(el único caudillo genial que tuvo España por entonces), menos había de perdonar al sombrío burócrata Felipe II, su manía de regir el mundo desde su butaca (en una época en que todos los reyes batían el cobre en el campo de batalla) y su imprevisión y ligereza al encargar el mando de laInvenciblea un general de salón, sabiendo que tenía que habérselas con ingleses y holandeses, los mejores marinos del mundo. Mi fibra patriótica vibraba de indignación al advertir cómo nuestros reyes, haciendo gala de menosprecio o desconfianza hacia el talento hispano, confiaban casi siempre el mando de ejércitos y escuadras a caudillos extranjeros (marqués de Pescara, Alejandro Farnesio y Filiberto de Saboya), y nombraban al portuguésMagallanesjefe de la gloriosa expedición que dió la vuelta al mundo.¡Qué de glorias perdidas —pensaba yo— a consecuencia de esta incomprensible conducta!...[12]Allá a fines de 1865, por disgustos habidos con el Ayuntamiento, dejó mi padre el partido de Ayerbe, trasladándose primero a Sierra de Luna y luego a Gurrea de Gállego. Transcurridos dos años, y hechas al fin las paces con el cabildo ayerbense, retornó al antiguo partido, al cual le ligaban un crédito profesional bien cimentado y hasta algunos bienes raíces.[13]Los condes de Parcent solían pasar entonces los veranos en Gurrea, centro de sus vastas posesiones señoriales, donde tenían magnífico palacio. Recuerdo todavía con placer las soberbias cacerías (con acompañamiento de bocinas, tiendas de campaña, lujosos trajes de caza, etc.) efectuadas en los bosques próximos, y a las cuales era mi padre graciosamente invitado a título de primera escopeta de la comarca. Por cierto que el hermano del conde pintaba al óleo bastante bien. Aún debe conservarse en mi casa cierto retrato de mi padre, con robusto y bien entonado colorido, regalo del aristócrata aficionado.[14]El Sr. Pedrín vive aún, y dirige un acreditado taller de zapatería en Huesca, donde es muy estimado. Hace algunos años, y poco después de haberse hecho público cierto afortunado triunfo mío, salióme a recibir a la estación oscense, y sin poder contener las lágrimas, abrazóme emocionado, exclamando: «¡Y yo que pensaba que tenías aptitudes excepcionales para el oficio!»[15]No respondemos de la fidelidad absoluta del precedente relato. Trasladamos aquí exclusivamente nuestros recuerdos personales, así como la versión, descartada de anécdotas y de suposiciones inverosímiles, que por aquellos tiempos corría en Ayerbe.[16]Ocurrió este choque cerca de Plasencia, carretera de Ayerbe a Huesca. Cierta cuadrilla de contrabandistas, a quienes, al cruzar el Pirineo, había sido arrebatado, con muerte de algún paquetero prestigioso, valiosísimo contrabando, deseando vengarse y recobrar el botín, siguió a corta distancia a los carros portadores del apresado cargamento, recatándose en lo posible de la escolta de carabineros y fuerzas de infantería que lo custodiaban. Llegados más allá de Ayerbe, aprovecharon un momento durante el cual, demasiado adelantada la escolta de infantería, no quedaba junto a los carros sino una docena de carabineros; entonces sorprendieron a éstos, que marchaban descuidados; mataron seis o siete infelices; dispersaron los demás, y cargaron rápidamente el contrabando en sus recuas. Cuando la compañía de infantería, que iba a la cabeza del convoy, tuvo noticia de la audaz y sangrienta acometida, fué ya imposible alcanzar a los contrabandistas, que tomaron, por veredas de ellos solamente conocidas, la vuelta de Zaragoza. A cargo de mi padre corrió la autopsia de los cadáveres, y yo, llevado de mi curiosidad, le acompañé ayudándole en la fúnebre tarea. Según supe más adelante (en 1910) precisamente por el jefe de la partida (en Ansó), los ansotanos tuvieron también algunos heridos, que escondieron en corrales y aldeas.[17]Nuestro modelo de estudiantes aplicados era Arizón, que llegó y no pasó de médico militar. Jamás pudimos arrancarle el número primero de la clase.[18]Omito en la presente edición, por inoportunas, ciertas reflexiones tocantes a cuestiones psicológicas y metafísicas (problema crítico, criterios de certeza, fronteras entre elyoy elno yo, tipos intelectuales, etc.), que figuraban en la primera.[19]Este siniestro acaeció precisamente el día que se inauguró la línea de Tardienta a Huesca.[20]Muchos de estos datos los debo a la amabilidad de mi estimado amigo y condiscípulo Dr. Ricardo Monreal, ilustrado médico de Ayerbe, que ha querido reforzar mis borrosas reminiscencias con el rico caudal de sus recuerdos.[21]A causa de la maravillosa aptitud de Fabre para iniciar a la juventud en el estudio de las ciencias, el ministro Duruy, que le conocía bien, quiso nombrarlo preceptor del príncipe imperial; pero no lo consiguió porque elSolitario de Sérignanno tenía madera de cortesano.[22]Alude a la escapatoria camino de Zaragoza. En realidad, los expedicionarios fuimos cuatro y, naturalmente, de lo peorcito del curso.[23]Murió hace algunos años de una afección cardíaca.[24]Solano murió joven a consecuencia de una operación quirúrgica.[25]En el momento mismo en que corrijo estas cuartillas (10 de Junio de 1917) me entero por los periódicos del entierro del viejo amigo. Como veremos más adelante, yo le soy deudor de algunos importantes servicios.[26]Por aquel año (1872), otro ministro de la Revolución restableció las calificaciones de examen.[27]Comprenderá el lector que, después del tiempo transcurrido, no puedo precisar los términos de la polémica, pero sí los argumentos y el espíritu que los animaba.[28]D. Pablo Salinas vive aún y es actualmente un jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar. ¡Lástima que contrariedades de la suerte le hicieran desistir de la carrera del profesorado, para la cual poseía vocación y talento singulares![29]A decir verdad, hubo otro compañero, Fernández Brizuela, que siguió cultivando las musas con estimable éxito. Este excelente amigo, coleccionista infatigable (coleccionaba hasta los dibujos y ensayos poéticos de sus condiscípulos), murió joven, después de haber ejercido la Medicina muchos años en Zaragoza.[30]Recientemente, uno de los pocos condiscípulos supervivientes, el Dr. Irañeta, me ha mostrado la citada oda humorística, escrita para celebrar la entereza con que los alumnos de Fisiología del Dr. Valero persistimos en nuestra huelga hasta recibir plena satisfacción de ciertas frases molestas proferidas por el profesor en momentos de acaloramiento. TitulábaseLa Commune estudiantil, y está escrita con tal inocencia, que no merece los honores de la impresión.[31]Poco después publicó el brillante escritor D. Amalio Gimeno, futuro catedrático de San Carlos, cierta novela de asunto bastante semejante, titulada, si mal no recuerdo,Aventuras de un glóbulo rojo.[32]Mi contrincante fué José Moriones, sobrino del general de este nombre, temperamento caballeresco y excelente camarada. Ingresó, como yo, en Sanidad Militar, donde hizo brillante carrera.[33]A mi vuelta de América, supe con sorpresa que laVenus de Milo, tan admirada y solicitada por su milagrosa hermosura, no llegó a casarse, aunque tuvo ventajosísimos pretendientes. Una tisis galopante la arrebató en la flor de la edad. ¡Ella, que era un modelo de sana belleza y de salud moral!... ¡Convengamos en que los microbios saben escoger![34]Mi amigo M. vive todavía, y figura hoy entre los jefes más prestigiosos del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Si lee estas líneas, ¡cuánto se reirá de aquellas chiquilladas![35]Mi pasaporte para incorporarme al ejército de Cataluña, data del 3 de Septiembre de 1873.[36]Y a propósito de Venus, vaya un caso clínico que pudo costarme un disgusto:Cierto capitán, casado y con familia en Lérida, presentóseme un día al reconocimiento con síntomas inequívocos de enfermedad venérea recientemente adquirida. Como el hecho era bastante corriente en aquella azarosa vida de campaña, no me pareció indiscreto designar las cosas por sus nombres.Pero, con asombro mío, el oficial inmutóse súbitamente y rojo de cólera exclamó: ¡Cuidado, doctor!... Vengo de Lérida, y ni ahora ni desde hace muchos años he faltado a la lealtad conyugal... ¡Si fuera verdad!... ¡La infame!...Comprendí al momento lo sucedido. Y buscando la manera de reparar o de atenuar laplancha, contesté: «Entonces debe ser otra cosa». Veamos; ¿abusa usted de la cerveza?—Muchísimo; es mi bebida favorita.—Entonces el diagnóstico está claro. Trátase de simplecatarro uretralprovocado por la eliminación del lúpulo, en combinación por la acción del frío. La cosa carece de importancia...Y cuando le dejé tranquilo y dispuesto a seguir un tratamiento enérgico, respiré a pleno pulmón. Con mi estratagema (entonces corría como válido el efecto irritante de la cerveza) había evitado quizás drama sangriento; porque el tal capitán poseía carácter violentísimo y estaba celoso de su mujer, que, dicho sea de pasada, tenía equívoca reputación.[37]El disfraz de paisano era necesario, porque los carlistas registraban a menudo el tren que hacía el recorrido de Barcelona a Zaragoza.[38]Allí desempeñó los más variados oficios: fué soldado; héroe de la pampa; le hirieron en diversas escaramuzas, y llegó a secretario particular de cierto cabecilla indio que no sabía escribir, pero que acometía bravamente en las batallas lanza en ristre. El hijo pródigo regresó ocho o diez años después al hogar, y, arrepentido de su conducta, se formalizó en el trabajo y acabó honrosamente los estudios médicos. Convertido hoy en clínico reputado, figura entre los profesores de la Facultad de Medicina de Zaragoza. A su tiempo haremos mención de sus interesantes y fecundas investigaciones sobre la Histología comparada del sistema nervioso.[39]D. Abdón Sánchez Herrero abandonó en Cuba la carrera militar y llegó, por su aplicación y talento, a catedrático de Patología médica en la Universidad de Valladolid. Después regentó esta misma cátedra en Madrid, donde murió prematuramente.[40]Si no recuerdo mal, en la jerga de la ciudad llamaban a los comerciantes confabulados lasociedad de los guiris. Excusado es decir que de sus redes escapaban los vecinos de la ciudad.[41]El Dr. Ledesma, hoy jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar, llegó, como es sabido, por sus méritos profesionales, a médico de la Real Cámara.[42]Los había tanlargos y vivosque cobraban tres o cuatro veces una misma paga en diversos comercios. Pero más vale no hablar de ciertas combinaciones financieras... Justo es recordar, en disculpa de loshábiles, que el desorden de la administración llegó por entonces al colmo, justificando en cierto modo incorrecciones que en época normal habrían parecido intolerables.Para que se forme idea de cómo se generalizaba la corrupción administrativa, transcribimos estas palabras del informe del general Jovellar al Ministro de Ultramar (13 de Enero de 1874): «La inmoralidad en todos los ramos de la Administración, sin exceptuar la de Justicia, es la más corrompida del mundo... Sería necesario separar las tres cuartas partes, por lo menos, de los magistrados, jueces y empleados de la Administración civil y militar concusionarios».[43]De las estadísticas, harto incompletas, publicadas acerca de aquella campaña, se deduce que sólo por enfermedad murieron cerca de 58.000 soldados y oficiales. Juntando a esta cifra la de 16.000, a que ascendieron los soldados devueltos a la Península por inutilizados en campaña (y de los cuales buena parte sucumbió en sus pueblos o en los hospitales de la Península), se obtiene la suma de 74.000 bajas por enfermedad, muertos casi todos. Y no contamos aquí los caídos en el campo de batalla ni los prisioneros y extraviados.[44]Mientras escribimos estas líneas, el Canadá, la India, la Australia, el África del Sur, etc., sienten como suya la guerra entre Inglaterra y Alemania, y, alardeando de un admirable patriotismo de raza, envían contingentes militares al teatro de la lucha. ¡He aquí el fruto de la generosidad política, que no es, en suma, sino altísima y clarividente habilidad!...[45]Tengo motivos para pensar que ocurría lo mismo en otros muchos hospitales, y que a ello no se daba ninguna importancia.[46]La orden de anticipo de la licencia absoluta se expidió con fecha de 15 de Mayo de 1875. El pasaporte es de 21 de Mayo de 1875; en él se hace constar que, hallándome enfermo, mi traslado a la Península corre a cargo de la Administración militar.[47]Más adelante (creo que en 1876) hice breve excursión al Mediodía de Francia en compañía de antiguo camarada (hijo del Sr. Choliz, de Valpalmas), que se educaba en Oloron para el comercio. Penetramos en el territorio galo por Sumport y visitamos Pierrefitte, Oloron y Pau. La sorpresa recibida al contemplar la excepcional riqueza del suelo francés fué indescriptible. Al observar aquellos frondosos trigales, donde podía ocultarse un hombre puesto de pie; las praderas, verdes y mojadas hasta en Agosto; los frutales y hortalizas prosperando sin riego; la holgura y bienestar del campesino, cuyas aseadas y cómodas viviendas tanto contrastan con la ruindad y pobreza de las habitadas por nuestros labriegos; la proximidad y riqueza de villas y ciudades populosas, etc., tuve por primera vez la melancólica visión de las causas físicas de la secular debilidad de España. Sólo entonces empecé a comprender su accidentada historia y a explicarme, no su decadencia (porque esto constituye mero tópico gratuito de neos y progresistas), sino su radical impotencia para luchar, tanto en el terreno de las armas como en el de la concurrencia científica, industrial y comercial, con la próspera y poderosa Francia y demás naciones europeas, que gozan de geografía y meteorología más afortunadas.[48]Por entonces la Facultad de Medicina de Zaragoza no era todavía oficial, estando sostenida conjuntamente por la Diputación y el Ayuntamiento. Una Comisión de concejales y diputados provinciales regía los estudios y expedía las credenciales. Mi nombramiento lleva la fecha de 10 de Noviembre de 1875.
NOTAS
[1]Apareció allá por los años de 1900 a 1903 enNuestro Tiempoy en laRevista de Aragón.
[1]Apareció allá por los años de 1900 a 1903 enNuestro Tiempoy en laRevista de Aragón.
[2]Aludo a mi estancia, varios años después, en Sierra de Luna, pueblo de la provincia de Zaragoza.
[2]Aludo a mi estancia, varios años después, en Sierra de Luna, pueblo de la provincia de Zaragoza.
[3]Trampas hechas con una losa y ciertos palillos fácilmente desbaratables por el pájaro al picar el cebo. Perdone el lector las voces aragonesas que empleo; algunas de ellas no figuran en el Diccionario.
[3]Trampas hechas con una losa y ciertos palillos fácilmente desbaratables por el pájaro al picar el cebo. Perdone el lector las voces aragonesas que empleo; algunas de ellas no figuran en el Diccionario.
[4]De la faz negativa del patriotismo, de que hablaba yo en 1900, tenemos actualmente en España dolorosos ejemplos. Con ocasión de la horrenda catástrofe europea, los españoles que leen —afortunadamente son los menos— aparecen divididos en dos bandos, encarnizadamente enemigos: losneutrófilos, en realidadgermanófilos, y losanglófilosoaliadófilos. Pero no nos engañemos. Con razón se ha dicho que aquí nadie ama a nadie; todos aborrecen. Los unos odian a Alemania, a causa de sus ínfulas de raza superior y su concepción autocrática del Estado. Los otros a Francia e Inglaterra, por haber sido cuna y constituir vivo ejemplo de la tolerancia religiosa y de las libertades civiles. Lo que por ninguna parte asoma es el amor sincero a España y el convencimiento de que sólo por el esfuerzo enérgico y consciente de sus hijos podrá venir su engrandecimiento político y elevación cultural.
[4]De la faz negativa del patriotismo, de que hablaba yo en 1900, tenemos actualmente en España dolorosos ejemplos. Con ocasión de la horrenda catástrofe europea, los españoles que leen —afortunadamente son los menos— aparecen divididos en dos bandos, encarnizadamente enemigos: losneutrófilos, en realidadgermanófilos, y losanglófilosoaliadófilos. Pero no nos engañemos. Con razón se ha dicho que aquí nadie ama a nadie; todos aborrecen. Los unos odian a Alemania, a causa de sus ínfulas de raza superior y su concepción autocrática del Estado. Los otros a Francia e Inglaterra, por haber sido cuna y constituir vivo ejemplo de la tolerancia religiosa y de las libertades civiles. Lo que por ninguna parte asoma es el amor sincero a España y el convencimiento de que sólo por el esfuerzo enérgico y consciente de sus hijos podrá venir su engrandecimiento político y elevación cultural.
[5]Añado este párrafo en 1917, en plena decadencia del gusto pictórico.
[5]Añado este párrafo en 1917, en plena decadencia del gusto pictórico.
[6]Aludo a los desdichados cubistas, prerrafaelistas, impresionistas, a los que lo pintan todo negro, o todo azul, o todo verde, en fin, a la cáfila de extravagantes que han deshonrado el arte de Rafael y de Velázquez. ¡Ah! ¡Con cuánto gusto, si el divinopapel que representono me lo estorbara, saltaría cada primavera a la arena crítica, y probaría, como tres y dos son cinco, con la competencia que me da el ser catedrático deAnatomía patológica y Teratología, y aficionado, además, a la óptica aplicada, las extrañas deformidades anatómicas y las horribles incongruencias de color, de perspectiva y de composición, para las cuales tienen nuestros críticos de arte, ¡quién lo dijera!, increíbles suavidades e indulgencias, cuando no alabanzas fervorosas!
[6]Aludo a los desdichados cubistas, prerrafaelistas, impresionistas, a los que lo pintan todo negro, o todo azul, o todo verde, en fin, a la cáfila de extravagantes que han deshonrado el arte de Rafael y de Velázquez. ¡Ah! ¡Con cuánto gusto, si el divinopapel que representono me lo estorbara, saltaría cada primavera a la arena crítica, y probaría, como tres y dos son cinco, con la competencia que me da el ser catedrático deAnatomía patológica y Teratología, y aficionado, además, a la óptica aplicada, las extrañas deformidades anatómicas y las horribles incongruencias de color, de perspectiva y de composición, para las cuales tienen nuestros críticos de arte, ¡quién lo dijera!, increíbles suavidades e indulgencias, cuando no alabanzas fervorosas!
[7]Llamábase R. Cuiduras y era persona culta, que educó perfectamente a sus hijos, con quienes mantuve siempre excelentes relaciones.
[7]Llamábase R. Cuiduras y era persona culta, que educó perfectamente a sus hijos, con quienes mantuve siempre excelentes relaciones.
[8]Cuando se escribía esto, mi cultura psicológica era bastante deficiente. Datos valiosos, aunque no siempre coherentes acerca de este interesante punto, se encuentran en los estudios de Stanley Hall, Ribot, Ferrier, Dewey, James, Hutchinson, etc.
[8]Cuando se escribía esto, mi cultura psicológica era bastante deficiente. Datos valiosos, aunque no siempre coherentes acerca de este interesante punto, se encuentran en los estudios de Stanley Hall, Ribot, Ferrier, Dewey, James, Hutchinson, etc.
[9]Fallecido mi patrón hace muchos años, no tengo por qué disfrazar su nombre. Su establecimiento, desaparecido hoy, estaba en la calle de la Correría, no lejos de la Plaza de la Catedral.
[9]Fallecido mi patrón hace muchos años, no tengo por qué disfrazar su nombre. Su establecimiento, desaparecido hoy, estaba en la calle de la Correría, no lejos de la Plaza de la Catedral.
[10]Recuérdese el ejemplo clásico de Campanella, citado por James, «para conocer el estado mental de alguno, remedaba sus gestos».
[10]Recuérdese el ejemplo clásico de Campanella, citado por James, «para conocer el estado mental de alguno, remedaba sus gestos».
[11]Sin embargo, las obras históricas ojeadas en la biblioteca del confitero y algunos libros que pude proporcionarme después, despertaron mi afición a este orden de estudios, que sólo interesan a los jóvenes a condición de introducir en la narración pormenores descriptivos de batallas y elementos dramáticos y anecdóticos. Yo era entonces —lo he dicho ya— fervoroso patriota; por tanto, no extrañará que ciertos episodios de nuestra historia me pusieran de mal humor. Iniciativas que hoy disculparía teniendo en cuenta el ambiente moral de la época, el concepto patriarcal de la realeza y la pobre mentalidad de políticos y generales, causáronme entonces graves enojos.Cierto que yo me entusiasmé con la epopeya —un poco lenta— de la Reconquista, la patriótica unión de los reinos peninsulares y el estupendo descubrimiento y conquista de América, donde tanto brillaron las épicas hazañas de Cortés, Pizarro, Almagro y Vasco Núñez de Balboa; pero me sacaban de quicio, exasperándome hasta lo indecible, las alteraciones y rebeldías constantes de prelados, nobles y municipios, y sobre todo la lenta y sistemáticadespañolizaciónde la política de España con el advenimiento de los Austrias y su séquito de flamencos y alemanes. Yo, que no pude perdonar al habilísimo Fernando el Católico, tan alabado por Maquiavelo, su incomprensible desconfianza hacia elGran Capitán(el único caudillo genial que tuvo España por entonces), menos había de perdonar al sombrío burócrata Felipe II, su manía de regir el mundo desde su butaca (en una época en que todos los reyes batían el cobre en el campo de batalla) y su imprevisión y ligereza al encargar el mando de laInvenciblea un general de salón, sabiendo que tenía que habérselas con ingleses y holandeses, los mejores marinos del mundo. Mi fibra patriótica vibraba de indignación al advertir cómo nuestros reyes, haciendo gala de menosprecio o desconfianza hacia el talento hispano, confiaban casi siempre el mando de ejércitos y escuadras a caudillos extranjeros (marqués de Pescara, Alejandro Farnesio y Filiberto de Saboya), y nombraban al portuguésMagallanesjefe de la gloriosa expedición que dió la vuelta al mundo.¡Qué de glorias perdidas —pensaba yo— a consecuencia de esta incomprensible conducta!...
[11]Sin embargo, las obras históricas ojeadas en la biblioteca del confitero y algunos libros que pude proporcionarme después, despertaron mi afición a este orden de estudios, que sólo interesan a los jóvenes a condición de introducir en la narración pormenores descriptivos de batallas y elementos dramáticos y anecdóticos. Yo era entonces —lo he dicho ya— fervoroso patriota; por tanto, no extrañará que ciertos episodios de nuestra historia me pusieran de mal humor. Iniciativas que hoy disculparía teniendo en cuenta el ambiente moral de la época, el concepto patriarcal de la realeza y la pobre mentalidad de políticos y generales, causáronme entonces graves enojos.
Cierto que yo me entusiasmé con la epopeya —un poco lenta— de la Reconquista, la patriótica unión de los reinos peninsulares y el estupendo descubrimiento y conquista de América, donde tanto brillaron las épicas hazañas de Cortés, Pizarro, Almagro y Vasco Núñez de Balboa; pero me sacaban de quicio, exasperándome hasta lo indecible, las alteraciones y rebeldías constantes de prelados, nobles y municipios, y sobre todo la lenta y sistemáticadespañolizaciónde la política de España con el advenimiento de los Austrias y su séquito de flamencos y alemanes. Yo, que no pude perdonar al habilísimo Fernando el Católico, tan alabado por Maquiavelo, su incomprensible desconfianza hacia elGran Capitán(el único caudillo genial que tuvo España por entonces), menos había de perdonar al sombrío burócrata Felipe II, su manía de regir el mundo desde su butaca (en una época en que todos los reyes batían el cobre en el campo de batalla) y su imprevisión y ligereza al encargar el mando de laInvenciblea un general de salón, sabiendo que tenía que habérselas con ingleses y holandeses, los mejores marinos del mundo. Mi fibra patriótica vibraba de indignación al advertir cómo nuestros reyes, haciendo gala de menosprecio o desconfianza hacia el talento hispano, confiaban casi siempre el mando de ejércitos y escuadras a caudillos extranjeros (marqués de Pescara, Alejandro Farnesio y Filiberto de Saboya), y nombraban al portuguésMagallanesjefe de la gloriosa expedición que dió la vuelta al mundo.
¡Qué de glorias perdidas —pensaba yo— a consecuencia de esta incomprensible conducta!...
[12]Allá a fines de 1865, por disgustos habidos con el Ayuntamiento, dejó mi padre el partido de Ayerbe, trasladándose primero a Sierra de Luna y luego a Gurrea de Gállego. Transcurridos dos años, y hechas al fin las paces con el cabildo ayerbense, retornó al antiguo partido, al cual le ligaban un crédito profesional bien cimentado y hasta algunos bienes raíces.
[12]Allá a fines de 1865, por disgustos habidos con el Ayuntamiento, dejó mi padre el partido de Ayerbe, trasladándose primero a Sierra de Luna y luego a Gurrea de Gállego. Transcurridos dos años, y hechas al fin las paces con el cabildo ayerbense, retornó al antiguo partido, al cual le ligaban un crédito profesional bien cimentado y hasta algunos bienes raíces.
[13]Los condes de Parcent solían pasar entonces los veranos en Gurrea, centro de sus vastas posesiones señoriales, donde tenían magnífico palacio. Recuerdo todavía con placer las soberbias cacerías (con acompañamiento de bocinas, tiendas de campaña, lujosos trajes de caza, etc.) efectuadas en los bosques próximos, y a las cuales era mi padre graciosamente invitado a título de primera escopeta de la comarca. Por cierto que el hermano del conde pintaba al óleo bastante bien. Aún debe conservarse en mi casa cierto retrato de mi padre, con robusto y bien entonado colorido, regalo del aristócrata aficionado.
[13]Los condes de Parcent solían pasar entonces los veranos en Gurrea, centro de sus vastas posesiones señoriales, donde tenían magnífico palacio. Recuerdo todavía con placer las soberbias cacerías (con acompañamiento de bocinas, tiendas de campaña, lujosos trajes de caza, etc.) efectuadas en los bosques próximos, y a las cuales era mi padre graciosamente invitado a título de primera escopeta de la comarca. Por cierto que el hermano del conde pintaba al óleo bastante bien. Aún debe conservarse en mi casa cierto retrato de mi padre, con robusto y bien entonado colorido, regalo del aristócrata aficionado.
[14]El Sr. Pedrín vive aún, y dirige un acreditado taller de zapatería en Huesca, donde es muy estimado. Hace algunos años, y poco después de haberse hecho público cierto afortunado triunfo mío, salióme a recibir a la estación oscense, y sin poder contener las lágrimas, abrazóme emocionado, exclamando: «¡Y yo que pensaba que tenías aptitudes excepcionales para el oficio!»
[14]El Sr. Pedrín vive aún, y dirige un acreditado taller de zapatería en Huesca, donde es muy estimado. Hace algunos años, y poco después de haberse hecho público cierto afortunado triunfo mío, salióme a recibir a la estación oscense, y sin poder contener las lágrimas, abrazóme emocionado, exclamando: «¡Y yo que pensaba que tenías aptitudes excepcionales para el oficio!»
[15]No respondemos de la fidelidad absoluta del precedente relato. Trasladamos aquí exclusivamente nuestros recuerdos personales, así como la versión, descartada de anécdotas y de suposiciones inverosímiles, que por aquellos tiempos corría en Ayerbe.
[15]No respondemos de la fidelidad absoluta del precedente relato. Trasladamos aquí exclusivamente nuestros recuerdos personales, así como la versión, descartada de anécdotas y de suposiciones inverosímiles, que por aquellos tiempos corría en Ayerbe.
[16]Ocurrió este choque cerca de Plasencia, carretera de Ayerbe a Huesca. Cierta cuadrilla de contrabandistas, a quienes, al cruzar el Pirineo, había sido arrebatado, con muerte de algún paquetero prestigioso, valiosísimo contrabando, deseando vengarse y recobrar el botín, siguió a corta distancia a los carros portadores del apresado cargamento, recatándose en lo posible de la escolta de carabineros y fuerzas de infantería que lo custodiaban. Llegados más allá de Ayerbe, aprovecharon un momento durante el cual, demasiado adelantada la escolta de infantería, no quedaba junto a los carros sino una docena de carabineros; entonces sorprendieron a éstos, que marchaban descuidados; mataron seis o siete infelices; dispersaron los demás, y cargaron rápidamente el contrabando en sus recuas. Cuando la compañía de infantería, que iba a la cabeza del convoy, tuvo noticia de la audaz y sangrienta acometida, fué ya imposible alcanzar a los contrabandistas, que tomaron, por veredas de ellos solamente conocidas, la vuelta de Zaragoza. A cargo de mi padre corrió la autopsia de los cadáveres, y yo, llevado de mi curiosidad, le acompañé ayudándole en la fúnebre tarea. Según supe más adelante (en 1910) precisamente por el jefe de la partida (en Ansó), los ansotanos tuvieron también algunos heridos, que escondieron en corrales y aldeas.
[16]Ocurrió este choque cerca de Plasencia, carretera de Ayerbe a Huesca. Cierta cuadrilla de contrabandistas, a quienes, al cruzar el Pirineo, había sido arrebatado, con muerte de algún paquetero prestigioso, valiosísimo contrabando, deseando vengarse y recobrar el botín, siguió a corta distancia a los carros portadores del apresado cargamento, recatándose en lo posible de la escolta de carabineros y fuerzas de infantería que lo custodiaban. Llegados más allá de Ayerbe, aprovecharon un momento durante el cual, demasiado adelantada la escolta de infantería, no quedaba junto a los carros sino una docena de carabineros; entonces sorprendieron a éstos, que marchaban descuidados; mataron seis o siete infelices; dispersaron los demás, y cargaron rápidamente el contrabando en sus recuas. Cuando la compañía de infantería, que iba a la cabeza del convoy, tuvo noticia de la audaz y sangrienta acometida, fué ya imposible alcanzar a los contrabandistas, que tomaron, por veredas de ellos solamente conocidas, la vuelta de Zaragoza. A cargo de mi padre corrió la autopsia de los cadáveres, y yo, llevado de mi curiosidad, le acompañé ayudándole en la fúnebre tarea. Según supe más adelante (en 1910) precisamente por el jefe de la partida (en Ansó), los ansotanos tuvieron también algunos heridos, que escondieron en corrales y aldeas.
[17]Nuestro modelo de estudiantes aplicados era Arizón, que llegó y no pasó de médico militar. Jamás pudimos arrancarle el número primero de la clase.
[17]Nuestro modelo de estudiantes aplicados era Arizón, que llegó y no pasó de médico militar. Jamás pudimos arrancarle el número primero de la clase.
[18]Omito en la presente edición, por inoportunas, ciertas reflexiones tocantes a cuestiones psicológicas y metafísicas (problema crítico, criterios de certeza, fronteras entre elyoy elno yo, tipos intelectuales, etc.), que figuraban en la primera.
[18]Omito en la presente edición, por inoportunas, ciertas reflexiones tocantes a cuestiones psicológicas y metafísicas (problema crítico, criterios de certeza, fronteras entre elyoy elno yo, tipos intelectuales, etc.), que figuraban en la primera.
[19]Este siniestro acaeció precisamente el día que se inauguró la línea de Tardienta a Huesca.
[19]Este siniestro acaeció precisamente el día que se inauguró la línea de Tardienta a Huesca.
[20]Muchos de estos datos los debo a la amabilidad de mi estimado amigo y condiscípulo Dr. Ricardo Monreal, ilustrado médico de Ayerbe, que ha querido reforzar mis borrosas reminiscencias con el rico caudal de sus recuerdos.
[20]Muchos de estos datos los debo a la amabilidad de mi estimado amigo y condiscípulo Dr. Ricardo Monreal, ilustrado médico de Ayerbe, que ha querido reforzar mis borrosas reminiscencias con el rico caudal de sus recuerdos.
[21]A causa de la maravillosa aptitud de Fabre para iniciar a la juventud en el estudio de las ciencias, el ministro Duruy, que le conocía bien, quiso nombrarlo preceptor del príncipe imperial; pero no lo consiguió porque elSolitario de Sérignanno tenía madera de cortesano.
[21]A causa de la maravillosa aptitud de Fabre para iniciar a la juventud en el estudio de las ciencias, el ministro Duruy, que le conocía bien, quiso nombrarlo preceptor del príncipe imperial; pero no lo consiguió porque elSolitario de Sérignanno tenía madera de cortesano.
[22]Alude a la escapatoria camino de Zaragoza. En realidad, los expedicionarios fuimos cuatro y, naturalmente, de lo peorcito del curso.
[22]Alude a la escapatoria camino de Zaragoza. En realidad, los expedicionarios fuimos cuatro y, naturalmente, de lo peorcito del curso.
[23]Murió hace algunos años de una afección cardíaca.
[23]Murió hace algunos años de una afección cardíaca.
[24]Solano murió joven a consecuencia de una operación quirúrgica.
[24]Solano murió joven a consecuencia de una operación quirúrgica.
[25]En el momento mismo en que corrijo estas cuartillas (10 de Junio de 1917) me entero por los periódicos del entierro del viejo amigo. Como veremos más adelante, yo le soy deudor de algunos importantes servicios.
[25]En el momento mismo en que corrijo estas cuartillas (10 de Junio de 1917) me entero por los periódicos del entierro del viejo amigo. Como veremos más adelante, yo le soy deudor de algunos importantes servicios.
[26]Por aquel año (1872), otro ministro de la Revolución restableció las calificaciones de examen.
[26]Por aquel año (1872), otro ministro de la Revolución restableció las calificaciones de examen.
[27]Comprenderá el lector que, después del tiempo transcurrido, no puedo precisar los términos de la polémica, pero sí los argumentos y el espíritu que los animaba.
[27]Comprenderá el lector que, después del tiempo transcurrido, no puedo precisar los términos de la polémica, pero sí los argumentos y el espíritu que los animaba.
[28]D. Pablo Salinas vive aún y es actualmente un jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar. ¡Lástima que contrariedades de la suerte le hicieran desistir de la carrera del profesorado, para la cual poseía vocación y talento singulares!
[28]D. Pablo Salinas vive aún y es actualmente un jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar. ¡Lástima que contrariedades de la suerte le hicieran desistir de la carrera del profesorado, para la cual poseía vocación y talento singulares!
[29]A decir verdad, hubo otro compañero, Fernández Brizuela, que siguió cultivando las musas con estimable éxito. Este excelente amigo, coleccionista infatigable (coleccionaba hasta los dibujos y ensayos poéticos de sus condiscípulos), murió joven, después de haber ejercido la Medicina muchos años en Zaragoza.
[29]A decir verdad, hubo otro compañero, Fernández Brizuela, que siguió cultivando las musas con estimable éxito. Este excelente amigo, coleccionista infatigable (coleccionaba hasta los dibujos y ensayos poéticos de sus condiscípulos), murió joven, después de haber ejercido la Medicina muchos años en Zaragoza.
[30]Recientemente, uno de los pocos condiscípulos supervivientes, el Dr. Irañeta, me ha mostrado la citada oda humorística, escrita para celebrar la entereza con que los alumnos de Fisiología del Dr. Valero persistimos en nuestra huelga hasta recibir plena satisfacción de ciertas frases molestas proferidas por el profesor en momentos de acaloramiento. TitulábaseLa Commune estudiantil, y está escrita con tal inocencia, que no merece los honores de la impresión.
[30]Recientemente, uno de los pocos condiscípulos supervivientes, el Dr. Irañeta, me ha mostrado la citada oda humorística, escrita para celebrar la entereza con que los alumnos de Fisiología del Dr. Valero persistimos en nuestra huelga hasta recibir plena satisfacción de ciertas frases molestas proferidas por el profesor en momentos de acaloramiento. TitulábaseLa Commune estudiantil, y está escrita con tal inocencia, que no merece los honores de la impresión.
[31]Poco después publicó el brillante escritor D. Amalio Gimeno, futuro catedrático de San Carlos, cierta novela de asunto bastante semejante, titulada, si mal no recuerdo,Aventuras de un glóbulo rojo.
[31]Poco después publicó el brillante escritor D. Amalio Gimeno, futuro catedrático de San Carlos, cierta novela de asunto bastante semejante, titulada, si mal no recuerdo,Aventuras de un glóbulo rojo.
[32]Mi contrincante fué José Moriones, sobrino del general de este nombre, temperamento caballeresco y excelente camarada. Ingresó, como yo, en Sanidad Militar, donde hizo brillante carrera.
[32]Mi contrincante fué José Moriones, sobrino del general de este nombre, temperamento caballeresco y excelente camarada. Ingresó, como yo, en Sanidad Militar, donde hizo brillante carrera.
[33]A mi vuelta de América, supe con sorpresa que laVenus de Milo, tan admirada y solicitada por su milagrosa hermosura, no llegó a casarse, aunque tuvo ventajosísimos pretendientes. Una tisis galopante la arrebató en la flor de la edad. ¡Ella, que era un modelo de sana belleza y de salud moral!... ¡Convengamos en que los microbios saben escoger!
[33]A mi vuelta de América, supe con sorpresa que laVenus de Milo, tan admirada y solicitada por su milagrosa hermosura, no llegó a casarse, aunque tuvo ventajosísimos pretendientes. Una tisis galopante la arrebató en la flor de la edad. ¡Ella, que era un modelo de sana belleza y de salud moral!... ¡Convengamos en que los microbios saben escoger!
[34]Mi amigo M. vive todavía, y figura hoy entre los jefes más prestigiosos del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Si lee estas líneas, ¡cuánto se reirá de aquellas chiquilladas!
[34]Mi amigo M. vive todavía, y figura hoy entre los jefes más prestigiosos del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. Si lee estas líneas, ¡cuánto se reirá de aquellas chiquilladas!
[35]Mi pasaporte para incorporarme al ejército de Cataluña, data del 3 de Septiembre de 1873.
[35]Mi pasaporte para incorporarme al ejército de Cataluña, data del 3 de Septiembre de 1873.
[36]Y a propósito de Venus, vaya un caso clínico que pudo costarme un disgusto:Cierto capitán, casado y con familia en Lérida, presentóseme un día al reconocimiento con síntomas inequívocos de enfermedad venérea recientemente adquirida. Como el hecho era bastante corriente en aquella azarosa vida de campaña, no me pareció indiscreto designar las cosas por sus nombres.Pero, con asombro mío, el oficial inmutóse súbitamente y rojo de cólera exclamó: ¡Cuidado, doctor!... Vengo de Lérida, y ni ahora ni desde hace muchos años he faltado a la lealtad conyugal... ¡Si fuera verdad!... ¡La infame!...Comprendí al momento lo sucedido. Y buscando la manera de reparar o de atenuar laplancha, contesté: «Entonces debe ser otra cosa». Veamos; ¿abusa usted de la cerveza?—Muchísimo; es mi bebida favorita.—Entonces el diagnóstico está claro. Trátase de simplecatarro uretralprovocado por la eliminación del lúpulo, en combinación por la acción del frío. La cosa carece de importancia...Y cuando le dejé tranquilo y dispuesto a seguir un tratamiento enérgico, respiré a pleno pulmón. Con mi estratagema (entonces corría como válido el efecto irritante de la cerveza) había evitado quizás drama sangriento; porque el tal capitán poseía carácter violentísimo y estaba celoso de su mujer, que, dicho sea de pasada, tenía equívoca reputación.
[36]Y a propósito de Venus, vaya un caso clínico que pudo costarme un disgusto:
Cierto capitán, casado y con familia en Lérida, presentóseme un día al reconocimiento con síntomas inequívocos de enfermedad venérea recientemente adquirida. Como el hecho era bastante corriente en aquella azarosa vida de campaña, no me pareció indiscreto designar las cosas por sus nombres.
Pero, con asombro mío, el oficial inmutóse súbitamente y rojo de cólera exclamó: ¡Cuidado, doctor!... Vengo de Lérida, y ni ahora ni desde hace muchos años he faltado a la lealtad conyugal... ¡Si fuera verdad!... ¡La infame!...
Comprendí al momento lo sucedido. Y buscando la manera de reparar o de atenuar laplancha, contesté: «Entonces debe ser otra cosa». Veamos; ¿abusa usted de la cerveza?
—Muchísimo; es mi bebida favorita.
—Entonces el diagnóstico está claro. Trátase de simplecatarro uretralprovocado por la eliminación del lúpulo, en combinación por la acción del frío. La cosa carece de importancia...
Y cuando le dejé tranquilo y dispuesto a seguir un tratamiento enérgico, respiré a pleno pulmón. Con mi estratagema (entonces corría como válido el efecto irritante de la cerveza) había evitado quizás drama sangriento; porque el tal capitán poseía carácter violentísimo y estaba celoso de su mujer, que, dicho sea de pasada, tenía equívoca reputación.
[37]El disfraz de paisano era necesario, porque los carlistas registraban a menudo el tren que hacía el recorrido de Barcelona a Zaragoza.
[37]El disfraz de paisano era necesario, porque los carlistas registraban a menudo el tren que hacía el recorrido de Barcelona a Zaragoza.
[38]Allí desempeñó los más variados oficios: fué soldado; héroe de la pampa; le hirieron en diversas escaramuzas, y llegó a secretario particular de cierto cabecilla indio que no sabía escribir, pero que acometía bravamente en las batallas lanza en ristre. El hijo pródigo regresó ocho o diez años después al hogar, y, arrepentido de su conducta, se formalizó en el trabajo y acabó honrosamente los estudios médicos. Convertido hoy en clínico reputado, figura entre los profesores de la Facultad de Medicina de Zaragoza. A su tiempo haremos mención de sus interesantes y fecundas investigaciones sobre la Histología comparada del sistema nervioso.
[38]Allí desempeñó los más variados oficios: fué soldado; héroe de la pampa; le hirieron en diversas escaramuzas, y llegó a secretario particular de cierto cabecilla indio que no sabía escribir, pero que acometía bravamente en las batallas lanza en ristre. El hijo pródigo regresó ocho o diez años después al hogar, y, arrepentido de su conducta, se formalizó en el trabajo y acabó honrosamente los estudios médicos. Convertido hoy en clínico reputado, figura entre los profesores de la Facultad de Medicina de Zaragoza. A su tiempo haremos mención de sus interesantes y fecundas investigaciones sobre la Histología comparada del sistema nervioso.
[39]D. Abdón Sánchez Herrero abandonó en Cuba la carrera militar y llegó, por su aplicación y talento, a catedrático de Patología médica en la Universidad de Valladolid. Después regentó esta misma cátedra en Madrid, donde murió prematuramente.
[39]D. Abdón Sánchez Herrero abandonó en Cuba la carrera militar y llegó, por su aplicación y talento, a catedrático de Patología médica en la Universidad de Valladolid. Después regentó esta misma cátedra en Madrid, donde murió prematuramente.
[40]Si no recuerdo mal, en la jerga de la ciudad llamaban a los comerciantes confabulados lasociedad de los guiris. Excusado es decir que de sus redes escapaban los vecinos de la ciudad.
[40]Si no recuerdo mal, en la jerga de la ciudad llamaban a los comerciantes confabulados lasociedad de los guiris. Excusado es decir que de sus redes escapaban los vecinos de la ciudad.
[41]El Dr. Ledesma, hoy jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar, llegó, como es sabido, por sus méritos profesionales, a médico de la Real Cámara.
[41]El Dr. Ledesma, hoy jefe prestigioso del Cuerpo de Sanidad Militar, llegó, como es sabido, por sus méritos profesionales, a médico de la Real Cámara.
[42]Los había tanlargos y vivosque cobraban tres o cuatro veces una misma paga en diversos comercios. Pero más vale no hablar de ciertas combinaciones financieras... Justo es recordar, en disculpa de loshábiles, que el desorden de la administración llegó por entonces al colmo, justificando en cierto modo incorrecciones que en época normal habrían parecido intolerables.Para que se forme idea de cómo se generalizaba la corrupción administrativa, transcribimos estas palabras del informe del general Jovellar al Ministro de Ultramar (13 de Enero de 1874): «La inmoralidad en todos los ramos de la Administración, sin exceptuar la de Justicia, es la más corrompida del mundo... Sería necesario separar las tres cuartas partes, por lo menos, de los magistrados, jueces y empleados de la Administración civil y militar concusionarios».
[42]Los había tanlargos y vivosque cobraban tres o cuatro veces una misma paga en diversos comercios. Pero más vale no hablar de ciertas combinaciones financieras... Justo es recordar, en disculpa de loshábiles, que el desorden de la administración llegó por entonces al colmo, justificando en cierto modo incorrecciones que en época normal habrían parecido intolerables.
Para que se forme idea de cómo se generalizaba la corrupción administrativa, transcribimos estas palabras del informe del general Jovellar al Ministro de Ultramar (13 de Enero de 1874): «La inmoralidad en todos los ramos de la Administración, sin exceptuar la de Justicia, es la más corrompida del mundo... Sería necesario separar las tres cuartas partes, por lo menos, de los magistrados, jueces y empleados de la Administración civil y militar concusionarios».
[43]De las estadísticas, harto incompletas, publicadas acerca de aquella campaña, se deduce que sólo por enfermedad murieron cerca de 58.000 soldados y oficiales. Juntando a esta cifra la de 16.000, a que ascendieron los soldados devueltos a la Península por inutilizados en campaña (y de los cuales buena parte sucumbió en sus pueblos o en los hospitales de la Península), se obtiene la suma de 74.000 bajas por enfermedad, muertos casi todos. Y no contamos aquí los caídos en el campo de batalla ni los prisioneros y extraviados.
[43]De las estadísticas, harto incompletas, publicadas acerca de aquella campaña, se deduce que sólo por enfermedad murieron cerca de 58.000 soldados y oficiales. Juntando a esta cifra la de 16.000, a que ascendieron los soldados devueltos a la Península por inutilizados en campaña (y de los cuales buena parte sucumbió en sus pueblos o en los hospitales de la Península), se obtiene la suma de 74.000 bajas por enfermedad, muertos casi todos. Y no contamos aquí los caídos en el campo de batalla ni los prisioneros y extraviados.
[44]Mientras escribimos estas líneas, el Canadá, la India, la Australia, el África del Sur, etc., sienten como suya la guerra entre Inglaterra y Alemania, y, alardeando de un admirable patriotismo de raza, envían contingentes militares al teatro de la lucha. ¡He aquí el fruto de la generosidad política, que no es, en suma, sino altísima y clarividente habilidad!...
[44]Mientras escribimos estas líneas, el Canadá, la India, la Australia, el África del Sur, etc., sienten como suya la guerra entre Inglaterra y Alemania, y, alardeando de un admirable patriotismo de raza, envían contingentes militares al teatro de la lucha. ¡He aquí el fruto de la generosidad política, que no es, en suma, sino altísima y clarividente habilidad!...
[45]Tengo motivos para pensar que ocurría lo mismo en otros muchos hospitales, y que a ello no se daba ninguna importancia.
[45]Tengo motivos para pensar que ocurría lo mismo en otros muchos hospitales, y que a ello no se daba ninguna importancia.
[46]La orden de anticipo de la licencia absoluta se expidió con fecha de 15 de Mayo de 1875. El pasaporte es de 21 de Mayo de 1875; en él se hace constar que, hallándome enfermo, mi traslado a la Península corre a cargo de la Administración militar.
[46]La orden de anticipo de la licencia absoluta se expidió con fecha de 15 de Mayo de 1875. El pasaporte es de 21 de Mayo de 1875; en él se hace constar que, hallándome enfermo, mi traslado a la Península corre a cargo de la Administración militar.
[47]Más adelante (creo que en 1876) hice breve excursión al Mediodía de Francia en compañía de antiguo camarada (hijo del Sr. Choliz, de Valpalmas), que se educaba en Oloron para el comercio. Penetramos en el territorio galo por Sumport y visitamos Pierrefitte, Oloron y Pau. La sorpresa recibida al contemplar la excepcional riqueza del suelo francés fué indescriptible. Al observar aquellos frondosos trigales, donde podía ocultarse un hombre puesto de pie; las praderas, verdes y mojadas hasta en Agosto; los frutales y hortalizas prosperando sin riego; la holgura y bienestar del campesino, cuyas aseadas y cómodas viviendas tanto contrastan con la ruindad y pobreza de las habitadas por nuestros labriegos; la proximidad y riqueza de villas y ciudades populosas, etc., tuve por primera vez la melancólica visión de las causas físicas de la secular debilidad de España. Sólo entonces empecé a comprender su accidentada historia y a explicarme, no su decadencia (porque esto constituye mero tópico gratuito de neos y progresistas), sino su radical impotencia para luchar, tanto en el terreno de las armas como en el de la concurrencia científica, industrial y comercial, con la próspera y poderosa Francia y demás naciones europeas, que gozan de geografía y meteorología más afortunadas.
[47]Más adelante (creo que en 1876) hice breve excursión al Mediodía de Francia en compañía de antiguo camarada (hijo del Sr. Choliz, de Valpalmas), que se educaba en Oloron para el comercio. Penetramos en el territorio galo por Sumport y visitamos Pierrefitte, Oloron y Pau. La sorpresa recibida al contemplar la excepcional riqueza del suelo francés fué indescriptible. Al observar aquellos frondosos trigales, donde podía ocultarse un hombre puesto de pie; las praderas, verdes y mojadas hasta en Agosto; los frutales y hortalizas prosperando sin riego; la holgura y bienestar del campesino, cuyas aseadas y cómodas viviendas tanto contrastan con la ruindad y pobreza de las habitadas por nuestros labriegos; la proximidad y riqueza de villas y ciudades populosas, etc., tuve por primera vez la melancólica visión de las causas físicas de la secular debilidad de España. Sólo entonces empecé a comprender su accidentada historia y a explicarme, no su decadencia (porque esto constituye mero tópico gratuito de neos y progresistas), sino su radical impotencia para luchar, tanto en el terreno de las armas como en el de la concurrencia científica, industrial y comercial, con la próspera y poderosa Francia y demás naciones europeas, que gozan de geografía y meteorología más afortunadas.
[48]Por entonces la Facultad de Medicina de Zaragoza no era todavía oficial, estando sostenida conjuntamente por la Diputación y el Ayuntamiento. Una Comisión de concejales y diputados provinciales regía los estudios y expedía las credenciales. Mi nombramiento lleva la fecha de 10 de Noviembre de 1875.
[48]Por entonces la Facultad de Medicina de Zaragoza no era todavía oficial, estando sostenida conjuntamente por la Diputación y el Ayuntamiento. Una Comisión de concejales y diputados provinciales regía los estudios y expedía las credenciales. Mi nombramiento lleva la fecha de 10 de Noviembre de 1875.