LVI

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EEsebuen Cid Campeadorde Zaragoza partía,sus gentes lleva consigo,y la su seña tendidapara correr á Monzón,á Huesca también corría;á Onda con Almenarestragado los había.El rey Pedro de Aragónmuy gran pesar recibíacuando supo que el buen Cidtan cerca de sí yacía.Apellidara sus gentes,muchas son en demasía;llegado han á Piedra Alta,sus tiendas fincar facía:á ojos está del Cid,mas para él no venía.El Cid salió de Monzóncon doce en su compañía,á holgarse por el campo,armados de buena guisa.Los de ese rey de Aragónle tuvieron puesta espía;caballeros eran cientoy cincuenta, que á él salían.El Cid lidiara con todos,como bueno los vencía:siete son los caballerosy caballos que prendía,los otros huyen del campo,que aguardarle no querían,los presos piden merced,que los suelte le pedían:el Cid, como es muy honrado,lo que piden concedía.

E

Esebuen Cid Campeador

de Zaragoza partía,

sus gentes lleva consigo,

y la su seña tendida

para correr á Monzón,

á Huesca también corría;

á Onda con Almenar

estragado los había.

El rey Pedro de Aragón

muy gran pesar recibía

cuando supo que el buen Cid

tan cerca de sí yacía.

Apellidara sus gentes,

muchas son en demasía;

llegado han á Piedra Alta,

sus tiendas fincar facía:

á ojos está del Cid,

mas para él no venía.

El Cid salió de Monzón

con doce en su compañía,

á holgarse por el campo,

armados de buena guisa.

Los de ese rey de Aragón

le tuvieron puesta espía;

caballeros eran ciento

y cincuenta, que á él salían.

El Cid lidiara con todos,

como bueno los vencía:

siete son los caballeros

y caballos que prendía,

los otros huyen del campo,

que aguardarle no querían,

los presos piden merced,

que los suelte le pedían:

el Cid, como es muy honrado,

lo que piden concedía.


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