LXXIII

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L ornadaLavenida del rey Búcará la ciudad de Valenciaestá consultando el Cidcon muchos homes de cuenta.Estando en aquesta fablahan entrado por la puertasus yernos, disimulandola traición que asaz le ordenan.Asiento les diera el Cidá la su mano derecha,él temblando de atrevido,y ellos tiemblan de flaqueza,que los ánimos cobardescarecen de fortaleza.En estas fablas estando,toda la gente trae nuevascon cajas, pífanos, trompas,de cómo los moros llegan.Subióse el Cid con los suyosá una torre tan soberbiacomo son sus pensamientos,que igualan á las estrellas.Puesto de pechos el Ciden las soberbias almenas,miraba el rey que ha llegadocon el ejército y tiendas,de que sus cobardes yernosya se temen y recelan.El Cid ha sido avisadoque un recaudo del rey llega;bajóse por recebillo,sin bajar su fortaleza.Á las razones del moroatiende el Cid con prudencia,y turbado de su aspectole dice d’esta manera:—El rey Búcar, mi señor,ha venido de su tierraá deshacer el gran tuertocon que tú le tienes ésta.Envíatela á pedir,y en viendo que no la dejas,te apercibe á la batalla,y procura defendella.—Oídas estas razones,no faciendo d’ellas cuenta,alegre responde el Cid,mostrando mucha clemencia:—Díle al rey que se aperciba,que yo pondré mi defensa;Valencia me cuesta muchoy no pienso salir d’ella,porque he pasado en ganallamuy grandes cuitas y penas.Gracias infinitas doyá la infinita grandezaque me otorgó la vitoriaen tan peligrosa guerra;á solo Dios lo agradezco,y á la sangre y gente buenade mis parientes y amigos,que también mucho les cuesta.—El moro se despidió,cobarde en ver su presencia,y temeroso de oirle,al rey le lleva la nueva.El Cid se queda ordenandocosas sobre esta facienda,y conoció de sus yernosla cobardía que encierran.Mandóles que se quedasenporque no prueben sus fuerzas.Ellos temerosos d’esto,corridos de tal afrenta,le dicen que han de ir con élá tan peligrosa empresa.Juntas las gentes del Cidsus haces trazan y ordenan;todos salen al real,y el Cid con tanta braveza,que los moros temerosossus haces juntan apriesa.Al són de pífano y cajasla batalla se comienza,animándolos Rodrigoque lleva la delantera;con su gente puesta en ordenla batalla les presenta.Embístense ambas las partes,y en la batalla sangrientadiez y ocho reyes prende,y á todos ellos prendiera;mas poniendo á los piés alas,desembarazan la tierra,y aunque costó mucha sangredurando tan grande pieza,la victoria llevó el Cid,y con ella entró en Valencia.Recibiólo la ciudadcon aplauso y buena estrena,deséanle mil saludespara su amparo y defensa,y él contento y muy alegrese va á ver á su Jimena.

L ornada

Lavenida del rey Búcar

á la ciudad de Valencia

está consultando el Cid

con muchos homes de cuenta.

Estando en aquesta fabla

han entrado por la puerta

sus yernos, disimulando

la traición que asaz le ordenan.

Asiento les diera el Cid

á la su mano derecha,

él temblando de atrevido,

y ellos tiemblan de flaqueza,

que los ánimos cobardes

carecen de fortaleza.

En estas fablas estando,

toda la gente trae nuevas

con cajas, pífanos, trompas,

de cómo los moros llegan.

Subióse el Cid con los suyos

á una torre tan soberbia

como son sus pensamientos,

que igualan á las estrellas.

Puesto de pechos el Cid

en las soberbias almenas,

miraba el rey que ha llegado

con el ejército y tiendas,

de que sus cobardes yernos

ya se temen y recelan.

El Cid ha sido avisado

que un recaudo del rey llega;

bajóse por recebillo,

sin bajar su fortaleza.

Á las razones del moro

atiende el Cid con prudencia,

y turbado de su aspecto

le dice d’esta manera:

—El rey Búcar, mi señor,

ha venido de su tierra

á deshacer el gran tuerto

con que tú le tienes ésta.

Envíatela á pedir,

y en viendo que no la dejas,

te apercibe á la batalla,

y procura defendella.—

Oídas estas razones,

no faciendo d’ellas cuenta,

alegre responde el Cid,

mostrando mucha clemencia:

—Díle al rey que se aperciba,

que yo pondré mi defensa;

Valencia me cuesta mucho

y no pienso salir d’ella,

porque he pasado en ganalla

muy grandes cuitas y penas.

Gracias infinitas doy

á la infinita grandeza

que me otorgó la vitoria

en tan peligrosa guerra;

á solo Dios lo agradezco,

y á la sangre y gente buena

de mis parientes y amigos,

que también mucho les cuesta.—

El moro se despidió,

cobarde en ver su presencia,

y temeroso de oirle,

al rey le lleva la nueva.

El Cid se queda ordenando

cosas sobre esta facienda,

y conoció de sus yernos

la cobardía que encierran.

Mandóles que se quedasen

porque no prueben sus fuerzas.

Ellos temerosos d’esto,

corridos de tal afrenta,

le dicen que han de ir con él

á tan peligrosa empresa.

Juntas las gentes del Cid

sus haces trazan y ordenan;

todos salen al real,

y el Cid con tanta braveza,

que los moros temerosos

sus haces juntan apriesa.

Al són de pífano y cajas

la batalla se comienza,

animándolos Rodrigo

que lleva la delantera;

con su gente puesta en orden

la batalla les presenta.

Embístense ambas las partes,

y en la batalla sangrienta

diez y ocho reyes prende,

y á todos ellos prendiera;

mas poniendo á los piés alas,

desembarazan la tierra,

y aunque costó mucha sangre

durando tan grande pieza,

la victoria llevó el Cid,

y con ella entró en Valencia.

Recibiólo la ciudad

con aplauso y buena estrena,

deséanle mil saludes

para su amparo y defensa,

y él contento y muy alegre

se va á ver á su Jimena.


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